¿Cómo lidiar con un (hipotético) político narcisista?

Henry Mora Jiménez

Principales rasgos de un narcisista

El narcisismo se considera un trastorno de la personalidad, pero en este artículo esta complicada faceta del término no la abordamos. Eso es un asunto para los especialistas. Simplemente recalquemos que las personas narcisistas tienen una visión agrandada de sí mismas y buscan constantemente atención, admiración y sumisión. Repasemos algunos de los principales rasgos de estas personas.

Los principales rasgos de una personalidad narcisista son los siguientes:

  • Tienen un ego inflado y una autoestima muy alta,
  • Necesitan recibir elogios constantemente,
  • Suelen ser muy sensibles a las críticas,
  • Intentan aislar a quienes no les rinden pleitesía,
  • Son hábiles manipuladores y maestros del engaño.

Ahora bien, ¿qué es un político narcisista?

Digamos que se trata de una persona narcisista con una cuota muy importante de poder (económico, político, mediático, etc.). Por eso, a los rasgos anteriores podemos agregar las siguientes características para un “hipotético” político narcisista:

  • Intenta imponer su forma de pensar y actuar,
  • Desafía constantemente la realidad recurriendo a la posverdad, esto es, al uso de prejuicios y emociones para crear opinión pública,
  • Proyecta sus imperfecciones en la idiosincrasia nacional y hasta se identifica con ellas como benévolas y normales,
  • Intentará vigilar y hasta expiar a quienes considera sus enemigos,
  • Tratará de culpar a cualquier otro (persona, institución) por sus propios errores,
  • Le dará poca importancia a las opiniones de quienes lo critican,
  • Un político narcisista está en una situación privilegiada para ejercer algún tipo de violencia verbal o emocional: insultar, humillar, amenazar, acusar, descalificar, etc.

¿Cómo lidiar con un político narcisista?

  1. Lo primero es determinar con qué tipo de narcisista estamos tratando, porque existen dostipos de narcisistas: los grandiosos y los vulnerables. En el primer caso se trata de una persona que tiene mucha autoconfianza, que busca constantemente llamar la atención de los demás. En cambio, los narcisistas vulnerables son personas pasivo-agresivas y suelen tener baja autoestima. Supongamos que nuestro hipotético político es del primer tipo.
  2. Al político narcisista hay que responder con seriedad y responsabilidad, en lugar de simplemente reaccionar, menos aún, reaccionar “con el hígado”. Ante las manipulaciones y la demagogia de un político narcisista lo importante es tratar de no sobre reaccionar ni de “ponerse a su nivel”. En vez de eso, hay que concentrarse en el tema o problema en cuestión lo más objetivamente posible, sin darle excusas para que desvíe la atención de la opinión pública. De esta manera, le será más difícil desvirtuar, monopolizar o apropiarse del tema. Hay que centrar la atención en el problema, no el político.
  3. Evitar la confrontación directa si esto le da oportunidad para agrandar su ego. Los políticos narcisistas suelen ser hipersensibles a las críticas, incluso si estas son blandas. Por eso, en estas circunstancias hay que saber “dorar la píldora”. En lugar de comentarios negativos, agresivos y soeces, que lo radicalicen aún más (o a sus fans), hay que usar el humor, el choteo, el doble sentido, la crítica constructiva.
  4. Exigir resultados en lugar de palabras y promesas. Uno de los rasgos más comunes de un político narcisista es precisamente que estos suelen no cumplir con sus promesas (más que el común de los políticos). De este modo, el mejor método para responsabilizar a los narcisistas es recordarles, jugando un poco con su ego, lo importante para el pueblo que lo eligió, de cumplir con sus promesas.
  5. Poner la atención en los problemas sociales. En el debate público, el político narcisista no debe ser el centro de atención. Hay que intentar desmitificar los “cantos de sirena”, y enfocarse en las necesidades y en las aspiraciones de la población.
  6. Eso sí, frente a un político narcisista hay que establecer límites firmes (éticos, legales, sociales) sobre su comportamiento. Si estos límites se cruzan es fundamental exponer clara y públicamente el abuso que se está cometiendo y las consecuencias negativas de sus actos.

Los anteriores son solo algunos “tips”. El mensaje es que no podemos tratar y criticar a un político narcisista “hipotético” como tratamos y criticamos a cualquier otro político. Además, hay que recordar siempre que estos políticos suelen tener tras de sí un tropel de fieles y, muchas veces, fanáticos seguidores.