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Etiqueta: Anexión del Partido de Nicoya

Nos duelen los guanacastecos

Freddy Pacheco León
Julio 2026

Más allá de las estadísticas que, decía don Pepe, «a veces se usan para mentir», la pobreza en nuestra adoptada provincia es inhumana, injustificable. Una cuarta parte de sus habitantes no tienen ingresos suficientes para cubrir la escuálida canasta básica, por lo cual con costos sus familias alcanzan a tener más de una comida digna al día.

Sin la merecida educación de calidad que se les niega desde temprana edad, los jóvenes pamperos parecen nadar en un mar de desesperanza, donde ya su esfuerzo es desalentador pues se torna improductivo. Sin tener asegurada la tortilla familiar, se ven obligados a abandonar las derruidas escuelas y peores colegios, para buscar dónde «camaronear» con el fin de ayudar con la comidita de sus hermanitos, sus padres, abuelitos y ellos mismos… si es que lo logran.

A ellos, cual, si solo fuesen una estadística, con desprecio los «técnicos» politiqueros del gobierno les llaman NINIS, porque ni estudian ni trabajan, ocultando que eso no es culpa de ellos y sí de las autoridades que se les acercan solo en campañas electorales, para aprovecharse de su desesperante miseria. «¡Tome esta platita y este arroz con pollo, para que nos acompañen a aplaudir a una reunión política!», les dijeron. «¡Hay que acabar con los corruptos que les han robado hasta lo que no tienen!», les agregaron.

Pero pasada esa «fiesta» democrática, en que el partido ganador pagó ¡más de ¢800 millones! a quien supuestamente les hizo las banderas, los que aplaudieron sin saber qué estaban celebrando, regresaron a sus humildes viviendas de latas de zinc, a esperar, inútilmente, por el cumplimiento de las promesas de plaza pública repetidas una y otra vez hasta el cansancio.

Aunque muy pocos pueden aspirar honradamente a mejorar su nivel de vida sin una sólida educación, aumenta cada día el número de los que se suman a los «analfabetos por desuso» que abundan en todo el país, y que no podían faltar, en lo que fuere el viejo Partido de Nicoya del que solo se acuerdan los 25 de julio de cada año. Situación determinante para tales hermanos guanacastecos, pues es casi imposible encontrar trabajos bien remunerados y permanentes que les permitan salir de la amarga pobreza, si se les sigue despreciando perversamente.

Al lado del desarrollo turístico ahora cada vez más “exclusivo” (aunque también en crisis por el alto valor del colón con respecto al dólar provocado por incompetentes economistas) que se nutre del más fantástico ramillete de playas extraordinarias, languidecen desdeñadas dos actividades sumamente importantes: la agricultura y la ganadería intensiva. Miles de hectáreas de tierra fértil, sufren erosión por sequías e inundaciones, ante la negativa gubernamental manifiesta de desarrollar la infraestructura que cambiaría ese panorama de desolación. Mientras la mayor parte del agua dulce del Proyecto Hidroeléctrico Arenal, después de generar la energía eléctrica más barata del país en tres centrales del ICE, fluye irresponsablemente hacia el golfo de Nicoya, vía río Tempisque, el proyecto «Agua para Guanacaste» es obstaculizado por quienes tienen el deber de desarrollarlo. Ante esa realidad, el añorado Dr. Francisco Vargas Vargas, del genuino «Partido Confraternidad Guanacasteca» fundado hace casi 90 años, pampero enérgico, decidido, de pura cepa, ya habría denunciado enérgicamente esa inhumana farsa exhibida por los que, cada año, irrespetuosamente juran estar interesados. Proyecto cínicamente «inaugurado» tres veces en igual número de años, con discursos y música de marimba, para luego del show (como sucederá este año otra vez) regresar al valle central a burlarse de los ilusos que una exdiputada con exagerado poder en Casa Presidencial llamó de manera infame, «los básicos que todo lo creen».

Lo lamentamos mucho pues no es difícil imaginar el desarrollo que experimentaría Guanacaste con la incorporación por riego de más de 16.000 hectáreas a la producción agropecuaria, así como con llevar agua potable a unas 65 comunidades organizadas en Asadas, al tiempo que se impulsarían proyectos de turismo sostenible que sustituirían la extracción de fuentes de agua subterránea. Agua suficiente que sería igualmente bienvenida por una mayoría de pequeños y medianos emprendedores hoteleros, que desde hace años esperan por el líquido vital para desarrollar sus proyectos.

Pero no, ¡qué va! “como es para los guanacastecos fácilmente engañados, no hay que preocuparse mucho”, seguramente piensan, pues en Zapote las evidentes prioridades presupuestarias que se dicen tener en San José y resto del Área Metropolitana, no pueden incluir a Guanacaste, por lo cual, tampoco se le presta atención a las vías de comunicación hacia Puntarenas, ¡ya colapsadas y a punto de interrumpirse!, así como a la carretera hacia Cañas, y otras rutas secundarias fundamentales para el bienestar de los despreciados guanacastecos.

¿Que si nos duelen los guanacastecos?, pues claro que sí. Inevitable es ese sentimiento al evidenciar el maltrato que reciben en «agradecimiento», paradójicamente, a haber tomado la grandiosa decisión de incorporar su riqueza natural y cultural a la gran Patria tica en 1824.

Portada: pintura de Miguel Alan

Presentación de «Memoria, cuerpo y arte: La Casona Hacienda El Viejo»

En el marco de la conmemoración de la Incorporación del Partido de Nicoya a Costa Rica, la Asociación Costarricense de Profesionales en Historia (ACOPHI), la Cátedra de Historia de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) y el Ministerio de Cultura y Juventud, mediante la Benemérita Biblioteca Nacional de Sinabi le invitan a la actividad Memoria, cuerpo y arte: La Casona Hacienda El Viejo, en la cual la historiadora María Soledad Hernández y la bailarina y artista plástica Rebeca Alvarado Soto compartirán una experiencia en la que la historia dialoga con el arte para abrir nuevas formas de comprender nuestro pasado y de encontrarnos con él desde la sensibilidad.

Este encuentro  propone una mirada diferente sobre la historia y las identidades de Guanacaste. A través del diálogo entre la investigación histórica y la creación artística, Memoria, cuerpo y arte explora los vínculos entre territorio, identidad, memoria y expresión artística, invitándonos a descubrir cómo los espacios, los cuerpos, las emociones y las experiencias también resguardan historias que merecen ser contadas.

La actividad se realizará el jueves 16 de julio a las 9:30 am en la Benemérita Biblioteca Nacional.

AGECO comparte video sobre la importancia de la Anexión del Partido de Nicoya – expone Vladimir de la Cruz

En el marco de la celebración del 25 de julio, fecha en que se conmemora la Anexión del Partido de Nicoya a Costa Rica, la Asociación Gerontológica Costarricense (AGECO) lanzó un video especial que destaca la importancia de este acontecimiento histórico, narrado por el reconocido historiador y educador Vladimir de la Cruz.

En el video, de la Cruz explica cómo la anexión, realizada por voluntad propia, permitió a Costa Rica crecer territorial, cultural y económicamente. La incorporación del Partido de Nicoya, hoy parte de la provincia de Guanacaste enriqueció al país con la cultura chorotega, así como con nuevas expresiones culinarias, musicales, folclóricas y ganaderas.

Además, el historiador subraya el valor estratégico de la región, mencionando la importancia del río Tempisque para el desarrollo económico en el siglo XIX y principios del XX, así como el aporte de las tradiciones afrodescendientes y el legado cultural de la zona.

El video también resalta la riqueza natural y turística que la región ha aportado al país: el Golfo de Nicoya, sus playas, los parques nacionales y sitios emblemáticos como la Casona de Santa Rosa y los parques nacionales, por lo que cada año, se celebra en todo el país este hecho que unió fronteras.

El video está disponible en YouTube, le invitamos a visitarlo en el siguiente enlace:

Conferencia «Síntesis del proceso de Anexión del Partido de Nicoya»

El Ministerio de Cultura y Juventud, por medio de la Benemérita Biblioteca Nacional y la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica, se complacen en invitarle a la conferencia Síntesis del proceso de Anexión del Partido de Nicoya, por el historiador Luis Fernando Sibaja.

Esta actividad es parte del ciclo «Recuperando nuestro pasado».

La actividad será virtual el lunes 28 de julio a las 3:00 p.m. y se transmitirá por el facebook https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/

Nicoya: 200 años de divorcio con Nicaragua

El Partido de Nicoya es parte integrante e indivisible del territorio de Costa Rica.

Vladimir de la Cruz

El tema de la Anexión del Partido de Nicoya sigue atizándose en Nicaragua, donde se sigue argumentando que la agregación del viejo Partido de Nicoya, división administrativa que había creado España, en el Virreinato de Nueva España, en la Capitanía General de Guatemala o en el Reino de Guatemala, como también se llamó, al Estado de Costa Rica, en 1824, esconde una historia de “argucias de Costa Rica”, reconociendo que ello fue resultado de un “descuido y de disputas por poder de la clase política nicaragüense”.

Con motivo del bicentenario de esta agregación, realizada el 25 de julio de 1824, la prensa nicaragüense repitió, desde principios de julio de este año, algunos de estos argumentos que a continuación comento.

Los antecedentes históricos

El Partido de Nicoya comprendía en esa época tres localidades, los pueblos de Nicoya, Santa Cruz y Guanacaste. Este último no se adhirió en 1824, haciéndolo poco tiempo después, en 1826, el 24 de setiembre y el 1 de octubre, en ambas fechas que reafirma su incorporación.

Este mismo año, 1826, el 28 de julio, se realiza un cabildo abierto en la Municipalidad de Nicoya para rebatir acusaciones del gobierno nicaragüense al costarricense y reiterar la Anexión a Costa Rica, y el 16 de agosto, la Alcaldía de Nicoya reafirma por Juramentación la Anexión a Costa Rica y jura la Constitución de Costa Rica. Del mismo modo, el 30 de agosto, la Alcaldía de Santa Cruz reafirma por Juramentación la Anexión a Costa Rica y el 17 de setiembre, La Costa y Lagunilla de Santa Cruz juran la Constitución de Costa Rica.

En 1834 la totalidad de las municipalidades de la región, del Partido de Nicoya, aceptaban la incorporación al territorio costarricense, y en 1835 desapareció el Partido de Nicoya, dando lugar al Departamento de Guanacaste, hasta su constitución en Provincia en 1848, ampliada con otras regiones costarricenses.

Con motivo de esta celebración del Bicentenario, en Nicaragua, se hicieron algunas publicaciones insistiendo en esas “argucias”, tratando de mantener la idea, que se ha tenido políticamente por diversos gobiernos nicaragüenses, entre ellos el actual del matrimonio gobernante de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Uno de los argumentos que se ha usado en esa dirección es que el Partido de Nicoya dependió, dentro de la administración de la Capitanía General, en ocasiones, para algunos aspectos tanto de León de Nicaragua como de Guatemala, situación que también tuvo Costa Rica. Sin embargo, Nicaragua no reivindica el territorio de Costa Rica como parte suya.

Como es natural, en Nicaragua ha habido historiadores que han tratado de justificar las tesis nicaragüenses de que Costa Rica se “adueñó” de las tierras del Partido de Nicoya. Para ellos los costarricenses “engañaron a las autoridades nicaragüenses y realizaron trampas y dilaciones, lo que se combinó con una clase política nicaragüense que no le prestó atención a esos territorios mientras se enfrascaban en luchas de poder, en los días inmediatos a la independencia de España.”

La Independencia de España se declaró en Guatemala, la sede de la Capitanía General, el 15 de setiembre de 1821. La decisión de Independencia de Guatemala se comunicó al resto de las provincias y territorios que la constituían con la finalidad de reunirse en un Congreso posteriormente para definir la situación de la región de si continuaban unidos o se separaban. El comunicado de Guatemala provocó las Actas de Independencia de El Salvador el 21 de setiembre, la de Honduras el 28 de setiembre, dos actas en nicaragua, la primera del 28 de setiembre y la segunda del 11 de octubre, la de Costa Rica el 29 de octubre y la del Partido de Nicoya, también del 29 de octubre de 1821.

Es obvio y lógico que si en esas fechas estos territorios se declararon independientes de España, lo hacían también de sus respectivas jurisdicciones territoriales de Centroamérica, tanto de Guatemala como de León de Nicaragua en lo que correspondía, tanto por parte de Costa Rica como por el Partido de Nicoya.

Libres e independientes estos territorios, en esa etapa embrionaria, antes del surgimiento de los Estados de cada país centroamericano y de la constitución de la República Federal de Centroamérica, en 1824, es igualmente válido que la Provincia de Costa Rica, ya independiente desde 1821, invitara al Partido de Nicoya, también independiente, desde 1821 a integrarse al territorio costarricense.

El 16 de agosto de 1823 las autoridades de Granada, Nicaragua, ya habían reconocido el deseo de los nicoyanos de adherirse a Costa Rica, lo que se reafirmó cuando el 9 de setiembre de 1823, las autoridades de León igualmente conocieron de los nicoyanos la intención de adherirse a Costa Rica.

En 1824, el 3 de marzo de 1824 el Gobierno del Estado de Costa Rica propuso a la Municipalidad de Nicoya incorporarse a Costa Rica. Desde ese momento se dio un proceso de acercamiento político que culminó con la integración del Partido de Nicoya a Costa Rica.

Nicoya, respecto a Nicaragua y Costa Rica, tenía una estrecha relación comercial con regiones y pueblos de Costa Rica, primero a través de Esparza y de Puntarenas y luego a través de Bagaces y las Cañas. Por eso, el 5 de marzo de 1824, las autoridades costarricenses enviaron una comunicación a los ayuntamientos del Partido, invitándolos a deliberar «…a ver si convenía reunirse a su Provincia sin contrariar las voluntades».

En un primer momento el Ayuntamiento de Guanacaste, hoy la ciudad de Liberia, fue el primero en convocar a un cabildo abierto para decidir tan importante cuestión. En un interesante documento los miembros de la Corporación confesaron que apenas recibida la nota se inclinaron por la Anexión «…por el cúmulo de circunstancias y ventajas que la acompañan». Sin embargo, en un cabildo abierto realizado el 23 de mayo de 1824, la población de Guanacaste (Liberia) en su mayoría se manifestó contraria a esa unión con Costa Rica, porque sus habitantes estaban más ligados a la región de Granada de Nicaragua, lo que hizo que se mantuvieran separados unos meses de la decisión que tomarían Nicoya y Santa Cruz.

El 27 de junio de 1824, la convocatoria de Costa Rica fue conocida por la Municipalidad de Santa Cruz con la mayor parte de su pueblo. Los santacruceños decidieron aceptar lo que determinara la Municipalidad de Nicoya, decisión que expresaron con toda claridad: «…haciendo esa noble Municipalidad (Nicoya) lo que tenga por conveniente, reciba nuestro parecer en el tanto de su determinación…»

En Nicoya, por su parte, el 4 de julio de 1824, se produjo un primer pronunciamiento, donde “se hizo saber la invitatoria de la Provincia de Costa Rica de cinco de marzo de este año en orden a ver si convenían reunirse a su Provincia sin contrariar las voluntades, después de bien meditado dijeron de común acuerdo: que no se inmute ni se altere la demarcación antigua de ese Partido a la Provincia que ha sido agregado antes de ahora (sino es que la Asamblea Nacional Constituyente del Centro de América determine otra cosa que le sea más conveniente al Partido); igualmente se acordó se dé cuenta con esta acta al gobierno de Costa Rica para el uso de sus determinaciones y que igualmente se le rindan las gracias a aquel gobierno por haber tenido en consideración este Partido que no puede ser disidente.”

Y, el 25 de julio de 1824, los habitantes del Partido de Nicoya expresan libremente su deseo de anexarse a Costa Rica, como ellos mismo lo manifestaron, “De la patria por Nuestra voluntad”. Esta decisión se tomó por un plebiscito, en el que votaron poco más de 900 personas, para formar parte de Costa Rica, momento en que se integran al territorio costarricense, añadiendo en ese sentido lo que era el Partido de Nicoya.

El Acta del 25 de julio señaló las ventajas que para los miembros del Partido de Nicoya tenía la adhesión o anexión a Costa Rica: “ventajas que se nos proporcionan en el comercio por el Puerto de Punta de Arena…pronta administración de Justicia y fomento de los ramos, la seguridad, quietud y régimen político que quedan abiertos bajo, la demarcación de aquel estado como lo indica la Naturaleza y lo reclama la conveniencia Pública… identidad de Intereses y demás relaciones que ligan a este partido… mejoras que redundan a estos Pueblos por las ventajas con que ha confederado el estado de Costa Rica a los demás del Centro América según se manifiesta del derecho que se nos ha acompañado… participación inmediata y recíproca de los beneficios y adelantamientos que se palpan en el estado de Costa Rica… la Población de Santa Cruz de este mismo Partido, quienes siendo del mismo parecer, y habiendo al efecto convocado a la mayor parte de su vecindario contestaron el oficio que se acompaña a esta acta…reparando las actuales indigencias en que se hallan los Pueblos de este Partido contemplándolos desde esta fecha, (a excepción del Guanacaste) como partes integrantes del estado de Costa Rica se ha tenido en consideración que para remediar por un pronto la escasez del numerario para las ocurrencias necesarias y mientras se establecen fondos de que deberá determinarse por los tribunales correspondientes, se pongan en este Pueblo y el de Santa Cruz las terceras de tabaco, previas las formalidades acostumbradas, y con sus productos, reservarlos para el auxilio en cualquier evento, o perturbación en el orden: deberán ser protegidos los mismos Pueblos de este Partido para la creación de las escuelas, como tan interesantes a la Educación e Ilustración de la Juventud… los jefes Militares referidos hicieron presente a esta Municipalidad que para no ser perturbado en la libre agregación al estado de Costa Rica a que se ha constituido este Partido…se determine y disponga que las fuerzas de auxilios que deberán resguardarnos como partes integrantes del mismo atendiendo a las conjuraciones y disensiones de la Provincia de Nicaragua de donde podremos acaso, ser sorprendidos…”

El Acta de la Anexión del Partido de Nicoya a Costa Rica es clara en la decisión de esa agregación, que Nicaragua todavía hoy trata de alterar y tergiversar.

La posición de Nicaragua

En los argumentos esgrimidos en la prensa nicaragüense se establecen las viejas raíces de las culturas precolombinas, que habitaron la región comprendida desde la Península de Nicoya hasta la región de Managua, en la actual Nicaragua, especialmente con las culturas existentes a la llegada de los españoles, los chorotegas y nicaraos. Igualmente, se pudo hacer la relación de que estas culturas dependían en muchos aspectos de la cultura azteca, para haber significado una posible dependencia con México.

Ciertamente Colón tocó el territorio de Costa Rica en setiembre de 1502, y la conquista y penetración del país se realizó hasta 1519 cuando las expediciones españolas cruzaron el istmo de Panamá y llegaron al Golfo de Nicoya, por el Océano Pacífico. De allí en adelante se escribió la Historia de la Conquista y la Colonización de la región de Nicoya, de lo que llegó a ser Nicaragua y Costa Rica, proyectada esa entrada hasta Honduras.

Reconocen los historiadores nicaragüenses que Nicoya empezó a tener autonomía desde 1555, cuando se le nombró un Corregidor hasta las Reformas Borbónicas, cuando en la nueva administración colonial de la Capitanía General de Guatemala, a Nicoya se le dio la doble dependencia, de Guatemala y de León para distintos aspectos de su administración, reconociendo igualmente que en ese período Nicoya también, por un breve plazo estuvo bajo la dependencia de Costa Rica.

Reconocen igualmente en la prensa nicaragüense que “los pobladores de Nicoya tenían más cercanía con los comerciantes costarricenses, debido a la posición geográfica de la provincia.”

De la misma manera reconocen que “al proclamarse la independencia de las repúblicas centroamericanas de España, Costa Rica tuvo el acierto de definir su gobierno de forma pacífica, contrario a lo que ocurrió en los otros cuatro países de la región.”

Destacan de la misma manera que “en Nicaragua, hubo una lucha encarnizada por el poder entre los fiebres (después llamados liberales) y los serviles (conservadores) que produjeron dos guerras civiles entre 1821 y 1828, la primera entre Crisanto Sacasa y Cleto Ordóñez y la segunda entre Manuel Antonio de la Cerda y Juan Argüello”, situación que los nicoyanos rechazaban, de la cual se sentían amenazados, por lo que buscaban el apoyo y la seguridad que les daba Costa Rica, como lo establecieron en el Acta de Anexión.

En la República Federal se planteó la situación de la anexión. Provisional y definitivamente se aceptó esa decisión. Según la prensa actual nicaragüense eso se dio porque “las autoridades nicaragüenses actuaron tardía y débilmente con acciones para revertir la anexión de Nicoya a Costa Rica”, reconociendo que en dos ocasiones se discutió esa situación.

Ningún argumento nicaragüense posterior se pudo invocar para retomar la jurisdicción nicaragüense sobre Nicoya, argumentos como la superación de las guerras civiles internas de Nicaragua, que la República Federal había desaparecido y que sus resoluciones carecían de valor.

En el planteamiento de la recuperación de Nicoya que desean los gobiernos nicaragüenses, mezclan situaciones políticas, como la presencia de los filibusteros norteamericanos en Nicaragua, en 1855, 1856 y 1857, donde William Walker incluso llegó a proclamarse Presidente de Nicaragua y estableció la esclavitud.

Con este motivo, la amenaza filibustera en Nicaragua provocó la acción del gobierno de Costa Rica, que tomó la decisión de ir a combatir a Nicaragua contra la tropa filibustera y liberar a Nicaragua de su opresión. Alrededor de esta acción se unieron los gobiernos de Centroamérica.

Según se cita en la prensa actual nicaragüense Costa Rica tenía intención de apropiarse del Río San Juan y del Lago Cocibolca, lo que no es cierto. Las acciones militares triunfantes de Costa

Rica en 1856 contra los filibusteros, en territorio costarricense, en las Batallas de Santa Rosa, 20 de marzo, y de Sardinal el 10 abril, y de Rivas, el 11 de abril, en territorio nicaragüense, pudieron permitir, si eso se hubiera querido, que Costa Rica se hubiera apropiado de toda esa parte sur del territorio nicaragüense, incluyendo la margen sur del Lago y de todo el río San Juan. Eso no sucedió porque no había interés territorial costarricense en la guerra contra los filibusteros norteamericanos. El interés era acabar con su presencia por el peligro que ello significaba para la soberanía, la independencia y la libertad de Centroamérica.

En la información divulgada en la prensa nicaragüense se omite la presencia del Ejército costarricense en esa hazaña bélica, y se reconoce su presencia de forma leve hacia 1857, cuando terminada la guerra se firma el Tratado de Límites entre Costa Rica y Nicaragua, el Tratado Cañas Jerez, en el cual se reconoce por Nicaragua la incorporación del viejo Partido de Nicoya, como parte del territorio de Costa Rica, ya en ese momento formando parte de lo que se llama la Provincia de Guanacaste. En el tratado se le da al país el reconocimiento de la margen derecha del río, lo que sí ha ocasionado en la historia de Nicaragua y Costa Rica, divergencias por el derecho de uso del río que tiene Costa Rica, hasta que en el gobierno de Laura Chinchilla, 2010-2014, un aspecto relacionado con ese conflicto se dilucidó en la Corte Internacional de la Haya, favorablemente a Costa Rica.

Todavía así, de parte de los nicaragüenses se sigue atizando y creando confusiones en torno a esta situación histórica, incluso haciendo mal uso de citas de historiadores costarricenses, respecto a los estudios de las jurisdicciones y límites entre estos dos países.

Para historiadores y periodistas nicaragüenses estos 200 años de la Anexión de Nicoya han sido “200 años de un controversial divorcio de Nicoya y Nicaragua”.

Con 200 años de divorcio, hay que decirlo, cualquier matrimonio es inexistente. La realidad se impone. El Partido de Nicoya hoy es parte integrante e indivisible del territorio de Costa Rica.

Compartido con SURCOS por el autor.

FEUNA denuncia agresión de parte de grupo promovido por el gobierno

SURCOS comparte el siguiente video de la Federación de Estudiantes de la Universidad Nacional (FEUNA) en el cual denuncian la agresión sufrida en Nicoya cuando se manifestaban de forma pacífica. Señalan la actitud complaciente de la Fuerza Pública y los antecedentes del vínculo entre el gobierno de Chaves Robles y el grupo agresor. Es un video de menos de dos minutos.

Arnoldo Mora respalda palabras del rector Gustavo Gutiérrez Espeleta

Estimado y respetado señor Rector Gustavo Gutiérrez Espeleta: sus lúcidas y patrióticas palabras, se inspiran en el espíritu de Rodrigo Facio, y en las mejores ideas y principios de aquellos maestros, que han hecho grande a la Universidad de Costa Rica.

Puede estar seguro señor Rector, que usted no está solo; la gran mayoría del pueblo costarricense en cuyas venas corre la sangre de los héroes de 1856, se identifican con su actitud y sus palabras.

Reciba nuestro apoyo solidario y fraterno.

Arnoldo Mora Rodríguez

SURCOS comparte el video en el cual el rector de la Universidad de Costa Rica expone los conceptos a los cuales se refiere el doctor Arnoldo Mora Rodríguez.

FEUNA llama a seguir el ejemplo del Partido de Nicoya en su búsqueda de diálogo y unión mediante la Anexión

SURCOS comparte un video de la representación del movimiento estudiantil de la Universidad Nacional, mediante su Federación de Estudiantes de la Universidad Nacional (FEUNA). En esta producción se analiza la situación política nacional, se hacen propuestas y se llama al diáogo respetuoso por el logro de un desarrollo pleno con justicia.

Le invitamos a ver y compartir el video.

El Partido de Nicoya por los senderos de la historia

Dr. Freddy Pacheco León*

Un hecho histórico que cimentó la construcción de nuestra Patria, fue la creación en 1573 de la Provincia de Costa Rica, previo a la designación del gobernador de Costa Rica, Nicaragua y, muy importante, Nicoya, Diego de Artieda Chirino. Eventualmente la Audiencia de Guatemala otorgó la autonomía a las tres por separado, y así, por los siguientes 15 años, hasta 1593, Nicoya fue una entidad políticamente autónoma, tanto de Costa Rica como de Nicaragua. La semilla estaba sembrada.

Si desde 1602, y por 182 años, la Alcaldía Mayor de Nicoya no hubiera ejercido su soberanía frente a los gobiernos de Costa Rica y, principalmente al de Nicaragua, el Partido de Nicoya consecuentemente no habría sido una realidad. También, si a fines de 1820 no se hubiera dividido el territorio en siete partidos, el Partido de Nicoya no habría brotado bajo el gran sol que lo ilumina. Y si luego de la firma del Acta de Independencia de América Central el 15 de setiembre de 1821 (menos de un año después) no se hubiera proclamado el Pacto de Concordia el 1° de diciembre de 1821, en que se restituye la Provincia de Costa Rica separada de la Provincia de Nicaragua, el Partido de Nicoya quizá hubiera sido «absorbido» por la vecina del norte. Así, paso a paso y sin vislumbrar siquiera el grandioso mañana que le esperaba, ese territorio fue manteniendo su presencia manifiesta, cual si la Providencia le tuviera señalado un sendero hacia su sitial histórico. ¡Y llegó el año 1824!!

Pensamos que, si Costa Rica hubiera tenido una población total suficiente para así elegir un diputado para las Cortes de Cádiz, el gobernador Tomás de Acosta jamás hubiera propuesto a la autoridad de la Audiencia de Guatemala, que se permitiera sumar a sus 60.000 habitantes con los del partido de Nicoya, para realizar la importante elección. Así, por esa inesperada situación, en que se eligió al brillante cartaginés Florencio del Castillo, se fueron estrechando lazos muy cordiales entre nicoyanos y costarricenses, reforzados por las participaciones electorales conjuntas, como para los representantes ante la Diputación Provincial de Nicaragua y Costa Rica. Así, el destino, seguiría marcando ese sendero que ni los mismos actores percibían siquiera a donde conduciría.

Tres poblaciones tenía el partido de Nicoya cuando se consumó el hito histórico del enlace. Unos tres kilómetros al norte de la pequeña ciudad colonial, estaba la cabecera sede del Alcalde Mayor, desde donde sus cerca de 2.000 habitantes mantenían un activo comercio con la siempre bella ciudad de Puntarenas. La ciudad de Santa Cruz, en Diriá, con unos 2.500 habitantes (muchos aborígenes) era la segunda ciudad, mientras la ciudad que hoy le da el nombre a la provincia, Guanacaste (Liberia), con 1366 habitantes, lugar de comercio ganadero principalmente con la ciudad de Rivas, en Nicaragua, estaba ubicada al norte del río Salto, separado de Nicaragua por el sitio llamado La Flor y de Costa Rica por el río Tempisque.

O sea, de no haber sucedido esos hechos que nos cuenta la historia, ¡jamás! se habría presentado siquiera la oportunidad de que los habitantes del, para otros, poco importante partido de Nicoya, se vieran ante la decisión de unir lazos con la provincia de Costa Rica, que los acogiera con el cariño que se habían forjado con el paso de dos siglos y medio de relaciones fraternales. Algunos dirán que fueron «accidentes», pero para nosotros fue el destino, la Providencia, que fue abriendo un sendero que nadie podría haber imaginado, y mucho menos diseñado. Gracias a ello, de esa unión pacífica, nació una nueva Patria, grandiosa, formidable, única en el continente, sin que hubiera que sanar heridas, ni violentar la paz idílica que respiraban desde las altas montañas a las costas del Pacífico y el Caribe; desde el valle intermontano a las sabanas nicoyanas.

Pero vendrían nuevos desafíos, principalmente desde un sector nicaragüense que no se resignó a recibir como debería de ser, la decisión voluntaria de los habitantes del partido de Nicoya, de incorporarse a la provincia de Costa Rica. Y como no lo entendieron o ¡no lo quisieron entender!, muy pronto fue objeto de conspiración. «Nicoya era y es un territorio de Nicaragua», decían. Por esa razón «los habitantes de Guanacaste (hoy Liberia) no quisieron ser parte del acuerdo tomado en cabildo abierto», agregaron. La tensión limítrofe estaba presente casi cotidianamente, pues en realidad no existía acuerdo limítrofe alguno entre Costa Rica y Nicaragua. Por tanto, ante ese vacío, en reiteradas ocasiones Nicaragua reclamó ese territorio. Se suscribió media docena de tratados entre 1838 y 1857, pero ninguno fue aprobado por ambos países. Parecía imposible un acuerdo satisfactorio para ambos. Con la heroica Campaña Nacional de 1856-1857 que como gesta libertadora fuere dirigida por nuestro heroico Presidente don Juan Rafael Mora, lejos de aplacarse las aguas, más bien se hicieron más turbulentas.

Como muestra de esa situación, leemos en El Nuevo Diario de Nicaragua, que el fortalecimiento del ejército tico pretendía «servir de amenaza a Nicaragua, consolidar la posesión de (…) la provincia de Guanacaste (que antes había pertenecido a los nicas) y expandir la frontera norte por la fuerza» (…) «Los poderosos ‘hermaniticos’ aprovecharon nuestro conflicto (la Guerra Nacional en la que Nicaragua estaba sumida) para apoderarse de la ruta del canal y del tránsito», publicó dicho periódico, en reflejo del pensamiento de algunos nicaragüenses.

Así llegó el año 1858, recién terminada la guerra contra los invasores expansionistas estadounidenses, que encabezados por William Walker fueron derrotados por los costarricenses en la hacienda Santa Rosa (que algunos nicas decían que era territorio nicaragüense), en la ciudad de Rivas y en el río San Juan. Esa presencia militar costarricense, fue una de las razones circunstanciales que propiciaron la redacción de un nuevo tratado de límites, negociado en San José por el nicaragüense Máximo Jerez Tellería y el Gral. salvadoreño José María Cañas Escamilla, designado por el Presidente Mora, que fuere suscrito el 15 de abril, y aprobado luego por el Congreso de Costa Rica y la Asamblea Constituyente de Nicaragua. Los congresistas costarricenses que no le dieron el voto positivo, cometieron el gravísimo error de no percatarse que con el Tratado Cañas-Jerez, quedaba plasmado en tan importante acuerdo, que el límite de Nicaragua con Costa Rica hacia el oeste, lo marcaba nuestra provincia de Guanacaste. Primer reconocimiento explícito de los nicaragüenses, de la soberanía costarricense sobre las tierras que formaron parte en el pasado del partido de Nicoya.

Pero los conflictos no terminaron. Luego vendrían nuevas objeciones desde Nicaragua, ahora hacia la validez del tratado, que fueron resueltas en 1888, a favor de la posición costarricense en defensa del mismo, por el Presidente de los EUA señor Grover Cleveland, que fuere ratificado en su vigencia hace pocos años, por la Corte Internacional de Justicia de la ONU.

Y como las amenazas sobre la soberanía de Costa Rica, específicamente sobre la pampa guanacasteca parecían no terminar, otra situación habría de presentarse. Sucedió hace 69 años, cuando durante el primer gobierno constitucional del Presidente José Figueres Ferrer, se invadió Costa Rica el 11 de enero de 1955, con fuerzas armadas del dictador nicaragüense Anastasio Somoza, en apoyo al expresidente Rafael Ángel Calderón Guardia. Invasión que contaba con el interés mal disimulado de las dictaduras de República Dominicana y Venezuela. La principal batalla, como sucediera 100 años antes, sucedió en la hacienda Santa Rosa, en Guanacaste. Invasión que, si hubiera tenido éxito, no es difícil imaginar ¡cuál habría sido el botín reclamado por el despreciable sátrapa nicaragüense!

Pues a celebrar con espíritu patriótico la anexión, o como también se le ha llamado quizá más correctamente, la incorporación del partido de Nicoya a Costa Rica. Nuestra provincia más bella, la del ramillete formidable de playas, sabanas, montañas humeantes y encendidas flores multicolores de sus árboles de hojas deciduas. ¡Brindemos con vino de coyol al son de la marimba de preciosas maderas! Los acontecimientos lo merecen.

Foto de pintura de Miguel Allan.

(*) Freddy Pacheco León es doctor en Ciencias Biológicas.