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Etiqueta: Memo Acuña

Lesa humanidad

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Llegar a Turrialba se está convirtiendo para mí en una especie de zona de recarga. Así, como el nombre del proyecto de comunicación cultural que desarrollo desde hace seis años en redes sociales.

Confieso que me atrae la fuerza literaria del lugar y desde luego el magnetismo propio de un volcán que domina el entorno.

Para mí todo es energía.

El fin de semana pasado llegué de nuevo a esta hermosa ciudad con la convicción de reparar y seguir. Lo hice. Y me encontré en esa tarea de búsqueda con una pequeña feria organizada en el Parque Central. Específicamente una Feria del Libro.

No había mucho que recorrer pues es una apuesta inicial que estoy seguro florecerá y crecerá con los años. Sin embargo, una mesa en la que había un libro de pasta dura llamó mi atención. Una mujer al otro lado me explicó entonces: “es mi esposo. Y este es el pantalón que llevaba puesto el día del atentado”, me dijo.

Fijo mi mirada en la portada del libro cuya composición es absolutamente conmovedora: el título en letras rojas “Solo a mi mamá. Crónica de una tragedia” el nombre del autor: José Rodolfo Ibarra y una imagen suya que luego sabría, corresponderia a una fotografía realizada por un corresponsal de la Zona Norte, Benigno Quesada.

El género de la crónica se ha vuelto para mí un asunto de cabecera en los últimos meses. Me parece extraordinario su alcance y ese tejido orgánico entre el periodismo y la literatura. Ahora me dispongo a aflojar la mano y el lápiz para seguir escribiendo algunas memorias sobre mi trabajo en la academia y el arte centroamericano.

Volviendo a la mesa del libro, en ese instante el autor no estaba y eso me permitió ojear por unos segundos el libro y su interior. Es un conmovedor relato escrito en primera persona sobre los acontecimientos que marcaron el primer y único atentado perpetrado en el mundo en una conferencia de prensa.

El saldo: cuatro personas fallecidas en el sitio conocido como La Penca, hasta donde había convocado el famoso Comandante Cero, nicaragüense enrolado con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) durante los años setenta y parte de los ochenta, cuando firmó su disidencia.

Luego se sabría que el atentado había sido preparado intelectualmente por Tomás Borge, miembro de la cúpula sandinista y Lenin Cerna, jefe de Seguridad del Estado de Nicaragua y ejecutado por encargo por un mercenario argentino llamado Roberto Vital Gaguine, ocultado bajo la falsa identidad de un supuesto periodista danés (Peer Anker Hansen).

El 30 de mayo de 1984 se produjo la tragedia. Y este periodista costarricense la vivió, literalmente, en carne propia. Lo observo caminar hacia la mesa y le digo que quiero comprar su libro. Me da las gracias, me firma como corresponde y nos tomamos una fotografía. Le digo que siempre admiré su trabajo. Se lo digo al hombre que aún hoy, 42 años después del hecho, guarda en su memoria detalles de los que no ha podido liberarse. En su memoria y en su cuerpo.

Los Crímenes de Lesa Humanidad no prescriben judicialmente. Por eso las personas sobrevivientes y los familiares de las víctimas mortales de este hecho continúan luchando por resarcir el daño moral, emocional y económico producido.

Ibarra (como coloquialmente le llaman en el entorno periodístico local) finaliza su trabajo con la referencia a la sordera que en general experimentaron aquellos que continuaron viviendo.

Sin embargo, el no escuchar bien no es suficiente para que se les queden grabadas las palabras de Bertold Brecht cuando dice: “hay quienes luchan toda una vida: esos son los imprescindibles”.

¿Me puedo ir?

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

En días pasados se hizo viral un video de una mujer hispana haciendo frente a un operativo cazamigrantes, en el que a fuerza de nombrar las enmiendas que la asistían en el tema de libre tránsito, logró su objetivo: no ser detenida por un funcionario del servicio de inmigración de Estados Unidos, acción común en aquel país.

El hecho, ya de por sí transgresor por la forma como la mujer responde y confronta, evidenció de nueva cuenta el papel que está jugando el perfilamiento racial en las detenciones arbitrarias de personas migrantes.

La mujer es interceptada cuando conducía y en apariencia no habría cometido ningún acto irregular para que un funcionario no autorizado para ello la detuviera. Su color de piel fue el justificante para ese hecho.

No sólo el perfilamiento racial saltó a la vista. El material audiovisual observado permite constatar una práctica común entre los funcionarios de migración de Estados Unidos: el uso del inglés como forma de amedrentamiento ante la comunidad hispana.

La mujer logró que el funcionario hablara en español. Nítido. Y a partir de allí el intercambio entre ambos (ella al volante y el fuera del vehículo, identidad protegida y empoderado) giró en torno a la legalidad del acto de detenerla y la normativa a la que se acogía en virtud de la poca claridad que presentaba el funcionario.

Su interpelación, ante la ambigüedad mostrada por el funcionario migratorio fue directa: “¿Estoy detenida o me puedo ir?”

En estos días de máxima tensión entre políticas racistas desquiciantes y prácticas de repuesta ciudadana en el caso de las personas migrantes, el acto de la mujer debe ser entendido en el marco de la resistencia política que ha empezado a levantarse en aquel país.

Son tiempos oscuros ciertamente. Pero acciones de reivindicación política como la de esta valiente mujer posicionan el acto de responder como un recurso politico al servicio de los que no lo tienen todo.

La lucha continúa siendo ideológica, discursiva y simbólica. Allí en ese plano, es que hay que enfrentar y derrotar los autoritarismos instalados en los últimos años en Estados Unidos y en otros contextos.

No hay otro camino.

Los vuelos de la vergüenza

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

En medio de la noche el pasado fin de semana aterrizó en el país el primer contingente de personas deportadas provenientes de Estados Unidos. Hace unas semanas Costa Rica o más bien su gobierno había adquirido el compromiso con la gestión de Donald Trump de recibir estos envíos de personas de una forma sistemática.

Este primer grupo conformado por ocho mujeres y 17 hombres reportó a la Defensoría de los Habitantes y el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura, hacer experimentado tratos inhumanos durante su detención en Estados Unidos y su traslado.

Llegaron esposados, más alimentados y con la incertidumbre de no saber a ciencia cierta su futuro.

Provenientes de varios países tales como Honduras, El Salvador, Albania, Kenia, India, China, Marruecos y Camerún, estas personas forman parte de grupos más amplios que continuarán llegando al país como parte del “acuerdo” (entre comillas) de ambos gobiernos.

Las dimensiones humanitarias de estos escenarios saltan a la vista. En pocos años el país ha borrado del escenario internacional su marca registrada en materia de diplomacia internacional y su férrea defensa de los derechos humanos.

Todo ha quedado subsumido frente a un repliegue sin cuestionamientos de las alucinantes políticas provenientes de la administración republicana.

Resulta vergonzoso ser parte de este escenario. Resulta altamente indignante que el país ahora forme parte del eje del terror y el abuso.

Un golpe de timón es aún necesario para salvar esta picada en caída libre de nuestra imagen en el concierto internacional. Eso pasa necesariamente por desmontar la narrativa y la práctica de quienes nos gobiernan en materia de derechos humanos y dignidad. Ya lo hemos dicho: la lucha es en el plano sociocultural y discursivo.

Ahí estará en los próximos años.

Una sustancia peligrosa

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

En la edición de 2023 de la Feria Internacional del Libro de Guatemala, el país invitado fue El Salvador. Un día antes de la inauguración y de manera oficial, el gobierno homenajeado solicitó a los organizadores del evento sacar del programa la obra titulada “Sustancia de Hígado”, primer libro publicado por Michelle Recinos, escritora de aquel país.

Di con ese libro el año pasado y en estos días de descanso me dispuse a leerlo y conocer de primera mano el motivo de la censura previa.

Escrito con un lenguaje llano, directo, coloquial, el libro fusiona en 9 cuentos la realidad con la ficción y muestra la transversalizalización de la violencia en la vida cotidiana de una sociedad que bien podría ser la costarricense en la actualidad, aunque sus referencias apuntan a exponer cómo es producida desde entornos gubernamentales, privados, en organizaciones de sociedad civil, en la empresa privada.

Justamente fue el relato “Barberos en huelga” el que produjo el enojo del gobierno salvadoreño ya que en este se relataban abusos a derechos humanos por parte del Estado. Una clara muestra donde la ficción emula y supera la realidad.

No quisiera adelantarme a un escenario posible en el caso costarricense. Pero ya fue anunciado por la presidenta electa la puesta en práctica del “modelo Bukele” para contrarrestar la ola de homicidios que casualmente se dispararon en los últimos cuatro años.

Fue precisamente la aplicación de la mano dura en aquel país la que detonó la vulneración directa e indirecta de los derechos humanos de personas sin ningún vínculo con las organizaciones criminales.

Que este escenario ficcional no se convierta en una dura realidad en Costa Rica. A vigilar, monitorear y evidenciar cualquier intento por vulnerar las garantías civiles de personas inocentes.

Esa es tarea de todos, de todas.

A contracorriente

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

El último fin de semana de marzo, cientos de miles de personas salieron a protestar en las principales ciudades de Estados Unidos y Europa.

En algo que parece ya habitual, el objeto de las protestas no puede ser otro que el impresentable presidente de Estados Unidos Donald Trump y sus políticas racistas, fascistas, terroristas, antihumanas.

La protesta es la tercera que se organiza en el marco de unas jornadas denominadas “no kings”, destinadas a desconocer el poder real y simbólico que Trump y sus aliados han instalado en un año que, si bien solo lleva tres meses, ya cuenta para el olvido.

Los casi nueve millones de personas que salieron a las calles de Estados Unidos a consignar su descontento y enojo, son la muestra de un motor civil y popular que poco a poco está perdiendo el miedo y se empodera de la única forma que puede un ser humano empoderarse en estos tiempos: convirtiéndose en un sujeto colectivo, político, fuerte, visible, claro.

El hartazgo a la arrogancia del mal habido presidente estadounidense es quizá la motivación de fondo para hacer salir de su confort a millones de personas.

Aquí es cuando uno se pregunta por qué si en otros contextos el hastío y el enojo son materia prima diaria, no se logró mostrar hasta ahora de forma visible y hasta contundente.

Las últimas semanas algunas acciones han sumado a la perplejidad con que hemos estado observando la performance presidencial en Costa Rica: la saliente y la entrante, que para los efectos son la misma cosa.

La urgencia con la que el gobierno costarricense aceptó el acuerdo migratorio que permite a Estados Unidos enviar 25 personas (si, personas) deportadas a territorio costarricense, solo se condice con lo que el internacionalista Carlos Murillo alerta: la relación Costa Rica-Estados Unidos no es una relación de Estado, sino que se enmarca en una cercanía personal, lo cual vuelve más peligroso, riesgoso y subordinado el rol costarricense en el concierto internacional.

Si esto no es ir contra corriente, observando las multitudinarias marchas del fin de semana, entonces vivimos en realidades paralelas.

Por último y no menos delirante, es la promesa de la presidenta electa Laura Fernández en utilizar el modelo de Bukele para “mediar” la inseguridad ciudadana. El terror ciertamente no es que sea una promesa, sino que, dado el alto apoyo a su enfoque populista, se termine instalando en el país un régimen que, al menos en El Salvador, ha cobrado cientos de vidas inocentes. Diversos informes de periodismo independiente y organismos de derechos humanos han dado cuenta de las atrocidades de este régimen de excepción.

¿Si esto no es ir contra corriente, en qué mundo dominado por la matrix estoy viviendo?

A los pioneros de las Ciencias Sociales costarricenses que recientemente han partido

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

He sido depositario de un gran privilegio a lo largo de mi vida académica.

Mis inicios, a finales de la década de los años noventa, hicieron que me encontrara con la economista María Eugenia Trejos y el sociólogo José Manuel Valverde. Con ellos “hice calle” y me curtí en el oficio de la recolección y análisis de información, entre otras tareas.

Luego trabajé con el mejor equipo de cientistas sociales a escala regional en mi paso por FLACSO Costa Rica junto a Abelardo, Ilka, Allen, Carlos, Manuel, Marian, Yahaira, Guillermo, Juan Pablo. Este fue mi espacio de crecimiento: investigué, acompañé al equipo editorial de la Revista Centroamericana de Ciencias Sociales e hice labores de docencia en varios campos.

Sumado a estos privilegios, mi trayectoria ha tenido dos referentes a los que hoy les escribo esta nota de agradecimiento.

La primera es quizá una de las figuras más emblemáticas de las ciencias sociales nativas en las últimas décadas.

Uno siempre recuerda los buenos cursos en su temporada de universidad. Para mí, el curso sobre las epistemologías de las ciencias sociales que impartiera en la carrera de sociología la académica Ana Cecilia Escalante, la profesora “Tita”, fue de los mejores acercamientos a los abordajes críticos y comprometidos.

Así como ella fue en vida: absolutamente consecuente con su práctica política y académica.

El otro referente es alguien al que le agradezco su legado en los estudios poblacionales y de opinión pública en el país: el Dr. Carlos Denton, quien en los años setenta dirigiera por primera vez, el Instituto de Estudios en Población (IDESPO) centro de pensamiento al que tuve el gusto de conducir en el período 2012-2017.

Los legados que la querida Tita y el Dr. Denton dejan en la academia y particularmente en las Ciencias Sociales costarricenses son de un alto valor, que deberemos reconocer por siempre.

A ellos mi gratitud y abrazo fraterno. Buen viaje.

De sobre el canon y la hegemonía cultural

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Las universidades públicas costarricenses experimentan hoy en día embates políticos de toda naturaleza, tanto desde adentro como desde actores externos que intentan acabarlas como centros de producción de conocimiento y pensamiento crítico.

Pero aun así, en medio de ese contexto, deben mirarse en una actitud crítica y auto reflexiva que les conduzca hasta umbrales de mejoramiento e igualdad. En ocasiones existen espejos que nos devuelven imágenes borrosas, cuando no vergonzosas de lo que somos como instituciones educativas.

En la sesión inaugural de la III Feria Internacional del Libro Universitario desarrollado en el Auditorio Cora Ferro Calabrese, en la Universidad Nacional, la escritora, antropóloga y activista por los derechos de las poblaciones afrodescendientes Shirley Campbell Barr nos puso a todos y todas a mirarnos en el espejo institucional, utilizando una retórica directa y al cuerpo… el cuerpo hegemónico blanco.

También lo hizo con poesía, esa herramienta tan poderosa para decir y llegar hasta donde la academia no lo hace.

Quise arrancarme los ojos porque estos no me pertenecían”, dijo.

Pero también dijo algunas precisiones sobre el canon cultural, el peso de un dispositivo institucional que no es neutral como las ferias de libros y las exclusiones e invisibilizaciones que aún hoy en día se siguen presentando con ciertas poblaciones.

¿Cuántos autores afrodescendientes son de consulta obligatoria en las aulas universitarias? ¿cuántas mujeres afrodescendientes son leídas en la educación superior pública? Preguntó.

Quise oscurecer mi piel porque su tono no era lo suficientemente oscuro”. Dijo.

Pero también dijo y sugirió que habría que revisar las estructuras cultuales que producen las Ferias de Libros a todo nivel, para que se abran hacia otras estéticas y narrativas que generalmente quedan por fuera de los circuitos hegemónicos.

Este discurso narrado en tono directo y con la voz y propiedad de alguien que ha librado por décadas una lucha histórica, debe ser retomado en aulas, espacios colegiados, eventos universitarios que propongan la igualdad, la equidad y la justicia. Desde la crítica centrada y argumentada es que podremos salir adelante como espacios de pensamiento crítico y reflexión.

Y Shirley terminó como no podía ser de otra manera:

Quise nacer de nuevo

y descubrirme en otra historia
Yo quería que la realidad fuera distinta
Pero era esta
Entonces me convertí en poeta”.

Fahrenheit 911…OTRA VEZ

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

En una producción de 2004 dirigida por el cineasta Michael Moore se explicaban las razones subyacentes de los ataques a las torres gemelas tres años antes, las relaciones entre los entornos familiares de Osama Bin Laden y George Bush, así como las verdaderas intenciones comerciales y financieras tras las guerras de Estados Unidos contra Afganistán e Irak.

En la introducción del documental Moore habla con ironía sobre los países “aliados” de Estados Unidos, entre ellos Costa Rica, a la que le dedica carcajadas de humor al ridiculizarla como una de las grandes potencias en la industria de la guerra, mostrando de fondo una carreta típica.

Eran los inicios de un intenso, extraño y contingente siglo XXI. Un siglo en el que el país ha ido perdiendo proyecto, visión de futuro, fuelle diplomático. Esto último sin lugar a dudas ha convertido a Costa Rica en un simple e insignificante punto en el mapa en la distribución de poder desarrollado por Donald Trump y el emporio económico y simbólico que lo acompaña a escala planetaria, incluido el más terrorífico de los encuentros de los fascismos y autoritarismos del presente.

Como si no estuviera devaluada ya la imagen del país a escala internacional, la teatralización de los vínculos Washington-Zapote nos ha dejado en la perplejidad, esperando por la nueva edición de un documentalista que venga a reírse de nuevo en nuestras caras.

Hace pocos días Costa Rica fue uno de los 16 países firmantes junto a Estados Unidos del principio de “paz mediante la fuerza” para el hemisferio occidental. Se queda uno pensando en la paradoja más que en la contradicción y el por qué aparecemos en esa vergonzosa foto de familia.

Como si no bastara el gancho semiótico con que Trump ha “rejuntado” a sus amigos y les ha tirado del brazo para que le apoyen en medio de una escalada de violencia global propiciada por su gobierno y otros gobiernos ahí sí que aliados, mientras escribo estas notas los medios digitales informan sobre la presencia del presidente y su ministra de la Presidencia en la lacónica “Cumbre escudo de las Américas” convocada por Trump, en la que se “analizarán estrategias conjuntas de lucha contra el narcotráfico y la inseguridad”.

No tengo más palabras que agregar. El chiste se cuenta solo.

Una estética fugaz

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

En días pasados un medio de comunicación costarricense me solicitó un análisis acerca de la presencia de cierta cultura narco en nuestra sociedad.

Ese ha sido un tema de consulta recurrente en los últimos años dada la masificación de ciertas prácticas vinculadas con esa actividad delictiva. Pero también se explica por la comprobación empírica de que en efecto el país está flanqueado por grupos y estructuras criminales de muy diverso espectro que controlan territorios, muchos de ellos en condiciones de pobreza y vulnerabilidad.

Hablamos del orden de lo sociocultural, allí donde emergen las semióticos y las simbólicas que acompañan consumo y conductas asociadas.

Debemos decirlo: nuestra sociedad se ha transformado aceleradamente, así como los ejes que sostenían lo permitido, lo posible.

Al hablar de una narcocultura hacemos referencia a la instalación de ciertas estéticas y comportamientos. Todos ellos afincados en cierta frugalidad y temporalidad limitada.

Una sociedad así dispuesta ha entrado en un delirio sin retorno. Porque le abrió las puertas a una actividad cuyas consecuencias aún se experimentan en entornos cercanos.

No es a la práctica a lo que debemos prestarle atención. Es a las razones estructurales que permiten su funcionamiento en un contexto de quiebre como el actual. Prestemos atención a sus expresiones. Es allí donde las juventudes están encontrando sentido. Ni más. Ni menos.

¿Por qué ahora?

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Los centros comerciales les empiezan a restringir la entrada por motivos de seguridad. En ciertos negocios el derecho de admisión es aplicado y su presencia es prohibida.

Este febrero tan distópico como largo nos ha traído a Costa Rica la aparición del fenómeno Therian, asociado a corrientes de comunidades digitales que buscan agregación bajo la premisa de identificarse como un “animal no humano”, actuar como uno de ellos, sentir como uno de ellos.

El tema ha emergido como la espuma. Es cierto que alguno tipo de pánico moral sentir se ha instalado y ha dejado salir juicios de valor en contraposición al argumento. Y es que ciertamente en épocas de redes sociales la crispación, el linchamiento y el juzgamiento ad portas están a la orden del día.

Resulta curioso conocer que este fenómeno emergió hace 25 años en la sociedad estadounidense, vinculado con las primeras identidades digitales que parecieron con la internet como nuevo vector social.

Antes de considerar algunos elementos en el orden sociológico que nos ayuden a entender estos comportamientos, quizá debamos recordar un aspecto que acompaña el desarrollo histórico de las sociedades.

Hemos dicho que cada escenario social está marcado en su tiempo y espacio por una estética hegemónica y predominante. Y a cada una de ellas corresponde entonces una práctica antiestética que no necesariamente busque una transformación estructural en el orden de las cosas.

Estas antiestéticas, dicho sea de paso, tienen a las personas jóvenes como principales representantes. En el caso de Costa Rica recordamos a los camisetas negras, los punk, los skinheads, los Emo, como expresiones de una respuesta contracultural en un mundo organizado de cierta manera.

En particular y desde el plano sociológico, la irrupción mediática y viral de los grupos Therian parece ir más allá de un elemento cuantitativo. La masividad no es característica aún en un país como el nuestro, pero sí lo son las narrativas alrededor de su presencia y posible amenaza: es la antiestética del otro operando sobre el miedo y la incertidumbre ante lo estraño, lo que se sale del modelo.

Tres elementos por ahora nos acompañan en la argumentación:


  1. Identidades emergentes: apelamos a Sigmund Bauman en su explicación sobre las identidades líquidas, marcadas por la crisis de las instituciones tradicionales como la familia, el trabajo, la religión y la pérdida de los relatos que antes nos articulaban en un proyecto colectivo: la nación, al decir de Benedict Anderson, ha dejado de ser imaginada. Por otra parte, Judith Butler nos inquiere en su propuesta acerca de la performatividad de las identidades. Es decir, estamos en presencia de procesos que de construyen y rompen el molde de lo establecido.



  2. Tribus urbanas. El sociólogo francés Michell Mafesoli ya lo había señalado décadas atrás: se trata de colectivos caracterizados por la agregación de intereses, agrupaciones que comparten estilos, valores y formas de apropiarse del espacio urbano.



  3. Construcción del espacio social desde las redes sociales. Acá aparece la relación entre lo privado y lo público en la que el cuerpo cobra un lugar central. El sociólogo mexicano Rodrigo Parrini habla de los “cuerpos incircunscritos” para referirse a aquellas corporalidades públicas y expresivas.


Tras estas tres dimensiones, se deben acotar dos últimos señalamientos: se trata de un fenómeno fuertemente asociado a las identidades digitales contemporáneas y su aparición en Costa Rica hoy está asociada con un rasgo absolutamente estructural.

Hace mucho tiempo dejamos de hablarnos como sociedad. Y los vasos comunicantes intra y entre generaciones se disiparon. Esto ha afectado particularmente a los sectores jóvenes de nuestra sociedad.

Recordemos un estudio publicado en 2025 por la Fundación Friedrich Ebert Stiftung (FES) sobre las percepciones de las personas jóvenes costarricenses acerca de la democracia y el autoritarismo.

Cuando se les consultó sobre los principales problemas que los aquejan como generación señalaron La pobreza, el desempleo y la falta de acceso a derechos como la salud y la educación (un 55%) así como el crimen organizado y el narcotráfico (un 50%).

Todas estas son variables que explican un vacío cultural que es trastocado en estas identidades líquidas y performativas. Es tiempo entonces de hacer observación crítica y dimensionar la temporalidad con la que estas prácticas suelen aparecer y luego disiparse. Tras las máscaras hay alguien que desde hace rato quiere hablarnos.

Los retos como sociedad son mayúsculos: la violencia, la exclusión, la discriminación y la construcción de un sentido colectivo esperan por nuestras mejores energías. Usémoslas allí, entonces.