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Etiqueta: Brasil

Brasil: Advertencia a la navegación democrática

Por Boaventura de Sousa Santos*

Lo que ocurrió en Brasilia el pasado día 8, una semana después de la toma de posesión del presidente Lula da Silva, es un acontecimiento que solo tomó por sorpresa a quienes no quisieron o no pudieron informarse de sus preparativos, ampliamente difundidos en las redes sociales. La ocupación violenta de las sedes del poder legislativo, ejecutivo y judicial y de los espacios aledaños, así como la depredación de los bienes públicos de estos edificios por parte de manifestantes de extrema derecha, constituyen actos de terrorismo planeados y minuciosamente organizados por sus cabecillas. Se trata, por tanto, de un acontecimiento que pone en serio peligro la supervivencia de la democracia brasileña y que, por la forma en que sucedió, puede amenazar mañana otras democracias en el continente y en el mundo. Conviene, pues, analizarlo a la luz de su importancia. Las principales características y lecciones son las siguientes:

  1. El movimiento de extrema derecha es global y sus acciones a escala nacional se benefician de experiencias antidemocráticas extranjeras y a menudo actúan en alianza con ellas. Es conocida la articulación de la extrema derecha brasileña con la extrema derecha estadounidense. El conocido portavoz de esta última, Steve Bannon, es amigo personal de la familia Bolsonaro y desde 2013 ha sido una figura tutelar de la extrema derecha brasileña. Además de las alianzas, las experiencias de un país sirven de referencia a otro y constituyen un aprendizaje. La invasión de la plaza de los Tres Poderes en Brasilia es una copia «mejorada» de la invasión del Capitolio en Washington el 6 de enero de 2021, pues aprendió de ella y trató de hacerlo mejor. Fue organizada con más detalle, procuró traer a mucha más gente a Brasilia y utilizó varias estrategias para hacer que la seguridad pública democrática sintiese que nada anormal sucedería. Los cabecillas tenían como objetivo ocupar Brasilia con al menos un millón de personas, sembrar el caos y permanecer el tiempo necesario para permitir la intervención militar que pusiese fin a las instituciones democráticas.
  2. Se pretende hacer creer que se trata de movimientos espontáneos. Por el contrario, están organizados y tienen una profunda capilaridad en la sociedad. En el caso brasileño, la invasión de Brasilia se organizó desde diferentes ciudades y regiones del país y en cada una de ellas había líderes identificados con un número de teléfono para poder ser contactados por los adherentes. La participación podía adoptar muchas formas. Quienes no pudiesen viajar a Brasilia, tenían misiones que cumplir en sus localidades, bloqueando la circulación de combustibles y el abastecimiento de los supermercados. El objetivo era crear caos por la carencia de productos esenciales. Algunos recordarán las huelgas de camioneros que precipitaron la caída de Salvador Allende y el fin de la democracia chilena en septiembre de 1973. A su vez, el caos en Brasilia tenía objetivos precisos. Fue asaltada la sala del Gabinete de Seguridad Institucional, ubicada en el sótano del Palacio de Planalto, donde fueron robados documentos confidenciales y armamento de alta tecnología, lo que demuestra que hubo entrenamiento y espionaje. También se encontraron cinco granadas en el Supremo Tribunal Federal y el Congreso Nacional.
  3. En los países democráticos, la estrategia de extrema derecha se basa en dos pilares: a) invertir fuertemente en las redes sociales para ganar las elecciones con el objetivo de, si las gana, no usar el poder democráticamente ni dejarlo democráticamente. Así fue con Donald Trump y con Jair Bolsonaro como presidentes. b) En el caso de que no prevea ganar, comenzar a cuestionar desde antes la validez de las elecciones y declarar que no acepta ningún otro resultado que no sea su victoria. El programa mínimo es perder por un pequeño margen para hacer más creíble la idea del fraude electoral. Fue lo que ocurrió en las últimas elecciones en Estados Unidos y en Brasil.
  4. Para tener éxito, este ataque frontal a la democracia necesita contar con el apoyo de aliados estratégicos, tanto nacionales como extranjeros. En el caso de los apoyos nacionales, los aliados son fuerzas antidemocráticas, tanto civiles como militares, instaladas en el aparato de gobierno y de la administración pública que, por acción u omisión, facilitan las acciones de los rebeldes. En el caso brasileño, es particularmente clamorosa la connivencia, la pasividad e incluso la complicidad de las fuerzas de seguridad del Distrito Federal de Brasilia y de sus dirigentes. Con el agravante de que esta región administrativa, por ser sede del poder político, recibe cuantiosos ingresos federales con el propósito específico de defender las instituciones. En el caso brasileño, es escandaloso también que las Fuerzas Armadas se hayan mantenido en silencio, sobre todo cuando era conocido el propósito de los organizadores de crear el caos para provocar su intervención.

Por otro lado, las Fuerzas Armadas toleraron la instalación de campamentos de manifestantes frente a los cuarteles, un área de seguridad militar, y que permanecieran allí durante dos meses. Fue así como la idea del golpe prosperó en las redes sociales. En este caso, el contraste con Estados Unidos es flagrante. Cuando se produjo la invasión del Capitolio, los jefes militares estadounidenses hicieron cuestión de subrayar su defensa de la democracia. En este sentido, el nombramiento del nuevo ministro de Defensa, José Múcio Monteiro, que parece apostado en una buena y reverente relación con los militares, no augura nada bueno. Es un ministro problemático después de todo lo que ha sucedido. Brasil está pagando un precio muy alto por no haber castigado los crímenes y a los criminales de la dictadura militar (1964-1985), teniendo en cuenta que algunos crímenes ni siquiera prescribieron. Esto fue lo que permitió al expresidente Bolsonaro elogiar a la dictadura, rendir homenaje a los militares torturadores y designar militares, algunos fuertemente comprometidos con la dictadura, en importantes cargos de un gobierno civil y democrático. Solo así se explica por qué hoy se habla del peligro de un golpe militar en Brasil, pero no en Chile o en Argentina. Como es sabido, en estos dos países los responsables de los crímenes de la dictadura militar fueron juzgados y penados.

  1. Además de los aliados nacionales, los aliados extranjeros son cruciales. Trágicamente, en el continente latinoamericano, Estados Unidos ha sido tradicionalmente el gran aliado de los dictadores, cuando no directamente el instigador de golpes de Estado contra la democracia. Resulta que, esta vez, Estados Unidos estaba del lado de la democracia y eso hizo toda la diferencia en el caso de Brasil. Estoy convencido de que, si Estados Unidos hubiera dado las habituales señales de aliento a los aspirantes a dictadores, hoy estaríamos frente a un golpe consumado. Desgraciadamente, a la luz de una historia de más de cien años, esta posición estadounidense no se debe a un repentino celo por la defensa internacionalista de la democracia. La posición de Estados Unidos estuvo estrictamente determinada por razones internas. Apoyar el bolsonarismo de extrema derecha en Brasil sería dar fuerza a la extrema derecha trumpista estadounidense, que sigue creyendo que la elección de Joe Biden fue el resultado de un fraude electoral y que Donald Trump será el próximo presidente de Estados Unidos. De hecho, preveo que mantener una extrema derecha fuerte en Brasil será importante para los propósitos de la extrema derecha estadounidense en las elecciones de 2024. Es de esperar que la intención sea crear una situación de ingobernabilidad que dificulte al máximo la actuación del presidente Lula da Silva en los próximos años. Para que esto no suceda, es necesario que los golpistas y depredadores sean severamente castigados. Y no solo ellos, sino también sus mandantes y financistas.
  2. Para garantizar la sostenibilidad de la extrema derecha es necesario tener una base social, disponer de financiadores-organizadores y de una ideología lo suficientemente fuerte como para crear una realidad paralela. En el caso de Brasil, la base social es amplia, dado el carácter excluyente de la democracia brasileña, que hace que amplios sectores de la sociedad se sientan abandonados por los políticos democráticos. Brasil es una sociedad con gran desigualdad socioeconómica, agravada por la discriminación racial y sexual. El sistema democrático potencia todo esto hasta el punto de que el Congreso brasileño es más una caricatura cruel que una representación fiel del pueblo brasileño. Si no es objeto de una profunda reforma política, eventualmente será completamente disfuncional. En estas condiciones, existe un amplio campo de reclutamiento para las movilizaciones de extrema derecha. Obviamente, la gran mayoría de los que participan en ellas no son fascistas. Solo quieren vivir con dignidad y no creen que esto sea posible en democracia. En cuanto a los financiadores-organizadores, parecen ser, en el caso de Brasil, sectores del bajo capital industrial, agrario, armamentista y de servicios que se beneficiaron del (des)gobierno bolsonorista o con cuya ideología se identifican más.

En lo que se refiere a la ideología, parece asentarse sobre tres pilares principales. En primer lugar, el reciclaje de la vieja ideología fascista, es decir, la lectura reaccionaria de los valores de Dios, Patria y Familia, a los que ahora se suma la Libertad. Se trata sobre todo de defender incondicionalmente la propiedad privada para así, con eso: a) poder invadir y ocupar la propiedad pública o comunitaria (territorios indígenas); b) defender efectivamente la propiedad, lo que implica armar a las clases propietarias; c) tener legitimidad para rechazar cualquier política ambiental; y, d) rechazar los derechos reproductivos y sexuales, en particular el derecho al aborto y los derechos de la población LGBTIQ+. En segundo lugar, la ideología implica la necesidad de crear enemigos a destruir. Los enemigos tienen varias escalas, pero la más global (y abstracta) es el comunismo. Cuarenta años después de que, al menos en el hemisferio Occidental, han desaparecido los regímenes y partidos que defienden la implantación de sociedades comunistas, este sigue siendo el fantasma contradictoriamente más abstracto y más real. Para entender esto es necesario tener en cuenta el tercer pilar de la ideología de extrema derecha: la creación incesante y capilar en el tejido social de una realidad paralela, inmune a la confrontación con la realidad real, llevada a cabo por las redes sociales y por las religiones reaccionarias (iglesias evangélicas neopentecostales y católicas antipapa Francisco) que vinculan fácilmente el comunismo y el aborto y así infunden un miedo abisal en poblaciones indefensas, todo ello facilitado por el hecho de que hace tiempo que éstas perdieron la esperanza de tener una vida digna.

El intento de golpe de Estado en Brasil es un aviso a la navegación. Los demócratas brasileños, latinoamericanos, estadounidenses y, en última instancia, de todo el mundo deben tomar esta advertencia muy en serio. Si no lo hacen, mañana los fascistas no se limitarán a tocar la puerta. Seguramente irrumpirán sin ceremonia para entrar.

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

Nota del editor de Other News: Debido a la delicada situación en Brasil, trasmitimos de inmediato en forma adelantada del habitual servicio de nuestro servicio distribuido en las tardes, este interesante análisis del profesor de las universidades de Coímbra (Portugal) y de Wisconsin-Madison (EE.UU), Boaventura de Sousa Santos recibido esta mañana.

 

*Académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU) y de diversos establecimientos académicos del mundo. Es uno de los científicos sociales e investigadores más importantes del mundo en el área de la sociología jurídica y es uno de los principales dinamizadores del Foro Social Mundial. Artículo enviado a OtherNews por el autor, el 10.01.23

Disturbios Brasil: un golpe a la democracia

Compañías de Luz

Más de 1200 bolsonaristas detenidos en el asalto

Más de 1200 bolsonaristas arrestados por negarse a desalojar los campamentos de protesta en Brasilia, la mayoría de los manifestantes abandonaron el lugar de forma pacífica, pero otros cargaron contra la policía con gran violencia.

Luego de meses de acampada en la capital, los simpatizantes de Bolsonaro debieron retirarse por orden de la justicia. El presidente Luis Ignacio Lula de Silva inspeccionó los daños en el Palacio Presidencial y sostuvo una reunión de gabinete, después del ataque dijo que los responsables serán castigados.

Lula acusa a Bolsonaro y a las autoridades de conniventes

El mandatario acusó a las fuerzas de seguridad de incompetencia u omisión al permitir que ocurrieran los ataques. También acusó a su predecesor Jair Bolsonaro que se encuentra en Estados Unidos que respondió en Twitter negando su involucración en los ataques.

De momento el campamento se va desarmando poco a poco, para ello ha sido necesario un fuerte operativo policial que incluyó policías de la guardia nacional y militares y policías con caballo de la montada. Ahora se está abriendo una investigación en la Corte Suprema de si las autoridades del Distrito Federal hicieron lo que debían para impedir los hechos o si como se sospecha fueron conniventes.

Polarización social y corrupción institucional

Según los analistas políticos el problema no es solamente de la división que se manifiesta en episodios como el asalto al congreso en Brasilia, también hay corrientes antidemocráticas en las fuerzas armadas, en las fuerzas policiales, entre otros.

Más allá de lo ocurrido en Brasilia, en muchas otras ciudades hay manifestaciones y bloqueos en carreteras.

Las redes sociales han polarizado mucho la población de Brasil. El tema de las informaciones falsas ha sido un gran tema durante la campaña electoral de 2022.

Ahora será el Gobierno de Lula de Silva que tendrá que afrontar la situación, en principio quería priorizar los temas económicos, la reducción de la pobreza, la desigualdad y ahora realmente la prioridad será la normalización de la política y la superación de la polarización. El éxito de que se pueda retomar la normalidad dependerá de si Lula consigue proyectarse como alguien que puede conciliar y promover la superación del desorden que vive el país ahora mismo.

El ministro de de defensa en jaque

La incertidumbre también está dentro del Gobierno, es una incógnita qué terminará pasando con el ministro de defensa que ha sido muy cuestionado por no presionar más los generales a aceptar una postura más contundente frente a los manifestantes que están en Brasilia hace meses.

Ralentización en la recuperación económica

El Gobierno quería presentar unos primeros resultados de gestión en los primeros 100 días de mandato lo va a tener mucho más complicado ahora. El desorden social que vive el país también tiene una repercusión económica. La recuperación de la economía se puede ralentizar así como también los inversores serán mucho más cautelosos planteando si Brasil es un régimen estable para implantar compañías que produzcan y hagan avanzar la economía.

¿Será Bolsonaro perseguido por los disturbios?

Que Bolsonaro sea perseguido no solamente dependerá del Ministerio de Justicia, sinó también de los Estados Unidos o de algún otro país donde Bolsonaro pueda ir. La Casa Blanca está bajo presión para que Bolsonaro vuelva a Brasil pero aún es temprano para saber cómo terminará actuando y qué hará el Gobierno de Brasil al respecto.

Fuente: https://www.companias-de-luz.com/noticias/golpe-brasil/

Manifiesto conjunto por la democracia ante los hechos ocurridos en Brasil

El Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) – Brasil, la Asociación Brasileña de Apoyo a la Infancia y la Fundación Vida para Todos – ABAI,  realizaron este 10 de enero de 2023 un manifiesto en conjunto ante el intento de golpe de Estado realizado en Brasil, en el cual comunican:

“Las instituciones de la sociedad civil, antes nombradas, sin fines de lucro, que actúen en la defensa de los derechos humanos, solidaridad, respeto al medio ambiente y producción de alimentos saludables, por sus respectivos representantes, expresan su repudio a los actos violentos de terrorismo real practicados ayer en Brasilia, contra Instituciones Públicas de los tres poderes – Ejecutivo, Legislativo y Justicia, a través de la Corte Suprema de Justicia.

La democracia no es compatible, ni con actos violentos, conspiraciones u omisiones de nadie, y mucho menos de autoridades constituidas para defender los intereses más grandeslulu del país – una vida digna para todos los brasileños y brasileñas, el estado de derecho, el patrimonio público, la riqueza natural y la Constitución Federal de la República.

Brasil necesita paz y unidad para reconstruir el país después de toda la destrucción de economía y derechos fundamentales de los últimos años. En este contexto, nos unimos a todas las fuerzas democráticas, en particular al gobierno legítimamente electo del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, con el propósito de promover la paz social y la reconstrucción de un país justo y solidario para todos y cada uno”.

 

Imagen recuperada de InfoNews.

Corte Suprema de Brasil suspende al gobernador del Distrito Federal por 90 días

Manifestaciones en Brasilia el 8 de enero de 2023. Scarlett Rocha/AGIF/Sipa USA / Legion-Media

Además, el organismo estableció el desmantelamiento inmediato del campamento de bolsonaristas frente al cuartel general del Ejército.

El ministro del Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil, Alexandre de Moraes, decidió suspender al gobernador del Distrito Federal, Ibaneis Rocha, por 90 días, tras los acontecimientos que ocurrieron el domingo en la capital brasileña protagonizados por simpatizantes del expresidente Jair Bolsonaro.

Según Moraes, Ibaneis tenía conocimiento de los preparativos de los hechos, ya que las acciones solo podrían ocurrir con «el consentimiento, e incluso participación efectiva de las autoridades competentes en materia de seguridad pública», recogen medios locales.

«Absolutamente nada justifica la omisión y conspiración del secretario de Seguridad Pública y del gobernador del Distrito Federal con delincuentes que previamente anunciaron que cometerían actos violentos contra los poderes constituidos», escribió el ministro.

Además, el organismo estableció el desmantelamiento inmediato del campamento de bolsonaristas frente al cuartel general del Ejército. La decisión incluye la detención en flagrancia de sus participantes.

Información de https://actualidad.rt.com

ISP condena el intento de golpe de Estado perpetrado por golpistas bolsonaristas en Brasil

Este domingo, 8 de enero, un grupo de terroristas bolsonaristas invadieron y depredaron la sede de los poderes de la República brasileña en un intento de golpe de Estado. El presidente Lula decreta la intervención federal en la seguridad del Distrito Federal, unidad federativa responsable de la seguridad de la capital. Casi 300 son detenidos

Hace una semana, más de 200.000 personas ocuparon la Plaza de los Tres Poderes de Brasilia, la capital de Brasil, para asistir a la toma de posesión de Luiz Inácio Lula da Silva, elegido democráticamente para su tercer mandato. Desde entonces, Brasil y el mundo han asistido a manifestaciones golpistas de alas más radicales del bolsonarismo, un movimiento inspirado y alentado por el expresidente Jair Bolsonaro. Estas amenazas alcanzaron su punto más grave este domingo, 8 de enero de 2023, exactamente una semana después de la gran fiesta democrática que juramentó a Lula, cuando golpistas invadieron y vandalizaron las sedes de los poderes de la República Federativa de Brasil, el Congreso Nacional, el Tribunal Supremo (STF) y el Palacio de Planalto, este último sede del poder ejecutivo.

En el inicio de la tarde, los golpistas tomaron la plaza e irrumpieron en los edificios, vandalizaron el patrimonio público, símbolos de la democracia brasileña. Las imágenes muestran también que el grupo de terroristas llegó a la Explanada de los Ministerios escoltado por la policía militar y que la invasión de las sedes de los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) se produjo bajo una mínima resistencia policial. Las noticias apuntan a una posible omisión o incluso complicidad del gobernador y del secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, exministro de Justicia de Bolsonaro, que fue exonerado pocas horas después de iniciada la intentona golpista.

Tras unas horas de invasiones y depredaciones retransmitidas en directo por los golpistas en los canales digitales y seguidas por la prensa mundial, las fuerzas de seguridad recuperaron inicialmente el control del Tribunal Supremo y del Palacio del Planalto y, poco después, de la Cámara Federal y de la sede del Senado. Hasta la siete de la noche de este domingo (08), al menos 300 terroristas habían sido detenidos.

El presidente Lula decretó la intervención federal en la seguridad pública del Distrito Federal como forma de restablecer el orden público. El secretario ejecutivo del Ministerio de Justicia, Ricardo Cappelli, fue nombrado interventor hasta el 31 de enero. Lula ya está en Brasilia y se reunirá con el gabinete de crisis para evaluar las consecuencias de la invasión y tomar medidas adicionales al decreto de intervención. Los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados han ordenado la creación de un grupo de coordinación de crisis que se encargará de reorganizar el trabajo del Congreso, que ha sido convocado para interrumpir el receso parlamentario y regresar a Brasilia ya el lunes 9 de enero.

Rosa Pavanelli, secretaria general de la ISP.

«No es una mera coincidencia que el simulacro brasileño de la invasión del Capitolio ocurriera prácticamente el mismo día que la invasión del Capitolio de Estados Unidos hace dos años».

La Internacional de Servicios Públicos (ISP), sindicato mundial que representa a 30 millones de trabajadores en todo el mundo, repudia enérgicamente el ataque golpista en Brasilia orquestado por grupos que no aceptan el legítimo resultado electoral.

«No es una mera coincidencia que el simulacro brasileño de la invasión del Capitolio ocurriera prácticamente el mismo día que la invasión del Capitolio de Estados Unidos hace dos años. No es mera coincidencia que Bolsonaro se encuentre actualmente en Florida e incluso haya considerado alojarse en Mar-a-Lago, propiedad de Donald Trump. Y que el ex ministro de Justicia de Bolsonaro -que desde principios de año también está a cargo de la seguridad en Brasilia- también esté allí. No es mera coincidencia que la policía de Brasilia incluso escoltara durante 6 kilómetros a quienes perpetrarían el atentado. El fascismo no conoce fronteras, especialmente cuando se ve acorralado. Corresponde al pueblo brasileño estar vigilante y defender la democracia. Y a Lula mostrar el liderazgo necesario para restablecer la confianza y la fiabilidad en las instituciones democráticas: haciendo que todos los responsables de los disturbios y los condescendientes de la policía paguen por sus crímenes», afirma Rosa Pavanelli, Secretaria General de la ISP.

«Queda aún más claro el significado del Bolsonarismo: terroristas. Se hacen llamar patriotas, pero no son más que golpistas, vándalos, que no aceptan el Estado democrático de derecho. La ISP se une a todas las organizaciones democráticas del mundo en el repudio a este acto fascista y exige castigo a los responsables, en particular a los dirigentes políticos y financiadores de estas manifestaciones golpistas», dijo el secretario regional de la ISP para Interamérica, Jocelio Drummond.

«No aceptaremos que se falte al respeto al resultado legítimo de las elecciones en Brasil y se utilice como argumento para intentos golpistas criminales. Defendemos todas las formas de manifestación, siempre que sean pacíficas y legítimas, que no es el caso. Defenderemos el diálogo social y el respeto a las instituciones democráticas, pero nunca admitiremos la impunidad. Seguiremos luchando por las agendas sindicales y por servicios públicos de buena calidad, ante el gobierno electo y legítimo», dijo la subsecretaria regional de la ISP para Brasil, Denise Motta Dau.

Brasil e intento de golpe de Estado

Marcos Chinchilla Montes.

Marcos Chinchilla Montes

Si bien la mayor parte de golpes de Estado de los que tenemos recuerdo en América Latina han tenido la activa participación de políticos y empresarios de derecha, militares, y su conjunción con la maquinaria política y fáctica de la Casa Blanca de los Estados Unidos de América; lo cierto es que esa articulación política ha experimentado una metamorfosis en las últimas dos décadas en nuestra región.

Ya no se requiere del decisivo empujón de los militares, aunque una vez establecido el golpe, el respaldo de estos será fundamental para sostenerlo. Y es que un golpe orquestado por los militares finalmente resta legitimidad y queda así registrado en la historia, además del derramamiento de sangre que implica y los procesos judiciales que eventualmente le supondrá a los represores.

Por otra parte, el papel de la Casa Blanca en muchos casos pareciera ser un tanto opaco, pero es innegable la confluencia de intereses que tienen con los golpistas; y a la postre, las acciones diplomáticas que desarrollan en muy pocas semanas terminan dándole sostenibilidad y legitimidad política a los golpistas. El fracaso con Cuba o el soberano ridículo que han hecho en Venezuela son excelentes muestras de que la virulencia golpista que estimulan no siempre acaba bien, y que se puede trabajar de manera sigilosa debajo de la mesa, siempre en pro de su limitada visión de democracia pero anteponiendo sus intereses hegemónicos.

Lo que si me resulta un logro indiscutible de la derecha en el presente, es el amplio trabajo mediático y la activa movilización social favorable al golpe de Estado que han orquestado, sea de manera blanda o violenta. Y no es que en el pasado no existiera -recuérdese Chile antes del golpe del año 1973-; pero lo que se experimentó con el golpe de Estado en Bolivia (2019) o el día de ayer en Brasil contra el gobierno de Lula, en el cual se manifestó de forma sostenida y violenta la activa participación de una parte de la ciudadanía, evidencia la constitución de una suerte de organicidad golpista que se ha instalado en el ADN de los movimientos de derecha de corte fascista de nuestra región, y que incluso se materializó en el asalto al Capitolio por la hordas trumpistas en el año 2021 y que también tuvo cabida en la intentona golpista reciente en Alemania.

En esa organicidad golpista se reúnen una serie de intereses que han sabido cultivarse, amalgamarse, posicionarse y sostenerse muy bien, incluso más allá de sus diferencias y banderas: antiderechos, iglesias cristianas radicales, anti ambientalistas, neoliberales, conservadores, anti ciencia, negacionistas, pro tenencia de armas, pro dictaduras, anticomunistas, antimigración, supremacismo blanco, extrema derecha, fascistas, etc. Un movimiento que adquirió vida y autonomía a partir de la violencia política y socio cultural derivada de la imposición capitalista del neoliberalismo, y que sin lugar a dudas se convierte en una severa amenaza a todo lo que represente democracia, derechos humanos, justicia, igualdad, emancipación social y sustentabilidad ambiental.

El panorama político es realmente complejo y sus consecuencias sociales y políticas presumibles.

La derecha golpista, cristalizada ahora en amplios sectores sociales que defienden sus intereses de manera violenta, incluso rechazando principios como la democracia, la legitimidad del sistema electoral, la división de poderes, o la integración social, suponen un reto de enorme envergadura para toda América Latina.
Los recientes golpes contra Evo, contra Castillo, contra Lula, o el intento de asesinato contra Cristina Fernández, son solo la punta del iceberg de un proceso político de mayor amplitud que ya se dibuja de manera amenazante en nuestro horizonte.

Nuevamente la barbarie frente a la democracia

El Servicio Paz y Justicia, en América latina (SERPAJ-AL) expresa su profundo repudio al intento de golpe de estado contra el gobierno del presidente de Brasil, Luiz Ignacio Lula Da Silva, por parte de seguidores del bolsonarismo.

Hace pocos días fuimos testigos de un acto profundamente democrático como fue la asunción de Lula y el importante acompañamiento que tuvo de su pueblo, y ahora, como un acto desesperado para impedir el reconocimiento y el normal desenvolvimiento de un gobierno elegido por la mayoría, se producen estos actos de vandalismo al invadir el Palacio Presidencial, el Congreso y el Supremo Tribunal Federal.

Nos unimos a todos los sectores democráticos para rechazar estas actitudes que atentan contra toda la sociedad brasileña y de todo el continente.

Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, 1980

Servicio Paz y Justicia en América Latina – Red presente en 11 países

Enero 8 2023

Texto completo del discurso de la toma de posesión del presidente Lula

Brasília, DF, 1 de enero de 2023

Por tercera vez me presento a este Congreso Nacional para agradecer al pueblo brasileño el voto de confianza que recibimos. Renuevo mi juramento de fidelidad a la Constitución de la República, junto al vicepresidente Geraldo Alckmin y los ministros que trabajarán con nosotros por Brasil.

Si estamos hoy aquí es gracias a la conciencia política de la sociedad brasileña y al frente democrático que formamos a lo largo de esta histórica campaña electoral.

La democracia fue la gran vencedora de esta elección, superando la mayor movilización de recursos públicos y privados jamás vista; las más violentas amenazas a la libertad de voto, la más abyecta campaña de mentiras y odio conspirada para manipular y avergonzar al electorado.

Nunca antes se habían malversado tanto los recursos del Estado en beneficio de un proyecto autoritario de poder. Nunca la máquina pública estuvo tan alejada de los controles republicanos. Los votantes nunca han estado tan limitados por el poder económico y las mentiras difundidas a escala industrial.

Pese a todo, prevaleció la decisión de las urnas, gracias a un sistema electoral reconocido internacionalmente por su eficacia en la captación y escrutinio de votos. La actitud valiente del Poder Judicial, en especial del Tribunal Superior Electoral, fue fundamental para hacer prevalecer la verdad de las encuestas sobre la violencia de sus detractores.

SEÑORAS Y SEÑORES DE LOS PARLAMENTOS,

Al regresar a este pleno de la Cámara de Diputados, donde participé en la Asamblea Constituyente de 1988, recuerdo con emoción los enfrentamientos que dimos aquí, democráticamente, para inscribir en la Constitución el más amplio conjunto de derechos sociales, individuales y colectivos, por beneficio de la población y de la soberanía nacional.

Hace 20 años, cuando fui elegido presidente por primera vez, junto con el también vicepresidente José Alencar, comencé mi discurso inaugural con la palabra “cambio”. El cambio que pretendíamos era simplemente implementar los preceptos constitucionales. Empezando por el derecho a una vida digna, sin hambre, con acceso al trabajo, a la salud ya la educación.

Dije, en esa ocasión, que la misión de mi vida se cumpliría cuando cada brasileño y brasileña pudiera comer tres comidas al día.

Tener que reiterar hoy este compromiso -ante el aumento de la pobreza y el regreso del hambre, que habíamos superado- es el síntoma más grave de la devastación que ha impuesto al país en los últimos años.

Hoy, nuestro mensaje a Brasil es de esperanza y reconstrucción. El gran edificio de derechos, soberanía y desarrollo que esta Nación construyó desde 1988 ha sido sistemáticamente demolido en los últimos años. Es para reconstruir este edificio de derechos y valores nacionales que vamos a dirigir todos nuestros esfuerzos.

SEÑORAS Y SEÑORES,

En 2002 decíamos que la esperanza había vencido al miedo, en el sentido de vencer los miedos ante la inédita elección de un representante de la clase obrera para presidir los destinos del país. En ocho años de gobierno dejamos claro que los temores eran infundados. De lo contrario, no estaríamos aquí de nuevo.

Se demostró que un representante de la clase trabajadora sí podía dialogar con la sociedad para promover el crecimiento económico de manera sostenible y en beneficio de todos, especialmente de los más necesitados. Quedó demostrado que sí era posible gobernar este país con la más amplia participación social, incluyendo a los trabajadores y los más pobres en las decisiones presupuestarias y de gobierno.

A lo largo de esta campaña electoral vi brillar la esperanza en los ojos de un pueblo que sufre, producto de la destrucción de las políticas públicas que promovían la ciudadanía, los derechos esenciales, la salud y la educación. Vi el sueño de una Patria generosa, que ofrece oportunidades a sus hijos e hijas, en la que la solidaridad activa es más fuerte que el individualismo ciego.

El diagnóstico que recibimos del Gabinete para la Transición de Gobierno es espantoso. Vaciaron los recursos de salud. Desmantelaron la Educación, la Cultura, la Ciencia y la Tecnología. Destruyeron la protección del Medio Ambiente. No dejaron recursos para comedores escolares, vacunas, seguridad ciudadana, protección forestal, asistencia social.

Desorganizaron la gobernabilidad de la economía, el financiamiento público, el apoyo a empresas, emprendedores y el comercio exterior. Dilapidaron empresas estatales y bancos públicos; entregó el patrimonio nacional. Los recursos del país fueron saqueados para satisfacer la codicia de los rentistas y accionistas privados de las empresas públicas.

Es sobre estas terribles ruinas que asumo el compromiso, junto con el pueblo brasileño, de reconstruir el país y hacer de nuevo un Brasil de todos y para todos.

SEÑORAS Y SEÑORES,

Ante el desastre presupuestario que hemos recibido, he presentado propuestas al Congreso Nacional que nos permitan apoyar a la inmensa capa de población que necesita del Estado para simplemente sobrevivir.

Agradezco a la Cámara y al Senado su sensibilidad ante las urgencias del pueblo brasileño. Observo la actitud sumamente responsable del Supremo Tribunal Federal y del Tribunal Federal de Cuentas frente a situaciones que distorsionan la armonía de poderes.

Lo hice porque no sería justo ni correcto pedir paciencia a los que tienen hambre.

Ninguna nación se ha levantado ni puede levantarse sobre la miseria de su pueblo.

Los derechos e intereses de la población, el fortalecimiento de la democracia y la recuperación de la soberanía nacional serán los pilares de nuestro gobierno.

Este compromiso comienza con la garantía de un Programa Bolsa Família renovado, más fuerte y más justo, para atender a los más necesitados. Nuestras primeras acciones tienen como objetivo rescatar a 33 millones de personas del hambre y rescatar de la pobreza a más de 100 millones de brasileños y brasileñas, que han llevado la carga más dura del proyecto de destrucción nacional que hoy termina.

SEÑORAS Y SEÑORES,

Este proceso electoral también se caracterizó por el contraste entre diferentes cosmovisiones. La nuestra, centrada en la solidaridad y la participación política y social para la definición democrática de los destinos del país. El otro, en el individualismo, en la negación de la política, en la destrucción del Estado en nombre de supuestas libertades individuales.

La libertad que siempre hemos defendido es vivir con dignidad, con plenos derechos de expresión, manifestación y organización.

La libertad que predican es oprimir a los vulnerables, masacrar al oponente e imponer la ley del más fuerte por encima de las leyes de la civilización. El nombre de esto es barbarie.

Entendí, desde el inicio del camino, que debía ser candidato en un frente más amplio que el campo político en el que me formé, manteniendo el firme compromiso con mis orígenes. Este frente se consolidó para evitar el retorno del autoritarismo al país.

A partir de hoy se volverá a dar cumplimiento a la Ley de Acceso a la Información, el Portal de la Transparencia volverá a cumplir su función, se volverán a ejercer los controles republicanos para defender el interés público. No llevamos ningún espíritu de venganza contra quienes intentaron subyugar a la Nación a sus designios personales e ideológicos, pero garantizaremos el estado de derecho. Los que erraron responderán de sus errores, con amplio derecho de defensa, dentro del debido proceso legal. El mandato que recibimos, frente a opositores inspirados en el fascismo, será defendido con las facultades que la Constitución le confiere a la democracia.

Al odio, responderemos con amor. A la mentira, con la verdad. Al terror ya la violencia, responderemos con la Ley y sus más duras consecuencias.

Bajo los vientos de la redemocratización, dijimos: ¡dictadura nunca más! Hoy, luego del terrible desafío que hemos superado, debemos decir: ¡democracia por siempre!

Para confirmar estas palabras, tendremos que reconstruir la democracia en nuestro país sobre bases sólidas. La democracia será defendida por el pueblo en la medida en que garantice a todos los derechos consagrados en la Constitución.

SEÑORAS Y SEÑORES,

Hoy firmo medidas para reorganizar las estructuras del Poder Ejecutivo, a fin de que vuelvan a permitir que el gobierno funcione de manera racional, republicana y democrática. Rescatar el papel de las instituciones del Estado, la banca pública y las empresas estatales en el desarrollo del país. Planificar las inversiones públicas y privadas hacia el crecimiento económico sostenible, ambiental y socialmente.

En diálogo con los 27 gobernadores vamos a definir prioridades para retomar obras irresponsablemente paralizadas, de las cuales hay más de 14 mil en el país. Vamos a retomar Minha Casa, Minha Vida y estructurar un nuevo PAC para generar empleos a la velocidad que requiere Brasil. Buscaremos financiamiento y cooperación -nacional e internacional- para la inversión, para dinamizar y ampliar el mercado de consumo interno, para desarrollar el comercio, las exportaciones, los servicios, la agricultura y la industria.

Los bancos públicos, especialmente el BNDES, y las empresas que promueven el crecimiento y la innovación, como Petrobras, tendrán un papel fundamental en este nuevo ciclo. Al mismo tiempo, vamos a impulsar a las pequeñas y medianas empresas, potencialmente las mayores generadoras de empleo y renta, el emprendimiento, el cooperativismo y la economía creativa.

La rueda de la economía volverá a girar y el consumo popular jugará un papel central en este proceso.

Vamos a retomar la política de valoración permanente del salario mínimo. Y ten por seguro que vamos a poner fin, una vez más, a la bochornosa cola del INSS, otra injusticia reestablecida en estos tiempos de destrucción. Vamos a dialogar, de manera tripartita -gobierno, centrales sindicales y empresariales- sobre una nueva legislación laboral. Garantizar la libertad para emprender, junto con la protección social, es un gran desafío en los tiempos actuales.

SEÑORAS Y SEÑORES,

Brasil es demasiado grande para renunciar a su potencial productivo. No tiene sentido importar combustibles, fertilizantes, plataformas petroleras, microprocesadores, aviones y satélites. Contamos con la capacidad técnica, el capital y el mercado suficientes para retomar la industrialización y ofrecer servicios a un nivel competitivo.

Brasil puede y debe estar a la vanguardia de la economía global.

Corresponderá al Estado articular la transición digital y llevar la industria brasileña al siglo XXI, con una política industrial que apoye la innovación, estimule la cooperación público-privada, fortalezca la ciencia y la tecnología y garantice el acceso a financiamiento a costos adecuados.

El futuro será de quienes inviertan en la industria del conocimiento, que será objeto de una estrategia nacional, planificada en diálogo con el sector productivo, los centros de investigación y las universidades, en conjunto con el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, público, estatal y bancos privados agencias de financiación de la investigación.

Ningún otro país tiene las condiciones de Brasil para convertirse en una gran potencia ambiental, a partir de la creatividad de la bioeconomía y los emprendimientos de la sociobiodiversidad. Vamos a iniciar la transición energética y ecológica hacia una agricultura y minería sustentables, una agricultura familiar más fuerte y una industria más verde.

Nuestro objetivo es lograr cero deforestación en la Amazonía y cero emisiones de gases de efecto invernadero en la matriz eléctrica, además de incentivar la reutilización de pastos degradados. Brasil no necesita deforestar para mantener y expandir su frontera agrícola estratégica.

Fomentaremos la prosperidad en la tierra. La libertad y la oportunidad de crear, plantar y cosechar seguirán siendo nuestra meta. Lo que no podemos admitir es que es una tierra sin ley. No toleraremos la violencia contra los niños pequeños, la deforestación y la degradación ambiental, que tanto daño ya le han hecho al país.

Esta es una de las razones, no la única, para la creación del Ministerio de los Pueblos Indígenas. Nadie conoce mejor nuestros bosques ni es más capaz de defenderlos que quienes están aquí desde tiempos inmemoriales. Cada terreno demarcado es una nueva área de protección ambiental. A estos brasileños y brasileñas les debemos respeto y con ellos tenemos una deuda histórica.

Derogaremos todas las injusticias cometidas contra los pueblos indígenas.

SEÑORAS Y SEÑORES,

Una nación no se mide sólo por las estadísticas, por impresionantes que sean. Al igual que un ser humano, una nación se expresa verdaderamente a través del alma de su gente. El alma de Brasil reside en la diversidad sin igual de nuestra gente y nuestras manifestaciones culturales.

Estamos refundando el Ministerio de Cultura, con la ambición de retomar con mayor intensidad las políticas de incentivo y acceso a los bienes culturales, interrumpidas por el oscurantismo en los últimos años.

Una política cultural democrática no puede temer a las críticas ni elegir favoritos. Que broten todas las flores y se cosechen todos los frutos de nuestra creatividad, que todos la disfruten, sin censuras ni discriminaciones.

Es inaceptable que negros y pardos sigan siendo la mayoría pobre y oprimida de un país construido con el sudor y la sangre de sus ancestros africanos. Creamos el Ministerio para la Promoción de la Igualdad Racial para ampliar la política de cupos en las universidades y la función pública, además de retomar las políticas dirigidas a los negros y pardos en salud, educación y cultura.

Es inadmisible que las mujeres reciban menos que los hombres, desempeñando la misma función. Que no sean reconocidos en un mundo político sexista. Que sean acosados ​​con impunidad en las calles y en el trabajo. Que sean víctimas de violencia dentro y fuera del hogar. También estamos refundando el Ministerio de la Mujer para demoler este castillo centenario de desigualdad y prejuicio.

No habrá verdadera justicia en un país donde se agravia a un solo ser humano. Corresponderá al Ministerio de Derechos Humanos velar y actuar para que se respeten los derechos de cada ciudadano, en el acceso a los servicios públicos y privados, en la protección contra prejuicios o ante la autoridad pública. La ciudadanía es el otro nombre de la democracia.

El Ministerio de Justicia y Seguridad Pública actuará para armonizar los Poderes y entidades federativas a fin de promover la paz donde sea más urgente: en las comunidades pobres, en el seno de las familias vulnerables al crimen organizado, las milicias y la violencia, venga de donde venga.

Estamos revocando los decretos penales para ampliar el acceso a armas y municiones, que causaron tanta inseguridad y tanto daño a las familias brasileñas. Brasil no quiere más armas; quiere paz y seguridad para su pueblo.

Bajo la protección de Dios, inauguro este mandato reafirmando que en Brasil la fe puede estar presente en todas las viviendas, en los diferentes templos, iglesias y cultos. En este país todos podrán ejercer libremente su religiosidad.

SEÑORAS Y SEÑORES,

El período que acaba de terminar estuvo marcado por una de las mayores tragedias de la historia: la pandemia del Covid-19. En ningún otro país el número de víctimas mortales ha sido tan elevado en proporción a la población como en Brasil, uno de los países mejor preparados para enfrentar emergencias sanitarias, gracias a la competencia de nuestro Sistema Único de Salud.

Esta paradoja solo puede explicarse por la actitud criminal de un gobierno negacionista, oscurantista e insensible a la vida. Las responsabilidades de este genocidio deben ser investigadas y no deben quedar impunes.

Nos corresponde, en este momento, solidarizarnos con los familiares, padres, huérfanos, hermanos y hermanas de las casi 700 mil víctimas de la pandemia.

El SUS es probablemente la más democrática de las instituciones creadas por la Constitución de 1988. Por eso seguramente ha sido la más perseguida desde entonces, y también la más perjudicada por una estupidez llamada Techo de Gastos, que tendremos que revocar .

Vamos a recomponer los presupuestos de Salud para garantizar la asistencia básica, la Farmacia Popular, promover el acceso a la medicina especializada. Vamos a recomponer los presupuestos de Educación, invertir en más universidades, en educación técnica, en acceso universal a internet, en la ampliación de guarderías y en educación pública de tiempo completo. Esta es la inversión que verdaderamente conducirá al desarrollo del país.

El modelo que proponemos, aprobado en urnas, sí exige un compromiso de responsabilidad, credibilidad y previsibilidad; y no nos daremos por vencidos en eso. Fue con realismo presupuestario, fiscal y monetario, buscando la estabilidad, controlando la inflación y respetando los contratos que gobernamos este país.

No podemos hacer otra cosa. Tendremos que hacerlo mejor.

SEÑORAS Y SEÑORES,

Los ojos del mundo estaban puestos en Brasil en estas elecciones. El mundo espera que Brasil vuelva a ser líder en el enfrentamiento de la crisis climática y ejemplo de país social y ambientalmente responsable, capaz de promover el crecimiento económico con distribución del ingreso, combatiendo el hambre y la pobreza, dentro del proceso democrático.

Nuestro protagonismo se materializará a través de la reanudación de la integración sudamericana, desde el Mercosur, la revitalización de la Unasur y otras instancias de articulación soberana en la región. Sobre esta base podremos reconstruir el diálogo orgulloso y activo con los Estados Unidos, la Comunidad Europea, China, los países del Este y otros actores globales; fortalecer los BRICS, la cooperación con los países africanos y romper el aislamiento al que estaba relegado el país.

Brasil tiene que ser dueño de sí mismo, dueño de su destino. Tiene que volver a ser un país soberano. Somos responsables de la mayor parte de la Amazonía y de vastos biomas, grandes acuíferos, yacimientos minerales, petróleo y fuentes de energía limpia. Con soberanía y responsabilidad seremos respetados para compartir esta grandeza con la humanidad, en solidaridad, nunca con subordinación.

La relevancia de las elecciones en Brasil se refiere, finalmente, a las amenazas que viene enfrentando el modelo democrático. En todo el planeta se articula una ola de extremismo autoritario que difunde el odio y la mentira a través de medios tecnológicos que no están sujetos a controles transparentes.

Defendemos la plena libertad de expresión, conscientes de que es urgente crear instancias democráticas de acceso a la información fidedigna y de rendición de cuentas por los medios por los cuales se inocula el veneno del odio y la mentira. Este es un desafío civilizatorio, al igual que la superación de las guerras, la crisis climática, el hambre y la desigualdad en el planeta.

Reafirmo, para Brasil y para el mundo, la convicción de que la Política, en su más alto sentido – ya pesar de todas sus limitaciones – es el mejor camino para el diálogo entre intereses divergentes, para la construcción pacífica de consensos. Negar la política, devaluarla y criminalizarla es el camino de las tiranías.

Mi misión más importante, a partir de hoy, será honrar la confianza recibida y responder a las esperanzas de un pueblo que sufre, que nunca perdió la fe en el futuro ni en su capacidad para superar los desafíos. Con la fuerza del pueblo y las bendiciones de Dios tendremos queu reconstruir este país.

¡Viva la democracia!

¡Viva el pueblo brasileño!

https://gabinetedatransicao.com.br/noticias/discurso-do-presidente-lula-no-congresso-nacional/

Compartido con SURCOS por Oscar Jara Holliday.

UCR, Voz experta: Las elecciones en Brasil y la presencia electoral de los grupos evangélicos

M. Sc. Alberto Rojas Rojas, Académico de la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión de la Universidad Nacional

El triunfo de Luis Inácio Lula da Silva en el gigante sudamericano contó con la ayuda de amplios sectores empobrecidos, tradicionalmente asociados al conservadurismo del presidente en ejercicio, Jair Bolsonaro.

El pasado 30 de octubre, el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, Luis Inácio Lula da Silva, superó su propia marca de votos recibidos anteriormente y se convirtió en el presidente más votado en la historia del país. El petista fue electo por tercera vez presidente de Brasil con 60 345 999 votos (50,99 % de los sufragios válidos), contra Jair Bolsonaro, quien obtuvo 58 205 354 votos (49,1 % de los votos válidos), según datos del Tribunal Superior Electoral de Brasil (TSE).

Estas elecciones del 2022 no tienen precedentes en la historia brasileña, no solo por la mínima diferencia de votos entre los dos candidatos, sino porque fue considerada por los analistas políticos como una disputa entre dos formas antagónicas de concebir la sociedad, la democracia y el Estado brasileño. Los resultados satisfactorios para Lula no esconden una división política y social en el país sudamericano, ni tampoco que el nuevo presidente heredará un país dividido y con una parte significativa de su población armada, ya que hubo un aumento del porte de armas durante el gobierno de Bolsonaro.

Algunas preguntas que surgen ante este peculiar escenario político tienen un matiz religioso. ¿Por qué Bolsonaro tiene la simpatía y la mayoría de los votos entre los evangélicos, aunque sea un promotor del armamento de la población y asuma discursos discriminatorios y actitudes violentas? ¿Cómo se explica la victoria de Lula, definida por los votos recibidos en la región Nordeste, la más pobre del país?

El voto y la moral

En Brasil los grupos evangélicos son diversos y heterogéneos, y sus inclinaciones políticas también lo son. Existen personas evangélicas en casi todo el espectro político de Brasil. Sus preferencias electorales pueden variar de una elección a otra y no se comportan “en masa” a partir de su identidad religiosa. Dicho esto, es importante hacer algunas acotaciones.

Más que un voto evangélico existe un voto moral conservador, que aglutina a un número significativo de personas votantes evangélicas, pero también católicas y de otras confesiones.

Ahora, cuando las lealtades cambian de una elección a otra, las simpatías, las antipatías, las creencias asentadas por la religión o la cultura, las emociones y lo que la persona juzgue como bueno o malo de una candidatura o una agrupación, juegan más que los programas y las propuestas. La moral y los valores se convirtieron en un área de lucha para ganar y asegurar votos. Quienes tienen el poder simbólico para influir en la moral, se convierten en piezas que se deben ganar como asociados. Así, los liderazgos religiosos son aliados fundamentales que hay que acercar y en esta perspectiva, sobre todo, los pastores evangélicos son los socios por excelencia, ya que representan y lideran a los grupos religiosos que más crecen y se expanden en Brasil. Además, los pastores tienen mayor influencia en las decisiones de su feligresía.

Esta tendencia coincide con el creciente interés de líderes evangélicos de participar en política electoral y llegar a influir en los gobiernos del Estado, en la legislación de los países y en la política pública, a partir de una doctrina neopentecostal de amplia difusión entre agrupaciones evangélicas que plantea que los líderes y los valores cristianos (con acuerdo a la interpretación neopentecostal) deben orientar a las naciones.

En este contexto, Bolsonaro logró acaparar el favor de un amplio e influyente sector de liderazgo evangélico. Lo mismo había logrado Lula en las dos elecciones anteriores en que ganó la presidencia. Este hecho contribuyó para que Bolsonaro recibiera a su favor un voto moral conservador de muchas personas electoras que provenían del mundo evangélico. Al respecto, es ilustrativo indicar que cuando se cruzan datos del censo del 2010 en Brasil con los votos obtenidos por municipio en la primera vuelta electoral en las recientes elecciones de octubre, Bolsonaro obtuvo más votos en los municipios de más presencia evangélica; mientras que en los municipios de mayor número de personas católicas, Lula fue el ganador.

Ahora bien, muchas personas evangélicas votaron por Lula, aunque no hayan todavía datos fuertes para cuantificarlo en su debida proporción.

Lo que sí es cierto, es que lo moral y lo religioso son aspectos que han tomado una significativa relevancia en las elecciones actuales en países de América Latina, en contextos donde se establecen alianzas entre sectores políticos conservadores de derecha y sectores conservadores religiosos, sobre todo, de extracción evangélica. Estas alianzas funcionan mientras haya en la agenda y la política pública temas y acciones que se asocian a la forma en que personas conciben el alcance de la moral y la religión.

Códigos religiosos al servicio de objetivos políticos

Existe una nueva derecha que ha aprendido a reproducir el “performance” adecuado para atraer las preferencias electorales de quienes, de por sí, son personas conservadoras en temas de frontera simbólica y que, además, tienen mucho que cobrar a los políticos y partidos que les han sumido en la pobreza, o bien, han puesto en peligro su estatus social. Así, se estructura y desarrolla una trama en donde líderes políticos son ungidos y abrazados por pastores y apóstoles que aseguran que esos nuevos liderazgos asumen en sus programas y acciones lo que Dios quiere para la nación.

A su vez, los líderes políticos, a voz en cuello en plazas públicas, medios y redes, pronuncian discursos transversalizados por mensajes religiosos y asumen las posiciones corporales, los tonos de voz y la gestualidad necesaria para traspasar y ser aceptados por los códigos religiosos de su audiencia evangélica. En Brasil el lema de campaña de Bolsonaro fue “Dios sobre todo, Brasil sobre toda la gente” y el lema fue acompañado de abundantes oraciones, participación en rituales y plegarías difundidas a través de sus redes sociales y las de sus hijos.

Sin embargo, no todos los conservadores morales son de derecha, no todos los evangélicos son conservadores, no todos los evangélicos son pobres ni todos los pobres son evangélicos ni en todo tipo de elección y región se juegan temas con un marcado carácter moral. Lo religioso conservador tiene sus límites y sus alianzas políticas con la derecha también. Cuando en una campaña los temas de agenda pública y política no tienen un marcado énfasis moral, los religiosos políticos y sus alianzas pierden la plataforma que los sostiene.

Esta situación fue clara en el Noreste brasileño. Los programas sociales de los gobiernos anteriores de Lula todavía siguen en la memoria y en las conquistas alcanzadas por la gente del Nordeste. Sobre todo, en esta región, la grave crisis económica que vive Brasil, el alto desempleo, el hambre y las muertes durante pandemia agrandadas por la ineficiencia del gobierno bolsonarista, fueron decisivas para que Luis Inácio Lula da Silva venciera las elecciones en esta región y por medio de esta, en Brasil. También hay que decirlo, en el nordeste, los evangélicos conservadores no son tan significativos como en otras regiones.

 

M. Sc. Alberto Rojas Rojas
Académico de la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión de la Universidad Nacional

Dra. Cecilia Leme Garcez
Académica de la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión de la Universidad Nacional

Brasil progesista

Foto: Luis Britto.

Luis Britto García

1

El mapa de Nuestra América se  colorea de progresismos. Cuba, desde siempre, pero también México en América del Norte, Honduras y Nicaragua en Centroamérica; en América del Sur,  Venezuela, Argentina, Perú, Chile, Colombia, y ahora el colosal Brasil, el país más extenso y poblado de la región, séptima  economía del mundo, animador del Mercosur y afiliado al BRICS. Son triunfos difíciles, con fortalezas y debilidades. Concentrémonos en las de Brasil.

2

Se acostumbra llamar progresismo a cualquier acomodo de la superestructura que disienta de la incondicional adhesión al ilimitado sacrificio de las clases trabajadoras y los recursos naturales al capital transnacional.  Su aparición o desaparición sigue una mecánica precisa. Los países ingresados al redil del progresismo huyen de experiencias neoliberales que los llevaron al borde de la ruina. Los neoliberalismos cavan su tumba política siguiendo sus propios axiomas; los progresismos preparan la suya cuando abandonan sus banderas para compartir o seguir las neoliberales.

3

Impreciso o aproximativo será todo lo que se diga desde lejos sobre  sobre Brasil, ese universo de casi nueve millones de kilómetros cuadrados y 215 millones de habitantes. Intentemos fundarlo en testimonios creíbles. Cuando el Partido de los Trabajadores llega al poder en 2002, enfrenta Lula un compacto bloque de intereses privados nacionales y multinacionales que le vetan reformas profundas. Opta por el asistencialismo, por políticas indispensables como la distribución de alimentos subsidiados Fome Zero (Cero Hambre), oportunidades de educación universitaria para los pobres y grandes construcciones de vivienda popular (Minha Casa, Minha Vita). Pero a pesar del decisivo apoyo del Movimiento de los Sin Tierra, no realizó una Reforma Agraria que aniquilara o moderara la extrema concentración de la propiedad latifundista en un país cuyas principales exportaciones son agrícolas. Tampoco evitó la privatización de 45% de las acciones de Petrobras en la Bolsa de Nueva York, ni impidió que fueran privatizadas por el agronegocio porciones crecientes de las tierras e incluso de las aguas de la Amazonia. Como testimonia Theotonio dos Santos, siguiendo las recetas neoliberales “anti inflacionarias” de su Banco Central, “Lula continuó la política de altas tasas de interés manteniendo la emisión de títulos de la deuda federal para pagar intereses de la deuda que fue construida sobre la nada con el único propósito de transferir recursos a una minoría que vive de estos intereses inexplicables (…) con lo cual el pueblo brasileño dejaba transferir cerca del 50% del ´gasto público´ a este sector reducido de la población”

(http://www.alainet.org/pt/articulo/172474). Era la misma política del Carlos Andrés Pérez, que en 1990 pagaba intereses anuales del 100% a los capitales ociosos que invertían en Bonos Cero Cupón.
4

Así, dejó el Presidente Obrero que su imagen se asociara a grandes empresas como Odrebrecht; no actuó con el necesario rigor contra los latrocinios de éstas,  y aunque jamás se  probó que hubiera incurrido en manejos ilícitos, parte del pueblo llegó a creer que existía una generalizada corrupción, y no reaccionó de manera contundente ante el amañado proceso que intentó inhabilitar a Lula  políticamente. Como resume Silvio Schachter, “El maridaje histórico de los empresarios con la política y los políticos, se materializa en los conocidos y crónicos casos de corrupción propios del sistema, pero para el PT  formó parte de una estrategia premeditada. En Brasil, la conciliación y alianza con los grupos económicos hegemónicos fue la fórmula mágica del PT para avanzar en el proyecto neo-desarrollista, conciliar el capital y el trabajo, al mismo tiempo que se garantizaba la gobernabilidad sin afectar las causas de la desigualdad, los privilegios de la élite, ni modificar ninguno de los pilares sobre los que se estructuran las relaciones sociales  de dominación” (“Bolsonario, la dictacracia y el suicidio populista” https://herramienta.com.ar/articulo.php?id=2932).

5

A pesar de la crisis capitalista de 2008 y la baja del precio de las exportaciones,  el inmediato gobierno del PT presidido por Dilma Roussef presentó crecimientos del PIB superiores al 7% anual, acumuló superávits fiscales, redujo el desempleo y para 2012 mostró índices de aprobación popular de más del 60%. En general, los gobiernos del PT aumentaron en 54% el salario mínimo, disminuyeron el índice de GINI de  desigualdad a 0,522,  redujeron el desempleo a 4,5% y sacaron a unos 50 millones de la pobreza. Sin embargo, postergó  Dilma las iniciativas contra el latifundio y las oligarquías económicas, y cayó asimismo en la trampa neoliberal recesiva de las altas tasas de interés para contener una inflación que para el momento era sumamente moderada. Como añade Theotonio dos Santos: “Nadie imaginaba que, en lugar de continuar con la política aprobada por la abrumadora mayoría de la población, el segundo gobierno de nuestra compañera de muchas luchas adoptaría la política económica de la oposición brasileña”. Y, según añade Schachter: “En ese camino el PT decide abandonar su prédica socialista, los proyectos de transformación social radicales, moderar su discurso y ser un partido de la conciliación, del pacto social que garantizaría el orden institucional frente a un momento en que la desigualdad social amenazaba con quebrarlo”.

Foto: Luis Britto.

6

Igualmente grave,  los dos gobiernos del PT habrían sido capturados progresivamente por “o mecanismo”, vale decir, por la práctica brasileña de la corrupción. Como señala Esteban Valenti  “En estos 13 años “O mecanismo” fue ganando partes enteras del PT, comenzando por con el Mensalao y de allí en adelante. Nadie puede creer y defender con seriedad que estando 13 años en el gobierno, el PT no sabía de esos esquemas, no conocía que los 13 mayores contratistas del país hacían ganancias exorbitantes con los sobreprecios de las obras públicas (Petrobras, Juegos Olímpicos, Mundial de Fútbol y todas las enormes obras de infraestructura). Que alguien se atreva a negarlo con un mínimo de seriedad” (Other News, 16/4/2018). Estratégicas “revelaciones” de escándalos como el de Odebrecht o Lava Jato arrojaron dudas sobre el PT y sus dirigencias. Fuera o no cierta esta percepción, abrió  el camino para que  se procesara a Lula para evitar su reelección,  y que  en 2016 Dilma Roussef fuera depuesta por un  golpe de Estado judicial activado por su vicepresidente Temer, su oportunista “aliado” de la centroderecha, sin que una decisiva protesta social trabara el ascenso al poder de éste ni su aplicación del resto del paquete neoliberal.

7

En tal situación, cualquiera que pregonara principios éticos invocando los valores más tradicionales –religión, propiedad, familia, patriarcalismo, autoritarismo- podía convocar una especie de voto protesta. Así fue electo presidente el oscuro ex capitán  neopentecotalista Bolsonaro en un país donde el 64,6% de la población es católica, y protestante sólo 22,2%.  Pero es una minoría retrógrada que aplica los más modernos instrumentos del “marketing” ideológico con 20 televisoras, 40 radioemisoras, editoriales, disqueras y estrategias de boots, big data, fake news, empleo saturativo de redes sociales como whatsapp, adiestra grupos paramilitares como los “Gladiadores del Altar” y copió del PT los programas de distribución de alimentos subsidiados. Este mensaje alcanzó a casi la mitad del electorado. Advertencia para todos los países expuestos a la nociva mezcla de política y religión.  

8

A Lula corresponde responder con un nuevo mensaje, humanista, igualitario, socialista, pero sobre todo con actos que correspondan a él.  Progresismo que se duerme se lo lleva la corriente.

Foto: Luis Britto.

 

Texto y fotos: Luis Britto

Compartido con SURCOS por Roberto Salom Echeverría.

Fuente: http://luisbrittogarcia.blogspot.com/2022/11/brasil-progresista.html