Ir al contenido principal

Etiqueta: resistencia civil

La ilusión de la guerra justa: sindicatos, sociedad civil y la resistencia de la humanidad

Frank Ulloa Royo

Édouard-Léon Scott de Martinville vivió en un contexto social y político complejo, marcado por las secuelas de la Revolución Francesa y las tensiones europeas del siglo XIX. Como impresor y librero, tuvo acceso a las descripciones de los avances científicos más recientes, lo que le permitió convertirse en inventor. Su interés por grabar la conversación humana lo llevó a buscar un medio mecánico que pudiera registrar automáticamente la palabra, como si la voz quedara atrapada en el tiempo. Hoy, otro nueve abril son las voces de angustia las que quedarán también grabadas.

Un nueve de abril de 1860, este parisino grabó a alguien cantando “Au clair de la lune”, una bella canción infantil. Hoy, esa melodía inocente se usa de manera cruel en el genocidio que presenciamos en tiempo real: drones israelíes reproducen grabaciones de llantos infantiles para anunciar la tragedia que está por ocurrir, como parte de una limpieza étnica. Este es un pequeño ensayo sobre lugares poco comunes pero idénticos: los sitios habitados por humanos en guerra.

La llamada doctrina de la “guerra justa” es un espejismo que la humanidad ha repetido como un mantra para intentar darle legitimidad a lo que en esencia es injustificable. Se le ponen ropajes solemnes, se le adorna con doctrinas, se le viste con discursos patrióticos o religiosos, pero detrás de esas vestiduras la guerra sigue siendo lo mismo: una fractura de la humanidad, un fracaso de la palabra frente al ruido de las armas. Como señaló Hannah Arendt (1969), “la violencia puede destruir el poder, pero nunca lo crea”; y en ese vacío se instala la guerra como derrota de la dignidad civilizada.1

El dilema ético se agudiza cuando un Estado agrede a otro en un contexto internacional debilitado, con Naciones Unidas convertida en espectadora impotente, atrapada en vetos y burocracias. La reciente guerra en Irán, impulsada por intereses estratégicos —el robo del petróleo y los viejos motivos religiosos que alimentan las teocracias, tanto sionista como musulmana—, muestra con crudeza esta crisis de institucionalidad: los misiles y drones hablan mientras la ONU calla. ¿Cómo responder a la violencia sin caer en la misma lógica que la engendra? La tentación es replicar la fuerza con más fuerza, pero ese camino perpetúa el círculo de la barbarie. La alternativa exige creatividad política, diplomacia radical, solidaridad transnacional y la construcción de mecanismos de resistencia civil que desarmen la guerra desde sus raíces. Es tiempo de hablar claro y crear nuevas herramientas para garantizar el derecho a la vida.

En este horizonte, los sindicatos tienen un papel insustituible. Ya la II Internacional, pese a su fracaso para detener la Primera Guerra Mundial, nos señaló un camino: el de desenmascarar las guerras, mostrar que detrás de los discursos patrióticos se esconden intereses económicos y geopolíticos. Los sindicatos, como voz de los trabajadores, deben recordar que cada guerra es también una guerra contra los pueblos, contra su derecho a vivir y a soñar. La tarea sindical es levantar la palabra, denunciar la mentira, construir redes de solidaridad que atraviesen fronteras y que digan con claridad que no hay guerra justa, que toda guerra es una herida en el cuerpo de la humanidad. Como escribió Rosa Luxemburgo (1915), “la guerra es siempre el negocio de unos pocos y la desgracia de muchos”.

Pero no son solo los sindicatos: la sociedad civil entera tiene un papel decisivo. Las mujeres, como en la antigua Grecia, cuando se levantaron en huelga contra sus maridos guerreros para detener la guerra —recordemos la fuerza simbólica de Lisístrata de Aristófanes (411 a.C.)—, nos enseñan que la resistencia puede nacer de lo cotidiano, de la vida misma. Hoy, las mujeres en múltiples rincones del mundo siguen siendo las primeras en organizarse contra la violencia, en defender la vida frente a la lógica de la muerte. Su voz, junto con la de jóvenes, comunidades indígenas, movimientos sociales y culturales, es la que puede quebrar el discurso bélico y abrir espacio a la paz.

La verdadera justicia no se encuentra en los tratados que legitiman la violencia, sino en la capacidad de los pueblos para resistir la lógica de la guerra y reinventar la paz. Mientras los Estados se atrincheran en sus intereses y las instituciones internacionales se tambalean, la humanidad necesita recordar que la única salida digna es construir un orden donde la palabra sustituya al misil y la solidaridad sustituya al cálculo estratégico. Porque la guerra, con todos sus ropajes, seguirá siendo siempre lo mismo: la derrota de la humanidad frente a sí misma.

Referencias bibliográficas

  • Arendt, Hannah (1969). Sobre la violencia. Nueva York: Harcourt Brace.

  • Aristófanes (411 a.C.). Lisístrata. Atenas: Teatro clásico griego.

  • Luxemburgo, Rosa (1915). La crisis de la socialdemocracia. Stuttgart: J.H.W. Dietz Nachf.

  • Walzer, Michael (1977). Just and Unjust Wars: A Moral Argument with Historical Illustrations. Nueva York: Basic Books.

  • Galtung, Johan (1996). Peace by Peaceful Means: Peace and Conflict, Development and Civilization. Oslo: International Peace Research Institute.

  • Naciones Unidas (2025). Informe sobre la crisis de institucionalidad y conflictos armados. Nueva York: ONU.

1 San Agustín (siglo V) fue el primero en formular la idea de que, bajo ciertas condiciones, una guerra podía ser moralmente aceptable. Santo Tomás de Aquino (siglo XIII) sistematizó la doctrina en la Summa Theologiae, estableciendo criterios como autoridad legítima, causa justa y recta intención. Finalmente, e Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2309) recoge estos principios, señalando que la legítima defensa mediante la fuerza militar requiere condiciones estrictas y rigurosas.

A contracorriente

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

El último fin de semana de marzo, cientos de miles de personas salieron a protestar en las principales ciudades de Estados Unidos y Europa.

En algo que parece ya habitual, el objeto de las protestas no puede ser otro que el impresentable presidente de Estados Unidos Donald Trump y sus políticas racistas, fascistas, terroristas, antihumanas.

La protesta es la tercera que se organiza en el marco de unas jornadas denominadas “no kings”, destinadas a desconocer el poder real y simbólico que Trump y sus aliados han instalado en un año que, si bien solo lleva tres meses, ya cuenta para el olvido.

Los casi nueve millones de personas que salieron a las calles de Estados Unidos a consignar su descontento y enojo, son la muestra de un motor civil y popular que poco a poco está perdiendo el miedo y se empodera de la única forma que puede un ser humano empoderarse en estos tiempos: convirtiéndose en un sujeto colectivo, político, fuerte, visible, claro.

El hartazgo a la arrogancia del mal habido presidente estadounidense es quizá la motivación de fondo para hacer salir de su confort a millones de personas.

Aquí es cuando uno se pregunta por qué si en otros contextos el hastío y el enojo son materia prima diaria, no se logró mostrar hasta ahora de forma visible y hasta contundente.

Las últimas semanas algunas acciones han sumado a la perplejidad con que hemos estado observando la performance presidencial en Costa Rica: la saliente y la entrante, que para los efectos son la misma cosa.

La urgencia con la que el gobierno costarricense aceptó el acuerdo migratorio que permite a Estados Unidos enviar 25 personas (si, personas) deportadas a territorio costarricense, solo se condice con lo que el internacionalista Carlos Murillo alerta: la relación Costa Rica-Estados Unidos no es una relación de Estado, sino que se enmarca en una cercanía personal, lo cual vuelve más peligroso, riesgoso y subordinado el rol costarricense en el concierto internacional.

Si esto no es ir contra corriente, observando las multitudinarias marchas del fin de semana, entonces vivimos en realidades paralelas.

Por último y no menos delirante, es la promesa de la presidenta electa Laura Fernández en utilizar el modelo de Bukele para “mediar” la inseguridad ciudadana. El terror ciertamente no es que sea una promesa, sino que, dado el alto apoyo a su enfoque populista, se termine instalando en el país un régimen que, al menos en El Salvador, ha cobrado cientos de vidas inocentes. Diversos informes de periodismo independiente y organismos de derechos humanos han dado cuenta de las atrocidades de este régimen de excepción.

¿Si esto no es ir contra corriente, en qué mundo dominado por la matrix estoy viviendo?

Mahatma Gandhi: Creador de la desobediencia civil no violenta

Juan Jaramillo Antillón.
7 FEBRERO 2022, 
Juan Jaramillo Antillón

Gandhi nació en Porbandar (actualmente estado de Gujarat), en la India, en octubre, 1869. Falleció asesinado en Delhi en enero de 1948. Gandhi para el mundo representa el líder y guía, creador de la «resistencia o desobediencia civil no violenta» para obtener concesiones o derechos de una minoría, de parte de un gobierno que detenta el poder en una nación. En el caso de la India su patria, su solicitud no era para una minoría, sino para una mayoría abrumadora de millones de indios para lograr la independencia de la India, de los ingleses. Se casó muy joven, tuvo 4 hijos, era vegetariano y rechazaba cuando se enfermaba toda ayuda médica, desconfiaba de los médicos y no creía en la medicina moderna de su tiempo.

Aunque parezca increíble, gracias a él, en gran parte, se obtuvo la independencia de la India de los ingleses; eso no lo logró por la vía armada, sino que desechó esta y promovió con pasión la resistencia pasiva, la no violencia y la no cooperación como métodos de desobediencia civil contra los ingleses, formas de lucha que impresionaron a las masas populares que lo apoyaron. Esto sorprendió a sus enemigos y por esa razón, el entonces político, aristócrata e imperialista Winston Churchill, decía que no debía permitirse que un faquir semidesnudo los privara de la India. Ese mismo faquir, ya hecho abogado en la misma Inglaterra, en el año 1931, participó en una conferencia en Londres y ahí reclamo la independencia de la India, por supuesto en este intento no lo logró. Para obtenerla, Gandhi sufrió física y psicológicamente por años, no solo él sino incluso su pueblo, ya que fue encarcelado varias veces por meses o años, y el pueblo, con increíble valentía vio morir a centenares de hindúes y musulmanes que apoyaban sus prédicas y le obedecían cuando Gandhi hacía ayunos por días o semanas para obtener lo que deseaba. Incluso su esposa, Kasturbai, estuvo presa 18 meses junto con él, tiempo después falleció. Había sido encarcelado por los ingleses que gobernaban la India, porque Gandhi no aceptaba que la India participara en la Segunda Guerra Mundial, ya que consideraba que la lucha contra Alemania era por la libertad y la democracia, algo que se le negaba la India, por eso estuvo preso dos años, en medio de la guerra, los gobernantes ingleses insinuaron que al final de esta, el poder sería transferido a manos de los indios, por lo que entonces estos decidieron cooperar con los ingleses.

La lealtad de su pueblo que lo seguía en sus aspiraciones la lograba con el ejemplo que daba de sacrificio, pobreza, castidad, desapego a lo material, amor por los débiles, ayuno, oración y lucha permanente contra la injusticia y la búsqueda de libertad. Lo extraordinario es que era de esperar tuviera gran resistencia física para soportar el maltrato que sufrió, pero, físicamente era de constitución muy frágil (pequeño de 1.64 m de altura, delgado y desdentado), y era su gran resistencia espiritual la que le daba soporte físico.

De joven, no fue un buen estudiante y le costó pasar el examen de admisión a la Universidad de Bombay en 1887, donde no terminó la carrera de leyes. Hijo de una familia de la clase media acomodada, su padre era primer ministro de Porbandar y le pagó los gastos, así fue como fue a estudiar derecho a Inglaterra a la University College de Londres. Durante tres años, ahí se cultivó y se hizo abogado y regresó a la India donde se estableció como abogado sin éxito en Bombay (la ciudad estaba saturada de abogados), por esa razón y al cabo de dos años se fue a trabajar a Suráfrica, contratado por un amigo musulmán de la India, como abogado de su empresa en 1893.

Estuvo en Suráfrica 21 años y de ser un tímido y elegante abogado, se convirtió en un inspirado orador y luchador contra la discriminación racial de los blancos, una minoría que gobernaba ese país en forma tiránica contra negros, hindúes y musulmanes que formaban la mayoría de la población. Al parecer su transformación ideológica sucedió cuando se encontraba viajando en tren en primera clase, un blanco le pidió al inspector del tren que enviara a ese hindú a tercera clase, Gandhi protestó mostrando su tiquete y no quiso cambiar de vagón, y en vista de eso fue bajado a la fuerza del tren. Desde entonces organizó a los indios y musulmanes de ese país, y después de años logró que disminuyera la discriminación y se mejoraran los derechos civiles de estos. En Sudáfrica residían 150,000 compatriotas a los cuales logró unir y los convirtió en una fuerza política. Fue encarcelado varias veces durante movimientos de protestas. Se le ha criticado que no ayudo a lograr disminuir la opresión de los negros en Sudáfrica etnia que constituían el 75% de la población.

Su regreso a la India en 1915 se debió a un llamado hecho por unos amigos para organizar la lucha por la independencia en esa nación. De vestir por años tarjes occidentales elegantes, bajó del barco que lo transportó a la India vestido únicamente con una túnica y de inmediato se sometió a un régimen de estricta pobreza, viviendo y comiendo frugalmente. Inició de inmediato la educación de sus compatriotas enseñándoles a olvidar la injusta diferencia de castas imperante en esa nación, a dejar los resentimientos a un lado y cooperar y mejorarse a sí mismos para servir de ejemplo, no para derrotar a los ingleses, sino para convencerlos de la injusticia que cometían con una India subyugada.

En cierta forma se puede decir que sus cualidades espirituales y morales fueron la base de su éxito, por esa razón Rabindranath Tagore, el poeta indio ganador del Premio Nobel de Literatura en el año 1913, lo calificó como «Mahatma» que significa alma grande. El pueblo lo llamaba Bapu que significa «padre». Como ya señalamos, tenía una figura enjuta, pequeño, hablaba con voz tenue y, sin embargo, tenía un carácter fuerte y decidido ya que condujo a los indios a huelgas, sofocadas con sangre y fuego por los ingleses, al boicoteo de las mercancías británicas y a no cooperar ni trabajar con ellos. Todo esto desorientó a los ingleses sobre todo porque la opinión pública mundial apoyaba a Gandhi y finalmente cedieron y tuvieron que concederle la independencia a India en 1947.

El ejemplo que él dio a la humanidad con su lucha fue, hacer ver al mundo que, a la larga la fuerza de la no violencia logra convencer y triunfar al igual que la fuerza del amor. Era un escritor prolífico. Publicaba constantemente en periódicos y revistas y escribió varios libros incluyendo una autobiografía. Él admiraba algunas figuras históricas, ya que consideraba que eran fuentes de inspiración para él; en especial, disfrutaba leyendo el libro sagrado Bhagavad Gita, y los escritos del ruso León Tolstoi con quien se escribía y el cual aprobaba sus movimientos de resistencia pacífica, y estaba impresionado con las enseñanzas de Jesucristo en los Evangelios, además, admiraba al escritor Henry David Thoreau, con su ensayo «Desobediencia Civil». Aunque admiraba a Jesús, sin embargo, la Iglesia anglicana que era la dominante en Inglaterra y la India, practicaba un cristianismo occidental feo, que apoyaba al colonialismo explotador inglés en Sudáfrica y la India. Gandhi sabía que esa era una negación de la doctrina de Cristo.

Lograda la independencia, tuvo dos fracasos. El primer fracaso fue debido a que, los ingleses ante las constantes luchas entre hindúes y musulmanes (80% de la población era hindúes y los musulmanes solo el 20%), decidió dividir el país en dos al darles independencia a los musulmanes ocupando dos regiones, Pakistán y Bangladesh y el resto del país a la India. Él no estaba de acuerdo con eso, pero el Congreso Indio aceptó con el fin de obtener la dependencia y evitar una guerra hindú-musulmana, que de todos modos se dio inmediatamente durante un tiempo. El segundo fracaso fue que él no quería convertir a la India en un país industrial y progresista, sino en una nación agrícola, donde primero había que lograr la igualdad entre todos los habitantes, por el problema de castas, los muy pobres llamados parias o «intocables», y el resto de la población, y además aprender a vivir pobremente, ya que, si no, se podrían presentar diferencias en cuanto a riqueza. Por otro lado, sus dos pupilos preferidos Nehru y Patel, por el contrario, deseaban transformar a la India en una potencia industrial y militar, ya que, si eso no se lograba, no habría recursos y organización para disminuir la pobreza. Fue asesinado por un compatriota fanático y desde entonces pertenece a la humanidad.

Dos críticas se han hecho a Gandhi. La primera se refería a que, cuando Hitler pensaba invadir Gran Bretaña, les dijo a los ingleses que se rindieran y dejaran que los alemanes tomaran lo que quisieran de su país excepto no rendirles obediencia. La otra, es que se dice, que en su casa estaba compartiendo su cama de noche durante varios años con jovencitas desnudas al igual que él, incluyendo la esposa de un sobrino nieto de 16 años y otras familiares. ¿Cuál era la escusa, para esa conducta tan extraña? Él explicaba que lo hacía para probar su autocontrol como célibe (después de tener hijos, hizo un pacto con su esposa de no relaciones sexuales), y para sentir calor en las noches de invierno, era como una «cura natural» para su edad. Él señala que nunca tuvo relaciones sexuales con ninguna de ellas. Siempre tuvo un autocontrol perfecto según Gandhi. Esta conducta no fue bien recibida en esos tiempos y obtuvo muchas critica de partidarios y enemigos. Como médico se podría aducir que por su edad tal vez tenía cierto grado de isquemia cerebral y eso alteró su conducta.

La tradición le adjudica a Gandhi la siguiente oración que he puesto porque en realidad refleja en mucho sus enseñanzas.

Mi señor. Ayúdame a decir la verdad delante del fuerte, y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles. Si me das fortuna, no me quites la razón. Si me das éxito, no me quites la humildad. Si me das humildad, no me quites la dignidad. Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla. No me dejes culpar de traición a los demás por no pensar igual que yo. No me dejes caer en el orgullo si triunfo. Ni en la desesperación si fracaso. Más bien recordarme, que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo. Enséñame que perdonar es un signo de grandeza, y que la venganza es una señal de bajeza. Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso. Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme. Y si la gente me ofende, dame valor para perdonar.

Al salir diariamente decía: «Señor, hoy tengo mucho que hacer, si no me acuerdo de ti. Tú no te olvides de mí».

Notas

Gandhi, M. (1949). Non-Violence in pace and war. Londres: Garland Publishing London.
Gandhi, M. (1993). An Autobiography. The Story of My Experiments with truth. Londres: Bacon Press.
Gandhi: A Biography. 1997.
Gandhian Institute. (2009). Gandhi. Comprehensive Site. Bombay.
McLaren, B. D. (2006). «Mohandas Gandhi». En: El Mensaje secreto de Jesús. México D. F.: Ed. Grupo Nelson. 210-214.
Microsoft Encarta. (1993). Gandhi, Mohandas Karamchand. Microsoft Corporation, EE. UU.
Tidrick, K. (2007). Gandhi: A political and spiritual life. Londres: Ed. Tauris.
Wikipedia. Mahatma Gandhi.
Wolpert, S. (2001). Gandhi’s Passion: The life and Legacy of Mahatma Gandhi. Oxford: Oxford University Press.

 

Publicado originalmente en Wall Street International Magazine, compartido con SURCOS por el autor, quien es colaborador de SURCOS Digital.