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Etiqueta: memoria histórica

De la Batalla de Santa Rosa a la Batalla de Rivas contra los filibusteros en Costa Rica y en Nicaragua. Algunas notas sobre la Primera Campaña

Vladimir de la Cruz

Celebramos este año, el 170 aniversario de la Gloriosa Gesta de 1856-1857, breve período histórico que se caracterizó, y generalmente así se recuerda, como los meses comprendidos entre el 20 de marzo de 1856, con el triunfo de la Batalla de Santa Rosa, sobre los filibusteros que habían ingresado al territorio nacional, y el 1º de mayo de 1857, cuando el jefe filibustero William Walker se rindió y salió de Centroamérica.

De manera más precisa, ese escenario histórico se comprende desde 1855, cuando se invita el 9 de abril, a William Walker, quien se hacía llamar expresidente de Sonora, para que llegue a Nicaragua a sumarse a las fuerzas políticas del Ejército Democrático, en su lucha interna contra el Ejército Legitimista, en ese país, hasta el mes de setiembre de 1860, cuando el 12 de setiembre fusilaron, en Honduras, a William Walker, luego de su último intento de regresar a Centroamérica, y el 30 de setiembre de 1860, fusilan al Presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora Porras y, el 2 de octubre de 1860, también fue fusilado el General José María Cañas.

La lucha entre liberales y conservadores en Nicaragua era intensa desde 1853. Walker llegó a Nicaragua desde San Francisco de California, de Estados Unidos, el 4 de mayo, al puerto El Realejo, donde fue recibido por los delegados del Ejército Democrático, que se enfrentaba al Ejército Legitimista jefeado por el General Ponciano Corral. Se le había ofrecido la posibilidad de impulsar una colonización. Walker llegó con su grupo de mercenarios bajo el nombre de la Falanje Americana. Walker en Nicaragua tuvo sus enfrentamientos y se produjo en Rivas un intento de quemarle el edificio donde estaba fortificado. En ese intento murió el 29 de junio de 1855 el joven Manuel Mongalo, un héroe nicaragüense similar a nuestro Juan Santamaría.

El presidente Mora, enterado de las andanzas filibusteras y mercenarias de Walker en Estados Unidos y México, previó el peligro de su llegada y estadía en Nicaragua en 1855.

El 20 de noviembre de 1855 el presidente Mora hace su Primera Proclama al pueblo costarricense advirtiendo del peligro que se cernía y llamando a prepararse para ir a combatir contra Walker. A su llamado se sumó, el 22 de noviembre, el Obispo Anselmo Llorente y La Fuente, advirtiendo también el peligro y amenaza que significaba Walker contra la religión católica.

A principios de 1856 Walker comisiona a su lugarteniente Schlesinger a venir a Costa Rica para “invitarnos” a formar parte de su proyecto anexionista y esclavista El presidente Mora da órdenes que no lo dejen desembarcar en Caldera ni en Puntarenas. Expulsado que fue enfureció a Walker quien pocos días después ordenó a Schlesinger que regresara a Costa Rica para tomarla a la fuerza. Así, la tropa filibustera se preparó para ingresar al territorio nacional en marzo de 1856.

El 1º de marzo, el presidente Mora, con apoyo del Congreso se prepara para marchar a Nicaragua, para luchar allá contra Walker y liberar a Nicaragua de la opresión que él les significaba. Ese 1º de marzo el presidente Mora lanza su Proclama de salida hacia la lucha contra los filibusteros.

El 3 de marzo, el Obispo Anselmo Llorente y La Fuente se dirige a las tropas combatientes, fortaleciéndoles espiritualmente su ánimo para ir a combatir, siendo acompañados por un grupo de sacerdotes bajo el mando del Presbítero Francisco Calvo, Capellán del Ejército en esa lucha contra los filibusteros.

El 4 de marzo el ejército duerme en Río Grande siguiendo la marcha por San Mateo.

El 7 de marzo el presidente Mora se incorpora a la marcha con el Ejército, asumiendo la Jefatura del Ejército y dejando en la Presidencia al vicepresidente Francisco María Oreamuno.

El 10 de marzo la tropa ya estaba en Puntarenas. La marcha seguiría por tierra, por el Golfo adentrándose por el río Tempisque hasta sus afluentes Bebedero y Bolsón, para desde allí llegar a Liberia, y tratando de darle vuelta a la Península para de esa forma llegar a Liberia.

El 11 de marzo el Ejército Expedicionario llega a Bagaces, donde los Generales José Joaquín Mora Porras y José María Cañas Escamilla desarrollan los planes de las operaciones militares a ejecutar.

El 12 de marzo el presidente Mora llega a Puntarenas acompañado de su Estado Mayor, mientras el Ejército Expedicionario llega a Liberia.

El 18 de marzo se recibe la noticia de que los filibusteros estaban en el territorio nacional, que habían pasado Sapoa, encontrándose en la Hacienda Santa Rosa, que era bien conocida por los costarricenses.

El 19 de marzo se partió hacia la Hacienda Santa Rosa. A las 4 de la tarde del 20 de marzo, se logró enfrentar a los filibusteros, en un combate que no pasó de los 10 minutos. A los 14 minutos de iniciado el combate se estaba redactando el Parte del triunfo sobre los filibusteros, que salieron huyendo. En la Batalla de Santa Rosa, fallecieron los Capitanes José María Gutiérrez y Manuel Quirós; los tenientes Justos Castro, Manuel Rojas y doce soldados.

La Batalla de Santa Rosa elevó la moral combatiente del Ejército Expedicionario e infligió una profunda derrota moral en los filibusteros. Hubo filibusteros capturados que fueron sometidos el 23 de marzo a un Consejo de Guerra, en Liberia, que dispuso fusilarlos, lo que se realizó el 25 de marzo.

El 24 de marzo el presidente en ejercicio, Francisco María Oreamuno se dirige con una proclama al pueblo informando el triunfo militar en Santa Rosa.

El presidente Mora dispuso, perseguir por todo el territorio nacional a los filibusteros, mientras avanzaba hacia Nicaragua.

El 29 de marzo el presidente Mora hace su Proclama dirigida a los nicaragüenses, indicándoles que va a ingresar a su país para liberarlos de la horda filibustera que los oprime y domina, indicándoles también que el ingreso de la tropa costarricense no es para ir a adueñarse de nada en Nicaragua, al mismo tiempo que los invita a participar en esta lucha.

El 31 de marzo la tropa está en Sapoa, ingresando a Nicaragua. El 4 de abril el Ejército se encuentra en marcha sobre la ciudad de Rivas. El 5 de marzo se llega a Peña Blanca, en Nicaragua, muy cerca del camino que se conocía como La Vía de la Compañía del Tránsito, empresa encargada de movilizar casi 1000 estadounidenses mensualmente desde la costa Atlántica a la costa Pacífica, de los Estados Unidos.

El 6 de abril el presidente Mora ya se encuentra en Santa Clara, en Nicaragua, listos para instalarse el 7 de abril, en Rivas, donde se acuartela. Allí recibió apoyo de ciudadanos Comisionados de Rivas. El 7 de abril dispuso el presidente Mora que dos Divisiones del Ejército tomaran por sorpresa San Juan del Sur y la Virgen, sitios que eran parte de la ruta de la Compañía del Tránsito. En La Virgen hubo un pequeño enfrentamiento con los filibusteros que tuvieron seis bajas y cinco heridos.

El 8 de abril el Ejército Expedicionario entra a Rivas, habiendo dado la vuelta por la Bahía de la Virgen, siendo recibidos con gran apoyo por la población. Inmediatamente se dirige a las Municipalidades de Rivas, Masaya, Granada, Matagalpa, Managua, León y Chinandega, para que le informen de la situación que tienen.

El 10 de abril el Ejército ocupa tres sitios claves, La Virgen, San Juan del Sur y Rivas. El presidente Mora ordena que se impida y se corte la navegación en el Río San Juan, tarea que se le encomienda al coronel Rafael Escalante.

A las 8 de la mañana los filibusteros se hicieron presentes en el Puerto del Estero del Sardinal, en San Carlos, desde donde habían querido ingresar los filibusteros al territorio nacional. Allí se produjo una ligera Batalla, la de Sardinal, el 10 de abril, donde resultaron heridos el General Florentino Alfaro y nueve soldados, y los filibusteros tuvieron cuatro muertos en tierra y muchos en el río. Allí fue tomado un vapor de Walker.

La Batalla de Sardinal, ese 10 de abril se sumó en elevar el espíritu de combate de la tropa nacional y, de la misma manera, produjo un desánimo en la tropa filibustera, y el propio Walker.

El 11 de abril, a las 8 de la mañana, Walker se lanzó a dominar la plaza de Rivas y a atacar el Cuartel General donde estaba el presidente Mora, desarrollándose un combate encarnizado que duró hasta horas de la noche. A Rivas fueron llegando los combatientes de Sardinal y de las tropas que se tenían explorando los terrenos aledaños. Las tropas de ambos ejércitos se acuartelaban en casas de la población.

En la Batalla de Rivas cayeron combatiendo valientes militares, el General José Manuel Quirós; el Mayor Francisco Corral; los Capitanes Carlos Alvarado, Miguel Granados, Vicente Valverde y más de 110 soldados. Los filibusteros perdieron 200 hombres, contando los que capturaron y fusilaron.

En esta Batalla, Walker se había acuartelado en la casa llamada Mesón de Rivas. Ese Mesón se intentó quemar para lo que se ofrecieron el oficial Luis Pacheco Bertora, que cayó herido, el soldado Rosales, de origen nicaragüense que peleaba con nuestra tropa, y el Tambor del Ejército, Juan Santamaría quien cayó en la tarea de la quema, que fue exitosa.

Los filibusteros abandonaron Rivas huyendo de la ciudad. El ejército costarricenses aseguró así su triunfo.

El 15 de abril el presidente Mora esperaba noticias de los ejércitos y de las fuerzas militares de los Gobiernos de El Salvador y Guatemala, que se sumaban a la guerra contra los filibusteros, para coordinar con ellos.

El 17 de abril Walker se encontraba en la ciudad de Granada, habiendo sufrido una gran deserción en su tropa.

El 21 de abril no se sabía nada del concurso de las Fuerzas Aliadas de El Salvador, Guatemala y Honduras.

En los siguientes días empezaron a manifestarse los enfermos y muertos del cólera, lo que obligó al regreso a Costa Rica del Ejército Costarricense.

El General presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora, desde el Cuartel General de Rivas, dirigió una Proclama agradeciendo a los jefes, a los Oficiales y los Soldados, todo su compromiso y ordenando regresar el Ejército Costarricense al interior de la República.

El 26 de abril, a las 4 de la mañana, el general presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora, dejó la ciudad de Rivas, dirigiéndose hacia Liberia acompañado de sus Edecanes y por el Ejército.

En Rivas murieron de cólera el comandante Juan Alfaro Ruiz, el Subteniente Julián Rojas y el Capitán Zenón Mayorga.

El 29 de abril en la Hacienda El Jocote se estableció un punto del ejército para defender la frontera y ejercer control sobre el Río San Juan.

De esta forma terminó, lo que conocemos como la Primera Campaña en la Guerra contra los filibusteros, quienes habían sido gravemente derrotados y desmoralizados.

Los días siguientes, en Nicaragua Walker se impone, con fuerza política desde junio, al tiempo que empiezan a llegar, el 4 de julio, los soldados guatemaltecos bajo las órdenes del brigadier Mariano Paredes y del coronel José Víctor Zavala, el 8 de julio llega la fuerza salvadoreña de vanguardia al mando del General Ramón Belloso.

El 10 de julio el Gobierno nicaragüense, de Fermín Ferrer, declara electo presidente de la República de Nicaragua al General William Walker, que fue reconocido por los Estados Unidos.

Así se da el marco de la llamada Segunda Campaña que se articula desde setiembre con los ejércitos centroamericanos aliados. En esta Segunda Campaña, la tropa costarricense, de nuevo movilizada al escenario de guerra se integra con las tropas aliadas.

Le peste del cólera afectó a la población costarricense con alrededor de 10.000 muertes. Nuevas batallas intensas contra los filibusteros caracterizan este período hasta la rendición de Walker el 1 de mayo de 1857.

El próximo sábado 11 de abril celebramos la tercer derrota al filibustero William Walker, la contundente de esa Primera Campaña, la que aseguró de modo definitivo que los filibusteros no pisarían el suelo costarricense.

El glorioso espíritu combativo, por las más de 12 horas de combate, inmortalizó la Batalla de Rivas, a los caídos y héroes de la Patria, y quienes se destacaron en esas horas de combate. De allí los principales héroes que se recuerdan con este motivo, el presidente general Juan Rafael Mora Porras, los generales José Joaquín Mora Porras, José María Cañas Escamilla, los caídos en la quema del Mesón, especialmente la exaltación que se hace de Juan Santamaría y de Francisca Pancha Carrasco, que con su participación se hace sobresalir a la mujer costarricense que se unió al Ejército y que representa a todas las mujeres que sustituyeron a los hombres, que salieron de los campos de trabajo, al combate, asegurando la producción, la economía de guerra en esos meses y la alimentación de los soldados.

Con motivo del 170 aniversario de la Batalla de Rivas, y de la Campaña Nacional contra los filibusteros se han preparado algunas actividades a las cuales les invito.

Viernes 10 de abril, desde las 10 a.m hasta el mediodía, la Municipalidad de Escazú, recuerda a los escazuceños caídos en los combates contra los filibusteros, en el Parque Central de Escazú, con desfile y con presentación escénica de la Cantata Guerra de 1856.

El sábado 11 de abril se convoca a las 10 a.m, al pie del Monumento del presidente, General y Benemérito de la Patria, Juanito Mora, frente al Edificio de Correos en San José, a un acto cívico para colocar una ofrenda floral en el Monumento.

El lunes 13 de abril, se invita por parte de la Academia Morista Costarricense y la Biblioteca Nacional, a la conferencia, a cargo del MSc. Adrián Chaves Marín, que se transmitirá por el Facebook de la Biblioteca Nacional, a las 4 p.m, bajo el título: “El fuego de la Memoria: 170 aniversario de la Batalla de Rivas”.

Filomena Navas Salazar es declarada Benemérita de la Patria: un acto de justicia histórica para las mujeres indígenas

La declaratoria de Filomena Navas Salazar como Benemérita de la Patria constituye un reconocimiento histórico a la vida, el liderazgo y el legado de una mujer indígena del pueblo Bröran que dedicó su existencia al bienestar de su comunidad, la defensa del territorio y la promoción de los derechos humanos. Este reconocimiento, celebrado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Costa Rica, marca un hito en la visibilización del aporte de las mujeres indígenas en la construcción social y democrática del país.

La distinción se sustenta en un proyecto de acuerdo legislativo impulsado por el Grupo Parlamentario de Mujeres Diputadas 2022-2026, el cual reconoce en Filomena Navas Salazar una figura emblemática cuya trayectoria refleja compromiso, valentía y servicio en contextos históricos de exclusión y discriminación.

Una vida dedicada a la comunidad y al territorio

Nacida en 1926 en Térraba, Buenos Aires de Puntarenas, Filomena Navas Salazar desarrolló desde temprana edad una intensa labor comunitaria. Participó activamente en instancias como la Junta de Educación, el Consejo Pastoral y el Comité de Salud, impulsando iniciativas fundamentales como la construcción del puesto de salud local y el fortalecimiento de servicios comunitarios.

Su liderazgo también se manifestó en la defensa del territorio indígena Bröran, enfrentando procesos de deforestación y protegiendo las tierras ancestrales. Además, su vínculo con la tierra se expresó en la práctica agrícola y en la transmisión de conocimientos sobre los ciclos naturales, reflejo de la sabiduría ancestral de su pueblo.

Pionera del sufragio y promotora de derechos

Uno de los hitos más significativos de su vida ocurrió en 1953, cuando se convirtió en la primera mujer indígena en Térraba en ejercer el derecho al voto. Este hecho no solo representó un avance personal, sino que simbolizó la apertura de espacios políticos para las mujeres indígenas en el país.

Desde entonces, promovió activamente la participación política de las mujeres como herramienta clave para enfrentar la discriminación y avanzar hacia la igualdad. Su visión trascendía las diferencias ideológicas, enfocándose en el derecho de todas las personas a incidir en las decisiones que afectan sus vidas.

Saberes ancestrales y educación comunitaria

Filomena Navas Salazar fue también una portadora de conocimientos tradicionales. Dominaba la medicina natural, hablaba la lengua Bröran, preservaba la cocina tradicional y desarrolló habilidades como el hilado con tintes naturales. Caminaba largas distancias para brindar atención a personas enfermas, evidenciando una profunda vocación de servicio.

Asimismo, destacó por su compromiso con la educación. Apoyó activamente al Colegio de Buenos Aires, participando en actividades y gestiones que fortalecieron el acceso educativo en su comunidad, en una época en la que las oportunidades eran limitadas.

Un reconocimiento que trasciende a una persona

La declaratoria como Benemérita de la Patria no solo honra la vida de Filomena Navas Salazar, sino que también representa un acto de justicia histórica hacia las mujeres de comunidades rurales e indígenas. Tal como señala el proyecto legislativo, estas mujeres han sostenido históricamente el tejido social desde múltiples ámbitos —salud, educación, cultura, territorio— sin recibir el reconocimiento correspondiente.

El reconocimiento busca además contribuir a la superación de la invisibilización de las mujeres en los relatos oficiales, incorporando sus aportes en la memoria colectiva del país.

UNFPA destaca su legado

Desde UNFPA Costa Rica se destacó la relevancia de este reconocimiento como un avance en materia de derechos humanos e igualdad de género. La organización subrayó que la vida de Filomena Navas Salazar es ejemplo de empoderamiento, liderazgo comunitario y servicio, así como inspiración para nuevas generaciones.

También se resaltó su papel en la promoción de la salud comunitaria, su labor educativa y su compromiso con la participación política de las mujeres, aspectos que siguen siendo fundamentales en la construcción de sociedades más justas e inclusivas.

Un símbolo de lucha, memoria y futuro

La figura de Filomena Navas Salazar encarna la historia viva de las comunidades indígenas que han resistido, organizado y transformado sus territorios desde la base. Su reconocimiento como Benemérita de la Patria reafirma la importancia de valorar estos liderazgos y de avanzar hacia una sociedad que reconozca plenamente la diversidad cultural y el aporte de sus pueblos originarios.

Su legado, como señalan diversas organizaciones, no solo pertenece al pasado: sigue presente en las luchas actuales por la tierra, la cultura, los derechos y la dignidad.

Conversatorio conmemorará la vida de Sergio Rojas desde la memoria, la lucha y la dignidad

El Centro de Amigos para la Paz (CAP) invita a la comunidad a participar en el conversatorio “Sergio Rojas: memoria, lucha y dignidad”, una actividad que forma parte del ciclo de foros Voces de paz y justicia y que busca mantener viva la memoria y el legado del líder indígena bribri.

La actividad se realizará el sábado 28 de marzo de 2026 a las 2:00 p.m. en el Centro de Amigos para la Paz, como un espacio de encuentro, reflexión y construcción colectiva en torno a la memoria como forma de justicia.

El conversatorio se desarrolla bajo la premisa de que “la memoria es una forma de justicia”, y se enmarca en la conmemoración del asesinato de Sergio Rojas ocurrido el 18 de marzo de 2019, un hecho que continúa interpelando a la sociedad costarricense en materia de derechos humanos, territorios indígenas y justicia.

Memoria, espiritualidad y compromiso

Como parte de la actividad, se realizará también un altar en memoria de Monseñor Óscar Romero, símbolo de la defensa de los derechos humanos en América Latina, estableciendo un puente entre ambas figuras como referentes de lucha, dignidad y compromiso con los pueblos.

El encuentro propone una tarde de memoria, resistencia y comunidad, en la que se busca reflexionar sobre el significado del martirio, la vigencia de estas luchas y la necesidad de continuar los procesos de defensa de la vida y los territorios.

Exposición central

El foro contará con la participación de Gustavo Cabrera Vega, del Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ Costa Rica), quien desarrollará el tema central del conversatorio, abordando la vida, el legado y las luchas de Sergio Rojas desde una perspectiva de derechos humanos y procesos comunitarios.

Articulación de organizaciones

La actividad es organizada por el Centro de Amigos para la Paz y cuenta con el apoyo y convocatoria de diversas organizaciones sociales, entre ellas:

  • Frente Nacional de Pueblos Indígenas (FRENAPI)

  • Servicio de Paz y Justicia Costa Rica (SERPAJ CR)

  • Red Ecuménica de Lectura Popular de la Biblia

  • Coordinadora de Lucha Sur Sur (COCRIC)

Estas organizaciones han mantenido un papel activo en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas y en la exigencia de justicia en el caso de Sergio Rojas.

La invitación está abierta a todas las personas interesadas en participar en este espacio de reflexión, memoria y compromiso con la paz y la justicia.

La dignidad no ocupa visa: De William Walker a Donald Trump

Por JoseSo (José Solano-Saborío)

A propósito del retiro de la visa gringa a expresidentes, funcionarios del Poder Judicial, diputados y ciudadanos costarricenses:

Desde 1973 hasta 2016 viajé a los Estados Unidos, con visa múltiple indefinida (que ya no existe), por estudio, trabajo, negocios o turismo.

A partir de ese momento en que el convicto Trump fue electo presidente por primera vez, «nada se me ha perdido» en ese país. Al contrario, ni siquiera he intentado renovar la visa.

Por dignidad, y porque soy un tico orgulloso y ciudadano del mundo libre, decidí que no tenía nada que hacer en una potencia que, sistemáticamente antes y descaradamente ahora, viola el derecho internacional, los tratados comerciales y la soberanía, ya no solo de países enemigos, sino de sus propios aliados. Es el país que incluso ahora, con el presidente naranja, no solo reprime, sino que hasta asesina a sus propios ciudadanos por discrepar con el gobierno; detiene y deporta inmigrantes, legales o ilegales por igual, separa familias… arresta a niños de 6 años…

Es la potencia imperialista más violenta, cuya política exterior desde el siglo antepasado se basa en autoproclamarse dueña de todo el continente americano con su Doctrina Monroe de «América para los americanos», creyendo que los únicos americanos son ellos.

No… no me voy a someter a la censura de mis valores y convicciones de paz, aunque me duela en el alma la traición del actual gobierno, dirigido por siervos menguados y traidores a la Patria que pisotean el orgullo y legado de Juanito Mora, y la memoria de los Juan Santamaría que ofrendaron su vida para echar al filibustero imperialista William Walker, hoy reencarnado en Donald Trump.

Y le voy a facilitar el trabajo a los cónsules y funcionarios gringos, para que no se tengan que esforzar mucho:

From 1973 to 2016, I traveled to the United States with an indefinite multiple-entry visa (which no longer exists) for study, work, business, or tourism.

From the moment that the convicted felon Donald J. Trump was elected president for the first time, I felt I had “no business being” in that country. In fact, I haven’t even tried to renew my visa.

Out of dignity, and because I am a proud Costa Rican (tico) and a citizen of the free world, I decided I had no business in a nation that—systematically in the past and blatantly now—violates international law, trade agreements, and the sovereignty not only of enemy countries but of its own allies. It is the country that even now, under the orange president, not only represses but even murders its own citizens for disagreeing with the government; it detains and deports immigrants, legal or illegal alike, separates families… arrests six-year-old children.

It is the most violent imperialist power, whose foreign policy since the century before last has been based on proclaiming itself the owner of the entire American continent with its Monroe Doctrine of “America for Americans,” believing that they are the only Americans.

No… I will not submit to having my values and convictions of peace censored, even though my soul aches at the betrayal of the current government, led by diminished public servants and traitors to the Homeland who trample on the pride and legacy of Juanito Mora, and the memory of the Juan Santamarías who sacrificed their lives to kick out the imperialist filibuster William Walker, reincarnated today in Donald Trump.

Ha muerto Paul Rutler

Gilberto Lopes
San José, lunes, 23 de marzo de 2026

Ha muerto Paul Rutler. Con Rutler abrimos las oficinas de France Presse en América Central a fines de los años 70: 1977, 78. Ya no cabía en la oficina de México, donde había estado. Con la guerrilla cada vez más activa en Nicaragua, con el Frente Farabundo Martí peleando en El Salvador, Centroamérica ocupaba, cada vez más, algunas primeras páginas de los periódicos de todo el mundo. Había que agrandarla, traer la oficina más cerca de los acontecimientos.

Rutler vino a hacerse cargo de eso. Yo trabajaba con él. Había que ubicar una oficina, contratar la instalación de lo necesario para recibir y enviar la información, instalar los equipos, armar el equipo de periodistas en la oficina de San José, pero también en cada capital centroamericana.

Era un trabajo enorme. En medio de esas guerras, nos hicimos periodistas.

Un 16 de julio (estamos en 1979), hay particular efervescencia en Nicaragua. Se espera la renuncia de Somoza. Convocan a sesión del congreso en un salón del hotel Intercontinental. La prensa no puede entrar.

Las agencias de noticias saben que el desafío es dar la primicia. No hay celulares, ni internet. Son las agencias la fuente de información para el mundo. Nuestro periodista en Managua se cuela por un corredor de servicio del hotel que da a la puerta de la sala donde están reunidos los diputados. No puede ver, oye mal. Pega el oído a la puerta. Nos llama desde Managua, nos dice que parece que es la carta de renuncia de Somoza lo que están viendo los diputados.

Aquí, en la oficina de San José, tenemos que tomar la decisión: ¿damos la información o esperamos confirmación más segura? Una decisión equivocada sería un desastre. Y el fin de varias carreras. El conocimiento detallado de la situación, la confianza en el equipo de profesionales y, ¿por qué no?, una cierta intuición, son la mezcla de la que sale la decisión. Nos miramos, evaluamos los datos, conversamos y decidimos: nos adelantamos, salimos con la primicia. Punto a favor de la oficina.

Meses después, abandonados los viejos teletipos con los que habíamos comenzado, con pantallas ya instaladas, estoy sentado frente a la mía, cuando suena el teléfono. Llama de El Salvador un sacerdote jesuita, viejo conocido (que no estuvo, después, en el grupo asesinado por el ejército). Está en el Seminario San José. Me dice que estaban reunidos allí los miembros del Comité Ejecutivo del Frente Democrático Revolucionario (FDR), que presidía el empresario Enrique Álvarez Córdoba. Y agrega: los están secuestrando. Me describe, por teléfono lo que está ocurriendo. Era noviembre de 1980. La comunicación es breve. Quizás menos de un minuto. O poco más. Tensa. –Vienen por aquí, tengo que cortar, me dice, mientras tomo notas apresuradas en mi pantalla.

Llamo a Rutler y le muestro lo que tengo. Me mira, sin poder creer en lo que ve. –¿Quién es la fuente? ¿Es de confianza?

–¡De toda confianza!

Tenemos que tomar una decisión: ¿qué hacemos con la información, imposible de verificar por el momento?

Recuerdo bien que en esa conversación salió una especulación sobre los efectos que podría tener divulgar de inmediato la noticia, cuando el hecho estaba aún en desarrollo y no era de conocimiento público en El Salvador. Quizás ayude a salvarles la vida, pensamos. No fue así. Al día siguiente aparecieron todos asesinados.

Pero dimos la noticia y a pocos minutos nos llamaban del gobierno de El Salvador, encabezado entonces por el demócrata cristiano Napoleón Duarte. Nos preguntaban de dónde habíamos sacado eso, si estábamos locos, que éramos unos irresponsables. Pero no era así. Nuevamente, era cierto lo que decíamos.

Así eran esos años, con Rutler y un equipo de algunos de los mejores periodistas de la región.

Eran años voraces, de vida y muerte.

Años después lo visité en Mulhouse, su ciudad natal, en la Alsacia francesa. Dirigía allí la oficina de la AFP.

Ese mundo que contamos entonces ya no existe. Pero el que existe no nació de la nada. Prueba de que hemos vivido, querido amigo.

El antiguo edificio municipal de Naranjo

Luko Hilje Quirós
lukohilje@gmail.com

Aunque nací en Naranjo, Alajuela, casi no residí ahí, pues mi familia se mudó a San José a inicios de 1956, cuando yo tenía menos de cuatro años de edad. Desde entonces, mis únicos contactos directos fueron las gratas y memorables visitas, en las vacaciones de verano, a casa de Eugen, nuestro hermano mayor, quien permaneció allá. Con esto quiero decir —no sin dolor— que no conocí mucho de sus gentes ni de sus paisajes, ni tampoco de su historia. No obstante, a mis 73 años de edad hoy, me cautiva todo cuanto tenga que ver con mi terruño. Fue por ello que, cuando vio la luz en 2007, me embelesé con el libro Naranjo y su historia (1835-2004), del historiador José Luis Torres Rodríguez, rica obra que debiera estar en todo hogar naranjeño.

Ahora bien, como dicho libro está ampliamente ilustrado, una de las fotos que más me llamó la atención fue la del edificio municipal, atesorada por las hijas del hogar formado por el croata José Jengich Stilinovich y la costarricense-alemana Hilda Buck Beer. Esto fue así no solo por su hermosura, sino que también por su ubicación, pues no coincide con la del actual edificio, conocido como Palacio Municipal y construido entre 1948 y 1949. Espoleado por la curiosidad, indagué al respecto con el entrañable amigo José Luis, pero me dijo no saber mucho sobre dicho inmueble, aunque sí me facilitó un expediente referido a esta última edificación, declarada parte del patrimonio histórico-arquitectónico de Costa Rica en octubre de 2013.

Sorprende que en este amplio legajo no haya una sola mención del antiguo edificio municipal, y más bien llama la atención que en uno de sus documentos se indique lo siguiente: “Este edificio llegó a conformar el centro político-social de la pujante ciudad de Naranjo, [y] ya dentro de la cuadrícula de herencia española se desarrolló el Palacio Municipal al costado norte de la Iglesia Católica y a cincuenta metros de la plaza, hoy parque”. Es decir, da a entender dos cosas que son erróneas: que el actual fue el primer edificio municipal que hubo en el cantón, y que se ubica exactamente donde correspondía según los convencionalismos de la época colonial.

En realidad, el que sí se localizaba de acuerdo con esa norma o costumbre era el original, es decir, el antiguo edificio municipal. De ello es fehaciente la foto adjunta, de autor desconocido —facilitada por Cecilia Jengich Buck— en la cual se le observa frente al costado sur de la plaza, hoy Parque Central Dr. Abraham Rodríguez. Aunque se ignora la fecha de dicha imagen, es obvio que data de antes de 1924, cuando el antiguo templo no había sido cuarteado por el terremoto de marzo de ese año, que obligó a demolerlo después.

El templo católico y el edificio municipal, frente a los costados este y sur de la plaza.

Cabe mencionar que el edificio empezaba en la esquina sureste del cuadrante ubicado al sur la plaza, de modo que estaba diagonal a la iglesia. Este detalle se observa en un retrato que hallé en un manojo de fotos coleccionadas por mi tío Luis Castro Rodríguez —maestro y periodista—, quien poco antes de morir las entregó a mi hermana Brunilda. Supongo que él la tomó, pues cada cierto tiempo aparecía con una cámara y captaba imágenes de la familia, así como de lugares que le interesaban. De hecho, hay varias del nuevo templo en construcción, que utilicé para ilustrar mi artículo El templo anhelado por los naranjeños (Nuestro País, 19-IV-19). Nótese que en la citada foto hay una gran cantidad de boyeros alrededor del nuevo templo en construcción.

El edificio municipal visto desde el templo en construcción.

Por cierto, en nuestro libro Dos hombres y un volcán, publicado por la Editorial Tecnológica y que verá la luz en abril, hay varias de sus fotos, incluida una muy significativa, tomada el 24 de febrero de 1937 en la cima del volcán Arenal. Ese día los siete expedicionarios que acometieron la aventura, entre los que figuraron cinco naranjeños (Alberto y Gustavo Quesada Rodríguez, mi tío Ricardo Quirós Rodríguez, Bercelio Castro Ramírez y el tío Luis), descubrieron que ese coloso no era un simple cerro —como se pensaba entonces—, sino un volcán latente o dormido.

Ahora bien, para retomar lo del edificio municipal de Naranjo, una vez inaugurada la iglesia, a inicios de 1929, se le ve en otra foto, que hallé en el librito Naranjo y su iglesia, editado ese año por el padre José del Olmo Salvador, la cual muestro aquí. Y, para culminar, ya erigido el bello edificio de la Escuela República de Colombia —que abrió sus puertas en octubre de 1938—, ahí estaba a su lado, completando ese flanco del parque, como lo atestigua la foto aludida al principio de este artículo, mostrada en el libro de José Luis.

El edificio municipal visto desde el nuevo templo, en 1929.
El edificio municipal al lado de la escuela.

Como se nota, no hay duda de cuál era el aspecto del antiguo edificio municipal, ni tampoco de su ubicación, aunque las fotos existentes son un poco lejanas o parciales. Sin embargo, por fortuna, entre las fotos legadas por mi tío, hace unos años hallé una imagen completa y cercana.

Como era de esperar, el hallazgo de ese retrato me alegró mucho, pero había un inconveniente, y es que quedó movida o desenfocada. Eso me impidió escribir un artículo como éste, pues la imagen perdía así mucho de su valor testimonial. No obstante, en meses recientes empecé a familiarizarme con algunas técnicas de inteligencia artificial, al menos lo suficiente como para, tras varias tentativas, lograr corregir ese problema. El resultado final fue una bella y fidedigna imagen de tan significativa edificación, que ahora comparto con los lectores. Y, para que sea conservada como se debe, con motivo del 140 aniversario del cantonato, hace dos semanas la doné a la Municipalidad de Naranjo, con la esperanza y la ilusión de que la puedan ampliar, enmarcar y colocar en alguna pared del actual edificio municipal, en el cual, por cierto, laboró por muchos años, como contabilista, mi hermano Eugen.

El bello edificio municipal, en todo su esplendor.

Queda pendiente, eso sí, profundizar en la historia de ese inmueble. Aunque el amigo José Luis lo intentó, su esfuerzo resultó vano, pues parece que los archivos municipales se deterioraron en el curso del tiempo, hasta perderse por completo. ¡Una verdadera lástima, por este y otros proyectos históricos cantonales malogrados!

No obstante, permanecen como desafíos varias preguntas obvias, pero importantes. Por ejemplo, las fechas exactas de su construcción e inauguración, los nombres del ingeniero o arquitecto que concibió la idea y la plasmó en los planos, y del maestro de obras que condujo el proceso. También, las especies de madera elegidas para el maderamen y las paredes, estas últimas posiblemente de cedro amargo (Cedrela odorata), por su resistencia y belleza, así como por su abundancia en aquellos tiempos, aunque tal vez todo era prefabricado y de maderas foráneas —como se verá posteriormente—, y ensamblado aquí. Sí llama la atención que, en contraste con el actual edificio, tuviera dos plantas, así como corredores volados en ambos pisos, al igual que altas paredes, con fines de ventilación, obviamente, en una localidad tan cálida como Naranjo, a unos 1000 m de altitud. Al respecto, esta arquitectura es parecida a la que he visto en fotos de edificios de Puerto Limón y Turrialba, en el Caribe, a 0 y 600 m de altitud, respectivamente, las cuales datan de los primeros dos decenios del siglo XX.

Al respecto, en una consulta que hice al amigo arquitecto Andrés Fernández, autor de varios libros y muy connotado por sus aportes en el campo de la historia de la arquitectura en Costa Rica, con gentileza me manifestó lo siguiente, que es muy esclarecedor:

Al terminarse las obras del ferrocarril al Atlántico, en 1890, e impulsada por la Revolución Industrial que se extendía por el mundo, llegó aquí la arquitectura de influencia victoriana. Su nombre deriva de haberse originado como tendencia en el reinado de Victoria Alexandra de Inglaterra (1847-1901), y se caracterizaba por ser una arquitectura totalmente industrializada tanto en materiales (ladrillo, metal de forja, madera aserrada y torneada, clavos de acero, lámina de hierro galvanizado, chapa metálica y pintura de aceite), como en sus muy prácticos métodos de construcción.

Al Valle Central de Costa Rica, esa arquitectura llegó primero desde Inglaterra, por ubicarse originalmente en esa nación el mercado del café; y solo en un segundo momento, de los Estados Unidos, gracias en buena medida al mercado bananero, lo que la extendió también por el Caribe. Aquí pronto arraigó con fuerza, dando pie a una arquitectura residencial de diversas escalas, casi siempre prefabricada e importada, pero cuyo auge hizo aparecer pronto un estilo “victoriano criollo”, realizado por carpinteros y maestros de obras locales, que incorporaron a ella elementos tanto climáticos como culturales propios.

Fue esa novedosa carpintería y los oficios a ella asociados, los que terminaron por sustituir los oficios constructivos tradicionales, heredados del período colonial, después de 1910. Pero, en cambio, fue gracias a ella que aparecieron entonces en un Valle Central rico en maderas de calidad, además de casas victorianas, edificios públicos, comerciales e industriales. Del primer tipo de esos inmuebles criollos, fueron notables, en especial, las escuelas primarias y los palacios municipales aparecidos en la década de 1920, y cuyos planos elaboraban técnicos especializados en la Dirección de Obras Públicas”.

En fin, como se aprecia, el reto pendiente es enorme, pues queda mucho por indagar, y las fuentes de información —si es que existieran— deben estar muy dispersas. Sin embargo, ojalá algún día alguien lo acometa, para rescatar este importante segmento de la rica y singular historia del amado cantón de Naranjo.

¡Gran triunfo contra el cobarde invasor! La gran Batalla de Santa Rosa

Freddy Pacheco León

Un hecho histórico que hemos de valorar, y fortalecer cotidianamente, es la huella de la trascendental Batalla de Santa Rosa. Quince minutos que, a la postre, se hicieron eternos; que todavía resuenan en lo más profundo del alma nacional.

Patriotas soldados que, inspirados por las convincentes y muy sentidas palabras de su gran Presidente Juanito Mora, marcharon valientemente en defensa de nuestra libertad, nuestra sagrada soberanía, nuestra independencia, y la de los hermanos centroamericanos.

Así. todos los 20 de marzo, hemos de honrar a los hombres que ganaron la Batalla de Santa Rosa. La memorable, la de mayor trascendencia histórica, la que permitió expulsar del país, a los sucios militares invasores que actuaban bajo las órdenes del esclavista estadounidense William Walker, que, con sus mugrosas botas, profanaban el sagrado suelo Patrio; a los que pretendían arrebatarnos la preciada libertad, y que habiéndose adentrado como punta de lanza más de 50 km en territorio tico, se preparaban para recorrer los 42 km que les llevarían a Liberia.

Soldadesca extranjera que sucumbió ante el patriotismo de Mora y Cañas y los demás patriotas héroes que no dudaron en ofrendar sus vidas, en defensa de sus seres queridos y de la amada Patria.

Invitamos a reflexionar sobre cuál habría sido nuestro destino, si no se hubiese derrotado a las huestes criminales del maldito William Walker, en ese histórico lugar de Guanacaste.

Leyenda del indio Venancio ya tiene su propio libro

Por Uriel Rojas

✅Será presentado el sábado 11 de abril en el Salón de CENECOOP, Palmar Sur, a las 5pm.

El Indio Venancio fue un personaje que vivió en el contexto del auge bananero en las tierras del cantón de Osa.

Su historia es conocida por la mayoría de las personas que estuvieron en la zona durante estas épocas y su fama se ha transmitido de generación en generación, recorriendo las aulas de escuelas y colegios del Sur de Costa Rica para convertirse en leyenda.

El libro llamado “Venancio Mora y el Árbol Mágico de Palmar Sur” es una obra del antropólogo José Luis Amador que recoge testimonios de descendientes de don Venancio y consulta periódicos y artículos de la época.

Contiene un capítulo con el contexto histórico de los hechos y analiza el contenido simbólico de la leyenda.

Cada libro tiene aproximadamente 200 páginas y su costo es de 6,000 colones en las librerías del Sur y 7,000 para los de la meseta central.

Esta obra es un valioso aporte a la historia y tradición oral de la región de Osa y a la multiculturalidad costarricense.

El libro ya está a la venta en la Librería CRAYOLAS Palmar Norte, en la Feria del libro en Pérez Zeledón, del 19 al 22 marzo, en el Puesto Editorial Nacimiento de Adams Ruiz.

Para los del Gran Área Metropolitana lo podrán adquirir en San Pedro de Montes de Oca, en la Librería Bodeguita Cultural en Calle de la Amargura, 100m sur de la Universidad de CR.

El libro también se puede enviar a cualquier sitio del país a través de Correos de Costa Rica Consultas al WhatsApp 7177 7546.

Para los sureños, el libro se estará presentando este sábado 11 de abril, 5pm en el Salón de CENECOOP, de Palmar Sur, en el contexto del XV Festival de las Esferas, Osa 2026.

Comunidad de Zapote celebrará el Día de la Batalla de Santa Rosa y el 170 aniversario de la Guerra Patria

La Asociación Cívica y Cultural de Zapote invita a la comunidad a participar en la celebración del Día de la Batalla de Santa Rosa, en el marco del 170 aniversario de la Guerra Patria de 1856, una de las fechas más significativas de la historia nacional costarricense.

La actividad conmemorativa se realizará el 20 de marzo de 2026 a las 5:30 p.m., en el salón de actos de la Escuela Napoleón Quesada Salazar, en Zapote, y está abierta a la participación de personas vecinas y público interesado en recordar este episodio fundamental de la defensa de la soberanía nacional.

La Batalla de Santa Rosa, ocurrida el 20 de marzo de 1856, marcó uno de los primeros enfrentamientos de la Campaña Nacional contra las fuerzas filibusteras encabezadas por William Walker. En esta acción militar, el ejército costarricense logró expulsar a las tropas invasoras de la Hacienda Santa Rosa, en Guanacaste, en una operación decisiva que reafirmó el compromiso del país con la defensa de su independencia y su integridad territorial.

La conmemoración de esta fecha constituye una oportunidad para fortalecer la memoria histórica y el reconocimiento del legado de quienes participaron en la Guerra Patria, un proceso que unió a la sociedad costarricense en la defensa de la soberanía nacional frente a la amenaza filibustera en Centroamérica.

La Asociación Cívica y Cultural de Zapote extiende la invitación a la comunidad para participar en este espacio de encuentro cívico y cultural, orientado a recordar la importancia histórica de la Batalla de Santa Rosa y su significado para la identidad y la democracia costarricense.

La dictadura de los hermanos Tinoco. Lecciones de nuestra historia

Marielos Aguilar Hernández

En las últimas semanas, me he deleitado leyendo una de las obras del escritor Eduardo Oconitrillo García, titulada “Los Tinoco (1917-1919)”. Se trata de un ensayo que ilustra la capacidad de la sociedad costarricense de reaccionar ante la pérdida de sus libertades y el irrespeto a sus derechos más elementales. Aquel fue un gobierno de facto que se extendió a lo largo de treinta meses, pero cuyas experiencias dejaron grandes enseñanzas que aún hoy mantienen su vigencia.

El golpe de Estado que sufrió el gobierno reformista del presidente Alfredo González Flores en enero de 1917, por parte de su ministro de Defensa Federico Tinoco Granados -también conocido como Pelico– junto con su hermano Joaquín, y con la complicidad de algunos miembros de la élite liberal, provocó un gran trauma en nuestra historia patria.

Aquella amarga experiencia nacional vale la pena meditarla en tiempos como el actual, cuando el autoritarismo y el desprecio por nuestras instituciones democráticas se manifiestan de manera reiterada por parte de la minoría populista que hoy ostenta el poder. En ese sentido, rescatamos las siguientes palabras de Oconitrillo, escritas a manera de epílogo en dicha obra:

“El Peliquismo no fue una avalancha transitoria que haya pasado dejando rastros de lodo. Es una inundación permanente, que mañana adoptará otro nombre y que amenaza ahogarse en fango”.

Y agrega el autor:

“Que la patria se hunda en el fango o se remonte en la virtud es tarea que corresponde a cada uno de sus hijos. Que la historia nos sirva de enseñanza y de ejemplo, porque, bajo diferentes nombres y circunstancias, la Historia se repite” (p.240).

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Oconitrillo, García Eduardo (1980) Los Tinoco (1917-1919). San José, CR. 1980