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De Óscar Arias 1986 a Rodrigo Chaves 2026: 40 años de neoliberalismo privatizando la vida de las juventudes, hipotecando su futuro. Parte primera

Por: Lenin Chacón Vargas
Exsecretario general de la Juventud Vanguardista 1974-1980
Exsecretario general del Partido del Pueblo Costarricense hasta 1991

A las nuevas generaciones les han contado una historia a medias. Dicen que el país está mal por culpa de «los mismos de siempre» o de «los partidos tradicionales» como el PLN, el PUSC y el PAC. Sin embargo, hay una trampa en ese discurso. Detrás de las peleas que vemos a diario en la televisión, la prensa digital y las redes sociales, existe un mismo plan económico que lleva 40 años aplicándose sin interrupción.

Desde 1986 hasta el actual 2026, Costa Rica pasó de ser un país que invertía en su gente a transformarse en una empresa que beneficia a unos pocos. Esta es la historia de cómo el modelo neoliberal —o capitalismo salvaje— nos viene quitando, pedazo a pedazo, nuestra calidad de vida.

1. De la Costa Rica solidaria a la Costa Rica neoliberal

Todo comenzó a mediados de los años 80 con la llegada del primer gobierno de Óscar Arias Sánchez, enemistado con los viejos líderes socialdemócratas: José Figueres, Luis Alberto Monge, Daniel Oduber, llamándoles “muletas que no necesitaba”. Con la llegada del gobierno de Arias en 1986, y dando continuidad profunda a los Programas de Ajuste Estructural que habían iniciado tímidamente en el gobierno de Monge tras la crisis de 1981, se consolidó un giro de timón radical. El énfasis dejó de ser el fortalecimiento de la producción interna y el mercado local. Ahora se priorizaba la inserción de Costa Rica en la economía global, las exportaciones no tradicionales y la atracción de inversión extranjera.

2. Los programas de ajuste estructural (PAE)

Los Programas de Ajuste Estructural fueron los instrumentos financieros y políticos impuestos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que sirvieron como motor de esa transición. Tras la devastadora crisis económica de 1981, el país estaba quebrado. La respuesta de los organismos internacionales fue clara: para recibir préstamos de estabilización, Costa Rica debía desmantelar el modelo del Estado Social de Derecho y abrir su economía. El agro nacional, que había sido el corazón de la soberanía alimentaria y la estabilidad social campesina durante décadas, fue el sector que pagó el costo más alto.

El PAE I, negociado bajo Monge en 1985, y el PAE II, aprobado y ejecutado con fuerza en el gobierno de Arias, actuaron sobre tres ejes destructivos que transformaron para siempre la estructura social y agraria del país.

El primero fue la asfixia deliberada del Consejo Nacional de Producción y la pérdida de la soberanía alimentaria. Antes de los PAE, el CNP era una institución clave de la Costa Rica socialdemócrata. Le compraba a los pequeños agricultores sus cosechas de granos básicos, arroz, frijoles y maíz, a precios de sustentación, precios mínimos garantizados para que el campesino no perdiera dinero. Y vendía esos alimentos a la población a precios accesibles a través de los estancos. Los PAE catalogaron este sistema como un gasto ineficiente y una distorsión del libre mercado. Bajo las directrices del PAE II, se eliminaron los precios de sustentación y se cerraron paulatinamente los estancos. El CNP fue despojado de su capacidad de compra. Al obligar al país a eliminar los aranceles de importación, el mercado nacional se inundó de granos básicos extranjeros, fuertemente subsidiados en sus países de origen, como el maíz y arroz estadounidense. El productor local simplemente no pudo competir y el CNP quedó reducido a una entidad mínima.

El segundo eje fue la política de la “agricultura de cambio» y el fin del grano básico. Con el PAE II se consolidó una consigna oficial que sepultó la agricultura tradicional. El argumento neoliberal dictaba que Costa Rica no debía gastar recursos en producir su propia comida si era más barato importarla. En su lugar, los campesinos debían reconvertirse en productores de exportaciones no tradicionales: flores, mini-vegetales, plantas ornamentales, piña y melón, tubérculos. El Ministerio de Agricultura y Ganadería y los bancos del Estado cambiaron radicalmente sus prioridades. Se cortó el crédito barato, la asistencia técnica y los seguros agrícolas para los productores de maíz, arroz y frijoles. Si un campesino quería crédito, el banco se lo otorgaba únicamente si sembraba los productos destinados al mercado internacional. Los pequeños agricultores, que no tenían los recursos, la tecnología ni los contactos internacionales para exportar flores o piña, cayeron en la ruina. Esto provocó una masiva quiebra en el campo, el abandono de las tierras y el inicio de la gran migración campesina hacia los precarios de las periferias urbanas.

El tercer eje fue la privatización del crédito agrícola. El sistema bancario nacionalizado había sido diseñado por el primer liberacionismo para democratizar el crédito. Existían las Juntas Rurales de Crédito Agrícola, que financiaban al pequeño productor con tasas de interés bajísimas y plazos sumamente flexibles porque el fin no era el lucro sino el desarrollo social. Los programas exigieron la desregulación financiera, abriendo el portillo para la banca privada y obligando a los bancos del Estado a operar bajo criterios estrictos de rentabilidad comercial y libre mercado. Las Juntas Rurales de Crédito perdieron su razón de ser. El pequeño agricultor se convirtió en un cliente de alto riesgo para los ojos de una banca ahora corporativizada. Al no poder acceder a financiamiento, la producción agrícola familiar quedó prácticamente liquidada, dejando el campo libre para el auge de las grandes corporaciones transnacionales, especialmente en sectores como la piña, melón, sandía y el banano.

Aquella idea de que el suelo costarricense debe alimentar a sus hijos fue sustituida por la lógica neoliberal de que el mercado global proveería todo. Y así transformaron la estructura social y agraria del país para siempre.

Los discursos del arismo sonaban bonito tanto en la primera gestión 1986-1990, como en la segundo 2006-2010 incluido el Tratado de Libre Comercio (TLC.) prometían «modernizar el país» y «abrirnos al mundo» “la tecnocracia al poder” y sus consignas ilusorias como «en vez de un Hyundai, tendrán un Mercedes Benz».

La realidad, no obstante, fue otra. Se cambió por completo la lógica del Estado. Las instituciones públicas* que nacieron para garantizar derechos fundamentales —la salud, la educación, la energía eléctrica, las telecomunicaciones, los seguros, el agua, el transporte ferroviario y el agro, — empezaron a ser vistas como simples «negocios» que debían generar ganancias financieras o, de lo contrario, recortarse. Así comenzó el desmantelamiento del Estado Social de Derecho, la eliminación del cultivo de granos básicos: arroz, frijoles, maíz.

3. La precarización del trabajo: adiós a la estabilidad laboral

Para los jóvenes de hoy, conseguir un empleo con plenas garantías laborales parece un mito del pasado. El neoliberalismo trajo consigo la flexibilización laboral, sustituyendo la conquista histórica de la jornada de 8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de recreación, por propuestas extenuantes como la jornada 4×3 (cuatro días laborando 12 horas continuas a cambio de tres días de descanso).

Bajo la falsa promesa de «atraer inversión», se mutilan las jornadas laborales humanamente justas. Hoy se ha normalizado el trabajo informal, el empleo precarizado por aplicaciones digitales o las dinámicas de zonas francas donde los derechos sindicales y el pago de horas extra son prácticamente inexistentes. Nos vendieron la idea de ser «nuestros propios jefes» a través del emprendedurismo para ocultar que el Estado ya no garantiza salarios dignos ni estabilidad. Esto destruye la posibilidad de construir un proyecto de vida, comprar una casa

o aspirar a una vejez digna, mientras la Banca para el Desarrollo se utiliza como una herramienta de clientelismo político para los gobiernos de turno.

4. La asfixia de la educación y la salud pública

El daño más grave de estas cuatro décadas ha sido el ataque directo contra los pilares de la democracia costarricense: la educación pública y la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

Educación en quiebra: El presupuesto educativo se ha recortado a niveles históricos, violando flagrantemente el mandato constitucional del 8%. Hoy tenemos escuelas con órdenes sanitarias y universidades públicas bajo constante amenaza presupuestaria y cierres de centros regionales.

Un pueblo sin educación es un pueblo fácil de manipular.

Salud debilitada: La CCSS ha sido ahogada financieramente por los sucesivos gobiernos, incluyendo el actual, mediante la corrupción, el derroche y una sistemática asfixia de sus finanzas. Al colapsar los servicios y extenderse las listas de espera, se obliga a la gente sencilla a pagar clínicas privadas o a morir esperando una cita. De esta forma, convierten la salud en un lujo de consumo; una mercancía con diferentes precios según la capacidad de pago y la calidad de los especialistas.

5. El gobierno actual: El heredero neoliberal con disfraz de rebelde

La administración de Rodrigo Chaves Robles y Laura Fernández Delgado han sabido explotar el enojo legítimo de la población hacia las cúpulas del PLN, el PUSC y el PAC. Su estrategia en redes sociales es efectiva: ataca violentamente a los actores políticos y funcionarios del pasado para proyectar una imagen de «rebelde» o reformador. Pero no es ni más ni menos que un político neoliberal, populista y autoritario.

Pero observemos las acciones y no los gritos.

En materia económica, este gobierno es un alumno excelente de Óscar Arias y de la Unión Costarricense de Cámaras y Asociaciones del Sector Empresarial Privado (UCCAEP).

Su receta es la misma de siempre: recortes profundos a los programas sociales, debilitamiento de la institucionalidad, ataques a la libertad de prensa y un favorecimiento descarado a los grandes grupos financieros. No hay ruptura; hay una profundización del capitalismo salvaje mediante un estilo autoritario de gritería e insultos.

A esto se suma el ataque sistemático al Poder Judicial, la Sala Constitucional (Sala IV) y la Fiscalía General, motivado por las centenas de denuncias judiciales que pesan sobre diputados, ministros, exministros y el propio exmandatario y el debilitamiento de los recursos para combatir eficazmente el crimen organizado.

6. Para recuperar el futuro: Urge la organización y la movilización nacional

Nos están dejando una Costa Rica sin memoria y con una «vida útil» muy corta para las mayorías. La corrupción y la pérdida de libertades no son casualidad; son el resultado directo de este modelo neoliberal que cumple 40 años en este 2026.

La juventud no puede quedarse como espectadora en las redes sociales mientras le desmantelan el país que se construyó con tanto esfuerzo en el siglo XX. La única forma de frenar este régimen neoliberal y autoritario es la organización popular. Necesitamos rescatar la democracia social, la que pone al ser humano por encima del mercado. Es hora de despertar, recordar de dónde venimos y reclamar el futuro que nos quieren robar.

Es un deber ineludible de las juventudes de hoy, defender los derechos, las garantías sociales, las garantías individuales y el Estado social y democrático de derecho que conquistaron nuestros padres y abuelos.

¡A luchar! La democracia de la calle es el camino.

*Nota: Instituciones Públicas desmanteladas o en proceso: C.C.S.S., universidades públicas, ICE, INS, AyA, Ferrocarriles al Pacífico y al Atlántico, C.N.P., todas, patrimonio del pueblo de Costa Rica.

RENASES convoca a su III Asamblea Nacional: “Ha llegado el momento de la movilización”

La asamblea será el viernes 23 de octubre en el salón de eventos de JUPEMA. Cada sector presentará tres problemas, tres soluciones concretas y la forma de impulsarlas.

La Red Nacional de Sectores Sociales (RENASES) convoca a sus organizaciones a la III Asamblea Nacional, que se realizará el viernes 23 de octubre de 2026, de 8:30 a. m. a 3:30 p. m., en el salón de eventos de JUPEMA, contiguo a Pensiones de la CCSS. La convocatoria se anuncia con nueva fecha y sede.

“Después de dos asambleas de diálogo, construcción de propuestas y articulación entre sectores, ha llegado el momento de la movilización”, señala RENASES en su comunicado oficial, en el que describe la asamblea como “un espacio decisivo para nuestra red”.

Bajo el lema “De los problemas a las soluciones”, cada sector deberá llevar tres problemas, tres soluciones concretas y la forma de impulsarlas.

Programa

  • 8:30 a. m.: inscripción y café.

  • 9:00 a. m.: bienvenida, a cargo del Equipo Timón y las diputaciones invitadas.

  • 9:20 a. m.: informe de avances en incidencia, articulación y movilización.

  • 10:00 a. m.: trabajo por sectores para preparar el encuentro en la Asamblea Legislativa.

  • 12:00 m.: almuerzo.

  • 1:00 p. m.: plenaria, con las propuestas de los sectores (siete minutos por sector).

  • 2:20 p. m.: “Lo que viene”: la actividad del 1.º de noviembre en Cartago, por los 85 años de la CCSS, y el encuentro con diputaciones del 19 de noviembre.

  • 3:00 p. m.: acuerdos y cierre. Cada acuerdo tendrá una persona responsable y una fecha.

Inscripción

Las organizaciones deben confirmar su asistencia en este enlace: https://forms.gle/3ziMqwSAFWenCsZA9

RENASES pide compartir la convocatoria con las bases y las personas integrantes de cada organización: “Su presencia es fundamental para definir juntas y juntos los próximos pasos”. La red advierte además que solo las personas que asistan a la III Asamblea podrán participar en el encuentro en la Asamblea Legislativa del 19 de noviembre.

RENASES – Red Nacional de Sectores Sociales
Diálogo + Democracia + Paz Social + Justicia

IX Encuentro Internacional de Pensamiento Crítico analizará la crisis mundial y el ataque a la democracia y los derechos humanos

Del 27 al 29 de octubre, en la Universidad Nacional, con transmisión en directo por el canal de YouTube del IDESPO.

El Grupo de Pensamiento Crítico (GPC) y el Instituto de Estudios Sociales en Población (IDESPO) de la Universidad Nacional (UNA), con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo, Oficina de México, convocan al IX Encuentro Internacional de Pensamiento Crítico. Este año el lema es “Crisis mundial y ataque a la democracia y los derechos humanos: la antiutopía de la violencia y la destrucción”. El encuentro se realizará del 27 al 29 de octubre de 2026 en el Auditorio Franz J. Hinkelammert, la antigua Sala de Conferencias de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNA, en Heredia. Las sesiones se transmitirán en directo por el canal de YouTube del IDESPO: https://www.youtube.com/@idespouna1975

El GPC fue fundado en 2007 por Franz J. Hinkelammert. Según la convocatoria, desde entonces ha buscado generar “argumentos, narrativas, estrategias y alternativas para sustentar las resistencias y los proyectos emancipatorios”. Sus encuentros internacionales han sido, durante casi dos décadas, un foro de diálogo a partir del instrumental teórico, metodológico y ético aportado por Hinkelammert.

Una crisis civilizatoria

La convocatoria advierte sobre “la progresiva pero veloz constitución de una crisis civilizatoria deshumanizante, antidemocrática e irracionalista”. Según el texto, esa tendencia apareció primero en el proyecto neoliberal de totalización del mercado y, más recientemente, en el ascenso de las extremas derechas a nivel mundial. Los organizadores las describen como un proyecto que “busca el dominio totalitario sobre todas las fuentes de la vida: el trabajo, la naturaleza y la espiritualidad del ser humano”.

En lo político, el texto señala un vaciamiento de la democracia. Cita a Hinkelammert, quien advirtió que se agudiza “un conflicto entre la democracia como mecanismo del poder y la democracia como lugar de la defensa de los derechos humanos”. La convocatoria sostiene que en diversos países del continente se ha venido “sucumbiendo a la fascinación de las ultraderechas”, con proyectos “aparentemente anti-establishment y libertarios, que vuelven a enquistar en el poder a los viejos y los nuevos grupos hegemónicos ligados al capital transnacional”, en “un retroceso alarmante de la vigencia de los derechos humanos, de las conquistas populares y profundamente antiecológico”.

Los organizadores ubican esta ofensiva en una crisis estructural del capitalismo que se arrastra desde la década de 1970, y en los límites que dejó en evidencia la crisis de 2007-2009. Señalan que el escenario político internacional “se ha vuelto particularmente sombrío”: “Asistimos al imparable genocidio en Gaza y el Líbano, donde la población civil es sometida a un castigo colectivo que viola todas las normas del derecho internacional humanitario”. Mencionan también el silenciamiento de las hambrunas y los desplazamientos masivos en Sudán, la crisis humanitaria y de seguridad en Haití y “la ya alargada guerra de agresión de Rusia contra Ucrania”. Afirman que la administración Trump “ha intensificado su guerra contra Irán y Venezuela, profundizando las sanciones económicas que equivalen a un asedio contra pueblos enteros”, al tiempo que “mantiene y recrudece la asfixia contra Cuba, cuyo pueblo soporta un bloqueo genocida”. Para los organizadores, estas agresiones “forman parte de una estrategia global de dominación que combina la violencia militar directa con la guerra económica, el saqueo de recursos y la imposición de un nuevo orden autoritario”.

Ejes de discusión

El encuentro se organizará en torno a cuatro ejes:

  1. El análisis de las tendencias actuales del capitalismo: bajo crecimiento, inflación, financiarización, concentración de la riqueza y la respuesta de las ultraderechas como proyectos de restauración conservadora.

  2. El vaciamiento de la democracia, la instrumentalización de los derechos humanos por los proyectos dominantes y la construcción de nuevas narrativas emancipadoras.

  3. Las tendencias neofascistas y militaristas, la guerra cultural, la desinformación y la voluntad de exterminio como mecanismos de disciplinamiento social.

  4. La construcción de nuevos mitos emancipatorios, narrativas, estrategias de resistencia y proyectos transformadores desde los movimientos sociales, feministas, ecologistas, sindicales y populares, “en la búsqueda de una civilización para el cuidado de la vida”.

Programa

Martes 27 de octubre: Crisis mundial y reconfiguración del orden capitalista

  • 9:00 a. m.: apertura, inauguración del Auditorio Franz J. Hinkelammert e inicio de las sesiones plenarias.

  • 10:15 a. m.: conferencia inaugural. “El termidor de la Modernidad y el ascenso mundial de la extrema derecha neofascista: una mirada apremiante pero esperanzadora a la luz del pensamiento crítico de Franz Hinkelammert”, Henry Mora (Costa Rica).

  • 11:15 a. m.: “Vigencia de la dialéctica del desarrollo desigual de Hinkelammert ante la crisis mundial del siglo XXI”, Hugo Herrera (México).

  • 2:00 p. m. (virtual): “Límites trascendentales de la sustentabilidad. El Espacio Analítico Alternativo como herramienta heurística”, David Orlando Ramírez (Colombia-México).

  • 3:15 p. m.: “Crisis actual del capitalismo y su reconfiguración desde la ultraderecha; una explicación desde lo estructural”, William Hughes (Panamá).

  • 4:15 p. m.: “Trump sigue la herencia de intervenciones en América Latina”, Lilia Solano (Colombia).

  • 6:00 p. m.: presentación del libro Franz Josef Hinkelammert: pensamiento esperanzado, Carlos Molina (El Salvador).

Miércoles 28 de octubre: Ataque a la democracia y los derechos humanos / La antiutopía de la violencia y la destrucción

  • 9:00 a. m.: “La crisis civilizatoria y la utopía de la dominación total”, Jorge Vergara (Chile).

  • 10:30 a. m. (virtual): “Democracia y derechos humanos: discernimientos desde nuestra América en defensa de las humanidades”, Yamandú Acosta (Uruguay).

  • 11:30 a. m.: “Del pensamiento único al no pensamiento: desafíos a las descomposiciones neoliberales desde América Latina”, John Carlos Pumacaya (Perú-Colombia).

  • 2:00 p. m.: “Lo sagrado frente a lo santo y la inversión de los valores éticos en el mundo contemporáneo”, Jung Mo Sung (Brasil).

  • 3:15 p. m.: “El Caribe como zona de paz o frontera de imperio. La paradoja del asesinato es suicidio en contexto”, Maydi Estrada Bayona (Cuba).

  • 4:15 p. m. (virtual): “Deseo, violencia y mito”, Carlos Asselborn (Argentina).

  • 6:00 p. m.: “Voces y paisajes”, conversatorio sobre la coyuntura política en América Latina.

Jueves 29 de octubre: Alternativas para la vida

  • 9:00 a. m.: “Totalitarismo y religión. El surgimiento de la crítica de la religión en la Doctrina Social de la Iglesia”, José Fernando Castrillón (Colombia).

  • 10:30 a. m.: “Militancia y conversión: comunidades de vida y espiritualidad de la acción”, Carlos Molina (El Salvador).

  • 11:30 a. m.: “Rebelión juvenil en Colombia, una apuesta por la vida”, Carlos Angarita (Colombia).

  • 2:00 p. m.: “Para la reconstrucción de una democracia futura. Aportes de la filosofía latinoamericana contemporánea: A. Roig, E. Dussel, F. J. Hinkelammert”, Estela Fernández (Argentina).

  • 3:15 p. m. (virtual): “Enrique Dussel: marxismo crítico del Sur, descolonialización y transmodernidad”, Jorge Zúñiga (México).

  • 4:15 p. m.: “Utopía y revolución. La posibilidad de otro mundo”, Yohanka León del Río (Cuba).

  • 6:00 p. m.: clausura.

El encuentro será principalmente presencial, con mesas de discusión en las que expondrán integrantes de la red del GPC y que se abrirán a la discusión colectiva. Algunas conferencias serán virtuales, porque parte de sus integrantes no pueden viajar a Costa Rica. Además, habrá sesiones de trabajo con colectivos y organizaciones sociales, actividades culturales y un homenaje a Franz J. Hinkelammert. Está previsto publicar las ponencias en 2027, con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo.

Contacto: norman.solorzano.alfaro@una.ac.cr

Ni Don, ni Señor. ¡Ciudadano!

Vladimir de la Cruz

Hace pocos días en la Asamblea Legislativa el soberano diputado gobiernista, José Miguel Villalobos, le reclamó al magistrado Jorge Araya García, que al referirse a Rodrigo Chaves Robles no le decía ministro ni presidente, y que solo se refería a él como “señor” pidiéndole que le siguiera dando el trato de ministro o presidente, como se acostumbra en Estados Unidos llamar a quienes han ejercido la presidencia.

El magistrado le espetó con respeto, de forma directa y sin rodeos, que, para él, por la forma como fue educado lo más importante que los cargos, que son temporales, es la condición humana, que es de por vida.

¿Tiene importancia ese intercambio de opiniones? Hoy el término DON y SEÑOR, consecuentemente DOÑA, la esposa del Don y SEÑORA, la esposa del Señor, se usan más como fórmulas de respeto y cortesía para dirigirse a un hombre o una mujer mayor de edad.

Sin embargo, en una sociedad democrática, como la que vivimos, esos términos no se deberían usar para el lenguaje general ni coloquial, ni tampoco oficial, como se estila en algunos países y cancillerías. ¿Por qué? Porque se debería usar el adjetivo de CIUDADANO o CIUDADANA, que refiere a los miembros activos, naturales de un Estado, que tienen derechos políticos, garantías constitucionales, como mecanismos legales para proteger, defender y restituir Derechos y Libertades que le pudieren ser, al Ciudadano, amenazados o violados por actos del Estado o de particulares.

El origen real de la palabra DON deriva del latín “dominus” que significa propietario, señor, amo, dueño. En la tradición española, desde la época colonial, situación que se trasladó a la América colonial, dominada por España, se empleó también, desde el siglo XVI, para dirigirse a las personas que pertenecían a la nobleza, término extendido a comerciantes y personas que por tal condición se les debía ese respeto. Era un concepto empleado para distinguir al noble del plebeyo, al noble del criollo y del común de las personas. El DON por sí no significaba un título social, tan solo un tratamiento deferencial.

Por la tradición popular se corrió la idea de que es un acrónimo que responde a: “De Origen Noble”, que en la correspondencia de la época se indicaba D.O.N. y luego se le eliminaron los puntos dejando el DON antecediendo al nombre de pila de la persona.

El DON así no se usa ni se usó para referirse a una persona por el apellido. Si así se usaba se consideraba que quien lo hacía era un plebeyo.

Hoy el término se usa para destacar estatus social, mayor edad, buena voluntad para referirse a una persona de mayor estatus social. Se puede usar de manera despreciable: “esa doña”, o es “un don nadie”, con lo cual se le quita el aura de nobleza que el “don” presume encerrar o contener.

En Hispanoamérica, desde la Independencia se impulsó su desuso, aunque permanece su empleo. Por la tradición francesa se concentró el término a la curia católica, tratamiento que se daba para Dios, Jesucristo y a los santos. En la España medieval se empleaba solo a los reyes, a los grandes nobles y a quienes tenían los más altos cargos eclesiásticos, especialmente referido a arzobispos y cardenales. Después se generalizó a algunos hidalgos, que podían probar su nobleza, pero no a plebeyos. Los hidalgos eran la capa más baja de la nobleza. Es un término que refiere a “hijos de algo”, que podría ser familia conocida o noble. En Don Quijote de la Mancha tenemos esta referencia cuando Alonso Quijano toma el nombre de Don Quijote y Sancho, la buena conciencia, reflexiona que ese “don” no se tenía derecho a usar.

En 1611 el rey Felipe III de España amplió su uso a obispos, condes, mujeres e hijos de los hidalgos y los hijos de personas tituladas, aunque fuesen “bastardos”.

Los reyes españoles por necesidad económica pusieron en venta el derecho de uso del don/doña, el 3 de julio de 1664, por una vida, por dos vidas o a perpetuidad, y en algunos casos permitió incluir un escudo de armas.

En América, en 1573, el rey Felipe II, dio el carácter de hidalgo, aunque no el de don/doña a todos los conquistadores y primeros pobladores. Sin embargo, el del don/doña se hacía constar en documentos oficiales, en registros parroquiales de bautismos, confirmaciones, casamientos y sepulturas, así como en cabildos, lo que hacía ver niveles sociales más altos en lo político, en lo económico y en lo militar. Su uso llegó a alcanzar a los indios que se consideraban nobles.

En los días de la Independencia en Argentina y Uruguay se le dio el tratamiento de “don” a los esclavos libertos que lucharon contra los españoles realistas.

Actualmente, su uso se extiende al punto de decir, por ejemplo, presidente Don… Al referirse con el don se puede poner con mayúscula como con minúscula, que es lo más usual.

Igual sucede con las palabra Señor y Señora, hoy empleadas como cortesía o respeto para dirigirse a personas adultas o mayores.

Señor deriva del latín que significa “más viejo”. Su uso habitual es para dirigirse a personas que no se les conoce el nombre.

Señor históricamente está asociado a un dueño, un propietario, amo o persona con poder de dominio sobre bienes y sobre personas. Su antónimo es el vasallo, el súbdito y en ocasiones el esclavo.

El término se asoció a terratenientes y hacendados, a quienes tenían posesiones con pleno dominio y jurisdicción. A los titulares de señoríos, existentes en España y en la América colonial, que eran territorios cuyos habitantes estaban sujetos o sometidos a la autoridad del Señor, que usualmente eran nobles o eclesiásticos. Se era dueño de tierras y a los campesinos se les podía cobrar por trabajar esas tierras. Algunos señoríos nobiliarios se ligaban a los mayorazgos, que permitía el traspaso de propiedades entre generaciones sin dividirse, para garantizar el poder de la tierra, el capital y el linaje o la descendencia.

La tradición popular asocia el término de señora a mujer casada o viuda mientras a la soltera se le llama señorita.

Los señores feudales tenían derecho para castigar, como dueños que eran de las personas bajo su dominio, hasta con la pena de muerte. Igualmente, los señores feudales tenían el derecho de pernada o de primae noctis con el cual podían obligar o mantener relaciones sexuales en la noche de boda a la esposa de sus vasallos.

En el orden jerárquico de la nobleza titulada de España los rangos de mayor a menor son: Duque, Marqués, Conde, Vizconde, Barón y Señor. La nobleza no titulada comprendía al Caballero, al Hidalgo y al Maestrante.

Si por la etimología el vocablo “don” implica una condición o cualidad de dominio, de dueño sobre otras personas, no se debe usar para dirigirse o referirse a una persona.

Igual sucede con Señor que está asociado a un dueño, un propietario, amo o persona con poder de dominio sobre bienes, sobre personas y campesinos que le trabajaban.

El título de honor, rango social se perdió con la Independencia. Y el dominio de personas también.

En el régimen de tenencia de las tierras en el período colonial todas le pertenecían al rey, tierras reales o realengos, que eran los territorios de la Corona. El rey podía dar tierras a particulares. No eran de los señores feudales, de la nobleza ni de la Iglesia.

Bajo la ocupación francesa en España, en las Cortes de Cádiz se eliminaron los señoríos jurisdiccionales manteniéndose los territoriales, que pasaron como propiedades privadas.

En 1789, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y en la de 1793, la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, se afirmó que estos derechos son “naturales, inalienables y sagrados” y que todos los hombres “nacen libres e iguales”. Así se empezó a desarrollar el concepto del Ciudadano como la persona activa de un Estado, con derechos políticos, civiles, sociales, y sometidos a sus leyes.

Las Cortes de Cádiz también igualaron a todos los habitantes de la América colonial, cuando establecieron la igualdad de los estamentos. Las limitaciones al absolutismo monárquico empezaban a aflorar. La lucha por la Independencia reivindicó cortar con el dominio español en todo lo político institucional que significaba.

En el Plan de Iguala, del 24 de febrero de 1821, Iturbide y Guerrero pactan la lucha final de la Independencia del Virreinato de México, y reconocen en su punto 12 que todos los habitantes de la Nueva España, sin distinción alguna, de europeos, africanos e indios se les considera ciudadanos del proceso que impulsa Iturbide.

Cuando el 15 de setiembre de 1821 se acuerda la Independencia de Guatemala, se establece igualmente comunicar esa decisión a las provincias que constituían la Capitanía General, el Reino de Guatemala o las Diputaciones que existieron con la Constitución de Cádiz, para que cada una resolviera como bien le pareciera, e invitan para que se forme un Congreso, para lo cual se deben nombrar representantes, diputados, para definir en forma definitiva la Independencia, señalando que en la escogencia de esos diputados no debe excluirse de “la ciudadanía a los originarios de África”. Queda claro que se abolió la esclavitud ese 15 de setiembre de 1821, lo que luego se refuerza en 1824 para toda Centroamérica.

Siguiendo esta línea política, el 23 de julio de 1823, al reunirse la Asamblea Nacional Constituyente de las mismas Provincias, que había sido convocada, decretó exaltando la superación del régimen colonial y reinal español, que existiendo un “sistema de igualdad legal entre los funcionarios y ciudadanos”, se decreta:

“1.- Quedan abolidos todos los tratamientos de Majestad, Alteza, Excelencia, Señoría y demás que se ha usado hasta hoy.

2.- Las autoridades, corporaciones y empleados públicos no se denominarán con otro título que el que disponga la ley al destino o empleo que ejerzan.

3.- Queda abolida la distinción del Don”

De esta forma, desde 1823 no se deben emplear esos adjetivos para referirse a las personas. El de Señor y de Don por las razones aquí expuestas, en tanto significaban un estado de sumisión de personas, con los señores y los nobles, que los colocaba en condición de vasallos, siervos o esclavos.

En su lugar debe decirse CIUDADANO, que responde a la persona del sistema republicano, con derechos, libertades, que el Estado mismo debe garantizárselas.

Así, el magistrado no estaba obligado a decirle presidente Rodrigo Chaves, que no es costumbre hacerlo en Costa Rica a quienes han ejercido ese alto cargo público.

Cuando lo llamó “señor” solo el magistrado sabe si lo hizo por respeto a la edad de Rodrigo Chaves, ya adulto mayor, como lo señaló rápidamente cuando le respondió al soberano diputado, o quiso significar, más finamente, que el señor Chaves se siente en Costa Rica, como ese poderoso personaje medieval, y del período colonial, dueño pleno de todo el país, como si fuera su Señorío, con su población, que no quiere que las leyes le establezcan límites ni controles, al estilo de los gobernantes absolutistas, de esa época, o a los gobernantes autoritarios, tiránicos, dictatoriales y despóticos de estos tiempos, que considera, por la forma como se dirige a los ciudadanos, como si fueran sus vasallos, siervos y esclavos, como los que trasportan frecuentemente a actos públicos, que los ponen a actuar como los capataces que los conducen y dirigen les mandan.

El ciudadano Jorge Araya García puso los pies en el suelo, con elegancia, resultado de la educación que recibió desde niño y practicó en su familia, como también lo dijo.

Cuando di clases, por más de 40 años, en mi primera lección les enseñaba a mis estudiantes estos conceptos, pidiéndoles que no me dijeran Don ni Señor, que Ciudadano era la mejor forma de llamarme. Si eso les costaba, que me llamaran Profesor, que es quien ejerce la enseñanza pública o privada de una materia, en mi caso Historia de Costa Rica, siendo apenas un guía en el aprendizaje de los estudiantes. Del mismo modo, Profesor porque es el que profesa una profesión, en mi caso la de Historiador, actividad que se desempeña trabajando, enseñando.

El Ciudadano Soberano Diputado puede llamar presidente al ciudadano Rodrigo Chaves, lo que tiene que hacer igual con todas las personas que han ejercido la Presidencia en Costa Rica.

También lo puede llamar ministro por el cargo que desempeña actualmente.

Y a todas las personas que han ejercido cargos como presidente, vicepresidente, embajador, ministro, viceministro, magistrado, diputado, alcalde o vicealcalde, como se acostumbra en otros países.

Pero siempre podrá decirles a todos ellos, y todas las personas, el glorioso adjetivo de Ciudadano, que los iguala en todo sentido.

Que el cansancio no decida nuestro futuro

Por Rodrigo H. Campos Hernández

Rodrigo Campos Hernández

Hay una contradicción que debería interpelarnos: vivimos una época de extraordinarias capacidades científicas y tecnológicas, mientras una vida digna sigue siendo una promesa incumplida para millones de personas. Las guerras destruyen comunidades; la incertidumbre atraviesa los hogares; trabajar no siempre permite vivir con seguridad. La pregunta por el futuro se ha convertido, para demasiada gente, en una pregunta por cómo sobrevivir al presente.

Las protestas que recorren distintos países tienen historias y demandas propias. Sería un error atribuirles una misma conciencia o un destino común. Sin embargo, muchas expresan un límite: el rechazo a seguir pagando con precariedad, endeudamiento y agotamiento decisiones sobre las cuales las mayorías tienen escasa influencia. Ese malestar cuestiona la promesa neoliberal de que la expansión del mercado terminaría asegurando el bienestar colectivo.

En Costa Rica, necesitamos discutir qué proyecto de sociedad se construye cuando la educación y la protección social se presentan como gastos que deben contenerse, mientras el castigo adquiere protagonismo como respuesta política. La seguridad es una necesidad real. Precisamente por eso, debe incluir prevención, investigación eficaz, justicia independiente y condiciones materiales para vivir. Su evaluación no puede reducirse al número de celdas ni a la dureza de los discursos.

También debemos exigir que las transformaciones de los servicios públicos se discutan abiertamente, con evidencia sobre sus consecuencias. Recuperar recursos para una institución no debería convertirse en moneda de cambio para aprobar reformas de otra sin suficiente deliberación. La ciudadanía merece conocer qué se negocia, quiénes se benefician y qué compromisos se adquieren en su nombre.

La controversia sobre el Acuerdo Transpacífico plantea una pregunta igualmente seria. La presidenta manifestó que no había revisado su borrador, mientras la ministra de Comercio Exterior sostuvo que las condiciones negociadas ya no podían renegociarse. Aunque la adhesión todavía requiere decisiones pendientes, esa tensión obliga a preguntar qué capacidad efectiva tienen los sectores convocados al diálogo para influir en el resultado. Escuchar sus preocupaciones exige explicar cuáles pueden atenderse, mediante qué instrumentos y con qué recursos. Contabilizar reuniones no demuestra, por sí solo, que sus planteamientos hayan incidido en lo negociado.

Exigimos información suficiente para evaluar los compromisos, sus beneficios y sus costos por sector, así como respuestas verificables para quienes podrían resultar perjudicados. Las oportunidades comerciales deben discutirse junto con sus efectos sobre el empleo, la producción nacional y la seguridad alimentaria. Concluir una negociación no elimina la obligación de justificarla ante la ciudadanía. La participación democrática pierde sustancia cuando se invita a hablar, pero se presenta lo fundamental como fuera de discusión.

Esa exigencia alcanza a la oposición. Denunciar al gobierno no constituye, por sí solo, una alternativa. Hacen falta propuestas, coherencia y capacidad de sostener acuerdos. Si cada sector defiende su espacio de manera aislada, podemos agotar nuestras fuerzas mientras se debilitan las condiciones que todos necesitamos.

Por eso hacen falta diálogos más exigentes y una comunicación más compartida. Espacios donde podamos contrastar diagnósticos, reconocer diferencias y acordar acciones sin exigir unanimidad. Espacios que escuchen también a quienes no participan en nuestros círculos y cuyas preocupaciones no siempre encuentran lugar en nuestros análisis.

Movilizarnos forma parte de esa tarea. Una protesta puede incomodar, interrumpir la rutina y ejercer presión sin agredir a las personas. Su fuerza crece cuando tiene continuidad, objetivos reconocibles y vínculos entre sectores. Salir a la calle permite afirmar una presencia; organizarnos permite sostenerla.

No hay garantía de victoria. El deterioro puede profundizarse y el hartazgo puede ser aprovechado por proyectos autoritarios. Una esperanza responsable debe reconocer esos riesgos y construir razones para actuar: compromisos concretos, responsabilidades distribuidas y formas de participación que no consuman hasta el agotamiento a quienes las sostienen.

Este es un llamado a encontrarnos. A pasar de las voces dispersas a una conversación capaz de producir acuerdos y acción colectiva. Podemos comenzar por aquello que estamos dispuestos a defender juntos y por una primera tarea que podamos cumplir.

Esta discusión tiene también una dimensión jurídica. El poder público está sujeto a obligaciones que ninguna mayoría electoral puede dispensar. Los artículos 9 y 11 de nuestra Constitución establecen un gobierno participativo y responsable, sometido a la legalidad y a la rendición de cuentas. Los derechos de petición y acceso a la información, reconocidos en los artículos 27 y 30, permiten exigir respuestas y conocer los fundamentos de las decisiones públicas. Cuando esas garantías se vulneran, existen mecanismos para reclamar su protección.

El financiamiento universitario tampoco queda a la libre disposición de los acuerdos partidarios: debe respetar la autonomía y las garantías de los artículos 84 y 85. De igual manera, concluir la negociación de un tratado comercial no reemplaza su aprobación legislativa ni el control previo de constitucionalidad exigido por el ordenamiento. Una decisión anunciada como políticamente concluida puede tener todavía controles jurídicos pendientes.

La política de seguridad encuentra límites igualmente precisos. El debido proceso, la prohibición de tratos crueles o degradantes y la independencia judicial obligan también cuando el miedo impulsa demandas de mayor castigo. A su vez, organizarse, expresarse y reunirse pacíficamente son derechos constitucionales, no concesiones del gobierno. Su ejercicio y su protección forman parte de la vida democrática.

No toda decisión que rechazamos es ilegal. La crítica adquiere fuerza jurídica cuando identifica la actuación cuestionada, la obligación incumplida y las pruebas que permiten exigir su revisión. Ese rigor debe acompañar la movilización: documentar, solicitar información, fiscalizar y acudir a los mecanismos de protección correspondientes. Defender el futuro común exige también hacer efectivas las garantías que el ordenamiento reconoce.

Seguimos de pie, aunque estemos cansados. Que ese cansancio encuentre solidaridad, organización y relevo. El futuro común merece algo más que nuestra resignación.

Mientras Chaves-Fernández apenas van, Bukele ya regresa

José Manuel Arroyo Gutiérrez

Para lo que juzgará la Historia ya todo está escrito: la propuesta del continuismo Chaves-Fernández admira, venera, imita y añora ser como Bukele, concentrar todo el poder político, borrar la separación de poderes, eliminar los controles republicanos y, además, gobernar mediante decretos en medio de la suspensión de garantías constitucionales. Estas no son acusaciones de adversarios malévolos, son confesiones explícitas de quienes por desgracia nos gobiernan.

El “gran logro” del tiranillo tropical ha sido crear un enorme campo de concentración-exterminio, reduciendo ciertamente la tasa de homicidios y otros delitos, pero a cambio de encerrar a 120 mil personas (más del 2% de la población), de manera atolondrada, sin las mínimas garantías del debido proceso, sin importar su inocencia o culpabilidad, con denuncias de tratos crueles, torturas y 500 personas fallecidas (¿asesinadas?) a lo interno del sistema carcelario.

El modelito resulta insostenible desde el punto de vista moral y jurídico, pero también desde una perspectiva económica y política, tanto para el pueblo salvadoreño como para la comunidad internacional que observa estupefacta semejante experimento neonazi. De ahí que la manifestación de Bukele en el sentido de que está considerando –por supuesto él como consumado autócrata- la liberación de al menos el 50% de los encarcelados, deba ser analizada con lupa.

Recurro como fuente al medio salvadoreño El Independiente en artículo firmado por Walter Raudales: “El ´MODELO´ se desinfla. ¿Qué hay realmente detrás del anuncio confuso de liberar ´postes´?”:[1]

  1. La manifestación del mandatario salvadoreño es una confesión de fracaso. La férrea mano dura muestra sus fisuras y está buscando una desesperada salida a la trampa en que se ha metido. Es insostenible seguir alimentando la mentira y al fin de cuentas la verdad termina por imponerse.
  2. La propuesta bukeliana, para variar, resulta truculenta. Propone liberar a miles de presos arbitrariamente detenidos obligándolos a reconocer al menos su “colaboración” con las pandillas o el crimen organizado. En el fondo, para recuperar su libertad, los afectados han de manchar sus antecedentes penales y el régimen podrá alegar siempre que nunca fueron inocentes.
  3. A la hipócrita proclama de que “ningún inocente debe permanecer preso”, en el mismo acto, el tiranuelo advierte sobre la necesidad de prorrogar el Estado de Excepción, que ya dura más de 55 meses, como mecanismo para mantener la guerra contra las pandillas.
  4. Quedan sin explicarse las consignas originales que proclamaban el deber de detener a todo sospechoso en barrios y pueblos empobrecidos, porque todos eran potenciales terroristas.
  5. El tiempo ha dado la razón a defensores de derechos humanos y asociaciones de víctimas: combatir a los pandilleros no justifica las detenciones arbitrarias y la eliminación de garantías procesales. Tampoco es válido tachar a estos defensores como cómplices de los delincuentes.
  6. Ahora Bukele empieza a hablar de liberar inocentes, reparar en los distintos “grados de participación”, establecer quiénes han cometido delitos leves, estudiar cada expediente y determinar quiénes han sido “colaboradores involuntarios” para aplicarles la figura de la “libertad asistida”. Pero precisamente esa es labor de fiscales y jueces en un Estado de derecho. Bukele no puede seguir arrogándose facultades que no le corresponden.
  7. En este repentino ataque de empatía con los prisioneros sin debido proceso, pueden estar gravitando los siguientes factores:
    7.1. El próximo proceso electoral en El Salvador donde Bukele busca perpetuarse en el poder de conformidad con las reformas constitucionales hechas a su medida. Pacificar las calles no es suficiente si la pobreza y la extrema pobreza crecen, si la educación y la salud públicas se deterioran, si no hay fuentes de empleo, si no hay una Fiscalía independiente que investigue las denuncias de corrupción público/privada, si el mayor terrateniente es la familia presidencial, etc, etc.
    7.2. En ese contexto pre-electoral se puede estar negociando otro acuerdo territorial entre gobierno y estructuras criminales para asegurarse el voto en zonas rurales y periurbanas.
    7.3. Puede que la liberación precipitada y en desorden de prisioneros busque provocar, a corto plazo, un “rebrote delictivo” que justifique de nuevo la perpetuación del Régimen de Excepción.
    7.4. Los eventuales cambios en la Cámara de Representantes y el Senado de los Estados Unidos en las próximas elecciones, pueden provocar cuestionamientos al modelo bukeliano, así como investigaciones y denuncias por crímenes de lesa humanidad ante la Corte Penal Internacional de La Haya.
  8. En definitiva, el articulista Raudales recomienda en todo caso aceptar la oferta de Bukele, liberar de inmediato a los inocentes, garantizar debido proceso a quienes tienen elementos de prueba en su contra, liberar también a presos políticos y, dado que el argumento principal para sostener un Estado de Excepción se ha resquebrajado –eliminación de derechos a cambio de orden y seguridad-, terminar de una vez con esa situación de excepcionalidad y recuperar el orden democrático.

Lo que resulta vergonzoso y patético del continuismo Chaves-Fernández, es verlos alabando y copiando un modelo que se desinfla y hace aguas por todas partes. No es casualidad que ni Bukele ni De la Espriella se hayan ausentado de la famosa inauguración de nuestra caricatura de mega-cárcel. Tampoco es casual que la reciente visita de Fernández a El Salvador haya sido inmediatamente seguida por la salida de Bukele a Washington, donde muy probablemente tenga oficios que diligenciar ante el incendio que lo amenaza.

[1] Los “postes” son colaboradores involuntarios, coaccionados por mareros militantes, pero que el régimen igual encierra indiscriminadamente.

La soberanía energética y Liberación Nacional

Óscar Madrigal

Óscar Madrigal

Los países que realmente quieren sobrevivir en este mundo se preocupan por adquirir soberanía energética. Conscientes que deben trabajar en ello, porque las potencias internacionales tienen una llave muy poderosa en sus manos para chantajear y dominarlos, los gobiernos, partiendo de una estrategia definida, procuran conservar —hasta donde les sea posible— la independencia energética. Por regla de principios, la energía en sus diferentes manifestaciones debe estar bajo el control del Estado.

Como uno de los ejemplos más recientes, el presidente Trump en días pasados amenazó con prohibir la exportación de diésel de Estados Unidos. Si esa medida no hubiera sido paliada por el acuerdo con la Rusia de Putin, el mundo se hubiese enfrentado a un caos internacional. Pensemos en Costa Rica, que importa de EUA la mayor parte de sus combustibles: sin diésel se paralizaría el transporte, habría desabastecimiento de alimentos, se afectaría la movilidad de las personas y se produciría un caos total. Es claro que nosotros no tenemos petróleo y siempre seremos un juguetito del gobierno norteamericano.

Sin embargo, podemos hacer mucho para lograr cierta soberanía energética. Costa Rica es ejemplo mundial en la producción de energía limpia, hidroeléctrica, eólica, geotérmica, solar; más del 95% de la electricidad es producida por fuentes renovables, todo un ejemplo mundial. Este éxito ha sido producto del ICE.

En el campo de la electricidad hemos logrado ser soberanos, no dependemos del exterior, aunque últimamente en este gobierno de Chaves se han dado ciertos retrocesos.

La soberanía eléctrica puede ayudarnos a mitigar la dependencia de los carburantes, gasolina y diésel principalmente. Es en el transporte donde se da el mayor consumo de petróleo y, por tanto, la mayor dependencia del exterior.

Pero este gobierno chavista en vez de avanzar en la electrificación de la movilidad del transporte ha eliminado los estímulos a los vehículos eléctricos, cuando lo importante es avanzar hacia la movilidad eléctrica de autobuses, camiones y otros medios, para ir adquiriendo soberanía energética. Eso es lo que haría un estadista, un gobernante que piensa y planea a largo plazo, que tiene presentes los peligros que ocurren actualmente y en el futuro en el planeta. Pero Chaves no tiene ninguna de esas cualidades y más bien elimina los estímulos a la movilidad eléctrica.

El proyecto llamado de Armonización Eléctrica, que actualmente discute la Asamblea Legislativa, camina en el mismo sentido, renunciar a la soberanía en ese campo.

La propuesta puede resumirse así:

1-. Apertura del mercado: el que quiera puede competir y elimina al ICE como la institución directora del sistema eléctrico nacional. En otras palabras, el Estado pierde o se minimiza su papel de control estratégico de una rama esencial y fundamental del desarrollo económico y social del país.

2-. Creación del ECOSEN, es decir, una institución que controlará, regulará y orientará el desarrollo del sistema eléctrico, dentro del cual tendrán un papel importante los productores de energía particulares. Es un esquema parecido al Consejo de Transporte, donde los autobuseros y particulares definen las reglas del juego. Sabemos el desastre del transporte público nacional, porque los actores son al mismo tiempo jueces. En la electricidad ocurrirá lo mismo: los generadores particulares en ECOSEN serán parte y juez al mismo tiempo. Nuevamente, el Estado pierde capacidad de dirección estratégica sobre la electricidad.

3-. El Mercado Eléctrico Regulado es una instancia donde se puja y subasta por precios, dejando zonas desprotegidas, probablemente las más pobres. El Estado es reducido a un simple productor.

Este proyecto se enmarca dentro del dominio privado, interno y externo, de uno de los centros neurálgicos, estratégicos, del desarrollo nacional. No se trata de que la empresa privada no participe del mercado, ya que actualmente lo hace; lo trascendente es que el Estado a través del ICE conserve el control de la producción y distribución de electricidad, como un elemento fundamental de la soberanía energética.

Un sector de diputados de Liberación Nacional se ha plegado a las posiciones antipatrióticas y entreguistas del chavismo y serán cómplices de la desnacionalización eléctrica, una de las conquistas más importantes, precisamente de ese partido.

Este ha sido un proyecto viejo de un sector importante de Liberación Nacional, se dice que especialmente de los hermanos Arias Sánchez y de un grupo de empresarios, que ahora asume la fracción legislativa del chavismo, precisamente por tratarse de una causa de entrega del patrimonio nacional y de la soberanía nacional.

En todas las causas antipatrióticas encontraremos siempre matriculado al chavismo que contará con la ayuda de cipayos que también siempre existirán.

Si este proyecto es aprobado con la ayuda de Liberación Nacional, volverán a la sala de cuidados intensivos de la política.

Juan Carlos Durán Castro: el posible pacto por el ICE es una ventana de oportunidad para la movilización

Juan Carlos Durán Castro, ciudadano y defensor de derechos humanos, compartió con SURCOS estas reflexiones, que formuló primero en un chat sindical, sobre la coyuntura alrededor del proyecto de Ley de Armonización del Sistema Eléctrico Nacional y la movilización social de estos días.

Contexto. El expediente legislativo n.º 23.414, “Ley de Armonización del Sistema Eléctrico Nacional”, ha sido cuestionado por organizaciones sindicales, sociales y ambientales que defienden el modelo eléctrico solidario y el papel del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE). En mayo de 2026, una amplia movilización logró que el proyecto no alcanzara los 38 votos necesarios. En los últimos días, el movimiento que se opone al proyecto llamó a enviar cartas a todas las diputaciones y, en particular, a la fracción del Partido Liberación Nacional (PLN), ante la información de que algunas de sus diputaciones podrían votar a favor del proyecto. A esto se suma la marcha en defensa de la educación universitaria pública convocada por el CONARE para el martes 20 de octubre.

Juan Carlos Durán Castro
  1. Creemos que el posible pacto por lo del ICE entre el oficialismo y siete curules del PLN no está tan cocinado. El estilo y la narrativa de Nogui y del subjefe de fracción no nos parecen muy convincentes.

Nos parece que el oficialismo no tiene nada bien amarrado y que ese posible pacto, más allá de ratificar el estilo de una añeja y oscura política, también impone lecturas más profundas del contexto.

  1. La necesaria y justa movilización de las universidades del martes 20 forma parte de una secuencia de acciones previas que revelan un ascenso de variadas resistencias patrióticas, a niveles sectoriales y geográficos. Pero son resistencias dispersas, lo cual termina ayudando al fascismo a la tica en franco desarrollo hoy. Ese fascismo pareciera haber perdido fuerza, pero mantiene un núcleo duro de supuestos influencers y se refuerza con troles y granjas de bots, lo cual no resulta menor dentro del actual desarrollo del denominado tecnofascismo.
  2. Se debería aprovechar el posible, y no tan consolidado, pacto por la “ley de armonización eléctrica”, calificada por el Frente Amplio como “ley del apagón” y hoy en debate público, como una ventana de oportunidad para presionar al Gobierno. En el sentido de indicar que no descartamos movilizarnos por:
  • el presupuesto para el Poder Judicial;
  • un arreglo de pago a la Caja que ayude a darle sostenibilidad al Seguro de Salud y al de Pensiones, y a financiar el Régimen No Contributivo;
  • el presupuesto para las universidades;
  • el rechazo al supuesto tratado transpacífico.

Vista la coyuntura desde esta otra mirada, sin olvidar las prácticas políticas de oscuridad, no dudamos de que se potencian las resistencias antifascistas y se alimenta la lucha callejera que ha venido en ascenso.

  1. Creemos que aprovechar lo verdadero o lo falso de ese posible pacto con esos supuestos siete curules del PLN, que ayudarían al oficialismo a alcanzar el número mágico de 38 votos en el tema del ICE, permite, en cualquier escenario, presionar al continuismo con la movilización social de calle. Y, de paso, enviar señales a la oposición legislativa, que con sus defectos y virtudes termina abriendo ventanas de oportunidad que, si no se leen bien, terminan facilitándole las cosas al oficialismo.

Juan Carlos Durán Castro
Ciudadano y defensor de derechos humanos
17 de octubre de 2026

¡Indignémonos!

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

La semana que termina no podría ser diferente a este año de ruptura civilizatoria que nos tocó vivir.

En el mundo, la peor pesadilla política que registre la historia democrática contemporánea se ha manifestado contrariada por el no otorgamiento del Premio Nobel a su persona, dado el altruismo con que decide asesinar un día sí y otro también a poblaciones inocentes en todo el planeta.

Faltaba más que ese Nobel se lo otorguen algún día dados sus atributos manifiestos en “búsqueda de la paz mundial”.

En Francia lo mismo que en Argentina, España y Albania, los estudiantes han salido a las calles a manifestar su descontento e indignación por el deterioro en la educación pública, la crisis de financiamiento y la mala disposición de la infraestructura educativa. La respuesta ha sido la represión y la criminalización de la protesta.

En una historia que parece repetirse 15 años después, la indignación parece ser el motor que impulsa a estas generaciones a rebelarse contra su propio destino. Sus luchas materiales van hoy de la mano por la reivindicación de los derechos más elementales, como el derecho a tener una educación de calidad.

Hoy, como ayer, son los jóvenes quienes salen a contradecir la historia.

En un contexto más cercano, más local, la más aguda de las paradojas ha ocurrido en Costa Rica en cuestión de horas.

Como si se tratara de la teatralización de una escena de mal gusto, el gobierno costarricense inauguró un centro para privados de libertad siguiendo el pésimo guion de autoritarismos cercanos. La megacárcel es el proyecto estrella de una administración que apenas con cinco meses de funcionamiento ha mostrado una trayectoria errática y preocupantemente populista.

Pero al mismo tiempo, anuncia de forma contundente el recorte al presupuesto de la educación superior pública que provocaría cierre de sedes regionales, disminución de becas estudiantiles y el colapso institucional universitario a corto plazo.

Sí. Todo está al revés. Y asistimos a esta hora cargados de incertidumbre. El camino de la indignación empieza por indignarnos para que luego aparezca lo demás.

Pero hay que hacerlo.

Si estos anuncios provenientes desde el oficialismo costarricense no indignan y provocan la movilización, ya nada lo hará.

Breves notas sobre el Ministerio Público

Walter Antillón

En los últimos años los costarricenses han descubierto un nuevo personaje, que solía pasar desapercibido: el fiscal general, así como la institución de la que forma parte: el Ministerio Público. Descubrieron su enorme importancia en tiempos adversos, en un momento en el que, desde un gobierno democráticamente electo se está tratando de socavar las bases de la misma Democracia.

I.- ¿Cómo definir el Ministerio Público?

Lo hacen la Ley Orgánica del MP y el Código Procesal Penal mediante la descripción de su estructura y sus funciones.

La Ley Orgánica:

ARTÍCULO 1.- Principios y ubicación.

El Ministerio Público es un órgano del Poder Judicial y ejerce sus funciones en el ámbito de la justicia penal, por medio de sus representantes, conforme a los principios de unidad de actuaciones y dependencia jerárquica, con sujeción a lo dispuesto por la Constitución Política y las leyes.

ARTÍCULO 2.- Funciones.

El Ministerio Público tiene la función de requerir ante los tribunales penales la aplicación de la ley, mediante la realización de los actos necesarios para la promoción y el ejercicio exclusivo y de oficio de la acción penal pública; salvo en las excepciones establecidas en el Código de Procedimientos Penales.

El Código Procesal Penal:

ARTÍCULO 62.- Funciones

El Ministerio Público ejercerá la acción penal en la forma establecida por la ley y practicará las diligencias pertinentes y útiles para determinar la existencia del hecho delictivo. Tendrá a su cargo la investigación preparatoria, bajo control jurisdiccional en los actos que lo requieran (…)

De ahí que los autores suelen definir al Ministerio Público como ‘parte imparcial’ en el proceso. Y entonces se habla de un oxímoron, porque, lógicamente, si es una parte no puede ser imparcial; y si es imparcial no puede ser una parte.

Pero no hay tal oxímoron, porque en buena lógica se trata de no confundir dos planos distintos: el plano de las formas procesales en el que se traba el contradictorio entre dos partes con aparente paridad de armas; y el plano factual o de fondo, donde para el MP prevalece el deber de imparcialidad, el deber de buscar objetivamente la verdad de los hechos. Así lo establece el Código Procesal Penal en dos disposiciones:

ARTÍCULO 63.- Objetividad

En el ejercicio de su función, el Ministerio Público adecuará sus actos a un criterio objetivo y velará por el cumplimiento efectivo de las garantías que reconocen la Constitución, el Derecho Internacional y el Comunitario vigentes en el país y la ley. Deberá investigar no sólo las circunstancias que permitan comprobar la acusación, sino también las que sirvan para eximir de responsabilidad al imputado; asimismo, deberá formular los requerimientos e instancias conforme a ese criterio, aun en favor del imputado.

ARTÍCULO 180.- Objetividad

El Ministerio Público y los tribunales tienen el deber de procurar por sí la averiguación de la verdad mediante los medios de prueba permitidos, cumpliendo estrictamente con los fines de la persecución penal y los objetivos de la investigación.

Entonces, siguiendo la mejor doctrina, podemos decir que el MP tiene dos caras: a partir de una notitia criminis plausible, construye y sostiene la acusación; pero no la sostiene incondicionalmente, a rajatabla, sino que, por su condición de ‘parte pública’, ejercita el poder-deber de buscar la verdad en el proceso: acorrala al imputado mientras cree en la verdad de su hipótesis acusatoria, pero ejercita el poder-deber de pedir el sobreseimiento si dicha creencia se desvirtúa.

II.- ¿Igualdad de armas en el proceso penal?

Entre las exigencias generales de la doctrina del debido proceso se incluye la ‘igualdad de armas’ entre las partes, pero en el proceso penal, esa afirmación debe manejarse con cautela. Al respecto nos dice Paulo Ferrua (en ‘El modelo constitucional del MP y la curiosa propuesta del proceso breve’, en QualeGiustizia, Franco Angeli, Milán, 2010):

“…Acusación y defensa no están en posición simétrica (…) la defensa puede hacerse con cualquier medio legal para obtener el sobreseimiento del imputado, sea o no culpable, o bien, para obtener la menor pena posible; y no le está vedado el uso instrumental de las garantías para alargar el proceso hasta la prescripción del delito. Y por el contrario, el Ministerio Público, como representante de la comunidad ofendida con el delito, busca la condena del imputado sólo mientras se suponga culpable, y a ese criterio deben atenerse todas sus opciones (…) De aquí deriva una serie de precisas consecuencias que muestran que la paridad entre las partes no significa igualdad, ni en el plano de los poderes y los deberes, ni frente a la función cognitiva del proceso…” (páginas 24 y 25).

Porque, de hecho, el principio procesal de igualdad de armas fue descubierto en el fragor de las discusiones que acompañaron el nacimiento de la teoría general del proceso por parte de los grandes procesalistas civiles: Wach, Chiovenda, Goldschmidt, Calamandrei, en un contexto en el que las partes sí son equiparables.

III.- La independencia del Ministerio Público

En general, dada su extrema importancia, la independencia del MP debe garantizarse a nivel de la Constitución. No ocurre así en Costa Rica, donde la Carta guarda silencio, y es la Ley Orgánica respectiva la que habla de la ‘independencia funcional’ de aquel órgano.

ARTÍCULO 3.- Independencia funcional.

El Ministerio Público tendrá completa independencia funcional en el ejercicio de sus facultades y atribuciones legales y reglamentarias y, en consecuencia, no podrá ser impelido ni coartado por ninguna otra autoridad, con excepción de los Tribunales de Justicia en el ámbito de su competencia.

Este artículo proclama la independencia ‘funcional’ del Ministerio Público, pero no la garantiza institucionalmente; porque lo cierto es que su relación con la Corte Plena es de subordinación, en un ambiente en que las presiones políticas alcanzan gran intensidad; y se conoceN muchos casos en que los magistrados, instrumentalizados políticamente, han presionado (con éxito) al fiscal general, para imponerle ciertas decisiones provenientes de las cúpulas del poder institucional y del poder fáctico; y otros casos en los que el fiscal general ya actuaba directamente según instrucciones de los jerarcas del Gobierno.

Claro que, también, algunos fiscales generales han sostenido su independencia (Fernando Cruz, Tijerino, Dall’Anese, Carlo Díaz) y han resistido las presiones, pero lo hicieron jugándose su continuidad en el cargo.

Y otra cosa que me parece inconveniente es el carácter monocrático del fiscal general, que en Costa Rica bien puede decir como Luis XIV ¡el Ministerio Público soy yo! Según dispone su Ley Orgánica:

ARTÍCULO 13.- Jefatura. Unidad. Subordinación. Jerarquía.

El fiscal general de la República es el jefe superior del Ministerio Público y su representante en todo el territorio nacional.

Deberá dar a sus subordinados las instrucciones generales o especiales sobre la interpretación y la aplicación de las leyes, a efecto de crear y mantener la unidad de acción e interpretación de las leyes en el Ministerio Público.

Las instrucciones deberán impartirse, regularmente, en forma escrita y transmitirse por cualquier vía de comunicación, inclusive teletipográficamente. En caso de peligro por demora, las instrucciones podrán ser impartidas verbalmente y confirmadas por escrito inmediatamente después.

Creo que debe haber menos subordinación y más participación de los fiscales en las grandes decisiones.

En todo caso, lo más importante, de lejos, es la independencia externa del Ministerio Público y del fiscal general. No basta proclamar retóricamente su independencia funcional: esta debe quedar sólidamente institucionalizada desde la Constitución, con reglas que la garanticen efectivamente, porque el MP es la llave de la justicia penal: sin él, los tribunales son impotentes.

Entre muchos, podemos leer sobre el Ministerio Público en los estudios que le dedicaron en Italia los autores del libro Ministerio Público y acusación penal, coordinado por Giovanni Conso (Zanichelli, Boloña, 1979), Metello Scaparone: Ministerio Público (dir. proc. penale), in Enc. dir., XXXVII, Milano, 1988; y Edmondo Bruti-Liberati, en particular: El papel del Ministerio Público entre Constitución y reformas; Editoriale Scientifica, Nápoles, 2022; en España Niceto Alcalá-Zamora Lo que debe ser el Ministerio Público; Madrid, 1929; Francisco Granados Calero: El Ministerio Fiscal (del presente al futuro), Tecnos, 1989; José Luis Conde Salgado: El Ministerio Fiscal en España. Su evolución; A Coruña, 2026; y en Costa Rica: Francisco Dall’Anese, El futuro del Ministerio Público; PJ/MP, San José, 2000; y Javier Llobet, Código Procesal Penal comentado; Continental, San José, 2012, pág. 186-189.