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Etiqueta: democracia

Defender la democracia: un llamado urgente

Tatiana Herrera Ávila
Mesa Coordinadora Encuentro Democrático

El escenario electoral que enfrentamos hoy como sociedad civil, como república democrática, es complejo y nublado. La pregunta es inevitable: ¿cómo llegamos aquí? Cada uno de nosotros debería hacérsela, porque todos tenemos responsabilidad en este posible entierro… que aún estamos a tiempo de evitar.

Las nubes que oscurecen nuestro cielo no son sólo las del cambio climático. Son también las de una tormenta política que ha enfermado a tantos países de América Latina: la tentación de la dictadura. Sorprende que, conociendo las atrocidades de los diferentes sistemas totalitarios (de izquierda y de derecha y de todos los colores), todavía haya quienes la consideren una opción legítima.

La apuesta del oficialismo se sostiene sobre una figura de tono mesiánico, respaldada por sectores que buscan perpetuarse en el poder, debilitar la Constitución, eliminar controles democráticos y avanzar hacia un modelo de gobierno sin contrapesos. Se promete seguridad fácil, se invoca el orden, pero lo que se pone en juego son nuestras garantías individuales y sociales, ya dicho y promulgado por ellos mismos.

Costa Rica ha atravesado encrucijadas históricas antes. Así nació nuestra Segunda República: de un conflicto doloroso, pero también de un pacto democrático que nos hizo transitar una vía distinta a nivel regional. Ese Estado social, democrático y republicano no fue un accidente: fue una conquista.

Y hoy estamos peligrosamente a punto de perderla. Ante el desencanto, la corrupción, el costo de la vida, el miedo, el abstencionismo, el avance del narco y la fatiga colectiva, este domingo 1° de febrero de 2026 se nos convoca a las urnas. Votar no es un trámite: es un privilegio, un derecho y un deber histórico.

No da lo mismo. No son todos iguales. Sí hay por quién votar. El voto es hoy una forma de impedir que el país derive hacia un autoritarismo sin frenos. Es defender la institucionalidad democrática, nuestras garantías sociales y la posibilidad misma de un futuro común. Y también importa la Asamblea Legislativa: toda democracia necesita contrapesos, vigilancia y dignidad política.

El panorama en efecto aparece hoy más opaco, más nublado, más oscuro. Y conviene decirlo con claridad: este domingo no vamos a definir el fin del patriarcado ni transformar el modo de producción. Pero sí está en juego algo más inmediato y decisivo: la supervivencia estratégica de la democracia.

Lo que se disputa es la continuidad de nuestras libertades, de nuestras garantías sociales e individuales, del Estado social de derecho y de conquistas históricas que, sin ser un sistema perfecto, son invaluables: vivir en paz, en libertad, en una sociedad donde todavía es posible pensar, disentir y trabajar por mejorarnos. Mantener eso es conservar el terreno para poder enfrentar los retos del futuro.

Y, quizá, también convenga decirlo: esta primera ronda puede tener un sentido estratégico. Impedir que el continuismo autoritario se imponga sin contrapesos e irremediablemente, y más bien, abrir la posibilidad de una segunda vuelta donde el país pueda deliberar con más claridad, respirar con más tiempo y rechazar el chantaje del miedo como destino inevitable.

Porque si esa segunda vuelta llega, deberá ser el momento de tender puentes. De reunir, sin ingenuidad, pero con responsabilidad histórica, a las diversas “comunidades de base” de creyentes comprometidos, a las fuerzas patrióticas, socialdemócratas, progresistas, populares, en fin, a las fuerzas vivas del país que todavía creen en la convivencia republicana, en la justicia social y en la paz institucional. No se trata de pureza ideológica: se trata de defender el suelo común.

Porque la democracia inicia en las urnas, y luego se cuida y se construye todos los días. ¡Antes patria, que partido!

¿Por quién votar el próximo domingo?

Vladimir de la Cruz

El próximo domingo iremos todos los costarricenses a una gran fiesta nacional, que tiene las características de una fiesta electoral. Así se le conoce, y así se le dice porque durante todas las semanas que dura el proceso electoral, desde que se convoca hasta que se acaba con el resultado electoral final, la población en general se adhiere, se incorpora, se identifica, se compromete, toma decisión con alguna de las propuestas que existen para escoger partido, candidato a presidente y candidatos a diputados.

Aunque haya abstencionistas en todos los procesos electorales las elecciones tienen ese carácter festivo. Hasta 1998 el promedio del abstencionismo fue del 18%. A partir de allí empezó a subir hasta las del 2018 con un promedio del 32%. La últimas alcanzaron el 40%.

Hace algunos años la elección incluía, de una sola vez, a los candidatos municipales o cantonales, lo cual hacía de la actividad electoral un acto más de masas, donde ese compromiso se hacía vibrar con más fuerza desde los distritos, pasando por los cantones y expresándose en las provincias, todo girando alrededor de un partido y su candidato presidencial.

Se separó la elección de presidente y de diputados para darle mayor fuerza a las poblaciones y ciudadanos de los distritos y de los cantones, que eligen sus gobiernos distritales y cantonales, para fortalecer en cierta forma a esos ciudadanos con sus propios cantones.

Hasta 1998 existieron como funcionarios políticos, nombrados por los presidentes, los Gobernadores provinciales, que poco a poco fueron perdiendo funciones, quienes no eran elegidos popularmente.

Las elecciones en Costa Rica existen desde antes de la Independencia. Fueron evolucionando, mejorándose y perfeccionándose en el transcurso del tiempo, modelando en su resultado, por la conformación de los gobiernos, el Congreso o la Asamblea Legislativa y los gobiernos cantonales, el sistema político y la democracia viva que hoy tenemos, cuyo sombrero y escudo protector son la evolución y fortalecimiento, durante todos estos años, poco más de 200, de las columnas vertebrales de este sistema político que gozamos, los órganos de poder del Estado de Derecho, los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral, junto con el conjunto de Libertades y Derechos que se fueron consagrando en las 14 Constituciones Políticas que hemos tenido.

A finales del siglo XIX aparecieron los partidos políticos como las organizaciones por medio de las cuales, y solo a través de ellas, se puede aspirar a puestos de elección popular.

Las reformas electorales importantes que tuvo este proceso electoral se dieron de hecho bajo el manto de la llamada República, cuando en 1913 se estableció el voto directo, y cuando se impulsó la foto en los documentos cedulares existentes.

Igualmente, cuando en 1924 cuando se estableció el voto secreto, permitiendo el voto de conciencia del ciudadano, protegido de la presión que públicamente podía tener de sus patronos o empleadores, o de aquellas personas que podían de una u otra manera ejercer presión para lograr su voto. Así mismo, cuando en 1935 se estableció la norma de que el resultado electoral se definiera a favor de quien obtuviera el 40% de los votos válidamente emitidos.

Con la Segunda República, a partir de 1948, se produjeron las últimas reformas que fortalecieron el proceso electoral y la llamada democracia electoral.

Así se estableció en la vigente Constitución Política de 1949 el reconocimiento de voto de la mujer, ampliándose el universo electoral a los mayores de edad, haciendo que prácticamente dos terceras partes de la población tomaran la decisión de la escogencia de las autoridades supremas de los órganos de gobierno de Costa Rica.

Del mismo modo, en 1973 se tomó la decisión de fortalecer la democracia electoral dándole mayor poder de decisión a la Juventud, cuando se estableció el derecho al sufragio a los mayores de 18 años.

Desde 1951 votaron las mujeres y, desde 1953, empezaron a ser electas en la Asamblea Legislativa, llegando a presidir este Poder de Estado en 1986, con Rose Marie Karpinski de Murillo, posibilitando la elección de la primera mujer Presidenta, Laura Chinchilla Miranda, en el 2010.

En esta etapa republicana en cada proceso electoral fueron participando cada vez más mujeres, lo que se fortaleció electoralmente obligando a los partidos políticos a proponer una representación igualitaria en sus candidaturas.

Más se preocupan hoy los partidos por la representación de las mujeres que por la de los jóvenes, que pueden ser electos a diputados a los 21 años, que constituyen una parte importante del padrón electoral.

En el caso de las mujeres han constituido generalmente una mayoría electoral sobre los hombres, así como los adultos mayores van, poco a poco, obteniendo una franja significativa cada vez más alta, del padrón electoral.

El proceso electoral estableció históricamente restricciones a partidos religiosos católicos y a los comunistas o de izquierda. Así, por ejemplo, a finales del siglo XIX se prohibió el Partido Unión Católica y se estableció la prohibición de usar propaganda y sentimientos religiosos con fines electorales. En 1929 se restringió la participación del Partido Comunista, aún sin haberse fundado, lo que obligó a este partido, surgido en 1931, a participar en las elecciones desde 1934 hasta 1942 con el nombre de Bloque de Obreros y Campesinos. En 1943 cambió de nombre por el de Vanguardia Popular, como actualmente lo mantiene, sin participar en los últimos procesos electorales.

Los triunfadores de la guerra civil de 1948 pusieron fuera de la ley, por el Decreto No. 105 de la Junta de Gobierno de la Segunda República, y por la aplicación del segundo párrafo del Art. 98 de la Constitución Política, al Partido Comunista, Vanguardia Popular, o cualquier nominación que tuviera, situación que duró hasta 1975 cuando se derogó la restricción constitucional fortaleciendo, a partir de ese año, la participación ciudadana en los siguientes procesos electorales, y de esa manera se fortaleció la democracia política nacional. Víctima de esta prohibición fue casi una decena de partidos.

Otra reforma que contribuyó a fortalecer el régimen democrático y electoral fue la de establecer el Referéndum y el Plebiscito como consultas nacionales, dando mayor participación directa a los ciudadanos.

Por un Recurso de Amparo que interpuse en la elección de 1998 se estableció, por la Sala Constitucional, la obligatoriedad de invitar y tomar en cuenta, para los debates de candidatos presidenciales, a todos, condición obligada en debates organizados en instituciones públicas o financiadas por el Estado. Luego se permitió que los debates organizados por sectores privados podían hacerse solo con los que los organizadores invitaran.

Fundamental reforma en este proceso democrático nacional fue la abolición del Ejercito Nacional desde 1948, proceso que se había iniciado desde 1946-1947.

Yo nací en 1946. En la práctica soy hijo de las reformas sociales logradas por la alianza calderocomunista de los años 1943-1948 y de las reformas institucionales, de carácter revolucionario y reformistas, que transformaron y sentaron las bases de la actual Costa Rica, impulsadas desde la Junta Fundadora de la Segunda República.

Nací en un hogar comunista, que la guerra civil fragmentó. Mi padre tuvo que salir para Venezuela por la represión que se dio. Mi madre no pudo seguirlo porque enfermé gravemente. Terminaron en divorcio. Mi padre se volvió a casar en Venezuela y me dio seis hermanos.

Mi madre se mantuvo en su militancia política hasta avanzada su edad, lo que me permitió conocer de cerca a la dirigencia comunista desde niño. Joven me vinculé a la Sociedad de Amigos de la Revolución Cubana, desde que se fundó, 1959-1960, al Partido Vanguardia Popular, del que fuí dirigente juvenil y estudiantil universitario, luego al Partido Socialista Costarricense y finalmente a Fuerza Democrática, 1996-2006.

El partido Vanguardia Popular durante la clandestinidad, 1948-1970 no convocó a la lucha armada para recuperar su legalidad. Hizo todos los esfuerzos políticos posibles por recuperar su derecho político de existencia y de participar en elecciones. Aprendimos quienes nos vinculamos y militamos en Vanguardia Popular a luchar por recuperar esa legalidad, aunque el Partido preparara a sus miembros para luchas más avanzadas. Prueba de ello fue la extraordinaria y heroica participación de la Brigada militar internacionalista en la lucha contra la dictadura de Somoza, en la que participaron militantes de los otros partidos de izquierda que ya existían, y que preparaban a sus militantes para posibles luchas armadas, que habían cobrado importancia en América Latina y en Centroamérica al calor de la Revolución Cubana.

Como niño me vinculé a las elecciones, acompañando a mi madre y mis familiares a votar por Fernando Castro Cervantes, en 1953 contra José Figueres. La fuerza opositora era lo que quedaba de la represión política contra los calderocomunistas del período anterior a 1948. En las elecciones de 1958 participé, como niño de 11 años apoyando la candidatura de Mario Echandi Jiménez, bajo la consigna de la “oposición triunfará”, que llevaba en un cartel amarrado a mi bicicleta. Los 21 años, edad para votar entonces los cumplí en 1967, de manera que mi primer voto fue en 1970, por el Partido Acción Socialista, por Lisímaco Leiva Cubillo para presidente, y por Manuel Mora y Marcial Aguiluz para diputados, que fueron electos.

En la década del 60 aparecieron otras fuerzas políticas de izquierda, el Partido Socialista Costarricense y el Movimiento Revolucionario del Pueblo, que luego evolucionaron en las elecciones de 1978 en la Coalición Pueblo Unido. También de izquierda participaron la Organización Socialista de los Trabajadores y el Frente Popular.

La izquierda marxista leninista se fracturó a mediados de la década de 1980 y con la desintegración del sistema mundial socialista, en 1991, prácticamente colapsó.

Surgieron otras manifestaciones políticas de izquierda como fueron en 1990 el Partido Revolucionario de los Trabajadores en Lucha y el Partido del Progreso. Desde 1994 hasta el 2006 participó el partido Fuerza Democrática.

Desde entonces, evolucionó la izquierda política, con altos y bajos electorales, eligiendo diputados desde 1970 hasta 1998. En el 2002 la izquierda no eligió y de nuevo con el Frente Amplio empezó a elegir diputados a partir del 2006.

En el 2006 también surgió la Coalición Cambio 2000, cuando aparece también electoralmente el Partido Acción Ciudadana. En la elección del 2002 y 2006 también participaron los partidos Rescate Nacional y la Coalición Izquierda Unida. En la elección del 2014 participó el Partido de los Trabajadores. En la elección del 2018 lo hizo el partido de los Trabajadores. En la elección del 2022 participaron Pueblo Unido y el Partido de los Trabajadores. En el actual proceso electoral, 2026, participa el Partido de la Clase Trabajadora.

A nivel de candidaturas a diputados en todos estos procesos electorales ha habido esfuerzos partidarios de izquierda localizados en distintas provincias, con partidos provinciales.

No he pertenecido como militante a ningún otro partido político, pero no he dejado de votar en los procesos electorales.

A partir del 2010 he votado razonando mi voto por lo que he creído es mejor, en cada proceso electoral para dirigir el país. Pude haberme equivocado o no. Esa fue mi responsabilidad.

En las elecciones del 2022 no voté por Rodrigo Chaves. Desde entonces lo consideré un peligro para la democracia nacional y para el desarrollo institucional del país.

En la actual coyuntura política y electoral considero que es un deber y una obligación moral o ética votar.

Los que nos formamos y participamos en la izquierda, que entendemos la evolución social, como grandes etapas históricas de desarrollo, que no acudimos históricamente en Costa Rica a una lucha armada para obtener el poder político, y que históricamente nos formamos en la posibilidad de la lucha pacífica y electoral para alcanzar ese poder, con más razón debemos contribuir para que electoralmente se pueda avanzar a desarrollar más democracia política, económica y social.

Quienes desde la izquierda han luchado por la representación política parlamentaria, para tener diputados de la izquierda, lo han hecho considerando al parlamento, a la Asamblea Legislativa, como una tribuna política de agitación política e ideológica, como una herramienta para la movilización social y como instrumento de organización partidaria y social. Esa es la esencia de la presencia parlamentaria revolucionaria: agitación política, movilización social y organización partidaria. Esa fue la experiencia política que enseñó Manuel Mora Valverde y su partido en el período 1934-1948.

Las dificultades históricas y coyunturales de la Guerra Fría hicieron que la presencia política de la izquierda se proyectara más en la lucha por la paz, el desarme, la coexistencia pacífica, la lucha anticolonial y antiimperialista, en las vías pacíficas de la Revolución.

El momento que vivimos de nuevo nos coloca en la lucha antiimperialista, anti neo colonial, antimilitarista, anti autoritarista y, de nuevo, antifascista.

La tribuna parlamentaria en este momento es un espacio que no debe despreciarse, ante la imposibilidad de alcanzar el poder o gobierno del Poder Ejecutivo. Hay que fortalecerla con diputados de izquierda y diputados demócratas, que permitan dar grandes batallas por la defensa del Estado de Derecho que tenemos, por la defensa del Estado Social de Derecho, por la defensa de las instituciones sociales avanzadas de la sociedad costarricense, por la defensa de los Derechos Sociales, Laborales y Políticos amenazados en Costa Rica por los grupos autoritarios, militaristas, inscritos en el nuevo proyecto político de dominación geopolítica imperialista que campea en el continente, manifestaciones que también tenemos en Costa Rica.

El próximo domingo tenemos las elecciones nacionales para elegir un nuevo presidente y una nueva composición legislativa. Es importante participar con nuestro voto para tratar de asegurar la mayor expresión electoral del progresismo social costarricense.

¿Qué oferta política y electoral tenemos? Separo a todos los candidatos en dos grupos.

En primer lugar, tenemos las fuerzas retrógradas que quieren darle continuidad al nefasto gobierno de Rodrigo Chaves Robles, continuidad a sus políticas antipopulares y anticostarricenses.

Los partidos políticos y los candidatos presidenciales que SE IDENTIFICAN con este proyecto antinacional, a mi manera de ver, y de apreciar por sus planteamientos, por los que no hay que votar, son los siguientes:

Pueblo Soberano, que postula a Laura Fernández Delgado

Nueva República, que postula a Fabricio Alvarado

Avanza, que postula a José Miguel Aguilar

Unidos Podemos, que postula a Natalia Díaz

Integración Nacional, que postula a Luis Amador

Alianza Costa Rica Primero, que postula a Douglas Caamaño

Aquí Costa Rica Manda, que postula a Ronny Castillo

Unión Costarricense Democrática, que postula a Boris Molina

Progreso Social Democrático que postula a Luz Mary Alpízar

Liberal Progresista, que postula a Eliécer Feinzig

Unidad Social Cristiana, que postula a Juan Carlos Hidalgo

Los partidos políticos y los candidatos presidenciales que NO se IDENTIFICAN con este proyecto antinacional, que tratan de preservar el desarrollo democrático nacional y el ejercicio pleno de libertades y derechos, a mi manera de ver, y de apreciar por sus planteamientos, por los que HAY QUE VOTAR, son los siguientes:

Frente Amplio que postula Ariel Robles Barrantes

Coalición Agenda Ciudadana, que postula a Claudia Dobles Camargo

Esperanza Nacional que postula a Claudio Alpízar Otoya,

De la Clase Trabajadora, que postula a David Hernández Brenes

Liberación Nacional, que postula a Alvaro Ramos

Justicia Social Costarricense, que postula a Walter Hernández Juárez

Nueva Generación, que postula a Fernando Zamora

Esperanza y Libertad, que postula a Marco Rodríguez Badilla

Sin embargo, ante la incertidumbre, por la información de encuestas, y los temores y ansiedades que ellas provocan, sintetizo de esta forma las posibilidades para escoger a quien darle el voto para presidente, al día de hoy. Yo escogería entre los siguientes candidatos:

Liberación Nacional, que postula a Álvaro Ramos

Coalición Agenda Ciudadana, que postula a Claudia Dobles Camargo

Frente Amplio que postula Ariel Robles Barrantes

Esperanza Nacional que postula a Claudio Alpízar Otoya,

Centro Democrático y Social que postula a Ana Virginia Calzada

Para diputados el pueblo costarricense ha sido sabio. Desde hace muchos procesos electorales divide el voto, dándole menos diputados al partido ganador. Es el principio de darle fuerza política al control parlamentario sobre el presidente. Así, desde las elecciones del 2010 ningún presidente ni su partido ha tenido más de 12 diputados de los 57 que integran la Asamblea Legislativa.

Los mencionados partidos oficialistas no deben ser votados para la Asamblea Legislativa, mucho menos el Partido Pueblo Soberano que tiene casi el 50% de sus candidatos a diputados acusados en trámites de investigación judicial. Lo que tiene no son candidatos a diputados sino IMPUTADOS como candidatos a diputados.

En este momento que varios partidos se identifican con el presidente Chaves, con continuar sus acciones antinacionales, es más importante que quienes por atracción sientan la necesidad de votar por su principal candidata, partan su voto, para fortalecer la Asamblea Legislativa en su control político parlamentario.

MI opción presidencial la definiré el sábado entre Liberación Nacional, que postula a Álvaro Ramos, la Coalición Agenda Ciudadana, que postula a Claudia Dobles Camargo y el Frente Amplio que postula Ariel Robles Barrantes.

Mi opción para diputado se la daré a Claudio Alpízar, amigo de muchos años, académico, persona preparada para desempeñarse bien en el puesto que se le elija, buena persona, correcta, honesta, clara políticamente para el momento que vivimos, que me parece podrá desempeñarse como un gran diputado, como los necesita el país hoy.

Compartido con SURCOS por el autor.

FECTSALUD alerta sobre el deterioro de pensiones y llama a defender la seguridad social con el voto

La organización plantea que la defensa de las pensiones y el sistema de seguridad social exige una participación activa en las urnas.

La Federación Costarricense de Trabajadores de la Salud (FECTSALUD) publicó un análisis titulado El asalto al futuro, en el que alerta sobre un deterioro acelerado del régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) y de las pensiones no contributivas bajo la actual administración de gobierno, y plantea la defensa de la seguridad social como un desafío central de cara a las próximas elecciones nacionales.

Según el diagnóstico, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), que por décadas ha sido un pilar de protección contra la miseria y la exclusión social, enfrenta un empleo de sus reservas con señales de desbalance estructural, profundizado por la falta de abono a la deuda estatal, lo que —en la lectura de FECTSALUD— “devora sus propias reservas para sobrevivir” y coloca a la seguridad social en una situación de vulnerabilidad inédita. El documento señala cifras acumuladas de endeudamiento que impactan directamente en la viabilidad futura de las pensiones y advierte sobre la congelación de pensiones no contributivas que constituyen la última red de apoyo para miles de personas que cotizaron y contribuyeron durante su vida laboral.

Frente a este panorama, FECTSALUD sostiene que defender la Caja Costarricense de Seguro Social equivale a defender la democracia y la dignidad de las mayorías. El comunicado presenta la elección venidera como un momento crucial para que la ciudadanía utilice el voto como herramienta de defensa de los derechos sociales y de la seguridad social. Desde esta perspectiva, el voto no es solo una expresión de preferencia política, sino un acto de resguardo de conquistas sociales históricas, como el acceso a pensiones y servicios de salud de carácter universal y solidario.

FECTSALUD también alerta sobre el riesgo de una narrativa que banaliza o deshumaniza las demandas de las personas pensionadas y de quienes dependen de la CCSS, recordando que detrás de los números hay vida, dignidad y bienestar. El documento hace un llamado a las personas a ejercer su derecho al voto con conciencia crítica, con la meta de proteger el futuro de las pensiones y la estabilidad del sistema de seguridad social para las generaciones actuales y futuras.

👉 Visite la página para ampliar el análisis y acceder al documento original:
https://el-asalto-al-futuro-9t51ka0.gamma.site/el-asalto-al-futuro

Hay momentos en que la unidad por Costa Rica está por encima de cualquier diferencia ideológica

Alberto Salom Echeverría
albertolsalom@gmail.com

Un llamado a los partidos políticos y a las fuerzas democráticas

Desde mi óptica particular, hoy más que en cualquier otro momento de la Segunda República (es decir, después de 1948 hasta esta parte), es urgente que, los partidos democráticos busquen la mayor unidad entre ellos; todos los líderes de los partidos políticos que reconozcan que nuestra institucionalidad democrática está en peligro de debilitarse o sufrir agrietamientos están convocados.

La democracia costarricense ha sido puesta en peligro, por el gobierno que encabeza Rodrigo Chaves y por el partido que nos gobierna, a cuya cabeza se encuentra la candidata Laura Fernández del Partido del Pueblo Soberano. La acusación no es para nada gratuita. Además, hoy la candidata del partido del Pueblo Soberano sigue la ruta de Chaves con férrea docilidad. Pondré ejemplos incuestionables.

¿Por qué Rodrigo Chaves (actual presidente) y Laura Fernández (candidata a la presidencia por el PPSO), amenazan las instituciones democráticas que ameritan la más amplia unidad de los partidos democráticos y progresistas?

Hay una larga lista de actitudes y medidas del gobierno actual, encabezado por Chaves como presidente y entre otros por Laura Fernández, por haber ejercido los ministerios de la presidencia y planificación, que han golpeado las bases de nuestras instituciones democráticas y la credibilidad de muchos conciudadanos en ellas.

Actitudes en contra de principios democráticos y de la cultura democrática de los costarricenses

Juzgo que, el mayor golpe del actual presidente contra nuestros valores, la cultura y los principios democráticos ha quedado patente en cada una de las conferencias de prensa de los miércoles, de las que se han servido él y muchos de sus ministros para agredir en forma verbal y frecuentemente, a los demás poderes del estado y sus miembros; menciono en particular a la Asamblea Legislativa, el Poder Judicial, el Tribunal Supremo de Elecciones, la Contraloría General de la República, la Procuraduría General como representante legal del estado y la Fiscalía General.

No me refiero al derecho que le asiste a cualquier ciudadano, incluido desde luego al presidente, de manifestar su crítica por dura que sea contra los demás poderes del estado, cuando hayan incurrido en alguna equivocación o error. No, la crítica contra cualquier poder del estado es parte inalienable de la democracia. Lo que quiero puntualizar es el vocabulario soez, burlesco, vulgar y procaz al que nos tiene acostumbrados Rodrigo Chaves y la mayoría de sus ministros acólitos; lenguaje que, toca el corazón de la ética democrática. Un presidente puede ser firme, pero no arbitrario, ni prepotente. La democracia no es equivalente al silencio ni menos a la sumisión. Pero quien asume la primera magistratura del estado, no habla a título personal, cada palabra o gesto suyo encarna el peso de la institución que representa. Chaves ridiculiza, apela al sarcasmo o al insulto y la ridiculización humillante, con lo cual pretende socavar la legitimidad de los demás poderes de la República, cada vez que lo hace.

En efecto, Chaves con su lenguaje chabacano y confrontativo, no ha hecho sino alimentar la lógica de “enemigo del pueblo”, fomenta la polarización social y debilita el principio del estado democrático de pesos y contrapesos, que es clave en el Estado de Derecho. El presidente Chaves y con él Laura Fernández en calidad de ministra, y ahora como candidata, no han hecho sino traspasar la barrera que diferencia la crítica sana, el respeto mutuo y el poder de la ley para ofrecer un mensaje peligroso que fomenta el conflicto, el “populismo comunicacional” y la cultura cívica. En suma, un presidente puede ser firme sin ser ofensivo, puede ser crítico sin ser vulgar, y finalmente ser directo sin ser burlón.

Insultos y descalificaciones a legisladores y miembros de otros poderes

En sus discursos ante la Asamblea Legislativa hemos encontrado frases como: “idiotas en el Congreso”, “Corruptos como Carlo Díaz” (fiscal general), o el “matonismo de Carlo Díaz” en forma despectiva; también ha dicho “el TSE está haciendo cosas inauditas” en tono de burla; en otro momento arremetió en forma despectiva para ante la contralora diciendo que “la Contralora está sentada en la galleta”, cuando lo que ha habido son diferencias y llamadas de atención frente al proceder del jefe del poder ejecutivo y ministros suyos; “Me importa un pepino” usó decir en otra ocasión frente a sus críticos.

En su tercer informe de labores afirmó que: “Es absurdo demandar respeto para los demás poderes de la República”, porque según Chaves “…están cosechando lo que sembraron”, o sea, los miembros de los demás poderes no merecen respeto.

En el uso de las redes sociales, Chaves ha admitido que le dio un “me gusta” a publicaciones con insultos tales como: “ratas asquerosas”, “buitres”, “payasos”, “retrasados mentales” en contra de opositores y contrapesos políticos. A veces no ha sido quien escribió los insultos de su propia mano, pero al darles un “me gusta” ha contribuido al tono ofensivo que lo caracteriza para tratar a aquellos que lo adversan y emplear el lenguaje propio de quien quiere normalizar la arenga politiquera y no el respeto desde la presidencia de la República. Algo ha ido aprendiendo Laura Fernández al respecto del lenguaje procaz y vulgar.

El lenguaje empleado para ante la Corte Suprema de Justicia es de antología, al argüir que “La Corte Suprema de Justicia es una vergüenza nacional”. Y, luego agregó que “ni la Corte, ni la fiscalía general buscan justicia”. Todo esto ocurrió a propósito de la petición del desafuero por parte de la Corte para el presidente Chaves.

Medidas o decretos rayanos en la inconstitucionalidad

La Sala Constitucional declaró inconstitucionalidades parciales contra decretos que buscaban por parte del presidente endurecer la política migratoria o de asilados. Ha sido una tradición de Costa Rica el ejercicio de la solidaridad contra asilados, sean asilados políticos o no. Algunas disposiciones de Chaves Robles se orientaron a “prohibir el libre tránsito” y la “libertad de movimiento”, los cuales están reconocidos en nuestra Constitución y en tratados internacionales como La Convención Americana de Derechos Humanos”. Por eso, la Sala Constitucional hubo de enmendarle la plana a decretos de la presidencia de la República. Pero el Estado debió ser sancionado, porque al aplicarlos ocasionó daños y perjuicios contra personas individuales. El Estado fue entonces condenado a pagar daños y perjuicios ante la aplicación de dichas normas. Para mayor abundamiento diré que para aplicar restricciones fundamentales a la libertad de movimiento o al derecho de asilo es requisito que la Asamblea Legislativa apruebe una ley expresa. Pero, aclaro que, tal requisito, el poder ejecutivo dirigido por Chaves se lo saltó.

Por otor lado, el gobierno derogó por decreto la declaratoria de interés cultural de la Marcha del Orgullo y la Diversidad (2024). La Sala consideró que la acción del ejecutivo había sido abrupta, arbitraria y sin fundamento legal ni técnico. Tal derogatoria resultaba a todas luces discriminatoria contra un grupo de personas históricamente discriminado.

Me interesa de manera particular, poner en claro cómo fue que el actual gobierno se separó del acuerdo de Escazú, un tratado internacional, cuya aprobación se produjo en Escazú, Costa Rica. Al respecto desde la perspectiva del Derecho Internacional, encontramos que: Cuando un Estado firma un tratado y luego decide no ratificarlo o entorpece su implementación, puede estar incumpliendo la obligación de buena fe internacional bajo la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, que exige que las partes actúen de forma coherente con los compromisos internacionales que han asumido (incluso en procesos de ratificación). Esto puede generar responsabilidad internacional aunque no tenga efecto inmediato en el derecho interno costarricense mientras el tratado no esté ratificado. – Costa Rica fue sede y uno de los países impulsores de Escazú. El hecho de que hoy no lo ratifique -y que el Ejecutivo comparta esa posición- ha sido interpretado por expertos y por organismos internacionales como un retroceso en materia de transparencia ambiental, acceso a la justicia y participación ciudadana, pilares del tratado. (El Observador. El texto resaltado es del original).

Hay mucho más, pero por ahora espero que lo señalado sea suficiente para probar el autoritarismo, la arbitrariedad y el espíritu anti democrático conforme al cual ha actuado tanto el Presidente Chaves como la candidata Laura Fernández.

Unidad por una Costa Rica que continúe fortaleciendo la institucionalidad democrática

Señalo que fue mi hermano, el sociólogo Roberto Salom uno de los primeros que se pronunció antes de que los partidos políticos hubiesen consolidado sus candidaturas, en favor de trabajar por la consolidación de una alianza democrática y progresista. Los contactos que realizó no fructificaron. Excepción calificada fue la de los partidos Agenda democrática y Acción Ciudadana. Los cuales, por su propia iniciativa, ante el desinterés de los demás en forjar esta unidad amplia, hicieron lo propio creando la “Coalición Agenda Ciudadana” encabezada dignamente por la Arquitecta Claudia Dobles, cuya inteligencia, don de gentes y liderazgo le han permitido desenvolverse en esta campaña con gran éxito. Al poco tiempo se les sumó el “partido Republicano Calderonista”.

En esa misma dirección, diez partidos firmaron un pacto cuya iniciativa fue prohijada por instituciones de la UCR y organizaciones de Sociedad Civil; podría llamarse este pacto, “un acuerdo ético-político por Costa Rica”. Diez partidos políticos dijeron presente en el lanzamiento del “Acuerdo Nacional contra la Desinformación y el Odio” celebrado el 31 de octubre del 2025. El pacto fue firmado por diez organizaciones políticas que son: Aquí Costa Rica Manda, Coalición Agenda Ciudadana, Partido Alianza Costa Rica Primero, Partido Centro Democrático y Social, Partido Esperanza Nacional, Partido Frente Amplio, Partido Liberal Progresista, Partido Liberación Nacional, Partido Nueva Generación y Partido Progreso Social Democrático.

Todavía se pueden promover acuerdos puntuales como es una colaboración entre todos en el conteo de los votos, tanto cuando se cierren las urnas, como después en el conteo de los votos en el TSE que es muy cuidadoso. Se podría establecer un acuerdo de colaboración para movilizar electores de los otros partidos políticos. Y, desde luego, si hubiese segunda ronda un acuerdo para apoyar a aquel partido o coalición que vaya a participar en estas lides. Todo esto y más puede anticipar las condiciones para una agenda común parlamentaria, que no impida a cada partido mantener sus propios puntos, los cuales puede negociar con otros grupos parlamentarios.

Antivoto, conflicto social y salud mental

Por Vilma Leandro Zúñiga
Psicóloga

Como si no estuviéramos en tiempos difíciles ya de por sí, encima hay «eruditos» que salen a decir en qué estado de ánimo hay que ir a votar y con qué lógica: que la razón, que la esperanza, que la alegría, que la fiesta electoral, que el miedo, que no hay que votar en contra sino a favor… y un largo etcétera.

Las recomendaciones no tienen nada de malo, pero los juicios e imposiciones morales estilo «cátedra política» no nos lucen mucho en este escenario tan dramáticamente difícil y peligroso.

Que lo ideal sería ir «feliz de la vida» a votar por la opción decidida, pues sí. Pero hace mucho rato dejamos de estar ahí, y, como en otras elecciones lo he dicho, estamos «padeciendo» el voto.

En psicología sabemos que el conflicto es parte inherente a la naturaleza humana. Y que el primer paso para resolverlo es reconocerlo y tratar de descifrar adonde está el núcleo. También sabemos que se da en todas las esferas: a nivel interno, de pareja, familiar, laboral, comunitario y, por supuesto, social/nacional.

Podríamos decir que en este momento nuestro país está atravesando una alta conflictividad social. Si en el 2007, con el TLC y, en el 2018, con las elecciones de los Alvarados estuvimos “como agua para chocolate”, ahora, me temo, sí es cierto que el país se quebró, sobre todo, porque tenemos casi 4 años de estar vivenciando discursos y acciones en las altas esferas políticas que no solo promueven el odio, la división y el irrespeto, sino que además predican con el ejemplo. Y encima, esa ha sido su estrategia imparable de campaña. De manera que era imposible que no llegáramos a esta parte bastante fracturados.

Hay investigaciones de psicología social y política que indican que, en este tipo de escenarios, las personas suelen sentirse mal, con miedo, con mucho enojo, con tristeza, con cansancio emocional, con sobre pensamiento (tener ideas fijas a cada rato que se vienen a la mente) con angustia que deriva en crisis de ansiedad y todo su correlato con síntomas físicos: dolores de cabeza, insomnio, afectaciones estomacales, incluso con episodios de llanto, etc. En general, se puede generar un gran malestar que hace que la gente no ande bien y no pueda funcionar como siempre, ni en el plano emocional, ni en el del pensamiento.

Digo todo esto porque si se han sentido mal en estos días y, especialmente, cuanto más cerca están las elecciones, pues están reaccionando de la forma más natural y esperada, ya que, como ya dije antes, la situación que enfrentamos es tremendamente delicada.

Se trata de definir qué país queremos en una coyuntura donde tenemos la vida amenazada de muchas formas y como nunca antes: desde la violencia en las calles desatada por el narco, hasta las listas de espera interminables de la Caja ( si alguien se enferma grave sabe que le toca un largo viacrucis), pasando por las «geniales» propuestas recientes de suspender las garantías individuales, lo cual es absolutamente grave y ya colocarnos sin tapujos en el camino de cualquier dictadura promedio de la región.

Yo quiero decirles que si ustedes son de las personas que no desean el continuismo y están abrumados, con estado de ánimo cambiante (de tristeza a miedo, de miedo a esperanza, de esperanza a enojo, etc.) ni están «mal de la cabeza», ni tienen problemas psicológicos, ni nada por el estilo. Son ciudadanía responsable, con un alto compromiso cívico, que aman esta patria, conocen y valoran la historia del país sabiendo cuánto pesa en lo que hemos sido como nación.

También se vale el antivoto, es decir, ir a votar en contra de algo, en contra de un proyecto de país considerado como amenaza a lo deseado. Lo fundamental es ejercer ese sagrado derecho al sufragio. Sería lindísimo que todo el mundo fuera a votar a favor de una candidatura que siente que le representa, pero eso no siempre va a ocurrir. La gente hace sus valoraciones y hay que respetarlas. Todos los votos cuentan: los emitidos con una gran convicción y los que se hacen con la lógica para evitar el mal mayor. Que ahora tiene un rostro prosaico de populismo con altos niveles de autoritarismo y de engaño.

Lo personal es político. Por eso las elecciones nos pueden descolocar, y eso no es necesariamente negativo, habla bien de nosotros, de nuestra humanidad, de que aun somos gente que nos preocupa e interesa el bien común y la reserva democrática que todavía tenemos y que es, ni más ni menos, lo que está en juego.

Costa Rica no se mira desde la ventana

Glenm Gómez Álvarez
Sacerdote y periodista

Costa Rica se prepara para celebrar elecciones presidenciales en un clima marcado por el cansancio, la desconfianza y la queja que se ha vuelto casi permanente. Se reclama mucho —a veces con razón—, pero cada vez con más frecuencia desde la distancia, como si la democracia fuera un espectáculo ajeno y no una tarea que nos compromete a todos. Nos quejamos del rumbo del país, de la clase política, de las decisiones que se toman, pero al mismo tiempo crece la tentación de desentendernos, de reducir la participación democrática a la crítica o, peor aún, a la indiferencia.

El papa Francisco afirmaba que, aunque la democracia tiene dificultades para asumir el tiempo presente, posee un valor inherente e indudable: el de estar juntos. Y estar juntos no es una emoción pasajera. Estar juntos es participación. Es asumir que los problemas que enfrentamos no son de otros, sino nuestros; que afectan a todos y, por tanto, nos reclaman a todos. No es casual que en la palabra participar encontremos el verdadero sentido de lo que es la democracia.

Nuestra participación democrática, por supuesto, no se agota en el voto, pero tampoco puede prescindir de él. El voto no es un gesto menor ni un trámite burocrático: es la forma concreta de decir “estoy aquí”, “me importa”, “asumo mi parte”. Cuando la queja sustituye al compromiso, la democracia se vacía y el tejido social se desgasta. Por eso el Papa advertía con claridad: “Balconear, quedarse en la ventana ante lo que ocurre a nuestro alrededor no solo es éticamente inaceptable, sino que tampoco es sabio ni conveniente” (Francisco, Trieste, 06-julio-2024).

Balconear es mirar sin implicarse, opinar sin cargar con las consecuencias, exigir sin asumir responsabilidades. Es cómodo, pero profundamente injusto con el país y con las generaciones que vienen. Y no es solo un problema político: es un problema ético.

El Evangelio va todavía más lejos. Jesús insiste en el cuidado del otro, en la responsabilidad compartida, en no pasar de largo frente a la realidad que duele. Ese “preocuparse por los demás” no es una devoción privada ni una actitud piadosa sin consecuencias; es una manera concreta de ser persona y de vivir en sociedad. Desentenderse del destino común no es neutralidad: es abandono.

Por eso, en estas elecciones, ir a votar no es solo un derecho. Es un acto de responsabilidad moral. Es una forma concreta de decir que creemos en el país, que no renunciamos a él, que no lo dejamos en manos de otros mientras nos refugiamos en la queja. No votar es, en el fondo, seguir balconeando. Y Costa Rica no necesita más espectadores. Necesita ciudadanos presentes, conscientes y valientes.

Este domingo, no te quedés en la ventana. Bajá al camino común. Andá a votar.

Compartimos el video con este mensaje.

Chaves y el oficialismo

Francisco Barrantes Venegas

Si votar sirviera para cambiar algo, ya estaría prohibido.
Eduardo Galeano.

El gobierno actual es el “revelador” de una institucionalidad agotada, que ha quedado al descubierto.

Su forma de gobernar, sus choques con otros poderes del Estado y su discurso confrontativo han “desnudado” una institucionalidad lenta, fragmentada, poco eficiente, en algunos casos obsoleta y desconectada de las necesidades reales de la población.

Los cambios necesarios para modernizar y democratizar nuestra institucionalidad, pensábamos muchos y muchas, que sería la principal tarea y razón de ser del Partido Acción Ciudadana. Pero no lo hizo y por el contrario nos empobreció más, con leyes y acciones regresivas y antipopulares. Y de paso le dejó el campo libre a este gobierno para que haga los ajustes que ahora serán aún más regresivos y antipopulares. Y ciertamente peligrosos para la paz social.

El gobierno de Chaves ataca con dureza a la institucionalidad existente.

Señala como responsables a los partidos tradicionales que la crearon y administraron.

Usa ese discurso para legitimarse como “ruptura” con el pasado, señala culpables locales, dejando intacto el marco internacional neoliberal que condiciona toda la política económica del país. Y apunta a la transformación, destrucción institucional y venta de activos del Estado (a precio de gallina flaca) para poner las que queden en pie, aún más, al servicio de las clases dominantes.

Una oposición sin proyecto alternativo

La oposición política tampoco propone una transformación profunda de la institucionalidad al servicio de las grandes mayorías, ni plantean una ruptura con el modelo neoliberal. Su propuesta se queda en ofrecer un regreso, más o menos maquillado al mismo esquema anterior y una mejor administración de lo que ya fracasó.

Pero su mayor desacierto está en su estrategia de «Estar en contra” del partido en el poder y apostar al desgaste de la figura presidencial y del oficialismo.

Aqui ningún partido está levantando la voz contra el continuismo del modelo neoliberal. Están contra el continuismo de un grupo de ricos, distinto a los grupos que tradicionalmente, se beneficiaron de esta «democracia» y que ahora sienten un miedo terrible a ser desplazados. Es una pelea entre estilos, liderazgos y discursos dentro del mismo marco económico y político.

¿Qué hacer?

Defender la democracia no es ir a votar el día de las elecciones por un modelo en el que todos los y las candidatas están de acuerdo No es el día de la democracia. Nosotros (los descalzos) debemos tener claro que es el día en que nos enfrentamos a nuestro enemigo de clase, que tiene todos los recursos a su disposición, que entra en el juego para defender sus intereses, sus privilegios, sus diferencias sociales, su capital, su proyecto.

Lo más honesto que podríamos hacer el próximo 1 de febrero, es abstenernos de participar y así deslegitimar esta fanfarria. Abstenerse de votar no es retirarse de la participación política, es un acto político consciente.

Para nosotros la democracia debe ser un ejercicio constante, de todos los días del año. En el barrio, en el pueblo, en la comunidad. En las organizaciones sociales, los sindicatos, las cooperativas, las asociaciones de desarrollo comunal. Y desde ahora trabajar para construir un polo de oposición que enfrente organizadamente las medidas antipopulares que se nos vienen.

No un partido más, no una coalición oportunista, no pensando en curules.

¡ORGANIZACION POLITICA POPULAR!

Óscar Aguilar Bulgarelli anuncia su voto y llama a reconstruir la paz y la concordia

El historiador y analista de la realidad nacional Óscar Aguilar Bulgarelli compartió públicamente las reflexiones que lo llevaron a definir su voto de cara a las próximas elecciones nacionales, en un mensaje dirigido a la ciudadanía en general y, en particular, a quienes se sienten indecisos.

Aguilar inicia su intervención subrayando que el país necesita recuperar la paz, la concordia y el respeto, advirtiendo que el odio y la confrontación no permiten construir soluciones duraderas. A su juicio, Costa Rica enfrenta el reto de reconstruir la patria, una tarea que exige diálogo, serenidad y un reencuentro con los valores que hicieron del país un referente regional.

Tras señalar que ha revisado los programas de gobierno y las trayectorias de diversas candidaturas, el historiador rechaza la idea de que “no hay por quién votar”. Por el contrario, enumera a varias personas que, desde su perspectiva, cuentan con preparación, trayectoria y compromiso democrático, y afirma que cualquiera de ellas podría merecer el respaldo ciudadano. Sin embargo, plantea que en el contexto actual resulta clave respaldar a quien tenga la capacidad de enfrentar electoralmente al chavismo, al que responsabiliza de una campaña basada en el insulto y la confrontación.

En ese marco, Aguilar Bulgarelli anuncia que ha decidido dar su voto a Álvaro Ramos, a quien describe como una persona con coraje, carácter y solvencia ética para asumir los retos del país. Aclara, no obstante, que su mensaje no busca imponer una decisión, sino invitar a la ciudadanía a votar con libertad y responsabilidad, poniendo por delante el interés nacional.

El historiador dedica también un llamado de atención especial a la elección de diputaciones, exhortando a la población a revisar con cuidado las papeletas legislativas y a evitar que la Asamblea Legislativa se llene de personas cuestionadas judicialmente. En ese sentido, reconoce el trabajo realizado por la fracción del Frente Amplio, a la que atribuye haber postulado personas estudiosas y decentes en sus listas.

Finalmente, Aguilar Bulgarelli reitera que sí hay opciones democráticas y que el principal deber ciudadano es acudir a las urnas, elegir con conciencia y contribuir a un proceso electoral que permita al país salir de la confrontación y recuperar un clima de convivencia democrática.

Los peligros del populismo

Jairo Isaías Garro Chavarría
Historiador, miembro de la Asociación Costarricense de Profesionales en Historia

Cada periodo electoral supone una invitación particular al análisis y la reflexión. Los cuatro años en los que transcurre una administración política representan la apertura de un escenario en el que se desenvuelven actores y conflictos que van modelando a las fuerzas que luego se disputan la llegada al Ejecutivo.

En 2014, la discusión giraba en torno a la continuidad o no del modelo bipartidista en el que se había inmerso Costa Rica desde aproximadamente 1978. El 2018 abrió espacios para considerar la forma en que aumentaba el peso de grupos religiosos neopentecostales al interno de la política nacional, respondiendo a una dinámica que empezaba a visibilizarse con mayor fuerza a nivel regional. En 2022, podía visualizarse cómo se acentuaba cada vez más el rol de los discursos anti-establishment, caracterizados por ser confrontativos, con la aparición de figuras mesiánicas que asumían un cargo presidencial frente a otras organizaciones o grupos vistos como tradicionales.

Pero, en la previa a las elecciones que tendrán lugar el próximo 1 de febrero, ¿qué rol podría jugar el nuevo auge que han recibido los populismos en los últimos años a nivel no solo local, sino regional? ¿Describe este fenómeno la actual coyuntura electoral?

Primeramente, es necesario conceptualizar qué entendemos cuando hablamos de populismo y algunos aspectos clave para considerar en su discusión. Desde la perspectiva de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, el populismo no es ni una ideología política, ni un régimen específico. Este refiere a una lógica sobre la que se impulsa una forma particular de hacer política, la cual construye una idea relativamente homogénea de «nosotros» (entendido como “el pueblo”) frente a un antagonista o enemigo común que es quien está detrás del status quo.

Su historia, particularmente en América Latina, pasa por tres fases: un periodo inicial, marcado por las administraciones de Lázaro Cárdenas en México, Getulio Vargas en Brasil y Juan Domingo Perón en Argentina; luego otra en la década de los noventa con Fernando Collor de Mello en Brasil nuevamente, Alberto Fujimori en Perú y Carlos Menem para el caso argentino; y, por último, aquellas expresiones que han tenido lugar en el siglo XXI.

En la actualidad, los nuevos populismos mantienen algunos aspectos esenciales, pero también adoptan otros que los distancian de sus predecesores. Por un lado, estos se presentan bajo la forma de los llamados liderazgos de mano dura, que tienden a enfatizar problemáticas como la inseguridad, pero sin profundizar en los mecanismos sociales que la producen. Tienden a reproducir discursos que van en contra de algunas de las instituciones democráticas presentes en nuestras sociedades, señalando la existencia de una “casta política” arraigada en su manejo y gestión, que debilita la capacidad de actuar sobre los conflictos que afloran en el país. Desincentivan la inversión social como medida preventiva y atacan a espacios críticos del poder y la forma en que este se ejerce sobre el pueblo. Promueven la idea de un pasado idílico, carente de conflicto y crispación social, al cual solo se puede llegar a través de su puesta al mando. Cortan las posibilidades de diálogo e interlocución con otras instituciones, intentando reducir la cantidad de contrapesos políticos a los organismos en que se desarrollan.

Mencionados estos aspectos, los mismos pueden servir para advertir algunos de sus peligros en la sociedad actual. Una forma de frenar su avance e instalación, para el caso costarricense, radica en aceptar el diálogo como parte constitutiva de nuestro modelo político; la defensa de las instituciones y del proyecto solidario que debería caracterizar el devenir de la política electoral del país. Si entendemos al voto como un mecanismo de transformación, a través del cual nosotros como conjunto podemos actuar sobre la toma de decisiones, lograremos alcanzar muchas de las tareas aún pendientes en la Costa Rica del siglo XXI.

Eligiendo Patria

Por Arnoldo Mora

Cada cuatro años los costarricenses somos convocados para escoger a quienes dirigirán en el próximo gobierno los destinos de la Patria rigiéndola dentro de las normas constitucionales propias de nuestro sistema democrático. Tradicionalmente nuestro pueblo ha vivido el proceso (“campaña electoral”) que culmina con el traspaso de poderes a quienes ganaron la justa electoral como una fiesta cívica; durante los meses que la antecedieron multitudes expresaron sus opciones políticas mediante desfiles, banderas, vehículos haciendo sonar sus pitonetas, gentes gritando, candidatos dirigiendo encendidos discursos a entusiastas multitudes en los más variados rincones de nuestra geografía. Hoy nada de eso se ve o, más exactamente, tan sólo existe en la memoria de quienes teníamos al menos siete años de edad entonces. Actualmente todo ha sido sustituido por las redes sociales, los debates en la televisión, los anuncios en medios de comunicación promoviendo a quienes se postulan como candidatos; la campaña electoral se ha dividido en dos, ya no se lleva a cabo tan sólo cada cuatro años, sino cada dos años: una para elegir a quienes dirigirán las riendas del país desde el Poder Legislativo o el Poder Ejecutivo, y otra para escoger a las autoridades municipales; sin embargo, se le da más importancia a la primera, como se muestra en el hecho de que en las elecciones para elegir munícipes, la asistencia a las urnas suele ser al rededor del30% del padrón electoral. Esta vertiginosa y honda transformación de nuestra cultura política es consecuencia de la profunda e irreversible repercusión en nuestros hábitos de vida, tanto públicos como privados, se debe a la influencia de la revolución científico-tecnológica en los medios de comunicación. Esta revolución ha afectado de manera particular a los medios de comunicación, de cuyo ejercicio depende en buena medida la actividad política, ya que ésta consiste en la predominancia del recurso a la palabra y a la imagen visual (“lenguaje icónico”) como medios de persuasión. Y todo hecho con una impactante eficacia y rapidez, que nos permite tener literalmente el mundo en nuestras manos con sólo mover nuestros dedos en la estrecha pantalla de un teléfono celular dondequiera que estemos. Más aún, me sospecho que no está lejano el momento en que podremos ejercer el democrático derecho de elegir a quienes deseamos que nos gobiernen recurriendo a estos medios que nos ofrece la tecnología…

Pero volvamos al aquí y al ahora… Lo cierto es que ya debemos prepararnos para ir al recinto donde, en la presencia tan sólo de quienes cuidan las urnas, depositemos la papeleta señalando como expresión de nuestra voluntad soberana, a quienes queremos que sean las futuras autoridades. Para conocer a estos personajes, su perfil personal, sus propuestas programáticas y la ideología en que las fundan, la Constitución ha previsto que el Tribunal Supremo de Elecciones organice y promueva la campaña electoral en los meses previos a la elección. Esta cita con el destino de la Patria reviste dos facetas: una exterior que nos concierne en cuanto miembros de la sociedad, y la otra que atañe a la solitaria intimidad de nuestra conciencia ciudadana; ambas se anudan en el preciso momento en que cumplimos nuestro deber cívico, gracias al ejercicio mismo de depositar el voto en una urna que acoge en sus sigilosas entrañas la huella indeleble de nuestra voluntad de ciudadanos libres. En cuanto a la primero faceta, la Constitución ha dispuesto sabiamente que el Tribunal Supremo de Elecciones asuma el mando de las fuerzas policíacas, lo cual garantiza que los ciudadanos ejerzan sus derechos sin coerciones ni temores. De ahí el ambiente festivo que rodea a los recintos – normalmente escuelas y colegios públicos- a donde acuden los ciudadanos a votar. Valga la oportunidad para externar mi efusiva felicitación al Tribunal Supremo de Elecciones, no sólo por cumplir escrupulosamente este deber constitucional, sino también para, aprovechando el tiempo de campaña, incitar a los ciudadanos a cumplir con sus deberes patrios, labor altamente cívica pues ataca a uno de los mayores enemigos de nuestro alabado sistema democrático, como es el masivo y creciente abstencionismo.

Pero más allá del mundo exterior, hay otra dimensión de la vida democrática que concierne al ámbito de nuestra conciencia ciudadana. Cultivar nuestra conciencia ciudadana con los mejores valores cívicos constituye la más sólida base que nos garantiza el poder gozar de una auténtica democracia; de poco sirven la leyes y las instituciones pública, por más buenas que sean, si dentro de nuestra piel no palpita el amor a la Patria que nos lleve a la práctica de las más acrisoladas virtudes que adornan a un hombre de bien. Nuestra conciencia configura el ámbito axiológico, lo cual no es mensurable, pues nos revela lo cualitativo y no lo cuantitativo de la humana existencia, si bien se refleja en las consecuencias verificables de los efectos que nuestra conducta produce en nuestra condición de miembros de la sociedad en cuyo seno vivimos. Ejercer nuestros deberes y derechos ciudadanos es, por ello mismo, un deber para con la Patria, pues, si bien tenemos derecho a nuestra privacidad, somos igualmente miembros de una comunidad, por lo que nuestros actos repercuten, para bien o para mal, en la marcha del todo social en el que estamos insertos; cada uno de nuestros actos define el tipo de sociedad que queremos, el tipo de ser humano que deseamos ser como parte del tejido social; nuestro país es lo que sus habitantes quieren que sea; no esperemos milagros; si nos amamos y nos respetamos a nosotros mismos y soñamos con un futuro halagüeño para nosotros y nuestro país, debemos asumir la responsabilidad que esto implica.

Todo la cual es particularmente importante en las elecciones que tendremos el próximo 1ro. de febrero. Desde 1949, año en que se promulgó la Constitución Política que actualmente nos rige, el Estado de Derecho nunca había sido cuestionado como sistemáticamente se ha venido haciendo durante todo este cuatrienio; el Poder Ejecutivo ha sembrado la duda en torno a las disposiciones del Tribunal Supremo de Elecciones, ha cuestionado a la Corte Suprema de Justicia y a la Sala Constitucional, ha desprestigiado al Primer Poder de la Nación, ha violentado el derecho a la libre expresión de los ciudadanos y, en especial, de los medios de comunicación que lo adversan, ha cultivado un lenguaje agresivo, que propicia la discordia entre los ciudadanos, todo lo cual riñe con lo que solemos entender por democracia.

Este insólito y preocupante fenómeno político se sustenta en una causa: se ha roto el contrato social en que se basaba el orden democrático que ha regido en el país después de la Guerra Civil que ensangrentó y dividió a la familia costarricense en el fatídico verano de 1948. Todo lo cual no es más que el reflejo a nivel local de lo que está pasando en el mundo entero, cuando el esperpéntico jefe del Poder Ejecutivo de la hasta hace poco nación más poderosa del mundo, desafía con histriónicos gestos a todo el orden mundial. Costa Rica o, más exactamente, sus actuales gobernantes, como súbditos obsecuentes de ese decadente imperio, no podía quedarse al margen. Por eso el reto que asumimos las generaciones actuales, es ir dando pasos para la construcción de una Patria que esté a la altura de nuestros próceres y de los sueños de las nuevas generaciones, apoyando con nuestro voto a quienes han demostrado con su trayectoria política que están a la altura de tan nobles ideales. Hoy tenemos una cita con la historia: elegir la Patria que queremos.