Al finalizar mi trabajo doctoral, un proyecto académico cerraba su ciclo. Fueron 25 años de ejercicio en la investigación y el acompañamiento en distintos procesos vinculados con las movilidades humanas centroamericanas.
Entonces vinieron las preguntas que ya habían empezado a salir, incluso antes del trabajo doctoral, relacionadas con la construcción de sentido alrededor del tema.
Fue así como surgió, supongo, la iniciativa de entender las movilidades humanas con herramientas artísticas. Desde 2018 desarrollo un dispositivo experimental sobre fronteras, biografías y cuerpos, utilizando la poesía como principal herramienta detonadora.
Pero las preguntas no cesan.
En una crisis civilizatoria como la que estamos atravesando, las otredades han sido expuestas una y otra vez hasta convertirlas en el enemigo y la amenaza. Por eso, sigo pensando en la utilización del arte como recurso que complemente el conocimiento académico y contribuya a generar otras cercanías, más implicadas y empáticas.
Recientemente El Colegio de la Frontera Sur en México presentó la antología Travesías poéticas: rutas y sueños migratorios, compilada por las escritoras Angélica Pineda-Silva y Chary Gumeta.
Es este número un registro de voces latinoamericanas, europeas y caribeñas sobre las movilidades humanas y sus contextos, sus desafíos, sus devenires.
Más de 20 países y 42 voces poéticas están representados en este ejercicio que constituye una oportunidad de visualizar lenguajes, narrativas y sentires desde la más diversa de las posibilidades.
Una contribución como esta coloca en perspectiva aquello que la investigadora y activista Maya Kiché Gladys Tzul Tzul denominara la constitución de otros sistemas analíticos, desde los que acercarse a mirar las complejidades de la movilidad humana bajo otras estructuras afectivas y de pensamiento.
La antología puede ser descargada a través de acceso abierto en el sitio oficial de ECOSUR (www.ecosur.mx) y les invito para que se introduzcan en estos otros lugares, para mirar este tema de nuestros tiempos.
No es suficiente con triturar vidas y hacerlas desaparecer hasta la nada.
No basta con detener personas por sus rasgos, su idioma, su origen y encerrarlas en unas cámaras tan frías que el lenguaje popular, o sea, el de todos los migrantes juntos (al decir del poeta chiapaneco Balam Rodrigo) las llama “las hieleras”.
No les incomoda descartar seres humanos en países distantes a los que les llaman “terceros países seguros”. Costa Rica, uno de ellos.
No.
Los métodos de disuasión para “limpiar” la frontera México-Estados Unidos de seres humanos han ido escalando en su precisión quirúrgica contra la migración irregular, a la que se acusa de amenaza, terrorista, indeseable.
Las narrativas se corresponden con las prácticas y aparecen entonces acciones impensadas contra la dignidad humana.
Como si la afrenta de la política migratoria y de gobiernos aliados como el de Costa Rica no fuera ya suficiente, esta semana que termina se conoció una nueva herramienta por aplicarse directamente contra los cuerpos de los migrantes que buscan cruzar la frontera.
Se denomina Sistema de Denegación Activa (Active Denial System o ADS), pero se aclara de inmediato que es un dispositivo no letal.
Consiste en la emisión “de un haz invisible de ondas electromagnéticas con un alcance de hasta 800 metros. Al tocar la piel humana, genera una intensa sensación de quemazón —comparada con abrir un horno caliente— que dura de 10 a 15 minutos y provoca un impulso instintivo de huida”.(Tomado de la página web de CNN en español).
Está pensada para dispersar conglomerados y cruces migratorios irregulares y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ha sido autorizado por el Pentágono para su operación.
La historia de la humanidad está colmada de estas prácticas contra la vida, la dignidad y los cuerpos de los otros y las otras.
Lo que debemos preguntarnos a esta vergonzosa hora civilizatoria es si resultan suficientes la indignación, el amor y la ternura como actos revolucionarios para contrarrestar el odio y la barbarie.
La semana que termina no podría ser diferente a este año de ruptura civilizatoria que nos tocó vivir.
En el mundo, la peor pesadilla política que registre la historia democrática contemporánea se ha manifestado contrariada por el no otorgamiento del Premio Nobel a su persona, dado el altruismo con que decide asesinar un día sí y otro también a poblaciones inocentes en todo el planeta.
Faltaba más que ese Nobel se lo otorguen algún día dados sus atributos manifiestos en “búsqueda de la paz mundial”.
En Francia lo mismo que en Argentina, España y Albania, los estudiantes han salido a las calles a manifestar su descontento e indignación por el deterioro en la educación pública, la crisis de financiamiento y la mala disposición de la infraestructura educativa. La respuesta ha sido la represión y la criminalización de la protesta.
En una historia que parece repetirse 15 años después, la indignación parece ser el motor que impulsa a estas generaciones a rebelarse contra su propio destino. Sus luchas materiales van hoy de la mano por la reivindicación de los derechos más elementales, como el derecho a tener una educación de calidad.
Hoy, como ayer, son los jóvenes quienes salen a contradecir la historia.
En un contexto más cercano, más local, la más aguda de las paradojas ha ocurrido en Costa Rica en cuestión de horas.
Como si se tratara de la teatralización de una escena de mal gusto, el gobierno costarricense inauguró un centro para privados de libertad siguiendo el pésimo guion de autoritarismos cercanos. La megacárcel es el proyecto estrella de una administración que apenas con cinco meses de funcionamientoha mostrado una trayectoria errática y preocupantemente populista.
Pero al mismo tiempo, anuncia de forma contundente el recorte al presupuesto de la educación superior pública que provocaría cierre de sedes regionales, disminución de becas estudiantilesy el colapso institucional universitario a corto plazo.
Sí.Todo está al revés.Y asistimos a esta hora cargados de incertidumbre.El camino de la indignación empieza por indignarnos para que luego aparezca lo demás.
Pero hay que hacerlo.
Si estos anuncios provenientes desde el oficialismo costarricense no indignan y provocan la movilización, ya nada lo hará.
Empiezan a salir a la luz pública costarricense casos denunciados por familiares de ticos detenidos en las instalaciones de ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas), en Estados Unidos.
La preocupación de estas personas es evidente: sus familiares permanecen en condiciones difíciles y algunos de ellos con problemas de salud que no han sido atendidos de forma adecuada.
Ya se han conocido dos casos en lo que va del año, de personas migrantes costarricenses que fallecieron en sus condiciones de detención o que fueron entregadas en mal estado de salud por las autoridades migratorias de aquel país.
Hasta ahora, la omisión oficial ha sido la respuesta.Consecuente, eso sí, con un burdo alineamiento diplomático local con las locuras desquiciantes del presidente Trump en materia migratoria.
No deja uno de pensar en lo que viene.
Porque lo que viene podría ser peor si se considera la forma en la que operadores de la política local asumen la diversidad y la entienden.Si es así, son explicables omisiones y emisiones de mal gusto.
Tiene uno que tomar aire para escribir sobre estas cosas.Ya se sabe, sí, que lo banal y superficial son los ejes que mueven los discursos y narrativas oficiales en el país.
Eso y esa mala retórica construida por las extremas políticas que campean en la región, en la que los odios suelen colocarse sobre los “otros”a los que se les denomina “zurdos” o lo que es peor, “bloque opositor comunista”.Sobre esto último escribiré en otro momento para el caso doméstico.
Me gustaría regresar a la banalidad que da paso al racismo y xenofobia solapadas. Como si hiciera gracia, el secretario general del partido oficialista Pueblo Soberano soltó una de sus tantas joyas del lenguaje y confirmó en su decir que “todos los chinos se parecen”.
Caso en desarrollo aparte, esta frase condensa cierto ADN que aparece cada cierto tiempo en buena parte de la población nacional, para la que origen, color de piel y clase son suficientes motivos en prácticas de discriminación.
Que la haya dicho el secretario del partido en el gobierno, ya no sorprende.Ya nada nos sorprende.
Si para este personaje “todos los chinos se parecen”, para nosotros hay cosas como la dignidad y la decencia que se van pareciendo menos a sus actos.Cada vez menos.Cada vez más pequeños.
Tienen patillas pronunciadas o barbas sospechosamente simétricas.Son anaranjados o de facciones desiguales que hacen lucir sus dentaduras como corredores desordenados.Visten la tosquedad del protocolo de la comunicación y la propaganda extremista de los años cuarenta del siglo anterior.
Eso es lo que son. Esa representación del poder mediante la mueca, la burla y el cinismo.Una observación de cerca a toda su teatralidad evidencia esa fea estética del poder que hoy campea por América Latina.Y más acá.
Feos, locos, desencajados.
Pero lo que sorprende, si es que algo sorprende ya en un país como Costa Rica, es la fealdad física de quienes detentan el poder (ellos mismos se han encargado de afear sus facciones a través de la mueca, la máscara, el insulto) sumada a la fealdad de espíritu que los caracteriza en su ejercicio político.
Ahí sí son feos con ganas.
Lo voy a decir con todas las palabras posibles: la fealdad y pobreza deespíritu mostrada por la bancada oficialista en la Asamblea Legislativa no tiene comparación alguna.
Recién se conoce la dimensión del drama migrante costarricense con dos personas fallecidas este 2026 en sus condiciones de detención por parte de ICE. La última de ellas falleció a falta de atención médica y acceso a alimentación adecuada, lo que produjo voces de indignación de varios sectores locales.
Lo que se solicitó en plenario fue solamente un acto simbólico de homenaje para esta persona, a lo que la bancada oficialista se negó en su mayor parte.
La estética del horror termina fusionando caras y cuerpos con sus espíritus.A esa representación acudimos hoy.Que esa fealdad absoluta no pueda cristalizar su proyecto de destrucción de la institucionalidad democrática costarricense.
Una pequeña luz hermosa de resistencia y rebeldía se viene prendiendo. Ante la fealdad, la belleza.
Estos tiempos que vivimos nos invitan a crear y creer otras formas posibles de resistencia. No es gratuito que la reacción generalizada ante la barbarie en la Asamblea General de las Naciones Unidas haya sido el retiro masivo de las delegaciones nacionales como acto de protesta.
Por eso lo simbólico, la representación y la estética van de la mano. Y generalmente acompañan causas en las que la dignidad está de por medio.
Por eso también debo decirlo con todas las palabras: la vergüenza y la rabia que me produjo la reacción oficialista legislativa costarricense al oponerse a celebrar un acto de apoyo en memoria de la última persona costarricense fallecida y detenida por ICE en virtud de su condición migratoria. Vergüenza y rabia. Porque lo simbólico hoy también es político.
En medio de este contexto, el arte es y debe ser un vehículo necesario. Hablar de paz y acometerla mediante la expresión, la estética y la belleza es sin lugar a dudas el principal aporte que se puede dar ante la sombra, el dolor y el horror.
En esta semana que termina, la Fundación Transformación en Tiempos Violentos decidió llevar adelante una actividad de dimensiones quijotescas. De la mano de su director, el artista plástico costarricense Juan Carlos Chavarría, organizó un megaevento llamado “Exposición Internacional arte por la Paz”.
Más de 100 artistas nacionales e internacionales de muy variada formación participarán en esta aventura, cuya actividad central (una muestra de obras plásticas) permanecerá instalada en el Museo Histórico Juan Santamaría, ubicado en la ciudad de Alajuela, hasta los primeros meses de 2027.
Música, poesía, arte escénico, arte visual y plástico confluyen en un evento necesario, gracias a la visión y empeño de Juan Carlos, quien con su propio arte (la transformación de armas incautadas al crimen, en cuadros bellísimos llenos de color y mensaje) ha transmitido la necesidad de que el mundo mire con otros ojos lo que ocurre cuando la violencia se instala como norma.
Talleres, visitas guiadas, exposiciones, encuentros, conferencias y otras actividades más formarán parte de la oferta de esta iniciativa, que resulta indispensable en un periodo en el que los recortes a los sectores de cultura en la región latinoamericana son la norma.
“No hay caminos para la paz; la paz es el camino”, habría dicho Gandhi. Y para llegar a la paz, el arte es hoy una necesidad urgente.
En los años setenta, el dramaturgo chileno Oscar Castro escribió la pieza teatral La Guerra, referida con un poco de humor y sorna a los eventos que predominaron en buena parte de países latinoamericanos en aquel tiempo. Escrita en tiempos de dictadura chilena, en reclusión y bajo acoso, el dramaturgo haría de la puesta en escena un acto de resistencia contra la barbarie y la represión.
Tiempo después, en mi querido Conservatorio de Castella, semillero de artistas a escala mundial, montaríamos esa obra bajo otro nombre: ¿Y dónde está el enemigo? El espectáculo incluía música, coreografía, interacción con el público, en una verdadera maniobra desde el arte para desnudar el sinsentido de los conflictos y la guerra como su máxima expresión.
He pensado todos estos días, a propósito del escenario de crispación social construido por el actual gobierno en Costa Rica, sobre las formas en las que se produce el enemigo, se le nombra y se le ataca.
Particularmente, me ha llamado la atención dos ejes discursivos que con fuerza producen ese enemigo, en especial en redes sociales: la denominación de “zurdo”, idea que fue colocada justamente por algunos representantes del Poder Ejecutivo en alocuciones públicas, para hacer referencia a adversarios o personas distantes de las ideas del gobierno y la utilización del insulto con tintes homofóbicos, proferidos también desde las más altas vocerías gubernamentales. Sobre esto último, no se me ocurre pensar en otra denominación que no sea la de las masculinidades tóxicas que predominan hoy el entorno político que lidera hoy los destinos (¿destinos?) del país.
Ahí está el enemigo. En esas ideas vanas y superficiales a través de las cuales se ha construido esa otredad política, en un peligroso juego narrativo que podría desencadenar en acciones de violencia que lesionen la integridad de las personas, solo por definirse contrarias al pensamiento hegemónico instalado desde hace más de cuatro años.
Lo vimos este 14 de setiembre en Cartago, lugar donde año con año se realizan las celebraciones oficiales vinculadas con la llegada de la antorcha de la independencia al país. La movilización extrema de fuerzas de seguridad, el anillado perimetral para separar al público asistente de las autoridades, la revisión de “material peligroso” como faroles y pancartas, la solicitud de identificación y otros desvaríos, complementaron lo que denominaría como “La Reinvención de Cartago” ahora convertida en esa espacialidad simbólica en la que el gobierno de la república (ahora con minúscula) hizo una demostración de fuerza, prepotencia y autoritarismo.
Las peligrosas acciones en contra de manifestantes, producidas por simpatizantes del oficialismo, no deben ser leídas como parte del calor del momento. La escalada de violencia podría llevarnos a otro nivel en esto que pareciera ser, sin lugar a dudas, el momento del fin de la excepcionalidad en Costa Rica. Así parece y así fuimos leídos por la prensa internacional que cubrió los bochornosos actos del gobierno costarricense esa noche.
¿Dónde está el enemigo? ¿Contra quién es la guerra? Pareciera que ya fueron dadas las condiciones discursivas y ahora podrían empezar a presentarse, esperemos que no, acciones de otra naturaleza. Ya varias personas que han sido abiertamente perseguidas por su desafección política con el oficialismo han tenido que salir del país en busca de refugio. Esto no es ni más ni menos que un escenario de excepcionales rasgos que debemos mirar con atención. Que la reinvención de Cartago no termine siendo un modelo para implementar en el resto del país. Quienes creemos en la libertad, la democracia y el diálogo, aún podemos impedirlo.
Al final todo terminaba formando parte de la misma observación: la espacialidad, el desplazamiento, la llegada, la sincronía. De eso se trata: de la posibilidad de hacer vínculos mas allá de la teoría.
Formo parte de un equipo de investigación del Instituto de Estudios Sociales en Población (IDESPO) de la Universidad Nacional.Estudiamos los impactos de la turistificación en la zona costera de Nosara, en Guanacaste; en concreto, profundizamos los cambios a nivel social, económico y cultural que están provocando en la zona las inmigraciones provenientes del norte global.
Con la consigna de observar y validar una información previamente recabada con la comunidad de Playa Pelada, viajamos el pasado fin de semana.Por razones de logística nos hospedamos la primera noche en la Estación Biológica de la Universidad de Costa Rica ubicada en Playa Ostional
La coincidencia, la posibilidad, la maravilla (que se yo) hizo que lográramos contemplar el espectáculo del arribo masivo de Tortugas Lora para hacer su trabajo y anidar cientos de miles de huevos en las amplias arenas de Ostional.
Nada, absolutamente nada es casualidad.
Como científicos sociales estudiamos las dinámicas de la movilidad humana, pero nos encontramos con este acto colectivo, armonioso, espacial, que pudimos contemplar con las ultimas luces del día viernes 4 de septiembre, cuando la arribada llegaba a su punto más alto.
Creo, sin temor a equivocarme, que he visto dos eventos de la naturaleza que me han cambiado la perspectiva: el eclipse total de sol de 1991 y este maravilloso acto de vivir la vida protagonizado por estos especímenes marinos.
El privilegio fue, es, absoluto.Solo cuatro lugares en el mundo son escenario de tal episodio: Brasil, Sudáfrica, México y Costa Rica.Acosadas por los estragos del cambio ambiental en curso que vuelve cada ve más incierta su programación y trayectoria, las tortugas planean su llegada siguiendo más o menos los ciclos lunares.
Es en el cuarto menguante donde aparecen teatralizando quizá uno de los últimos rituales grupales del planeta.
Aparte de las amenazas ambientales, las arribadas de “La Flota” como las conoce y las apalabra el imaginario local, se enfrentan a la depredación extractiva de quiénes buscan alimentar el mercado negro de venta para su consumo.
Por eso los niveles de organización local incluyen monitoreo y vigilancia permanente, para garantizar un manejo sostenible y comprometido con la especie.Por eso la esperanza de observar varios niños, niñas y jóvenes en labores de recolección.
A la maravilla que supuso esta puesta en escena de la naturaleza acuática, debo agregar con profundo orgullo haber conocido a dos jóvenes estudiantes tesiarias de la carrera de Biología de la Universidad de Costa Rica, que permanecen temporalmente en la estación biológica testeando, analizando, profundizando sus pesquisas.Fuimos testigos de su trabajo en horas de la madrugada, cuando la mayoría de jóvenes de su edad descansan o se divierten.
No solo la conversación repleta se enseñanzas con Elena y Nicoletta valió la pena. Fue la constatación de que el Fondo Especial para la Educación Superior Pública (FEES) cumple su cometido de llegar allí donde se necesita a las universidades públicas.
Hace frio y me falta café (y un abrigo, diría Sui Generis en su mítica Confesiones de Invierno).Me dedico a observar los entretelones de la disposición securitaria que resguardará el feo edificio de la Asamblea Legislativa cuando lleguen los estudiantes universitarios de las principales universidades públicas del país.
“Es una desproporción”- pienso mientras hundo mis manos en un impermeable que algo me protege del viento helado que recorre San José a esta hora.
Y es que, en tiempos de narrativas y discursos de violencia impulsados por el ejecutivo, sus voceros y sus tik tokers, qué práctica no termina siendo desproporcionada.
Entonces pienso en los signos de los tiempos que nos tocó vivir.
Allí, en esa plaza, hace unas semanas, el significado de plantón adquirió un nuevo sentido.Ahora es una forma de lucha que se lucha de pie, aunque en otros países la imagen sea la “sentada”, como muy bien recupera en sus trabajos sobre luchas migrantes en Mesoamérica la querida colega y activista Amarela Varela.
Allí en esa plaza, saludo viejos y nuevos amigos. Algunos me alertan sobre los peligros que acechan.El cerco es muy grande.Tanto, que este fin de semana un diario nacional incluyó como caso emblemático de costarricenses solicitantes de refugio, una persona amenazada de muerte por emitir en sus redes sociales opiniones contrarias a la entonces candidata (hoy presidenta).
Así las cosas…
Reflexiono. Son otros tiempos. Se debe responder de otra manera. Y esa otra manera entró bailando con una fuerza descomunal allí, en el lugar donde semanas antes algo quizá diferente en la resistencia se haya iniciado.
Comparto la observación con el querido premio Magón Manuel Monestel, cantautor costarricense, sociólogo investigador cultural. Quizá casi nadie recuerda que Manuel junto con su legendaria Cantoamérica fue parte de la banda sonora del movimiento universitario de 1991, aquel que terminó provocando la salida del entonces ministro de Hacienda Thelmo Vargas.Allí estuvimos.
Si, eran otros tiempos. Pero entonces como ahora la música, el arte en general tomó las calles y llenó todo de ritmo, color, formas.
Observamos las formas y los fondos.
– que lindo”- me dice Manuel al mirar ese extraordinario ritmo emplazando el espacio.Le digo que ya esos movimientos, los que protagonizaban los estudiantes en aquel momento, no los podríamos hacer ni el ni yo.
Luego de unos segundos de silencio Manuel me tira una bocanada que la recojo con gusto: – ¿quién dice que no?
En esta época el movimiento debe ser la norma. Es cierto: lo que no se mueve, se termina moviendo.
Al pensar en escribir esta crónica me doy a la tarea de buscar evidencia audiovisual que complemente mi observación, realizada al mediodía del viernes 21 de agosto en el propio pretil de la Universidad de Costa Rica.
Mientras hago la búsqueda, doy con un zafarrancho grabado en una actividad festiva en el centro del país.Una batalla campal que involucraba hombres adultos y policías. Todos trenzados en golpes, patadas, insultos. Se volvió viral.
Mientras observo el material, vuelvo a la mañana del 21 de agosto y la pregunta que me hago es si son comparables ambas “batallas” y si habría que buscar entonces otra forma de denominar eso que se ha dado en llamar en español “la batalla de aura”, traducción libre y conveniente del inglés “aura farming”.
¿Por qué estuve allí justo a esa hora?
Fui convocado a la segunda reunión de la recién creada Red Interuniversitaria en Movilidades Humanas (RIMHU), que aglutina diferentes profesionales trabajando en este tema. La reunión se celebraría en las instalaciones del recordado Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) ubicadas en el Campusde la Universidad de Costa Rica, en San Pedro de Montes de Oca.
Debo reconocer que mi viaje al pasado fue inmediato.Al cruzar la Plaza 24 de abril se me activó en la memoria los vivos recuerdos de las jornadas de lucha por el presupuesto de la educación superior pública en 1991 y las largas horas de clase y estudio en sociología, en el antiguo edificio de la Facultad de Ciencias Sociales.
Todo eso mezclado con la emoción de una extraordinaria sesión de trabajo en la que delineamos los primeros bosquejos de una figura que propone incidencia y acompañamiento en el tema de las movilidades humanas en Costa Rica.
Al salir de la reunión me dispuse a volver al camino que me llevara de vuelta a los recuerdos. Al cruzar de nuevo la 24 de abril noto y escucho un intenso barullo cercano. Mi percepción me lleva a voltear inmediatamente la mirada hacia el Edificio de Estudios Generales, convertido en una inmensa tribuna con sus dos pisos superiores abarrotados de espectadores, a los que la altura les daba un lugar privilegiado en la observación.
Camino unos pasos más y me encuentro con un redondel humano improvisado, a un costado de las tribunas que se levantan expectantes. El barullo proviene de una voz colectiva que reacciona y traduce la emoción: del rechazo a la aprobación, todo en cuestión de segundos.No veo violencia, no noto inseguridad en la actividad. Veo juego, expresión y un espacio abierto dispuesto para el encuentro.
(Pienso en el video del zafarrancho y vuelvo a preguntarme por el correcto nombrar de las cosas como un acto político)
Trato de inmiscuirme entre el grupo. No tengo éxito.Trato de erguirme lo más que puedo para mirar al interior del redondel, lo que ocurre allí.
Lo que logro observar, son tres o cuatro jóvenes protagonistas de la contienda de turno.Es cierto que los gestos son lo importante, pues con ellos se logra la aprobación-desaprobación del colectivo. Entre líneas leo-veo actitudes, expresiones, reacciones corporales y gestuales.
Trato de mirar y sentir lo más que puedo, cuando al lado dos jóvenes se colaboran levantando uno al otro en sus hombros. Ahora los privilegiados son ellos.Aprovechando el momento de apoteosis, le solicito al “de arriba” que tome unas fotos con mi teléfono. No sé en qué momento logró cerca de 10 imágenes. – “le tomé algunas”- me dice mientras sigue con su vista fija en el centro del redondel.
Estar ahí, en ese momento, me confirma varias reflexiones y apuntes hechos de previo: se trata de un juego.Dicho esto, me permito recordar que para nuestras generaciones jóvenes fue pulverizada la noción de futuro y es el presente el que ahora es incierto. Por eso las posibilidades de ser, en estos momentos, deben considerar “el derecho al delirio”, al decir de Eduardo Galeano. Jugar en estos tiempos y de la forma que lo hacen, debe ser considerado una estrategia de resistencia contra la inmovilidad y la aprehensión del presente.
La otra reflexión que me surge es de naturaleza conceptual: lo que observo es una acción de presentación del yo, de acuerdo con Erving Gofman. Entonces me pregunto qué condiciones distancian estas competencias a todas luces formadoras de una colectivización inmediata, de las diatribas violentas y peligrosas que un día sí y otro también observamos en medios de comunicación y redes sociales.
¿Cuál yo está tras la violencia y el insulto?
Hace sol y un poco de calor.Mi observación ha concluido y me retiro con sigilo entre la muchedumbre que sigue aprobando-rechazando en coro. Mientras me alejo pienso en la metáfora del redondel que decide: el circulo, en perfecta sincronía.Tal vez esa sea la próxima acción que nos permita reconstruirnos como proyecto social.
Que el juego y la alegría colectiva nos señale el camino.
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