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¿Es posible que la familia sustituya a la ciudadanía? Género, clase y restauración conservadora en las Américas

Rodrigo Campos Hernández

Por MSc. Rodrigo H. Campos Hernández

Una propuesta que hasta hace poco habría parecido confinada a los márgenes más excéntricos del fundamentalismo religioso ha comenzado a circular con inesperada naturalidad en Estados Unidos: sustituir el sufragio individual por un único “voto por hogar”. Según sus promotores, cada familia debería expresarse políticamente como una sola unidad, representada por quien ejerza su jefatura. Aunque el lenguaje utilizado evita algunas veces decir abiertamente que las mujeres deben perder el derecho al voto, la consecuencia material resulta difícil de ocultar: dentro del modelo tradicional defendido por estos sectores, la voz política del hogar sería ejercida normalmente por el esposo.

La controversia adquirió mayor visibilidad durante la Women’s Leadership Summit de Turning Point USA, celebrada en junio de 2026. La reunión, encabezada por Erika Kirk, directora ejecutiva de esa organización, presentó como oradora a Savanna Faith Stone, una joven influenciadora que cuestiona abiertamente el sufragio femenino y defiende la representación política por hogares. Algunas asistentes declararon incluso que estarían dispuestas a renunciar a su voto si ello contribuyera al triunfo de un proyecto político más conservador. El encuentro combinó activismo electoral, religiosidad cristiana, maternidad idealizada, rechazo del feminismo y exaltación de los papeles tradicionales de género.

No existe, hasta el momento, una declaración inequívoca de Erika Kirk solicitando formalmente la derogación de la Decimonovena Enmienda. Pero la responsabilidad política no se determina solamente mediante confesiones literales. También se infiere de las ideas a las que se concede tribuna, de los públicos que se organizan, de las sensibilidades que se educan y de los límites que deliberadamente se hacen retroceder. Dirigir una organización que legitima y amplifica una doctrina supone algo más que permanecer neutral ante ella.

La Decimonovena Enmienda prohíbe que el Gobierno federal o los estados nieguen o restrinjan el voto por razón del sexo. Una reforma directa de esa disposición enfrenta enormes obstáculos constitucionales. Sin embargo, reducir el problema a la improbabilidad inmediata de su derogación sería un grave error. La amenaza más profunda no consiste en que mañana desaparezca jurídicamente el sufragio femenino, sino en que la desigualdad política de las mujeres vuelva a ser presentada como una opción legítima, discutible y hasta moralmente virtuosa.

Las regresiones democráticas rara vez comienzan con la aprobación de su medida más extrema. Comienzan haciendo imaginable aquello que una sociedad había aprendido a considerar inadmisible.

La familia no habla: alguien habla en su nombre

La expresión “voto por hogar” puede parecer, a primera vista, una propuesta para fortalecer la familia. Su formulación contiene palabras afectivamente poderosas: unidad, compromiso, responsabilidad, tradición. Pero debajo de ellas se oculta una transformación radical del concepto moderno de ciudadanía.

La democracia reconoce, al menos normativamente, a cada persona adulta como sujeto autónomo de derechos políticos. El voto por hogar reemplazaría a la persona por una entidad colectiva llamada familia. Esa familia tendría una sola voluntad y una única voz. Pero la familia no habla. Alguien habla en su nombre.

Dentro de la antropología cristiana patriarcal que sostiene la propuesta, esa persona no sería escogida mediante una deliberación democrática entre sus integrantes. La autoridad vendría definida de antemano por una supuesta ley natural o divina: el marido representa, la esposa acompaña y los hijos obedecen.

La mujer no sería necesariamente expulsada de la comunidad política. Su personalidad política sería absorbida por la del esposo. Se recuperaría así, bajo formas contemporáneas, la antigua lógica jurídica de la coverture, según la cual la personalidad civil de la mujer casada quedaba subsumida en la de su marido.

La pregunta fundamental no es, entonces, si la familia debe tener reconocimiento social. Por supuesto que debe tenerlo. La pregunta es quiénes integran esa familia, cómo se distribuye el poder dentro de ella y qué ocurre con quienes no se ajustan al modelo declarado como natural.

¿Qué persona representaría a un hogar encabezado por una mujer? ¿Qué sucedería con las personas solteras, viudas o divorciadas? ¿Quién votaría en una vivienda compartida por varios adultos? ¿Qué posición ocuparían las parejas del mismo sexo? ¿Se reconocería como familia a un matrimonio igualitario? ¿Quién sería considerado su cabeza? ¿Tendría el mismo valor político una casa habitada por seis personas adultas que una persona que vive sola?

Estas preguntas muestran que el voto por hogar no es únicamente un ataque contra las mujeres. Es el borrador de un orden político en el que la ciudadanía dependería de la pertenencia a una familia heterosexual, reproductiva, jerarquizada y religiosamente legitimada.

Una vez aceptado ese principio, la distancia entre restringir la autonomía de las mujeres y negar el reconocimiento de las familias constituidas por personas del mismo sexo se vuelve muy corta. Si existe una única familia natural, todas las demás formas de convivencia quedan reducidas a excepciones toleradas, arreglos privados o desviaciones carentes de igual dignidad pública.

Reconocer una incomodidad sin convertirla en prohibición

En este punto debo admitir algo que puede resultar incómodo. Como hombre homosexual, no todas las expresiones contemporáneas del género me producen identificación o cercanía. Algunas representaciones que observo constantemente en las redes sociales, la televisión y el espacio público me generan distancia, desconcierto e incluso cansancio.

Negarlo para cumplir con una expectativa de corrección política sería intelectualmente deshonesto.

También sería deshonesto suponer que esa reacción existe únicamente entre personas conservadoras o religiosas. Dentro de las propias diversidades sexuales hay diferencias generacionales, culturales, estéticas y políticas. No todas las personas homosexuales se reconocen en las mismas expresiones, símbolos, lenguajes o formas de representar el género. La sigla LGBTIQ reúne experiencias distintas, pero no elimina sus tensiones.

Ahora bien, una incomodidad personal no constituye un argumento jurídico ni una autorización para excluir.

Es necesario distinguir entre tres planos. El primero corresponde al gusto, la afinidad o la identificación personal: nadie está obligado a sentirse representado por todas las manifestaciones de la diversidad. El segundo pertenece al debate político: los movimientos sociales pueden discutir críticamente sus estrategias, lenguajes, prioridades y formas de presentación pública. El tercero corresponde a la dignidad y los derechos: ninguna persona puede quedar desprotegida porque su apariencia, su identidad o su manera de habitar el cuerpo produzcan extrañeza en otras.

La igualdad democrática no exige que todas las formas de vida nos resulten familiares. Exige que la falta de familiaridad no se convierta en inferioridad jurídica.

Judith Butler ha mostrado que aquello que una sociedad reconoce como masculino o femenino no surge exclusivamente de una esencia inmutable, sino de normas, actos y repeticiones históricas. Esto no significa que todas las personas deban abandonar las categorías de hombre o mujer, ni que debamos sentirnos emocionalmente cercanos a cualquier expresión de género. Significa que las fronteras entre lo masculino y lo femenino han sido socialmente producidas y, por tanto, están sometidas a transformaciones, conflictos y resistencias.

También debemos considerar que las plataformas digitales no ofrecen una representación equilibrada de la realidad. Los algoritmos privilegian aquello que produce sorpresa, indignación, admiración o rechazo. Las expresiones más intensas, teatrales o polémicas obtienen mayor circulación y terminan presentándose como si fueran la totalidad de un colectivo enormemente diverso.

Por eso es legítimo analizar críticamente la espectacularización o mercantilización de ciertas identidades. Lo que no sería legítimo es trasladar esa crítica hacia la negación de derechos de las personas que las encarnan.

Mi incomodidad puede hablar de mis códigos generacionales, de mi historia y de mi propia socialización. También puede señalar problemas reales de comunicación y representación dentro de los movimientos. Pero no determina la dignidad de nadie.

El conservadurismo político opera precisamente sobre estas zonas de incomodidad. No necesita inventarlas: las recibe, las organiza y les proporciona una explicación. Stuart Hall mostró cómo el autoritarismo puede convertir ansiedades dispersas en un nuevo “sentido común”. El malestar deja de ser una experiencia abierta a la reflexión y se transforma en una certeza política: alguien está destruyendo nuestra familia, nuestra cultura o nuestra forma de vida.

Así, la persona trans, el hombre femenino, la mujer masculina, la feminista, el migrante o la pareja homosexual son convertidos en rostros visibles de una crisis que no produjeron.

El reconocimiento jurídico y sus límites

Las luchas feministas y de las diversidades sexuales han conseguido transformaciones jurídicas fundamentales. El matrimonio igualitario, el reconocimiento de la identidad de género, la protección contra la discriminación y la ampliación de los derechos sexuales y reproductivos no son concesiones superficiales. Modifican vidas concretas, protegen vínculos afectivos, permiten heredar, acceder a la seguridad social, tomar decisiones médicas, formar familias y vivir con mayor libertad.

Sería profundamente injusto minimizar esas conquistas.

Sin embargo, también es necesario reconocer los límites de una política centrada exclusivamente en el reconocimiento legal. Nancy Fraser advirtió hace décadas que la justicia requiere articular dos dimensiones inseparables: reconocimiento y redistribución. Una sociedad puede reconocer simbólicamente ciertas identidades y mantener intactas las estructuras económicas que producen explotación, pobreza y exclusión.

Lisa Duggan utilizó el concepto de homonormatividad para describir una política sexual compatible con el neoliberalismo: determinados gays y lesbianas pueden ser incorporados como parejas respetables, propietarios, consumidores y contribuyentes, sin que esa inclusión cuestione las relaciones dominantes de clase, raza, trabajo y propiedad.

El problema no radica en que las personas homosexuales puedan casarse. El problema aparece cuando el matrimonio se convierte en el horizonte máximo de la emancipación y se pierde de vista que muchas personas LGBTIQ continúan enfrentando desempleo, pobreza, expulsión familiar, violencia policial, falta de vivienda, precariedad laboral y dificultades para acceder a servicios públicos.

El reconocimiento jurídico puede integrar a algunas personas sin emancipar al conjunto.

Aquí adquiere importancia la interseccionalidad formulada por Kimberlé Crenshaw. No se trata de confeccionar una lista cada vez más extensa de identidades, sino de examinar cómo diferentes relaciones de poder actúan conjuntamente. Una mujer lesbiana, indígena y empobrecida no experimenta por separado el género, la orientación sexual, la etnia y la clase. Estas condiciones se entrecruzan y producen una posición social específica que no puede comprenderse atendiendo solamente a una de ellas.

Lo mismo ocurre dentro de las diversidades sexuales. No vive de igual manera su ciudadanía un empresario homosexual con acceso a vivienda, educación y servicios privados que una mujer trans migrante, racializada y excluida del mercado laboral formal. Ambos pueden experimentar discriminación, pero no poseen los mismos recursos para enfrentarla.

Una política verdaderamente interseccional no sustituye la clase por la identidad ni la identidad por la clase. Estudia cómo se construyen mutuamente dentro de relaciones históricas de poder.

La institucionalización de los movimientos

También debemos examinar críticamente el proceso mediante el cual numerosos movimientos sociales se han convertido en organizaciones profesionales dependientes de proyectos, consultorías, indicadores y financiamiento internacional.

Fundaciones como Open Society han apoyado litigios, organizaciones y programas que han resultado esenciales para comunidades perseguidas o abandonadas por sus Estados. Reconocerlo es necesario para evitar explicaciones conspirativas o simplificaciones alrededor de la figura de George Soros.

No obstante, el financiamiento institucional produce efectos políticos, aunque no exista una orden directa del donante. Sonia Álvarez y autoras vinculadas a la crítica de la “oenegización” de los movimientos sociales han mostrado que la profesionalización puede transformar las formas de militancia, las prioridades y los lenguajes.

Los proyectos financiados suelen exigir objetivos delimitados, resultados medibles, informes, productos jurídicos y poblaciones específicas. Esto puede favorecer campañas sobre una ley determinada, una sentencia, una capacitación o una política pública concreta. Resulta mucho más difícil traducir en indicadores un proceso político prolongado que cuestione la concentración de la riqueza, la explotación laboral, la propiedad, la deuda, la privatización de los cuidados o la subordinación económica de América Latina.

Además, cuando cada organización debe competir por fondos destinados a una población o problema específico, la fragmentación puede institucionalizarse:

  • unas organizaciones trabajan sobre matrimonio igualitario;

  • otras sobre identidad de género;

  • otras sobre violencia contra las mujeres;

  • otras sobre derechos reproductivos;

  • otras sobre racismo;

  • otras sobre pobreza o trabajo.

Cada una administra su expediente, su vocabulario y sus indicadores.

Mientras tanto, el conservadurismo articula todos estos asuntos dentro de una sola visión del mundo. Para la derecha religiosa, el feminismo, la identidad de género, el aborto, la educación sexual, el matrimonio igualitario, la secularización y la caída de la natalidad forman parte de una única crisis civilizatoria.

El adversario posee una teoría general de la sociedad. Los movimientos democráticos responden demasiadas veces con expedientes separados.

Esta asimetría ayuda a explicar por qué no se advierte todavía una respuesta pública articulada y proporcional de las principales organizaciones LGBTIQ frente al “voto por hogar”. No significa que estas organizaciones permanezcan inactivas. Muchas están enfrentando amenazas judiciales, administrativas y legislativas urgentes. Pero la especialización puede llevarlas a considerar la supresión del voto femenino como un asunto exclusivo de las mujeres, sin advertir que detrás de ella se encuentra el mismo concepto de familia que amenaza el matrimonio igualitario, la identidad de género y la ciudadanía sexual.

Neoliberalismo y restauración patriarcal

La ofensiva conservadora no puede explicarse solamente como una reacción cultural ante la visibilidad de las diversidades sexuales. Debe ser situada dentro de las transformaciones económicas de las últimas décadas.

Melinda Cooper ha mostrado que el neoliberalismo económico y el conservadurismo familiar no son necesariamente adversarios. Ambos pueden complementarse. Cuando el Estado reduce la protección social, privatiza servicios y traslada a las personas los riesgos del desempleo, la enfermedad, la vejez y el cuidado, la familia debe asumir las responsabilidades abandonadas por las instituciones públicas.

Pero no cualquier familia puede realizar ese trabajo. El modelo requiere una estructura doméstica en la que alguien —normalmente la mujer— realice gratuitamente las tareas de reproducción, crianza y cuidado.

El neoliberalismo debilita materialmente a las familias mientras el conservadurismo religioso exige que ellas resuelvan privadamente las consecuencias de ese debilitamiento.

El encarecimiento de la vivienda, la precarización del empleo, la deuda, la falta de servicios públicos de cuidado y la incertidumbre económica dificultan que millones de personas puedan sostener una vida familiar estable. Sin embargo, en lugar de cuestionar estas condiciones, la derecha traslada la responsabilidad hacia el feminismo, la autonomía de las mujeres, la diversidad sexual y la supuesta desaparición del varón proveedor.

Una crisis producida por relaciones económicas es reinterpretada como una crisis moral.

La solución propuesta no consiste en elevar salarios, garantizar vivienda, fortalecer la seguridad social, reducir las jornadas laborales o construir sistemas públicos de cuidados. Consiste en restaurar la autoridad masculina y la obediencia doméstica.

La estética que rodea encuentros como el de Turning Point USA resulta reveladora. Se presenta un universo aspiracional de bienestar, consumo, maternidad idealizada, matrimonio temprano, belleza cuidadosamente construida y religiosidad. No puede afirmarse que todas las asistentes pertenezcan a sectores económicamente privilegiados, pero el modelo ofrecido presupone condiciones materiales que millones de familias estadounidenses y latinoamericanas no poseen.

La mujer que puede abandonar su trabajo para dedicarse exclusivamente al hogar necesita que alguien genere ingresos suficientes para sostenerlo. La exaltación de la esposa dependiente oculta a las trabajadoras pobres, a las madres solas, a las migrantes, a las mujeres afrodescendientes e indígenas y a quienes realizan múltiples jornadas para sobrevivir.

La CEPAL ha identificado precisamente la desigualdad socioeconómica, los patrones patriarcales, la división sexual del trabajo, la injusta organización de los cuidados y la concentración del poder como desafíos estructurales que se refuerzan mutuamente en América Latina. Su Estrategia de Montevideo advierte, además, sobre el resurgimiento del conservadurismo y las restricciones contra el reconocimiento de la diversidad sexual, la identidad de género y las diferentes formas de familia.

Una ofensiva transnacional con actores locales

Sería equivocado considerar estas ideas como fenómenos exclusivamente estadounidenses. También sería simplista imaginar a América Latina como una región pasiva que obedece mecánicamente instrucciones procedentes de Washington.

Lo que existe es una circulación transnacional de discursos, recursos, métodos de movilización, estrategias jurídicas y modelos legislativos. Iglesias, centros de pensamiento, organizaciones conservadoras, partidos políticos, influenciadores digitales y sectores empresariales traducen esos repertorios a las condiciones de cada país.

Sonia Corrêa, Roman Kuhar, David Paternotte y Juan Marco Vaggione han estudiado la formación de campañas que utilizan la expresión “ideología de género” para reunir bajo un mismo enemigo al feminismo, la educación sexual, los derechos reproductivos, las personas trans y las diversidades sexuales. Estas campañas no se limitan a defender convicciones religiosas privadas. Buscan intervenir en la legislación, la educación, los tribunales, las políticas públicas y la definición misma de ciudadanía.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha advertido sobre la expansión de sectores contrarios a los derechos LGBTI dentro de los propios poderes estatales, así como sobre campañas de desinformación dirigidas a obstaculizar el reconocimiento de esos derechos.

El contexto actual de Estados Unidos aumenta la relevancia regional de esta ofensiva. Desde enero de 2025, su Gobierno ha adoptado una definición federal binaria e inmutable del sexo, eliminado políticas de diversidad y empleado oficialmente la expresión “ideología de género”. Estas disposiciones no se han limitado a la administración interna. El Departamento de Estado ha incorporado condiciones relacionadas con la denominada “ideología de género” en instrumentos y programas de asistencia exterior, mostrando que este marco forma parte de la política internacional estadounidense.

Esto no significa que toda regresión latinoamericana sea ordenada desde Estados Unidos. En nuestros países existen tradiciones patriarcales, élites conservadoras, iglesias políticamente organizadas y desigualdades históricas capaces de producir sus propias formas de autoritarismo.

La influencia externa encuentra aliados internos porque responde a intereses y conflictos ya presentes.

En América Latina, la “defensa de la familia” puede vincularse con el rechazo a la educación sexual, la oposición al Estado laico, la restricción de los derechos reproductivos, la persecución de las identidades trans y la impugnación del matrimonio igualitario. Pero también puede ser utilizada para desviar la atención de la desigualdad, la corrupción, la concentración económica y el deterioro de los servicios públicos.

La cruzada moral organiza políticamente frustraciones que tienen raíces materiales.

La fragmentación como derrota anticipada

Las divisiones entre feminismos, movimientos homosexuales, activismos trans y otras expresiones de la diversidad no son inventadas por la derecha. Existen desacuerdos auténticos sobre el cuerpo, el sexo, la identidad, el lenguaje, la representación y las estrategias políticas.

El conflicto con sectores identificados como TERF, el antifeminismo presente en algunos espacios trans, la misoginia dentro de comunidades homosexuales y la transfobia dentro de movimientos gays y lésbicos muestran que ninguna sigla garantiza por sí misma una política emancipadora.

Pero una cosa es reconocer los conflictos y otra permitir que estos destruyan toda posibilidad de alianza.

La interseccionalidad no exige negar las contradicciones. Exige comprender que ninguna de las poblaciones involucradas podrá defenderse aisladamente frente a una ofensiva que pretende reorganizar la sociedad entera.

Cuando se afirma que la familia heterosexual es la célula natural de la nación, no se amenaza solamente a las personas trans. Se amenaza a las mujeres que no desean someterse a un esposo, a las personas homosexuales que han construido sus propias familias, a quienes deciden no reproducirse, a las madres solas, a las parejas divorciadas, a las personas ateas, a las juventudes que cuestionan la autoridad religiosa y a todas aquellas vidas que no caben dentro de una única moral oficial.

La restauración patriarcal distribuye sus ataques por etapas, pero el proyecto que los articula es común.

Reconstruir una ciudadanía democrática común

La respuesta no puede consistir en abandonar las identidades ni en reducir todos los conflictos a la clase social. Tampoco puede limitarse a defender cada derecho cuando ya se encuentra ante los tribunales.

Hace falta reconstruir una ciudadanía democrática común.

Su punto de partida debe ser sencillo: “la persona, y no la familia, la iglesia, el marido, el mercado o una identidad aislada, es el sujeto originario de los derechos”.

La familia debe ser protegida porque está integrada por personas, no porque posea una voluntad superior a ellas. Su reconocimiento debe abarcar la pluralidad de vínculos afectivos y formas de convivencia existentes, siempre que se respeten la autonomía, la igualdad y la dignidad de sus integrantes.

Una respuesta interseccional tendría que reunir a movimientos feministas, organizaciones LGBTIQ, sindicatos, comunidades afrodescendientes e indígenas, movimientos campesinos, defensores del Estado laico, organizaciones juveniles y luchas por los servicios públicos.

No se trataría únicamente de formar una coalición electoral o emitir comunicados conjuntos. Sería necesario reconstruir procesos de formación política, recuperar la presencia en comunidades populares y vincular la defensa de la autonomía corporal con las condiciones materiales que permiten ejercerla.

La libertad de una mujer no depende solamente de que pueda votar, sino también de que cuente con ingresos propios, educación, vivienda, seguridad social y servicios de cuidado. La libertad de una persona homosexual no termina con el derecho a casarse si puede ser despedida, expulsada de su hogar o condenada a la pobreza. El reconocimiento de una persona trans permanece incompleto mientras la discriminación le cierre el acceso al trabajo, la salud y la educación.

La CEPAL ha insistido en que una perspectiva de género rigurosa debe reconocer los efectos diferenciados de la desigualdad sobre mujeres sexualmente diversas y sobre la población LGBTIQ en su conjunto. También ha señalado que la autonomía económica, física y política se encuentra estrechamente relacionada con el acceso a recursos, la participación pública, el trabajo, los cuidados y la posibilidad de vivir sin violencia.

El frente democrático que necesitamos debe defender simultáneamente el sufragio femenino, la diversidad familiar, los derechos laborales, la seguridad social, la autonomía corporal, la educación pública, la libertad religiosa, el Estado laico y la igualdad de las personas LGBTIQ.

No porque todas estas luchas sean idénticas, sino porque están amenazadas por una misma concentración del poder.

La distopía no empieza mañana

Quizás el “voto por hogar” no llegue a convertirse pronto en una reforma constitucional. Tal vez permanezca durante algún tiempo como una idea minoritaria. Pero su importancia política no debe medirse únicamente por sus posibilidades legislativas inmediatas.

Su avance demuestra que una parte de la derecha contemporánea ya no se limita a detener nuevas conquistas. Está dispuesta a revisar derechos que parecían definitivamente consolidados.

Hoy se discute si la mujer debería votar de manera autónoma. Mañana podrá discutirse si todas las familias merecen igual reconocimiento. Después, si la identidad, la orientación sexual o la religión deben condicionar el ejercicio de la ciudadanía.

La analogía con los fundamentalismos que Occidente solía atribuir exclusivamente a otras culturas no debe formularse como una equivalencia mecánica. Existen diferencias institucionales, históricas y coercitivas evidentes. Pero la gramática profunda resulta inquietantemente semejante: autoridad religiosa, subordinación femenina, heterosexualidad obligatoria, control de la sexualidad y negación de la autonomía individual.

El fundamentalismo occidental ha aprendido, sin embargo, a presentarse con una estética moderna. No siempre utiliza uniformes, prohibiciones explícitas o tribunales religiosos. Puede hablar mediante influenciadoras, productos de bienestar, campañas electorales, conferencias juveniles y mensajes sobre el amor, la maternidad y la unidad familiar.

La dominación no se anuncia necesariamente como dominación. Puede presentarse como protección.

Frente a ella, no basta con defender nuestras parcelas ni con exigir que nadie manifieste incomodidad. Debemos ser capaces de escuchar los malestares sociales, discutir nuestras propias contradicciones y evitar que la derecha los convierta en odio organizado.

No toda manifestación de la diversidad tiene que representarnos. Pero todas las personas deben ser representadas por sí mismas en la vida política.

Ese es el límite democrático que no podemos entregar.

Porque cuando la familia sustituye a la ciudadanía, alguien adquiere el poder de hablar por los demás. Y cuando aceptamos que una persona hable políticamente por otra, la democracia comienza a convertirse en obediencia.

Referencias orientadoras:

Álvarez, Sonia E. (1997). «Articulación y transnacionalización de los feminismos latinoamericanos». Debate Feminista, vol. 15, pp. 146-170.

Brown, Wendy (2016). El pueblo sin atributos: la secreta revolución del neoliberalismo. Barcelona: Malpaso Ediciones. Traducción de Víctor Altamirano.

Butler, Judith (2007). El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad. Barcelona: Paidós.

Cabezas Fernández, Marta y Vega Solís, Cristina, eds. (2022). La reacción patriarcal: neoliberalismo autoritario, politización religiosa y nuevas derechas. Barcelona: Bellaterra Edicions.

Comisión Económica para América Latina y el Caribe —CEPAL— (2017). Estrategia de Montevideo para la implementación de la Agenda Regional de Género en el marco del desarrollo sostenible hacia 2030. Santiago de Chile: Naciones Unidas.

Comisión Interamericana de Derechos Humanos —CIDH— (2018). Avances y desafíos hacia el reconocimiento de los derechos de las personas LGBTI en las Américas. Washington, D. C.: Organización de los Estados Americanos.

Cooper, Melinda (2022). Los valores de la familia: entre el neoliberalismo y el nuevo social-conservadurismo. Madrid: Traficantes de Sueños. Traducción de Elena Fernández-Renau Chozas.

Crenshaw, Kimberlé W. (2012). «Cartografiando los márgenes: interseccionalidad, políticas identitarias y violencia contra las mujeres de color». En Raquel Platero Méndez, coord., Intersecciones: cuerpos y sexualidades en la encrucijada, pp. 87-122. Barcelona: Bellaterra. Traducción de Raquel —Lucas— Platero y Javier Sáez.

Crenshaw, Kimberlé W. (2021). «Desmarginalizar la intersección de raza y sexo: una crítica desde el feminismo negro a la doctrina antidiscriminación, la teoría feminista y las políticas antirracistas». En Malena Costa y Romina Lerussi, comps., Feminismos jurídicos: interpelaciones y debates, pp. 43-68. Bogotá: Universidad de los Andes y Siglo del Hombre Editores.

Fraser, Nancy y Honneth, Axel (2006). ¿Redistribución o reconocimiento? Un debate político-filosófico. Madrid: Ediciones Morata. Traducción de Pablo Manzano Bernárdez.

Hall, Stuart (1981). «El gran espectáculo hacia la derecha». Revista Mexicana de Sociología, vol. 43, número extraordinario, pp. 1723-1744.

Vaggione, Juan Marco (2009). Sexualidad, religión y política en América Latina. Diálogos Regionales sobre Sexualidad y Política.

Vaggione, Juan Marco y Mujica, Jaris, comps. (2013). Conservadurismos, religión y política: perspectivas de investigación en América Latina. Córdoba: Ferreyra Editor.

Del período de los Recolectores hasta la posible III República

Vladimir de la Cruz

La Historia de Costa Rica, en forma sencilla de decirlo, es la suma de todos los eventos humanos, culturales, sociales, educativos, religiosos, económicos, políticos, electorales desde que tenemos elecciones, de nuestro pasado hasta el presente, que han permitido construir y hacer evolucionar la sociedad democrática nacional que hoy tenemos, de valorar las instituciones que existen como engranaje de la convivencia social que vivimos.

Esa Historia, ese desarrollo histórico, se dio por etapas, por períodos de vida, períodos largos o cortos, según se analicen y distingan, por una evolución social, económica y política, que caracterizaron esas etapas o períodos en donde avanzamos de los tiempos más primitivos a los actuales más modernos.

Algunos de esos períodos o etapas se dieron evolutivamente, otros por resultados impositivos violentamente, provocando nuevos períodos y etapas. Así por ejemplo, los tiempos más remotos datan desde que consideramos la existencia humana en el actual territorio de Costa Rica, haya sido por el paso migratorio de quienes venían de la región norte del continente o de quienes procedían de la región sur del continente, cuando el continente americano estaba debidamente formado en su formación geológica y geomorfológica, y dejaban la prueba de su paso por el territorio como desde cuando empezaron a establecerse, de acuerdo a los hallazgos arqueológicos y las interpretaciones antropológicas de su existencia nacional.

Los períodos históricos, como conceptos ya datados, pueden tener sus diferencias cronológicas según los datos, eventos o sucesos que el historiador, o quien los elabore, pueda tener o establezca como puntos de partida y de cierre de esos períodos históricos.

De esta manera, tenemos el período de las comunidades recolectoras, las cazadoras, las pescadoras, las agroalfareras, que condujeron al surgimiento de las sociedades cacicales hasta la llegada de los españoles y europeos, a partir de 1492 en el continente, y de su presencia en el territorio nacional desde 1502, con Cristóbal Colón recorriendo la costa caribeña y su breve estadía en la zona de Limón, y de la penetración en el territorio unos años más tarde, 1519. Hasta aquí, a grandes rasgos, es la historia antigua de Costa Rica o precolombina, como también se le conoce.

De estos dos últimos momentos se plantean los períodos históricos que conocemos como el de conquista y el de colonia, ambos se remontan hasta la proclamación de la Independencia de España el 29 de octubre de 1821 en Cartago. El de la conquista se prolongó, en términos generales hasta el tiempo de la fundación de Cartago, en la década de 1560, cuando prácticamente los españoles habían logrado controlar el centro del país, y ejercieron dominio sobre las comunidades indígenas principales. Además, porque su establecimiento les empezó a facilitar disponer de los recursos naturales de aquellos años, y de poner a las comunidades indígenas sometidas a trabajar para ellos, y lo que ellos representaban, el Reino Español. De igual modo, de imponerles a las comunidades sometidas todo su engranaje político, religioso, jurídico, social, cultural, y destruir hasta donde pudieron todo el engranaje y sistemas de vida de las comunidades indígenas. De esta forma las tierras que habitaban libremente las comunidades indígenas y disfrutaban para ellos pasaron a ser tierras del Rey o realengas, y las comunidades indígenas fueron obligadas a trabajar para los españoles y no para ellos mismos. La organización de poder político que tenían las comunidades indígenas se les eliminó y se les obligó a acatar y aceptar el poder político de las autoridades españolas que las dominaban. Se les obligó a aceptar y someterse a las disposiciones legales o jurídicas que los españoles traían y las que desarrollaron en el continente. Se les destruyeron sus templos religiosos y se les impusieron los templos, iglesias católicas, a sus valores religiosos naturales se les impusieron los valores cristiano-católicos.

La narración histórica así puede establecer los períodos de la historia precolombina o antigua, la de la conquista y la de colonia. En ella se contienen los sucesos que se destacan en forma generalmente cronológica, con base en documentos, restos materiales, testimonios que hayan quedado orales, y las costumbres, tradiciones y expresiones folklóricas que puedan considerarse como manifestaciones de vida social en esos períodos.

La narración histórica de esos tiempos resultó de los textos de quienes ejercieron el poder, que escribían y dejaban documentalmente, o de funcionarios a quienes se les pedía que fueran relatando como memoria los sucesos de la vida cotidiana y política que se estaba desarrollando. Muchos sacerdotes, conquistadores y colonos así lo hicieron y testimoniaron. Después por escribanos y otros funcionarios. Cuando en la Colonia desarrollaron instituciones educativas, como las universidades, surgieron en ellas esos relatores, y también rescatadores de la vida anterior indígena y contemporánea que estaban viviendo.

Durante la colonia las rebeliones indígenas y la resistencia anticolonial se mantuvo.

Con la Independencia surgieron otros períodos históricos. Así, desde 1821 hasta hoy podemos establecer la siguiente línea cronológica, de períodos, desde la perspectiva de datos políticos.

El período de las Juntas de Gobierno, 1821-1823, el período de la República Federal de Centroamérica, 1824-1838, cuando pertenecimos a ella como Estado de Costa Rica, que así lo fue formalmente hasta 1848. Durante el período de la República Federal las autoridades superiores, del Poder Ejecutivo, se llamaron presidente, y las del Estado de Costa Rica, jefes de Estado.

A partir de 1848 se declaró la República de Costa Rica hasta hoy, gran período que a su vez se puede fragmentar en Primera República, 1848-1948, aunque así no fue declarada durante esos cien años. A las autoridades superiores de la República, del Poder Ejecutivo, se les llama, desde 1848 hasta hoy, presidente.

En marzo-abril de 1948 se produjo la Guerra Civil, para garantizar un resultado electoral de las elecciones de febrero de ese año. José Figueres Ferrer fue el líder militar de la rebelión triunfante quien se impuso por dos años ante Otilio Ulate, triunfador de las elecciones anuladas que dieron origen al conflicto armado. Al asumir el poder declaró fundada la Segunda República, que corresponde al período 1948 hasta nuestros días.

En el último gobierno, el del presidente Rodrigo Chaves Robles, 2022-2026 y en el actual de Laura Fernández Delgado, 2026-2030, se habla de una Tercera República, la cual no se ha declarado oficialmente. Lo que ha habido es un ataque sistemático a todo lo que simboliza institucionalmente, en la estructura del Estado, sus Poderes Públicos y órganos políticos de control administrativo, el armazón que lo constituye, sin que se hayan planteado las nuevas formas institucionales de esa posible Tercera República.

Clave importante de este desarrollo político institucional ha sido la formación de valores políticos y sociales. Los de las comunidades indígenas hasta donde fue posible los destruyeron, acabaron y borraron. Los de la conquista y la colonia fueron los valores políticos y sociales de los españoles que se impusieron como valores dominantes.

En la vida social y política los valores que se imponen, como modo y práctica de vida, son los de los grupos y sectores políticos o de clases sociales dominantes. En este sentido los valores son históricos, pues responde a períodos históricos y a los grupos que en ellos dominan. Así son también los valores morales o religiosos.

Los valores sirven para garantizar la convivencia social armónica, para aceptar esa convivencia. Los valores por ello sirven para orientar la formación ciudadana, la opinión pública, y la participación política ciudadana. También son usados para orientar o definir el rumbo de las políticas públicas, y las acciones de gobierno o de gobernanza, que desde el Poder Ejecutivo, se impulsan, y sirven para promover doctrinas políticas ce distintos tipos, puesto que cada una de ellas tiene su propia y específica escala de valores, lo que muchas veces se trata de expresar en las llamadas “ideologías”.

La transmisión de valores se produce en la Familia, en la Escuela, en la Iglesia, en los medios de comunicación, en los distintos aparatos de comunicación del Estado. para educar a los niños y a los jóvenes en los valores “nacionales”, “patrióticos”.

En la Escuela, en el proceso educativo, se fortalecen las bases de los valores que familiarmente se han introducido en los niños, en el núcleo familiar. La Escuela, Colegio o Universidad, como instituciones educativas tienen la responsabilidad política, cívica ciudadana, de formar para la mejor vida en sociedad, para la mejor convivencia social.

Aquí es donde se deben fortalecer con más empeño los valores de Respeto y Tolerancia, para enseñar a reconocer y aceptar la diversidad de opiniones, de religiones, de creencias, de grupos sociales, étnicos, o raciales, las diversas expresiones de la convivencia familiar que ahora existen.

En el proceso educativo se deben fortalecer, entre otros, los valores de la Libertad, la Igualdad, la Equidad, la Justicia Social, la Solidaridad, la Participación Ciudadana, el del Pluralismo político, la Responsabilidad, la Honorabilidad y Honestidad, los valores que definen la identidad, los que fortalecen los vínculos familiares, los del amor y el respeto, así los valores éticos de actuar con transparencia, humildad y compromiso para cumplir las metras y objetivos que trazamos para la vida personal, familiar y pública.

La enseñanza del valor de la Libertad es fundamental porque da el derecho a expresar ideas, posibilita la disensión, garantiza el respeto al libre pensamiento. Políticamente enseña a organizarse, sin temor alguno, y a participar en la vida política orientada a elegir libremente gobernantes, autoridades y representantes de gobierno, sin coerción alguna.

La enseñanza de los valores del Pluralismo y la Tolerancia son fundamentales para enseñar a reconocer y respetar la diversidad de opiniones religiosas, morales, éticas, políticas. Es para enseñar el respeto a las maneras de pensar y de ser como personas. Es para enseñar la promoción de debates públicos donde se expresen distintas opiniones para tratar de lograr altos fines públicos constructivos.

La enseñanza de los valores asociados a la Justicia, la Equidad y la Solidaridad son para fortalecer el respeto para el trato igual e imparcial a todos los ciudadano, son para estimular la conciencia de resolver las brechas de desigualdad social que existen y fomentar el compromiso colectivo para logar el mayor bienestar posible de las poblaciones o sectores sociales más vulnerables, marginales o excluidos de las políticas públicas, para lograr mayor cohesión social y mayor paz social.

Los valores de Responsabilidad y Transparencia para enseñar la rendición de cuentas en el servicio público y en la toma de decisiones.

El proceso escolar, por ejemplo, en paralelo con la vida ciudadana, ha desarrollado prácticas escolares de elecciones estudiantiles, en las escuelas y colegios. Allí los niños y los jóvenes aprenden, como los mayores, como los ciudadanos, a participar libre y organizadamente en partidos políticos, o grupos políticos que se asemejan a los partidos políticos haciendo de esas formas sus primeras armas políticas para la vida en la sociedad política de los adultos, la que define los rumbos del país y de la sociedad que vivimos.

Recientemente, el Ministerio de Educación envió la circular DM-CIR-0047-2026 a todas las instituciones educativas del país instruyendo a los educadores para que en la exposición de sus lecciones actúen con neutralidad política electoral, como un mecanismo de presión sobre los docentes, procurando imponer de esa manera un régimen de terror, de miedo, de silencio, de control político en las aulas. En la época de la dictadura de Francisco Franco en España, en las Universidades y en instituciones educativas había control policial sobre lo que decían los maestros y los profesores, a veces con presencia de policías en las aulas. ¿A esto se quiere llegar en Costa Rica?

En la práctica educativa y docente del país me atrevo asegurar que la vida académica y de enseñanza se produce con esa neutralidad política y electoral.

En las escuelas, en los colegios y en las Universidades todos los cursos que se imparten se dan sobre Programas Académicos, debidamente aprobados, con procesos rigurosos de aprobación, que trazan o señalan los contenidos que se deben comunicar, transmitir o estudiar por parte de los estudiantes. Ninguno de esos Programas está sometido a la parcialidad política electoral. Ni siquiera, hasta ahora están sometidos y redactados de conformidad al interés político de cada administración política que tenga al país.

Los partidos políticos que han gobernado el país y el Poder Ejecutivo, Liberación Nacional, los que se han agrupado alrededor de la Unidad Social Cristiana o del Partido Acción Ciudadana han impulsado desde el Consejo Superior de Educación, programas educativos para toda la enseñanza que respondan a los intereses políticos y político electorales de esos partidos, gobiernos y presidentes.

Los temas que le preocupan al actual ministro de Educación, en esa circular, son los temas político-electorales. Estos temas son tratados únicamente, de ser tratados, en los cursos de Estudios Sociales, de Historia, de Formación Cívica o Ciudadana.

No existe en el país literalmente hablando una Historia Oficial. Una historia oficial sería aquella que el Estado o el gobierno de turno redacta como texto oficial de obligada enseñanza.

Los textos que se han enseñado como básicos para el estudio de la Historia Nacional y de la Formación Cívica ciudadana han sido elaborados por destacados profesores, historiadores o investigadores de temas sociales, jurídicos y cívicos. La “Cartilla Histórica” de Ricardo Fernández casi 50 ediciones tuvieron, una por año, los textos de “Historia de Costa Rica” de Carlos Monge Alfaro, los de Carlos Meléndez, o los de los profesore Carlos Luis Sáenz y Adela Ferreto, eran los que se usaban regularmente.

La Universidad de Costa Rica y la Universidad Nacional colaboraron en pasado con el Ministerio de Educación en la elaboración de textos que nunca fueron cuestionados por parcialidad informativa, analítica o interpretativa, ni acusados de ser “parciales política o electoralmente” a favor de algún partido o tendencia política.

Los profesores lo único que tienen es su formación profesional, académica, y su libertad de exponer el contenido del Programa de Estudios oficial que tienen que enseñar o dirigir, en su estudio a los estudiantes de acuerdo a su formación profesional.

Lo único que tienen en esa formación académica es esa Libertad de Cátedra que les da su formación profesional y académica, con los valores con que han sido formados para desarrollar los temas de los programas que deben estudiar sus alumnos, y motivarlos en el estudio de la Historia Patria.

La enseñanza está dirigida a formar hombres y mujeres con capacidad crítica de pensar, con capacidad de desarrollar y tener pensamiento propio. Está dirigida a formar mejores ciudadanos.

La enseñanza está dirigida a formar Hombres y Mujeres Libres para poder lograr una sociedad democrática más sólida, más desarrollada, mas inclusiva, más justa.

Hasta la Segunda República así ha sido la política educativa del país en general. Ni siquiera en el período de la Junta de Gobierno, 1948-1949, ni en la siguiente década, 1949-1958, cuando yo hice la primaria y aún el país olía a pólvora y represión política post guerra civil, los programas educativos de esos años se orientaron a exaltar a los triunfadores de la Guerra Civil, ni a imponer una Historia Oficial de los victoriosos.

En el esquema de la Tercera República que se quiere imponer, ¿es eso lo que se quiere desarrollar?, ¿una Nueva Historia Nacional a partir del gobierno de Rodrigo Chaves y de Laura Fernández? ¿Los ataques de Rodrigo Chaves a los gobiernos, gobernantes y partidos gobernantes, del período 1949-2022, igualmente condenados por Laura Fernández, hacia eso se dirigen?, ¿hacia la Historia de la Tercera República, con las fotos de Rodrigo Chaves y de Laura Fernández, en la entrada, en la recepción de los aeropuertos internacionales Juan Santamaría y Daniel Oduber, como lo hace Bukele en El Salvador?

Algunos para purificarse han de bañarse en el Jordán

Lic. Javier Francisco Cambronero Arguedas

Uno de los pasajes más infames en la historia política del país ocurrió cuando un grupo de diputados de la fracción oficialista de entonces, hace algunos años, dio cabida a una conducta absolutamente reprochable, sectaria, subjetiva y mezquina que puso en peligro la vida democrática del país al cometerse una gran injusticia contra dos costarricenses. Pasaje que debiera ser parte de los programas de educación cívica y estudios sociales en nuestros colegios. Era el año 1955 y los hechos políticos del 48 todavía estaban latentes en el ámbito nacional. Conflicto que había dividido a la familia costarricense y había causado muerte y dolor; y los diputados de la época, miembros de una Asamblea Legislativa de 45 diputados en ese entonces, 30 de ellos -o sea dos terceras partes- todos de la bancada oficialista fueron capaces de actuar de la forma más vil y pérfida. La crispación, polarización e intolerancia que atravesaba la sociedad costarricense, constituían el caldo de cultivo ideal para ejercer violencia política contra aquellos que pensaban diferente a quienes ejercían el poder. Movidos por una nefasta mezcla de odio e ignorancia y una fe ciega en sus ideas y creencias, ese grupo mayoritario de diputados oficialista acusó de traición a la patria a dos de los diputados de oposición, habiendo sido elegidos constitucionalmente y en forma democrática, al igual que esos 30 que constituían la mayoría. Con matonismo y espíritu revanchista actuaron quienes se consideraban victoriosos. El 1 de febrero de 1955, Mario Echandi Jiménez -quien posteriormente llegó a ocupar la silla presidencial para el período 1958-1962 y otro diputado de la república, fueron expulsado y despojados de su investidura constitucional, que el pueblo y parte del electorado había depositado en ellos. Ese mismo día una turba desaforada, sedienta de sangre y fanática, atacó a don Mario quien vio peligrar su vida. Dos días después su oficina y otros bienes fueron apedreados y quemados por quienes le adversaban. Dicha crisis política se agudizó cuando la oposición ante la falta de garantías se retiró durante ocho meses del recinto parlamentario. Costa Rica peligrosamente vivía en forma muy cercana la posibilidad de que el orden constitucional fuera toro y nuevamente la concordia y la paz naufragaran ante la insensatez e ignorancia de algunos. Ocho meses después se generó legislación suficiente que sabiamente apuntaba a sanar las heridas del conflicto armado y el país retomaba su inveterada senda democrática, al concluirse que don Mario Echandi y don Guillermo nada tuvieron que ver con la invasión a Costa Rica promovida desde Nicaragua por un grupo de insurrectos.

La historia es sabia y maestra

Hoy nuevamente el primer poder de la república vuelve a ser causa de preocupación y sonrojo para la gran mayoría del pueblo costarricense, decente y trabajador. Un nutrido grupo de diputados, once para ser exacto y TODOS miembros de un sólo partido, el oficialista, poseen causas penales abiertas, con lo cual, aunque aún no hay condenas, queda entredicho el deber de probidad que debe caracterizar y ennoblecer a quienes pertenezcan a los supremos poderes de la república, más aún los electos vía sufragio popular. Estas personas concentran 46 causas penales. NUNCA en la casi bicentenaria historia republicana del país, habíamos estado ante tan embarazoso panorama.

Todos recordamos en los años ochenta, el caso de un diputado con enredos pocos decorosos. Más recientemente el caso de dos o tres personas, cuyas blandengues asambleas nacionales de los partidos políticos que les postuló, no hizo la tarea y poco les importó el tipo de cuestionamientos que recaía sobre ellos. Pero… hoy son 11 de 57. ¡11 de una fracción de 31, o sea el 35% de un sólo partido político, con serios cuestionamientos! Flaco favor se le hace a la democracia.

Algunos de ellos vociferan y han montado en cólera contra el poder judicial, desgalillados y despotricando contra todo aquello que huele a control, transparencia y constitucionalidad. Más aún, son parte de un sinuoso ardid para bloquear y obstruir la elección de magistrados suplentes para la Sala Constitucional, tal y como el país entero ha sido testigo en tres meses de pobre y gris gestión, de esta primera legislatura.

Tampoco resulta honroso ni hay nada en qué ufanarse sobre el actuar de este grupo mayoritario de diputados, de este bloque más movido por la animadversión que por el amor a la patria, a construir y a proponer. Penosamente la mayoría de ellos muestra importantes carencias en su capacidad de estudio y de lectura, peor aun cuando algunos de ellos han convertido sus despachos en madrigueras para abrigar anónimamente youtubers y blogueros de oficio desconocido.

Esta estratagema para evitar que se escojan 9 de 18 posibles magistrado suplentes resulta todas luces perniciosa. Esta trama suicida conduce a una peligrosa paralización de uno de los principales órganos del Estado. No hemos escuchado razones para no votar. No ha habido cuestionamientos de falta de idoneidad o falta de moral de alguno de los integrantes de esa lista. Nada, esos nombres que son manoseados impúdicamente por estos señores y esas señoras ya fueron filtrados por la comisión parlamentaria de nombramientos en la legislatura anterior. Nadie ha señalado que sean sinvergüenzas o tontos para no elegirlos. Simplemente no se desea que sean ellos. ¿Quiénes deben elegir y escoger? Los diputados de la república tal y como reza la Constitución Política. Pero la desvergüenza llega a tal nivel que muchos de esos que se resisten a elegir y seleccionar, arrastran tras de sí esas oscuras denuncias de carácter penal. Y a ninguno de los once le escuchado ni le leído que esté dispuesto a renunciar a su inmunidad para que pueda ser investigado.

Este entuerto de naturaleza política caracterizado por la vanidad no es una crisis política, sino violencia política ejercida contra un grupo de honorables ciudadanos y ciudadanas costarricenses, que permitieron que su nombre fuera sometido al escrutinio público para aspirar a un puesto en la magistratura. Y siguen siendo honorables ciudadanos y ciudadanas hasta que alguien demuestre lo contrario y ello no ha ocurrido

Saludo con agrado el aporte patriótico de don Manrique Jiménez para ofrecer una salida democrática ante semejante desaguisado y despropósito. Lo hace sustentado en: el artículo 19 de la Ley General de la Administración Pública, artículo 5 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, artículo 14 de la Ley de Jurisdicción Constitucional, artículo 1, 3 y 220 del Código Procesal Contencioso administrativo, artículo 3 del Código Procesal Civil, artículos 60 y 62 de la Ley Orgánica del Poder Judicial. De manera que, con carácter supletorio, magistrados suplentes de las otras salas, puedan cubrir esas funciones hasta que sean electos los suplentes de dicha sala.

Señores diputados, debe haber continuidad del estado democrático; ustedes -31 diputados- no están por encima de la ley. Ninguna omisión o inacción legislativa puede ni debe truncar, impedir o destruir la vigencia del estado democrático.

¿Se equivoca este grupo de diputados? Claro que sí. Hoy constituyen una mancha oscura en la historia patria. Y a pesar de ello, algunos incautos y confundidos, siguen viendo al necrófilo proyecto político que representan, como lo mejor que le pudo haber ocurrido al país. Esa insensatez y rasgos de fascismo que afloran, nos tienen cada vez más cerca de una democracia que languidece.

La democracia debe seguir siendo el vehículo ideal para la búsqueda de la felicidad de los individuos. Creo fervientemente que la democracia es la forma de estado y de gobierno donde se protegen los derechos humanos y la libertad. El gobierno y su fracción debe entender que el gobierno es parte del Estado, no lo puede absorber ni tampoco confundirse como el mismo; ya tenemos ejemplos muy cercanos en la región. En las dictaduras sucede lo contrario, el gobierno se confunde con el Estado. En un régimen republicano los órganos de control y fiscalización, que en un fin superior representan al ciudadano, no estorban; son necesarios.

Veremos si esta actuación de este grupo de diputados -31- servirá como ejemplo de lo que no debe hacer un poder legislativo y ser estudiado como tal en una lección de cívica en secundaria, o más bien ser objeto de mordaza, y sea el mutismo el que se imponga.

Esta democracia se defiende con uñas y dientes. En mi caso con ideas, reflexión y palabras.

20-VII-26

Nicaragua y el anuncio electoral de Daniel Ortega: ¿soberanía y derecho de legítima defensa?

Álvaro Fernández González | Julio de 2026

Defender la soberanía frente a la amenaza externa es un derecho. Ninguna potencia debe imponer regímenes, sancionar pueblos o militarizar el continente.

El anuncio de Ortega sobre el muro legal electoral contra el golpismo debe interpretarse dentro de una coyuntura en la que la amenaza intervencionista estadounidense ha aumentado objetivamente.

El Corolario Trump a la Doctrina Monroe de 1823, el Escudo para las Américas, la operación militar contra Venezuela, la coerción energética sobre Cuba y la recientemente inaugurada campaña internacional contra el “terrorismo de extrema izquierda” forman una estructura de presión hemisférica real.

Negarla implicaría ignorar documentos oficiales, operaciones militares, sanciones y mecanismos de vigilancia ya puestos en marcha.

¿Se produce así una espiral: Estados Unidos amplía las nociones de terrorismo y amenaza compartida para justificar su primacía regional; el Gobierno nicaragüense amplía las nociones de golpismo y traición para justificar el cierre interno?

¿Cada polo utiliza los excesos del otro como prueba de la necesidad de sus propias medidas excepcionales?

¿Es posible defender inequívocamente la soberanía de Nicaragua frente a sanciones, operaciones encubiertas o agresiones extranjeras y, al mismo tiempo, sostener que la soberanía pertenece a la sociedad en su conjunto, no solamente al Gobierno?

¿Es posible garantizar que las elecciones ninguna potencia extranjera pueda capturarlas y que ningún poder interno pueda cancelarlas?

La patología del poder en Costa Rica

Juan Huaylupoi

En la actualidad la política costarricense se ha degradado transgrediendo radicalmente su pasado. El presente y su devenir no reproduce procesos ni significaciones del pasado, sin embargo, toda sociedad conserva el sello indeleble de su historia, cultura, socialización, conservada a través peculiares patrones sociales y políticos que fueron respetados y reproducidos, como una subjetividad colectiva, que no necesitó instrucción ni coacción para su reproducción. Nuestra democracia estaba consolidada y nutrida por esa idiosincrasia que permitió conservar sus modos de vida colectiva, históricamente construidas, a la vez que creaba barreras contra un orden ajeno y la instauración de estructuras perversas de poderes clasistas, corruptos o delincuenciales.

En ese pasado fue la sociedad civil unitaria y solidaria quien creó una democracia que modelaba el quehacer estatal o sociedad política. La heterogeneidad social no fue obstáculo en la reproducción de su democracia y paz social, donde ninguna clase, movimiento social o posición político-partidaria poseía la capacidad para apropiarse del aparato estatal para autocráticamente usurpar el poder o enriquecerse ilegal e ilegítimamente. Nuestra sociedad civil demostró ser la protagonista que creaba y viabilizaba la democracia, no fue del Estado, dado que era dependiente y ejecutor de la voluntad, decisiones y acciones de la ciudadanía para el bien común.

Nuestra memoria histórica ha otorgado al poder estatal un mérito que nunca fue suyo, los testigos directos o indirectos de la historia escrita, se identificaron con el rol visible del Estado por lo que se le asignó ser el gestor de los logros sociales alcanzados, pioneros en el ámbito latinoamericano. Sin embargo, no fue un constructo estatal, fueron conquistas logradas por nuestras familias y la ciudadanía. La educación formal nos impuso a gobernantes y algunos dirigentes como gestores individualistas de nuestro pasado, sin el debido reconocimiento del papel jugado por la sociedad civil en dichos procesos. Por ello y como retribución histórica, nuestro pueblo es leal y obediente con quienes representan ese poder, que a pesar de los años transcurridos, aun se resiste a protestar contra los abusos e inequidades de los autócratas que nos gobiernan y que incluso los amparan electoralmente. El discurso del amo parasita nuestra sociedad civil, la cual no se reconoce como protagonista de nuestro pasado, ni la historia escrita rectifica de verla como sumisa y dominada por el poder estatal.

La construcción de lo público, de las políticas públicas es una creación de la sociedad civil que el liberalismo, de ayer y hoy, le ha arrebatado y privatizado desde el poder estatal y de los intereses de los propietarios globales. De manera similar, las elecciones que fueron el instrumento sancionatorio de la ciudadanía costarricense contra los partidos y autócratas que violentaron el interés común, hoy también ha sido trastocado con demagogia y discursos de odio de los autócratas del actual gobierno, que buscan lograr sus ambiciones privadas, dividiendo y enfrentando a nuestra ciudadanía, que ya no escucha, no comparte ni les interesa las ideas, pensamientos ni propuestas de los otros.

La insatisfacción y el desencanto ciudadano causado por el liberalismo de anteriores gobiernos, ha sido capitalizado por los radicales liberales que nos gobiernan, que dueños de un partido y de la mercantización de los medios, están capturando y destruyendo la institucionalidad pública, no para adecuarlas a las necesidades existentes, sino para privatizarlas, como ya se hace en Argentina, Ecuador, Perú y Chile entre otros espacios latinoamericanos como un proyecto estratégico global más allá de nuestras fronteras.

Las dictaduras electorales son el resultado de escisiones ciudadanas, como lo hicieron sus predecesoras fascistas, cuyos discursos de odio fueron preludios de violencia social, muertes civiles y guerras. El fascismo no construye, toda oposición real o ficticia es destruida, como ya lo enuncia la estupidez gubernamental, para que el miedo, aislamiento y el silencio les permita el ejercicio totalitario del poder.

El fascismo no terminó con la II GM, tampoco se refugió, para aparecer simultáneamente en muchos países, ni surgen por generación espontánea, las condiciones y posiciones radicales autoritarias y contradictorias existentes en la globalidad contemporánea, crean fascistas que actúan y se preparan para desaparecer a los otros, hasta que la invocación a Tanatus logre su clímax, la liquidación de cualquier identidad, sean migrantes, ricos, ignorantes, pobres, intelectuales, indígenas, pueblos o la humanidad. La patología fascista no tiene límite, asesinan suicidándose.

El fascismo contemporáneo no es un invento ni una fantasía fatalista, es la evidente consecuencia del fin del diálogo y la concertación, para imperar los gritos, el odio, las calumnias y las amenazas. La demagogia y el discurso agresivo que los caracteriza no es original, imitan a patológicos personajes como Adolf Hitler. Augusto Pinochet y Donald Trump.

El discurso de odio ya actúa destruyendo los resquicios del Estado Social de Costa Rica, como provocación hacia la violencia salvaje contra todos los que se oponen, observan, reflexionan, de los indiferentes e ignorantes. La reconstitución de la condición política de la sociedad civil hacia el bien común es una alternativa de nuestras sociedades y de la humanidad contra el horizonte trágico del poder fascista imperante.

i Docente universitario pensionado. Catedrático de la Facultad de Ciencias Económicas. Universidad de Costa Rica.

Desaceleración del crédito se profundiza: cartera crece apenas 0.08% interanual

El menor dinamismo de la economía local, el deterioro del empleo formal, las restricciones en la capacidad de pago de los hogares y la apreciación del colón contribuyen a explicar la pérdida de dinamismo del crédito al sector privado.

UNA Comunica. OC-160-2026. Tras alcanzar una variación interanual de 6.86% en marzo de 2025, el saldo del crédito otorgado por el sistema financiero al sector privado no financiero inició un proceso de desaceleración que se prolongó durante los siguientes 14 meses, hasta registrar un crecimiento de apenas 0.08% en mayo de 2026.

Al desagregar la cartera por moneda, el crédito en colones registró un crecimiento interanual de 3.29% en mayo de este año, mientras que el crédito en dólares, expresado en colones, mostró una contracción de 6.54%.

Por tipo de intermediario financiero, los bancos públicos registraron un crecimiento interanual del crédito de 4.58%, impulsado por el aumento de la cartera en colones (6.50%), mientras que la cartera denominada en dólares disminuyó en un -2,78%. En contraste, los bancos privados registraron una contracción de 2.23% en el saldo total de su cartera crediticia. Este resultado se explica por la disminución de la cartera en dólares (-6,44%); en el caso de la cartera en colones esta mantuvo un crecimiento de 5.25%. Por su parte, el grupo de otros intermediarios financieros presentó la mayor reducción del crédito (-5.49%), debido a que tanto la cartera en colones (-3,57%) como la denominada en dólares (-28.07%) registraron caídas interanuales.

Es importante señalar que la disminución observada en la cartera en dólares responde, en gran medida, a un efecto contable asociado con la apreciación del colón; ya que, para elaborar sus estadísticas, el Banco Central convierte el saldo mensual de los créditos denominados en dólares a colones utilizando el tipo de cambio de compra vigente el último día de cada mes. Entre mayo de 2025 y mayo de 2026, el tipo de cambio pasó de ₡509,9 a ₡456,2 por dólar, lo que representa una reducción de ₡53,8 (equivalente a 10,5%). Como consecuencia, aun cuando el saldo de los créditos en dólares hubiera permanecido constante, su valor expresado en colones habría disminuido.

De hecho, al analizar la cartera en su moneda original, es decir, sin convertir los saldos a colones, se observa que el crédito denominado en dólares aumentó 4,48% entre mayo de 2025 y mayo de 2026, lo que evidencia que la contracción observada en las estadísticas agregadas responde en buena parte al efecto de la apreciación del colón.

Este aspecto es particularmente relevante al analizar los resultados por tipo de intermediario. En los bancos privados, aproximadamente 60 de cada 100 colones del saldo total de la cartera de crédito (expresada en colones) corresponden a préstamos denominados en dólares. En los bancos públicos, esta proporción es de 20 de cada 100 colones, mientras que en el grupo de otros intermediarios financieros apenas alcanza seis de cada 100 colones.

En consecuencia, la apreciación del colón reduce en mayor medida el valor de la cartera total de los bancos privados, debido a que una proporción significativamente mayor de sus créditos está denominada en dólares. Por ello, la desaceleración e incluso la contracción observada en el crédito agregado de este grupo refleja, en buena medida, un efecto de valoración asociado al tipo de cambio y no necesariamente una disminución en la colocación efectiva de préstamos en dólares.

Crédito por actividad económica

Debido al rezago en la publicación de las estadísticas del Banco Central por actividad económica, la información más reciente disponible corresponde a febrero de 2026. Por esta razón, el análisis sectorial que se presenta a continuación utiliza esa fecha de corte, mientras que el análisis agregado del crédito se basa en la información disponible a mayo de 2026.

Entre febrero de 2025 y febrero de 2026, el saldo total del crédito aumentó un 1.3%. El crédito destinado al turismo registró el mayor crecimiento porcentual (12,5%). Este comportamiento podría estar relacionado con una mayor demanda de servicios turísticos, favorecida por la apreciación del colón —que redujo el costo en colones de adquirir dólares para viajes al exterior— y por la disminución del precio internacional del petróleo, que contribuyó a abaratar el transporte aéreo.

Costa Rica: Crédito al sector privado. Saldos a fin de mes en millones de colones. Variación interanual y participación relativa de cada actividad en la cartera total.

 

feb-25

feb-26

Var. Abs.

Var. %

Importancia relativa en feb2026

Agricultura

443.847

438.263

-5.583

-1,3%

1,7%

Ganadería

167.395

170.220

2.825

1,7%

0,7%

Pesca

8.200

7.986

-214

-2,6%

0,0%

Industria

937.030

914.205

-22.826

-2,4%

3,6%

Vivienda

6.486.037

6.518.860

32.823

0,5%

25,9%

Construcción

654.530

710.988

56.458

8,6%

2,8%

Turismo

653.253

734.611

81.357

12,5%

2,9%

Comercio

2.363.866

2.386.043

22.177

0,9%

9,5%

Servicios

4.033.971

4.106.377

72.406

1,8%

16,3%

Consumo

8.387.101

8.534.601

147.500

1,8%

33,9%

Otros

721.608

662.249

-59.359

-8,2%

2,6%

 Total

24.856.839

25.184.404

327.565

1,3%

100,0%

Fuente: OES-UNA con datos del BCCR.

En términos absolutos, el crédito para consumo, que representa aproximadamente el 33.9% de la cartera total, registró el mayor incremento interanual al aumentar ₡147.500 millones. No obstante, su ritmo de crecimiento ha venido en desaceleración desde que alcanzó su punto máximo en mayo de 2025, cuando registró una variación interanual de 10.6%. A partir de ese momento, la tasa de crecimiento se redujo de forma sostenida hasta ubicarse en apenas 1.8% en febrero de 2026.

A pesar de esta desaceleración, el crédito para consumo continúa siendo uno de los componentes más dinámicos de la cartera crediticia en términos absolutos, debido a que concentra la mayor participación dentro del crédito total. Además, suele mostrar una menor sensibilidad a las variaciones en las tasas de interés, ya que está compuesto principalmente por préstamos de corto plazo destinados a financiar el consumo corriente y las necesidades inmediatas de liquidez de los hogares.

El crédito para vivienda, segundo de mayor importancia dentro de la cartera crediticia (25.9% del total), alcanzó su saldo máximo en junio de 2022, cuando ascendió a ₡6,91 billones y registró un crecimiento interanual de 8.2%. Desde entonces, el saldo de la cartera se redujo en ₡397 mil millones (5.7%), hasta ubicarse en ₡6,52 billones en febrero de 2026. Parte de esta disminución puede atribuirse al efecto de valoración cambiaria derivado de la apreciación del colón descrito anteriormente, que reduce el valor en colones de los créditos denominados en dólares al convertirlos al tipo de cambio vigente. No obstante, el menor dinamismo del crédito hipotecario también refleja factores estructurales de demanda, entre ellos la limitada capacidad de pago de los hogares, los elevados niveles de endeudamiento y el alto costo de las viviendas, que restringen la contratación de nuevos créditos hipotecarios.

El crédito para servicios y comercio, que juntos representan el 29% de la cartera de crédito, también ha presentado una significativa desaceleración desde mediados de 2024.

Por su parte, el crédito destinado a actividades productivas como agricultura, pesca e industria, que en conjunto representan el 5.4% de la cartera total de crédito, registró reducciones durante el último año. Este comportamiento es consistente con el menor dinamismo observado en estas actividades. Como referencia, el Índice Mensual de Actividad Agropecuaria registró una variación interanual de apenas 0.45% en mayo de 2026, mientras que la producción manufacturera del régimen definitivo disminuyó 0.89% en términos interanuales en ese mismo mes.

En términos generales, la desaceleración del crédito en Costa Rica responde a la combinación de factores coyunturales, estructurales y contables:

  • Bajo dinamismo de la economía local. El crecimiento económico ha estado concentrado principalmente en las empresas del régimen especial (zonas francas), mientras que el régimen definitivo —que concentra la mayor parte de las pequeñas y medianas empresas y de la demanda de crédito bancario— ha mostrado un dinamismo considerablemente menor.

  • Deterioro del empleo formal. La disminución en el número de personas con empleo formal reduce tanto la demanda como el acceso al crédito. Entre el primer trimestre de 2025 y el primer trimestre de 2026, la cantidad de personas ocupadas con empleo formal se redujo en 56.202 (-4,1%), al pasar de 1.387.159 a 1.330.957 personas, según datos de la Encuesta Continua de Empleo (ECE) del INEC.

  • Restricciones en la capacidad de pago de los hogares. El elevado nivel de endeudamiento de los hogares limita la contratación de nuevas obligaciones financieras. Además, los ingresos reales han mostrado un crecimiento muy limitado debido a la ausencia de ajustes salariales significativos durante los últimos años. Esta situación responde, entre otros factores, a los bajos niveles de inflación y a las restricciones salariales establecidas en la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas (Ley N.° 9635) y en la Ley Marco de Empleo Público (Ley N.° 10.159) para el sector público. En conjunto, estos elementos pudieron haber reducido la capacidad de endeudamiento de una parte importante de los hogares.

  • Apreciación del colón. Además del efecto contable sobre la valoración de la cartera en dólares, la apreciación cambiaria reduce la competitividad de diversos sectores exportadores y de aquellas actividades que compiten con bienes importados, lo que puede desincentivar la inversión y, en consecuencia, la demanda por crédito productivo.

En este enlace pueden descargar el video con declaraciones de Roxana Morales, coordinadora del OES-UNA: https://we.tl/t-MeCYpzCZBWdRLCpx

M.Sc. Roxana Morales Ramos
Coordinadora, Observatorio Económico y Social
Escuela de Economía, UNA
20 de julio de 2026

Oficina de Comunicación
Universidad Nacional, Costa Rica

Justicia penal: de la visión a la ceguera

José Manuel Arroyo Gutiérrez

El Poder Judicial costarricense de hoy, en materia penal, es resultado del proceso de reforma institucional y legal más relevante de su historia. Hace poco más de 50 años un grupo de juristas y políticos visionarios impulsaron la promulgación de un nuevo Código Penal (1970), un Código de Procedimientos Penales (1974), renovaron leyes orgánicas para el Poder Judicial, el Ministerio Público y el Organismo de Investigación Judicial; se reorganizó y fortaleció también la Defensa Pública y se puso en marcha un modelo penitenciario transformador mediante el proyecto de “La Reforma”.

Se requirieron muchos años de estudio y planificación por parte de personas expertas y autoridades, nacionales y extranjeras, para que el país contara con una legislación penal sustantiva -entonces modernizada-, conforme los principios republicano-democráticos; el proceso penal abandonó los oscuros gabinetes de la inquisición medieval (escrito y secreto), para abrir la puerta a los juicios orales y públicos, cuyo aporte principal fue el control político que la ciudadanía podía ejercer sobre los tribunales a la hora de impartir justicia. Por otra parte, se trasladó la función de perseguir y acusar delitos desde el Poder Ejecutivo (Procuraduría General) al Poder Judicial (como órgano auxiliar de justicia), ubicando el Ministerio Público en un lugar más neutral, otorgándole mayor independencia, rango y recursos, así como procurando que el proceso penal no fuera más un arma político-partidaria para perseguir adversarios y proteger correligionarios. Se fundó el OIJ, para la investigación técnico-científica de los hechos criminales, dejando atrás el barbarismo de cuerpos policiacos de detectives improvisados, subordinados al Gobierno de turno, proclives a la arbitrariedad, el abuso y hasta la tortura. Una Defensa Pública eficiente y eficaz, superó los tiempos en que este derecho era un simple nombramiento en el papel, para asegurar en adelante que toda persona acusada pudiera contar con un acompañamiento profesional de calidad, que garantizara el respeto a sus derechos fundamentales. Por último, se abandonó el concepto de cárceles como meros depósitos de desechos humanos, y se apostó por un régimen penitenciario resocializador, profesionalmente asistido (psicólogos, sociólogos, trabajadores sociales, educadores), régimen además, progresivo y humanista, capaz de superar la ideología del punitivismo vengador, al ofrecer mecanismos de superación para los privados de libertad por medio de la educación y el trabajo.

Semejantes transformaciones le dieron a Costa Rica su prestigio y renombre como nación respetuosa y defensora de los derechos humanos, convirtiéndola en líder continental que albergó la Convención Americana de Derechos Humanos (Pacto de San José), convirtió nuestro país en sede de la Corte Interamericana (CIDH) y su Instituto, así como del Instituto de Naciones Unidas para la Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente (ILANUD). También fuimos el ejemplo a seguir cuando las dictaduras militares asolaron la región latinoamericana y nos dieron autoridad para impulsar y mediar en procesos de democratización y negociación que trajeron paz a Centroamérica y a merecer un Premio Novel en la materia. Por cierto, muchos connacionales, dado ese mismo prestigio, asesoraron los poderes judiciales y sus escuelas de capacitación en las democracias nacientes de la región, así como también muchos otros tuvieron oportunidad de servir en organismos internacionales, trabajar como asesores en centros universitarios de alto nivel y en programas de desarrollo humano en múltiples especialidades.

Sin duda, en estos últimos 50 años se ha vivido en el campo penal –y conseguido en parte- una aspiración democrática fuerte, resultado de liderazgos con visión de futuro, con doctrinas sólidas y propuestas de políticas públicas de largo alcance, en dirección hacia décadas por delante, que alcanzaran a muchas generaciones futuras.

Estos esfuerzos no han podido mantenerse lo suficiente en los últimos tiempos. La confianza en la democracia se ha debilitado. Han fallado las instituciones en la prestación de servicios básicos y se ha deteriorado el acceso a derechos fundamentales. La corrupción público/privada ha generado una indignación difusa contra la política en general. Grandes mayorías se han ido quedando fuera del reparto de la riqueza social y todo ese complejo panorama nos ha traído donde estamos: la pesadilla de la demagogia, la mentira y el populismo irresponsables. La cuestión política a resolver siempre ha sido la misma. Ayer como hoy lo fundamental ha sido construir, incluir, avanzar, actualizar derechos para todas las personas, dar un mínimo de calidad de vida a las mayorías y cultivar el sueño de un futuro mejor. Más temprano que tarde seremos juzgados, como generación, por lo que hicimos tanto como por lo que dejamos de hacer. Hay realidades que no pueden esconderse tras discursos virulentos, descalificaciones o insultos destemplados. La realidad siempre terminará imponiéndose con datos duros, evidenciando avances o retrocesos, logaros en paz y justicia o una conflictividad social cada vez más exacerbada.

El contraste entre lo mejor que hemos sido y el presente, sobre todo a partir de mayo de 2022, es desolador y dramático. La incapacidad de pensar y proponer soluciones de largo plazo es evidente. En el pasado gobierno y el presente, en materia de inseguridad y violencia social, así como sus respuestas penales, sólo hemos oído estridentes ocurrencias como encerrar a cada vez más gente (al estilo Bukele), pintar a los presos y presas de naranja fosforescente, llevar de paseo a escolares de barriadas pobres a visitar cárceles para que escarmienten sobre lo que les espera, asestar un golpe a la independencia del Ministerio Público otorgándole a la Asamblea Legislativa el nombramiento de su jerarca, propuesta inaceptable por regresiva, improvisada y con aroma a desquites personales. La capacidad de visión ha desaparecido, la ceguera es total.

Además, como de antemano el oficialismo sabe que nada de todo esto funcionará, le han declarado la guerra al Poder Judicial. Lo culpan de la inseguridad que se vive ignorando el mandato constitucional de que la prevención y el orden público son tareas a cargo del Poder Ejecutivo, y no de fiscales o jueces. En el colmo de un ejercicio de poder irresponsable, nos quieren llevar al caos institucional boicoteando el nombramiento de magistrados suplentes en la Sala Constitucional. Con esto no sólo quieren impedir que los jerarcas del oficialismo rindan cuentas ante la justicia, sino que buscan deteriorar el servicio público para continuar en su campaña de desprestigio contra la Administración de Justicia. No les importa que cientos o miles de ciudadanos se queden sin resolver reclamos en defensa de sus legítimos derechos. Pero además, la otra estrategia de “gobierno” es asfixiar presupuestariamente al Poder Judicial y demás órganos estatales de control. De nuevo no hay claridad sobre los propósitos últimos de estas estratagemas, dado que el único perjudicado es un público que requiere de servicios indispensables que le serán retardados o denegados.

Pero quizá lo que mayor desconsuelo provoca es el legado que ya nos está dejando el chavismo: la imagen de una Costa Rica en el mundo degradada y deteriorada. Evaluaciones de la OCDE, Transparencia Internacional, el Índice de Desarrollo Humano del PNUD, muestran claros retrocesos en los últimos años en materias como educación, seguridad y percepción de la corrupción. También se incluyen dictámenes alarmantes de observadores externos sobre libertad de prensa y amenazas inéditas a la independencia judicial. La cereza de este pastel en franco proceso de descomposición es ver a nuestros representantes ante Naciones Unidas del lado de quienes defienden el bloque inhumano a Cuba, o quienes justifican el genocidio de Israel sobre Palestina, o las declaraciones oficiales contra los derechos de las mujeres o de las minorías identitarias.

El pasado viernes 17 julio un grupo de costarricenses nos congregamos en el bulevar de los Tribunales de Justicia de San José, en defensa del Poder Judicial. Fue una oportunidad para recordar el origen histórico de las instituciones judiciales en el campo penal y un homenaje a los hombres y mujeres visionarios que sentaron las bases de una justicia democrática sólida, respetuosa de la legalidad y los derechos humanos. Una justicia que 50 años después vale la pena conmemorar y defender. Nadie se acordará, dentro de otro medio siglo, de quienes hoy quieren arrasar con todas esas conquistas históricas con medidas improvisadas, intrascendentes e irresponsables.

La Asociación Americana de Juristas denuncia ante la ONU ataques a la independencia judicial en cinco países de América Latina

La Asociación Americana de Juristas (AAJ) presentó ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en el marco del 62° período de sesiones (15 de junio al 10 de julio de 2026), una exposición escrita en la que documenta graves afectaciones a la independencia judicial en Argentina, Costa Rica, Ecuador, El Salvador y Honduras. El documento, dirigido a la Relatora Especial sobre la independencia de los magistrados y abogados, señala que en estos cinco países el Poder Ejecutivo ha desplegado mecanismos de presión, hostigamiento y control político sobre magistrados y abogados, en contravención de los Principios Básicos de las Naciones Unidas relativos a la Independencia de la Judicatura.

En el caso de Argentina, la AAJ señala una política de control del Poder Judicial vinculada a la Ley de Modernización Laboral, cuyo artículo 90 obliga a los jueces laborales a ajustar sus fallos a los precedentes de la Corte Suprema, bajo riesgo de sanción por «mal desempeño» en caso de apartamiento. El documento cita el caso del juez Raúl Horacio Ojeda, quien enfrentó una denuncia penal y solicitud de destitución tras suspender parte de la reforma, en contraste con el camarista Víctor Pesino, cuyo mandato fue prorrogado luego de fallar a favor del gobierno.

Sobre Costa Rica, el escrito indica que, pese a que la Jurisdicción Constitucional ha ejercido históricamente un control eficaz frente a abusos del poder público, el gobierno actual —según la AAJ, en su cuarto año de gestión— ha consolidado su ventaja legislativa y amenaza con someter al Poder Judicial a control político.

En Ecuador, la AAJ documenta el hostigamiento público desde la Presidencia contra los jueces Alí Lozada y José Luis Terán, ponentes de la declaratoria de inconstitucionalidad de las leyes de Solidaridad e Integridad Pública, incluida la difusión de informes de la Contraloría sobre sus declaraciones patrimoniales sin notificación previa, y una marcha encabezada por el presidente Daniel Noboa en agosto de 2025 en la que se exhibieron pancartas con las fotografías de los nueve jueces de la Corte Constitucional.

Respecto de El Salvador, el documento recuerda la destitución de las cinco magistraturas de la Corte Suprema de Justicia en mayo de 2021 y la jubilación forzosa de jueces mayores de 60 años mediante el Decreto Legislativo N.° 144, medida que —según la AAJ— permitió depurar aproximadamente un tercio de las judicaturas del país.

Sobre Honduras, la AAJ señala que, tras la asunción de un nuevo gobierno con mayoría legislativa el 27 de enero de 2026, se forzó la renuncia de la presidenta de la Corte Suprema de Justicia bajo amenaza de juicio político, y que la elección posterior del nuevo presidente de ese tribunal se realizó en contravención del artículo 315 de la Constitución hondureña.

La AAJ solicita a la Relatora Especial examinar con carácter prioritario estas situaciones, dirigir comunicaciones urgentes a los cinco gobiernos, e instarlos a abstenerse de toda forma de presión o persecución contra magistrados por el contenido de sus resoluciones.

Cinco razones para abrir un debate sobre el aeropuerto internacional de la Zona Sur

Por el Programa Kioscos Socioambientales*

Durante las últimas semanas, la discusión sobre la construcción de un aeropuerto internacional en Palmar Sur de Osa se ha centrado casi exclusivamente en la presencia o ausencia de hallazgos arqueológicos en el sitio donde se pretende desarrollar la pista del proyecto. Sin duda, la protección del patrimonio arqueológico es fundamental. Sin embargo, reducir la discusión a ese único aspecto invisibiliza otros impactos ambientales, sociales, territoriales y económicos igualmente relevantes.

Aún queda un largo camino para determinar si un proyecto de esta magnitud es ambiental y socialmente viable. Cualquier propuesta debería ser evaluada de manera integral, incluyendo el análisis de sus posibles implicaciones para el Sitio Patrimonio Mundial de la Humanidad de las Esferas del Diquís y para el Humedal Nacional Térraba-Sierpe, reconocido como sitio Ramsar de importancia internacional.

Desde hace más de veinte años existe el interés de construir este aeropuerto en un territorio ubicado entre las comunidades campesinas de Finca 9 y Finca 10, muy cerca del Humedal Nacional Térraba-Sierpe y del conjunto de sitios arqueológicos declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO en Finca 6.

Más allá del debate arqueológico, y a pesar de que hay una importante lista de cuestionamientos, existen al menos cinco razones de fondo para cuestionar este proyecto.

1. Implicaría el desplazamiento de comunidades campesinas y la pérdida de un territorio con identidad propia

El aeropuerto no se construiría sobre un territorio vacío. En Finca 9 y Finca 10 viven familias campesinas que durante décadas han construido comunidad, desarrollado formas de producción agrícola y tejido una memoria colectiva ligada al territorio. Estas familias han permanecido en estas dos comunidades desde que la Compañía Bananera de Costa Rica abandonó la zona en 1984.

No se trata únicamente de reubicar viviendas. El desplazamiento de estas comunidades significaría afectar formas de vida, redes de solidaridad, conocimientos campesinos y una identidad territorial construida durante generaciones, que ahora se ve amenazada de desaparecer. Cualquier discusión sobre infraestructura debe comenzar preguntándose quiénes asumen los costos del llamado «desarrollo» y quiénes reciben sus beneficios.

2. Pondría en riesgo la producción de alimentos y el modelo de desarrollo local

Las comunidades afectadas constituyen un importante territorio de producción agrícola que abastece mercados locales y sostiene economías familiares campesinas.

La sustitución de tierras agrícolas por infraestructura aeroportuaria y los desarrollos asociados implicaría reducir la capacidad productiva de la región y favorecer un modelo basado en la expansión inmobiliaria, el turismo masivo y los servicios, en detrimento de la agricultura y la soberanía alimentaria.

La pregunta de fondo es ¿qué modelo de desarrollo quiere construirse para la Zona Sur?

3. Aumentaría la presión sobre uno de los humedales más importantes de Centroamérica

A menos de un kilómetro del proyecto se encuentra el Humedal Nacional Térraba-Sierpe, uno de los complejos de manglar más importantes del Pacífico centroamericano y catalogado como sitio Ramsar de importancia internacional desde 1995.

El impacto no se limitaría a la construcción de una pista, aunque resulta cuestionable la posibilidad de armonizar vuelos y despegues de aviones con pasos de aves migratorias, donde el humedal forma parte de su hábitat. Un aeropuerto internacional suele inducir carreteras, hoteles, comercios, centros logísticos, urbanizaciones y nuevos servicios que incrementan la presión sobre los ecosistemas, la demanda de tierra, agua, la generación de residuos y la contaminación.

La magnitud de estas transformaciones exige una evaluación integral de sus efectos acumulativos y sinérgicos sobre el humedal y sobre todo el territorio.

4. El patrimonio arqueológico debe entenderse como parte de un paisaje cultural

El patrimonio arqueológico del Diquís no está compuesto por sitios aislados, sino por un paisaje cultural de valor excepcional reconocido por la UNESCO.

Más allá de los hallazgos dentro del área del aeropuerto, se deben considerar los impactos indirectos derivados del incremento del tránsito, las vibraciones, la expansión urbana y la infraestructura asociada, que pueden alterar el contexto donde este patrimonio adquiere sentido.

La discusión no puede limitarse al punto exacto donde se construiría la pista, sino abarcar el conjunto del paisaje cultural y sus relaciones con el territorio. La pregunta acá es ¿Está dispuesto el Estado costarricense a que la declaratoria de patrimonio mundial de la humanidad por la UNESCO para las esferas de piedra se vea amenazada y con posibilidades de ser retirada?

5. Es un territorio vulnerable y sin condiciones adecuadas de planificación

La zona propuesta fue y de alguna forma sigue siendo humedal (tipo de ecosistemas, inundable, suelos, etc) y por lo tanto presenta una alta vulnerabilidad frente a inundaciones y otros riesgos asociados al cambio climático, lo que obligaría a realizar importantes obras de drenaje y modificación hidrológica, con elevados costos económicos y ambientales. Por ejemplo, la pista de aterrizaje debería estar al menos a 3 o 4 metros más arriba de la topografía actual, ya que, en eventos como la Tormenta Nate del 2017, el agua llegó hasta a 2 metros de altura en la zona del proyecto.

La Fila Costeña está sometida a un fuerte proceso de especulación inmobiliaria. Un aeropuerto internacional modificaría el modelo de ecoturismo y la vocación agrícola de la zona, dando lugar a un turismo masivo, residencias de lujo y finalmente, turistificación y gentrificación.

A ello se suma que el cantón de Osa aún carece de un instrumento de ordenamiento territorial plenamente consolidado que permita orientar el crecimiento urbano y turístico que inevitablemente acompañaría un aeropuerto internacional. La experiencia demuestra que, cuando la planificación llega después de las grandes inversiones, buena parte de los impactos ya son irreversibles: fragmentación de bosques, pérdida de humedales, apertura de caminos, expansión inmobiliaria y especulación y concentración de la tierra. Para la Zona Sur, el costo ambiental podría ser muy alto si se considera el papel determinante de la naturaleza dentro de actividades económicas como el ecoturismo y el turismo rural comunitario.

El debate debe ser mucho más amplio

La discusión sobre el aeropuerto de Palmar Sur no puede reducirse a la existencia o no de hallazgos arqueológicos en un punto específico del terreno.

Lo que está en juego es el futuro de uno de los paisajes bioculturales más importantes de Costa Rica: ¿La Guanacastización de Osa? la permanencia de comunidades campesinas, la producción de alimentos, la protección del Humedal Nacional Térraba-Sierpe, la conservación del patrimonio arqueológico y cultural, la gestión de los riesgos ambientales y el modelo de desarrollo que se quiere impulsar para la Zona Sur.

Costa Rica debe preguntarse no solo si es posible construir un aeropuerto en ese sitio, sino si ese es el lugar adecuado para una infraestructura de esa magnitud y si los beneficios públicos justifican los costos sociales, ambientales y culturales que podría generar.

Porque el patrimonio no se limita a las esferas de piedra. También lo conforman las comunidades que habitan el territorio, los humedales que sostienen la biodiversidad, la soberanía alimentaria, los paisajes culturales que conservan la memoria y los bienes comunes que pertenecen a toda la sociedad.

* El Programa Kioscos Socioambientales desarrolló proyectos de Acción Social de la UCR en las comunidades de Finca 9, Finca 10, Térraba y Chánguena, en Palmar Sur de Osa, entre 2011 y 2019. Estos procesos fortalecieron organizaciones campesinas mediante el rescate de la memoria histórica del antiguo enclave bananero, la promoción de prácticas agroecológicas y el análisis de las transformaciones territoriales de la región. En este trabajo se abordaron temas como la conservación del Humedal Térraba-Sierpe, el patrimonio arqueológico de las esferas de piedra, la expansión de la palma aceitera, la gestión del riesgo por inundaciones y las implicaciones de la propuesta de construcción de un aeropuerto internacional. Asimismo, el Programa participó en la comisión institucional de la UCR encargada de valorar el estudio de impacto ambiental del proyecto aeroportuario (expediente D1-11752-2013-SETENA). Actualmente, el proyecto ED-3526 Geografía y Diálogo de Saberes acompaña a la Comisión Alianza Comunal del Corredor Biológico Paso de la Danta en la defensa de la Fila Costeña frente al desarrollo inmobiliario. Durante estos años se llevaron a cabo una serie de producciones académicas: ver lista completa

¿Por qué la paz casi nunca dura?

José A. Amesty Rivera

(Una mirada marxista latinoamericana ante el conflicto entre EEUU, Israel e Irán)

Hipótesis para el Debate y la Discusión:

Cuando los grandes medios hablan de las guerras, casi siempre nos cuentan que todo se debe al odio entre pueblos, a diferencias religiosas o a rivalidades que vienen de hace mucho tiempo. Pero esta explicación apenas muestra una parte de la realidad. Detrás de los grandes conflictos casi siempre hay intereses económicos, militares y geopolíticos mucho más profundos.

Desde una mirada marxista latinoamericana, las guerras no pueden entenderse separadas de la lucha por el poder, los recursos naturales, las rutas comerciales, los mercados y el control político. En el capitalismo, sobre todo en su etapa imperialista, la guerra deja de ser algo excepcional y pasa a ser una herramienta para defender intereses económicos y estratégicos. El conflicto entre EEUU, Israel e Irán deja ver con bastante claridad esta realidad.

Cada cierto tiempo escuchamos que hay un alto al fuego, que vuelven las negociaciones o que las tensiones han bajado, sin embargo, poco después regresan los bombardeos, las amenazas y las acusaciones. ¿Por qué pasa esto una y otra vez?

Porque las causas de fondo siguen ahí, no estamos viendo solo una pelea entre gobiernos, lo que está en juego es el control de una de las regiones más importantes del mundo desde el punto de vista energético, comercial y militar; Medio Oriente concentra enormes reservas de petróleo y gas, además de rutas estratégicas por donde pasa buena parte de la energía que mueve la economía mundial.

Quien tenga mayor control sobre esa región también tiene una enorme capacidad para influir en la economía mundial; durante décadas, EEUU ha construido una fuerte presencia militar en Medio Oriente: bases militares, alianzas, acuerdos de seguridad y tecnología de punta forman parte de una estrategia para mantener su lugar como la principal potencia del mundo.

Dentro de esta estrategia, Israel ocupa un papel clave, más allá de los vínculos históricos y políticos entre ambos países, es uno de los principales aliados militares de Washington en la región.

Por su parte, Irán busca aumentar su influencia política y militar, fortalecer su capacidad para resistir las presiones externas y consolidarse como una potencia regional capaz de desafiar el orden impulsado por EEUU.

EEUU cuenta con un poder económico, militar, financiero y tecnológico que ningún otro actor involucrado posee, tiene capacidad para imponer sanciones económicas, intervenir militarmente, influir en organismos internacionales y presionar a numerosos gobiernos alrededor del mundo.

En América Latina conocemos bastante bien cómo funciona esa relación desigual, nuestra historia está llena de bloqueos económicos, golpes de Estado, intervenciones militares, operaciones encubiertas y presiones diplomáticas, casi siempre justificadas en nombre de la democracia, la seguridad o la defensa de determinados intereses.

Por eso muchos pueblos latinoamericanos miran con desconfianza cualquier intervención de las grandes potencias, no se trata de un prejuicio; se trata de memoria histórica.

Otro tema del que se habla poco es el papel del capital; cada guerra mueve cantidades enormes de dinero, mientras millones de personas pierden sus casas, sus familias o sus vidas, otros multiplican sus ganancias.

La industria militar vende aviones, misiles, drones, radares, sistemas de defensa, municiones, satélites y tecnología de vigilancia; cada vez que aumentan las tensiones internacionales, los grandes fabricantes de armas consiguen contratos multimillonarios.

Esto no quiere decir que las guerras existan únicamente para vender armas, esta sería una explicación demasiado simple, pero tampoco puede ignorarse que existe un enorme negocio que obtiene beneficios cada vez que los conflictos continúan.

Hace más de medio siglo, el presidente estadounidense Dwight Eisenhower advirtió sobre el enorme poder que podía llegar a tener el llamado complejo militar-industrial sobre las decisiones políticas de su país; con el paso del tiempo, aquella advertencia parece tener todavía más sentido.

La guerra también cumple otra función dentro del capitalismo actual, sirve para justificar grandes presupuestos militares, fortalecer los aparatos de seguridad, ampliar los sistemas de vigilancia y reforzar alianzas políticas, bajo la idea constante de que existe una amenaza externa, así, el miedo termina convirtiéndose en una herramienta política.

Tampoco hay que olvidar la política interna; los gobiernos no toman decisiones pensando solo en lo que ocurre fuera de sus fronteras, también responden a intereses económicos nacionales, grupos empresariales, sectores militares y cálculos electorales. Muchas veces resulta más conveniente mostrarse como un líder firme que como un gobernante dispuesto a negociar, esto ocurre en EEUU e Israel.

Por eso los altos al fuego suelen ser tan frágiles, no representan una solución definitiva, ya que son apenas pausas dentro de un conflicto que sigue abierto porque ninguno de los problemas de fondo ha sido resuelto.

Las sanciones económicas continúan, la disputa por el programa nuclear sigue vigente, la presencia militar estadounidense permanece en la región, las tensiones alrededor del estrecho de Ormuz siguen siendo claves para el comercio mundial y la competencia por el liderazgo regional no desaparece; mientras estas contradicciones sigan existiendo, cualquier tregua será temporal.

Desde una perspectiva marxista latinoamericana, la paz no puede entenderse simplemente como el silencio de las armas, una paz verdadera exige cambiar las relaciones de dominación que generan los conflictos. No puede haber una paz duradera mientras unos pocos Estados, pretendan decidir el destino del resto del mundo mediante la fuerza militar, las sanciones económicas o la presión diplomática.

Tampoco puede consolidarse una paz estable mientras las disputas por los recursos naturales, las fuentes de energía y los mercados sigan resolviéndose mediante la confrontación.

La experiencia latinoamericana también deja otra enseñanza. El derecho internacional pierde credibilidad cuando se aplica con una medida para los aliados de las grandes potencias y con otra muy distinta para quienes desafían sus intereses; este doble rasero alimenta la desconfianza y debilita cualquier intento de construir un orden internacional basado en reglas iguales para todos.

Por esto la defensa de la soberanía de los pueblos debe ser un principio válido sin excepciones; y quizás la principal enseñanza sea desconfiar de las explicaciones fáciles.

Las guerras no empiezan simplemente porque haya gobernantes buenos y malos, tampoco terminan con la firma de un acuerdo; detrás de cada conflicto hay intereses materiales, relaciones de poder y disputas económicas que necesitan ser analizadas con espíritu crítico.

Desde una mirada marxista latinoamericana, el imperialismo sigue siendo una pieza fundamental para entender muchos de los grandes conflictos actuales. Una política verdaderamente emancipadora exige mantener una mirada crítica sobre todos los Estados, defender el derecho de los pueblos a decidir su propio destino y rechazar cualquier forma de dominación.

Porque, al final, quienes siempre pagan el costo de las guerras no son los grandes empresarios, los fabricantes de armas ni las élites políticas, son los trabajadores, las familias humildes, los campesinos, los jóvenes enviados al frente de batalla y los pueblos que ven destruidas sus ciudades mientras otros se disputan el poder.

Esta sigue siendo, probablemente, la mayor lección que América Latina puede ofrecer al mundo: la paz solo será duradera cuando la vida de los pueblos valga más que los intereses del capital, de los imperios y de quienes han convertido la guerra en un negocio permanente.