UCR Electoral: Las mujeres recuperadoras: protagonistas invisibles de un país premiado por proteger la naturaleza

Dos recuperadoras preparan una saca de plástico para cargarla al camión transportista que llevará los materiales hacia su próximo destino que puede ser una planta transformación en el territorio nacional o exportación para ser valorizado en el exterior en países asiáticos como Tailandia y Taiwán. Foto: Katzy O´neal C.

Trabajan en el anonimato y muchas veces bajo condiciones de exclusión social y económica, ellas hacen posible que nuestros residuos vuelvan a tener valor.

Dentro del centro de acopio de residuos del cantón de Grecia suena Chayanne, se escuchan risas, bromas y sonidos de sacas repletas de papel, vidrio y cartón que son arrastradas por el suelo. Allí, de 6:00 a.m. a 1:00 p. m., 12 mujeres, la mayoría jefas de hogar, se encargan de separar y clasificar los residuos de este cantón alajuelense de 76.898 habitantes.

Estas 12 mujeres conforman la cooperativa Coopeambiental R.L., una agrupación que desde el año 2011 trabaja para recuperar los residuos valorizables que generan los comercios y los ciudadanos. Su labor contribuye a reducir la basura que llega a los rellenos sanitarios y ríos, además es un eslabón clave en la cadena de reciclaje que permite que los materiales extraídos de la naturaleza vuelvan al ciclo de producción.

En la actualidad, este centro de acopio funciona mediante un convenio entre la cooperativa y la Municipalidad de Grecia, la cual aporta las instalaciones y la recolección de los residuos en la ciudad y su traslado al centro. Su modelo de gestión es un ejemplo de una alianza público-privada que hace posible sostener esta actividad a nivel cantonal.

Un sector desconocido

En el país existen más de 200 empresas gestoras de residuos ordinarios, metales y chatarra registradas ante el Ministerio de Salud. Sólo en el 2019, entre todas gestionaron más de 39 mil toneladas de materiales (Papel, cartón, plástico, vidrio, tetrapak, aluminio).

Un mapeo de empresas trabajando en la Gestión Integral de Residuos Sólidos realizado en 2020 por la Cooperación Alemana, MINAE y Fundación CRUSA reconoce que también existen centros de acopio informales que funcionan bajo la responsabilidad de organizaciones comunitarias, los cuales también aportan a la recuperación de los residuos valorizables. Este estudio también identificó 7 modalidades de alianzas que involucran cooperativas, municipalidades ong´s y otros actores de la cadena de reciclaje.

Sin embargo, no existen estadísticas sobre las empresas conformadas o lideradas por mujeres o la cantidad de mujeres dedicadas a esta actividad, las líderes de organizaciones como Red Concerva y ACEPESA (Asociación Centroamericana para la Economía, la Salud y el Ambiente) reconocen que las mujeres representan una mayoría, especialmente en los centros de acopio donde se clasifican los materiales, no así en las labores de recuperación en la calle donde predominan hombres.

Sujetas al vaivén del mercado

Sigue un merengue que dice: “Yo no soy una loba no…” y al ritmo de la música estas mujeres trabajan en conjunto y se cuidan entre ellas. Lo hacen por amor al ambiente, pero también para subsistir con el pequeño ingreso que reciben semanalmente por su ardua labor.

Pero no todas tienen la misma suerte, explica Margarita Castro Campos, fundadora y presidenta de la Red Concerva (Red Costarricense Centros de Recuperación de Residuos valorizables). Año a año pequeñas iniciativas de mujeres recuperadoras cierran, se cansan, desisten por la falta de apoyo y los bajos ingresos que genera la actividad, sujeta a constantes cambios en los precios de los materiales y a los volúmenes de residuos valorizables que generan los comercios y los hogares.

Yessenia Arrieta, administradora y fundadora de CoopeAmbiental se siente orgullosa del trabajo que realiza y de que su hija ahora tiene la oportunidad de estudiar una carrera universitaria. Una característica de las recuperadoras costarricenses, a diferencia de las de otros países latinoamericanos, es cuentan con mayor nivel de escolaridad que les permite capacitarse y realizar trabajos más especializados dentro de la cadena del reciclaje.

“Los precios son bastante malos” dice Yesenia Arrieta, una de las fundadoras y actual administradora de Coopeambiental. Explica que un kilo de papel que antes se pagaba a 35 colones ahora vale 20 colones. A pesar de que sus ingresos disminuyen, ellas siguen en esta actividad que da para comer, pero no para ganar.

La Ing. Kathia Elizondo Orozco, gestora ambiental de la UCR, explica que la fluctuación en los precios de los materiales es un problema para la sostenibilidad de estas agrupaciones: “Muchas veces el costo de operación es mayor que la ganancia” . Otro factor que afecta los precios es que los residuos aún no se ven como materiales, “solo cuando se perciban como tales, podrían tener precios que vuelvan la actividad rentable”, advierte la experta.

Según el estudio “Análisis de los retos para el desarrollo de la cadena de valor del reciclaje en Centroamérica” publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), os precios internacionales del petróleo afectan el precio del transporte, mientras la oferta y demanda a su vez afecta los precios de los materiales. Esta es una realidad que enfrentan organizaciones de todo el istmo.

La Ley para la Gestión Integral de Residuos N°8839, promulgada en el año 2010, establece que se “…fomentará la creación, el desarrollo y el fortalecimiento de las micro y pequeñas empresas, las cooperativas, las organizaciones de mujeres y otras formas de organización social que coadyuven al cumplimiento de la política, el Plan Nacional, el plan municipal respectivo y los objetivos de esta Ley”.

Excluidas de la seguridad social

Las mujeres recuperadoras son un eslabón importante de la economía circular, brindan un servicio al ambiente y a la salud pública por un precio bajísimo, pero su trabajo pocas veces es reconocido por la sociedad. La falta de aseguramiento es un problema para este grupo de trabajadoras, ya que limita su derecho a gozar de los beneficios del seguro social como la atención médica en caso de enfermedad o de la incapacidad.

Desde su escritorio en el centro de acopio, Yessenia, quien administra la cooperativa, saca cuentas para calcular el pago semanal de sus compañeras y asegura que el negocio no da para pagarles a ellas y pagar el seguro. El pago que reciben por sus horas de trabajo suele ser menos de 50 mil colones por semana. Es decir, no llegan ni al salario mínimo, y en realidad no tienen salario, ni seguro, y pues, tampoco tendrán una pensión.

Lo mismo ocurre en otras organizaciones, asegura Margarita Castro Campos, fundadora y presidenta de la Red Concerva, que actualmente agrupa a 26 micro y pequeñas organizaciones de mujeres recuperadoras de diferentes comunidades de Alajuela, Cartago, Guanacaste y Limón. Esta red integra a más de 400 mujeres, en su mayoría jefas de hogar costarricenses, pero también extranjeras.

En el centro de acopio la mayoría de las mujeres realizan labores de clasificación de los residuos. La administradora, además participa en la carga de los materiales al camión y lleva el control del peso y material que contiene cada una de las sacas.

Promotoras del trabajo digno

En cuestión de media hora, al ritmo de la música, ya han cargado un camión de plástico. Trabajan rápido y con entusiasmo. En este centro de acopio las condiciones son agradables, pues cuentan con instalaciones municipales, hay iluminación, ventilación, oficina, área de cocina, y lo más importante, no hay malos olores y hasta tienen música.

La situación en otros lugares es distinta, las condiciones son, en algunos casos, deplorables comenta Margarita, preocupada, pero a la vez entusiasmada por que se escuchen las necesidades de estas mujeres, cuya labor ha sido siempre invisible.

“Dignificar la labor de estas mujeres” es la meta de Margarita, quien a sus 70 años y después de tres infartos, dice que no se cansa de luchar por mejorar las condiciones de las trabajadoras y protectoras del medio ambiente: las mujeres recuperadoras.

En el Centro de acopio de Grecia, Yesenia, no pide mucho, solamente que los ciudadanos separen los residuos adecuadamente y le den una enjuagadita a las cajas de leche y otros envases, tener seguro social y que los precios de los materiales den, al menos, para pagar las horas trabajadas por sus compañeras esta semana.

 

Katzy O`neal Coto
Periodista, Oficina de Divulgación e Información