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Colombia firma finalmente el Acuerdo de Escazú: apuntes

Nicolás Boeglin

Este 11 de diciembre del 2019, finalmente se oficializó en Naciones Unidas la firma del Acuerdo de Escazú (instrumento regional suscrito en Costa Rica en el 2018) por parte de Colombia: véase notificación oficial de la Secretaría General. En las líneas que siguen desmenuzaremos el alcance de esta firma, que no se deja ver en el escueto documento circulado por el departamento de tratados de Naciones Unidas.

Ello no sin antes recordar que, para que un tratado internacional sea vigente en el ordenamiento jurídico de un Estado, este último primero debe firmarlo (una atribución que recae usualmente en el Poder Ejecutivo) y luego aprobarlo (una postedad tradicionalmente reconocida al Poder Legislativo): el negarse a firmar un instrumento internacional impide a sectores políticos y de la sociedad civil iniciar una campaña para lograr su ratificación.

El resultado de una fuerte presión de la sociedad civil colombiana

La palabra «finalmente» usada previamente obedece a la fuerte movilización de organizaciones ambientales y sociales en Colombia, desde que oficialmente el Poder Ejecutivo colombiano afirmara que no iba a firmar este tratado, aduciendo un sinnúmero de razones tan insólitas como falaces (véase por ejemplo nota del prensa de RCN del 30.09.2019).

Cabe señalar que la víspera de la firma, es decir el 10 de diciembre del 2019, el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA) participó en la ciudad colombiana de Cartagena a una actividad en homenaje a líderes sociales y defensores de los derechos humanos en la que afirmó que:

«Combatir la violencia que se ejerce contra estos defensores de los Derechos Humanos es una responsabilidad de los gobiernos, pero también de nuestras sociedades, de nuestros ciudadanos, de nuestras empresas y de la comunidad internacional. Es una responsabilidad y un deber sagrado compartido por todos» (véase texto de su discurso).

La decisión del Poder Ejecutivo de Colombia de firmar el Acuerdo de Escazú en semejantes condiciones merece mención y anuncia que la campaña por lograr su debida ratificación será bastante álgida. No está de más precisar que durante las negociaciones del Acuerdo de Escazú (2014-2018), la delegación colombiana se mostró incómoda, presentando diversas propuestas en aras de reducir el alcance de varias disposiciones del futuro instrumento.

«No firmaremos el Acuerdo de Escazú porque…»: un insólito unísono oído en Bogotá y en Santiago (y en ninguna otra parte)

Con ocasión de la PreCop25 celebrada en Costa Rica en octubre del 2019, habíamos tenido la oportunidad de señalar lo inédito que resultaban las posiciones de Chile y de Colombia de no firmar un instrumento regional como el Acuerdo de Escazú. En esta nota publicada en el sitio de la Red por la Justicia Ambiental en Colombia, titulada: «Ambiente y Derechos Humanos: el Acuerdo de Escazú a un año de su firma«, nos permitimos señalar que:

«La ausencia de la firma de Chile, de Colombia y la de otros Estados podría revertirse en caso de que algunos Estados de la región, por alguna razón, cambien súbitamente de parecer e inicien su propio proceso en aras de facilitar a sus ciudadanos el ejercicio de sus derechos en materia ambiental

La posición de Chile así como los argumentos (un tanto originales) esgrimidos por parte de sus máximas autoridades fueron desmenuzados y desvirtuados uno tras uno en esta emisión producida en Chile del programa «Las cartas sobre la mesa» por parte de representantes chilenos de la sociedad civil (véase emisión disponible en este enlace).

Con relación a aspectos estrictamente jurídicos, remitimos también a nuestros estimables lectores a una entrevista titulada «¿Cuál es el tratado de derechos humanos y ambientales que Chile y Colombia se rehúsan a firmar?» realizada en noviembre del 2019, disponible en este enlace, en la que hacemos ver la verdadera revolución jurídica que proponen Chile y Colombia al presentar una serie de argumentos sobre las consecuencias de la firma de un tratado que desconoce … la misma Convención de Viena sobre Derechos de los Tratados de 1969 (véase lo que dispone el artículo 18 de dicha convención).

Foto extraída de nota de prensa de la BBC, titulada «Los países en los que matan a más ambientalistas en el mundo y el terrible récord de América Latina», 30 de julio del 2019

El Acuerdo de Escazú a más de un año desde su firma

El tablero oficial sobre el estado de firmas y ratificaciones del Acuerdo de Escazú (véase enlace oficial), con 22 firmas pero tan solo cinco ratificaciones obtenidas en poco más de un año evidencia que a algunos sectores políticos (y a influyentes sectores económicos) no les interesa en lo más mínimo que se combine la protección de los derechos humanos con la defensa del ambiente.

En días recientes, el Ejecutivo de Paraguay optó por retirar el proyecto de aprobación del Acuerdo de Escazú en trámite en el Congreso, causando un profundo malestar entre diversos sectores paraguayos (véase nota de prensa de Última Hora del 2/1/2019): no se tiene claro si el señor Arzobispo confundió este instrumento con otro texto al que se opone la Iglesia Católica sobre derechos humanos.

Es de notar que entre las firmas ausentes, figuran, además de las de Colombia (hasta este 11 de diciembre) y la de Chile, las de Cuba, El Salvador, Honduras y de Venezuela.

La COP25 que se lleva a cabo en España en este mes de diciembre constituye una ocasión propicia para que algunos Estados de América Latina reafirmen su compromiso con la defensa del ambiente y los derechos que ello conlleva para las comunidades y las organizaciones ecologistas.

Como bien lo señala una misiva colectiva de entidades colombianas,

«La firma de este Acuerdo representa también un compromiso con la agenda climática de Colombia y se convierte en un nuevo acercamiento del Gobierno Nacional con la democracia ambiental y las y los defensoras/es de derechos humanos y ambientales del país» (véase texto del Comunicado de la Alianza por el Acuerdo de Escazú en Colombia, con fecha del 10.12.2019).

Hay que agradecer a Bolivia y a Uruguay por haber sido los primeros en América Latina en depositar su respectivo instrumento de ratificación en la Secretaría General de Naciones Unidas, al tiempo que persisten interrogantes muy válidas sobre la ausencia de Costa Rica como Estado Parte a este novedoso instrumento (habiéndose transcurrido más de un año desde que puede serlo).

A modo de conclusión

Las organizaciones colombianas que lograron obtener esta firma por parte de Colombia podrían compartir su valiosa experiencia con sus homólogas chilenas: a pesar de haber sido, con Costa Rica, un activo promotor durante más de cuatro años de las negociaciones que culminaron en el 2018 en Escazú, y a pesar de la movilización de organizaciones sociales exigiendo mayor coherencia por parte de sus autoridades de cara a la COP25 inicialmente prevista en Santiago, Chile se resiste a firmar el Acuerdo de Escazú.

La movilización de organizaciones ecologistas colombianas permitió, entre muchas otras acciones, una publicación extremadamente completa (cuya lectura se recomienda y que puede interesar a muchos otros Estados de América Latina), titulada “Colombia y el Acuerdo de Escazú” (véase texto integral ), en la que se concluye que:

Son alarmantes las cifras de conflictos ambientales y de asesinatos de defensores y defensoras del ambiente en Colombia. A pesar de contar con una amplia legislación en materia de información, participación y justicia ambiental en Colombia, la conflictividad ambiental en el país se agudiza cada día. El Acuerdo de Escazú se convierte en una herramienta de vital importancia para cambiar esta situación en el país” (p. 89).

Un amicus curiae presentado el pasado 6 de diciembre por diversas entidades internacionales en la causa penal que enfrenta el líder mapuche en Chile Pascual Curamil Millanao (véase texto completo, cuya lectura también recomendamos) nos viene a recordar la opción latente de algunos Estados (y sectores económicos) de optar por criminalizar a líderes comunitarios y ecologistas en América Latina, con la única finalidad de intimidar a los integrantes de sus comunidades.

Nótese que en América Latina, los dos Estados en los que se están dando fuertes movilizaciones y protestas sociales en este cierre del año 2019 coïnciden con los dos únicos Estados cuyas autoridades adujeron oficialmente oponerse a la firma del Acuerdo de Escazú.

 

(*) Nicolas Boeglin, Profesor de Derecho Internacional Público, Facultad de Derecho, Universidad de Costa Rica UCR.

Enviado por el autor.

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Sigue desatando nudos

Oscar Madrigal, abogado

El Presidente Alvarado trabaja por mantener la Alianza política con el PLN, el PAC y el PRN para la aprobación de una serie de proyectos de ley en estas sesiones extraordinarias. (Recordamos que hace muy poco tiempo los amigos del PAC abjuraban de las alianzas con los neopentecostales e incluso tuvieron el atrevimiento de censurar al diputado Villalta por votar algún proyecto con ellos). Esa santa alianza la busca afanosamente el Gobierno para que se aprueben los siguientes proyectos, según informa La Nación.

1-. Regulación de las huelgas, que es prácticamente su prohibición.

2-. Empleo público que es salario único y otras restricciones laborales

3-. Reforma a pensiones de lujo, que es creación de un solo régimen de pensiones.

4-. Cambios a instituciones y refundición de órganos desconcentrados que llevará a despidos de empleados.

5-. Regulación de las plataformas de transportes.

6-. Flexibilización de la jornada de trabajo, que significa la reducción de derechos de los trabajadores como las horas extras.

Como se aprecia fácilmente, se trata de una agenda eminentemente anti-laboral, sea contra los trabajadores y trabajadoras.

No hay nada referente a poner límite al capital financiero o a promover una mayor justicia social.

El Gobierno del PAC trabaja para restringir derechos, en unidad con partidos de derecha y reaccionarios como el PLN y los ramashekos, los cuales con nuestros votos fueron repudiados en las urnas.

Entre los 3 partidos sumarían 34 votos que aseguraría la aprobación de esos proyectos.

El Gobierno y el Presidente Alvarado siguen desatando nudos, pero solo aquellos que significan derechos sociales y económicos de los trabajadores.

 

Compartido con SURCOS por Juan Carlos Cruz Barrientos.

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Contra la reforma laboral regresiva. Sí al paro nacional

Carlos Meneses Reyes

El Movimiento Obrero Mundial conquistó la jornada laboral, sobre base científico-social de: 8 horas de trabajo – 48 horas semanales 8 horas de estudio -48 horas semanales

8 horas de descanso -48 horas semanales.

El trabajo dignifica al ser humano. Es creatividad. Produce efecto social y plusvalía (ganancia) para el patrono. Falso que el neo liberalismo salvaje le da más a dedicación familiar y al estudio de los trabajadores. Para quitarles horas de trabajo, previo flexibilizaron, es decir, restaron hora-ganancias, hora productividad, horas extras, ganancia adicional, horas – nalgas (investigación, estudio), horas acumuladas para una pensión, horas para remunerar lo vacacional. Afectan los logros y conquista sociales de dignificación del trabajo, expresada en cuerpos normativos y/o en avances doctrinarios y jurisprudenciales, tales como: la jornada de trabajo comienza desde que el trabajador sale de su hogar. La teoría del riesgo laboral por accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, abarca toda la jornada laboral en el concepto amplio y humano de su inicio y terminación. La rebaja de horas-trabajo, carga la planificación estratégica a espaldas del trabajador, quien ha de superar conocimiento, reconocimiento de capacidades, soluciones a mayor rentabilidad que corresponde a la formación y capacitaron de personal a cargo de las empresas (patronos). Impone la informalidad y niega la estabilidad. Suprime la concentración calificada y especializada de la producción, base de lo coordinado-organizativo. Afecta la sindicalización, la organización de los trabajadores en sindicatos, como correas de transmisión de poder popular. Aumenta la explotación al exigir la misma productividad en seis horas, que en ocho remuneradas, trayendo consigo mayor desgaste físico-mental. Aplica mayor alienación, pérdida de valor de si, enajenación e intensidad de subordinación laboral. La disminución de la jornada laboral afecta el reloj biológico del trabajador. En lugar de estabilidad, impone inestabilidad, aumentando el pie de fuerza del sub empleo, al eliminar la jornada mínima legal, calculando el incentivo al mercado laboral de tercerías, eliminando el contrato de trabajo a término indefinido. Tiende a eliminar la función social del trabajo, aumenta la plusvalía, como ganancia empresarial y consolida la imposición del capital privado explotador. Es tanto lo que le han arrebatado al trabajador que ya no cabe flexibilizar más. Con tamaña flexibilización desconocieron las relaciones del contrato laboral e impusieron las relaciones de mercado laboral como objeto o mercancía de carácter civil. Condenaron el Derecho Laboral a una caricatura y enfilan contra los derechos humanos del trabajador. !Basta ya! !Resistencia!. PURO ABOGADO. 04.12-2019.

 

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Derechos humanos, igualdad de oportunidades, inclusión y equidad en educación

BREVES CONSIDERACIONES

Luis Muñoz Varela[1]

Tres décadas atrás, en Costa Rica dio inicio la promulgación de varias leyes y la creación de instituciones específicamente dedicadas a la protección y salvaguarda de los derechos humanos, la igualdad de oportunidades, la inclusión y la equidad en varias dimensiones de la vida en sociedad. Cabe mencionar las siguientes: a) Ley de Promoción de Ia Igualdad Social de la Mujer (1990); b) Ley de Aprobación de los Derechos del Niño (1990); c) Ley de creación de la Defensoría de los Habitantes de la República (1992); d) Ley Orgánica del Patronato Nacional de la Infancia (1996); e) Ley de Igualdad de Oportunidades para las Personas con Discapacidad (1996); f) creación del Instituto Nacional de las Mujeres (1998); g) Código de la Niñez y la Adolescencia (1998). Todas estas leyes e instituciones vienen a establecer en el país una plataforma a partir de la cual se busca asegurar y garantizar el cumplimiento de los derechos humanos, la igualdad de oportunidades, la inclusión y la equidad social, al menos en sus dimensiones más visibles y sensibles.

La formulación del concepto y perspectiva de los derechos humanos remite a situaciones y realidades en las que las libertades, la dignidad y la condición humana son transgredidas, restringidas o anuladas en su naturaleza esencial y en muy diversos sentidos. Cabe recordar, al respecto, que la Declaración Universal de Derechos Humanos -aprobada por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el 10 de diciembre de 1948-, tomó como marco de referencia para su fundamentación el contexto de abyecta y demencial destructividad humana caracterizado por los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. Un momento en el que, de una manera inédita, la persecución y el exterminio programado – “asesinato administrativo” (Adorno, 1998, p. 17)- de millones de seres humanos alcanzó a tener calidades jamás registradas en toda la historia anterior de la humanidad. (Arendt, 1995).

La Segunda Guerra Mundial representó para la humanidad una experiencia atroz, en la que “el desconocimiento y menosprecio de los derechos humanos” originó “actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad” (Asamblea General de Naciones Unidas, 1948, p. 1); acontecimientos que llegaron a tener una “horrible originalidad que ninguna comparación histórica puede atenuar” (Arendt, 1995, p. 31). Con este marco de referencia como telón de fondo, la Asamblea General de la ONU dispuso proclamar la Declaración Universal de Derechos Humanos, estableciendo que se trata de un marco de referencia y de un conjunto de principios y finalidades:

[…] por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción. (p. 2).

Durante las últimas dos décadas, organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), han desarrollado definiciones amplias de los derechos humanos, a partir de un conjunto de principios básicos ordenado con la finalidad de precisar la naturaleza y el alcance de estos derechos. Este conjunto de principios básicos es el siguiente:

  1. a) universalidad e inalterabilidad;
  2. b) indivisibilidad;
  3. c) interdependencia e interrelación;
  4. d) igualdad y no discriminación;
  5. e) participación e integración;
  6. f) habilitación;
  7. g) rendición de cuentas y respeto del imperio de la ley (UNICEF, 2008).

Estos principios dan cuenta de una concepción ontológica, epistémica y axiológica de los derechos humanos, en la que queda implicada necesariamente una visión democrática de la sociedad y en la que el valor más elevado lo es el de la dignidad humana. Para asegurar que cada persona viva en la condición de dignidad que, en su calidad de ser humano, le es intrínseca, el Estado y la sociedad en su conjunto deben realizar las acciones que sean necesarias para atender y resolver todas aquellas situaciones que representen restricción, obstaculización, negación o ultraje de los derechos humanos y de la dignidad humana.

Característica fundamental de esta concepción de los derechos humanos, además de su carácter complejo e integral, es que se coloca en una línea de acciones políticas y programáticas ancladas en el presente y con proyección de futuro. Los derechos humanos, al tiempo que son inherentes a la condición humana y a la dignidad de cada persona, también deben servir como parámetros para avanzar de manera continua en la construcción de sociedades cada vez mejor articuladas y sustentadas en la institucionalidad de las libertades democráticas y en el desarrollo de capacidades para el logro del bienestar común y la justicia social.

Los derechos humanos son el lenguaje de las necesidades humanas básicas, de acuerdo con la noción de dignidad e igualdad de la persona humana. Contribuyen a articular las necesidades y la respuesta de aquellos que tienen que satisfacerlas. (ACNUDH, 2012, p. 11).

Los principios que definen la naturaleza de los derechos humanos vienen a representar, así, indicadores con base en los cuales es posible establecer, en cada momento, cuál es el estado en que un país se encuentra en materia de equidad, justicia social, igualdad, libertad; todas éstas, condiciones básicas que deben asistir a las personas en la sociedad para que puedan contar con una vida digna.

Partiendo de la situación constatada en la que se esté, los principios sirven para definir las acciones que corresponda llevar a cabo, a fin de garantizar el cumplimiento de los derechos humanos, lo mismo que para identificar a futuro las capacidades que deban ser desarrolladas para que la sociedad avance en la construcción de condiciones institucionales, económicas, sociales y culturales, que garanticen el fortalecimiento continuo de la institucionalidad de la democracia y la mejora del bienestar común con justicia social y dignidad humana.

En Costa Rica, a partir de 1994 existe una política en educación que ha sido declarada como política de Estado. En su formulación, esta política está contenida en cuatro documentos promulgados desde entonces: a) Política Educativa hacia el Siglo XXI (1994), b) El Centro Educativo de Calidad como eje de la Educación Costarricense (2008), c) Educar para una Nueva Ciudadanía (2015) y d) La persona: centro del proceso educativo y sujeto transformador de la sociedad (2016). Los tres primeros documentos presentan una misma fundamentación de principio, sustentada en tres “vertientes filosóficas”: humanismo; b) racionalismo; c) constructivismo. El cuarto documento adiciona a estas estas tres vertientes la del “Paradigma de la Complejidad” (Consejo Superior de Educación, 2016).

Las cuatro políticas tienen como punto de partida y de sustentación conceptual y programática, las diversas declaraciones que en el ámbito de la educación han sido aprobadas por los foros y conferencias mundiales celebrados por la UNESCO, a partir de la Conferencia Mundial sobre Educación para Todos (Jomtien, Tailandia, 1990). Estas consisten en un conjunto de declaraciones que, hasta el presente, reiteran en la preocupación por el acceso universal a la educación, al menos hasta el umbral de superación del analfabetismo (terminación de la educación primaria), así como su ampliación a la preescolar y la secundaria.

Según se recalca, en la actualidad, en un mundo cada vez más intensamente determinado por los avances científico/tecnológicos, una productividad basada en estos avances, una realidad mundial de interdependencia, así como nuevas configuraciones de desigualdad social, exclusión, discriminación y vulnerabilización que afectan a diversos sectores sociales, la educación debe ser asumida como un instrumento fundamental para hacer frente y superar todas estas situaciones que vulneran la dignidad humana y que hacen emerger escenarios de agudas desigualdades, inequidad, injusticia social, vulneración de los derechos humanos. (Conferencia Mundial sobre Educación para Todos, 1990; Foro Mundial sobre la Educación (2000 y 2015). Ante ello, es imperativo que los sistemas educativos provean y aseguren una educación de calidad para toda la población; una educación inclusiva, equitativa y con base en el principio de la igualdad de oportunidades: “la educación es un bien público, un derecho humano fundamental y la base para garantizar la realización de otros derechos”. (Foro Mundial sobre la Educación, 2015, p. 7).

En Costa Rica, a la zaga de las orientaciones y directrices propuestas por la UNESCO, la política educativa también asumió como eje de su fundamentación y de su instrumentación pedagógico/didáctica, la educación de calidad en igualdad de oportunidades para toda la población estudiantil del país. Se impulsan acciones para ampliar la cobertura y el acceso en los niveles de la preescolar y la secundaria, a la vez que para reincorporar al sistema a la población joven y adulta que, por razones socioeconómicas o de cualquiera otra índole, no haya podido concluir sus estudios en al menos la trayectoria de la educación básica.

De manera especial, las disposiciones establecidas incluyen dar énfasis a la facilitación de oportunidades de acceso a la mujer, que por distintas razones (maternidad adolescente, trabajo doméstico, carencia familiar de recursos económicos, situaciones de violencia local en la comunidad donde residen y otras), resultan ser las más afectadas, no solo en lo que concierne a las oportunidades de acceso a la educación, sino también en muchos otros diversos ámbitos de la vida en sociedad.

Las políticas educativas promulgadas durante el último cuarto de siglo reiteran de manera sistemática en que, dadas las realidades de limitaciones múltiples que afrontan diversos sectores sociales y poblaciones, la prestación de los servicios educativos ha de llevarse a cabo con base en los principios de la equidad, la igualdad de oportunidades, la inclusión, la solidaridad y el respeto a las diversidades culturales. (Consejo Superior de Educación, 1994; Consejo Superior de Educación, 2008; Ministerio de Educación Pública, 2015).

De ahí que, para dar curso a la facilitación de las condiciones que conduzcan a la verificación de tales principios, se haya dispuesto la creación de programas como, por ejemplo, el de transferencias monetarias condicionadas Avancemos (2008), el Fondo Nacional de Becas (Fonabe, 1997), el Proyecto MEP-ProEDUCA (dirigido a favorecer la equidad en el acceso y la permanencia en el sistema educativo), “Yo me Apunto con la educación” (2015, para brindar atención a colegios con altos niveles de exclusión, infraestructura en mal estado, carencia de equipo y materiales didácticos y otros). Otros programas ya existentes desde antiguo, como los de comedores escolares y transporte estudiantil, también han sido fortalecidos con la finalidad de ampliar la cobertura, sobre todo hacia aquellas comunidades y centros educativos que presentan los mayores índices de pobreza y de desigualdad social.

Según señala UNICEF (2008), en muchos países, pese a los esfuerzos realizados por los gobiernos y los sistemas educativos, aún no se ha logrado asegurar el acceso universal y proporcionar una educación de calidad para toda la población estudiantil. UNICEF subraya que los enfoques de las políticas educativas basados en la ampliación de la cobertura resultan ser infructuosos, en la medida que no atiendan a profundidad las problemáticas complejas que representan la desigualdad, la inequidad y la exclusión social. No es suficiente con los esfuerzos que se realizan de manera principal en la universalización de la matrícula. Es preciso que las políticas y los programas de apoyo entiendan, tomen en consideración y asuman la globalidad de los diversos aspectos y factores que intervienen en los procesos educativos y en la prevalencia de situaciones de exclusión y desigualdad que afectan de manera significativa a diversos sectores sociales, poblaciones y comunidades.

No se ha reconocido la complejidad de los obstáculos que impiden el acceso de los niños a la escuela, ni se ha prestado oídos a las inquietudes expresadas por los propios niños acerca de su educación; tampoco se ha construido una cultura de la educación en la que se respete y valore por igual a todos los niños, ni se ha conseguido que los padres y las comunidades locales apoyen la educación, que se adopte un enfoque global de la educación, que se aborden los derechos de los niños en la educación, ni, por último, arraigar escuelas que sean centros acuciosos de acción comunitaria y desarrollo social. (UNICEF, 2008, p. 2).

Esta valoración de UNICEF constituye una llamada de atención crítica e interpela a los sistemas educativos a que asuman la educación en toda su dimensión de complejidad. Resalta aspectos que, siendo fundamentales, no acostumbran aparecer en los informes ministeriales de evaluación del sistema educativo, como tampoco en el seguimiento sobre la educación que realizan de manera periódica otras entidades; en Costa Rica, por ejemplo, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) y el Ministerio de Planificación y Política Económica (Mideplan). Se trata de aspectos que, por su naturaleza cualitativa, no pueden ser ponderados por medio de los indicadores cuantitativos y tradicionales utilizados por el sistema educativo y esas otras entidades, referidos a tasas de matriculación, aprobación, reprobación, rezago, exclusión, entre los más comunes.

La medición estadística, sobra decirlo, es de importancia fundamental. Ésta representa una dimensión de información valiosa que permite a las instancias de gestión del sistema educativo tomar decisiones en materia de asignación de recursos, atención y mejora de infraestructura, control del desempeño de la administración local de los programas de apoyo económico o asistencia social a la población estudiantil y a las familias, reconocimiento de las diferencias de rendimientos escolares en los centros educativos; en fin, le permite a la gestión superior del sistema educativo contar con un mapa del estado de la cuestión sobre las deficiencias y necesidades existentes por localización geográfica (regiones, provincias, cantones, distritos), a fin de consolidar o bien redireccionar las acciones emprendidas y hacer una mejor gestión de los procesos y cursos de acción desarrollados.

Sin embargo, además de la información que facilitan los indicadores cuantitativos, es necesario contar con indagaciones cualitativas que provean de información en dimensiones de mayor complejidad y con una perspectiva integral de las problemáticas existentes. Las estadísticas disponibles, sobre todo las que ofrece la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) del INEC y los informes sobre el estado de la educación que elabora el Programa Estado de la Nación (PEN), muestran una situación en la que, en su comparación por zonas (urbana y rural) y por régimen de prestación de los servicios educativos (público, privado, mixto), la calidad de la educación y los alcances en materia de asegurar igualdad de oportunidades, inclusión y equidad exhiben diferencias importantes entre los distintos centros educativos, poblaciones y comunidades.

Al respecto, una iniciativa como, por ejemplo, la de “Yo me Apunto con la educación”, viene a prestar atención a las desigualdades existentes y a promover acciones concertadas entre diversos actores interesados en la calidad y la pertinencia de la educación. Sin embargo, este tipo de acciones requieren de mayores niveles de compromiso y, de manera especial, de una participación genuina por parte de los actores locales, sobre todo las familias y las propias comunidades estudiantiles. No parece ser apropiada, por infructuosa y carente de eficacia contextual, la norma según la cual se da por descontado que las propuestas diseñadas en las oficiales centrales especializadas del sistema educativo son las que deben ser puestas en marcha y las únicas que pueden venir a resolver los problemas, sin necesidad de realizar mayores consultas ni otorgar espacios para que las poblaciones afectadas puedan expresar también sus propias valoraciones, puntos de vista y recomendaciones.

Las cuestiones relevadas por UNICEF interpelan a fondo finalidades declaradas en las políticas educativas, tales como las de igualdad de oportunidades, equidad, inclusión, así como las de pertinencia y calidad de la educación. Finalidades que no se lograrán cumplir, en el tanto, por ejemplo, los programas de apoyo creados para extenderlas a los sectores sociales y poblaciones con limitaciones de acceso y permanencia en el sistema educativo estén basados en protocolos de aplicación estandarizada. Las posibilidades y condiciones (institucionales, económicas, sociales y culturales) de acceso y de vinculación con los servicios públicos no son las mismas para todos los sectores sociales y las diferentes poblaciones y comunidades. Varían de manera significativa de una zona a otra y entre las diferentes regiones geográficas.

Es recurrente en la política educativa costarricense, la referencia a la necesidad de realizar los mayores esfuerzos institucionales para brindar educación pertinente y de calidad a toda la población. De por medio está el desafío por hacer que la educación se constituya en la herramienta facilitadora de acceso al empleo, requisito indispensable para impulsar la mejora de las condiciones de vida y el bienestar social, tanto a escala individual como de la sociedad en general. No obstante, lo mismo en este aspecto que en el caso de los conceptos de equidad, inclusión, igualdad de oportunidades y de respeto a la diversidad cultural, las acepciones asignadas también remiten, en general, a una proyección programática de la educación fundamentalmente de índole instrumental.

Tanto la calidad como la pertinencia de la educación involucran una visión compleja del proceso educativo y de la prestación de los servicios educativos. Aun cuando, en un país como Costa Rica, se cuente con marcos jurídicos que regulan la protección y el cumplimiento de los derechos humanos y que obliguen a las instituciones del Estado a llevar a cabo las acciones que al respecto se requieren, los objetivos declarados no se llegarán a cumplir, en la medida que prevalezca un contexto social, económico y cultural que afecta a diversos sectores de la población, que por su condición social, económica, cultural, étnica, de género y otras, se mantienen en una situación en la que sus derechos humanos están siendo limitados, obstruidos o incluso negados.

Los programas de asistencia social son muy importantes, pero deben operar en el marco de una red interinstitucional de acciones, orientadas con base en una perspectiva que, más allá de lo paliativo o asistencial, se propongan resolver de manera genuina las realidades de exclusión, desigualdad, inequidad, vulnerabilización e injusticia social. Para el caso específico de la educación, esas acciones tienen que estar dirigidas a que las personas desarrollen las capacidades y las libertades que les son necesarias para dignificar su vida y avanzar en la construcción de condiciones de bienestar social, indispensables para la sana convivencia social, la mejora continua de la institucionalidad de la democracia y el respeto y resguardo de los derechos humanos para toda la población.

[1] Instituto de Investigación en Educación (INIE), Universidad de Costa Rica. C.e.: luis.munoz@ucr.ac.cr.

Referencias bibliográficas

-Adorno, Theodor W. (1998). Educación para la emancipación. Madrid: Ediciones Morata S. L.

-Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. (2012). Indicadores de Derechos Humanos. Guía para la medición y la aplicación. Nueva York y Ginebra: Naciones Unidas. Recuperado de: http://www.ohchr.org/Documents/Publications/Human_rights_indicators_sp.pdf

-Arendt, Hannah. (1995). De la historia a la acción. Barcelona: Paidós. Asamblea General de las Naciones Unidas. (1948). Declaración Universal de Derechos Humanos. Nueva York: Naciones Unidas. Recuperado de: https://www.ohchr.org/EN/UDHR/Documents/UDHR_Translations/spn.pdf

-Consejo Superior de Educación (1994). Política Educativa hacia el Siglo XXI. San José: Ministerio de Educación Pública. Recuperado de: file:///D:/4/politicaeducativasigloXXI.pdf

-Consejo Superior de Educación. (2008). El Centro Educativo de Calidad como Eje de la Educación Costarricense. San José: Ministerio de Educación Pública. Recuperado de: http://www.mep.go.cr/educatico/el-centro-educativo-de-calidad-como-eje-de-la-educacion-costarricense

-Consejo Superior de Educación. (2016). La persona: centro del proceso educativo y sujeto transformador de la sociedad. San José: Ministerio de Educación Pública. Recuperado de:

-Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (2008). Un enfoque de la Educación para Todos basado en los derechos humanos. Marco para hacer realidad el derecho de los niños a la educación y los derechos en la educación. París: UNESCO. Recuperado de: http://unesdoc.unesco.org/images/0015/001588/158893s.pdf

-Foro Mundial sobre la Educación. (2000). Informe final. París: UNESCO. Recuperado de: http://iin.oea.org/Cursos_a_distancia/Lectura%2017_disc.Dakar.pdf

-Foro Mundial sobre la Educación. (2015). Declaración de Incheon y Marco de Acción para la realización del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4. París: UNESCO. Recuperado de: http://agoradeeducacion.com/doc/wp-content/uploads/2018/09/UNESCO-2015-Declaración-de- Incheon-y-Marco-de-Acción-para-el-ODS-4.pdf

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Empleos “peor es nada”

Luis Paulino Vargas Solís

Economista/Director CICDE-UNED

Trabajar en una piñera es estar bajo el yugo de un régimen laboral abusivo, que maltrata la dignidad humana, a extremos que a menudo merecerían ser considerados los propios de un sistema de semiesclavitud. Pero es que, además, la explotación piñera provoca graves daños ambientales y múltiples prejuicios a la salud humana y animal. La contaminación de mantos acuíferos está bien comprobada, con perniciosas repercusiones para las poblaciones vecinas y elevados costos para el AYA.

Los trabajadores de las piñeras, como asimismo quienes viven en las comunidades aledañas, lo comprenden perfectamente. Y, sin embargo, no ocultan la preocupación que les ocasiona pensar que las piñeras pudieran irse. Reunido en una oportunidad con vecinos de Pavón de Los Chiles, me lo expresaban con claridad: “queremos que se regulen las piñeras, pero no queremos que se vaya, porque si no ¿en qué trabajaríamos?”.

¿Será acaso posible regularlas y al mismo tiempo retenerlas? Es que, en realidad, su rentabilidad depende de un doble subsidio: el que le proveen los trabajadores a través de jornadas laborales bárbaramente extenuantes y salarios ridículos; y el que la colectividad les da, al permitirles dañar gravemente la naturaleza y afectar la salud humana y animal, sin ni siquiera solicitarles alguna compensación a cambio. Regular, como me decían en Pavón, supone corregir tales excesos. Y, entonces, ¿se mantendrían las piñeras en operación?

El cultivo de la piña.

Recordemos, por otra parte, el caso de la minería a cielo abierto en Crucitas. Hablar de “sostenibilidad” –como lo hace nada menos que el Colegio de Geólogos– es un oxímoron. Como hablar de un sol radiante a medianoche. Es imposible desarrollar una mina de este tipo sin que tenga importantes impactos en el paisaje, los bosques, la vida silvestre y el agua. Pero hoy nos dicen que haber frenado aquel proyecto que Oscar Arias definió como de interés público, implicó perder la oportunidad de brindar empleo a las comunidades vecinas. En su lugar, nos recuerdan, se ha establecido un tráfico clandestino del oro, que también tiene consecuencias ambientales negativas, y diversas repercusiones sociales adversas.

Lo anterior, sin embargo, deja abiertas importantes preguntas.

Primero, y aparte las consecuencias ambientales que este tipo de minería trae consigo, ¿de qué tipo de empleos estamos hablando? No son, en general, ocupaciones calificadas ni bien remuneradas, y es una actividad que, por su misma naturaleza, comporta considerables riesgos laborales. Además, la explotación minera tiene un ciclo de vida bien delimitado. Y luego, y aparte la destrucción ambiental, ¿qué les quedaría a las comunidades?

Segundo, y visto que el proyecto minero se cayó, ¿qué ofrecía la clase política como alternativa? Evidentemente nada. De haber existido esa alternativa, Crucitas no estaría atrapada en la situación deplorable que hoy se observa. Barajaban dos opciones: el “peor es nada” de la minería, o la nada desnuda. Se impuso esta última.

Lo cierto es que vivimos una época de marcada involución en la calidad de los empleos: inestables y precarizados, mal remunerados, con agravado irrespeto incluso a las más elementales normas laborales. Es sintomático que a las personas trabajadores del sector público, se les reclame airadamente gozar de estabilidad en sus trabajos. O sea: tener un empleo digno deja de ser un derecho y comienza a ser visto como privilegio aberrante. Y hay gente que gustosa se come esa torta envenenada: les parece que inestabilidad, incertidumbre y atropello son el estado deseable de las cosas, tan natural como las lluvias en pleno octubre. La dignidad no parece ser un valor que estas personas aprecien. Tales es la grave intoxicación que provoca el “ethos neoliberal”

Uber es, en muchos sentidos, icónico. La precarización es su alimento, a la vez que su hábitat. Se la defiende señalando que genera empleo. Y es cierto: provee empleo a personas que no lo tienen o a quienes sufren la urgencia de un segundo o tercer empleo. Pero es un empleo sin derechos ni protección alguna. Más aún: es un modelo que logra trastocar las bases tradicionales de funcionamiento del capitalismo, donde se suponían que los riesgos del negocio eran asumidos por el empresario capitalista. No más. Uber queda exenta de cualquier riesgo. Lo suyo es recolectar ganancias y llevárselas.

Y siendo que, para éxtasis y gloria del “consumidor”, Uber es más barato que el taxi tradicional, también es cierto que el milagro no es milagroso en absoluto: evadir todas las obligaciones sociales es solo una procaz forma de dumping. Uber reduce costos y tarifas evadiendo todas las responsabilidades que cualquier ciudadano que se respete sí cumpliría. En ese particular, Uber y las piñeras se dan la mano.

No se me malentienda: no tengo nada, ni remotamente, contra quienes se redondean unos cinquitos trabajando con Uber. Les guardo absoluto respeto, mucho más puesto que son víctimas de un modelo cuyo combustible es la irresponsabilidad.

Uber también es parte del juego de los empleos “peor es nada”. A más no haber, es menos malo trabajar en Uber que no trabajar del todo. Quizá las condiciones no sean tan groseramente agraviantes como las que se observan en las piñeras. Pero el problema de fondo es similar.

El empleo es territorio minado para las élites en Costa Rica, lo mismo la clase política, el empresariado o el poder mediático. Es tan grave y, en particular, tan pertinazmente grave, que les lanza un desafío que las deja petrificadas. Su única respuesta es, cada vez más, las ofertas “peor es nada”. Al mismo objetivo apunta la flexibilización de las jornadas laborales: que si los negocios no caminan bien, no será la empresa la que deba plantarle cara al ventarrón. No, al menos, en primera instancia. El problema –o sea, y de nuevo, los riesgos– se trasladan a las personas trabajadoras, mediante la reducción de su jornada y su ingreso salarial.

Pero el desafío va mucho más allá, y abre interrogantes de dimensiones oceánicas: automatización, robotización e inteligencia artificial y la perspectiva ominosa de la destrucción masiva de empleos.

Corresponde generar alternativas, puesto que las actuales élites gobernantes nada ofrecen.

 

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Costa Rica: 25 años entre la impunidad y la (des)memoria

Costa Rica: 25 años entre la impunidad y la (des)memoria
Escrito por Mauricio Álvarez Mora.
Editado por Rebeca Arguedas Ramírez.

Un frente frío despierta el recuerdo de una trágica madrugada de hace dos décadas y media atrás. Ha sido un cuarto de siglo de nublados para muchas personas que estamos ligadas a la historia de tres ecologistas, a quienes les arrebataron la vida ese día.

El 7 de diciembre de 1994 murieron en un incendio María del Mar Cordero, Oscar Fallas y Jaime Bustamante. Los orígenes del incendio nunca pudieron ser explicados por las autoridades respectivas. El miedo de ser el siguiente abrazado por la impunidad, de este espacio y tiempo, sigue siendo latente.

Sobre el acontecimiento se ha escrito mucho, al menos un artículo al año publicado en algunos medios digitales y en las efímeras redes (anti) sociales, podría decir que hay mucho que recordar y poco que agregar. Sin embargo, siempre existe la necesidad de construir y darle cuerpo a un relato más o menos oficial, al tiempo que convive con el efecto de la negación que acompaña el olvido, del que la injusticia también se nutre.

Han sido varios los intentos de reinvestigar y ponerle, al menos, apellidos a la impunidad que aniversario con aniversario, envejece y se hace más fuerte. Un círculo vicioso que se rompe con algún hecho nuevo de violencia selectiva, que sufren las personas que disienten y resisten. Es algo que se podría denominar el ciclo de violencia contra activistas.

Este es el proceso de criminalización cíclica que implica la estigmatización, denigrar y señalar a las personas luchadoras como problemáticas, opuestas al “desarrollo” o más comúnmente se usa reducir y descalificar las luchas como “berrinches de chanchetudos”. Después de la descalificación, puede venir el acoso vía judicialización con demandas legales o con amenazas de muerte. Cuando esto no surte efecto, se pasan a las acciones de hecho y finalmente a el asesinato.

Este ciclo no es lineal, pero es el resumen de lo que empezamos a vivir con mayor intensidad en los últimos 25 años. Cada una de las partes o etapas del círculo, alimenta y justifica la siguiente. Hemos visto en Costa Rica completarse este aro de opresión en múltiples ocasiones, y en los últimos 6 años con el asesinato de Jairo Mora en 2013 y este año con el asesinato del compañero indígena Sergio Rojas. Un desgarrador recordatorio de que las cabezas de quienes defiendan cuerpos y territorios, tienen precio.

Por otro lado, la memoria en el caso de AECO, ha sido un proceso más de ubicación de retazos que aún falta unir para hacerla más colectiva, a pesar de que no tengamos todas las palabras y la historia única, hoy tenemos el recuento de los impactos y efectos de este hecho como para ir dándole un lugar distinto.

¿Cómo construir esta memoria de vidas violentadas y aniquiladas en un territorio donde el autoengañado es el más feliz? Cómo superar el olvido en el supuesto país “ambientalista” de portada de revista donde el discurso y la historia oficial no aguanta, no tiene cabida, para un evento de asesinatos políticos tan cruel como confuso, tan evidente como oculto y tan recordado como impune.

Para mi compañera y compañeros ¡presentes!

 

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Abrumadora mayoría en Naciones Unidas condena los asentamientos de Israel en territorio ocupado palestino

Nicolas Boeglin(*)

El pasado 3 de diciembre, por una abrumadora mayoría de 147 votos a favor y 7 en contra, la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó una resolución titulada «Arreglo pacífico de la cuestión de Palestina» (véase texto completo). El comunicado oficial de prensa de Naciones Unidas está disponible en este enlace (versión en inglés).

En esta resolución, la Asamblea General expresamente:

«6. Exhorta a Israel, la Potencia ocupante, a que cumpla estrictamente las obligaciones que le incumben en virtud del derecho internacional y ponga fin a todas las medidas contrarias al derecho internacional y todas las acciones unilaterales en el Territorio Palestino Ocupado, incluida Jerusalén Oriental, que tengan por objeto alterar la composición demográfica, el carácter y el estatuto del Territorio y de ese modo prejuzgar el resultado final de las negociaciones de paz, y recuerda a ese respecto el principio de la inadmisibilidad de la adquisición de territorio por la fuerza y, por consiguiente, la ilegalidad de la anexión de cualquier parte del Territorio Palestino Ocupado, incluida Jerusalén Oriental, que es contraria al derecho internacional, socava la viabilidad de la solución biestatal y pone en peligro la posibilidad de llegar a un arreglo pacífico y lograr una paz justa, duradera y general«

/

«6. Calls upon Israel, the occupying Power, to comply strictly with its obligations under international law, and to cease all of its measures that are contrary to international law, including all unilateral actions in the Occupied Palestinian Territory, including East Jerusalem, that are aimed at altering the demographic composition, character and status of the Territory, and thus at prejudging the final outcome of peace negotiations, and recalls in this regard the principle of the inadmissibility of the acquisition of land by force and therefore the illegality of the annexation of any part of the Occupied Palestinian Territory, including East Jerusalem, which constitutes a breach of international law, undermines the viability of the two-State solution and challenges the prospects for the achievement of a peaceful settlement and of just, lasting and comprehensive peace«.

Foto de asentamientos ilegales israelíes, extraída de artículo de prensa titulado «EU’s top court rules food from Israeli settlements must carry special label», The Telegraph, edición del 12/11/2019

Esta votación tuvo lugar tan solo dos semanas después de un abrupto cambio de la posición oficial de Estados Unidos con relación a los asentamientos israelíes en territorios palestinos ocupados, y que tuvimos la oportunidad de analizar (véase nuestra breve nota titulada «El reciente giro de Estados Unidos con relación a los asentamientos israelíes en territorios palestinos: breves apuntes«, del 19/11/2019).

Como de costumbre para este tipo de resoluciones, la única oposición al texto (votos en contra registrados) provinó de siete Estados, a saber: Australia, Canadá, Estados Unidos, Islas Marshall, Israel, Micronesia y Nauru. Por parte de América Latina, cabe destacar que, entre las 13 abstenciones, se registran las de Brasil, Guatemala y Honduras. Con relación al voto registrado en el año 2018 al votarse la misma resolución (A/RES/73/19), es Brasil el que hace su aparición en este peculiar grupo de Estados de América Latina que optan por esta (singular) opción de voto. Pese a las gestiones de unos y otros para fisurar el bloque europeo, es de notar que todos los Estados miembros de la Unión Europea (UE) votaron a favor del texto: lo cual constituye una nueva y clara señal de repudio de la región europea a las acciones emprendidas por las autoridades israelíes en Palestina.

Tablero de votación registrada con relación a la resolución titulada «Arreglo pacífico de la cuestión de Palestina», 3 de diciembre del 2019

Como también viene ya siendo costumbre, el voto abrumador en favor de esta resolución que anualmente se registra en Naciones Unidas fue pocamente divulgado por muchos de los grandes medios de prensa.

 

(*)Profesor de Derecho Internacional Público, Facultad de Derecho, UCR.

Enviado por el autor.

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La ideología de la usura: De la falacia al insulto

Luis Paulino Vargas Solís

Economista/Director CICDE-UNED

El argumento central de los banqueros privados y sus economistas, para oponerse a la fijación de un tope a las tasas de interés, bebe del modelo teórico de oferta y demanda, según el planteamiento simplista esperable en los cursos introductorios en las escuelas de economía de la UCR o la UNA.

La cuestión va más o menos así: el crédito es el bien o mercancía que se intercambia; los bancos son los oferentes y la gente común y silvestre es la que demanda. La tasa de interés, entonces, opera como el precio. Desde ahí se da un salto acrobático realmente espectacular, ya que, de forma implícita pero muy clara, se asume que las tasas de interés observadas en el mercado, son “las tasas de equilibrio”. Es decir, esas tasas que vemos en el mercado financiero costarricense son los precios donde los deseos de la gente por la obtención de crédito, que se expresan en la curva de demanda, se equilibran con la oferta que la banca “produce” y lleva al mercado.

El paso siguiente, también de manual básico de economía, advierte que fijar un tope a las tasas es fijar un límite a éstas que estará por debajo de la tasa o precio de equilibrio. Recordemos que ésta última permite establecer la igualdad entre oferta y demanda. Al poner un tope inferior a la tasa de equilibrio, automáticamente se darán dos efectos: los “productores” –o sea los bancos– ofertarán menos crédito, y los demandantes –o sea la gente– demandarán más crédito. Se abre entonces una brecha, y mucha gente que querría “comprar” crédito ya no podrá obtenerlo.

Se producirá así un efecto de racionamiento. A eso se refieren los bancos cuando dicen que la clientela bancaria más modesta, o sea, la de ingresos más bajos, se quedarán sin su tarjeta de créditos o, más en general, sin acceso al crédito. Acontece –según esta narrativa agiotista– que el precio, o sea la tasa de interés, ya no cubre los costos, excepto si se trata de clientes de mayores ingresos, que por ello mismo son más confiables. La clientela de ingresos más bajos es por ello más riesgosa y, por lo tanto, proveerle el servicio es más costoso. A esa clientela le darían la patada y la dejarían por fuera.

La argumentación, así formulada, parte de supuestos fantasiosos y apela a una construcción teórica comprobadamente falaz e inconsistente. Así, por ejemplo, la curva de demanda, tal cual es postulada, parte de la presunción de que es posible construirla por simple agregación o sumatoria de las demandas de cada persona. Eso es absurdo: primero, porque la interacción entre las personas cambia sus propias demandas individuales y, segundo, porque el movimiento de los precios “en busca” del presunto equilibrio, cambia las distribuciones del ingreso y, con esto, toda la función de demanda. La cuestión, entonces queda indeterminada, por lo que el equilibrio se vuelve una imposibilidad, tanto teórica como empírica.

Pero, sobre todo, la argumentación de estos banqueros y economistas, incurre en múltiples contradicciones.

Primero, suponen que esa clientela de humildes ingresos, está dispuesta a “comprar” crédito a precios exorbitantes (tasas arriba del 40% o incluso por encima del 50%), todo conforme a los principios de racionalidad del “consumidor soberano”. Si el modelo tuviera algún sentido –pero claramente no lo tiene– a esas tasas altísimas la demanda se reduciría drásticamente, y, sobre todo, las personas de menos ingresos se autoexcluirían, precisamente porque precios tan altos las induciría a hacerlo, igual que el elevado precio de los cortes finos de carne, reducen su demanda.

Pero lo cierto es que la demanda que el mercado registra es, en su mayor parte, una demanda inducida, fundamentalmente por dos factores que se refuerzan mutuamente. Primero, las agresivísimas e irresponsables estrategias de mercadeo de los bancos privados, que de forma engañosa atraen a una clientela incauta y muy mal informada. Segundo, las carencias en los ingresos de la gente (cuyo poder adquisitivo se ha mantenido estancado por todo un decenio), que, en el contexto de una cultura desbocadamente consumista, empuja al endeudamiento en forma desmedida y, finalmente, insostenible.

O sea, y en contra de lo que el burdo modelito nos receta, la demanda se mantiene alta incluso a precios muy elevados, por causas complejas que convierten en papel higiénico toda la banal verborrea teórica a la que se apela.

Pero, además, es lo cierto es que esta dinámica del sistema financiero –algo por completo ajeno a la virtuosa racionalidad autorreguladora que se le atribuye al mercado– tiene en sí mismo un poderoso efecto de exclusión: conduce a niveles insoportables de deuda, que a su vez conducen a la moratoria de pagos, el cobro judicial y los expedientes crediticios manchados. Y, como sabemos, esto hoy día está literalmente expulsando del mercado financiero a miles y miles –hasta sumar centenares de miles– de personas.

O sea, lo que los banqueros y sus economistas nos dicen, es que para evitar la exclusión financiera hay que ¡¡¡promover la exclusión financiera!!!

Está claro que se trata de una argumentación insostenible. Pero además es ofensivamente demagógica. Pretenden hacernos creer que les preocupa la clientela de bajos ingresos y que les mueve el propósito de evitar que esa clientela se quede sin acceso al crédito. Y con tan “loables” motivaciones vienen y nos dicen que los topes, caso de establecerse, deben andar por encima del 50%, y hasta más del 60%.

Que, por gracia del cielo, alguien me expliqué: ¿cómo es eso de que para favorecer a la gente pobre hay que cobrarles tasas de interés de hasta el 60%? Esto es demagogia de la más vulgar, pero sobre todo, da testimonio de una falta de imaginación realmente patética. Habría que ser muy estúpido para tomarse en serio un cuento tan burdo.

O sea: de la falacia hemos pasado al insulto. Es la ideología de la usura en su expresión más repulsiva. Tanto cinismo y tal grado de desfachatez ponen en evidencia un comportamiento abiertamente antisocial, irrespetuoso incluso con las más elementales normas que rigen la convivencia civilizada. Es grave y evidencia un grado de descomposición moral realmente alarmante.

Igualmente alarmante es la complicidad por parte de encumbradas autoridades de gobierno: ya no solo el Banco Central y su presidente Rodrigo Cubero, sino incluso el propio presidente Carlos Alvarado.

Sin exageración, debe admitirse que esto es realmente muy grave.

 

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Ética y periodismo en las sociedades democráticas

Una discusión más allá de un título

En las democracias modernas como sistema político imperan reglas de oro que salvaguardan, precisamente, la supervivencia del modelo elegido. Esta es la forma en que una sociedad determinada que comparte cultura e historia, deciden, que esa es la mejor forma de convivencia.

Entre estas reglas de oro están el respeto a las ideas ajenas, el diálogo, la tolerancia, respeto a las mayorías y la construcción de consensos alrededor de asuntos medulares de la sociedad.

Por eso es muy cuestionable, que periodistas asentados en medios de comunicación masiva de prensa, radio y televisión, que operan incluso como conglomerados, amigables, arremetan de manera irreverente, fuera de los cánones del buen periodismo, contra la profesión, que los tiene en esa palestra. Menuda ironía y contradicción, más que eso, una profunda inconsistencia, con la formación, que se supone recibieron en sus años de estudiantes de periodismo en las universidades.

En otros países el periodismo no solo es una digna profesión, sino que además, tiene el respeto y la legitimidad de la ciudadanía. Son formadores de opinión pública, y visores de la realidad social, es a través de ellos que se exponen las diversas visiones de mundo, y que tienen el propósito de exhibir los hechos sociales en sus diversas perspectivas, con absoluta objetividad, veracidad y equilibrio, respetando los puntos de vista de las fuerzas sociales que se generan en una sociedad libre, democrática, plural y diversa.

Pensar que el periodismo no es una profesión, que rebajada a la categoría de oficio, incluso de pasatiempo y nuevo nicho de empleo, es tener una visión muy pobre, cortoplacista, ahistórica, utilitarista y banal de lo que en el mundo moderno llamamos prensa de opinión, periodismo e información. Porque estimados colegas, el país ha invertido parte de la riqueza social que produce en formar profesionales en las diversas carreras que requiere el desarrollo, no solo material, sino espiritual, emocional, cultural y en general en la formación de consciencia, entre ellas el periodismo.

El periodismo como lo vivimos y sentimos los miembros del Colegio de Periodistas, y desde el Tribunal de Honor y Ética del Colegio de Periodistas es un periodismo al servicio de la información relevante con vocación de servicio público, con sentido de bien común. Por eso cuando se defiende la profesionalización, señores no estamos protegiendo un privilegio, ni una regalía, ni un plus, ni un cartoncillo, menos de los que se compran por ahí. Hablamos de un afán social, de una respuesta a una necesidad definida y bien argumentada por académicos e intelectuales de la época. Nos referimos a la profesión que desde 1969, fue considerada una necesidad para que el pueblo, la sociedad como un todo tuviese, la oportunidad de confrontar las lecturas de los hechos que la actualidad y la sociedad vivían.

¿Cómo pensar que miembros extraordinarios, editorialistas de los más prestigiosos medios de comunicación, excelentes periodistas de oficio, cronistas y formadores de opinión como Ricardo Castro Beche, Julio Suñol, estaban equivocados? Pues fueron ellos entre muchos otros, quienes fueron pioneros, propulsores e inspiradores del Periodismo como profesión la profesión, quiénes advirtieron la necesidad social, la coyuntura y el contexto para crear la Escuela de Periodismo. Entonces, cómo podemos entender el retroceso de los que niegan la existencia del periodismo profesional, hasta el punto que Directores de medios, que fundaron éstos brillantes ciudadanos se atrevan a señalar, que no hace falta la formación académica para ejercer tan digna profesión. ¿Cómo desconocer el profundo interés y razón que justificaron históricamente la profesionalización del periodismo en Costa Rica?

Hoy en un contexto abigarrado de información fútil, de excesos de discursos, muchos de ellos, sin sentido, objetivo ni meta, simplemente como práctica, como ritualismo volutivo, parecen desplazar la información como información relevante, como capacidad de entender el mundo a través de sus mediadores, los periodistas. El contexto en donde los hechos noticiosos se pasaron de acera, y se convirtieron en fanfarria, en circo, en show mediático en los medios de comunicación, solo es una tendencia global, mercantil, subsidiaria de nuevas formas de comunicación e interacción, siendo su plataforma fundamental las redes, las aplicaciones de internet y en general las otras formas y géneros propias de esta era digital. En síntesis, reconocemos en teoría un novedoso modelo empresarial, pero eso no les da ningún derecho para interpretar y generalizar que la profesión del periodismo no existe, que es irrelevante, sustituible y desechable, y que cualquier persona tiene la capacidad para traducir los hechos sociales en materia comprensible para la convivencia social.

De igual manera, con los cambios tecnológicos e innovaciones, otras profesiones sufren el impacto de los cambios, el avance de los conocimientos, la innovación de teorías y procedimientos, sin embargo, esto no hace que el médico, el sociólogo, el odontólogo, el abogado, el ingeniero, arquitecto, dejen de ser profesionales, porque cambiaron las formas de realizar o entender el ejercicio de esa profesión. Menos aún, que porque existe un arsenal de conocimientos en todas esas disciplinas diseminadas en la red, éstas las pueda ejercer cualquier persona, por el simple hecho de que tiene un programa, una aplicación, o un seudo medio y maneja mucha información.

La educación y la formación profesionales son también bases fundamentales de los regímenes democráticos, ellos son responsables del continuum cultural, del acervo civilizatorio, de la tradición, del avance y del progreso. Entre este bagaje se sitúan los valores, las profesiones, los aportes tecnológicos, filosóficos y espirituales de una sociedad. No en vano se ha reseñado que Costa Rica desde la República Liberal apostó por el camino de la educación como fuente de progreso, como mecanismo para redistribuir la riqueza social. Ahora resulta que, una transformación tecnológica, que además es de carácter civilizatorio, pone en entredicho, aspectos fundamentales de la vida y de la Sociedad. Como son las reglas del juego democrático.

Cuando se habla de un Colegio Profesional, se debe atender al trasfondo de su origen. Lo que la Sociedad en su marco institucional declaró como necesario para salvaguardar el ejercicio idóneo del mismo. Nadie puede señalar que se trata de un capricho, privilegio o dádiva. Porque el espíritu de la fundación de los Colegios profesionales, no es la ambición gremialista, ni la mezquindad intimista privativa o prerrogativa clasista, esos no son los valores que la animan, sino la protección que deben tener los ciudadanos frente a los excesos, abusos y disrupciones de quiénes en forma irresponsable asaltan las redes y sustituyen el deber de informar con conocimiento, con objetivos claros, del deber ser del quehacer informativo. Porque la Sociedad debe velar para que el ejercicio de quienes informan, relatan, reflexionan, comentan los hechos de la vida social sea transparente, en su forma y fondo. Muchas de las informaciones que recorren las redes, se basan en supuestos, mentiras, falacias, que trastocan la realidad y reproducen medias verdades que contribuyen a la sensación de caos, inestabilidad, desorden y desesperanza.

Una sociedad inteligente, progresista, civilizada como Costa Rica, no puede aceptar, que en esta coyuntura de profundas transformaciones culturales, se deje a la libre el ejercicio de una honorable profesión, cuya dignidad, ha sido puesta a prueba en momentos de crisis social y moral. Mientras que en el mundo actual la anarquía, la violencia, el desorden y la barbarie amenazan el orden, el equilibrio social y la paz, deben existir reglas claras en el ejercicio de la profesión periodística.

En este punto de la reflexión ¿nos preguntamos qué es lo que se cuestiona del periodismo actual?

Si bien es cierto, las salas de redacción hoy, no son necesariamente físicas, pues los profesionales se instalan en sus propias áreas de trabajo con sus teléfonos y computadoras, y la urgencia del raiting y la instantaneidad, hace rato pasaron la factura a las buenas formas de comunicar, de transmitir, y de narrar, no es menos cierto, que la calidad informativa en sus diversas modalidades ha dejado de ser importante. Resalta pues como la deformación plástica, visual, auditiva y sensorial en general, no sigue cánones, ni estéticas, mucho menos atiende a las normas de los formatos, tal y como los estudiamos aprendimos y generábamos. Es decir que la escritura de la información y las estructuras narrativas, sucumbieron frente al mundo digital, generando otras formas de lenguaje sin reglas.

La libertad de información, de expresión, de acceso a la información, por supuesto son y deben seguir siendo derechos humanos fundamentales. Pero hay otros muchos derechos que tienen igual estatus jurídico, El derecho a la vida, a la privacidad, a la intimidad, a la seguridad, entre otros. Incluso el derecho de ser bien informado, porque también es un delito la difamación, la exposición de hechos falsos, la subversión, la anarquía y el llamado al desorden social del cual Costa Rica no se exime. Por eso resulta deleznable, que en aras de liberalizar el ejercicio de quienes acceden a las redes como informantes, se confundan con las funciones profesionales del periodismo. A nivel privado cada quien ejerce su derecho de comunicabilidad, pero como ejercicio público con marcado interés común y con fines sociales, nos encontramos con el campo del periodismo. No importa si éste es en prensa, radio televisión o incluso en medios digitales. Hay una responsabilidad, un compromiso una acción colectiva, que lo impulsa, que lo compele a hacer de éste ejercicio una misión con vocación, se trata de una acción ética.

Quién y a quiénes se les puede exigir un compromiso moral, con lo que se cuenta, narra, informa y divulga en medios digitales y físicos, sin que tengan ninguna clase de reglas, solamente porque se reconoce el derecho individual de informar, de hablar, de interactuar de manera masiva. Castells ha redefinido la vida en la Red, y aunque fue el gurú de la libertad extrema y del triunfo de la democracia digital, hoy dista mucho de esta perspectiva entusiasta y eufórica y ahora ha cambiado esta posición por una más mesurada, entre caótica y apocalíptica, en el sentido de que esta disrupción cultural deja más encrucijadas, más retos, muchas otras ironías, porque no se han creado las reglas del juego que desbordaron la democracia.

Una reflexión final, toda profesión deviene de una necesidad social, el periodismo también, por eso hoy más que nunca en un mundo hiperconectado, donde la comunicación es la plataforma de la acción social, la cuarta revolución humana donde la vida social transcurre por la redes y el mundo digital conforma la psiquis y el quehacer cultural económico y social, el periodismo está vigente, fuerte y lo que se requiere , es diferenciar el mundo de la comunicación a secas, cotidiana, privada, recreativa , de aquella que tiene una función de transformar y fortalecer las democracias . Cada profesión tiene su propia Ética y esa hay que defenderla. Somos profesionales, formados y competentes, dignos, honorables e idóneos, mucho más allá de un cartoncillo, como han sugerido lamentablemente algunos colegas.

Dra. Beatriz Pérez Sánchez

Periodista

 

Enviado a SURCOS por M.S.c Efraín Cavallini Acuña, Presidente Tribunal de Honor y Ética, COLPER.

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Trabajadores del mundo, únanse (por fin)

Ronaldo Munck*

Algunos procesos hoy en curso ponen en duda la sabiduría popular de que la globalización neoliberal es un desastre sin precedentes para los trabajadores, los sindicatos y el movimiento obrero. Sin duda, los obstáculos a la organización de los trabajadores significan desafíos muy serios. La creciente movilidad del capital ha desencadenado un fuerte aumento de reubicaciones, externalizaciones y traslados al exterior. Las empresas multinacionales pueden amenazar con cerrar plantas de producción, si los trabajadores reclaman aumentos salariales o los Estados pretenden introducir impuestos. Los ejecutivos de las empresas multinacionales pueden enfrentar las plantas entre ellas al inclinarse por una u otra para lograr que las/los directores y trabajadoras/trabajadores locales hagan ofertas cada vez más bajas. Paralelamente, a partir de la creciente movilidad del trabajo se han incrementado los movimientos migratorios que pueden ser percibidos como una amenaza a los salarios y condiciones de trabajo, si los trabajadores migrantes ingresan a una fuerza de trabajo ya establecida. En esa situación las empresas pueden generar divisiones raciales, étnicas y lingüísticas con el fin de socavar la solidaridad.

Más allá del pesimismo

Sin embargo, la fijación en los obstáculos crea un pesimismo simplista. La globalización puede haber abierto tantas puertas como las que cerró. Gracias al correo electrónico, los medios sociales y otras plataformas en línea, hoy las/los trabajadoras/trabajadores disponen de mejores herramientas para organizarse más allá de las fronteras; imaginemos por un momento, cómo hubiera sido organizar una huelga transnacional un siglo atrás. La comunicación globalizada fomenta la solidaridad en la medida que las/los trabajadoras/trabajadores pueden ver, oír y compartir sus historias (Evans, 2010). Mejores software de traducción podrían contribuir a superar la brecha lingüística y abrir nuevos caminos hacia el diálogo entre las culturas. En efecto, el capitalismo global puede haber creado las bases para la conformación de una clase obrera global, tanto por su conciencia como por sus condiciones materiales.

El sindicalismo transnacional puede funcionar tanto a nivel de los líderes sindicales como en las bases. La organización puede ser orientada al lugar de trabajo o centrarse en la cooperación con organizaciones no gubernamentales (ONG) en el marco de campañas temáticas. El sindicalismo transnacional tendrá que navegar en un entorno complejo y operar en múltiples niveles. Los sindicatos de orientación transnacional ya han aprovechado la globalización al organizar acciones transnacionales, establecer nuevas estructuras y fomentar relaciones de solidaridad con trabajadores migrantes en el país.

Cuando una empresa transnacional reparte sus centros de producción entre varios países y, de esta manera, también su fuerza de trabajo, la expansión geográfica incrementa también los puntos de apalancamiento para la organización. Las/los trabajadoras/trabajadores de Ryanair lo han entendido muy bien. Desde la fundación de la línea aérea en 1984, su consejero delegado, Michael O´Leary, se opuso expresamente a los sindicatos, pero las/los trabajadoras/trabajadores decidieron hacer oídos sordos. A mediados de 2018 iniciaron una huelga –que empezó en Irlanda, antes de extenderse a Europa continental– por aumentos de salario, empleo directo y convenios de trabajo colectivos que contemplasen la legislación laboral nacional. La dirección, que se había apoyado en su condición transnacional para dividir a las/los trabajadoras/trabajadores, debió enfrentar una fuerza de trabajo internacional unida (Lafuente Hernández et al., 2018). Esta movilización verdaderamente excepcional generó su fuerza a través del trabajo en red, la identificación de aliados en las estructuras sindicales nacionales e internacionales, el trabajo inteligente con el público y la obtención de apoyo oficial de la UE para que prevalecieran las relaciones laborales `normales´.

Otra fuente de fuerza de los trabajadores organizados ha sido la asociación con diferentes aliados a lo largo de la cadena de producción global. La acción directa de estudiantes estadounidenses apoyó a las/los trabajadoras/trabajadores que organizaban las fábricas explotadoras de ropa en Honduras. Por lo general, las/los trabajadoras/trabajadores de la vestimenta que integran las cadenas de producción globales se encuentran en una posición más débil que quienes trabajan en empresas sumamente flexibles y muy redituables como Nike (Greenhouse, 2010). Sin embargo, empresas como esta son vulnerables ante los boicot y el subsiguiente daño a su reputación. Y si los recursos sindicales transnacionales son concentrados en una rama industrial o un país específico, también pueden ejercer un poder considerable para negar el acceso al mercado y, de esta manera, respaldar las demandas en el punto de producción. Las nuevas movilizaciones de este tipo involucran asimismo a capas más amplias como por ejemplo estudiantes y grupos de presión, y el cabildeo ante el sistema política `en casa´. Conocemos algunos puntos de presión que pueden redundar en concesiones de las multinacionales.

Defensa del sindicalismo transnacional

Además de permitir acciones específicas, la nueva geografía económica abre el camino a nuevas estructuras de organización, en la medida que los sindicatos reconocen que los viejos métodos ya no dan resultado. En los años 60, las secretarías industriales internacionales (en la actualidad, conocidas como federaciones sindicales internacionales, FSI) respondieron a la expansión de los multinacionales estableciendo consejos de empresa internacionales. Los Trabajadores Automotrices Unidos (UAW) y la Federación Internacional de Trabajadoras y Trabajadores del Metal fueron las primeras organizaciones en establecer tales consejos que coordinaron las actividades de varios sindicatos nacionales a lo largo de las operaciones de una empresa multinacional. Sin embargo, no tenían la capacidad de crear la estabilidad y continuidad necesaria para desarrollar su poder de negociación colectiva transnacional (Bourque, 2009). Esto se debe a muchas razones: la Guerra Fría ejercía un efecto muy polarizador, las multinacionales no vieron razón alguna por la que debieran comprometerse (la responsabilidad social corporativa estaba aún lejos), y los principales sindicatos del Atlántico Norte, que promocionaban los consejos, seguían apegados a un estilo de negociación colectiva casi perimido. Pero en la medida que se definían los contornos de la globalización a partir de la década de 1980, esa memoria histórica cobró importancia: Los trabajadores podían organizarse a nivel transnacional.

En los años 90 la estrategia sindical internacional ya había reorientado de la promoción de `códigos de conducta´ voluntarios ante las multinacionales y la introducción de cláusulas sociales (relativas a los derechos de los trabajadores) en los convenios colectivos a los acuerdos marco internacional (AMI). Como expresión de la solidaridad obrera transnacional, los AMI vinculan las operaciones globales de una empresa a la normativa laboral vigente en el país de la sede central, generalmente en Europa. De esta manera los beneficios logrados donde el movimiento sindical es más fuerte, pueden propagarse a los lugares, donde tiene menos fuerza. En el año 2015 ya se habían firmado 156 AMI en todo el mundo que se ocuparon sobre todo en las condiciones básicas del lugar de trabajo y el derecho a la negociación colectiva (cfr., por ejemplo, Ford y Gillan, 2015).

Esta evolución fue el reflejo del reconocimiento de que el movimiento obrero necesitaba nuevas estrategias, tácticas y modalidades de organización. Visto que los modos de organización al estilo `aquí no pasa nada´ ya no son los adecuados, muchos líderes sindicales empezaron a reclamar solidaridad internacional. Pusieron en tela de juicio a la `condición especial´ que comparten con el Estado y los empleadores, la famosa modalidad tripartita de la Organización Internacional de Trabajo. Si el capital se organizaba, principalmente, como actor transnacional, los sindicatos también tendrían que optar por la vía internacional.

La aparición de las federaciones sindicales internacionales constituyen una manifestación significante de esta reorientación. En 2008 los Trabajadores Siderúrgicos Unidos de Estados Unidos fusionaron con Unite the Union, la mayor organización sindical de Gran Bretaña e Irlanda. Al momento de su fundación, el nuevo sindicato, Workers Uniting, representaba casi 3 millones de trabajadores de los sectores siderúrgico, papelero, petrolero, salud y transporte. Por lo tanto, las/los trabajadoras/trabajadores del conglomerado de petróleo, BP, y del gigante siderúrgico ArcelorMittal también son transnacionales y se niegan a ser enfrentados entre ellos en las negociaciones. Los trabajadores del mar, con su internacionalismo intrínseco, han tomado pasos similares. En 2006 el Sindicato Nacional de Oficiales de Aviación, Marina y de Transporte Marítimo del Reino Unido se asoció formalmente con el sindicato de los trabajadores marítimos holandeses, Federación de los Trabajadores del Transporte Marítimo (Federatie van Werknemers in de Zeevart) y cambió su nombre a Nautilus UK y Nautilus NL, respectivamente. Dos años más tarde, los trabajadores votaron a favor de la creación de un sindicato transnacional único, Nautilus International. En 2015 los Trabajadores Automotrices Unidos de Estados Unidos y el sindicato metalúrgico IG Metall de Alemania unieron esfuerzos para crear el Instituto Transatlántico de Trabajo (Transatlantic Labor Institute), que se centra en asuntos relativos a la representación de los trabajadores de la industria automotriz en las plantas estadounidenses de los fabricantes de coches alemanes. En el transcurso de una década el transnacionalismo se ha convertido en parte de la corriente principal del sindicalismo en la medida que las direcciones se están poniendo al corriente de las posibilidades objetivas que la globalización presenta.

Los sindicatos más inteligentes, en particular, no tratan a la presencia de trabajadores migrantes como amenaza, sino como oportunidad. Los sindicatos están profundizando su papel democrático a través de la integración de los trabajadores migrantes a los sindicatos y mediante el combate a las fuerzas políticas divisionistas y racistas. En Singapur y Hong Kong sindicatos, que cuentan con el respaldo del Estado, están reclutando trabajadores migrantes, en beneficio de ambas partes. En Malasia, la Internacional de Trabajadores de la Construcción y la Madera, una FSI, recluta trabajadores migrantes temporales, conjuntamente con otros miembros `regulares´. Una proyección tan positiva y proactiva tiene el potencial de oponerse a la estrategia de dividir para vencer, sobre cuya base las direcciones antisindicales prosperan.

A pesar de puntos prometedores como los reseñados, hay numerosas contradicciones y obstáculos que pueden impedir la organización transnacional del trabajo. El desfase entre la escala infinita y la complejidad del desafío y la falta de recursos disponibles subsiste como un problema crónico. Asimismo el reclutamiento exitoso de nuevas capas de trabajadores puede reducir la capacidad de los sindicatos de emprender acciones, debido a las dificultades de movilizar una fuerza de trabajo informal y precarizada. Esos problemas no son insuperables para un movimiento obrero sagaz, con visión estratégica, pero deben ser encarado.

En la fase de formación del movimiento obrero, los sindicatos intervenían activamente en torno a los asuntos políticos más generales del momento, sobre todo la exigencia del sufragio universal. No hay razón alguna, por qué tales preocupaciones muy importantes no pudieran convertirse en un punto central de la agenda trabajadora, además de una excelente razón por qué deberían formar su columna vertebral: por la interrelación de una cantidad de factores económicos, sociales y ambientales. A diferencia de la tradición del antiguo sindicalismo en la tradición de los oficios los organizadores tempranos del trabajo no reconocían divisiones sobre la base de las destrezas o razas. La organización de los trabajadores en esta tradición, conocida como sindicalismo de la comunidad, organización en profundidad, o sindicalismo del movimiento social está de regreso. Su difusión podría abrir un nuevo capítulo en la lucha continuada del trabajo organizado contra el capitalismo.

*Ronaldo Munck es el director de la unidad de Participación Cívica de la Universidad de la Ciudad de Dublín y activo sindicalista. Hace poco publicó su último libro: Rethinking Global Labour: after neoliberalism (Repensar el trabajo global: después del neoliberalismo). Twitter: @ronaldomunck @GT_initiative

Twitter: @DrFutureTech

Las opiniones expresadas en esta publicación no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la Friedrich-Ebert-Stiftung.

http://columnesp.global-labour-university.org/2019/11/trabajadores-del-mundo-unanse-por-fin.html

 

Compartido con SURCOS por Juan Carlos Durán Castro.

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