Ir al contenido principal

Etiqueta: Memo Acuña

Lo que no se parece

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Empiezan a salir a la luz pública costarricense casos denunciados por familiares de ticos detenidos en las instalaciones de ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas), en Estados Unidos.

La preocupación de estas personas es evidente: sus familiares permanecen en condiciones difíciles y algunos de ellos con problemas de salud que no han sido atendidos de forma adecuada.

Ya se han conocido dos casos en lo que va del año, de personas migrantes costarricenses que fallecieron en sus condiciones de detención o que fueron entregadas en mal estado de salud por las autoridades migratorias de aquel país.

Hasta ahora, la omisión oficial ha sido la respuesta. Consecuente, eso sí, con un burdo alineamiento diplomático local con las locuras desquiciantes del presidente Trump en materia migratoria.

No deja uno de pensar en lo que viene.

Porque lo que viene podría ser peor si se considera la forma en la que operadores de la política local asumen la diversidad y la entienden. Si es así, son explicables omisiones y emisiones de mal gusto.

Tiene uno que tomar aire para escribir sobre estas cosas. Ya se sabe, sí, que lo banal y superficial son los ejes que mueven los discursos y narrativas oficiales en el país.

Eso y esa mala retórica construida por las extremas políticas que campean en la región, en la que los odios suelen colocarse sobre los “otros” a los que se les denomina “zurdos” o lo que es peor, “bloque opositor comunista”. Sobre esto último escribiré en otro momento para el caso doméstico.

Me gustaría regresar a la banalidad que da paso al racismo y xenofobia solapadas. Como si hiciera gracia, el secretario general del partido oficialista Pueblo Soberano soltó una de sus tantas joyas del lenguaje y confirmó en su decir que “todos los chinos se parecen”.

Caso en desarrollo aparte, esta frase condensa cierto ADN que aparece cada cierto tiempo en buena parte de la población nacional, para la que origen, color de piel y clase son suficientes motivos en prácticas de discriminación.

Que la haya dicho el secretario del partido en el gobierno, ya no sorprende. Ya nada nos sorprende.

Si para este personaje “todos los chinos se parecen”, para nosotros hay cosas como la dignidad y la decencia que se van pareciendo menos a sus actos. Cada vez menos. Cada vez más pequeños.

Cada vez más.

Estética de lo horrendo

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Son feos. Digo. Corporalmente.

Tienen patillas pronunciadas o barbas sospechosamente simétricas. Son anaranjados o de facciones desiguales que hacen lucir sus dentaduras como corredores desordenados. Visten la tosquedad del protocolo de la comunicación y la propaganda extremista de los años cuarenta del siglo anterior.

Eso es lo que son. Esa representación del poder mediante la mueca, la burla y el cinismo. Una observación de cerca a toda su teatralidad evidencia esa fea estética del poder que hoy campea por América Latina. Y más acá.

Feos, locos, desencajados.

Pero lo que sorprende, si es que algo sorprende ya en un país como Costa Rica, es la fealdad física de quienes detentan el poder (ellos mismos se han encargado de afear sus facciones a través de la mueca, la máscara, el insulto) sumada a la fealdad de espíritu que los caracteriza en su ejercicio político.

Ahí sí son feos con ganas.

Lo voy a decir con todas las palabras posibles: la fealdad y pobreza de espíritu mostrada por la bancada oficialista en la Asamblea Legislativa no tiene comparación alguna.

Recién se conoce la dimensión del drama migrante costarricense con dos personas fallecidas este 2026 en sus condiciones de detención por parte de ICE. La última de ellas falleció a falta de atención médica y acceso a alimentación adecuada, lo que produjo voces de indignación de varios sectores locales.

Lo que se solicitó en plenario fue solamente un acto simbólico de homenaje para esta persona, a lo que la bancada oficialista se negó en su mayor parte.

La estética del horror termina fusionando caras y cuerpos con sus espíritus. A esa representación acudimos hoy. Que esa fealdad absoluta no pueda cristalizar su proyecto de destrucción de la institucionalidad democrática costarricense.

Una pequeña luz hermosa de resistencia y rebeldía se viene prendiendo. Ante la fealdad, la belleza.

Que así sea.

A la paz por el arte

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Estos tiempos que vivimos nos invitan a crear y creer otras formas posibles de resistencia. No es gratuito que la reacción generalizada ante la barbarie en la Asamblea General de las Naciones Unidas haya sido el retiro masivo de las delegaciones nacionales como acto de protesta.

Por eso lo simbólico, la representación y la estética van de la mano. Y generalmente acompañan causas en las que la dignidad está de por medio.

Por eso también debo decirlo con todas las palabras: la vergüenza y la rabia que me produjo la reacción oficialista legislativa costarricense al oponerse a celebrar un acto de apoyo en memoria de la última persona costarricense fallecida y detenida por ICE en virtud de su condición migratoria. Vergüenza y rabia. Porque lo simbólico hoy también es político.

En medio de este contexto, el arte es y debe ser un vehículo necesario. Hablar de paz y acometerla mediante la expresión, la estética y la belleza es sin lugar a dudas el principal aporte que se puede dar ante la sombra, el dolor y el horror.

En esta semana que termina, la Fundación Transformación en Tiempos Violentos decidió llevar adelante una actividad de dimensiones quijotescas. De la mano de su director, el artista plástico costarricense Juan Carlos Chavarría, organizó un megaevento llamado “Exposición Internacional arte por la Paz”.

Más de 100 artistas nacionales e internacionales de muy variada formación participarán en esta aventura, cuya actividad central (una muestra de obras plásticas) permanecerá instalada en el Museo Histórico Juan Santamaría, ubicado en la ciudad de Alajuela, hasta los primeros meses de 2027.

Música, poesía, arte escénico, arte visual y plástico confluyen en un evento necesario, gracias a la visión y empeño de Juan Carlos, quien con su propio arte (la transformación de armas incautadas al crimen, en cuadros bellísimos llenos de color y mensaje) ha transmitido la necesidad de que el mundo mire con otros ojos lo que ocurre cuando la violencia se instala como norma.

Talleres, visitas guiadas, exposiciones, encuentros, conferencias y otras actividades más formarán parte de la oferta de esta iniciativa, que resulta indispensable en un periodo en el que los recortes a los sectores de cultura en la región latinoamericana son la norma.

“No hay caminos para la paz; la paz es el camino”, habría dicho Gandhi. Y para llegar a la paz, el arte es hoy una necesidad urgente.

Que nunca se apague su luz.

La reinvención de Cartago

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

En los años setenta, el dramaturgo chileno Oscar Castro escribió la pieza teatral La Guerra, referida con un poco de humor y sorna a los eventos que predominaron en buena parte de países latinoamericanos en aquel tiempo. Escrita en tiempos de dictadura chilena, en reclusión y bajo acoso, el dramaturgo haría de la puesta en escena un acto de resistencia contra la barbarie y la represión.

Tiempo después, en mi querido Conservatorio de Castella, semillero de artistas a escala mundial, montaríamos esa obra bajo otro nombre: ¿Y dónde está el enemigo? El espectáculo incluía música, coreografía, interacción con el público, en una verdadera maniobra desde el arte para desnudar el sinsentido de los conflictos y la guerra como su máxima expresión.

He pensado todos estos días, a propósito del escenario de crispación social construido por el actual gobierno en Costa Rica, sobre las formas en las que se produce el enemigo, se le nombra y se le ataca.

Particularmente, me ha llamado la atención dos ejes discursivos que con fuerza producen ese enemigo, en especial en redes sociales: la denominación de “zurdo”, idea que fue colocada justamente por algunos representantes del Poder Ejecutivo en alocuciones públicas, para hacer referencia a adversarios o personas distantes de las ideas del gobierno y la utilización del insulto con tintes homofóbicos, proferidos también desde las más altas vocerías gubernamentales. Sobre esto último, no se me ocurre pensar en otra denominación que no sea la de las masculinidades tóxicas que predominan hoy el entorno político que lidera hoy los destinos (¿destinos?) del país.

Ahí está el enemigo. En esas ideas vanas y superficiales a través de las cuales se ha construido esa otredad política, en un peligroso juego narrativo que podría desencadenar en acciones de violencia que lesionen la integridad de las personas, solo por definirse contrarias al pensamiento hegemónico instalado desde hace más de cuatro años.

Lo vimos este 14 de setiembre en Cartago, lugar donde año con año se realizan las celebraciones oficiales vinculadas con la llegada de la antorcha de la independencia al país. La movilización extrema de fuerzas de seguridad, el anillado perimetral para separar al público asistente de las autoridades, la revisión de “material peligroso” como faroles y pancartas, la solicitud de identificación y otros desvaríos, complementaron lo que denominaría como “La Reinvención de Cartago” ahora convertida en esa espacialidad simbólica en la que el gobierno de la república (ahora con minúscula) hizo una demostración de fuerza, prepotencia y autoritarismo.

Las peligrosas acciones en contra de manifestantes, producidas por simpatizantes del oficialismo, no deben ser leídas como parte del calor del momento. La escalada de violencia podría llevarnos a otro nivel en esto que pareciera ser, sin lugar a dudas, el momento del fin de la excepcionalidad en Costa Rica. Así parece y así fuimos leídos por la prensa internacional que cubrió los bochornosos actos del gobierno costarricense esa noche.

¿Dónde está el enemigo? ¿Contra quién es la guerra? Pareciera que ya fueron dadas las condiciones discursivas y ahora podrían empezar a presentarse, esperemos que no, acciones de otra naturaleza. Ya varias personas que han sido abiertamente perseguidas por su desafección política con el oficialismo han tenido que salir del país en busca de refugio. Esto no es ni más ni menos que un escenario de excepcionales rasgos que debemos mirar con atención. Que la reinvención de Cartago no termine siendo un modelo para implementar en el resto del país. Quienes creemos en la libertad, la democracia y el diálogo, aún podemos impedirlo.

Menguará la luna

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Al final todo terminaba formando parte de la misma observación: la espacialidad, el desplazamiento, la llegada, la sincronía. De eso se trata: de la posibilidad de hacer vínculos mas allá de la teoría.

Formo parte de un equipo de investigación del Instituto de Estudios Sociales en Población (IDESPO) de la Universidad Nacional. Estudiamos los impactos de la turistificación en la zona costera de Nosara, en Guanacaste; en concreto, profundizamos los cambios a nivel social, económico y cultural que están provocando en la zona las inmigraciones provenientes del norte global.

Con la consigna de observar y validar una información previamente recabada con la comunidad de Playa Pelada, viajamos el pasado fin de semana. Por razones de logística nos hospedamos la primera noche en la Estación Biológica de la Universidad de Costa Rica ubicada en Playa Ostional

La coincidencia, la posibilidad, la maravilla (que se yo) hizo que lográramos contemplar el espectáculo del arribo masivo de Tortugas Lora para hacer su trabajo y anidar cientos de miles de huevos en las amplias arenas de Ostional.

Nada, absolutamente nada es casualidad.

Como científicos sociales estudiamos las dinámicas de la movilidad humana, pero nos encontramos con este acto colectivo, armonioso, espacial, que pudimos contemplar con las ultimas luces del día viernes 4 de septiembre, cuando la arribada llegaba a su punto más alto.

Creo, sin temor a equivocarme, que he visto dos eventos de la naturaleza que me han cambiado la perspectiva: el eclipse total de sol de 1991 y este maravilloso acto de vivir la vida protagonizado por estos especímenes marinos.

El privilegio fue, es, absoluto. Solo cuatro lugares en el mundo son escenario de tal episodio: Brasil, Sudáfrica, México y Costa Rica. Acosadas por los estragos del cambio ambiental en curso que vuelve cada ve más incierta su programación y trayectoria, las tortugas planean su llegada siguiendo más o menos los ciclos lunares.

Es en el cuarto menguante donde aparecen teatralizando quizá uno de los últimos rituales grupales del planeta.

Aparte de las amenazas ambientales, las arribadas de “La Flota” como las conoce y las apalabra el imaginario local, se enfrentan a la depredación extractiva de quiénes buscan alimentar el mercado negro de venta para su consumo.

Por eso los niveles de organización local incluyen monitoreo y vigilancia permanente, para garantizar un manejo sostenible y comprometido con la especie. Por eso la esperanza de observar varios niños, niñas y jóvenes en labores de recolección.

A la maravilla que supuso esta puesta en escena de la naturaleza acuática, debo agregar con profundo orgullo haber conocido a dos jóvenes estudiantes tesiarias de la carrera de Biología de la Universidad de Costa Rica, que permanecen temporalmente en la estación biológica testeando, analizando, profundizando sus pesquisas. Fuimos testigos de su trabajo en horas de la madrugada, cuando la mayoría de jóvenes de su edad descansan o se divierten.

No solo la conversación repleta se enseñanzas con Elena y Nicoletta valió la pena. Fue la constatación de que el Fondo Especial para la Educación Superior Pública (FEES) cumple su cometido de llegar allí donde se necesita a las universidades públicas.

Allí. En el corazón mismo de la vida.

Lo que no se mueve se termina moviendo – Crónica

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Hace frio y me falta café (y un abrigo, diría Sui Generis en su mítica Confesiones de Invierno). Me dedico a observar los entretelones de la disposición securitaria que resguardará el feo edificio de la Asamblea Legislativa cuando lleguen los estudiantes universitarios de las principales universidades públicas del país.

“Es una desproporción”- pienso mientras hundo mis manos en un impermeable que algo me protege del viento helado que recorre San José a esta hora.

Y es que, en tiempos de narrativas y discursos de violencia impulsados por el ejecutivo, sus voceros y sus tik tokers, qué práctica no termina siendo desproporcionada.

Entonces pienso en los signos de los tiempos que nos tocó vivir.

Allí, en esa plaza, hace unas semanas, el significado de plantón adquirió un nuevo sentido. Ahora es una forma de lucha que se lucha de pie, aunque en otros países la imagen sea la “sentada”, como muy bien recupera en sus trabajos sobre luchas migrantes en Mesoamérica la querida colega y activista Amarela Varela.

Allí en esa plaza, saludo viejos y nuevos amigos. Algunos me alertan sobre los peligros que acechan. El cerco es muy grande. Tanto, que este fin de semana un diario nacional incluyó como caso emblemático de costarricenses solicitantes de refugio, una persona amenazada de muerte por emitir en sus redes sociales opiniones contrarias a la entonces candidata (hoy presidenta).

Así las cosas…

Reflexiono. Son otros tiempos. Se debe responder de otra manera. Y esa otra manera entró bailando con una fuerza descomunal allí, en el lugar donde semanas antes algo quizá diferente en la resistencia se haya iniciado.

Comparto la observación con el querido premio Magón Manuel Monestel, cantautor costarricense, sociólogo investigador cultural. Quizá casi nadie recuerda que Manuel junto con su legendaria Cantoamérica fue parte de la banda sonora del movimiento universitario de 1991, aquel que terminó provocando la salida del entonces ministro de Hacienda Thelmo Vargas. Allí estuvimos.

Si, eran otros tiempos. Pero entonces como ahora la música, el arte en general tomó las calles y llenó todo de ritmo, color, formas.

Observamos las formas y los fondos.

– que lindo”- me dice Manuel al mirar ese extraordinario ritmo emplazando el espacio. Le digo que ya esos movimientos, los que protagonizaban los estudiantes en aquel momento, no los podríamos hacer ni el ni yo.

Luego de unos segundos de silencio Manuel me tira una bocanada que la recojo con gusto: – ¿quién dice que no?

En esta época el movimiento debe ser la norma. Es cierto: lo que no se mueve, se termina moviendo.

A eso vamos.

Esto está empezando y “ya no siento frío…”

Estar ahí – crónica

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Al pensar en escribir esta crónica me doy a la tarea de buscar evidencia audiovisual que complemente mi observación, realizada al mediodía del viernes 21 de agosto en el propio pretil de la Universidad de Costa Rica.

Mientras hago la búsqueda, doy con un zafarrancho grabado en una actividad festiva en el centro del país. Una batalla campal que involucraba hombres adultos y policías. Todos trenzados en golpes, patadas, insultos. Se volvió viral.

Mientras observo el material, vuelvo a la mañana del 21 de agosto y la pregunta que me hago es si son comparables ambas “batallas” y si habría que buscar entonces otra forma de denominar eso que se ha dado en llamar en español “la batalla de aura”, traducción libre y conveniente del inglés “aura farming”.

¿Por qué estuve allí justo a esa hora?

Fui convocado a la segunda reunión de la recién creada Red Interuniversitaria en Movilidades Humanas (RIMHU), que aglutina diferentes profesionales trabajando en este tema. La reunión se celebraría en las instalaciones del recordado Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) ubicadas en el Campus de la Universidad de Costa Rica, en San Pedro de Montes de Oca.

Debo reconocer que mi viaje al pasado fue inmediato. Al cruzar la Plaza 24 de abril se me activó en la memoria los vivos recuerdos de las jornadas de lucha por el presupuesto de la educación superior pública en 1991 y las largas horas de clase y estudio en sociología, en el antiguo edificio de la Facultad de Ciencias Sociales.

Todo eso mezclado con la emoción de una extraordinaria sesión de trabajo en la que delineamos los primeros bosquejos de una figura que propone incidencia y acompañamiento en el tema de las movilidades humanas en Costa Rica.

Al salir de la reunión me dispuse a volver al camino que me llevara de vuelta a los recuerdos. Al cruzar de nuevo la 24 de abril noto y escucho un intenso barullo cercano. Mi percepción me lleva a voltear inmediatamente la mirada hacia el Edificio de Estudios Generales, convertido en una inmensa tribuna con sus dos pisos superiores abarrotados de espectadores, a los que la altura les daba un lugar privilegiado en la observación.

Camino unos pasos más y me encuentro con un redondel humano improvisado, a un costado de las tribunas que se levantan expectantes. El barullo proviene de una voz colectiva que reacciona y traduce la emoción: del rechazo a la aprobación, todo en cuestión de segundos. No veo violencia, no noto inseguridad en la actividad. Veo juego, expresión y un espacio abierto dispuesto para el encuentro.

(Pienso en el video del zafarrancho y vuelvo a preguntarme por el correcto nombrar de las cosas como un acto político)

Trato de inmiscuirme entre el grupo. No tengo éxito. Trato de erguirme lo más que puedo para mirar al interior del redondel, lo que ocurre allí.

Lo que logro observar, son tres o cuatro jóvenes protagonistas de la contienda de turno. Es cierto que los gestos son lo importante, pues con ellos se logra la aprobación-desaprobación del colectivo. Entre líneas leo-veo actitudes, expresiones, reacciones corporales y gestuales.

Trato de mirar y sentir lo más que puedo, cuando al lado dos jóvenes se colaboran levantando uno al otro en sus hombros. Ahora los privilegiados son ellos. Aprovechando el momento de apoteosis, le solicito al “de arriba” que tome unas fotos con mi teléfono. No sé en qué momento logró cerca de 10 imágenes. – “le tomé algunas”- me dice mientras sigue con su vista fija en el centro del redondel.

Estar ahí, en ese momento, me confirma varias reflexiones y apuntes hechos de previo: se trata de un juego. Dicho esto, me permito recordar que para nuestras generaciones jóvenes fue pulverizada la noción de futuro y es el presente el que ahora es incierto. Por eso las posibilidades de ser, en estos momentos, deben considerar “el derecho al delirio”, al decir de Eduardo Galeano. Jugar en estos tiempos y de la forma que lo hacen, debe ser considerado una estrategia de resistencia contra la inmovilidad y la aprehensión del presente.

La otra reflexión que me surge es de naturaleza conceptual: lo que observo es una acción de presentación del yo, de acuerdo con Erving Gofman. Entonces me pregunto qué condiciones distancian estas competencias a todas luces formadoras de una colectivización inmediata, de las diatribas violentas y peligrosas que un día sí y otro también observamos en medios de comunicación y redes sociales.

¿Cuál yo está tras la violencia y el insulto?

Hace sol y un poco de calor. Mi observación ha concluido y me retiro con sigilo entre la muchedumbre que sigue aprobando-rechazando en coro. Mientras me alejo pienso en la metáfora del redondel que decide: el circulo, en perfecta sincronía. Tal vez esa sea la próxima acción que nos permita reconstruirnos como proyecto social.

Que el juego y la alegría colectiva nos señale el camino.

La estética de lo atroz

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

La normalización de una comunicación altisonante en la que el discurso falaz y descalificador prevalece es ya parte de la cultura política oficial en Costa Rica, o lo que es lo mismo, del oficialismo.

Un día sí y otro también sus interlocutores (expresidente, presidenta, ministros, diputados, influencer y medios de comunicación aliados) hacen de la posverdad, la mentira y el insulto, la forma en la que producen el doble juego de lo dicho y luego una defensa a ultranza de eso que se dijo. Esto no es ni más ni menos que una batalla sociocultural con resultado incierto.

El escenario político costarricense ha sido permeado en los últimos cuatro años y medio por una estética comunicativa signada por lo formal y menos por el sentido y el significado.

Debemos decirlo: han hecho de la fealdad política una bandera, en la que no importa el mecanismo y la plataforma usadas. Lo que al final resulta positivo para este bien aceitado engranaje es levantar una narrativa en la cual los otros sean el enemigo a vencer.

Las filiaciones políticas, prácticas sociales, sistemas educativos públicos hasta las identidades sexuales, todas han sido construidas desde lo mas primitivo de los discursos emitidos estratégicamente.

Ahora que lo pienso bien, la fealdad de esta gente no es solo política. Han hecho que lo atroz aparezca como signo de los nuevos tiempos.

A cuidarnos de eso los otros. Nosotros.

Cuando el arte cose

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Vivimos tiempos distópicos y complejos. Es una frase que he repetido en varias ocasiones a lo largo de esta columna que hemos escrito durante seis años ya.

También hemos reflexionado a propósito de acometer con recursos inter y transdiciplinarios esta realidad y sus resquicios.

Hemos aludido a la relación necesaria entre las ciencias sociales y las artes, como ese camino que nos llevará de la mano a explorar nuevas formas de hacernos preguntas y abordar con sensibilidad esto que nos tocó vivir.

Mirar desde ese otro lugar es justamente lo que ocurrió en la semana entre el 3 y el 7 de agosto en la Universidad Nacional en Costa Rica.

Organizada por la académica de la Escuela de Sociología y doctoranda Rebeca Espinoza, la actividad tuvo como objetivo conocer el proyecto “Un cuerpo por coser”, consistente en un libro de autoficción del mismo nombre escrito por la Doctora Edna Manotas Salcedo, acerca de su proceso corporal y emocional como resultado del cáncer de mama e ilustrado por la productora audiovisual, también doctora, Adriana Moreno Acosta.

El proyecto también contaba con una muestra fotográfica e ilustrada sobre frases y metáforas incluidas en el texto cuya puesta en escena se llevó a cabo en las instalaciones de la Biblioteca Especializada en Ciencias Sociales.

A lo largo de los días Edna y Adriana compartieron talleres, charlas, lecturas de fragmentos del libro en voz alta y en y todas las actividades sobresalió la idea de impulsar la fuerza colectiva, desmontar los patrones históricos de socialización que inhiben expresar el dolor o mostrar esas corporalidades otras que no siguen el canon estético hegemónico y dominante. Es decir, desprogramarse para ser posible.

Cuando la mediación artística y la investigación-creación se vinculan, resulta inevitable mirar desde otros lugares los procesos y las dinámicas que nos atraviesan.

Soy convencido que el arte salva, el arte repara, el arte cose. Y que más evocación que este fragmento del prólogo escrito por Edna para convencernos de que al lado de la estética, el arte constituye el más político de los actos desarrollados por los seres humanos:

“Escribo para juntar mis pedazos. Los reparo con ellas, como un acto de memoria, para recordarme que perdí muchas cosas, que anhelé otras, que mi alma ha transitado por vacíos que he rellenado con colores, con amor…y a veces con rabia”.

Si. Yo también creo en otros mundos posibles. Poesibles además.

El día después

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Imagine despertar en Santiago de Chile el 12 de setiembre de 1973. Ahora imagine hacerlo en Buenos Aires o en cualquier lugar de Argentina el 25 de marzo de 1976. Haga el ejercicio de estar en Tegucigalpa el 29 de junio de 2009.

En los tres casos el elemento común es que el día anterior hubo una ruptura del orden institucional y constitucional y los mandatarios de los tres países fueron depuestos.

Hubo un golpe de estado. Real. Consumado.

Lo que siguió a continuación fue una escalada de violencia en la que la tortura, las desapariciones, las violaciones y los asesinatos estuvieron a la orden. Las persecuciones en contra de los adversarios a los nuevos regímenes instalados se multiplicaron.

En los tres países hubo ciertamente golpes de estado de facto, porque fueron consumados con graves resultados para la ciudadanía y el tejido social en dichas sociedades.

Ahora haga el ejercicio de pensarse en cualquier lugar de Costa Rica el día después que irresponsablemente la presidenta de la República denominara como “golpe de estado” la decisión de la Sala IV para nombrar en prórroga a 12 magistrados suplentes para el Poder Judicial.

No solo fueron irresponsables y temerarias estas aseveraciones, que además se realizaron en un acto teatral y simbólico de muy pobre escenario, con parte de la fracción oficialista detrás suyo sin ninguna participación activa más que asentir mecánicamente a su discurso.

Es que, de un plomazo, la mandataria igualó sin reparo y consideración los graves hechos ocurridos en otros contextos latinoamericanos, a una estrategia espuria y manifiesta del Ejecutivo por controlar el Poder Judicial costarricense.

Visto entonces el error técnico, político y ético cometido, habría que señalar algunas acciones que podrían definirse en el campo de los autoritarismos y que provienen justamente de ese mismo poder ejecutivo que denunció ese supuesto golpe de estado en contra de la Asamblea Legislativa.

Entre algunas de ellas, destaca la preocupante prohibición de estimular el pensamiento crítico en las aulas del sistema educativo costarricense, lo cual nos parece de sumo cuidado y debe alertarnos sobre los límites que este gobierno quiere imponer.

Ciertamente es una hora compleja para la democracia costarricense. Como modelo perfectible que es, debe ser protegida de acciones como las impulsadas por el propio gobierno de Costa Rica.

A cuidarla estamos llamados.