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¿NOS ENCONTRAMOS?

Por Memo Acuña (Sociólogo y escritor costarricense)

Una película fronteriza con el cambio de año nos solicita “no mirar para arriba”. Quizá de todo lo propuesto por su argumento, que intuyo muy parecido a las sátiras documentales de Michael Moore sobre la sociedad estadounidense y su propensión genética a la opulencia, la violencia y el vértigo, lo que deseo rescatar es su reflexión sobre la pérdida de sentido en una sociedad hipercomunicada.

La forma absolutamente irracional en la que circulan los mensajes hoy día nos deja a los seres humanos en el último lugar de la escala de necesidades. Por eso no sabemos bien cómo reaccionar ante la adversidad y cuando buscamos salirnos de la vorágine resultamos revolucionarios, desadaptados del sistema.

El concepto de salud mental y su abordaje debe ahora mismo incluir esa dimensión hasta ahora naturalizada de la desadaptación a un mundo que gira veloz, que se llena de dispositivos para la comunicación, pero que no se habla a sí mismo. La pérdida de sentido: el ley motiv de la crisis civilizatoria que nos asiste, pandemias incluidas, a esta hora justa.

Debo reconocer que cada vez me cuesta más digerir algunas de las prácticas que parecieran disruptivas, tal vez por la programación racional a la comprobación y el análisis (que la sociología instaló en mi como un chip sensorial) y que he intentado ir diluyendo con mi acercamiento al arte, especialmente a la literatura, a la poesía concretamente. A veces lo logro, a veces no.

Pero de todo lo que ocurrió en este año que ya termina (al cual sigo nombrando como el año 1 después del año cero de la pandemia) hubo algunos hecho hilarantes que me confirman el sinsentido que nos ha generado esta época, este tiempo.

Recordemos uno en particular. Sucedió en Turquía. Al calor de unas copas compartidas con amigos en un barrio rural, Beyhan Mutlu se apartó del grupo y se adentró en un buque cercano.

Al notar su ausencia, sus amigos dieron parte a las autoridades que de inmediato activaron el protocolo (palabra que recordaremos por siempre luego de estos años pandémicos) de búsqueda.

Luego de algunas horas de búsqueda infructuosa, las autoridades, sus amigos y familiares decidieron llamar al desaparecido por su nombre, que de inmediato respondió: “¿A quién estamos buscando? ¡Estoy aquí!” Mutlu había participado de su búsqueda y, como hemos visto, se había encontrado.

Al margen del hecho, chistoso, raro, paradójico, se podría concluir la suerte que tuvo el hombre al lograr “encontrarse”.

Mirar para adentro en muchas ocasiones implica años de búsqueda sin respuesta inmediata. En un momento de cambio epocal como el que transitamos, debemos seguir ejerciendo el derecho irreductible de propiciarnos, buscar nuestra voz y nuestra esencia. Puede ser que, como Beyhan, logremos encontrarnos.

¿Lo intentamos?

2021-2022: Después de la duda ¿podría renacer la esperanza?

Luis Paulino Vargas Solís

El 2021 ha dejado sembrada la duda, que se resume en una enorme pregunta ¿podrá la humanidad salvarse de sí misma?

La pandemia del Covid-19.

Se ha demostrado que tenemos el potencial, pero no necesariamente la voluntad. Muchísimas muertes pudieron evitarse, si tan solo hubiésemos sido capaces de reconocer que la pobreza y la marginalidad potencian el contagio y si, entonces, hubiésemos actuado con el grado de solidaridad, empatía y compasión que ello demandaba. Y si la ciencia, financiada con fondos públicos, hizo posible el temprano desarrollo de las vacunas ¿por qué estas han terminado siendo un negociazo en manos de las grandes farmacéuticas y por qué son acaparadas por los países ricos? Más allá de la restricción injustificada de las patentes, y de los criminales bulos antivacunas, deberían estarse produciendo a escala masiva y distribuyendo equitativamente, para convertirlas en un derecho universal.

El cambio climático y la crisis ambiental.

Hacer cumbres mundiales de las que salen acuerdos “voluntarios” de alcance simbólico. Más que ridículo, resulta suicida. Los lobbies de las petroleras, como los de las farmacéuticas, siguen hipnotizando, con sus fajos de billetes, a las élites políticas del mundo, cuando aquí mismo, en Costa Rica, sigue circulando la taradez de no entender que el único lugar correcto donde el petróleo pueda estar, es debajo de la tierra. Llegados a este punto, ya nada podrá salvarnos de las consecuencias del calentamiento global. Pero todavía podríamos evitar la catástrofe total. También en este caso, tenemos el potencial, que la ciencia nos proporciona, pero no la voluntad. Mezquinos intereses económicos y políticos nos paralizan.

La desigualdad y la pobreza.

No se ha entendido el enorme potencial agravante que tienen estos factores, en relación con el Covid-19, ni tampoco parece entenderse que el abordaje de la crisis climática, debe obligatoriamente basarse en una elemental, pero ineludible, noción de justicia climática. El mundo debe obligatoriamente cambiar, pero el cambio no puede ser ni de la misma dimensión ni de la misma calidad, en los países ricos que en los pobres; para el 1% de los súper-ricos que para el resto. Y especialmente debe proteger a quienes son más pobres y vulnerables.

Para todos y todas: un venturoso 2022. Nos toca hacer renacer la esperanza y construir un mundo mejor ¡hagámoslo, por favor!

Compartido con SURCOS por el autor, publicado además en su página de Facebook.

COSTA RICA 2021: LA COMMEDIA È FINITA

COLUMNA LIBERTARIOS Y LIBERTICIDAS (17).

Tercera época.

Rogelio Cedeño Castro, sociólogo y escritor costarricense

El telón de la obra teatral que ha venido siendo representada durante los últimos ocho años en la escena política del pequeño país centroamericano que somos ha caído por fin: entre la penumbra reinante empezamos a distinguir ¿quién es quién dentro del juego político? Ya no se trata de seguir a los protagonistas por lo que dicen, o acostumbran a decir con suma ligereza, sino de establecer un inventario cabal de lo que han venido haciendo.

Los “progres” del PAC, esos maestros del fingimiento, no sólo nos han traicionado, ejecutando con saña la más agresiva contrarreforma neoliberal que acabó con nuestro estado social de derecho, y el pacto social establecido en la constitución de 1949, sino que terminaron por confundir a un gran sector de la población, que ante su postura mimética llegó a pensar que ellos son “comunistas”, “socialistas” o algo así, resultando muy difícil sacarles de la cabeza a muchas gentes semejante equívoco, por lo que no se han dado cuenta de que este gobierno representa a lo más rancio de la ultraderecha neoliberal. Contando con la ayuda y decidida participación de los restos ya descompuestos del otrora PLN socialdemócrata (en el buen sentido del término), de los del PUSC del tránsfuga Rodolfo Piza Rocafort, quien en esta campaña electoral se nos presenta con otro rostro, del también “progre” FA que se adhirió a la coalición gobernante desde el primer momento, en abril de 2018, de cuyo gabinete formó parte su presidenta durante casi tres años, sin deslindarse de manera clara y transparente del neoliberalismo (neoconservador y mercantilista, más bien) reinante, mientras sus líderes más conocidos dicen ubicarse hacia el centro, un gran sector de la población lo sigue y seguirá viendo como los temibles “comunistas”, “ socialistas” o “castrochavistas”, y aunque esas percepciones carezcan de todo asidero en la realidad, son válidas en las cabezas de quienes terminaron pensando de esa manera. Dado lo anterior, es que podemos comprender porque un gran sector de la población rural involucrado en la protesta social de agosto-octubre de 2020, en las filas del Movimiento Rescate Nacional, encabezado por Célimo Guido y Óscar Campos, decía que estaba luchando contra un gobierno “comunista”, a pesar de que la policía que los reprimía brutalmente sigue siendo entrenada por los Carabineros de Chile y la sanguinaria Policía Nacional de Colombia, consumadas expresiones de la política represiva de la ultraderecha en esta parte del mundo. Carlos Alvarado se negó a dialogar con quienes protestaban en las calles, y con la complicidad del FA formó unas “mesas de diálogo” (de un monólogo del régimen, en realidad) en las que terminaron dándole atolillo con el dedo a los participantes.

Una vez terminada la representación teatral, no podemos ponernos a reír, la comedia resultó ser una tragedia en la que los patos a sacrificar resultamos ser nosotros: lo peor de todo, es que nos quedamos sin herramientas políticas para enfrentar la catástrofe que se nos viene encima, tendremos que empezar de cero como en el viejo mito de Sísifo para llevar la roca hasta la cima de la montaña, pero metidos en un gigantesco mar de confusiones, donde a semejanza de Odiseo de Itaca tendremos que poner oídos sordos a los cantos de sirena, esos del régimen imperante que se tornarán más abundantes, cuando más profunda y evidente se nos haga la catástrofe, corremos el riesgo de encallar en las rocas.

La fauna electoral costarricense en el zoo político electoral. Sus colores, fobias y filias

Vladimir de la Cruz

El zoológico y la fauna política electoral costarricense corresponde, aristotélicamente, al animal político de la polis nacional, de la urbis política moderna, al conjunto de animales cívicos, que en este ambiente electoral se relacionan de muchas maneras políticas, que por su naturaleza social tratan de vivir en comunidad, organizada al efecto, contrario a las bestias o dioses que viven salvajemente o no necesitan la sociedad para su existencia, y que luchan por dirigir su organización política e institucional, tomando decisiones, en este caso electorales.

Esto sin evitar lo que otro filósofo, Tomas Hobbes, popularizó de que el hombre es el lobo del hombre, que hace sobresaltar, como se practica en este proceso electoral, para asegurar su subsistencia o sobrevivencia, el uso de malas artes, el egoísmo y las bajas pasiones para descalificar a los contrincantes. Son los hombres políticos, en sus campañas electorales, comiéndose entre sí, algunos sin indigestarse, como buenos antropófagos que son, y no por estar acostumbrados a la comida basura de la campaña electoral, a la carroña electoral…de la cual algunos pueden vivir.

Para los antiguos griegos la Política era el arte del buen Gobierno, de asegurar el buen vivir, de lograr la mayor prosperidad, bienestar y felicidad posible. ¿Acaso no es esto lo que está en el trasfondo del proceso electoral? Pero, existe el peligro de que a este Gobierno del buen vivir lleguen arrogantes, atorrantes, politiqueros, hambrientos de fortunas, inescrupulosos que quieran aprovecharse de las arcas públicas, de diamantes, de plagas como la cochinilla y otras especies. ¿Está esto en juego en el actual proceso electoral?

Como especie humana en el reino animal somos peligrosos, dignos de temer, sobre todo por las armas y métodos que somos capaces de emplear para acabar con los contrincantes, con la capacidad, que nos daña a todos, hasta acabar con nuestro natural hábitat político, cuando disminuimos el valor de sus instituciones, de sus líderes, de la vida política misma, cuando descalificamos o debilitamos la naturaleza democrática de la existencia del sistema de vida, cuando contaminamos el ambiente político, cuando lo sobrexplotamos irracionalmente, cuando tratamos, actuando como especie invasora, de acabar con el resto de las especies de este hábitat político, cuando creamos desconfianza en el modo de vida que tenemos.

En la industria de la política se pueden emplear soldados, mercenarios, generadores de opinión, rumores, noticias falsas, descalificadores sociales y políticos, usando todos los medios de comunicación posibles, y existentes, se puede tratar de hacer limpieza étnica de los contrincantes, y hasta genocidios contra los seguidores de otros líderes y partidos políticos encasillándolos con adjetivos negativos y odiosos a todos, así como métodos terroristas para causar miedo sobre los adversarios, miedos como el de populismo, populismo de izquierda o populismo de derecha, izquierdismo, derechismo, nacionalismo, socialismo, comunismo y otros similares, para sacarlos del Poder o para evitar que lleguen al Gobierno. Los más impactantes en el uso son los conceptos de corrupción y corruptos, de forma generalizada, como depravación moral y política, real, existente y tangible, más que simbólica, o concreta y precisa en determinadas personas e instituciones afectadas con escándalos de corrupción.

De igual modo, desde el Poder también se ejecutan acciones, abiertas o encubiertas, terrorismo de Estado, con iguales propósitos, para quedarse en el Poder, para asegurar a sus continuadores y para debilitar y acabar a sus contrincantes.

En esta selva política se actúa con activistas, con militantes, con simpatizantes y con clientelas políticas y electorales. Los activistas, los que se mueven organizadamente. Los militantes, los pertenecientes religiosamente a sus partidos, que no son actualmente grupos muy sólidos, a las guaridas de los líderes de las manadas políticas que representan o con las que se identifican, defienden y promueven. Los simpatizantes, los seguidores de los líderes y los partidos. Las clientelas donde se agrupan los que necesitan amparo y protección que de manera sumisa se someten a los líderes y sus partidos, a cambio de promesas reales o imaginarias de servicios esperados. Los militantes y activistas son más activos, mientras los simpatizantes y las clientelas son más pasivos en el actuar político.

En esta selva política nacional los animales políticos se comportan como el resto de los animales en sus manadas, ¿en sus partidos políticos?, en las que están juntos, con las que se desplazan o mueven juntos, conviven juntos, y se identifican entre ellos.

Las manadas políticas pueden ser de animales salvajes o de animales domesticados. José Figueres, tres veces Presidente de Costa Rica, lo afirmó, el pueblo costarricense está domesticado. No es un término que comparto ni me gusta. Los animales se domestican. A los seres humanos se les educa, se les enseña, se les instruye. Pero, desde esa vez que Figueres se refirió así a los costarricenses los hábitos de comportamiento político electoral, si no social también, de los animales salvajes costarricenses, parecieran manifestarse como el de los domesticados, el de la nación de borregos, término que usó William Lederer para referirse, hace algunos años, al pueblo de Estados Unidos, como un pueblo sumiso, ignorante y aletargado, por los medios de comunicación, el de los sometidos, el de que los obligaron a convivir con el resto de las personas, dentro de la manada nacional, con sus distintos líderes alfas o betas, disputando obviamente su liderazgo.

En el reino animal, la manada responde más a los animales en estado salvaje, pero en Costa Rica, a veces no hay mucha diferencia en el comportamiento de los animales políticos, con los que están domesticados, pues se actúa como si todos fueran salvajes.

En la manada hay comportamientos colectivos e individuales.

En el mundo de la selva real los animales se distribuyen más ampliamente, a pesar de los daños que hacemos sobre la naturaleza. En el mundo de la selva política el espacio es más reducido en términos reales, y también de concentración poblacional. Casi el 70% de la población de los animales políticos del país se concentra en el Gran Área Metropolitana, la selva política más importante, y menos de quince cantones tienen la mayor concentración de electores nacionales, donde actúan fieramente las manadas políticas tras sus líderes alfas, betas, gammas y omegas. En la naturaleza la reducción de espacios provoca el peligro de la extinción de animales. ¿Y, en la naturaleza social, política y urbano rural que tenemos, acaso no se pone en peligro la extinción de ciertos animales políticos, y de sus manadas?

De una campaña política electoral a otra desaparecen manadas con sus líderes, partidos con sus dirigentes. El dos veces Presidente de Costa Rica, Oscar Arias, ha afirmó, en el 2018, que de no ganar Liberación Nacional en febrero próximo este partido probablemente desaparecerá. ¿La polis moderna pone en peligro de existencia a los animales que la habitan? Para las elecciones próximas Liberación Nacional está en su más decisiva encrucijada, tres derrotas seguidas lo pueden llevar a su casi desaparición. ¿La lucha política electoral es una forma de luchar por la sobrevivencia de unos animales políticos sobre otros?

En la vida natural cuidamos de las especies creando reservas para asegurar su existencia, pero en la vida político social no creamos ninguna reserva en este sentido para asegurar la vida política de nuestra especie, ni la de los líderes políticos que salen heridos, mortalmente heridos o maltrechos de una contienda electoral. Los partidos políticos grandes, históricos, creaban esas reservas con escuelas de capacitación, que las han eliminado.

Desde la campaña electoral de 1990 a ninguno de los candidatos electorales de los grandes partidos, o manadas políticas, exceptuando a Rodolfo Piza, se le ha dado oportunidad de repetir candidatura, en el 2014 y en el 2018, porque han muerto en esas lides electorales, o han tenido que emigrar en busca de otras manadas políticas…que los acepten como líderes, o a formar sus propias nuevas manadas. El mismo Rodolfo Piza en este momento aspira por otro partido político a la Presidencia de la República.

En la vida política la única especie que asegura su reserva de existencia es la que gana, la que triunfa, la que domina el espacio de la naturaleza política que habitamos, por el uso del poder por cuatro años de gobierno.

Para la vida de los animales hemos creado categorías de existencia grupal por sus especies. Así, la de caballos caballada o yeguada, la de la cabra y borregos, el rebaño, las de los burros se le llama manada, las de las vacas hatos o rebaños, la de los cerdos, piara, la de los perros, jauría, la de las mulas, recua.

Manada también se le llama al conjunto de lobos y de leones. En el caso de los leones solo uno es dominante. Lobos y Leones son animales carnívoros que se alimentan del resto de los animales, independientemente de su tamaño. En el caso de los tigres son oportunistas.

Hace poco más de 50 años William Lederer analizando la sociedad norteamericana escribió su libro “Una nación de borregos”. Con la última elección de Trump valdría la pena hacer una nueva relectura de este libro. Lo tengo, pero por ahora perdido transitoriamente en la selva de mi Biblioteca y Centro de Documentación. Si hay segunda vuelta electoral espero haberlo leído por ver el movimiento de los medios de comunicación en esa orientación hacia los electores, como ciudadanos o como borregos.

En las manadas de animales generalmente hay una pareja dominante, que se les llama alfa, una pareja que ocupa el segundo lugar, que se le llama beta, que generalmente, ésta puede sustituir a la alfa en cuanto a su importancia, y están los individuos restantes de las manadas que tienen menores rangos, hasta los omegas, los últimos de la lista.

En pocas especies el dominio lo ejercen las hembras, las mujeres, como las abejas con su Reina. Igual en el caso de los Bonobos, los chimpancés, los primates más parecidos a nosotros los humanos, con un 99% de secuencias del ADN iguales, por lo que pareciera que por ello nuestras sociedades son muy matriarcales, donde la Madre, la Mujer, juega un papel muy significativo y determinante en la vida social y cultural, aspecto que no se destaca en la contienda política, en su propaganda, en sus signos externos. Ninguna de las mujeres candidata destacan su particularidad femenina, con un electorado mayoritariamente femenino. A lo más que se llega es a la foto del macho alfa con su mujer beta, y en algunos casos con su mujer también alfa. La sociedad costarricense en muchos aspectos padece de mamitis, dependencia de la madre, la abuela, la esposa o una mujer dominante de la familia, sin que sea negativo decirlo así porque así es.

Con las orcas, los elefantes, las hienas, los leones sucede igual, en sus manadas dominan las hembras a pesar de la existencia del macho alfa dominante, más para la reproducción que para otra cosa, como es igual en sinnúmero de familias de nuestras manadas políticas, y de los líderes de estas manadas.

Animales y seres humanos vivimos socialmente para asegurar la existencia. En la organización grupal que desarrollamos hay grupos sencillos y complejos, pequeños y grandes, muy organizados y poco organizados, en algunos los individuos son más solitarios que en otros, para la cacería unos ayudan a otros y coordinan las acciones de la caza, en manada, mientras otros cazan en solitario.

Los animales como los humanos desarrollan jerarquías de mando, según la especie, el más viejo, el más grande, el más fuerte. En las manadas políticas, además, el más inteligente, el mejor formado para dirigir y gobernar, el que tiene más dinero, o el joven que se abre paso. La jerarquía se establece por peleas, como las electorales, para definir quién manda o gobierna, y por las luchas internas en los partidos políticos, en las manadas de los alfas o de los betas.

Las abejas y las hormigas tienen una estructura social y jerárquica muy bien definida. Maurice Maeterlinck nos ilustró y emocionó, desde adolescentes, con sus libros sobre estas colectividades de animales. Y, Desmond Morris nos puso en el espejo de los monos.

Las manadas en el mundo político son las muchedumbres, los ejércitos, el estudiantado, los gremios en todas sus formas, el episcopado con todos sus obispos y jerarcas eclesiásticos, la grey de creyentes, las sociedades, las cooperativas, los partidos políticos, los sindicatos, los distintos grupos sociales según los queramos ver, analizar o comprender. La autoridad entre estas manadas se establece generalmente por peleas entre sus miembros, de lo que resulta la seguridad, la paz, el orden y la jerarquía de mando dentro de la manada.

En general, en la naturaleza como en la vida de la ciudad, de la polis, o la urbis, la vida se realiza disfrutando en colectivo, en grupos, en parejas, en familia. Pero hay individuos de las especies que prefieren la soledad, la individualidad casi al extremo, donde su tranquilidad se expresa en su soledad, en el goce de la compañía de sí mismos, sin que por ello se depriman, se entristezcan o sean infelices, y buscan la compañía tan solo para su reproducción, natural o política.

Así actúan también algunos líderes políticos. Los políticos se reúnen en forma parecida para cortejar a la hembra política, a la ciudadanía, para copularla, para comprometerla con sus cortejos de enamoramiento, en este caso, político. Por eso es que muchos políticos, con sus partidos, y manadas, solo aparecen para los períodos de copulación política, cuando están los procesos electorales. Es el momento para muchos de ellos de exudar sus feromonas políticas, de lanzar sus cantos de sirena, esos discursos políticos, que suenan agradables, convincentes y llamativos, a los oídos de los miembros de las manadas, pero que en su canto seductor tan solo tienen engaños y truculencias.

En este momento pareciera que ninguno de los candidatos exuda feromonas de ningún tipo, menos las políticas tan necesarias a un mes de la votación. Por eso también algunos Presidentes se aíslan de la manada, que también los llega a repudiar, después de haber copulado con ella en el proceso electoral.

Como en la Odisea algunas sirenas del zoológico costarricense hacer enloquecer a quienes las oyen. Lamentablemente en este mundo político nacional falta Circe, la diosa hechicera, que no instruye ni aconseja, como lo hizo con Ulises, de cómo saber taparse los oídos frente a esos cantos de sirenas que se oyen por todo el panorama nacional y cómo enseñar cuál es la ruta de salida frente a esos cantos de sirena. Pero, ¡cuidado con Circe también! Le gustaba convertir a los humanos en lobos, leones y cerdos, aunque podían recuperar su condición de humanos.

En Costa Rica muchos se convierten en animales rastreros, actuando despreciable e innoblemente, humillándose si es del caso, con el propósito de obtener algún beneficio político, alguna plaga de cochinilla o una mina de diamantes…

Algunos de los animales individualistas del zoológico real de la naturaleza son los rinocerontes, los zorrillos, los leopardos, los topos, los koalas y los perezosos, que no por individualista lo han nombrado Símbolo Nacional recientemente, entre otros.

Estos animales de vida preferentemente solitarios son de poca paciencia para tolerar a otros de su misma especie, como en la selva política nacional que algunos tienen poca paciencia para oír o aceptar críticas y cuestionamientos y hasta echan el tufillo del alejamiento.

Como en la manada la lucha es por el espacio, el agua y el alimento, en la lucha electoral es por el Gobierno y el maná bendito que de él mana… y si no hay mucha comida ni agua que repartir la lucha puede ser muy feroz y brutal. ¿Será así la campaña electoral en enero?

En el reino animal cuando a un macho lo echan de una manada puede llegar a ser jefe de otra. En el zoológico político nacional vemos como machos alfa de una manada terminan siendo líderes alfas o betas de otras. En esta campaña electoral hay algunos candidatos que así están actuando.

Igual que en el zoológico real, donde hay un real cautiverio de animales, en el zoológico político los animales pueden “sentirse” en cautiverio en sus estructuras de poder, por lo que les cuesta aceptarse en ese cautiverio y les cuesta establecer las jerarquías de poder que de él emanan, porque el cautiverio político les establece comportamientos.

En las manadas de animales hay animales más sociales que otros, igual en el mundo político, hay líderes más sociales y sociables que otros.

A los líderes en las manadas de animales se les llama macho alfa, y a su pareja hembra beta. A partir de aquí jerarquías hacia abajo hasta la del macho omega, que se ha estudiado en manadas de lobos. Igualmente existen jerarquías para machos y para hembras. ¿Por eso se ha igualado al animal político masculino y femenino a plenitud, en el mundo zoológico y la jungla costarricense? Es de reconocer que en la manada todos tienen trabajos, funciones y papeles que ejecutar.

Los animales en las manadas se comunican, con formas verbales de sonidos, que se tratan de estudiar como lenguajes, con el cuerpo, el lenguaje corporal, con bailes y danzas, con los colores que tienen, que también los distinguen en muchas ocasiones, especialmente a los machos y a las hembras. En las manadas políticas también se usan lenguajes, signos, ademanes, vestidos, uniformes, colores, banderines y banderas, fotografías de los machos alfas, de las hembras betas, de los machos betas y hasta de los machos y hembras omegas.

Ante el Poder y la posibilidad de Gobierno, igual que en la manada, el macho es joven, o, sin leer a Maquiavelo, trata de aparentarlo. No casualmente todos los candidatos electorales tratan de identificarse con el grupo electoral de más baja edad, entre los 18 y 40 años, aun cuando solo representen el 40% de toda la manada. Nadie, ningún candidato quiere identificarse con los más viejos, los mayores de 40, aunque representen el 60% del electorado.

Pero, en el Poder y durante el Poder, o el ejercicio de gobierno, el macho alfa que gana, envejece, como también su manada. Basta ver un Presidente entrante y al mismo ya saliente. Su cara, su gesto, su pelo, sus arrugas, sus ojos, sus cachetes, y su fisonomía, su aspecto físico cambia, y a veces mucho. Por eso en muchas casas presidenciales no hay espejos, y cuando hay cristales, “casas de vidrio”, no permiten reflejar las imágenes del desgaste.

Para ser el macho alfa de la manada también se requiere gozar de buena salud, de fortaleza física, de salud mental, de no padecer de enfermedades crónicas, mucho menos terminales, no padecer de estrés, ni de fobias, que son esas aversiones a cosas, a personas, son esos sentimientos de temores, de irracionalidades convulsivas, que puedan invalidar o limitar la acción y presencia del macho alfa gobernante.

Los machos alfas de la jungla costarricense obviamente no pueden ser claustrofóbicos, que les dé pavor estar encerrados, agarofóbicos, que les de miedo exponerse en espacios públicos o tenerle temor a las multitudes, ya que todos desean esas multitudes aunque aún no lleguen al 40% de la manada nacional, no pueden ser acluofóbicos, que le tengan temor a la oscuridad, tienen que estar presentes a toda hora, incluidas las noches o en espacios oscuros. No pueden ser acrofóbicos, pues ninguno le tiene temor a la altura, todos quieren estar en el nivel más alto de las encuestas y del Gobierno, tampoco son aerofóbicos pues a todos les gusta volar, aunque en la campaña propongan que reducirán los vuelos oficiales y que viajarán en clase económica. Ninguno es agliofóbico, ya que todos sienten dolor por el pueblo, todos sufren por los que menos tienen.

Ninguno de los machos alfas que disputan la jefatura de la manada es agrizoofabo, ya que ninguno siente aversión por los animales salvajes, si todos se comportan como tales. En el espectro zoológico nacional los hay aladoxafóbicos que no les gusta dar opiniones y evaden periodistas o sus entrevistas, sin entender que todos los espacios periodísticos tienen sus propios nichos de seguidores, y que en elecciones todo suma.

Hay que esperar a ver a cuál de los machos alfa no le de amnesofilia, propensión por perder la memoria. Algunos son homófobos, andrófobos, arrenófobos, no por tener miedo a los hombres, ni por no querer salir del clóset, sino más por pose política, filosófica o religiosa, porque entre los religiosos, y los que lo aparentan ser, hay muchos homofílicos, androfílicos, arrenofílicos, que no han salido del closet del confesionario. Algunos son antropofílicos, y les encanta la gente.

Todos tienen anuptafobia, que es la aversión a quedarse solos. Probablemente todos en su interior son apeirofílicos, desean quedarse gobernando hasta el infinito. Todos son aritmofóbicos con temor a solo estar en el orden de los números menores de 40%. Todos son ataxofóbicos, le tienen miedo al desorden del gobierno, a la ingobernabilidad que van a encontrar. Igualmente, todos son atiquifóbicos, tienen miedo de fracasar. Los candidatos calvos obviamente les pueden tener miedo a los candidatos peludos, melenudos y bigotudos. Pareciera que ninguno de los candidatos tiene caliginefobia, miedo a las mujeres guapas. Todos quisieran estar rodeados de ellas para sus campañas. Todos son catagelofóbicos, tienen temor de hacer el ridículo.

Hay quienes son ciberfílicos, y los están demostrando, quienes tienen gran dominio de los medios electrónicos. Ninguno tiene coitofobia, al contrario todos quieren estar copulando al máximo con todos los electores sin distingo de sexo, terreno en que no les importa el género, con todos, con unos y con otras, con cualquiera, y en la forma que se quiera o se demande.

Curiosamente algunos son muy cromofóbicos, odian, tienen aversión a los colores de sus partidos, de las banderas de sus partidos, exceptuado a quienes sí alardean con los colores de su bandera.

Algunos machos alfa han mostrado su decidofobia, temor a tomar decisiones, y muestran una defecaloesiofilia, el placer sadomasoquista del dolor de tripas que escándalos les pueda ocasionar.

No hay en esta campaña electoral, hasta hoy, demonofóbicos, quienes ven a todos sus contrincantes como los demonios nacionales y la expresión de toda la corrupción, excepto él. Igualmente, por la crítica y el odio que algunos parecen tenerle a los Tribunales parecieran tener diquefobia.

Todos los candidatos, excepto unos cuatro o cinco, parecieran ser eclesiofílicos, que buscan el amparo de la Iglesia Católica, y las otras, que son los clubes políticos religiosos que participan con sus partidos electorales, que en esta campaña no han golpeado la mesa nacional y…hasta la presidencial, como lo hicieron en el 2018.

Ninguno de los machos alfa políticos electorales es ergasiofóbico, todos prometen trabajar más de 24 horas diarias…Ninguno es filemáfobo, todos andan dando besitos, con bozal o sin bozal, si pueden darlos…a pesar de las restricciones de la pandemia. Ninguno es gamófobo, todos son casados y algunos varias veces…Evidentemente todos son oicofóbicos, todos quieren irse de su propia casa a la Casa Presidencial, y todos son politicofílicos, les encantan los políticos.

La manada política costarricense tiene grupos de la misma especie, cada uno con su líder alfa, y sus líderes beta y los que les siguen en jerarquía. No importa cuantos machos pueda haber, con sus grupos. Lo que es real es que solo uno puede ser el dominante, el macho alfa, el que termina marcando el terreno, con su orina política, definiendo el territorio.

En la manada de leones el macho trata de atraer con sus rugidos, y los rebuznos en el mundo de los políticos con los programas, los planteamientos de gobiernos, con los gritos y formas gestuales de carácter oral que se imponen sobre los otros machos. Algunos animales políticos olvidan la fórmula: a un grito, grito y medio. Otros hacen buen uso de esta fórmula.

El proceso electoral es como el cortejo en la manada, es un ritual. Los líderes se comportan de determinadas maneras, los seguidores de otras formas. Gritos, aplausos, abrazos, apretones, gemidos, rugidos, ladridos, maullidos, llantos…de todo se puede oír.

Como nuestros machos políticos no tienen plumas de colores ni colores propios, muestran sus colores partidarios. Algunos hasta hoy ni siquiera los sacan a relucir, otros los esconden vergonzosamente. Se les olvida a los líderes de las manadas nacionales que la lista de diputados solo va visible con las banderas, con los colores de la insignia de cada partido.

Este cortejo electoral es la ceremonia de reconocimiento del macho alfa dominante, del enamoramiento que la ciudadanía, al menos el 40% de ella, debe realizar, de la copulación política que con ella hace. En este cortejo político se acepta la poliandria, la poliginia o poligamia y la moniginia como actuación política de los miembros de la manada, sin importar el linaje, la clase social o la casta, si se es rico, de la clase media o pobre, si se es intelectual o ignorante.

Lo que el cortejo electoral no puede ser es ser cortejo funerario, o no puede convertirse en un cortejo fúnebre, en el que a la gente, a los electores, los disponen para su entierro. La elección por si no es la culminación del cortejo funerario, donde ese día, 6 de febrero, se asiste al entierro de 21 machos alfas y 4 hembras alfa, o de una parte de la ciudadanía que siente que murió. Puede haber el 6 de febrero próximo plañideras, detrás de algunos machos y hembras alfa, que bajo contrato, o porque lo sienten, derramen sus lágrimas a borbotones.

El 6 de febrero no habrá coches fúnebres, ni cureñas, ni coches tirados por caballos, como se hacía antes muy elegantemente. Algunos de los que mueren políticamente ese día, seguramente, los embalsaman, para adoración de los seguidores de sus manadas, y los asoleen de vez en cuando hasta una nueva lucha en la jungla electoral, si pueden de nuevo disputar ser el macho alfa de la manada. Lo peor sería que con el triunfo de un macho alfa se produzca una muerte nacional de la ciudadanía, de la vida política, de toda la manada.

Los partidos políticos perdedores muchas veces actúan como las funerarias, produciendo los servicios de velatorio de los fallecidos, embalsamados especialmente, por si hay necesidad de volverlos a sacar, en algunos casos con servicios de cremación y en otros de entierro para hacerlos desaparecer físicamente. Y los partidos, los clubes, se mantienen, en ocasiones como las capillas ardientes del funeral hasta que se decida enterrar o cremar al fallecido, o hasta cuando se decida sacarlo del sarcófago en que se les guarda debidamente embalsamado, y con nuevos perfumes, con algunos arreglos como un nuevo Frankenstein, como nuevo Prometeo político. Estos entierros son de conformidad a los deseos de los miembros de la manada. No puede ser de otra manera.

Como los colores que se usan para los entierros son el negro y el azul pocos partidos tienen el color azul en pleno, aunque Fabricio Alvarado es el que más exhibe su celeste, ninguno hay con color negro, esperemos que no nos esté anticipando un entierro, un cortejo fúnebre nacional, con sus cantos de sirena…a toda la manada a la cual le pide vestirse de azul celeste.

En el cortejo amoroso los colores cuentan. Los colores se dirigen hacia la percepción y el comportamiento humano, y tienen distintos significados. Los colores denotan emociones y provocan sensaciones, y muestran formas de ser y de atracción. Si a los colores pudieran ponerle olores lo harían con feromonas de distintos sabores, para ¡todos! los sexos, hasta de licor o champagne.

Curiosamente en la campaña electoral poco énfasis se está haciendo en los colores de las banderas de los partidos políticos. De la sicología del color se dice lo siguiente.

El color blanco se usa para dar una imagen de bondad, pureza, inocencia, paz, humildad, amor, confort. Se asocia al bien, a los espíritus, y a la organización.

El color rojo representa la vida, el peligro, la atracción, el dinamismo, la calidez, la agresividad, la fatiga. Representa todas las pasiones, del amor al odio, el movimiento y la vitalidad. También se asocia a destrucción, la rabia y el enojo.

El color verde representa la abundancia y la calma, la fertilidad y la esperanza, la vida. Se le considera el color de la lealtad y la franqueza. Simboliza equilibrio. El Dr. Mariano Coronado, Profesor de la Universidad de Costa Rica, hace 60 años, recomendaba “ver verde”, ir al campo, para descansar. Se asocia a crecimiento, renovación y compañía.

El morado se usa para destacar la lealtad, el bienestar, el éxito, la sabiduría. Es el color usado en la magia, la teología y el feminismo, y también en ciertos entierros o ceremonias mortuorias.

El naranja se usa para destacar el entusiasmo, la emoción, la calidez y la precaución, es exótico y llamativo, es para socializar.

El amarillo es contradictorio. Representa la energía, la alegría, la iluminación, el optimismo y la diversión, pero también se usa para significar la envidia, los celos, la incertidumbre, la inquietud, la traición, las bajas pasiones o impulsos. Es el color preferido de los individualistas y arrogantes.

El azul representa la armonía, la simpatía, la fidelidad, el relajamiento. Es un color asociado a virtudes espirituales, a quienes buscan la paz interior y la verdad absoluta. Es el más aceptado de los colores. ¿Representará esto Fabricio Alvarado? ¿Por esto está siendo aceptado y en crecimiento?

El color gris denota aburrimiento, antigüedad y crueldad. Ninguno de los partidos tiene la bandera de color gris.

El color negro es el del poder, la violencia, la muerte y el pecado, es el color de la negación, pero también de la elegancia. Ninguno de los partidos tiene esta bandera.

El elector puede analizar la papeleta electoral, con la mezcla de colores de las banderas, para tratar de dilucidar sus significados y tomar una mejor decisión.

En la jungla electoral costarricense hay algunos pastores que crían, cuidan y guían sus ganados o rebaños de creyentes.

Finalmente, la manada de electores costarricenses, ¿cuántos machos y hembras alfa distingue electoralmente? Hay veinticinco que se disputan esta condición.

Por ahora, a mi modo de percibir el ambiente electoral, el bosque selvático y la jungla costarricense, no muestra con precisión más que unos cinco que empiezan a sobresalir, o los que ya han escogido para que destaquen más. Los machos Alfa los veo, por ahora, como en una subibaja. A un extremo Jose María Figueres, al centro Fabricio Alvarado, y al otro extremo Lineth Saborío. En esta subibaja, donde se puede cambiar de lugar, unos suben y otros bajan, según las encuestas. Si la subibaja se quiebra indudablemente el centro se impone. O sube otro, todavía no visible…

El macho alfa que va imponiéndose, poco a poco, al día de hoy es el que pinta en posibilidad de, al menos, asegurar ir a una segunda ronda, si la llega a haber…si no gana en la primera.

No hay, en este momento, en el escenario electoral de la jungla, candidatos con lenguaje dirigido a los miembros de las manadas irracionales, a quienes convencer con su verbo, con su palabra, con su mensaje directo, con simple arenga política. Las banderillas que se lanzan son la lucha contra la corrupción en el país, contra la de los partidos que se enfrentan y contra la corrupción de los Poderes Públicos, atizando sobre el desencanto de los miembros de la manada…por vivir en la manada.

No hay que engañarse. En los 25 candidatos hay grandes candidatos…entre ellos, casi el macho alfa de los animales políticos costarricenses. Tampoco hay que subestimar que aparentemente un macho alfa de estos no se sienta que no tenga partido, ni equipo para gobernar. El actual gobierno ya lo demostró. No se necesita. ¿Lo necesita exhibir?

Ninguno de los machos alfa, beta, gammas, deltas u omegas que se adversan tampoco exhiben sus equipos de gobierno o de colaboradores. No se acostumbra anunciar equipos de gobierno antes de las elecciones. Don Pepe Figueres me parece que lo hizo en 1970. Lo están haciendo a cuentagotas José María Figueres y Lineth Saborío. Como en toda manada, en el período electoral, de la cópula electoral, todos los machos alfa tienen sus colaboradores, sus zánganos que no dejan de zumbar y algunos tienen hasta sus reinas.

De este escenario del zoológico y la jungla electoral costarricense, ¿qué es lo más conveniente para la manada de electores nacionales? ¿Qué puede convenirle más al país? ¿Le conviene al país y a la manada nacional que esto se resuelva el 6 de febrero, en la primera vuelta? ¿O le es más conveniente a la manada prepararse para la segunda vuelta con los siguientes escenarios?

José María Figueres-Lineth Saborío, José María Figueres-Fabricio Alvarado, José María Figueres-Rodolfo Piza, José María Figueres contra Eli Feinzaig, José María Figueres contra José María Villalta, José María Figueres contra cualquier otro, Fabricio Alvarado-Welmer Ramos, repitiendo el escenario del 2018…

No hay que despreciar que Welmer Ramos pueda meterse, sorpresivamente, en este escenario final, desplazando a alguno de estos machos alfas. Es el candidato del Gobierno. Carlos Alvarado a pesar del cementazo del gobierno de Luis Guillermo Solís, no siendo un macho Omega, no estaba de último, era el candidato del Gobierno.

El alfabeto griego tan solo me da 24 letras y tenemos 25 candidatos. Uno de ellos carece de todo reconocimiento posible en la calificación de machos que se hace con este alfabeto. De los 25 candidatos el primer grupo de principales en enero se definirá entre los machos Alpha, Beta, Gamma y Delta. El segundo entre los candidatos Epsilon, Zeta, Eta y Theta. ¿Cómo los acomodaremos? En enero lo veremos.

Los tamales de fin de año con amigos y familiares y la definición electoral

Miguel Sobrado

Igual que ahora, hace 8 y 4 años llegamos a diciembre sin una definición clara del electorado por los candidatos a la presidencia de la república. La primera encuesta de enero, sin embargo, como posiblemente será ahora, marcó un parte aguas donde se definieron tendencias e impulsaron el balotaje de la segunda ronda. No es de extrañar, que entre los factores intervinientes hayan jugado un papel importante las fiestas navideñas y de fin de año, donde familiares y amigos intercambian opiniones sobre la situación política y expresan sus dudas y preferencias.

De ser así, es casi seguro que las primeras encuestas de enero marcarán tendencias importantes, aunque mal harían las fuerzas políticas favorecidas en lanzar las campanas al viento con los primeros resultados. Estos pueden obedecer a la capacidad organizativa de los partidos, pero tener un techo en la base social de sustentación. Por ejemplo, tener una base de militantes mayores, pero carecer de respaldo entre los jóvenes, o tener respaldo entre los jóvenes que buscan el cambio pero cuyos candidatos son vulnerables ante los medios de comunicación.

En otras palabras, aunque se va a dar un paso importante todavía falta un largo camino hasta el segundo domingo de febrero y el balotaje de abril.

Alberto Precht en reportaje de DW: la corrupción viola los derechos humanos

El abogado Alberto Precht, de Transparencia Internacional, señala en un reportaje del noticiario alemán DW que la corrupción viola los derechos humanos y llama a la acción ciudadana para erradicarla.

La producción noticiosa señala que “Costa Rica celebra elecciones en febrero y la corrupción y el narcotráfico están en el debate electoral. El país centroamericano, considerado una de las democracias más limpias de Latinoamérica, se ve sacudido por una ola de denuncias de sobornos y corrupción”. Le invitamos a ver el reportaje de DW:

Reportaje del noticiario alemán DW.

En política es preciso distinguir lo esencial de lo irrelevante

COLUMNA LIBERTARIOS Y LIBERTICIDAS (16)
Tercera época.

Rogelio Cedeño Castro, sociólogo y escritor costarricense

Ni siquiera como un mero “entertainment”, en el más cabal y preciso sentido de la expresión anglosajona, es decir con una diversión, espectáculo o entretenimiento para las gentes, es que podríamos asumir, o definir la naturaleza singular de lo que ocurrirá en Costa Rica, el primer domingo del mes de febrero del año que tendrá su inicio, dentro de un par de semanas más. Nos encontramos ya ante el despliegue de los componentes de un espectáculo de dudosa calidad, diseñado para un público poco exigente, la que ha venido disminuyendo, de manera sostenida, con el paso de los años, y de las sucesivas décadas transcurridas, lo que considerado en los términos más castizos, de la lengua castellana de la que hacemos empleo cotidiano (la nuestra, la de las américas, no la de los veleidosos peninsulares), conduce a que la palabra “diversión” asuma la connotación negativa de alejamiento de la realidad, de oscurecimiento de nuestra capacidad de distinguir lo esencial de lo puramente accesorio, algo que se intensifica con el excesivo número de comediantes que viene tomando parte en la representación. De nuevo, nos encontramos con que Alberto Cañas Escalante tenía razón: la gradería de sol asaltó la cancha e incluso los palcos.

Tan grave es todo esto que no hemos podido darnos cuenta aún que las decisiones más importantes para el rumbo económico, político y social de este país centroamericano durante los próximos años ya fueron tomadas, en otro escenario y por otras gentes que permanecen, casi siempre en la sombra: esas que conforman los poderes fácticos. Lo único a lo que puede dar lugar el resultado del mencionado evento electoral es el nombre de quienes serán los encargados (as) de ejecutar lo que ya se decidió en otra parte.

Las decisiones tomadas y ejecutadas, a mansalva y contra todo intento de protesta, (la que puede ser sancionada hasta con diez años de cárcel, según ley impulsada por el diputado “liberacionista” Carlos Ricardo Benavides y aprobada en el transcurso del año de 2019) durante los últimos años por el gobierno de la coalición PAC, PLN, PUSC y FA, formada en abril de 2018, con el concurso entusiasta de los pseudocristianos de Restauración Nacional (vaya nombre, ¿serán reaccionarias estas gentes?) y Nueva República, como el non plus ultra del neopentecostalismo criollo, con su teología reaccionaria de la prosperidad, ya decidió el destino final o postrero de la Segunda República, inaugurada setenta años atrás, al igual que el pacto social de entonces que definió la existencia de nuestro estado social de derecho: en estos meses esperaban aprobar la nefasta ley de empleo público y consumar el saqueo de la Caja Costarricense del Seguro Social, cuya privatización sigue en camino (Ver editorial del diario La Nación del lunes 13 de diciembre de 2021).

El simple hecho de decir eso de que la “fiesta” se acabó, y por lo tanto el estado no tiene más plata cuando alguien se refiere, por ejemplo, al saqueo sistemático de que han venido siendo objeto los regímenes de pensiones, los programas sociales y las instituciones públicas por parte de los políticos de oficio que durante las últimas décadas han venido desmantelando la Segunda República, y el estado social de derecho, pilares de la vieja socialdemocracia costarricense, es algo que constituye no sólo un acto cínico per se, sino también la consagración de un régimen deshumanizado, cínico y mentiroso. Lo peor de todo, es que tales afirmaciones son omisas en cuanto a señalar a ¿quiénes son los que de verdad han venido saqueado las arcas públicas de este país? Y ¿cuál ha sido su modus operandi?

Hoy, están de moda y al uso corriente los odios más increíbles e irracionales, todo a la manera del universo totalitario del Londres de 1984, ese que George Orwell imaginó y delineó a mediados del siglo anterior como una especie de profecía maldita, la que vino a materializarse en este cambio de siglo. Son los tiempos del odio a la Costa Rica que crearon José Figueres Ferrer y Daniel Oduber Quirós, la que nos dio oportunidades a muchos costarricenses de la generación del Baby Boom, la de los que nacimos al concluir la Segunda Guerra Mundial. En estos días, los restos descompuestos de lo que fuera aquel PLN tan importante se unen al coro de los que odian su utopía originaria para abrazar la distopía de la insolidaridad social y el sálvese quien pueda. Ya no es sólo el odio a un “comunismo” que nunca existió sino también a aquella socialdemocracia criolla, aquella que le dio solución de continuidad la Reforma Social de los años cuarenta, con razón Daniel Oduber Quirós(de grata memoria) no soportaba a los mediocres y a los infiltrados que ya se preparaban para destruir ese partido…la plaga del PAC y otros amarillos diz que de izquierda se encargaron, en este cambio de siglo, de machacar los clavos del ataúd en la hora final de la Costa Rica democrática y social para darle lugar al falso liberalismo, a los monopolios privados de Riteve, Meco, APM y otros, todo en nombre de un libre mercado que no existe que siga la robadera, la fiesta fue ellos y nosotros la tenemos que pagar No habrá fuerza planetaria capaz de cambiar ese rumbo, impuesto e impulsado por una oligarquía, que ha visto culminar sus sueños restauradores en el tiempo histórico de la larga duración. Su gratitud hacia el joven Carlos Alvarado es inconmensurable, ha hecho el trabajo sucio con una vocación digna en encomio y con una devoción, a prueba de toda desviación “populista” (esa mala palabra que sirve para consolar a los incautos y reclutar a los tontos, a semejanza de lo que ocurría con el fantasmagórico e indefinible “comunismo”). El elegido o elegida se encargará de administrar lo que otros decidieron en escenarios diferidos, ya lo verán a partir de mayo de 2022, mientras tanto el andamio del PAC que tanta utilidad les prestó ya puede ser desechado.

Cambio de modelo en Chile: ¿El norte estará en el sur?

Luis Fernando Astorga Gatjens

El triunfo electoral de Gabriel Boric sobre José Antonio Kast, en la segunda ronda de las elecciones presidenciales chilenas del 19 de diciembre anterior, tuvo su fragua en octubre del 2019, en un país marcado por un inesperado estallido social de alcances tsunámicos.

En ese octubre pre pandémico, cuando el gobierno de Sebastián Piñera decretó un aumento del valor de los boletos del Metro de Santiago, los estudiantes protestaron brincándose los molinetes de ese sistema de transporte. Lo que fue inicialmente una acción puntual de protesta derivó pronto en un movimiento generalizado en la capital y en otras ciudades del país austral.

El fuerte contraste entre una élite económica y política, beneficiaria directa del modelo neoliberal y que se rodeó golosamente de privilegios, frente a amplias mayorías empujadas a la pobreza, acumuló las condiciones propicias para el intempestivo estallido social.

El modelo chileno que los políticos y medios adeptos a esa doctrina, habían convertido en un referente internacional, se derrumbó como un castillo de naipes. El proyecto marcado por la reducción del rol del Estado y la expansión del papel del sector privado, que impulsó e impuso la dictadura de Augusto Pinochet, con la asesoría de Milton Friedman, no resistió la acumulación de injusticias y desbalances sociales.

Las protestas fueron duramente reprimidas por la policía con un saldo tan trágico como doloroso: 20 muertos, 233 heridos y más de 700 personas detenidas. Empero la represión fue más gasolina que agua. Y lo que fueron, inicialmente, reivindicaciones económicas y sociales (centradas en pensiones, salud, educación) se tornaron en exigencias políticas. Ganó fuerza el reclamo de una Convención Constituyente que pusiera fin a la camisa de fuerza que ha sido la Constitución, creada a imagen y semejanza de la dictadura de Pinochet.

La acción de la protesta social fue tan fuerte que el gobierno de Piñera no tuvo más remedio que convocar a un referéndum para determinar si la ciudadanía estaba de acuerdo con iniciar un proceso constituyente, para redactar una nueva Constitución y también para fijar el mecanismo del proceso. Originalmente, el referéndum fue convocado para el 26 de abril de 2020, pero a causa de la pandemia de la covid-19, hubo de ser pospuesto para el 25 de octubre del mismo año. El resultado aprobatorio fue contundente: Mas del 78 % de los que votaron dijeron que si aprobaban la Constituyente mientras menos del 22 % se inclinó, por lo contrario.

Así las cosas, el 15 y 16 de mayo de 2021 los electores chilenos acudieron a elegir a 155 constituyentes encargados de redactar la nueva Carta Magna. Más de 6,3 millones votaron. Los resultados representaron una abrumadora derrota para la derecha, ya que, de los 155 elegidos, 48 fueron independientes, 52 de la oposición, los pueblos originarios obtuvieron 17 puestos y el oficialismo tan solo 38. Una cifra a todas luces insuficiente para fijar la agenda y acuerdos de la Convención, que arrancó sus tareas el 4 de julio de 2021 y las completará a finales de junio de 2022.

El 21 de noviembre de 2021 se celebraron los comicios para elegir quien dirigirá, desde la presidencia, los destinos de Chile entre 2022 y 2026. También fueron electos los senadores, diputados y consejeros regionales. A raíz de las situaciones y procesos desarrollados a partir de octubre de 2019, se esperaba un claro triunfo del candidato de la coalición de izquierda, “Apruebo Dignidad”, Gabriel Boric, aun cuando los números no le alcanzaran para evitar el balotaje. Sin embargo, en un resultado inesperado, el candidato ultraderechista, José Antonio Kast se impuso sobre Boric por dos puntos.

Este resultado envalentonó a la derecha que esperaba ganar en la segunda ronda, que se celebró el 19 de diciembre. Para esta elección se confabularon todos los ingredientes para la polarización política. Se enfrentaban dos proyectos diametralmente opuestos.

Kast (55 años), neoliberal confeso, detractor de la Convención Constituyente, simpatizante de Pinochet, admirador de Trump y Bolsonaro, y con una serie de proyectos amenazantes para los imperativos avances sociales y los derechos humanos, frente a Boric (35 años), líder de la nueva izquierda chilena, madurado al calor de las luchas estudiantiles y sociales, adversario abierto del modelo neoliberal e impulsor de una Constitución que sea llave y matriz de la imperativa e impostergable justicia social para un pueblo marcado por lustros de desigualdad y pobreza, en medio de la concentración indignante de la riqueza de las élites.

El 19 de diciembre se jugaba entonces algo más que una elección entre dos candidatos presidenciales; se jugaba la perpetuación del modelo neoliberal frente a su progresivo desmantelamiento. Eso lo comprendió el pueblo de Chile que acudió a las urnas en un porcentaje mayor que en la primera ronda y le dio un contundente triunfo a Boric (55,87 %) sobre Kast (44,13 %).

El nuevo presidente tomará posesión del cargo, en marzo de 2022 y tendrá como desafío el cambio de modelo, con la abierta oposición de la derecha y las élites económicas, cuyo peso es significativo. Eso se puso de manifiesto al día siguiente de la elección de Boric, cuando esa abstracción denominada mercado (que no son otra cosa que empresas y personas de carne y hueso), mostró su descontento con la caída de la bolsa de Santiago mientras el peso sufrió una significativa depreciación.

La elección de Boric no solo es muy importante para Chile. Lo es para América Latina, región donde las fuerzas progresistas han ido ganando terreno.

Chile ha sido destacado como un “milagro económico” aunque ese milagro siempre fue para una minoría y algunas trasnacionales avariciosas. Las mayorías, mientras tanto, lo vieron desde muy lejos. En el presente, puede emerger un modelo alternativo que consolide la democracia y haga renacer un Estado Social de Derecho, robusto y fuerte como lo soñó Salvador Allende. Esto le dará sentido al propósito y consigna el Norte está al Sur.

Imagen: https://www.radioagricultura.cl

Entre coronavirus y cometas: el declive de la inteligencia

Marcos Chinchilla Montes

En “No miren arriba” (Don´t look up), protagonizada entre otras por Jennifer Lawrence, Leonardo DiCaprio y Meryl Streep, la humanidad se enfrenta al desafío de un enorme cometa que impactará contra el planeta Tierra, los denominados eventos de extinción.

Es una película que se distancia de otras producciones apocalípticas que pululan en el cine comercial hollywoodense, y viene a tender puentes con la actualidad política, económica y cultural que vive nuestra sociedad en torno a la pandemia generada por el SARS-Cov-2.

En primer lugar, la película permite destacar el abismo que se presenta entre tecnócratas, ciudadanía y ciencia, negando y hasta retrasando reconocer el riesgo que un cometa tiene para la existencia del planeta (situación de la que tenemos conocimiento con el impacto Chicxulub de hace poco más de 60 millones de años).

Sin bien en los medios de comunicación y en las redes sociales ha existido amplia información sobre el SARS-Cov-2, existe también un correlato desinformativo que lamentablemente ha generado y reforzado un negacionismo del más variado cuño: desde que el virus no existe, que las vacunas generan control vía chips, asociar vacunas y tecnología 5G, y el absurdo etc. que van ampliando a diario.

El posmodernismo no solo cuestiona abiertamente el conocimiento científico, sino que también ha instalado política y culturalmente prácticas donde se vale de todo, desde rezarle al virus para que desaparezca, enseñar en algunos centros educativos que la evolución no existe, o hasta esperar tres días para que un pastor fundamentalista resucitara de su muerte -cosa que nunca ocurrió.

El entramado político y económico que presenta la película si bien en algunos momentos parece un tanto caricaturesco, lo cierto es que refleja muy bien cómo piensan y actúan las élites políticas y económicas. No se le puede informar a las masas sobre el riesgo que implica el cometa por los efectos políticos que tiene para el gobierno de turno; y cuando se informa, se lo hace procurando obtener réditos políticos.
En materia económica, cuando finalmente se actúa contra el impacto del cometa, se lo hace en términos mercantiles: una élite empresarial que busca apropiarse de los caros y estratégicos minerales raros que se encuentran en el cometa.

El paralelismo que se establece con la situación de pandemia que vivimos en la actualidad es indiscutible: compañías farmacéuticas que hacen clavos de oro con las vacunas; transnacionales y empresas que se hicieron aún más ricas en estos dos años; empresarios, gobiernos, presidentes y ministerios de salud que antepusieron los intereses económicos en contraposición al derecho a la vida y la salud. El empresariado neoliberal de Lombardía es un buen reflejo de ello, el del alcalde de Texas que estaba dispuesto a morir por la economía, Piñera que se negaba a las restricciones, Bolsonaro con su gripecita, Duque que le pedía comprensión y solidaridad a los más pobres, Macrón que descubrió la importancia del Estado interventor, Trump recomendando ingerir cloro, un fugas ministro de Hacienda que también recomendaba solidaridad entre personas desempleadas o la solicitud reciente de las aerolíneas para rebajar la cantidad de días de incapacidad para las personas de sus tripulaciones que dieran positivo al contagio. Dos años después, la mayor parte de la población del planeta sigue sin un sistema de salario universal que le garantice poder enfrentar la pandemia con dignidad y calidad de vida.

“No miren arriba” también nos confronta con la simpleza, manipulación y chabacanería de los medios de comunicación y las redes sociales que tienen la virtud no solo de disociarnos de la realidad social, sino también de normalizar sus contradicciones y sembrarnos el individualismo en su máxima expresión. Se acerca un cometa, el riesgo de extinción está a la vuelta de seis meses, pero importa más la situación afectiva de dos estrellas de la farándula que se intercambian sus peluches, y que es seguida por millones de personas para quienes el cometa no existe pues solo se vive el hoy mediático.

Mejor no mirar hacia arriba, o hacia ningún lado, es mejor vivir en la más absoluta ignorancia y decadencia; el virus ya se acabó -aunque ómicron nos diga lo contrario, que la economía funcione a toda marcha, que las mascarillas se entierren para siempre.

Mejor no mirar hacia ningún lado, no usemos nuestra inteligencia; y para eso nos brindan el mejor soma, adosado con reality shows, influencers, fútbol, toros, redes sociales, socilités con el alma partida y la cuenta bancaria llena. A fin de cuentas, solo llevamos poco más de 5 millones de muertes, y muchas personas dirán con algo de algarabía, que dichosamente no están entre ellas.

CON UN HASHTAG NO ELIMINAMOS EL RACISMO

Por Memo Acuña (Sociólogo y escritor costarricense)

En su declaración de principios, la política nacional para una sociedad libre de racismo, discriminación racial y xenofobia 2014-2025 indica que tendrá como propósito la construcción de una sociedad costarricense más sensible a las diferencias. Así lo señala su visión:

Costa Rica será una sociedad libre de racismo, discriminación racial y xenofobia a partir de la garantía del ejercicio pleno de los derechos humanos de los pueblos indígenas, afrodescendientes, poblaciones de migrantes y refugiados, que contribuyen a la conformación de una sociedad más respetuosa y sensible a las diferencias y enfoques particulares”.

Pese a este propósito, la sociedad costarricense continúa presentando serias dificultades para alcanzar la aspiración de una sociedad cada vez más inclusiva.

Durante las recién pasadas finales de fútbol desarrolladas en el país, el jugador del Club Sport Herediano Kreysher Fuller denunció haber sido objeto de insultos racistas provenientes de un sector de aficionados apostados en las graderías del sector oeste del Estadio Ricardo Saprissa, ubicado en la capital costarricense.

En las imágenes del incidente, se logra apreciar algunas reacciones verbales del jugador, criticables también, contestando a tales insultos. En una publicación en su cuenta personal el jugador afirmó: “No puede ser que en estos tiempos aún exista insultos raciales, como lo volví a vivir este jueves en el estadio».

Ambas actitudes son deplorables. Sin embargo las respuestas no fueron similares. El jugador fue sancionado con varios partidos por su reacción. Pero la actitud de los aficionados no fue castigada de oficio, abriéndose en su lugar una “investigación” para determinar el alcance de lo denunciado por el jugador por parte de los órganos correspondientes a nivel dirigencial.

Esta actitud organizativa no es neutra. Cuando la institucionalidad actúa así, representa el culmen de la naturalización arraigada en cuanto a racismo y discriminación. Es sabida la producción y reproducción de discursos discriminatorios en lugares como estadios. La xenofobia, la homofobia, el machismo y el racismo encuentran terreno fértil tras una voz colectiva que se escuda en el anonimato para ofender y agredir de palabra.

El caso de México, por ejemplo, demuestra cuánto se debe seguir trabajando en la erradicación de estas prácticas. Las últimas noticias confirmaron un castigo más a su Federación por la reiteración de gritos homofóbicos en los juegos de su selección.

Costa Rica, a pesar de avances en su legislación como la política citada al iniciar esta columna, debe hacer un examen a conciencia acerca de los esfuerzos para estirpar estas odiosas acciones. Los procesos de violencia experimentados recientemente y en múltiples ocasiones por pueblos originarios en defensa de sus territorios son acaso un desafío que el estado costarricense no ha logrado resolver.

Peor aún, las declaraciones de un alcalde de una comunidad del Atlántico costarricense ofreciendo una “mujer indígena a cambio de favores de la empresa privada” en las que deja entrever un racismo y colonialismo in extremis, solo confirman la naturalización de una conducta histórica que una legislación no elimina.

La erradicación del racismo en los estadios, uno de los tantos desafíos en la materia por parte de la sociedad costarricense, no se resuelve con una campaña de camisetas vestidas por los jugadores, un “hashtag” y mensajes previos a cada partido.

Debe surgir de una profunda modificación de contenidos educativos en los que respeto, convivencia e integración sean los ejes para avanzar hacia la construcción de una sociedad absolutamente diferente.