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¿Quiénes aportan y quiénes se agachan?

Gerardo Hernández Naranjo

Con cierta rimbombancia, un medio publicó hace unos días que empresas de zonas francas han hecho donaciones por 650 millones de colones para atender crisis del COVID-19.

Parece mucha plata, pero comparen con otra noticia sobre los 75.000 millones que aportará el Instituto Nacional de Seguros (empresa pública) para contribuir a las políticas públicas, frente a la misma crisis del COVID-19.

Este sencillo ejemplo muestra cómo los medios hacen bulla por cualquier peso que venga del sector privado y tienden a restarle atención al inmensamente más grande aporte y rol que está jugando la institucionalidad pública en esta crisis.

Pero más allá de la crisis actual, la gran brecha entre el aporte de la institucionalidad pública y los privilegios de algunos sectores privados se ha convertido en un problema político medular de nuestro país. Veamos algunos datos que lo evidencian:

– En el 2019, a partir de las utilidades del INS y en cumplimiento de diferentes disposiciones legales, esa institución hizo aportes por 33.500 millones de colones a diferentes áreas de nuestra seguridad social (CCSS, riesgos del trabajo, CNE, etc.) y a las finanzas públicas. Además pagó 8.691 millones de colones en impuesto sobre la renta.

– Del otro lado ¿saben cuánto NO PAGARON de impuesto sobre la renta las empresas de zonas francas gracias al privilegio de la exoneración que disfrutan? En el 2018, según datos del Ministerio de Hacienda, ese sector no pagó 349.857 millones de colones, equivalentes a un 1.01% del PIB.

Les invito entonces a que hagan un gráfico para comparar las siguientes cifras (todas en millones de colones) y sobre todo, a tener muy presente quiénes las aportan y quiénes las dejan de aportar: 650, 8.691, 33.500, 75.000 y -349.857.

Pero, como son las grandes empresas y sus aliados mediáticos quienes construyen el marco de opinión pública, seguirán tratando de hacernos creer que los villanos de la historia son el Estado Social de Derecho y las personas trabajadoras del sector público, mientras que los héroes (o víctimas según convenga) son las grandes empresas y sus cámaras porque… “producen libertad”.

Y peor aún, nos inducirán a que aplaudamos las migajas que, por caridad, filantropía o “responsabilidad social”, caigan del jugoso banquete que disfrutan las grandes corporaciones nacionales e internacionales de zonas francas, gracias a sus privilegios fiscales.

Compartido con SURCOS por el autor, publicado además en su espacio de Facebook.

LA ECONOMÍA AL SERVICIO DE LA GENTE

Guillermo E. Zúñiga Chaves

Guillermo E. Zúniga Chaves.

“Este es el tiempo propicio de animarnos a una nueva imaginación de lo posible…”. (Papa Francisco, Un Plan para Resucitar, en La Vida Después de la Pandemia, 2020.)

Hay un esfuerzo por hacernos creer que existe una sola forma de entender la Economía; es “la pura”, “la científica”. Un interés por vender un pensamiento único, apoyados por las escuelas de Economía y la prensa especializada. Pero el debate y los resultados de la vida real contradicen esa pretensión.

EL EQUILIBRIO. La teoría económica ortodoxa sostiene que los sistemas económicos tienden al equilibrio. Como ese equilibrio no se ve en la vida real, entonces los diseñadores de Política Económica se dedican a buscar los mecanismos para llegar a él. Reducen la Política Económica a la búsqueda del restablecimiento de los equilibrios perdidos, a eliminar “las distorsiones” que los impiden, manejando “con prudencia y austeridad” las variables económicas. Hay que equilibrar la economía a como de lugar, evitando la menor “intervención extraeconómica”.

ES UNA APROXIMACIÓN BASTANTE MECÁNICA. Reducen la política económica a un ejercicio meramente “técnico”, “economicista”. Se le quita el contenido social al estudio de la Economía y a la Política Económica. Se plantea –de esta forma– una dicotomía falsa entre lo económico y lo social, entre lo técnico y lo político e, incluso, se presume que se debe subordinar lo político a lo técnico-económico. Se sataniza lo político, pero no reconocen que detrás de esos enfoques están impulsando proyectos económicos y políticos no confesos.

OTRA FORMA. Desde los clásicos (Smith, Ricardo, Marx) se entendió la existencia de grupos sociales en los procesos de producción, distribución y consumo. David Ricardo dice que “la determinación de las leyes que rigen esta distribución es el problema primordial de la Economía Política”. Identificaba en su época “… tres clases de la comunidad, a saber: el propietario de la tierra, el dueño del capital necesario para su cultivo y los trabajadores por cuya actividad se cultiva”. (David Ricardo, “Principios de Economía Política y Tributación”). Terratenientes, capitalistas, trabajadores.

RELACIONES SOCIALES. Este enfoque permite entender que la Economía estudia las relaciones que se establecen entre los seres humanos para articular las formas de producción, distribución, consumo y la reproducción de las condiciones materiales y sociales que permiten la generación del excedente, la acumulación de capital y el reparto de la riqueza.

LA POLÍTICA ECONÓMICA es también una disciplina social y, por tanto, debe incorporar en su diseño el análisis del poder. La inclusión de la armonía y la contradicción política y social es un componente inseparable del diseño de la Política Económica. Entendida la vida económica como relaciones entre seres humanos, nos ayuda a entender por qué se dan momentos en que hay armonía social y por qué hay momentos en que hay desavenencias que pueden llegar, incluso, a conflictos radicales. Por ello, la Política Económica debe entenderse como la gestión del Estado sobre el ciclo del capital, arbitrando las contradicciones a través del reparto del excedente socialmente producido.

REACTIVACIÓN. Como la Economía y la Política Económica no tienen explicación única, y como el proceso de creación y distribución de la riqueza es social y es contradictorio, se explica por qué ha costado tanto acordar el programa de reactivación, que incluya el período pos-pandemia. Es mejor reconocer que es un tema de poder, un tema de grupos de interés, pues lo que está en juego es el reparto de las cargas y los beneficios. Este arreglo pasa por un acuerdo, un nuevo pacto social, con la participación y convencimiento de la gente, de los grupos; de los actores sociales. Y el tiempo apremia. ¡Luego será tarde!

CONCLUSIÓN: “Espero que los gobiernos comprendan que los paradigmas tecnocráticos…no son suficientes para abordar esta crisis ni los otros grandes problemas de la humanidad. Ahora más que nunca, son las personas, las comunidades, los pueblos quienes deben estar en el centro, unidos para curar, cuidar, compartir.” (Papa Francisco, A un Ejército Invisible, 2020)

 

Imagen ilustrativa.

Compartido con SURCOS por el autor y publicado en su blog personal: https://notasaltema.blogspot.com/

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No faltará un Notario idiota…

Vladimir de la Cruz

En materia de Derecho un Abogado puede negarse a llevar una causa. Por ejemplo, un abogado patronalista puede negarse de llevar un caso de demanda laboral contra patronos. Un abogado laboralista podría negase a llevar un caso contra un trabajador, solicitado por un empleador. Un abogado puede negarse a llevar defensas de acosadores sexuales, de violadores sexuales, de abusadores y violadores de menores de edad, de estafadores al Estado, en fin, de muchos actos en los cuales por las razones que estime no le interese, no quiera o no esté de acuerdo en defender.

Así también hay abogados que solo llevan ciertos casos de Derecho, de la especialidad de la materia que más dominan, o tienen titulada y reconocida, y lo demás lo desechan, no lo llevan, o recomiendan a otros Abogados para que los atienda.

Hay grupos de abogados que actuando conjuntamente, en Oficinas Comunes organizadas como empresas jurídicas, o sociedades para brindar estos servicios, que son Bufetes reconocidos, y que desarrollan sus actividades de acuerdo a sus especialidades y fortalezas, de manera que cuando un cliente, una persona, llega a solicitar su conocimiento y apoyo profesional, se le refiere al “especialista” del Bufete.

En Costa Rica el Notariado lo puede realizar el Abogado, que se graduó como Abogado y Notario, como se hacía antes, y el Abogado que hoy hace cursos especiales de Notariado, como una especialidad, para lograr titularse de Notario Público, e inscribirse como tal, bajo las regulaciones y legislación existente para ejercer el Notariado. Hoy no todos los Abogados son Notarios. Para ser Notario sí se necesita ser Abogado.

No hay en Costa Rica, como sucede en otros países, Oficinas Públicas de Notariado o de Notarios, que son las únicas autorizadas para realizar los actos que notarialmente se deban ejecutar.

En este sentido los Notarios, como los Abogados, y los Abogados Notarios, pueden negarse a realizar ciertos actos jurídicos, pueden renunciar a ellos, con la pérdida económica que les puede significar de cobro de honorarios. Eso a nadie afecta literalmente porque hay un gran mercado de Abogados y Notarios, y de Notarios. Eso solo afecta a quien renuncia a no hacer una escritura notarial de un acto legalmente válido, como es el matrimonio civil de personas del mismo sexo.

En la vida jurídica nacional los ciudadanos pueden ver el escaparate de Abogados y Abogados, y de Notarios existentes, y como en un Supermercado, escoger el “producto” que más les guste, si ya lo conocen, si saben de su calidad, o de experimentar al azar nuevos productos. Igual que en este mercado de productos se puede salir altamente satisfecho o insatisfecho, y hasta enfermo con lo que se contrate. Hay Abogados y Notarios que son verdaderos delincuentes, que hasta la prisión han ido porque estafan a sus clientes, hombres o mujeres, mujeres viudas, y parejas. Hay tal cantidad de Abogados, y Abogados y Notarios, en el mercado jurídico judicial, en el país, que siempre se va encontrar el Abogado y al Notario que se quiere. A muchos Notarios les suspenden su facultad notarial.

En el trabajo de la Abogacía y el Notariado, hay Abogados, y Abogados y Notarios, que se han especializado en Derecho de Familia.

Desde 1888 cuando se estableció el Divorcio los Abogados y Notarios, de aquella época, podían llevar juicios de divorcio, de acuerdo a las causales de la época, que se presentaban ante los juzgados, que se mantuvieron casi intocables hasta 1970 cuando se separó del Código Civil la materia de Familia, y se ampliaron y mejoraron cualitativamente las causales, incluso se establecieron situaciones de igualdad entre los cónyuges. No conozco casos, ni he oído de ellos, que abogados de esos años se opusieran a realizar divorcios por razones de conciencia religiosa, que sería lo único que podría alegarse en contra del divorcio, considerando al matrimonio un Sacramento… hasta que la muerte separe, o divorcie, o disuelva el vínculo matrimonial, por el acto del fallecimiento, al conjugue sobreviviente para que pueda volverse a casar…

Conocí casos de abogados idiotas que mal aconsejaban a sus clientes cuando estaban de acuerdo ambos de divorciarse, y al no existir la causal de mutuo acuerdo, en la legislación de la época, tenían que “inventar”, como real, una de las causales existentes, para gestionar el divorcio. Y… Hubo abogados que aconsejaron al hombre, como generalmente se hacía, para que se le acusara de intento de homicidio de su mujer como causal de divorcio. El divorcio procedía y así se fallaba, y de inmediato el Juez trasladaba al hombre a la jurisdicción penal por el intento de homicidio. Lo más usual era acusar al hombre de infidelidad como causal de divorcio, cuando había mutuo consentimiento, razonabilidad y entendimiento familiar, para hacerlo… cuando no eran “casos peleados”, como se decía.

Los Abogados especializados en Derecho de Familia, que son los que atienden hoy los aspectos de matrimonio y de divorcio, entre otros asuntos, generalmente hacen esfuerzos importantes por tratar de convencer a la pareja que demanda su servicio para divorciarse, para que no lo hagan precipitadamente, que se tomen más tiempo…

La verdad es que cuando una pareja ya no quiere vivir junta, ni se les debe, ni se les puede obligar a convivir… Debe procederse a facilitar de la manera más expedita su divorcio, la disolución de su matrimonio. Se divorcian nada más las personas que están casadas jurídicamente.

Nuestra legislación debería avanzar a establecer la causal de divorcio por “voluntad de una de las partes”, que es la mejor forma de decirlo, cuando una de las dos personas de la pareja matrimonial ya no quiere continuar en el matrimonio.

Desde el 26 de mayo Costa Rica ha dado un enorme paso en materia de Derechos Humanos, de Familia y de Matrimonio, al reconocer el Estado costarricense que en Costa Rica pueden casarse las personas independientemente de su raza, de su condición social, de su condición económica, de su nacionalidad, de su credo religioso, filosófico o político, de su sexo, permitiendo, que en igualdad de condiciones, el matrimonio civil, que es el único reconocido y validado por el Estado, lo puedan realizar indistintamente parejas constituidas por hombre-mujer, hombre-hombre y mujer-mujer.

El matrimonio que se realiza en la Iglesia Católica tiene validez y reconocimiento dentro de la Iglesia, y solo tiene reconocimiento estatal cuando se inscribe en el Registro Civil, porque a los sacerdotes se le autoriza la realización del acto matrimonial, para los efectos de reconocimiento estatal y civil del acto realizado en la Iglesia, actuando ellos como Auxiliares del Registro Civil.

A nadie afecta que unas personas se casen por la Iglesia, como a nadie afecta que unas personas se casen por la vía civil, ni la Iglesia se afectada con los matrimonios civiles. Si el Estado no le impone a la Iglesia prohibición alguna para realizar y reconocer los actos matrimoniales de conformidad a sus principios y rituales religiosos, la Iglesia no puede imponerle al Estado la forma de realizar y reconocer los matrimonios autorizados legalmente. Si en la Iglesia solo se permite el matrimonio de hombre mujer, la Iglesia no puede impedirle a Estado reconocer también los matrimonios de hombre mujer y de hombre hombre o mujer mujer.

Con esta decisión jurídica de reconocer esta igualdad hemos crecido como sociedad. A los Abogados y Notarios, y a los Notarios, el Estado los ha autorizado para realizar matrimonios y procesos de disolución matrimonial, escrituras de divorcio, que se validan en las Oficinas del Registro Civil y ante los jueces, según corresponda el trámite respectivo.

Con la nueva legislación que permite el matrimonio de hombre hombre y mujer mujer, se ha dicho e informado que hay Notarios que se negarán a casar, a realizar actos matrimoniales de hombre hombre, mujer mujer, aduciendo razones de conciencia.

Honestamente creo que es pura paja lo de “su conciencia”, en esta materia. Pero aceptemos que así podría ser, porque son muy religiosos y desde sus valores religiosos no están de acuerdo con ello. O porque son muy “moralistas” y creen que el matrimonio válido es únicamente el que se realiza entre hombre y mujer y nada más.

Lo único que estos Notarios pierden en ese acto, de negarse a realizar un matrimonio de dos personas del mismo sexo, es la pérdida del cobro de sus Honorarios Profesiones por el trabajo que se les solicita de hacer una escritura matrimonial. Lo que pierden además del cobro de sus Honorarios de la Escritura del Matrimonio Civil que se le solicita, es la pérdida de potenciales clientes, no solo para asuntos de familia, sino para otros asuntos como suele suceder cuando se tienen abogados de referencia personal o familiar a quien acudir. Negarse a hacer matrimonios civiles de personas del mismo sexo es negarse a recibir a esas parejas para otros asuntos que les puedan llevar profesionalmente. Si una pareja rechazada por un Notario para casarlos, como permite la ley, lo que hace es buscar otro Notario para casarse y a ese otro notario le depositarán su confianza futura para otros asuntos jurídicos.

Así como podrá haber Notarios que no quieran realizar estos nuevos matrimonios, aparecerán otros Notarios y Bufetes especializados en “matrimonios civiles del mismo sexo”, con toda una organización empresarial para realizarlos, con toda la pompa, como se realizan en general los matrimonios que pueden pagar sus fiestas y fiestones. Porque en matrimonio hay como sucedía en el pasado, “entierro de rico” y “entierro de pobre”, hay “matrimonios con fiesta” y “matrimonios sin fiesta”.

Hace algunos años a un Ministro de Salud, le oí decir, que en Costa Rica, en su vida, el 10% de la población había tenido alguna experiencia homosexual, desde niño hasta adulto. Supongamos que ese porcentaje siga siendo el mismo, hablamos de medio millón de personas, niños y adultos. Jurídicamente es un conglomerado muy importante para atenderlo, profesionalmente, con la nueva legislación. No es un mercado a despreciar profesionalmente con los réditos económicos que puede significar. Ya la hotelería y gastronomía nacional habían avanzado mucho reconociendo espacios y exigiendo respeto para las parejas del mismo sexo que los visitaran. Esto se va a incrementar…

Obviamente nadie va a ir buscar al Notario que se niega a realizar una escritura matrimonial de personas del mismo sexo si se sabe que hará problemas diciendo «objeción de conciencia».

Si así fuera, con toda honestidad, posiblemente, ese Abogado y Notario, tendría que negarse a dar consejos profesionales y realizar ciertas escrituras frente a actos que él mismo como Notario podría considerar que no se deben hacer, o que él mismo no está de acuerdo en que se realicen.

En Derecho Penal enseñaban que había que defender al criminal como culpable si fuera del caso. En materia de matrimonios civiles del mismo sexo no hay criminales, ni marginados sociales, ni delincuentes de ningún signo, ni enfermos mentales. Hay personas que acuden a la formalidad de la figura legal del matrimonio civil para realizarse en igualdad de condiciones, como todos los ciudadanos, en su derecho al reconocimiento de su matrimonio, de su vida en pareja, de su amor públicamente manifiesto, sin discriminación alguna. La ley es la Ley y se debe respetar y acatar aunque no nos parezca.

Si hubiera solo oficinas de Notariado Público, como sucede en algunos países, donde solo unos pocos funcionarios ejercen como Notarios de Estado, ningún Notario de estas Oficinas podría negarse al acto notarial que por ley, y en concordancia con la ley, se le solicita su gestión de matrimonio. Estaría obligado a aplicar la Ley, en afirmación al Derecho que le asiste a quien así lo solicite. Igual es para los Jueces de Familia, están obligados a casar, de conformidad con la nueva legislación. Si un Juez de Familia no está de acuerdo en aplicar la Ley lo mejor que puede hacer es renunciar a su puesto.

Lo que Costa Rica ha aprobado y ha hecho regir como nueva legislación no es Derecho Canónigo, es Derecho Civil, es Derecho del Estado, es el Derecho que atiende a todas las personas independientemente de su raza, su credo, su sexo, su posición social, en igualdad de condiciones y de situación.

El Derecho Canónigo lo hace la Iglesia y lo aplica la Iglesia en su jurisdicción y con sus feligreses. El que quiera casarse atendiendo su conciencia y su credo religioso que vaya a la Iglesia Católica, donde los curas están autorizados a realizar matrimonios, como auxiliares del Registro Civil, que para estos efectos son. Los curas no hacen matrimonios civiles, hacen matrimonios católicos, de acuerdo con sus ritos y preceptos, que para que tengan validez deben ser inscritos en el Registro Civil, de lo contrario es como si no se hubieran realizado, excepto para los muy católicos que pueden considerar que ese es el único matrimonio válido para ellos.

Los Notarios que no quieran realizar matrimonios civiles de personas del mismo sexo pueden no hacerlo. Es su privilegio el de rechazar clientes y negocios jurídicos.

Esperemos que no volvamos a la Costa Rica de hace unas décadas, parafraseando la situación, en la cual en las oficinas de Notarios podrían aparecer carteles que digan “Aquí somos Notarios católicos y religiosos y no hacemos matrimonios civiles de personas del mismo sexo”. Y hasta podría sumarse a los Notarios católicos, Notarios de otros credos religiosos con la misma canción. No faltará algún Notario idiota que lo ponga.

 

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La vida es primero

“Porque ¿qué aprovechará al hombre
si ganare todo el mundo, y perdiere su
alma (vida)”.
Jesús de Nazaret

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

El Ministro de Salud, Dr. Daniel Salas, a quien el pueblo costarricense le reconoce estar enfrentando la pandemia del COVID19 con gran sensibilidad humana y profesionalismo, ha dicho de manera contundente que “[…] ninguna transacción comercial, ni economía puede estar por encima de la vida y la salud […]”[1].

De esta manera, recoge y expresa el pensamiento social y humanista en que se fundamenta nuestro Estado Social de Derecho; pensamiento que se nutre de diferentes fuentes, siendo una de ellas la Doctrina Social de la Iglesia Católica que antepone la defensa de la vida, la dignidad humana, a cualquier otro valor o principio. El Estado y el mercado deben estar al servicio de la persona humana y del bien común.

Sí, en las circunstancias actuales, tenemos que apostar decididamente por anteponer el derecho a la vida digna y saludable a los intereses mezquinos y egoístas de sectores que solo ven en la pandemia una oportunidad o un obstáculo para seguir acumulando riqueza. Y siguiendo el mal ejemplo de países como Estados Unidos y Brasil, que hoy puntean los índices de mayor mortalidad por causa de la pandemia del COVID19, anteponen los intereses comerciales y económicos a la vida y la salud de las personas.

Buena parte de los ideólogos de la reactivación económica apuestan a salvar la economía aunque la gente se muera. Parten del principio economicista de que si a la economía le va bien a la gente también. La noticia falsa más consumida y publicitada, por los “vendedores de políticas económicas” (Krugman).

Se trata de un añejo discurso que apela a la promesa de un futuro paradisiaco a cambio de un presente de sacrificios, así como a que la riqueza siempre se desborda y nunca se concentra. Es la versión económica de la religión como “opio del pueblo” –religión de mercado–, es decir, que busca la resignación y sometimiento a los sufrimientos, miserias y explotaciones presentes a cambio de la recompensa en un futuro indeterminado. Como alguien ha dicho, en el largo plazo todos estaremos muertos.

Hoy, estamos ante la encrucijada de optar por la vida digna y justa o dejar que la actual pandemia y tantas otras sigan cobrando vidas. Por ejemplo, las pandemias de la pobreza y del hambre, generadas por un sistema tributario injusto que cobra impuestos a los pobres como ricos y a los ricos como pobres, elevando los niveles de desigualdad y endeudamiento público.

Efectivamente, se trata de enfrentar los desafíos que representan las múltiples pandemias, como bien ha señalado el Papa Francisco: “En los primeros cuatro meses de este año 3 millones 700 mil personas murieron de hambre […] Esta oración de hoy para pedirle al Señor que detenga esta pandemia debe hacernos pensar en las otras pandemias en el mundo. ¡Hay muchas! La pandemia de la guerra, del hambre y otras más”[2].

Según, Julio Berdegué, funcionario de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), 900 millones padecen de hambre en el mundo, y es una enfermedad, a diferencia del COVID19, para la que sí existe “vacuna”. Resulta “espeluznante”, señala Berdegué, que nos hayamos acostumbrado a vivir con una tercera parte de la humanidad en condición de inseguridad alimentaria[3].

En el caso de la población en condición de pobreza, en América Latina se incrementará en 20 millones después de la pandemia; alcanzará la escandalosa suma de 90 millones de pobres. Las proyecciones, para Costa Rica son de más de un 30%, es decir, más de millón y medio de pobres.

En una reciente entrevista radial, en el Programa La Lupa, el presidente de la Cámara Costarricense de la Industria Alimentaria (CACIA), aunque reconocía el valioso aporte en materia de política sanitaria del Ministro de Salud, resentía la falta de iniciativa gubernamental para la reactivación económica[4].

Cabe señalar, al respecto, que, en las condiciones actuales, una buena política sanitaria podría ser también una buena política económica y social. Sin embargo, lo que no se vale es utilizar esta política para continuar apuntalando un sistema económicamente injusto y jurídica y éticamente espurio. O sea, que lo bueno que se hace con una mano se borre con la otra.

No se vale aprovecharse de que la gente esté en casa y utilizar el discurso del miedo para apuntalar el autoritarismo gubernamental y empresarial, lesionando intereses y derechos legítimos de los trabajadores públicos y privados, como ha venido sucediendo, un día sí y otro también, en este país que se precia de ser adalid de la democracia y los derechos humanos, en el concierto de las naciones: “luz en la calle y oscuridad en la casa”.

Un sí a la vida, exige renovar la esperanza en la sensibilidad y el compromiso de un pueblo que, en circunstancias adversas, ha sabido levantar la antorcha de la dignidad para construir su futuro sobre los sólidos cimientos del derecho, la justicia y la paz social. Un tiempo oportuno para la gran tarea de construir con tenacidad el nuevo pacto social post-neoliberal.

[1] https://elperiodicocr.com/ministro-de-salud-ninguna-transaccion-comercial-puede-estar-por-encima-de-la-vida-y-la-salud/

[2] https://www.vaticannews.va/es/papa-francisco/misa-santa-marta/2020-05/santa-marta-papa-francisco-coronavirus-pide-libercion-pandemias.html

[3] https://www.youtube.com/watch?v=hZgjaR_TgoA

[4] https://www.facebook.com/1818672778427731/videos/2952243401563174/

 

Foto: FAO.

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Aprovechar la coyuntura del Covid-19 para impulsar la transformación del agro

German Masís Morales

Este lunes el Presidente de la República y el Ministro de Agricultura y Ganadería han efectuado la apertura de la primera rueda virtual de negocios que se realiza por medio de la plataforma La Finca Agropecuaria, herramienta impulsada por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), donde más de 2.000 productores y 50 compradores han de acercado la oferta de bienes de origen agrícola, pecuario, pesquero y acuícola, a la demanda de las agroindustrias nacionales.

“Esta es la forma cómo la institucionalidad responde para apoyar a los productores en el escenario que nos impone la pandemia por COVID-19. Estas oportunidades son muy valiosas, porque no se trata solo de vender hoy, sino de alcanzar alianzas que nos permitan una relación fortalecida y un mejor conocimiento entre la producción agrícola primaria y la agroindustria para negocios futuros”, declaró el Ministro.

En tanto, el Presidente reafirmó el compromiso de su gobierno de apoyar a los productores al máximo, para lo cual “estamos trabajando duro en mejores condiciones de créditos, acceso a la tecnología y al valor agregado para llegar a mejores mercados”. (ElPaísCr,1-6-2020)

Ante estas manifestaciones de las autoridades del Gobierno actual, nos preguntamos si estas acciones introducen cambios importantes en la producción y en el comercio agropecuario y si se está aprovechando la coyuntura de la pandemia del covid-19 para impulsar una transformación de la actividad agrícola y agroindustrial, de los sistemas de producción o de la participación de los distintos sectores involucrados en dicha actividad, pero la respuesta es que no.

La política sectorial agrícola sigue enfatizando en el crecimiento de la producción, en el mejoramiento de la productividad, en el aumento de la agroexportación y en la adopción de nuevas tecnologías. El monocultivo de exportación en manos de grandes empresas por su aporte a la generación de divisas, sigue siendo el eje del modelo agropecuario nacional.

Por el contrario, una política agraria alternativa, debiera estar dirigida a superar los efectos de las políticas macroeconómicas de liberalización económica y apertura comercial aplicadas en los últimos 35 años, las cuales han afectado seriamente las condiciones de la micro y pequeña producción agrícola y agroindustrial, ha empobrecido a la población rural, ha priorizado en la importación agroalimentaria y ha profundizado el monocultivo de exportación.

Esta política agraria alternativa deberá estar centrada en la promoción de una agricultura más sostenible, en el apoyo a la innovación a partir de los recursos de la finca, en el fortalecimiento de la pequeña producción agrícola y la microempresa agroindustrial familiar, en el impulso de sistemas de comercio de mayor vinculación entre productores y consumidores y en el acceso a una oferta de productos más sanos, saludables y con identidad territorial.

Esta política agraria deberá estar dirigida claramente al mejoramiento de la producción agrícola y agroindustrial para el mercado interno y debe incluir acciones sobre innovación tecnológica, gestión de servicios agrícolas locales, comercialización justa e incluyente, financiamiento alternativo, sistema de riesgo agrícola, desarrollo agroindustrial rural y apoyo a la seguridad y soberanía alimentaria.

El eje central de la propuesta de política agraria alternativa, es el mejoramiento de los procesos productivos y comerciales para el mercado interno, mediante la reactivación de los servicios que ofrece la institucionalidad pública del sector agropecuario con la participación proactiva de los diferentes actores: campesinos, pequeños productores, cooperativas agrícolas, centros agrícolas cantonales y microempresas agroindustriales y agroturísticas.

Los propósitos de la misma serían:

Contribuir a cambiar las políticas agropecuarias y rurales para que respondan a las necesidades del pequeño agricultor, el microempresario agroindustrial y la población de las comunidades rurales

Impulsar una transformación de la actividad agropecuaria nacional, hacia una más sostenible e incluyente, mediante una innovación apropiada y creativa generadora de buenas prácticas y menos dependiente de recursos externos.

Apoyar decididamente la producción agroalimentaria para el mercado interno, que garantice el abastecimiento continuo de productos sanos y de calidad, la ejecución de mecanismos de comercio directo y justo y que favorezca la apropiación de recursos por parte de los productores.

Entre las acciones estratégicas para el cambio estarían:

1.Promover la innovación y el desarrollo de tecnologías sostenibles
2.Mejorar la gestión de servicios de apoyo agropecuario y rural que ofrece el Estado
3.Adecuar y dinamizar el sistema de comercialización de productos agrícolas para el mercado interno
4.Democratizar efectivamente el acceso al crédito de la pequeña producción y la microempresa
5.Establecer un sistema de seguros y de cobertura del riesgo de la producción agrícola
6.Fomentar el desarrollo de la agroindustria rural y del valor agregado de las actividades agropecuarias
7.Apoyar la aplicación de una ley marco de Seguridad y Soberanía Alimentaria y Nutricional

Una política agraria alternativa debe responder a la necesidad histórica de la transformación productiva del agro costarricense, que sea sostenible, equitativa e incluyente y que incorpore el otro eje del desarrollo hasta ahora abandonado, como es la producción para el mercado interno, la cual garantiza la producción de alimentos, el empleo de la población rural, la conservación de la biodiversidad y el arraigo de la población en las comunidades rurales.

Las acciones actuales dirigidas a promover el comercio virtual de productos, el plan anunciado para apoyar la producción de granos básicos y la recomendación del Ministro de Agricultura para que se consuman los productos que el país produce, no vendrán a resolver los problemas estructurales de la producción y el comercio agroalimentario del país. Por lo que no se vislumbran grandes cambios en la realidad de la agricultura costarricense luego de la pandemia.

¿Será capaz nuestra juventud?

Desde un adulto mayor…

Marlin Óscar Ávila Henríquez

Nuestra juventud (18-30 años de edad) nació después de la caída del muro de Berlín y la destrucción de la Unión Soviética.

Nació en la primera fase de iniciarse la consolidación del capitalismo salvaje y la globalización del sistema de libre mercado, con la fuerza ideológica del neoliberalismo, como evolución del liberalismo clásico de los siglos XVIII y XIX, promovido y financiado por los organismos multilaterales regionales y universales.

Aunque las primeras prácticas neoliberales se facilitaron con la dictadura pinochetista, de Chile, a partir de 1974, se inició su instalación ya como sistema, en los ochentas del siglo pasado, 10 años antes de nacer el primer joven, quien ahora, el año del Covid-19, está cumpliendo 30.

Cuando se inició el desmontaje de todo pensamiento sobre estado de bienestar para sustituirlo por la supremacía del individualismo y de reducción del estado, el predominio del individuo sobre lo comunitario y lo colectivo. Estas nuevas generaciones no vivieron y muchos no se enteraron, incluidos quienes ahora están en los 40s, ni por lectura, que sus padres y abuelos habían logrado un buen nivel de vida, con educación, salud, vivienda y, demás servicios públicos de calidad, gracias al Estado de Bienestar que, como sistema predominó después de la segunda guerra mundial, promovido desde Washington.

En nuestra latinoamericana, fue en Costa Rica donde más desarrollo hubo con don José Figueres Ferrer (don Pepe) a la cabeza, en la segunda mitad del decenio de los cuarenta, hasta 1974, pero sostenido hasta inicios del presente siglo, con fuertes luchas del pueblo contra la oligarquía criolla sustentada por las grandes corporaciones y bancos internacionales, que buscan siempre la acumulación de capitales en pocas familias, dejando una secuela de pobreza y miseria en las grandes mayorías.

Las teorías y las prácticas exitosas de más de 50 años después de la segunda Guerra mundial, eventualmente, sufrieron una campaña atroz de desprestigio montado a través de los medios en poder de las corporaciones y oligarquías internacionales, endemoniándolas, hasta hacer que las nuevas generaciones crean en tales propagandas, sin siquiera saber diferenciar científicamente sus aciertos y desaciertos.

Es lamentable escuchar a jóvenes (algunos con poco más de 40) con educación superior condenando, de primas a primera, cualquier propuesta de políticas sociales en beneficio colectivo y mucho menos, aceptar una expresión de organización de trabajadores y sus derechos de participación en su propio destino. Su mismo bienestar y seguridad (de esta juventud) ahora con la pandemia, se debe en gran parte, a las políticas social demócratas impuestas en el pasado.

Pero su orgullo gratuito juvenil se infla utilizando palabras «modernas», después de haber sacado de su léxico otras expresiones que les enseñaron que son condenables, entre ellas está cooperativismo, solidaridad, reivindicación, sindicalismo, compañerismo, comunidad y comunitario, intervención del Estado, y otras. En cambio, repiten sin cesar: “emprendedurismo”, privatización, cogestión, austeridad, libre mercado, flexibilización y otros términos propios del neoliberalismo, aunque muchas veces no saben de adonde se originan.

Este cambio de paradigma institucionalizado en toda nuestra sociedad está introducido en los tres poderes del Estado, pero más en los empresarios. Nuestr@s legislador@s salen constantemente a lucir sus «nuevos» conocimientos sobre política del Estado, expresando, como el viernes 29, su preocupación porque un nuevo jerarca del Ejecutivo no se dirija por los dictados neoliberales, y se reúse a reducir el tamaño del Estado, incluso, vendiendo parte de los bienes públicos. Jóvenes, con la cabeza caliente, desarrollados en un ambiente conquistado con la lucha de la clase trabajadora, jóvenes con estudios y salubridad construida por las generaciones pasadas, que su mezquindad y soberbia, no les permite reconocer, ni siquiera agradecer, puesto que son las conquistas del pasado, los sacrificios de sus padres y abuelos, y el sistema predominante les enseñó a no ver el pasado. Sin embargo, están list@s a «vender» al exterior la buena imagen de democracia existente, pero que esta generación novata, podría destruir en una sola legislación, tal como lo ha venido haciendo con leyes antidemocráticas.

Desde luego, comprendemos que estas últimas generaciones han sido presas del sistema neoliberal. Ese sistema actualmente en crisis económica, desde hace varios años y ahora, con un quebrantamiento sanitario global sin precedentes.

Después de la segunda guerra mundial hubo que encontrar un nuevo paradigma al liberalismo clásico. Ahora, nos preguntamos, sí nuestra juventud, particularmente la gobernante, tiene capacidad para encontrar un nuevo paradigma, o piensa seguir en ese mundo ya obsoleto, fracasado y dañino para nuestra ciudadanía y nación, como lo es el neoliberalismo.

Será mucho más desastroso saber que formamos y construimos un mundo, destruido posteriormente por nuestros propios hijos e hijas, porque no les transmitimos lo esencial de la vida, muy lejos del individualismo y del mercado materialista, como es el calor humano, la equidad y solidaridad social. Para qué vamos a querer conquistar el espacio de las estrellas, si no logramos construir un hogar de hermandad, paz y fraternidad en nuestra tierra.

Lo que más nos satisficiera es, que nuestra juventud en cargos pasajeros de poder, nos demostrara lo equivocado que pudiéramos estar con estas ideas y creer que nuestros nietos podrían gozar de seguridad social, equidad y bienestar social, como esa actual juventud que pronto dejará de serlo.

Clases virtuales de teatro

Teatro La Cambusina comunica:

Clase introductoria gratuita este miércoles 3 de junio de 8pm a 9pm.

Inscripción al 859330384

Costo 10.000 colones, 4 sesiones al mes.

Este miércoles 3 de junio a las 8 pm se inicia con una primera clase gratuita. A las personas interesadas y que se comuniquen mediante el número 859330384 se le enviará el enlace para la clase virtual. Es un taller para personas adultas.

Luego de esa clase quienes tengan interés en el taller hacen el depósito por Sinpe al 859330384. 10 mil colones por persona.

El taller consiste en 4 sesiones de 2 horas. PARA PRINCIPIANTES. El objetivo es acercarles a la magia del teatro y explica nuestro proceso en la creación de un personaje.

Con la rodilla en el cuello

Carlos Campos Rojas

Así murió George Floyd, sin aliento, a manos de un policía en Estados Unidos, que por nueve minutos tuvo en sus manos la decisión de la vida o la muerte. La brutalidad y el desprecio de quienes se asumen dueños absolutos del país y pretenden serlo del mundo, apoyados en esquemas y estructuras represivas, encuentran una reacción social inesperada en estos momentos de “pandemia” y de distanciamiento social.

La ciudadanía de nuestro país está igual que George Floyd antes de morir: con la rodilla en el cuello y gritando que no tiene ya aliento. En EEUU la chispa fue el racismo, en nuestro país que no es ajeno, será lo menos pensado. La acción institucional y gubernamental ve con desidia y con la distancia de la tenue burbuja desde donde presumen gobernar, a quienes no solo producimos la riqueza nacional, sino que hacemos ingentes esfuerzos para mantener la paz de que nos ufanamos.

CNN, el dios de pies de barro y emblema transnacional de la comunicación y el control mediático, no pudo contener ni con apoyo de antimotines bien adiestrados, la ira reprimida de una población que se cansó de ser desestimada.

Quienes ostentan el control mediático de la prensa nacional, deben entender que, aunque la mentira puede correr años, la verdad la alcanza en un día. Aunque luchen por arrancarnos nuestra historia y traten de dejarnos sin raíces, los hechos son irrefutables, el periódico La Información dio cuenta de ello por servir a una tiranía. Hoy pueden vestirse con ropa ajena y ponerse otro nombre, pero como dice nuestro pueblo, mona se queda.

La torpeza política demostrada hasta ahora, para que nuestro país pueda encontrarse y construir un nuevo pacto social mediante un diálogo respetuoso, sin exclusiones y con la disposición de escucharnos, solo ha propiciado que se profundice calladamente, la fractura social estructural a que se sometió nuestro país, provocada en la gestión asaz arrogante de sus pretensiones ajenas al interés ciudadano.

El país pierde, todos perdemos. Gana la mafia política, la corrupción, la impunidad, el autoritarismo.

La “pandemia” pudo haber dado a quienes usurparon el poder de la ciudadanía, un respiro para maniobrar transitoriamente en la escalada social y política que se desarrollaba en el mundo y desde luego también en nuestro país, pretendiendo con eso desentenderse de la ira social contenida, pero fracasa a cada paso.

Lo que pasa en EEUU y que se replica en Europa, así como en Brasil, países más castigados por la “pandemia”, enfrenta el miedo institucional que se pretendía establecer para aislar las personas y evitar el encuentro social, justificado en que era la opción a la vida, contra una ciudadanía amarilla, negra, blanca, mestiza, latina, que se da la mano y sale en masa a enfrentar a los gobiernos, convocados por esa ira contenida, contra un sistema que su característica ha sido la desigualdad, la represión brutal y la muerte.

Costa Rica puede hacer la diferencia, a pesar de ser el país más desigual de América, según la CEPAL. Tiene en la ciudadanía una retaguardia moral para construir una propuesta nacional sustentada en un nuevo pacto social, pero debe salir a la luz, una actitud gubernamental que no tenga miedo a los disensos, pues solo así se construyen sólidos consensos.

1 de junio de 2020

MANIFIESTO PARA EL CUARTO PODER

Distraigan
al Soberano que hace
tiempo renunció a ser
miembro de la mancomunidad
de países liberados y sin bisagra
en la espalda. Distráiganlo cuando
lo sientan preocupado y con el
ceño fruncido. Invéntense
cualquier futileza y hagan
que apunte su atención
hacia el último chisme. Lancen
rumores temerarios.
Esto es ciencia:
que no piense en lo
profundo, que se
ande siempre
por las ramas.
Hagan creer
a la masa
que vive
en el
paraíso.
Díganle
que en otros países
desean tener una democracia
cómo esta para mentarle la
madre al Presidente
y creer que así se ejerce esa tal
libertad de
expresión.
Sean creativos,
inventen problemas para
exasperar a la gente y permitan
que aumenten los delitos
y las agresiones ciudadanas.
Así lograrán que el propio
ciudadano exija
violencia y represión y hasta pena
de muerte:
Ustedes quedarán como
héroes salvadores de la sociedad.
Deterioren las buenas instituciones
desde adentro. Nombren en sus
Directivas a sus sepultureros y
ellos se encargarán de envenenarlas
para que el mismo pueblo
reclame luego su privatización
y gustoso camine hacia el cadalso.
Hagan popular lo impopular
de sopapo, pregonen que es mejor
así y el sacrificio presente atenuará
el dolor
futuro. Traten a las personas
como si fuesen niños o tarados,
o simples personas inocentes y
así se ganarán de ellos hasta
sus simpatías y genuflexiones.
Sus expertos y asesores sabrán
cómo desatar lo emotivo: las
emociones pondrán de rodillas
a las reflexiones. El que piense
saldrá perdiendo. Emocionado
se acostumbrará a lagrimear
y asistirá alegre al funeral del
pensamiento propio.
Sostengan al pueblo
sumido en la ignorancia
y en lo superficial: denles
telenovelas estúpidas y
atontadoras: átenlos a una roca en la
luna de queso
y que se deshagan en lloriqueos y
alcen vuelo
en sus melodramáticas
bombas de mocos.
Hagan que el soberano
se sienta complacido
nadando en el charco
de las mediocridades.
Y que las masas
se sientan a sí mismas
culpables por el estado
de cosas y las situaciones
que lo tienen sumido
en el mundo del quebranto.
Al fin y al cabo ustedes
con sus Expertos y Asesores
de millonarias remuneraciones
conocen mucho mejor a las
masas de lo que ellas mismas
saben de sí.
Y sigan su fiesta: duerman tranquilos
mientras el Soberano adelgaza cada día más su masa gris debido
a esa desnutrición mental,
que de insomnio político y
social, lo va acabando para
que alegre y feliz acepte sus grilletes
y siga comiendo las migajas absolutas
que ustedes pelando sus colmillos
preparan cotidianamente
para saciar la sed de
ignorancia que han
logrado sembrar
en su consciencia.
Sean capaces luego
de fundar un museo
para exhibir triunfantes
los Códigos de
Ética y los Devocionarios rastreros
que pregonaban odas y alabanzas
al embrutecimiento
de los Pueblos. Y coloquen
un rótulo en la entrada сomo
homenaje a su maestro:
“¡MIENTE MIENTE
QUE ALGO QUEDA!»

ClaMo
Claudio Monge Pereira
Toyopán, ZURQUÍ.

 

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«La pandemia como espejo y oportunidad»

Semillas de Esperanza
3er texto de coyuntura

La declaración de pandemia en marzo anterior trae consigo el incremento de las desigualdades en términos de justicia social. Por eso, a pesar del distanciamiento físico, consideramos urgente reafirmar la solidaridad con quienes más lo necesitan. Es necesario, aún más, seguir haciendo a reflexión crítica y denuncia de las injusticias sociales estructurales. No es momento para callarnos.

Nos propusimos compartir semanalmente una reflexión de análisis y opinión sobre esta coyuntura y procurar, así, acompañarnos un poco más en la distancia. El tercer artículo que llega a ustedes es de Alberto Álvarez Toirac, compañero del DEI, investigador y coordinador del Programa de Formación.

Equipo del DEI


 

La pandemia como espejo y oportunidad
Fragmentos para una reflexión socio-política

Alberto Álvarez Toirac
Investigador y coordinador del Programa de Formación del DEI

Vivimos tiempos de disrupción y perplejidad, de incertidumbres radicales y esperanzas infantiles. Tiempos distópicos que se despliegan ante nuestros ojos como salidos de una novela de ciencia ficción. Tiempos de agonía civilizatoria, ralentizados únicamente por nuestra propia incapacidad de asumir los límites del sistema social que habitamos, y de imaginar y generar procesos multidimensionales e inclusivos de transformación.

Frente una crisis pandémica que pone en evidencia la profundidad y complejidad del problema subyacente, sorprende el enfoque unidimensional y cortoplacista de la gestión que la mayoría de los gobiernos y los organismos internacionales hacen de esta. Una vez que las cosas se han salido del control, pareciera que se encuentra inobjetable la globalización del pánico social. Somos presa de un acoso biopolítico sin precedentes en la historia moderna, que suspende no solo la economía y la movilidad de las poblaciones, sino que congela la posibilidad de razonar.

Ante la normalización del “quédate en casa” y “lávate las manos”, se requiere repensar la encrucijada histórica en la que estamos atrapadxs, así como las nuevas resistencias, re-existencias y revoluciones deseables y posibles en un mundo post-pandémico.

Si bien el virus parece haber llegado para señalar con el dedo lo que ya estaba podrido desde antes, la coyuntura actual produce sus propias novedades. La inmediatez de los hechos disruptivos, la velocidad con que se desarrollan los acontecimientos, la conciencia de incertidumbre y la opacidad con que las élites influyen en las decisiones, hacen muy difícil un análisis comprensivo de la situación actual. Esta dificultad puede rastrearse incluso en las reflexiones de las mentes críticas más lúcidas del momento.

No obstante, se impone la necesidad de aventurarse y diseminar intuiciones, que nos puedan ayudar a disipar la cortina de humo instalada por los medios de comunicación, y leer la realidad de manera independiente. En adelante, algunos fragmentos de intuiciones para seguir pensando.

La dialéctica (negativa) del miedo y la esperanza

La coyuntura actual me trae a la mente una reflexión de Boaventura de Souza, a partir de la teoría de Baruc Spinoza sobre las emociones humanas y los tiempos históricos.

Según este último, las dos emociones básicas de los seres humanos son el miedo y la esperanza. La relación entre estas dos varía según la situación histórica y los grupos sociales correspondientes. La condición mayoritaria y más sensata es una cierta combinación entre la esperanza y el miedo. Pero también puede darse una polarización extrema entre ambas. El miedo sin esperanza conduce a la parálisis, mientras que la esperanza sin miedo desemboca en la indolencia y el voluntarismo. Durante el transcurso de la modernidad, la mayoría de los sectores sociales se han encontrado en algún punto intermedio entre la esperanza y el miedo. Pero las condiciones sociales provocadas por el neoliberalismo, han producido una desigualdad y polarización social tal, que se expresa también en las emociones vivenciadas por los grupos socialmente polarizados.

De un lado se ubica la mayoría, pauperizada y desprovista de poder o capacidad para remontar su situación deshumanizante e injusta, que termina dominada por el miedo y resignada a lo que parece ser su destino. Del otro lado, los sectores más acomodados y las élites se desenvuelven con estilos de vida lujosos y proyectos de expansión personal y apropiación del mundo. Una clase media cada vez más reducida y vulnerable, se estaría corriendo de su anterior balance entre la esperanza y el miedo hacia un miedo ascendente y una descendente esperanza. De aquí que el diagnóstico del tiempo actual apunta hacia la creciente polarización entre el mundo del miedo sin esperanza y el mundo de la esperanza sin miedo, al punto de crearse una línea abismal entre ellos.

Dicha condición, observada hasta hace muy poco, parece haberse quebrado tras la disrupción provocada por la pandemia. La parálisis económica generada por el Gran Confinamiento pone en crisis a grandes sectores empresariales y hasta financieros que de forma repentina empiezan a declararse insolventes. Las desigualdades previamente existentes se agravan con la crisis e impactan con mayor violencia y desprotección a los sectores más desfavorecidos. Esto ya era una tendencia socioeconómica que ahora experimenta una aceleración abrupta. Pero también ocurre algo nuevo. Una parte cada vez más importante de los sectores privilegiados son alcanzados, para su sorpresa, por esta crisis.

De este modo, el miedo regresa y se instala en el otrora mundo de la esperanza sin miedo, pero sin que se haya disuelto la diferencia estructural que antes los separaba. La desigualdad se profundiza y extiende, mientras las élites económicas observan con ansiedad como se desvanece su paraíso.

Una situación socio-emocional de esta naturaleza crea las condiciones para instaurar una política del pánico a escala global y sin precedentes. Una política del pánico social significa que el pánico, más allá de sus causas reales, es un activo político que se produce y gestiona.

El espejo del virus

Si nos apegamos a los datos, el virus en sí es muy contagioso, pero no tan letal como nos hace creer los medios.

Se sabe que al menos un 80% de los contagios reportados apenas desarrollaran signos leves a moderados. Esta cifra incluso podría ser mayor si se tiene en cuenta el margen de positivos asintomáticos que no se estarían registrando. Del 20% restante o menos, aproximadamente entre el 4% y el 5% necesitaran de cuidados intensivos, cuya mortalidad puede alcanzar una media del 3%, casi siempre en personas de avanzada edad, sistemas inmunitarios comprometidos, u otras condiciones de morbilidad que traen complicaciones fatales. Las cifras se comportan de manera muy variable de acuerdo a cada país o incluso entre las diferentes regiones de estos. En los casos en que la mortalidad sobrepasa los márgenes estimados de manera significativa, hay que preguntarse por qué.

El drama sanitario desatado por el virus no depende tanto de su biología como de las condiciones sociales que encuentra a su paso. Sistemas sanitarios reducidos o debilitados, poblaciones pauperizadas o sin acceso a infraestructura médica y hospitalaria, densidad poblacional, dinámicas de urbanización descontroladas, ciudades altamente interconectadas, velocidad y calidad de respuesta por parte de los gobiernos. Sabemos también quiénes son los que ponen principalmente las muertes, más allá de los llamados grupos de riesgo.

Pareciera que el virus llegó para revelar un diagnóstico sobre el estado de la seguridad social que presentan nuestras sociedades. Para indicarnos también el agotamiento del modelo neoliberal y su incapacidad para garantizar sociedades sostenibles a largo plazo. Este diagnóstico no perderá su vigencia incluso si se lograra controlar la situación en unos meses. Mañana podría aparecer otro virus u otro cataclismo natural con similares o peores consecuencias. El proyecto globalista y neoliberal nos ha dejado como legado sociedades fragilizadas y fracturadas, cuyas condiciones materiales impiden la reproducción y expansión continua del capital.

De aquí que surja tentadora la metáfora del espejo. La pandemia nos devuelve la imagen invertida del estado actual de nuestras sociedades y de las consecuencias del proceso expansivo de la globalización neoliberal. Pero la forma en que los gobiernos responden no parece dar cuenta de un verdadero aprendizaje. Nuestros gobiernos no dejan de rescatar a la banca y al alto empresariado, de preservar los grandes patrimonios privados, y de transferirle el costo de la crisis a la clase media. La implementación de las cuarentenas, si bien en los casos exitosos pudieran contener el contagio y debilitar la propagación, no son la solución a los problemas de fondo. Más bien aceleran la catástrofe económica previamente anunciada.

Se trata de un problema complejo, que comporta una doble curva con tendencia a ser inversamente proporcionales entre sí. En la medida en que se aplana la curva de los contagios, se pronuncia la curva del impacto económico hasta niveles críticos, sumamente peligrosos; a la vez que se retarda la posibilidad de alcanzar la inmunidad colectiva. Si bien son cada vez más las voces expertas que calculan que el virus se debilitará antes de que esté lista la vacuna, cabe preguntarse quién rescatará a las poblaciones más vulneradas por esta nueva Gran Depresión.

El espejo de la pandemia podría funcionar de otra forma si se tomara como un diagnóstico vinculante sobre los límites del sistema. Si en lugar de solo gestionar la crisis y contener el contagio, los gobiernos, los organismos internacionales y los diversos actores de la sociedad civil, se empeñaran concertadamente en tomar las lecciones del caso y revertir la lógica social y los mecanismos institucionales que nos han llevado a esta situación de vulnerabilidad.

Son diversas las iniciativas que van surgiendo para enfrentar la crisis de una manera transformadora. Que van desde las propuestas de los economistas del decrecimiento, la crítica aceleracionista, los enfoques de la economía social-solidaria, las estrategias de autonomía y autogestión de las comunidades, la autogestión colectiva de la salud, el retorno de la renta básica universal, hasta la promoción de una Constitución de la Tierra, globalmente vinculante y basada en los derechos humanos para tratar los grandes desafíos transfronterizos.

A manera de la Alicia de Lewis Carroll en A través del espejo, la crisis pandémica no solo se comporta como un espejo que refleja, sino como un portal que al atravesarlo nos permite pasar a otro mundo posible.

La oportunidad del oportunismo

Se dice con frecuencia que toda crisis entraña una oportunidad. Hay quienes perciben esa oportunidad como las posibilidades que surgen de la crisis y que pueden ser aprovechadas en beneficio propio y a expensas de otros. Es la manera de entender la relación con el riesgo y la crisis que ha sido instalada por la mentalidad empresarial. Hoy día se puede encontrar esta visión en todas partes, dado que tiene su origen en la racionalidad hegemónica. Incluso gente que se considera de izquierdas y participa en espacios alternativos o luchas populares, puede llegar a interiorizar ese mantra. Quizás no se trate de hipocresía sino de un punto ciego. O para decirlo en el lenguaje habitual de las izquierdas, de esas contradicciones internas que heredamos de la cultura estándar.

En cualquier caso, el exceso de positividad al que estábamos acostumbrados, a veces nos hace confundir nociones básicas del pensamiento crítico con eslóganes de autoayuda.

Más común a la tradición del pensamiento crítico, es entender la crisis como una oportunidad para el cambio social. Una vez que el sistema social ha llegado al punto crítico de sus propias contradicciones acumuladas, entra en una crisis sistémica que derivará casi automáticamente en una transformación estructural, de la cual emergerá un mundo más racional y humano posible. Siguiendo esta lógica, no se han hecho esperar diversos vaticinios de una sociedad post-capitalista después de la pandemia, o como anunciara Slavoj Zizek: una forma nueva de comunismo, basado en la solidaridad y la cooperación global. Por muy tentadoras y racionalmente deseables que sean estas especulaciones, no hay que olvidar que no existe nada inevitable en la historia humana.

Cuando las sociedades atraviesan momentos de gran emergencia, se vuelven más receptivas a los cambios radicales. Pero no todos los cambios son necesariamente positivos, ni todas las revoluciones han sido necesariamente emancipatorias. En La doctrina del shock (2007), Naomi Klein mostró como las élites económicas y políticas encuentran en las situaciones de desastre una oportunidad para implementar sus políticas impopulares, ante la ausencia de la participación ciudadana.

Hoy día la mayoría de los países han entrado en un Estado de Excepción, bajo la excusa del manejo de la crisis sanitaria, sin indicar claramente en qué momento terminará. Los medios de comunicación nos bombardean con alarmantes cifras y fake news, nos instan al encierro doméstico, al teletrabajo y la distancia social, con un efecto desmovilizador de tal magnitud que ningún ejército del mundo ha logrado anteriormente. Pareciera que la dictadura biopolítica es más eficaz que la dictadura militar. Ya sea en Chile o en Hong Kong.

 

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