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Etiqueta: hegemonía

El fenómeno Trump

ALAI AMLATINA, 09/06/2016.- EEUU es un país con 300 millones de habitantes, con la economía más grande del mundo, moviliza las fuerzas armadas más poderosas sobre la tierra y tiene la ‘máquina’ propagandística-cultural más rica en la historia de la humanidad. Para manejar este enorme poderío ha tejido a lo largo de décadas, más de dos siglos, un aparato político capaz de enfrentar retos y movilizar millones de personas. El sofisticado engranaje es la llamada democracia.

El núcleo central de este complejo sistema lo controla un conjunto de instituciones e individuos que en EEUU es identificado como el “establishment”. Son los guardianes del orden establecido y son los responsables de mantener la hegemonía sobre los diferentes sectores del país de tal manera que los cambios no perjudiquen los intereses creados. Cada cuatro años convocan elecciones para elegir líderes políticos, incluyendo al presidente de EEUU.

El proceso es supervisado por el establishment para garantizar que no se produzcan sorpresas y no sean elegidos candidatos que se salgan de las normas aceptadas.

Entre las normas, la más importante es garantizar la reproducción del sistema que protege los resortes económicos de propiedad y represión (violencia). Para lograr este fin, el establishment cuenta con dos partidos políticos: uno más conservador (Republicano) y el otro más liberal (Demócrata).

En la campaña electoral de 2016 salió a relucir dentro del Partido Republicano una masa electoral que respaldó al candidato menos comprometido con el orden tradicional: Donald J. Trump. Su mensaje se dirige a una población electoral de hombres ‘blancos’ frustrados sin empleo, sin vivienda propia y sin seguridad social. Esa masa sorprendió a los ‘expertos’ y arrasó en las primarias. Le dio a Trump los delegados que lo van a coronar candidato Republicano.

Los ‘conservadores’ que planteaban políticas de austeridad fiscal, así como servicios de salud y educación privados fueron desplazados por Trump. El candidato multimillonario de Nueva York no le hizo caso a los postulados del segmento conservador del Partido Republicano. Incluso, durante las primarias, fue ambiguo en muchos puntos sacrosantos para las iglesias evangélicas (aliadas estratégicas del Partido Republicano). En cambio, Trump arremetió contra los migrantes mexicanos, los afronorteamericanos, las mujeres y los musulmanes. Prometió acabar con los tratados de libre comercio, destruir militarmente al ‘Estado Islámico’ y “rescatar nuevamente la grandeza de EEUU”.

Trump parece entender que las capas medias norteamericanas que constituían la base de los partidos políticos de EEUU, durante la segunda mitad del siglo XX, en la práctica han desaparecido. Logró conectar con el votante medio norteamericano que quiere rescatar un imaginario del pasado que pareciera mejor. Este sector del electorado cree que los migrantes, las mujeres y los musulmanes son sus enemigos.

El mensaje de Trump logró despertar este sector de la derecha política que no tenía un abanderado. Rechazan, igual que Trump, a los empresarios que exportaron sus empleos a otros países. Durante las primarias Trump desplazó el centro tradicional de la derecha norteamericana a posiciones más radicales. La estrategia de Trump será, a partir de junio, atraer a los jóvenes frustrados del Partido Demócrata que apoyan al senador Bernie Sanders. Cree que éstos no apoyarán a la candidata demócrata Hilary Clinton, que consideran demasiada comprometida con el status quo.

Si Trump gana las elecciones, cuenta con el apoyo estratégico de un relativamente pequeño pero poderoso sector del establishment que ha sido marginado del poder desde los tiempos de Nixon. Se trata de los antiguos capitanes de la industria norteamericana desplazados por el sector financiero ‘globalizado’. En política exterior, Trump es ‘alumno’ de Henry Kissinger quien promueve un acercamiento a Rusia, contrario a la posición prevaleciente en los círculos dominantes de EEUU.

Trump quiere convertir a Rusia en un aliado “subordinado” igual que las otras antiguas potencias europeas. Incluso, visualiza a la OTAN moviendo sus tropas del centro de Europa hasta las fronteras de China. Es la política de ‘contención’ tan acariciada por Kissinger en sus buenos tiempos.

Ideológicamente, Trump es un populista de derecha, que movilizará a los norteamericanos contra los partidos políticos como una táctica para las elecciones, pero no creará un movimiento político capaz de retar el establishment. En este sentido, Trump no tiene una agenda política fascista, aunque su discurso lo aparenta.

Si llega a la Presidencia, Trump dice que sus proyectos serán pagados por trabajadores extranjeros. Sin embargo, serán los trabajadores norteamericanos que llevarán la mayor parte de la carga (incremento de impuestos y pérdida de más empleos) para financiar sus proyectos de expansión y ‘grandeza’ que promete en sus arengas.

Panamá, 9 de junio de 2016.

*Marco A. Gandásegui, hijo, profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos Justo Arosemena (CELA)

www.marcoagandasegui14.blogspot.com

 

*Imagen tomada de Wikipedia.

Fuente original http://www.alainet.org/es/articulo/178016

Enviado a SURCOS Digital por Graciela Blanco.

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Hacia el Multipolarismo

Por Arnoldo Mora

Arnoldo Mora
Arnoldo Mora

 

El mundo actual experimenta una vertiginosa e irreversible revolución en la hegemonía política, que se manifiesta en los movimientos que, a manera de un inmenso iceberg, se dan en el inmenso océano de la geopolítica actual. En la segunda mitad del siglo pasado las  superpotencias, grandes  triunfadoras de la II Guerra Mundial, la URSS y USA se disputaron el mundo. Formaron en torno suyo  sendos bloques, en cuyas fronteras la guerra fría se convertía en caliente; con ello  invertían la producción de armas.  Ambas basaban su economía en  la industria pesada, es decir, en la  producción de armamentos y  acrecentaban su ya descomunal poderío Sin embargo, ambas superpotencias al finalizar el siglo (URSS) y al iniciar el siguiente (USA) entrarían en una vertiginosa e irreversible decadencia.  El “campo socialista” en Europa de Este se derrumba y arrastra en su caída a la propia URSS. Europa, que ya había perdido sus colonias, busca unirse a regañadientes. Por su parte,  los Estados Unidos deben reconocer, por un elemental realismo, a la Revolución Cubana, mientras América Latina exige tener un papel protagónico en la escena mundial como un bloque autónomo y no como traspatio del imperio del Norte. Con ello aflora como fenómeno, uno de los mas significativos de la escena política mundial, una tendencia incontenible hacia la conformación de múltiples bloques de naciones, unidas por la geografía, la cultura, la historia, la religión y, a la base de todo,  por los intereses económicos y las necesidades sociales de las mayorías.

La razón de que la hegemonía de las súper potencias del siglo pasado se haya desmoronado en el presente  tiene las mismas causas: sus contradicciones internas, de origen político en el caso del socialismo histórico, de raíz económica en el mundo occidental . Los países de Europa del Este, cuyo “socialismo” provino no de una revolución doméstica sino de la ocupación del Ejército Rojo que heroicamente los había liberado del terror nazi, se sacudieron de los regímenes autodenominados “repúblicas populares”, al igual que los rusos lo hicieron con la URSS. En el otro lado,  ya en el siglo XXI  el sistema capitalista en sus actuales estertores se basa en el corrupto  poder del capital financiero especulativo (“capitalismo salvaje” de Juan Pablo II) que domina a Occidente, también se derrumba. Como consecuencia, hoy se forman bloques político-económicos como el BRICS, que podría llegar a ser un polo de poder mundial a pesar de sus inocultables contradicciones internas.  Respondiendo a esa tendencia que anima a la escena mundial, ha surgido como genial idea del desaparecido líder venezolano Hugo Chávez, la CELAC, cuya tercera cumbre acaba de realizarse en Costa Rica. Se plasma así el  ideal de Bolívar y Martí, de ver una América Nuestra unida y fraternal  con voz propia en el concierto de naciones del mundo, mas allà de sus diferencias reales. Por eso en nuestra política exterior  se debe priorizar el latinoamericanismo para honra de la Patria de Juanito Mora y Joaquín García Monge.

 

Enviado a SURCOS Digital por el autor.

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