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Etiqueta: derechos de la niñez

Mi niñez. Los niños ayer y hoy en la política. Contrastes de vida

Vladimir de la Cruz

Me han preguntado, a propósito del ataque que hizo el Presidente Rodrigo Chaves a una niña que se refirió a él como “dictador”, cómo fue mi infancia en cuanto al respeto a las opiniones que como niño pude tener, haber dicho o hecho.

Tuve la dicha de vivir en una familia, en la que me enseñaron, desde pequeño, a opinar, a respetar mis opiniones, por contrarias que fueran a mi madre o a las personas mayores que me rodeaban.

Lo que importaba era que cuando opinara, o se me interrogara o pidieran mi opinión, dijera siempre mi “verdad”. La mentira no era aceptada, ni moneda de curso familiar. Mi abuelita materna decía: “El que miento poco, miente mucho”.

Se partía en esta práctica familiar de educar con una base de confianza absoluta. Especialmente, se nos enseñaba a actuar como “personas”, que lo éramos, “personas pequeñas”, no simplemente niños sin opinión, o sin posibilidad de poderse expresar. Se nos trataba como pequeños seres humanos, pero seres humanos con derechos y libertades que debíamos aprender a usar, disfrutar o gozar.

La mesa del comedor, en casa de mi abuelita materna, Ofelia, mi querida Ita, todos los días, porque yo pasaba mucho tiempo con ella, por el trabajo y el estudio de mi madre, era un centro de conversaciones importantes alrededor de la Historia de la Familia, donde se nos transmitían los valores familiares y sociales, que tenían mis antepasados, donde jugaban un papel muy importante mi bisabuelo Rafael Rodríguez y mi bisabuela Patricia Rodríguez, que eran primos.

De esta manera se nos enseñó al valorar a nuestra familia, por los ancestros, que también las otras familias del vecindario eran igualmente valiosas que la nuestra, y que lo más valioso de Costa Rica, eran todas las familias, que como la nuestra eran igualmente trabajadoras, honestas, honradas, eran personas de palabra, en la que la palabra valía y en ellos se podía confiar.

Igual sucedía en la mesa del comedor de mi abuelita paterna, Carmen. Fue mi experiencia de nieto con ella.

Años más tarde supe que mi padre y sus hermanos se criaron en circunstancias familiares más severas, con relación a su abuelo Gilberto, mi bisabuelo de origen colombiano, que no permitía que en la mesa del comedor se hablara. Solo mi padre Ignacio, se atrevía a levantarle la voz: “Verdad abuelito, que en la mesa no se habla”, le inquiría con regularidad. Y, nunca mi padre tuvo mordaza para decir lo que quería, ni lo que pensaba.

En 1967, cuando hacía los Estudios Generales en la Universidad de Costa Rica, en una discusión que tenía sobre marxismo, en mi primer año universitario, con el filósofo Teodoro Olarte, suspendió la discusión preguntándome: “¿Usted cómo se llama? Le respondí: “Vladimir de la Cruz”. Se recostó levemente sobre la silla, pensando, sin dejar de fumar su pipa, y sin quitarse sus anteojos negros, dejó pasar un tiempo, que para mi fue eterno, y me preguntó: “Usted que es de Ignacio de la Cruz”. Le respondí: “Su hijo”, y terminó diciendo, “fue también mi alumno”. A partir de ese momento llegamos a tener una buena y respetuosa amistad, él como mi profesor, yo como su alumno y dirigente estudiantil que era en esos años, hasta su fallecimiento. Esto me llegó a afirmar ese espíritu libertario con el que fui criado y formado.

En la escuela y en el colegio tuve a mi maestra, la Niña Julieta de Vargas, y los diversos profesores, que nos formaron de igual manera, especialmente en los cursos de Historia de Costa Rica, Estudios Sociales y Formación Ciudadana, respetando nuestras opiniones, y obligándonos en cierta forma, a tener opinión sobre los diversos problemas del país. Estaban cerca todavía los sucesos de 1948, y vivíamos el impacto de la Revolución Cubana y de la Alianza para el Progreso, que impulsaba el presidente Kennedy, de lo cual se nos enseñaba a abordar estos, y otros temas políticos o económicos, con estudiantes que opinaban a favor y en otros estudiantes en contra.

Mis hijos fueron formados de igual manera, con el derecho a expresar siempre desde pequeños sus puntos de vista, sin imponerles el mío de manera paternal y obligatoria, pero también sin ocultarles mis pensamientos y opiniones, como los de su madre.

Cuando se empezaron a desarrollar con más fuerza los Derechos de los Niños en Costa Rica, allá por los años de la década de 1970, el Patronato de la Infancia adquiría una dimensión muy importante para la niñez costarricense. Había propaganda radial muy fuerte en este sentido, dirigida a los niños, señalándoles sus derechos, las atenciones que debían tenerse con ellos, el cuido y las relaciones respetuosas que se debían cultivar al interior de las familias.

Estoy consciente que en no todas las familias los niños tenían estos espacios de libertad, que no en todas las familias se les consideraba como “personas menores”, que se partía de una formación “rigurosa” de imponer valores o formas de conducta de manera autoritaria, identificadas plenamente con las posiciones y valores de sus progenitores, donde se les negaba el desarrollo de sus propias personalidades.

Como todos los niños, en mi infancia, fui bautizado por la influencia de mi familia paterna, hice la confirmación y la primera comunión en la Villa, hoy Ciudad Quesada. Fui a misa regularmente hasta que estuve en tercer año de colegio. Tuve profesores sacerdotes, amigos, que sin acudir obligatoriamente a las lecciones de religión, me invitaban asistir a ellas de “oyente” y asistía, cuando quería. Con uno de ellos, de origen cubano, llegado a Costa Rica, como resultado de la Revolución Cubana, hice muy buena amistad y le gustaba tratar temas sociales en sus clases.

Mi familia materna, por mi abuelita Ofelia, no era de misas, ni de oficios religiosos de ni ninguna especie. Creía en Dios y amaba a Cristo, pero no quería nada con la Iglesia ni con sacerdotes. Fue Teósofa y Rosacruz activa. Discípula de Tomás Povedano. Su padre, el bisabuelo Rafael, fue masón. Mi abuelita Carmen y la familia paterna, era sumamente religiosa. Así me desarrollé en el campo religioso, entre estos dos extremos.

Políticamente, en general, mis dos familias tenían raíces liberales. Por mi bisabuelo Rafael, masón, casi 20 años diputado, miembro de la Asamblea Constituyente de 1917, combatiente contra la dictadura de Tinoco, íntimo amigo del luchador anti tinoquista y presidente Julio Acosta. Se retiró de la política cuando la oposición a su partido le enfrentó, en una campaña electoral disputando una curul legislativa, a un yerno. Se retiró diciendo: “contra un hijo él no peleaba”.

El papá de mi abuelita Carmen, Gilberto Martínez, liberal colombiano, fue “combatiente de la guerra de los 1000 días”. Guardó prisión casi tres años, como compañero de celda de un presidente de Colombia. Le dieron salida a Panamá, entonces territorio panameño, y de ahí se trasladó a las Juntas de Abangares, donde llegó su esposa, la Abuelita Matilde, mi bisabuela, que llamábamos cariñosamente la “abuelita”, y procrearon 11 hijos, dos fallecidos infantes. Luego llegó su amigo, colombiano también, Manuel de la Cruz, quien terminó casándose con su hija Carmen, 30 años menor que él.

Políticamente se crearon mis dos familias, la materna y la paterna, en el liberalismo de la primera mitad del siglo XX costarricense.

Al morir el bisabuelo Gilberto, la abuela Carmen tomó la iniciativa de venirse para San José, pasando por Puntarenas, preocupada por la avanzada edad de mi abuelo Manuel. Llegó en los días de ascenso a la presidencia del Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia, quien le ayudó para que a mi abuelo le dieran trabajo en Obras Públicas, como Contador, hasta su muerte en 1949. Eso comprometió a mi abuela Carmen con el Dr. Calderón Guardia y el calderonismo, manteniendo a todos los hijos ligados al calderonismo hasta la llegada de Rafael Ángel Calderón Fournier a la Presidencia, cuando algunos de mis tíos se liberaron de esa corriente política.

De los hijos de mi abuelita Carmen, mi padre se vinculó al recién formado Partido Comunista en los años 40s, junto con uno de sus hermanos, el tío Gilberto que fue militante republicano español, antifascista y calderonista, en esos años y esa década. En esos días conoció a mi madre Zayda de Lemos Rodríguez, cuyo padre, mi abuelo Jacobo, era primo hermano de mi abuelita materna, Ita. Mi bisabuelo Adolfo, padre de Jacobo, fue el primer dominicano que llegó a Costa Rica. Militante en esos años de la sección costarricense del Partido Revolucionario Cubano, fundado por Martí en 1892 para luchar por la Independencia de Cuba y Puerto Rico, lucha que se libraba en esa década, estando en las dos visitas que tuvo Martí a Costa Rica.

La guerra civil de 1948 arrolló a la familia. Yo tenía dos años. Mi padre, que era dirigente estudiantil vanguardista, junto con Álvaro Montero Vega, en la Universidad de Costa Rica que empezaba a dar sus primeros pasos, fue obligado a salir del país. Mamá, por razones económicas y problemas de salud que tuve a los dos años no pudo seguirlo. Terminaron divorciándose. El, en Venezuela, se volvió a casar y me dio seis hermanos.

El ejemplo de mi madre, trabajadora, estudiosa, hasta graduarse de Microbióloga y gran lectora hasta sus días de muerte a los 82 años, me marcaron profundamente. Por el trabajo y el estudio de mi madre tuve que pasar bastante tiempo con mi abuelita materna.

De la guerra civil, el núcleo fundamental de mi familia materna se mantuvo en el caldero-comunismo, y mi madre se mantuvo en el comunismo militante, en el vanguardismo.

Otra parte de la familia se fue con el figuerismo y el liberacionismo que surgía en 1951. Esta situación me mantuvo en el respeto a los miembros de la familia que no pensaban como nosotros, los caldero-comunistas. La familia, por su parte, igualmente reaccionaba con sus distintos miembros, lo que hizo que la Familia Rodríguez, y los De Lemos Rodríguez, se mantuviera compacta, independientemente de con quien se simpatizaba o militaba en el campo político partidario, desarrollándose lazos solidarios importantes, pero respetando siempre las opiniones y decisiones políticas de los distintos familiares.

Ambas abuelitas buenas pintoras, ADN que han heredado mis nietos y nietas. Mi abuelita Ofelia, nieta del gran imaginero del siglo XIX Lico Rodríguez.

Así, el marco de mi formación fue de Libertad, de Respeto a las diversidades de pensamiento. De tolerancia y de enseñar, desde la temprana edad, estos valores, que se fortalecían con la libertad de opinar en y dentro de la Familia, con el respeto a las ideas propias de cada miembro. Así, a los 12 años, en 1958, apoyé a Mario Echandi, a quien se apoyaba por las fuerzas anti liberacionistas, en su candidatura contra Francisco Orlich. Desfilaba en bicicleta con un rótulo que decía: “La oposición triunfará”, y triunfó.

En la campaña electoral de 1961-1962, bajo circunstancias especiales, se facilitó la participación del Partido Acción Democrática Popular, que postulaba a Enrique Obregón Valverde, que en ese momento se acaba de retirar de Liberación Nacional, partido al que luego regresó. Obregón enfrentó a Orlich en su segunda oportunidad, en la que triunfó. Apoyé junto a mi familia materna, a mis 16 años, todavía menor de edad, a Obregón, y participaba de la Sociedad de Amigos de la Revolución Cubana, desde que se fundó en 1960.

Así, desde mi niñez y adolescencia, como menor de edad, participaba de la vida política y electoral del país. Igual eran mis amigos de infancia y de esa temprana juventud.

Así educamos a mis hijos, respetándoles sus individualidades, sus valores políticos, y ellos respetando mis posiciones y actuaciones políticas, aun cuando no fueran militantes activos de mis tiendas políticas o electorales, pero apoyaron mis candidaturas presidenciales. Nunca se les forzó a seguir posiciones políticas, pero no se les ocultó lo que pensábamos políticamente. Aprendieron a respetarlas. Los valores humanistas eran más importantes en su formación. La presión familiar sobre ellos recaía en el estudio, los idiomas, el deporte y los aspectos culturales.

Mis nietos, todos, menos uno, son menores de 15 años, van en esa dirección de respeto total a sus inclinaciones de pensamiento, inquietudes culturales, fortaleciéndose en el estudio, el deporte (natación de piscina y de aguas abiertas, gimnasia, fútbol, tenis, corredores de pista, bici), las artes (pintura) y la cultura musical (piano, violín, batería), canto y teatro. Mantienen una maravillosa relación con éste su Abuelo, que al decir de uno de los menores nietos, es el “alcahueta más grande del mundo”, por las concesiones y apoyos que les hace, especialmente en comidas y gustos culinarios, por las negociaciones que sabe hacer frente a las disposiciones de sus padres, sin hacerlos perder la autoridad paternal.

Todos acostumbrados a decir lo que piensan, a defender sus posiciones, a reclamar sus derechos si los sienten amenazados. Todos han aprendido a negociar con sus padres. Especialmente, todos acostumbrados a decir la verdad, a no mentir, a pedir permiso cuando deben hacerlo, a aceptar decisiones de sus padres cuando les marcan reglas de comportamiento o de trato social, de manera inteligente y razonada, a dar las gracias siempre que son atendidos, a colaborar en las tareas domésticas, y a estimularlos en la preparación de los alimentos que van a consumir, desde la compra hasta la cocina, con igual respeto con quienes trabajan en sus casas. Especial atención de ellos es el trato a los mayores de edad, a su abuelos y tíos, que casi todos los tienen vivos…todavía.

Esos fueron los factores democráticos, entre otros valores, en que fui criado, educado y formado, y que sigo manteniendo.

A mí me alteró profundamente ver al presidente de la República que no respetara la opinión de una niña, hija del candidato presidencial Álvaro Ramos, cuando le fue adversa, cuando opinó negativamente de él. Lo que me sorprendió fue la reacción de miedo que le tuvo a esa niña. ¿Qué esperaba políticamente? Lo mínimo, la identificación de la niña con su padre el candidato, contra el presidente a quien se le acusa de “autoritario”, que quiere mantenerse arbitrariamente en el gobierno, que trata de impulsar una estructura dictatorial de gobierno, que quiere acabar con la democracia nacional.

En las campañas electorales se acostumbraba, y se sigue haciendo, el de organizar jóvenes, de las familias de los simpatizantes y activistas de cada partido para que el día de las elecciones estén en los centros de votación, participando activamente a favor de sus candidatos, y para servir de guías de los electores a las mesas de votación.

En las escuelas y colegios hay elecciones estudiantiles, de infantes, de menores de edad. Incluso hay regulaciones electorales, de estos procesos estudiantiles, al amparo del Tribunal Supremo de Elecciones.

Obviamente los hijos de los candidatos a cualquier puesto de elección popular están más identificados con sus parientes candidatos, y con los partidos de ellos.

¿Qué se puede esperar de hijos de candidatos a la Presidencia, como la hija del candidato Álvaro Ramos? Lo mínimo, identificación con su padre candidato, con lo que él piensa y con lo que se dice de sus principales contrincantes y de lo que se critica del gobierno, y del presidente de turno, sobre todo si se tienen todas las características de un déspota, un tirano, un dictador, un ser absolutamente autoritario.

¿Qué se puede pensar del presidente que actúa violentamente contra lo que dice una niña de él? ¿Y que se puede pensar de un presidente que ante manifestaciones políticas de una niña le echa encima a ella y su familia toda la institucionalidad del Estado, pidiendo represión contra ellos?

Lo mínimo que se puede pensar es que a su familia, la del presidente, la trata violentamente, sin ningún respeto, imponiéndoles a la fuerza sus opiniones, sin permitirles ningún tipo de libertad de pensamiento. Podemos entender por ello el descalabro que la educación nacional ha tenido en este gobierno.

Si alguien se debiera investigar en sus relaciones familiares y parentales es al presidente de la República, si él quiere ser el prototipo de los costarricenses. ¿Cuál es la imagen que el presidente proyecta en estas materias? La del machista, la del abusador, la del negacionista de derechos, la del dictador esposo, la del tirano padre, la del presidente macho cabrío despidiendo el olor hircino para marcar constantemente su territorio…en su casa, en la Casa Presidencial, que la de todos los costarricense, y en todo el territorio nacional…

La reacción que ha tenido el presidente no es solo contra esa niña. Es contra todos los niños de Costa Rica, sin entender cuál es la situación real y actual de la niñez costarricense. Sin entender que los niños son personas, que se les educa para ser ciudadanos en el futuro no muy lejano para ellos. Sin entender que hoy los niños se educan con criterios más amplios respetándolos como personas pequeñas, con sus propios derechos y libertades.

A la niña del candidato Ramos hay que destacarla. Es un ejemplo para la niñez y los jóvenes, pero también para padres de familia y educadores.

Cuando proteger se convierte en censurar: el riesgo de silenciar la voz de una niña en nombre del interés superior

Por Virginia Murillo Herrera
Presidenta ejecutiva
Defensa de Niñas y Niños Internacional – Costa Rica

El principio del interés superior de la persona menor de edad ha sido una conquista histórica. Es quizás uno de los principios más complejos en su aplicación porque puede pecarse al actuar en su nombre, desde una mirada adultista y adultocéntrica. Costa Rica ha acogido este principio al ratificar la Convención sobre los Derechos del Niño, lo que ha permitido avanzar hacia un enfoque de derechos, superar la vieja doctrina de la “situación irregular”.

La nueva doctrina de Protección Integral viene a reconocer a niñas, niños y adolescentes como sujetos plenos, con voz, criterio y capacidad de participar como actor social y político al tener el derecho de opinar sobre los asuntos que les interesen y les afecten. Ellos y ellas son reconocidos como personas con derechos, con capacidad de opinar, participar, ser parte y sentirse parte dentro de su familia, su comunidad y la sociedad en general.

Por eso preocupa profundamente que, en pleno siglo XXI, una institución rectora como el Patronato Nacional de la Infancia (PANI) recurra a ese mismo principio para justificar una acción que, lejos de proteger, censura, expone y vulnera a la niña que dice defender.

La apertura de una investigación porque la hija de un candidato presidencial expresó públicamente su opinión sobre la situación del país y del gobierno actual no solo es desproporcionada: es un retroceso conceptual y ético. Es volver a una visión paternalista donde la niñez debe ser callada “por su propio bien”, como si opinar fuera un riesgo y no un derecho.

La libertad de expresión es un derecho de las niñas, niños y adolescentes

La Convención sobre los Derechos del Niño es clara: niñas, niños y adolescentes tienen derecho a expresar libremente su opinión, a ser escuchados y participar en los asuntos que les afectan. La política pública, la situación del país, el clima social, político y económico, la educación, el acceso a servicios básicos, las violencias, la seguridad y el bienestar colectivo les afectan directamente.

No hay nada más legítimo que una niña que, acompañada por su familia, expresa lo que piensa sobre el país en el que vive.

¿Acaso no vemos todos los días a niñas y niños leyendo discursos escritos por personas adultas en actos cívicos?
¿No se les entrevista en el primer día de clases, en festividades, en actividades deportivas o culturales?
¿No se les invita a opinar cuando sus palabras resultan “tiernas”, “decorativas” o políticamente inocuas?

Sin embargo, cada vez es más frecuente ver cómo personas menores de edad organizadas hablan, proponen y hacen incidencia para que las personas tomadoras de decisión les escuchen y les tomen en cuenta con seriedad. ¿Por qué entonces se cuestiona su derecho a opinar solo cuando lo que dicen incomoda?

Aprender mirando no significa repetir sin conciencia

Es cierto que niñas, niños y adolescentes aprenden observando, escuchando y repitiendo. Así funciona el desarrollo humano. Pero aprender por observación no significa ausencia de criterio. No significa falta de conciencia. No significa incapacidad para comprender lo que viven.

La evidencia internacional muestra que, desde edades tempranas, niñas y niños desarrollan pensamiento crítico, capacidad de análisis y comprensión de su entorno. Pueden identificar injusticias, expresar desacuerdos, formular preguntas y construir opiniones propias.

Reducir su voz a un simple eco de las personas adultas es desconocer su autonomía progresiva y su capacidad de comprender el mundo que habitan.

Por otro lado, no menos importante, es necesario señalar que el acompañamiento familiar no es un delito. En este caso, la niña se expresó con el consentimiento y acompañamiento de su familia, como ocurre en miles de situaciones cotidianas.

No se cuestiona cuando una madre o un padre autoriza que su hija participe en un concurso, en una entrevista escolar o en un acto público. ¿Por qué habría de cuestionarse cuando la opinión de la niña se refiere a la realidad nacional?

La intervención del PANI no solo desconoce el rol protector de la familia, sino que envía un mensaje peligroso: que la niñez debe callar cuando su opinión toca temas “sensibles”. Ese mensaje contradice décadas de avances en participación de niñas, niños y adolescentes y en el ejercicio de la ciudadanía.

El adultocentrismo disfrazado de protección

La actuación del PANI revela un patrón conocido: el temor de la persona adulta ante la opinión de las personas menores de edad. Cuando una niña expresa un pensamiento crítico, informado y propio, la reacción institucional no debería ser silenciarla, sino reconocerla, apoyarla y potenciar espacios para ser escuchada y tomada en cuenta.

La protección no puede convertirse en un mecanismo para controlar la voz de niñas, niños y adolescentes, ni mucho menos para intervenir en un contexto electoral.

El argumento de que se actúa “en aras del interés superior” pierde legitimidad cuando la propia institución sobreexpone a la niña, la coloca en el centro de un debate nacional y la convierte en objeto de escrutinio público. Lo que pudo haber sido una opinión más en el espacio democrático se transformó, por decisión institucional, en un escándalo mediático que la niña no provocó.

Un país con poca educación político-partidista no puede darse el lujo de censurar

Costa Rica tiene una larga tradición democrática, pero una escasa cultura político-partidista desde edades tempranas. No existe un espacio sistemático donde niñas, niños y adolescentes aprendan sobre ideologías, diferencias programáticas, historia política o participación ciudadana.

En un país donde no se enseña a pensar políticamente, sino a evitar el tema, la censura institucional no solo es injustificada: es contraproducente.

El desafío es educativo: formar pensamiento crítico, autonomía de criterio y capacidad de discernimiento, no impedir que las niñas, niños y adolescentes opinen. La democracia se fortalece cuando se enseña a participar, no cuando se castiga la participación. Por eso, “participando se aprende a participar”, “Participando se ejerce la democracia” y “Participando se ejerce la ciudadanía”.

El riesgo de volver a la “situación irregular”

La doctrina de la situación irregular consideraba a niñas, niños y adolescentes como objeto de tutela, incapaces de opinar, decidir o participar. Costa Rica superó esa visión hace más de treinta años.

Sin embargo, acciones como esta recuerdan que el retroceso siempre es posible si no se vigila el uso —y abuso— del principio del interés superior. Este no puede ser un comodín para justificar decisiones arbitrarias ni un instrumento para limitar derechos. Su función es orientar políticas que amplíen libertades, no que las restrinjan.

La verdadera protección es garantizar la voz, no silenciarla

La pregunta que deberíamos hacernos no es si una niña, un niño o una persona adolescente puede opinar sobre el país. La pregunta es: ¿cómo se siente esa niña cuando la institución encargada de protegerla la expone públicamente, la investiga y la convierte en objeto de debate nacional?

La protección auténtica escucha, acompaña, respeta y reconoce. No censura. No castiga. No instrumentaliza.

La ciudadanía de niñas, niños y adolescentes existe, nos guste o no su opinión

En DNI Costa Rica hemos insistido en que la ciudadanía no empieza a los 18 años. Ni es solamente cuando se ejerce el voto a esa edad.

Niñas, niños y adolescentes ejercen ciudadanía todos los días: opinan, participan, cuestionan, proponen. No votan, pero viven las consecuencias de las decisiones políticas. Por eso su voz es legítima y necesaria. La democracia se fortalece cuando más personas participan, no cuando se les silencia. Y la niñez no es la excepción.

Hacia una estrategia nacional de participación infantil y adolescente

Desde DNI Costa Rica hemos insistido durante años en la necesidad de una estrategia nacional de participación de niñas, niños y adolescentes, especialmente en lo relativo a su presencia en espacios públicos. No basta con reconocer su derecho a opinar: hay que crear las condiciones para que esa participación sea segura, respetuosa, formativa y efectiva.

Hemos impulsado espacios de diálogo con amplia participación de niñas, niños y adolescentes. Recientemente realizamos una consulta que recoge cómo viven la participación y cómo desean que se promueva. Sus aportes son claros, profundos y orientadores¹.

Deseamos presentar al Consejo Nacional de Niñez y Adolescencia los resultados y la propuesta construida con la voz de las propias personas menores de edad. Costa Rica necesita una política pública que no tema a la opinión de las personas menores de edad, sino que la reconozca como un pilar democrático y como aliadas y aliados estratégicos, como ciudadanos y ciudadanas que son.

La voz de una niña no amenaza la democracia. Lo que la amenaza es que las instituciones encargadas de protegerla decidan callarla.

“Las niñas y los niños no son el problema, están en problemas”

Como país estamos en peligro. Cuando la democracia se debilita, cuando la libertad de expresión se restringe y cuando la garantía de los derechos humanos se retrocede y debilita, no solo peligra la institucionalidad: peligra la vida cotidiana de quienes más dependen de ella.

Es igualmente cierto afirmar que “las niñas y los niños no son el problema, están en problemas”. La situación actual de muchas niñas, niños y adolescentes en Costa Rica dista de ser la deseada. No son una minoría: representan más del 30 % de la población nacional, y una parte significativa vive en condiciones precarias, en riesgo y en vulneración de derechos.

El quehacer de la institucionalidad pública no es censurar ni castigar, sino garantizar derechos sin discriminación y crear oportunidades reales. Es invertir de manera correcta y suficiente para hacer realidad los derechos humanos y permitir que se ejerzan y gocen plenamente sin discriminación alguna.

Por todo lo anterior, hacemos un llamado a concentrarnos en lo esencial: el desarrollo integral de las personas menores de edad y el fortalecimiento de una institucionalidad que garantice condiciones dignas para ellas y sus familias. Esa es la verdadera protección y ese debe ser el norte ético de toda democracia que aspire a llamarse justa.

Defensa de Niñas y Niños – Internacional, DNI Costa Rica es una organización con 31 años de trabajo sistemático, independiente, apartidista y aconfesional, dedicada a la defensa de los derechos humanos de niñas, niños y adolescentes.

De Infancia, colores y democracia

Glenm Gómez Álvarez
Sacerdote y periodista

Hubo un tiempo en Costa Rica en que, durante las elecciones, los niños nos sumábamos de lleno en el trajín electoral. Sabíamos que no íbamos a votar, pero participábamos con el mismo entusiasmo: algunos madrugábamos para ayudar como guías de mesa en la organización, otros andábamos con la respectiva camiseta bien puesta y la bandera al hombro. En aquel entonces, esos colores no activaban alertas ni ameritaban expediente alguno: eran juego, fiesta y —para sorpresa del presente— también identidad.

Las elecciones se vivían en la calle y en la casa. Íbamos con nuestros papás a los actos políticos, dábamos vueltas por el barrio luciendo el color y celebrábamos cuando en la esquina nos pitaba el carro si era del mismo bando. Aquello no era propaganda agresiva, sino un saludo: una seña rápida de pertenencia en una democracia que todavía se permitía disfrutarse. Y, por supuesto, no faltaba el amiguito “pancista” —así bautizábamos a la veleta del barrio—, el que siempre encontraba la camiseta correcta para cada momento. También eso se aprendía: que no todos jugaban con el mismo color hasta el final

En la familia se discutía. Cada quien defendía su color con entusiasmo, sin manuales de convivencia ni protocolos de protección. Nadie pensaba que esas peleas de sobremesa pudieran vulnerar derechos fundamentales. Ahí íbamos entendiendo, a punta de palabras y risas, que la democracia no es pensar igual, sino aprender a vivir con el desacuerdo.

Hoy, en cambio, la política se volvió sospechosa. El Patronato Nacional de la Infancia (PANI) abrió una investigación por la participación espontánea de la hija del candidato Álvaro Ramos en un acto público, acompañada por su papá y su mamá. Una chiquilla que habló con naturalidad pasó, de un momento a otro, a ser tratada como posible caso de riesgo institucional. No por abandono, no por violencia, sino por haber estado cerca de la política.

Conviene entonces ordenar el nuevo mapa mental. Si la política es peligrosa para los niños, habrá que revisar nuestras viejas costumbres democráticas: borrar las votaciones infantiles que se promueven como ejercicios cívicos, suspender las elecciones estudiantiles en escuelas y colegios, guardar las camisetas de colores, esconder banderas y papeletas de juguete. No vaya a ser que los chiquillos, sin saberlo, estén siendo inducidos en esa práctica dudosa llamada ciudadanía.

La democracia costarricense, al parecer, ya no se aprende en la esquina ni en la casa, sino en la distancia prudente y el silencio preventivo. Y así, bien protegidos de toda influencia, tal vez, algún día, los niños despierten a los 18 años con una vocación democrática pura, intacta y libre de toda contaminación. Mientras tanto, este país empieza a confundir cuidado con miedo y derechos con silencio.

Y cuando por fin los niños crezcan, quizá descubran que no se les privó de la política para protegerlos, sino de la democracia para administrarla mejor.

Defender lo obvio

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Esa mañana de julio llegamos a ese centro educativo infantil en las inmediaciones del centro de Medellín. Podrían estar fácilmente 300 niños y niñas, con sus ojos y y corazones dispuestos para escuchar, sentir, asombrarse.

Los asombrados, estoy seguro de eso, fuimos nosotros: Felipe, Ana Sofía, Tor y yo. Tres colombianos y este centroamericano al que la poesía lo ha convertido en un ciudadano privilegiado del mundo.

Privilegio sí, porque me ha permitido conocer países, culturas, afectos, otros afectos que son distintos a los afectos de la academia, de la cual también soy absolutamente consciente de lo que me ha entregado en mis más de 30 años de ejercicio en la región centroamericana.

Privilegio y sentido. Esa mañana fuimos juglares tras la flauta mágica de Felipe, que se encargó de “hipnotizar” la euforia infantil y disponerla para el gozo de la palabra. Me recordó tanto a mi querido director del Conservatorio Castella, Don Arnoldo Herrera González, quien tenía el maravilloso don de poner a cantar a todo un teatro repleto de niños, niñas y jóvenes a dos voces; “en el lejano bosque”, cantaba la primera voz; “ya canta el cucú”, contestaba la segunda.

Y empezaba la magia.

Luego vendría Ana Sofía Buriticá, poeta y gestora cultural colombiana, con su taller “La vida secreta de las palabras: un acercamiento al Collage Poesía” en el que hizo emerger el hierro liberado, el fuego del color, la intensidad de la creación.

Pensábamos que íbamos a entregar poesía, pero los niños y niñas nos la dieron a viva voz. Leyeron y se maravillaron con sus textos. Nosotros también.

Esa mañana en el Instituto Educativo Jesús María Bravo se confirmó el compromiso del Festival Internacional de Poesía de Medellín con la niñez colombiana. Este Centro Educativo forma parte del brazo formativo del Festival denominado Proyecto Gulliver, cuyo objetivo es impulsar “procesos pedagógicos dirigidos a niños, niñas y adolescentes, víctimas de los conflictos, para contribuir en mejorar el nivel de desarrollo cognitivo para el uso creativo del lenguaje, en beneficio de las habilidades para la vida, de la cualificación en las competencias ciudadanas y artísticas, y en el ejercicio pleno de sus derechos. Los beneficiarios están en situación de riesgo y vulnerabilidad social, están escolarizados en las instituciones educativas oficiales de la ciudad de Medellín, y en albergues o lugares de acogida” (tomado de https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Escuela/Proyecto_Gulliver/Presentacion/).

En las últimas semanas hemos sido alertados por los intentos de recorte financiero hacia el Festival, provenientes de autoridades políticas locales. Al decir esto, no puede uno dejar de recordar esa mañana, el potencial liberador de la poesía y el aporte a la construcción de mejores experiencias ciudadanas.

Salir a defender lo obvio, decía el maestro Bertolt Brecht, es un imperativo en estos tiempos. Yo activo mi razón política para esa defensa. Porque en el arte, la política también convierte toda lucha en algo personal.

Pronunciamiento de Familias por Palestina

Han pasado 714 días… un clamor desde las familias costarricenses
(Al final está el enlace para apoyar)

Red de Solidaridad con Palestina/Costa Rica

Al ver a nuestras hijas y nuestros hijos desfilar este 15 de setiembre, con orgullo sosteniendo sus banderas en la Fiesta de la Independencia, los padres y madres firmantes de distintas escuelas del país sentimos el llamado de alzar una voz que brota del corazón.

Han pasado 697 días desde el primer bombardeo israelí sobre Gaza, en octubre del 2023.

Según el informe de Defense for Children International – Palestine, al menos 583 niños y niñas fueron asesinados solamente en los primeros 5 días del conflicto.

Desde entonces, varios análisis periodísticos han evidenciado lo impensable: Israel mata a un niño palestino cada 45 minutos. UNICEF reportó este año que, en promedio, 28 niños y niñas mueren cada día desde el inicio de la ofensiva, y a la fecha este mismo organismo estima que han sido asesinados más de 18000 niños y niñas desde octubre del 2023. Según el artículo publicado por The Lancet el 5 de julio de 2024, “Counting the death in Gaza: Difficult but Essential”, la experiencia en otros conflictos demuestra que las muertes indirectas suelen ser de 3 a 15 veces más que las directas, lo que sugiere que los números reales podrían ser aún más devastadores.

Diversas organizaciones internacionales han evidenciado las consecuencias del bloqueo ilegal de la ayuda humanitaria, que han revelado la faceta más cruel de este genocidio. La población de Gaza está siendo sometida a una hambruna provocada deliberadamente. Informes y testimonios documentan escenas desgarradoras: asesinatos en los puntos de distribución de alimentos, francotiradores que apuntan a los más pequeños, disparos dirigidos al cráneo o al corazón de niños en indefensión. Las personas más inocentes —quienes deberían ser protegidas por toda la humanidad— se han convertido en objetivos de guerra.

Durante estos dos años hemos sido testigos de un dolor que desgarra la conciencia del mundo: la violencia sistemática contra el pueblo palestino. Pero lo que más estremece nuestro corazón de padres y madres es el sufrimiento de sus niños, niñas y jóvenes. Personas menores de edad sometidas a cirugías sin anestesia, a intervenciones sin un calmante que mitigue su llanto, a noches enteras con el estómago vacío y a experimentar el dolor y la agonía que ningún ser humano debería conocer.

Por eso, como colectivo de padres y madres de familia de diferentes escuelas costarricenses, levantamos nuestra voz para repudiar el genocidio en Palestina.

Han pasado 697 días y 77 años desde la Nakba de 1948, cuando dos tercios de la población palestina fueron expulsados desde su casa sin poder volver. Sabemos que los derechos de la niñez palestina también son violentados fuera de Gaza, en lugares como Cisjordania, Ramala o Belén. Y con ellos sufren madres, padres, abuelas, abuelos y familias enteras, a quienes se les somete a vivir bajo un régimen colonial y de “apartheid” que aplasta toda dignidad.

Hoy, en setiembre, mes en que celebramos con orgullo la independencia de nuestro hermoso país, sentimos aún más fuerte la obligación moral de alzar la voz. Costa Rica nos bendijo con la paz, con la libertad y con el privilegio de ver a nuestros hijos e hijas crecer en un país democrático. Por eso extendemos un abrazo solidario a todas las familias palestinas y a esa niñez huérfana que ha quedado en el desamparo. Que sepan que desde esta tierra de paz reciben nuestro cariño y nuestro apoyo. Como madres y padres hemos cumplido con la responsabilidad de informarnos, por lo tanto, imploramos a los medios de comunicación costarricenses que hagan lo mismo: que informen con verdad, que llamen a las cosas por su nombre y que no repliquen la retórica de un estado genocida.

Finalmente, como ciudadanía y habitantes de un país que abolió su ejército y forjó su identidad sobre los valores de la paz, rogamos coherencia con nuestros principios patrios. Que la independencia que celebramos no sea únicamente una conmemoración, sino un compromiso permanente con la defensa de la dignidad humana, aquí y en cualquier lugar del mundo.

Alzamos nuestra voz para exigir el fin del genocidio, un alto al fuego inmediato y el cese de la ocupación israelí en Palestina.

Para cualquier pregunta, pueden escribir a arianafdez@gmail.com o zagluljou@gmail.com

Apoye con su firma:

https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSdQLbBUT0NtCKOT952wIdasC2ccrxwyZ07NaKczlEos9Se4Cg/viewform

Celebremos el día de la niñez, pero antes miremos su pobreza

Alberto Salom Echeverría

Introducción

Me niego a pensar que exista solo un día dedicado a la niñez; ese día, no es solo uno, son todos los días, o deberían serlo. Si se ha decretado uno, celebrémoslo. Pero puesto que los niños y las niñas en todo el mundo son el futuro de la humanidad, mientras haya hambre y ellos la sufran; mientras existan las guerras y el genocidio, como hoy en Gaza, donde se ocasiona la muerte de tantos pequeños inocentes a los que no se les puede culpabilizar de nada; en tanto no exista atención oportuna en salud para atender a un niño enfermo, para darle amparo a los que han sido abandonados, habrá más de un millón de razones para que, con preferencia, nuestra atención esté puesta en la niñez.

Sí, es justo que les rindamos homenaje a nuestros hijos pequeños, a nuestros nietos, dotándolos, eso sí, desde temprano en una consciencia solidaria; lo que implica no descuidar jamás el sufrimiento de los hijos de las familias más vulnerables, que necesitan de nuestro apoyo para salir adelante. Todo niño o niña tienen el derecho a estudiar, pues que se les dé el estudio, no convirtamos los preceptos constitucionales en letra muerta. Todos los niños poseen el derecho a la salud, que la reciban; tienen el imperativo de recibir una buena alimentación, que se les proporcione con abundancia; tienen que jugar, que se les abran los espacios; tienen que recibir amor, propiciémoselos, démoselos; tienen que reír y sonreír, es decir tiene el derecho a la felicidad, igual que los nuestros, ayudemos a crear las mejores condiciones para que todos tengan el derecho al goce. Para ellos, cada día, cada semana, cada mes, cada año tiene que ser mejor que el anterior. Entonces, y solo entonces podremos celebrar con honradez el día de la niñez.

1.Pobreza infantil

Sin embargo, ¿cuál es la realidad que nos circunda? Según el último informe del Estado de la Nación, en 2023 aproximadamente el 38 % de los menores de edad vivían en pobreza; constituyó un aumento de más de cuatro puntos porcentuales en diez años, dado que, en el 2013, se registró un porcentaje del 34 % de infantes sumidos en la pobreza. Estos datos sitúan a Costa Rica como el país con la incidencia más alta de pobreza infantil dentro de la OCDE.

La UNICEF por su parte indica que un tercio de los menores de 18 años, es decir, cerca de 448. 000 niños, crecen en hogares pobres, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO).

2. Pobreza infantil extrema

Datos del INEC reportan que alrededor del 13,5 % de los niños viven en pobreza extrema, siendo Limón una de las provincias más afectadas (más de 18 000 menores se encuentran padeciendo esta situación extrema).

3. Índices de instituciones internacionales

Según la plataforma Zip Atlas, la incidencia de pobreza infantil en Costa Rica (menores de 16 años) osciló en un porcentaje mayor al 17% en 2024. No son datos comparables con los anteriores porque las edades que se toman como límite son diferentes. En un caso se trata de los menores de 18 años y en el otro se refiere a los menores de 16 años.

A su vez, para los menores de 5 años, la tasa está un poco por debajo del 16,9 %.

Un estudio de la OCDE cifra en 37 % el porcentaje de niños que no disponen de recursos suficientes para cubrir sus necesidades básicas, lo que coloca a nuestro país -como ya se dijo- en el último lugar de la OCDE.

Datos de pobreza en el Contexto nacional.

Mientras que, en términos generales, la pobreza total en el país alcanzó su nivel más bajo desde 2010, reduciéndose al 18 % en 2024 y la pobreza extrema bajó al 4,8 %; sin embargo, estas mejoras no se reflejan proporcionalmente entre los menores, quienes enfrentan una situación más crítica que el total de los hogares en general.

1. Pobreza infantil y desigualdad territorial

• Según datos de UNICEF e INEC (del año 2022), 455 508 niñas, niños y adolescentes vivían en condición de pobreza, siendo los más afectados quienes tienen entre 0 y 5 años.

• En ese año, de acuerdo con la UNICEF la pobreza infantil rondaba el 39 %, -un dato muy similar al proporcionado por el informe del Estado de la Nación para el 2024- afectando a un alto porcentaje de la población menor de cinco años.

• Además, la pobreza extrema también incide, especialmente en hogares con jefatura femenina, llegando a alcanzar cerca del 13 % de la niñez.

• Las zonas con mayor vulnerabilidad incluyen cantones costeros y fronterizos como Coto Brus, Matina, Pococí, Talamanca, Buenos Aires, Golfito, Guatuso, La Cruz, Los Chiles y Osa.

2. Educación: retrocesos profundos

• El 33,5 % de niñas, niños y adolescentes (entre los 6 y los 17 años), no están en educación formal o enfrentan un rezago escolar significativo.

• El Informe Estado de la Educación 2025 alerta de una crisis educativa muy grave, con:

• 96 % de estudiantes en instituciones públicas que fueron reportados con un desempeño insuficiente en matemáticas (De acuerdo con la evaluación PISA 2022).

• Solo 57 % alcanza el nivel esperado en comprensión lectora en quinto grado, y apenas 25 % en secundaria.

3. Otros datos relevantes.

• Se observa además una caída muy fuerte en la inversión educativa, que ha tenido “la peor caída de las últimas cuatro décadas”. Las becas para estudiantes en condición de pobreza se han reducido un 35 %.

• En zonas rurales, las desigualdades se agravan: solo 8 % de escuelas primarias públicas ofrecen el currículo completo.

• La llamada “pobreza de aprendizajes” está muy extendida: el 62 % de docentes de cuarto grado reportan que la mayoría de sus estudiantes no comprenden textos simples; el 70 % señala deficiencias graves en escritura.

• Según el Dashboard de UNICEF para indicadores relacionados con la niñez (SDGs):

Solo 54 % de los niños al final de primaria alcanzan la competencia mínima en lectura.

• Apenas 21 % alcanza la competencia mínima en matemáticas.

4. Salud infantil y bienestar general

Indicadores incluyen:

Retraso en crecimiento (standing) en niños menores de 5 años: 10 % (según datos del 2022).

Desnutrición aguda (wasting): 2 % (de acuerdo con datos del 2018).

Sobrepeso infantil: 8 % (con datos del 2022).

Cobertura en vacunación DTP3: 95 %; MCV1: 90 % (2022).

Mortalidad por debajo de cinco años: 8 por cada 1 000 nacidos vivos (2021).

Mortalidad neonatal: 5 por cada 1 000.

En materia de protección:

Cerca del 49 % de niños entre 5 y 17 años han experimentado castigos físicos o agresiones psicológicas por parte de sus cuidadores.

En el primer semestre tras el inicio de la pandemia, crecieron las denuncias en PANI:

Negligencia educativa +73 %

Explotación sexual +44 %

También aumentaron la negligencia para atender casos en salud, abuso sexual e ideación suicida en torno a +28 %.

4. Protección social e institucionalidad

Las instituciones de protección social para atender las demandas de la niñez en condiciones de desamparo, o de las mujeres embarazadas en situación de pobreza, han devenido insuficientes en nuestro país. Las demandas de atención van creciendo mientras los presupuestos de esas instituciones no alcanzan.

El Patronato Nacional de la Infancia (PANI), creado en 1930, es la principal institución de protección de la niñez en el país, complementada por el Código de la Niñez y Adolescencia (1998).

El programa integral de atención de los CEN-CINAI atiende a niñas, niños y mujeres embarazadas, ofreciendo nutrición y estimulación temprana. Dispone de 625 centros y más de 171 890 beneficiarios.

Conclusión

No pretendo haber sido exhaustivo en el examen de la situación de la niñez en Costa Rica. Sin embargo, con la información proporcionada, considero que ha sido suficiente para mostrar un enorme rezago en el bienestar y la atención de la niñez en Costa Rica. En la mayoría de los casos, los problemas en casi todos los órdenes han recrudecido, y el Estado se muestra incapaz de hacer frente con eficiencia a las necesidades reportadas. En otras palabras, las políticas públicas van a la zaga de los problemas que han ido creciendo.

Nada ganamos enfrascándonos en una suerte de sentimiento colectivo de culpabilidad, porque así no resolvemos los problemas. He actualizado la información para ayudar a que la ciudadanía conozca los problemas actuales y pueda atender mejor las necesidades de nuestra niñez desde el mismo momento en que nacen o, quizás desde antes. De ahí que cada 9 de setiembre debe ser un momento propicio para que las instituciones que tiene incumbencia en la atención de nuestros párvulos rindan cuentas ante la sociedad y, los responsables de crear las leyes y ejecutar las políticas, hagan lo propio en esta materia. A su vez cada uno de nosotros, cada familia debe esforzarse por tomar consciencia y apoyar todas aquellas políticas que haga falta enfrentar y apoyar una transformación de la sociedad en estos campos con una perspectiva integral.

Caminata por la erradicación de la violencia sexual contra personas menores de edad

El próximo sábado 9 de agosto, de 9:30 a.m. a 12:00 m.d., se realizará la 2ª Caminata por la Erradicación de la Violencia Sexual contra personas menores de edad. La actividad se enmarca en el Día de Solidaridad con las personas sobrevivientes de violencia sexual padecida en la infancia y adolescencia.

La caminata reúne a personas sobrevivientes, activistas, profesionales y organizaciones de la sociedad civil en un llamado colectivo a detener todas las formas de violencia que afectan a las infancias. Será un pasacalles lleno de música, arte, carteles y colores, pensado como un espacio seguro para personas de todas las edades.

El año pasado se formó parte de una movilización histórica junto a más de 500 organizaciones en América Latina y el Caribe. Este 9 de agosto se renueva el compromiso de alzar la voz por justicia, prevención y reparación para las personas sobrevivientes.

Fuente: Información compartida con SURCOS por Voces Nuestras
https://www.instagram.com/p/DMbDOJLxruv/?igsh=bTA2OWU3N3ZnOHVh
Le invitamos a visitar la página para más información.

Recorrido:

Testimonios desde el CATEM: experiencias de personas migrantes trasladadas desde EE. UU. a Costa Rica bajo acuerdo bilateral

El informe “La estrategia es doblegarnos”, publicado por Human Rights Watch (HRW) el 22 de mayo de 2025, documenta los relatos de 36 personas migrantes trasladadas desde Estados Unidos a Costa Rica. El operativo ocurrió entre febrero y marzo de 2025 y es parte de un acuerdo migratorio bilateral entre ambos países, mediante el cual Costa Rica aceptó recibir hasta 200 personas migrantes de «terceros países» bajo coordinación y financiamiento del gobierno estadounidense.

Las personas trasladadas fueron alojadas en el Centro de Atención Temporal para Migrantes (CATEM), en Corredores, Puntarenas. El informe recoge testimonios sobre la detención en EE. UU., el traslado forzado, las condiciones de permanencia en Costa Rica, el impacto en niñas y niños, y las opciones legales ofrecidas.

Detención prolongada y sin acceso a asilo en Estados Unidos

La mayoría de las personas entrevistadas por HRW fueron detenidas por agentes migratorios en la frontera sur de Estados Unidos. Permanecieron en centros de detención fronterizos conocidos como “hieleras” por sus temperaturas extremadamente bajas, por periodos de entre una y siete semanas.

Durante ese tiempo, 34 de las 36 personas no recibieron la entrevista de miedo creíble, que es un procedimiento estándar del sistema migratorio estadounidense para identificar si la persona teme ser perseguida en su país de origen. Esta entrevista activa el proceso de solicitud de asilo.

El informe señala que muchas personas expresaron temor de volver a su país, pero no fueron escuchadas ni orientadas. En lugar de ello, fueron presionadas para firmar documentos sin entender su contenido, en algunos casos sin interpretación en su idioma. Dichos documentos eran formularios de deportación voluntaria, que impiden solicitar protección posteriormente.

Separaciones familiares y falta de garantías

HRW documentó al menos un caso de separación familiar injustificada: una mujer afgana fue enviada a Panamá mientras su esposo e hijo menor quedaron en Estados Unidos. La mujer no fue informada sobre el destino de sus familiares ni se le explicó por qué fue separada.

Este tipo de separación ha sido señalado en informes previos como una práctica que genera angustia psicológica, especialmente en contextos donde los menores quedan sin cuidado parental.

Otras personas narraron que no se les permitió comunicarse con familiares o abogados mientras estuvieron detenidas, lo que limitó su capacidad de buscar apoyo o entender su situación legal.

Traslado bajo custodia y uso de grilletes

El viaje desde Estados Unidos hasta Costa Rica se realizó en vuelos comerciales, según HRW, bajo custodia de agentes de seguridad. Las personas adultas fueron esposadas de pies y manos, y algunas viajaban con sus hijas o hijos menores, quienes presenciaron el encadenamiento.

Testimonios recogidos por HRW señalan que esta práctica fue especialmente traumática para los niños y niñas. Personas entrevistadas indicaron que la seguridad fue excesiva, ya que no eran personas acusadas de ningún delito penal, sino solicitantes de protección.

Llegada a Costa Rica: falta de información y vigilancia

Tras su llegada al Aeropuerto Juan Santamaría, las personas fueron transportadas en autobús hacia el CATEM, ubicado a más de 300 kilómetros, en el cantón de Corredores, cerca de la frontera con Panamá.

Los testimonios indican que, durante el proceso de traslado, nadie les explicó cuál era su situación migratoria, ni se les brindó información sobre sus derechos en Costa Rica. Al ingresar al CATEM, sus pasaportes y documentos fueron retenidos por las autoridades migratorias sin justificación legal comunicada.

En el CATEM, las personas señalaron que no podían salir libremente, ya que estaban bajo vigilancia armada constante. Aunque no se trata formalmente de una cárcel, los testimonios describen el lugar como un espacio cerrado, sin acceso libre a medios de comunicación ni asistencia legal.

Condiciones de alojamiento y trato diferenciado

Las personas entrevistadas describen que el CATEM carece de ventilación adecuada, con temperaturas internas muy altas. Se reportó que muchas dormían en catres sin colchón, compartiendo espacios sin divisiones por sexo o vulnerabilidad.

Algunas personas señalaron que se hicieron divisiones internas por idioma, no por situación familiar o de salud. Los sectores de habla hispana fueron descritos como más precarios que los de otras lenguas.

Migrantes originarios de países fríos, como Rusia, reportaron alergias, deshidratación y fiebre asociadas al clima y a la falta de adaptación. También expresaron dificultades para acceder a agua embotellada o atención médica oportuna.

Barreras lingüísticas e incomunicación

Los testimonios reflejan una falta generalizada de intérpretes en el CATEM. Las instrucciones eran dadas en inglés o ruso, y las personas hispanohablantes señalaron que no comprendían lo que se les decía ni podían expresar sus necesidades. Esto afectó especialmente la comprensión de los pasos legales a seguir, el acceso a atención médica y el derecho a iniciar solicitudes de refugio o de protección humanitaria.

Niñez migrante: falta de atención diferenciada

Del total de personas trasladadas, 81 eran niñas, niños o adolescentes, quienes también fueron alojados en las mismas condiciones generales. HRW reporta que no se habilitaron espacios específicos ni protocolos diferenciados para la niñez, pese a que Costa Rica ha ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño.

Familias entrevistadas indicaron que no hubo presencia continua de personal del PANI (Patronato Nacional de la Infancia), y que las niñas y niños permanecían en el CATEM sin acceso a educación, actividades recreativas, o atención psicológica especializada.

A raíz de esta situación, un grupo de abogados presentó una denuncia ante el Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, alegando que se estaban violando los derechos de la niñez migrante [AP News, 2025].

Opciones ofrecidas: desinformación y falta de garantías

En el CATEM, las personas migrantes informaron que se les presentaron tres opciones, solicitar refugio en Costa Rica, acogerse a un “estatus humanitario temporal”, regresar a su país con apoyo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

No obstante, muchos testimonios indican que estas opciones no fueron explicadas claramente, y que no comprendían las implicaciones legales de cada una. En algunos casos, decidieron regresar a sus países sin contar con información completa, debido al cansancio y la incertidumbre. Otros expresaron temor de que, si pedían refugio, quedaran en un limbo legal, sin trabajo, sin permisos ni apoyo.

Fotos: Fabián Mena

Producción del TCU-738 UCR.

Soluciones sabias para enfrentar la pobreza menstrual en Latinoamérica

Génesis R. Cruz, Voces Nuestras

#COSTARICA #MEXICO Millones de mujeres en Latinoamérica enfrentan desafíos diarios debido a la falta de acceso a productos de higiene menstrual, exponiéndose a riesgos para su salud. La pobreza menstrual no solo limita el acceso a productos sanitarios, sino que también impacta en otros derechos fundamentales, como la educación y la participación en la sociedad.

Según estimaciones de la Ley Menstruación y Justicia, aprobada en octubre de 2023 en #CostaRica, y basándose en los precios de 2020, las mujeres costarricenses gastamos más de medio millón de colones costarricenses, en toallas desechables a lo largo de nuestras vidas (alrededor de $1000 dólares). Esa misma ley, en su artículo 6, ordena a las escuelas y colegios incluir la Educación Menstrual en sus centros educativos. Sin embargo no existen mecanismos prácticos, ni recursos económicos para implementar ese mandato.

En el caso de México, la situación no es menos preocupante. Se estima que una mujer en promedio necesita 360 toallas o tampones al año. Ese gasto puede representar hasta 720 pesos anuales (alrededor de 43 dólares), lo que equivale al 5 % del total de gastos de un hogar en situación de pobreza, según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). Por eso la pobreza menstrual también se refiere al aumento de la vulnerabilidad económica que enfrentan mujeres y niñas, debido a la carga financiera planteada por los suministros para la menstruación.

En respuesta a esta crisis, el proyecto «Sanas, Seguras y Sabias: Niñas libres de Violencia y Discriminación» de Niñas Sabias y Voces Nuestras, ofrece soluciones innovadoras y sostenibles para abordar la pobreza menstrual en los territorios de ambos países.  Una vez que las niñas han participado en los módulos de educación menstrual del programa Niñas Sabias, reciben un «Kit de Manejo Menstrual Sostenible», que contiene toallitas de tela lavables y reutilizables, elaboradas por mujeres indígenas y rurales de San Miguel Cuyutlán en Jalisco, México, y del territorio indígena de Curré en el sur de Costa Rica. Al invertir en estos productos también apoyamos las economías locales y el empoderamiento económico de estas mujeres emprendedoras.

A pesar de avances legislativos significativos en el tema, aún no existen mecanismos efectivos que garanticen que las niñas en Costa Rica y México reciban información científica, veraz y culturalmente sensible sobre su ciclo menstrual y la salud de sus cuerpos. Mucho menos se garantiza que las niñas tengan acceso a los insumos mínimos para gestionar su menstruación de forma segura y saludable. 

Por eso desde Voces Nuestras y Niñas Sabias, reivindicamos la educación menstrual como un derecho de todas las niñas y mujeres, que nos permite tomar decisiones informadas para ser más sanas, seguras y sabias.

Por. Génesis R. Cruz.

Compartimos el mensaje completo:

Un mamotreto evaluativo

Por Marcos Chinchilla

Una nueva y vergonzosa pifia por parte del Ministerio de Educación Pública. El ente que debe de impulsar cambios curriculares y estratégicas pedagógicas orientadas al fortalecimiento del proceso educativo dejó nuevamente en evidencia su incompetencia para liderar ese proceso.

Durante la pandemia, el MEP fue incapaz no sólo de garantizar la inclusión educativa de miles de estudiantes; sino que erróneamente lo apostó todo por la presencialidad, ampliando el nivel de contagios e incluso hasta de muertes en su población docente.

Si, dos años perdidos en el sistema educativo, especialmente para los centros educativos públicos; dos años no solo irrecuperables, sino también con una carestía de visión de mediano y largo plazo.

Lo de las Pruebas Faros fue la cereza en el pastel, una incapacidad manifiesta por la señora ministra, su equipo de asesoría, y los mandos medios. No basta con la renuncia de Pablo Mena, Director de Gestión y Evaluación de la Calidad, la ministra también le haría un enorme favor al país si renuncia a su cargo; en todo caso, ya terminó de enterrar lo poco de credibilidad que tenía. No se la extrañará, con ella o sin ella, el MEP no tiene un puerto cierto de llegada durante este gobierno.

Aunque la ministra nos diga otra cosa y apele al interés superior del niño, las Pruebas Faro pasarán a la historia como un mamotreto evaluativo violatorio de los derechos de la niñez y de la privacidad de miles de familias; un mamotreto que nos costó miles de millones de colones en impuestos y de los que la ministra y su equipo de trabajo no se harán responsables.

Con esta nueva y sonada impericia, tengo la hipótesis de que las aspiraciones presidenciales de Welmer Ramos y del PAC van a figurar aún más reducidas en el nuevo estudio del CIEP-UCR.

PD. Esta noche recibimos la esperada noticia con la renuncia de la Ministra de Educación. 

¿Cambia en algo la situación de este ente gubernamental? Para nada, la crisis del MEP es estructural, subsumido en atender las necesidades formativas del empresariado. El nuevo ministro tendrá un margen de acción muy limitado para implementar políticas de mediano y largo plazo, sea en términos temporales como programáticos; puede que incluso continúe con la línea de instrumentalizar la educación en función de los intereses del capital.