Cuando la ética no circula: indecisión, voto silencioso y silencios cotidianos explican el resultado electoral
La baja conversación política en hogares y comunidades, junto con la decisión tardía del voto y la reserva para declarar preferencias, ayuda a entender por qué denuncias éticas graves no tuvieron peso decisivo en una elección marcada por enojo social y prioridades inmediatas.
SURCOS. El resultado de las recientes elecciones nacionales —victoria presidencial del Partido Pueblo Soberano y la conformación de una bancada legislativa de 31 diputaciones— ha generado perplejidad en amplios sectores sociales, académicos y organizativos. Esto ocurre especialmente al contrastar el desenlace con elementos ampliamente documentados durante la campaña: un estilo confrontativo desde el Poder Ejecutivo, denuncias éticas y legales contra candidaturas ahora electas, ausencia reiterada de la candidata presidencial en debates, y afectaciones visibles a instituciones clave como la CCSS, la educación pública y los cuerpos de seguridad e investigación.
Sin embargo, un análisis cuidadoso de los estudios de opinión pública elaborados por CIEP-UCR, IDESPO-UNA y Demoscopia muestra que el resultado no fue un hecho inexplicable, sino un desenlace coherente con tendencias estructurales que ya estaban presentes antes del día de la votación.
Alta indecisión y decisión tardía: el factor común
Los tres centros coinciden en un elemento central: una proporción muy alta del electorado decidió tarde.
En IDESPO, la indecisión superaba el 50 % en octubre de 2025 y se mantenía cercana al 40 % incluso en enero de 2026.
En Demoscopia (Oráculo IV, enero 2026), más de una quinta parte de las personas consultadas se declaraba aún indecisa, y entre ellas la razón principal era precisa: “me falta información sobre los candidatos”.
El CIEP-UCR, mediante su encuesta panel longitudinal, aporta una clave adicional: la indecisión no solo es alta, sino volátil. En su informe de diciembre de 2025, el CIEP señala que más del 60 % del electorado ha cambiado de partido respecto a elecciones anteriores, confirmando que las preferencias no son estables y que una parte importante del voto se define en las últimas etapas del proceso electoral.
Voto silencioso y reserva: límites de la medición
El informe de IDESPO enero 2026 introduce explícitamente el concepto de “reserva” o “voto silencioso”: personas que prefieren no declarar su opción, ya sea por desconfianza, cansancio o por el carácter secreto del voto.
El CIEP refuerza esta lectura al documentar una pérdida de participantes en el panel, particularmente entre quienes se habían declarado indecisos en rondas previas. Esto no invalida las encuestas, pero sí obliga a leer los resultados con cautela: conforme avanza la campaña, la muestra tiende a concentrar a personas con preferencias más definidas.
En contextos de polarización y confrontación, este fenómeno ayuda a explicar por qué controversias públicas, denuncias éticas o ausencias en debates no necesariamente se traducen en castigo electoral.
La ética no desapareció: dejó de circular
Uno de los interrogantes más reiterados tras la elección ha sido de carácter ético:
¿Cómo es posible que, con tantas denuncias públicas y cuestionamientos graves, determinadas candidaturas resultaran electas?
Los datos del CIEP-UCR permiten ofrecer una respuesta incómoda pero necesaria: la ética pública se conversa poco en la vida cotidiana. En su informe de diciembre de 2025, el CIEP muestra que una proporción significativa de la población afirma que en su hogar nunca o rara vez se conversa sobre política, y solo una minoría señala que estos temas se discuten con frecuencia.
La ética no opera únicamente como información, sino como conversación social. Las denuncias éticas requieren espacios donde puedan ser comprendidas, contrastadas y evaluadas colectivamente. Cuando esos espacios —familias, comunidades, centros de trabajo, organizaciones de base— están debilitados o ausentes, los cuestionamientos éticos no logran transformarse en criterios efectivos de decisión electoral.
En ese vacío conversacional, la información llega fragmentada, muchas veces reducida a titulares, mensajes breves o contenidos descontextualizados en redes sociales. Así, las denuncias pueden ser percibidas como “ruido”, “ataques entre bandos” o “parte del juego político”, especialmente cuando compiten con preocupaciones urgentes como la inseguridad, el empleo, el costo de la vida o el enojo acumulado frente al sistema.
No se trata, entonces, de que la ética haya dejado de importar, sino de que la ética dejó de circular socialmente como referencia compartida. Sin deliberación comunitaria, la ética se vuelve un valor abstracto, desplazado por decisiones rápidas, emocionales o defensivas.
Prioridades ciudadanas: seguridad y economía por encima de lo demás
El CIEP-UCR confirma además que, al preguntar qué temas deberían priorizar las candidaturas para ganar el voto, la seguridad ciudadana aparece muy por encima del resto, seguida por empleo y economía. Salud y educación, aunque relevantes, quedan en un segundo plano para una parte importante del electorado.
Este orden de prioridades ayuda a comprender por qué muchas personas votaron sin otorgar un peso decisivo a las denuncias éticas: no porque las consideren irrelevantes, sino porque no las perciben como el factor más urgente frente a un entorno que sienten inseguro, precario o deteriorado.
Arrastre y concentración del voto legislativo
Demoscopia muestra que, en el voto para diputaciones, el Partido Pueblo Soberano ya aparecía como la fuerza más consolidada mientras la oposición se encontraba fragmentada. En un escenario de indecisión alta y decisión tardía, esta combinación favorece el arrastre presidencial y la concentración del voto legislativo, explicando la conformación de una bancada amplia incluso con candidaturas individualmente cuestionadas.
Más que sorpresa: una advertencia ética y democrática
Lejos de ser una anomalía, el resultado electoral confirma un patrón preocupante: es una democracia donde amplios sectores deciden con información limitada, conversan poco sobre política y necesidades sociales en sus espacios cercanos y priorizan emociones sobre deliberación ética colectiva. Las encuestas no fallaron; advirtieron con suficiente antelación un terreno fértil para este desenlace.
¿Y ahora qué? Líneas de acción para movimientos sociales y ciudadanía
Desde la perspectiva de SURCOS Digital, que recoge y amplifica voces de organizaciones, movimientos y comunidades, el desafío es contundente:
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Reconstruir la conversación política en lo cotidiano: familias, barrios, centros de trabajo, iglesias, asociaciones y comunidades rurales.
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Escuchar antes de convencer: comprender el enojo, el miedo y las prioridades reales de las personas.
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Pedagogía cívica comunitaria: espacios presenciales para hablar de derechos, instituciones, ética pública y consecuencias de las decisiones políticas. No basta con la comunicación digital entre quienes ya piensan igual.
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Vocerías cercanas y confiables: liderazgos locales con arraigo comunitario.
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Una agenda ética ligada a la vida diaria: salud, educación, seguridad y derechos sociales como puntos de encuentro.
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Cuidar el tono y el vínculo: la confrontación permanente profundiza la ruptura y debilita la democracia. La confrontación permanente como estilo comunicativo abona a quienes necesitan ese ambiente árido.
La elección deja una lección fuerte: la ética pública no se defiende solo con denuncias, sino reconstruyendo conciencia y diálogo en las comunidades.
Foto: Encuentro de Confluencia Popular en Barva de Heredia. La conversación política en comunidades y espacios colectivos es clave para la construcción de conciencia ciudadana.