Ir al contenido principal

Todo lo que el coronavirus ha puesto en evidencia

German Masís

La pandemia del coronavirus ha puesto en evidencia muchas cosas, entre ellas que es ya una enfermedad global y una emergencia mundial que ha podido diseminarse gracias a la amplia movilidad de las personas.

Pero hay otras situaciones aún más sorprendentes, como poner en evidencia la realidad de los sistemas de salud en los países algunos más fuertes y preparados y otros más débiles y vulnerables; que han sido los sistemas de salud públicos, con sus fortalezas, debilidades y capacidades los que han respondido a las emergencias nacionales.

Que son sistemas de salud diferenciados de acuerdo a las políticas que han prevalecido, dirigidas a priorizar la salud como servicio público y a mantener sistemas robustos o a reducir la acción estatal y trasladar los servicios a la actividad privada.

Se ha podido observar las distintas capacidades y recursos disponibles, marcados en algunos casos por las carencias de infraestructura, equipo y personal, como la limitación de la infraestructura hospitalaria en el Norte de Italia la ausencia de suficientes pruebas para detectar el virus en Estados Unidos, o la carencia de equipos de asistencias respiratoria en España.

La emergencia ha evidenciado el tipo de respuesta de los Estados y el manejo político que cada uno ha realizado de la misma, algunos negando inicialmente su existencia y perdiendo tiempo valioso u otros definiendo una estrategia de atención clara y oportuna.

Además, ha puesto en evidencia que es posible movilizar la cooperación entre países, que hay disponibilidad de recursos financieros en condiciones favorables y de manera crucial que las empresas pueden involucrarse junto a los Estados en la búsqueda y el desarrollo de las soluciones médicas adecuadas.

Así mismo, ha confirmado la importancia de la investigación y el conocimiento científico desdeñado o ignorado por algunos políticos arrogantes y miopes.

La pandemia ha hecho emerger el sentido más humano de la asistencia sanitaria y ha vuelto a poner a la salud en el centro del desarrollo de las sociedades.

La pandemia solo puede detenerse con solidaridad cívica

Miguel Sobrado

El Coranovirus está tomando velocidad. Los infectados se duplicaron cada 3 días hasta el 16 de marzo y aunque disminuyó en los últimos días por las acciones del Ministerio y la Caja, sin embargo, si no interviene cada comunidad conjuntamente con las autoridades de salud, tendremos 6000 afectados al 15 de abril. Como el 10% debe ser hospitalizado, esto es más de 600 pacientes, se puede saturar la capacidad hospitalaria y los médicos podrían verse obligados escoger a quien salvar y a quien dejar morir, como está sucediendo en Italia y España.

Costa Rica está sometida a una prueba de ciudadanía y solidaridad. Una parte importante de la población está reaccionando positivamente, siguiendo las indicaciones del Ministerio de Salud y la Caja estableciendo medidas preventivas y aislando a los ancianos, otra parte aunque quiere aislarse tiene que salir a las calles para conseguir el alimento vital. Un tercer grupo, bastante numeroso por cierto, se burla de las disposiciones sanitarias y organiza fiestas y reuniones donde se difunde exponencialmente el virus.

La Costa Rica respetuosa y responsable está dando ejemplo de civismo, sus huestes deben reforzarse con ayuda alimentaria a los miembros del sector informal que deben salir a la calle a ganarse la vida para que se puedan aislar. Esto exige un esfuerzo muy grande del Estado y de los gobiernos locales, de raspar la olla, de tal manera que todos colaboremos proporcionalmente.

Por otra parte hay que continuar con la información y educación de quienes niegan la gravedad de la situación, para que revisen su comportamiento. Los que no acaten las disposiciones deberán ser llamados a cuentas por atentar contra la salud y el interés público.

Compartir, estar presente, acompañar… nuestra mejor opción en la crisis

Alberto Rojas

Lo importante es que estemos bien y que todas las personas ayudemos a parar el contagio masivo y veloz.

Mantengámonos comunicados a la distancia por todos los medios a nuestro alcance; estemos atentos a las necesidades de las personas cercanas y familiares y de acuerdo con nuestras posibilidades, apoyémonos.

Quizás ahora es un buen tiempo para escucharnos; compartamos nuestro oído con la voz que necesita expresarse.

La situación también es angustiante por sus consecuencias económicas y sociales; muchas personas y familias están en una situación difícil y van a tardar un tiempo en recuperarse.

Hoy es necesario sacar lo mejor de nosotros para colaborar unos con otros. Hoy y en los próximos meses compartir, estar presente, acompañar y apoyar (aunque sea a la distancia) será esencial.

 

Imagen ilustrativa tomada de https://cadenaser.com/

Sea parte de SURCOS:

https://surcosdigital.com/suscribirse/

De un lado la conspiración… del otro la esperanza

Jaime Gerardo Delgado Rojas

Las teorías de las conspiraciones se han puesto de moda, aunque tienen su historia. En los tiempos recientes empataron fríamente con la visión de Fukuyama del Fin de la Historia que, aunque de ingrata memoria, muchos lo replican en sus contenidos: ya no hay esperanza. Fueron, esas teorías, las que rindieron frutos en el mercado de libros Best seller escritos por Dan Brown, no solo El código Da Vinci sino también, su Conspiración. En el fondo, el tema es sencillo: hay una serie de acontecimientos, posiblemente inconexos y hasta distantes que una mente fría y diabólica los ha ido tejiendo sabiamente y a escondidas. Pueda que esa mente sean los del Opus dei, las cúpulas político militares de USA, o bien, fundamentalistas políticos y religiosos, de los desayunos presidenciales en USA bajo el mensaje de Jesús. Pero la parte más elocuente de “la conspiración” es que los que están en el otro lado sufren las consecuencias del tejido de acontecimientos ayunos de información y sin posibilidad de acción. Al final, el resultado es plenamente previsible, aunque la novela pueda que deje alguna puerta para lo imprevisto.

Es desde esa perspectiva que han aparecido, a raíz de la última pandemia del Coronavirs Covid 19 sus explicaciones esotéricas y hasta el maestro Chomsky nos enuncia la propia: una historia reciente en la cual el imperio del Norte tenía que hacer a un lado las fuerzas económicas poderosas emergentes en el oriente y etapa por etapa va controlando el mundo en una novedosa guerra fría. De ahí que la pandemia inicie en China. Los que no somos norteamericanos, pero tampoco chinos, rusos, europeos, no tenemos vela en ese entierro, solo el llevar nuestros muertos al campo santo: América Latina y África, al lado de los pueblos sojuzgados y vaciados de acción política del resto del mundo.

Sin embargo, la coyuntura actual va dando señales de otro orden que no están en el tejido de acontecimientos hecho por el genio maligno y por el intelectual intérprete.

No quiero exculpar la fiereza y voracidad del imperio en esta guerra internacional que se da en este nuevo siglo: el imperio no ha cambiado en nada su naturaleza e incluso, en su apocalipsis pueda que sea más peligroso, como un tigre herido de muerte. Pero lo que se ha visto, a propósito de la pandemia es que aquellos que les tocaba llevar los muertos, más bien van adquiriendo una suerte de constitución de nuevos sujetos. Y los chinos, valorando que han contenido su enfermedad, se lanzan al mundo a colaborar con los pueblos afectados. Y también Cuba, como siempre lo ha hecho con sus misiones médicas.

Solo un ejemplo de esta otra forma de ver la situación actual. En Costa Rica las instituciones cimeras frente a esta crisis han sido las más vilipendiadas por los neoliberales admiradores de las aperturas y las privatizaciones, bajo el dictado ideológico de los organismos del Consenso de Washington. Acaba de salir en redes sociales que el nuevo hospital de oxigenoterapia fue hecho en las instalaciones del Instituto Nacional de Seguros, bajo la dirección de la Caja del Seguro Social y construido por el Instituto Costarricense de Electricidad. Sabemos que la Fábrica Nacional de Licores hace el alcohol que se está requiriendo en esta crisis y lo distribuye equitativamente a través de Correos de Costa Rica hasta la casa del demandante.

Recuerdo que cuando era estudiante de Ciencia Política en FLACSO México, que el maestro René Zavaleta nos hablaba de los momentos constitutivos que dan origen a una nueva historia nacional: eran las grandes mortandades posiblemente provocada por las guerras, las catástrofes naturales y las pestes. La emergencia de esos sujetos históricos era posible gracias a la solidaridad humana que se ponía en evidencia en la colaboración inmediata entre el damnificado y el vecino, entre el voluntario y el que está caído. Entre el profesional, de la Cruz Roja, los bomberos o el cuerpo médico con los heridos. Tal vez en esta crisis la relación personal no pueda darse como la habría pensado el maestro Zavaleta; sin embargo, hay acontecimientos que generan gran esperanza. En Europa entre los conjuntos de edificios que albergan a los vecinos encerrados, surgen espontáneos espectáculos artísticos: de ventana a ventana se ejecutan melodías (Bella ciao en Italia, o alguna soprano con el brindis de la Traviata desde su ventana), o bien, el aplauso masivo, a las 8 de la noche hacia la labor del personal médico en los hospitales, los verdaderos héroes en esta tragedia. Ya en Costa Rica una heladería está convocando a algo parecido.

El otro instrumento que acompaña esta gran marcha de humanos que no se tocan, ni se abrazan ni se besan son las redes sociales: algunos mensajes mienten, otros dicen verdades a medias y otros son más sinceras. Pero todos, de alguna forma van forjando ese tejido social del nuevo sujeto que pueda surgir para que mantengamos la utopía. Es por estas redes que hemos sabido que los trabajadores de la Caja del Seguro no son los vagos que defienden gollerías en sus convenciones, sino los héroes que ponen en peligro su vida y al de sus familias; que FANAL no está en quiebra por sus deudas y que, al contrario es la que le hace el alcohol a la Caja del Seguro a precio de costo y que el ICE o el INS no deben ser sometidos a ninguna privatización.

Nada de esto está en el manual de la conspiración. Más bien está en el fondo de la Caja de Pandora como una expresión de la esperanza.

¿A patadas es el juego?

Dr. Oscar Aguilar Bulgarelli

Es increíble el egoísmo, cuando la solidaridad se mira de un solo lado. Hoy la jefa editorial de La Nazi On, a la primera orden de sus “malas compañías” tocó a rebato y se alinearon en primera fila los coyotes en la loma, para decir: si hay patadas, ¡hay pa´todos!

Pobre de mí, empecé a leer el artículo creyendo que el Corona Virus había calado en el alma de estos insensatos, ocultos en la decadente cueva del neoliberalismo; pero no!, me equivoque, por el contrario Mora, Feinzag, Meléndez, Mesalles y Thelmo (para variar), lanzaban los aullidos de coyotes al cielo ( o más elegante…campanas al vuelo) en favor de la sacrosanta empresa privada y contra el sector público, hacia el cual han logrado orientar el odio de la opinión pública, producto de la opinión publicada en sus banales medios de comunicación.

Aclaro que no tengo nada en contra de la ayuda, pronta y cumplida, a la empresa privada en estos aciagos días; pero no por ello convertir la tragedia en el trampolín para obtener beneficios más allá de la lógica y el tiempo requerido para enfrentar el problema. Igualmente, creo que los funcionarios públicos deben poner de su parte, para ser solidarios, y dejar de lado algunas situaciones de su beneficio: algunos pluses, horas extras, exclusividades, pero de eso a pedir cierre de instituciones y paralización de la acción de Gobierno, es otra cosa.

Para ello, por ejemplo, alegan que en los Estados Unidos, la Meca de su dios el dinero, 19 veces el Gobierno Federal ha quedado solo con los servicios esenciales. Y el país no colapsó. Esa falaz comparación es típica de estos vendedores de falsedades, pues son situaciones absolutamente incomparables, solo dos cosas: los Estados seguían funcionando y el tiempo fue corto, no varios meses y por algo todos corrieron a buscar un arreglo en pocos días, siempre.

Para ellos los trabajadores públicos que están LABORANDO A DISTANCIA, entre ellos los profesores y universitarios, especialmente, podrían renunciar a medio salario pues no están haciendo nada. Pero primero reconocer que LABORAN A DISTANCIA, luego les dicen vagos…y los profesores que tienen que enviar tareas y dar lecciones por internet, ¿no trabajan? ¡Y los hay…y miles!

Solo un tercer caso más. Dice que hay 450 GRANDES CONTRIBUYENTES, cuyos negocios saldrán perjudicados porque las familias DEJARÁN DE CONSUMIR sus productos. Entonces, para que los cientos de miles de funcionarios consuman, ¡deben tener salario! Y se los quieren quitar. Pero además, cientos de esos 450 GRANDES CONTRIBUYENTES, son GRANDES DEFRAUDADORES que, de acuerdo a las listas que el Ministerio de Hacienda se vio obligado a publicar, deben miles de millones en impuestos, entre ellos el Grupo Nación, la Florida Ice and Farm Co, la Cervecería Costa Rica, el Hotel Four Season, todas empresas ligadas familiar y empresarialmente a LA NAZI-ON.

Casi termino de leer el libro de Alain Deneault MEDIOCRACIA, CUANDO LOS MEDIOCRES TOMAN EL PODER, y en dos subcapítulos “ Escribir Hacia el Desastre y Los Pequeños Intelectuales” hay dos frases fantásticas que define a los alineados en la loma: “ …son responsables como colectivo de la producción de una parte de la prosa más obtusa e impenetrable… Les asegura que nadie pueda saber de verdad si sus ideas son brillantes, malas o simplemente mediocres – además, porque- quienes se someten los vincularán más eficazmente a un gran mecanismo económico y burocrático, dedicando sus mejores años y facultades a esclavizarse. Están aprovechando todas las oportunidades que se les presentan para obtener los medios económicos que les permitan ser EXACTAMENTE IGUALES A TODOS LOS DEMAS…”

Esa mediocridad llega al extremo que ni siquiera pudieron parafrasear bien al célebre tico GW Villalobos, pues la frase correcta es: SI NO HAY PA´TODOS…HAY PATADAS…” y si anuncian patadas, con gusto y a pesar de la prohibición, yo les llevo las mías a domicilio, prometo embetunar el zapato en cada caso, para que sea individualizado.

CoronaVirus Socrático

Macv Chávez

Imagino que en este momento un gran grupo de seres humanos quisieran ser Batman, para así poder sobrevivir al problema de los murciélagos, debido a que so pretexto de la preocupación de las personas vulnerables por el Covid-19 han bombardeado toda una ola de mal información que ha conducido al pánico de la gente pobre de ser, logrando sacar lo peor de ellas, como el acaparamiento desesperado de los alimentos, de los productos de higiene, las mascarillas y otras cosillas más que han permitido el alza de los precios, haciéndome recordar lo estúpida que aún es la humanidad y lo incapacitada que está para razonar, a pesar de que se creen seres pensantes, algo que desde hace algunos años vengo analizando, cuando una niña de quince años me contaba de su amor tenaz hacia los animales irracionales, antes que a los racionales, y más profundamente cuando un niño de aproximadamente de nuevo o diez años me decía que “la humanidad apesta”, con un sarcasmo tan despreocupado y asqueado, mientras terminaba diciendo que “la gente es cojuda”, cosas que en su debido momento discutía, porque pensaba que la humanidad era realmente bella y que la gente solo necesita ser reformada de la deformación humana en la que han crecido con tanto absurdo vacío existencial, y que por eso los hombres no han aprendido vivir como personas, logrando quedarse en simples animales domésticos o “racionales”, cosa que también empiezo a cambiar de parecer, porque al menos los animales domésticos se adecúan a las circunstancias, por ejemplo, donde vivo hay una perra que es querida por casi todos los del edificio, aunque tiene un defecto: ladra como loca para que le hagan cariño, acto que me recuerda a muchas personas, cosa que algunos lograron identificar en un principio y hasta ahora la engríen cada vez que ladra y así se calma, en cambio, otros la golpearon y hasta ahora sigue ladrándoles como queriendo morderlos o espantarlos, tan igual como hace una persona que sabe que la violencia no llevan a ningún camino y que debe librarse de ella, acto que me pone a ver que la defensora de los animales tenía razón cuando me decía que los animales piensan, y definitivamente lo hacen, pero su pensamiento se reduce al conocimiento de las cosas por experiencias vividas, es decir, al recuerdo de imágenes de sucesos anteriores, hasta podría decir que se reduce casi siempre al primer encuentro, a la aceptación o al rechazo, nada diferente a la gente, a la masa que no solo es la pobre, sino también la rica, porque ahí también hay gente incapacitada para razonar y por eso las sociedades giran en el círculo vicio e histórico del opresor y oprimido que solo cambia de circunstancias y no de fondo.

En cambio, una persona, cuando deja de ser un animal doméstico no piensa como los demás animales, por contrario, somete la información a la duda para descubrir la verdad de las cosas en sí mismas, y por ende, ninguna persona podría darme la razón en algo que digo solo porque yo digo que esto es así, porque finalmente este es mi análisis personal de las cosas, así que no crean que esto sea cierto, descúbranlo por sí mismos si es así o no, es decir, si es que estoy hablando algo que sirve para mejorar nuestro ser o simplemente puras pendejadas.

Por eso, ante esto, la pregunta que me surge es: ¿cuál es el mayor problema que afronta la sociedad ante el Covid-19? Y podría resumirlo en la “incapacidad de estar consigo mismo”, y por eso es que vemos personas que no pueden quedarse en casa y que quieren darse de vivos o pendejos y burlan las normas del toque de queda o del estado de emergencia que afronta el país, así como también observamos la fanfarronería de la gente de aplaudir ciegamente la ayuda humanitaria que anda ofreciendo el gobierno a las personas vulnerables, sectorizando a los beneficiados por discriminación social o simple asistencialismo barato, cosa que me hace recordar a los mítines políticos de los tapers y otros utensilios.

Esto es algo que realmente me preocupa, porque la realidad de las personas afectadas por no poder trabajar durante esta temporada de aislamiento social va más allá de la simple sectorización de las zonas de pobres o pobres extremos, porque en un país donde más del 70% de trabajadores son informales y viven el día a día -en mayoría- esa sectorización de pobre y pobre extremo no es más que una muestra de la incapacidad de razonar que tiene el gobierno, porque es incapaz de ver más allá de su propia realidad y de la que le pintan los medios de comunicación; y por eso, ruego que la gente, la masa, comprenda que este es un momento donde deben darse la mano unos con otros para vivir todos, no para supervivir ni sobrevivir como lo harán los vivos y tontos, según el pensamiento del choro del momento, ese oportunista inhumano que no dejará pasar la oportunidad de poder llenar su vacío existencial llamado bolsillo, y lo digo así porque no puedo tapar mis ojos ante las realidades inminentes de la corrupción nacional, y sé que habrán muchos oportunistas que engordarán sus bolsillos, como buenos supervivientes que son, dejando a la sobrevivencia a los demás, a la gente, a esa masa que saldrá a las calles hambrientas a buscar qué comer, violentando ante otro solo para salvar su vida, intentando revelarse ante su opresor o su enemigo (el próximo).

Por eso, contemplando esta posible realidad, me gustaría invitar a la gente a que en vez de andar publicando estupideces como “extraño mi pollito a la brasa” y otras comidas chatarras, debemos incentivar a que la gente tome conciencia de lo que nos ha demostrado el Coronavirus: esa incapacidad de estar con nosotros mismos, y por eso es que si nos sacan de nuestra costumbre de animal doméstico entramos en pánico, sin poder comprender que todas nuestras cosas son solo eso: cosas que no nos sirven cuando la salud se ve amenazada por una enfermedad que no conoce raza ni clase social, ni poder político o económico, porque esta enfermedad nos sitúa ante la constante realidad de la vida: “conócete a ti mismo”, porque “todos vamos a morir de una u otra forma, así que no hay necesidad de aferrarnos a ella”.

Y este es el motivo que me lleva a invitar a la gente a que deje su vida de doble moral, porque no podemos andar hablando o pidiendo que la gente se quede en su casa cuando lo que hacemos es compartir extraño mi comida chatarra o mi trago, porque todo animal cuando ve comida o bebida quiere ir tras ella, y por eso pienso que debemos dejarnos de estupideces y empezar a reflexionar sobre el daño que hemos causado a la naturaleza y a la sociedad con nuestro sistema de vida, porque con ese sistema de vida no reflexionado podemos seguir causando más daño a la naturaleza y a la sociedad si es que no nos damos cuenta de quiénes ni qué somos realmente, y por ende, una de las preguntas que no puede faltar es ¿cómo podemos dar la mano a aquellas personas que sabemos o conocemos que podrían estar pasándola mal en estos días, porque su canasta familiar es el día a día? Y no me vengan con su ego superior y absurdo -que no hace otra cosa de demostrarse su discurso de doble moral ante su amor a la vida o a su propia vida al decir- de que él está así porque quiere ser pobre, porque no trabaja, porque es un borracho, drogadicto, mujeriego, o porque ella tiene varios hijos con uno y otro y cosas absurdas y estúpidas que no vienen al caso ahora mismo -por la situación en la que nos encontramos- y que he ido leyendo estos días en algunas conversaciones, porque si bien es cierto que esos son problemas que no debemos fomentar, también es cierto que en momentos de crisis como la que hoy afrontamos debemos decir -como Sabines- “para que la vida -no tú ni yo-, la vida, sea para siempre”, o sea, para que el hombre no se trague al hombre.

Y como se trata de que la vida perdure para siempre, es importantísimo coger conciencia de que no podemos ser hipócritas con la doble moral del ser, es decir, no podemos andar gritando: “cuidemos a las personas vulnerables ante el <Covid-19” y olvidarnos de las personas que diariamente mueren en nuestro país por el dengue, la contaminación ambiental, minera y otras, y por las irresponsabilidades humanas, porque la contribución con la adicción a cierto sistema de vida hace que la explotación del hombre por el hombre siga promoviéndose hasta hoy, algo que vendrán con más fuerza luego de esta crisis financiera en la que nos pone esta situación, y por tanto, este es el tiempo para comenzar la revolución intelectual que podría cambiar la historia de las sociedades, porque es tiempo de que la persona empiece a actuar desde la razón y no desde la costumbre, el instinto, ese que nos incentiva a hacer caso a los medios de comunicación estúpidamente, porque ya hemos visto que celebran con gran alegría los balconazos, sin siquiera caer en cuenta de que nos están mostrando su incapacidad de razonar a pesar de tener un título universitario, porque si el virus se propaga por la saliva, el que está en un décimo piso grita mientras aplaude y la saliva cae hasta el primero, si es que el virus vive más de tres minutos, por lo tanto, quien está debajo del contaminado tiene grandes probabilidades de ser contagiado y así de nada serviría que la gente de escasos recursos económico ande recordando cómo es su miserable vida si es que no trabaja en lo que sea para comer, y todo porque hay tantos pendejos que no pueden estar consigo mismo y tienen necesidad de la calle y de estar con los otros para sentirse vivos, porque simplemente necesitan la bulla del mundo para no oír sus miserables conciencias, para no chocarse con la realidad de su paupérrima vida superficial.

Finalmente, que este tiempo sirva para que las marchas y los gritos en redes sociales dejen de andar contribuyendo a la corrupción, manipulación o deformación humana, por ende, invito a los escritores, editores y promotores culturales a que se dejen de pendejadas, porque si vamos a hablar de que la cultura cambia a una sociedad no podemos andar dando comisiones a los promotores, directores y profesores para que sus libros sean leídos en el plan lector, porque es tiempo de dejarse de los discursos de doble moral, porque la cultura lo que hace es dotarte de conciencia humana, y por eso tener conciencia implica saber actuar entre el bien y lo mejor, dentro del bien común, porque ahí no te beneficias perjudicando a otros, por mero beneficio personal, y esa es la razón del éxito que han tenido algunas culturas ancestrales, esas que han sido capaces de sobrevivir a tantas desgracias, como la del hombre moderno que lo destruye todo para borrar su pasado, aspirando a una vida tan fuera de lo natural, simplemente para creerse Dios, sin siquiera aceptar la muerte, esa que vendrá por los que están en su lista en estos tiempos de Coronavirus, y como puede que sea yo uno de ellos, quiero irme pateando las neuronas de los que pueda invitándoles a despertar de tanta hipocresía humana, para cambiar la historia ahora, ahora que la historia nos grita: cambia de una puta vez.

Lima, 21 de marzo de 2020 a las 12:26 horas

Neoliberalismo en tiempos de pandemia (II)

“Inventa lege, inventa fraude». (máxima romana)

Manuel Hernández

El día de ayer, la Asamblea Legislativa aprobó, en primer debate, un proyecto de ley impulsado aceleradamente por el Poder Ejecutivo, que da luz verde a la reducción temporal de las jornadas de trabajo, cuando los ingresos de las empresas resulten perjudicados por una declaratoria de emergencia nacional, dictada al amparo de la Ley Nacional de Emergencia y Prevención del Riesgo, N° 8488 de 22/11/2005.

El proyecto legislativo se tramitó mediante una vía ultra rápida, a la que nos quieren acostumbrar.

El ámbito de aplicación se limita a las relaciones de empleo privado, regidas por el Código de Trabajo, y la duración temporal de la medida de reducción de la jornada se puede “autorizar” (el entrecomillado es propio e intencional) hasta tres meses, prorrogable por dos períodos iguales, para que no les falte.

La centralidad del proyecto radica en facilitar al patrono una generosa licencia, para que modifique unilateralmente los contratos de trabajo, habilitándolo –por mandato de ley- para que recorte hasta en un 50% la cantidad de horas de la jornada ordinaria, cuando sus ingresos brutos se disminuyan al menos en un 20%, en relación con el mismo mes del año anterior, a consecuencia del hecho que produce la correspondiente declaratoria de emergencia, que podría ser la actual, o en el futuro, cualquier otra.

Cuando la disminución de los ingresos de las empresas alcance o exceda un 60%, en relación con el mismo mes del año anterior, el patrono puede reducir temporalmente la jornada de trabajo hasta un 75% de la jornada semanal.

En todos estos casos, el salario se disminuirá proporcionalmente en función del recorte de la jornada de trabajo.

Esta patriótica iniciativa es susceptible de los siguientes comentarios puntuales:

1.- Cuestionable constitucionalidad de la reducción unilateral de los salarios, por voluntad exclusiva del empleador

El recorte de las jornadas de trabajo que los patronos quedan facultados para imponer unilateralmente, no es más que una excusa para legitimar la reducción de los salarios de las personas trabajadoras.

La reducción proporcional del salario, a consecuencia del recorte de la jornada de trabajo, por acto de imperio del patrono, es una solución legislativa de muy dudosa constitucionalidad.

El salario integra el núcleo duro de los derechos fundamentales de las y los trabajadores, que tiene una protección constitucional reforzada en nuestro ordenamiento jurídico.

El salario, normalmente el único patrimonio del trabajador y trabajadora, está revestido de una serie de medidas de protección, entre las cuales sobresale la garantía de irreductibilidad de los salarios.

Esta garantía es defensiva no sólo para resistir las potestades unilaterales del empleador (ius variandi), sino también oponible al legislador ordinario.

El salario constituye un derecho intangible que el legislador no puede trastocar, en perjuicio de las y los trabajadores.

Con mayor razón, el legislador mucho menos puede afectar el salario mínimo, normalmente el máximo que se paga a las personas trabajadoras del sector privado, porque tiene una protección constitucional privilegiada (artículo 57 constitucional).

Aunque la reducción de los salarios se pretenda aprovechar en una declaratoria de emergencia nacional, esta declaratoria no confiere ninguna patente de corso al legislador, para que se vulneren los derechos fundamentales de la clase trabajadora.

2.- Falta de razonabilidad técnica y proporcionalidad en la definición de los porcentajes de disminución de los ingresos de las empresas y reducción de las jornadas

El proyecto señala que si las empresas tienen una reducción de sus ingresos brutos, por lo menos de un 20%, o por lo menos de un 60%, en relación con el ingreso del mismo mes del año anterior, la jornada se puede reducir hasta el 50% de la cantidad de horas de la jornada ordinaria, o hasta el 75% de la jornada semanal, respectivamente.

Pero, además incorporó una cláusula abierta que estipula que si la reducción de los ingresos no se ajusta a los anteriores parámetros, pero si causa una afectación real, también se podrá reducir la jornada de trabajo.

Al tenor de esta norma, todo patrono que haya tenido una reducción en los ingresos, cualquiera que sea el porcentaje, incluso si los ingresos se contraen en un porcentaje inferior al 20%, puede siempre disfrutar de la licencia de reducir la jornada.

Así, independientemente del nivel de disminución de los ingresos brutos, se generaliza, sin ninguna restricción, la medida de recorte de la jornada laboral.

Hay que advertir que la curiosa métrica contable de la disminución de ingresos, no tiene ningún fundamento técnico, en la de menos construida en los astilleros del sindicato corporativo patronal, que tanto interés ha mostrado en que se apruebe este conveniente proyecto, y que la diligente respuesta legislativa no se ha hecho esperar.

Además, una reducción del salario semanal hasta en el orden del 75%, evidencia una regulación totalmente irrazonable, que prácticamente con ese simbólico ingreso, a duras penas, el trabajador podrá sufragar los gastos de transporte y alimentación en el centro de trabajo.

Por otro lado, el patrono puede demostrar alegremente la reducción de los ingresos de su actividad empresarial con una declaración jurada, autenticada por un abogado o una certificación de un contador público autorizado, cualquiera de las dos, a conveniencia del patrono.

Naturalmente el patrono tenderá a aportar una simple declaración jurada, que no es prueba idónea para demostrar su situación financiera, que así tan extraordinariamente fácil se la pusieron a la patronal.

Este otro vicio mayúsculo del proyecto se suma al anterior, en razón que carece de la debida razonabilidad técnica y proporcionalidad, que son parámetros de constitucionalidad de las leyes, desbordados en el proyecto de ley.

3.- Unilateralismo del pseudo procedimiento administrativo de modificación de los contratos de trabajo, a contrapelo del debido proceso y el derecho de defensa

El procedimiento de modificación de los contratos se tramita en sede administrativa, correspondiéndole a la Inspección de Trabajo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social conocer y resolver la correspondiente solicitud patronal.

El diseño legal del procedimiento no contempla la mínima intervención de las personas trabajadoras que resultarán perjudicadas por la medida de reducción de la jornada, con la consecuente lesión salarial, ni siquiera a título informativo o comunicativo, por lo menos por urbanidad social.

La jornada de trabajo y el salario, nos dice pacíficamente la doctrina iuslaboralista, son elementos esenciales del contrato de trabajo; deviniendo, por tanto, inadmisible la alteración unilateral de estos elementos constitutivos, a gusto del patrono, dejando en total interdicción la participación de la persona trabajadora, en aquel procedimiento en que se está jugando –literalmente- el arroz y los frijoles de la gente más pobre, que no es cualquier cosa. Por ahí algún autor decía, con toda razón: “Para el trabajador, el salario es todo.” Es cierto, que el proyecto incorporó que la reducción de las jornadas de trabajo puede negociarse con los sindicatos, o en su defecto, con los representantes de los trabajadores, pero esta norma no es más que un espejismo jurídico, una lírica declaración de buenas intenciones, porque, como todos sabemos, los sindicatos que existen y funcionan en el sector privado son contados con los dedos de las manos.

La regulación de este desaguisado procedimiento es arbitraria, violatoria del más elemental debido proceso y el derecho de defensa, que excluye, de principio a fin, la mínima participación de quienes tienen un indiscutible interés legítimo en el asunto, en orden a la defensa, no de cualquier derecho, sino de sus derechos fundamentales.

La configuración legal del impresentable procedimiento administrativo, implica una ostentosa afrenta contra el Estado de Derecho, cuya misión es la protección suprema de los derechos y libertades fundamentales.

4.- “Autorización” ex post y no previa de la reducción de la jornada de trabajo y el descuento de los salarios

Existe otro aspecto muy serio, como si los anteriores no fueran suficientemente graves, que es necesario escudriñar entre la narrativa del contenido normativo del proyecto, que no se vaya a creer que se trata de una minucia jurídica irrelevante, porque realmente no lo es.

El proyecto habilita al patrono, ipso facto, para que de una vez, pueda reducir la jornada de trabajo, y en consecuencia, disminuir los salarios, solo con la condición que realice la correspondiente solicitud dentro de los tres días siguientes.

Es decir, el patrono no requiere ninguna autorización previa para ejecutar, de inmediato, la reducción de la jornada de trabajo y el castigo proporcional del salario.

 Así las cosas, la afectación se consuma de una vez, sin necesidad de permiso previo de la autoridad ministerial, cuya actividad administrativa se limita únicamente a constatar, a posteriori, que la solicitud del patrono cumple los ya vistos laxos requisitos de ley.

Entonces, la expresión “autorización” que tiene la denominación del proyecto de ley, reiterada en el desarrollo del mismo, induce a engaño, porque desde el punto de vista jurídico, la autorización siempre es previa al ejercicio de una conducta y no ex post, como de esta última manera se disciplina en el proyecto, con la finalidad de legitimar la modificación anticipada y abrupta de los contratos de trabajo, por lo que el procedimiento se limita a una cuestión de mero trámite, sin ninguna intervención de los afectados.

Desde hace mucho tiempo, desde la antigua Roma, existe aquella máxima inmortal, registrada en el primer diccionario DREA (1734): “Hecha la ley, hecha la trampa.”

A manera de cierre:

Nadie cuestiona que en esta situación tan dura por la que estamos pasando, el principal objetivo es combatir la pandemia, salvaguardar la salud y la vida de las personas y además, proteger el trabajo.

Pero aun así, en una situación extraordinaria, en el ámbito de las relaciones de trabajo, las medidas no pueden implicar una excepcionalidad tan extrema e intensa, que a merced de una declaratoria de emergencia nacional, se pueda cohonestar la violación de los derechos de las y los trabajadores, si se quiere de los más fundamentales, como es el salario, del cual depende su subsistencia y la de sus familiares.

En realidad, la pretendida reducción de la jornada no es más que un artificio legislativo, para disminuir los salarios de las personas a quienes con costo los empresarios, que hoy pegan el grito al cielo, les remuneran efectivamente el salario mínimo de ley.

El proyecto de ley destella una visión neoliberal, de corte autoritario, que proscribe toda participación de los trabajadores, en una especie de pseudoprocedimiento administrativo, que definirá la suerte de lo que antemano prácticamente está ya resuelto, en menoscabo del Estado de Derecho.

Sin la menor duda, se configuró un caricaturesco procedimiento permisivo, que podría facilitar el fraude de ley contra el salario de los trabajadores, pretextado en una declaratoria de emergencia; que ya de toda manera, la ley les quedará lista y empacada para aplicarla en cualquier otra situación.

Así también queda allanada la aprobación del otro proyecto de ley de flexibilización laboral, que significa la destrucción de la regulación de las jornadas de trabajo.

En un Estado Social y Democrático, en tiempo de crisis, las políticas de Estado deben decididamente proteger la situación social y económica de las personas trabajadoras más explotadas y no, por contrario, hacer más gravosas sus condiciones de trabajo y vida, ya de por sí muy precarizadas por el mercado de trabajo, para favorecer los espurios intereses de las cámaras patronales.

Los sacrificios no los tienen que seguir soportando los mismos de siempre.

Ilustración: https://www.ocac.cl/el-gen-de-los-obreros/

Las mujeres del campo y el coronavirus

Los robles de sabana están en flor, en toda su belleza, los mangos también están en flor y los árboles de mayo, igual que otros en el norte y en el sur. Para nosotras ver los árboles en flor con sus distintos tonos de rosa, amarillo, naranja, es un regalo de la naturaleza y es hermoso. Podríamos disfrutarlos más si no estuviéramos en una situación tan difícil, tan peligrosa y sobre todo tan incierta. Este documento surge de diversas comunicaciones que hemos tenido entre las compañeras de la Red de mujeres Rurales desde sus regiones y la Asociación Tinamaste.

Hemos estado comentando varios materiales sobre la epidemia, el comportamiento del virus, y por supuesto son solo algunos, porque hay muchísimos sobre el tema y no podemos ni siquiera tratar de leer lo que sale y al ritmo que se están produciendo, sobre todo porque tenemos que seguir trabajando. No cabe duda que la información que tenemos es muy escasa.

Vemos muchas manifestaciones de solidaridad ante el desastre social y sobre todo de salud, y eso es maravilloso, y mucho se ha planteado que la pandemia nos debe hacer pensar que tenemos que salvarnos juntos o no nos salvaremos de esta crisis; ni de las que vienen.

Porque esta descomposición global, es resultado de un planeta enfermo y una sociedad enferma, todo deteriorado, maltratado. Y porque vendrán muchas más si no cambiamos.

Queremos plantear una vez más que esta situación no es resultado solo del virus como tal, ni que se resolverá una vez controlado el virus. Por eso queremos plantear y denunciar varios asuntos.

La crítica situación sanitaria nos pone enfrente de manifestaciones diversas, y podemos decir que todas agravan la discriminación que ya vivimos. Ya las relaciones sociales en esta sociedad nos afectan, pero se está profundizando el aislamiento y nos saca de la calle, de esa calle que nos ha costado tanto conquistar con muchos años de lucha y de ruptura del encierro de las mujeres. Esta situación además pone a las personas en una dependencia aún mayor de la comunicación electrónica, con el agravante de que no toda la población tiene acceso, y nosotras en particular no tenemos acceso a las mismas posibilidades de comunicación.

Algunas de las mujeres en el campo solo recibirán de información lo que vea en la televisión, en los noticieros que siempre nos han desinformado, sin acceso a internet, sin señal o sin el equipo necesario para poder comunicarnos, mientras que otros sectores de la población podrán buscar diversas fuentes de información, con las más variadas opciones tecnológicas. No es cierto que tengamos las mismas posibilidades.

Eso también nos pone en mayor desventaja ante la situación actual. Pero se nos presentan también otras muchas manifestaciones que evidencian que no todas y todos lo estamos viviendo de la misma manera. Suena fácil decir que no salgamos de casa. ¿será que no pueden pensar en cómo vivimos la mayoría de la población que vivimos con lo que nos ganamos al día.

Muchas de las mujeres de campo (y de barrios urbanos populares también) complementan sus ingresos con el trabajo doméstico en otras casas de otras familias. Aquí se presentan pocas opciones para aislarse y no entrar en contacto con otras personas, como pueden hacerlo familias de capas medias profesionales y por supuesto sectores dominantes. Las mujeres trabajadoras domésticas si no vamos a trabajar no tenemos ingresos para la alimentación de las familias y si vamos, debemos tomar autobuses, entrar en contacto con otras personas en diversos espacios, en fin, las posibilidades de contagio son mucho mayores. Y ni qué decir de las que trabajamos en reciclajes, donde nos llegan las basuras de otros lados. Hemos tenido que ser firmes en decir que no nos envíen desechos de hospitales.

Muchas mujeres en las comunidades rurales nos movemos a los centros de población a vender productos de los patios o parcelas, o productos procesados. El sistema capitalista neoliberal nos ha querido desaparecer como mujeres campesinas e indígenas, como familias y pueblos indígenas y campesinos, pero aún no lo lograba totalmente. La economía local se ha resistido a desaparecer y mucho de esto está en manos de las mujeres. Hoy denunciamos que bajo la excusa de la protección sanitaria, la policía persigue a las mujeres que requieren vender sus productos para poder llevar comida a sus familias. todas nosotras estamos paradas, vendemos cúrcuma, huevos, cacao, hacemos cajetas de leche y confites de cacao, vinagre casero y otras cosas, o le ayudamos a vender a otras mujeres y eso ya no lo podemos hacer. Pero no está prohibida la venta de alimentos en los supermercados, por supuesto. ¿Serán motivos sanitarios o será otra manifestación de discriminación de clase? Mientras en los espacios de las grandes discusiones se reconoce cada vez con más frecuencia que la producción local es la que nos puede salvar. Europa amanece con el gran dilema, cierra las fronteras y deja los miles de productos que alimentan a la población sin entrar o se verán obligados a dejar entrar los miles de vehículos terrestres, marítimos o aéreos con los alimentos. Pero el estado costarricense todavía no se entera que debe fortalecerse la producción y el mercado de productos nacionales y dejar de perseguir a las mujeres que con sus productos somos parte de la cadena de los mercados locales. Las grandes empresas que han venido acaparando la tierra, la producción y mercado, con el apoyo estatal, están aprovechando la crisis para intensificar la persecución contra nuestras ya reducidas economías para terminar de matarnos.

¿Será que con estos alimentos se provocará el contagio? ¿Será que se puede escoger entre no hacer las ventas o morirse de hambre? La solidaridad se debe practicar con el consumo de productos locales, no con la persecución.

Y también en las zonas rurales nos meten miedo sobre el consumo de nuestros alimentos.

Tenemos gallinas, y con la alerta sanitaria nos dicen que nos puede dar alguna enfermedad mortal, pero las cadenas comerciales si están haciendo billetes. Meterle miedo a la gente da buenos resultados a los grandes negocios y se trae abajo nuestra economía campesina y nuestras formas de sobrevivir. Están utilizando el coronavirus para legitimar la persecución social.

Y mientras el miedo por el coronavirus crece en el grueso de la población, las familias en zonas transfronterizas ven profundizarse las discriminaciones por su condición de pueblos transfronterizos. Estas fronteras establecidas sobre los pueblos que desde mucho antes se ubicaron en esas zonas. Por ejemplo, muchas familias ngäbes obtienen su sustento del trabajo que realizan a este lado de la frontera, pero duermen al otro lado de la frontera, o a la inversa, muchas mujeres tienen su casa a este lado y cuidan familiares al otro lado de la frontera. Hoy amanecieron con que no pueden pasar la frontera, y no pueden asistir a sus trabajos, y con ello no tendrán el jornal y con qué alimentar a sus familias. ¿Será el coronavirus es la amenaza mayor? ¿O la imposibilidad de comer? Por otra parte, las mujeres de los territorios indígenas, donde el Estado no ha procedido a dar ni un solo paso real para la defensa de los territorios y la protección de las poblaciones violentadas por los finqueros usurpadores, viven una amenaza inmediata a sus vidas, no por el virus, sino por los finqueros y matones pagados por los finqueros. A un año del asesinato de Sergio Rojas y a menos de un mes del asesinato de Yehry Rivera, ambos dirigentes indígenas en defensa de los territorios, la impunidad campea, los intereses de los finqueros racistas, usurpadores, ocupantes ilegales, se han impuesto con la protección del Estado costarricense. ¿Y la seguridad de las comunidades indígenas? ¿Y la aplicación de la ley y de las medidas cautelares de protección a las comunidades indígenas dónde queda? En estos momentos los finqueros se sienten seguros, confiados y están en total impunidad.

Eso les permite seguir quemando casas, cosechas, entrar en espacios privados y robar objetos, amenazar de muerte y violación a las mujeres. Se prevé que el encierro en las casas va a provocar más violencia en las familias y como mujeres debemos acompañarnos para que eso no suceda, pero ¿quién nos va a proteger de la violencia de los finqueros en los territorios indígenas?  Todas estas manifestaciones de la crisis de salud son resultado del mismo sistema en que vivimos. Por décadas el Estado neoliberal nos ha impuesto el monocultivo y la producción industrial como única forma de producción, diciendo que era progreso, que nos traía empleo y mejores condiciones de vida y con ello destruyeron la biodiversidad, nos llenaron de contaminación, con envenenaron el agua, nos quitaron la tierra, nos dieron trabajos mal pagados y en malas condiciones y nos enfermaron. Pero nos dijeron que eso era más limpio.

Hoy sabemos que el desequilibrio ambiental, la cría industrial de animales confinados y la destrucción de la Naturaleza, permiten la transmisión global de las enfermedades; la pérdida de la biodiversidad ha anulado barreras planetarias para responder ante virus y bacterias.

Además, sabemos que la producción industrial de alimentos nos ha quitado los alimentos saludables y diversos y todo ello se sostiene con la concentración de la tierra y otros bienes como agua y semillas. Nos plantean el aislamiento y las medidas de limpieza como las únicas vías para salir de la crisis del coronavirus, pero no dicen que solo es posible si tengo agua limpia, si tengo acceso a los productos de limpieza y sobre todo si podemos mantener altas las defensas del cuerpo y eso solo es posible si tenemos una dieta adecuada, diversa y suficiente.

Desde la Red hemos manifestado muchas veces la necesidad de cambiar estas relaciones de concentración económica, de concentración de la tierra. La diversidad de alimentos saludables y su producción solo puede estar en manos de la producción campesina. Se siguen gastando grandes cantidades de recursos públicos en prevención, contención y tratamiento, pero no se menciona ni una sola medida para cambiar las causas de tanto desastre.

Las mujeres del campo en el mundo hemos demostrado que desde otra lógica podemos producir los alimentos para nuestras familias y comunidades y comercializar en el espacio local para alimentar al mundo, que podemos producir manteniendo equilibrio con la naturaleza, siendo parte de ella y no explotándola. Ante la crisis de salud, de alimentación y de ambiente, solo hay una salida, distribución de la tierra, no acaparamiento de semillas, producción sin agrotóxicos, diversidad en la producción. Solo promoviendo la producción campesina, facilitando los mercados y las cadenas de distribución para poder comercializar nuestros productos, con la participación de las mujeres en la toma de decisiones y control de los bienes en las comunidades podremos construir otras formas de producir, otra forma de ser y otra forma de estar en el planeta.

RED DE MUJERES RURALES DE COSTA RICA
ASOCIACION TINAMASTE
20 de marzo de 2020



De la pandemia, la FANAL, y la ingratitud

Dr. Jorge D. García, Ph.D.
Cédula 1 0403 1429

Sin mascarillas ni gel hidroalcohólico…Así es como luchan contra el coronavirus médicos y enfermeras franceses, quienes se sienten desamparados, estresados y enfadados.” Este es el recuento de un medio digital nacional para describir lo que viven actualmente muchos trabajadores de salud en Francia.

En contraste, y si por algo debemos sentirnos afortunados, es de que nuestros trabajadores de salud no sufran las mismas estrecheces, particularmente en lo que se refiere a solución alcohólica desinfectante, de probada eficacia para inactivar el coronavirus. Damos por un hecho, y ni siquiera pensamos, en que FANAL rutinariamente surte las necesidades de alcohol de toda la Caja Costarricense de Seguro Social, A PRECIO DE COSTO.

Se dice que, si algo permite separar el grano de la paja, es una crisis. La pandemia en curso ha permitido a los costarricenses aquilatar el espíritu de servicio de los servidores públicos, y ver de primera mano cómo responden a las necesidades de la población. Irónico contraste con la campaña infame de desprestigio mantenida por el poder mediático en su contra durante los últimos años. En esta ocasión, han sido los trabajadores de FANAL, con total dedicación, los primeros que han dado ejemplo de entrega y sacrificio para dotar de antiséptico protector a quienes lo solicitan. Y ello ha sido claro y patente para todos. Pero hay quienes, engolosinados ante la perspectiva de hacerse del negocio de los licores y lucrar con él, y vitoreando anticipadamente la venta o concesión, encuentran insufrible la idea de que FANAL sea vista con alivio y agradecimiento por los costarricenses.

Como es costumbre, esos intereses no encuentran mejor manera de expresar su enojo ante la renovada y positiva percepción popular de la FANAL, que enlodar a la institución, acusándola, una vez más, de ser un fardo de añejas deudas y de no valer gran cosa. Insólito caso de FANAL, editorializan, y arrastran por el barro su gestión. Pero lo que es realmente insólito es que el mismo Consejo Nacional de Producción (al que FANAL está adscrita), haga más fácil el ataque y no salga a defender el papel que FANAL juega en el país. Cuánto más, porque la realidad histórica apunta a que las deudas y pérdidas de FANAL ni siquiera se originaron en su propia gestión institucional. Pero haría falta una investigación técnica, honesta y objetiva, para demostrarle al país el verdadero origen de las pérdidas señaladas. Desprestigiar a FANAL ha sido una constante durante los últimos años. Pero que lo hagan en la presente circunstancia, cuando la institución brilla por mérito propio, es el colmo de la ingratitud y la mezquindad. Por lo menos el proverbial borracho en la vela podía después disculparse aduciendo obnubilación. Ellos lo hacen con pleno conocimiento de causa. ¿Habrán oído acaso que es de bien nacidos ser agradecido?

Pandemia y suspensión de los contratos de trabajo

Manuel Hernández

Varios medios informaron que a raíz de la pandemia, que lamentablemente ya cobró su primera víctima mortal en el país, una considerable cantidad de empresarios están haciendo fila, solicitando al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social autorización administrativa de suspensión parcial o total de los contratos de trabajo, sin responsabilidad patronal, al amparo del artículo 73 y 74 Código de Trabajo (CT).

La pregunta que corresponde plantearse, desde el punto de vista legal, es si resulta procedente la suspensión colectiva de los contratos de trabajo, ya sea parcial o total, sin responsabilidad del patrono, por los emergentes motivos, de orden económico, invocados por los empresarios.

El artículo 74 CT elenca las causales de suspensión colectiva de los contratos de trabajo, a saber:

i.- La falta de materia prima para realizar los trabajos, siempre que no sea imputable al patrono.

ii.- La fuerza mayor o el caso fortuito, siempre que tengan como consecuencia directa, inmediata y necesaria la suspensión del trabajo.

iii,. Finalmente, la muerte o la incapacidad del patrono, cuando tenga la misma consecuencia anterior.

Como se puede advertir, los motivos de orden económico argüidos por los empresarios, no están expresamente contemplados en la ley.

Las pérdidas económicas que puedan sufrir las empresas, a consecuencia de la pandemia, no es un motivo que esté previsto –ex profeso- en la legislación, ni tampoco por si mismo se puede reconducir a la figura de la fuerza mayor o el caso fortuito, contemplada en el artículo 74 CT; que, además, es necesario agregar que en nuestro ordenamiento laboral, la noción de fuerza mayor y caso fortuito, tiene un alcance más restrictivo que el tradicional del derecho civil.

No deja de ser importante acotar que existen otras legislaciones, a diferencia de la nuestra, que establecen motivos objetivos de suspensión de los contratos de trabajo, fundados en razones de orden técnico, productivo, económico y organizativo de las empresas.

En realidad, hay que hacer una lectura muy forzada del texto legal, una interpretación muy patronal, invirtiendo el principio “in dubio pro operario”, para sostener que estas contingencias económicas, aunque sea a consecuencia de la pandemia, salvo que el cierre del establecimiento sea por orden sanitaria, tengan la virtud jurídica de suspender los contratos de trabajo, con el efecto de escamotear temporalmente a los trabajadores el disfrute de su salario.

Por este motivo, las autoridades de trabajo que les compete atender las solicitudes patronales y dictar las resoluciones administrativas, deben ser muy estrictas en la apreciación legal de las causas invocadas, para declarar la pertinencia o no de la suspensión colectiva de los contratos de trabajo, con las consecuencias tan serias que implican para las personas trabajadoras y sus familias.

Y no solamente las causas, sino que la autoridad administrativa debe ponderar, siempre con el mismo rigor, el alcance personal de la medida, en orden a la definición de los puestos y la cantidad de trabajadores que necesariamente puedan resultar afectados por la suspensión de los contratos.

Los trabajadores y trabajadoras no tienen por qué soportar todos los riesgos y consecuencias económicas de la emergencia sanitaria, que ya el sacrificio impuesto en los últimos años ha sido muy fuerte y desproporcionado.