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Etiqueta: salud

UCR capacita a profesionales en enfermería sobre novedoso instrumento

Aplicación mejora calidad del servicio que prestan en centros de salud del país

La Escuela de Enfermería de la Universidad de Costa Rica (UCR) capacita a profesionales del área en la implementación de un instrumento llamado Escala de Apreciación de Agencia de Autocuidado (ASA, por sus siglas en inglés), el cual permite determinar de forma oportuna y eficaz la capacidad de autocuidado del paciente.

La ASA se basa en la Teoría de Orem, que plantea que el o la profesional en enfermería debe ser capaz de identificar las necesidades del paciente y llevar a cabo las acciones específicas para que estas sean cubiertas.

UCR capacita a profesionales en enfermería sobre novedoso instrumento
Hasta el momento la Escuela de Enfermería de la UCR ha capacitado a 400 enfermeras y enfermeros en cuanto a la aplicación de la Escala de Apreciación de Agencia de Autocuidado (foto Archivo ODI).

La prof. Beatriz Villalobos Núñez, encargada del proyecto, explicó que en enfermería se aplican instrumentos de valoración que no son específicos de esta profesión, por lo que esta Escala le ofrece al profesional en enfermería la información necesaria para decidir cuál será el plan de cuidados que se va a seguir. Esto garantiza una atención individualizada que se enfoca en la necesidad del paciente y no en la atención estandarizada por una patología.

Este instrumento, validado en Holanda, ha sido traducido a diferentes idiomas y ha sido adoptado por naciones como México y Colombia, ahora Costa Rica es el primer país en América Central en validar el instrumento gracias al trabajo de la Escuela de Enfermería de la UCR. La importancia de la validación radica en que para obtener datos confiables es necesario adecuar el instrumento al contexto sociocultural en el que se aplica.

Las profesoras de la Escuela de Enfermería, Viriam Leiva, Beatriz Villalobos, Elena Hernández, Maureen Araya y Kenneth Cubillo, fueron quienes realizaron el proyecto de investigación con el objetivo de validar la Escala; asimismo, en el 2014 presentaron el instrumento a la Jefatura de Enfermería de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS), en donde oficializaron el uso de la Escala en la institución.

Hasta la fecha este grupo de docentes ha capacitado a más de 400 profesionales en enfermería de distintos centros médicos, entre ellos del Centro Nacional de Rehabilitación, Hospital Max Peralta, Hospital William Allen, Hospital de Guápiles y otros centros médicos en Turrialba, Alajuela, Puntarenas y Quepos, así como las Áreas Rectoras.

“El conocimiento que se obtiene a partir de la aplicación del instrumento fortalece al profesional y a la disciplina, ya que permite dar una mejor atención a los pacientes”, comentó Beatriz Villalobos, quien finalmente agregó que este proyecto es parte del compromiso de la Escuela con la comunidad de profesionales en enfermería y con la población costarricense que merece un servicio de calidad acorde a sus necesidades.

 

Información enviada a SURCOS Digital por Lic. Otto Salas Murillo, Periodista Oficina de Divulgación e Información, UCR.

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Alianza Cantonal Barveña solicita no renovar el contrato con Coopesiba

Alianza Cantonal Barveña

La Alianza Cantonal Barveña por la Salud externó su preocupación por el deseo de prórroga en el contrato con Coopesiba, ya que manifiestan que el servicio de salud que presta esta entidad en el cantón es de pésima calidad, lo cual fue demostrado, según la Alianza, en la Auditoría realizada por la misma CCSS.

 

Información tomada para SURCOS Digital de la página de Facebook:

https://www.facebook.com/AlianzaCantonalPorLaSalud

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En celebración de 25 años del Posgrado en Odontopediatría

Proponen unir esfuerzos para luchar contra la caries dental infantil

En celebración de 25 años del Posgrado en Odontopediatría
Los estudiantes de la Facultad de Odontología de la UCR atienden en diferentes escuelas y comunidades del país a la población en general y a la población infantil en particular, pero también desde hace 25 años forma especialistas en Odontopediatría con excelencia académica (foto Archivo ODI).

Lidiette Guerrero Portilla,

Periodista Oficina de Divulgación e Información

 

Un llamado a recuperar los programas odontológicos clínicos y preventivos que se desarrollaron con gran éxito en el país, entre los años de 1970 y 1980, y que permitieron combatir con ahínco la caries dental infantil, hicieron los participantes del VII Congreso Nacional de Odontología y el IV Congreso de Posgrado en Odontopediatría, este viernes 7 de agosto.

Con esta actividad, que se realizó en el edificio de Educación Continua, se celebraron los 25 años de existencia del Posgrado en Odontopediatría de la UCR, el cual ha dado una gran contribución al país, con la formación de profesionales en este campo. Participaron 150 profesionales de Odontología tanto de la UCR como de diferentes universidades privadas, entre ellas la Universidad Latina y la Ulacit, representantes del Ministerio de Salud y de la CCSS y de otras organizaciones en el campo odontológico. Además se contó con la participación del Dr. Francisco Gomez Ramos, de la Universidad de California, quien es asesor en política de salud pública oral.

En este Primer Encuentro Nacional sobre Políticas en Salud Oral Infantil, se rememoraron los esfuerzos que hizo el país en el pasado, en términos de atención y prevención desde los centros educativos del país, administrados por el Ministerio de Salud, pero que al pasar a la CCSS, fueron eliminados y nunca más los volvieron a implementar.

El Dr. Carlos Filloy Esna, decano de la Facultad de Odontología de la UCR, fue enfático al afirmar: “Hemos perdido tiempo valioso, porque si todos estos programas se hubieron continuado y fortalecido, tendríamos una niñez libre de caries”.

En celebración de 25 años del Posgrado en Odontopediatría2
El Dr. Carlos Filloy Esna, decano de la Facultad de Odontología, manifestó que es necesario recuperar los programas odontológicos exitosos del pasado y que las instituciones públicas encargadas se comprometan a llevar estos programas adelante (foto: Rafael León Herrera).

Para su criterio este tipo de encuentros son importantes para intercambiar opiniones. Citó como programa exitoso el de Palmares, que ha desarrollado la UCR por muchos años y que gracias a eso la población infantil menor de 12 años en los diferentes distritos de ese cantón alajuelense tiene una dentadura totalmente libre de caries.

“Debemos volver a tener ese tipo de programas y hoy con mejores tecnologías y mejores conocimientos tendremos éxito en la prevención y en la erradicación de la caries dental, pero las instituciones tienen que comprometerse a llevar estos programas adelante”, manifestó el decano.

Por su parte el Dr. Ottón Fernández López, director de los Posgrados en Odontología de la UCR, resaltó la labor que ha realizado el Posgrado de Odontopediatría, de su coordinadora actual, la Dra. Susana Morales y de su cuerpo docente, cuyo prestigio trasciende las fronteras.

Ser el primogénito en este campo en la región, no ha sido tarea fácil, pero los resultados han sido palpables y es satisfactorio llevarlo a otro nivel, en donde se centra en mucha más investigación y proyección social.

En celebración de 25 años del Posgrado en Odontopediatría3
Para el Dr. Ronaldo Hirsh, uno de los fundadores del Posgrdo en Odontopediatría «no ganamos nada, si la salud pública no asume su responsabilidad” (foto: Rafael León).

El Dr. Fernández dijo que los nuevos retos los llevan ahora a tratar de lograr la cohesión de todos los actores para una enseñanza calificada y especializada con excelencia.

Por su parte, el Dr. Ronaldo Hirsh, profesor e investigador y uno de los fundadores del posgrado en Odontopediatría, junto con al Dr. Olman Montero, recordó que esta tarea la iniciaron en 1990 con mucho apoyo del Hospital de Niños, de la Escuela Centeno Güell y del Cenare y que han logrado formar profesionales de excelencia.

Recordó que actualmente hay servicios de Odontopediatría en los hospitales de Niños, en el de Puntarenas y en el de San Carlos y sus graduados extranjeros han contribuido a aumentar su prestigio, pues han dirigido programas similares en Colombia, en Nicaragua, El Salvador y Panamá.

Cambios en servicios y política odontológica

En celebración de 25 años del Posgrado en Odontopediatría4
Durante todo el viernes 7 de agosto, se analizó diferentes temas relevantes de la salud oral en general e infantil en particular (foto: Rafael León).

El Dr. Hirsh considera que, en el país, urge hacer cambios en la política y el servicio de atención odontológica en general, pero especialmente para la niñez.

Para su criterio, se requieren cambios radicales y positivos en política de salud pública gubernamental, en este campo, porque han sido muy malos en los últimos 22 años, “los gobiernos no nos han hecho caso, necesitamos servicios en los Ebais y en las clínicas de la Seguridad Social”. Lo que debe haber es odontología preventiva, promoción de la salud, odontología infantil en la educación preescolar y escolar, conocimiento de la comunidad con profesionales totalmente insertos en la salud pública, agregó.

“Nosotros no ganamos nada si la salud pública no asume su responsabilidad”, manifestó el Dr. Hirsh.

“Yo quisiera ver un odontólogo general en cada escuela, y un odontopediatra en cada cinco escuelas, que rote un día por semana, para ver los casos más difíciles”, añadió.

El experimentado docente considera que la responsabilidad de la atención a la niñez no la deben tener odontólogos generales avanzados, que reciben un curso de seis meses de odontología infantil versus un odontopediatra que recibe dos años de formación en este campo, esto es un asunto que debe cambiar”, manifestó. “Yo tengo la esperanza de que este gobierno que le quedan dos años y medio haga los cambios en esto”, indicó.

En este sentido concluyó que “desde el punto de vista odontológico la niñez que está servida en el campo odontológico pertenece a un 10% de hogares con recursos económicos apropiados, de ahí para abajo, no está servida la niñez, sino que se hace una odontología mutilante, con extracciones, sin reponer espacios, y entonces resulta que tenemos niños que, entre los 4 y 8 años, se les hacen extracciones “impertinentes” y se abandonan durante 6 u 8 años y después necesitan tratamientos de ortodoncia, que en el sector privado valen entre un millón y un millón y medio y que no está al alcance de toda la población”, expresó.

 

Información tomada de: http://www.ucr.ac.cr/

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Escuela de Tecnologías en Salud le invita a donar sangre

Campaña se realiza en conjunto con el Laboratorio Clínico UCR

Este miércoles 12 de agosto

Escuela de Tecnologías en Salud le invita a donar sangre
Una bolsa de sangre tiene la suficiente cantidad de componentes como para ayudar a salvar la vida a tres personas, mientras que la o el donador no tiene ningún efecto negativo en su salud tras acudir a realizar la donación (foto Archivo ODI).

Otto Salas Murillo,

Periodista Oficina de Divulgación e Información

 

“Donar sangre es donar vida”, ese es el lema que presenta la I Campaña de Donación de Sangre de la Escuela de Tecnologías en Salud (ETS) de la UCR, misma que se realizará este miércoles 12 de agosto de 8:00 a.m. a 12:00 m.d. en la Sala de Terapia Física.

Esta iniciativa solidaria es organizada en conjunto con el Banco de Sangre del Laboratorio Clínico de la Universidad de Costa Rica (LC-UCR).

Esta es una actividad abierta para que participe todo público, sin embargo existen ciertos requisitos, los cuales son: encontrarse en buen estado de salud, tener entre 18 y 65 años de edad, portar la cédula de identidad, pesar más de 50 kilogramos, no tener un ayuno prolongado ni haber ingerido exceso de grasas o lácteos y si tiene tatuajes que tengan un año de antigüedad; además, las mujeres con ciclo menstrual pueden donar sin problema.

Según indican los organizadores de esta campaña, la donación de sangre es muy segura e incluso antes de iniciar con el procedimiento, el personal del Banco de Sangre se asegura que los signos vitales de la persona sean los adecuados.

Escuela de Tecnologías en Salud le invita a donar sangre2
La Escuela de Tecnologías en Salud reúne las condiciones necesarias para poder llevar a cabo una campaña de donación de sangre y se ubica al costado oeste de la Facultad de Letras (foto Archivo ODI).

La cantidad de sangre que se extrae del o la donante es la suficiente para poder ayudar a preservar la vida de un paciente y no se presenta ningún daño a la salud por hacerlo; una bolsa de sangre es suficiente para salvar hasta tres vidas.

Cuando la persona interesada en colaborar acude al lugar de la donación debe llenar un cuestionario y seguidamente es entrevistado por algún funcionario, si se cumplen los criterios descritos se pasa a extraer la sangre y finalmente toma un refrigerio para reponer el líquido.

La sangre que se obtiene es separada en varios componentes como los glóbulos rojos, plasma, plaquetas y crioprecipitados, los cuales se pueden usar en diferentes personas.

Una vez que ha donado la persona debe esperar para poder hacerlo nuevamente, ya que el cuerpo debe reponer las células y el volumen de sangre extraído; las mujeres pueden donar cada cuatro meses, mientras que los hombres cada tres meses.

Para más información sobre esta I Campaña de Donación de Sangre de la ETS, usted se puede comunicar al teléfono 2210-9000, ext. 9061 / 9072.

 

Información tomada de: http://www.ucr.ac.cr/

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El mundo debe hacer realidad el derecho a la alimentación

En celebración de los 40 años de existencia del INISA

Conferencista chileno pide declarar el derecho a la alimentación como un derecho humano

El mundo debe hacer realidad el derecho a la alimentación
El Dr. Ricardo Uauy, conferencista invitado a la celebración del cuadragésimo aniversario del INISA, hizo una excitativa para generar cambios en el mundo que garanticen el acceso a los alimentos para los 9 billones de habitantes del planeta (foto: Laura Rodríguez).

Lidiette Guerrero Portilla,

Periodista Oficina de Divulgación e Información

 

“En el mundo actual si bien sobran alimentos, hay 800 millones de habitantes que están desnutridos y una de cada seis personas deben adquirir los alimentos para una semana con uno o dos dólares”, según lo dijo el Dr. Ricardo Uauy, médico cirujano, neonatólogo, bioquímico de alimentos, del Instituto de Nutrición y Tecnología de Alimentos de la Universidad de Chile, en una conferencia que impartió como invitado especial al acto de celebración del Cuadragésimo Aniversario del Instituto de Investigaciones en Salud (INISA) de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Alimentando a 9 billones de seres humanos en la Tierra. Mendel versus Malthus es el título de su disertación, en la que afirmó que la disparidad planetaria en el acceso a los alimentos y 1.500 millones de personas en estado de pobreza debe llevarnos a un replanteamiento del camino que hemos seguido hasta ahora como sociedad, repensar la situación y generar cambios individuales y colectivos para hacer realidad el derecho a la alimentación.

“Al menos deberíamos generar una declaración para que el acceso a los alimentos básicos sea considerado un derecho humano, como el aire y el agua”, afirmó este investigador, quien se ha dedicado a estudiar la nutrición publica orientada hacia la equidad social.

El mundo debe hacer realidad el derecho a la alimentación2
La actividad de celebración se realizó en el auditorio de la Facultad de Microbiología, en donde se efectuaron además las jornadas académicas, el miércoles 5 y jueves 6 de agosto, en donde el equipo científico expuso sus avances en las diferentes temáticas (foto: Laura Rodríguez).

Según lo informó el conferencista la población mundial ronda los 9 billones de habitantes y la desnutrición sigue creciendo mayoritariamente en África Subsahariana y en Asia (Paquistán, Irak, Turquía, entre otros), en México, en la mayoría de los países centroamericanos, en Bolivia, Cuba y Haití.

Las naciones que han podido reducir la cantidad de personas con desnutrición son Costa Rica y Panamá, los países andinos de América del Sur, algunas zonas de África, del Sudeste y del Este Asiático, Indonesia y Sri Lanka, pero China es la gran ganadora, con una reducción de 58 millones de desnutridos, en dos décadas.

El mundo debe hacer realidad el derecho a la alimentación3
En la actividad participaron autoridades universitarias, invitados especiales y el personal del INISA (foto: Laura Rodríguez).

Añadió que si queremos dejarle a las generaciones venideras un mundo más justo, más sustentable y más saludable deberíamos inclinarnos a hacer cambios en varios frentes, sobre todo por una dieta con un impacto social menos intenso, mucho más tendiente a lo vegetal y a una disminución del consumo de carnes animales.

Incluso opina que es necesario devolverle propiedades nutricionales a algunos alimentos que las han perdido por el procesamiento y rescatar variedades antiguas que según han demostrado algunos estudios son mucho más nutritivas, además de trabajar más por rescatar los suelos degradados, entre otros.

Disparidad en el acceso a alimentos

El mundo debe hacer realidad el derecho a la alimentación4
La Dra. Patricia Cuenca Berger, directora del Instituto de Investigaciones en Salud (INISA) se manifestó muy satisfecha por todos los logros y contribuciones que desde el INISA se le han aportado al país (foto: Laura Rodríguez).

El Dr. Ricardo Uauy analizó el tema de su disertación considerando el pensamiento de Thomas Malthus (1766-1834) y Gregor Mendel (1822-1884) quienes alertaron sobre la necesidad cada vez mayor de producir alimentos en el mundo, para evitar la brecha creciente que se generaría con el paso del tiempo con el crecimiento de la población mundial.

No obstante considera que aunque la evidencia es clara con la cantidad de personas desnutridas de hoy y sin acceso a los alimentos para cada día, esto no se ha generado por las razones malthusianas, es decir no es por poca producción de alimentos, porque según argumentó los adelantos científicos y la agricultura han hecho su labor y han logrado producir nuevos alimentos y generar una amplia producción, incluso de cereales que, lamentablemente, hoy se emplean para generar biocombustibles.

El mundo debe hacer realidad el derecho a la alimentación5
La Dra. Ruth de la Asunción Romero, vicerrectora de Vida Estudiantil UCR, felicitó al equipo de trabajo del INISA por toda la labor realizada durante 40 años de existencia y los instó a continuar con un espíritu de compromiso y dedicación en su trabajo (foto: Laura Rodríguez).

Agregó que más bien hay exceso de producción de ciertos alimentos y también restricciones en su exportación, con lo que se limita el acceso a las poblaciones más necesitadas. Por ejemplo citó que el 65% de la producción de alimentos en el mundo se centra en trigo, maíz, arroz y papas, mientras que las lentejas, arvejas, garbanzos, zanahorias, frijoles, plátanos, cocos, entre otros, son los mínimos. Según el conferencista todo apunta a que llegaremos a una dependencia importante de alimentos con China.

Para el Dr. Uauy la disparidad en el acceso a los alimentos es un problema muy serio y complejo, que tiene relación con el precio de los alimentos que está directamente vinculado con el precio de los combustibles y la inflación. También entran en juego en esta problemática, los subsidios que los gobiernos otorgan a algunos productores y no a otros, el cambio climático que genera sequías e inundaciones en diferentes áreas y que afectan la agricultura y la disminución en la biodiversidad de semillas y de alimentos en general en el mundo.

“La disparidad va en aumento, porque el 20% más rico se lleva el 80% de la torta, de manera que con este esquema de distribución y este grado de desigualdad, se hace cada vez más difícil satisfacer las necesidad de quienes viven con un dólar”, expresó.

“Claramente si esto se lo dejamos al mercado, vamos a seguir obteniendo estos resultados, aunque no estoy en contra del mercado, pero sí estoy a favor de que haya acceso a la alimentación vamos a tener que ponernos más serios, ustedes lo han visto en la prensa ya empiezan a decirse y así debería terminar: Si queremos tener un mundo más justo vamos a tener que pensar que la producción de los alimentos básicos para sobrevivir es un derecho humano. Hablamos del derecho a la alimentación pero no lo transformamos en derecho real, es solo una declaración y esto en América Latina es un dilema que tiene implicaciones políticas, sociales y de todo tipo”, concluyó.

INISA: 40 años de servicio a la salud del país

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La actividad de celebración del Cuadragésimo Aniversario del INISA se realizó en el auditorio de la Facultad de Microbiología, con la participación de autoridades universitarias, entre ellas la Dra. Ruth de la Asunción Romero, vicerrectora de Vida Estudiantil de la UCR, quien representó al rector Henning Jensen.

La Vicerrectora dijo que son múltiples los cambios que ha tenido el país en el campo tecnológico y social que inciden en las exigencias de la población hacia las universidades estatales y en la oferta que estas le hacen a la sociedad. Afirmó que la autonomía universitaria no desliga el rumbo institucional del que sigue el país, “por eso es esencial que desde la academia busquemos las repuestas a las necesidades de la población, con formación de profesionales y con una investigación ética, profunda y con sentido”.

Además felicitó al INISA por su labor científica, por ser un referente a nivel nacional e internacional, por la formación de investigadores en el área de la salud, la excelencia y calidad de las investigaciones, algunas de las cuales han servido de insumo para la adopción de políticas públicas en el país.

Por su parte, la Dra. Patricia Cuenca Berger, directora del INISA expresó su satisfacción de celebrar los 40 años de ese Instituto, con el apoyo de personas y grupos que les han ayudado a continuar en su crecimiento y desarrollo.

El INISA inició sus labores en 1975, ha desarrollado valiosas investigaciones en temas relevantes para el país, por medio de dos programas como son el de Cáncer y el de Envejecimiento y sus secciones de Infección –Nutrición y Genética.

Son reconocidos sus estudios iniciales a cargo de su primer director y fundador, Dr. Leonardo Mata Jiménez, sobre diarrea y enfermedades respiratorias, VIH/SIDA, dengue y cólera. En salud materno-infantil, aportó mucho en diversos aspectos del desarrollo de la niñez, la rehidratación oral, el alojamiento conjunto madre-niño/a en los hospitales y en la promoción de la lactancia materna.

Aún hoy el INISA en su labor de apoyo a la salud materno-infantil, hace estudios de desnutrición y parasitosis y con el proyecto Prolamanco, desarrolla una gran labor en la promoción de la lactancia materna como alimento fundamental, impartiendo cursos gratuitos en diferentes comunidades, además de jornadas, congresos, charlas que hagan conciencia en las madres, cuidadoras, padres de familia y diferentes profesionales de la salud de seguir luchando para que los bebés mantengan una lactancia natural y prolongada en el país

Con el paso de los años se ha adentrado en los estudios de aguas de consumo humano y detección de microorganismos patógenos (Shigella, Salmonella, y su resistencia a los antibióticos) y cuenta con una sección de genética donde realiza el diagnóstico molecular de enfermedades causadas por mutaciones inestables, como las miotonías hereditarias y desde hace 30 años desarrolla pruebas para el diagnóstico prenatal de defectos cromosómicos.

Por 35 años ha investigado el tema del cáncer en general y su programa de Especial Interés Institucional de Cáncer Gástrico cuenta con 25 años de existencia. Por iniciativa del INISA se creó y fortaleció el Programa de Detección Temprana del Cáncer Gástrico que aún funciona en el Hospital Max Peralta de Cartago, el cual ha ayudado a salvar más de 1.000 vidas y ha disminuido la mortalidad por esta causa en un 50%.

Sus estudios han abordado la infección, inflamación, las cepas más frecuentes de la bacteria Helicobacter pylori relacionada con el cáncer gástrico, un antígeno específico para detectarla, su variabilidad genética y virulencia, procesos de daño celular, marcadores biológicos, detección del perfil de riesgo en las diferentes patologías, entre muchos otros.

Asimismo investiga en forma multidisciplinaria, el proceso de envejecimiento, en estrecha colaboración con la comunidad de Los Guido de Desamparados. Este es uno de los desafíos más grandes que tiene el país, como es el crecimiento de su población adulta mayor. Otro de los temas relevantes para el país es la incidencia de diabetes en la población costarricense, tema que también ha sido estudiado en el INISA.

Como reconocimiento a toda su labor en el campo de la salud el INISA recibió en el 2013 el premio que otorga la Fundación de los Emiratos Árabes Unidos para la Salud, por acuerdo del consejo ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS).


Información tomada de: http://www.ucr.ac.cr/

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Municipalidad de Cartago otorga reconocimiento a TCU de Enfermería

Estudiantes aportan al desarrollo sostenible y protección de recursos naturales de la provincia

Municipalidad de Cartago otorga reconocimiento a TCU de Enfermería
Además del trabajo de campo y la correspondiente investigación, las y los integrantes del TCU 311 organizan varias actividades como capacitaciones a población escolar, campañas de prevención contra el dengue y de reforestación (foto Bolívar Rojas Vargas).

Bolívar Rojas Vargas,

Otto Salas Murillo,

Periodista Oficina de Divulgación e Información

 

Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, la Municipalidad de Cartago premió el proyecto de Trabajo Comunal Universitario TC-311 Atención primaria ambiental para la sostenibilidad de la salud, de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Costa Rica (UCR), por la contribución en materia ambiental a favor del desarrollo sostenible y la conservación de los recursos ambientales en el cantón.

Este proyecto es coordinado por la M.Sc. Ana Luisa Zúñiga Chavarría, en colaboración con la M.Sc. Mabell Granados Hernández, y su principal objetivo es desarrollar, en conjunto con distintas instituciones y participación ciudadana, estrategias en pro de la sostenibilidad y mejora de la salud por medio de la atención primaria ambiental en los cantones de Cartago y Alvarado.

Las y los estudiantes matriculados en el TC-311 realizan actividades como trabajo de campo en investigación-acción, capacitaciones a escolares, campañas de prevención contra el dengue y reforestación; asimismo, se coordina con instituciones como municipios locales, Ministerio de Salud y Ministerio de Ambiente y Energía.

Municipalidad de Cartago otorga reconocimiento a TCU de Enfermería2
Las y los integrantes del TCU 311 recibieron el reconocimiento por parte de la Municipalidad de Cartago por sus aportes al desarrollo sostenible y defensa de los recursos naturales (foto Bolívar Rojas Vargas).

“Hemos hecho investigación directamente en el campo, donde las personas están sacando su papa”, menciona Zúñiga al exponer parte de las actividades realizadas en beneficio de las comunidades cartaginesas.

En las actividades del proyecto participan niños, jóvenes y adultos mayores, “tienen mucha anuencia y les ha gustado mucho, tanto que la gente nos llama para que se les dé las capacitaciones y demás nos están viendo como de la casa, parte de la comunidad”, afirmó la Coordinadora del TCU.

Municipalidad de Cartago otorga reconocimiento a TCU de Enfermería3
La M.Sc Ana Luisa Zúñiga Chavarría es docente de la Escuela de Enfermería y coordinadora del TCU 311, además es oriunda de la provincia de Cartago (foto Bolívar Rojas Vargas).

Para la directora de la Escuela de Enfermería M.Sc. Ligia Murillo Castro, el reconocimiento dado es motivo de alegría y felicitación: “este trabajo nos llena mucho de orgullo y hay que resaltar el trabajo de la M.Sc. Ana Luisa Zúñiga, quien también es oriunda de Cartago. Lo mejor es que no solamente participan carreras del área de la salud, sino también de otras disciplinas. Esta interdisciplinariedad enriquece el conocimiento y los saberes para las diferentes estrategias y actividades que el TCU tiene en cuanto a la atención primaria ambiental”, expuso Murillo Castro.

La Directora de la Escuela de Enfermería también enfatizó la relevancia de la formación integral del estudiantado: “nosotros como disciplina y como Escuela no preparamos solamente enfermeros para atender personas en un hospital, sino que la otra parte es la atención primaria que engloba este TCU”, acotó Murillo Castro.

La premiación otorgada por el municipio cartaginés se realiza cada año y reconoce la contribución y la iniciativa que promueve la orientación y el desarrollo sostenible integrado, además de la conservación de los recursos naturales a favor de las futuras generaciones por parte de instituciones públicas, gobierno central y empresa privada.

 

Información tomada de: http://www.ucr.ac.cr/

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INISA UCR celebra su 40 aniversario

Entidad presentará sus aportes a la salud del país durante tres días de actividades

INISA UCR celebra su 40 aniversario
Durante su historia el INISA ha realizado estudios que se han transformado en grandes aportes como la rehidratación oral, análisis sobre poblaciones indígenas, investigaciones en malformaciones congénitas, obesidad, diabetes y microbiología ambiental (foto Archivo ODI).

Kátheryn Salazar Zeledón,

Otto Salas Murillo,

Periodista Oficina de Divulgación e Información

 

Desde el próximo martes 4 hasta el jueves 6 de agosto se celebrará el 40 aniversario del Instituto de Investigaciones en Salud (INISA UCR) y durante estos días se llevarán a cabo jornadas académicas con el fin de compartir los aportes que ha hecho al campo de la salud; este evento se desarrollará en el Auditorio de la Facultad de Microbiología.

La conferencia inaugural se titula Alimentando a 9 billones de seres humanos en la Tierra: Mendel versus Maltus y estará a cargo del prof. Ricardo Uauy, quien trabaja en la Universidad de Chile.

Asimismo, el Dr. Horacio Solano Montero del Hospital Max Peralta de Cartago, presentará los resultados y perspectivas del Programa de Detección Temprana del Cáncer Gástrico, que hasta la fecha ha disminuido la mortalidad por esta enfermedad en un 50%.

La primera parte de la jornada estará a cargo del Programa de Envejecimiento (PROINVE), allí se realizarán charlas sobre diversos temas como la diabetes y la situación de las personas adultas mayores.

Durante la segunda parte de la jornada, la Sección de Infección y Nutrición realizará distintas conferencias con diferentes enfoques temáticos; como lo es la investigación en aguas y resistencia a los antibióticos, y la leche humana como alimento fundamental.

La mañana del jueves estará a cargo de la Sección de Genética Humana, que presentará diferentes temas a lo largo de sus conferencias, por ejemplo expondrán sobre los factores genéticos asociados a la depresión infantil y juvenil, además de las aberraciones cromosómicas relacionadas con discapacidad intelectual.

Finalmente, el Programa de Epidemiología del Cáncer cerrará la jornada con charlas referentes al cáncer gástrico en Costa Rica y con una nueva conferencia del Dr. Ricardo Uauy titulada Nutrición y cáncer: ¿podemos evitar el cáncer?

Para obtener más información sobre estas actividades de celebración del 40 aniversario del INISA se puede llamar al teléfono 2511-2150.

 

Información tomada de: http://www.ucr.ac.cr/

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Medicina basada en mitos: el caso de la serotonina en la depresión

No Gracias Logo

Por nmurcia

David Healy, psiquiatra, profesor universitario, historiador de la psiquiatría y crítico contumaz de la farmacologización de su especialidad y la medicina en general (impagable su demoledor Pharmageddon) acaba de publicar un editorial en el BMJ titulado “Serotonina y depresión: El marketing de un mito”. No dice nada que no sepamos, pero una Editorial del BMJ marca tendencias.

Por su interés docente y para mejorar su difusión lo hemos traducido.

“El grupo de fármacos llamados Inhibidores de la Recaptación de la Serotonina (IRSS) surgió a finales de los 80, casi dos décadas después de que fueran conocidos. El retraso de se debió a la búsqueda de una indicación. Hasta entonces, no habían demostrado ningún posible perfil lucrativo como la obesidad o la hipertensión. Ya en 1960, la idea de que la concentración de serotonina estaba reducida en la depresión [1] había sido rechazada [2] y, en los ensayos clínicos, los IRSS habían perdido su pulso contra los antiguos antidepresivos tricíclicos como tratamiento para la depresión severa (melancolía) [3-5].

Cuando comenzaron a surgir las preocupaciones acerca de la dependencia que generaban los tranquilizantes en los primeros 80, se intentaron suplantar las benzodiazepinas por un fármaco serotoninérgico, la buspirona, etiquetado como ansiolítico no-productor de dependencia. Ésto fracasó [6]. Las lecciones a aprender fueron que los pacientes esperaban que los tranquilizantes tuvieran un efecto inmediato y que los doctores esperaban que produjeran dependencia. No fue posible desintoxicar la marca “tranquilizante”.

En vez de eso, las compañías farmacéuticas vendieron los IRSS para tratar la depresión, aún a expensas de que eran menos efectivos que los antiguos tricíclicos, publicitando la idea de que la depresión era la enfermedad de base que estaba detrás de las manifestaciones superficiales de la ansiedad. La estrategia fue un éxito extraordinario al centrarse en la idea de que los ISRR devolvían los niveles de serotonina a la normalidad, una noción que más tarde transmutó en la idea de que corregían un disbalance neuroquímico. Los antidepresivos tricíclicos no tenían una narrativa comparable.

El mito de la serotonina

En los 90, ningún académico podía vender el mensaje de la disminución de serotonina. Estaba claro que no había correlación entre la potencia de la inhibición de la recaptación de serotonina y la eficacia de los antidepresivos con ese efecto. Nadie sabía si los ISRR aumentaban o reducían los niveles de serotonina; aún no se sabe. No había ninguna evidencia de que el tratamiento corrigiese nada [7].

Sin embargo, la idea de que era necesario recuperar los niveles de serotonina se instauró entre los pacientes y las asociaciones de enfermos. La historia de la disminución de la serotonina se enraizó, de hecho, en el dominio público más que en el ámbito psicofarmacológico. La concepción serotoninérgica era parecida a la noción freudiana de líbido – difusa, amorfa, e incapaz de explorarse – una pieza prototípica de chatarra intelectual [8]. Si los investigadores usaban este lenguaje era porque hacía referencia casi simbólica a ciertas anormalidades fisiológicas que casi todos pensaban serían encontradas, tarde o temprano, en la fisiopatología de la melancolía, aunque no necesariamente en la “depresión” leve.

El mito atrapó hasta el mercado de las medicinas alternativas. Los materiales y consejos provenientes de estas medicinas alentaban a la población a comer alimentos o participar en actividades que aumentaban sus niveles de serotonina, lo que, a su vez, reforzaba la validez de usar antidepresivos [9]. El mito también capturó a psicólogos y otros profesionales, quienes aprovecharon la ocasión para intentar explicar la importancia evolutiva de la depresión en términos de función del sistema serotonínico [10]. Las revistas y los editores asumían esta idea equivocada y la ensalzaban y reproducían en libros y artículos como si fuera un hecho robusto y bien establecido científicamente, y, mientras, se vendían antidepresivos.

Por encima de todo, el mito capturó a doctores y pacientes. Para los doctores, fue un recurso que permitió una explicación fácil y rápida de la enfermedad y facilitó la comunicación con sus pacientes. Para los pacientes, la idea de corregir una anormalidad tenía una fuerza moral que superaba los recelos que algunos podían tener sobre tomar tranquilizantes, especialmente al trasmitir de forma atractiva que la aflicción no era una debilidad.

Distracción costosa

Mientras tanto se marginalizaban tratamientos menos costosos y más efectivos. El éxito de los ISRR expulsó fuera del mercado a los antiguos antidepresivos tricíclicos. Esto es un problema porque los ISRR nunca han sido capaces de demostrar eficacia en las depresiones asociadas a un alto riesgo de suicidio (melacolía). Los estados de nerviosismo que los ISRR tratan no se asocian a un mayor riesgo de suicidio [11].  La focalización en los ISRR supuso también el abandono de la búsqueda de verdaderas alteraciones biológicas relacionadas con la melancolía (como las teorías del cortisol aumentado) [12].

Dos décadas después, el número de antidepresivos prescritos por año es ligeramente superior al número de personas del mundo occidental. La mayoría de las prescripciones (nueve de cada 10) son para pacientes que se encuentran con dificultades para dejar el tratamiento; más o menos, una décima parte de la población [13,14]. A estos pacientes comúnmente se les aconseja que continúen el tratamiento precisamente porque sus dificultades para dejarlo indican que lo necesitan, igual que un paciente diabético necesita insulina.

Mientras, ciertos estudios sugieren que la ketamina, una sustancia que actúa en el sistema glutámico, es un antidepresivo más efectivo que los ISRR para la melancolía arrojando así aun más dudas a la relación entre serotonina y depresión [15-17].

La serotonina no es irrelevante. Como la noradrenalina, la dopamina y otros neurotransmisores, podemos esperar que sus niveles varíen entre individuos, y encontrar ciertas correlaciones con el temperamento y la personalidad [18]. Había indicios de un rol dimensional para la serotonina en los 70, con investigaciones que correlacionaban niveles reducidos de metabólicos de la serotonina con impulsividad, lo que predisponía a actos de suicidio, agresión y alcoholismo [19]. Tal como pasó con el eclipse de la teoría del cortisol, este hilo de investigación también fue enterrado; los IRSS reducen los niveles de los metabólicos de la serotonina en algunas personas y son particularmente ineficaces en grupos de pacientes caracterizados por su impulsividad (con rasgos de personalidad límite, “borderline“) [20].

Esta historia nos obliga a reflexionar acerca de cómo la opinión de médicos y otros profesionales puede otorgar plausibilidad epidemiológica y biológica a las teorías. ¿Puede una explicación biológica y terapéutica, plausible (pero mítica), conseguir que todo el mundo margine los datos de los ensayos clínicos que muestran nula evidencia de vidas salvadas o de funciones restablecidas? ¿Pueden los datos de ensayos clínicos publicitados como efectivos permitir más fácilmente la adopción de una explicación biológica mítica? No hay estudios publicados sobre este tema.

Estas cuestiones son importantes. En otras áreas de la vida los productos que usamos, desde ordenadores hasta microondas, mejoran año a año, pero este no es el caso de las medicinas; este mismo año cualquier tratamiento podrá lograr ser un éxito en ventas a pesar de ser menos efectivo y menos seguro que los medicamentos anteriores. Las ciencias emergentes del cerebro ofrecen enormes ámbitos para desplegar cualquier cantidad de chatarra intelectual o científica [21]. Tenemos la necesidad de entender el lenguaje que usamos.

Hasta entonces, chao, y gracias por toda la serotonina.

Conflicto de intereses: He leído y entendido la política del BMJ respecto a la declaración de intereses y declaro que soy miembro fundador de RxISK, el cual trabaja para alzar la voz sobre el perfil de seguridad de los medicamentos y estoy en el comité consultivo de la Fundation of Excellence in Mental Health Care. He participado como testigo experto en casos vinculados a suicidio y violencia relacionados con los IRSS.

 

Enviado a SURCOS Digital por Rafaela Sierra.

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Bio-medicalización: tecnociencia y mercado contra la salud

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Por nmurcia

El otro día reflexionábamos sobre la necesidad de re-conceptualizar la idea de “progreso médico”. La tesis es que es necesario exponer, explicar y hacer atractiva una idea alternativa para generar esquemas de desarrollo y de pensamiento, alrededor de la medicina y los sistemas de salud, distintos a los actuales.

Para empezar, criticando elementos que convencionalmente se han asociado a dicho concepto pero que han sido pervertidos por el sistema económico, el mercado y la propia cultura predominante: el desarrollo tecnológico, la prolongación de la vida, la atención centrada en el paciente, la eliminación del riesgo o, sin ser exhaustivos, la medicalización de la salud.

Se trataría de desentrañar lo que de ideología hay detrás de elementos aparentemente neutrales para poderlos -precisamente- politizar y, por consiguiente, debatir. Esta sería la única manera de romper el actual y destructivo consenso en lo esencial (y disenso en lo periférico) que existe en las propuestas políticas, de uno y otro color, sobre cómo organizar los sistemas sanitarios, que es casi equivalente a decir, sobre cómo “ponerles límite” (algo parecido pasa con la idea de crecimiento económico, aceptada, ampliamente como el único instrumento capaz de generar bienestar social y que solo ha sido impugnado desde la ecología política con conceptualizaciones tan provocativas y necesarias como el de-crecimiento).

En la entrada anterior reflexionábamos sobre una estrategia -demonizada por la izquierda y la derecha-, el racionamiento, que nos parece imprescindible rehabilitar.

En efecto, la izquierda, en su anticuada visión de la salud como producto exclusivo de la medicina y la innovación científica, ataca la idea de racionamiento porque implica no financiar algunos “avances” médicos o infraestructuras sanitarias y “eso es de derechas”. En sanidad, como la salud es un derecho, no valen límites.

A este respecto vale la pena destacar la interesante respuesta de Mercedes Pérez, en la más que intensa entrevista de Enrique Gavilán a ella y a Juan Gérvas, a propósito de su último libro, “La expropiación de la salud”: “El derecho a la salud en sí mismo es tan absurdo como el derecho a la inteligencia, la bondad, la felicidad o la belleza”.

Pero la derecha también ataca el racionamiento (el “serio”) porque implica poner límites al mercado mediante restricciones a la introducción de nuevas tecnologías o la construcción de nuevas infraestructuras sanitarias. No hay nada que guste tanto y genere tantos beneficios a la industria farmacéutica, tecnológica o de la construcción como una sanidad pública expansiva. Para la derecha, el racionamiento solo vale para algunas cosas, como los recursos humanos, la atención primaria o la salud pública. Para las nuevas tecnologías o la construcción de nuevos hospitales, ni hablar de racionamiento. Eso va contra el desarrollo económico (de algunos, claro).

Hoy profundizaremos, un poco, en otro concepto esquivo como es el de medicalización de la salud.

De la biomedicina a la medicalización

La medicalización es un concepto utilizado hoy en día casi exclusivamente en su acepción más negativa pero su significado original era ambiguo. Fue empleado en sociología por primera vez en los años 70 y se ha descrito como “definir un problema en términos médicos, como enfermedad o alteración, y/o la utilización de una intervención médica para tratarlo” (Peter Conrad).

Los historiadores establecen el inicio de la medicalización en los siglos XVIII y XIX cuando se comenzó a aplicar el conocimiento científico a la medicina. En estas primeras décadas de expansión del conocimiento médico -basado en la ciencia y no en la especulación como hasta entonces-, la medicalización de dolencias como el “dolor en el flanco” (apendicitis) o de la enfermedad sagrada “morbus sacer” (epilepsia) aportó evidentes ventajas al ser humano. Es decir, inicialmente, los aspectos positivos de la medicalización superaban ampliamente los negativos. Para algunos autores, esta primera fase se correspondería con lo que se ha llamado específicamente “biomedicina”.

En los años 70 comienzan a surgir las primeras voces críticas con el proceso medicalizador biomédico. La antipsiquiatría de Szasz aludía a como los psiquiatras se habían convertido en jueces que establecían lo que era o no un comportamiento “normal”. Illich hablaba del imperialismo médico, su excesiva influencia social y como la medicina se había transformado en la principal amenaza contra la salud. En sociología, se introduce el concepto de “medicalización” en los años 70 (Zola) para examinar la dinámica de expansión de la institución médica y estudiar los procesos de construcción de la autoridad profesional a través del diagnóstico médico, sustituyendo a antiguas formas de clasificar las “desviaciones” como la religiosa o la penal. El mismo Zola escribió: “la medicina se ha convertido en el nuevo repositorio de la verdad, el sitio donde son realizados los juicios finales y absolutos por parte de expertos supuestamente neutrales y objetivos. Y esos juicios son realizados en nombre de la salud“.

Estas dos primeras fases de medicalización, -la que hemos denominado biomedicina y la que viene definida por su expansión (que podríamos denominar, propiamente, medicalización)- se basaron, evidentemente, en el avance científico pero su principal agente, sin duda, era la profesión médica. Los médicos eran los mediadores y gestores principales en la selección, evaluación y aplicación del conocimiento biomédico a la clínica, por ello, los máximos responsables del fenómeno de medicalización de la vida y, lógicamente, los protagonistas de los dardos de la crítica desmedicalizadora de Szasz, Illich o Zola. En esta fase, que podría corresponder a las décadas existentes entre el final de la II Guerra Mundial y los años 80, los aspectos positivos de la medicalización siguen imponiéndose a los negativos, aunque éstos últimos son cada vez más evidentes.

De la medicalización a la bio-medicalización

Sin embargo, el proceso sufre un cambio dramático desde los años 90 y, sobre todo, en la primera década de este siglo gracias a la emergencia y protagonismo de nuevos instrumentos de medicalización como la industria farmacéutica y la tecnociencia. La importancia adquirida por estos nuevos y (más) poderosos vectores medicalizadores coincide con la pérdida de protagonismo de la profesión médica en el proceso. La medicalización habría entrado en una nueva dimensión y los médicos pasan a ser un engranaje más, un mero “target” de las campañas de marketing de la industria, junto con pacientes y ciudadanos. La industria farmacéutica y tecnológica introduce elementos propios de la sociedad de consumo y transforma la institución social de la medicina en el gigantesco mercado de la salud que es hoy en día.

Ahora es el mercado (farmacéuticas y multinacionales de la homeopatía y otras pócimas, industrias tecnológicas y de la alimentación, aseguradoras privadas, asociaciones científicas médicas) el principal promotor de la medicalización, el afán de lucro el principal objetivo, y la innovación, la investigación científica y la publicidad sus principales motores. Esta nueva fase, responde a dinámicas más complejas determinadas fundamentalmente por la capacidad de las nuevas tecnologías -como la genética, la bioinformática o la farmacología- para expandir el mercado de la salud y, por tanto, para definir lo que es o no objeto de la medicina, es decir, sustanciar el progreso médico. Este es el periodo que algunos autores denominan bio-medicalización y es también el momento en el que los aspectos negativos de la medicalización superan con mucho los positivos (aunque ambas tendencias, obviamente, siguen conviviendo).

No es casualidad que el momento de máxima expansión del proceso de medicalización coincida con el lamentable papel de actor secundario que ahora tienen los médicos en la asistencia sanitaria, poco más que agentes de ventas de medicamentos, servicios médicos o tecnologías (Gavilán lo llama el síndrome del cajero automático). Los médicos podrían ser la única esperanza de la sociedad en la enconada lucha entre el sistema económico y la salud, y el mercado lo sabe. Por eso es fundamental su neutralización, y por eso hay tantos recursos destinados -en el mejor de los casos- a garantizar su silencio y su docilidad y –en el peor- su colaboración.

Definitivamente, la perspectiva clínica -con sus problemas pero mucho menos dañina que la biomedicalizadora- ha sido sustituida por la hedonista, la estética/cosmética o la del bienestar; también por la molecular, la genética o la de la biometríca.

Con tantos datos y con tantos deseos ¿para qué queremos un juicio clínico?

Para que hayamos llegado a la fase de bio-medicalización han tenido que suceder cambios trascendentales en las esferas económica y política así como en los sistemas de generación (tecnociencia) y evaluación del conocimiento biomédico (es muy interesante a este respecto la descripción que se hace de las reformas (neo)liberales de las agencias reguladoras de medicamentos y tecnologías, como la FDA o la EMA, a favor de los intereses de la industria, desde los años 80, en la muy recomendable monografía “Unhealthy Phramaceutical Regulation” de Davies y Abraham).

La que Echevarría llama revolución tecnocientífica, uno de los impulsores de la bio-medicalización, ha instaurado una modificación radical de los objetivos de la ciencia, de los modos de organización de la investigación y de los criterios de valoración de sus resultados, introduciendo la empresarialización, la competencia, el marketing y la informatización de la actividad científica biomédica como factores determinantes.

Las nuevas subjetividades médicas

La conjunción de mercado y tecnociencia ha expandido las áreas susceptibles de ser medicalizadas -a través de tecnologías como la biología molecular, la biotecnología, la genómica, el big-data o los trasplantes- y ha hecho posible no solo el control sino la transformación del ser humano, por primera vez, “desde dentro hacia fuera”.

Las soluciones biomedicalizadoras ya no tienen como primera finalidad luchar contra las enfermedades sino procurar la salud mediante la optimización del bienestar y la mejora de las capacidades humanas, lo que Callahan llama “la medicina del perfeccionamiento”:

“El sueño del progreso médico no tiene ningún objetivo final lógico ni ninguna limitación intrínseca… La ausencia de cualquier meta definida es precisamente el combustible que alimenta toda la empresa” (Callahan, 1998, pag 52).

Esta otra cita también es esclarecedora:

“El sueño del progreso en medicina tiene dos objetivos que podríamos llamar tradicional y utópico. El objetivo tradicional ha consistido en curar o aliviar condiciones físicas o psicológicas que causaran muerte, dolor, sufrimiento o pérdida de alguna característica del funcionamiento humano. Lo “normal” era el objetivo en la búsqueda de la salud. El objetivo utópico es el uso del conocimiento médico para satisfacer el deseo de las personas de trascender los problemas físicos y psicológicos que dificultan el camino en la búsqueda de objetivos distintos a la mejora de la salud. El fin es conseguir una salud óptima para lo que no es suficiente el adecuado funcionamiento del organismo sino que se persigue un impulso añadido que procure otras metas más allá” (Callahan, pag 51-52).

Por ejemplo, los biomarcadores moleculares están creando nuevas subjetividades médicas al determinar nuevas categorías de personas en riesgo (por ej. pre-alzheimer), nuevas formas de monitorización del riesgo (test genéticos) e imponer nuevos comportamientos ante el riesgo (mastectomía u ooforectomía profilácticas). La psicofarmacología cada vez más persigue objetivos cercanos a la cosmética emocional.

En el interesante primer capítulo de la monografía “Reimagining (bio)medicalization, pharmaceuticals and genetics” titulado ” “Moving Sideways and Forging Ahead: Reimagining “-Izations” in the Twuenty-First Century“, que nos ha servido de inspiración para esta entrada, Susan Bell y Anne Figert describen otro ejemplo: el primer medicamento “raza específico” aprobado por la FDA, el BiDil (isosorbida e hidralazina en una combinación de dosis fija).

La investigación científica que conduce a la aprobación de BiDil se realizó por razones comerciales solo en la población afroamericana, por lo que la eficacia del fármaco en otras razas es desconocido. En un más que lúcido comentario en el Annals of Family Medicine, Brody y Hunt apuntan el peligro existente de que los médicos abonen, con la utilización de este medicamento, las teorías que defienden que las diferencias raciales son genéticas, por tanto, objetivas y no (socialmente) construidas.

La bio-medicalización de la raza es una despolitización de las desigualdades raciales:

“¿En qué medida la identificación de un rasgo genético específico que se correlacione con la respuesta terapéutica positiva conseguirá expandir el mercado?… Los médicos de familia deberían ser muy precavidos antes de ofrecer apoyo a esta manera de hacer “avanzar” el conocimiento médico”.

Bio-medicalización y neoliberalismo

Esto nos lleva al último punto de esta reflexión. Como hemos señalado, los médicos han sido, hasta ahora, los principalmente aludidos por los críticos de la medicalización. Movimientos como el llamado empoderamiento del enfermo, la antipsiquiatría, la atención primaria y comunitaria, las teorías de los determinantes sociales de la salud, la prevención cuaternaria o el desarrollo del consentimiento informado han sido reacciones defensivas (políticas, profesionales, sociales y éticas) contra el poder del médico y la expansión de la medicina individualística que iba de su brazo.

Segura y Repullo lo explican bien cuando señalan el conflicto histórico latente que siempre ha existido entre una perspectiva clínica centrada en el beneficio individual y otra más holística que percibió las “limitaciones de la clínica frente a las dimensiones sociales de los problemas de salud” y proponía priorizar acciones de índole política y comunitaria sobre los enfoques más individualistas.

Sin embargo, tras Alma Ata -el último intento serio de reforma política de los sistemas sanitarios-, continúan, “el cambio político neoliberal de los años 80 hace emerger, para quedarse, la centralidad política y económica del individuo”

El movimiento crítico hasta ahora desplegado, evidentemente, no ha sido capaz de detener el proceso biomedicalizador que -a diferencia del anterior, derivado de la expansión de la biomedicina, que iba de la mano de una profesión todavía comprometida socialmente- proviene de una superestructura política, económica y cultural que denominamos neoliberalismo, cuyo principal elemento de transformación es el mercado.

Ya no es el poder médico el que expropia la salud (en esto no estamos de acuerdo con Gérvas y Pérez) sino el sistema económico de la mano de la innovación tecnológica y la tecnociencia. Ya no valen las estrategias de (auto) defensa, por tanto, “dominio dependientes” (tradicionalmente procedentes de la propia medicina y/o alrededores, como la bioética) sino que son necesarios movimientos mucho más amplios que impliquen a toda la sociedad.

En realidad, como reclamaba Berwick recientemente en un Editorial del JAMA (ya comentado), denunciando la confiscación de la riqueza de las naciones por los sistemas sanitarios, hace falta una auténtica revolución ciudadana: “El cambio requerirá la voluntad política colectiva de los afectados por la confiscación: los trabajadores que quieren proteger a sus familias, los emprendedores que quieren sobrevivir en una economía competitiva, los ciudadanos informados que quieren salud y no solo procedimientos y los profesionales que desean un trabajo que añada significado a sus vidas“.

El verdadero enemigo de la salud no es la enfermedad sino el sistema económico.

 

Abel Novoa

 

Enviado a SURCOS Digital por Rafaela Sierra.

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“La moda dicta centrarse en el paciente, pero es una forma de paternalismo refinado”

Entrevista a Mercedes Pérez Fernández y Juan Gérvas sobre su segundo libro cuyo título es suficientemente explícito: “La expropiación de la salud” (Ediciones

Los libros del lince, 2015). Sobran las presentaciones y los preámbulos. Vamos directo al grano. El momento lo merece.

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– Parece claro que los médicos hemos expropiado la salud a las personas. Pero también que los ciudadanos han delegado el cuidado de su salud en los profesionales. ¿Qué ha sido antes, la gallina o el huevo?

[Mercedes Pérez-Fernández]. La expropiación de la salud es un proceso coercitivo e insidioso que deja sin capacidades de autocuración y sin autonomía a individuos y poblaciones a cambio de la promesa implícita de juventud eterna. La promesa responde a un primitivo deseo humano de evitar la muerte y de conservar la juventud para siempre. Esa aspiración convierte en víctima simple y fácil al individuo, y el médico tiene la oportunidad de expropiar la salud con sus promesas imposibles. Es la pescadilla que se muerde la cola pero, en el momento actual, ceba “la bomba” el médico.

[Juan Gérvas]. La expropiación de la salud es un fenómeno social y, por tanto, complejo. Se produce una colusión de intereses que amalgama deseo y negocio para ofrecer el señuelo de lo que la medicina no puede ofrecer: dar sentido a la vida. Son intereses variopintos de individuos, pacientes, familiares, poblaciones, profesionales, académicos, investigadores, empresarios, accionistas, periodistas, políticos y otros muchos que han visto en la salud un filón de expectativas y consumo sin fin. Lo importante no es determinar “culpables” sino consecuencias. Es decir, el impacto personal y social de esa pérdida de capacidades de autocuración y de autonomía frente al vivir, el enfermar y el morir. Desde luego, nadie es inocente, pero el poder lo tiene el médico y por ello la mayor responsabilidad. Además, la responsabilidad es también puramente profesional, puesto que la expropiación de la salud dinamita el principio básico médico, el “primero no dañar” (primum non nocere). Es bien cierto que el poema de Gilgamesh, de hace casi 5.000 años, el más antiguo de la civilización occidental que conservamos por escrito, ya relata la búsqueda de la fuente de la eterna juventud, pero siempre hemos creído que aquello era un vano deseo. El problema actual es que los médicos lo presentan como posible y los periodistas les dan eco explícito con títulos como “Una vacuna contra el envejecimiento”.

– Al leer vuestra obra le queda a uno la sensación de que los verdaderos sanos están en peligro de extinción y que por el contrario hay una epidemia de sanos preocupados. ¿Tenemos cifras que avalen esta evolución o es un simple temor?

[MPF]. Cuando los médicos transforman la menopausia en una enfermedad que hay que tratar con “terapia hormonal sustitutiva” se transforma a más del 50% de la población en enferma a partir de una cierta edad. Cuando los médicos determinan en todas las embarazadas pruebas de hipotiroidismo y, además, les prescriben yodo sistemáticamente, convierten en enfermas al 100% de las embarazadas, pues todas terminan preocupadas de su tiroides y del desarrollo psicomotor e intelectual de su futuro hijo y dejan de disfrutar de su embarazo. Cuando se hacen mamografías cada 2 años a todas las mujeres de 50 a 70 años, el 100% de las mujeres se convierten en potenciales enfermas, al menos preocupadas con sus pechos. Son intervenciones sin fundamento científico que ciertamente enferman a mujeres sanas. Hay muchos más ejemplos que demuestran el poder medicalizador de los médicos sin que ello aporte más beneficios que daños.

[JG]. En otro campo, el de las enfermedades cardiovasculares, se pueden publicar estudios que demuestran que el 90% de los trabajadores tienen algún factor de riesgo, o se puede difundir propaganda para consumir Danacol (por ejemplo) amenazando con el colesterol a toda la población. Se ha calculado que la suma de las poblaciones con distintas enfermedades y factores de riesgo supera al total mundial. Es decir, que muchos ciudadanos tienen varias enfermedades, ciertas en algunos casos (sobre todo donde hay pobreza) y en la mayoría inventadas (especialmente donde hay riqueza). Estamos hablando, pues, de que lo normal es estar enfermos, o preocupados con la enfermedad. Ciertamente, los sanos están en peligro de extinción, si es que queda alguno en alguna aldea remota.

– Una de las formas de expropiación de la salud que citáis en el libro es la negación de la narrativa del paciente. Hace unas semanas dialogamos con Raquel Taranilla, quien reivindica en su libro “Mi cuerpo también” su propia historia personal, en contraposición a la historia clínica ‘oficial’. Pero, no nos engañemos; la mayoría de las personas no siente esa necesidad de narrar su perspectiva, o bien no pueden o saben hacerlo, y eso nos priva de una interesantísima fuente de información.

[MPF]. La mayoría de las personas tienen un relato de su vida que incluye la narración de su peculiar sufrir y enfermar. Por ejemplo, ¿quién no sabe contar la muerte de sus padres? o ¿qué mujer no sabe contar sus partos, especialmente si fueron complicados? Otra cosa es que los médicos no les den oportunidad de expresarse, o que no se les escuche. Pero todo humano tiene historias que contar y, de las más directas, su proceso de vivir la enfermedad. Por supuesto, casi todas quedan en el ámbito personal, de la familia y los amigos, pues son pocos quienes tienen capacidad y oportunidad de escribir y publicar un libro.

[JG]. Se niega la palabra a los pacientes, que siempre tienen una versión muy distinta de la “oficial”, esa síntesis que registra, esquematiza y manipula el médico. Por supuesto, las historias de los pacientes se expresan según su cultura y su historia personal. Lamentablemente, hay médicos que creen que los pacientes no sienten necesidad, no pueden o no saben expresar sus miedos y vivencias, sus temores y adversidades, pero tal creencia sólo expresa un deforme conocimiento antropológico y científico por parte de dichos médicos. Muchos médicos saben hablar a los pacientes pero pocos saben escucharlos. La medicina no es ciencia cuando ignora la versión de los pacientes y familiares.

– Por otro lado, en el caso de Raquel su discurso es muy emancipador, pero puede darse la circunstancia de que la narrativa de un paciente dado sea proclive a la medicalización de su cuerpo y de su enfermar. Lo mismo eso ya no despierta tanta simpatía ni nos parece tan aceptable.

[MPF]. La diversidad humana es lo esperable y por ello no hay enfermedades sino enfermos. Hay pacientes medicalizadores y eso es normal. Lo anormal es que los médicos medicalicen sin necesidad. Lo grave es que los médicos carezcan de tolerancia y pretendan imponer un modelo, bien medicalizador, bien desmedicalizador. Ante la enfermedad, el sufrimiento y la muerte, cada paciente tiene derecho a tener la actitud que le ayude a sobrevivir mejor, con mayor dignidad. Se atribuye a Hickam el dicho de que “un paciente puede tener al tiempo las enfermedades que le dé la gana” y no las que espere el médico. En el mismo sentido, cada paciente puede enfrentarse al enfermar como le dé la gana (y pueda). En todos los casos, el médico debería ofrecer cálida calidad, y en ello entra la simpatía y la aceptación de su forma de enfermar.

[JG]. El problema lo han estudiado los economistas, al definir la “relación de agencia”, por la que el médico debería decidir como si fuera el propio paciente con los conocimientos del propio médico. Es decir, el médico es el administrador (el agente) y el paciente es el dueño (el principal). Por ello, el médico tiene que tratar de evitar la medicalización de la vida, la enfermedad y la muerte al ser consciente de que la satisfacción del paciente se acompaña de mayor número de hospitalizaciones y de mayor mortalidad, además de mayor gasto. Además, el paciente del médico no es sólo el paciente presente, sino el conjunto de pacientes. El médico también representa a la sociedad y, por ello, debe buscar un equilibrio en el que se consiga lo mejor para el paciente y para la sociedad. Lo ideal es lograr alinear los intereses del paciente, de la población y del propio médico, pero no cabe el rechazo a ninguna forma de enfermar, sino la tolerancia, el respeto y la comprensión.

– Un experto fue una vez entrevistado en el diario ABC: “No tengo nada en contra de que el que quiera mejorar lo haga; pero si asume ese margen de mejora es que no está bien del todo. Por ejemplo, yo leo, pero si me pongo gafas leo mejor. Pues… ¿por qué no ponérmelas?”. ¿Parece lógico, verdad?

[MPF]. Muchas veces los expertos hacen declaraciones sorprendentes, puras falacias (en el sentido de argumentos falsos pero aparentemente válidos). En general, los expertos son elementos clave en el proceso de expropiación de la salud. Sabemos que la presencia de expertos no asegura mejores elecciones que las de generalistas y legos, al menos en asuntos médicos como guías de práctica clínica cardiovascular. La cuestión del “mejoramiento” biológico, psicológico, moral y social es clave para el futuro de la Humanidad, pero tal como se expresa en esa sentencia es pura basura. Mejoramiento no es tanto poder usar gafas para leer mejor sino necesitarlas porque uno saber leer y tiene tiempo, ganas y material de lectura (en papel o en pantalla), y lograr que quien necesite gafas las tenga con independencia de su poder adquisitivo. Mejoramiento es que los viejos tengan dientes y que los adolescentes no puedan distinguirse según clase social por el estado de sus dentaduras.

[JG]. Muchos expertos son vendedores, sin más. En medicina se les llama “key opinion leaders” (KOL), líderes principales de opinión, y son representantes ilustrados de las distintas industrias, a veces catedráticos de universidad, a veces presidentes de sociedades científicas, a veces profesionales con prestigio, etc. Estos KOL parecen independientes, ingeniosos y científicos, pero son puros comerciales; es decir, agentes de ventas. Sus argumentos carecen de ciencia y de conciencia. Reducen los problemas de forma que las respuestas surjan sin pensar, con técnicas de propaganda. En el ejemplo, conservar la capacidad visual es un logro social y científico, sin duda, como lo es evitar la muerte por apendicitis. Pero tales logros no implican que se pueda defender todo mejoramiento pues algunos lesionan valores básicos, como el pretender mejorar la sociedad con las técnicas que se justificaron con las teorías eugenésicas antes de la II Guerra Mundial. Estoy hablando, por ejemplo, de lo que se hizo en Alemania, Estados Unidos y Suecia de castrar a los enfermos mentales, para mejorar la raza, decían.

– ¿Cambia algo vuestra respuesta anterior si añado que dicho experto se refería al uso recreativo de los fármacos para la disfunción eréctil (es decir, tomarlos para mejorar la erección, sin tener impotencia como tal)?

[MPF]. No. Cuando se tratan cuestiones científicas y filosóficas con ese desparpajo lo que sigue suele ser más basura.

[JG]. Es lamentable que tales expertos, tales KOL, reciban el menor eco en los medios de comunicación. No por su labor de vendedores sin más, sino por la podredumbre moral que destilan. En el ejemplo, reducir el sexo y la sexualidad a la erección, como si todo fuera pura biología. Los humanos somos seres sexuados y la erección del pene es necesaria para algunas expresiones de la sexualidad, pero hay mucho más, que probablemente tal experto no ha vivido nunca. Su reduccionismo violenta la alegría de una vida sexual sana y feliz, pues la convierte en erección nada más. Incidentalmente, es una visión muy machista.

– Alrededor de una de cada 2 a 4 ocasiones los pacientes no se toman los medicamentos como sus médicos les indican, y uno de cada 10 ni siquiera van a la farmacia a comprarlos. La falta de adherencia es considerada un problema de salud pública, y a bien que puede llegar a serlo. Unos ven esta conducta como un síntoma de miopía o incluso un signo patológico; otros por el contrario lo observan como una señal de rebeldía.

[MPF]. Desde luego, a veces los pacientes hacen bien al no seguir las indicaciones de los médicos. Su sabiduría es grande. Hay que tener en cuenta que al revisar 3.000 intervenciones habituales en la práctica clínica, sólo el 11% tenía demostración de “sin duda beneficiosa”; sobre el 50% no había ni siquiera ensayos clínicos que permitieran definir su efectividad. Sin olvidar que es falso el 50% de lo publicado a partir de ensayos clínicos ni que de los ensayos clínicos hay un salto cuyo efecto desconocemos al llevarlos a la práctica y a los pacientes concretos. Incluso, en la investigación básica, no se puede reproducir en los laboratorios industriales la mitad de lo que publican los académicos en Nature (probablemente la mejor revista científica del mundo). Estos datos proceden de revistas excelentes y de los mejores científicos, y son una llamada de atención para que los médicos dejen de ser arrogantes y los pacientes empiecen a ser más exigentes.

[JG]. El problema de salud pública no es tanto la falta de adherencia de los pacientes a las indicaciones de los médicos, sino la falta de ciencia de dichas indicaciones. La medicina científica tiene dosis homeopáticas de ciencia, y toneladas de imprudencia arrogante. En muchos casos los pacientes perciben que las recomendaciones médicas les perjudican, y por ello no las cumplen. Los pacientes callan, por no desagradar a sus médicos y, sobre todo, porque nadie quiere escucharles. Se considera que no quieren expresarse, que no saben o que no pueden, pero lo que sucede en general es que son invitados de piedra en un campo en el que se juega su salud, y muchas veces su vida.

– Decís que renunciar al poder que da expropiar la salud a las personas “es una forma de respeto que facilita el desarrollo de las habilidades de autocuración y de las capacidades de valoración de la propia salud”. Pero en ocasiones el paciente lo puede percibir como una forma de abandonarlo a su suerte.

[MPF]. Pudiera haber algún paciente que se sintiera abandonado, al menos en teoría, pero el abandono es total cuando el paciente queda desarmado y solo, sin capacidades ni para saber, por ejemplo, qué hacer ante un típico cuadro gripal invernal (tiene que ir a urgencias del hospital, “porque no soy médico”). Ante cualquier adversidad precisa del médico, sin darse cuenta de que no es una adversidad, sino la vida. Ya se dijo que “cada día tiene su propia malicia”.

[JG]. La medicina ha de ser armónica, de forma que se ofrezca al tiempo calidad “humana” y científica. Algún paciente puede precisar de cuidados más continuados, o incluso desarrollar dependencia del médico y de sus intervenciones. Este paciente no es un problema para el médico consciente de su profesionalidad. Lo malo es el médico que trata de hacer a todos sus pacientes dependientes de sus indicaciones e intervenciones, casi siempre innecesarias y sin fundamento científico. Para entendernos, no hay problema alguno en hacer un análisis de tiroides a una embarazada que tiene pánico al hipotiroidismo; el problema es cuando el médico cree que hay que hacerle pruebas de hipotiroidismo a todas las embarazadas. No hay porqué dejar a ningún paciente abandonado, hay que dar oportunidad a todos de desarrollarse en el sentido de devolverles y potenciar sus capacidades curativas. Es abandono el del que se ahoga en una piscina de medio metro de fondo porque, tras tropezar, no sabe qué hacer hasta que se lo dice el socorrista, si nadar o salir andando.

– Los estudios cualitativos nos muestran que ser consciente del sufrimiento de las personas puede allanar el camino a que los mediquemos. Esto parece estar en contradicción con la idea que pretendéis inculcar con vuestro libro, ¿no?

[MPF]. Sí, al médico le mueve el sufrimiento del paciente y la búsqueda de su alivio, y en ello encuentra la mayor satisfacción personal y profesional. Por eso los médicos cuentan con gran aprecio social. Pero lo que se espera de los médicos es proporcionalidad. Por ejemplo, para evitar el dolor podríamos anestesiar de por vida a toda la población. Nadie sufriría, pero sería una aberración al carecer de límites lógicos y prudentes. Eso es lo que criticamos y por ello proponemos, en el libro y en otras muchas publicaciones, una medicina con límites, una medicina que no se transforme en pseudociencia al ofrecer imposibles, como es ahora en muchos campos y especialidades.

[JG]. Lamentablemente, está demostrado que los estudiantes de medicina pierden la empatía con los pacientes a partir del tercer curso. Eso es un problema de salud pública, pues sin empatía no hay medicina de calidad. El médico tiene que ser consciente del interior del paciente, de su sufrir (y de de su familia), pero muchas veces lo ignora. Entre otras cosas porque no pregunta, ni siquiera sobre cómo vive el paciente su enfermedad; por ejemplo, cómo repercute en su vida tener que tomar tres pastillas al día, o qué efectos nota cuando las toma, o qué limitaciones diarias impone la artrosis de los dedos de sus pies. Necesitamos médicos empáticos, que dejen hablar a los pacientes y que sean conscientes de su enfermar peculiar. Al tiempo, que no pretendan sofocar esas vivencias del mundo interior del paciente con medicamentos ni con otras intervenciones. Lograr este equilibrio sensato es difícil y por ello es difícil ser médico. Desde luego, muchas veces no hay que hacer nada, sólo oír y asistir al devenir vital de los pacientes que a veces precisan, y a veces no, la intervención médica. En todo caso, el médico que acierta y logra el equilibrio sensato obtiene al tiempo el reconocimiento de los pacientes y sus familiares y de los compañeros, lo que colma su autoestima más que ninguna recompensa monetaria.

– ¿El poder en medicina se ejerce a través de su lenguaje, jerga y símbolos propios?

[MPF]. El poder médico se ejerce de mil formas. Por ejemplo, con la estructura organizativa que convierte al paciente en el combustible del sistema sanitario, ese paciente que va de aquí para allá, en lugar de recibir todos los servicios en el mismo punto. También se ejerce con leyes y normas que dan el monopolio al médico para determinar salud, enfermedad y muerte. Desde luego, la representación es muy importante, en el sentido de emplear un vocabulario excluyente y símbolos tan poderosos como la jeringuilla para inyectar medicamentos psiquiátricos que intoxican el cerebro del paciente, o para poner vacunas innecesarias. ¡Qué decir de la filosofía mecánica que el médico impone al paciente y a la sociedad y que concibe al ser humano como un conjunto complicado de piezas que se descomponen cuando hay enfermedad…!

[JG]. El poder médico empieza a ser omnímodo, sobre todo por el vacío que ha dejado la religión y por el culto al cuerpo que ha impuesto el capitalismo.

Ciertamente, hay un poder sanador beneficioso que bien se demuestra, por ejemplo, en la intervención de cataratas, que evita la causa más frecuente de ceguera. Pero el poder es peligroso y está transformando al médico, de forma que se empieza a ver a sí mismo como salvador y no como sanador. Salvador en el sentido de señalar pautas morales vistas como superiores e ideales, del tipo de no fumar, no abusar del alcohol ni de otras drogas, hacer ejercicio, evitar en el exceso de exposición solar, mantenerse delgado y otros “estilos de vida” que marginan a los que tienen horribles “condiciones de vida”. Además, el médico se cree científico lo que le da un aire orgulloso de justificada suficiencia que exige obediencia. Esa mezcla de falsa moral y falsa ciencia produce expropiación de la salud porque convierte a los pacientes (y a sus familias) en analfabetos sanitarios que precisan de la ciencia médica para interpretarse correctamente a sí mismos, en la salud y en la enfermedad. Además, la expropiación de la salud es parte de una ideología biológica que pretende negar otros componentes de la salud, especialmente los sociales. Así, por ejemplo, los factores y tablas de riesgo cardiovascular son puramente biológicos ignorando que los factores adversos psicosociales incrementan 2,7 veces el riesgo de infarto de miocardio y contribuyen al 35% del riesgo atribuible.

– ¿El lenguaje científico es tan moralmente neutral y objetivo como se piensa?

[MPF]. La ciencia no es neutral ni objetiva. El verdadero científico sabe que sólo puede establecer paradigmas desde una cultura y concepción filosóficas determinadas. Es de ignorantes creer que la ciencia es neutral y objetiva. Esta deriva se acentúa con la progresiva separación de ciencia y filosofía que lleva a una peligrosa razón instrumental al eliminar del pensamiento científico la consideración básica del respeto a la dignidad del ser humano y al medio ambiente.

La razón instrumental ha justificado barbaridades como los experimentos en humanos en los campos de concentración nazi y en China por el japonés Escuadrón 731, así como el Experimento Tuskegee de estudio de la historia natural de la sífilis en negros pobres en Estados Unidos y, más recientemente, en Nepal el estudio de la vacuna para la hepatitis E.

[JG]. La ciencia obliga a conceptualizaciones múltiples que no se logran desde la nada. Bien se dice que estamos a hombros de gigantes y eso incluye lo básico, como el lenguaje con el que nos expresamos. Nuestro lenguaje no es neutral sino parcial, ligado a la cultura y las vivencias de los distintos grupos de población. Tampoco es neutral la selección de problemas que merecen ser estudiados pues no todo logra el mismo interés y apoyo social. Por ejemplo, los grandes programas de investigación de la Unión Europea y otras potencias, como Estados Unidos, Japón y China, obedecen a intereses muy particulares, que “ordenan” el mundo científico señalando qué es importante y qué irrelevante. Entre esos intereses no suelen encontrarse los de las minorías, como pobres, gitanos, prostitutas, vagabundos, inmigrantes y otros marginados. Sabemos, además, que la ciencia tiene un componente humano y un desarrollo propio que nos sorprende según nuestra propia capacidad de sorpresa. Es decir, podemos dar respuesta a un problema científico con una hipótesis (siempre provisional) pero ello generará de inmediato nuevos problemas no previstos y la capacidad de percibir esos nuevos problemas es claramente cultural y parcial.

Lamentablemente, la ciencia médica tiene poco de ciencia y por ello se pierde el 85% del esfuerzo investigador, pues no tenemos la valía científica de la física, capaz de imaginar, por ejemplo, “experimentos mentales” en los que sentarse en una silla y viajar junto a un rayo de luz, o aproximarse a un agujero negro en una nave espacial. También suele faltar en medicina algo elemental como es la simulación en ordenadores y nos solemos ceñir a la teoría y la experimentación, como mucho.

– A veces lanzáis afirmaciones en vuestro libro que son difíciles de aceptar o asimilar. Como, por ejemplo, cuando os referís al cáncer de mama sobrediagnosticado como una “no-enfermedad”. ¿Cómo saber en una paciente concreta si su cáncer “no progresará ni causará la muerte”?

[MPF]. Sí, desde luego, nuestro libro, como muchas de nuestras publicaciones, contiene ideas y hechos que parecen increíbles pues ponemos patas arriba una medicina mercantilizada que ha logrado imponer un pensamiento único. Hasta ahora hemos sido muy prudentes y sólo señalamos los errores habituales más evidentes y por ello no hemos tenido que corregir prácticamente nunca. En el caso del cáncer de mama lo importante es ser conscientes de que utilizamos la palabra cáncer en vano, y damos el mismo nombre a procesos muy dispares simplemente porque bajo el microscopio parecen similares. Hemos escrito mucho acerca del sobrediagnóstico como error del pronóstico, no del diagnóstico, pero de todo ello le llega poco al paciente, e incluso al estudiante, al residente y al médico en ejercicio. Les parece nuevo por más que haya datos publicados desde hace más de 40 años.

[JG]. El problema del sobrediagnóstico en los cribados, como la mamografía para el cáncer de mama, se planteó en toda su crudeza con el diagnóstico precoz del neuroblastoma (un tumor de niños que se suele diagnosticar cuando ha dado metástasis y va a matar al paciente). En buena lógica, se ha abandonado el cribado del neuroblastoma puesto que no podemos distinguir entre el neuroblastoma que no progresará ni llevará a la muerte y el neuroblastoma que dará metástasis y matará al niño. Lo que hacemos es esperar y lograr que los médicos diagnostiquen el neuroblastoma en cuanto dé síntomas y mejorar los tratamientos. Es lo mismo que habría que hacer con el cáncer de mama, pues el cribado no ha disminuido la mortalidad global y produce sobrediagnóstico en al menos un 30% de los casos. No habría que hacer mamografías pues producen más daños que beneficios. En cuanto al pronóstico, la cerrazón conceptual (la falta de neutralidad científica) ha bloqueado la investigación para distinguir entre cáncer “durmiente” y cáncer agresivo, pues la consigna y lema era, y es, “todo cáncer es cáncer agresivo, sin más, y por ello hay que extirparlo cueste lo que cueste”. En Estados Unidos, el Instituto Nacional del Cáncer convocó por primera vez ayudas para estudiar este problema en septiembre de 2014. Hay varias líneas abiertas, pero dos son de mayor interés: la determinación genética de los distintos clones que componen un tumor y las características mecánicas de las células de dichos clones. Mientras tanto, lo científico no es preguntarse qué paciente tendrá un cáncer “durmiente” sino abandonar los cribados del cáncer, como el del cáncer de mama con las mamografías.

– ¡Qué elección más difícil la del científico Alan Turing: o sufrir el estigma social de ir a la cárcel por su homosexualidad o negarla a base de hormonas!

[MPF]. No, no, de ninguna manera, la elección difícil era la de la sociedad inglesa en torno a la II Guerra Mundial, en que vivió Alan Turing: o cambiar el paradigma de la homosexualidad como enfermedad o llevar a la muerte a personas sanas por cuestiones morales. En ello contó mucho una ciencia no neutral que justificaba la homosexualidad como un trastorno mental, de la misma manera que 100 años antes justificaba la esclavitud en base a características físicas, psicológicas y sociales de los negros. La medicina lleva siglos al servicio del poder, y la expropiación de la salud es sólo la culminación de una larga labor de control social mediante los paradigmas médicos.

[JG]. La historia de Alan Turing la hemos contado muchas veces, pero en el contexto científico de los años 40 a 70 del siglo XX, en que se incluía la homosexualidad como enfermedad mental. Ello provocó la muerte de muchos, no siempre por suicidio sino también por complicaciones de los tratamientos (incluyendo las inyecciones de apomorfina; siempre la inyección como expresión simbólica de la biopolítica…). El dilema, la difícil elección de Alan Turing, se repite hoy en día. Así, no nos parece “anormal” que, por ejemplo, los padres de un niño inteligente e inquieto tengan que elegir entre intoxicar su cerebro de continuo con anfetaminas (metilfenidato, Ritalin y similares) o el estigma y la expulsión de la escuela-colegio. Es lo mismo con los ancianos con deterioro cognitivo y/o Alzheimer, cuyos familiares tienen que elegir entre lo científico y humano (no hay tratamiento farmacológico ninguno) o lo socialmente aceptado (la intoxicación de sus cerebros con medicamentos que los anulan y tienen graves efectos secundarios). Si vemos el dilema y el estigma de Alan Turing como algo escandaloso deberíamos escandalizarnos por los millones de “alan-turing” que crea la expropiación de la salud.

– Como diría la filósofa Beatriz Preciado, los transexuales no necesitan que se les certifique ninguna enfermedad ni que se les condene a ninguna castración química; son ell@s mismas l@s que toman, de forma voluntaria, las hormonas dentro de programas reglados de cambio de sexo, dejándose expropiar así su sexualidad. Ella, por el contrario, se tomaba la testosterona sin control médico y sin aceptar el concepto de género impuesto políticamente. ¿Qué pensáis de esto?

[MPF]. Los humanos somos seres sexuados, del nacimiento a la muerte. La esfera sexual es expresión básica para el ser humano. Incluye el placer pero también el cariño, la ternura, el romance, la sensibilidad, el amor, la emoción, el contacto íntimo (piel contra piel, genitales contra genitales, besos), el frenesí, la actividad física gozosa, la conmoción, el intercambio de fluidos, la pasión, la entrega, el desenfreno, la sinrazón y mucho más. Reducir todo ese mundo al de la bioquímica simple de las hormonas sexuales es como reducir el compromiso solidario con los que sufren a las características físicas del metal de las monedas con las que algunos les ayudan. Hay que vivir como un gozo la sexualidad y disfrutarla como nos haya llegado en la vida, y en cada momento. La expropiación de la salud sexual es justo lo contrario, el énfasis en la biología y en la bioquímica, y en la norma. A no olvidar que todavía en Alemania, por ejemplo, es un delito el incesto entre adultos y que en Estados Unidos en muchos estados es un delito el adulterio.

[JG]. La biología de la sexualidad es sorprendente, cuando menos. Eso de machos y hembras entre los seres vivos sexuados es sólo una situación en permanente cambio. Por ejemplo, en muchos peces las hembras tienen capacidad de transformarse en machos cuando estos faltan. ¿Qué decir del caracol, hermafrodita perfecto que copula al tiempo como macho y hembra con otro caracol que disfruta de las mismas características, de penetrar y ser penetrado simultáneamente?

Si hay un mundo secuestrado por los médicos es el del sexo y así, por ejemplo, todo lo que se considera promoción de la salud sexual es pura represión y se reduce a consejos (inútiles y sin fundamento científico) para evitar enfermedades de transmisión sexual y embarazos no queridos. Como seres sexuados tenemos derechos inalienables al disfrute de la esfera sexual. Entre ellos, el derecho a la libertad sexual como posibilidad de plena expresión del potencial sexual de los individuos, que excluye toda forma de coerción, explotación y abuso sexual en cualquier etapa y situación de la vida. También derecho a la autonomía, integridad y seguridad sexual del cuerpo (libres de abusos, imposiciones, tortura, mutilación o violencia de cualquier tipo), derecho a la privacidad sexual (el ámbito íntimo conviene en mucho a la actividad sexual, en general), a la igualdad sexual, a la elección de la opción sexual, al placer sexual, a la expresión sexual emocional, a la libre asociación sexual (matrimonio, pareja de hecho, convivencia en trío o en tribu, etc.), a la decisión con libertad sobre la reproducción, a la información sexual completa y científica, a la educación sexual integral y a la atención clínica de los problemas de salud sexual. Como agentes de los pacientes, sólo señalar los efectos adversos, por ejemplo el potencial cancerígeno de las hormonas sexuales. El sexo es gozoso pero tiene su precio, y no es sólo el precio del comercio sexual o de los desengaños amorosos.

– Con la crisis económica y los recortes en sanidad se ha hecho del ‘derecho a la salud’ una bandera. ¿Existe el derecho a la salud como tal?

[MPF]. En el libro consideramos en extenso esta cuestión. El derecho a la salud en sí mismo es tan absurdo como el derecho a la inteligencia, la bondad, la felicidad, o la belleza. Otra cosa es el derecho a la protección, promoción y atención de la salud, que sí es cuestión cierta. Es comprensible que por brevedad y concisión se hable de derecho a la salud, pero entendiéndolo como he dicho. Es comprensible esa reducción al absurdo pero es una patáfora, como la de que “son de Bilbao los que dicen que nacen donde quieren”, patáfora entrañable que denota libertad intelectual (y otras muchas cosas más). Es patáfora una figura literaria que en cierta forma recuerda a la metáfora, pero con el absurdo por fundamento. Entre medias, lo que no podemos olvidar es la canallada de excluir del sistema sanitario a los inmigrantes sin papeles, y a otros grupos como mayores de 26 años sin trabajo previo. Eso perjudica la salud de los excluidos y de los excluyentes, pero los canallas no lo ven, o les importa un bledo.

[JG]. Los derechos humanos de primera generación son los que se refieren a la libertad y la participación en la vida política. Incluyen derechos básicos como libertad de expresión, de religión, derecho a un juicio justo y otros necesarios para disfrutar de la vida en plenitud social y política. El derecho a la salud se encuentra entre los derechos humanos de segunda generación que incluyen, además, el derecho al trabajo, a la educación, a la vivienda y otros que precisan de un esfuerzo constante para asegurar la equidad (a cada cual según su necesidad, de cada cual según su capacidad). En este sentido el derecho a la salud es más bien el derecho a la promoción, protección y atención de la salud, en el sentido de la organización de un sistema sanitario de cobertura universal que evite la bancarrota personal y familiar por causa de los gastos de atención a la enfermedad y al tiempo ofrezca equidad en el acceso y prestación de servicios (más servicios a quien más los necesita y los mismos servicios a quienes tienen la misma necesidad). El derecho a la salud también implica la inclusión de la salud en todas las políticas, puesto que en su mayor parte la salud no depende del sistema sanitario ni de los médicos. Por supuesto, la expropiación de la salud por los médicos elimina de facto esta concepción universal y política de la salud y traslada todo problema de salud a la pura biología y a la respuesta individual en la consulta y/o el quirófano. La expropiación de la salud es parte del neoliberalismo y de su lema, “¡Sálvese el que pueda!”, pues lleva a soluciones médicas personales e insolidarias que excluyen, por ejemplo, cualquier internacionalismo (¡después nos asombra la epidemia de Ébola…!).

– En vuestra obra en general situáis muy alto el listón de la exigencia ética y profesional, a veces incluso en límites inalcanzables. En la clínica en el día a día se plantean decenas de situaciones en las que nos vemos obligados a relajar tales pretensiones para no caer en conflictos cada dos por tres, a costa en muchas ocasiones de mucha frustración. Si la salud, como la definís en vuestro libro, es “el equilibrio entre lo que se puede hacer y lo que se desea hacer”, ¿ser tan exigentes con nosotros mismos puede llegar a ser poco saludable?

[MPF]. Ser médico duele. Ser médico duele como duele vivir. Ya hemos dicho que es difícil ser médico a propósito de la conciliación entre la empatía con el paciente y la necesaria distancia para tomar decisiones como si se fuera el propio paciente. Son muchos, pero no todos, los médicos que, por formación y condición personal, son capaces de lograr un equilibrio entre lo que se debería hacer y lo que se hace. Esos privilegiados no son médicos “perfectos” sino que toleran sus ambigüedades y contradicciones con la misma piedad y ternura que las de sus pacientes y compañeros. Es decir, son humanos como todos los profesionales y pacientes pero son conscientes de ello y no temen a su propia sensibilidad que les lleva a decisiones irracionales ocasionales. En toda nuestra obra hemos hablado del médico “normal”, del médico clínico como nosotros mismos, falibles pero entregados. Es cierto que ese médico normal se mueve habitualmente en un nivel altísimo de exigencia ética y profesional y por ello, insisto, tiene gran aprecio social. Nuestro libro es un canto a esa medicina con límites, al tiempo científica y “humana”, que implica preguntarse no sólo por “¿cómo hacerlo mejor?” sino “¿por qué hacerlo mejor?”; es decir, una medicina que ponga en primer término los valores, desde la tolerancia al altruismo. Se precisa ciencia, conciencia y coraje pues hay que sumar el conocimiento (lo que hay que hacer y cómo hacerlo) a la ética (por qué hacerlo) y al coraje (hacerlo aunque conlleve el rechazo de quienes siguen los dictados de la medicina mercantilista que expropia la salud). El resultado final es un “estilo de práctica”, una huella de actividad que refleja lo más profundo del médico, aquello que incluso él mismo desconoce y que lleva allá donde trabaje. No son los pacientes los que marcan este estilo de práctica sino el propio médico que, sin embargo, suele achacar a sus enfermos aquello del estilo que le repugna, como el abuso de pruebas diagnósticas y de medicamentos y la utilización excesiva de las consultas, urgencias y hospitalizaciones.

[JG]. La selección y formación de los estudiantes de medicina, y de los residentes, es manifiestamente mejorable. Es decir, es penosa. Por ello es muy frecuente la frustración en la práctica clínica, incluso el abandono de la misma, la intoxicación con psicofármacos y otras drogas (incluyendo el alcohol) y el suicidio profesional (desprecio del propio trabajo clínico) o personal (autolisis). El médico tiene que encontrar el equilibrio que le haga disfrutar de su trabajo a diario con los pacientes, y para ello precisa tener y fomentar los valores básicos: tolerancia, ternura, sensibilidad, piedad, inteligencia, ética, empatía, cortesía, conocimiento, compromiso, compasión, capacidad de comunicación y altruismo. Además, por supuesto, precisa de habilidades y recursos. Con todo ello podría salvar el abismo que existe entre lo que el médico hace (efectividad) y lo que podría hacer (eficacia). Mucho de ese abismo se debe al desconocimiento y a la pura ignorancia pues, por ejemplo, los nuevos hallazgos de eficacia probada tardan unos 20 años en llegar a la práctica clínica diaria. Mucha de la frustración del médico la provoca el contraste entre su orgullosa actitud, de arrogancia científica, y la realidad vital del paciente y de su enfermar. La teoría tiene poco que ver con la práctica, y el médico no lo comprende, se estrella contra un muro de ignorancia justo por su vana pretensión orgullosa de conducta científica. No pasa nada, por ejemplo, por considerar con una paciente su preocupación por la osteoporosis, a sabiendas de que es una enfermedad inventada cuyo diagnóstico y tratamiento provoca graves daños. Una paciente no hace granero, lo que lo llena es el cumplimiento ciego del protocolo (algorimo o guía) de osteoporosis que la gerencia impone, con normas de obligado cumplimiento que se incentivan con dinero al final del año. Ese granero de salud expropiada es el que frustra al médico, no el grano del paciente nuestro de cada día que pide algo irrelevante o innecesario. Hemos demostrado, por ejemplo, que se puede prescribir irracionalmente en el 20% de los casos y pese a todo tener un perfil de prescripción excelente, pues pesa mucho el 80% restante. La exigencia ética y profesional implica trabajar con la ética de la negativa y con la ética de la ignorancia; es decir, diciendo “no” amable y oportunamente a deseos alocados de pacientes, compañeros y jefes, y compartiendo con ellos las limitaciones de la ciencia (que sólo conoceremos si no somos ignorantes ni arrogantes). Es difícil ser médico, sí, y cuanto más generalista más difícil.

– En uno de sus últimos libros, “Filosofía para médicos“, el epistemólogo argentino Mario Bunge carga contra los críticos de la medicina, especialmente contra Petr Skrabanek, Ivan Illich y Michael Foucault. Según él, estos autores son “parte del problema”, ya que “denigran a la razón, a la moral y a los movimientos de reforma social. Sus escritos son malos para la salud individual y para la sanidad pública”. Tacha las críticas al preventivismo de “irresponsables”.

[MPF]. Salvando las distancias, Mario Bunge tiene tanta razón como nosotros. Es decir, su apreciación es cierta en lo que se refiere a que los críticos con la medicina pueden llegar a ser un problema. Especialmente si carecen de base empírica y cuando su desconfianza de la ciencia médica y sus ideas no se transforman en acciones que mejoren el panorama. Pero justo nuestras ideas tienen siempre base empírica y se traducen de continuo en cambios de la vida cotidiana. Por poner un ejemplo, nuestra propuesta de humanizar las consultas eliminando toda basura de las industrias (bolígrafos, notas, carteles, calendarios, etc) se traduce en muchas consultas con flores naturales y ambientes sanos, sin humos industriales. Nuestra propuesta de calma y tranquilidad ante la pandemia de gripe A de 2009 se tradujo en un poderoso movimiento (GripeyCalma) que logró cambiar la respuesta profesional y científica promovida por la Organización Mundial de la Salud, el Ministerio y las Consejerías (y las industrias y los medios de comunicación). En otro ejemplo, nuestra práctica de no recibir a los representantes de las industrias, ni sus obsequios, ni formación continuada, ni congresos, llevó desde Healthy Skepticism a NoGracias, siendo en la actualidad No Gracias un excelente instrumento en contra de la expropiación de la salud. Es ejemplo, también, el éxito de los Seminarios de Innovación en Atención Primaria donde se generan ideas y actitudes y se transfiere la antorcha del trabajo científico y “humano” entre generaciones de médicos. ¿Qué decir del ejemplo del propio Equipo CESCA, con sus más de 35 años de actividad, inasequible al desaliento? Hay muchos más ejemplos de propuestas y críticas nuestras transformadas en acciones, no por mérito nuestro sino con nuestra participación y constante apoyo. En todo caso, hay un grupo de pensadores que nos han servido de lazarillos desde jóvenes, incluidos Petr Skrabanek, Ivan Illich y Michael Foucault (en el prólogo del nuestro libro se incluye un listado, cada uno con su obra clave).

[JG]. Salvando las distancias, Mario Bunge es realista, cree que las cosas existen por sí mismas. Nosotros somos empiristas, sólo creemos en lo que vemos y probamos. Mario Bunge fue marxista; nosotros nunca lo hemos sido. Mario Bunge es filósofo; nosotros somos médicos. Mario Bunge es materialista y, por ejemplo, cree que las enfermedades mentales expresan cambios en el cerebro y muestra una gran confianza en los psicofármacos. Nosotros somos críticos con estos medicamentos que intoxican el cerebro y creemos que el enfermar es una compleja interacción entre el individuo y la sociedad cuyo resultado final es variable; sirve de ejemplo la inclusión de la homosexualidad entre las enfermedades mentales antes, y ahora la medicalización de la angustia vital. Mario Bunge es “sistematista”, incluye tanto el análisis como la síntesis. Nosotros somos también sistematistas y nos encanta ir y volver de la anécdota a la categoría, y entre medias a la filosofía, pero cargamos la mano en los relatos de los pacientes, en lo que parecen simples anécdotas. Mario Bunge defiende básicamente mecanismos causales mecanicistas y cree en leyes homeopáticas en las que el resultado final se puede prever a partir de los componentes iniciales. Nosotros defendemos circunstancias causales biopsicosociales, somos emergencistas y creemos en leyes heteropáticas; por ejemplo, no se puede prever el resultado final de la miríada de situaciones y problemas biológicos, psicológicos y sociales que se suman para “producir”, por mecanismos que desconocemos en general, más enfermedades, más graves, más complicadas y más permanentes en los pacientes pobres. Mario Bunge defiende un cientifismo numérico del que nosotros abominamos pues los números son sólo ayudas y se vuelven venenosos si “viven por sí mismos”. De hecho, la expropiación de la salud se basa mucho en la biometría (el definir, medir y establecer un sistema de pesos y medidas normales) y en el uso espurio de la estadística y la epidemiología. Mario Bunge cree en los ensayos clínicos como el “patrón oro”, nosotros creemos en los estudios que demuestran que más de la mitad de los ensayos clínicos no tienen nada de oro (su grado de ley es cero). Mario Bunge es crítico e intolerante con las pseudociencias, nosotros somos críticos pero tolerantes con las pseudociencias (entre otras cosas, porque el 90% de la medicina científica “oficial” es pseudociencia). Mario Bunge cree en la autoridad científica, nosotros no. Nosotros somos, en el buen sentido de la palabra, nihilistas; Mario Bunge no. “Nihil” significa en latín “nada”, y de ahí proviene “nihilismo”, nombre con el que se define una actitud filosófica de negación de todo principio, autoridad, o dogma filosófico, político, religioso o moral. Lo expresó bien en su sentido político Dimitri Pisarev, quien luchó contra la pobreza del pueblo ruso. Dijo “Todo lo que pueda romperse hay que romperlo; lo que aguante el golpe será bueno y lo que estalle será bueno para la basura; hay que dar golpes a derecha y a izquierda, pues de ello no puede resultar nada malo”. En su sentido filosófico, el nihilista niega el determinismo y acepta que no existe propósito de la existencia humana. En su sentido científico, el nihilismo implica apertura a lo nuevo y negación de toda idea preconcebida, y por ello supone una negación de cualquier creencia, especialmente de supersticiones, perjuicios, costumbres y actitudes hipócritas.

Creemos que esta es la única forma de progresar, si las nuevas ideas se transforman en acciones que mejoran la salud de individuos y poblaciones. En este camino de la crítica a la práctica han sido fundamentales autores como Petr Skrabanek, Ivan Illich y Michael Foucault.

– Se habla mucho del ‘patient centredness’ y sus modelos ¿Pero está realmente el ‘patient centredness’ centrado en el paciente?

[MPF]. El movimiento para poner el énfasis en el paciente es un error filosófico pues el énfasis hay que ponerlo en la persona, que nunca es “sólo paciente”. El que sufre tiene áreas y campos en los que disfruta pues la enfermedad no está ni en la ciudad del sí ni en la ciudad del no, sino que va y viene de aquí para allá, como el electrón en la física cuántica. A una paciente le puede doler la espalda, por ejemplo, pero gozar de orgasmos increíbles cuando se masturba. Centrar la atención y la vida en el dolor de espalda es absurdo, una forma de expropiar la salud y de anular las capacidades vitales individuales.

[JG]. La moda dicta centrarse en el paciente, pero lo que se ve y lee suele ser ridículo, una forma de paternalismo refinado. El paciente lo que precisa es que le devuelvan sus capacidades curativas y que los médicos escuchen su narrativa y se asomen respetuosamente a su “interior”. Bien se demuestra en el caso de la investigación sobre la artrosis, que no se interesa en absoluto por el campo del propio paciente, como citamos en el libro, a partir de un texto en el Annals of

Internal Medicine. En general el ‘patient centredness‘ no es más que otra forma de expropiación de la salud, adaptada a una corriente que maquilla la brutalidad, pero la mantiene.

– ¿Y qué decís de los programas de ‘pacientes expertos’?

[MPF]. Desde luego, por poner un ejemplo, no hay nada más experto en el embarazo, por ejemplo, que la mujer que ha parido. Ella sí sabe de los sentimientos profundos que nunca se comentan en las consultas, de los temores atávicos, de la liberación sexual de no tener que preocuparse de evitar el embarazo, de las fantasías sobre el fruto de su vientre, del abuso de médicos y enfermeras, etc. La medicina que expropia la salud niega esos mundos y lleva a las embarazadas por una estrecha ruta de “prevención” y “normas sanas” que las transforma en enfermas (sin beneficio alguno) y que excluye a cualquier “paciente experto”.

[JG]. Los programas de “pacientes expertos” ofrecen un escape, pero la sociedad y los profesionales pretenden de nuevo controlarlo. Bien se ve en la reacción contra las “doulas” por su presencia fuera del mundo regulado de las profesiones sanitarias. Doulas son las madres de las embarazadas en Namibia y allí cuentan con todo el reconocimiento. Cuando hemos expropiado a la mujer y a la familia del embarazo, cuando la futura abuela ya no cuenta, ¿cómo no buscar el soporte experto y amable de quien ha vivido la experiencia? En otro ejemplo, todos entendemos a Alcohólicos Anónimos y otros grupos de autoayuda como entre drogadictos, o pacientes con esquizofrenia. Lo que sucede es que la expropiación de la salud también quiere programas de pacientes expertos dentro de la ortodoxia, dentro del orden que los médicos (y otros profesionales) marcan.

– ¿Y de los procesos de ‘toma de decisiones compartida’, en los que se presentan resultados de ensayos clínicos en forma de pictogramas a los pacientes?

[MPF]. En esto de presentar resultados con pictogramas los primeros que tienen que aprender son médicos, enfermeras, farmacéuticos y otros profesionales de la salud, que suelen ser analfabetos numéricos. La mayoría no comprenden las nociones de riesgo estadístico y, por ejemplo, emplean las tablas de riesgo cardiovascular como si fueran tablas de decisión. Desde luego, los pacientes precisan de exposiciones claras sobre riegos, beneficios y daños. Los profesionales, más.

[JG]. Nada que añadir a lo dicho por Mercedes. Quizá sólo citar el excelente trabajo del Harding Center for Risk Literacy, del Instituto Max Plank, de Alemania, que pretende luchar contra el analfabetismo numérico de los profesionales sanitarios.

– Que la salud haya sido expropiada por los médicos, ¿también repercute sobre la filosofía y fundamento de la medicina y nuestra forma de trabajar en el día a día? ¿De qué manera? (en caso de respuesta afirmativa a la anterior) ¿Y de qué manera evitar que esto suceda?

[MPF]. La expropiación de la salud conlleva a una visión realista del ser humano, que se pretende enfermo cuando se desvía del “diseño ideal”. En el libro explicamos en profundidad las consecuencias de esta visión que lleva al trabajo “mecánico” de los médicos, a la tiranía del diagnóstico y al sometimiento a pruebas y a tratamientos que provocan más daños que beneficios. Por ejemplo, es evidente el daño de esta concepción filosófica cuando se demuestra que cada año mueren en los hospitales de Estados Unidos hasta 400.000 pacientes por fallos en la seguridad del paciente (errores, excesos, etc.). La sangre de los pacientes cae sobre los médicos expropiadores de la salud, pero estos pretenden ignorarlo. ¡Más le convenía atarse al cuello una piedra de molino y ser echados al mar! Hay que cambiar drásticamente el trabajo diario; por ejemplo, ya lo hemos dicho, abandonar toda prueba de cribado de cáncer; en otro ejemplo, renunciar a las vacunas sin fundamento (gripe, papiloma, neumococo, rotavirus, meningitis B, etc); por ejemplo, introducir dosis gigantescas de ciencia, piedad y tolerancia ante el enfermar de cada paciente individual; por ejemplo, rechazar en general las guías clínicas (protocolos y algoritmos) elaboradas por expertos; en otro ejemplo, no emplear las categorías de pre-diabetes y pre-hipertensión, no tratar con medicamentos a pacientes hipertensos con tensiones de menos de 140/90 y que el paciente diabético no utilice las tiras de la glucosa salvo que emplee insulina; por ejemplo, mirar a los ojos del paciente más que a la pantalla del ordenador; por ejemplo, levantarse para recibir y despedir en la puerta al paciente y practicar un estilo de Medicina Basada en la Cortesía que incluya tener flor cortada fresca en la mesa del despacho; por ejemplo, hablar menos y escuchar más; en otro ejemplo, renunciar al falso mantra de “no tengo tiempo” mientras la consulta se llena de pacientes crónicos estabilizados que no precisan cuidados, pero son “cómodos de llevar”; por ejemplo, “explorar” con respeto el interior del paciente; por ejemplo, elaborar y dar a los pacientes una hoja con el perfil vital y profesional del propio médico; en otro ejemplo, mantener la agenda abierta para atender a diario las propias urgencias en consulta y en domicilios; por ejemplo, dar el teléfono personal a la familia del paciente terminal para prestar atención fuera del horario (noches, festivos, domingos); en otro ejemplo, comprender el uso de las medicinas alternativas por los pacientes y estar abiertos a hablar sobre ellas; por ejemplo, no realizar “chequeos” a ninguna edad ni sexo; en otro ejemplo, en general no cumplir ni seguir el Programa de Actividades Preventivas y de Promoción de la Salud (PAPPS) y menos su sección en la infancia (PREVINFAD); etc. En todo caso, estudiar, estudiar y estudiar poniendo en cuestión todo el conocimiento científico al tiempo que se mejora el trabajo clínico diario con el extracto depurado que supere el nihilismo sistemático.

[JG]. El médico que expropia la salud es un médico que ha perdido lo esencial pues renuncia a lo fundamental, al “primero no dañar” (primum non nocere). El médico que expropia la salud suele ser un médico a tiempo parcial pues cuando sale de la consulta-hospital no se acuerda de los pacientes, no siente una responsabilidad continua. El médico que expropia la salud no suele pensar por sí mismo, sigue las modas que marcan los KOL y sus industrias (farmacéuticas, alimentarias, tecnológicas, de gestión y otras). El médico que expropia la salud todo lo fía a la tecnología, apenas se levanta del asiento, casi no explora al paciente ni le mira de frente, y encuentra “la verdad” en la pantalla del ordenador. El médico que expropia la salud recibe a los representantes y acepta sus obsequios y regalos, va a las charlas y conferencias que organizan, y participa en los congresos médicos (de las sociedades científicas y de las asociaciones de pacientes que se crían y viven a los pechos de las industrias). El médico que expropia la salud se cree científico y se frustra por no aceptar con humildad su trabajo de sanador que lo convertiría en un semi-dios. El médico que expropia la salud sigue las guías de práctica clínica de la gerencia y de las sociedades científicas (¡incluso las guías dictadas por las industrias a la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, la Asociación Española de Pediatría, la Sociedad Española de Salud Pública, Medicina Preventiva e Higiene, la Asociación Española de Urología y la Sociedad Española de Vacunología!). El médico que expropia la salud no duda, se fía de lo que le dicen, y aprende por “transfusión” de palabras y proyecciones de power-points manipulados y tóxicos. El médico que expropia la salud cree que a los pacientes les falta educación para la salud, y desprecia su cultura y sus respuestas curativas alternativas. En fin, no sigo, pero de todo ello se deduce lo que se puede hacer para renovar la práctica diaria desde la propia consulta-hospital y ya Mercedes ha señalado algunos ejemplos de lo que hemos practicado en nuestra clínica diaria.

 

Enviado a SURCOS Digital por Rafaela Sierra.

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