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¡El bicentenario de la vergüenza!

Ing. Carlos Vega. Luchador Social Grecia

En Costa Rica hoy es un día de reflexión sobre la Patria que heredarán nuestros hijos, nietos y sus descendencias.

Ponemos sobre la mesa la reflexión del compañero Abogado Oscar Madrigal, material que nos llega gracias al esfuerzo de SURCOS DIGITAL (https://wp.me/p6rfbZ-fYW).

Con esta radiografía, sobre la herencia de los desgobiernos durante estos últimos 50 años, la pregunta actual es: ¿En este mes de la Patria y el bicentenario, hay algo qué celebrar?

Nada que celebrar, mucho de qué avergonzarnos en esta fecha, y por lo tanto, mucho por lo que Luchar.

Hoy el rostro de nuestra Patria está carcomido por la corrupción generalizada, no hay día que no salga un escándalo en que nos enteramos de robos en sumas multimillonarias, y como esto es recurrente, ya pasa desapercibido ante los ojos de la ciudadanía.

Para cubrir el hueco que este estado de cosas ha dejado, nos endeudan en sumas cercanas, a los $40 mil millones de dólares, o sea, el que está por nacer lo hace cargando con una DEUDA ETERNA que anda por un estimado de ₡5 millones, o, sea, sería la DEUDA ETERNA per cápita, que como lo señalan los informes del BID más de $3 mil millones de dólares al año se esfuman en corrupción, despilfarros etc etc etc.

Hoy, al arribar al bicentenario, la clase política empresarial responsable del DESASTRE FISCAL, también responsable de haber destruido la seguridad social en sus desgobiernos, de haber creado una verdadera fábrica de pobres y la mayor desigualdad en América Latina y fuera de nuestro continente, de condenar a nuestros hijos, nietos y sus descendencias a vivir en una sociedad sin derechos, saca pecho con su patrioterismo barato, y nos envuelve en su fiesta electorera y futbolera, para adormecernos y continuar con su OBSCENA y ETERNA FIESTA, que pagamos con más impuestos, salarios congelados durante los próximos 10-20 años y más.

¡Y ni que decir de las pensiones hasta los 65 años que luego aumentarán hasta los 70 años con menos plata a recibir!

Pueblos originarios inquilinos y perseguidos en su propio país.

Este no es un cuadro apocalíptico para Costa Rica, es la realidad con la cual arribamos al bicentenario, verdad que a muchos incomoda, por eso, agradecemos a profesionales como Oscar Madrigal por sacarnos de la verborrea patriotera y ponernos los pies en la tierra.

Costa Rica: ¡Bicentenario para avergonzarnos!

¡NADA que celebrar, mucho por lo que LUCHAR!

Costa Rica requiere fortalecer una cultura centrada en el respeto a la dignidad de todas las personas

José María Gutiérrez, profesor emérito, Universidad de Costa Rica

El bicentenario de la independencia de las repúblicas centroamericanas encuentra a Costa Rica en una posición tambaleante. Los primeros dos siglos de vida independiente fueron testigos de procesos complejos en los cuales el país, gracias a pactos sociales visionarios en diversos momentos de nuestra historia, pudo generar políticas públicas y una institucionalidad que ha dado réditos valiosos, en medio de múltiples problemas, conflictos y desafíos. Estos pactos sociales, no obstante, se han debilitado notablemente en las últimas décadas. El tejido social se ha deshilachado y el país ha pasado a engrosar la lista de naciones con mayor desigualdad. Los proyectos políticos y económicos hegemónicos no auguran un futuro promisorio y el país requiere buscar nuevas luces y avenidas que conduzcan a una convivencia donde priven la equidad, el bien común, la dignidad de las personas y la relación armoniosa con el ambiente. ¿Cómo lograrlo?

Debemos generar un escenario colectivo de prácticas democráticas renovadas, en el cual la participación de amplios sectores de la población marque la pauta en procura de alternativas en todos los ámbitos de nuestro quehacer. Vale decir, requerimos edificar una auténtica democracia participativa, donde la energía creadora de muchas personas y colectivos abra las puertas a nuevos horizontes. Estos procesos deben ir aparejados del fortalecimiento de las instituciones públicas como garantes de derechos esenciales, con amplia participación popular y en un marco de equidad. Necesitamos políticas tributarias progresivas, que reduzcan la inaceptable desigualdad en que vivimos. El fortalecimiento de la educación y la salud públicas deberán ser ejes centrales de nuestro futuro, al igual que políticas que aseguren la protección del ambiente. Debemos abocarnos a fortalecer un desarrollo científico-tecnológico endógeno, incluyendo las ciencias naturales y las sociales, que ponga el conocimiento al servicio del bien común, mediante una estrategia de resiliencia ante los embates externos, la cual garantice soberanía alimentaria, energética y tecnológica.

Costa Rica requiere fortalecer una cultura centrada en el respeto a la dignidad de las personas y su diversidad en todos los planos, incluyendo los grupos históricamente excluidos. Debemos dejar atrás las lacras del patriarcado, el racismo y el clasismo, para generar un entorno nacional marcado por la generosidad y la solidaridad, lejos del individualismo y del mercantilismo prevalecientes. Una sociedad donde nadie esté de más y donde todas las personas tengamos garantizada una vida digna. Ojalá que en el transitar hacia el tercer centenario de nuestra independencia tengamos la sabiduría y el coraje para construir ese mundo más pleno.

Costa Rica: El déficit fiscal no es el villano que nos pintan

Luis Paulino Vargas Solís
Economista, Director a.i. CICDE-UNED

La versión en PDF de este artículo puede ser descargada aquí: https://www.academia.edu/51437970/Costa_Rica_El_d%C3%A9ficit_fiscal_no_es_el_villano_que_nos_pintan

Resumen: este artículo busca satisfacer dos objetivos, principalmente: 1) demostrar que el proceso de recuperación de la economía y de los empleos en Costa Rica, tras el fuerte golpe inicial de la pandemia del Covid-19, es sumamente lento e insatisfactorio; 2) formular la tesis de que la persistente atonía de la actividad económica y del empleo, está fuertemente influida por la opción prevaleciente a favor de una política fiscal restrictiva, que opta por la austeridad y el recorte.

Hacia agosto de 2020, en la etapa inicial de la pandemia del Covid-19, los ingresos que el Gobierno Central recibía, caían cerca de un -12%, comparados con las cifras de un año antes (agosto 2019). En total, esa reducción alcanzaba los ₡369 mil millones. Cabría decir que, al dejar de afluir hacia las arcas públicas, ese dinero permanecía en cambio en los bolsillos del sector privado de la economía, lo cual, en aquel momento de derrumbe, era bueno.

Pero esa parte positiva del asunto jamás fue reconocida. Estruendosas, sonaron las alarmas para advertir que se avecinaban cataclismos y calamidades, puesto que, como resultaba obvio, el déficit fiscal se estaba incrementado, y amenazaba terminar el año en cifras sin precedentes de 9, quizá 10% del PIB. Al final de 2020, diferente a las estridencias amarillistas de alguna gente, terminó en 8,1%.

Y, sin embargo, tiene mucho sentido pensar que, contrario a la película de terror que nos pintaban, la ampliación del déficit fiscal más bien aportó un colchón que atenuó la caída de la economía. Baste recordar que, entre febrero y julio de 2020, se destruyeron más de 500 mil empleos, lo cual desataba fuerzas contractivas poderosísimas. La economía pudo tener un hundimiento catastrófico. Al final del año, la economía costarricense se contrajo un -4,1%, malo, sí, pero bastante menos que el promedio de -6,8% para América Latina en su conjunto, y mucho menos que el -11% de Perú, el -10% de Argentina, el -8% de México y El Salvador, y ni se diga el -17,9% de Panamá.

Acontecía que el gasto deficitario del gobierno contribuía a sostener la demanda total en la economía, en momentos en que la demanda privada se desplomaba en picada, como consecuencia de que el desempleo, que ya era muy alto antes del Covid-19, en cosas de tres meses prácticamente se duplicó, mientras centenares de miles de personas se salía de los mercados laborales. El gasto público y el déficit fiscal, tan aborrecidos por el empresariado privado, propiciaban que el golpe para sus negocios fuese menos severo de lo que pudo haber sido, y que el derrumbe de la economía no alcanzase las magnitudes de vértigo que potencialmente podría haber tenido. Eso es así, no obstante que ese efecto positivo se veía limitado -y así sigue siendo hasta el día de hoy- porque gran parte de ese déficit correspondía a pago de intereses, cuya contribución a la dinamización de la demanda es, por diversas razones, más limitado.

Y, sin embargo, al entrar en 2021 las tornas se vuelve y la tonalidad cambia. Ahora es Costa Rica la que se queda en el pelotón de retaguardia. La CEPAL estima un crecimiento promedio del 5,2% para América Latina y el Caribe en su conjunto, liderado por Perú (9,5%), Chile (8,0%) y Argentina (6,3%). Muy atrás queda Costa Rica: 3,2%.[1]

Que, en todo caso, esa tasa de crecimiento para Costa Rica es engañosa, ya que está inflada por la expansión desorbitada de las zonas francas, la cual solo tiene un efecto nimio sobre el resto de la economía, por lo que tampoco fructifica en una creación satisfactoria de empleos. Dejaré de lado ese mundo feliz de los parques industriales -el llamado “régimen especial” según lo designa el Banco Central-, y en lo que sigue me concentraré en “la otra economía”, que provee empleos a cerca del 95% de las personas trabajadoras y paga la casi totalidad de los impuestos.

La medición convencional del valor de la producción de esa “otra economía”, realizada por el Banco Central con base en el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE), muestra que a lo largo del trimestre marzo-abril-mayo 2020, se sufre un desplome del -9,5%, respecto del dato de febrero de ese año. En junio empieza una recuperación que, de tan tímida y limitada, no merecería ser considerada como tal, al punto que, a junio de 2021, tras 13 meses de “recuperación”, el dato respectivo todavía está un -4,1% por debajo de su nivel de febrero 2020. En cualquier país del mundo se la consideraría una recuperación sumamente anémica e insatisfactorio. Pero aquí se nos quiere hacer creer que merece celebrarse.

Si, además, comparamos la evolución registrada a lo largo del primer semestre de 2021 con la observada en el segundo semestre de 2020, notaremos que la economía no gana impulso, no obstante el avance, gradual pero sostenido, hacia la eliminación, o, por lo menos, la reducción sustancial, de la mayoría de las restricciones sanitarias. Se suponía que ello habría de infundirle energía a la reactivación económica. No hay tal: el avance, si cabe llamarlo así, sigue siendo lento y contenido.

Quedamos, entonces, en el pelotón rezagado en materia de crecimiento a nivel latinoamericano, pero, en cambio -con tasas de desempleo que se mueven en el rango del 17-18%- lideramos los rankings del desempleo.

Todo lo cual tiene muchísimo que ver con la política fiscal (gastos públicos e impuestos) en aplicación. Las cifras que presenta el Ministerio de Hacienda para 2021, no son directamente comparables con las de 2020, porque suman un componente que anteriormente no incluían: el gasto e ingresos de los llamados “órganos desconcentrados” (OD). Sin embargo, el Banco Central realizó los ajustes estadísticos necesarios de forma que, excluyendo los OD, pudiera compararse la evolución efectiva de las cuentas del Gobierno Central. La conclusión es contundente: al mes de junio 2020, sin incluir intereses, el gasto se reduce en -7,1%. Inclusive sumando intereses, se registra una reducción de -3,5%. La parte de transferencias corrientes -las cuales son giros de dinero a instituciones diversas tales como: CCSS, universidades, FODESAF, IMAS, juntas de educación, IAFA, etc.- se les aplica un tajo de -15,5%.[2]

No obstante lo anterior, las cifras que se presentan en la página web del Ministerio de Hacienda, muestran un notable incremento en los gastos de capital (inversión). Al mes de julio, y comparadas con julio 2020, aumentan en un espectacular 42,8%. En parte, las cifras han de estar infladas por posibles gastos de capital de los “órganos desconcentrados”, los cuales, como ya indiqué, no se incluían en los datos de 2020. Pero incluso así, y en virtud del recorte brutal que se había aplicado en 2020, son números que se sitúan un -5% por debajo de las cifras de dos años atrás, o sea, las de 2019.

Pero, lo que es más importante, resulta que, hasta en el mejor de los casos, es un monto de inversión pública sumamente modesto, en el orden de 1,4% o 1,5% del PIB, cuando, en realidad, nuestro gobierno debería estar invirtiendo arriba del 4% o 5%, en planes de emergencia para la creación de muchos empleos en el corto plazo, y programas de inversión de mediano y largo plazo en áreas como el transporte público, las energías limpias, la vivienda popular y de clases medias, la infraestructura sanitaria, educativa y de cuido, la fibra óptica, acueductos, recuperación de cuencas de ríos, ciencia y tecnología. Entre tantos otros ámbitos, de similar importancia.

Mientras esto ocurre, los ingresos del gobierno dan un notable salto. Las razones son diversas, pero el caso es que, incluso con los necesarios ajustes estadísticos que, como ya indiqué, fueron realizados por el Banco Central, a junio 2021, y comparados con junio 2020, crecen un 12,6%. Lo cual pareciera ser algo positivo, pero deja de serlo en el contexto de una economía ralentizada y con altísimos niveles de desempleo. Si por lo menos esos ingresos adicionales financiaran programas de creación de empleos e inversión pública, el efecto neto sería positivo. Pero sirven exclusivamente para reducir el déficit fiscal, por lo que su impacto sobre la economía es necesariamente negativo: es dinero que se saca de los bolsillos del sector privado y son drenados de la demanda privada, sin que el sector público los devuelva al flujo de la demanda global.

Cuando, por otra parte, ha quedado claro que la relativa flexibilización de la política monetaria del Banco Central, que ha hecho descender considerablemente las tasas de interés sobre las colocaciones de créditos por parte de los bancos comerciales, ha sido insuficiente e ineficaz, tan ineficaz como ha sido la eliminación de restricciones sanitarias y la “reapertura” de la economía. En ninguno de los dos casos era de esperar otra cosa, porque en ninguno de ambos se atacan las fuerzas más profundas que frenan la economía. Todo lo cual simplemente ratifica que, sin una política fiscal enérgica, la reactivación y, sobre todo, la generación de empleos, serán mucho más difíciles y lentas.

El déficit fiscal ha devenido una especie de “pesadilla de Freddy Krueger”, en la cual hemos quedado atrapados. Es, a un mismo tiempo, el fantasma que se agita para infundir miedo, y la camisa de fuerza que nos paraliza. Lo absurdo de la situación queda mejor ilustrado, tan solo con que hagamos un somero recuento de las urgentes necesidades que nos acogotan y angustian. Pensemos tan solo en la carencia de adecuados espacios públicos -incluyendo parques, instalaciones deportivas, campos de juego y centros para la práctica del arte-, en nuestros ríos contaminados o en las limitaciones de la infraestructura de cuido para atender a la niñez, las personas mayores o las personas con discapacidad. Y, entretanto, tenemos centenares de miles de personas desempleadas.

¿No es acaso una locura que ni siquiera podamos proveer empleos temporales a esas personas para resolver ese tipo de acuciantes necesidades, mientras encuentran mejores oportunidades de empleo en las empresas?

Luis Paulino Vargas Solís, CICDE-UNED

Alajuela, Costa Rica, 7 de septiembre de 2021

Algunas cifras ilustrativas


[1] CEPAL, La paradoja de la recuperación en América Latina y el Caribe. Crecimiento con persistentes problemas estructurales: desigualdad, pobreza, poca inversión y baja productividad. Informe especial Covid-19, julio 2021.

[2] Banco Central de Costa Rica, Revisión del Programa Macroeconómico 2021-2022, San José, julio 2021, pp. 47-49.

Blog del autor: http://sonarconlospiesenlatierra.blogspot.com/2021/09/costa-rica-el-deficit-fiscal-no-es-el.html

La disolución de los colores

Por Memo Acuña (Sociólogo y escritor costarricense)

“Los mexicanos nacemos donde nos de la gana”, habría dicho alguna vez una exhultante Chavela Vargas al preguntársele por su origen costarricense, tan atravesado y complejo como el que más en su hoja de vida.

Como una sanción premonitoria, a la vuelta de los años, otras figuras públicas habrían de mostrar que no necesariamente el acto de nacer es realmente el que te permite hacerte con una ciudadanía, una legitimidad, una identidad.

Lo hizo el futbolista de origen nicaragüense Óscar Duarte que, luego de su destacada participación en el Campeonato Mundial de Fútbol Brasil 2014, fue recibido con honores en su pueblo de origen.

También el surfista Carlos “Cali” Muñoz nacido en Granada, Nicaragua, que será recordado no solo por su desempeño de alto nivel en el deporte, sino por haber protagonizado uno de los viajes de última hora más intensos que se recuerden para un atleta invitado al filo de la hora a participar en las justas olímpicas. Al final no logró su objetivo de representar a Costa Rica en la competencia, pero en la retina y memoria colectiva quedará ese periplo contra el tiempo, contra la inclemencia de un temporal devastador en el Atlántico del país que bloqueó por horas su intención de llegar al aeropuerto, los vuelos y conexiones perdidas. No tuvo la posibilidad de competir en uno de los “heats” eliminatorios de su disciplina. Pero la gente le aplaudió su gesto.

Años antes, sin embargo, no eran aplausos lo que el deportista recibía. En una entrevista para el medio digital delfino.cr, Muñoz dijo haber experimentado discriminación por su nacionalidad en el ámbito escolar, un desafío que permanece hasta el día hoy en los centros del sistema educativo costarricense.

De madre hawaiana y padre estadounidense, la surfista Brisa Tomy Henessy Kobara representó al país con buen suceso, también en la disciplina del surf. Nacida en San José, casi toda su carrera profesional la ha desarrollado en el extranjero. Su tabla de surf fue prácticamente un lienzo que mostró una y otra vez al mundo los colores de la bandera costarricense, artísticamente diseñados. Su “pura vida” matizado con un claro acento extranjero revela la mezcla que presentamos como país, a pesar de las escencialidades impuestas, los marcajes identitarios puritanos y desfasados de la historia de un país compuesto por «arroz y frijoles», una mezcla finamente metaforizada en el documental «Si no es Dinga», producido en 2014 por La Traviesa Producciones en Costa Rica.

A finales de la década de los años ochenta y principios de los años noventa, el artista japonés Yukinori Yanagi exponía al mundo una acción performática consistente en colocar hormigas obreras en compartimentos de arena de colores representando varias banderas del mundo. El “acto” consistía en una lenta difuminación de las banderas como producto de la acción natural de las hormigas.

Era la época de anunciación de un sentido planetario: la globalización había llegado y se intuía, tal y como Yanagi proponía, que las fronteras desaparecerían y con ellas los rituales de piedra de las identidades monolíticas y nacionalistas. Estaba equivocado.

Ni las cajas de plástico, tubos, tuberías, arena coloreada y mucho menos las hormigas obreras utilizadas por Yanagi, fueron suficientes para advertir ese sentido pétreo con que hoy se defiende cierta identidad esencializada y los nacionalismos.

Es cierto, si, que las banderas han adquirido otro significado en medio de los procesos de globalización y planetarizacion constante. Tanto se han disuelto, que causan confusiones extremas como la que sucedió a un equipo periodístico costarricense que emitía en vivo la maratón olímpica masculina recién transcurrida. Al anunciarse al maratonista coreano OH J, los periodistas indicaron que claramente no era de ese país. “debe ser keniano” dijeron. Efectivamente, de origen africano, el deportista representó a Korea del Sur en la competencia.

Con algo de congoja e incertidumbre, celebramos las fechas de conmemoración del bicentenario “formal” de la independencia. Las narrativas hacia esa identidad tallada en piedra estarán a la orden del día. Pero también otras formas de nombrarla y cuestionarla. Seamos las hormigas de Yanagi. Disolvamos los colores y abrámonos hacia nuevas experiencias colectivas donde el reconocimiento de las diferencias colectivas sea la norma.

 

Imagen: http://xuku-va.blogspot.com/2011/08/yukinori-yanagi.html

¿Nos conmueven estas cifras?

Óscar Madrigal

Según el último Informe del Estado de la Educación:

En materno y guardaría en 2019 los alumnos en pobreza eran el 36.2% y en 2020 aumentaron a 41%.

En preescolar en 2019 eran 36.6% y en 2020 41,9%.

En primaria en 2019 fueron 37.3% y en 2020 43,6%.

En secundaria en 2019 eran 30,9% y en 2020 40%.

¿Qué país tenemos? Si antes de la pandemia mucho más de un tercio de los estudiantes o alumnos de todos los niveles vivían en pobreza y con la pandemia resulta que más del 40% de todos los niños, niñas y adolescentes del país viven en pobreza, resulta que tenemos un país que condena al segmento más importante de la población a vivir en la pobreza.

¿Qué país estamos construyendo? Con estas cifras no resulta difícil concluir que para ese enorme grupo social sus posibilidades de un futuro mejor están muy reducidas. Estamos perpetuando el círculo de la pobreza.

Y lo dramático es que no son cifras; son niñas, niños, adolescentes, con rostro humano, personas, que viven pobremente, muchos en la miseria. Un grupo, no mayoritario, viven de los “diarios” que reciben en los centros educativos, entre los alimentos 600 gramos de carne, que deben alcanzar para todo el mes y, en muchos casos, para toda la familia.

El año pasado 27.254 estudiantes pidieron paquetes de alimentos, pero el MEP se los negó por falta de recursos.

Mientras tanto, hoy mismo la prensa informa que Costa Rica alcanzó un superávit primario de más de ¢100 mil millones para gran conformidad con el FMI.

Es la Costa Rica del Bicentenario para desgracia de muchos.

Erradicar la corrupción, para un desarrollo país ético

Mainier Barboza Soto, miembro Movimiento Patriótico por Costa Rica

mainierbarbo@gmail.com

Más allá del combate a la corrupción, que pasa por la recuperación de valores y principios morales, es necesario crear estructuras, organismos, normativas, leyes, que tengan su asidero en la Sociedad Civil, de manera que desde ésta como eje emerjan tales organismos, estructuras, normativas, leyes…

Así, amparados en el artículo 9 de nuestra CONSTITUCIÓN POLÍTICA, (así con mayúsculas), está el sustento legal y democrático, para impulsar lo que se expone a continuación:

Creación del Foro de la Sociedad, que incluye a todos los sectores de la sociedad y factores claves de la producción nacional – (Trabajadores, empresarios, en especial medianas y pequeñas, cooperativas, organizaciones de mujeres, de jóvenes, cooperativas, asociaciones de desarrollo comunal, de deportes, del agro, grupos organizados de Iglesias, católica, protestantes, luteranas, evangélicas, otras), el gobierno por medio de la Contraloría, tendrá representación conjunta con las universidades públicas, las que serán las encargadas del trabajo de análisis técnico y profesional de los proyectos, que aprobaran consensual me en una Asamblea General que se reunirá 4 veces al año; para el trabajo cotidiano se formará una dirección conjunta con un(a) representante por sector, con reuniones bimensuales…

Tareas que tendrá: participación en el análisis del presupuesto nacional, y de autónomas con el Ministerio respectivo, así como los empréstitos nacionales y de las autónomas.

Analizará la pertinencia de los préstamos con organismos internacionales, (BID, FMI, BM.).

En materia fiscal creará la auditoría fiscal de la producción, Privada y Pública, que ejecutará las acciones propias de su función tales como control de la producción y su seguimiento hasta el destino final en los mercados nacional o extranjero, ejercerá controles y tendrá poder de intervención en la planta industria, comercio, exportación e importación, para evitar la evasión, elusión y fraude fiscales (verdaderos focos de corrupción). Sus acciones y señalamientos estudios y veredictos tendrán carácter vinculante.

En la actualidad el monto de la evasión, elusión, sin contar el fraude comercial, el blanqueo de capitales vía paraísos fiscales, (Cepal 2016), supera el 8 % del PIB, (cerca de $5 mil millones de dólares, casi tres veces el cacareado préstamo FMI de $175O millones).

Es urgente tomar estas medidas y crear proyectos de ley, vía rápida para recuperar la economía y dar estabilidad a la mayoría de la población que, además de pagar más impuestos (indirectos) recibe menos ingresos cada día que pasa.

La pandemia solo aceleraría algo que el modelo económico monetarista del neoliberalismo no podía contener, una crisis económica, social y de valores, que ha sumido en la pobreza extrema, en un vacío ético y un Estado maltrecho a nuestra Patria.

En tanto, la acumulación en menos manos es cada vez mayor, + al 2019 190 personas y/o familias tenían fortunas en capital y bienes superiores a los $14 mil millones de dólares, un 22% del PIB, de ese año, en tanto, la pobreza superaba el 22%, con un 6% de extrema, sin contar el subempleo, ni la informalidad).

Se ha planteado la eliminación de las Juntas Directivas y Superintendencias de las entidades autónomas, (controladas por sectores privados adscritos a los Partidos Políticos Tradicionales, lo que podría decirse por analogía,» durmiendo con el enemigo».

Las Municipalidades finalmente deben recuperar su rol ejecutivo y de gobierno local, por ejemplo, en el caso de las carreteras nacionales, bajo cargo del MOPT, cada municipio debería trabajar el mantenimiento, renovación y cuido de la red vial y cobrar al MOPT, su respectivo gasto o inversión, el Ministerio tendría solo la supervisión de las obras, en conjunto con la Municipalidad respectiva. ¿Qué se logra?, incorporar población local emprendimientos, pequeños y medianos, y una mejor distribución de la inversión entre más personas, la inversión Pública debe ser para el desarrollo del país, no para acumulación y amañada capitalización de unos pocos…

Seguiremos con las propuestas políticas y de reactivación desde el mar y las municipalidades y las alianzas cooperativas…

Imagen: AuditoriaCiudadanaTV

Aguas negras y un dinosaurio monumental

Por Freddy Pacheco León

Si el desastre que muestra el proyecto de tratamiento de aguas negras desde Tres Ríos Escazú y desde Aserrí al norte de San José, se resolviere con solo OTRO préstamo de $175 millones de dólares, se podría dormir tranquilo. Pero lamentablemente no es así. Un proyecto que se concluiría ¡hace ocho años! ha caído en un hueco técnico y presupuestario. Advertidos los responsables del legislativo y ejecutivo hace 15 años, cuando todavía no se había aprobado el primer préstamo, ni siquiera respondieron los razonables cuestionamientos. Siguieron adelante, y gastaron US$50 millones EN UNA SOLA PLANTA DE TRATAMIENTO que no tiene tratamiento secundario ni terciario, y que será fuente de mayor contaminación para el río Virilla. Así, en lugar de fraccionar, para una mejor construcción y operación, el inmenso proyecto en unas cuatro o cinco regiones, distribuidas según las poblaciones a servir, insistieron en «EL DINOSAURIO» que ha caído abatido por su mismo tamaño y escasa alimentación. ¿Y los responsables?  Como ha sido usual, aunque esta vez hablamos de ~US$330 MILLONES, de ellos nadie se preocupa. La «investigación» que hoy casi culmina la comisión legislativa que tiene que vigilar el DERROCHE de dineros públicos, ¡insólitamente! NO cita siquiera de soslayo este asunto, conocido por cierto por la Contraloría, sin beneficio alguno para la República que está en su nombre. El DESASTRE es gigantesco y el MIEDO a entrarle parece que más grande.

 

*Imagen ilustrativa, UCR.

75 años de la sentencia de Nuremberg

Manuel Hernández

El 1 de octubre de 1946, el Tribunal Internacional dictaba la histórica sentencia del juicio principal de Nuremberg.

El proceso se inició en noviembre de 1945, a lo largo del cual se recogieron unos 300.000 testimonios y más de 200 testigos rindieron su declaración.

Todos los acusados, sin el menor sonrojo, se declararon inocentes.

El Tribunal Internacional los declaró culpables y ordenó la ejecución de once criminales de guerra.

Entre otros, se ordenó la ejecución de Goering, Frans Sawckel, organizador del sistema de trabajo esclavo, Hans Frank, el Carnicero de Cracovia.

Fueron ejecutados en la horca dos semanas después, excepto Goering, quien se suicidó horas antes.

Primera vez que se juzgó a los responsables y autores intelectuales de crímenes de guerra, contra La Paz y la humanidad.

Pandemia y reactivación de la economía: una ocasión para un proyecto país

  1. La pandemia y su doble crisis, sanitaria y económica.

La crisis sanitaria producida por la pandemia del COVID-19 ha profundizado la crisis económica que venía desde antes, reflejada en el estancamiento del crecimiento económico del país en los últimos años. Por ejemplo, en el decenio transcurrido entre 2001 y 2010, la tasa de crecimiento real promedio de la economía de Costa Rica fue de 4,33%, mientras que en el decenio 2011-2020 la tasa de crecimiento real promedio fue de 2,70%. En el desempleo igualmente se venía de una situación compleja, que se agudizó en medio de la pandemia, pues desde la crisis económica del 2008-2009 el desempleo había llegado a los 2 dígitos y con la pandemia subió por encima del 20%, situación que, además, ha afectado en mayor proporción a las mujeres, a los jóvenes y a los habitantes de las regiones Chorotega, Pacífico Central y Brunca.

Además de las pérdidas lamentables de seres queridos, que se cuentan por miles en el país y por millones en el mundo, la pandemia ha dejado muchas personas con consecuencias en su salud, que requerirán atención permanente y apoyo social para retomar sus vidas. No podemos dejarlos solos, el Estado debe procurar los medios para atender a estas personas que sufrirán consecuencias en sus vidas una vez que la pandemia haya terminado. Pero también debemos buscar la manera de fortalecer financieramente la atención médica del país, que ha sufrido presiones enormes en medio de la crisis, debido a la caída en los ingresos de la CCSS y a una mayor demanda de los servicios de salud, que han llegado casi al límite de su capacidad.

  1. Una crisis siempre nos afecta y de ella nunca salimos igual, salimos peores o mejores.

El papa Francisco nos lo ha recordado con frecuencia, planteándonos el reto histórico de salir mejores. La crisis que estamos viviendo nos enseñó que una situación de estas requiere de la acción de todos, que solo con la ayuda de todos podemos salir adelante, que el apoyo para las personas más afectadas es esencial y que las acciones colectivas son fundamentales para sobrellevar los efectos de la crisis. El amor al prójimo debe reflejarse en el respeto a las medidas sanitarias que protegen a los demás, así como la disposición a construir soluciones en conjunto.

  1. Es importante hacer énfasis en la búsqueda de una solución para las personas más afectadas por el impacto económico de la pandemia

Debemos plantearnos como objetivo fundamental poder otorgar un ingreso vital mínimo para las personas que viven en pobreza, para que puedan vivir con dignidad, así como garantizar el derecho fundamental a una vivienda digna, a la salud, a una educación de calidad, al acceso a agua potable y a un ambiente sano.

La sociedad post pandémica debe plantearse como objetivo fundamental una sociedad más equitativa, también debemos tomar medidas para distribuir la inequidad en la distribución del ingreso. Evitar el deterioro de los salarios reales, reducir la informalidad y la precariedad laboral e impulsar un sistema tributario más progresivo, deben ser objetivos de la sociedad como un todo.

  1. De la crisis sanitaria la impresión generalizada es que estamos saliendo o vamos a salir relativamente pronto.

Poco a poco se empieza a ver la luz al final del túnel, aunque todavía nos falta caminar un trecho importante y empiezan a surgir nuevos retos. El mundo observa con preocupación cómo la variante Delta se vuelve la variante dominante del virus en muchos países, siendo esta variante más contagiosa que las otras, incluso que la variante original que presuntamente salió de Wuhan, China. Costa Rica ya registra la presencia de la variante Delta en el país, así como de la variante Lambda, ambas variantes de preocupación, según la OMS. Se suma a lo anterior, que existen personas en el país que se resisten a vacunarse, lo que ha frenado el avance inmunitario y el logro efectivo de la inmunidad de rebaño. En el interín tenemos que atender el llamado a seguir colaborando entre todos, mantener la vigilancia, el uso adecuado de mascarillas, a evitar actividades públicas masivas en lugares cerrados.

Por otra parte, se ha producido el acaparamiento de vacunas por parte de los países más ricos, al punto que se está llegando a la posibilidad de que muchas vacunas en poder de países desarrollados lleguen a alcanzar su fecha de vencimiento sin haber sido utilizadas. La tan deseada inmunidad de rebaño es global, no local, estamos conectados y este egoísmo y falta de solidaridad, y hasta engaño, atrasó toda proyección de mejora conjunta en el manejo de la crisis; ahí ya, empezamos a fallar en grande. Se difundieron además y con amplitud algunas de las dificultades que han ralentizado el sistema COVAX, un esfuerzo multinacional de acopio y distribución de vacunas contra el COVID-19. Así las cosas, el egoísmo con el que se ha manejado el tema de la vacunación mundialmente, está atrasando la salida del problema y provocando más enfermedad, una extensión de la crisis y más sufrimiento.

  1. Por ello, a nivel de países desarrollados y en vías de desarrollo, en lo que ya desde hace un tiempo se viene pensando es en la reactivación de la economía.

No cabe duda de que la reactivación económica es una necesidad, que la pandemia se ha convertido en un problema, simultáneamente, local y global. Pero una reactivación de la economía en términos de una superación de la crisis provocada por la pandemia, como una vuelta al pasado, manteniendo el mismo sistema económico y las formas insostenibles de relacionamiento con el ambiente, con la avidez de recuperación que lo caracteriza y de la que tecnológicamente hoy día es tan capaz, sería radicalmente insuficiente. ¿Cómo sería una reactivación pensada en términos de abandonar el uso de energías fósiles y optar por energías y tecnologías amigables con la naturaleza, objetivos hacia los que como un máximo pareciera ya se están dando pasos?

Este cambio es importante como necesario, pero es insuficiente. Recordemos que el Papa Francisco ya estaba escribiendo su carta Fratelli Tutti cuando sobrevino la pandemia, denunciando la naturaleza tan poco humana y fraterna inherente al sistema económico, financiero y comercial actual, que incluso la escribió años después (3/10/2020) de la Laudato Si’ (4/05/2015) sobre la imperiosa necesidad del cuidado del planeta, nuestra casa común. En otras palabras, la necesidad de concebir y crear otra economía es anterior y superior a reactivarla e incluso a hacerla más amigable con la naturaleza. Hay que hacerla humana. Tiene que ser una economía en función del ser humano. El ser humano todo y todos los seres humanos tienen que ser el centro de la economía.

En Costa Rica no concretamos una estrategia de reactivación efectiva y, más bien, nos hemos sumido en un proceso de ajuste fiscal centrado en recortes de gasto, que provocarán más problemas para llevar la economía costarricense a una senda sostenible de recuperación económica y atrasarán la necesaria reducción del desempleo.

  1. Conocedores, expertos y decisores en el campo de las tecnologías, sobre todo de la tecnología informática, ya nos están presentando la digitalización como la base cultural de la nueva forma de vida y cómo la tecnología será capaz de activarla.

Tecnológicamente hablando puede ser cierto. Pero el problema que enfrentamos, anterior a la emergencia de la pandemia, es humano, cultural y social, no meramente tecnológico, que en absoluto se va a resolver con el desarrollo de nuevas tecnologías y la intensificación de la globalización, al contrario, se va a agravar, con sus efectos ya presentes de concentración de riqueza, desigualdad, discriminación y exclusión, empobrecimiento y migraciones. El ser humano y su entorno, deben ser el centro de las políticas públicas, que busquen el bienestar general como objetivo final. La salida de la pandemia debe centrarse en esa premisa básica, o seguiremos tropezándonos con “las mismas piedras” que antes de la crisis del COVID-19. No podemos volver a la “normalidad” pre pandémica.

  1. La digitalización va a generar la pérdida de empleos, cantidad de puestos están siendo sustituidos por tecnologías que hacen el trabajo de otros y otras

La superación de la pandemia y la necesidad de reactivar la economía, deben ser ocasión para concebir, formular, proyectar y poner las bases progresivas de un proyecto país profundamente fraterno y solidario. Desde ya cada proyecto y política pública nuevos deben pensarse en esta nueva dirección, como pasos hacia la misma y de la misma, una comunidad nacional y global profundamente humana, fraterna y solidaria donde todos podamos desarrollarnos lo más humanamente posible. En ningún proyecto de los que se discuten en la Asamblea hay un énfasis en el reentrenamiento del personal. A este aspecto hay que darle mucho énfasis dadas las proyecciones futuras de un mundo más digitalizado, virtualizado y automatizado.

  1. En este sentido hay que retomar la parábola del buen samaritano, donde están los criterios para organizar el mundo tomando como centro al ser humano.

La inclusión o exclusión de las personas que sufren define los proyectos económicos, políticos, sociales y religiosos. Cada día enfrentamos la opción de ser el Buen Samaritano y para reconstruir el mundo es necesario tener los criterios de la parábola del Buen Samaritano. Reconocer y superar la tentación que nos circunda, somos analfabetos en acompañar, cuidar y sostener a los más frágiles y débiles.

Solo hay dos tipos de personas, los que se hacen cargo del dolor y los que pasan de largo. El creer en Dios no garantiza el vivir como a Dios le agrada. Hay que ver al Señor en el hermano, esto es un reto. Vivimos en un mundo donde se menciona al Señor, pero no nos apropiamos de Él…creemos que debe ser Él el que haga, que a nosotros no nos toca hacerlo.

  1. En este nuevo marco deben inscribirse leyes como las de reformas y proyectos de ley, como el Proyecto de Ley Marco de Empleo Público, y por supuesto todos los proyectos y políticas tendientes a la reactivación económica.

Es importante el orden de una materia fundamental como el empleo público, pero esto no puede ser llevado adelante con criterios fiscalistas como norte, que no piensen en las condiciones de trabajo de miles de funcionarios públicos que aportan a la construcción del país. Es importante que se exija eficiencia en sus funciones y responsabilidad por sus actos, pero esto debe hacerse con políticas que promuevan mejores prácticas de trabajo y no castiguen la remuneración salarial en general, como parte de políticas de austeridad que han comprobado su falencia en otros países.

  1. Hay que hacer un diagnóstico del país que necesitamos.

Debemos plantear un modelo económico que nos permite alcanzar el máximo bienestar por medio del bien común y escoger proyectos y políticas que nos conduzcan al mismo. Se trata de un proyecto país, con la participación de toda la ciudadanía, resultado de un consenso nacional, que atraviesa organizaciones sociales, empresarios, partidos y gobiernos. La responsabilidad es de los políticos con la participación crítica de la ciudadanía.

“Es posible comenzar de abajo y de a uno, pugnar por lo más concreto y local, hasta el último rincón de la patria y del mundo, con el mismo cuidado que el viajero de Samaría tuvo por cada llaga del herido. Busquemos a otros y hagámonos cargo de la realidad que nos corresponde sin miedo al dolor o a la impotencia, porque allí está todo lo bueno que Dios ha sembrado en el corazón del ser humano.”

Encíclica Fratelli Tutti

José Amando Robles Robles, céd. 800520054
Carlos Pentzke Pierson, céd. 800750461
Natalia Jiménez Carvajal, céd. 106200962
Arturo Córdoba Sequeira, céd. 108060635
Axel Fernández Fajardo, céd. 800490514
Deyanira Sequeira Ortíz, céd. 102480675
Virginia Hernández Esquivel, céd. 400970377
Fernando Rodríguez Garro, céd. 401650895
Del grupo Maestro Eckhart.

La Revolución Francesa: repercusiones políticas y sociales

Las luchas revolucionarias independentistas en la América española y los derechos del hombre

Vladimir de la Cruz de Lemos

(Primera parte de la conferencia dada, el jueves 29 de julio del 2021, en el ciclo de Actividades y Conferencias “Camino a la Celebración de la Independencia de Centroamérica”, organizadas por la Biblioteca Nacional, la Cátedra Enrique Macaya, de la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica, y el Instituto de Estudios en Democracia del Tribunal Supremo de Elecciones, publicada en Wall Street International Magazine,

https://wsimag.com/es/cultura/66738-la-revolucion-francesa-repercusiones-politicas-y-sociales, el 23 de agosto del 2021)

Podemos considerar a la Revolución Francesa como la Revolución Madre de los procesos históricos, que le siguen en todas partes del mundo, y en cierta forma, también, de todos los grandes procesos revolucionarios que se dieron hasta el siglo XX, que marcan la llamada Época Contemporánea, que llega hasta nuestros días, Revolución que justamente da inicio con este período histórico, que es el proceso político social que derrumba la monarquía francesa, y simbólicamente acaba con los sistemas monárquicos, con el llamado viejo régimen, con el absolutismo, con el teocratismo político, dando paso a los sistemas republicanos, contractualistas, constitucionalistas y exaltadores de las Libertades y Derechos de los Hombres y los Ciudadanos, superando los sistemas que descansaban en la servidumbre y el vasallaje, colocando al Ciudadano como el personaje y actor social y político de nuestro tiempo.

Con la Revolución Francesa se inicia la lucha por la construcción del sistema republicano en Europa, que proyecta sus ideas y valores liberales y republicanos en las batallas y guerras de liberación anticolonial del siglo XIX, en regiones como la América Latina, prácticamente desde su origen, en cuanto muchos de los próceres de la lucha por la Independencia de América, especialmente de la América del Sur estuvieron ligados al proceso revolucionario francés, uno de ellos, quizá el más destacado, Francisco Miranda, quien también participó en la lucha de la Independencia de los Estados Unidos, de las 13 Colonias inglesas, y en la propia Revolución Francesa ganándose el sitio de honor de que su nombre, del único americano en ese sitio, esté en el Arco del Triunfo en París. De esta manera, Francisco Miranda participó activamente en las tres grandes gestas libertadoras, revolucionarias, en los movimientos políticos más importantes que sacuden el mundo a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, la Guerra de Independencia de las 13 colonias americanas que producen a los Estados Unidos, la Revolución Francesa y los movimientos de independencia y revolucionarios de la América española. En la Revolución Francesa llegó a obtener el grado de Mariscal de Francia.

Su estancia y vida en Europa, en Francia e Inglaterra, principalmente, sus viajes y amistades prácticamente en toda Europa, le van a permitir buscar los apoyos necesarios con algunas casas monárquicas europeas, aprovechando sus contradicciones con la española, para buscar esos auxilios para la causa de la independencia de las colonias españolas.

El período de las luchas revolucionarias independentistas en la América española se proyecta desde 1790 hasta 1826. Por ello en lo que nos interesa, de la celebración del Bicentenario de la Independencia de Centroamérica y de Costa Rica debemos destacar la importancia de la Revolución Francesa, y su impacto y proyección política y social.

El recordar la Revolución Francesa nos permite afirmar que la Historia la hacen los hombres y las mujeres, las hacen los pueblos.

La Revolución Francesa, sin lugar a dudas, tiene una múltiple repercusión política y social, en su época, que llega hasta nuestros días, de lo cual destacaré algunas de esas manifestaciones.

Con la Revolución Francesa surge la clase burguesa y la clase obrera

La Revolución Francesa fue por su contenido una Revolución burguesa, por cuanto le quitó de las manos el poder a la nobleza y lo puso en manos de la burguesía, naciente como clase en ese momento. Pero, al mismo tiempo fue una Revolución Democrática Popular, en tanto las capas populares le imprimieron sus demandas. De igual manera, nacía la clase obrera.

Las actividades principales de concentración obrera estaban en las jabonerías, las industrias licoreras, el algodón, el azúcar, las textileras, las refinadoras y los astilleros y, en París, las artesanías.

En 1789 la clase obrera francesa estaba dispersa. Las formas de explotación eran variadas, predominando los obreros fabriles y los artesanos. Estos estaban más sometidos a la explotación de los comerciantes. Ambos sectores, proletarios y artesanos, tenían salarios muy bajos, poco poder adquisitivo del dinero y un elevado costo de la vida.

En 1789 la clase obrera francesa estaba dispersa. En estas condiciones dio su apoyo a la lucha desarrollada por las capas medias y la burguesía revolucionaria y progresista. A pesar de ello desempeñó un papel activo en distintos momentos de la Revolución, así por ejemplo, el 14 de julio en la toma de La Bastilla, obra del pueblo parisino, los carpinteros desempeñaron un papel activo y hubo varios obreros muertos; lucharon los obreros y las masas populares en la Constituyente por el voto que les fue negado como derecho; en 1791 los trabajadores de la construcción en París lucharon por mejorar sus condiciones de vida.

Resultado de esta lucha fue la Ley Chapelier, el 14 de junio, por la cual se impidió la organización obrera. Inicialmente esta ley estuvo orientada a la destrucción y liquidación de los gremios. Entre sus alcances afectó a los propios abogados a quienes se les prohibió el ejercicio de la abogacía. Dispuso también la prohibición de asociaciones de personas de un mismo oficio u ocupación, norma que se proyectó a los países occidentales hasta mediados del siglo XIX, prohibiendo con ello la propia acción sindical. En Francia la Ley Chapelier llegó hasta los tiempos de Napoleón.

El 17 de julio una manifestación obrera que pedía el destronamiento de Luis XVI fue reprimida por La Fayette, en el Campo Marte, momento de viraje de la Revolución en el cual la burguesía francesa empezó a enfrentarse a los sectores obreros, los artesanos y al pueblo en general que levantaron la bandera de la República y la Democracia.

La Constituyente de 1791 excluyó de la participación política y de la Guardia Nacional a quienes no podían pagar impuestos mínimos, a los que se les llamaba ciudadanos «pasivos».

El 10 de agosto de 1792 las masas populares parisinas y marsellesas asaltaron las Tullerías, lo cual obligó a la convocatoria de la Convención Nacional, elegida por voto universal. En setiembre esta participación hizo posible la proclamación de la República y la llamada Victoria de Valmy. Los jacobinos lograron imponerse, con apoyo en estos sectores populares y pudieron, entre otras cosas, detener y aplastar la reacción extranjera contrarrevolucionaria.

El 31 de mayo de 1793 la invasión ejecutada por los obreros de la Convención facilitó la caída de los girondinos el 2 de junio y la victoria de los sans-coulottes. Así, la clase obrera participó activamente en la defensa de la Revolución, de su independencia y de las libertades conquistadas, como en la elaboración de armas, lo cual impulsó el Comité de Salvación Pública, el 23 de agosto de 1793. La Convención, finalmente, estableció la igualdad ante la ley, fortaleció el derecho a la educación y abolió los derechos feudales.

Los movimientos populares y de la clase obrera francesa, de mayo, originaron a principios del siglo XX, muchas evocaciones a las movilizaciones dadas en esos meses del calendario revolucionario, de los meses la primavera, de Pradial y Germinal, provocando el surgimiento de asociaciones, grupos culturales, nombres de publicaciones que se titulaban o nombraban con “Germinal”, como sucedió en Costa Rica con el Grupo que así surgió en 1909, con la participación, entre otros, de Joaquín García Monge, Omar Dengo, José María Zeledón Brenes, Carmen Lyra, y con las publicaciones que también así se llamaron.

En esos años, de la Revolución, el campesinado francés desempeñó un papel muy importante como aliado de los sectores urbanos y estableció la premisa histórica de la alianza con la clase obrera, en la lucha por la emancipación total, que después, durante el proceso y la gestación de la Revolución Rusa, dio pie para que Lenin elaborara, de mejor forma, la teoría y la acción política de la alianza obrero campesina, concepto clave en ese proceso revolucionario.

La clase obrera francesa en los días de la Revolución se estimaba en unos 600.000 proletarios en una población de 25 millones; Marsella tenía 80.000 asalariados, Lyon, 58.000, Reims y San Quintín, 60.000. Las actividades principales de concentración obrera estaban en el azúcar, las jabonerías, las industrias licoreras, el algodón, las textilerías, las refinadoras y los astilleros y, en París, las artesanías.

En 1789 la clase obrera francesa estaba dispersa, mientras las clases campesinas representaban el 92% de la población francesa, unos 22 millones de personas en 1789, que era campesina.

La democracia lograda en 1789 fue el resultado de la incorporación de estos campesinos y de esta alianza, a pesar de que a un gran número de campesinos les fue imposible adquirir tierras como resultado de la venta de la propiedad nacional, la redistribución de la tierra, la abolición sin indemnización de los derechos feudales, los diezmos y la imposibilidad de ejecución de las leyes agrarias impulsadas por los jacobinos en la Convención. Sucedió algo parecido durante la Revolución Rusa cuando el Zar dispuso, en la segunda mitad del siglo XIX, liberar de la servidumbre a los campesinos, darles tierras y al mismo tiempo gravarles sus actividades, al punto que preferían seguir siendo siervos y vasallos, motivo por el cual Lenin encontró elementos claves para llamarlos a su Revolución, y establecer como uno de sus primeros tres decretos el de La Tierra, con lo que se ganó políticamente al campesinado.

Así, la Democracia lograda en 1789 fue el resultado de la incorporación de estos campesinos y de esta alianza, a pesar de que a un gran número de campesinos les fue imposible adquirir tierras como resultado de la venta de la propiedad nacional, la redistribución de la tierra, la abolición sin indemnización de los derechos feudales, los diezmos y la imposibilidad de ejecución de las leyes agrarias impulsadas por los jacobinos en la Convención.

Los socialistas utópicos en la Revolución Francesa

Las primeras manifestaciones importantes de las corrientes socialistas, que van a desarrollarse con más fuerza en el siglo XIX y XX, surgen durante los tiempos de la Revolución, entre ellas las corrientes del socialismo utópico, anteriores y contemporáneas luego a los fundadores del socialismo científico, Carlos Marx y Federico Engels.

En el seno del movimiento revolucionario francés destacó Graco Babeuf, el precursor más importante del socialismo científico, quien comprendió que no podía existir igualdad social mientras la sociedad estuviera dividida en clases y se tolerare y permitiera la explotación del hombre por el hombre. Por ello Babeuf vio en la Revolución Francesa la antesala de una Revolución mayor.

En el Manifiesto de los Iguales, Babeuf, así lo señala: «La Revolución Francesa no es más que el postillón de otra revolución mucho más grande, mucho más solemne, que será la última».

Babeuf criticó severamente la propia Declaración de Derechos y procuró su radicalización al reclamar «la igualdad de derechos, la igualdad real o la muerte». Babeuf se propuso la insurrección de los pobres contra los ricos.

A Babeuf le siguió Saint Simón, otro precursor, quien abogó por el impulso de reformas a la sociedad. De él es la máxima «A cada uno según su capacidad; a cada capacidad, según su trabajo».

Saint Simón estimó que el reino del terror en Francia fue el reino de las clases desposeídas.

También destacaron Charles Fourier, un crítico de la situación social francesa y Etienne Cabet, quien propuso la instauración pacífica de la sociedad comunista, ya que veía con temor las derrotas sufridas por la clase obrera durante el proceso revolucionario surgido en 1789. Fourier propició la creación de ciudades modelo, bajo el principio de asociación, donde descansaba la felicidad del pueblo. La violencia de la Revolución Francesa le asustaba.

Cabet, de modo particular se proyectó en Estados Unidos, junto con Considérant, el inglés Roberto Owen y el alemán Guillermo Weitling. Sus ideas prendieron en los Estados Unidos en un destacado grupo de escritores entre los que estaban Ralph W. Emerson, Henry David Thoreau, Nataniel Hawthorne, quienes entre 1840-1846 trataron de crear una granja colectivista cerca de Boston. Charles Fourier también hizo su propio intento en Red Bank. Experiencias utópicas también se procuraron realizar en Chile, Río de la Plata, Buenos Aires y México.

Las ideas de Graco Babeuf nuevamente se levantaron en Francia con la Revolución de 1830, impulsadas por Filippo Bounarotti. Este, desde 1821, y durante el período de la restauración borbónica, participaba de las sociedades secretas inspiradas en las de los carbonarios italianos. Una de ellas, la de «Los Amigos de la Verdad» estaba dirigida por Saint Amand Bazard y Bucher, estudiantes de medicina influidos por Filippo Bounarotti y Louis Auguste Blanqui.

En 1831 y 1834 se realizaron dos grandes movimientos huelguísticos de los trabajadores de Lyon. En 1839 existían cuatro sociedades secretas más: «Los Amigos del Pueblo», «La Sociedad de los del Derecho del Hombre», «La Sociedad de las Familias» y «La Sociedad de las Estaciones», las dos últimas con tendencias socialistas.

La insurrección de mayo de 1839, organizada por «La Sociedad de las Estaciones» provocó la condena a muerte de Blanqui y de Armand Barbes, sus jefes.

Así, la Revolución de 1789 impulsó universalmente los principios de la democracia e hizo surgir diversas expresiones de ideas socialistas, semisocialistas; algunas de esas cubiertas de cierto religiosismo.

Los conceptos de izquierda y derecha

Se asocia a la Revolución Francesa los conceptos políticos de izquierda y de derecha que llegan hasta nuestros días. Esto tiene que ver con los grupos políticos principales dentro de la Revolución, que se agrupaban alrededor de los movimientos políticos, o partidos que identificación de intereses existían, bajo la denominación de la Gironda y los Jacobinos, siendo los girondinos los conservadores, representantes del Departamento de la Gironda, creado durante la Revolución, que fueron reprimidos durante el período del llamado Terror, de la Revolución Francesa, y los jacobinos los revolucionarios o radicales dentro del proceso revolucionario francés, por la ubicación que tuvieron ellos en el seno de la Asamblea Francesa, de la Convención Nacional, donde los miembros de la Gironda se sentaban o ubicaban a la derecha y los Jacobinos a la izquierda.

La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano

Una de la repercusiones más importantes a nivel mundial, hasta hoy día, fue la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, del 26 de agosto de 1789. En esta Declaración se dijo que “la ignorancia, el olvido o el menosprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de las calamidades públicas y de la corrupción de los gobiernos”, a propósito de los escándalos recientes de corrupción en el país.

De seguido se planteaba, la Declaración, exponer “los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre, a fin de que esta declaración, constantemente presente para todos los miembros del cuerpo social, les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes; a fin de que los actos del poder legislativo y del poder ejecutivo, al poder cotejarse a cada instante con la finalidad de toda institución política, sean más respetados y para que las reclamaciones de los ciudadanos, en adelante fundadas en principios simples e indiscutibles, redunden siempre en beneficio del mantenimiento de la Constitución y de la felicidad de todos.”

Distinción importante es la de Hombres y Ciudadanos, en el sentido de que los Derechos del Hombre son aquellos generales, universales, para todos los Hombres, considerados “derechos naturales”, que por su condición de seres humanos los tienen, independientemente de su condición nacional, mientras los referidos a los Ciudadanos son aquellos que son propios de los que dicte cada sociedad política. Por ello los Derechos del Hombre son universales, mientras los del Ciudadano son particulares.

Así tenemos, entre los Derechos proclamados el de que “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”, y que “las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común.”

De los Derechos más importantes están, declarados de modo imprescriptible del Hombre, “la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión”, valores que hoy exaltamos en todas las sociedades modernas.

El Derecho “a la resistencia a la opresión” es quizá el más trascendente porque es el que asegura el conjunto de todos los derechos, y garantiza el funcionamiento del Pacto Social, de manera que si el gobernante que resulta de ese Pacto traiciona su mandato, se vuelve un déspota, un tirano, un dictador, un sátrapa, gobierna contra el pueblo, o viola la esencia de la voluntad general que le fue delegada, el Pueblo, el Hombre, tiene un derecho natural a la rebelión, a resistir a ese gobernante, a cambiarlo, para que de esa manera se vuelva a establecer el Pacto y la relación armónica que debe haber entre Gobernante y gobernados, entre Mandatario Político y mandantes, el Pueblo. Este principio de la “resistencia”, de “rebelión”, fue establecido en la Constitución Política de Costa Rica de 1844. Lo eliminaron en las siguientes constituciones del país, pero sigue siendo un Derecho imprescriptible proclamado por la Declaración de los Derechos, hija de la Revolución Francesa.

Otro Derecho, que se recoge como principio constitucional en Costa Rica es que la “soberanía reside esencialmente en la Nación”, y que “ningún cuerpo, ningún individuo, pueden ejercer una autoridad que no emane expresamente de ella.”

Otros Derechos proclamados, inscritos en Costa Rica, son que “La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no perjudique a otro: por eso, el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los que garantizan a los demás miembros de la sociedad el goce de estos mismos derechos. Tales límites sólo pueden ser determinados por la ley” y, que “la ley sólo tiene derecho a prohibir los actos perjudiciales para la sociedad. Nada que no esté prohibido por la ley puede ser impedido, y nadie puede ser constreñido a hacer algo que ésta no ordene.”, elemento clave del Estado de Derecho que tenemos.

Igual en el concepto de que “la ley es la expresión de la voluntad general. Todos los ciudadanos tienen derecho a contribuir a su elaboración, personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos, ya sea que proteja o que sancione.”

Igual, el que “ningún hombre puede ser acusado, arrestado o detenido, como no sea en los casos determinados por la ley y con arreglo a las formas que ésta ha prescrito. Quienes soliciten, cursen, ejecuten o hagan ejecutar órdenes arbitrarias deberán ser castigados; pero todo ciudadano convocado o aprehendido en virtud de la ley debe obedecer de inmediato; es culpable si opone resistencia.” Del mismo modo que “la ley sólo debe establecer penas estricta y evidentemente necesarias, y nadie puede ser castigado sino en virtud de una ley establecida y promulgada con anterioridad al delito, y aplicada legalmente.”.

Los Derechos proclamados en los artículos 9, 10 y 11 de la Declaración están en nuestro orden constitucional, como son la presunción de inocencia, el que “nadie debe ser incomodado por sus opiniones, inclusive religiosas, a condición de que su manifestación no perturbe el orden público establecido por la ley” y, el de “la libre comunicación de pensamientos y de opiniones es uno de los derechos más preciosos del hombre; en consecuencia, todo ciudadano puede hablar, escribir e imprimir
libremente, a trueque de responder del abuso de esta libertad en los casos determinados por la ley.”

Un Derecho importante es el de que “Los ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o a través de sus representantes, la necesidad de la contribución pública, de aceptarla libremente, de vigilar su empleo y de determinar su prorrata, su base, su recaudación y su duración”. Este Derecho dio la base, en cierta forma, para los movimientos de Desobediencia Civil que se dieron en los Estados Unidos contra el pago de impuestos destinados a sufragar gastos de guerra, o militares, en el siglo XIX.

El Derecho de petición, de “pedir cuentas de su gestión a todo agente público”, fue establecido por la Declaración, y su último Derecho, también está establecido en nuestra Constitución, de que “Siendo la propiedad un derecho inviolable y sagrado, nadie puede ser privado de ella, salvo cuando la necesidad pública, legalmente comprobada, lo exija de modo evidente, y a condición de una justa y previa indemnización.”

El impacto de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano provocó que, en 1791, Olympe de Gouges, lanzara su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, proclamada en nombre de “las madres, hijas, hermanas, representantes de la nación”, que “piden que se las constituya en asamblea nacional”, que se les reconozca políticamente, Declaración que es literalmente una copia de los Derechos proclamados en 1789, en casi todos sus puntos. Con esta Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, en cierta forma, se hacen surgir las luchas de las mujeres y de los movimientos llamados feministas. Al final de su Declaración expresaban que la Revolución Francesa las había prácticamente marginado.

Termina su Declaración diciendo: “Mujer, despierta; el rebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos… El hombre esclavo ha redoblado sus fuerzas y ha necesitado apelar a las tuyas para romper sus cadenas. Pero una vez en libertad, ha sido injusto con su compañera. ¡Oh, mujeres! ¡Mujeres! ¿Cuándo dejaréis de estar ciegas? ¿Qué ventajas habéis obtenido de la revolución? Un desprecio más marcado, un desdén más visible. […] Cualesquiera sean los obstáculos que os opongan, podéis superarlos; os basta con desearlo.”

Repercusiones de la Revolución Francesa en los movimientos independentistas latinoamericanos

Al enfatizar en el influjo de la Revolución Francesa, en Latinoamérica, en la lucha por su primera independencia, la de la administración colonial española, hay que destacar que las autoridades coloniales y los sectores que se oponían a las ansias de liberación americana acudían a la Revolución Francesa con el ánimo de asustar a las masas campesinas, esclavas o en estado de servidumbre y populares urbanas, para denigrar a los revolucionarios americanos. No casualmente llamaron a Bogotá el «segundo París», o dijeron que en Lima había jacobinos y amedrentaron con el terror revolucionario robesperiano.

También afirmaron que los curas de la independencia eran una especie de jacobinos con sotanas. Tampoco fue casual que a Mariano Moreno, de la Junta Revolucionaria de Buenos Aires se le acusara de intentar copiar a Robespierre y que el propio José Ingenieros haya destacado, en la importancia de su movimiento, la existencia de un partido jacobino; como no fue casual tampoco que al padre de la independencia de México, al cura Miguel Hidalgo, en el informe de su detención se dijera expresamente lo siguiente: «prisión del padre Hidalgo con toda la plana mayor de sus sanscoulots en Acatita de Baxan del Reyno de Nueva España». Hidalgo agitó las ideas de independencia nacional especialmente a través del periódico El Despertar Americano.

En la primera independencia de una colonia americana, la de Haití, hay quienes han visto allí un movimiento jacobinista negro. Al respecto, en París se formó una sociedad que pidió la abolición de la esclavitud y puso de ejemplo la situación de los esclavos en la colonias antillanas.

La Revolución Francesa en 1794 abolió la esclavitud, que había sido autorizada por el rey Luis XIII, en 1648, pero fue restablecida por Napoleón en 1802, hasta que en 1848 se abolió de manera definitiva.

La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano sirvió para alimentar esta ola de agitación, en la cual Vicente Ogé proclamó la rebelión en nombre de la igualdad. No casualmente el 28 de febrero de 1792, como resultado de esta violenta lucha en Haiti y Santo Domingo, la Asamblea Nacional francesa dispuso el ejercicio igualitario de derechos políticos para mulatos y negros. De hecho, Haiti se constituyó, con su Revolución e Independencia, en el primer país en abolir la esclavitud. En México con el Padre Miguel Hidalgo, en 1810, se proclamó la abolición de la esclavitud, con su Decreto del 6 de diciembre de ese año, siendo hasta 1829, el 15 de setiembre, ya México independiente que se abolió oficialmente la esclavitud en México, cuando en Centroamérica, bajo la República Federal, se hizo en 1824.

La ilustración o el clasisismo revolucionario francés, lo que en cierto modo correspondería al jacobinismo americano, podría ubicarse en los siguientes tres movimientos: el levantamiento de Vicente Ogé y Chavannes, en 1790, proceso que condujo a la Revolución haitiana, de 1804; la llamada Conspiración de los Franceses, de José Díaz, en Buenos Aires, en 1795, la cual evocó constantemente la Revolución y, en su nombre, y en el de la Convención, se asustó a quienes se oponían a la liberación de esclavos y, la Conspiración de Manuel Gual y José María de España, de 1797-1799, en Venezuela, que tanto influyó en Bolívar, con la marcha forzada de su maestro, y Maestro de América, Simón Carreño, conocido en la historia por su apellido materno Simón Rodríguez. En 1795 el levantamiento en Coro, Venezuela, procuró implantar «la ley francesa de la igualdad».

Radicales fueron los procesos de independencia americanos, porque iban a la raíz del problema de la dependencia, mas no necesariamente jacobinos, extremistas, en sus métodos robesperianos. El propio Francisco Miranda, impedía la jacobinización de la revolución americana.

El jacobinismo americano, si se pudiese utilizar el término, consistió en la participación de las masas campesinas y plebeyas urbanas en el curso de las luchas revolucionarias americanas. Aquí se gestaba embrionariamente la revolución burguesa americana, guiada por los criollos y la pequeña “burguesía” democrática, de muy semejante manera como sucedió en la Revolución Francesa.

Justo esta situación, fue la que facilitó globalmente la unidad “burguesía” agraria-pueblo para hacer triunfar definitivamente la guerra de liberación, en forma de Revolución y de movimientos de independencia, contra el antiguo régimen colonial español.

Simón Bolívar, José de San Martín, Bernardo O’Higgins y el propio Agustín de Iturbide, en México, con sus repercusiones hacia Centroamérica, representaron de diverso modo este fenómeno. De manera concreta Iturbide, con su plan de las tres garantías y la unidad de americanos y españoles sin distinción de castas ni privilegios, así lo afirmaba.

La circunstancia de que la tierra estuviera en manos de los criollos, actores importantes de este proceso, produjo que en el curso de las luchas por la independencia se llevaran a cabo acciones contra los criollos aristocráticos y contra las autoridades españolas simultáneamente, y no en pocas ocasiones, como sucedió con las movilizaciones de Boves, en Venezuela, o como se dio en los movimientos inconformistas en Centroamérica y en Costa Rica, contra los estancos y los estanquillos.

Esta situación produjo, también, que con el advenimiento de la Independencia la gran masa de campesinos y sectores populares urbanos no cambiara su situación social o de clase, ni tuviera un acceso directo al nuevo poder, ni a la tierra, situación, que por el contrario produjo las condiciones para el desarrollo de ciertas guerras civiles, al margen de la emancipación, de la liberación nacional o política y, que condujeron finalmente a consolidar el poder de los nuevos gobernantes o el papel hegemónico de ciertos sectores en el seno de las naciones y repúblicas emergentes latinoamericanas, manteniendo de hecho una situación similar, en la relación del poder, a la representada en el régimen colonial, con exclusiones y marginaciones sociales de nuevo tipo, respondiendo al nuevo modelo de construcción estatal que empezaron a darse y, respondiendo al nuevo modelo de violencia institucional que empezó a surgir, definiendo desde ese momento una sociedad dividida y dominada políticamente por ciertos grupos sociales, con raíces de la sociedad colonial.

Ello produjo, igualmente, que buena parte de los movimientos emancipadores no plantearan inicialmente la ruptura total con la metrópoli colonial y tan solo cuestionaran aspectos relacionados al orden económico-comercial en procura de una redefinición del pacto colonial, una especie de Revolución sin Revolución. Así, en Centroamérica, a finales del régimen colonial, se produjo un debate, particularmente en Guatemala, en el que se planteaba, por parte de un sector social, la libertad de comercio, sin ruptura del orden colonial.

La lección de la Revolución americana fue la lucha unitaria contra el enemigo común: el régimen colonial español, y no las contradicciones entre los diversos sectores que actuaban en el proceso, del mismo modo como la Revolución Francesa enseñó la unificación de todos los sectores sociales alrededor de la burguesía, impulsados por aquellos, que como los jacobinos, procuraban objetivos y luchas democráticas que ésta no levantaba. Por ello, y por los jacobinos, sobrevivieron las conquistas de la Revolución Francesa.

Un elemento trascendente de la Revolución Francesa al continente fue la traducción, por Antonio Nariño, en 1794, de la Declaración de los Derechos del Hombre y de los Ciudadanos, del 26 de agosto de 1789, plasmados en la primera Constitución revolucionaria francesa, de 1791. A partir de aquí en todas las primeras Constituciones de los países americanos se plasmarán los ideales, como derecho o libertades, de dicha Declaración.

Por estos años, durante el período 1810-1824, como expresión de la Revolución Francesa pueden apreciarse también los movimientos populares de México, los de Hidalgo y de Morelos, el de la República Oriental del Uruguay, con José Artigas, el de Buenos Aires con Mariano Moreno, con el impulso de Mayo y, en el Paraguay, con José Gaspar Rodríguez de Francia.

La ocupación napoleónica de España, que se proyectó hasta 1815, de modo indirecto impidió que España ejerciera una acción más firme contra los movimientos independentistas en el continente.

No casualmente fue hasta 1815, ya libre de Napoleón, que España trató de fortalecer sus ejércitos, acantonados principalmente en Perú.

Artigas, en Uruguay, recogió y desarrolló las luchas contra la dominación colonial española, los propios revolucionarios argentinos y el colonialismo portugués, afincado aún en el Brasil, y afirmó la independencia del Uruguay el cual era parte del Virreinato de la Plata.

A Artigas se le llamó «el Protector de los Pueblos Libres» en el Uruguay, Santa Fe, Misiones, Corrientes, Entre Ríos y gran parte de Córdoba. Quiso repartir la tierra, de modo que los más infelices fueran los más privilegiados; propuso expropiar los latifundios de los «malos europeos» como de los «peores americanos».

Por su parte la Revolución paraguaya se hizo en nombre del movimiento del 10 de mayo argentino. El Dr. Francia representaba el partido de los «nativos» frente a los «realistas», seguidores de la Junta de España y los «porteños», partidarios de Buenos Aires.

En el caso de México el enfrentamiento fue americanos contra españoles, movimiento en el cual se agruparon todos los sectores como resultado del llamado Grito de Dolores. Mientras tanto, en Centroamérica, se produjeron, al decir de nuestro gran historiador, Rafael Obregón Loría, movimientos inconformistas con la administración colonial española.

Napoleón no pudo imponer su dominio sobre España en las colonias del régimen monárquico. Los años de ocupación francesa de España no hicieron que las colonias hispanoamericanas perdieran su condición de colonias españolas. Tampoco proclamó la libertad de la colonias, ni por el impacto que pudo tener en ese sentido y en el mismo Napoleón la Independencia de Haití, en 1804. Francia siguió manteniéndose como un régimen colonial, aún bajo el sistema republicano, hasta adentrado el siglo XX.

Napoleón en España

La ocupación napoleónica de España estimuló los procesos independentistas en la América española. Contra la ocupación francesa se organizó el pueblo español, luchando por su Independencia, por su Libertad, por su Autonomía, por sacar a los franceses de España.

La Iglesia y los distintos sectores de la sociedad española actuaron contra los franceses.

De la misma manera los movimientos a favor de esa lucha también actuaron en el continente con el surgimiento de las Juntas, al igual que en España, por su Monarca.

Pero, al mismo tiempo provocaron levantar las mismas banderas, desde 1808, por la Independencia, la Libertad y la Autonomía de España, y por la expulsión de los españoles del continente, estimulando más los sentimientos independentistas y antimonárquicos. En América decenas de sacerdotes se identificaron con la causa independentista y dieron su vida por ella.

La Constitución de Bayona fue contrastada con la Constitución de Cádiz, con representantes llegados del continente, de América, impulsando las elecciones de sus diputados, haciendo una realidad la representación política en ese nivel parlamentario, donde Costa Rica eligió al Dr. Florencio del Castillo, quien se distinguió como uno de los mejores diputados de esas Cortes.