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Etiqueta: Immanuel Kant

«Tomar el Cielo por Asalto»: A partir de la obra «Mapa Estelar» del artista plástico Osvaldo Orias

Jiddu Rojas Jiménez

  1. El Mapa y el Viaje.

El Autor, nuestro amigo, el artista plástico costarricense Osvaldo Orias Arguedas, residente en el exterior, nos ofrece el «Mapa Estelar».

Comienza citando al erudito italiano Roberto Calasso, —florentino descendiente de un abuelo materno amigo del gran filósofo antifascista hegeliano Benedetto Croce, y de familia paterna y materna ligada a la Resistencia —, y su libro, «El Cazador Celeste». De primera el intertexto.

Desde luego, el viaje estelar, imaginario, sedentario, largo o fugaz, por mar o por tierra, espacial o iniciático, como cualquier otro posible, con mapa o sin mapa, como el de Odiseo de Homero, «El Ulises» de Joyce, o la película y versión popularizada (y no por eso menos brillante) de Christopher Nolan, o acaso la «Ruta de su Evasión» de la novelista costarricense Eunice Odio, es finalmente hacia uno mismo. Hacia el Autoconocimiento (aventura que no es ni individual ni individualista).

  1. Aparece Kant.

Pero, además, el artista, a partir de esta su obra, menciona brevemente en su publicación en redes, al gran filósofo Kant y luego, al gran pensador humanista, místico y reformador italiano, al «hereje», Giordano Bruno. No podía ser diferente.

«Del Cosmos cerrado al Universo abierto», intitulaba el famoso historiador de la ciencia, Alexandre Koyré, para entender esa época que comenzaba paradigmáticamente, con la quema inquisitorial de G. Bruno, y pasaba por Copérnico, Galileo, y Kepler, antes de Newton. (Recordemos que Kant fue primero, profesor de Física y admirador de Newton, antes de hacer Metafísica en su vejez.)

Volviendo al Siglo XXI, nos parece que cuándo Osvaldo pinta, escribe o reflexiona, sus pinceles, inconscientemente o de forma muy consciente, escarban en el «Gründ», esa vieja pretensión alemana, —y luego universalizable—, de la búsqueda del «Fundamento» de la Verdad. Osvaldo es también su contexto, y un testigo privilegiado de su tiempo (qué es el nuestro).

  1. Pintar y escribir.

Por lo demás, la Justificación plástica del Autor usualmente exhibe una extraña especie de erudición y modestia (valga la contradicción). En nuestra opinión, su texto realmente complementa su propuesta plástica, y permite elaborarla, degustarla y digerirla completa. Es recomendable nunca pasarla por alto, más allá de su obra, qué también se explica y brilla con su luz propia.

La sensibilidad, las categorías, el concepto y las Ideas (en ese orden del Esquema kantiano insuperable), acompañan el texto de la Justificación de su otro lenguaje plástico. (El transfondo gnseológico no confesado acá, posiblemente es el Sujeto mismo, y sus posibilidades. Pero ese es otro tema a desarrollar.)

  1. Razón Sustancial vs. Racionalidad Instrumental.

«Caute, Spinoza dixit». Cuidado. «El sueño de la razón produce monstruos», nos advierte Goya en su famosa aguafuerte. Volvamos.

No se trata jamás de imponer, —junto con nuestra perorata metadiscursiva—, la chata (y necesaria a veces frente a la Heterenomía natural o social) «Racionalidad Instrumental» («Verstand»), en el terreno ajeno de la Crítica del Juicio (de naturaleza mucho más amplia, subjetiva y compleja). Ya Adorno y Horkheimer nos lo han advertido previamente, contra la irracionalidad de la racionalidad mercantil capitalista.

No estamos pues, en el terreno del mero «cálculo», del ridículo aritmético del discurso presidencial del 7x 6, o peor aún, de las trágicas Jornadas 4×3 del Gobierno Autoritario «Ja-Guaro»; o del cálculo del lucro cipayo del Tratado de Libre Comercio con una potencia colonial qué calcula militarmente cuánto fósforo blanco es necesario para el Infanticidio diario. (Sí tratan de imponernos un Mundo de mierda, local y global).

Por otra parte, sí es innegable, qué la «Racionalidad Sustancial», «Vernunft» (la Otra Razón) y (críticamente) la Ilustración, nos ofrecen, un Horizonte Regulador para soñar y construir socialmente, una alternativa al presente infierno secular. Artes Visuales incluídas, obviamente. (A esta otra racionalidad nos referimos.)

Tal vez, esta matriz discursiva, no sea muy popular, ni siquiera en la Izquierda académica, después de las dudas de Deleuze y Guattari, y de otras hermosas «anomalías salvajes» (Negri) posteriores, y demás posestructuralismos. Nos tiene sin cuidado. Los senderos se bifurcaron hace años, en lecturas y posibilidades de transformación. Y no sólo Foucault puede ser empecinado. Punto.

Así, contra las Distopías, el Horizonte Regulador kantiano deviene, —en estas épocas salvajes de «Capitalismo de la Vigilancia» (Shoshana Zuboff), o acaso hasta de «Tecno-Feudalismo» rampante (Y. Varoufakis)—, necesariamente en Horizonte Utópico (Franz Hinkelammert).

Y todo esto degustado en un «sancocho”, aderezado, con y desde «Nuestra América» (J. Martí), nos devuelve después de Kant, vía Fichte hasta Gramsci, a la propuesta de la construcción de una refrescada Voluntad colectiva.

  1. Guanacaste y su Cielo.

Por esto el Autor, costarricense, nos recrea su limpio Cielo de verano estrellado, en el Guanacaste de su infancia, acaso menos «gentrificado»: Kant y «La Pampa» guanacasteca. Lo cotidiano y particular, se vuelve universal inclusivo y emancipador. El Cielo es el mismo, pero las estrellas y sus constelaciones y mapas celestes deberán ser diferentes. El anhelo de la catarsis y del Cielo estrellado, son los mismos porque son humanos.

Es muy válida entonces, la resignificación cultural y política de la obra del artista costarricense Osvaldo Orias. Una hermenéutica justa y necesaria, en nuestra opinión. Un intento de merecido homenaje.

Veremos finalmente, qué pasa con nuestro terruño en ruta de impacto, pero no esperando sentados y resignado «escroleando» pantallas, como esperando un inevitable destino. ¿Acaso, un «Destino Manifiesto» color zanahoria?

  1. Nocturno sin Patria (Debravo).

Muchas veces, —a diferencia de la invitación de la obra de Osvaldo (y de nuestra lectura)—, la realidad social hegemónica, aparece como Obstáculo. Como el Diablo, el «Diábolos» griego, el «Calumniador» (contra la Esperanza); traducción bíblica del «Satanás» judío, el «Adversario», el qué pone obstáculos. (Creo recordar bien, la explicación bíblica de Pablo Richard.) Su gran mentira es que no hay Esperanza (la de Bloch).

Léase, como una oscura noche de temporal, sin estrellas, nublada y lluviosa, infernalmente caliente, como a veces en las húmedas llanuras inundadas de Sarapiquí.

Son tiempos en general, de opacidad social, económica y política. Se instala la opacidad, no como reacción pesimista o acontecimiento, sino como una brutal muralla estructural contra la buena «Esperanza Ontológica» (Ernst Bloch).

En estos momentos de modas e imposiciones políticas totalitarias, al Cielo no hay que buscarlo en las nubes. El Cielo interno, —que no es sólo invento sólo de Jung—, se rastrea al menos, hasta el mentado Kant y la unidad del sentido en el Sujeto:

» (…) El cielo estrellado sobre mí y la Ley Moral en mí».

  1. ¿Volver a un Kant jacobino?

Pero cuándo Kant habla de Moral, habla de una posibilidad ética basada en la Autonomía, la Voluntad (informada) y la Razón Sustancial. Según Kant, en el Mundo de la Física de Newton reina la Ley como Necesidad (natural), pero en el Mundo de lo Humano (moral) deberá reinar la Libertad como condición de Ética.

En Kant no hablará el lugar común, o el prejuicio del zoquete del moralismo religioso, o la » Ética» del sombrero (me lo quito y me lo pongo), o la Sacrificialidad del fanático, o el fetichismo del Utilitarismo mercantil, o de la cancina Deontología. No.

Kant, bajo la influencia de Rousseau y de la Revolución Francesa, piensa en el Imperativo Categórico. El cuál, más o menos, —y a diferencia de otra éticas o mandatos morales—, en sus diferentes redacciones, se resume así:

1) «Obra sólo según una máxima tal, que puedas querer al mismo tiempo que se torne Ley universal.»

2) «Obra como si la máxima de tu acción, debiera tornarse, por tu voluntad, Ley universal de la Naturaleza.»

3)» Obra de tal forma, que nunca te relaciones con la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin en sí mismo, y nunca solamente como un medio.»

En consecuencia, citar, leer y degustar a Kant (y sus cómplices) en pleno Siglo XXI, —aún en un contexto estético—, señala también hacia deberes sociales y políticos. Por supuesto, una bella obra que evoque a Kant y a su Cielo estrellado, —sin olvidar sus raíces guanacastecas y su particularidad socio-histórica humana—, ilumina cómplice no sólo la retina, sino otros caminos de Emancipación.

Vimos en la publicación del artista y amigo, una invitación y nos colamos.

¿Tocará intentar «tomar el cielo por asalto», para citar al filósofo húngaro G. Lukács, desde nuestra Costa Rica hoy a la deriva? (Recuerdos al György Lukács IL).

Gracias, por supuesto, al artista Osvaldo Orias y su obra, por el pretexto para reflexionar sobre nuestra coyuntura y circunstancias nacionales, e intentar volver (persistir) a la Filosofía desde nuestro «Autoexilio».

Immanuel Kant. El gran filósofo que era también científico

Johann Gottlieb Becker; Immanuel Kant, Schiller-Nationalmuseum, Alemania, 1768 (detalle).

El gran filósofo que era también científico

JUAN JARAMILLO ANTILLÓN

Debo señalar que he tenido temor de escribir sobre esta gran figura, ya que no sé si seré lo bastante claro para señalar sus ideas al lector usual, y me temo que los filósofos expertos considerarán muy deficiente este pequeño ensayo, pues él escribió tanto y sobre tantas cosas que, al leerlas, queda uno completamente abrumado al igual que cuando uno lee a Aristóteles. Kant es uno de los pensadores más influyentes de la filosofía universal y fue precursor del idealismo alemán en su tiempo.

Nació en 1724 en Königsberg, Prusia, ciudad de la que nunca salió, (murió ahí en 1804). Creció en un hogar muy religioso donde la Biblia era interpretada literalmente, recibiendo por eso una educación muy rígida y estricta. Estudió en su ciudad la primaria y secundaria, y, a los 16 años ingresó a la Universidad de Königsberg a estudiar filosofía, ciencias y matemáticas, siendo con los años nombrado profesor de filosofía, metafísica y hasta antropología, cátedras que ejerció durante 40 años.

Ahora que el mundo está en vilo por la invasión de Ucrania por Rusia y que puede dar lugar a una catástrofe militar universal, Kant consideraba la necesidad de que el mundo tome una serie de medidas para lograr una «paz perpetua» que pusiera fin a las guerras y creándose así una paz duradera mediante la creación de repúblicas constitucionales, donde los gobiernos deben proteger los derechos y libertades de pueblo.

Las tres grandes obras que escribió están relacionadas con tres preguntas filosóficas:

  • ¿Qué puedo conocer? en Crítica de la razón pura, ahí trata sobre la razón.
  • ¿Qué debo hacer? en Crítica de la razón práctica, habla de la ética.
  • ¿Qué puedo esperar? en Crítica del juicio, habla sobre teleología.

A Kant le interesaba conocer al hombre, algo que en su tiempo lo había iniciado Sócrates en la antigua Grecia.

Es considerado como el pensador que logró hacer ver que el racionalismo y el empirismo juntos eran la causa del entendimiento humano. Él decía, nuestra experiencia es en parte determinada por nuestro aparato sensorial y solo por esta nos podemos imaginar la existencia específica de algo. Sin embargo, además, la razón nos hace reflexionar sobre lo que vemos y nos proporciona ideas sobre la verdadera realidad. Algo que es aceptado actualmente.

La originalidad y profundidad de su pensamiento hace que muchos lo consideren difícil de entender, sobre todo en su tiempo y, por eso, escribió a continuación de la Crítica de la razón pura, los Prolegómenos, un pequeño librito para darse a entender mejor.

Me deslumbran muchos de sus pensamientos, incluso científicos, otros los considero difíciles de entender como su metafísica y otros conceptos, pero en todo caso, era una de esas mentes privilegiadas que se dan muy de poco, hasta antropólogo era. Formuló la hipótesis correcta de que el sistema solar se formó de una gran nebulosa y que el universo estaba compuesto de galaxias (acumulo de estrellas), algo aceptado actualmente. La NASA el 21 de octubre del 2022 señaló que, con el nuevo telescopio llamado James Webb, ha captado a 6500 años luz de distancia de la Tierra nubes de gas y polvo, sitio donde se forman nuevas estrellas.

Es considerado el más grande filósofo de su tiempo y de hecho para muchos uno de los más grandes de todos los tiempos. Pero, además, hay que agregar que, era un físico teórico, ya que opinaba sobre la física de Newton y los conceptos de Descartes en ciencias. Sí, para Newton, la física era no solo independiente de cualquier metafísica, sino idónea en sí misma para ofrecer el único punto de partida verdaderamente sólido desde dónde alcanzar una concepción racional de Dios y del universo. Para Kant, la ciencia de la naturaleza no necesita de la metafísica, ni la metafísica tiene que apoyarse en modo alguno en la ciencia. La física o la cosmología deben ser tratadas de manera exclusivamente naturalista sin referencia alguna a realidades que no pertenezcan al mundo de la naturaleza. Con lo anterior corregía adecuadamente nada menos que a Newton. El señalaba eso, porque consideraba que, la metafísica y la religión deben construirse sobre bases diferentes a las de la ciencia ya que no deben interferir con el conocimiento exacto de la naturaleza.

Lo anterior es un reconocimiento explícito y filosóficamente consciente de la absoluta autonomía de la investigación científica, como en su momento lo señalara Galileo. Para él, a la filosofía le quedará una nueva tarea; no ya la de ofrecer las bases últimas a la ciencia ni de recabar de la ciencia alguna sugerencia metafísica, sino la de reflexionar con el máximo rigor crítico sobre el trabajo científico, con el fin de hacer al hombre cada vez más consciente de los métodos concretos con los que actúa la investigación racional. Se dice, que con los años él renunció a su metafísica.

Es interesante conocer su pensamiento con relación a cómo aprendemos. Decía: todo lo que vemos, oímos, tocamos, en fin, todo lo que pasa a través de los sentidos al cerebro se traducirá en experiencia, mientras que lo que no pasa por este tamiz no se llegará a aprender. Para él, en su tiempo, hace dos siglos, y pese a lo manifestado en contra por diversos filósofos, en especial John Locke, estaba muy claro que el hombre para entender las cosas no solo cuenta con los sentidos. Los sentidos, decía, son válidos para comprender ciertas cosas, pero no lo son en cambio para otras, debido a su propia naturaleza, que impone toda una serie de limitaciones. Por ejemplo, el concepto del tiempo no es objetivo sino subjetivo, es propio de la mente y al igual que el espacio, sin ambos como conocimientos a priori, no podríamos comprender el sitio que ocupan las cosas en el medio o la naturaleza. Y son meras formas de intuición. Kant sostiene que la razón pura forma ideas que no pueden probar su realidad, pero tiene sus usos prácticos.

Todo lo que conocemos, objetos y seres, se encuentra sujeto a las dimensiones de espacio y tiempo, y sin ellas es imposible concebir el conocimiento. Como no era fácil entenderlo para ejemplificar eso señalaba que no es posible imaginar un efecto sin una causa que lo produzca y le dé sentido. Todo objeto que conocemos existe como tal en unas dimensiones específicas de espacio y tiempo, formas sin las cuales no podríamos percibir o aprehender nada. Y como aun así podría considerarse muy compleja esa idea para aclararla decía que lo que se expresa en nuestra consciencia es el producto de nuestro aparato sensible que viene modificado por la naturaleza de los sentidos con los que percibimos el mundo exterior. No podemos obtener imágenes visuales sin los ojos, ni oír los ruidos o la música sin los oídos, de igual manera que no puede haber ideas o pensamientos sin cerebro.

Por supuesto, en su tiempo no se conocía que en el cerebro existían áreas visuales y auditivas donde los rayos de luz y los sonidos se vuelven comprensibles. Aunque eso fue un descubrimiento muy posterior, sin embargo, no estaba tan alejado de la realidad, ya que Kant señalaba que estas dimensiones del espacio y del tiempo forman parte indisoluble del proceso del conocimiento del ser humano, es decir, existen en su interior, pero en ningún modo se constituyen en entidades independientes y ajenas al objeto percibido.

Entre sus consideraciones estaba que «una cosa determinada es válida» o una razón es válida siempre, no solo cuando interese; no tiene sentido afirmar que una cosa es buena para alguien y mala para otra persona que se encuentra en las «mismas circunstancias». Así como el mundo empírico se gobierna por leyes de validez universal, lo mismo ocurre con el universo moral, cuyas leyes deben ser aplicables en cualquier contexto. De acuerdo con eso, la moral se fundamenta en la razón, al igual que la ciencia.

Cuando le preguntaron, ¿usted cree en Dios? señaló, sí, sin embargo, no es posible probar la existencia (conocer) de algo que no se puede comprender a través de los sentidos. Pero, así como no se puede demostrar la existencia de Dios, tampoco podemos negarla. Para él, la razón humana es incapaz de sacar una conclusión sobre el problema de la existencia de Dios y por eso insistía en que, no puede afirmarla ni refutarla.

Sobre la moral señalaba que, el sujeto racional se autoimpone una ley moral a priori que debe cumplir y que se deriva de la buena voluntad, a la que llamó imperativo categórico.

Cuando le preguntaron ¿qué es tener dignidad?, respondió: tener dignidad es el derecho del ser humano a ser siempre tratado como fin y no como medio.

Notas

García Morentes, M. (1975). La filosofía de Kant. Madrid, España: Ed. Espasa-Calpe.
Geymonat, L. (1985). Vida y obra de Kant. Historia de la Filosofía y de la Ciencia. Barcelona, España: Editorial Crítica. Vol. II; Cap. 16: 304-337.
Goldman, L. (1974). Introducción a la filosofía de Kant. Buenos Aires, Argentina: Ed. Amorrortu.
Kant, E. (1975). Crítica de la razón pura. Traducción de E. Miñana y M. García Morentes. Madrid, España: Espasa-Calpe.
Kant, E. (1977). Fundamentación de la metafísica de las costumbres. 5ª ed. Traducción De M. García Morentes. Madrid, España: Espasa-Calpe.
Kant, E. (1989). Principios metafísicos de la ciencia de la naturaleza. Madrid, España: Alianza Editorial S. A. Madrid.

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