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Al ministro Zamora

Sylvia Montero Mejía
Tres Ríos

14 de marzo de 2026.

¡Es que no puedo permanecer indiferente!

¡Es que no puedo guardar silencio!

¡Es que no puedo aceptar que esto suceda en Costa Rica!

Y es que no podemos permitir que se comentan atropellos que nunca, en ninguna circunstancia, ¡se habían visto en Costa Rica!

Detener a 33 migrantes, esposarlos sin justificación alguna y montarlos en un avión, como bultos que se llevan en la sección de carga, es sencillamente intolerable; es un acto brutal que no tiene precedente en nuestro país.

Y tiene, ese indigno funcionario, el atrevimiento, el descaro, la desfachatez de decir que estaba cumpliendo una promesa hecha a una exfuncionaria del gobierno de Trump que estuvo hace ocho meses en Costa Rica.

Y tiene, ese repulsivo ser humano, la osadía de justificar semejante vileza, de buscar una salida a su odiosa medida con argumentos sustentados en el servilismo, en el entreguismo más abyecto, en el más sucio de los actos en que puede caer un ser humano: la venta de su conciencia.

Verdaderamente esta noticia subleva nuestro espíritu, choca de frente con la tradición costarricense de recurrir al debido proceso, pero por otro lado armoniza perfectamente con lo que sucede en las dictaduras vecinas de El Salvador y Nicaragua.

Esto que ha hecho este ministro (que se hace llamar “de seguridad”) no puede quedar impune. Es un acto brutal, inhumano, violento. Esos deportados deben regresar a Costa Rica. Dejaron su ropa, su trabajo y sus familias.

Zamora: ¡devuélvalos! Usted no es dueño de la vida de ningún ser humano.

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