El próximo 3 de diciembre de 4 p.m. a 7 p.m. se llevará a cargo la charla: «El protocolo de actuación abordado desde las bibliotecas en situaciones de bullying en población LGTB», en la Biblioteca Nacional.
Los
movimientos estudiantiles latinoamericanos se han caracterizado por la
resistencia frente a gobiernos de corte neoliberal-conservador, así como las
mujeres estudiantes nos hemos caracterizado por la resistencia frente, no solo
a estos gobiernos, sino, a los movimientos mismos, autónomos o no, de corte misógino-heteropatriarcal.
La lucha por el FEES se une a la lista de denuncias que como mujeres hemos
demandado a lo interno de las universidades públicas costarricenses durante los
últimos años. Por tanto, el movimiento estudiantil no empieza y mucho menos
termina con los recientes acontecimientos sobre las demandas al presupuesto
universitario, muy por el contrario, todxs hemos sido testigxs del
levantamiento histórico de movimientos estudiantiles de mujeres en ambientes
violentos, repletos de desigualdad y exclusión.
Hace
poco más de un año mujeres, estudiantes de universidades públicas, iniciaron su
propia toma: la de los espacios públicos y privados para denunciar la violencia
y el abuso, tanto dentro como fuera de las aulas. No, Rectoría no es la primera
toma que sucede durante el presente año y por ende, se deben sumar las demandas
acaecidas producto del hostigamiento sexual. La declaratoria de estado de
emergencia que se anunció el pasado 27 de mayo del 2019 es un precedente en la
lucha histórica por la educación pública en nuestro país tanto como lo es el reclamo
por la autonomía universitaria.
Más
allá de la declaratoria, las estudiantes continuaron alzando sus demandas en
torno a los abusos producto de una convivencia social machista, misógina,
sexista y heteropatriarcal. Sin embargo, la naturalización de estas prácticas,
catalogadas como “culturales” y justificadas por la misma razón, ha generado
que a lo interno de los movimientos estudiantiles se acepten acciones donde las
mujeres enfrentan el doble de violencia, así como una invisibilización de su
accionar político.
Así, la
organización estudiantil de las últimas semanas ha irrumpido en la tradición
masculinizante de la revolución. Mujeres de las distintas sedes y recintos
universitarios han tomado la palabra y el liderazgo en los distintos
movimientos, así como han decidido denunciar la violencia en el marco de las
demandas al Estado. Sin embargo, en una universidad pública donde, hasta el día
de hoy, no se han aceptado las peticiones de la declaratoria de emergencia y en
una coyuntura costarricense donde los medios de comunicación son incapaces de
resaltar la participación política de las mujeres como un elemento disidente en
la lucha por el FEES, ¿cómo resistir la revolución, cuando en una misma se
viven dos?
Por ende, ser parte de los movimientos estudiantiles latinoamericanos debe dejar de significar hostigamiento sexual, abuso de poder, recargo de funciones, imposición de roles de género, invalidación de la palabra y descuido personal. Asumirse parte de la lucha por las universidades públicas no nos deja exentas de asumirnos parte de espacios que, mientras buscan acabar con los recortes presupuestarios, acaban por ignorar, cubrir y desmentir actitudes abusivas sobre las mujeres. Por tanto, en medio de las resistencias en torno a la educación pública denunciamos rebeldía libre de violencia y exigimos desmantelar la exaltación de revoluciones que ocultan abusos cometidos hacia las mujeres, ¿ahora sí nos ven?
Mónica González
Estudiante de Sociología Universidad Nacional
Como el 15 de octubre se recuerda el Día Mundial del Bastón Blanco, les dejamos estas recomendaciones para el Buen Trato a las personas con Discapacidad Visual:
Consejo 1: Cuando entres a un lugar donde me encuentre, preséntate y, al salir, despídete de mí.
Consejo 2: Si quiero cruzar la calle, ofréceme tu ayuda con naturalidad. Si pido orientación, dame indicaciones claras.
Consejo 3: Al indicarme una ubicación emplea expresiones como: «a su derecha», «arriba», «abajo», «un escalón», y no expresiones como: «ahí» o «allá».
Consejo 4: Baja la escalera tranquilo, yo prefiero tomarme de la baranda.
Consejo 5: Por favor, no me obligues a cruzar la calle, pregúntame si quiero cruzar.
Consejo 6: Si estoy en tu casa, muéstrame el cuarto de baño, otras habitaciones, ventanas, interruptores y toma corrientes.
Consejo 7: Por favor, dirígete a mí directamente y no a través de mi guía o compañero.
Consejo 8: Háblame cuando entras en la habitación y dime quién eres. No hagas juegos de adivinanzas.
Consejo 9: Si me ofreces asiento, guía mi mano al respaldo de la silla.
Consejo 10: No evites palabras como «verte», «mirar», «observar». Yo las uso también.
Consejo 11: Camino más fácilmente contigo que con el bastón pero no tomes mi brazo ni intentes empujarme. Déjame tomar tu brazo.
Consejo 12: No quiero compasión, pero no hables de maravillosas compensaciones de la ceguera. Todo lo que he aprendido me ha costado trabajo.
Para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres Rurales es importante recordar que:
Una de cada 5 mujeres de Costa Rica es una mujer rural
Hay 659 285 mujeres rurales que forman parte de la fuerza laboral del mercado capitalista, pero alrededor de un millón desarrolla tareas domésticas y de cuidado necesarias para la reproducción del sistema y que son invisibilizadas
Imagen de portada tomada de http://www.pequenasdonacionescr.org
A partir del segundo semestre del 2019 la Rectoría de la UNA emitió una directriz que le solicita a las unidades académicas este texto en los programas de cursos con el fin de prevenir, investigar y sancionar el acoso sexual en las aulas.
Durante la pasada Asamblea de la Unidad Académica de la Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje se acordó pronunciarse en contra de esta directriz y negarse a la inclusión de este texto en los programas de cursos propios de esta escuela.
Por tanto en “Me Pasó en la UNA”:
1)Rechazamos el acuerdo tomado por la Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje, en tanto es un ataque hacia la búsqueda de espacios universitarios libres de acoso sexual.
2)Recalcamos que las manifestaciones de violencia de género en la UNA son constantes dentro y fuera de las aulas.
3)Reiteramos nuestra declaratoria de estado de emergencia ante las repetidas situaciones de acoso sexual y violencia de género de la UNA.
4)Exigimos que se tomen las medidas necesarias para asegurar el derecho a espacios de estudio seguros para todas las personas.
Ponentes resaltaron la variedad de perspectivas que aportan las mujeres a la academia latinoamericana
Entre los aspectos señalados por las expositoras, figuró la necesidad de dar espacio a mujeres académicas en las bibliografías que se utilizan en los cursos universitarios. (Imagen con fines ilustrativos), Foto: Karla Richmond.
Investigadoras de diversos países latinoamericanos afirmaron que sus aportes no cuentan actualmente con un adecuado reconocimiento por parte de la comunidad académica y que la cultura patriarcal pone trabas a las mujeres para reconocerles sus logros académicos y profesionales.
Esta aseveración se dio en el marco del 40 aniversario del Programa de Posgrado en Sociología de la UCR, celebración que motivó la realización de diversos espacios de debate y análisis en torno al ejercicio de la sociología en el país.
La investigadora uruguaya Ana Laura Rivoir afirmó que como parte de las expresiones de discriminación que viven las mujeres, se ven obligadas a trabajar más en busca de recibir un reconocimiento mínimo o, en muchos casos, no recibirlo.
“Las mujeres muchas veces tenemos que esforzarnos como mínimo el doble que un hombre para recibir un reconocimiento similar o incluso a veces no recibirlo y digo el doble por ser generosa, porque algunas se esfuerzan mucho más. Las mujeres tienen más obstáculos por culpa de la discriminación” aseguró Rivoir.
Ana Laura Rivoir es actualmente presidenta de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS) y docente del Departamento de Sociología de la Universidad de la República de Uruguay. Foto: Anel Kenjekeeva.
Por su parte, la chilena-alemana Paula Irene Villa indicó que la problemática del machismo en la academia es palpable alrededor del mundo, pues en culturas como la alemana, el machismo genera que la sociedad sienta el derecho de influenciar decisiones que pertenecen a la privacidad de las mujeres.
“En Alemania se considera tener familia y ser una mujer profesional como condiciones mutuamente exclusivas, o se hace una carrera o se cuida a la familia. A la mujer en la academia le preguntan cómo hace para desprenderse de los hijos, pero al hombre no le preguntan eso” acotó la alemana-argentina.
La chilena-alemana Pauila Irene Villa es docente en la Universidad de Ludwig-Maximilian en Múnich, Alemania. Foto: Anel Kenjekeeva.
La docente de la UCR, Isabel Román afirmó que frente a esta problemática es vital que exista un reconocimiento del trabajo de las mujeres en la academia, pues ellas ofrecen nuevas perspectivas y análisis en el trabajo que se ha venido haciendo desde la mirada de los hombres.
“Las mujeres cambiamos las preguntas en el análisis, nos preguntamos cosas distintas. Tenemos la capacidad de reconocer y hacer públicos problemas que ha sido invisibilizados, como por ejemplo la violencia doméstica” subrayó la docente.
En este espacio de reflexión también participó el director de la Escuela de Sociología de la UCR, Allen Cordero, quién señaló la importancia de la convivencia de hombres y mujeres en la academia, de manera que pueda existir un aprendizaje mutuo.
“Es necesario que todos estemos en un aprendizaje permanente, uno debe estar abierto a las críticas y a mejorar. En el ámbito académico interactuamos hombres y mujeres y aprendemos juntos, por eso debemos velar por una situación más equitativa” concluyó el director.
La socióloga Isabel Román es profesora del Posgrado en Sociología de la UCR y coordinadora del estado de la educación en el programa Estado de la Nación.
Mujeres fueron pioneras en el desarrollo de la sociología en Costa Rica
Como parte de este diálogo, la socióloga y docente de la UCR, Ana Cecilia Escalante, compartió los resultados del análisis que realizó respecto al papel de las mujeres en la academia como investigadoras y pioneras en el estudio de la sociología en nuestro país.
Escalante aplicó encuestas a mujeres graduadas del bachillerato en antropología, sociología o psicología en la UCR; carreras que para la década de los años 60 estaban dentro de la Facultad de Ciencias del Hombre.
“Nosotras recibíamos una educación muy interdisciplinaria, aunque estuviésemos estudiando sociología llevábamos muchas bases de antropología y psicología” aseguró la ponente.
Escalante cuenta con una larga carrera como docente en la Universidad de Costa Rica (UCR) donde ha impartido más de 15 cursos entre grado y posgrado. Foto: Anel Kenjekeeva.
Escalante resaltó en su ponencia a la profesional Isabel Wing-Ching, quien en 1969 se convirtió en la primera mujer en graduarse del bachillerato en sociología de la UCR. Posterior a ella, egresaron entre 1973 y 1974, Cathryn Pattison, Beila Zider, Bárbara Ehrics, Liliana Herrera y la misma expositora Escalante.
Entre los aportes más importantes de estas pioneras la expositora resaltó su crucial papel en el desarrollo de una visión crítica para el reconocimiento de la dominación del patriarcado en la cultura costarricense.
“Los movimientos sociales de liberación femenina le deben una cuota importante a la Escuela de Sociología que, desde diferentes enfoques, supo plantear las investigaciones sobre las cuales fueron fundadas las luchas sociales” concluyó Escalante.
Róger Bolaños Vargas
Asistente de Prensa, Oficina de Divulgación e Información
Este martes 24 de septiembre el Observatorio de lo Religioso y los Posgrados de la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión de la UNA, organizaron la conferencia basada en el tema de “Violencia de género desde los mandatos religiosos”, la cual estuvo a cargo de la teóloga Carina Vargas, quien ha basado su investigación en la experiencia con esposas de líderes religiosos en Perú, República Dominicana y Costa Rica.
La investigación de la teóloga está basada en cómo la violencia contra las mujeres se reproduce a partir de mandatos e interpretaciones religiosas: ¿Por qué? ¿Cómo funciona? ¿Qué alcance tiene en nuestra cultura? ¿Qué alternativas existen?
Dolores Figueroa visitó la Universidad de Costa Rica para analizar el papel de las mujeres indígenas nicaragüenses a lo largo de los últimos 40 años de revolución
La investigadora mexicana es docente en la Universidad de York, Canadá. Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.
La investigadora mexicana Dolores Figueroaha investigado profundamente las culturas indígenas de la costa caribe de Nicaragua, con un especial énfasis en las problemáticas que afectan a las mujeres indígenas de esta área.
La socióloga retrata en sus trabajos la violencia que sufren constantemente los pueblos indígenas, quienes han sido masacrados y desplazados de sus tierras históricamente como resultado del contexto de crisis política que enfrenta su país.
Según Figueroa los pueblos indígenas han resentido no sólo el abandono que sufren por parte de los gobiernos, sino también las mentiras de jerarcas actuales para mantenerse en el poder mientras pagan el precio los pueblos autóctonos.
La académica visitó la Universidad de Costa Rica (UCR) con motivo del encuentro “Nicaragua 1979-2019: de la revolución a la insurrección”, organizado por el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) tanto en la Sede Rodrigo Facio como en las sedes de Occidente y el Pacífico.
– Muchas veces no se toma en cuenta a las poblaciones indígenas a la hora de analizar la crisis nicaragüense, mucho menos a las mujeres indígenas ¿Cómo ha impactado este contexto a las mujeres indígenas? ¿Cómo viven ellas esta crisis?
– Dolores Figueroa (DF): “El tema es que cuando hablamos de la crisis actual de Nicaragua es importante tomar en cuenta que la violencia que sucede hoy en día tiene efectos muy claros y en el caso de las mujeres indígenas de la costa atlántica está relacionado con la falta de acceso a la tierra y a procesos internos de desplazamiento muy fuertes”.
Con esto hago referencia a la invasión a las tierras comunitarias indígenas en gran parte de la costa norte de Nicaragua sobre todo en territorios ancestrales del pueblo Miskito. Se dan encontronazos de violencia en el momento que pobladores campesinos mestizos en busca de un lugar dónde vivir invaden tierras indígenas, porque ellos perciben que son territorios que no son de nadie.
Algunos de estos campesinos van sólos o con familia, pero otros también van auspiciados por algunas fuerzas políticas y parte de esa gente va armada, entonces van empujando a los comunitarios que usan esas áreas y sus recursos naturales para su subsistencia.
Las mujeres son afectadas porque ya no pueden ir a las fincas, ya no pueden ir a recolectar frutos, si van a los ríos a pescar son secuestradas, son hostigadas o son violentadas. A las mujeres se les limita su libertad, se infringe violencia a sus cuerpos.
Los que se quedan en las comunidades son los líderes varones, las mujeres, los ancianos y los niños son desplazados a otros lados que se consideran más seguros, entonces las comunidades comienzan a moverse de manera forzada cada vez más hacia la costa o buscan refugio en cascos urbanos.
Ha habido también un gran acercamiento por parte de defensores de derechos humanos costeños que están tratando de hacer visible el reclamo de paz de estas familias.
– ¿Cómo se expresa la violencia hacia las mujeres indígenas actualmente? ¿A cambiado en algo en los últimos años?
– DF: Yo tengo la perspectiva de que es importante segmentar los hitos históricos en estos 40 años, es un lapso de tiempo muy grande. Para hablar de la afectación de las mujeres indígenas en la costa atlántica es importante hacer una distinción entre la guerra revolucionaria de los ochentas y la guerra de hoy.
La revolución de los ochentas fue un clima de total hostilidad con presencia militar en las comunidades, donde la gente vivió en carne propia desplazamiento, tortura y hostigamiento debido a la presencia de militares que limitaban su libertad y se sospechaba de ellos por ser indígenas y por supuestamente representar un apoyo para la contra revolucionaria. Todo esto fue propio de la guerra de los ochentas.
Sin embargo, al terminar el conflicto de los ochentas mucha gente intentó reconstruir los daños, recuperarse espiritualmente, en especial los comunitarios indígenas que vivían a lo largo del río Coco (o río Wanki en Miskito), fueron familias que perdieron personas y nunca volvieron a estar unidos. Esa vida anterior no fue posible reconstruirla.
Ocurrió también que alzaron los índices de alcoholismo, drogadicción, o incluso violación en los hogares indígenas. Todo esto fueron manifestaciones de la violencia hacia la mujer.
– ¿Qué postura toman las poblaciones indígenas en el contexto de insurrección actual? ¿Buscan tener un rol activo o prefieren mantenerse distantes?
–DF: Desde 2007 cuando el frente sandinista volvió a tomar poder en el gobierno, se empezó a implementar una nueva política hacia la costa atlántica que descansó en alianzas estratégicas con YATAMA (partido político del pueblo Miskito).
YATAMA controla el 35% del electorado en la costa atlántica, entonces a principios de la campaña electoral hicieron una alianza con Daniel Ortega, quien aseguraba el voto indígena a su favor y ganaba el poder, tal como ocurrió.
Daniel fue al río a pedir disculpas por el enfrentamiento que sucedió en los ochentas y los simpatizantes de YATAMA votaron por él. Pero una vez que llegó al poder él empezó a implementar mecanismos de control político en la costa atlántica, es decir, a violar sistemáticamente el principio de autodeterminación y autonomía política de los pueblos de la costa.
Lo que han vivido los pueblos costeños es como un robo por parte del frente y eso a generado otras dinámicas como que gente del pueblo costeño esté metida en toda una dinámica de especulación de tierras y son tierras indígenas que deberían ser reserva ecológica pero están siendo vendidas a particulares.
Los costeños se oponen a estos procesos con los medios que ellos conocen: denunciar, oponerse y sufrir en carne propia. Ellos denuncian que hay grupos de campesinos mestizos que llegan armados y los obligan a desplazarse.
Ahora bien, en el contexto de las crisis del 2013, los medios de comunicación pusieron mayor énfasis en lo que pasaba en la costa del pacífico, en la figura de los estudiantes en la manifestaciones públicas, lo cual está muy bien porque así el mundo supo del autoritarismo de Daniel.
Pero por otro lado ese enfoque en el pacífico de alguna manera deja en segundo plano lo que sufren los pueblos indígenas de la costa atlántica, es decir, no se conoce, no se sabe, es una situación compleja y además es una región aislada y de escasos recursos. Nadie lo ve.
Róger Bolaños Vargas
Asistente de Prensa, Oficina de Divulgación e Información
Ayer, 29 de agosto, cientos de personas, representantes de organizaciones de sociedad civil, empresas e instituciones, nos reunimos en el Cine Magaly en San José. Entre abrazos emocionados, ojos húmedos y sonrisas, dimos el banderazo de salida a la campaña “Sí Acepto”.
Madres y padres, hijos e hijas, abuelas sonrientes y abuelos orgullosos nos acompañamos. Grupos de amigos y familiares nos juntamos con lágrimas en los ojos y alegría, mientras celebramos el arranque de esta iniciativa que cambiará a Costa Rica a punta de amor.
La campaña comparte testimonios de familias, amistades y colegas de personas sexualmente diversas que bajo la bandera del respeto, el amor y la inclusión, apoyan el establecimiento de nuevas familias a través del matrimonio civil, que será legal para todas las parejas del mismo sexo a partir de mayo del 2020.
Todas las historias que la campaña recoge y quienes las protagonizan son personas reales que como cualquiera, tuvieron que transitar el camino hacia la aceptación. Son esas las experiencias que comparten para inspirar a todas las familias del país a abrazar este cambio con armonía. Esas, las historias que conmueven y cambian corazones.
Durante el lanzamiento celebramos los aportes de las organizaciones con varias décadas de trabajo esforzado y constante, el apoyo de familias y empresas que han impulsado los valores que guían esta iniciativa: el amor y el respeto; recordamos a quienes hoy nos faltan y en vez de un minuto de silencio, les ofrecimos nuestro aplauso colectivo y entusiasta.
En nombre de las casi treinta organizaciones sobre las que descansa el proyecto, agradecimos a las personas que protagonizan los audiovisuales estrella de la campaña. Ha sido su amor profundo, el que les permite dar la cara y alzar su voz para decir #SíAceptoCR el matrimonio civil para todas las personas, sin excepción. Gracias especiales a Adolfo, Vitinia y Ana María. Más adelante vendrán otras historias a compartir sus personales caminos.
A partir de ahora, anuncios en televisión y radio, espacios en redes sociales, actividades en comunidades y nuestro sitio web siaceptocr.com transmitirán este mensaje de amor, aceptación y respeto; sin embargo, contamos con la confianza de que el mensaje más importante lo llevará cada madre o padre, cada hermano y hermana, los primos, compañeros de trabajo y estudio, las tías y los abuelos, cada amigo y cada colega que abrace a los suyos y alce su voz para decir “Sí, Acepto” que Costa Rica ha cambiado y para bien.
Queremos difundir por todo el territorio nacional historias de amor, de familias que se abrazan, de amigos que hacen familia.
Súmese usted también a esta iniciativa, cuéntenos su historia, hágase un video, escríbanos y permita que su experiencia sirva para cambiar cada vez más corazones.
Experta en feminismo africano inauguró el Primer Encuentro de Escritoras Afrodescendientes en la UCR
“La literatura ha sido llamada no sólo a demostrar las grandes ausencias históricas, sino también las presencias desdibujadas y maltratadas de los africanos y africanas alrededor del mundo” afirmó la poeta costarricense Shirley Campbell Barr, quien inauguró el Primer Encuentro de Escritoras Afrodescendientes.
El espacio, celebrado en la Universidad de Costa Rica (UCR) del 20 al 23 de agosto, convocó a mujeres afrodescendientes de diversos países latinoamericanos como Honduras, Puerto Rico y Colombia, quienes al igual que Campbell, reconocieron la necesidad de reescribir su historia.
Según la antropóloga feminista, los pueblos afrodescendientes siguen en busca de un hogar, pues las condiciones de esclavitud que vivieron en el pasado parecieran haberles condenado a ser vistos como extranjeros y extranjeras en sus propios países, en los que no se ha reconocido su existencia.
Campbell afirmó que la exclusión experimentada por el pueblo afrodescendiente se refleja en la literatura, donde su historia, su cultura y sus aportes ha sido invisibilizados históricamente, a partir de narraciones realizadas por personas que nos les representan y con las que por supuesto, no se identifican.
La escritora aprovechó la ocasión para narrar historias de varias de sus amigas afrodescendientes nacidas en diversos países latinoamericanos, como “ejemplos de historias de lucha y justicia que están ahí, pero nadie las cuenta”, mujeres con la que afirmó compartir una historia ancestral y la necesidad de ser reconocidas y escuchadas.
La poeta enfatizó la importancia de que las mujeres afrodescendientes vuelvan a escribir su historia como una forma de combatir las diversas expresiones de racismo y exclusión que siguen presentes en la vida cotidiana de muchos países de la región como es el caso de Argentina y Brasil, donde residió las vivió en carne propia.
“Todavía nos cuesta hablar de racismo y si no empezamos a hablar de racismo nada va a cambiar. Tenemos que escribir porque nos toca reescribir nuestras historias y cambiar la historia para todos y para todas” sentenció.
Espacio articula esfuerzos institucionales y civiles
Marva Spence Sharpe, coordinadora académica de la actividad y representante de la Cátedra de Estudios de África y el Caribe (CEAC) de la UCR, afirmó que “hay mucho que escuchar y mucho que aprender de mujeres que escriben sobre historias de resistencia, exclusión, sabiduría femenina, restate y reconocimiento cultural“.
El Encuentro dio lugar a conferencias magistrales, que se complementaron con espacios lúdicos como las noches de diálogos poéticos, para facilitar el acercamiento y la articulación de esfuerzos y de luchas entre la institucionalidad y la sociedad civil.
La inauguración del espacio contó con la asistencia de representantes de diversas instancias que, al igual que la UCR, suman esfuerzos para erradicar la discriminación y la exclusión de los pueblos afrodescendientes en el ámbito nacional e internacional.
La representante de la Sedes Regionales ante el Consejo Universitario de la UCR, Patricia Quesada Villalobos celebró la consolidación de la iniciativa como un espacio de lucha contra el “colonialismo que ha pintado de colores el valor de ser mujer para dividir”.
La activista Angie Cruinkshank Lambert, coordinadora de la Alianza Latinoamericana para el Decenio Afrodescendiente (ALDA), destacó el valor del arte y la literatura como campos de lucha y resistencia contra el racismo y la exclusión.
A criterio de la abogada, es necesario recuperar la historia y visibilizar la fuerza y la riqueza de la cultura afrodescendiente, “que da contenido a los esfuerzos por el reconocimiento constitucional del carácter multiétnico y pluricultural de los estados latinoamericanos”.
Por su parte, Caroline Munier de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) señaló el compromiso de la institución que representa para promover en Costa Rica el conocimiento de la herencia cultural del pueblo afrodescendiente.
Munier no dudó en reconocer el valor de la cultura y la creación literaria como mecanismos para “conocer más del mundo y de la realidad, favorecer la construcción de sueños e ideales y reescribir la historia, una historia de reconocimiento e inclusión”.