Un país llamado poesía

Por Memo Acuña. Sociólogo y escritor costarricense.

Me encuentro en el Festival de Literatura y Música TegusSícanta internacional 2024. Durante tres días y otros que faltan, hemos compartido con estudiantes, funcionarios de universidades, miembros de comunidades y con nosotros mismos. Venimos de Cuba, México, República Dominicana, Argentina, Venezuela, Chile, Guatemala, Costa Rica, El Salvador y Nicaragua. Somos un país ancho y caderudo como dice uno de mis textos. O mejor como cantaba Mercedes: “yo tengo tantos hermanos que no los puedo contar”.

Y gracias a la persistencia y resistencia de Karen Ayala, sus hijas, Otoniel Guevara y su equipo de trabajo, vinimos a reaprendernos un alfabeto nuevo: el del abrazo.

Cada poeta aquí está con su historia a cuestas. Cada uno, cada una llegamos a Honduras llenos de desafíos, algunos rotos, descosidos, alegres, solidarios. Llegamos también a un territorio que necesita tanto la poesía como nosotros.

Y entonces la poesía hace su trabajo. Conforme vamos escuchándonos, nos reconocemos en la diversidad que somos. Y vamos tejiéndonos con palabras, con afectos, con abrazos. Estos son los abrazos que necesita tanto el mundo.

Nos hemos reconocido de inmediato a pesar de que algunos, es la primera vez que nos vemos. Porque vernos y reconocernos son dos cosas distintas. Y complementarias.

Pienso en el valor de la palabra como sedimento, mezcla, herramienta, medicina. Creo en el poder transformador y sanador en países como los nuestros, que la necesitan tanto. Pero, sobre todo, nuestros corazones necesitan coserse para seguir diciendo.

A eso hemos venido a Honduras: a vernos, reconocernos, cosernos, bordarnos. A construir con ese lenguaje claro un país al que no le duela existir y crecer. Y entrar y salir de él sin pasaporte alguno.

El abrazo como salvoconducto.