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Noticias falsas, distorsiones mediáticas, y las pensiones del Régimen Transitorio de Reparto del Magisterio Nacional

Dr. Jorge D. García, Jubilado, UCR

M.Sc. Virginia Sánchez, Jubilada, UNA

Dra. María Amoretti, Jubilada, UCR

Con motivo de la conmoción causada en la Asamblea Legislativa y los medios de comunicación por la noticia, desvirtuada, de un aumento en el impuesto al valor agregado, hemos sido testigos de manifestaciones apocalípticas provenientes de los legisladores.

“… en riesgo la democracia de Costa Rica” “; “… tenemos la obligación moral para que el debate público esté fundamentado en datos correctos y no en la manipulación y la mala fe”; “Las noticias falsas se pueden denominar como corrupción…; “…los políticos no pueden seguir incitando al odio…”. (El PaísCR, 1/8/19; LN, pág. 6, 1/8/19)

Menudo polvorín. Y digno de mejor causa, porque desde nuestra perspectiva, los pensionados del Régimen Transitorio de Reparto del Magisterio han recibido, desde hace décadas, una dosis tras otra de noticias falsas y distorsión de información acerca de nuestras pensiones, provenientes tanto de legisladores como de la prensa. Y esa andanada de desinformación sí ha tenido como efecto la creación de un clima de odio, como se puede apreciar fácilmente en redes sociales, donde encontramos “joyas de opinión” referentes a nosotros como: “Malditos de la patria.”, “Deshonestos”, “Élites privilegiadas”, “…parásitos del pueblo costarricense.”, “… ladrones con derechos adquiridos sobre lo robado…”. “Una pensión de lujo es un fraude legal que le produce miles de millones a una casta angurrienta que nunca cotizó para recibir esas sumas” (Facebook, comentarios en títulos “pensionados de lujo”). Y podríamos seguir citando linduras al efecto.

¿Noticias falsas? ¿Cuántas veces se ha proferido durante años, por parte de prensa y diputados, que nosotros no cotizamos para nuestras pensiones o no cotizamos lo suficiente? Además de que eso no es cierto, resulta que el Estado, como es de dominio público (LR, Pág. 10, 15/4/2005; Semanario Universidad, Suplemento, pág. 6, 7/8/2003; E. Robles. 15 años de la Ley de Protección al trabajador. San José: Imprenta Lil: 29, 2015.), desvió a gasto ordinario los excedentes de las cotizaciones del Magisterio desde 1958, y efectivamente lo dejó sin fondo de pensiones, fondo que debía haberse creado por mandato de ley 2248. Y no fueron centavitos lo que se desvió. El Departamento Actuarial de JUPEMA ha estimado que dicho fondo pudo haber llegado a la suma de 5 millones de millones de colones en 2012, suficiente para hacerle frente al pago de nuestras pensiones sin recurrir al Presupuesto Nacional. Y fue precisamente por la ausencia de ese fondo que los legisladores crearon, en 1995, el Régimen Transitorio de Reparto, sin fondo propio, y garantizaron el pago de esos derechos jubilatorios por parte del Estado (Leyes 7531 y 7946), garantía que ahora pretenden desconocer.

¿Distorsión mediante ocultamiento de información? ¿Sabe Ud. cuánto cotizó el Magisterio para sus pensiones desde 1958? Entre 3 y 6 veces más de lo que cotizaron los adscritos al Régimen de IVM-CCSS. Pero eso no es destacado por los manipuladores de información. Y aun así, se pretende, mediante proyectos de ley, uniformar las pensiones al máximo otorgado por el IVM-CCSS, “sin importar cuánto haya cotizado del beneficiario” (LN, Editorial, 5/1/19).

¿Distorsión directa de la información? Es opinión personal y sin fundamento técnico del Superintendente de Pensiones, por propia admisión (LN, pág. 11 A, 17/12/18), y en línea con proyectos de ley en la Asamblea Legislativa, que la pensión máxima debería ser, al igual que la del IVM-CCSS, de cerca de 1.6 millones. Sin embargo, mediante milagrosa transfiguración, ese tope aparece posteriormente en la prensa escrita como la posición oficial de la Superintendencia de Pensiones (LN, pág. 12 A, 18/4/19).

¿Manipulación de información? La prensa y grupos interesados hicieron eco, desde hace años, de las quejas en contra de personalidades políticas con altas pensiones (“políticos pillos hipotecaron el país a su favor”, decía un pasquín en el 2002) (C.R. Loría. Campanada #41, 6/11/2002), y mediante argucia mediática se etiquetó también a una parte de los jubilados del Magisterio como perteneciente a la clase de “pensionados de lujo”, haciéndolos objeto de escarnio. Eso sin importar que las pensiones magisteriales del RTR que sobrepasan el tope establecido de 3.98 millones representan solo el 1.75% del total (760 de un total de 43487), y que las deducciones totales para las pensiones más altas llegan ya al 57%. Eso sí, recientemente no tuvieron reparos en catalogar, cual prestidigitadores de la información, como “pensión de lujo” a cualquier pensión que sobrepase 1.6 millones, apelativo que antes estaba “reservado” a pensiones de 5 – 10 millones o más (LN, pág. 12 A, 18/4/19).

¿”Fake news”?, ¿noticias falsas?, ¡noticias viejas para nosotros!. ¿Por qué sí se vale manipular la información acerca de nuestras pensiones e incitar así al odio contra los pensionados magisteriales? ¿Por qué cuando se trata de las pensiones del Magisterio sí se puede dejar de lado “el deber de la sociedad costarricense de rechazar la distorsión y manipulación de la información y buscar la forma de hacer política, (al decir del Presidente de la Asamblea Legislativa), siguiendo parámetros de rigurosidad de datos y hechos?” (LN, pág. 6, 1/8/19).

Y si de “parámetros de rigurosidad de datos y hechos” se habla, ¿por qué las verdades históricas y técnicas, que mencionamos aquí acerca de nuestras pensiones del Régimen Transitorio de Reparto, están ausentes en los proyectos sobre pensiones actualmente en corriente legislativa? ¿Cómo es posible que con estos proyectos se pretenda, sin ningún fundamento técnico, (pero con abundancia de consideraciones francamente fiscalistas y populistas), cercenar brutalmente esas jubilaciones, alcanzadas en razón de cotizaciones elevadas, méritos, otorgadas de acuerdo al bloque de legalidad, avaladas en muchos casos por Juzgados de Trabajo, y ya sujetas a gravámenes varios, como cotización de hasta 16% a un Régimen inexistente, impuesto sobre renta, contribución a la CCSS por Enfermedad y Maternidad, contribución especial solidaria de hasta 75% sobre tope establecido, alcanzando hasta el 57% en deducciones totales?

 

Foto con fines ilustrativos: https://www.ucr.ac.cr/noticias/2016/11/25/programa-de-educacion-abierta-una-oportunidad-para-volver-a-creer.html

Enviado por Álvaro Vega Sánchez.

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Contrarreforma laboral antidemócratica y autoritaria

Manuel Hernández Venegas

El dictamen -de mayoría- del proyecto 21049, constituye la antesala de una contrarreforma laboral, antidemócratica y autoritaria. Cayó la implacable guillotina legislativa, decapitando el derecho de huelga.

Pero, por más que la prohíban, la huelga es un derecho fundamental, que los trabajadores jamás van a renunciar a su ejercicio. La huelga es libertad de expresión, la huelga es libertad de presión, la huelga es la garantía de libertad de la clase obrera.

 

Imagen ilustrativa.

Enviado por el autor.

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Lección Inaugural: justicia social y la universidad pública

  • Impartida por la Dra. Carrie Dennett

«(…) ¿qué sucede con la universidad pública cuando sus miembros violan la normas y los valores institucionales formales? ¿Cuando no somos modelos ideales o, peor aún, cuando nos convertimos en perpetradores de las injusticias exactas que pretendemos combatir? (…)»

La lección inaugural: justicia social y la universidad pública: una revisión crítica, será impartida por la Dra. Carrie Dennett el próximo 21 de agosto a las 2 p.m. en la Sala 4 de la Escuela de Antropología.

Vea más detalles en el siguiente enlace:

 

Imagen ilustrativa tomada de la página oficial de la UCR.

Enviado por Vania Solano.

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Occidente: Balance de coyuntura y orientaciones en lucha por justicia tributaria y desarrollo social

Dayana Ureña Solís, coordinadora de las Asambleas Patrióticas Populares compartió con SURCOS una nota sobre el Foro-Taller para realizar un balance de la coyuntura y establecer orientaciones de corto, mediano y largo plazo en la lucha por la Justicia Tributaria y el Desarrollo Social.

Esta es la nota enviada por Dayana:

«Con un sonoro y solidario aplauso a las trabajadoras y trabajadores de la CCSS en Huelga, así dio inicio este sábado 10 de agosto nuestro Foro-Taller para realizar balance de la coyuntura y establecer orientaciones de corto, mediano y largo plazo en la lucha por Justicia Tributaria y Desarrollo Social. De la 1:30 a las 3:30 pm, se trabajó, primero con las exposiciones dialogadas con el teólogo Mainier Barboza del Movimiento Patriótico por CR, y con el economista Luis Paulino Vargas, Director del Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE-UNED), sobre el balance de la coyuntura en el contexto de lo que Luis Paulino llamó Período de Crisis del Proyecto Neoliberal, gradual e inexorable, como en cámara lenta, que pareciera interminable, con envalentonamiento de los sectores hegemónicos ante el debilitamiento de la participación democrática de lo Popular-Comunitario, y sin embargo crisis de hegemonía neoliberal que les tienen desesperados porque no logran el crecimiento que desean y, por tanto, aumenta el desempleo y el riesgo de una explosión social, ante lo cual hay ya múltiples signos de respuestas autoritarias (el berrinche de Alvarado en Nicoya, por ejemplo, pero también los proyectos de control de la acción sindical y de protesta social en la Asamblea Legislativa)».

El texto enviado a SURCOS desde San Ramón de Alajuela continúa:

«Ante un panorama así, se señaló que algunos de los principales desafíos para los sectores populares, consisten en pasar de la reactividad ante las iniciativas neoliberales a la proactividad, generando iniciativas desde los Sectores Populares y fortaleciendo el músculo social hasta lograr invertir la posición, y obligar a que sean los neoliberales los que tengan que considerar los Proyectos Populares en sus gestiones de Gobierno (y hasta ser Gobierno Popular, agregaríamos), recuperando y fortaleciendo la visión del Estado Social que heredamos de los años 40. Ello requiere una profunda autocrítica de los sectores populares, de sus formas de liderazgo, organización y comunicación, que no están logrando ganar el corazón de la gente para combatir con eficacia la desesperanza, y que los hace vulnerables de apoyar propuestas fascistas como las de Bolsonaro en Brasil. Debemos evitar a toda costa llegar a un extremo así.

Seguidamente de 4 a las 5 p.m. hubo una hora de trabajo en mesas para los sectores dedicados a la agricultura, microempresas y de sector público, y luego, una presentación y reflexión en plenaria que finalizó a las 6 p.m; estableciéndose una serie de recomendaciones sobre las principales líneas de acción que serán sistematizadas en una Memoria, para regresar a una nueva ronda de Asambleas en las Comunidades. Destaca entre ellas el acuerdo de avanzar en una alianza estratégica de trabajo de los diversos sectores populares, con el acompañamiento y asesoría de personas académicas aliadas (seis ya han brindado sus colaboraciones directas e indirectas para la realización de este Foro-Taller, orientada a la construcción participativa de una Propuesta de Política de Justicia Tributaria y Desarrollo social en la perspectiva de un Proyecto-País solidario)”.

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No en mi nombre, estimado monseñor

No en mi nombre, estimado monseñor No formo parte de ese supuesto «clientelismo político» suyo.

Interpelación, respetuosa pero firme, de Pilar Ureña, laica católica, de larga andadura en luchas por la justicia, inspiradas en el Evangelio, al Obispo Manuel E. Salazar Mora, por su discurso del pasado 2 de agosto.

Monseñor

Manuel Salazar Mora,

Obispo de Tilarán y Liberia.

Estimado Monseñor

Como ansiada agua de mayo hemos esperado y finalmente escuchado, la homilía que ha dirigido usted a los costarricenses el pasado 2 de agosto. Homilía ansiada, pues se ha hecho costumbre que el pueblo de Dios siempre espera escuchar de sus hermanos obispos las orientaciones, la luz y la guía del Evangelio que nos ayuden a enfrentar los graves problemas que aquejan a nuestra sociedad costarricense y que día a día, en nuestro diario vivir, enfrentamos cuando tratamos de construir la sociedad más justa posible.

Efectivamente el pueblo costarricense se encuentra hoy día a merced de una serie de corrientes económicas, filosóficas, religiosas, que surgen, en síntesis, desde el más profundo egoísmo. Estas corrientes, todo lo pervierten confundiendo a todos, desde el más pequeño hasta el más poderoso. Sus palabras se esperan porque alientan y consuelan los anhelos más íntimos de todas las personas de buen corazón que se encuentran trabajando un día sí y otro también en la construcción del bien común. Nos invita a superar el egoísmo como raíz de todos los males para construir una sociedad de amor y de justicia.

Sin embargo, tengo la impresión de que su intento de brindar estas luces, se puede haber visto opacado por algunos conceptos que, en mi humilde opinión, generan confusión en este pueblo de Dios que habita la pequeña Costa Rica y desequilibran y desarmonizan el mensaje que ha querido dejarnos a los costarricenses.

Coincido con usted en que los católicos, ciudadanos también de este país, “tenemos el derecho inviolable a meternos en política”. Entendida la política, con usted muy bien señala, como “el esfuerzo para construir el Bien Común”. En ese sentido, como pequeños granos de levadura, los creyentes intentamos fermentar la masa. Intentamos ser sal de esta tierra bendita… sembramos día a día el grano de mostaza, la semilla que el sembrador nos ha dado, a la espera del gran Viñador, cuando venga a recoger su cosecha. Siervos inútiles somos, que trabajamos día a día en Su Viña. Y cuando hacemos esto, lo hacemos con la absoluta certeza de que construimos así su Reino.

Cada creyente, desde nuestros propios carismas y llamados personales del Señor. Cada uno, en nuestro diminuto espacio… grande o pequeño, ejecutando o dirigiendo, como ciudadano o como gobernante.

Sé que estando en el mundo, sin ser del mundo, y en el caso de Costa Rica, en el débil ejercicio de la democracia, los creyentes debemos enfrentar nuestras convicciones, contra viento y marea en un mar turbulento de ideas y de conflictos creados con oscuras intenciones. Sé que la mayoría de las veces saldremos maltrechos (eso se lo digo desde un corazón muchas veces herido y quebrantado). Como creyentes hemos sido vencidos en muchas de esas batallas…comenzando con la más dolorosa y gloriosa al mismo tiempo, la que terminó con Jesús colgado en una Cruz. Con Él y gracias a Él, hemos logrado resucitar, una y otra vez, de todas las experiencias de muerte o de desoladoras “noches obscuras”, consolados siempre por el Dios de la Vida.

Además, los creyentes, lentamente, hemos aprendido a discernir y reconocer las “semillas de Reino” presentes en el mundo… La presencia silenciosa y permanente del Dios Creador que descubrimos en el encuentro con todas las culturas y en todos los tiempos.

Quiero hacer una pequeña anotación sobre este espacio particular del Reino de Dios, donde el creyente participa en todas las esferas de la política (entendida como usted lo dice, como la búsqueda del bien Común). Ese espacio de la política ha sido asignado al pueblo de Dios en su estado laical, desde el Evangelio y desde la Doctrina Eclesial. Estoy convencida de que no es necesario que ahonde más en la esencia de la misión de los Obispos y de los sacerdotes, quienes, con una gran sensibilidad social, formación y claridad, deberán acompañar al laicado en esta gran tarea de la construcción del Bien Común con la acción política.

Es aquí donde siento yo que existe un desafortunado concepto expresado en su homilía: Hace usted afirmaciones muy serias sobre el derecho de los creyentes a participar en la política (cosa de lo que, en mi opinión, en Costa Rica nadie puede quejarse, pues hasta un Pastor Evangélico estuvo a punto de ganar las pasadas elecciones). Esta confusión nace, al terminar usted con una frase que perfectamente podría confundir a cualquiera que desconozca nuestra historia nacional y nuestra eclesiología católica. Dice usted “Y los clérigos políticamente tenemos derecho ¡a no ser ciudadanos de segunda categoría, minoría discriminada”

Antes de continuar, debo aclararle que no soy partidaria de don Carlos Alvarado. Tengo dificultades para defender su gestión y su capacidad de comunicación con los diversos sectores sociales del país. Tal vez esta aclaración me permita hacerle este comentario sin que lo considere usted que me mueven pasiones político-partidarias.

Ustedes, sacerdotes y obispos no han sido discriminados de la participación política en Costa Rica. En el momento de recibir y aceptar la llamada de Dios a tan maravillosa vocación renuncian voluntariamente a esa posibilidad, de igual manera a como asumen, por ejemplo, el celibato, la pobreza y la obediencia. Son decisiones personales de obediencia a lo interno de la vida eclesial. Estos conceptos son elementos básicos de nuestra formación catequética, documentada en nuestro básico Catecismo, pero además sustentados en infinidad de documentos doctrinales. Es igual a la renuncia que hacemos los laicos, a tener varios esposos, o a divorciarnos (aunque exista una ley que lo permita) o nuestras elecciones personales de llevar una vida austera. Son renuncias y opciones personales, tanto las suyas como las nuestras, las cuales asumimos porque creemos en ellas. En este tipo de decisiones, el Estado no participa, ni debiera participar nunca.

Es por eso, que, en esta pequeña Costa Rica, desconcierta escuchar en un documento eclesial, la frase con la que finaliza su párrafo: “Los creyentes tenemos derecho a la libertad religiosa, la exigimos.” Afirmar eso en la Costa Rica histórica y la Costa Rica actual me parece que hace exacerbar los ánimos en un pueblo confundido y que requiere de la mayor lucidez en este momento histórico.

Debo decirle, que como creyente, nunca me he sentido discriminada, en razón de mi fe o en el ejercicio de mi vocación laical, la cual trato de asumirla con la responsabilidad y la entrega que mis pobres limitaciones personales permiten. Creo que debemos tener mucho cuidado con las generalizaciones expresadas sin fundamento concreto. No es cierto que “Como católicos nos sentimos a veces marginados e invisibilizados, por autoridades civiles”. Victimizarnos a nosotros mismos, por asunto de nuestra fe, cuando muchos sectores sociales viven en la más absoluta y sistemática marginación e invisibilización, sin voz y en el absoluto abandono, para mí ha sido vergonzante, estimado Monseñor. Los pueblos indígenas, las mujeres pobres y marginadas, las personas migrantes, los pueblos despojados de su derecho a una nacionalidad, las personas asesinadas por defender la Naturaleza y a sus pueblos y a sus tierras, ¡cuántos rostros del Cristo sufriente, realmente marginados e invisibilizados por las autoridades civiles!… ¿con qué cara puedo presentarme ante ellos a decirles que he sido marginada e invisibilizada por mi fe?

El otro de los puntos que me ha generado un gran desconcierto, es su discurso sobre las personas sexualmente diversas. Sin ánimo de ofenderle, debo decirle que ha actuado usted como lo hace la típica persona homófoba: “Yo no soy homófobo… pero” Ese terrible “pero” que cae como losa pesada sobre las personas que viven en la más profunda angustia, porque no se entienden, porque no saben qué es lo que les pasa, porque no saben cómo amar a su hijo o hija amada, que buscan con desesperación una salida a lo que está viviendo. Algunas de estas situaciones, fruto de abusos que nacieron en nuestra amada Iglesia. Ese “pero” maldito, que termina condenando al otro: “Pero también es cierto, que tenemos derecho a exigir respeto a las creencias cristianas de la mayoría de la sociedad costarricense”.

No solo se ha contentado usted con borrar con el codo, la maravillosa lección cristiana de amor, nacida del mismo Maestro Jesús, sobre la acogida en el amor a las personas sexualmente diversas que señala al inicio del párrafo, sino que además, ha osado aglutinarnos a los creyente en un supuesto y “fuerte caudal político” para defender sus ideas, sean las que sean, que por cierto, según su texto, parecen ser la mismas que hemos escuchado a los fundamentalistas y recalcitrantes cristianos, ahora sus aliados .

No en mi nombre, estimado Monseñor. No formo parte de ese supuesto “clientelismo político” suyo, que reclama algún tipo de regalía. No desde mi fe en el Jesús del Madero y por su padre Resucitado. Mi obediencia, a prueba a lo largo de los años de trabajo en la Iglesia, no llega a tanto.

Los derechos humanos de las minorías no afectan de ninguna manera los derechos humanos de las mayorías. No se preocupe usted. Un derecho humano alcanzado por una persona beneficia a toda la humanidad. Un derecho humano violentado a una persona, violenta a toda la humanidad. Este principio básico, nos debe llenar de paz, Monseñor. Como creyentes no debemos temer: leyes que traten de humanizar los derechos (humanos y civiles) de una minoría no afectan a nuestra vida cristiana y nuestra libertad de vivirla. Es tarea nuestra, interna, de los cristianos, formar a nuestros hijos en el amor, en el respeto, en la tolerancia, en los principios de la justicia y de la paz, formarlos en la fe, y ser contrapeso, desde el amor, al egoísmo. Ahí tiene usted razón: a mis hijos los educo yo… pero agrego: en el Amor y la tolerancia.

Como lo dijo el Maestro: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al padre de familia que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo”.

Me encantó por cierto su frase: “La política es el arte de negociar: a veces ceder para ganar todos.” Con todo respeto, Monseñor, debería comenzar a ponerla en práctica.

María del Pilar Ureña Álvarez

Compartido con SURCOS por el Centro Dominico de Investigación (CEDI).

El Caballo de Troya y las pensiones en Costa Rica

Álvaro Vega Sánchez,

Sociólogo

El Plan Fiscal como el mítico Caballo de Troya deslumbraba por su grandeza redentora, y ahora resulta que de sus entrañas emerge una soldadesca revestida de proyectos de ley y medidas que tienden a la precarización de los empleados públicos, los pensionados y las pequeñas y medianas empresas, así como a la prohibición de la protesta social… Sale a relucir su verdadero objetivo: arrasar con lo que queda de nuestro Estado Social de Derecho, coartando libertades ciudadanas y derechos adquiridos. Es decir, someter al país a los dictados del capitalismo rupestre y salvaje.

El periódico La Nación, atendiendo a esos dictados –que es su misión histórica–, dedica una de sus “valiosas” páginas a una entrevista al ex superintendente de Chile don Guillermo Larraín. Destaca en el titular su opinión: “privilegios en pensiones, deben limitarse” (La Nación, 05-08-2019, p.16). Y otra de esas páginas de la misma edición la dedica a un artículo de uno de sus ideólogos, don Jorge Woodbridge, titulado “Ajustar privilegios y cumplir la regla fiscal” (¡una feliz coincidencia, querido Sancho!). Sí, así como se oye, al mejor estilo de la vieja pedagogía escolar, a punta de reglazos, tenemos que someternos a la “ley” (¿desde cuándo el ser humano se hizo por causa del sábado?), aunque esta mate la dignidad de las personas. La Nación se ha venido dedicando, un día sí y otro también, a sacar la basurita en ojo ajeno para ocultar la viga en ojo propio, la de los verdaderos privilegios en este país de la “dinastía de los conquistadores” (Samuel Stone).

El señor Larraín viene de Chile que junto con Argentina están entre los primeros países que privatizaron el sistema de pensiones llevándolo al fracaso total, según la OIT en su último Informe (La reversión de la privatización de las pensiones. Reconstruyendo los sistemas públicos de pensiones en los países de Europa Oriental y América Latina 2000-2018). Al parecer, no lo reconoce. Sin embargo, tratando de corregir el entuerto apuesta por la homogenización de los regímenes y aumentar las cotizaciones de los trabajadores para coadyuvar a los Estados a superar los déficit fiscales crecientes. Una receta mágica, que también están impulsando algunos proyectos de ley en curso en la Asamblea Legislativa (¡caray, otra coincidencia!). Como hemos venido insistiendo, la receta es populista y fiscalista. De Chile y los chilenos hemos recibido valiosos insumos y debemos estar muy agradecidos. Pero en esta materia, y en la línea que recomienda el señor Larraín, no, y también muchas gracias.

El tope que se fijó de 1.5 millones –más tarde de 1.6– en el Régimen del IVM de la Caja es anacrónico y desfasado. Por esa razón, muchos profesionales del sector público prácticamente no se jubilan o lo hacen a edades muy avanzadas, cerrando horizontes laborales a la generación de relevo e incrementando las tasas crónicas del desempleo. ¿Quién en su sano juicios va a dejar de percibir un salario de 2.5 a 3.5 millones por una pensión de 1.6 millones? Al menos, lo pensaría y postergaría. Si se trata de equidad y razonabilidad, estamos hablando de trabajadores que han aportado cotizaciones brutas muy elevadas y, aunque estemos de acuerdo con el criterio de la contribución solidaria en que se basa el régimen, lo cierto es que resulta altamente inequitativo. También, por esta razón fue que se crearon regímenes especiales, es decir, para mantener el principio de la solidaridad pero también el de la equidad y garantizar la progresividad de los derechos de los pensionados.

Ahora bien, si se quiere ser serio con la reforma en una materia compleja y vital –que incluya régimen del IVM, regímenes especiales, ROP y Pensiones Complementarias– para garantizar desarrollo y bienestar social en un país donde cada vez serán más los jubilados, atendamos a algunos de los once consejos de la OIT en el Informe citado. Por ejemplo, el diálogo social para generar consenso, realizar campañas de comunicación e información objetiva y veraz y conformar comisión o equipos técnicos representativos de los actores implicados.

En este campo y en muchos otros necesitamos concertar políticas de Estado para romper el círculo electoralista y apostar por la sana política que nos conduzca a la Costa Rica próspera y solidaria de los próximos 50 años.

 

*Imagen ilustrativa tomada de la página de Facebook de Colectivo Derecho a la Protesta Social

Enviado por el autor.

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