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Etiqueta: José Luis Callaci

A Dios rogando y con el mazo dando

Por José Luis Callaci

El reciente condenable atentado contra la vicepresidente argentina, felizmente fallido, constituye un hecho que no debería verse como algo fortuito, sino como el resultado de esa habitual permisibilidad que existe en la sociedad argentina con las personas que incitan al odio y la violencia.

Viene al caso recordar un lamentable episodio ocurrido durante el diálogo con el chofer de un taxi. Cuando se tocó el tema de los desaparecidos durante la dictadura, esta persona con la mayor naturalidad del mundo nos dijo que había que matar a otros 30 mil, o mejor 60 mil. Cuando comentamos con tono crítico y un tanto alterado dicho episodio sentimos que nuestra reacción les pareció a nuestros interlocutores un tanto exagerada y no faltó quien soltara ese “bueno, es una opinión”.

Fue en ese momento en que nos aventuramos en señalar que tal comportamiento no se considera, al menos en muchas sociedades, que se jactan de ser democráticas, una simple opinión política sino algo muy grave y distinto.

Traemos a colación el popular refrán a Dios rogando y con el mazo dando, porque consideramos que el reciente lamentable hecho abre un espacio de oportunidad y un momento privilegiado para que la sociedad argentina se aboque a una profunda reflexión sobre este tipo de reprochables conductas, públicas y no públicas.

No bastan los llamados a la cordura, la tolerancia y el respeto a la opinión ajena. Algo está faltando y ese algo debería ser motivo de encuentros para llegar a amplios acuerdos que conlleven sanciones ejemplares para quienes incurren en comportamientos de tal naturaleza. La incitación al odio y la violencia contra un oponente, -fuere del color político que fuere, no cabe en la práctica cotidiana de la democracia.

En cuanto a los enunciados de buenas intenciones si solo se quedan ahí, sin remontarlos a acciones efectivas, todo seguirá igual, y aún peor, lo que puede desencadenar enfrentamientos no deseados y de tal magnitud que amenacen esa tan proclamada y ansiada paz social que los unos y los otros manifiestan en el discurso oficial.

La Muerte fue Puesta en el Cielo

José Luis Callaci

José Luis Callaci

 

Sorprende sobremanera que haya aún gente en occidente que sea tan ignorante con respecto a los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. Ante una reciente afirmación sobre la visita del presidente usa-americano al Japón para poner cara de compungido frente al monumento de las víctimas de Hiroshima y Nagazaki, y decir «que hace 71 años la muerte cayó del cielo» sin que su país haya pedido perdón por la atrocidad cometida, no faltó quien respondiera que tampoco Japón había pedido perdón por el ataque a Pearl Harbor (¿?).

El ataque a Pearl Harbor en 1941 fue a una base militar comenzando la guerra y luego de una amenaza a Japón por parte de los Estados Unidos, interpretada como un acto de guerra. Murieron en el ataque 2.400 militares y 68 civiles. Jamás se lo puede comparar, ni por la naturaleza del hecho ni por el número de víctimas, con lo sucedido en Hiroshima y Nagazaki, en donde en un instante murieron (en cuenta mujeres, ancianos y niños) cerca de 200.000, personas, sin contar los miles que corrieron la misma suerte por las secuelas de la radiación. No eran bases militares sino dos ciudades indefensas.

Las bombas atómicas fueron arrojadas ya prácticamente finalizada la guerra en 1945 cuando el ejército alemán había sido derrotado por los aliados al igual que las fuerzas de Benito Mussolini y la capitulación de Japón era un hecho inminente. No se le puede calificar de otra manera que no sea de acto terrorista, realizado para probar un arma y demostrar al resto del mundo el enorme poderío militar del soberbio imperio. Jamás como una simple y desproporcionada respuesta a Pearl Harbor. La muerte que aniquiló a miles de vidas inocentes, no cayó simplemente del cielo, fue puesta en el cielo por su país, señor Obama, aunque usted no haya sido parte de eso. Llegó usted a Hiroshima no como un simple ciudadano sino como la actual máxima autoridad del país que cometió uno de los más horrendos crímenes de lesa humanidad y por tanto debió acompañarse de un pedido de Perdón.

 

Enviado SURCOS Digital por el autor.

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