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Los políticos-empresarios generaron una crisis fiscal y ahora se la cobrarán a las mayorías

Carlos José Cabezas Mora (*)

 

Como parte del clima favorable de los negocios que los economistas, políticos y grandes empresarios han impulsado durante 30 años, han logrado hacerles grandes hoyos a los ingresos del Estado costarricense, primero con los Certificados de Abono Tributario, luego aprobando un Tratado de Libre comercio y durante todos estos años lograr otras exoneraciones sin olvidar desde luego el delito fiscal.

Los grandes vacíos en las arcas obligaron a emitir bonos para que los empresarios los compren, obviamente con ganancia, financiando con deudas la operación del Estado que tiene que velar por los servicios de salud, educación, seguridad y protección, electricidad y agua.

Como es lógico en esta dinámica de números rojos hay maestros, policías, médicos y otros funcionarios públicos que como parte de una justa dinámica de protección salarial han mejorado sus salarios (recuerden que hay una alta profesionalización del sector público en comparación con el privado), tal situación es usada por los políticos-empresarios como la justificación para tomar medidas para “resolver” el déficit fiscal.

La más fácil, pero que sin duda empobrece a las mayorías, es el aumento del impuesto de ventas convirtiéndolo en Impuesto al Valor Agregado (IVA), restringiendo los salarios, posiblemente también eliminando componentes del salario, claro que sin tocar nada de la inmoral y escandalosa evasión fiscal.

En palabras simples los ricos hacen negocios, generan crisis fiscal y le cobran a los trabajadores más impuestos, rebajan o congelan sus salarios para mentirle a la gente que de esa manera se resolverá la crisis fiscal.

Este tema lamentablemente no fue parte fundamental de los debates presidenciales, tampoco podemos apreciar en los programas de gobierno otras opciones que pongan el dedo en la verdadera herida sin dañar el patrimonio de las familias de bajos o medios ingresos.

El camino elegido por el PAC y sus socios nos pondrá en la línea directa de combate a las políticas que dañan a los y las trabajadoras.

 

(*) Secretario General, Central General de Trabajadores.

 

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En el Catatumbo E.L.N contra E.P.L: ¿zidres o zonas de reserva campesina?

Por Carlos Meneses Reyes

 

El 15 de marzo del corriente año de 2018 se desplegó en la prensa regional y nacional el insuceso, cual desafortunado evento, de enfrentamientos entre guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (E.L.N) y reductos del antaño desmovilizado Ejército Popular de Liberación (EPL) cuyo Frente Libardo Mora Toro (LIMOTO), continuó en armas, como disidencia, luego que la mayoría de esa guerrilla optó por la desmovilización en el año de 1991. Los registros señalaron enfrentamientos en el Alto Catatumbo de la Provincia de Ocaña y el Medio Catatumbo (El Tarra), con un saldo de más de quince jóvenes guerrilleros muertos y desplazamientos de campesinos que han afectado a veinte mil habitantes del agro, conforme alarma de las Naciones Unidas.

ANALISIS DE LA SITUACIÓN PLANTEADA

Partiendo del presupuesto de la existencia de una fuerza insurgente nacional con status de beligerancia a la luz del Derecho Internacional(DI), el E.L.N y la situación particular de una organización armada local, en ejercicio de la guerra de guerrillas, que se reivindica como vanguardia popular con idearios políticos y no admitida como tal por la contraparte gubernamental y satanizada por los medios de comunicación y la difusión de la inteligencia militar; encontramos, en principio, que ambas expresiones armadas enfilan contra el Establecimiento, cuentan con base social conforme al escenario en que se mueven, articulan presuntamente con mandos unificados y una más que otra con notoriedades y caracterizaciones que hacen llegar a las masas, en un desenvolvimiento de continuidad y permanencia en un territorio determinado.

Sin extendernos en el antecedente histórico, los muchachos del ejército popular de liberación continuaron actuando en el departamento de Norte de Santander y Sur del Cesar. Las antiguas Farc-ep, quisieron copar los territorios del desmovilizado antiguo E.P.L, persiguiéndoles; por lo cual se enmontaron en nichos de las profundas selvas del Alto Catatumbo subsistiendo de una base política campesina trabajada desde el año de 1970, cuando el EPL hizo presencia en esas zonas, incluso con anterioridad a las Farc-ep. Para el año de 1972 el Partido Comunista Marxista- Leninista (M-L), irrumpió, clandestinamente, con el trabajo campesino en la Provincia de Ocaña y El Catatumbo y en las zonas de explotación petrolera y con ello se conformó el Frente Libardo Mora Toro (LIMOTO). Son 48 años de existencia en bases de familias rojas tradicionales y clandestinas en esa región. Por su presencia y peso histórico, esos reductos del antiguo E.P.L, recibieron la ayuda y colaboración del Ejército de Liberación Nacional (E.L.N). Entre la “gente” se conocían como “los primos”, caracterizado por un trato mancomunado durante décadas en una profilaxis de evitar su lumpenización.

Pese a la horrible noche del paramilitarismo en el Norte de Santander, los reductos del E.P.L, no fueron extinguidos. Es más, se fortalecieron económicamente resultado de las fallidas guerras contra el narcotráfico del Imperio y las castas militares colombianas. Hizo carrera la denominación del embajador de U.S.A Tamps, de las “narco-guerrillas”, igualándolas a los carteles de la droga. Las güerillas sostienen y sustentan que el recurso del narcotráfico es un accionar más delincuencial contra las estructuras del Estado que combaten. Así como violan todas las normas el código penal colombiano y la constitución política lo hacen con el delito de obtención de recursos económicos, para subsistencia, con el tráfico de la coca y sus derivados. Esa relación de causalidad es la que ha predominado para que la figura de conexidad con el delito político de la Insurgencia o rebelión tenga cabida tanto en el trato gubernamental como en la aceptación de la comunidad internacional.

Ahora bien, en el caso de la disidencia del EPL en el Catatumbo el recurso del narcotráfico tomó proporciones inéditas, anecdóticas y especiales. Cabe mencionar el caso del campesino Víctor Ramón Navarro Serrano, oriundo de San Calixto, que conocía esas selvas como la palma de su mano, caracterizado por vigorosa conformación atlética juvenil y despejado de mente, que llegó a construir un verdadero emporio financiero y que al estilo de Robin Hood asistía a la empobrecida población catatumbera y de la Provincia de Ocaña, con prestamos desde 50 millones a 150 millones de pesos, sin asomo de “cuenta gotas” prestamistas. A su muerte- que en realidad de verdad merece un recuento novelesco aparte- la Fiscalía General de la Nación se vio en incapacidad material e imposibilitada de judicializar al menos 1.500 comerciantes beneficiados con “prestamos” millonarios de ese fenómeno propio de la degradación del conflicto armado, llamado Megateo, cuyo alias él no lo creo, sino que fue invento de la contrainteligencia militar, pues no sabían ni cómo se llamaba.

La verdad sea dicha, durante décadas las fuerzas insurgentes (guerrillas) como las organizaciones armadas criminales dedicadas al narcotráfico han convivido. A ello agregaron la multiplicación de redes de contrabando, en afectación a la vecina República Bolivariana de Venezuela, en la estrategia de la guerra económica declarada en su contra por el Imperio. Aunado a ello la modalidad del tráfico del “pategrillo” producido por crudo robado del tubo u oleoducto y en forma rudimentaria – de total afectación al medio ambiente- utilizado como combustible para el procesamiento de la pasta de cocaína. Sin ningún animus jocandis, todas sin excepción, las acciones que registran los medios de información, conforme a los comunicados oficiales, de caracterizados talantes unilaterales de las oficinas del ejército nacional, que son las únicas fuentes con las que los “diligentes” periodistas se nutren, corresponden a “bienes” de las guerrillas y ninguna, casi sin excepción, a sus aliados paramilitares. Tamaño desafío que corresponde a la búsqueda de la Verdad Histórica.

Sin lugar a equívocos, tanto la disidencia del EPL en el Catatumbo como las fuerzas combatientes del E.L.N, han acordado convivencia territorial por décadas. De igual manera lo han logrado, por solidos acuerdos “de palabra de galleros” en relación con el manejo de ingresos económicos provenientes del negocio del narcotráfico. La Insurgencia colombiana ha demostrado que la utilización de este recurso es transitoria y obedece a circunstancias particulares y especiales. ¡Es un negocio creación propio del sistema capitalista, que, por principio, combaten!

Así planteado, nuestra tesitura parte que los enfrentamientos entre las facciones o disidencias con el nombre de EPL y las fuerzas elenas, no es en modo alguno por el negocio del narcotráfico. Las causas son de fondo entrañablemente políticas, como intentaré demostrarlo a continuación.

Visoro, con la óptica del errado análisis, las declaraciones de un Académico de Historia de la ciudad de Ocaña, quien, mojando tinta ante los medios nacionales, repite cual lora envinada, que los enfrentamientos entre el eln y el epl son causados por ese negociado. Aludo a ello pues es hora de que las Academias de Historia de Colombia asuman el reto de su papel objetivo ante La Comisión de la Verdad. Que dejen la actitud del avestruz, ante tamaño desafío y papel que les corresponde.

EL CONFLICTIVO ESCENARIO DE LAS ZONAS DE RESERVA CAMPESINA (ZRC), LAS COMUNIDADES MOTILÓN-BARI Y LAS ZONAS DE DESARROLLO RURAL ECONOMICO Y SOCIAL (ZIDRES)

Las llamadas Zonas de Reserva Campesina(ZRC) tiene origen legal, surgiendo a partir de la Ley 160 de 1994 y Decreto 1797 de 1996. En el año de 2009 surge una propuesta concreta de creación de una ZRC en el campamento de refugio humanitario de campesinos desplazados en el corregimiento Fronteras del municipio de Teorama, contemplando territorios de El Carmen, Convención, Teorama, El Tarra, San Calixto, Hacarí y Tibú en el departamento de Norte de Santander, frontera con Venezuela. El interlocutor ante el gobierno nacional lo fue la Asociación Campesina del Catatumbo- ASCAMCAT, bajo las condiciones dadas de constituirse en terrenos baldíos, con población campesina que labore en la agricultura y las zonas tengan condiciones agrologicas destacables. La propuesta abarcaba una extensión de 354 mil hectáreas, en unas 326 veredas y en un principio incluyendo territorios ancestrales de las comunidades del resguardo indígena Motilón-Barí. Una primera audiencia pública de constitución de la ZRC se dio en el año 2012, bajo compromisos incumplidos del gobierno nacional de implementación de políticas públicas. La comunidad indígena Motilón- Barí se opuso a que dentro de sus territorios se implementare las ZRC e interpuso en el año de 2014 una acción de tutela, argumentando que sobre las márgenes derecha del río Catatumbo se encuentran lugares sagrados de su cultura ancestral. Los Barí tienen dos resguardos, que lo habitan 25 comunidades del pueblo Bari, que los traslapan: Caricachaboquira, con 13.300 hectáreas y el Motilón Barí con 108 mil hectáreas. En la ampliación de esos territorios, en la actualidad viven unos 30 mil campesinos de origen colonos. En desarrollo de la situación acontece que, a través de una constituyente regional, en ejercicio de democracia directa, realizada en el municipio de Tibú durante los días 5 y 6 de diciembre de 2014, se declaró por mandato popular de hecho, liderada por la ASCAMCAT, la Zona de Reserva campesina del Catatumbo para hacerse reconocer así no existiere una base jurídica. Ello trajo consigo el rompimiento de relaciones del gobierno nacional con ASCAMCAT, debido también al fracaso en la Mesa de Interlocución del Catatumbo-MIA. No obstante conocedores de la tutela interpuesta por la comunidad Motiló-Barí los dirigentes campesinos aseguraron estar dispuestos a respetar esos territorios en conflicto mediante el ejercicio de un dialogo permanente conforme al margen de territorio solicitado por los aborígenes y que interfiere con la ZRC y a manera de declaración política consagraron que al declarar la Zona de reserva campesina en ese territorio “no es para convertirlo en una cantera de energía para las multinacionales sino que se propone la viabilidad para sustituir los cultivos de uso ilícito y que se retome la región nuevamente como una despensa agrícola para el nororiente colombiano”. No obstante representar para los campesinos un aseguramiento de la propiedad de la tierra, usufructo y promoción de la economía campesina, hay quienes se oponen a ella. Ante ese panorama corre paralelo el infatigable trabajo del senador campesino Alberto Castilla por dotar al campesinado de personería como sujeto de derechos.

El 9 de agosto de 2017, la Corte Constitucional en sentencia declaró prospera la tutela interpuesta por la comunidad Motilón-Bari e indispensable el consenso de los Motilón-Barí, sobre ampliación, saneamiento y delimitación de los resguardos.

No obstante, las tensiones continuaron. La comunidad Barí ha tomado acciones de restricción de ingreso a sus territorios, en un empoderamiento de autonomía so pretexto de las acciones de conservación que en esas zonas adelantan. Determinan una extensión de resguardos de unas 200 mil hectáreas. El cronograma de demarcación como hoja de ruta trazada por la sentencia de la Corte ha sido objeto de interpretaciones contrarias en la práctica, generándose lo que se ha dado en llamar zonas grises por la situación de limbo en que han quedado los campesinos que colonizaron desde hace décadas los territorios indígenas y que pasarían a ellos una vez redelimiten los resguardos. Se estima directamente afectados a unos 10 mil campesinos. A ello se suma intereses de grupos económicos de procedencia non sancta que acechan cual aves de rapiña, so pretexto de aplicar el sistema de las zonas de las Zidres, es decir, las Zonas de Desarrollo Rural Económico y Social, a las que el exministro Cristo denominó “las zonas francas para el agro”. Enfocan a la utilización de los baldíos a intereses mega particulares de inversión y desmontan la prohibición de acumulación de baldíos, en momentos en que, como respuesta a lo alternativo, se plantea la intervención a los grandes latifundios improductivos en el ejercicio del principio de tierra para el campesino que la trabaje, así como la función social de la propiedad privada, que es letra muerta en la Constitución de 1991 y anulación del latifundio improductivo y/o de ganadería extensiva y depredadora en el agro colombiano. La respuesta ha sido la organización de LA GUARDIA CAMPESINA DEL CATATUMBO como mecanismo de auto protección colectiva que busca la defensa de los derechos de los campesinos…

LOS MOTILON-BARI OPTAN POR EXPULSAR DE SUS TERRITORIOS AL E.L.N.

El diario La Opinión registra, a 8 de febrero de 2018 que los Motilón – Bari, en la región de Río de Oro expulsaron de su territorio a cuatro colonos particulares junto con sus familias. Siendo una región de dominio territorial del E.L.N dado en proteger a sus habitantes, les confiscaron sus propiedades. La lucha de los Motilón-Bari por recuperar sus tierras no son de ahora. Las calles de Cúcuta han sido escenarios de desfiles de indígenas con atuendos y flechas difundiendo tal situación. Argumentan que todo aquel que no tenga escrituras registradas deben salir por ser tierras sagradas para ellos. Estos propietarios no representan ni el 5% de los colonos en posesión de esas tierras. Les han dado un plazo hasta el 12 de mayo de 2018 para que desalojen tan extensos territorios, donde están incluidas las comunidades Brunbucanina, Ochabuda, Suerera, y Asacharinocavra, jurisdicción de Teorama…También en la vereda Batroctora, Carbaringcavra y Saphadana, en el municipio de Convención. Igualmente, en El Carmen, Iguiacarora y Ayautina.

La reacción indígena obedece a que en hechos registrados el pasado 20 de enero a las 2.30 pm, cuando navegaba sobre el Río de Oro un cacique de la comunidad Bokshi resultó gravemente herido al recibir disparos de fusil junto con otros seis acompañantes, que fueron asesinados. Centenares de familias se encuentran en ese nudo de tensión entre la población Barí y los colonos que habitan en Saphadana, Convención y hoy se encuentran en un refugio humanitario en Caño Tomas (Teorama). Como resultado de esas tensiones han comenzado a actuar los grupos armados ilegales. Sobre el presupuesto que el EPL argumenta que los indígenas fueron atacados por fuerzas del ELN, comenzaron los enfrentamientos entre ambos bandos el 15 de febrero, siendo escenario de enfrentamientos en Convención, San Calixto y Hacarí, con bajas entre ambos bandos y heridos en la población civil.

SOBRE LA LLAMADA JUSTICIA PARALELA INDIGENA

En las últimas décadas, y como resultado del conflicto armado interno en el país, las comunidades indígenas han asumido una estrategia de defensa para protegerse de quienes tenían las armas. El mandato a ellos conferidos por la Constitución política de Colombia 1991, bajo el acápite Del régimen especial, artículos 329 a 330 y su parágrafo, les ha dado una caracterización de empoderamiento. Las guardias indígenas se han fortalecido y con ello sus autoridades expuestas a mayor riesgo. Actúan como destinatarios de una justicia paralela, capturando a militares y guerrilleros y juzgándolos. Buscando consolidar el control territorial y la gobernabilidad ancestral, purgan cualquier forma de organización o asociación delictiva en sus jurisdicciones. La forma piloto de actuación lo han consolidado los indígenas nasa en el sur del país. De allí lo han hecho extensivo a regiones como el Catatumbo. El vehículo instrumental y organizativo lo constituye la ONIC (Organización Nacional Indígena de Colombia), de peso político. En el caso de las aspiraciones de las autoridades de las comunidades Motilón- Bari, expresan seguimiento, apoyo al proceso de sus luchas a quienes identifican como “pueblo” indígena. Resaltan acciones como las del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), que impartiendo justicia condenaron a más de 20 años de prisión a un grupo de hombres por ellos juzgados. Las penas las purgan en cárceles estatales. El vocero del CRIC manifestó que los condenaban por pertenecer a grupos ilegales; es decir, contra el Establecimiento estatal. Constituyó un hito de carácter nacional el célebre juicio entre los indígenas durante la guerra contra las far-ep. Capturaron, desramaron y juzgaron a sus miembros. Dispusieron la quema de las armas. Materialización efectiva de la fusión de dos justicias. Ante un estado de derecho fallido en Colombia, se ha constituido la justicia indígena como un factor paraestatal. La permanencia de un conflicto armado interno en el país por la existencia al menos de dos fuerzas insurgentes activas ha significado la asimilación de la tal llamada justicia indígena como un factor de contrainsurgencia estatal.

Son varios los casos en que la Guardia Indígena actúa contra miembros del ejército, desalojándolos. El último caso se dio en La Vega, Cauca, en que 30 soldados tuvieron que dormir en una cancha de básquet, pues la Guardia Indígena los sacó de los sembrados de coca que pensaban erradicar sin haberlo pactado previamente. Hechos que se suceden sin ninguna connotación aparente. La pasividad manifiesta no obedece a una voluntad de respeto a los “pueblos” indígenas por parte del ejército nacional. Se otorgan pasividad pues la recompensa redunde en réditos al no enfrentarse, fortaleciéndose las Guardias Indígenas, paralelo al riesgo que corren sus autoridades. Ese es el escenario creado como política o contrainsurgente militar en el Catatumbo, al enfrentar a las comunidades indígenas con las guerrillas insurgentes. Durante los enfrentamientos entre las facciones del ELN y el EPL no han hecho presencia. Una conducta de omisión al igual que sucedió con los crímenes de lesa humanidad ante los ataques de los paramilitares contra la población civil.

Sobre el entendido que los alzados en armas luchan contra todas las formas de manifestación estatal al que buscan derrocar, explicable que el conflicto armado interno en Colombia tome el derrotero del enfrentamiento de las insurgencias contra la llamada justicia paralela y paraestatal indígena.

De manera que al abordar la problemática álgida en el Catatumbo corresponde concluir que el análisis amerita catalogar la situación del enfrentamiento entre las facciones del ELN y el EPL como resultado de contradicciones en el seno del pueblo y por ende la búsqueda de su solución en ello debe inspirarse y no resultado del manido manejo de lucha por el poder económico del narcotráfico.

Entendible que habrá mucha más tela que cortar en la medida que para los analistas se presenten mayores elementos para abarcar la problemática de la guerra en el Catatumbo.

 

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Caída y ascenso del movimiento fundamentalista cristiano

Marcos Chinchilla Montes

 

Me conmovió de sobremanera leer sobre todas aquellas personas que hicieron el esfuerzo por regresar a Costa Rica, casi que con el fin exclusivo de votar y alzar su derecho a favor de una sociedad que continúe acogiendo un orden democrático que aunque imperfecto, brinda garantías de una institucionalidad y convivencia social orientada a la tolerancia, la justicia social, la integración y el respeto del derecho.

Si bien desde el gobierno de Monge (1982-1986) esas condiciones se han venido deteriorando con la intromisión del neoliberalismo, lo cierto es que la sociedad costarricense no ha claudicado en su anhelo y esfuerzo por alcanzar una sociedad donde todas las personas quepamos en condiciones de justicia, igualdad y equidad en la distribución de riqueza, y en los años recientes, con mayor nivel de armonía con la naturaleza.

Las últimas semanas, y particularmente con la presentación del Plan de Gobierno 2.0 del Partido Restauración Nacional, dejó en evidencia la odiosa confluencia de los intereses económicos de la burguesía nacional que parecieron tener muy buena sintonía con un discurso moralizante, evangelizador y discriminatorio de todo aquello que se aparta de la moral fundamentalista cristiana. Doloroso tener que reconocer como el odio, la intolerancia, la persecución, el fundamentalismo religioso y la violencia se visibilizaron y posicionaron con simpleza en nuestra sociedad; estábamos o estamos a un paso de que se instalara el pensamiento nazista que otrora acabó con la vida de millones de negros, judíos, gays y gitanos

Dichosamente, hoy le asistimos un duro golpe a esa visión de mundo que pensaba retrotraernos 2000 o 2500 años hacia atrás, heredándonos incluso tradiciones e instituciones del oscurantismo medieval y de la inquisición católica.

Muchas pueden ser las razones por las cuales la sociedad costarricense se volcó contra la propuesta del sequito de Fabricio y los neoliberales que posteriormente se le adhirieron; sin embargo, me voy a concentrar brevemente en las siguientes:

La ampliada indignación nacional que borró las fronteras de la pertenencia partidaria y que reconoció el riesgo de violentar un orden societal basado en la defensa, promoción, respeto, exigibilidad y disfrute de los derechos humanos.

Indiscutibles falencias intelectuales, profesionales y personales de Fabricio Alvarado que quedaron ampliamente demostradas en los pocos debates en que participó. Participar en política no es lo mismo que hablar en lenguas en un culto.

Incomprensión e irrespeto aberrante hacia la normativa internacional con la que el país se ha comprometido durante varias décadas, y que a su vez son garante de la promoción de los derechos humanos y las normas de convivencia internacional.

La relación personal y espiritual entre Fabricio y Rony Chávez (este último su padre espiritual) se tornó en un elemento de conflicto en la campaña en la medida que Chávez argumenta que la Virgen de los Ángeles es un espíritu demoniaco que debe ser combatido y desterrado. Este es un tema muy sensible para millones de católicos en el país y Fabricio nunca fue capaz de aclararlo o procuro desviar la discusión.

Un plan de gobierno que en sus diferentes versiones no demostró ni coherencia, ni una direccionalidad política nacional, y que más bien dejó la sensación de ser el plan de una iglesia que quería expandirse a nivel nacional e imponerse como orden moralizante.

Choque frontal y un cuestionamiento continuo hacia la institucionalidad electoral costarricense.

Adhesión oportunista de una serie de figuras ampliamente cuestionadas y mohosas del Partido Liberación Nacional, entre ellas Antonio Álvarez Desanti -candidato perdedor; lo que permitió dejar en claro que el Partido Renovación Nacional es sumamente poroso, que eso de las manos limpias es solo un eslogan de campaña, y que para hacer negocios, se lo hace desde cualquier partido político. A esto hay que sumarle la adhesión de Otto Guevara y otros candidatos presidenciales perdedores que más bien resultaron inconvenientes.

La sospechosa relación entre la campaña de Fabricio Alvarado, el diario digital el Mundo y OPol Consultores que generalmente le favorecía en las encuestas y que solía distanciarse con creces a las encuestas del CIEP de la Universidad de Costa Rica. Los resultados electorales dejan en amplio descredito a OPol y las personas que estaban detrás de esa empresa.

La indignación nacional se expresó no solo en el voto, sino en una sostenida campaña de memes, videos, comentarios, noticias y reflexiones en las redes sociales y en Whatsapp, las mismas debe asumirse como formas de participación social y de educación que permitieron conocer los riesgos que implicaba un posible ascenso de Fabricio Alvarado a la presidencia del país.

La derrota de Fabricio es a su vez una derrota para los hermanos Arias pues sus intereses económicos y políticos se posicionaron rápidamente detrás de éste; es una doble derrota para un deslucido Álvarez Desanti, sus seguidores y el sector más rancio del PLN; y es una humillación para la Iglesia Católica costarricense que le cedió espacio al fundamentalismo evangélico, perdiendo credibilidad social.

Sin embargo, deseo llamar la atención sobre el siguiente aspecto. En este round Fabricio resultó perdedor; no obstante, desde hace varios años el fundamentalismo cristiano aprendió a degustar las mieles del poder, y van por éste. Desde mi lectura, el fundamentalismo cristiano es ya un movimiento social (eso sí, de derecha), y han venido demostrando que tienen músculo político y que tienen capacidad para movilizarse y hacer temblar la institucionalidad costarricense; sino, recuérdese la cantidad de diputaciones que ganaron para la próxima Asamblea Legislativa, situación que avizora una situación especialmente delicada para el gobierno de Carlos Alvarado.

Finalmente, tenemos cuatro retos muy importantes y que no se deben de descuidar, a saber:

Carlos Alvarado debe hacer un excelente gobierno en términos de justicia social, distribución de riqueza, desarrollo de infraestructura, protección del medio ambiente y defensa de los derechos humanos; de no hacerlo, puede que no resistamos un nuevo embate del movimiento fundamentalista cristiano y su asociación con el pensamiento neoliberal.

El Tribunal Supremo de Elecciones debe revisar y modificar su normativa. Resulta inverosímil que ante tanta violación a la norma electoral, el tribunal se quede casi de brazos cruzados.

La vivencia espiritual debe complementarse con un pensamiento científico que permita enfrentar el pensamiento mecánico-mágico-religioso que está en la base del fundamentalismo cristiano. El desarrollo de una política cultural, educativa y participativa podría incidir en que recuperemos lo mejor de pensamiento de la ilustración, sin descuidar una relación constructiva y respetuosa con el medio ambiente.

La capacidad de reacción y acción social que asumió una buena parte de la sociedad costarricense contra la intolerancia debe mantenerse y fortalecerse. Como lo externé líneas atrás, el fundamentalismo cristiano es ya un movimiento social, con músculo y presencia en la Asamblea Legislativa; vendrán días aciagos en los que intentaran imponer su visión moral y excluyente de lo que es el ser humano, y debemos tener capacidad para cuestionarlos y enfrentarlos.

Dichosamente ganó la sensatez, el respeto a lo socialmente diverso, una agenda que garantiza los derechos humanos, y especialmente, la institucionalidad republicana que con sus evidentes limitaciones, aún permite la convivencia y la inclusión y existencia de la diferencia. Por el momento, con buen tino enterramos la intolerancia.

 

*Imagen tomada de https://semanariouniversidad.com/pais/fabricio-alvarado-presenta-su-plan-de-gobierno-2-0/

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Los pobres estafados de siempre ¿una vez más?

Hernán Alvarado

 

Los mismos de siempre

Hemos visto, a lo largo de muchos años, que los políticos vienen a pedir el voto a los “pobres”, siempre para sacarlos de la pobreza. Tal como los falsos profetas vienen a pedirles el diezmo, para salvarlos del infierno. Pero, ni unos los han sacado de la pobreza, ni los otros los han salvado nunca del infierno; pues, para empezar, como la Iglesia católica ha reconocido, el infierno no existe, como tampoco ha existido hasta ahora el paraíso de la justicia social. Campaña tras campaña, esos mismos políticos, y sus patrocinadores, se han enriquecido cada vez más, mientras los “pobres” se han empobrecido un día si y el otro también.

Casi todos esos políticos son igualitos, hablan igual, visten igual, prometen lo mismo. Siempre con frases ingeniosas, hacen un esfuerzo por parecer sinceros. A veces hablan con números, con porcentajes y todo, a veces presentan metas, con esa “seguridad” que convence a cualquiera. Los más audaces, hasta dicen que vienen de familias pobres, que son como ellos y conocen sus necesidades. Claro, hace tanto tiempo de eso, que ya nadie en el barrio se acuerda de ellos.

Casi lo mismo

Pero, al final de su respectivo gobierno, volvemos a lo mismo, y su lucha contra la pobreza vuelve a quedar en palabras que se llevó el viento. No obstante, casi todos gastan algo o mucho en estrategias y programas, pero la pobreza sigue aumentando o se mantiene igual, en vez de disminuir. Eso no impide que, cada cuatro años, vuelvan los siguientes políticos con el mismo cuento. A su demagogia habría que sumar las causas estructurales, esas que ninguno quiere reconocer, pues no resulta conveniente admitir, electoralmente, que el sistema capitalista produce pobreza, tanto como produce riqueza.

Este gobierno puede rajar con haber encontrado una estrategia (“Puente para el desarrollo”) con la que ha logrado disminuir, en algunos puntos porcentuales, la pobreza; un avance pequeño, solo que en un tema que tiene años de estar estancado. Pero es un resultado tan frágil como que, si perdiera el PAC, puede que retroceda. En honor a la verdad, si uno de los dos candidatos actuales sabe con propiedad algo sobre este tema, ese es, sin lugar a duda, Carlos Alvarado.

Un nuevo demagogo

Pero ahora ha llegado otro “salvador” de los pobres. Igual a los demás, con el mismo traje y el mismo tono, engaña, promete y miente sin vergüenza. Dice que tiene las manos limpias, pero será por no haber hecho nada que lo haga merecedor de una silla presidencial; ya que, sin haber llegado aún al poder, él y su partido tienen varios cuestionamientos sin aclarar. Además, la gente que ahora le rodea deja mucho que desear. A tales cuestionamientos, ese candidato responde igual que los demás: no sé, no sabía, estamos trabajando en eso, eso es responsabilidad del Comité ejecutivo, ya cumpliremos como es debido, no he leído a mi pastor espiritual, etc.

¿Cómo nos puede librar de la pobreza una persona que no tiene la formación (algo por lo que dice no sentir vergüenza) ni experiencia, ni preparación, ni capacidad para “matar” a este “gigante” de la pobreza; alguien que, como ha quedado claro en los debates, no tiene conocimiento de la gestión pública, ni sabe cómo funcionan las instituciones ni la cooperación internacional? ¿Cómo le podemos confiar esta enorme y difícil tarea a alguien que no sabe cómo financiar las pocas ideas generales que ha manifestado; a alguien que no tiene un plan serio: el primero daba pena ajena y el segundo, publicado a última hora y sin presentar al TSE, da miedo, da cólera y está lleno de plagios?

Particularmente, permítaseme esta digresión, la definición que se establece en ese plan de libertad es, sencillamente, alarmante. Solo es libertad lo que ellos dicen que corresponde a ese otro invento ideológico suyo que es el “cristianismo social”, lo demás es libertinaje. En la página 9 de ese nuevo hechizo, se lee: “Pero libertad no es libertinaje, constituye la decisión de ejercer el libre albedrío y, para nosotros, ello implica la decisión de llevar la vida privada y pública, en apego a la ética cristiana. Libertad, no es libertinaje.”

¿Y quién define esa ética cristiana que debe regir tanto la vida pública como la privada? Ellos mismos, en secreto y a puerta cerrada, según su propia y arbitraria interpretación de las sagradas escrituras, según su moral heterosexual, patriarcal y teocrática. Nadie que ame la libertad puede admitir semejante definición, a penas propia de una dictadura moral y política en ciernes.

Este muchacho se ha contradicho y arrepentido tantas veces como ha creído necesario, para quedar bien con todos sus posibles votantes. Después del resultado será otra cosa y podrá actuar libremente. Lo más concreto que ha dicho, “en secreto”, es que combatirá la pobreza a través de las iglesias evangélicas, que están por todo el país y conocen las necesidades de la gente; algo por lo que la Contraloría General de la República, de llegar a intentarlo, no tardaría en enviarlo a la cárcel.

Después de presentarse como el abanderado de la peor campaña de odio que ha vivido este país en muchos años, de ser el líder de la mayor división de la familia costarricense (no solo de la suya propia, a cuyos primos también han amenazado) mientras se hace pasar por el más ingenuo y bien intencionado de los candidatos, viene a prometerle, a los “más necesitados”, menos que lo mismo de siempre y sin la menor idea de cómo les podría cumplir.

Los más estafados

Por eso, si Restauración Nacional ganara el próximo domingo, peor aún, si ganara con los votos de los más “pobres”, o en su nombre, sería la mayor estafa política de la historia del país. En la primera ronda, se entiende que ganara porque nadie conocía a su candidato; pero, en esta segunda ronda, ahora que lo conocemos, pese al apoyo que ha recibido de los mismos oportunistas de siempre, sería para mí una triste y gran sorpresa que fuera igual.

Los únicos pobres de verdad, hablo de política, son los pobres de criterio u opinión, los que, sin información ni educación, votan por el primero que les promete lo que nunca les cumplirá. Ellos son los analfabetos políticos y no pueden ser el orgullo de ningún candidato, de ningún partido, de ninguna familia, de ninguna sociedad democrática. Aunque lo sean de aquellos que dicen que “Dios” no quiere que piensen sino que obedezcan.

No me refiero, entonces, a los que vivimos en el campo, sencilla y humildemente, bajo el cielo estrellado, cerca del mar, en el corazón de la montaña y al lado de los ríos aún cristalinos. Como ellos lo saben, pobres son otros que viven de espaldas a la naturaleza. Pobre no es quién carece de moneda, quien no tiene esto o aquello, que es lo que cuenta para las estadísticas del INEC; sino aquel que no sabe distinguir entre quiénes son sus amigos y quiénes son sus enemigos. Pobre es quien no sabe responder afirmativamente a quienes lo respetan, para seguir a quienes sólo lo utilizan para ganar poder en su nombre y después gobernar, igual que siempre, como les da la gana o, desde luego, solamente para aquellos que los financian, les asesoran o los llenan de “bendiciones” millonarias.

Solo mediante una democracia participativa e incluyente, una democracia real, una democracia viva y dinámica, llegaremos algún día a que esta clase de políticos desaparezca, ojalá para siempre. Mientras tanto, lo mejor es no votar, por simple prudencia, por esos lobos con piel de oveja que han hecho todo lo posible porque no les conozcamos de verdad.

 

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La gran disyuntiva: ¿reír o llorar este primero de abril?

Por Rafael Ugalde (*)

rafael ugalde
Rafael A. Ugalde.

¿Reír o llorar? Es la pregunta de rigor cuando uno ve a sindicalistas “llorando” porque el candidato presidencial, Fabricio Alvarado, no los recibió cómo ellos querían.

Ya él dijo que es más fácil que los parta un rayo dentro de una de esas megas congregaciones donde “hablan en lenguas”, que un “rojillo” esté en su gobierno.

Carlos Alvarado, con más escuela socialcristiana, escogió entre sus allegados a un dirigente gremial, pero de una vez advirtió que sus compromisos van por otro lado. ¡Tampoco se hagan de ilusiones!

Mientras tanto, los dueños de La Nación, con una victoria que les atribuyen sobre el ex precandidato Juan Diego Castro- con una campaña sostenida lo bajaron a los últimos lugares el 2 de febrero pasado- parecieran que buscan una segunda victoria; esta vez contra Fabricio.

Distraer a la gente en cuestiones de fe, política y fútbol, por ejemplo, es sumamente peligroso.

En estas elecciones nos han venido gobernando quienes no quieren que nos demos cuenta que el próximo gobierno está regido por la derecha pura.

El sector encabezado por Rodolfo Piza controlará al PAC; mientras el “arismo” a Restauración Nacional. ¡Dios los junta!

Los dos bandos apoyan el desmantelamiento del ICE, imponiéndole la compra de electricidad a los productores privados, tienen en la mira los multimillonarios fondos de pensiones y los enormes negocios privados al alero del Estado. Los modales son los que varían.

Y nos tienen en una lucha entre los que defienden a La Virgen de los Ángeles y quienes la atacan; entre quienes defienden y atacan el matrimonio homosexual. Banalidades.

Cuando, por el contrario, lo que está oculto es una democracia representativa que necesita remozarse por una participativa y protagónica.

Y ella es posible solo si nos organizamos, articulamos y movilizamos para poner en orden algunas cosillas nada banales.

La producción no para en crecer, pero los salarios son devorados por la inflación producida, en parte, por quienes subfacturan, contrabandean, asaltan bancos sin armas, evaden la seguridad social etc.

Ven por qué no sé si reír o llorar con estos sindicalistas. Y estos políticos de ocasión. Y sus muchos mercenarios. Y sus muchos trepadores. Ahh, Costa Rica, la patria amada que se cae a pedazos, mientras nos hacen nuevas promesas.

 

(*)Periodista, abogado y notario, graduado en la UCR.

 

Imagen de portada con fines ilustrativos tomada de intereconomia.com

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Mi voto, mi llamado a votar

Por la democracia y la república

Contra la barbarie y el oscurantismo

Luis Paulino Vargas Solís

 

La Costa Rica de las grandes polarizaciones socioeconómicas no tiene –no por ahora al menos– esperanza de redención. Ese país donde centenares de miles –hasta sumar mucho más de un millón– de personas trabajadoras, viven negadas de un trabajo decente. La misma donde amplias regiones periféricas sufren al olvido y abandono que las condena a la pobreza y el desempleo perpetuos. Esa Costa Rica de contrastes groseros entre los súper-ricos, que viven escondiendo su miedo detrás de enormes murallas, y las amplias capas populares que deben sobrellevar la violencia de la carencia cotidiana. Con perplejidad despertamos a la realidad de que, lejos de la opción pacifista, igualitaria, dialógica e inclusiva, que presuntamente definía una “vía costarricense”, somos, en realidad, una sociedad que alberga en las profundidades de su siquis colectiva, perturbadores sentimientos de odio e intolerancia. En mucho mayor grado de lo que sabíamos, y con mucha mayor intensidad de lo que nunca imaginamos. Esa Costa Rica que renuncia incluso a lo que en el pasado fue su mayor fortaleza: unas clases medias vigorosas, hoy en pleno derrumbe bajo el asedio de la inseguridad económica y la incertidumbre ante el futuro.

Mucha gente creyó que el gobierno de Luis Guillermo Solís podría traer un cambio. No lo hizo, o, a lo sumo, solo lo intentó muy tímidamente. Decepcionó esas esperanzas, pero, en fin, he de reconocer que mi partido, el Frente Amplio, tampoco logró estar a la altura de lo que esperaban quienes le dieron su voto.

Pero, en realidad, nada permite anticipar que esto pueda cambiar. El proyecto neoliberal, fallido en muchos sentidos sustantivos, excepto en la generosidad y largueza con que premia los intereses de minúsculos sectores de gran poder económico, debiera dar lugar a nuevas propuestas y posibilidades. Es necesario, dadas las devastaciones que ha provocado, que nos llevan hoy al borde mismo del abismo.

Con perplejidad despertamos a la realidad de que, lejos de la opción pacifista, igualitaria, dialógica e inclusiva, que presuntamente definía una “vía costarricense”, somos, en realidad, una sociedad que alberga en las profundidades de su siquis colectiva, perturbadores sentimientos de odio e intolerancia. En mucho mayor grado de lo que sabíamos, y con mucha mayor intensidad de lo que nunca imaginamos.

La sucesión escalofriante de femicidios de las últimas semanas viene a ser como una especie clímax macabro, al cabo de tantas y tan encendidos discursos que agitan los fantasmas de una imaginaria “ideología de género”, y disparan una profusión patológica de violentas diatribas homofóbicas. Y, lo digo con toda convicción, que también mueren, hoy como antes, y morirán en el futuro cercano, muchos gais cuya muerte será atribuida a cualquier otra razón, pero jamás vinculadas a su homosexualidad, no obstante ser ésta la razón de fondo. Muertes que jamás serán reivindicadas ni jamás protestadas; que permanecerán silenciadas e ignoradas. Lo digo porque lo he presenciado reiteradas veces a lo largo de toda mi vida.

Pero, en fin, ese proyecto neoliberal, que por mil razones debiera cambiar, sin embargo no cambiará. La composición que tendrá la Asamblea Legislativa a partir del 1° de mayo próximo, augura más bien su profundización, incluso su radicalización, y, por lo tanto, mayores amenazas futuras para la democracia y la paz social.

Cierto, no cabe esperar que desde el Poder Ejecutivo se haga nada sustantivo por cambiar esa ruta al abismo. Pero, aun así, conviene reconocer que podría haber algunos matices no despreciables.

Fabricio Alvarado es un sujeto sin criterio, sin educación, sin convicciones y sin temperamento. Su trayectoria es la propia de un mercader de la fe que, en búsqueda del becerro de oro, sencillamente amplió los escenarios donde actúa: ya no solo las tarimas de los templos evangélicos, sino también las del ámbito político. Lanzado de forma imprevista al primer plano, ha quedado atrapado en las redes que le lanzaron las tecnocracias neoliberales provenientes de los partidos tradicionales: PLN y PUSC. Sin bases ni discernimiento, este señor no entiende una coma en materia de política económica; simplemente firmaría lo que los economistas venidos de esos partidos le pondrán ante los ojos, e intentará repetir, tan bien como sus escasas luces se lo posibiliten, lo que le digan que debe decir.

Carlos Alvarado es, claramente, un hombre mucho mejor educado, de inteligencia despierta, de ideas mucho más claras y capaz de pensar por sí mismo. Se podría admitir que tiene un cierto bagaje políticamente progresista. No es poca diferencia, aunque eso queda opacado, hasta casi desvanecerse, detrás de esos pactos que ha firmado con rancios representantes del neoliberalismo criollo.

Todavía podríamos albergar la expectativa de que Carlos abra siquiera pequeñas ranuras para posibles entendimientos que maticen un poco la tumultuosa ofensiva neoliberal que se nos viene encima. No es que esto sea la gran cosa, pero comparativamente a Fabricio es, siquiera, una tenue luz de esperanza.

Pero hay mucho más que eso, y de grandísima importancia. Es que Fabricio es portador de una visión religiosa de la política y el Estado, que conlleva una gravísima amenaza a la democracia, la república y la civilidad. Los acontecimientos de estos días –reuniones secretas para tramar la violación de la Constitución y las leyes– reafirman que este candidato representa una seria amenaza para la democracia.

Es que la fusión entre religión y política es un cóctel explosivo, porque la religión es espacio de dogmas y verdades reveladas, cuando la política democrática debiera ser espacio de deliberación abierta y equitativa, sin dogmas de ningún tipo, independientemente de la fe o creencias de cada quien.

Cuando la religión invade la política, exporta hacia ésta sus dogmas y, por lo tanto, establece un adentro y un afuera entre quienes aceptan esos dogmas y quienes no. El dogma religioso devenido principio político, legitima automáticamente a quienes los aceptan, como deslegitima a quienes no lo hacen. Porque los dogmas, recordémoslo, no son asunto sobre los que se delibere y decida. Simplemente es obligatorio aceptarlos. Cuando, todo lo contrario, la política en democracia es espacio para disentir, deliberar y decidir.

Claro que sí: la fe de cada quien, sus creencias religiosas, son asuntos respetabilísimos que cada persona debe poder vivir con absoluta libertad. Que cada quien, en el espacio de su iglesia y congregación, acepte los dogmas de su religión y guíe su vida según éstos ordenan. Eso es perfectamente respetable, pero de ninguna manera transferible al espacio público, donde gente con diversas creencias –o sin fe alguna– han de tener pleno derecho a expresarse, a participar y decidir.

Indispensable es esa ágora política donde principios democráticos universales garanticen para todas y todos los derechos fundamentales, inclusive aquellos que son propios de la libertad religiosa, en la plenitud de tal concepto: igual si la fe es católica, neopentecostal, luterana o bautista. O musulmana, judía, hindú o budista. O la que fuere, incluyendo el agnosticismo o el ateísmo. Todos y todas gozando de la misma libertad, receptores del mismo respeto.

Fabricio y su movimiento político no entienden nada de esto. Lo rechazan en términos viscerales: quieren trasladar al ámbito político los dogmas de su religión e imponérselos a todo el colectivo, independientemente de que las otras personas los compartan o no. Lo cual equivale a negar la democracia y el pluralismo, o, en otros términos, a desconocer todos los aportes de la filosofía iluminista, de la ilustración y del liberalismo político. Estamos hablando de avances civilizatorios que datan de los siglos XVII y XVIII. Retroceder, pues, cuatro siglos atrás, hacia la imposición de un orden político regido por dogmas religiosos que son inherentemente enemigos de los principios que fundan las nociones modernas de democracia y república.

Sería un orden político donde las leyes y la institucionalidad definirían derechos e inclusiones; negaciones y exclusiones según criterios religiosos. No la libre deliberación y decisión según principios de libertad de pensamiento y expresión. Solamente la aceptación o no aceptación del dogma y, sobre esa base, tener derechos o no tenerlos.

Fabricio y su movimiento representan una grave amenaza a la democracia y la república. Representan, asimismo, una apuesta a la involución a un ideario pre- moderno, oscurantista, intolerante. Es una convocatoria al odio y la intolerancia contra quienes se aparten de unos dogmas religiosos que, encima de todo, tienen como única base una interpretación literalista, completamente arbitraria, oportunista y acomodaticia, de textos bíblicos escritos hace muchos siglos. Pero, por ello mismo, todo esto representa una apuesta contra la razón y la ciencia; una convocatoria al pensamiento mágico y la hechicería, según se evidencia en la extrema ligereza con que proclaman milagros y sanaciones en masa, presumiendo incluso de tener el poder de controlar a voluntad las placas tectónicas de la Tierra.

Como hombre gay puedo sentirme justificadamente temeroso por la amenaza terrible que Fabricio representa para mí y para quienes, como yo, comparten una orientación sexual y/o identidad de género, distinta a la mayoritaria y hegemónica. Pero el asunto es mucho más grande que eso. Fabricio es una amenaza para las aspiraciones que alguna vez cultivamos de construir una patria realmente inclusiva, pacífica, democrática y justa.

Pregunto con todo respeto pero con el mayor énfasis: ¿realmente creemos en la república, la democracia, la paz, los derechos humanos y la igualdad o esas son tan solo palabras bonitas y vana demagogia, frases carentes de significado y respecto de las cuales no tenemos compromiso ni convicción alguna?

Votaré por Carlos, con todas las muchas reservas que puedo tener, votando por los valores civilizatorios de la democracia, la racionalidad, la ciencia, la paz, los derechos humanos y la civilidad.

Votaré entonces contra Fabricio, consciente de que representa la involución barbárica hacia un orden político intolerante y oscurantista.

Y, con todo respeto, pero con la urgencia y la alarma de quien está convencido de que los valores indispensables para la convivencia en paz y democracia están bajo gravísima amenaza, pido por favor: ¡votemos contra Fabricio!

O sea, e inevitablemente, ¡votemos por Carlos!

 

Tomado del blog http://sonarconlospiesenlatierra.blogspot.com

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Una semana de compromiso con el país

Marcos Chinchilla Montes

 

Estamos a una semana de la segunda ronda electoral. Aunque algunas personas no lo crean, la situación es bien delicada: un pastor fundamentalista, mentiroso, inepto, inexperto en la función pública, incapaz de desarrollar una idea con claridad, que niega los derechos humanos y con reconocidos dotes de discriminador de la diversidad humana, podría convertirse en presidente de este país. Será una debacle nacional, tal y como le tocó a Guatemala años atrás, experiencia que se saldó con miles de asesinatos.

En esta oportunidad, si votaré, cosa que no hice en la segunda ronda entre Luis Guillermo y Johnny Araya. Al menos yo, votaré contra de Fabricio.

Soy del criterio, que durante esta semana tenemos que aprovechar nuestro Facebook, Instagram, Twitter y Whatsapp para dar a conocer de manera masiva -entre nuestros vecinos, amigos, compas de escuela y secundaria, gente de la iglesia, compas de la universidad o el centro de trabajo, familiares- todas aquellas malas virtudes de Fabricio y el fundamentalismo religioso.

En el caso de Whatsapp, recuerde que usted puede hacer una lista de divulgación, o varias listas, incluir ahí a sus contactos, y compartirles información. Y porque no, que sus contactos hagan lo mismo, será solo por una semana. En este tramo final de la “campaña”, tenemos que darle a conocer a nuestra sociedad, los riesgos que implica la elección de Fabricio Alvarado.

 

*Imagen tomada de conozcasucanton.com

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Con el Papa Francisco termina la Iglesia occidental y comienza la Iglesia universal

Por Leonardo Boff

22 Marzo, 2018

En Opinión

Planeta Tierra. Flickr Jonathan Fields

 

Han pasado ya cinco años del papado de Francisco, obispo de Roma y Papa de la Iglesia universal. Muchos han hecho balances minuciosos y brillantes sobre esta nueva primavera que ha irrumpido en la Iglesia. Por mi parte enfatizo solo algunos puntos que interesan a nuestra realidad.

El primero es la revolución hecha en la figura del papado, vivida en persona por él mismo. Ya no es el Papa imperial con todos los símbolos heredados de los emperadores romanos. Francisco se presenta como simple persona, como quien viene del pueblo. Sus primeras palabras de saludo fueron decir a los fieles “buona sera”: buenas noches. A continuación, se presentó como obispo de Roma, llamado a dirigir en el amor a la Iglesia que está en el mundo entero. Antes de dar él la bendición oficial, pidió al pueblo que lo bendijese. Se fue a vivir no a un palacio –lo que habría hecho llorar a Francisco de Asís– sino a una casa de huéspedes. Y come allí con ellos.

El segundo punto importante es anunciar el evangelio como alegría, como superabundancia de sentido de vivir y menos como doctrina de los catecismos. No se trata de llevar a Cristo al mundo secularizado, sino de descubrir su presencia en él por la sed de espiritualidad que se nota en todas partes.

El tercer punto es colocar en el centro de su actividad tres polos: el encuentro con Cristo vivo, el amor apasionado por los pobres y el cuidado de la Madre Tierra. El centro es Cristo, no el Papa. El encuentro vivo con Cristo tiene primacía sobre la doctrina.

En vez de la ley anuncia incansablemente la misericordia y la revolución de la ternura, como lo dijo a los obispos brasileros en el viaje a nuestro país.

El amor a los pobres lo expresó en su primera intervención oficial: “cómo me gustaría que la Iglesia fuese la Iglesia de los pobres”. Fue al encuentro de los refugiados que llegan a la isla de Lampedusa en el sur de Italia. Allí dijo palabras duras contra cierto tipo de civilización moderna que ha perdido el sentido de la solidaridad y ya no sabe llorar por el sufrimiento de sus semejantes.

Suscitó la alarma ecológica con su encíclica Laudato Si: sobre el cuidado de la Casa Común (2015), dirigida a toda la humanidad. Muestra clara conciencia de los peligros que corren el sistema-vida y el sistema-Tierra. Por eso expande el discurso ecológico más allá del ambientalismo. Dice enfáticamente que debemos hacer una revolución ecológica global (n.5). La ecología es integral y no solo verde, pues involucra a la sociedad, la política, la cultura, la educación, la vida cotidiana y la espiritualidad. Une el grito de los pobres con el grito de la Tierra (n. 49). Nos invita a sentir como nuestro el dolor de la naturaleza, pues todos estamos interligados y envueltos en un tejido de relaciones. Nos pide «alimentar una pasión por el cuidado del mundo… una mística que nos anime, unos móviles interiores que impulsen, motiven, alienten y den sentido a la acción personal y comunitaria» (nº 216).

El cuarto punto significativo ha sido presentar a la Iglesia no como un castillo cerrado y cercado de enemigos, sino como un hospital de campaña que acoge a todos sin reparar en su extracción de clase, de color o de religión. Una Iglesia en permanente salida hacia los otros, especialmente hacia las periferias existenciales que abundan en todo el mundo. Ella debe servir de aliento, infundir esperanza y mostrar a un Cristo que vino a enseñarnos a vivir como hermanos y hermanas, en el amor, la igualdad, la justicia, abiertos al Padre que tiene características de Madre de misericordia y de bondad.

Por último, muestra clara conciencia de que el evangelio se opone a las potencias de este mundo que acumulan absurdamente, dejando en la miseria a gran parte de la humanidad. Vivimos bajo un sistema que coloca el dinero en el centro, que es asesino de los pobres y depredador de los bienes y servicios de la naturaleza. Contra ellos tiene las palabras más duras. Dialoga con todas las tradiciones religiosas y espirituales. En el lavatorio de los pies del Jueves Santo estaba una niña musulmana.

Quiere a las Iglesias, con sus diferencias, unidas en el servicio al mundo, especialmente a los más desamparados. Es el verdadero ecumenismo de misión.

Con este Papa que “viene del fin del mundo” termina una Iglesia occidental y comienza una Iglesia universal, adecuada a la fase planetaria de la humanidad, llamada a encarnarse en las distintas culturas y construir ahí un nuevo rostro a partir de la riqueza inagotable del evangelio.

 

(*) Leonardo Boff es Teólogo.

 

Imagen tomada de Historia y biografía de

Enviado a SURCOS por Maria Elena López y Laura Vargas.

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Los pobres y el Catolicismo perderán

Licda. Susan Rojas Alvarado

 

El poder político en manos de grupos evangélicos fundamentalistas es nefasto para los pobres.

Estos grupos evangélicos neopentecostales se orientan por la «teología del bendecido, prosperado y en victoria», muy afín al capitalismo, que tienen como «proyecto de vida» la acumulación de riqueza material, porque la consideran una retribución por parte de Dios a la persona moralmente buena.

En América Latina siempre que se ha unido el neopentecostalismo y el poder político, terminan favoreciendo a los sectores económicamente poderosos e impulsando el neoliberalismo.

Eso sucedió en Perú cuando llevo a Fujimori al poder. Hubo privatización de empresas estatales, más pobreza y corrupción.

Y está sucediendo en Guatemala con un presidente Pastor evangélico.

Lamentablemente, mucho católico votó por Fabricio en razón de lo mandado por la CIDH y la ideología de género.

Ahora, se anuncia una alianza entre los evangélicos y los neoliberales de los partidos tradicionales.

Recordemos lo que ha sucedido en la Asamblea Legislativa, entre Liberación y Pastores, a la hora de aprobar leyes.

Esa alianza será en contra de los pobres y la Iglesia Católica.

Los partidos tradicionales con su modelo de desarrollo y políticas económicas neoliberales, han sido incapaces de bajar los índices de pobreza extrema, desempleo y otros en los cantones que votaron mayoritariamente por Fabricio (cantones más pobres del país, IDS).

De manera que a la molestia popular por el tema de «ideología de género» se le sumó el de un voto protesta contra políticos y partidos tradicionales. Y en gran parte contra el Partido de Gobierno que abrió grandes esperanzas de cambio y no lo logró.

Lo dramático es que Fabricio, si llega a la presidencia no tiene equipo económico para gobernar y se lo pedirá prestado a agrupaciones políticas tradicionales (desde la alianza evangelismo y neoliberalismo).

Conclusión los pobres seguirán perdiendo.

También, el voto Católico que llevó a Fabricio a la segunda ronda, favoreció servir en bandeja de plata el poder político al evangelismo que se va a revertir contra los intereses y posicionamiento de la Iglesia Católica en Costa Rica y su visión de desarrollo integral desde la Doctrina Social de la Iglesia.

Conclusión los católicos también perderíamos.

 

*Imagen con fines ilustrativos tomada de prtemistocles.com.br

Enviado a SURCOS por la autora.

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Religión Civil o Religión de Estado

Cedeño, Rogelio (2004). Religión Civil o Religión de Estado. El conflicto durante la reforma liberal en Guatemala y Costa Rica. Heredia, Universidad Nacional, Departamento de Filosofía.

Reseña Bibliográfica

Álvaro Vega Sánchez

Sociólogo

Religion Civil o religion de Estado

Es un gusto comentar una obra escrita por Rogelio Cedeño, amigo y colega de hace muchos años. Este trabajo, si bien representa la culminación de sus estudios del programa de Maestría en Estudios sobre Cultura Centroamericana con Énfasis en Religión y Sociedad, hay que situarlo en un marco más amplio. Expresa y recoge el pensamiento y el carisma de un académico y sociólogo de visión aguda y crítica, y de una amplia y reconocida trayectoria como profesor, investigador y activista social y político. A Rogelio lo distinguen grandes cualidades humanas y profesionales. Es una persona que, ante todo, asume el trabajo sin poses academicistas ni cálculos utilitaristas, sino con la pasión y gratuidad de quien sabe entregarse con cariño a la tarea de cultivar la academia, como el ejercicio que busca poner el conocimiento al servicio de las más nobles causas. Rogelio las más de las veces nos resulta irreverente –algo así como el bufón de la corte-, pero nunca irrespetuoso. Es por ello que siempre estamos atentos a lo que dice y piensa; nos hace reír y pensar a la vez, algo que sólo saben hacer los buenos maestros.

El título del libro “Religión Civil o Religión de Estado” nos invita al juego. La “o” puede ser inclusiva o excluyente. Y este es el primer merito de su trabajo, a saber, contribuir al debate teórico sobre dos categorías de análisis sociológico sumamente sugerentes y fecundas. Distingue entre una religión de Estado de perfil institucional y confesional, en su doble función de aparato ideológico (Althusser) y represiva o policíaca (Gramsci) y una religión civil de carácter más difuso -menos institucional- que se comporta como una forma de religiosidad secular o de secularidad sagrada (Salvador Giner/ J.J.Rousseau) con funciones legitimadoras o contestatarias de un determinado status quo sociopolítico. La “o” es excluyente en dos direcciones. Por referencia al contenido o naturaleza de ambas categorías: la primera refiere a una práctica institucional circunscrita al campo propiamente religioso y la segunda más bien a una práctica cultural, filosófica, económica o política, es decir propia del campo secular, que se reviste de sacralidad. Por su función, mientras la segunda es concebida como legitimadora de un poder político hegemónico, la primera admite la posibilidad de convertirse en contestataria o factor de resistencia del poder hegemónico; tal es el caso de algunas manifestaciones de religiosidad popular (“aculturación antagonista”, según Devereux). La “o” también puede ser inclusiva. La religión civil puede llegar a comportarse como religión de Estado, aunque asume un perfil más propiamente civil o secular, se sacraliza a afecto de cumplir su función política legitimadora del poder hegemónico; tales son los casos de la doctrina imperial de la “pax romana” así como la doctrina política del “destino manifiesto” o la misma ideología del progreso y el control cientificista , propios del ideario liberal.

Sólo el hecho de recuperar estas categorías de análisis, fundamentarlas y utilizarlas para destacar el papel del componente simbólico religioso en el conflicto suscitado por la reforma liberal en Centroamérica, constituye un aporte sumamente valioso en el campo de la sociología de la religión. El trabajo de Rogelio, en este sentido, es pionero e invita a retomar estas y otras categorías de análisis para profundizar en el papel que han cumplido las estructuras simbólicas religiosas en la constitución misma de las “nacionalidades” o en la pluralidad de identidades culturales y políticas, propias de la región centroamericana. De alguna manera, con este aporte, Rogelio está respondiendo a la preocupación expresada por Pierre Bourdieu respecto de la subvaloración que se ha dado al extraordinario poder constitutivo de lo social -en el sentido de la filosofía y la teoría política- que tienen las estructuras simbólicas; agrega, además, este autor que si bien estas estructuras le deben mucho a las capacidades específicas del espíritu humano, le parecen definidas en su especificidad por las condiciones históricas de su génesis. Y es aquí donde la sociología tiene que darse la mano con la historia. El trabajo de Rogelio bien podría calificarse de sociohistórico; son abundantes -y de reconocida calidad- las fuentes que utiliza para fundamentar e interpretar el conflicto suscitado con la reforma liberal en Guatemala y Costa Rica, y en relación con el campo religioso concebido desde las categorías de religión civil y religión de estado. El trabajo, precisamente, busca develar cómo en la construcción de las identidades nacionales y culturales, para el caso costarricense y guatemalteco en particular, gravitaron con fuerza constitutiva estructuras simbólicas religiosas que asumieron tanto la forma de religión civil como de estado, con miras a recrear y legitimar un “imaginario” de nación, que sirviera a los intereses de los sectores hegemónicos y, a su vez, contribuyeran a cohesionar e integrar a los diferentes sectores sociales.

En su trabajo, destaca la incidencia que tuvieron la Reforma Protestante del Siglo XVI y la Ilustración del Siglo XVIII en la descomposición del Antiguo Régimen y el surgimiento de nuevas formas religiosas. Efectivamente, a partir de estos hitos históricos asistimos a la modernidad, cuya característica fundamental, como señalan P. Berger y T. Luckmann no es tanto la secularización -de exportación limitada en su versión europea- sino el pluralismo. En esta dirección, el trabajo de Rogelio destaca la pluralidad de formas religiosas, que se abrirán paso a contrapelo de un modelo de cristiandad que se resiste a morir; pero que resulta en un obstáculo estructural para el nuevo contexto político y cultural. Por tal motivo, se hace inevitable el conflicto entre una religiosidad exclusivista e intolerante frente a las exigencias de una cultura pluralista y unas naciones interesadas en abrirse a nuevos mercados. Pero, en todo caso, los cambios impulsados por la reforma liberal y las nuevas expresiones religiosas y culturales, no alcanzaron a superar las bases oligárquicas de los estados nacionales, ni tampoco significaron avances en la laicización de los poderes públicos, a no ser en algunas coyunturas pasajeras.

Muestra, asimismo, cómo algunos hechos históricos de carácter político como la Campaña Nacional de 1856 en Costa Rica, ideales o doctrinas como la del progreso y la modernización, prácticas religiosas como la del protestantismo y organizaciones como la masonería, asumieron características de religiosidad civil o de estado, dirigidas a consolidar los nuevos estados nacionales en el marco del nuevo proyecto liberal. Es interesante, en este sentido, llamar la atención sobre dos aspectos: la militancia de sacerdotes católicos liberales en las logias masónicas así como la afinidad de los protestantes con las mismas –un campo todavía incipiente de investigación, como bien lo destaca el historiador Pierre Bastian-. No hay que olvidar que para el clero conservador los liberales, los protestantes y los masones constituían una especie de “trinidad” diabólica. Cabría estudiar más a fondo hasta qué punto la masonería se convirtió en una forma de religiosidad civil o devino también en religión de Estado. Además, es significativa la referencia a la función ideológica y étnico-cultural de héroes nacionales como Juan Santamaría, toda vez que se destaca que en nuestro país no pesa tanto el componente étnico, a diferencia del caso guatemalteco. También la Virgen de los Ángeles, otro símbolo religioso oficializado de resistencia a una “cultura racista”. En este aspecto es muy amplio el universo simbólico-religioso. Así, por ejemplo, podría incluirse el café, que de alguna manera se elevó a símbolo religioso: “el grano de oro” – “en el café confiamos” parece ser el lema del viejo billete de cinco colones ilustrado con una pintura alusiva a la recolección del café-; asimismo se erigió un templo por y para la oligarquía cafetalera: el Teatro Nacional, que se constituyó en símbolo por excelencia del espíritu modernizante de la época y de la cultura oligárquica que lo impulsó. Por su parte, el protestantismo, como bien destaca Rogelio, se concibió como un aliado ideológico y religioso estratégico de cara los intereses liberales y a la necesidad de ofrecer un contrapeso ideológico-religioso al sector conservador de la Iglesia Católica. Efectivamente, esta religión en su versión fundamentalmente norteamericana, se presentaba como afín ideológica y políticamente al proyecto liberal, por su énfasis individualista –la salvación como responsabilidad individual- , su interés en propiciar la educación como medio de ascenso social y su ética de la responsabilidad en el cumplimiento de las tareas laborales, lo que se traducía en un comportamiento productivista, sumiso y obediente.

Concluye el autor, su trabajo, volviendo al punto de partida teórico sobre la ambigüedad misma del concepto de religión civil, pero ahora al parecer más convencido de la necesidad de referir este concepto a aquellas prácticas religiosas o de secularidad sagrada más propiamente contestatarias, al estilo de los movimientos por la defensa de los derechos civiles de los negros en Estados Unidos, especialmente en referencia al papel que jugó el pastor bautista Martín Luther King, así como a la lucha contra el colonialismo impulsada por Gandhi. Es por ello que su análisis llama la atención sobre cómo el proyecto liberal se consolidó y legitimó apropiándose del capital simbólico religioso tanto de la Iglesia Católica como del protestantismo y la masonería, cerrando el espacio a expresiones religiosas de una “sociedad civil alternativa”, especialmente referidas a prácticas de religiosidad popular propia de los pueblos originarios así como los de la “diáspora africana”.

El aporte de Rogelio en este trabajo, por lo demás muy bien escrito y ampliamente documentado, rebasa los aspectos puramente contextuales, propios de su análisis empírico. Como ya hemos sugerido, propicia el debate alrededor de categorías fundamentales para una mejor comprensión de las relaciones entre religión, política y cultura. En este sentido son sumamente interesantes y sugerentes sus apreciaciones críticas respecto del aporte teórico de J.J.Rousseau, pionero en este campo. Es muy valioso también el análisis de la doctrina del “destino manifiesto”, toda vez que la misma gravitó con fuerza no sólo en las aspiraciones de los Estados Unidos por ejercer hegemonía en las nuevas repúblicas centroamericanas y latinoamericanas, sino que también fue asimilada por los sectores emergentes modernizantes que procuraban un desarrollo para los nuevos estados nacionales, asumiendo los ideales de progreso propagados por aquella doctrina político-religiosa.

Otro aporte valioso del trabajo de Rogelio es abrirnos camino para profundizar desde sus planteamientos teóricos, y en el campo específico de la sociología de la religión, en ámbitos tales como: a) estudios sobre lo étnico-religioso como resistencia cultural y política; b) estudios comparados de simbología religiosa; c) análisis de discursos religiosos y políticos en el período de consolidación del proyecto liberal; y d) análisis sobre religión, cultura y racismo en Centroamérica.

Este libro es de interés para la academia universitaria, especialmente en campos como la teología, la sociología, la antropología y la historia. Ofrece insumos para quienes quieren comprender el fenómeno de la dinámica cultural y política y su correspondencia con el campo religioso en la región centroamericana. Como ya hemos indicado, sus aportes son una valiosa contribución para profundizar y enriquecer el debate teórico sobre religión, cultura y política en el contexto de las transformaciones sociopolíticas y culturales actuales. Lo que estamos diciendo es que se trata de una abra de gran actualidad, para quienes quieren contribuir a proyectar, con visión crítica y creativa, nuevas alternativas de organización social, convivencia política y cultural. Es por ello que su lectura puede ser recomendada al público en general, que esté interesado en entender y profundizar no solo en los hechos que durante el siglo XIX contribuyeron a la constitución de los estados nacionales centroamericanos bajo el ideario del proyecto liberal, sino en lo que acontece hoy respecto de la relación entre religión y política . La historia no se repite pero se recrea, por eso es fundamental su comprensión para entender y vivir con sentido el presente, contribuyendo a proyectar un mejor futuro. El libro de Rogelio sin ser un acercamiento propiamente histórico sino de carácter sociológico y cultural de interpretación del fenómeno religioso, nos sitúa en un contexto histórico -analizado desde sus condiciones sociopolíticas y culturales- que cumple con tal cometido. Sirvan estas notas de motivación para invitar, respetuosamente, a la lectura de este excelente trabajo.

 

Enviado por Rogelio Cedeño Castro.