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El Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar en el ojo de la pandemia (VI)

Manuel Hernández

“El trabajo doméstico es eso que no se nota a no ser que no se haya hecho.”

Hoy, se conmemora el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, que probablemente pasará muy  -convenientemente- inadvertido por la cruzada sanitaria que globalmente se acomete contra la fatídica pandemia.

Los y las trabajadoras del hogar –trabajo doméstico remunerado- son aquellas personas que prestan un servicio remunerado en una residencia u hogar y para el mismo, incluidas tareas domésticas, el cuido de personas y otros cuidados personales.

Este amplio colectivo, mayoritariamente conformado por mujeres, normalmente ha sido confinado a un estado de excepción, marginado de la aplicación efectiva de la legislación laboral, que reconoce el derecho a la jornada de trabajo, vacaciones y descansos remunerados, entre otros, quienes además devengan las peores remuneraciones.

La condición de vulnerabilidad que tanto flagela a este colectivo laboral, es producto de una exclusión y discriminación de carácter histórica, estructural, inherente a este sistema económico y político que ha sido abiertamente desnudado, en tan poco tiempo, por la crisis sanitaria.

Esa condición de vulnerabilidad de las mujeres que realizan esa actividad laboral, se recrudece en épocas de pandemia, como la que actualmente atravesamos, quienes están sufriendo la violencia de un exultante sistema que les está privando de su empleo o sus maltrechos salarios.

Además, así como en estos tiempos de aflicción, aumenta la violencia intrafamiliar, las trabajadoras de servicios domésticos quedan todavía más expuestas al incisivo acoso sexual y laboral.

No se podría dejar pasar esta fecha, sin hacer un reconocimiento a estas humildes trabajadoras, que pese a la importancia de la actividad que realizan, su trabajo se subestima tanto y se paga tan poco, a quienes por su aporte invaluable en esta época tan aciaga, les corresponde un merecido y simbólico aplauso, así como también se ha tributado a otros colectivos que atajan la conjura que se extiende en todo el planeta.

Pero de los aplausos no se vive, ni se come, ni siquiera los artistas que dependen enajenadamente del aplauso frenético de su público.

Las trabajadoras del hogar la están pasando muy mal, de lo peor, por lo que resulta impostergable que el Estado, de una vez por todas, asuma su responsabilidad  social y se concreten las siguientes medidas:

1.- Es absolutamente urgente la definición de una política pública integral, que se materialice en medidas de compensación social que proteja los colectivos de personas más vulnerables, que han sido despedidas, dejado de percibir sus salarios, a consecuencia de la suspensión contractual, o que sus remuneraciones se han recortado; todo  al amparo de una legislación de emergencia, que  le transfiere a la Inspección de Trabajo la ejecución de la guillotina contra los derechos más preciados de la clase trabajadora.

Con la misma urgencia que se aprobó esa legislación de excepción, se debieron aprobar conjuntamente las medidas de mitigación de la situación social de aquellas trabajadoras.

No se puede seguir postergando y dejar para las calendas griegas, el reconocimiento de una prestación extraordinaria o subsidio de desempleo, de carácter temporal, que asegure a estos colectivos satisfacer razonablemente sus principales e inaplazables necesidades y las de sus familiares.

2.- La Inspección de Trabajo, ahora con uniforme de verdugo, dedicada a licenciar la suspensión de los contratos y la reducción de las jornadas de trabajo, con la misma eficacia que está resolviendo estas impropias gestiones patronales, con carácter prioritario, debe enfocarse a atender las consultas y tramitar de manera célere las denuncias que presenten las trabajadoras del servicio doméstico, ya sea por violación de sus derechos laborales, porque su patrono no implementa las medidas de seguridad  necesarias para protegerse del riesgo del covit19, o porque estén sufriendo acoso aboral o sexual.

3.- Por último, el Poder Ejecutivo no puede retrasar más la sumisión de la ratificación del Convenio N° 190 de OIT, acerca del acoso y violencia en el mundo del trabajo, que particularmente tutela estos colectivos tan vulnerables.

Imágenes: OIT, ISP

40 días en casa, 40 mil cosas más… Mujeres en cuarentena, narrando desigualdades…

M.Sc. Patricia Oliva Barboza
Licda. Backtori Golen Zuñiga
Investigadoras del CICDE-UNED.

La cuarentena como medida para evitar el contagio nos obliga a reflexionar sobre muchas otras situaciones, además del elemento salud, nos hace repensar sobre la realidad de las familias para contener en casa el total de sus integrantes, sin mencionar las dificultades económicas que desde ya se están enfrentando.

Si bien el COVID-19 es una crisis sanitaria inesperada, esta situación nos viene a visibilizar y recrudecer las desigualdades más profundas que teníamos como sociedad. La violencia estructural, las condiciones de pobreza, el desempleo, el patriarcado, el racismo, el nacionalismo y la xenofobia. Aunado a la acentuación de la crisis, pareciera que también se viene a naturalizar y normalizar estas estructuras de poder hegemónico, ejerciendo así formas de control mediáticas y de control Estatal que en muchas ocasiones colocan como única prioridad la crisis sanitaria, sin necesariamente dimensionar las implicaciones que estas medidas representan en nuestras vidas.

En las últimas semanas se han hecho esfuerzos por denunciar situaciones de violencia que están afectando particularmente a las mujeres, con este texto nos interesa hacer visible de qué manera se agudizan las desigualdades existentes en las relaciones de poder.

Judith Butler nos señala que:

El virus por sí solo no discrimina, pero los humanos seguramente lo hacemos, modelados como estamos por los poderes entrelazados del nacionalismo, el racismo, la xenofobia y el capitalismo y la llegada de empresarios ansiosos por capitalizar el sufrimiento global, todos testimonio de la rigidez con la que la desigualdad radical, que incluye la supremacía blanca, la violencia contra las mujeres, las personas queer y trans, y la explotación capitalista encuentran formas de reproducir y fortalecer su poderes dentro de las zonas pandémicas.(2020) (https://www.lavaca.org/notas/el-capitalismo-tiene-sus-limites-la-mirada-de-judith-butler-sobre-el-coronavirus)

Lo anterior nos invita a reflexionar sobre la interseccionalidad, rescatando que no solo es distinta la forma en que afecta la cuarentena a hombres y a mujeres, sobre lo que volveremos más adelante, sino que también es distinta la forma en que la estamos viviendo las mismas mujeres. No es lo mismo ser una mujer de un barrio, que una mujer de un residencial, no es lo mismo tener un trabajo como empleada doméstica o vendedora informal, que ser empleada pública o trabajar para una empresa privada. No es lo mismo vivir el aislamiento en la ruralidad, que en las zonas urbanas.

Sin embargo hay cosas que sí se asemejan en medio de este contexto y es justo el hecho de que las manifestaciones de violencia estructural, racial, patriarcal que cada quien enfrentaba y enfrenta desde el lugar que habita, se han incrementado y corren el riesgo de quedar aún más invisibilizadas.

En este texto sugerimos el ejercicio de imaginarnos situaciones que podrían estar viviendo las mujeres durante la cuarentena, reflexionar sobre la división sexual del trabajo, el trabajo remunerado y no remunerado, a partir de preguntas como: ¿Por qué las medidas de cuarentena nos afectan de manera tan distinta a hombres y a mujeres? ¿Por qué el espacio privado no representa lo mismo para las mujeres? ¿Qué significa para las mujeres estar en la casa con sus parejas, hijos, hijas, madre, padre etc.? ¿Qué implicaciones tiene estar ejerciendo el trabajo productivo y reproductivo en el espacio de lo privado? ¿Por qué “quedarse en casa” puede agravar “aún más” las múltiples jornadas de las mujeres?

Pensemos en una educadora, en este caso, una educadora del sector privado, con una jornada previa de por sí realmente abrumadora. Podemos imaginar que vive con sus hijos e hijas estudiantes o bien con su pareja y otras personas de su familia. Habitualmente sus fines de semana los dedicaba a preparar alimentos (para su consumo y el de las personas que comparten la vivienda) además de ordenar y realizar todas las labores de limpieza; la casa, la ropa, etc. y así poder dedicar los días entre semana a su trabajo remunerado, sin que esto signifique que se libere de las labores del hogar. Con la medida de cuarentena, no solo debe capacitarse en nuevas herramientas virtuales (lo que se suma a su ya múltiple jornada) sino que además debe duplicar su jornada, según las nuevas directrices de la institución (en la que labora como docente) ya que debe reforzar la atención a sus estudiantes.

En casa también su pareja, sus hijos o hijas estarán lidiando cada uno y cada una con sus nuevas labores virtuales, pero muy probablemente ella, es quien asuma las labores de la casa y además “en casa” debe organizarse todos los días con su trabajo remunerado. Muy probablemente él, su compañero “quizá piense en colaborar” (el entrecomillado es para destacar que para él se trata de una colaboración y no de una responsabilidad compartida) pero debe resolver su jornada laboral, que él considera como prioridad frente a la jornada remunerada y no remunerada que ella realiza.

Sus hijos e hijas conforme al mandato patriarcal creen que el trabajo no remunerado que ha realizado su madre (si es que lo han percibido) es obligación de ella. En muchos de los casos, cuando las mujeres se encuentran en su jornada laboral remunerada, quienes quedan en casa deben resolver situaciones, pero no porque consideren que es su función y su responsabilidad, sino porque ella no está en casa, si ella estuviera en casa, imaginemos: ¿Quién debe resolverlas?

Este es tan solo un ejemplo, podríamos sumar otra serie de factores como la atención y cuidado de chicos y chicas en edades escolares, que si bien es cierto algunos centros de cuido podrían estar funcionando, es comprensible que una familia prefiera evitar que su hijo o hija asista al centro educativo para evitar el contagio.

Podemos pensar también en todas las jefas de hogar que tienen trabajos en la informalidad, como, por ejemplo; en labores domésticas, ventas por catálogo, ventas ambulantes, costura o repostería entre otras. La medida de guardar cuarentena con acatamiento inmediato no puede ser fácilmente atendida por todas las personas, al respecto una vendedora ambulante señala: “Aunque no acate las recomendaciones de estar en aislamiento, la calle está durísima y no tanto por el coronavirus, sino porque no se hace ni un cinco y además la ven como una irresponsable por tratar de ganarse la vida. Desde cuando trabajar es un crimen”.

¿Qué está pasando en los territorios indígenas de Salitre y Térraba que actualmente están siendo invadidos y agredidos por finqueros? ¿Cómo están viviendo “la cuarentena o el aislamiento” las mujeres en estas comunidades? donde sus vidas han sido amenazadas por años y sus derechos violentados por un Estado que ahora más que nunca plasma su negligencia, promoviendo la impunidad de sus agresores.

Los retos económicos que enfrenta el país son muy distintos en la zonas urbanas, que en la zonas costeras y rurales. Existen muchas agrupaciones y asociaciones de mujeres que se dedican a las artesanías, a ofrecer servicios de comida, a vender productos agropecuarios y sus derivados, a brindar hospedajes y a realizar recorridos turísticos. ¿Cuáles serán las medidas para amortiguar el impacto de la ausencia absoluta de ingresos en estas zonas frente a la paralización del turismo en el país?

Muchas mujeres se enfrentan a una durísima realidad que se agudiza en estos momentos, cuando tienen sí o sí que compartir con el agresor y sus redes de apoyo se ven reducidas. Aunado a esto muchas familias están viviendo la cuarentena en condiciones de hacinamiento y desempleo, lo cual hace de la convivencia y de las estrategias habituales de sobrevivencia una verdadera amenaza.

Karina Batthyány sostiene que esta situación la hemos visto ya en casos de emergencias por desastres naturales. ¿Cómo abordará el Estado las consecuencias de la pérdida del empleo por la sobrecarga de cuidados? ¿Qué medidas de promoción de corresponsabilidad en las tareas domésticas y de cuidado se pueden gestionar entre el Estado, las empresas, trabajadores y trabajadoras en una situación de confinamiento? (2020)

Pensemos en todas las labores de cuido que asumimos las mujeres ¿Qué implicaciones tiene que sus chicos y chicas estén en casa? ¿Quienes asumen el cuidado de personas adultas mayores, la gestión de medicamentos, la compra de alimentos? La limpieza y la desinfección del hogar, vestimenta y ropa de cama, que ahora se triplica por la necesidad de evitar infecciones. ¿En quienes recaen estas funciones?

Pensemos en compañeros que también deben acatar la medida de “quedarse en casa” para continuar teletrabajando según su jornada laboral, muy probablemente (sin generalizar) tendrán a su disposición los alimentos listos y ropa limpia ya que, como de costumbre ellas se encargaran de las “labores del hogar”, además del cuido de los y las chicas.

Karina Batthyány destaca que en América Latina las mujeres realizan cerca del 80% del trabajo del cuidado no remunerado y son amplísima mayoría entres quienes se ocupan del trabajo de cuidados remunerados, por tanto, gran parte de los cuidados totales los ejercen las mujeres. (2020)

Para algunas culturas la palabra “crisis” significa oportunidad para el cambio, es indispensable comenzar a debatir y cuestionarnos ahora y no después, los aspectos de la organización social del cuido. Que el hecho de volver “puertas adentro” no represente para nosotras las mujeres, volver a las prácticas patriarcales más arcaicas, que esta “crisis” sea una oportunidad para comenzar colectivamente, a proponernos formas de relacionarnos más horizontales y solidarias.

Si bien las condiciones de aislamiento o cuarentena limitan de alguna manera las acciones de solidaridad externas y nos hace repensar las formas en que hemos establecido nuestros vínculos y afectos, esta “crisis” también nos invita a reflexionar sobre la célebre frase de Simone de Beauvoir «lo personal es político». Es indispensable reflexionar desde lo personal, plantearnos ¿Cómo querernos?, ¿Cómo cuidarnos?, ¿Cómo convivimos?, ¿Cómo solidarizarnos y ser congruentes en los espacios más próximos? Sumado a lo anterior, es urgente colocar este debate en las esferas públicas, donde se crean las directrices, se toman las decisiones y se generan discursos.

Karina Batthyány expresa que la emergencia por el COVID-19 vuelve a poner en el centro la cuestión de la organización social del cuidado y es necesario apoyar todas aquellas medidas y acciones que pongan a la humanidad y no el mercado en el centro para paliar la pandemia, superando este último como eje organizador de la vida en común. (2020)

Al igual que las labores de reproducción de la vida y de los cuidados no deberían ser exclusivamente nuestra responsabilidad, el reto de aprender de esta nueva circunstancia, resignificar la vida cotidiana y reconfigurar la forma de relacionarnos desde otros lugares, debería ser una inquietud y una denuncia compartida.

Que esta circunstancia nos permita repensarnos como sociedad, evitar que el temor a la crisis sanitaria nos coloque en una condición de mayor vulnerabilidad y que todos los esfuerzos, las luchas y los aprendizajes de cada una, desde nuestra trinchera y nuestras posibilidades aporte en la construcción de un mundo más igualitario y que esto se convierta en insignia para atravesar este momento de la humanidad.

Bibliografía Consultada

Judith Butler (2020) Capitalism has its limits. Artículo de opinión escrito el 19 de marzo. Traducido por Anabel Pomar para lavaca.org (https://www.lavaca.org/notas/el-capitalismo-tiene-sus-limites-la-mirada-de-judith-butler-sobre-el-coronavirus)

-Karina Batthyány (2020) La pandemia evidencia y potencia la crisis de los cuidados. Secretaria Ejecutiva de CLACSO.https://www.clacso.org/la-pandemia-evidencia-y-potencia-la-crisis-de-los-cuidados/

Ilustración de cabecera:

http://cmdpdh.org/project/derechos-de-la-mujer-mecanismos-para-combatir-la-discriminacion/

Coronavirus: desnudez de una economía sacrificial

*M.EL Ernesto Herra Castro

La crítica situación humanitaria en la que se encuentra nuestra propia humanidad pone de manifiesto las tensiones y preocupaciones propias de un proyecto civilizatorio impulsado a partir de la designación de otredad que sólo es posible a partir de construcción de diferencia.

El adjetivo utilizado para describir la condición humanitaria presente no es casual, más para tener perspectiva de las dimensiones de la crítica con qué enfrentar la realidad es necesario armarse de lenguaje y, para ello, no hay otra opción que la lectura, el estudio, la discusión. No hay, dicho sea de paso, mejor medicina contra la ignorancia que la educación. No hay mejor ambiente para cualquier ofensiva autoritaria, sea cual sea, que la ignorancia. Por eso parto del principio hipotético de que el estudio, la discusión, la reflexión crítica son fundamentales, en el actual contexto, para enfrentar tanto los agentes externos como el modo de organización económico y social que corroen las condiciones y posibilidades de existencia de la red extensa de la vida, con la que la nuestra es posible, desde mucho antes que el Covid-19 apareciera en la escena global.

¿Qué es entonces lo novedoso de este virus y porqué ha prácticamente paralizado la economía mundial?

Esta es una primera distinción que considero oportuno habría que hacer y es que lo que se ha paralizado no es la economía sino la crematística.

Para Aristóteles (2007)  existe una distinción[1], y no sólo diferencia, entre la “ciencia de adquirir” y la “ciencia doméstica”. En la primera el horizonte de sentido está dirigido a la “riqueza ilimitada”, mientras que en la segunda se trata de la producción y reproducción de la vida de la tribu, la familia y/o el clan.

En la economía de los pueblos y comunidades que integran la multiplicidad de tugurios, precarios, barrios y barriadas, favelas, ciudades interconectadas por caminos, callejuelas, huecos recubiertos del asfalto que integran la desigual realidad  latinoamericana, y la costarricense como parte de ella, se ponen de manifiesto prácticas económicas atravesadas por otro tipo de vínculo más allá de social, que gira en torno a rifas, bingos, chances, cuentas que van de lo “fiado”, a lo “apuntado”, a lo “perdonado”, a lo “olvidado”. De trueques trabajo-trabajo, trabajo-productos, trabajo-mercancías, productos trabajo, mercancías-trabajo pero tienen, como común denominador, el trabajo como fuente de existencia y posibilidad misma de la vida. Es lo que nace desde él, lo creado en él y es él la fuente creativa de todas las creaciones. Lo anterior le permite a Marx (2017) afirmar: “el trabajo es la sustancia y la media inmanente de los valores, pero el mismo no tiene valor alguno” (653).    

La otra es la crematística en la cual “la riqueza y la sociedad no parecen reconocer límites” (Marx, 2016, p. 186). Ella se impulsa a partir de criterios de acumulación, ganancia, tenencia, rédito, riqueza, fortuna… y es ella, el tipo de economía que en este momento está siendo confrontada.

En relación a la economía doméstica, el tipo de pregunta y preocupación que desde aquí se despliega en el actual contexto tiene que ver con las formas de proteger la vida humana por encima de cualquiera de sus creaciones y es que ellas, sus creaciones, son producto de su ingenio, creatividad, inteligencia y se deben a quien les ha creado. No en el sentido inverso. Este es el horizonte crítico de lo propuesto por el maestro Franz Hinkelammert  (2007) en tanto pensamiento crítico:

“La crítica del pensamiento crítico la constituye un determinado punto de vista bajo el cual esta critica se lleva a cabo. Este punto de vista es el de la emancipación humana. En este sentido, es el punto de vista de la humanización de las relaciones humanas mismas y de la relación con la naturaleza entera. Emancipación es humanización, y humanización desemboca en emancipación”(p. 43).

Señalo lo anterior porque el actual contexto planetario, calificado por diversos medios de comunicación global/regional/local (cuyas preocupaciones están atravesadas por la riqueza, la acumulación y/o la ganancia) en tanto crisis, parte del supuesto de que ella está determinada por la imposibilidad de realización del conjunto de relaciones que giran en torno al capital. O sea, que de lo que se trata no es de la vida misma del ser humano sino de la vida de los dioses terrenales. Se trata de garantizar la realización del capital. En esto se han puesto de acuerdo Trump, Bolsonaro e incluso a López Obrador quienes, siendo en apariencia distintos, dejan claro que, a lo sumo, son polos opuestos de un mismo proyecto civilizatorio impulsado a partir de la construcción de diferencia para lo cual, sobre la vida del otro, se crea todo valor que hace posible organizar la sociedad a partir de los mitos, las ideologías y las utopías propias del proyecto civilizatorio occidental. Se trata de reproducir, del mismo modo que lo hace la circulación de las mercancías, la condición de miseria, enajenación, pobreza, explotación con que se crean la existencia misma del Tercer mundo, tanto en occidente como fuera de él.

Lo que es cierto es que, habiéndose convertido China en la fábrica del mundo capitalista desde la década de los noventa del siglo XX, toda actividad de la crematística para por allí. Lo anterior se debió a la creciente y sistemática inversión que China impulsó en el desarrollo de una plataforma económica e industrial basada en la innovación tecnológica en combinación con el impulso del conocimiento científico  en áreas de mayor sofisticación desde la década anterior y es que, precisamente en la década de los años ochenta del siglo XX, occidente estaba empecinado en desmantelar y vaciar de contenido (material, simbólico y/o espiritual) el conjunto de instituciones sociales que hacen posible la reproducción de los mitos/ideologías/utopías con que occidente se seguía mostrando como “civilizado”, “avanzado”, “racional” e incluso “humano”.

Según Escurra (1997) “el ideario neoliberal no sólo atacó cualquier regulación del mercado por parte del Estado. Argumentó además que la desigualdad es un valor positivo para dinamizar el crecimiento y la acumulación privada, por lo que se consideró imprescindible quebrar el poder del sindicalismo y, en general, del movimiento obrero (con sus presiones igualitarias sobre los salarios y el gasto social del Estado)” (p. 18).

En el contexto latinoamericano, este ideario fue impulsado a partir de tres ejes básicos:

  • “…constituir a las exportaciones en la fuente fundamental del crecimiento…, lo que lleva a políticas como el estímulo de ´aperturas incondicionales´ al capital transnacional y el sobreacento en la ´competitividad´.
  • Reducir drásticamente el ámbito de acción del Estado y propiciar la privatización de toda suerte de actividades productivas y servicios…;
  • Y respecto del corto plazo, jerarquizar por encima de cualquier otro objetivo la preservación de los ´equilibrios macroeconómicos´ (sobre todo, en materia de presiones inflacionarias y de las cuentas fiscales y externas)” (Vuskovic, 1994. En Escurra, 1997, p. 18).

Lo anterior nos permite reflexionar, desde una perspectiva económica, qué es aquello que es la crisis, en tanto nuestra condición humana. Esta reflexión estaría atravesada por el reconocimiento del valor social contenido en los distintos productos satisfactores de necesidad que sólo son producidos en base a la fuerza, inteligencia y capacidad de la humanidad toda, y no sólo de una parte de ella. Este vínculo económico es movido por cada sujeto productor que, a través de su fuerza de trabajo, hace posible la producción de la familia que integra, del pueblo que integra, de la comunidad que integra. El otro sentido crítico, cuya materialidad se impulsa en una economía sacrificial  (crematística) cuyos dioses terrenales (dinero, mercado y capital, siguiendo a Marx) determinan las condiciones de posibilidad real y fáctica para producir la vida de millones de personas alrededor del mundo cada día. Estos dioses terrenales, que no son más que creaciones estrictamente humanas, parten de un horizonte mítico que requiere, literalmente, no sólo de fuerza de trabajo sino de sangre. 

Lo que está en discusión, entonces, no es el trabajo sino el empleo. O sea, aquel tipo de trabajo que ha sido social y económicamente determinado para la producción de valor pero no para sí, sino para otro. Lo anterior está contenido en todo aquello que se pretende ocultar mediante la categoría salario la cual, en apariencia, es la parte correspondiente a las y los trabajadores producto de un contrato firmado en “igualdad de condiciones” en la que uno compra a otro la fuerza de su trabajo y lo hace con dinero. Sin embargo, el tipo de economía política que Marx muestra permite identificar que el salario sólo contiene la parte correspondiente que garantizan sus condiciones de existencia. Esto le permite a la economía capitalista poder asegurar su reproducción y su explotación futura. Sin embargo, la economía capitalista, a partir de la categoría de salario, encubre la parte correspondiente a la jornada que, para sí, se apropia el capitalista. Esto es lo tematizado en Marx en tanto plusvalor.

Lo que está en crisis, entonces, son las posibilidades mismas de realización del capital, en la parte correspondiente a la apropiación del plusvalor ya que lo que no está en discusión es la equidad entre clases, ni tampoco la justicia sino que en nombre de la justicia ahora producen injusticia[2]. De lo que se trata es de asegurar que la parte producida por el trabajador y de la que se apropia el capitalista pueda ser cubierta, en este contexto, por el mismo pueblo trabajador sobre la base de su salario y no sobre su condición de clase. De este forma, siendo que el plusvalor ya es, de hecho, un robo al trabajador de parte del capitalista y sus representantes en el sector público, ahora se trata que la misma clase, a la que de por sí ya se le extrae un plusvalor, sostenga de su salario el trabajo socialmente necesario que no puede costear el capitalista para que éste, en un periodo indefinido aún, se dedique a la producción de plusvalor, que se apropiará para sí, subvencionada por la clase trabajadora.

Estamos frente a un nuevo modelo socialista, que financia la clase trabajadora, para sostener a la clase trabajadora pero impulsada por la clase capitalista y en beneficio de esta clase. No podría estar más claro. De lo que se trata es de un nuevo robo. No de someter a crítica la ética respecto de la solidaridad que ha expresado, por más de un siglo, las y los sujetos productores de valor, o sea, las y los trabajadores. Se trata de un juicio moral de parte de una clase cuyo horizonte ético no le permite discutir de la ética sino de la moral, amparado por científicos sociales que hacen del lenguaje, una herramienta tan flexible,  que hace casi imperceptible esta sutileza.

Al ser China la fábrica del mundo, en un mundo cuyas instituciones sociales han sido corroídas por quien en lugar de asegurar su reproducción apostó por su destrucción de forma sistemática desde la década de los años ochenta del siglo anterior, y al haber sido en ella identificado el primer caso de Covid-19, la reacción contra el ideario neoliberal ha sido sistemático:

  • Se han contraído las exportaciones de manera tan radical que la bolsa de valores de los Estados Unidos, representante de la crematística global, ha registrado pérdidas en el trasiego de mercancías propias de contextos en que la recesión e inflación se han combinado (https://www.wsj.com).
  • El papel de los diversos Estados ha sido una prioridad en el actual contexto de crisis pro solidaridad con el neoliberalismo. En este contexto, contra toda lógica de reducción del Estado, es él quien está en condiciones de asegurar la reproducción de la vida de las y los productores de valor sobre los que se apalanca el sistema capitalista como un todo, al punto que la propia directora gerente del FMI, Krisalina Georgieva, ha señalado explícitamente: “Los costos humanos de la pandemia del coronavirus ya son inmensurables y es preciso que todos los países trabajen en colaboración para proteger a la gente y limitar el daño económico. Este es el momento de actuar con solidaridad, un tema central en la reunión que mantuvieron hoy los ministros de Hacienda y gobernadores de bancos centrales del G-20” (https://www.imf.org/es/News/Articles/2020/03/23/pr2098-imf-managing-director-statement-following-a-g20-ministerial-call-on-the-coronavirus-emergency).
  • En el tercer punto señalo por Vuskovic (1994) es donde se ha tenido mayor vehemencia. Se trata de salvar al sujeto histórico que ha permitido actuar de forma sistemática contra todo aquello que defiende la vida del pueblo donde el mercado se realiza. Se trata, como Trump lo ha manifestado de forma vehemente y que es la tesis que terminará por imponerse, de que el mercado se realice independientemente que ello signifique pagar con la vida misma.

En el caso costarricense, “la solidaridad” que ha sido ordenada desde el FMI significa que, dado que el mismo sector empresarial que hoy se declara en imposibilidad de pago a sus trabajadores, se ha nutrido del desfalco a las instituciones sociales que garantizan la producción y reproducción de la vida de su pueblo, hoy le corresponde a la clase trabajadora aportar “solidariamente” un monto económico según ingreso para poder garantizar que el sistema desigual que, de por sí tenemos, garantice su reproducción futura.

El limitar el horizonte crítico en términos medio-fin que el presente nos arroja hace replicar los errores del pasado y permitirle a quien históricamente ha ocupado el lugar del dominador se perpetúe. De lo que se trata no es de salvar a las y los trabajadores. Se trata de garantizar la división de clases financiado por la misma clase trabajadora. El primer movimiento que ha sido puesto en cuestión es la evasión, por parte de la clase capitalista de sus responsabilidades y, para ello,  han cubierto su responsabilidad impulsada por la propaganda mediática que, como clase, imponen intentando socavar la sensibilidad de un pueblo que durante quinientos años no ha hecho más que ponerse a disposición del otro/otra porque de otra forma su propia vida no sería  posible.

A diferencia de pandemias anteriores, la actual ya tiene conclusión: salvar  a los capitalistas de la crisis y, para ello, los medios de comunicación globales ah puesto sus servicios y su propaganda mediática a favor de dicha conclusión. La muerte, la desesperación, el dolor, el miedo, el terror es cubierto en streaming donde es posible, gracias al capital, ver el pánico en los ojos de cualquier otra/otro trabajador, al rededor del mundo, en tiempo real.

En vísperas del bicentenario el Covid-19 ha terminado de definir la composición de clases con que iniciaremos el tercer siglo de nuestra in-dependencia.

El Covid-19 es un virus novedoso porque de él podría salir revitalizada la crematística capitalista. Lo que no es del todo claro, y por ello es que la economía/crematística se tensa entre términos vida/muerte//acumulación/riqueza que puja entre detenerse y distanciarse para preservar la fuente creativa de todas las creaciones que sería la vida misma y aquella que que ejerce cada vez más influencia para disputar un lugar de centralidad en la economía capitalista mundial, es el lugar que, como conjunto nacional apostamos a ocupar en el mundo que surja de aquí.

Como pueblos pareciera que estamos a las expectativas del rumbo que puedan señalar las oligarquías latinoamericanas, cuando ellas han demostrado sistemáticamente a lo largo del siglo XX que han perdido toda capacidad de pensar en términos nacionales. Ellas piensan sólo en términos de grupo y/o clase.

El Covid-19 es un virus neoliberal que no culmina de desnudar la avaricia por la que nuestra propia humanidad es sacrificada.

*Ernesto Herra Castro es académico de la Escuela de Sociología de la Universidad Nacional en Costa Rica, donde se desempeña como coordinador de la Red de pensamiento crítico denominada “Epistemologías del sur”.

Referencias bibliográficas

Dussel, E. (2014). Para una ética de la liberación latinoamericana. Tomo I. Ciudad de México: Siglo XXI.

HINKELAMMERT, F. (2007). PENSAMIENTO CRÍTICO y CRÍTICA DE LA RAZÓN MÍTICA. REVISTA PASOS, DEPARTAMENTO ECUMÉNICO DE INVESTIGACIÓN, 43-48.

Marx, K. (2016). Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858. Vol. I. Ciudad de México: Siglo XXI.

Marx, K. (2017). El capital. El proceso de producción del capital. Tomo I, Vol II, Libro primero. Ciudad de México: Siglo XXI.


[1] Según Heidegger “Lo mismo no es lo igual, porque en lo igual toda diferencia es abolida, mientras que en lo mismo aparecen las diferencias” (En: Dussel, 2014, p. 100). Siguiendo esta línea Dussel (2014) señala: “la di-ferencia supone la unidad: lo Mismo. Mientras que los dis-tinto (de dis-, y del verbo tinguere, pintar poner tintura), indica mejor la diversidad y no supone la unidad previa” (p. 102).

[2] En Costa Rica, por la vía de decreto presidencial, se retendrá con el argumento de la “solidaridad” un porcentaje, según ingreso, a la clase trabajadora para que ella logre asumir los costos de la “pérdida de empleo” que ha sufrido una parte considerable de las y los trabajadores del sector privado. Este mismo sector ha evadido, sólo en  el pago de los impuestos correspondientes, para con su actividad un monto estimado al 6% del Producto Interno Bruto de Costa Rica. 

Foto: https://www.cpalsocial.org/se-nos-acaba-el-mundo-y-vamos-peor-la-economia-circular-pierde-peso-3207

El mito de la movilidad

Por Guillermo Acuña González
Escritor y Sociólogo
Costa Rica

Cientos de imágenes que atraviesan los territorios virtuales, muestran a la gente convencida de su encierro. Le cantan a su encierro. Le leen, leemos textos, conmovidos, sensibles, amorosos. Jugamos, planeamos, vivimos una extraña libertad entre cuatro paredes. El encierro nos ha devuelto, si, a la más originaria de las condiciones humanas: la de vernos a nosotros mismos.

Mientras nos miramos, ahí, afuera, en este preciso instante, la movilidad humana es sometida a prueba. Ante la inminencia de la pandemia global, los Estados, al decir de la colega mexicana Leticia Calderón Chelius, prefirieron una respuesta del medioevo: atrincherarse, cerrar sus puertas con picaportes, nadie entra, nadie sale. A esta hora, mientras se resuelven impuestos solidarios, despidos y acomodos para la empresariedad regional, cientos de migrantes centroamericanos continúan siendo deportados por las políticas desquiciantes y alucinantes de la administración en Estados Unidos.

Si bien para efectos de salud pública esta acción de los estados ha significado una respuesta homogénea, legitimada por los discursos de verdad sobre la actuación de prevención y mitigación del contagio, en las movilidades humanas seguimos observando procesos que comprometen los derechos humanos de las personas que se desplazan.

El cierre irrestricto de las fronteras implica, de golpe, la posibilidad de que las personas busquen cruzar por puntos ciegos, ahí donde los Estados no alcanzan a vigilarlos. Entonces, el remedio, ya lo han dicho colegas con quienes comparto espacio de intercambio a nivel latinoamericano, puede convertirse al corto plazo en una acción propulsora de más casos, más contagios, más muertes. La información proveniente de la frontera entre Colombia y Venezuela, así como la paradoja de la inversión de las trayectorias en la línea divisoria entre México y Estados Unidos (ahora son los mexicanos los que pancartas en mano exigen el cierre de fronteras ante la posibilidad de la portabilidad de casos en los cuerpos de quienes viven en territorio fronterizo del lado estadounidense) confirman lo que esta crisis humanitaria mundial ha supuesto para la comprensión del fenómeno migratorio en todas sus dimensiones. Se ha falseado, de pronto, el sistema epistemológico y conceptual con el que veníamos operando para abordar dichos procesos.

Desde el giro de la movilidad, que es un abordaje conceptual en construcción permanente, los desplazamientos humanos deberían verse como un proceso de normalidad, más cuando se cruzan las fronteras. Como los preceptos de los Estados modernos han puesto su atención en el músculo inquebrantable de las fronteras, cuando una persona las traspasa de las formas que sean, esos Estados entran en crisis, se aferran a su resguardo, se blindan, disparan a matar para que nadie entre (como se leyó en estos días en redes sociales por usuarios costarricenses que a toda costa desean que esta coyuntura termine por demostrar que la blancura y excepcionalidad ticas deben ser resguardadas de esos otros cuerpos, los cuerpos de los migrantes pobres que provienen del otro lado del río).

Mucho antes que la crisis sanitaria y humanitaria global fuera declarada, las narrativas de la gestión migratoria ya habían adelantado el lenguaje que ahora se antoja novedoso en el campo de la salud pública. Ya las movilidades centroamericanas de finales del 2018 habían sido “confinadas” en puentes, estaciones migratorias, centros de detención. Ya la distancia social había sido utilizada de forma criminal por el gobierno de Estados Unidos al separar familias enteras y darles trato de reos y delincuentes a niños y niñas centroamericanos que apenas podían balbucear su nombre. Ya antes, mucho antes que esta crisis nos dijera que hay cuerpos que si importan y cuerpos que no, muchas personas migrantes centroamericanas habían sido apedreadas cuando pasaban por comunidades de tránsito, fumigados sus cuerpos para prevenir males contagiables, golpeados y discriminados por sus identidades sexuales diferenciadas.

Estas horas, que nos toman a muchos con nuestra movilidad restringida por las indicaciones de las autoridades de la salud pública a nivel global, deberían servirnos para que el tema de las movilidades humanas, eso que los estados llaman migraciones, nos atraviesen nuestros cuerpos y nuestras percepciones. Estar con el derecho del desplazamiento comprometido es lo que cientos de personas centroamericanas han experimentado ya por décadas en su tránsito por México y en su ingreso a Estados Unidos. Pongámonos en sus pieles. Ellos han sido confinados, separados, reducidos, por las prácticas de resguardo y los enfoques de seguridad de los estados y las percepciones que los criminalizan, los encasillan, los cuestionan. Hoy el mito de la movilidad se derrumba. Hoy su cuerpo, el cuerpo del que lee estas líneas, es un cuerpo sospechoso, portador, posiblemente enfermo. Para ese cuerpo, los límites a su movilidad son una orden. Pensemos en esto y pongamos en perspectiva los desafíos para la comprensión de las movilidades humanas en la región centroamericana.

Imagen: http://historico.cpalsj.org/honduras-migracion-y-exclusion-social/

Dos rutas políticas muy diferentes de mitigar la situación de las personas trabajadoras (V)

“Yo siempre seré partidario de los que no tienen nada. Y hasta la tranquilidad de la nada se les niega.” (F. García Lorca)

Manuel Hernández

A instancia de las exigencias formuladas por los sindicatos de trabajadores, el 27/03/2020, el Gobierno del Estado Español emitió un Real Decreto-Ley, que complementa las medidas de emergencia, en el ámbito de las relaciones laborales, para mitigar las consecuencias de la pandemia.

Uno de los aspectos más relevantes del nuevo y recientísimo decreto de gobierno, consiste en la prohibición de los despidos y extinciones de contratos de trabajo, por fuerza mayor, causas económicas, tecnológicas, organizativas o productivas, que se relacionen con la emergencia sanitaria que lamentablemente tanto está golpeando ese país.

Esta medida comprende la prohibición de la extinción de los contratos temporales, que constituye una característica estructural del mercado de trabajo español, que principalmente concentra la contratación de jóvenes y mujeres.

Todo despido o extinción contractual que violente estas disposiciones normativas es absolutamente nulo.

Mientras estas medidas progresistas se toman en ese país europeo, por contrario, en esta suiza centroamericana, se han dictado medidas legislativas y de gobierno unilaterales y autoritaristas.

En realidad, corresponde acotar estas expresiones, y en su lugar, resulta más acertado afirmar que esas medidas han sido parcialmente unilaterales y autoritarias, porque han sido consensuadas únicamente con los sindicatos o cámaras empresariales, excluyendo la participación de los sindicatos que representan los legítimos intereses de las y los trabajadores.

Además, las medidas laborales promulgadas por la Asamblea Legislativa y el Gobierno son salvajes, porque licencian los despidos, la suspensión de los contratos de trabajo y la reducción de los salarios, esquilmando a la clase trabajadora más explotada; que vive en una situación de emergencia social y económica desde hace tiempo, mucho antes que apareciera esta grave pandemia.

Entonces, existen dos caminos políticos muy diferentes de resolver las emergentes e imperiosas necesidades de las y los trabajadores: concertar exclusivamente con los sindicatos patronales, descargando todo el peso social y económico de la crisis en la gente más empobrecida, o por contrario, atender las demandas de los sindicatos de trabajadores, procurando medidas de redistribución democráticas que mitiguen las consecuencias de la crisis en este pauperizado sector de la población.

En “nuestro” país, queda absolutamente claro el camino que pactó y escogió la clase política gobernante.

¡Los sacrificios no los tienen que seguir soportando las mismas de siempre!

Ilustración: https://blog2iessantalucia.com/2019/03/16/charla-sobre-participacion-ciudadana-3o-eso/

Prueba de Ácido para Honduras

Por Marlin Óscar Ávila

El juego doble

El Covid-19 se puede usar como pretexto para satisfacer intereses mezquinos de quienes son los responsables, no del virus, pero si del mayor sufrimiento del pueblo hondureño.

Se especula que quienes toman las decisiones gubernamentales, quieren llevar al país a obtener un impacto negativo para que lo distingan globalmente y así lograr las miradas internacionales hasta que se le ofrezca mayores donaciones y ayuda.

Nadie ignora que las ayudas del exterior y, las extraídas de lo que haya quedado internamente, desaparecen por arte de magia.

Se ha denunciado públicamente el desinterés del Ejecutivo en escuchar y aplicar las propuestas del Colegio Médico Hondureño, adonde están afiliados lo poco de ciencia médica existente en este país. Las universidades, hace tiempo no hacen propuestas coherentes y oportunas, con quienes también existe mucho prejuicio del gobierno.

Punto de quiebre

Estamos ahora mismo llegando, en estos días, a un punto de quiebre político social delicado, sin hablar del crecimiento exponencial de casos del Covid-19.

Esta crisis socio política tiene visos de llegar a ser sin precedente. Con un subempleo de alrededor del 60%, ahora aumentado por los cierres de empresas, las que suben la tasa de desempleo y subempleo a niveles astronómicos, las cosas están más que delicadas.

Si a esto le sumamos el desabasto de alimentos en los mercados, la desmovilización de todas las familias para buscar su sustento, y posiblemente viene desabasto de medicamentos en las farmacias (una forma de llegar después a especular con los precios), lo que tenemos frente a nosotros, además de la pandemia del Covid-19, es un caos social. Las muertes serían por varios motivos y se podrá hacer trasiego entre los que mueren por la infección y los que mueren por hambre. Solamente que las cifras podrían llegar a 4 y hasta 5 dígitos. Pero eso, que no requiere ser genio para preverse, puede estar en la agenda de quienes gobiernan.

El campo rural

El lugar más adecuado para vivir ahora es la zona rural. De donde emigraron nuestros padres y abuelos. Conocemos un programa que durante más de una década ha asesorado y formado a familias campesinas en su desarrollo integral. Estamos hablando de unas 15 mil familias pequeñas propietarias de tierra, ubicadas en los cuatro puntos cardinales del país. Esas familias producen para el auto sostenimiento familiar, los alimentos más sanos que cualquiera exija comer. Las graves sequías cortas y largas que ha habido desde inicios del 2000, esas familias han sobre llevado las peores sequías, siempre logrando agua para sus cultivos y consumo animal y humano. Son familias que vimos extraer agua hasta de las rocas.

Estas familias no están pasando el hambre de quienes habitan los bordos en la zona norte, tampoco se desesperan por no poder llegar al banco durante una semana. En ellos no existe la ambición de lujos y diversiones que ofrecen, u ofrecían nuestras ciudades. Tampoco viven en la pura naturaleza. Tienen deporte, TV, escuela, Internet y colegio, y no falta una familia que tenga un miembro con educación superior.

A esas familias hondureñas les debemos agradecer el que no sean agentes portadores del virus Covid-19 per, mantiene muchos metros de distancia entre las viviendas. Tampoco, serán portadores de violencia para lograr comer el día de hoy y mañana ni el próximo año. Es gracias a ese inteligente y audaz programa impulsado por ANAFAE. Que habrá población inmune a las grandes alteraciones político-sociales que se avecinan.

Creemos que hay otras agencias con ese marco filosófico de desarrollo integral, que sin sesgos religiosos y políticos están fortalecidos para sobrevivir las atrocidades de una clase política inmoral en control del primer país más pobre y enfermo de hambre en América Latina.

El Ombudsman

Los retos que se avecinan para un «defensor del pueblo» u OMBUDSMAN, no los ha tenido ningún profesional a la cabeza del Comisionado de Derechos Humanos. Después del Dr. Leo Valladares, no ha habido alguien como él, pero dudamos que alguien pueda llegar a responder como se le exigirá a quien llegue luego. Don Roberto Cáceres ha concluida su periodo formal este 25 de marzo, pero aún no se ha definido quién lo sustituya.

Diríamos que más allá de una persona, que podría ser el mismo Dr. Roberto Cáceres, lo que se requerirá es un equipo multidisciplinario de profesionales realmente comprometidos con este abandonado pueblo catracho. Un equipo militante de los derechos humanos. Esto no está lejos de poderse obtener. Hay muchos defensores de los derechos humanos que han pasado tal prueba. Unos o unas no están dentro del país por esa misma razón.

Si el Ombusman deja de ver los colores políticos y conveniencias personales, se podría lograr una Defensoría del pueblo como lo exigen las circunstancia actuales y venideras. De lo contrario, mejor no tener esos elefantes blancos gastando el poco presupuesto que dejan los corruptos.

CUÁNTOS LLEGARON A VIEJOS… ¡ENGAÑADOS!

Claudio Monge Pereira (ClaMo)

El CINE IDEOLÓGICO GRINGO mintió…engañó y estafó. Durante décadas se han visto películas en las que ante una crisis global, Estados Unidos salvaría al mundo y se verían imágenes de su bandera y sus símbolos emblemáticos, con música épica de fondo y escenas triunfales de gente abrazándose; y hasta su Presidente de turno piloteando naves espaciales exterminando seres de otros mundos.

Pero ahí están esos hoy con la jeta abierta mientras su población se muere y se tira a las calles matándose por papel higiénico, armas para defenderse dizque de la delincuencia y comidas chatarras; Wall Street yéndose a la porra, mandando militares a una Europa que se derrumba para ejercicios de guerra y un gobierno imperialista literalmente sin saber qué hacer, dirigidos por un tipo repugnante; anaranjado y repulsivo que más bien ORDENA sanciones económicas y militares en contra de otros países; y hasta el descaro de ofrecer una recompensa de millones de dólares para asesinar al Presidente constitucional de la PATRIA DE BOLÍVAR.

Mientras tanto, aviones con medicamentos, insumos y médicos cubanos, venezolanos, chinos y rusos aterrizan en los países en debacle para llevar y dar AYUDA HUMANITARIA Y CRISTIANA; aun arriesgando sus propias VALIOSAS VIDAS.

Y millones de personas pensando y creyendo que, según las películas, los rusos y los comunistas eran los malos siempre. HECHOS: ¡NO PALABRAS!

ClaMo

(Mi versión en MIDRÁSH HAGADDA)

¡A SUS ÓRDENES JEFE!

Dr. Oscar Aguilar Bulgarelli

El pasado jueves, a eso del mediodía, el Ministro de Hacienda Rodrigo Chávez anunciaba desde el Museo de los Niños, convertido en Sede de la Asamblea Legislativa como algo muy simbólico, que el Gobierno de Carlos Alvarado enviaría al Primer Poder un proyecto de ley para crear una “contribución solidaria” pagadera por quienes ganaran más de 500.000 mil colones al mes, bien fuera en el sector público o privado, porcentaje que iría subiendo según fuera el monto del suelo. PERO ESO NO ERA LO MAS IMPORTANTE, sino que adelantó que TAMBIEN LAS GANANCIAS DEL CAPITAL serían objeto de la contribución solidaria y ahí, al proyecto le sucedió lo que, según el dicho popular… ¡le pasó a Tere!

¡Todo era soportable, menos tocar al sacrosanto capital!, ¿cómo se le ocurría eso al imberbe que nos gobierna? ¡De inmediato tocaron a rebato!, es de imaginar al representante plutocrático en el gobierno don André Garnier, recibiendo las llamadas de los miembros de los Panamá Paper reclamando semejante desaguisado, que los obligaría a repatriar algunos de sus “cinquillos”.

Así y antes que el cura ñato terminara de santiguarse, la Ministra doña Pilar lee el aguerrido Tweet del Presidente: ¡Mentira!… el gobierno no presentará ningún proyecto, pobrecitos los trabajadores de 500.000 colones!…como mampara para ocultar la verdadera razón de la baja de piso, nada menos, que al Ministro den Hacienda. Y para que no quedara duda, el Ministro Jefe de la Tombería Nacional, que supuestamente ninguna vela tenía en el entierro (¿del Ministro de Hacienda?), ratificaba lo mandado a decir por don Carlos Presidente, como recordando que él tenía la Seguridad en sus manos!

Hoy nuevamente en el marco informativo del Corona Virus, ya más calmados y obedientes, el Presidente y su Ministro de Hacienda de poca autoridad y vergüenza, aclaraban que si habrá ley de aporte solidario para trabajadores del sector público y privado, con salarios de un millón en adelante y escalonado cada medio millón, y de feria, sin temblarles la barbilla, dijeron que lo justo era que, quien ganaba más fuera más solidario y que en eso iban los salarios desde el Presidente para abajo, pero… ¿Y LAS GANANCIAS DEL CAPITAL? Qué cosa… ¡A NINGUN PERIODISTA SE LE OCURRIÓ PREGUNTAR!, ni a Don Ignacio desde el estudio, ni a nadie… qué “extraño” ¿verdad?; omertá o ley del silencio, lo llama la mafia italiana.

Por supuesto que estoy de acuerdo con colaborar solidariamente, pero creo que se debe tomar en cuenta una serie de condiciones antes de poner en difícil situación a muchas personas. Este 27 de marzo, por ejemplo, el Diario Extra trae un editorial infame propio de ese pasquín, donde dice que el 80% de los empleados públicos están en la casa “de vacaciones o haciendo teletrabajo” y que se “echan más de un millón a la bolsa” como si fuera robado. Nada más falso, manipulador y aberrante de un periodismo de baratija, que junto con sus colegas de La Nazi-On y Canal 7, se han dedicado en los últimos años a hacer una sociedad de odios hacia los empleados públicos y los pensionados, que justamente pagaron sus pensiones y LES ROBARON CINCO BILLONES DE COLONES, pero eso no lo dicen… ¡manipuladores!

Así terminó esa historia, con los costarricenses asalariados solidarios, las ganancias de capital ganando intereses en Panamá, Bahamas e Islas Vírgenes y el Presidente, su Gabinete, sus colegas de la prensa todos obedientes…muy bien, muchas gracias.

Esta historia me hizo recordar la película El Gendarme Desconocido de Cantinflas cuando, cuadrado y mano en la visera de su quepis decía… ¡¡A SUS ORDENES…JEFE!!

Una propuesta tributaria debe construirse sobre principios de solidaridad y progresividad

M.Sc. Fernando Rodríguez Garro – M.Sc. Roxana Morales Ramos –
Dr. Henry Mora Jiménez – M.Sc. Greivin Salazar Álvarez
Observatorio Económico y Social de la Escuela de Economía (UNA)

La medida anunciada por el Gobierno de la República el día de hoy, relacionada con la introducción de un impuesto temporal sobre los salarios, abre una discusión importante acerca de posibles medidas de naturaleza solidaria y progresiva que deberían adoptarse ante los efectos económicos y sociales del COVID-19. Consideramos que una iniciativa de modificación de impuestos debe construirse tomando en cuenta la capacidad financiera de los distintos grupos y su resiliencia ante la situación que estamos viviendo; además, debe ser progresiva, con el menor impacto macroeconómico posible y tratando de obtener un aporte de aquellas personas y empresas que puedan resultar gananciosas de la crisis.

En ese sentido, proponemos lo siguiente:

1. Si se quiere introducir un aporte adicional, temporal, en el impuesto sobre la renta que pagan las personas asalariadas, este debería ser creciente, empezando con un porcentaje más bajo sobre los salarios menores -por encima del segundo tramo del impuesto que inicia en 1 233 000 colones mensuales-, y aplicando un porcentaje mayor sobre los salarios más altos. Esto permitiría minimizar el impacto en el consumo de las familias, daría progresividad a la medida (que paguen más los que más tienen) y ayudaría a obtener recursos para ser destinados exclusivamente a la entrega de ayudas a las personas que están perdiendo su empleo.

2. Debe incrementarse también el impuesto a las rentas de capital para aquellos casos en los que las mismas no se vean afectadas por la actual situación. Nos referimos aquí sobre todo a las rentas recibidas por el pago de intereses y dividendos.

3. Se podría incluir un tramo adicional de 30% en el impuesto sobre la renta de las personas físicas con actividad lucrativa, por encima de ₡22 millones de renta neta anual. Para aquellas personas que siguen con actividad independiente, debe pensarse también en pedirles su aporte solidario a esta situación.

4. La idea de capturar la diferencia de valor entre el precio internacional de los combustibles y el precio local, dado que en el transcurso del año el primero ha disminuido en alrededor del 68% y el segundo un 10%, por medio de cualquier figura, es una idea que debe valorarse pero permitiendo que la reducción en el precio llegue a los combustibles usados por la industria, el transporte de carga y el transporte público, a fin de que ese beneficio también lo perciban esas actividades y los consumidores de esos bienes y servicios.

5. El país debe buscar la manera en que los sectores ganadores de esta crisis, que claramente los hay, den un aporte adicional y temporal, a fin de darle una ayuda a los sectores perdedores, en particular al sector turístico y los servicios relacionados con el entretenimiento. Inclusive, aunque esto implique pedir un aporte temporal a las empresas de zonas francas y a las grandes empresas del sector cooperativo.

6. No podemos perder de vista que se requerirá un esfuerzo fiscal adicional de largo plazo para poder encauzar al país en una senda de sostenibilidad de la deuda pública. En ese sentido, desde ahora debemos pensar en cómo gravar las mayores expresiones de riqueza y a aquellos sectores que generan externalidades ambientales negativas, para generar los recursos necesarios para resolver los problemas que enfrentaremos más adelante y empezar a trabajar por garantizar que esos recursos estén disponibles una vez que salgamos de la crisis.

El programa Observatorio Económico y Social de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional, reitera su disposición de aportar en la construcción de una salida a la crisis económica derivada de la atención del COVID-19.

27 de marzo de 2020

Costa Rica: entre el debilitamiento del poder (yin) y la necesidad de autoridad (yan)

Miguel Sobrado

La intervención en Casa Presidencial con el decomiso de las computadoras y hasta el teléfono personal del Presidente, fue un punto de debilitamiento extremo de la autoridad del Poder Ejecutivo y preludio de una anomia social muy peligrosa para la institucionalidad.

Cuando se llega a estos extremos tiende a producirse la reacción contraria: la concentración de la autoridad (yan). Este paso, cuando se da, tiene el riesgo de conducir las estructuras políticas al autoritarismo y a una debacle política.

La reacción Yan se ha producido, pero por suerte no por una medida de respuesta del Ejecutivo al debilitamiento de su poder, sino por una amenaza externa el coronavirus, que ha aglutinado a la población alrededor de las autoridades de gobierno especialmente el sector salud.

Hasta el momento las reacciones han tendido a aglutinar la opinión pública alrededor de las autoridades del gobierno, pero las aguas están revueltas y las corrientes anárquicas tipo “m’porta a mi” afloran por doquier, como lo hemos visto en los éxodos a las playas, reuniones en bares y otros sitios públicos, contraviniendo las disposiciones oficiales de manera retadora.

Esta emergencia ha sido aprovechada por el Ejecutivo para consolidar su liderazgo y autoridad en lo inmediato, y aunque se han tomado medidas radicales como sacrificar al turismo el problema sobrepasa sus capacidades y propuestas.

Las medidas tomadas hasta el momento para reducir el desempleo, como postergar impuestos o reducir cargas sociales a las empresas son acertadas pero incompletas. El teletrabajo puede ayudar, lo mismo que las medidas de mitigación a las empresas. Pero no sustituyen la desocupación y el estancamiento económico en las regiones. A la gente se le puede decir que se recluyan en las casas, pero si no tienen ingresos, tendrán que salir a conseguir alimentación y otros recursos vitales para el pago de servicios y alquileres.

Los países como Taiwan, Corea y China han tomado en consideración estas necesidades en su política de aislamiento de los casos contagiados y de defensa de la población vulnerable. Esto desde luego demanda recursos y un manejo local de la crisis. Nuestra economía no está en  las mejores condiciones, para enfrentar esta crisis en todas sus dimensiones, pero debemos hacerlo si queremos ganarle la guerra al Coronavirus, con las menores pérdidas posibles. En primer lugar, es importante recurrir a los fondos internacionales de emergencia, se trata de un problema global y no solo nacional y esto debe reorientar los esfuerzos de nuestra política externa. No obstante, es posible que esto no sea suficiente y haya que recurrir a un esfuerzo especial. Tenemos antecedentes de situaciones de guerra como la de 1856 donde el entonces presidente Juan Rafael Mora puso sus haciendas en garantía y pidió a los otros cafetaleros hacer lo mismo para afrontar los costos de la guerra. Una situación similar, aunque en menor escala, se vivió después de la guerra civil de 1948 donde se impuso un impuesto al capital, para financiar los daños de la guerra.

Estamos en una guerra que exige una gran desmovilización del aparato productivo establecido. No podemos enviar a la gente para la casa sin recursos para sobrevivir, es importante apoyar, por una parte, las iniciativas locales para reorientar la producción nacional como la iniciativa de los productores de hongos que están ofreciendo el producto rechazado por los hoteles a las organizaciones comunales. Por otra parte, asignar recursos, dentro de líneas claramente definidas a las organizaciones y gobiernos locales que son quienes tienen el contacto directo con los problemas, para promover soluciones y apoyar las necesidades más urgentes.

Otra alternativa no existe, el desempleo es terreno fértil para la anarquía y el desorden que está a flor de piel en amplios sectores, al mismo tiempo que un terreno muy fértil para el narcotráfico, que busca consolidar la ruta de la cosa y la creciente economía subterránea.

Ilustración: https://okdiario.com/curiosidades/yin-yang-significado-1133869