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El impacto ético de la discusión fiscal

Es difícil hacer ver cuáles valores están en juego en el debate sobre el Proyecto de Reforma Fiscal. Es difícil, si no se asume una perspectiva ética y, examinando las discusiones de los últimos dos meses, pareciera que los actores protagónicos en el debate al asumir sus posiciones, no se han fundamentado en argumentaciones propia y directamente éticas. Al menos no de manera explícita. Se ha hablado, eso sí y mucho, de argumentos financieros y contables: por ejemplo, quienes están por la aprobación del proyecto de ley de reforma mencionan la necesidad de que el Gobierno cuente con fondos para compensar el déficit fiscal, cancelar los intereses de deuda pública, transferir las partidas a las universidades y otros compromisos similares, pagar los salarios de los empleados públicos… Quienes están en contra, alegan que el peso de los impuestos va a recaer sobre los sectores menos pudientes, que no se tocan los bolsillos de aquellos a quienes les va mejor —sectores de mayores ingresos, pensionados de lujo… De uno y otro lado pareciera que las posiciones son razonables, y podría afirmarse que detrás de cada una hay valores en juego. Quizás, pero mientras no se saquen a la superficie no hay forma de emitir un juicio ético. ¿Cómo saber, por ejemplo, si se afectan más cosas valiosas al aprobar o al rechazar el proyecto de reforma? ¿Qué es éticamente más importante aumentar el impuesto al valor agregado o no tener cómo pagar salarios a los empleados públicos o financiar programas de investigación e innovación?

Sobre legalidad y ética de la huelga

Algo parecido sucedió con la discusión en torno a la huelga. Casi siempre las diversas opiniones giraron en torno al derecho a la huelga y sobre la legalidad de la misma, es decir, si cumplía con requisitos legales su convocatoria y realización. Pero también aquí estuvo ausente la consideración de dimensiones éticas. Una cosa es defender el derecho a huelga y otra la decisión prudencial de ejercerlo en un momento y lugares dados. ¿Se tuvo en cuenta si el ejercicio del derecho de huelga chocaba con el ejercicio de otros derechos, por ejemplo, el de los niños y jóvenes a recibir la educación financiada por el Estado, el de los enfermos a recibir los servicios de salud financiados con la cotización de los asegurados?

¿Y el derecho de quienes no apoyaban la huelga, a la libre circulación, al transporte, al trabajo y a recibir servicios por los que directa o indirectamente ya han pagado?

Este tipo de consideraciones escapan al ámbito meramente legal, incapaz de cubrir todos estos interrogantes por completo, y caen bajo el juicio más alto de valores éticos tales como la justicia, la equidad y la solidaridad.

Comparación de costos y beneficios, compensación de costos, ¿quiénes deciden al respecto?

Pero, ¿a quiénes corresponde analizar y decidir este tipo de situaciones? ¿Quiénes son los sujetos de ese juicio ético? ¿Hay otros criterios éticos fundamentales que pueden guiar el análisis de situaciones socioeconómicas y políticas tan complejas como las que se generan en torno a una discusión como la provocada por la ley de reforma fiscal? En el campo de la ética de las políticas económicas hay, al menos, dos criterios fundamentales que nos aportan una respuesta. Primero, todos los directamente afectados por una medida económica tienen el derecho de contribuir a una decisión expresando objetivamente cómo y por qué perciben que sus intereses resultan afectados, de manera positiva o negativa, por la medida, política, ley, o directriz en cuestión. En una democracia representativa, el Gobierno, poderes Ejecutivo y Legislativo, tiene el derecho y la obligación de presentar las propuestas de ley previo análisis y consideración de los diversos efectos sobre cada uno de los sectores afectados. Pero esto no sustituye el contraste de su visión con el que exprese un proceso de diálogo democrático entre representantes de todos los sectores afectados directamente. Ni siquiera un “Consejo Económico social”, indispensable referente para el Gobierno en su quehacer cotidiano, puede sustituir el más amplio e integrador proceso de diálogo participativo en situaciones de medidas extraordinarias de más amplio alcance, como una reforma fiscal. Segundo, partiendo de los intereses expresados transparentemente en un proceso de diálogo verdaderamente democrático, en su realización e integración, —no en un pulso de fuerzas para sacar adelante la posición propia— por parte de los representantes de todos los sectores afectados, se debe generar una aproximación a la definición de un interés común, general. Ambos criterios fundamentales garantizarían el carácter ético en conjunto de la toma de decisión sobre el tema debatido. Valga aclarar algo que debería ser obvio: a lo largo de todo el proceso de toma de decisiones, todos los grupos afectados deberían contar con sus correspondientes asesorías técnica y ética para identificar las implicaciones puntuales de cada uno de los aspectos del tema discutido y del proceso de discusión, para encuadrarlos tanto desde la visión de los intereses propios como desde la visión del bien común. Esto permitirá que, a la hora de una mesa de verdadero diálogo entre representantes de todos los afectados, los aportes cada uno correspondan a una racionalidad técnica y a una racionalidad ética. Y, finalmente, aquí se presenta un proceso deseable, al que hay que ir acercándose en aproximaciones sucesivas.

 

Reflexión compartida con SURCOS por el Centro Dominico de Investigación:

http://www.cedi2017.cedi.cr/el-impacto-%C3%A9tico-de-la-discusi%C3%B3n-fiscal

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Conversatorio: “Las mujeres en los movimientos sociales: ¿qué pasó con los sindicatos?”

Este pasado 22 de noviembre se realizó el conversatorio “Las mujeres en los movimientos sociales: ¿qué pasó con los sindicatos?”, con la participación de las expositoras Patricia Mora, presidenta del INAMU, María Florez Estrada, periodista Semanario Universidad y Rosemary Gómez, secretaria general del SINDEU.

 

Compartido por Marjorie Hernández en redes digitales.

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Reinstalemos el tope de 30 años de anualidades en la UCR

En su sesión 4489-1999, (http://www.cu.ucr.ac.cr/uploads/tx_ucruniversitycouncildatabases/minute/1999/4486.pdf), el Consejo Universitario estableció un límite de 30 anualidades a quienes laboramos en la Universidad de Costa Rica. Este acuerdo determina que las personas tendrían un 90% de anualidades (3% de anualidad multiplicado por 30 años). Esta formulación del 90% se deriva de que el 3% por anualidad entró en vigencia en 1987. Quienes laboraban antes de esa fecha recibían un 2% por anualidad.

Diez años más tarde, el Consejo Universitario de la Universidad de Costa Rica dejó sin efecto el tope de 30 años de anualidades (http://cu.ucr.ac.cr/actas/2009/5376.pdf). En lo sucesivo, el personal de la institución recibirá anualidades durante el total de sus años laborados. Este acuerdo del Consejo Universitario cita varias razones. Se menciona, por ejemplo, el voto 15460-08 de la Sala Constitucional que anuló, por inconstitucionales, la frase “hasta un total de treinta” y la palabra “treinta” del artículo 5° de la Ley de Salarios de la Administración Pública No. 2166 de 9 de octubre de 1957. Desde el punto de vista financiero, se hace referencia a un informe preparado por la Oficina de Recursos Humanos acerca de las consecuencias salariales del cese del tope de las anualidades y la estimación del aumento del número de personas que superarían los 30 años de laborar en la institución.

Si bien la Oficina Jurídica (OJ-1330-2008) le hace saber al Consejo Universitario que el voto de la Sala Constitucional, referido a la Ley de Salarios de la Administración Pública, no es vinculante para la Universidad de Costa Rica, pues en su lugar rige la Convención Colectiva, se toma el acuerdo de derogar el tope de las anualidades. En el acuerdo propiamente dicho, el Consejo Universitario no considera los alcances de las estimaciones financieras aportadas por la Oficina de Recursos Humanos.

Hoy, transcurridos nueve años, este acuerdo debe revisarse. Si en 1999 121 personas tenían 30 años o más de laborar en la Universidad de Costa Rica, en el año 2009 ese número era de 175. De acuerdo con datos proporcionados por la Vicerrectoría de Administración, a finales de este año 2018, son (o somos) 726 (7,33%) de un total de 9911 personas. Si el tope de las anualidades entrara nuevamente en vigencia, la Universidad de Costa Rica ahorraría más de ₡1.000 millones anuales (1 058 996 977), un 23,84% del gasto total por anualidades que se pagan a las personas con más de 30 años de servicio.

En diciembre del año 1999, la Contraloría Universitaria (OCU-R-224-99) ya advertía las consecuencias de largo plazo de esta estructura salarial. Leído este acuerdo del Consejo Universitario del año 2009 en el contexto de crisis fiscal a los criterios jurídicos y financieros se pueden adicionar consideraciones políticas y éticas.

En términos políticos, las pretensiones de debilitar las universidades públicas no pueden ser respondidas ignorando aquello que internamente se debe mejorar y corregir. La legitimidad institucional de la Universidad de Costa Rica no está en discusión; sin embargo, lo mismo no se puede decir de su estructura de salarios. La actual estructura de salarios debilita la legitimidad institucional.

Hay intereses neoliberales y neoconservadores que pretenden socavar a la Universidad de Costa Rica y, en general, a las universidades públicas. Las universidades forman profesionales que toman decisiones en el país y participan en la formación de opiniones. Debilitar a estas instituciones tiene efectos de largo plazo en la sociedad costarricense. Los artículos 84 y 85 de la Constitución Política están en la mira de los sectores más radicales.

Desde el punto de vista ético, la crítica a las profundas desigualdades que se han entronizado en la sociedad costarricense y en la mayoría de las sociedades contemporáneas debe reconocer también las desigualdades salariales internas de la Universidad de Costa Rica. Los salarios más altos del sector docente superan en ocho veces a los salarios devengados por quienes se incorporan anualmente a laborar en la Universidad de Costa Rica.

El Consejo Universitario debe entrar a discutir el tope a las anualidades. La autocrítica es indispensable para la defensa y el fortalecimiento de la Universidad de Costa Rica.

Imagen tomada de la página oficial de la UCR.

Compartido con SURCOS por Carlos Sandoval García.

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Un fiscal en la picota pública

Carlos Meneses

En novelón entretejido el Fiscal General Néstor Humberto Martínez Neira sale mal librado. Se sabe que, siendo asesor jurídico y representante judicial del Grupo Aval, grabó “a su amigo” Jorge Pizano y en un nada coloquial cruce de palabrotas y lenguaje lumpesco y soez se hace conocedor y receptor de situaciones ad-Valorem, que riñen con lo penal. Para Pizano las coimas de Odebrecht fueron a parar al Clan Char, en el festín del juego electorero en el que el partido político del Fiscal- Cambio Radical- afianza su poder. Surge una supuesta ruta de cosas acomodando situaciones del entonces abogado litigante, quien dos años después sin reato de conciencia asume la Dirección del ente investigador judicial del escándalo de la multinacional brasilera. Coloca como palabras del fallecido Pizano que dizque mencionó que Luis Carlos Sarmiento Angulo era una víctima, sobreentendiéndose que el multimillonario es el representante del consorcio de empresas que lidera el grupo de presión económico y financiero AVAL y que con el principio de “societas delinquiere non potest”: las sociedades no delinquen y responden las actuaciones de sus representantes, se pretenda diluir una tipificación penal. Fuentes también suministradas por el occiso Jorge Pizano, a la periodista María Jimena Dussan, expresan que él decía: “me tiembla el pulso y me van a matar” “me volví incómodo para el Grupo Aval”. Menciona el apremio del exilio. Explicable atar cabos que la retro dirección del Fiscal General -actuando para entonces como un particular- en señalar una “victima” (Don Luis Carlos Sarmiento Angulo) traiga como efecto ocultar la mano peluda de otros directivos, de peso específico de poder en ese consorcio, que aturden a cualquier analista o sabueso investigador, en el método de inducción que su mente recrea, dadas las huellas y circunstancias en la reconstrucción de esas muertes debido a los vestigios de falta de fe pública que las mismas generan y son objeto de esta atípica reflexión.

El Procurador General, expresa: “El principio de transparencia se ha puesto en duda en la presente actuación, debido al fallecimiento de alguno de los testigos y familiar cercano, lo cual se está investigando, y al cuestionamiento por presuntas relaciones profesionales anteriores que afectarían el criterio del actual Fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez

El modus operandi del Fiscal General como persona o individuo conocido, es decir, ciudadano en ejercicio, antes de ostentar ese cargo oficial, establece una pauta de comportamiento al alentar a la fuente de denuncia de un ilícito penal de si debe continuar indagando sobre lo anómalo penal y le aconseja: “No. Quieto” o “estese quieto” o algo parecido. Y ante el conocimiento de un universo de hechos que configuran la potencialidad de actos punibles, argumenta para un país de cafres, menospreciando al cuerpo de abogados(as) estudiantes de derecho y docentes académicos de las disciplinas jurídicas que como él no había detectado las irregularidades ni adelantado una investigación al respecto; así también que lo dicho por Pizano era solo indicios, no daba cumplimiento al “ARTÍCULO 67. Código de Procedimiento penal. DEBER DE DENUNCIAR. Toda persona debe denunciar a la autoridad los delitos de cuya comisión tenga conocimiento y que deban investigarse de oficio”.

Expliquemos: La comisión de un delito obedece a actuación de una conducta. A la acción de cometer. Esa planificación por cometer o realizar un delito es el objeto de investigación para analizar esa conducta, no el supuesto de un hecho. El indicio demuestra la existencia de algo. Por ende, la realización de una acción (expresión de conducta o en el caso analizado un delito) implica el deber de denunciar. Como ciudadano, el actual Fiscal no lo hizo; descartándose el sigilo profesional, como enuncian las grabaciones. Causa coraje juris es la viveza del Fiscal de negarle al indicio un elemento de conducta. Quizá ese gesto brusco pretenda limitar al indicio como medio mecánico de prueba y no como señal de hechos que lleva a conocer lo oculto.

De otro lado, el remolino por las muertes de Jorge Pizano y la de su hijo…dos días después, llevan al imaginario popular a la reconstrucción en la mente de circunstancias más allá de los indicios. Se sabe que el señor Jorge Pizano es encontrado muerto en el baño de su casa. Que su hijo asiste a su funeral desde Barcelona, entra al estudio de su padre, ve una botella con agua en el escritorio, ingiere su contenido; exclama que le sabe a feo y fallece. El líquido de la botella contiene cianuro. Se establece una relación de con causalidad entre la muerte del padre, recreándose que se levanta de su escritorio y se dirige al baño y la llegada del hijo, al mismo lugar de la escena, donde encuentra la botella con agua y con la naturalidad de la confianza manifiesta, apura su líquido que le sabe a feo. El inicio de la investigación de la causa de la muerte de Jorge Pizano por parte de la Fiscalía sobre el presupuesto de un infarto se desvirtúa hacía la de un suicidio y/o envenenamiento. El resultado de exámenes de Medicina Legal hecho público determina que la causa de esa muerte fue un infarto (…). Medicina Legal no es un ente autónomo depende de la Fiscalía. Su director fue ratificado en el nombramiento por el cuestionado Fiscal General. Al albur de la privatización de la justicia, ese dictamen no se origina en equipos o laboratorios de la Medicina Forense oficial- ni de la Universidad Nacional, por ejemplo- sino en dos laboratorios privados contratistas a tales efectos. Sobre la carga de falta de credibilidad publica y afectación a la Fe Publica que generan las andanzas del Fiscal General, explicable el riesgo advocatus, a averiguarse, que esos contratistas hagan parte o tengan relación de intereses con el conglomerado o consorcio de empresas de AVAL.

Así que, por favor, no se ofenda a la inteligencia popular. Existe abundancia de coincidencias como la de agregar que el ente investigador, Fiscalía, encuentra días después un tarro o frasco de cianuro, en el lavadero de la casa de habitación de los Pizano. Sin desconocer el dolor de esa familia por la tragedia, ese hogar es escena de crimen, perdió la sensación de seguridad y calma para esa atribulada familia. Ha debido ser desalojado por las autoridades forenses y de investigación penal para que no fuera manipulado el escenario de dos muertes que tienen un lenguaje de señas a gritos de dos crímenes.

UNA COSA ES DECLARSE IMPEDIDO Y OTRA LO IMPERIOSO DE LA RENUNCIA.

Cero y van tres: ni renuncia el Procurador luego destituido y también premiado; tampoco los magistrados Pretelt y Malo; ni la alcaldesa cuestionada; o el ministro de los bonos de agua, que rumia en el olvido por este escándalo suscitado. No en la Colombia corrupta nadie renuncia. ¡Ah! Eso sí saben hacer uso del tejemaneje santanderista de las inhabilidades o declararse impedidos, o en buscar caducidades para continuar con la sartén por el mango.

Actualmente el Fiscal General se ha declarado impedido para conocer de las investigaciones sobre el escándalo Odebrecht y es tanta la carga de conciencia para la Vicefiscal que se abstiene de asumir la investigación y permite que el presidente Duque entre en acción al pedir a la Corte Suprema de Justicia que designe una terna para un Fiscal ad hoc. Que será para ese caso; pero no para las dos cuestionadas muertes, ni lo que sobre venga a la omisión al deber de renunciar y /o a otros asuntillos pendientes…

Pero que solución existe entonces que no sea diferente a que el movimiento popular y en particular las asociaciones de juristas, los colegios y asociaciones de abogados, los empleados judiciales en ASONAL JUDICIAL exijan la renuncia del actual Fiscal General de Colombia.

Carlos Meneses Reyes. ¡PURO ABOGADO!

Bogotá. DC, 21 de noviembre de 2018.

 

Enviado por el autor.

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Fortalezcamos el estado social de derecho

Distintos escenarios internacionales muestran cambios políticos significativos que han conducido, en algunos países, al surgimiento de opciones político-electorales cargadas de prejuicios, discriminación, e incluso odio.

Costa Rica no está vacunada contra esas circunstancias. La ruta trazada por generaciones anteriores en nuestro país muestra una opción que suma la seguridad social como base inclusiva, el debate de ideas que renuncia a las confrontaciones armadas, la educación como anhelo de mejora en la calidad de vida, y ante todo, el respeto a la pluralidad y la diversidad. Sobre estos fundamentos se ha levantado nuestro estado social de derecho.

Algunos desarrollos ocurridos en los últimos tiempos muestran un debilitamiento del pacto social costarricense, lo cual ha generado situaciones de enfrentamiento y de abierta descalificación de grupos con posiciones divergentes. Como comunidad nos hemos alejado del diálogo y de la búsqueda de puntos de encuentro en medio de las discrepancias. Más aún, se ha fomentado, por parte de algunos sectores políticos y sectores de la prensa, un proceso de desprestigio a instituciones públicas que han sido fundamentales en el país.

Es responsabilidad del gobierno de la República, de los partidos políticos, de los medios de información, de las organizaciones sociales, y de toda la ciudadanía, contribuir a crear un clima basado en la reflexión, el disenso constructivo, y el fortalecimiento de nuestras instituciones públicas, que logre contrarrestar las actitudes intolerantes y destructivas que nos alejan como comunidad de las dinámicas esenciales de una democracia realmente participativa.

Nos preocupan en particular las iniciativas de algunas fracciones legislativas y sectores políticos conducentes a la reducción de espacios democráticos y al debilitamiento de baluartes esenciales del estado social de derecho, como son los derechos laborales y las universidades públicas. En particular, estas últimas constituyen un pilar del desarrollo cultural, social, económico y científico-tecnológico del país, el cual debe ser fortalecido y nunca debilitado. Es precisamente en épocas de crisis como la actual cuando Costa Rica debe consolidar sus instituciones públicas, en este caso sus universidades.

Convocantes:

Laureano Albán, cédula 3-0148-0039, Premio Magón de Cultura 1996.

Jorge Amador Astúa, cédula 3-0173- 0779, Premio Nacional de Ciencias Clodomiro Picado Twight 2008.

Walter Antillón Montealegre, cédula 1-0221-0295, catedrático Universidad de Costa Rica, profesor emérito de la Facultad de Derecho de la UCR.

José Manuel Arana, cédula 1-0434-0582, Director Orquesta Sinfónica de la Universidad de Costa Rica.

José Manuel Arroyo Gutiérrez, cédula 1-0399-1073, Premio Alberto Brenes Córdoba 1994, Premio Ulises Odio Santos 1996.

Elías Barquero Calvo, cédula 1-1036-0898, Premio Nacional de Ciencia Clodomiro Picado Twight 2014.

Gastón Baudrit Ruiz, cédula 1-0599-0078, asesor legal del Consejo Nacional de Rectores.

Ronald Bonilla Carvajal, cédula 1-0399-1400, Premio Magón de Cultura 2015.

Gerardo Chavarría Vega, cédula 1-0400-0724, Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez 2011 por su carrera dedicada a la formación profesional y la producción televisiva en la UCR.

Rosaura Chinchilla Calderón, cédula 1-0726-0142, Coordinadora Maestría en Ciencias Penales UCR, jueza Poder Judicial.

Saray Córdoba González, cédula 1-0438-0311, Premio Nacional de Bibliotecología Efraín Rojas Rojas.

Eugenia Corrales Aguilar, cédula 1-0995-0701, Premio Nacional de Tecnología Clodomiro Picado Twight 2014.

Jorge Cortés Núñez, cédula 1-0444-0079, Premio Nacional de Ciencia 1982.

David Díaz Arias, cédula 1-0967-0528, Premio Nacional Luis Ferrero Acosta a la Investigación Cultural 2015.

Julieta Dobles Yzaguirre, cédula 1-0312-0144, Premio Nacional de Cultura Magón 2013. Cinco veces ganadora del Premio Aquileo Echeverría en la rama de poesía.

Marietta Flores Díaz, cédula 1-0702-0523, Premio Nacional de Ciencia Clodomiro Picado Twight 2003.

George García Quesada, cédula 9-0107-0687, Premio Nacional de Historia Aquileo J. Echeverría, 2014.

Yamileth González García, cédula 2-0246-0555, ex-Rectora Universidad de Costa Rica.

José María Gutiérrez Gutiérrez, cédula 1-0461-0499, Premio Nacional de Ciencia Clodomiro Picado Twight 1980.

Caterina Guzmán Verri, cédula 1-0765-0862, Premio Nacional de Ciencia Clodomiro Picado Twight 2002.

Ernesto Jara Vargas, cédula 1-0935-0483, Premio Nacional de Artes Visuales Amando Céspedes Marín a mejor producción 2015.

Henning Jensen Pennington, cédula 8-0041-0334, Rector Universidad de Costa Rica.

Alexander Jiménez Matarrita, cédula 1-0607-0350, Premio Nacional de Ensayo Aquileo J. Echeverría 2002.

Tatiana Lobo Wiehoff, cédula 8-0043-0574, Premio Sor Juana Inés de la Cruz (México), Premio Aquileo Echeverría 1993, 2000, 2004.

Bruno Lomonte Vigliotti, cédula 8-0050-0828. Premio Nacional de Ciencias Clodomiro Picado Twight 1986.

Rodrigo Madrigal Montealegre, cédula 1-0340-0168, Profesor Emérito Universidad de Costa Rica.

Patricia Mora Castellanos, cédula 1-0471-0261, Ministra de la Condición de la Mujer

Arnoldo Mora Rodríguez, cédula 9-0009-0046, ex ministro de Cultura, Premio Joaquín García Monge a la Difusión Cultural 2014, Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en la rama de ensayo 1991.

Jimmy Ortiz Chinchilla, cédula 1-0554-0183, Premio Nacional de Danza Mireya Barboza 2017 por Mejor Dirección y Coreografía.

Adrián Pinto Tomás, cédula 1-0988-0178, Premio Nacional de Ciencia Clodomiro Picado Twight 2010.

Steve Quirós Barrantes, cédula 1-1060-0117, Premio Nacional de Ciencias Clodomiro Picado Twight 2012.

Arabella Salaverry Pardo, cédula 9-0029-0602. Premio Nacional Aquileo J. Echeverría rama cuento 2016.

Felipe Salazar Hidalgo, cédula 1-1108-0282, Premio Nacional de Danza Mireya Barboza 2017 en la categoría de Mejor Intérprete.

Lizbeth Salazar Sánchez, cédula 1-0586-0294, Premio Nacional de Ciencia Clodomiro Picado Twight 2003.

Alberto Salom Echeverría, cédula 1-0443-0578, Rector Universidad Nacional.

Carlos Sandoval García, cédula 1-0639-0524, Premio Nacional de Ensayo Aquileo J. Echeverría 2002.

Carlos Santamaría Quesada, cédula 1-0992-0493, Premio Nacional de Ciencia Clodomiro Picado Twight 2011.

Eduardo Sibaja Arias, cédula 2-0302-0923, Director de la Oficina de Planificación de la Educación Superior.

Manuel Solís Avendaño, cédula 1-0409-0243, Premio Nacional de Ensayo 2006, Premio Nacional de Historia 2013.

Luis Paulino Vargas Solís, cédula 2-0327-0373, Premio Aquileo J. Echeverría en la rama de Ensayo 2010.

Roberto Villalobos Ardón, cédula 1-0298-0718, ex-rector del Instituto Tecnológico de Costa Rica y Premio Nacional Joaquín García Monge, 2004 a la Difusión Cultural.

Adherentes:

Héctor Ferlini-Salazar, cédula 1-0454-0856, docente Sede del Pacífico UCR, director SURCOS.

Andrea Alvarado Vargas 2-542-230, Directora Oficina de Difusión e Información UCR.

Sylvia Carbonell Vicente cédula 172400045606, Directora de Radioemisoras de la Universidad de Costa Rica.

Anabelle Leon Chinchilla cédula 1-586-818, directora Oficina de Becas UCR, docente.

Adriano Corrales Arias, cédula 2-0332-0689, escritor y profesor catedrático ITCR.

Luis Guillermo Loría Salazar, cédula 1-0892-0218, Coordinador General PITRA-Lanamme UCR.

Lilly Villalobos Rojas, cédula 1-627-086, profesora Escuela de Arte y Comunicación Visual, Universidad Nacional.

Allan Fonseca Bolaños, cédula 105640194, abogado pensionado de Poder Judicial.

Isabel Ducca Durán 1-0564-0060.

Alejandra Cartín Leiva, 1-0572-0619, psicóloga.

Gerardo Mora Burgos, cédula 1.0364.0085, catedrático pensionado de la Universidad de Costa Rica, Academia Costarricense de Filosofía.

María Pérez Iglesias, cédula 1-0369-0624.

Yolanda Bertozzi Barrantes, cédula 1-399-589.

Sandra Masís Sanabria, cédula 1 -474 -108.

José Montero Peña. 1-1113-0898.

Elsy Vargas Villalobos 1-1026-0527.

Alejandra Amador Salazar, 1-1160-0259.

Esteban Umaña Picado cédula 1-0993-0589.

Josué Hernández Brenes 1-1395-0923.

José Pablo Mora Vargas 2-0581-0912.

Grettel Rojas Vásquez 2-0488-0697.

Diana Acosta Salazar, 2-0413-0995.

Lillianne Sánchez Angulo 7-0113-0629.

Erika Henchoz Castro 1-0570-0927.

Ligia María Delgadillo Solano, cédula 6-0084-0127.

Yolanda Rojas Rodríguez,cédula  9-0012-0762.

Alejandra Espinoza Arias, cédula 1-507-822.

Leda Badilla Chavarría, cédula 1-0409-1151.

Lidieth Uribe Loría, cédula 1-0571-0409.

Virginia Ramírez Cascante, cédula 1-0543-0030.

Melania Monge Rodríguez, cédula 1-0537-0482.

Rubieth Jaén Angulo, cédula 5-0148-0959.

Ana Yency Guzman Castro, 1-0806-0192

Jeison Gutiérrez Araya, 3-0451-0920

Karla Villalobos Vargas, 1-1173-0914

Lupita Abarca Espeleta, 1-0749-0550

María Fernanda Camacho Garro, 3-0448-0808

Marjorie Bonilla Pizarro, 1-0571-0699

Ruth Mora Barrantes, 1-0720-0296

Tatiana Carmona Rizo, 4-0199-0436

Verónica Hidalgo Porras, 1-1458-0955

Le invitamos a compartir, a comentar con sus personas cercanas, y a sumar su firma en esta página: http://ucr.cr/r/9UD3

“Desaceleración” de la economía y crisis fiscal. La verdadera historia

Luis Paulino Vargas Solís

Director CICDE-UNED

Presidente Movimiento Diversidad Abelardo Araya

En semanas recientes se habla reiteradamente de la “desaceleración de la economía”, atribuida, con obsesivo y grosero simplismo, a dos factores: el déficit fiscal y la huelga convocada contra el proyecto 20.580 presentado por la administración Alvarado. Propongo en lo que sigue, un examen de estas ideas.

1) ¿En qué se basa esta tesis?

La idea subyacente seguramente nace de ciertas elaboraciones que han dominado la teoría económica neoclásica (o sea: la economía ortodoxa dominante) durante los últimos 40 años, las cuales a su vez beben del trabajo de León Walras en los años setenta del siglo XIX. En su versión “moderna” ha recibido el nombre de “hipótesis de las expectativas racionales”, pomposa sobre todo por el artificioso aparato matemático que la acompaña, aunque de paupérrima significación económica.

Esta teoría nos habla de unos tales “agentes económicos”, especie de alienígenas híper-racionales, con la capacidad de una supercomputadora para manejar y procesar información. Dominan con gran propiedad todos los asuntos relativos al problema fiscal, y toman sus decisiones con base en cálculos precisos e instantáneos. Me refiero a decisiones en materia de compras de consumo por parte de las familias, y sobre inversión (plantas productivas, maquinaria, tractores, etc.) por parte de las empresas. Y como tienen clarísimo que la situación fiscal anda que “mírame y no me toqués”, deciden frenar sus gastos de consumo e inversión, lo cual provoca que la economía se “desacelere”.

Lo cierto es que todo lo antes dicho tendría un pringue de sentido –pero solo eso– en el contexto de la situación, muy peculiar y calificada, de los últimos dos meses, visto que la huelga sacó el debate fiscal de las paredes de la Asamblea Legislativa y lo acercó a un público más amplio, y en virtud de los mensajes catastrofistas y las amenazas muy gruesas que, en metralleta descontrolada, nos lanzan las más altas autoridades del gobierno, incluido el propio Carlos Alvarado. Claro que eso ha suscitado un ambiente de nerviosismo, que ha afectado incluso el comportamiento del dólar y podría agudizar la “desaceleración”. Pero la “desaceleración” no empezó con la huelga en septiembre, sino que viene de mucho más atrás. Y aunque se contestase entonces que el problema fiscal también viene “de mucho atrás”, conservaría plena validez la duda fundamental que suscitan los supuestos –delirantes y alucinados– de racionalidad y capacidad de manejo de información que se le atribuyen a los alienígenas “agentes económicos” de la teoría.

Incluso en el tiempo transcurrido después de la convocatoria a huelga (septiembre a la fecha), y en medio de un ambiente sociopolítico tan incandescente, para las amplias capas de clase trabajadora, el asunto sigue siendo una cuestión lejana y básicamente incomprensible. Y aunque entre los sectores medios hay más interés, no necesariamente hay mejor comprensión; posiblemente reaccionan al problema, pero sin mayor claridad acerca de sus implicaciones. Sencillamente es falso que la gente se comporte como esta desatinada teoría quiere hacernos creer. Sin duda, las causas de la «desaceleración» de la economía son otras, cuyo análisis omito en este artículo para no extenderlo en exceso.

Las dos autoridades económicas más poderosas.

2) El déficit fiscal y el “enclochamiento” de la economía

Una mirada panorámica a los últimos diez años –desde el impacto de la crisis económica mundial en 2009 y en los años sucesivos hasta este momento– muestra que el crecimiento de la economía tica ha estado jalado fundamentalmente por el consumo privado, o sea, las compras de consumo de la gente.

¿De qué se alimenta ese consumo? No de los salarios del sector privado, cuyo poder adquisitivo no ha tenido mejora alguna a lo largo de estos años. Resulta, pues, que el factor principal es el crédito, por lo tanto el endeudamiento de personas y familias. Baste remitirse a los datos sobre la evolución del crédito del sistema financiero para constatarlo, pero sin olvidar que las estadísticas disponibles no reflejan lo que podríamos llamar “crédito sumergido”, concedido por importadoras de electrodomésticos, “garroteras” u otras posibles fuentes de financiamiento informal.

Sin embargo, a ello debemos sumar un aporte significativo proveniente de los tan denostados y vilipendiados empleados y empleadas del sector público, cuyos salarios promedio son más altos que el sector privado, y sí han tenido una leve mejora de su poder adquisitivo durante este período. De tal modo, y teniendo presente que en el sector público se emplea alrededor del 13-14% de las personas trabajadoras, es posible que éstas sostengan al menos una quinta parte –posiblemente más– de los gastos totales de consumo en la economía.

Esto último –el consumo de las personas trabajadoras empleadas en el sector público– es una fuente importante por medio de la cual el tan satanizado gasto público y el igualmente demonizado déficit fiscal, contribuyen a sostener el consumo y, por lo tanto, el crecimiento de la economía. Súmese el llamado “consumo público” –compra de bienes y servicios por parte de instituciones públicas– más la lamentablemente pequeña cuantía de la inversión en obra pública. En total, el sector público de Costa Rica aportaría alrededor un 35% -posiblemente más– de la demanda total de la economía.

Más allá de las disparatadas elucubraciones de la teoría económica ortodoxa, lo que esto significa se entendería muy claramente en caso de que se cumpliesen las amenazas del gobierno de Carlos Alvarado de no pagar aguinaldos a empleados y empleadas públicas. Si así lo hicieran, de fijo veríamos al comercio bufando furiosamente, porque sus ventas caerían en picado.

3) ¿Que la actividad empresarial está afectada por expectativas?

Sí, es cierto. De hecho, como con tanta agudeza lo hacía ver Keynes en la Teoría General, esas expectativas tienden a reforzarse entre sí: unas personas intentan adivinar el estado de ánimo de la otra gente, dando lugar a una especie de “efecto imitación”: cuando todo el mundo está pesimista (u optimista), se vuelve prácticamente obligatorio compartir ese pesimismo (u optimismo). Y, por supuesto, no es descartable que el ambiente crispado generado en las últimas semanas alrededor del problema fiscal –sobre todo por el discurso catastrofista con que el gobierno nos asedia– haya afectado esas expectativas, por lo menos las de grupos de poder económico poderosos y bien informados. Pero ese es, como he hecho ver, un fenómeno reciente y muy acotado. Con anterioridad, lo fiscal si acaso atraía la atención de una élite muy reducida. Absurdo pretender que ello impactase significativamente las expectativas empresariales ni menos las de la gente de a pie.

En cambio, el efecto positivo sobre la demanda, proveniente del gasto público es un hecho objetivo, que se hace tangible en las ventas de las empresas, y, por lo tanto, sostiene sus expectativas en terreno más o menos positivo, cuando muchos otros factores (incluso la sobrevaloración del tipo de cambio o las altísimas tasas de interés sobre los créditos bancarios), impactan en sentido negativo.

En otras palabras: durante los últimos diez años, el gasto público y el déficit fiscal han puesto una especie de piso mínimo para sostener el crecimiento de la economía. De otra manera, es bien posible que se hubiese hundido a terrenos cercanos al cero.

Esa es la verdadera historia.

 

Enviado por Luis Paulino Vargas Solís.

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VII Congreso Centroamericano de Estudios Culturales

La Universidad de Costa Rica Sede Regional de Guanacaste, tiene el placer de invitarles al Sétimo Congreso Centroamericano de Estudios Culturales, dicho evento se realizará del 21 al 23 de agosto de 2019.

Este congreso tiene como objetivo plantear un panorama crítico en torno a los problemas de las nuevas teorizaciones y metodologías sobre y desde el campo de la producción cultural. Así mismo, incentivar el estudio de los procesos de producción, mediación y recepción de las relaciones entre la cultura, las artes, la literatura y los medios de comunicación.

También habrá un espacio para que docentes, estudiantes y quienes realizan investigación expongan sus trabajos. Algunos ejes de interés son:

  • Políticas culturales
  • Teorizaciones y metodologías sobre estudios culturales
  • Industrias culturales y medios de comunicación
  • Cultura y medio ambiente
  • Lengua y legado cultural de Guanacaste

Información para la inscripción:

Ponente investigador o docente: 50 dólares

Ponente estudiante: gratis

Asistentes: gratuito

Para inscribir sus ponencias deben completar el formulario:  https://bit.ly/2PHnkRJ

Para más información:

iiarte@ucr.ac.cr

2511-8933

 

Información tomada de la página web de la Sede del Pacífico de la UCR.

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Valoraciones hacia un acercamiento Gobierno – E.L.N.

Por Carlos Meneses Reyes

INTRODUCCIÓN. Lo de Valorar, implica opinar. Un juicio de valor o de opinión involucra el ejercicio de sustentación de una idea o concepción sobre la percepción de “algo”. Ese “algo” es objeto de atención por parte de un analista que explora en el universo de sus ideas, acorde con sus experiencias, conocimientos de la materia, concepciones y visión del mundo en particular sobre el objeto en análisis. Un juicio de valor no parte de presupuestos irrebatibles o irrefutables y materialmente sustentables con la realidad, que es variable, cambiante. En un juicio de valor predomina la subjetividad. El esfuerzo mayor en ese ejercicio es ajustarse a la verdad o en coherencia con la verdad, evitando su alejamiento. Hace parte de una metodología dialéctica; pero no de una sustentación científica. Se diferencia de la creación imaginaria literaria, como ficción, puesto que el objeto de análisis es material y concreto.

POR QUÉ BUSCAR UN ACERCAMIENTO

Mediante Resolución 473 del 28 de diciembre de 2016, el presidente Santos designó al exministro Juan Camilo Restrepo “para que se reúnan con representantes del ELN con el fin de encontrar formulas de entendimiento que conduzcan a la apertura de la mesa pública de conversaciones prevista en el Acuerdo de Diálogos para la Paz de Colombia entre el Gobierno Nacional y el Ejercito de Liberación Nacional de marzo de 2016”. Se planteó que la reunión se llevaría en Quito, Ecuador, el 12 de enero de 2017, reuniéndose el sábado 14 de enero de 2017, Ibarra, Ecuador. El 18 de enero de 2018, salió a la luz pública el Comunicado Conjunto de las Delegaciones de Plenipotenciarios, en Cotachi, cerca de Ibarra, Ecuador, dando inicio al primer ciclo de las Conversaciones, siendo reconocido como jefe de la Delegación del ELN el comandante Pablo Beltrán. La falta de fe, de ambas partes, constituyó la característica de las iniciadas conversaciones por las imágenes expresadas por vocerías gubernamentales de ser el ELN duro para negociar por su radicalismo ideológico y fomentar la especie de carencia de unidad de mando en la organización y acatamiento de todos los frentes a las decisiones de la cúpula y consideraciones del Jefe de la Delegación del ELN: “Tenemos un problema con el interlocutor , en la mesa hay quienes apuestan por la paz y otros que no lo desean”.

En el primer ciclo de conversaciones las partes establecieron como referente el Derecho Internacional Humanitario, buscando acciones dinámicas para disminuir la intensidad del conflicto, llegando a un Acuerdo sobre desminado. Tales artefactos han dejado unos 2000 fallecidos y 11.500 víctimas en los últimos veinte años. El gobierno impuso la condición de dialogar en medio del conflicto, pese al reitero permanente del ELN a la urgencia del cese al fuego bilateral, avalado por personalidades y organizaciones tanto del país como del exterior. El elemento constante de rechazo de la contraparte gubernamental al uso del ELN a la práctica del secuestro, que mantiene la inmodificable decisión, sobre el argumento: “Como lo hemos dicho en diferentes momentos, somos una fuerza alzada en armas, que ejercemos el derecho a la rebeldía; así mismo tenemos nuestra propia legislación por la cual nos regimos en nuestras actividades y cuando unos o unos de nuestros miembros trasgreden esta legislación interna se someten a sanciones establecidas en nuestros códigos disciplinarios”. Este primer ciclo finalizaría el 7 de abril de 2017.

Durante el lapso del primer ciclo la Dirección del Frente de Guerra Occidental, ríos y costas del occidente colombiano, denunciaron que, para reponer bajas, los oficiales del ejército estatal ofrecían hasta 10 millones de pesos a pobladores del Norte del Chocó y a ex guerrilleros de las farc-ep para que se engancharen en las diezmadas bandas paramilitares. Era de conocimiento público que en las zonas de donde salieron las farc-ep llegaban los paramilitares, arreciando sus ataques en territorios de operación del ELN y como la tónica era la búsqueda de un cese al fuego bilateral, el interrogante de Pablo Beltrán era: “Quién detendría las operaciones paramilitares”, anunciando que en esa región existía un plan único entre militares y paramilitares en esa región y lo demostraba la no existencia ni de un solo combate entre ellos.

El segundo ciclo de negociaciones con el ELN inició el 17 de mayo de 2017 y terminó el 30 de junio de 2017. El panorama enrarecido por la no existencia de una reforma electoral, acordado en la Mesa de la Habana con las Farc-ep y jamás implementado, deterioro el ambiente de las conversaciones y sobre la insistencia en descartar el ELN un Acuerdo con el gobierno Santos antes de las elecciones de 2018. “No está dentro de nuestros cálculos, aunque así lo quisiéramos”. La impronta, en esta fase enmarcó en el enunciado del fascista partido CD en “hacer trizas” los Acuerdos de La Habana entre las antiguas Farc-ep y el Gobierno nacional. El enunciado de los intelectuales de plazo en el tiempo; el apresuramiento o carrera contra reloj expresado por el cuestionado Cambio Radical, quien, en boca del director de esa colectividad, expresaba: “que aprovechen y saquen rápido la negociación, porque si ganamos en el 2018 no habrá mesa de negociación con ellos. No podemos sentarnos con ellos otros cinco años”. Efectivamente- gracias al corrupto sistema electoral imperante- “ganaron” las elecciones como Bloque de Poder Oligárquico Anti insurgente (Cambio Radical, Partido Conservador, de la U, Partido Liberal, Centro Democrático, junto con los aliados objetivos Humberto de la Calle Lombana, Sergio Fajardo, el orondo senador Robledo y las iglesias evangélicas). Los comicios de 2018 dificultaron los diálogos con el ELN. Finalizado el segundo ciclo las conversaciones entre ambas contrapartes quedaron situadas en las condiciones para el cese al fuego bilateral y la investigación de asesinatos a lideres sociales. Además de la creación de un equipo conjunto de pedagogía y comunicación para la paz, se conformo la integración de un grupo de países de apoyo, acompañamiento y cooperación a la mesa de conversaciones.

Para el tercer ciclo las partes acordaron volverse a encontrar el 24 de julio de 2017 y culminaría a comienzo del mes de septiembre del mismo año. Resalta en este espacio el efecto de la visita del papa Francisco I, el 06 de septiembre de 2017. El acuerdo de un cese al fuego bilateral constituyó lo principal. El tema del secuestro continuó siendo de máxima atención. En la región del Catatumbo fueron retenidos, por parte de la fuerza insurgente, un grupo de jóvenes, díscolos, ociosos, sin ocupación fija. La mediática lo difundió como un secuestro colectivo. El ELN replicó que era una manifestación de ejercicio de autoridad en territorio dominado. Hilando mas fino expresaron: “los jóvenes fueron retenidos para discutir sobre los comportamientos que venían asumiendo en la sociedad”. Que “recibieron buen trato y fueron dejados en libertad si cambiaban el comportamiento que venían desempañando en la comunidad”. Que luego se los entregaron a los padres. Rechazaron lo que titularon de “secuestro” siendo una regulación de la vida comunal, con acuerdo y vigilancia de la misma comunidad. Denunciando que hicieron, lo que el Estado no hace. (24 de agosto de 2017).

El cuarto ciclo de conversaciones se desarrolla entre el 23 de octubre y el 1º de diciembre de 2017. Ya en aplicación del cese al fuego bilateral acordado, satisface el impacto positivo que deja en las comunidades la ausencia de enfrentamientos armados entre las partes. Se implementó el fortalecimiento del sistema de alertas a amenazas tempranas con la Defensoría del Pueblo, que pongan en riesgo la integridad de personas vulnerables.

Para el quinto ciclo de conversaciones, ambas partes se volvieron a encontrar, pero no ya en Quito-Ecuador, sino en La Habana, declarada sede de las conversaciones, luego que el presidente Lenin Moreno anunciara el retiro de ese país como mediador. Funciono del 08 de enero de 2018, hasta el día 15 de junio del presente año. No se logró el cese al fuego bilateral, sin embargo, el ELN decidió aplicar cese al fuego unilateral con ocasión de los eventos electorales para Senado y Cámara y para Presidencia de la Republica. Así concluyó este ciclo, sin materialización al Comunicado Conjunto de Brasil, Chile, Cuba, Ecuador, Noruega y Venezuela: “Exhortamos que en este V Ciclo se asuma como prioridad la negociación de un siguiente cese al fuego, junto con otros temas de la agenda”.

El sexto ciclo de conversaciones estaba acordado para el pasado 25 de junio en La Habana, pero la Delegación oficial del gobierno de Iván Duque fue retirada de la sede de conversaciones y así permanece congelado el proceso, hasta la fecha. La comunidad nacional y opinión internacional permanecen expectantes sobre el tema de la congelación de las conversaciones. Los países Garantes: Noruega y Cuba, junto a los países acompañantes: Chile y Venezuela, piden a las partes reiniciar los diálogos. Ese acercamiento no se ha dado.

EXPLICACIÓN DE LO INSURGENTE

Bajo el presupuesto de existencia y reconocimiento de una fuerza beligerante, rebelde e insurgente- en cualquier parte del mundo- su razón de ser es la toma del poder. Derrocar un estado de cosas, para instaurar otro orden de cosas. Esa es una forma de lucha de carácter militar, en que por ende ha desplazado la iniciativa de lucha política institucional en el Estado- parte afectado por un conflicto armado interno. En Colombia esa manifestación de lucha popular tiene cincuenta años de vigencia, como resultado de la concepción de una “guerra popular prolongada”. La fuerza insurgente concibe la lucha armada por el poder como el ejercicio de la práctica de la política, por otros medios. Pero resulta esencial a su naturaleza la vocación de la salida política. No es asimilable adjudicar la falta de voluntad política a la insurgencia para dar fin al conflicto. Todo por cuanto no cede a la capitulación como previo a conversar. Lo de gestos de paz es un sofisma. Caso contrario sucede a la contraparte estatal en el que burla el mandato constitucional de la paz como un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento. De esa parte si es dable afirmar la falta de voluntad política para no continuar con el ciclo de conversaciones al pretender “desarmar” a la fuerza insurgente bajo sometimiento y capitulación a su accionar como condición para explorar en el escenario de las conversaciones la búsqueda de soluciones. Constituye el apremio del bloque oligárquico contrainsurgente y militarista en el poder, que como clases dominantes dilatan la búsqueda de la paz con el asomo del poder militar estatal. Esas clases dominantes saben que con la insurgencia no vencida militarmente deberán realizar cambios estructurales que les cuesta aceptar. Acuden al gatopardismo de cambiar todo para no cambiar nada. Desean reeditar el engaño de la no implementación de lo Acordado, ante las necesidades esenciales de variar el modelo económico, por efectivas medidas de redistribución de la riqueza que transformen el modelo de acumulación desigual propio del capitalismo salvaje neoliberal. Al orden del día en los temas de conversaciones están los cambios estructurales al stablishment en torno al dominio de las mafias blancas en la privatización de la salud, el mantenimiento de la locomotora minero-energética y el sometimiento a la “justicia”, sin visos de justicia transicional universal, a una insurgencia que desconoce y aboga contra ese andamiaje político-estatal.

DEL PREDOMINIO DE LA LUCHA DE MASAS

Pero en el torrente de la lucha popular y social las manifestaciones de lucha no son solo de carácter armado. Concebirlo así incurriría en el yerro del vanguardismo militarista. Contrario a ese paradigma, se concibe es la lucha popular y de masas como la expresión genuina de principal forma de lucha, en el escenario de las contradicciones propias de la lucha de clases. Por ello la lucha política de masas constituye la vanguardia de la lucha popular.

Independiente de los efectos correlativos geopolíticos, la representación del lugar sangriento de la lucha de clases en Colombia reviste esenciales particularidades. Situándonos en el escenario Latinoamericano, la tendencia es la alternativa a modelos económicos post – capitalistas, con una inclinación regresiva a sus alcances por el predomino de la derecha neoliberal.

El escenario político en Colombia- lejos de ser complejo-se mueve sobre parámetros de la combinación de todas las formas de lucha. Erradicando el estigma editado por la inteligencia contrainsurgente estatal y la alienación a la opinión publica nacional por la dictadura mediática, de las formas de lucha; el derrotero de la actividad política colombiana gira en torno al pulso al predominio de la lucha política o de la lucha armada. En Colombia intoxicaron a la opinión pública sobre la afrenta de identificar al dirigente político popular, social y de masas como a un guerrillero, sin armas, vestido de civil. En la mañana como dirigente sindical y en la noche como activo guerrillero. Así en todos los escenarios. Una especie de café con leche. Negación total a la división del trabajo. Toda una campaña de inteligencia contrainsurgente de terrorismo estatal que produjo el genocidio de más de cinco mil cuadros políticos populares y de izquierda y el exilio de cien mil activistas, acorde con la sinfonía de la mediática dictatorial, expresada en esos medios periodísticos “que tienen una deudita con Colombia” como lo expresó el legendario guerrillero Manuel Marulanda Vélez.

Corresponde delimitar el terreno de la combinación de todas las formas de lucha, como tesis originaria del partido comunista colombiano (PCC), para comprender la convulsionada realidad colombiana en el derrotero del movimiento popular y de masas. La fatídica formula del Frente Nacional en que dos partidos genocidas oligárquicos: el Liberal y el Conservador deciden repartirse milimétricamente el Estado desplazando a la izquierda, a los socialistas, comunistas y anarquistas, viró en el despuntar de las guerrillas en Colombia. En la guerra de guerrillas y en la existencia de la lucha armada guerrillera.

Demarcar los límites de una realidad implica expresar que parejo a la lucha popular y de masas- sin orden de dirigencia partidaria alguna- fluye el accionar de la lucha armada expresada en la guerra de guerrillas, el saboteo y boicot económico, el control territorial en amplias zonas de la geografía política, el desconocimiento de cabo a rabo de la Carta Constitucional y por ende el descuaderne del código penal para la no realización del control estatal imperante con la finalidad de desbaratar, deshaciendo o arruinando la de por sí fallida funcionabilidad estatal.

Como corolario de lo anterior se impuso la consecuencia del fortalecimiento estatal predominante, que en el caso colombiano asumió la expresión de barbarie del terrorismo de estado como ejercicio contrainsurgente. En Colombia está proscrita la participación política directa y popular y por ende cualquier protesta pública es calificada de “terrorista” dentro de la dictadura mediática de la guerra contrainsurgente y el “enemigo interno”. Por ello ocultar el rostro resulta un ejercicio directo al habeas data, el derecho a la intimidad e identidad de la imagen ante las medidas militaristas de guerra que pretenden limitar el auge de la protesta política en Colombia, con instrumento de policía militar como el Escuadrón de la Muerte, el ESMAD.

LA OPOSICIÓN POLÍTICA

En cuanto a la lucha popular y de masas corresponde en el ejercicio de la oposición política. Esta expresa dos manifestaciones: una, de ocupación o dedicación en el escenario de la institucionalidad, para lo cual es justo admitir que el reconocimiento del estatuto de oposición corresponde a un aliado de práctica democrática en Colombia. Esto sin renunciar al beneficio de inventario, como aluden los abogados, en tratándose de una reglamentación adocenada por cuanto desvirtúa la tipificación de partido opositor al gobierno al concebir el engendro de “partidos independientes” a la gestión gubernamental. Se adultera la esencia de opositor y semeja el aspecto anormal y deforme de potencial constante clientelista; soporte propio del régimen político-electoral corrupto.

Una segunda expresión de oposición- también dentro de la institucionalidad- aplica a las manifestaciones fácticas o, de hecho, cual protesta de masas. Es lo expresado en otro de mis ensayos sobre La Respuesta Subversiva del Movimiento Popular. Se trata de la manifestación del pensar individualmente considerado ante un estado de cosas denigrante, injusto, alienante; surgiendo la necesidad de cambiar, de transformar de raíz esa anacrónica situación. Ello revierte en accionar social: ese accionar de la ciudadanía que no concibe estar de espaldas a la realidad.

En conclusión, la lucha armada insurreccional y la lucha de masas son correligionarias, pertenecen a la misma ideología política. Pero en esto no existe un punto de inflexión. Categóricamente al darse el auge del movimiento de masas y la protesta publica nacional, indefectiblemente cede el accionar del movimiento armado insurgente. Al darse movilización campesina. Al darse movilización urbana. Los fusiles callan- exista Conversaciones o no- ante el movimiento popular desbordado en las veredas o en las calles como expresión de resistencia de la democracia directa a imponerse en Colombia.

Coletilla. A 100 días, el gobierno del presidente Iván Duque no bajó del bus a los políticos corruptos responsables de las muertes selectivas de dirigentes sociales en veredas y municipios. Su partido fascista, el Centro Democrático (CD), se aleja con el galimatías de “independientes”. La derecha asoma la estrategia del efecto Bolsonaro: si no es con Duque, el golpe militar solapado, dado que el 80% del generalato debe responder por los falsos positivos.

 

Enviado por el autor.

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La salud del migrante, un tema que nos ocupa a todos

Brenda Esquivel

María Gabriela Mora

Dayanne Nájera

La migración es un hecho que ha estado presente en la historia de la humanidad desde sus orígenes, es el factor fundamental que favorece a la constitución de la sociedad tal y como es conocida en la actualidad.

Diversos países han sentados sus bases históricas en los modelos extranjeros implantados por los inmigrantes, que posteriormente dieron forma a sus respectivos sistemas políticos que dan vida a la organización social estatal. Por tanto, las migraciones son un aspecto positivo en el desarrollo de los países.

Según la Organización de Naciones Unidas (ONU)[1], para el 2017 258 millones de personas eran migrantes; asentados respectivamente en Europa 78 millones, en Asia 80 millones, América del Norte 58 millones, África 25 millones, en América Latina 10 millones y en Oceanía 8 millones.

Las personas que deciden movilizarse de un país a otro, principalmente lo hacen por factores ligados a la globalización; en algunos casos este movimiento puede ser temporal como sucede con el turismo, o por motivo de trabajo o de estudio. Así mismo, la decisión de trasladarse a otro país se puede deber a razones de vulnerabilidad, como lo son la desigualdad en la distribución de la renta, la disminución de la oferta de empleo, la desestabilidad en el orden político, entre otros; que presentan a otro país como la mejor opción para encontrar bienestar y estabilidad.

Tomando como ejemplo a Costa Rica, se constata que es uno de los países de América Latina que posee un índice más alto de migración en contraste con la emigración, dando como resultado, un saldo migratorio positivo. Al mismo tiempo, cuenta con uno de los porcentajes más altos de la región centroamericana de inmigrantes, de 9% aproximadamente, acercándose a 400 000 habitantes.

Las cifras oficiales indican que la inclusión social de los inmigrantes es positiva pero requiere de mayores esfuerzos, por ejemplo, la tasa de matrícula en la primaria de los niños provenientes del extranjero y con residencia en el país es de un 91%, por lo cual se evidencia que existe un alto número de niños que no están atendiendo la escolaridad obligatoria en el país.[2]

Según lo anterior, el país cuenta con una población migrante altamente vulnerable: mujeres y niños, los cuales en muchos casos no cuentan con las garantías mínimas de cobertura social y de salud. Y específicamente en el caso nicaragüense éstos perciben aproximadamente un 60% menos del salario que ganan los nacionales.[3]

Por lo general, los empleos a los que se dedican las personas migrantes más el poco acceso a la información por parte de dicha población (falta de información, diferencias culturales que dificultan la comprensión e interpretación efectiva de las campañas preventivas, deficitarias campañas preventivas) producen su vulnerabilidad y la de sus familias con respecto a sus condiciones de salud.

Por otra parte es importante recalcar que la población inmigrante contribuye con el 11,9% del valor agregado nacional. En términos de dicha población que llega al 9%, se denota que la contribución económica es altamente dinámica. [4]

Ahora bien, cualquier tipo de traslado de personas representa una situación de vulnerabilidad para la salud de la población del país receptor, así como la de la persona migrante. Las enfermedades no conocen fronteras, y aunque la persona que emigra no es riesgo para salud el fenómeno de la migración si es un determinante de condiciones adversas, en especial cuando se realiza de forma irregular, pues favorece la convivencia en situaciones precarias que atentan contra el bienestar de la persona.

Algunos agravantes como en Costa Rica[5], es la exclusión por parte de patronos y empresarios a las personas migrantes del derecho a asistir a los servicios de salud, debido a prácticas como partir de prácticas como morosidad, deducciones de los salarios de las cuotas correspondientes pero que no se reportan así como una alta rotación de personal para eximirse del pago de los derechos sociales.

Las afectaciones a la salud más comunes en la población migrante son:

Enfermedades carenciales de tipo nutricional (desnutrición, anemia)

Enfermedades infecciosas (gastrointestinales y respiratorias)

Enfermedades transmitidas por vectores (dengue, malaria) y las derivadas del trabajo (accidentes, intoxicaciones por agroquímicos y envejecimiento prematuro)

 Riesgo de contraer ITS y SIDA.

Es por todo lo anterior, que se deben crear medidas que generen mejores condiciones para toda la población, y que permitan brindar una atención integral, a través de políticas públicas adecuadas que den una respuesta pronta a las necesidades de sus habitantes y de las personas que transitan el suelo nacional, sin distinción de origen.

De igual manera, se deben generar esfuerzos que promuevan la creación servicios de salud inclusivos, que no solamente procuren el bienestar físico, sino que también la salud mental; para esto se requiere de compromiso político y participación de todos los sectores sociales, incluyéndonos a nosotros, evitando conductas que pueden reprimir o discriminar a otros.

Además, no se debe olvidar la coordinación regional y la cooperación como una herramienta disponible para todos los países, que a pesar de su existencia en algunos casos no son completamente eficaces.

Se debe tomar en cuenta que en la escala de necesidades y prioridades que establecen las personas migrantes, la salud es algo que debe ser atendido en el momento, en virtud de los otros apremios a los que se tienen que enfrentar en la sociedad receptora (trabajo, alimentación, remesas, relaciones de pareja, relaciones sociales, no exposición a autoridades, entre otros.).[6] Debemos recordar que la salud es un derecho humano sin importar la condición migratoria. Las personas migrantes traen beneficios a los países receptores, diversifican el intercambio cultural y agilizan la economía.[7]

Por tanto, atender a las personas migrantes desde la prevención, hasta la curación es una estrategia de salud pública, que protege tanto a los migrantes como a la población nacional, y que además fortalece la gestión de la salud en el país.

[1] ONU. (2017). International Migration Report. http://www.un.org/en/development/desa/population/migration/publications/migrationreport/docs/MigrationReport2017_Highlights.pdf.

[2] OCDE (2010). Los 12 datos más importantes sobre los inmigrantes en Costa Rica, según la OCDE.  www.oecd.org/countries/costarica/45660735.pdf

[3] OCDE (2010). Los 12 datos más importantes sobre los inmigrantes en Costa Rica, según la OCDE.  www.oecd.org/countries/costarica/45660735.pdf

[4] PNUD. (sf). Segundo Informe sobre Desarrollo Humano en Centroamérica y Panamá. https://estadonacion.or.cr/files/biblioteca_virtual/centroamerica/002/Salud_Edgar_Barillas.pdf

[5] Acuña, G. (2005).  La Inmigración en Costa Rica; dinámicas, desarrollo y desafíos. https://www.ministeriodesalud.go.cr/gestores_en_salud/derechos%20humanos/migracion/inmigracr.pdf

[6] Acuña, G. (2005). La Inmigración en Costa Rica; dinámicas, desarrollo y desafíos.  https://www.ministeriodesalud.go.cr/gestores_en_salud/derechos%20humanos/migracion/inmigracr.pdf

[7] Organización Mundial de la Salud. (OMS) (2003). https://www.paho.org/cor/index.php?option=com_content&view=article&id=143:publicaciones&Itemid=221

Fuente de fotografías:

  1. USA Hispanic PRESS, 2018
  2. ACNUR, 2018
  3. ACNUR, 2018

Enviado a SURCOS por Dayanne Nájera Matarrita.

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UNA: Envejecimiento de la población costarricense: un reto para el futuro

Fabiola Quirós Segura (*)

Las discusiones en torno al envejecimiento de la población, a nivel Latinoamericano, se vienen gestando con fuerza desde hace algunos años, ello debido a las transformaciones económico-sociales que traerá consigo la inversión de la pirámide poblacional.

Según datos publicados en el informe Panorama de envejecimiento y dependencia en América Latina y el Caribe a inicios de 2018, por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), actualmente, un 11 % de la población de esta región supera los 60 años; mientras que las proyecciones indican que en el 2030 llegará a un 17 %, y en 2050, al 40 %.

En el caso costarricense, el crecimiento de la población adulta mayor se debe, en gran medida, al aumento de la esperanza de vida al nacer y al descenso de la tasa de la natalidad, cuyas tasas, en el 2018, se ubican en 4,5 % y 14,5 % respectivamente. Se estima que, en el 2025, dichas tasas se ubicarán en un 5,0 % y un 12,7 %, según los datos de la Estrategia nacional para un envejecimiento saludable, documento publicado a inicios de 2018 por el Ministerio de Salud, en coordinación con la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Lo anterior, supone un aumento en la población adulta mayor y una disminución en la población joven; en este sentido, los datos del documento en mención, sostienen que para el 2040 la cantidad de adultos mayores será igual a la de menores de 15 años y, se estima que en 2045 los adultos de más de 70 años se encontrarán en la franja más notoria de la pirámide poblacional costarricense, por lo que para el 2050 una cuarta parte de la población estará compuesta por adultos con más de 60 años. Aunado a lo anterior, se sostiene que el índice de envejecimiento (relación entre la cantidad de personas adultas mayores y la cantidad de niños y jóvenes) variará entre el 2000 y el 2025 en un 220,8 %.

Según los resultados de la Encuesta Continua de empleo (ECE), para el tercer trimestre del 2018, Costa Rica cuenta con un total de 792 511 personas de 60 años o más, de las que sólo una pequeña parte (206 873, equivalente a un 26%), se encuentran insertas dentro de la fuerza de trabajo. La tasa promedio de desempleo abierto para dicho grupo poblacional es de un 4,8 %, (para los hombres dicha tasa es de un 4,6% y para las mujeres es de 4,9 %).

A su vez, la tasa promedio de empleo formal es del 26 % (por sexo, esta es del 28 % para los hombres, y de 20% para las mujeres). Mientras que la tasa promedio de empleo informal para este mismo grupo, es del 74 % (una tasa muy alta; entre los hombres ronda el 72 %, y entre las mujeres el 80 %). Adicionalmente, es importante señalar que del total de ocupados informales de 60 años o más, el 61 % posee un empleo independiente, mientras que el 39 % trabaja de forma dependiente.

Lo anterior indica que, si bien, la participación de las personas adultas mayores en el mercado laboral es baja, lo cierto es que los que se ven obligados a trabajar, lo hacen en su mayoría dentro de la informalidad y con empleo independiente. A su vez, las estadísticas indican que las mujeres son las que se encuentran en mayor vulnerabilidad, ya que la tasa de desempleo y de informalidad son más altas con respecto a las de los hombres.

En resumen, resulta prioritario para el diseño de las políticas públicas del país, a mediano y largo plazo, considerar el envejecimiento de la población, debido a las implicaciones que esto tiene para los sistemas de seguridad social. Además, a nivel familiar el envejecimiento también implica cambios, ya que estas personas cada vez demandarán más tiempo de cuidado y gastos en manutención (muchas personas no han cotizado para la seguridad social), lo que obliga a las familias a estar preparadas y a tomar las medidas pertinentes.

 

(*) Observatorio Económico y Social, Escuela de Economía UNA.

Imagen con fines ilustrativos tomada de la nota: Estudio identifica afecto positivo alto en costarricenses con envejecimiento saludable

Enviado UNA Comunicación.

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