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Etiqueta: extractivismo

En Panamá debatirán cómo construir un país desde y para las comunidades y los territorios

En la ciudad de Panamá se realizará el conversatorio “¿Cómo construir un país desde y para las comunidades y territorios?”, un espacio para pensar alternativas económicas y sociales a la minería y el extractivismo en las comunidades más excluidas, a partir de la organización comunitaria, la gobernanza y la solidaridad.

Según la convocatoria, el encuentro surge ante la crisis social, ambiental y económica que vive Panamá, “agravada por el reciente terremoto en nuestras zonas más vulnerables”. “Tras siglos de abandono, es más urgente que nunca hablar de futuro”, señalan sus organizadores.

Participarán:

  • Kevin Sánchez Saavedra, antropólogo;
  • Juan Jované, economista;
  • Juana Camargo, socióloga, quien abordará el ecofeminismo;
  • Annie Young, de la Mesa UICN, quien se referirá al turismo regenerativo.

La actividad es un diálogo del espacio Pintas y Datos, organizado por La RED con el apoyo de Red Flag Taproom.

Datos de la actividad

  • Fecha: jueves 29 de octubre
  • Hora: 7:00 p. m. (hora de Panamá)
  • Lugar: Red Flag Taproom, calle 72 Este, San Francisco, ciudad de Panamá

Organizaciones, pueblos originarios y personas de 15 países se solidarizan con el pueblo Ngäbe-Buglé frente al avance de la minería

Clínica de Derechos Humanos Ambientales
IDELA-UNA

Un pronunciamiento regional reúne 137 adhesiones y expresa preocupación por los intentos de abrir paso a la minería en la Comarca Ngäbe-Buglé, donde la Ley 11 de 2012 prohíbe la exploración y explotación minera.

Organizaciones indígenas, ambientales, comunitarias, académicas y sociales, junto con personas de 15 países, expresaron su solidaridad con el pueblo Ngäbe-Buglé de Panamá y su histórica defensa del territorio frente a los proyectos mineros.

El pronunciamiento, titulado Solidaridad con el pueblo Ngäbe-Buglé y contra el avance de la minería en nuestros territorios, reúne 137 adhesiones de al menos 50 organizaciones, redes, colectivos, comunidades e instituciones. Los apoyos proceden de América Latina, el Caribe y otras regiones, y reflejan la diversidad de pueblos indígenas, movimientos sociales, organizaciones ambientales, universidades y personas comprometidas con la defensa territorial.

Entre las adhesiones hay organizaciones y representantes vinculados a pueblos indígenas de Costa Rica, Panamá, Honduras, México, Colombia, Guatemala, Venezuela, Bolivia y otros países, así como personas y colectivos de Argentina, Brasil, Nicaragua, Perú, Estados Unidos, Francia y España.

El pronunciamiento recuerda que la defensa de la Comarca Ngäbe-Buglé es resultado de décadas de organización y resistencia frente a proyectos mineros e hidroeléctricos. Las movilizaciones de este pueblo han estado marcadas por la represión y la pérdida de vidas humanas, pero también permitieron conquistar garantías legales fundamentales, entre ellas la Ley 11 de 2012, que prohíbe la exploración y explotación minera dentro del territorio comarcal.

La preocupación actual se relaciona con actividades de consulta y acercamiento vinculadas a un eventual desarrollo minero en Cerro Colorado. Según el testimonio de Weny Bagama, delegada del Congreso General Ngäbe-Buglé, estas actividades se habrían impulsado mediante una empresa consultora y con recursos vinculados a intereses mineros. El pronunciamiento también cuestiona las condiciones en que se convocó un Congreso Extraordinario en septiembre de 2026 y la participación de las organizaciones de base.

Ante esta situación, las personas y organizaciones firmantes advierten que los mecanismos de diálogo, consulta y consentimiento no deben convertirse en instrumentos para debilitar decisiones colectivas, desconocer las instancias legítimas de gobernanza de los pueblos ni abrir paso a proyectos que estos han rechazado históricamente.

Como expresa Weny Bagama: “Nadie más va a respetar nuestra ley si no somos nosotros mismos”.

Entre las adhesiones destacan mensajes de representantes de los pueblos Bribri, Boruca, Maleku, Lenca, Triqui, Ka’apor y Maya K’iche’, así como de la Nación Indígena Mojeño Trinitario. Sus palabras relacionan la defensa territorial con la identidad, la autonomía y el derecho de los pueblos a decidir sobre su futuro.

El Frente Nacional de Pueblos Indígenas de Costa Rica (FRENAPI) expresa su solidaridad y recuerda los vínculos territoriales que unen a ambos pueblos: “El Pueblo Ngäbe-Buglé es un Pueblo transfronterizo. Su Territorio y el nuestro se encuentran, y su defensa nos concierne”.

Desde Honduras, José Santos Portillo Guzmán, del Consejo del Indígena Lenca de Sazagua de Santiago Puringla, La Paz, llamó a continuar la lucha y defender los derechos, sin dejarse silenciar por las autoridades ni por las redes sociales.

Jacqueline Reyes Gaona, del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), en Colombia, envió “un abrazo de armonía y resistencia” y recordó que “somos un solo territorio, ABYA YALA nos necesita”. Desde México, Palmira Flores García, de la Comunidad Triqui de San Luis Potosí, manifestó: “La fuerza y la resistencia serán siempre infinitas cuando se trate de proteger la vida y el territorio”.

Cuc Uaco Matias Romero, de la Universidad Autónoma Comunal de México, expresó su apoyo a los pueblos en resistencia “contra el olvido, contra los megaproyectos de saqueo, destrucción y muerte”, y recordó que no están solos.

Desde Bolivia, Ramiro Zenteno, de la Nación Indígena Mojeño Trinitario de la cuenca Ichilo-Mamoré, envió un mensaje de unidad: “Yaja tenonde (Sigan adelante) pueblo Ngäbe-Buglé”. También advirtió sobre los efectos de los metales pesados en territorios de su país y llamó a defender el territorio ancestral.

Otras adhesiones refuerzan este llamado. Lorena López Mejía, del Colectivo Jael Be, Maya K’iche’ de Guatemala, expresó su mensaje de “fuerza, unidad y solidaridad”. Pedro Cabezas, de la Alianza Centroamericana Frente a la Minería, manifestó su respaldo a las luchas históricas del pueblo Ngäbe-Buglé con una consigna: “¡Sí a la vida, no a la minería!”. Desde Perú, María Elena Foronda, del Instituto Natura, expresó su reconocimiento a la defensa de los derechos territoriales y los conocimientos ancestrales frente a los intereses extractivos.

Por su parte, Benito Montezuma Montezuma, de la Asociación de Desarrollo Integral de Abrojo Montezuma, en Costa Rica, recordó el papel de este pueblo en la protección de la tierra: “Vamos adelante pueblo ngäbe, los ngäbes son los protectores de está madre tierra”.

Estas voces expresan una dimensión central del pronunciamiento: la solidaridad no se limita a acompañar una lucha ajena, sino que reconoce los vínculos históricos, territoriales y culturales que unen a los pueblos indígenas y sus procesos de resistencia.

El documento sitúa el caso panameño en un contexto regional de expansión minera y de cuestionamientos a derechos y decisiones comunitarias.

En Costa Rica, advierte sobre los intentos de reabrir la minería metálica a cielo abierto en Crucitas. En Honduras y Guatemala señala la extensión de las concesiones mineras y las presiones sobre territorios y fuentes de agua. En Nicaragua destaca las afectaciones a territorios comunitarios indígenas en un contexto de restricciones a la participación social. En El Salvador recuerda que la prohibición de la minería metálica, conquistada en 2017 tras años de movilización social, fue revertida con la aprobación de una nueva ley en diciembre de 2024.

Aunque cada país presenta condiciones políticas y jurídicas diferentes, las organizaciones firmantes identifican un problema común: las conquistas legales y las decisiones colectivas que protegen los territorios pueden volver a ser cuestionadas ante el avance de los intereses extractivos.

El pronunciamiento fue promovido por la Clínica de Derechos Humanos Ambientales del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Costa Rica (IDELA-UNA), una iniciativa orientada a generar espacios de encuentro, formación, acompañamiento, documentación e incidencia pública en torno a la situación de las personas defensoras de derechos humanos ambientales en Costa Rica y América Latina.

Las organizaciones y personas firmantes solicitan el respeto pleno de la Ley 11 de 2012, rechazan la intervención de empresas con intereses mineros en los procesos de decisión de los pueblos y respaldan a las comunidades que defienden sus territorios frente a la expansión minera. También recuerdan a quienes han perdido la vida y a quienes han sufrido represión y persecución por estas luchas.

Desde Abya Yala, el mensaje es claro: la lucha del pueblo Ngäbe-Buglé no está sola.

“Abrir para cerrar”: cerrar abriendo y abrir cerrando

Por: Kevin Sánchez Saavedra
Antropólogo Social
Profesor Titular
Universidad de Panamá
kevin.esanchez@up.ac.pa

El 2 de octubre, en una conversación entre antiguos compañeros de la promoción de 1995 del Colegio Rodolfo Chiari de Aguadulce, uno de ellos soltó una frase sobre otro compañero:

“…está como esta gente de la mina: hay que cerrarla, pero hay que abrirla; para poder abrirla, tenemos que cerrarla, pero no sabemos si cerrarla porque hay que abrirla; pero ¡sí la vamos a cerrar!, ¡pero abriéndola!”.

Nos reímos. Sin embargo, la frase se quedó con nosotros. Quizás porque, detrás del relajo entre compañeros, había una síntesis bastante certera del momento que vive Panamá con el proyecto Cobre Panamá. A veces el lenguaje cotidiano consigue hacer algo que no logra un informe de cientos de páginas: desnudar las contradicciones.

“Abrir para cerrar” no es una ocurrencia de estos días. La fórmula acompaña al presidente de Panamá, José Raúl Mulino desde su llegada al poder. En su discurso de toma de posesión, el 1 de julio de 2024, afirmó que la situación de la mina representaba un potencial peligro ambiental y anunció una “estricta auditoría”. Añadió entonces que el plan de “abrir para cerrar de forma definitiva, segura y positiva para nuestro país dependería del resultado de ese estudio ambiental”.

Dos años después, la expresión dejó de ser solamente una fórmula política. El 30 de septiembre pasado, la comisión interministerial creada para analizar el futuro de la mina entregó al presidente diecisiete recomendaciones. La principal consiste en evaluar un nuevo acuerdo con Minera Panamá (First Quantum Minerals), que permita resolver los arbitrajes internacionales y establecer las condiciones para una eventual puesta en marcha que conduzca a un cierre ordenado, autofinanciado, sin costo para el Estado y sin posibilidad de prórroga. El propio gobierno aclara que todavía no existe una decisión definitiva ni se ha determinado la figura jurídica que tendría ese eventual acuerdo.

La intención parece sencilla: la mina necesita cerrarse, cerrar cuesta muchísimo dinero y la propia operación debería producir los recursos necesarios para pagar ese cierre.

Pero allí empieza el verdadero problema.

Porque una cosa es mantener una mina cerrada bajo condiciones de seguridad y otra muy distinta es volver a producir para poder cerrarla.

Nadie debería minimizar los riesgos de dejar abandonada una instalación de esa magnitud. Una mina no desaparece cuando cesa la extracción. Quedan tajos, depósitos de roca, plantas, aguas de contacto, infraestructuras y enormes volúmenes de relaves. La auditoría integral encargada por el Estado supuestamente evaluó aspectos ambientales, legales, laborales, tributarios, técnicos y operacionales, además de riesgos actuales y pasivos ambientales futuros. Hay razones técnicas, entonces, para afirmar que el cierre de una mina semejante exige trabajo, vigilancia y dinero.

El problema aparece cuando de esa afirmación se pasa a otra: que para cerrarla hay que volver a explotarla. En cuyo caso encontramos, por lo menos, cinco contradicciones.

Primera contradicción: política

Todos sabemos que Cobre Panamá no dejó de operar porque la empresa hubiese llegado al final previsto de su proyecto. Tampoco porque el gobierno anterior y la compañía hubiesen acordado tranquilamente un plan de cierre. El cese ocurrió después de las movilizaciones sociales de 2023 y de la sentencia de la Corte Suprema que declaró inconstitucional la Ley N° 406.

Eso importa, y mucho si colocamos en la balanza que miles de panameños y panameñas expusieron sus cuerpos, tiempo, sustento, vida doméstica, vínculos, seguridad, futuro y emociones en esa lucha. Para muchas familias el duelo y las heridas siguen abiertas.

Si el gobierno actual decide ahora que la mina debe volver a producir, aunque sea con el propósito declarado de cerrarla, tendrá que explicar qué relación existe entre esa decisión y lo ocurrido en 2023. No basta con afirmar que se respetará el fallo de la Corte. Hay que explicar social y materialmente cómo se respeta.

Segunda contradicción: legal

La Ley N° 407 declaró una moratoria por plazo indefinido para nuevas concesiones destinadas a exploración, extracción, transporte y beneficio de minerales metálicos en Panamá. El gobierno sostiene ahora que el instrumento para ejecutar un eventual cierre autofinanciado no sería ni un contrato-ley ni una concesión minera. Pero todavía no sabemos cuál sería.

Y allí surge una pregunta elemental: si una empresa extrae mineral, lo procesa, lo transporta y lo comercializa, ¿cómo llamaremos jurídicamente a eso? Cambiarle el nombre al instrumento no resuelve automáticamente el fondo del asunto.

Tercera contradicción: económica

Esta es una de las más preocupantes. Según lo explicado por la Comisión, el cierre podría requerir miles de millones de dólares y extenderse durante décadas. La idea es que el propio proyecto genere los fondos necesarios.

No obstante, hay un antecedente que no debería pasar inadvertido. Desde antes de 2019, el proyecto ya contemplaba provisiones financieras para el cierre, estimaciones de costos para distintos escenarios —incluido un cierre no programado— y una garantía de responsabilidad ambiental aprobada por MiAmbiente. El cierre, por tanto, no era una obligación imprevista ni un costo desconocido para la operación. Entonces, ¿por qué, ante el cierre del 2023, la solución propuesta pasa ahora por extraer más cobre para poder pagarlo? Probablemente aquellas provisiones no fueron suficientes para enfrentar las condiciones actuales, pero precisamente por eso sería necesario explicar cuánto de aquellas provisiones existen hoy, cuál es su alcance y por qué resulta insuficiente antes de presentar la nueva extracción como mecanismo de financiamiento.

Al mismo tiempo, el ministro de Economía y Finanzas de Panamá ha insistido en las pérdidas que supone para el país mantener la mina sin producción, y ya se habla nuevamente de miles de empleos directos e indirectos asociados a actividades en la mina. Eso es comprensible. La minería genera actividad económica. El artículo “Natural Resources and Local Communities: Evidence from a Peruvian Gold Mine”, de Fernando Aragón y Juan Pablo Rud (2013), mostró en el caso de Yanacocha que una mina puede generar incrementos en ingresos locales mediante empleo, servicios y compras a proveedores cercanos.

Pero los beneficios no cuentan toda la historia. Los mismos Aragón y Rud (2016), en “Polluting Industries and Agricultural Productivity: Evidence from Mining in Ghana”, encontraron que la productividad agrícola en zonas cercanas a minas de oro cayó significativamente, y señalaron la contaminación como la explicación más plausible. Una economía minera puede producir riqueza y, al mismo tiempo, trasladar costos hacia otros territorios, actividades y poblaciones.

Por eso hay otra pregunta que no deberíamos perder de vista: si para cerrar es necesario volver a contratar trabajadores, reactivar proveedores, exportar cobre, generar ingresos fiscales y devolver a la mina un peso considerable dentro de la economía nacional: ¿qué ocurrirá después?

Porque las economías también crean dependencias.

Hoy podríamos abrir para cerrar. Mañana podríamos escuchar que cerrar provocaría desempleo. Después que afectaría las exportaciones. Luego que disminuiría el crecimiento. Y más adelante que sería irresponsable detener una actividad nuevamente importante para la economía. ¿Tales dudas son nuevas o ya las hemos escuchado de algunos sectores político-empresariales?

Entonces la pregunta dejaría de ser cuánto cuesta cerrar, y pasaría a ser otra: ¿cuándo podremos permitirnos cerrar?

Cuarta contradicción: ambiental

Panamá ya tiene experiencia con minas que terminan, pero cuyos efectos permanecen. El estudio “Ecological and Health Risk Assessments of an Abandoned Gold Mine (Remance, Panama)”, realizado por Ana Cristina González-Valoys y un equipo de investigadores (2021), encontró en la antigua mina de Remance residuos expuestos, contaminación por elementos potencialmente tóxicos y riesgos para las comunidades cercanas, particularmente para los niños y las niñas.

Como se sabe, cerrar no significa desaparecer.

El estudio global “Impacts of Metal Mining on River Systems”, publicado en la revista Science en 2023 por Michael Macklin y otros investigadores, estimó que millones de personas viven en planicies afectadas por residuos de minería metálica y mostró cómo los contaminantes pueden desplazarse por los sistemas fluviales y permanecer almacenados durante largos períodos.

Por eso sería irresponsable decir simplemente: “cierren mañana y váyanse”. Pero sería igualmente irresponsable convertir esa complejidad ambiental en una autorización automática para volver a explotar.

La contradicción ambiental es, en realidad, todavía más amplia. No comienza con el cierre ni termina con la posibilidad de una reapertura. Incluye los efectos ya producidos sobre aguas, suelos, bosques, hábitats, paisajes y comunidades; los costos que pueden seguir acumulándose durante años; y las formas de vida humanas y no humanas que quedan expuestas a decisiones tomadas en nombre de la productividad, el empleo o el crecimiento. Cerrar una mina no borra esas transformaciones. Tampoco las convierte automáticamente en costos ya saldados.

Quinta contradicción: ética

Esto último nos lleva directamente al problema ético. ¿Quién pagará realmente ese cierre? Decir que no costará nada al Estado puede resultar atractivo. Pero el cobre que financiaría la operación no pertenece a First Quantum Minerals ni a Minera Panamá. Jurídicamente ese “recurso” mineral pertenece a la nación. Si se extrae parte de ese recurso para pagar el cierre, entonces el país también está aportando, y mucho. No necesariamente dinero presupuestario, pero sí patrimonio mineral que no pertenece a la empresa.

Además, la discusión no ocurre en un vacío. Las investigaciones colaborativas de “Países Minados”, especialmente “La Patria Minera”, publicadas por un consorcio periodístico (2025), documentaron vínculos entre proveedores de Minera Panamá, funcionarios, familiares de funcionarios y actores políticos. Dicha investigación advierte que esos vínculos no prueban por sí mismos ilegalidades, pero sí revelan la densidad de relaciones económicas y políticas alrededor del proyecto.

Eso obliga a exigir todavía más transparencia. Quizás por eso la frase de nuestro compañero resulta tan efectiva. No necesitó explicar los arbitrajes, la moratoria, los relaves ni los modelos financieros. Le bastó con escuchar la fórmula: Hay que cerrarla, pero hay que abrirla.

El humor detectó una tensión que la política tendrá que resolver con algo más que palabras. Porque puede que para el gobierno actual abrir para cerrar sea realmente la única manera técnica y financieramente posible de cerrar Cobre Panamá. Sin embargo, también puede ocurrir otra cosa.

Que el cierre termine convirtiéndose en la justificación de la apertura.

Entonces la pregunta no será cuándo vamos a cerrar la mina. Será: ¿en qué momento dejamos de estar cerrándola y comenzamos, nuevamente, a explotarla?

AMDES denuncia nuevo ataque armado contra comunidades mayangnas en la Reserva de Biosfera Bosawás, Nicaragua

Según la organización indígena, un grupo de colonos armados incendió viviendas, secuestró a cuatro hombres y asesinó a dos de ellos, padre e hijo, en la comunidad Dimanwas.

La Asociación Mayangna para el Desarrollo Social (AMDES) emitió una “denuncia pública urgente y muy grave” el 19 de octubre de 2026 sobre un nuevo ataque contra familias del pueblo mayangna en la Reserva de Biosfera Bosawás, en Nicaragua. Según la organización, el ataque fue perpetrado por colonos no indígenas armados.

Los hechos denunciados

De acuerdo con la información recibida de liderazgos comunitarios de la zona, entre la noche del domingo 18 y el amanecer del lunes 19 de octubre, unos 15 colonos armados entraron en la comunidad Dimanwas, del territorio Sauni As, en el municipio de Bonanza, Región Autónoma de la Costa Caribe Norte. Según AMDES:

  • habrían incendiado al menos cuatro viviendas habitadas por familias, con niñez y personas adultas;
  • dispararon con armas de fuego contra el ganado;
  • secuestraron a cuatro hombres y asesinaron a dos indígenas mayangnas, padre e hijo: Dionicio Hernández Bruno y Wilmer Hernández Smith.

Un patrón de violencia y la omisión del Estado

La organización señala que la Costa Caribe Norte de Nicaragua ha sido escenario de violencia contra las comunidades indígenas durante los últimos 15 años. Solo en el territorio mayangna de Sauni As se han registrado al menos seis episodios de violencia de alto impacto, con grave deterioro del patrimonio ancestral, alta inseguridad, falta de libertad y pérdida de vidas.

Según AMDES, estos hechos son conocidos por las autoridades territoriales, municipales, regionales y nacionales, que “han hecho caso omiso” y no han adoptado medidas ni brindado garantías efectivas para proteger a la población mayangna. La organización denuncia además que el Estado de Nicaragua mantiene en detención arbitraria a guardabosques indígenas que defienden la Madre Tierra, su cultura y sus comunidades.

El comunicado advierte que en las últimas semanas han circulado en redes sociales imágenes de jóvenes colonos con armas de guerra, como fusiles M16 y AK47. También circula un supuesto comunicado de colonos que amenaza con salir a las comunidades a “degollar” a comunitarios, en represalia por las labores de vigilancia territorial.

AMDES señala también el conocido interés minero y ganadero en continuar el desplazamiento violento de las poblaciones mayangnas para expandir sus actividades extractivas en esas tierras, fértiles y con gran potencial minero.

En el mes en que se cumplen 39 años desde que el Estado de Nicaragua reconoció la existencia y los derechos de los pueblos indígenas, la organización denuncia estos hechos de extrema violencia, que a su entender constituyen “crímenes de genocidio y etnocidio cultural”.

Las demandas

AMDES demanda al Estado de Nicaragua:

  • investigar y judicializar a los autores materiales e intelectuales de estos hechos;
  • garantizar con urgencia la protección jurídica y social de las comunidades indígenas que sufren esta violencia;
  • iniciar lo antes posible el saneamiento de los territorios indígenas, para que los pueblos puedan vivir en paz en las tierras heredadas de sus ancestras y ancestros.

Al pueblo de Nicaragua le pide solidaridad con las familias indígenas, en especial con las afectadas por la violencia de estos días, y que se informe a fondo de lo que ocurre en los territorios indígenas. A la comunidad internacional la exhorta a emprender las acciones diplomáticas necesarias para instar al Estado de Nicaragua a proteger a los pueblos indígenas de la violencia y del despojo de sus territorios.

Asociación Mayangna para el Desarrollo Social (AMDES)
“Conservando la sabiduría ancestral, honramos el legado de nuestros antepasados”. Hijos de la Madre Tierra – Sau Nanang Sulani Balna.

El precio que no cabe en una onza: Juan Antonio López, Crucitas y la patria que queremos

A dos años de su asesinato, una reflexión con ocasión de la Independencia

Dr. Bernardo Aguilar González
Presidente del Parlamento Cívico Ambiental

Este 14 de septiembre, mientras Costa Rica entraba en la víspera de sus fiestas patrias, Centroamérica recuerda también un aniversario incómodo: hace exactamente dos años fue asesinado en Tocoa, Honduras, Juan Antonio López, líder laico católico, defensor del agua y de los bienes comunes, e integrante de la resistencia comunitaria frente a proyectos extractivos en el Bajo Aguán. Había recibido amenazas, acoso y vigilancia; la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le había otorgado medidas cautelares. Aquella noche, después de una celebración de la Palabra, fue atacado a tiros.

López no fue solamente “un ambientalista”. Fue padre de familia, delegado de la Palabra, articulador de la pastoral social, servidor público local y miembro de redes eclesiales dedicadas al cuidado de la creación. En su vida, la fe y la defensa del territorio no ocupaban compartimentos separados: proteger los ríos, acompañar a las comunidades y denunciar aquello que consideraba injusto eran expresiones de una misma responsabilidad moral. Esa coherencia explica por qué su muerte trascendió las fronteras hondureñas.

Su asesinato obliga a una precisión. No existe todavía una sentencia firme que permita convertir en certeza jurídica el móvil último del crimen. Esa cautela es indispensable. Pero sería igualmente poco serio tratar su defensa ambiental como un dato accidental. En 2025 la CIDH llamó a investigar el crimen considerando su papel como defensor del ambiente entre los posibles móviles; y en 2026 la causa avanzó contra presuntos autores intelectuales. El proceso sigue abierto y el móvil final no ha sido establecido por sentencia. Las dudas procesales permanecen; el contexto, sin embargo, no puede borrarse.

El reciente artículo del cardenal Michael Czerny y Luca Colacino convierte el caso de López en algo más que una tragedia individual. Lo ubica en una realidad latinoamericana donde degradación ecológica, desigualdad estructural, captura institucional y violencia contra defensores pueden encontrarse en un mismo territorio. Allí aparece uno de los costos menos contabilizados de la minería a gran escala: no solo toneladas removidas, agua comprometida o pasivos de restauración, sino miedo, criminalización, ruptura comunitaria y, en los extremos, vidas humanas (https://iglesiasymineria.org/wp-content/uploads/2026/08/Articulo-Cardenal-CZERNY.pdf).

Esa fue también una de las conclusiones más importantes del Congreso Latinoamericano sobre Impacto Socioambiental de la Minería celebrado en julio en la Pontificia Universidad Católica de Costa Rica: la discusión no puede reducirse a una consigna a favor o en contra. La pregunta seria es quién decide, quién recibe los beneficios, quién asume los riesgos y quién repara el daño. Una actividad puede producir divisas y empleo, pero si sus costos se concentran en comunidades vulnerables y sus beneficios salen del territorio, el balance económico dice muy poco sobre el desarrollo humano real.

Pedro Landa defensor ambiental y de los derechos humanos formuló en ese congreso otra advertencia necesaria: la transición energética y digital no elimina el extractivismo; puede multiplicar la presión minera mediante la demanda de minerales llamados “críticos”. Su pregunta de fondo es incómoda: ¿críticos para quién? Un mineral puede ser estratégico para cadenas globales de tecnología y, al mismo tiempo, poner en riesgo el agua, la salud o la estabilidad social de la comunidad donde se extrae. Una transición que cambia combustibles, pero conserva zonas de sacrificio no es suficientemente justa.

El padre Patricio Sarlat ofreció asimismo el criterio para no perderse entre cifras y tecnicismos: dignidad humana y cuidado de la Casa Común. La ecología integral no sustituye a la ciencia, al derecho ni a la economía; obliga a integrarlos. Si la crisis ecológica y la crisis social tienen raíces comunes, ninguna solución puede considerarse completa cuando salva el recurso y abandona a la comunidad, o cuando promete crecimiento a costa de debilitar la convivencia, la salud y la confianza institucional.

Esta mirada importa especialmente para nuestra situación en Crucitas. Costa Rica enfrenta allí una emergencia verdadera: minería ilegal, redes criminales, deforestación, sustancias tóxicas, vulnerabilidad social y pérdida de control territorial. Negarlo sería irresponsable. Pero también sería irresponsable concluir que la única alternativa a la ilegalidad es legalizar una explotación a cielo abierto bajo condiciones que reproduzcan otros riesgos de larga duración.

El Congreso de Minería propuso una ruta más exigente y, precisamente por eso, más útil: contener, restaurar, transformar y acompañar. Contener significa recuperar control territorial, seguridad y capacidad efectiva de fiscalización. Restaurar implica agua, suelos, ecosistemas y garantías financieras que eviten trasladar al Estado el costo futuro. Transformar exige alternativas económicas locales —agroforestería, turismo, economía circular, educación y empleo— que reduzcan la dependencia de la extracción. Acompañar significa que las comunidades no sean espectadoras del arreglo, sino sujetos de información, participación y decisión.

Crucitas necesita una solución integral, no una salida rápida. Cualquier propuesta debería superar, como mínimo, pruebas de legalidad y no regresión ambiental, evidencia científica independiente, distribución justa de costos y beneficios, acceso público a la información, trazabilidad, eliminación efectiva de sustancias tóxicas y garantías previas para cierre, restauración y monitoreo.

Este 15 de septiembre, conviene recordar que independencia no significa solamente soberanía frente a poderes extranjeros. También significa que una sociedad conserve la capacidad de decidir sobre su territorio sin que el miedo, la ilegalidad, la corrupción o la urgencia sustituyan al discernimiento democrático.

Juan Antonio López no debería ser utilizado como argumento automático contra toda minería. Su memoria exige algo más serio: que cuando evaluemos un proyecto extractivo contabilicemos también aquello que nunca aparece en el precio internacional del oro. El agua. La paz social. La confianza. La dignidad. Y, sobre todo, la vida humana. Esa es la patria que vale la pena defender.

Imagen: https://www.religiondigital.org/america/anos-justicia-asesinato-ambientalista-juan_1_1466426.html

Bloque Verde: “La acción en las calles es luminaria de esperanza”

Sin una sana separación de poderes, la defensa de nuestros territorios queda a merced de intereses extractivistas.

Las calles siguen siendo esperanza y resistencia frente a quienes destruyen y contaminan nuestra casa común.

Y esto no es un cheque en blanco al Poder Judicial: a ecologistas y pueblos indígenas nos siguen debiendo justicia pronta y cumplida.

Recordamos a Sergio Rojas, Jehry Rivera, Jairo Mora. Su memoria también es lucha.

Le invitamos a ver y compartir.

Congreso Latinoamericano abordará los impactos socioambientales de la minería, con la participación del Vaticano y organizaciones de siete países

Este 17 y 18 de julio se realiza en la sede central de la Universidad Católica de Costa Rica (UCAT), en Moravia, el Congreso Latinoamericano: Impacto Socioambiental de la Minería, una actividad académica organizada por el Observatorio Socioambiental Laudato Si’ de la UCAT, en conjunto con el Parlamento Cívico Ambiental de Costa Rica, con el apoyo de la Fundación Konrad Adenauer. El congreso cuenta además con el respaldo y la participación del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral del Vaticano, así como de la Conferencia Episcopal de Costa Rica y del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

Según indicó Bernardo Aguilar, presidente del Parlamento Cívico Ambiental de Costa Rica, la iniciativa busca impulsar un diálogo profundo e integral sobre la actividad minera, no solo desde una perspectiva científica, sino también espiritual, que contribuya a atender la conflictividad ambiental existente hoy en la región en torno a este tema, entre ella la situación del conflicto ambiental de Crucitas.

La pregunta orientadora del encuentro, según el programa académico, es si resulta posible construir un diálogo sobre la realidad de la minería en América Latina que promueva el desarrollo sin sacrificar la dignidad humana, las comunidades y «la casa común», o si se está ante una contradicción ética que no puede ignorarse.

Participantes y países representados

De acuerdo con el sitio oficial del congreso, se cuenta con la participación de ponentes de Costa Rica, Honduras, El Salvador, Brasil, México, Panamá y Estados Unidos. Entre las personas ponentes confirmadas figuran:

  • Pedro Landa (Honduras), investigador y docente en extractivismo minero-energético en Centroamérica.

  • Moema Miranda (Brasil), antropóloga, integrante de la Red Iglesias y Minería y asesora de la Comisión Episcopal Pastoral Especial para Ecología Integral y Minería de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil.

  • Vidalina Morales (El Salvador), defensora de derechos humanos y ambientales, integrante de la Asociación de Desarrollo Económico y Social de Santa Marta (ADES) y de la Mesa Frente a la Minería.

  • Mons. Jenry Ruiz (Honduras), delegado de la Conferencia Episcopal hondureña para la Comisión Nacional de Ecología Integral.

  • Arturo Carballo Madrigal (Costa Rica), presidente de la Asociación Preservacionista de Flora y Fauna Silvestre (APREFLOFAS).

  • Fray Erick Marín Carballo (Costa Rica), teólogo con experiencia de acompañamiento a comunidades afectadas por la minería en Centroamérica y la Panamazonía, vinculado al Parlamento Cívico Ambiental y a la Alianza por la Casa Común.

  • Bernardo Aguilar (Costa Rica), abogado, presidente del Parlamento Cívico Ambiental y líder del equipo consultor del MINAE para la valoración del daño ambiental en Crucitas.

  • Zulma Herrera (México), especialista en gestión de capital humano en la industria minera.

  • Heileen Montiel Cubillo (Costa Rica), asesora legal del Tribunal Ambiental Administrativo del MINAE.

  • Pbro. Julio Arváez (Panamá), misionero claretiano, coordinador de la Pastoral Indígena de la Arquidiócesis de Panamá y activista del movimiento Panamá Vale Más Sin Minería.

  • Ray Offenheiser (Estados Unidos), con tema por confirmar.

  • Iliana Boschini (Costa Rica), en el panel «Voces desde la institucionalidad».

  • René Castro (Costa Rica), quien abordará gobernanza ambiental y sostenibilidad en contextos extractivos.

  • Henry Prado (Fortech, Costa Rica) y Raúl Rubén Muñoz Garrido (Chile), en el panel de buenas prácticas y transformación sostenible.

  • P. Patricio Sarlat Flores, del Dicasterio de Ecología Integral del Vaticano, y S.E.R. Cardenal Michael Czerny, del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, con un mensaje de saludo institucional.

Estructura del programa

El programa académico se organiza en seis bloques temáticos distribuidos en dos jornadas. El primer día (17 de julio) incluye la conferencia inaugural «Minería, desarrollo y desafíos socioambientales», a cargo de Leonardo Merino, investigador del Programa Estado de la Nación, así como paneles sobre la realidad institucional, la gobernanza ambiental en contextos extractivos y las voces de los territorios afectados, con la participación de Pedro Landa y Arturo Carballo Madrigal, entre otros. El segundo día (18 de julio) se centra en la ecología integral como horizonte ético, con ponencias sobre eco-teología y espiritualidad, además de una jornada de «conversación en el espíritu» orientada a la construcción de consensos, con mesas de trabajo participativas. El cierre académico estará a cargo de Bernardo Aguilar.

Como actividad complementaria, el domingo 19 de julio se realizará una visita de campo al Ecomuseo de las Minas de Abangares, en Guanacaste, que incluye un recorrido histórico de dos horas por los senderos y vestigios del período de industrialización de la actividad minera en esa zona.

Inscripción

Según el afiche oficial del evento, la inscripción al congreso tiene un costo de 75 dólares, mientras que la modalidad que incluye la visita de campo al Ecomuseo de Abangares tiene un costo de 175 dólares. Las personas interesadas pueden obtener más información e inscribirse a través del sitio web de la Universidad Católica de Costa Rica.

Crucitas: ¿Vamos a volver a ALCOA?

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

En un viaje que realicé al paradisiaco lugar de Bahía Ballena, un guía turístico nos contó la historia de don John, quien siendo joven trabajaba para la Aluminum Company of America (ALCOA) y al ver la devastación eco-ambiental que iba a producir la explotación de bauxita a cielo abierto, decidió contribuir con el movimiento social que luchaba contra la concesión que el gobierno había otorgado a la empresa ALCOA. Se convirtió en un informante que puso a disposición del movimiento información clave y estratégica para su lucha. Por supuesto, el joven John fue despedido de la empresa. Se quedó en el país, y nos contó el guía que luego construyó un pequeño hotel ecológico.

Posteriormente, logré contactarlo para pedirle autorización de publicar un pequeño relato sobre su participación en el movimiento social contra ALCOA, que incorporé en el libro “Entre gaviotas y delfines. Vivencias en la Costa rica” (BBB Producciones, 216). Felizmente, conté con su aprobación.

Como este joven el país ha contado con la generosidad de muchos extranjeros que han contribuido a promover y fortalecer el modelo costarricense de protección y conservación de su riqueza biodiversa. Somos un “país ecológicamente rico”, gracias a ese aporte solidario y a la sabiduría de quienes en este país no se conforman con las migajas que caen de la mesa de las grandes empresas mineras extranjeras. Y no han estado dispuestos a convertir la riqueza biodiversa de nuestras montañas en desiertos para extraer recursos mineros del subsuelo.

Volvimos el año pasado a Bahía Ballena, y nuevamente nos extasiamos admirando la belleza de esa formación natural que asemeja a una cola de ballena y, desde ahí, contemplamos el paisaje montañoso mientras unas lapas las sobrevolaban dibujando una estela multicolor ¿Qué sería de las ballenas jorobadas y de las lapas si se hubiesen devastado esas montañas y Bahía Ballena convertida en un puerto para la exportación de bauxita?

Nos hospedamos en un pequeño hotel perteneciente a una emprendedora familia de la zona. Pudimos percibir indicios de un modelo virtuoso de desarrollo turístico, donde las comunidades locales y sus habitantes, al igual que esta familia, se conviertan en los principales beneficiarios de la riqueza biodiversa de nuestro país.

Volver por los caminos de la explotación minera a cielo abierto de iniciativas como las de ALCOA es declararle la guerra a nuestra naturaleza y, con ella, a la vida misma. Nuestro país es líder mundial en defensa de los derechos humanos y de la naturaleza. Hoy somos uno de los principales destinos turísticos precisamente por esa apuesta de conservación y defensa de la naturaleza. Reproducir el viejo modelo de ALCOA, que significaría devastar una zona biodiversa estratégica, reservorio de mantos acuíferos y hábitat natural de múltiples especies de flora y fauna, es un contrasentido y una involución en materia de desarrollo sostenible.

Estamos a tiempo de contener un proyecto que convertirá en desierto otra zona montañosa que debería ser sagrada para todos los costarricenses. Hemos probado que es más rentable social y ecológicamente conservar y proteger nuestros recursos naturales, que sacrificarlos por unos dólares más. Si somos verdaderamente patriotas, defendamos a la Costa Rica Verde de nuestras montañas y azul de nuestros ríos y mares. Ahí está nuestra principal riqueza, y no en el subsuelo. Seamos fieles a nuestra vocación conservacionista. Es la mejor herencia que podemos dar a nuestros hijos y nietos y a la humanidad entera.

Proyecto del oro: otra farsa

Freddy Pacheco León

Freddy Pacheco León

Prometen a las asociaciones de desarrollo integral, ¡$ 30 por cada millón de dólares! transferido a las cuentas bancarias de un supuesto concesionario extranjero. Y a la Municipalidad de San Carlos, $12.500, «para que apoye la explotación del oro que se pudiere encontrar en 849 km² del distrito de Cutris», mientras el millón de dólares engorda las arcas allá lejos de nuestro entreguista país. Y al actuar como tagarotes, saltando del yacimiento de Crucitas (ubicado en menos de 1 km²), más inviable hicieron el atropellado proyecto del oro al extenderlo a tan extensa área.

Sin embargo, como “el que mucho abarca, poco aprieta”, en su trámite, por no prestar atención a observaciones oportunas y muy válidas, jamás van a lograr tener empresas mineras haciendo fila para ganar concesiones para explorar, pues la inversión es alta (incluye compras de fincas… para el que negocie primero con los terratenientes) y las lentas, posteriores y costosas tareas de exploración, ¡que, sin embargo, no les garantizan los derechos de explotación!, que pudieren incentivar a grandes y experimentadas mineras a participar en una eventual subasta que se decidirá finalmente en Casa Presidencial.

Pero, hay un pero enorme, que los redactores del proyecto no consideraron pese a oportunas advertencias. Resulta que, como hace años las concesiones de minería se otorgaban antes de que se realizaran exitosos estudios de impacto ambiental, la Sala Constitucional, al resolver una acción en contra de poner «la carreta delante de los bueyes», explícitamente acotó: «Se declara con lugar la acción en forma unánime, contra los artículos 34 inciso ch) y 97 inciso g) del Código de Minería y en consecuencia, se anulan por inconstitucionales y por conexidad los artículos 24 inciso ch) y 105 párrafo primero del Código de Minería», que permitían tal sinsentido. Resolución del 9 de noviembre del 2009, que ¡conociéndola!, por su trascendencia, los proponentes se saltaron con quién sabe qué torpes intenciones.

Estamos pues ante una muy reprochable farsa, pues habría que ver cuál o cuáles empresas extranjeras se comprometerían a gastar gran cantidad de dólares en estudios ambientales integrales, para ver si con ellos obtendrían las ineludibles viabilidades ambientales, para con ellas en mano, involucrarse en una puja con otras empresas para proceder a explorar, con la esperanza de que eventualmente les escojan para explotar los yacimientos detectados. Pero eso sí, para ello, para otorgarles las concesiones para la explotación deseada, antes, como vimos, deberán ejecutar los estudios de impacto ambiental de ley para esa nueva y definitiva etapa.

Así que, mis amigos, lo de los poquitillos dólares comentados antes, realmente se esfuman ante esta realidad que no puede ser modificada por medio de un proyecto de ley que sería indiscutiblemente inconstitucional, por lo que cabe afirmar con certeza: estamos ante otra farsa.

16.6.2026

Crucitas: la ilusión de riqueza que produce el oro

Fernando Rodríguez Garro
Economista

Fernando Rodríguez Garro

Los conquistadores españoles se obsesionaron con el mito de El Dorado, que se fue distorsionando con el tiempo hasta llegar a ser la historia de una ciudad con riquezas inimaginables en oro. Esto los llevó a embarcarse en tareas increíbles, como la de tratar de drenar la Laguna de Guatavita a mediados del siglo XVI, a fin de comprobar la veracidad de la leyenda, lo que generó una cicatriz en la zona que aún hoy es visible y que pudo dañar de forma irreparable la riqueza ambiental del área que la rodea. Los conquistadores no encontraron El Dorado, ni lograron secar la Laguna de Guatavita, aunque finalmente mucho oro sí logró cruzar el Atlántico.

La comprensión que el mundo tenía de riqueza en ese entonces era muy particular, claramente la acumulación de metales preciosos tenía un papel central en ese concepto y el poder de las naciones se definía en función de la cantidad de “riquezas” en oro y plata que se pudieran acumular. Pero esto cambió, el mundo transformó su modo de producción y la revolución industrial vino a darle sustento a una visión que condensó adecuadamente Adam Smith en su obra “Investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones”, cuando señalaba que la base de la riqueza de una nación está en la producción, el uso del trabajo productivo para la satisfacción de las necesidades de la población. Los metales preciosos son, en este concepto, un medio de cambio, pero no la fuente de la riqueza.

La discusión con la que hoy nos encontramos, sobre la minería de oro a cielo abierto en la zona norte de nuestro país, se distorsiona para promover un ideal de riqueza que desde hace 250 años la economía como disciplina científica dejó atrás. Si bien el oro extraído del suelo se puede comerciar y obtener de él recursos para invertir de distintas formas, ni esto por sí solo garantiza resultados distintos que hagan del proceso en la zona norte una panacea de desarrollo, ni cambiará el destino de la zona de Cutris y alrededores en el largo plazo.

Empecemos por el primer punto, hay muchas experiencias previas de países, o regiones, dedicadas a la explotación de oro, y otros recursos naturales, en que estas actividades no cambiaron sustancialmente su situación económica y, sobre todo, su nivel de desarrollo en el largo plazo. Si la explotación de oro planteada en Cutris será como se ha indicado hoy, gran parte del valor que generará la venta del oro no quedará en la comunidad, ni servirá para transformar mayor cosa en esa comunidad. La forma en la que se plantee el proceso, más allá del papel del oro en la transformación de las condiciones económicas de la zona, puede hacer que las cosas se vean distintas, para bien, o que no dejen ningún efecto beneficioso.

Ilustremos esto con un ejemplo. ¿Por qué si Noruega y el Reino Unido tenían acceso a la misma cuenca del Mar del Norte, obtuvieron resultados distintos de la exploración y extracción de petróleo? La respuesta en sencillo es la forma en que lo planteó Noruega, su estrategia se basa en el control público estricto de estas actividades, impuestos elevados a las empresas que participan de la extracción del petróleo, que llegan al 78% de sus ganancias netas, y la constitución de un gigantesco fondo de inversión global, que es la fuente de recursos que alimenta la economía noruega. Para obtener en nuestro caso resultados distintos, como los obtenidos por Noruega, tendríamos que hacer las cosas de otra manera, que dista mucho de lo que se está planteando hoy con la minería de oro a cielo abierto.

Por otro lado, ¿puede garantizar este proceso un cambio en las condiciones de desarrollo de la zona norte del país? No, siguiendo el planteamiento que define lo que es riqueza, las condiciones de producción de riqueza en la zona no cambiarán, no habrá una modificación de sus fuerzas productivas, ni en las condiciones de competitividad, ni una transformación de los procesos de producción que permitan sumar más valor agregado a las actividades económicas en esa región. El día que el oro no esté, que se haya agotado su explotación, nos quedarán los resultados del proceso, los buenos y los malos, incluyendo en esto último los impactos ambientales, pero nada más, no habrá ninguna transformación sustancial que cambie el destino de las personas de esa zona.

Esto lo entendieron los países petroleros del Golfo Pérsico hace un tiempo, cuando supieron que los recursos obtenidos por las ventas de este hidrocarburo debían invertirse en cambiar las cosas dentro de sus países. Sin embargo, la situación actual en esa región del planeta demuestra que su posición aún es endeble, sus economías siguen muy vinculadas a la exportación de gas y petróleo, y si su comercialización se ve afectada por situaciones como la que viven hoy, sufren de forma importante. Ese es el problema de suponer que podemos depender de un recurso natural, para solucionar los problemas que las estrategias de desarrollo de las últimas décadas no lograron.

Si la explotación del oro no cambia la realidad de las fuerzas productivas de la zona, si esos recursos no se invierten en fortalecer la educación de sus niños y jóvenes, en mejorar la infraestructura pública de la región norte, en más y mejores caminos, en mejorar la velocidad de conexión a la red de internet, en más y mejor infraestructura de salud, incluso en una ferrovía que conecte la zona norte con el área portuaria del Caribe costarricense, no habrá nada distinto el día que el oro se acabe, salvo el previsible impacto ambiental.

Y es que esto tampoco se habla de forma abierta, pues la ilusión de riqueza que el oro produce, no se contrapone al costo ambiental que produciría la exploración del oro en gran escala, impacto que reduciría los beneficios a la población por los servicios ambientales que la zona eventualmente impactada produce hoy día. ¿Cuánto será el costo ambiental de esa exploración, en comparación con el pírrico 5% de los ingresos de la actividad que se quedarán en el país como renta del oro extraído?

Sin entender cómo realmente se produce la riqueza, o sin ver el impacto que el costo ambiental puede tener en nuestras actividades diarias, incluyendo la producción en el largo plazo, lo que estamos haciendo por el momento es engañarnos con el oro como una solución a los problemas de una región que urge de respuestas.