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El señor de los anillos quiere ganar la guerra

Gilberto Lopes
San José, 3 de junio 2026

Los ingenieros de élite de Silicon Valley tienen la obligación de participar en la defensa de nuestra nación, de nuestros valores. De preservar la ligera ventaja que los Estados Unidos y sus aliados occidentales todavía tienen sobre sus adversarios.

Así comienzan Alexander C. Karp, cofundador y CEO de Palantir, y Nicholas W. Zamiska, encargado de asuntos corporativos y consejero legal en la oficina de Karp, La República Tecnológica (*), un libro de 220 páginas, publicado en febrero del año pasado.

Este libro –dicen– pretende promover la discusión sobre el papel que Silicon Valley puede jugar en la reinvención del proyecto nacional; su base es un firme compromiso con el liberalismo y sus valores.

Palantir

¿Qué es Palantir? Es el nombre de la piedra de obsidiana con la que Sauron vigila a sus subordinados en la obra “El señor de los anillos”, de J.R.R. Tolkien. Es el nombre elegido para esta firma, una empresa de software de Silicon Valley, nacida en 2003 con una inversión de In-Q-Tel, el fondo de capital de riesgo de la CIA, que presta servicios a los sectores de defensa, seguridad e inteligencia, no solo de los Estados Unidos, sino de otros diversos países.

Peter Thiel, multimillonario fundador de Palantir y de Paypal, entre otras empresas, se ha instalado en la Argentina de Javier Milei, con quien comparte los principios del anarcocapitalismo.

Se estima que Palantir vale hoy cerca de 400 mil millones de dólares, más de 80 veces su ingreso anual, gracias a sus contratos con los órganos de defensa y de seguridad, con departamentos de policía, sin que se sepa bien la extensión de sus negocios, entre cuyos clientes se incluye el ministerio de Defensa británico, las Fuerzas de Defensa de Israel y las fuerzas armadas de Ucrania.

Inspirados en su visión liberal de la sociedad –Karp hizo un doctorado en filosofía en la Universidad Goethe de Frankfurt y estudió brevemente con el recientemente fallecido filósofo alemán, Jürgen Habermas, que cita en su libro– aseguran que “la capacidad de las sociedades libres y democráticas para imponerse exige algo más que un llamado moral. Exige hard power, y el hard power de este siglo se basará en el software”.

Silicon Valley

La República Tecnológica comienza con una crítica a lo que califican como una pérdida de rumbo de las tecnológicas de Silicon Valley. Habiendo sido abandonada el alma del país en nombre de la inclusividad, reivindican la necesidad de apoyar un “proyecto político más ambicioso”, hacer algo que “realmente valga la pena”. No ahorran críticas a personajes como el ya fallecido CEO de Apple, Steve Jobs, ni a su empresa, dedicada a satisfacer la demanda de un público ávido de Iphones o de computadores portátiles, pero poco comprometidas con un proyecto nacional.

No se trata solo, para Palantir, de un compromiso con el capitalismo y los derechos del individuo, que estiman insuficientes “para sostener el alma humana”. Reivindican “una noción sustantiva de una vida buena o virtuosa”, una definición que “excluye algunas ideas y defiende otras”.

“Hoy en los Estados Unidos, los principales temas que comparte la sociedad no son cívicos o políticos. Son, más bien, entretenimiento, deportes, celebridades y moda. Los viejos temas que conformaban una nación, un sistema educacional, el servicio militar obligatorio, la religión, el lenguaje común, una prensa próspera y libre, han sido desmantelados”.

Será a esa República Tecnológica que corresponderá recuperar la identidad perdida, los objetivos compartidos, los rituales cívicos capaces de mantener la sociedad unida.

¿Cuáles son? No quedan definidos claramente en la propuesta de Karp y Zamiska.

La defensa de la Nación

Palantir encontró, en la guerra de Afganistán, a principios del siglo, un escenario particularmente importante para las aspiraciones de la empresa.

“Había información suficiente para trabajar, pero estaba repartida en docenas, o centenares, de departamentos, que no la compartían. La tarea de unirla, de hacerla útil para decidir qué poblado atacar, qué prisioneros interrogar, qué preguntas hacer, era una tarea imposible”. Para hacerla posible el software de Palantir jugó un papel esencial, unificando la información y poniéndola a disposición de los militares, “que necesitaban navegar rápidamente en una base de datos que les permitiera ver el contexto en el que iban a desarrollar su misión”.

Los vientos estaban cambiando. Era esencial dirigir nuestra atención hacia la construcción de una nueva generación de armas con Inteligencia Artificial. En marzo del 2019, “Palantir ganó un contrato para construir nuevas plataformas de inteligencia para el Pentágono. “Según el Washington Post, por primera vez el gobierno tocaba la puerta de una compañía de software de Silicon Valley, en vez de los contratistas militares habituales”.

El secretario de Defensa (o de Guerra, como prefiere el gobierno actual), Pete Heghset, definió los nuevos objetivos en dos discursos, en octubre y noviembre del año pasado.

El 7 de noviembre, en el National War College de Washington, Hegseth habló ante generales y representantes de la industria de defensa. Les dijo que “el sistema de contratación pública de defensa, tal y como lo conocen, ha dejado de existir. Ahora es un sistema para la guerra”.

Para Hegseth la revisión de esos criterios “es un paso decisivo en la reconstrucción de la nación que en su día lideró el mundo, transformando las ideas en poderío bélico, los pensamientos en letalidad”. Queremos que las empresas “aporten soluciones innovadoras a nuestros combatientes para que podamos tener una ventaja abrumadora en las guerras futuras”.

¿Ventajas abrumadoras en guerras futuras? ¿En cuáles estará pensando Hegseth? ¿En qué ventajas?

Paslantir encaja bien, en todo caso, en el nuevo escenario. El sector tecnológico –dicen Karp y Zamiska– “se había alejado de los militares, desinteresado de pelear con una creciente burocracia y con una opinión negativa del público”.

Palantir tomó otra decisión, “quizás por algún gusto por el conflicto o la obstinada persecución de algo, de algo que funcionara”. Creen que fue “la voluntad de responder al mundo tal como es, no como nosotros desearíamos que fuera, la principal razón por la que la última generación de gigantes de Silicon Valley ha llegado tan lejos como ha llegado”.

EL MANIFIESTO DE PALANTIR

El 18 de abril pasado, Palantir publicó, en su cuenta de X, un manifiesto de 22 puntos donde resumía lo esencial de La República Tecnológica. En solo dos días tenía ya más de 30 millones de visualizaciones.

El manifiesto inicia con un llamado a “rebelarnos contra la tiranía de las aplicaciones”. “Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su ascenso”, afirman. Luego se refieren a la forma como piensan cumplir esa misión: “La élite de la ingeniería de Silicon Valley tiene la obligación positiva de participar en la defensa de la nación”.

Su visión sobre el papel de los Estados Unidos no es distinta a la de prácticamente todos sus dirigentes políticos. Ningún otro país en la historia del mundo –afirman-, “ha impulsado más los valores progresistas que este”. Agregan que el poder estadounidense ha hecho posible una paz extraordinariamente prolongada.

Las dos afirmaciones merecen alguna reflexión. Sobre el papel de los Estados Unidos, surgido del desarrollo del capitalismo hace ya más de dos siglos, libre de las trabas que, en Europa, significaba el viejo orden feudal, no solo les permitió una rápida expansión geográfica, ocupando territorios indígenas y avanzando sobre territorios de naciones vecinas, sino que extendió sus intereses económicos, hasta imponer un sistema prácticamente universal.

Sistema en el que se percibe hoy formas de decadencia que Palantir pretende enfrentar. No se trata solo del orden económico, sino también del político, como la democracia liberal sometida a nuevas formas, tanto en Estados Unidos como en otros países del mundo.

Su visón de que “el poder estadounidense ha hecho posible una paz extraordinariamente prolongada” se refiere, naturalmente, al territorio norteamericano. El resto del mundo vivió una guerra permanente, llevada a cabo por Estados Unidos a los más diversos rincones del mundo, en la misma medida en que iba extendiendo su influencia económica e imponiendo su orden político.

La propuesta de Palantir no es otra cosa que mantener viva esa condición, amenazada por otros modelos de organización económica y política con fuerzas que, paulatinamente, se han ido equiparando y, en algunos casos, superando a las de los Estrados Unidos.

Palantir y la encrucijada

Palantir sugiere que la era de disuasión atómica ha llegado a su fin. Una nueva generación de armas basada en la Inteligencia Artificial sustituirá a las nucleares como nuevo instrumento de disuasión. Es ahí donde Silicon Valley puede desempeñar un papel decisivo, muy distinto al que ha venido desempeñando, orientado a la defensa de la nación, como Karp y Zamiska proponen en su libro.

Estiman que hemos llegado a una nueva encrucijada, similar a la que enfrentaron los inventores de la bomba atómica: el software y las capacidades de la inteligencia artificial que Palantir y otras compañías están desarrollando facilitan el despliegue de nuevas armas letales. Un sistema de armas con una Inteligencia Artificial cada vez más autónoma que tiene sus riesgos, contra los que el Papa advirtió recientemente, como veremos.

Karp ve la aplicación de la inteligencia artificial al desarrollo de armas modernas como un instrumento del equilibrio de poder. Desde su punto de vista, la nueva tecnología tiene el potencial de condicionar la política internacional en este siglo y en el próximo, del mismo modo que las armas nucleares lo hicieron en el siglo pasado.

Los ingenieros de Silicon Valley se ven entonces –como los del Proyecto Manhattan, con el que Estados Unidos construyó la primera bomba atómica– enfrentados a una nueva encrucijada, ética y política. Un dilema resuelto, como sabemos, con la decisión de avanzar en la construcción de las nuevas armas, como se hizo entonces y como hacen hoy empresas como Palantir.

La crítica

John Ganz, escritor y columnista de The Nation, no ahorró críticas al libro de Karp y Zamiska.

Para Ganz es un libro “terrible”. Es, literalmente, un llamado a las armas. Anuncia un futuro oscuro y deprimente. Es pésimo tanto en forma como en contenido. Mal escrito, aburrido, lleno de ideas malas –cuando logramos entresacarlas de los clichés y las repeticiones­– que van desde lo simplemente dudoso hasta lo execrable e inquietante.

Los autores defienden la democracia como uno de los valores occidentales, pero parece que tienen algo más en mente. Miran con envidia a nuestros rivales autoritarios, dice Ganz. De hecho, la visión que plantea el libro es profundamente antidemocrática y elitista. En su opinión, el libro y el manifiesto son poco más que una estrategia de ventas.

Naturalmente, no es el único crítico. Gideon Lewis-Kraus, columnista del The New Yorker, se le adelantó unos días. En un artículo con el título de “La guía de Palantir para salvar el alma de Estados Unidos”, dice que el argumento central del libro es que la supervivencia de los Estados Unidos depende de la revitalización del complejo militar-industrial.

Con la posible excepción de “De cero a uno” (libro de Peter Thiel, que Lewis-Kraus califica como uno de los ejemplos más sólidos de un género que combina negocios y autoayuda), “la mayoría de los libros de los expertos en tecnología resultan decepcionantes. Karp parece el tipo de persona que podría haber incrementado la lista”.

Las aspiraciones de algunos ingenieros de Silicon Valley, de restaurar la grandeza de un Estados Unidos que visualizan en decadencia, no es nueva. Karp piensa que restaurando el complejo militar-industrial puede “hacer nuestro país grande nuevamente”.

El mismo Lewis-Kraus cita, al inicio de su artículo, publicado el 19 de febrero del año pasado, que en la primavera del 2014, un ingeniero transnarquista de Google demandó a la Casa Blanca “parar la decadencia nacional”. Su plan era sencillo: pensionar a todos los empleados gubernamentales; transferir la autoridad administrativa a la industria tecnológica; nombrar a Eric Schmidt CEO de los Estados Unidos. Schmidt –nos recuerda– era CEO de Google y un “avatar del liberalismo tecnocrático”.

El exministro de economía griego, Yanis Varoufakis, fue otro, entre muchos, de los que salieron al paso de la propuesta, en el artículo “Palantir y el nuevo orden”.

Surge una nueva forma de capital, un capital en la nube, máquinas algorítmicas que aseguran a sus propietarios el notable poder de cambiar nuestro comportamiento, afirmó.

La República Tecnológica sería un intento de definir la ideología que lo justifica. Varoufakis la llama “techlordism”. Los “señores de la tecnología”, cuya tarea sería proveer la cobertura ideológica para colonizar todo: el comportamiento humano, las instituciones públicas y el mismo Wall Street, lo público y lo privado, además de los individuos.

Desarmar la IA

El Papa León XIV también ha sumado su voz al debate. El uso de la inteligencia artificial para fines militares fue analizado en la reciente encíclica “Magnifica Humanitas”, de cerca de 42 mil palabras, de gran repercusión, más allá de sectores religiosos.

El «crecimiento del complejo militar-industrial se ha convertido en una característica propia del panorama político actual», con el “resurgimiento de la guerra como instrumento de la política internacional», dijo el Papa, que ya en un discurso ante los cardenales, el año pasado, había advertido que la IA era una amenaza potencial para la «dignidad humana, la justicia y el trabajo».

No se debe confiar decisiones letales o irreversibles a sistemas artificiales”, dijo el Papa, en lo que parece ser una velada referencia a lo ocurrido en la guerra contra Irán, cuando misiles norteamericanos, basados en mapas antiguos, utilizados por el software de Palantir para definir objetivos, destruyeron una escuela primaria femenina en la localidad de Minab, causando la muerte de más de cien niñas.

Antonio Spadaro, un jesuita italiano que fue cercano al Papa Francisco comentó la encíclica de León XIV en una entrevista concedida a Gilles Gressani, director de la página Le Grand Continent.

“La encíclica es más política, más geopolítica, más conflictiva”. Las novedades doctrinales más relevantes son al menos cinco, afirmó, entre ellas la introducción del concepto de desarmar la IA, sustrayéndola de la lógica de la competencia armada. La posibilidad de delegar en una máquina la decisión de matar es un fenómeno sin precedentes. “La decisión letal no puede delegarse a procesos automatizados, debe permanecer bajo un control humano efectivo”, afirma el documento.

La encíclica no menciona a Trump, pero la referencia es evidente en varios pasajes, dice Spadaro, como cuando critica la normalización de la guerra, el rearme como respuesta a toda crisis o cuando desmonta la lógica del “yo primero”.

Spadaro destaca el significado de la presencia de Christopher Olah, un millonario cofundador de Anthropic, una empresa de inteligencia artificial, en la mesa con el Papa, cuando se anunció la Magnifica Humanitas. Trump canceló contratos con Anthropic en febrero pasado, después de que la empresa se negara a permitir el uso de su software en vigilancia interna o en armas totalmente autónomas.

Una mirada al mundo

Nos parece que aquí hace falta una pausa, para ver más allá de Silicon Valley y hacer una mirada hacia el mundo. Al de entonces y al de ahora. Karp afirma que la supremacía del poder militar norteamericano en el siglo pasado ayudó a mantener la actual frágil paz en el mundo. Para mantenerla hoy propone un nuevo tipo de Proyecto Manhattan, manteniendo “el control exclusivo de las formas más sofisticas de Inteligencia Artificial en el campo de batalla”.

Pero eso ya no parece posible. El análisis obvia –por un lado– la naturaleza de una guerra donde la capacidad destructiva de las armas es cada vez mayor, sin descartar, ciertamente, las nucleares. Por otro, la decadencia de los Estados Unidos, enfrentado al surgimiento de China como una nueva potencia mundial.

La ausencia de esa consideración política mina el argumento de Karp, concentrado siempre en la preocupación de mantener una ventaja tecnológica que él mismo reconoce precaria. Probablemente cada vez más precaria y, en algunos aspectos, ya sobrepasada por sus adversarios.

Es muy distinto enfrentar a un enemigo mucho más débil, aunque fuera también una potencia nuclear (como La Unión Soviética, durante la Guerra Fría; o Rusia, después), que enfrentar a una potencia emergente que lo supera ya en diversos aspectos, inclusive militares, como China. Y que, además, no es el único rival. Hay que sumar Rusia y potencias nucleares como Corea del Norte, un escenario mucho más complejo que el de hace tan solo unos 45 años.

Es evidente –y el mismo Karp lo sabe– que en una confrontación de la naturaleza que él se imagina no habrá ganadores. Sería simplemente el fin de la humanidad. Sin embargo, sueña con una República Tecnológica capaz de ganar esa guerra. No se le escapa del todo la idea de la decadencia de las sociedades que llama “libres” y “democráticas”. Lo hace cuando reconoce que necesitan hoy más que un atractivo moral para atraer aliados. “Eso sirvió durante algunas décadas”, después de la Guerra Fría. Hoy hace falta, más claramente que entonces, poder militar.

Es una república muy parecida a la que Hegseth propone cuando delinea las nuevas orientaciones del Pentágono, cuando afirma que “no nos conformamos con construir un ejército más fuerte. Estamos sentando las bases para un dominio continuo durante las próximas décadas”. “Si es necesario, entraremos en guerra con el ejército y el equipo que tenemos, y ganaremos”. “Tendremos el arsenal necesario para defender la libertad y seremos sus guardianes”, agrega.

A Karp, como a Hegseth, les falta la visión de que, más que la bomba, fue el desarrollo de la economía norteamericana el fundamento de la preponderancia de los Estados Unidos. Como he sugerido en otro trabajo (y no me voy a extender sobre eso aquí), Estados Unidos llegó a la cumbre de su poder con la victoria en la Guerra Fría y la disolución de la Unión Soviética. Desde entonces vive su lenta decadencia, algunas de cuyas expresiones más acabadas son la enorme concentración de la riqueza (de la que Palantir es un ejemplo) y el crecimiento insostenible de su deuda fiscal.

Quisiera sugerir que esa decadencia es no solo el fundamento de un rezago que no puede remontar, sino también la causa fundamental del desorden político que vive hoy la democracia liberal.

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(*) The Technological Republic

Hard power, soft believe and the future of the West

Alexander C. Karp and Nicholas W. Zamiska

Crown Currency, New York

Feb, 2025

Kit de supervivencia ciudadana

Por JoseSo (José Solano-Saborío) / Entre Verdades y Opiniones
Cortocircuitos Mentales y la Resistencia Frente al ‘Chavismo Tico’

¡Hola! Qué bueno que te tomás un ratito para leer esto. Buscate un buen café, acomódate y prestá mucha atención si te sentís preocupado o ansioso por lo que vivimos con el actual gobierno, porque antes de arrancar con el tema de hoy quiero hacerte una advertencia muy importante: al final de esta colum te voy a dejar una propuesta de resistencia.

Sí, un kit de supervivencia ciudadana, pensado especialmente para vos y para todos los que no se han dejado enajenar por la estrategia de comunicación y la PNL de este oficialismo —ese estilo que muchos ya han bautizado en las calles como el del «chavista«—. Así que acompañame hasta el final, porque vamos a armarnos de herramientas reales para sobrevivir a lo que hoy se siente como una pesadilla y, sobre todo, para ayudar a nuestro país a despertar.

Retomando el hilo de lo que veníamos conversando en columnas anteriores, ya tenemos claro que el cerebro hace un cortocircuito cuando la realidad no cuadra con el fanatismo, y que los estrategas políticos se aprovechan de eso manipulando el miedo y la frustración. Hoy lo vemos a diario: gente hipnotizada por un discurso de poder diseñado para que no piensen, sino para que reaccionen a la defensiva. Les han instalado —a través de trolles en redes sociales o de los circos de los miércoles en Zapote— un reflejo automático donde cualquier crítica, por más fundamentada que sea, se responde con un ataque prefabricado. Si pueden, busquen los escritos en línea o en librerías, de León Festinger.

Pero no todo está perdido. Desde la ciencia política, la psicología y la comunicación estratégica existen formas de romper ese hechizo. Aquí es donde entra nuestra propuesta de resistencia, basada en dos acciones que podés empezar a aplicar desde hoy mismo.

1. El cortocircuito socrático: No devolvás el insulto, hacé preguntas

La primera es dominar el arte de no morder el anzuelo y aplicar lo que los filósofos llaman el método socrático. Yo sé que cuando estás intentando debatir algo importante y de la nada te lanzan esos insultos que ya les dejaron programados en la cabeza —cosas como «crema de rosas», «chimazón», «perico», «zurdo», «comunista» o «defensor de ratas»—, lo que te pide el cuerpo es devolver el golpe y enojarte. ¡No lo hagás! Si te alterás, los estrategas del caos ganan, porque su único objetivo es sacarte de tus casillas y evitar el debate real. Recordá que ellos han sido programados para no pensar, para lidiar con su incomodidad mental.

La estrategia socrática te propone algo mucho más inteligente: responder a esos ataques con preguntas genuinas, calmadas y directas. Si alguien te grita «¡pura chimazón!», vos respondele con total tranquilidad: «¿Exactamente qué parte de pedir que los fondos públicos se usen bien te parece que es estar dolido? ¿A vos no te preocupa el futuro de tu plata?». Al no encontrar un insulto de vuelta, y al verse obligados a tener que racionalizar y explicar un ataque que simplemente repitieron como loros, su cerebro choca de frente con la disonancia cognitiva.

Les provocás un cortocircuito monumental. Si hacés esto de manera sistemática y pacífica, eventualmente los llevás a un shock mental. Es como encenderles la luz de golpe; esa necesidad de procesar la pregunta resquebraja el condicionamiento que les implantaron y, poco a poco, los obliga a despertar de su trance.

2. El arte como escudo: La resistencia cultural

La segunda herramienta de nuestra resistencia es igual de vital y tiene siglos demostrando su poder: el uso de las expresiones culturales. A lo largo de toda la historia de la humanidad, frente a los sistemas más enajenantes y autoritarios, el arte y la cultura siempre han sido el gran escudo de la resiliencia humana. El fanatismo político quiere un mundo en blanco y negro, donde todos griten y nadie escuche; busca deshumanizar al que piensa distinto.

Pero una canción bien escrita, una obra de teatro, un buen libro, una sátira inteligente o un simple mural en la calle tienen la magia de saltarse todas las defensas lógicas y las barreras del prejuicio. El arte le habla directamente a la conciencia individual. Por eso, el arte es un acto de rebeldía y una forma hermosísima de desprogramar mentes.

Y ojo, aquí hay un detalle fundamental: no necesariamente te tenés que convertir vos en el artista. Si sentís que no tenés ese talento, ¡no pasa nada! No hace falta que agarrés un pincel o compongás una canción. Tu papel en esta resistencia puede ser, sencillamente, el de difundir. Podés ayudar muchísimo compartiendo y dándole visibilidad a las obras de esos pintores, escultores, poetas, músicos, y escritores que están alzando la voz. Darles a ellos una plataforma en tus redes o en tus círculos de amigos es darle oxígeno a la sociedad.

Mientras el discurso oficialista intenta llenarnos de enojo y divisiones, la cultura nos devuelve la empatía, el humor y la humanidad que tanto necesitamos para reconstruirnos.

Así que ya lo sabés. La próxima vez que te enfrentés a ese muro de fanatismo, respirá hondo, lanzá una buena pregunta socrática y, cuando llegués a casa, compartí esa obra, ese poema o poné a sonar esa música que te recuerda por qué vale la pena seguir luchando por un país mejor. No estamos solos en esto.

La independencia del juez es una garantía ciudadana

Gustavo Román Jacobo

La independencia del juez es una garantía ciudadana que, en el caso de los magistrados o jueces supremos, se refuerza aún más. Les garantiza a los ciudadanos que la persona en el cargo va a decidir los delicados asuntos que deba juzgar solamente conforme a Derecho y de acuerdo con su conciencia; que a la hora de resolver no va a temer con volverse incómodo para el partido X o el Y, pensando en que podrían influir para quitarlo del cargo. Dicho en sencillo: un juez sin estabilidad en el cargo no es independiente, y un juez no independiente es algo malo para la ciudadanía en general; algo que solo pueden desear quienes tienen el “sartén por el mango” y aspiran a mangonearlo.

Una sencilla indagación en los motores de búsqueda de Internet o en los Chatbots de IA generativa, permite constatar que, en todas las democracias del mundo, para proteger esa independencia de los más altos jueces, se establecen distintas garantías reforzadas de estabilidad en el cargo, pero siempre bajo la misma lógica: un juez que puede ser removido fácilmente por una mayoría ordinaria corre el riesgo de decidir según intereses políticos y no jurídicos. Y como en las democracias se quieren jueces que solo se postren ante la ley y no ante ninguna autoridad humana, ni siquiera la de la opinión pública, se diseñan distintos mecanismos para darles esa seguridad.

En Estados Unidos, por ejemplo, los jueces de la Corte Suprema ocupan el cargo “during good behaviour”, lo que en la práctica significa un mandato vitalicio salvo renuncia, jubilación o destitución por impeachment. En Canadá, los jueces de la corte suprema permanecen hasta una edad obligatoria de retiro. Este modelo busca que el juez no tenga que preocuparse por una futura reelección ni por agradar a quienes podrían renovarle el mandato.

Otra fórmula es la de los mandatos largos no renovables. Es el caso de Alemania, con los jueces del Tribunal Constitucional Federal, de Italia, con los de su Corte Constitucional, y de España, respecto de los magistrados del Tribunal Constitucional. Se pretende así que el período sea suficientemente largo para aislar al juez de presiones políticas y que la prohibición de reelección elimine incentivos para buscar el favor de quienes deciden la renovación de su mandato.

Un tercer mecanismo, no excluyente con los anteriores, es el que impide que los jueces supremos puedan ser removidos por decisión discrecional del gobierno o por una mayoría parlamentaria ordinaria. Un juez cuya permanencia en el cargo dependa del agrado que por él tenga el gobierno o una fuerza parlamentaria mayoritaria, no será independiente. Será un intérprete de las leyes temeroso de los políticos de turno y presto a satisfacer sus deseos. Por eso, para cesarlos suele exigirse una causal específica (delito, incapacidad, falta grave, etc.) y un procedimiento especial, en ocasiones con la intervención de distintos órganos.

Por último, en los sistemas que se prevé la posibilidad de la reelección, no es raro encontrar mecanismos que la faciliten, es decir, que dificulten la no reelección, por ejemplo, exigiendo para ello mayorías especiales. Esa fue la opción de nuestros constituyentes. El numeral 158 de la Constitución Política dispone que los “Magistrados de la Corte Suprema de Justicia serán elegidos por un período de ocho años y por los votos de dos terceras partes de la totalidad de los miembros de la Asamblea Legislativa (…) y se considerarán reelegidos para períodos iguales, salvo que en votación no menor de dos terceras partes de la totalidad de los miembros de la Asamblea Legislativa se acuerde lo contrario”. De modo que el mismo amplio consenso del órgano elector requerido para nombrarlos se requiere para no reelegirlos.

En el caso de los magistrados del TSE, los artículos 100 y 101 de la Constitución disponen que son nombrados por la Corte Suprema de Justicia “por los votos de no menos de los dos tercios del total de sus miembros”, por “seis años” y que “podrán ser reelectos”. ¿Por cuántos votos? No lo dice la Constitución. Es el Código Electoral, en su artículo 13, el que, tras reiterar que serán electos por la “Corte Suprema de Justicia con el voto de por lo menos dos tercios del total de sus integrantes”, dispone que “se considerarán reelegidos para períodos iguales, salvo que por la misma mayoría se acuerde lo contrario.”

Esa fue una decisión legítima, válida y razonable del legislador que aprobó el Código Electoral vigente en 2009. Legítima porque, en su calidad de representantes del pueblo soberano, los legisladores tienen la potestad de aprobar las leyes y, mediante ellas, desarrollar los preceptos constitucionales. Válida porque la disposición del artículo 13 de la ley no contradice el texto constitucional, omiso respecto a la votación requerida para reelegir a los magistrados electorales. Y razonable porque no tiene sentido pensar que el constituyente quiso, como establecen los artículos 100 y 101, otorgar a los magistrados electorales las mismas “condiciones de trabajo”, “remuneraciones”, “inmunidades y prerrogativas” que a los magistrados del Poder Judicial, pero no proteger su estabilidad en el cargo. Menos aún tendría sentido que, además de no exigir una mayoría calificada para no reelegirlos –como ocurre con sus homólogos de la Corte Suprema de Justicia–, se les obligara a reunir la misma mayoría calificada con la que fueron elegidos para poder reelegirse.

Para razonar así, es necesario pensar que la naturaleza jurídica de una elección es idéntica a la de una revalidación del cargo. Es necesario obviar el principio del paralelismo de las formas (la votación que se requirió para elegir a un magistrado debe ser la misma para no prorrogar su nombramiento). Es necesario desconocer que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha calificado la estabilidad de los jueces en sus cargos como un derecho humano (Tribunal Constitucional vs Perú, Apitz Barbera y otros vs Venezuela, y Reverón Trujillo vs Venezuela). Y es necesario, sobre todo, tener muchas ganas de sustituir a los magistrados electorales por otros que sean dóciles al poder político. Pues lamento truncarles la ilusión de llegar a tener un tribunal electoral de mentirillas: la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en el caso Aguinaga Aillón vs Ecuador (30 de enero, 2023) sentenció que “las garantías de inamovilidad y estabilidad de los jueces electorales deben ser reforzadas. En ese sentido, la Corte considera que cualquier demérito o regresividad en las garantías de independencia, estabilidad e inamovilidad de los tribunales electorales, son inconvencionales en cuanto su efecto se puede traducir en un impacto sistémico igualmente regresivo sobre el estado de derecho, las garantías institucionales y el ejercicio de los derechos fundamentales en general. La protección de la independencia judicial en este ámbito adquiere una relevancia especial en el contexto mundial y regional actual de erosión de la democracia, en donde se utilizan los poderes formales para promover valores antidemocráticos, vaciando de contenido las instituciones y dejando solo su mera apariencia”.

Las peligrosas líneas que ya se cruzaron

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

La semana anterior observamos con preocupación algunos hechos que conducen a pensar en la instalación de una deriva autoritaria sin retorno en Costa Rica.

Pienso en el manual aprendido y puesto en práctica.

Me quedó bastante claro luego de la lectura del buen trabajo periodístico y testimonial de la comunicadora Patricia Navarro, otrora ministra de Comunicación de la Administración Chaves, quien con gran argumentación y respaldo de fuentes logró explicar, entre otras cosas, cómo la construcción narrativa va socavando la realidad hasta convertir en verdades, mentiras absolutas. Su trabajo puede ser leído en el libro “Las máscaras del presidente” (Uruk, 2025).

Estamos ya en el cruce de líneas peligrosas, realizado irresponsablemente por la misma presidenta de la República.

Tachar de comunistas a quienes le adversan no cae en suelo estéril. Ese ha sido durante años el coco que asusta la epidermis conservadora que subyace la identidad costarricense.

Recordemos cómo fue prácticamente “bajado” del primer lugar de las encuestas José Maria Villalta al ser identificado como comunista por sus inmediatos seguidores, entonces de espectro aparentemente progesista, durante la contienda electoral de 2014.

La diferencia con el contexto actual radica en que esa denominación es asumida por una masa que ha sido bien trabajada a nivel de comunicación política. En el manual de construcción del enemigo es una de las principales tareas a realizar de forma cotidiana. Por eso recomiendo la lectura del texto de Navarro donde se explica este ABC de forma clara y contundente. Es peligroso, si, que incluso se busque crear un clima desestabilizador alrededor de las universidades públicas con ese argumento. Ya sabemos de todas maneras que vienen a ponerles candado. Y esa tarea no bajarán la guardia argumentando que en sus aulas se ideologiza y orienta el pensamiento hacia un enfoque político. Nada más lejos de la realidad.

Pero no solo a nivel discursivo se cruzan líneas peligrosas. El joven estudiante recién graduado de la carrera de sociología de la UNA Elian Xavier Jiménez fue golpeado y arrestado durante las manifestaciones contra la aprobación de la ley de armonizacion eléctrica. Para él la presidenta también tuvo palabras descalificadoras y amenazantes.

El mensaje es claro: ante la oposición y el cuestionamiento, se usará la fuerza como instrumento de intimidación.

Aún no se cumple un mes de instalado el nuevo gobierno en Costa Rica. Pero la víspera no anuncia cosas buenas, ni saca el día, como suele decir el dicho popular.

Se deberá conformar un verdadero frente opositor civil para resistir los embates de cuatro años que seguramente pesarán en la historia costarricense.

Presentarán libro que analiza las relaciones entre Costa Rica y China en el contexto del mundo multipolar

El académico y analista internacional Mauricio Ramírez Núñez presentará su más reciente libro, Costa Rica y China en la era multipolar: soberanía, estrategia y realidad global, una obra que propone una reflexión sobre el nuevo orden internacional, el ascenso de China y los desafíos que enfrenta Costa Rica en un escenario global cada vez más complejo e interdependiente.

La actividad se realizará el lunes 6 de julio de 2026 a las 6:30 p.m. en la Universidad Internacional de las Américas (UIA), sede central de Aranjuez, en San José, y contará con la participación del politólogo y excandidato presidencial Claudio Alpízar, el historiador Vladimir de la Cruz y el propio autor.

Según la invitación, el encuentro busca generar un espacio de reflexión sobre geopolítica, soberanía y los desafíos que enfrenta Costa Rica ante las nuevas dinámicas internacionales. El libro examina las relaciones entre Costa Rica y China en el contexto de un mundo multipolar y analiza las implicaciones de los cambios que experimenta el sistema internacional contemporáneo.

La publicación se presenta bajo la premisa de que las transformaciones del escenario global exigen una comprensión estratégica de los cambios en curso, así como una reflexión sobre las oportunidades y desafíos que enfrentan países como Costa Rica en un contexto caracterizado por la reconfiguración de los centros de poder mundial.

La actividad es abierta al público, con entrada gratuita y cupo limitado.

Datos de la actividad

  • Libro: Costa Rica y China en la era multipolar: soberanía, estrategia y realidad global
  • Autor: Mauricio Ramírez Núñez
  • Presentadores: Claudio Alpízar y Vladimir de la Cruz
  • Fecha: Lunes 6 de julio de 2026
  • Hora: 6:30 p.m.
  • Lugar: Universidad Internacional de las Américas (UIA), sede central Aranjuez, San José
  • Entrada: Gratuita, cupo limitado

Si las izquierdas y los progresismos no nos dispersamos, las derechas no nos derrotan

Fernando Adrián Zapata*

Desde las primeras rebeliones proletarias del siglo XIX, pasando por las victorias democráticas y progresistas en las sucesivas repúblicas liberales y en las monarquías parlamentarias e, inclusive, en los triunfos socialistas de varias revoluciones del siglo XX, el movimiento obrero se encontró ante muy variados y difíciles dilemas.

En muchos de esos casos, las situaciones adversas obligaron al movimiento obrero en ascenso a tomar dos caminos: a redefinirse y reorganizarse para avanzar y triunfar, o a extremar sus medidas y sus resoluciones hasta el desgaste y la disolución.

Las revoluciones obreras de 1830,1846-1848 y 1871 en Francia y en casi toda Europa así lo demostraron, con sus logros y con sus aciertos más notables, en favor de la organización de los trabajadores y, también, con sus límites y sus errores, pagados con sangre, cárcel, hambre, masacres y exilios varios.

Las primeras diferencias entre un socialismo marxista (denominado «socialismo científico») y un socialismo anarquista (denominado «socialismo libertario») abrió profundas divisiones durante mediados y finales del siglo XIX; los socialistas marxistas denominaban despectivamente como socialistas «utópicos» a los anarquistas, y los anarquistas denominaban también despectivamente como socialistas «autoritarios» a los socialistas marxistas. Ambas posiciones, sectarias y cerradas por igual, impidieron la búsqueda de necesarios acuerdos y, lamentablemente, se trasladaron esas desavenencias, discordancias y reticencias, a casi todos los espacios del movimiento obrero y socialista internacional de aquel entonces.

Pero, además de ello, se sumaría, luego, otra nueva disolución: la posterior distinción entre los socialistas reformistas, evolucionistas y gradualistas (denominados, mayoritariamente, «socialdemócratas», tal como hasta hoy) y los socialistas revolucionarios (denominados, posterior y mayoritariamente, «comunistas», a partir del triunfo de la línea bolchevique en la Unión Soviética, desde 1917).

Eso, a su vez, extendió la enorme fragmentación, de la cual, posteriormente, surgirían otras nuevas y múltiples divisiones entre estalinistas, trotskistas, bujarinistas, maoístas, hoxdristas, jruschevistas, guevaristas, social-antiimperialistas, eco-socialistas, etc, hasta la actualidad y creo que, aún, existen más y más denominaciones, al respecto de tantos nuevos grupos de militancia socialista e izquierdista, con mayor o con menor arraigo entre las masas.

En la guerra civil de España (1936-1939), las fuerzas progresistas y de izquierda en general se dispersaron, se fragmentaron y hasta llegaron a confrontar entre sí y, lamentablemente, fueron cruelmente derrotadas por el golpismo Franquista que contaba con el apoyo político-militar del Nazismo alemán y del Fascismo italiano.

En cambio, la creciente unidad de las resistencias contra el Nazi-fascismo en toda Europa durante la Segunda Guerra Mundial y, posteriormente, las justas rebeliones obrero-populares contra las invasiones imperiales y las dictaduras cívico-militares en varios países de Latinoamérica, de Asia y de África probaron que, cuando las izquierdas no se dividen por diferencias centrales y no se dispersan, las derechas no nos pueden derrotar.

Perspectivas de unidad obrera y socialista, en términos generales:

Visualicemos y analicemos, hoy por hoy, la creciente amplitud que está sucediendo en varios países de Europa, algunos de ellos son excomunistas de la Europa Central y Oriental en que, desde hace varias décadas hasta hoy, los socialdemócratas, los socialistas, los comunistas y los izquierdistas de diversas corrientes deben unirse para enfrentar a una ultraderecha elitista y excluyente, amenazante e intolerante, violenta y totalmente destructiva en todos los ámbitos de la vida comunitaria y socio-cultural.

A su vez, hay una proliferación de encuentros políticos y socioculturales, a nivel mundial, que señalan esta necesidad de reagrupamiento de fuerzas democráticas y progresistas, reformistas y revolucionarias, respetando identidades y pertenencias y convocando a otros nuevos sectores en justa reivindicación.

Además de numerosas Internacionales, de muy distinta tendencia (internacionales de la socialdemocracia, del trotskismo, del maoísmo, del guevarismo, de las nuevas izquierdas, etc.) dentro de las ideas socialistas y de izquierdas, hay también una gran cantidad de grupos intercontinentales, tales como los BRICS y sus aliados interregionales, el Foro Social Mundial y, aquí, en América Latina, los Grupos de San Pablo, de Porto Alegre y de Puebla, junto con otros numerosos acuerdos y tratados de países emergentes, etc., que plantean estas cuestiones

Posibles alternativas unificadoras y liberadoras:

Cada situación de lucha obrera y popular requiere de un análisis acerca de las condiciones a afrontar; los ejemplos de diferentes comunidades, en muy diversos contextos, brindan enseñanzas y experiencias muy importantes a los partidos, movimientos y frentes de lucha obrera y de resistencia democrática y popular en cuestión.

La lucha obrero-popular varía en función de las necesidades y de las urgencias, de las identidades y de los proyectos; no es lo mismo las zonas en conflicto militar, de asedio, de invasión y de exterminio, que una oleada represiva ejercida por gobiernos pro-capitalistas y pro-imperiales rígidos, pero con marcos legales vigentes, que imponen una opresión ilegítima pero «legalizada».

Esas brutales prácticas, tan denunciadas y repudiadas mundialmente, hoy por hoy, las aplican gobiernos como el de Trump, el de Netanyahu y el de Milei, pero también lo imponen Putin, Xi Jinping, y aquí, en Latinoamérica, también los populismos autocráticos, oportunistas y demagógicos, que son de muy variados signos ideológicos.

Si aprendemos de todas esas experiencias, de todos esos hechos contundentes, de todos esos datos objetivos, y no para copiar o emular, sino para aprender y extraer experiencia genuina, comprobaremos que, si las fuerzas socialistas en particular y progresistas en general logramos unirnos, priorizando las mayores coincidencias, podremos derrotar a las fuerzas de los explotadores y de los opresores.

Las tareas que se vienen:

Las nuevas oleadas de movimientos obrero-populares van tomando diferentes formas en cada contexto, en cada época, en cada región, en cada circunstancia y, por lo tanto, es preciso que la militancia, la intelectualidad, el activismo, la participación de las mayorías trabajadoras y laboriosas en general tomen en cuenta las variantes de cada caso, de cada situación a afrontar y a resolver, priorizando acuerdos programáticos entre varias fuerzas progresistas y revolucionarias, democráticas, obreras y socialistas de muy variada identidad, tendiendo a abordar objetivos en común y por sobre cualquier diferencia comprensible pero menor o aleatoria.

Desde nuestra militancia del Socialismo Democrático, desde República Argentina, señalamos estos elementos que deben ser analizados y desplegados a la orden del día, con claridad en las ideas y con firmeza en las convicciones, con amplitud y pluralismo al momento de crecer y de avanzar, siempre con una estrategia superadora e integral, lo cual nos permitirá alcanzar los objetivos propuestos, para triunfar y abrir paso a nuevos períodos de unidad y de liberación, de respeto y de cooperación federal y plural, de progreso y de bienestar obrero-popular y democrático-social, de verdaderos avances socialistas, a nivel local y regional, nacional y mundial.

*Profesor, gremialista, artista y escritor. Miembro político-sindical y socio-cultural del Socialismo Democrático. Concordia, Entre Ríos, República Argentina

La “nueva derecha” y la destrucción del ICE

Dr. Oscar Aguilar Bulgarelli

Este tema es muy serio y grave, ajeno a los denuestos que pueda generar en las redes sociales dominadas por los troles o bots engendros del chavismo. Por eso, voy a comenzar con una explicación casi didáctica, para que nos ubiquemos exactamente sobre lo que estamos tratando.

Empecemos por señalar que no nos estamos refiriendo a la derecha tradicional que apoyó las ideas de la democracia liberal y que, como sucedió en Costa Rica, supo convivir con la alternancia de partidos social demócratas o social cristianos y sus reformas sociales. No, esta nueva derecha o “conservadurismo radicalizado” como la califican varios autores entre ellos Natascha Strobl en su libro “La Nueva Derecha”, es otra cosa y es tan extremista, que se cayó del borde de la mesa para terminar en aguas procelosas de orientación fascista, donde sus seguidores nadan a placer. Cuando un movimiento político con esta orientación sea cual sea su estructura llega al poder, actúa de inmediato para establecer formas de autoritarismo cada vez más radical. Sobre esto dice Strobl

  • “Formalmente ocupan los más altos cargos del Estado, pero es precisamente esta posición las que utilizan para desmantelar el sistema democrático que los llevó a la cima. Esto afecta a todos los ámbitos del Estado, pero en especial al sistema judicial y al Parlamento: el Poder Ejecutivo va contra en contra del Judicial y del Legislativo. En el proceso la separación de poderes que es constitutiva del Estado-nación moderno y democrático se está erosionando rápida y sistemáticamente. El llamado “cuarto poder”, los medios de comunicación, también está siendo acorralado y saboteado, y el Estado de bienestar, el mayor logro del movimiento obrero organizado en el Siglo XX, está siendo debilitado…”,

Y además agrega que, una vez en el poder y de cara al exterior o sea al resto de la sociedad, se presentan como;

  • “las víctimas de un ominoso Estado profundo o de “redes rojas· secretas en el aparato judicial, realmente conservador. En el proceso el Parlamento se convierte en una institución elitista distante que no puede juzgar al líder elegido por el pueblo los medios son una red incendiaria de izquierda que difunde noticias falsas unilaterales; el Estado de bienestar alimenta a los perezosos y los emigrantes a costa de los ciudadanos locales y laboriosos”.

Quien lea con cuidado esas citas, fácilmente puede comparar esas características del asalto al poder por los aspirantes a fascistas de la nueva ultraderecha, con la desgracia que está sufriendo Costa Rica en los últimos años y que el pueblo básico y obnubilado, votó para que continuara cuatro años más con la destrucción de nuestra democracia. Calificar al ciudadano con adjetivos groseros y de menosprecio, es lo típico de estos movimientos; por eso si les dicen “básicos” es parte de la estrategia de cegarles la mente con mentiras y post verdad, pues como bien lo cita F. Finchelstein en su libro “Aspirantes a Fascistas”, Goebbels reconocía;

  • “Nuestra propaganda es primitiva, porque el pueblo piensa de forma primitiva. Hablamos el lenguaje que entiende el pueblo”.

En pocas palabras la definición de la política de mentiras y el calificativo de “básicos” que diera Pilar Cisneros. Por su parte, Finchelstein afirma también que:

  • El intento fascista de una propaganda “primitiva” produce efectos hipnotizantes para los creyentes y, al mismo tiempo, aberrantes, irreales e incluso estúpidas, para los críticos – lo que también confirma que – los lideres siempre tienen la razón, y los otros, incluidos los periodistas, deben aceptar sus explicaciones sin preguntar…”.

De esa manera, con la actitud ideológica premeditada de destruir toda la institucionalidad del país, en este momento tienen al ICE como su víctima inmediata en manos de los sicarios de la institucionalidad. El famoso proyecto de la “armonización” lo único que conlleva es la entrega de nuestra riqueza energética en manos de unos, muy pocos, generadores privados para que, precisamente, generan pingües ganancias en su beneficio y a costa de los bolsillos de la ciudadanía que, siguen aplaudiendo al verdugo que pretende sacrificar al ICE.

Para seguir engañando a los “básicos” arman la pasarela mediática, por ahí pasa un expresidente del Saprissa que es el socio y máximo ejecutivo de Genera Holdings o los representantes de la UCCAEP para que hablen a nombre de sus asociados, los generadores privados, dentro de los que hay algunos que Rodrigo Chávez insultó, denigró y llamó “costarricenses con corona” que ahora se las quiere adornar con los diamantes de la generación eléctrica, gracias al proyecto que él preparó y envió a la Asamblea Legislativa y lo mantienen en vigente sus entenados políticos en el Poder Ejecutivo y Legislativo.

Ahora resulta que, a los defensores de la democracia, la institucionalidad y en este caso el ICE, nos gritan: ¡¡COMUNISTAS!!, con una ignorancia pasmosa o un cerebro que no logró sobrepasar los tiempos de la Guerra Fría. Lo que el ciudadano costarricense debe entender es que si ese calificativo perdió toda vigencia histórica, ideológica, política, económica y social, no sucede igual con los aspirantes a fascistas que SI están resucitando esa vieja ideología anti democrática y enemiga de todo lo que podemos llamar Estado Social de Derecho, a través de dictaduras reales como Bukele en El Salvador o autocracias electorales como las de Trump (EE.UU), Kast (Chile), Milei (Argentina), Daniel Noboa (Ecuador), Rodrigo Paz de Bolivia y el chavismo en Costa Rica, entre otros, que están destruyendo la herencia institucional que ha beneficiado a miles por décadas en toda nuestra América.

Entonces costarricense: de qué lado se coloca, es de los que protege esa herencia o de los que la destruye…pero después no se arrepienta, pues la Historia enseña que generalmente lo pueblos despiertan cuando ya es demasiado tarde.

¿Lo que estoy pensando hoy me pregunta un algoritmo?

Jiddu Rojas Jiménez

Pues respecto a la actual coyuntura política nacional, que el estridente Gobierno del Continuismo Autoritario, —el Gobierno Ja-Guaro 0.2, acuerpado por poderosos y oscuros intereses nacionales y extranjeros—, harán todo lo posible, por romper la unidad del llamado Bloque Democrático de Oposición en la Asamblea Legislativa, que está funcionando como atalaya democrática frente a su proyecto autoritario y ultraneoliberal. Ese su objetivo táctico superior inmediato, y la lucha apenas comienza.

La fracción del PLN liderada por don Álvaro Ramírez (y su renovado Partido PLN por el excandidato del mismo don Álvaro Ramos Chaves); la fracción del Frente Amplio con su ejemplar y meridiana claridad política (al mejor estilo de Manuel Mora Valverde), y doña Claudia Dobles Camargo de la Coalición Agenda Ciudadana, deberán seguir articulando ese Bloque Democrático de Control Político, frente a un Poder Ejecutivo desbordado por un infantil revanchismo.

Con la diputada del PUSC, doña Abril Gordienko, lejos de denostarla, se deberá negociar con mucho respeto y firmeza, en lo que toque y se coincida (posiblemente en la participación democrática y en materia de libertades públicas), y negociar con transparencia ética, donde hayan otras diferencias (muy posiblemente en el plano de la macroeconomía).

En mi opinión, el oficialismo obviamente intentará destruir esta articulación legislativa democrática y progresista, estimulando provocaciones, incluso «a dos bandas», si es necesario:

1) Primero, estimulando el oportunismo, el miedo, la calumnia o el prejuicio ideológico por la derecha.

2) Y segundo por supuesto estimulando el sectarismo de izquierdas, disfrazado de «Principismo». ¡Cantado! (Ese tufo a superioridad moral pseudorradical ya lo conozco, es cíclico, y es estimulado sistemáticamente adrede.)

3) Pero además, llamando a desmovilización de los sectores populares y de la sociedad civil, que reaccionó cívicamente, frente al fenecido Proyecto 23414 de (Des)Armonización contra el ICE.

4) Mientras, tratará de cooptar, manipular y desinformar, a su propia base social, —sobre todo en sectores rurales y costeros—, para polarizar socialmente más, la coyuntura nacional.

5) Todo lo anterior, inscrito en una delicadísima coyuntura internacional, frente a una posible crisis internacional y regional. Y no se descarta el matonismo, el injerencismo descarado, de la Embajada Imperial a petición de sus cipayos locales.

Por eso hay que intentar anticiparnos ontológicamente (Ernst Bloch) con lucidez. Nunca mejor que ahora, habremos de rescatar y nutrirnos de las diferentes herencias políticas de dos grandes Beneméritos de la Patria (y de sus organizaciones históricas), quienes supieron construir históricamente, a pesar de sus conocidas diferencias.

Por eso es la hora de releer con profundidad, de reapropiarse teóricamente, del brillante legado táctico y estratégico, de Manuel Mora Valverde y de don Pepe Figueres Ferrer.

Entiéndase bien: No es ningún «culto a la personalidad». Hablo de estas figuras históricas, políticamente indispensables, pero como símbolos y referentes políticos, de esas fuerzas sociales concretas y profundamente humanas, que transformaron este país en el siglo XX. Por supuesto que las estructuras socio-históricas pueden (y deben científicamente) abordarse de formas más complejas.

Pero hasta el gran filósofo Hegel, usó licencias para expresar en su lenguaje filosófico, la relación histórica particular-universal (el «Individuo Histórico-Universal», en alemán «welthistorische Individuen» en las «Lecciones sobre la filosofía de la historia universal«, usando a la figura «encarnada» del primer periodo modernizante y reformador de Napoleón Bonaparte I, para referirse simbólicamente al despliegue del «Espíritu» («Geist») en los grandes procesos socio-históricos. Aquí se trata de interpretar filosóficamente el humano proceso de construcción social y dialéctica de la Consciencia (Autoconsciencia) y de la idea de Libertad (Autodeterminación).

Por supuesto, igual que el gran Beethoven y su Tercera Sinfonía, Hegel también decepcionado de Bonaparte, y alemán al fin, —de habla y culturas, porque no había ninguna unidad nacional alemana—, podría arrepentirse luego. En cambio, don Pepe y don Manuel, —líderes populares y humanistas profundamente costarricenses—, a pesar de la cruel Guerra Civil de 1948, no decepcionan.

Estas figuras de carne y hueso, costarricenses, hijos de su contexto, nos regalan diferentes aportes democráticos, que se pierden en el tiempo de la Segunda República, y devienen nobles metáforas políticas, para un futuro posible.

Por supuesto, habremos de adaptarnos y construir un lenguaje político y una narrativa propia de una nueva comunicación política digna del siglo XXI y sus nuevos retos y complejidades estructurales.

Definitivamente esta es una Costa Rica muy diferente, a la de la mitad del siglo pasado. De hecho es un Mundo, acaso un Sistema-Mundo diferenciado; incluso, un Capitalismo Financiero Tardío Global, muy diferente.

En Costa Rica hay nuevas subjetividades sociales, nuevas asimetrías sociales, nuevas aspiraciones y sueños, y nuevas generaciones; hay nuevos retos, nuevas decepciones y también desencantos democráticos; hay nuevas amenazas, nuevos desafíos; nuevas guerras globales con consecuencias locales; nuevas potencias emergentes (BRICS+); por lo tanto hay y habrá, nuevas crisis locales, nacionales, internacionales; nuevas crisis ambientales, climáticas, productivas, económicas, laborales, jurídicas, de identidad, culturales, de seguridad ciudadana, de gobernanza incluso, etc.

El ICE por cierto, no es inmune a esto y deberá enfrentar la demanda creciente de energías limpias para más carros eléctricos, para las grandes, medianas y pequeñas empresas, para más inversión extranjera, para más y necesaria conectividad, y soporte eléctrico; al mismo tiempo deberá mantener un suministro energético creciente al pueblo costarricense, junto a una mejor servicio de telefonía celular, etc.

Como ya sabemos la estrategia cínica del Gobierno de turno, no es muy original, es la misma de hace décadas, es sabotear al ICE desde la Presidencia Ejecutiva. Ejemplo de esto fue la directa injerencia norteamericana bajo Trump y Marco Rubio, contra las empresas de telefonía digital de China Popular.

Pero frente a la opacidad de este Mundo dado, y su geopolítica, y de la una Costa Rica desgarrada, hay una urgente y necesaria lección política, que algunos aprendimos tarde: Hay que aprender a escuchar al otro, con auténtica tolerancia, buena fe, honestidad, razonabilidad, y criticidad. Eso fue precisamente, lo que hicieron, precisamente, esos dos «Tayacanes» ticos: don Pepe y don Manuel Mora Valverde.

Esto, si queremos intentar salvar a nuestro Estado Social de Derecho, y a nuestras conquistas sociales, desde lo mejor de la Segunda República. Ya hay camino, caminado.

En consecuencia y para esta coyuntura nacional, deviene vital y estratégica para nuestra Patria y su institucionalidad democrática, esta reciente movilización popular por la defensa, tanto ciudadana, como jurídico-formal y legislativa del ICE, como exitosa institución pública costarricense.

Nos recuerdan obviamente, las heroicas Jornadas populares contra el pasado Combo de privatización del ICE en el 2000. Pero no debemos romantizar la coyuntura. Este gobierno de extrema derecha populista tiene vocación por el autoritarismo, y está apoyado directamente por Marco Rubio y Trump.

Y más allá del ICE, habrá que educarnos políticamente más, en la defensa y mejoramiento del sector público, propio del proyecto inclusivo del viejo, eficaz y hermoso Estado Social de Derecho costarricense. El mismo, que tantos éxitos sociales relativos, nos trajo.

Combatir las mentiras y la desinformación deliberada, y la narrativa histérica, vulgar, delirante, calumniosa, de corte casi nazi-fascista del discurso oficial de la actual Presidencia. Recordemos a Albert Camus, cuando decía que «el anticomunismo era el comienzo del fascismo». Hay una «Batalla de Ideas» por venir, y esa es una nueva trinchera táctica, popular y democrática.

En la imagen los Beneméritos, don Manuel Mora Valverde y don Pepe Figueres. Y no deberíamos cansarnos de reproducirla, y explicar sus alcances políticos e históricos.

Aplaudimos el desastre o buscamos el cambio

Abelardo Morales Gamboa

Termina mayo florido y comienzan las lluvias. Se ha vuelto una costumbre para mí que esa transición me anime a escribir sobre la coyuntura nacional. Esta vez coincide con el inicio de un nuevo gobierno, uno que ha decidido presentarse como el gobierno de la continuidad.

Y, en efecto, la continuidad más visible es la crisis. No una crisis cualquiera, sino una que atraviesa prácticamente todos los ámbitos de la vida nacional: la desastrosa gestión del Estado y de la institucionalidad pública, la crisis fiscal latente, el estancamiento económico, el deterioro social y la inseguridad ciudadana.

Otro rasgo de continuidad es la permanencia del mismo grupo político en el poder. Con algunas variantes, claro. Ministros convertidos en diputados, diputados trasladados al gabinete, otros enviados a puestos diplomáticos. A ello se suma la incorporación de varios tránsfugas de los viejos partidos políticos. No hay aquí cambio alguno, sino continuidad: figuras que heredan los estilos clientelares, el intercambio de favores, el oportunismo y la corrupción del viejo modelo aparecen ahora como los nuevos reclutas de quienes controlan el gobierno.

Un tercer rasgo de continuidad es la retórica antiinstitucional, acompañada de poses agresivas y pulsiones autoritarias. La semiótica del escándalo sigue siendo la identidad corporativa del gobierno. El grupo en el poder parece invertir más energía en repartir adjetivos que en construir objetivos.

Pero son las tendencias estructurales las que terminan marcando la coyuntura. Omitiré, por consideración a ustedes, lectores y lectoras, otras referencias a la escasa prestancia política de quienes nos gobiernan.

Todas las señales de una grave crisis fiscal amenazan las condiciones de vida de la población costarricense en el futuro inmediato. Sin excepción. Ya lo habían advertido diversos analistas económicos y lo ha reconocido el propio Banco Central. El resultado previsible será más desigualdad y más pobreza, recortes en programas sociales y el desfinanciamiento de actividades estratégicas consideradas prescindibles por la lógica simplificadora de una narrativa pseudopopulista.

La economía no crece, pero la moneda local permanece sobrevaluada. Sin embargo, lejos de encender alarmas, el problema es reducido a meros tecnicismos. Los elevados niveles de consumo de algunos grupos sociales, en particular de altos ingresos, evidencian no solo una distribución profundamente desigual de riqueza, sino también, en ciertos casos, lo que parece ser el endeudamiento, estilos de vida ostentosos y, en muchos otros, la circulación de capitales al margen de las economías legales. La economía se aproxima a una situación crítica, pero seguimos flotando sobre una burbuja. El mercado laboral ha perdido dinamismo, expulsa fuerza de trabajo y ha clausurado posibilidades de ascenso social para trabajadores y trabajadoras, especialmente entre los jóvenes.

El economista agrícola que presidió el país durante los cuatro años anteriores y que ahora se posesiona como superministro, así como su flamante ministro de Hacienda, hoy jefe de fracción oficialista, no supieron cómo —o no quisieron— resolver esa crisis.

Por su parte, una escalada de violencia criminal galopante, impulsada por el crimen organizado, continúa ensañándose con el costarricense común y corriente, aquel que no dispone de escoltas pagados por el presupuesto público. Los ciudadanos seguirán siendo víctimas de aquella sentencia inescrupulosa: “se matan entre ellos”. Víctimas inocentes de una guerra que durante cuatro años no supieron resolver.

La crisis educativa amenaza con sembrar la ignorancia en un pueblo que durante décadas se distinguió por ser uno de los más educados de América Latina. Este gobierno contó con una ministra que se suponía experta internacional en materia educativa; sin embargo, su currículum nunca se tradujo en una ruta capaz de enfrentar la crisis de la educación.

Además, los programas sociales se han estancado porque el gobierno central les retiene el financiamiento. Las familias que dependen de becas, subsidios y pensiones quedan amenazadas por el abandono y la incertidumbre. Nunca hubo jerarcas verdaderamente comprometidos con la defensa del Estado social de derecho; prevalecieron el miedo y la sumisión.

En pocas palabras, esta crisis estructural se amplió y profundizó bajo una mezcla de incapacidad política y falta de voluntad. Más allá de las explicaciones oficiales, el efecto acumulado de las decisiones adoptadas ha sido el debilitamiento de las capacidades públicas del Estado y la apertura de espacios para que instituciones estratégicas —como el ICE, la Caja Costarricense de Seguro Social y los bancos estatales— queden sujetas a crecientes presiones privatizadoras y a los intereses del capital transnacional.

Ni qué decir de la política exterior y de su desatinada gestión. Para mal del país, bajo la amenaza de convertir el servicio diplomático en una especie de trofeo político para pagar favores a financistas, incluso para compensar la complicidad política para el ocultamiento de casos de corrupción y otros posibles graves delitos. Seguiremos siendo -quizás en el menor de los casos- motivo de burla en el sistema internacional, ahora representados diplomáticamente por figuras que no reúnen las capacidades para el ejercicio de las funciones propias del servicio exterior, mucho menos la estatura requerida para representar al país en el cargo de embajadores. No se trata solo de posible corrupción sino de poner en riesgo la imagen internacional del país.

Y, sin embargo, en la continuidad, el gobierno sigue encabezado por un grupo que goza de aplauso popular. Al menos, de una porción significativa de los costarricenses. Ello se explica, entre otras cosas, porque el malestar social no ha sido conducido en búsqueda de cambios estructurales, sino que ha sido capturado emocionalmente por narrativas, escenografías mediáticas y símbolos propios de los neopopulismos del siglo XXI. También porque no ha habido capacidad ni voluntad para entrar seriamente en la disputa del control del campo mediático. Algunos medios de comunicación -y que fueron llamados canallas por ser en apariencia críticos al grupo en el poder- han comenzado a alinearse: eso les depara el pago de parte de la pauta publicitaria del gobierno.

Los grupos vinculados a ciertas iglesias, al neoconservadurismo protestante y a sectores del catolicismo llenan con discursos moralizantes y seudorreligiosos los vacíos de contenido cívico y cultural que hoy dificultan la construcción de proyectos políticos transformadores, al menos en el corto plazo. También su oportunismo es evidente: sacan réditos políticos de la crisis de la política social y del recorte de financiamiento a programas sociales. La alianza con el grupo en el gobierno no es solo por interés político u oportunismo religioso, también responde a cálculos clientelares.

También el empresariado ha decidido apostar sus cartas al grupo gobernante y poco parece importarle el oscuro panorama económico y fiscal, la ruina de la producción nacional, la quiebra de empresas o su fuga hacia otros destinos. Su silencio no parece explicarse únicamente por miedo; también da la impresión de responder a un cálculo político.

Todas estas crisis, así como los nuevos e inevitables riesgos políticos que ella entraña, evidencian la declinación del viejo modelo de hegemonía, una reconfiguración de las relaciones de poder y la pérdida de capacidad de dirección por parte de los viejos partidos, sus élites y sus cuadros dirigentes.

Este grupo, carente de dirección, sin proyecto político y aún menos capacidad para responder a los problemas aquí enumerados, apenas ocupa ese vacío. Pero lo hace con materiales tan precarios que el suelo sobre el que todos caminamos se vuelve cada vez más inestable.

La capacidad de resistencia política y social ha comenzado a manifestarse. Esa es una buena señal. Sin embargo, como ocurrió durante los cuatro años anteriores, aparece de forma intermitente, con compromisos limitados y entusiasmo insuficiente. Su conducción sigue siendo débil debido, especialmente, a la escasa voluntad de construir acuerdos y avanzar hacia una unidad estratégica que no se limite a las corporaciones sindicales o académicas, sino que incorpore de manera más amplia a la sociedad civil.

La esperanza debe seguir puesta en un despertar cívico, en esa identidad costarricense arraigada en el valor de las instituciones, los acuerdos y el respeto a las leyes. Pero eso no surge por arte de magia: hay que construirlo y requiere esfuerzo, constancia y trabajo. Así fue como este país logró sobrevivir frente a las dictaduras y los autoritarismos que históricamente lo amenazaron.

Será por ese camino, mediante una identidad costarricense que debe ser reinventada, y nunca por los acantilados del fascismo y las autocracias, que los costarricenses podremos conversar, negociar y concertar soluciones cívicas a nuestros problemas comunes. Con democracia participativa y no con autoritarismos verticales.

Nota editorial: La ilustración corresponde a una obra del pintor costarricense Ricardo Ávila.

La competitividad de los cantones en el 2025: los reiterados bajos niveles de los cantones costeros, fronterizos y rurales

German Masís

La versión del Índice de Competitividad Nacional 2025 muestra una mejora de 1,7 puntos respecto a 2024, un resultado positivo, pero no estructural. El avance se concentra en telecomunicaciones y digitalización, mientras que las áreas más determinantes para el bienestar —seguridad, salud y educación— se han deteriorado o estancado.

Este crecimiento, por tanto, no puede interpretarse como un logro del gobierno de turno, sino como el resultado acumulado de políticas de largo aliento y de la inversión privada en infraestructura digital. La recuperación del índice es frágil, desigual y territorialmente concentrada.

Tras cinco ediciones del ICN, los hallazgos son claros: 1. Costa Rica tiene una competitividad baja y estable, sin variaciones estructurales significativas. 2. La desigualdad territorial es persistente: las regiones costeras y fronterizas siguen rezagadas en salud, educación y empleo. 3. La seguridad es el principal obstáculo al desarrollo territorial y la inversión. 4. La infraestructura eléctrica y vial encarece la operación productiva, limitando el crecimiento de las PYMEs. 5. La digitalización es la mayor fortaleza nacional, pero su impacto será limitado si no se acompaña de mejoras en el capital humano.

Las desigualdades territoriales muestran un país de dos velocidades, la competitividad costarricense se comporta como un sistema dual. Por un lado, los cantones del Gran Área Metropolitana (GAM) mantienen niveles de desempeño por encima del promedio nacional; por otro, los cantones costeros y fronterizos continúan rezagados y estancados.

La GAM concentra el 80% de los cantones con mejora sostenida, mientras que las costas apenas muestran cambios. En los cantones costeros, la baja competitividad se asocia con déficits en infraestructura, seguridad y acceso a la educación técnica, factores que dificultan atraer inversión y generar empleo formal.

Por provincia, el contraste es aún más marcado. Heredia, Cartago y San José se consolidan como polos competitivos, mientras que Guanacaste y Puntarenas acumulan los mayores rezagos. En Guanacaste, el ICN cayó por segundo año consecutivo, impulsado por un deterioro en salud y en el sector construcción. Su tasa de mortalidad infantil pasó de 7,4 a 12,1 por mil nacidos entre 2023 y 2024, un salto sin precedentes en el país.

Mientras tanto, los cantones con mayor pérdida de competitividad (San José, Nicoya, Nandayure, Bagaces y Coto Brus) concentran los efectos de la inseguridad, el desempleo y el aumento del costo de vida.

La educación presenta una doble realidad: avances cuantitativos, pero persistencia de brechas cualitativas y territoriales, siete de cada diez jóvenes en cantones rezagados —como Matina, Garabito, Talamanca, Los Chiles y Río Cuarto— no han terminado el colegio. (CPC, Resumen Ejecutivo del índice de la Competitividad Nacional 2025).

La competitividad costarricense tiene rostro territorial: avanza en el centro, se estanca en las costas. Esa afirmación se constata al observar que de los 25 cantones, que tienen el menor índice de competitividad nacional, 24 son de las regiones periféricas y sólo 1 se encuentra en la GAM., mientras que de los 24 cantones periféricos, 9 son costeros, 7 son fronterizos y 8 son rurales, destacando Garabito que es el cantón de menor índice de los 82 cantones (en el índice anterior era Talamanca) y entre los 10 de menor índice, están en orden descendente: Los Chiles, Buenos Aires, Jiménez, Talamanca, Corredores, Abangares, Guatuso, La Cruz, Coto Brus y Garabito, de los cuales 3 son de la región Brunca, 2 de la región Huetar Norte, 2 de la región Chorotega y 1 de las regiones Atlántica, Pacífico Central y Central.

Muchos de los cantones mencionados de las regiones periféricas también, están entre los 10 de menores índices por pilar o componente, así en el pilar de Instituciones o desarrollo institucional, Garabito es el de menor índice, seguido de la Cruz, Golfito, Quepos, Guácimo, Siquirres, Puntarenas, Bagaces, Nicoya y Osa, mientras que en el pilar de Infraestructura, el menor índice lo tiene Guatuso, seguido de Upala, Coto Brus, Jiménez, Alvarado, Abangares, León Cortéz, Nandayure, los Chiles y Buenos Aires.

En tanto en acceso a las TICs, Talamanca tiene el menor índice, seguido de Siquirres, los Chiles, Buenos Aires, Coto Brus, Matina, Nandayure, Sarapiquí, Upala Y Bagaces, en el pilar Salud, el de menor índice es Limón, seguido por Coto Brus, Turrialba, Corredores, Garabito, La Cruz, Dota, Zarcero, Bagaces y Golfito y finalmente en el pilar de Dinamismo de mercados, el de menor índice es Guatuso, seguido por Osa, Aserrí, Quepos, Parrita, Montes de oro, Hojancha, La Cruz, Turrubares y Coto Brus.

Este fenómeno de los menores índices de competitividad en cantones costeros, fronterizos y rurales ha sido señalado en los informes anteriores del Índice de Competitividad Nacional, así en el del 2023, la mayoría de los cantones con desempeño limitado o deficiente, formaban parte de los cantones costeros y fronterizos. Entre los considerados deficientes, 4 eran de Puntarenas y de la región Central y Brunca, 3 de Alajuela y la región Huetar Norte, 2 de Limón y la región Huetar Atlántica, y 1 de Heredia y la Huetar Norte, 1 de Guanacaste y la región Chorotega. (Masís, G, SURCOS Digital, enero,2024)

Igual que ahora, la medición del ICN, evidenciaba una marcada distinción entre cantones centrales y periféricos del país, que “sigue un patrón de adentro hacia afuera” al igual que la mayoría de los indicadores de progreso o desarrollo social. Esa es la realidad de las desigualdades en la competitividad de los cantones y las regiones del país, que es persistente y se confirma en el informe más reciente.

Imagen tomada de https://icn.cr/wp-content/uploads/2025/11/RESUMEN-EJECUTIVO-ICN-2025.pdf