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Ciclo de webinars sobre las relaciones Universidad – Sociedad

CEP Alforja tendrá presencia este 7 de mayo en este ciclo de webinars sobre las relaciones Universidad – Sociedad. Óscar Jara y Eva Carazo compartirán el espacio de reflexión y propuesta acerca del tema Desafíos actuales para los vínculos entre Universidad y Sociedad vistos desde América Latina.

Los detalles de horario y otros los puede encontrar en este enlace:

http://sinergiased.org/index.php/biblioteca/ciclo-webinars-2020

Otras fechas:

Imagen: UCR

Hay que politizar la descarbonización

El suplemento “Ojo al Clima”, vinculado al Semanario Universidad, se ha constituido en los últimos años como un espacio importante para informar y divulgar noticias

Alberto Gutiérrez Arguedas (Docente e Investigador UCR)

El suplemento “Ojo al Clima”, vinculado al Semanario Universidad, se ha constituido en los últimos años como un espacio importante para informar y divulgar noticias y contenidos relacionados con el cambio climático, en Costa Rica y el mundo. Dicha tarea es digna de reconocer, considerando la gravedad y complejidad de esta problemática, la cual representa uno de los grandes desafíos, no solo ambientales, sino civilizatorios, de nuestra época. No obstante, luego de un cuidadoso seguimiento de los contenidos divulgados por este suplemento, es posible detectar una serie de sesgos y omisiones en el tratamiento de los temas, lo cual ha motivado la redacción de este artículo.

El cambio climático es quizás la manifestación más extrema y dramática de una crisis ecológica global, que va más allá del clima. Esta grave crisis no es producto del azar, sino que es resultado de un modelo de desarrollo basado en una explotación sin límites de la naturaleza y de los seres humanos, es decir, del capitalismo. Abundante evidencia científica demuestra la relación entre la expansión global de este sistema y la destrucción de la base material de la vida.

Ahora bien, a pesar de tan contundentes evidencias, el sistema capitalista y sus poderosos aparatos ideológicos han logrado desviar la atención de las causas reales de la crisis ecológica/climática, para ofrecer como solución ¡más de lo mismo! Este esfuerzo por hacer compatible la cuestión ambiental con el pensamiento desarrollista de mercado tomó fuerza en los años 90, con el famoso “desarrollo sostenible”, y posteriormente se ha reciclado en conceptos como “crecimiento verde” o “economía verde”, hoy de moda.

Estas propuestas visualizan la crisis ecológica y climática como un problema meramente técnico. Como tal, la solución a estos problemas –sostienen sus adeptos– radica en innovaciones tecnológicas para mejorar la eficiencia y en la incorporación de instrumentos de mercado para un “uso racional” de los recursos naturales. El “capitalismo verde” ha logrado, con rotundo éxito, despolitizar la cuestión ambiental e incorporarla al ámbito del mercado. El núcleo duro del modelo de desarrollo permanece inalterado.

Uno de los ejemplos más actuales de este paradigma es la llamada “descarbonización”, término que, cada día más, abunda en los medios de comunicación y en la opinión pública, nacional y mundial. La descarbonización se propone como mecanismo prioritario para enfrentar el cambio climático, con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, sobre todo, dióxido de carbono. No obstante, por detrás de su aparente carácter neutral y “técnico”, la descarbonización está cargada de ideología y refleja una perspectiva reduccionista y mercantil del cambio climático. Reduce la inmensa complejidad de esta problemática a una única variable: carbono, de forma tal que este puede ser cuantificado y eventualmente ser objeto de compra y venta en el mercado. De ahí la obsesión por las métricas, los números, la contabilidad del carbono.

Costa Rica, por su parte, ocupa un lugar estratégico dentro de este ambientalismo de mercado global, cuya máxima expresión es la propuesta reciente de convertir al país en “laboratorio mundial de descarbonización”. El Plan Nacional de Descarbonización, lanzado en febrero de 2019, ha dado fuerte visibilidad internacional a Costa Rica al posicionarlo como una especie de “vanguardia” en la lucha contra el cambio climático.

Más allá de las buenas intenciones y de los aspectos rescatables (por ejemplo, esfuerzos por mejorar el transporte público), llama la atención la incapacidad (¿o la falta de voluntad?) de este Plan para enfrentar aspectos medulares del modelo de desarrollo costarricense, que contribuyen decisivamente al cambio climático. Poco o nada se habla de la necesidad de replantear el modelo agrario del país, volcado hacia monocultivos de exportación y altamente dependiente de insumos derivados de petróleo. Por ejemplo, ¿por qué no impulsar la agroecología, que produzca alimentos sin necesidad de transportarlos a largas distancias y al mismo tiempo proteja los bosques y garantice la soberanía alimentaria de la población?

La intención de este artículo ha sido visibilizar que la descarbonización es un asunto político y, como tal, debe ser sometido a un debate público riguroso, democrático y amplio, que hasta el momento no se ha dado. El Plan ha sido concebido, diseñado e implementado sin tomar en cuenta las opiniones y puntos de vista de sectores que mucho podrían aportar para encontrar soluciones, como por ejemplo, los pueblos indígenas y los campesinos.

En consonancia con la tradición crítica e independiente del Semanario Universidad, se esperaría por parte de “Ojo al Clima” un tratamiento más equilibrado de este y otros temas, no que reproduzca el discurso oficial del Gobierno y de los agentes del capitalismo verde mundial sin ofrecer algún contrapeso o visión alternativa. Contrario a las declaraciones de Andrea Meza, directora de Cambio Climático de MINAE, publicadas por este medio el pasado 18 de marzo, hay que politizar la descarbonización.

Imagen ilustrativa, UCR.

Compartido con SURCOS por el autor, publicado además en https://semanariouniversidad.com/

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Un fin de semana de disco rayado

Testamentum Ab Eo Tempore

Macv Chávez

Al día siguiente, después del concierto, desperté como siempre, como todo buen fin de semana, entre ocho y nueve de la mañana y de lo más normal, según yo al abrir los ojos. Pero, apenas se me fue el efecto sonámbulo del despertar recordé esas voces chillonas que me hacían recordar que el romanticismo era una cojudez y que debía mantener mi idea de casarme a los cuarenta como mínimo, si es que finalmente me animo a hacerlo con una persona realmente extraordinaria, con la finalidad de evitar todas esas babosas manifestaciones del amor corriente, esas que la gente solía reflejarlo perfectamente a diario, debido a que crecían como uno, influenciados por las torpes ideas sacadas de las películas sanvalentinescas y las telelloronas mexicanas, debido a que, cuando uno crecía en un hogar de bolsillos pobres, lo único que se ve es televisión nacional, algo que va de mal en peor: atrofiando la mente de los niños y jóvenes, dice mi madre al ver las estupideces modernas que dan mucho que hablar. Pero, felizmente ella siempre nos hizo ricos con su amor, motivo por el cual creo que, a pesar de que me ponía a ver novelas con ella -como lo suelo hacer hasta ahora-, pude trascender como persona, hasta lograr cuestionarme algunas cosas de la propia existencia como también de la sociedad en la que me he rodeado todos estos años.

“En qué me he metido” -eran las palabras que penetraban mi pensamiento aquel sábado, desde que desperté hasta que me dormí, incluso hasta que me levanté el domingo, como un disco rayado, debido a que me había comprometido en llevar 20 versos para el Slam del salón; encima tenían que ser románticos, porque esa cojudez le gustaba a la mayoría de las chicas y, por ende, como las chicas eran mayoría, debían ir dichos versos. Era una tarea bastante dura, lo más duro fue pensar y pensar cómo carajos iba a escribir todas esas barbaridades humanas que se les ocurre a los chiflados del corazón, tanto que estuve a punto de tirar la toalla el domingo antes del mediodía, sin importarme si iba a faltar a mi palabra, aunque en sí era algo que tampoco me podía permitir, debido a que mi madre desde siempre nos había enseñado a no comprometernos a nada que no pudiéramos cumplir, motivo por el cual, aunque muchas veces no quería hacer algunas cosas por diversas circunstancias de desánimo, lo terminaba haciendo, claro, siempre y cuando no perjudicase a nadie ni a mi ética o moral, porque esa era otra de las grandes enseñanzas de mi madre: “nunca hay que hacer daño a nadie”. Y así, por obra y gracia divina o de la sabiduría musical diaria mi madre decide poner Radio La Inolvidable, justo antes del almuerzo, mientras terminaba de cocinar, porque estaba cansada de la música de uno de mis hermanos.

“El amor es una gota de agua en un cristal”, sonaba en la radio a los segundos que mi madre había cambiado de emisora. Fue ahí cuando empezó el plagio que me llevó a estar aquí, sentado y escribiendo mis memorias como dizque escritor en modo “intento de pensador”, debido a que ese ejercicio de plagio se convirtió en una dizque adicción, aunque al principio no sabía que dicho acto me convertiría en un plagiador, porque simplemente yo lo veía como traducir la expresión de otros a mi propio lenguaje, algo que empecé aquel día desde las 12:30, aproximadamente, hasta las seis de la tarde, frenando solo a la hora de la comida, algo que para mí duró la velocidad de la luz, porque no recuerdo comer, pero sé que sí comí, porque mi madre siempre, hasta el día de hoy nos dice: “en comer está la vida”, y por esa razón esa fue mi principal preocupación de toda esta cuarentena, más cuando oía esos discursos trillados de político choro, dispuesto a aprovechar la oportunidad para mostrar su deshumanización disfrazada de salvador, por las que me llevé unos cuántos insultos, odios, como también amenazas y dizque amistades terminadas; pero en fin, es parte de disparar a quemarropa las cosas y verdades que la gente no quiere ver, porque está acostumbrado a un positivismo de autoayuda, ese mismo que en este preciso instante podría decir que lo que yo hice al principio fue crear y no plagiar, cosa que jamás negaré, porque en sí fue un plagio, por más que haya cambiado sus palabras por mis palabras, definitivamente es un plagio.

De ese modo el día lunes pude cumplir mi palabra, logrando llevar 26 versos. 6 más para que no me jodan, decía, porque sabía bien que las mujeres eran un poquito especiales. Además, no puedo negar que siempre me ha gustado presumir mi dizque inteligencia, no en mala onda, sino en plan “no me jodan ni me agarren de cojudo”, puesto que algunas o algunos suelen abusar de las personas cuando son buena gente. Algo que las chicas tomaron con su sonrisa contenta y sorprendidas, porque habían pensado que no iba a ser capaz de hacerlos. Pero, finalmente cumplí y no solo eso, porque el día lunes al volver a casa continué traduciendo las canciones cada vez que oía una en la radio o en mis pensamientos. Una tarea que empecé a realizarlo desde aquel día hasta el final de mi tiempo, bueno, eso espero, porque si no puedo morir mientras escribo tendré la peor de las malas suerte. Pero al menos no dejaré de escribir, aunque sea solo para mí, tan igual como lo hacía al principio, porque cada que tenía la oportunidad de traducir alguna canción lo hacía, cogía cualquier cuaderno o papel y me ponía a escribir en forma de dizque poemas, hasta terminar la idea para finalmente dejarlo por ahí, por aquí y por allá, algo que a mi madre siempre le irritaba, porque soy un tanto desordenado en ese aspecto, por más que con el tiempo he aprendido a tener un cierto orden, todavía reniega con mis desórdenes que no toca, porque sabe que me enfado si termina botando o moviendo algo por error, ya que cuando los necesito no los encuentro, porque ella sabe bien que en mi desorden tengo mi propio orden, y por eso por más que no deja de renegar ni de amenazarme con que va quemar todos mis escritos por desordenado, sigue respetando mi desorden, aunque a ella le gusta tener su casa en orden.

Finalmente las chicas hicieron para el salón el famosísimo Slam, poniendo “mis versos” en los encabezados de algunas páginas, antes de cada pregunta, esas mismas que fueron llenadas por más de la mitad con esa transparencia que solo la inocencia ilusa de mi época podía permitir a las mujeres a ser lo más sinceras o ilusas posibles, claro, nunca dejaron de faltar sus pillinas, de las que ya sabíamos todo su kilometraje, los mismos que solían tener algunos varones que se creían los galanes de cine de barrio, cosa que nos causaba gracias a mí y a Danny, porque la mayoría era bastante inocente para pensar que el chismógrafo del salón iba a quedar en la persona que era dueño de él, una cosa bastante ilusa, porque era evidente que cualquier ser humano que tenía en sus manos el cuaderno podía enterarse de sus confesiones, confesiones que iban desde las causas de solidaridad con Mafalda, porque no le gustaba la sopa, hasta las eróticas que consistían en confesar el nombre del desvirgador, “el macho alfa”, según la costumbre estúpida de la época, ese que en su mayoría era el pirañita de moda, el futuro aspirante de Piedras Gordas o Castro Castro, porque lastimosamente en un colegio nacional la realidad era bastante delincuencial, al punto de que para ese año algunos de mis compañeros ya eran tirapiedras y chaveteros, algo que algunas veces me causaba terror, algo que me hacía pensar en volver a mi pueblo natal, donde todavía los chibolos eran medio cojudos, aunque en sí eran cojudos que se creían pendejos, algo que todavía era sobre llevable, porque en mayoría en mi salón anterior, en mi tierra natal, todos eran casi de mi edad, en cambio en este, muchos creo que ya tenían DNI o estaban próximos a él, porque sí había una gran diferencia de edad, de unos tres a más años, y aquel entonces el DNI era solo azul, para mayores de edad, cosa que me hizo recordar a mis últimos años de primaria, donde el más chibolo de mi salón tenía 15 años, claro, el más chibolo fuera de mí, porque yo tenía 10 y 11, algo que en sí no me chocó mucho, debido a que desde muy pequeño siempre he estado acostumbrado a estar en las reuniones o conversaciones de los adultos, sobre todo en las reuniones o fiestas familiares, simplemente porque era bastante curioso del saber, y siempre quería saber más, cosa que sabía bien que en los viejos lo iba a encontrar, algo que les llevó a mis amigos de la tercera edad a decirle mi madre algunas veces: “ese muchacho es malcriado, debes enseñarle que en conversaciones de adultos no se meten los mocosos” y cosas por el estilo que a estas alturas no recuerdo, porque en sí nunca les hice caso, a pesar de que mi madre era la que sufría algunas cuantas llamadas de atención de parte de los terceros que no sabían perder ante un mocoso preguntón.

Cuando llegó el Slam a las manos de Danny, dicho cuaderno comenzó a llenar su reloj de arena, porque lastimosamente las preguntas se prestaban para el buen uso del sarcasmo, como también de la pendejada, pero desde un punto de vista irónico, porque a Danny y a mí nos gustaba el humor racista, perdón, negro, motivo por el cual acordamos que íbamos a poner nuestras respuestas monses, porque en más de una éramos unos hijos de papi y mami aún, porque todavía estamos en el pañal de la inexperiencia, razón por la cual nuestras respuestas eran las más inocentes del salón, y en otros numerales, que podía estar arriba o abajo, según la elección de cada personaje, el real y falso, colocábamos las respuestas dispuestas a arruinar la sinceridad de los demás, porque en sí habíamos considerado que el Slam era un arma de doble filo muy peligroso, razón por la cual decidimos poner en una respuesta: “¿Qué te crees? ¿Hijo o hija de Magaly?”, haciendo alusión al Urraco, que era el nombre que Magaly Medina le había dado a las personas que le proporcionaba chismes para su programa de prostitución, perdón, televisión.

Hoy puedo decir que de ese tipo de respuestas estuvo lleno el Slam, gracias a dos personajes que habían nacido aquel día, recuerdo que uno era un actor porno y el otro un sex symbol, el papichulo del salón, algo que nos causaba gracia a los dos, porque mirábamos y oíamos a nuestras compañeras babear por el segundo personaje, como si fuera la máxima aspiración de su vida, al punto de que, si nos hubieran pedido exponer sobre la estupidez humana en ese momento, las hubiéramos usado de ejemplo, porque lastimosamente éramos muy amante de la flagelación, al punto de que si Cristo vivía en aquel tiempo nosotros hubiéramos sido sus flageladores, pero felizmente Cristo no era tan cojudo como para morir en nuestra época, razón por la cual ahí solo flagelamos a la mayoría de las mujeres de mi salón, porque también existían mujeres locas, pero respetables, admirables.

Recuerdo que, con nuestros personajes, en las cosas que supuestamente nos gustaban, pusimos poses sexuales en vez de música, leer u otras cosas, cosas que en realidad nos gustaban, hasta el punto de que fuimos tan pendejos que las chicas intentaron borrar nuestras respuestas originales y ficticias, porque nos habían vetado en el Slam por nuestra gracias, pero cuando finalmente lograron borrar todas nuestras preguntas se dieron cuenta que hubiera sido mejor dejarlo así, pues el Slam se echó a perder, ya que habíamos respondido en cuatro flancos. Esa era la operación: “jodamos esto”, cosa que lo logramos, porque cada 25% de hoja había un borrón, algo que les llevó a tirar a la basura el Slam para finalmente hacerse otro, donde evidentemente nosotros no éramos invitados de honor ni de nada, porque simplemente nos querían matar las chicas, a quienes agradezco infinitamente por ser tan cojudas, perdón, románticas, porque gracias a esa acción de “a ver hazlo tú”, que empezó en una y terminó en coro llegué a escribir y no con la intención de ser escritor, sino de dar aquellas palabras a la gente que lo necesitan, porque cuando ellas empezaron a leer los 26 versos que les había dado empezaron a decir “ay, qué bonito”, casi mismo dibujo animado que me encantaba ver, porque irónicamente cantaba: “Qué bonito, qué bonito, qué bonito mi -cualquier cosa que quería decir-“.

Lima, 18 de abril de 2020 a las 00:45 horas

 

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Nadie nos va a quitar el gusto por el detalle cada día

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Jorge Luis Hernández Cascante

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Porque nadie nos va a quitar el gusto por el detalle cada día, al contrario; ahora podemos, quizás por primera vez, detenernos en la grandiosa experiencia del ser/ sentir con cada detalle.

La atención al detalle es una capacidad que no todos le prestamos atención.

Es quizás la diferencia entre la tarea sin cuidado y por el cumplir rutinario y la tarea que nos resulta excelente, grandiosa.

El gusto por el detalle en la tarea, cualquiera, nos une en conciencia plena: somos y estamos en su ejecución y nos regala como resultado satisfacción y calidad.

Tal vez no habrá mejor momento que estos días, para realizar los detalles añorados, sea en el jardín, la cocina, nuestras actitudes, nuestras prioridades de vida.

Quizás no sea eso de vivir el día como si fuera el último, aunque si como si fuera el primero de la vida que tenemos disponible, lo otro, lo vivido ya pasó, vivir la plenitud de este aquí ahora, único, irrepetible.

Limitaciones, conflictos, si ahí están y estas vos, para “sacar pecho y ¡salir adelante”!

Hoy, ahora, cuida cada detalle.

¡Seguimos!

 

De anexo

Dos citas de Thigh Nhat Hanh, a propósito del detalle y el vivir acá ahora:

“Es posible vivir felizmente en el aquí y ahora. Tantas condiciones de la felicidad están disponibles, más que suficientes para que seas feliz en este momento. No tienes que correr hacia el futuro con el fin de conseguir más.”


“El milagro no es caminar sobre el agua. El milagro es caminar sobre la tierra verde en el presente, para apreciar la belleza y la paz de la que se dispone ahora”.

 

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Soñamos una vida plena

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Jorge Luis Hernández Cascante

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Quizás porque soñamos una vida plena o sea llena, completa.

Y ahora que estamos guardados en el capullo familiar, ¿vida plena?

¿Qué es eso para vos?

Entretanto piensas sobre esto de vida plena, se alarga la reclusión y cada día más deseosos de soltar vuelo como mariposa en libertad.

Vale aplicar esa metáfora, porque a la vez somos eso:

  1. oruga arrastrando dificultades y defectos
  2. a la vez capullo en oscuridad
  3. y también mariposa en vuelo, con capacidades, sin límites.

Todo en este ahora que vivimos.

Una vida plena, desde mi experiencia, podría ser:

– esta vida, tal cual es,

– con las personas a nuestro lado, tal cual son

– quizás con más agradecimiento a lo extraordinario en lo ordinario en nuestra vida (Acá vale y vale, recordar a Einstein: «Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros, la otra es creer que todo es un milagro»)

– asombrado en cada inmensidad cada detalle; como niño/a ante el mar

– superando, resolviendo limitaciones, roces; dando lo mejor cada día

– en lo posible aportando a la belleza y alegría; con esperanza, con propuesta

– a la vez aprovechando cada sitio o espacio, como lugar y momento de creación o propuesta.

¡Seguimos!

 

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Podemos convertirnos en instrumento de paz

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Jorge Luis Hernández Cascante

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Porque podemos convertirnos en instrumento de paz, serenidad.

¿Podríamos intentar convertir el rencor, la ira, la dureza de corazón en paz, serenidad?

A veces es difícil. Si que lo es, pero; no fuimos hechos para solo deambular, comer y dormir cada día.

Sí para empresas grandes, y para dar lo mejor en cada oportunidad.

Llenar de luz y esperanza cada estancia y momento y aportar paz hoy, en donde estamos cada uno/a, ese es una razón de vida ahora.

Esa es una buena y grande empresa personal.

Odio, injuria, duda, desesperación, oscuridad, tristeza, resentimientos, obstinación, soberbia, peleas, el deseo de venganza, la ira.

Todos estos sentimientos afloran entre nosotros y más si nos sentimos recluidos.

Por ello, aperados, acorazados de humildad nos toca la tarea.

Y con ella trascendemos y encontramos y damos sentido, ahí donde quizás reina el desorden, rencor, lucha y conflicto.

¡Seguimos!

Anexo, por si quieres leer o reflexionar:

“Donde haya odio que yo lleve amor, donde haya ofensa que yo lleve perdón, donde haya discordia que yo lleve la unión, donde haya duda, que yo lleve la fe, donde haya error, que yo lleve la verdad, donde haya desesperación que yo lleve la esperanza, donde haya tristeza que yo lleve la alegría, donde haya tinieblas, que yo lleve la luz. Concédeme que yo no busque ser consolado, sino consolar. Ser comprendido, sino comprender. Ser amado, sino amar. Porque: dando se recibe, perdonando se es perdonado, muriendo se resucita a la vida eterna”.

San Francisco de Asís, Pag 266

 

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El ahora, es toda la vida que tenemos

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Jorge Luis Hernández Cascante

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Quizás porque, el ahora, es toda la vida que tenemos, no hay más; y en este ahora, nos corresponde dar lo mejor, nuestro mejor y mayor esfuerzo.

No estamos obligados a ser el primero en esta loca carrera del competir, pero si a dar siempre lo mejor de sí, de uno mismo.

Eso. Por eso …éntrele, hazlo, no importa cómo termine; en todo caso será una gran, grata experiencia, lo demás se vuelve secundario.

Nuestra tarea, dar paz, ganarles terreno a las dificultades crecientes, ¡dar lo mejor!

La crisis nos inunda, es carencia, aislamiento; aun así, siempre tendremos la posibilidad de optar por llenar de paz nuestro corazón.

Esa es tarea cotidiana y está ahí, nos espera en la familia, los vecinos, la comunidad, el país.

Dar lo mejor de vos mismo/a, ese es tu trabajo y aporte cada día, así que no te pierdas en buscar excusas, o pensar que no puedes, o que ya hiciste todo lo posible, o que no es para vos porque eres poca cosa.

Hoy, estos días; da tu mejor versión, ¡da lo mejor!

¡Seguimos!

 

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Días recluidos y estrechez de recursos pasarán

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Jorge Luis Hernández Cascante

¿Por qué seguir viviendo/luchando en medio de esta pandemia?

Estos días recluidos y esta estrechez de recursos también pasarán.

Adelante veremos que esto fue también; porque la vida es corta y cada vez, la prisa la acorta aún más.

(Y como dice el chiste: “no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista”).

Con el alba nacimos.

Y la mañana de sol nos vio crecer, en el mediodía de nuestra vida crecemos y procuramos nuestra familia, oficio, profesión, nuestra empresa o patrimonio.

Un rato para compartir, otro para mirar, admirar, agradecer, aportar y ya el descanso.

Es tan corta que no vale dedicarla a guardar rencores, acumular cosas, abrir tristezas, o reclamar como si la vida nos debiera algo.

Quizás, en algunos casos; desde el nacer, papás y otros se esmeran por colocarnos en un castillo de fragancias y pétalos.

Así, como centro del mundo, nuestro ego crece y no admite tropiezos ni enfermedad.

Entonces pretendemos ser un narciso, un centro de la escena.

Así, equivocados, crecemos como eternos, aunque sólo somos un suspiro de vida, un instante de creación, un remolino que toma forma y luego desaparece en el río de la vida.

Lo bueno es que, vos, yo, seamos recordados, no por estorbo o impertinencia; sino por la bondad y servicio en este ahora tan corto que nos corresponde estar acá.

¡Seguimos!

 

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Política Nacional en tiempos de COVID-19

El Observatorio de la Política Nacional, OPNA, le invita al conversatorio «Política Nacional en tiempos de COVID-19» este miércoles 6 de mayo a las 6:00 p.m. vía Zoom y que también será transmitido por medio del Facebook del Observatorio.

El OPNA solicita la divulgación que pueda hacer de la invitación a sus allegados y contactos. Además, a partir de hoy puede consultar sus informes y otros productos en: www.opna.ucr.ac.cr

 

Imagen de portada ilustrativa.

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Covid-19: Expresión del impacto global del capitalismo en la biodiversidad El lazo ignorado entre nuestra relación con la naturaleza y la salud pública

M.Sc. Orlando Amaris Cervantes
Sociólogo y ecólogo político. Investigador del Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE). Universidad Estatal a Distancia (UNED), Costa Rica

Entre tantas malas noticias aún me causa una sonrisa llena de complicidad saber que una lejana pareja de pandas en un zoológico en Hong Kong haya copulado en plena cuarentena y según parece en junio de este mismo año veremos ya las señales de un embarazo.[1] Por supuesto, al igual que muchas personas, me conmuevo viendo videos y fotografías de animales que pasean por las desoladas calles y bulevares de ciudades y pueblos, que aprovechan ahora que somos los humanos quienes sentimos temor y estamos indefinidamente escondidos; observo estas imágenes una y otra vez. Sin embargo, hay una idea que me conmueve todavía más, pero dudo que ocurra, al menos no en la reciente versión de esta pandemia. Me refiero a la posibilidad de ver que todos los empresarios agroindustriales y extractivos, especialmente en el cantón Central de Puntarenas donde trabajo como investigador de la gestión comunitaria del agua, se detengan y reflexionen sobre las consecuencias que tienen sus actividades para las comunidades, los trabajadores y los ecosistemas. Así, se podría conseguir que por fin los manglares del golfo de Nicoya respiren sanos sin los sedimentos y contaminantes de los monocultivos de caña y piña. Quisiera que la gente de Chomes y Abangaritos me contara que ya no hay más incendios para cosechar caña de azúcar, y que respiran tranquilos y sin temor; que su ropa pueda seguir secándose al sol sin ensuciarse de esa lluvia de ceniza que no es suya. Me encantaría observar los ríos Guacimal, Lagarto y Abangares, al igual que muchos otros, llegar limpios y con buen caudal a su desembocadura sin el freno de los quebradores que también los contaminan.

Por supuesto, también, desearía ver que las manadas de monos aulladores o congos de las partes bajas del golfo de Nicoya crezcan en número y que se muevan sanos entre los árboles sin que ninguno de sus miembros quede acorralado por el pasto seco en la inmensidad de un potrero. Sería muy feliz si pudiera notar, además, el momento preciso en que las sierras guarden silencio, que no haya más tala, ni quemas, ni cacería, y que el verdor de las manchas de bosque, que observaba durante mis giras de trabajo antes del confinamiento, se expandiera salpicado con los colores de las flores de los robles de sabana (Tabebuia rosea), las cortezas amarillas (Tabebuia ochracea) y los caraos (Cassia grandis). Quisiera también que el desempleo dejara de ser una amenaza permanente para los pobladores de estas zonas y que ya no sea la repetitiva excusa para tener que soportar las consecuencias del desmedido y egoísta afán de lucro de unos pocos. Por eso en el proyecto en el cual trabajo junto a acueductos rurales, asociaciones de desarrollo y cooperativas de mujeres, todas integrantes de la Alianza de comunidades por la defensa del agua en Puntarenas, confirmamos que tanto las ganancias de estas actividades extractivas y agroindustriales presentes en este territorio, así como sus consecuencias ambientales, son distribuidas de forma desigual. Las utilidades se concentran en pocas personas mientras que los daños se distribuyen entre la población vecina o la que vive aguas abajo. Esta es parte de la normalidad a la cual no queremos regresar. Por esto es importante hacer ajustes y continuar trabajando en el contexto del Covid-19 para idear alternativas de acción y construir nuevas normalidades a partir de otros principios. De esta manera, podríamos fortalecer las organizaciones comunales y contribuir a mejorar las condiciones de vida de las poblaciones costeras del golfo de Nicoya.

Árbol de corteza amarilla (Tabebuia ochracea) en distrito de Chomes, cantón Central de Puntarenas, Costa Rica. Imagen cortesía de Rigo.

Por otra parte, debido a que mi interés como sociólogo desde hace varios años ha sido analizar las formas y las condiciones en las cuales unos actores sociales acaparan y contaminan ciertas bondades de la naturaleza lo que limita el provecho que otros podrían obtener de esta. He podido conocer en profundidad muchos casos de degradación ambiental que cuestionan la sostenibilidad de nuestro actual sistema económico. Por estas razones me resulta inquietante que el origen del Covid-19, así como de otras pandemias anteriores (SARS y ébola, por ejemplo), se relacione con las consecuencias del sistema agroalimentario industrial,[2] entre otras nocivas actividades realizadas en ecosistemas biodiversos,[3] y los efectos del cambio climático.[4] Los anteriores son procesos incentivados por el capitalismo actual cuyo impacto recae en los bosques tropicales del mundo y en la acumulación de gases de invernadero responsables de la actual crisis climática. Para el caso del sistema agroalimentario corporativo capitalista, como factor a considerar en el origen de enfermedades infecciosas emergentes, basta tener en cuenta la intensificación agrícola y ganadera, además de la actividad minera y la deforestación, que se realizan en bosques primarios y tierras de cultivo de pequeños productores en zonas tropicales. Estas presiones empujan a los productores locales hacia la periferia de las ciudades o a precarizar montaña adentro, por lo que se exponen a nuevas enfermedades. Adicionalmente a esta liberación de patógenos en contextos biodiversos ocasionados por cambios en el uso de la tierra, es necesario mencionar también los microorganismos que surgen por el manejo intensivo en granjas de producción de animales para el consumo humano. El hacinamiento de estos animales hace que proliferen infecciones, las cuales son contenidas con antibióticos; sin embargo, la aplicación de estos termina haciendo más resistente el siguiente brote infeccioso.[5] Algunos ejemplos de virus relacionados con la producción industrial de carne los encontramos en las recientes pandemias de influenza aviar[6] e influenza porcina.[7] El cambio climático, por su parte, provoca el incremento de la temperatura, el aumento de la intensidad de los huracanes y los cambios abruptos en el clima. Todos estos factores repercuten en los ecosistemas tropicales, lo que potencia el surgimiento de nuevos eventos epidémicos como el que experimentamos en este momento.[8] Más grave aún sería pensar que las sequías, sumadas al acaparamiento del agua, imposibiliten obtener este líquido para el consumo humano y dificulte la aplicación de las estrategias higiénicas indispensables para la prevención de futuros contagios. Como podemos ver, todos estos elementos no son nuevos, son más bien parte de la normalidad que sectores políticos, productivos y académicos continúan obviando.

De la misma manera en la que se han generalizado entre la población algunos principios epidemiológicos relacionados con la prevención o cuidados necesarios para poblaciones específicas en riesgo por la actual pandemia, echo de menos una discusión sobre su origen y las contradicciones que la hicieron posible. Si bien es cierto en este momento hay que evitar a toda costa el colapso de los centros hospitalarios, resulta oportuno también tener claras las causas de esta pandemia y su relación con la destrucción de los bosques y de los conocimientos de las poblaciones que durante largo tiempo los han aprovechado y salvaguardado.[9] Solo así es posible prever un nuevo brote infeccioso.

En el caso particular de la actual pandemia Covid-19, esta no nos tendría en este mortal apuro sanitario y civilizatorio si no fuera resultado de su paso desde animales silvestres, extraídos de hábitats en degradación, hacia los animales humanos (zoonosis). Es decir, ese hábil tránsito inter especies realizado por este virus sucedió en circunstancias en las cuales las actividades humanas han interferido reiteradamente con el entorno natural transformándolo y saqueándolo. Al hacerlo nos vemos expuestos también como especie a una variedad de patógenos sobre los que no habríamos siquiera tenido conocimiento antes.

Por lo tanto, al romper esos balances ecológicos participamos desventajosamente en lo que llama David Quammen la lotería evolutiva.[10] Dicha lotería se refiere a la oportunidad en la cual este virus logró introducirse en nuestro organismo y se convirtió así en nuestro inesperado huésped. Con ello este microbio obtuvo grandes probabilidades en el sorteo evolutivo para perdurar contagiando a más y más humanos; los mamíferos más exitosos en lo que a inteligencia, población y recursos planetarios a su disposición se refiere, responsables paradójicamente de la consolidación de una normalidad insostenible cuyos regímenes extractivos y productivos han dado origen a la actual pandemia.

Imagen tomada del Semanario Universidad.

Tomando en cuenta lo anterior, coincido entonces con la Dra. Kate Jones,[11] bióloga de la División de Biociencias de la University College London (UCL), cuando afirma que estas infecciones son “un costo oculto del desarrollo económico”.[12] La científica llama también la atención sobre cómo los sistemas ecológicos simplificados tienen un efecto viral amplificador. Dicho de otra manera, a menor diversidad biológica, mayor será la incidencia de plagas y enfermedades, tal como ocurre en las zonas recién deforestadas o en aquellas cubiertas por monocultivos de caña, arroz y piña, así como en las granjas avícolas y porcinas. Por el contrario, en los sistemas naturales que no han sido alterados, la posible transmisión de enfermedades disminuye debido a la diversidad de especies en ellos, lo que limita el contagio y la expansión de enfermedades.[13] Esta es la razón por la cual empresarios agroindustriales y sus equipos técnicos emplean cantidades enormes de agrotóxicos y antibióticos para intentar contrarrestar, con resultados cuestionables, las infecciones que se multiplican entre plantas o animales de una sola especie.

En este marco de incertidumbre comienza a extenderse un sentimiento biocéntrico difuso que nos coloca como seres vivos al mismo nivel de los otros. Creo encontrar también, en dicho sentimiento, algo de vergüenza por los efectos de la extracción de materiales en magnitudes imposibles de restituir para nuestra biósfera. A lo que es oportuno agregar, la igualmente comprobada incapacidad del planeta para asimilar nuestro incesante volumen de desechos. Aunque poco podemos hacer con este malestar, sí se experimenta un fugaz alivio al verificar por fin, y gracias a nuestro confinamiento, que el aire está más limpio,[14] las abejas regresan a algunos espacios urbanos[15] y, debido a la parálisis de muchas actividades humanas, nuestra casa común incluso vibra menos.[16] Así, mientras algunos continúan saturándose con curvas, compras por internet y conteos de muertos, los dispositivos sismográficos captan al mismo tiempo señales sísmicas mucho más sutiles; las fuerzas naturales que nos sobrepasan, nos permiten comprobar nuestra tardía, impactante y, hasta podríamos añadir, frágil presencia en el planeta.

Imagen tomada de La Vanguardia.

Liberados entonces de esa ficción que nos impedía ver nuestra finitud y que hoy es indiscutible; desabrigados de esa proximidad física que nos distrajo hasta el punto de hacerle pensar a muchos que la normalidad en la cual vivíamos era nuestro resguardo más viable; incluso, descentrados de nuestra condición de privilegio como especie, es un buen momento para no olvidar las desigualdades que hemos arrastrado social y ecológicamente. Consideremos, a propósito, la gran cantidad de personas que no ha podido mantenerse recluida en sus casas, ya sea porque fueron recientemente despedidas de sus trabajos o porque que ya vivían entre la informalidad y la precariedad laboral. Por supuesto, tampoco es prudente continuar obviando las consecuencias ambientales de la inercia de nuestro consumo.

Son muchos los aportes de los sectores sociales, la comunidad científica, las organizaciones y los colectivos que desde hace décadas continúan alertando sobre el impacto de este modelo económico en el planeta, en la calidad de sus aguas, en la conservación de los suelos, en el clima, en la diversidad biológica y alimentaria, y en el deshielo de los polos, cuyos efectos se evidencian en el hambre, la malnutrición, la recurrencia de enfermedades infecciosas y, el aumento de enfermedades crónicas y mentales. Entre estas voces figura, por ejemplo, la encíclica papal Laudato si:[17]

[…] El movimiento ecológico mundial ya ha recorrido un largo y rico camino, y ha generado numerosas agrupaciones ciudadanas que ayudaron a la concientización. Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no sólo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás […]

De cualquier modo, las discusiones de fondo que proponen todas estas contribuciones, han sido ignoradas por la vieja normalidad a la que no aconsejo regresar. Atender a tiempo estas propuestas significa vivir responsablemente de manera más frugal y menos excluyente. Incluso, a nuestro favor en la lucha contra esta pandemia, podríamos contar con un clima más estable y más seguro para todos,[18] ni que decir de una producción alimentaria más saludable, menos intensiva y más libre de insumos fósiles, así como medios y redes de transporte público más eficientes. En este contexto de crisis, lo anterior no es poca cosa.

Mientras escribía esto me tomaron por sorpresa las primeras lluvias de abril y hoy me siento optimista. Sin embargo, ¿Será posible corregir el rumbo dentro del voraz marco aspiracional y competitivo del capitalismo justo cuando países como España, Italia, Dinamarca, Austria, entre otros, proponen reabrir sus economías?[19] ¿Cómo hacer para que la recuperación económica no aliente un efecto de rebote ávido de consumo y más explotación de la naturaleza? ¿Cómo incluir los límites ecológicos y todas esas alertas desoídas durante la anterior normalidad en la construcción de un mejor mundo postCovid-19? Conocemos bastante bien la normalidad a la cual quieren tirarnos nuevamente. En su lugar, como humanidad y como sociedad, bien podríamos continuar construyendo otras ¿Por qué esperar la vacuna para cambiar?

[1] «Tras casi una década de intentos fallidos, dos pandas al fin se aparean». National Geographic en español. acceso abril del 2020, https://www.ngenespanol.com/animales/tras-casi-un-decada-de-intentos-fallidos-dos-pandas-al-fin-se-aparean/

[2] «Agrobusiness kills. Capitalist agriculture and Covid-19: A deadly combination». Entrevista a Rob Wallace, Climate and Capitalism, acceso en abril del 2020, https://climateandcapitalism.com/2020/03/11/capitalist-agriculture-and-covid-19-a-deadly-combination/

«Las causas de la pandemia. No le echen la culpa al murciélago». Entrevista a Silvia Rivero, Página 12, acceso en abril del 2020, https://www.pagina12.com.ar/256569-no-le-echen-la-culpa-al-murcielago

[3] «’Tip of the iceberg’: is our destruction of nature responsible for Covid-19?». The Guardian, acceso en abril del 2020, https://www.theguardian.com/environment/2020/mar/18/tip-of-the-iceberg-is-our-destruction-of-nature-responsible-for-covid-19-aoe

[4] «El cambio climático y la pérdida de biodiversidad favorecen las enfermedades». Gaceta Médica, acceso en abril del 2020,

https://gacetamedica.com/investigacion/el-cambio-climatico-y-la-perdida-de-biodiversidad-favorecen-las-enfermedades/  

«Coronavirus y pandemias: ¿efecto rebote de la destrucción de los ecosistemas?». Semana Sostenible, acceso 2020,

https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/coronavirus-y-pandemias-efecto-rebote-de-la-destruccion-de-ecosistemas/48979

[5] «Coronavirus, agronegocios y estado de excepción / Silvia Ribeiro». La Jornada, acceso en abril del 2020,

https://www.jornada.com.mx/ultimas/economia/2020/02/29/coronavirus-agronegocios-y-estado-de-excepcion-silvia-ribeiro-9431.html

[6] «Influenza Aviar: Una crisis global de sanidad animal con profundos desafíos a la ciencia y la sociedad». FAO, acceso en abril del 2020, http://www.fao.org/avianflu/es/crisis_es.html

«Influenza aviar». World Organisation for Animal Health, acceso en abril del 2020, https://www.oie.int/doc/ged/D13948.PDF

[7] «Causalidad de la pandemia, cualidad de la catástrofe». Blog de Ángel Luis Lara, el diario.es, acceso en abril del 2020, https://www.eldiario.es/interferencias/Causalidad-pandemia-cualidad-catastrofe_6_1010758925.html

«La FAO insta a vigilar de cerca el virus H1N1 en los cerdos». FAO, acceso en abril del 2020, http://www.fao.org/news/story/es/item/19368/icode/

«Gripe porcina». World Organisation for Animal Health, acceso en abril del 2020,https://www.oie.int/doc/ged/D14005.PDF

[8] «El cambio climático y la pérdida de biodiversidad favorecen las enfermedades». Gaceta Médica, acceso en abril del 2020,

https://gacetamedica.com/investigacion/el-cambio-climatico-y-la-perdida-de-biodiversidad-favorecen-las-enfermedades/

[9] Los pueblos indígenas y las comunidades locales son claves por su comprobada labor de cuido de las zonas protegidas en todo el mundo. Ver: http://www.iccaregistry.org/es/about/iccas

[10] «La destrucción de la naturaleza es lo que nos pone en contacto con los virus: David Quammen». Entrevista a David Quammen, El Espectador, acceso en abril del 2020. https://www.elespectador.com/coronavirus/la-destruccion-de-la-naturaleza-es-lo-que-nos-pone-en-contacto-con-los-virus-david-quammen-articulo-914730

[11] Prof Kate Jones. Chair of Ecology and Biodiversity, University College London. https://www.ucl.ac.uk/biosciences/people/prof-kate-jones

[12] «’Tip of the iceberg’: is our destruction of nature responsible for Covid-19?». The Guardian, acceso en abril del 2020, https://www.theguardian.com/environment/2020/mar/18/tip-of-the-iceberg-is-our-destruction-of-nature-responsible-for-covid-19-aoe

[13] «Pérdida de naturaleza y pandemias. Un planeta sano por la salud de la humanidad». World Wildlife Fund, acceso en abril del 2020, https://www.wwf.es/?54120/Perdida-de-naturaleza-y-pandemias-Un-planeta-sano-por-la-salud-de-la-humanidad

[14] «Estudio de la UNA: Medidas restrictivas por COVID-19 mejoran la calidad del aire en la GAM». Delfino, acceso en abril del 2020, https://delfino.cr/2020/04/estudio-de-la-una-medidas-restrictivas-por-covid-19-mejoran-la-calidad-del-aire-en-la-gam

[15] «El resurgir de las abejas gracias al confinamiento humano». Semana Sostenible, acceso en abril del 2020, https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/coronavirus-en-colombia-el-resurgir-de-las-abejas-gracias-al-confinamiento-humano/50045

[16] «Coronavirus: cómo las medidas contra la pandemia están causando que la Tierra vibre menos». BBC Mundo, acceso en abril del 2020,  https://www.bbc.com/mundo/noticias-52177361

«Estaciones sísmicas registran aislamiento social por COVID-19 en Costa Rica». Delfino, acceso en abril del 2020,  https://delfino.cr/2020/03/estaciones-sismicas-registran-aislamiento-social-por-covid-19-en-costa-rica

[17] «Carta encíclica Laudato Si del santo padre Francisco. Sobre el cuidado de la casa común». El Vaticano, acceso en abril del 2020,  http://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

[18] «El cambio climático es más mortal que el coronavirus: ONU». Semana Sostenible, acceso en abril del 2020, https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/el-cambio-climatico-es-mas-mortal-que-el-coronavirus-onu/48951

[19] «Semana clave en Europa: los países que comienzan a relajar las medidas de confinamiento por el covid-19». BBC Mundo, acceso en abril del 2020,

https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52268902

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