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Ética y periodismo en las sociedades democráticas

Una discusión más allá de un título

En las democracias modernas como sistema político imperan reglas de oro que salvaguardan, precisamente, la supervivencia del modelo elegido. Esta es la forma en que una sociedad determinada que comparte cultura e historia, deciden, que esa es la mejor forma de convivencia.

Entre estas reglas de oro están el respeto a las ideas ajenas, el diálogo, la tolerancia, respeto a las mayorías y la construcción de consensos alrededor de asuntos medulares de la sociedad.

Por eso es muy cuestionable, que periodistas asentados en medios de comunicación masiva de prensa, radio y televisión, que operan incluso como conglomerados, amigables, arremetan de manera irreverente, fuera de los cánones del buen periodismo, contra la profesión, que los tiene en esa palestra. Menuda ironía y contradicción, más que eso, una profunda inconsistencia, con la formación, que se supone recibieron en sus años de estudiantes de periodismo en las universidades.

En otros países el periodismo no solo es una digna profesión, sino que además, tiene el respeto y la legitimidad de la ciudadanía. Son formadores de opinión pública, y visores de la realidad social, es a través de ellos que se exponen las diversas visiones de mundo, y que tienen el propósito de exhibir los hechos sociales en sus diversas perspectivas, con absoluta objetividad, veracidad y equilibrio, respetando los puntos de vista de las fuerzas sociales que se generan en una sociedad libre, democrática, plural y diversa.

Pensar que el periodismo no es una profesión, que rebajada a la categoría de oficio, incluso de pasatiempo y nuevo nicho de empleo, es tener una visión muy pobre, cortoplacista, ahistórica, utilitarista y banal de lo que en el mundo moderno llamamos prensa de opinión, periodismo e información. Porque estimados colegas, el país ha invertido parte de la riqueza social que produce en formar profesionales en las diversas carreras que requiere el desarrollo, no solo material, sino espiritual, emocional, cultural y en general en la formación de consciencia, entre ellas el periodismo.

El periodismo como lo vivimos y sentimos los miembros del Colegio de Periodistas, y desde el Tribunal de Honor y Ética del Colegio de Periodistas es un periodismo al servicio de la información relevante con vocación de servicio público, con sentido de bien común. Por eso cuando se defiende la profesionalización, señores no estamos protegiendo un privilegio, ni una regalía, ni un plus, ni un cartoncillo, menos de los que se compran por ahí. Hablamos de un afán social, de una respuesta a una necesidad definida y bien argumentada por académicos e intelectuales de la época. Nos referimos a la profesión que desde 1969, fue considerada una necesidad para que el pueblo, la sociedad como un todo tuviese, la oportunidad de confrontar las lecturas de los hechos que la actualidad y la sociedad vivían.

¿Cómo pensar que miembros extraordinarios, editorialistas de los más prestigiosos medios de comunicación, excelentes periodistas de oficio, cronistas y formadores de opinión como Ricardo Castro Beche, Julio Suñol, estaban equivocados? Pues fueron ellos entre muchos otros, quienes fueron pioneros, propulsores e inspiradores del Periodismo como profesión la profesión, quiénes advirtieron la necesidad social, la coyuntura y el contexto para crear la Escuela de Periodismo. Entonces, cómo podemos entender el retroceso de los que niegan la existencia del periodismo profesional, hasta el punto que Directores de medios, que fundaron éstos brillantes ciudadanos se atrevan a señalar, que no hace falta la formación académica para ejercer tan digna profesión. ¿Cómo desconocer el profundo interés y razón que justificaron históricamente la profesionalización del periodismo en Costa Rica?

Hoy en un contexto abigarrado de información fútil, de excesos de discursos, muchos de ellos, sin sentido, objetivo ni meta, simplemente como práctica, como ritualismo volutivo, parecen desplazar la información como información relevante, como capacidad de entender el mundo a través de sus mediadores, los periodistas. El contexto en donde los hechos noticiosos se pasaron de acera, y se convirtieron en fanfarria, en circo, en show mediático en los medios de comunicación, solo es una tendencia global, mercantil, subsidiaria de nuevas formas de comunicación e interacción, siendo su plataforma fundamental las redes, las aplicaciones de internet y en general las otras formas y géneros propias de esta era digital. En síntesis, reconocemos en teoría un novedoso modelo empresarial, pero eso no les da ningún derecho para interpretar y generalizar que la profesión del periodismo no existe, que es irrelevante, sustituible y desechable, y que cualquier persona tiene la capacidad para traducir los hechos sociales en materia comprensible para la convivencia social.

De igual manera, con los cambios tecnológicos e innovaciones, otras profesiones sufren el impacto de los cambios, el avance de los conocimientos, la innovación de teorías y procedimientos, sin embargo, esto no hace que el médico, el sociólogo, el odontólogo, el abogado, el ingeniero, arquitecto, dejen de ser profesionales, porque cambiaron las formas de realizar o entender el ejercicio de esa profesión. Menos aún, que porque existe un arsenal de conocimientos en todas esas disciplinas diseminadas en la red, éstas las pueda ejercer cualquier persona, por el simple hecho de que tiene un programa, una aplicación, o un seudo medio y maneja mucha información.

La educación y la formación profesionales son también bases fundamentales de los regímenes democráticos, ellos son responsables del continuum cultural, del acervo civilizatorio, de la tradición, del avance y del progreso. Entre este bagaje se sitúan los valores, las profesiones, los aportes tecnológicos, filosóficos y espirituales de una sociedad. No en vano se ha reseñado que Costa Rica desde la República Liberal apostó por el camino de la educación como fuente de progreso, como mecanismo para redistribuir la riqueza social. Ahora resulta que, una transformación tecnológica, que además es de carácter civilizatorio, pone en entredicho, aspectos fundamentales de la vida y de la Sociedad. Como son las reglas del juego democrático.

Cuando se habla de un Colegio Profesional, se debe atender al trasfondo de su origen. Lo que la Sociedad en su marco institucional declaró como necesario para salvaguardar el ejercicio idóneo del mismo. Nadie puede señalar que se trata de un capricho, privilegio o dádiva. Porque el espíritu de la fundación de los Colegios profesionales, no es la ambición gremialista, ni la mezquindad intimista privativa o prerrogativa clasista, esos no son los valores que la animan, sino la protección que deben tener los ciudadanos frente a los excesos, abusos y disrupciones de quiénes en forma irresponsable asaltan las redes y sustituyen el deber de informar con conocimiento, con objetivos claros, del deber ser del quehacer informativo. Porque la Sociedad debe velar para que el ejercicio de quienes informan, relatan, reflexionan, comentan los hechos de la vida social sea transparente, en su forma y fondo. Muchas de las informaciones que recorren las redes, se basan en supuestos, mentiras, falacias, que trastocan la realidad y reproducen medias verdades que contribuyen a la sensación de caos, inestabilidad, desorden y desesperanza.

Una sociedad inteligente, progresista, civilizada como Costa Rica, no puede aceptar, que en esta coyuntura de profundas transformaciones culturales, se deje a la libre el ejercicio de una honorable profesión, cuya dignidad, ha sido puesta a prueba en momentos de crisis social y moral. Mientras que en el mundo actual la anarquía, la violencia, el desorden y la barbarie amenazan el orden, el equilibrio social y la paz, deben existir reglas claras en el ejercicio de la profesión periodística.

En este punto de la reflexión ¿nos preguntamos qué es lo que se cuestiona del periodismo actual?

Si bien es cierto, las salas de redacción hoy, no son necesariamente físicas, pues los profesionales se instalan en sus propias áreas de trabajo con sus teléfonos y computadoras, y la urgencia del raiting y la instantaneidad, hace rato pasaron la factura a las buenas formas de comunicar, de transmitir, y de narrar, no es menos cierto, que la calidad informativa en sus diversas modalidades ha dejado de ser importante. Resalta pues como la deformación plástica, visual, auditiva y sensorial en general, no sigue cánones, ni estéticas, mucho menos atiende a las normas de los formatos, tal y como los estudiamos aprendimos y generábamos. Es decir que la escritura de la información y las estructuras narrativas, sucumbieron frente al mundo digital, generando otras formas de lenguaje sin reglas.

La libertad de información, de expresión, de acceso a la información, por supuesto son y deben seguir siendo derechos humanos fundamentales. Pero hay otros muchos derechos que tienen igual estatus jurídico, El derecho a la vida, a la privacidad, a la intimidad, a la seguridad, entre otros. Incluso el derecho de ser bien informado, porque también es un delito la difamación, la exposición de hechos falsos, la subversión, la anarquía y el llamado al desorden social del cual Costa Rica no se exime. Por eso resulta deleznable, que en aras de liberalizar el ejercicio de quienes acceden a las redes como informantes, se confundan con las funciones profesionales del periodismo. A nivel privado cada quien ejerce su derecho de comunicabilidad, pero como ejercicio público con marcado interés común y con fines sociales, nos encontramos con el campo del periodismo. No importa si éste es en prensa, radio televisión o incluso en medios digitales. Hay una responsabilidad, un compromiso una acción colectiva, que lo impulsa, que lo compele a hacer de éste ejercicio una misión con vocación, se trata de una acción ética.

Quién y a quiénes se les puede exigir un compromiso moral, con lo que se cuenta, narra, informa y divulga en medios digitales y físicos, sin que tengan ninguna clase de reglas, solamente porque se reconoce el derecho individual de informar, de hablar, de interactuar de manera masiva. Castells ha redefinido la vida en la Red, y aunque fue el gurú de la libertad extrema y del triunfo de la democracia digital, hoy dista mucho de esta perspectiva entusiasta y eufórica y ahora ha cambiado esta posición por una más mesurada, entre caótica y apocalíptica, en el sentido de que esta disrupción cultural deja más encrucijadas, más retos, muchas otras ironías, porque no se han creado las reglas del juego que desbordaron la democracia.

Una reflexión final, toda profesión deviene de una necesidad social, el periodismo también, por eso hoy más que nunca en un mundo hiperconectado, donde la comunicación es la plataforma de la acción social, la cuarta revolución humana donde la vida social transcurre por la redes y el mundo digital conforma la psiquis y el quehacer cultural económico y social, el periodismo está vigente, fuerte y lo que se requiere , es diferenciar el mundo de la comunicación a secas, cotidiana, privada, recreativa , de aquella que tiene una función de transformar y fortalecer las democracias . Cada profesión tiene su propia Ética y esa hay que defenderla. Somos profesionales, formados y competentes, dignos, honorables e idóneos, mucho más allá de un cartoncillo, como han sugerido lamentablemente algunos colegas.

Dra. Beatriz Pérez Sánchez

Periodista

 

Enviado a SURCOS por M.S.c Efraín Cavallini Acuña, Presidente Tribunal de Honor y Ética, COLPER.

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Trabajadores del mundo, únanse (por fin)

Ronaldo Munck*

Algunos procesos hoy en curso ponen en duda la sabiduría popular de que la globalización neoliberal es un desastre sin precedentes para los trabajadores, los sindicatos y el movimiento obrero. Sin duda, los obstáculos a la organización de los trabajadores significan desafíos muy serios. La creciente movilidad del capital ha desencadenado un fuerte aumento de reubicaciones, externalizaciones y traslados al exterior. Las empresas multinacionales pueden amenazar con cerrar plantas de producción, si los trabajadores reclaman aumentos salariales o los Estados pretenden introducir impuestos. Los ejecutivos de las empresas multinacionales pueden enfrentar las plantas entre ellas al inclinarse por una u otra para lograr que las/los directores y trabajadoras/trabajadores locales hagan ofertas cada vez más bajas. Paralelamente, a partir de la creciente movilidad del trabajo se han incrementado los movimientos migratorios que pueden ser percibidos como una amenaza a los salarios y condiciones de trabajo, si los trabajadores migrantes ingresan a una fuerza de trabajo ya establecida. En esa situación las empresas pueden generar divisiones raciales, étnicas y lingüísticas con el fin de socavar la solidaridad.

Más allá del pesimismo

Sin embargo, la fijación en los obstáculos crea un pesimismo simplista. La globalización puede haber abierto tantas puertas como las que cerró. Gracias al correo electrónico, los medios sociales y otras plataformas en línea, hoy las/los trabajadoras/trabajadores disponen de mejores herramientas para organizarse más allá de las fronteras; imaginemos por un momento, cómo hubiera sido organizar una huelga transnacional un siglo atrás. La comunicación globalizada fomenta la solidaridad en la medida que las/los trabajadoras/trabajadores pueden ver, oír y compartir sus historias (Evans, 2010). Mejores software de traducción podrían contribuir a superar la brecha lingüística y abrir nuevos caminos hacia el diálogo entre las culturas. En efecto, el capitalismo global puede haber creado las bases para la conformación de una clase obrera global, tanto por su conciencia como por sus condiciones materiales.

El sindicalismo transnacional puede funcionar tanto a nivel de los líderes sindicales como en las bases. La organización puede ser orientada al lugar de trabajo o centrarse en la cooperación con organizaciones no gubernamentales (ONG) en el marco de campañas temáticas. El sindicalismo transnacional tendrá que navegar en un entorno complejo y operar en múltiples niveles. Los sindicatos de orientación transnacional ya han aprovechado la globalización al organizar acciones transnacionales, establecer nuevas estructuras y fomentar relaciones de solidaridad con trabajadores migrantes en el país.

Cuando una empresa transnacional reparte sus centros de producción entre varios países y, de esta manera, también su fuerza de trabajo, la expansión geográfica incrementa también los puntos de apalancamiento para la organización. Las/los trabajadoras/trabajadores de Ryanair lo han entendido muy bien. Desde la fundación de la línea aérea en 1984, su consejero delegado, Michael O´Leary, se opuso expresamente a los sindicatos, pero las/los trabajadoras/trabajadores decidieron hacer oídos sordos. A mediados de 2018 iniciaron una huelga –que empezó en Irlanda, antes de extenderse a Europa continental– por aumentos de salario, empleo directo y convenios de trabajo colectivos que contemplasen la legislación laboral nacional. La dirección, que se había apoyado en su condición transnacional para dividir a las/los trabajadoras/trabajadores, debió enfrentar una fuerza de trabajo internacional unida (Lafuente Hernández et al., 2018). Esta movilización verdaderamente excepcional generó su fuerza a través del trabajo en red, la identificación de aliados en las estructuras sindicales nacionales e internacionales, el trabajo inteligente con el público y la obtención de apoyo oficial de la UE para que prevalecieran las relaciones laborales `normales´.

Otra fuente de fuerza de los trabajadores organizados ha sido la asociación con diferentes aliados a lo largo de la cadena de producción global. La acción directa de estudiantes estadounidenses apoyó a las/los trabajadoras/trabajadores que organizaban las fábricas explotadoras de ropa en Honduras. Por lo general, las/los trabajadoras/trabajadores de la vestimenta que integran las cadenas de producción globales se encuentran en una posición más débil que quienes trabajan en empresas sumamente flexibles y muy redituables como Nike (Greenhouse, 2010). Sin embargo, empresas como esta son vulnerables ante los boicot y el subsiguiente daño a su reputación. Y si los recursos sindicales transnacionales son concentrados en una rama industrial o un país específico, también pueden ejercer un poder considerable para negar el acceso al mercado y, de esta manera, respaldar las demandas en el punto de producción. Las nuevas movilizaciones de este tipo involucran asimismo a capas más amplias como por ejemplo estudiantes y grupos de presión, y el cabildeo ante el sistema política `en casa´. Conocemos algunos puntos de presión que pueden redundar en concesiones de las multinacionales.

Defensa del sindicalismo transnacional

Además de permitir acciones específicas, la nueva geografía económica abre el camino a nuevas estructuras de organización, en la medida que los sindicatos reconocen que los viejos métodos ya no dan resultado. En los años 60, las secretarías industriales internacionales (en la actualidad, conocidas como federaciones sindicales internacionales, FSI) respondieron a la expansión de los multinacionales estableciendo consejos de empresa internacionales. Los Trabajadores Automotrices Unidos (UAW) y la Federación Internacional de Trabajadoras y Trabajadores del Metal fueron las primeras organizaciones en establecer tales consejos que coordinaron las actividades de varios sindicatos nacionales a lo largo de las operaciones de una empresa multinacional. Sin embargo, no tenían la capacidad de crear la estabilidad y continuidad necesaria para desarrollar su poder de negociación colectiva transnacional (Bourque, 2009). Esto se debe a muchas razones: la Guerra Fría ejercía un efecto muy polarizador, las multinacionales no vieron razón alguna por la que debieran comprometerse (la responsabilidad social corporativa estaba aún lejos), y los principales sindicatos del Atlántico Norte, que promocionaban los consejos, seguían apegados a un estilo de negociación colectiva casi perimido. Pero en la medida que se definían los contornos de la globalización a partir de la década de 1980, esa memoria histórica cobró importancia: Los trabajadores podían organizarse a nivel transnacional.

En los años 90 la estrategia sindical internacional ya había reorientado de la promoción de `códigos de conducta´ voluntarios ante las multinacionales y la introducción de cláusulas sociales (relativas a los derechos de los trabajadores) en los convenios colectivos a los acuerdos marco internacional (AMI). Como expresión de la solidaridad obrera transnacional, los AMI vinculan las operaciones globales de una empresa a la normativa laboral vigente en el país de la sede central, generalmente en Europa. De esta manera los beneficios logrados donde el movimiento sindical es más fuerte, pueden propagarse a los lugares, donde tiene menos fuerza. En el año 2015 ya se habían firmado 156 AMI en todo el mundo que se ocuparon sobre todo en las condiciones básicas del lugar de trabajo y el derecho a la negociación colectiva (cfr., por ejemplo, Ford y Gillan, 2015).

Esta evolución fue el reflejo del reconocimiento de que el movimiento obrero necesitaba nuevas estrategias, tácticas y modalidades de organización. Visto que los modos de organización al estilo `aquí no pasa nada´ ya no son los adecuados, muchos líderes sindicales empezaron a reclamar solidaridad internacional. Pusieron en tela de juicio a la `condición especial´ que comparten con el Estado y los empleadores, la famosa modalidad tripartita de la Organización Internacional de Trabajo. Si el capital se organizaba, principalmente, como actor transnacional, los sindicatos también tendrían que optar por la vía internacional.

La aparición de las federaciones sindicales internacionales constituyen una manifestación significante de esta reorientación. En 2008 los Trabajadores Siderúrgicos Unidos de Estados Unidos fusionaron con Unite the Union, la mayor organización sindical de Gran Bretaña e Irlanda. Al momento de su fundación, el nuevo sindicato, Workers Uniting, representaba casi 3 millones de trabajadores de los sectores siderúrgico, papelero, petrolero, salud y transporte. Por lo tanto, las/los trabajadoras/trabajadores del conglomerado de petróleo, BP, y del gigante siderúrgico ArcelorMittal también son transnacionales y se niegan a ser enfrentados entre ellos en las negociaciones. Los trabajadores del mar, con su internacionalismo intrínseco, han tomado pasos similares. En 2006 el Sindicato Nacional de Oficiales de Aviación, Marina y de Transporte Marítimo del Reino Unido se asoció formalmente con el sindicato de los trabajadores marítimos holandeses, Federación de los Trabajadores del Transporte Marítimo (Federatie van Werknemers in de Zeevart) y cambió su nombre a Nautilus UK y Nautilus NL, respectivamente. Dos años más tarde, los trabajadores votaron a favor de la creación de un sindicato transnacional único, Nautilus International. En 2015 los Trabajadores Automotrices Unidos de Estados Unidos y el sindicato metalúrgico IG Metall de Alemania unieron esfuerzos para crear el Instituto Transatlántico de Trabajo (Transatlantic Labor Institute), que se centra en asuntos relativos a la representación de los trabajadores de la industria automotriz en las plantas estadounidenses de los fabricantes de coches alemanes. En el transcurso de una década el transnacionalismo se ha convertido en parte de la corriente principal del sindicalismo en la medida que las direcciones se están poniendo al corriente de las posibilidades objetivas que la globalización presenta.

Los sindicatos más inteligentes, en particular, no tratan a la presencia de trabajadores migrantes como amenaza, sino como oportunidad. Los sindicatos están profundizando su papel democrático a través de la integración de los trabajadores migrantes a los sindicatos y mediante el combate a las fuerzas políticas divisionistas y racistas. En Singapur y Hong Kong sindicatos, que cuentan con el respaldo del Estado, están reclutando trabajadores migrantes, en beneficio de ambas partes. En Malasia, la Internacional de Trabajadores de la Construcción y la Madera, una FSI, recluta trabajadores migrantes temporales, conjuntamente con otros miembros `regulares´. Una proyección tan positiva y proactiva tiene el potencial de oponerse a la estrategia de dividir para vencer, sobre cuya base las direcciones antisindicales prosperan.

A pesar de puntos prometedores como los reseñados, hay numerosas contradicciones y obstáculos que pueden impedir la organización transnacional del trabajo. El desfase entre la escala infinita y la complejidad del desafío y la falta de recursos disponibles subsiste como un problema crónico. Asimismo el reclutamiento exitoso de nuevas capas de trabajadores puede reducir la capacidad de los sindicatos de emprender acciones, debido a las dificultades de movilizar una fuerza de trabajo informal y precarizada. Esos problemas no son insuperables para un movimiento obrero sagaz, con visión estratégica, pero deben ser encarado.

En la fase de formación del movimiento obrero, los sindicatos intervenían activamente en torno a los asuntos políticos más generales del momento, sobre todo la exigencia del sufragio universal. No hay razón alguna, por qué tales preocupaciones muy importantes no pudieran convertirse en un punto central de la agenda trabajadora, además de una excelente razón por qué deberían formar su columna vertebral: por la interrelación de una cantidad de factores económicos, sociales y ambientales. A diferencia de la tradición del antiguo sindicalismo en la tradición de los oficios los organizadores tempranos del trabajo no reconocían divisiones sobre la base de las destrezas o razas. La organización de los trabajadores en esta tradición, conocida como sindicalismo de la comunidad, organización en profundidad, o sindicalismo del movimiento social está de regreso. Su difusión podría abrir un nuevo capítulo en la lucha continuada del trabajo organizado contra el capitalismo.

*Ronaldo Munck es el director de la unidad de Participación Cívica de la Universidad de la Ciudad de Dublín y activo sindicalista. Hace poco publicó su último libro: Rethinking Global Labour: after neoliberalism (Repensar el trabajo global: después del neoliberalismo). Twitter: @ronaldomunck @GT_initiative

Twitter: @DrFutureTech

Las opiniones expresadas en esta publicación no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la Friedrich-Ebert-Stiftung.

http://columnesp.global-labour-university.org/2019/11/trabajadores-del-mundo-unanse-por-fin.html

 

Compartido con SURCOS por Juan Carlos Durán Castro.

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Revista La Piragua Nº 45

Revista editada por el CEAAL

Les presentamos la revista La Piragua Nº 45, editada por CEAAL.

Este número llamado «La Educación Popular en Movimiento por Justicia Social, Democracia e Igualdad», en torno al Encuentro de Formación Política y Asamblea Intermedia de CEAAL 2018, que se llevó a cabo en Buenos Aires, Argentina.

Compartimos el contenido de la revista:

  • EDITORIAL
  • EL CAMINAR DEL CEAAL
  • CONVERSATORIO: FEMINISMOS Y EDUCACIÓN POPULAR EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
  • CONVERSATORIO: FEMINISMOS Y EDUCACIÓN POPULAR EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
  • ANÁLISIS DEL CONTEXTO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE, UNA MIRADA DESDE CEAAL
  • PANEL DE ANÁLISIS DE CONTEXTO
  • LECTURA CRÍTICA Y BALANCE DE LOS MANDATOS DE CEAAL. PROPUESTAS Y DESAFÍOS PARA LOS PRÓXIMOS AÑOS
  • SOLIDARIDAD DESDE CEAAL CON LAS LUCHAS DE LOS PUEBLOS DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

Descargar revista La Piragua Nº 45

 

Enviado por CEAAL.

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Tsunami de no-violencia en Colombia

Hernán Alvarado

 

«Todas las revoluciones son imposibles,

hasta que se tornan inevitables.»[1]

[1] Consigna pintada por estudiantes, después de la última toma del edificio de Ciencias Sociales en la Universidad de Costa Rica.

Hasta ahora la violencia parecía haber ganado en Colombia. El ejército justificó a la guerrilla y viceversa; los paramilitares[1] a otras formas populares de auto defensa; los «vándalos» a la policía, de donde ha surgido el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) para prever motines, aunque también los provoca. Por eso aparecen los encapuchados que defienden a los manifestantes. Todos comparten que el fin justifica los medios y que la violencia se combate con violencia. El narcotráfico suma guardaespaldas y sicarios a ese coctel. Así, la «maldita violencia» parecía haberse enquistado en la cultura, reforzando los comportamientos patriarcales[2]. Sus principales víctimas han sido los más vulnerables: niños, jóvenes, mujeres y ancianos[3]. ¿Un ejemplo emblemático? Dilan Cruz, él luchaba por su educación, haciendo valer su derecho constitucional, cuando un arma del ESMAD le alcanzó en la cabeza. ¿Cómo se llama un policía que asesina a quien debe proteger? El alto mando tendrá que hacer milagros para justificarlo[4]. Un joven soldado se suicidó a raíz de ese conflicto. Por décadas, Colombia ha visto morir y partir a demasiada gente inocente.

Y, a pesar de todo, la gente sigue sonriendo, amando, bailando y conquistando cimas deportivas. La alegría, las bellas canciones, la extraordinaria ironía, tanto como la crítica, son modos cotidianos de resistencia. Uno de los países más felices del mundo es también el más desigual de la OCDE y el segundo de América Latina con media fuerza laboral en la informalidad. Por eso, hoy una inmensa mayoría defiende su derecho a vivir en paz. Solo una minoría prefiere mantener el estatus quo que beneficia al 1% de la población y a sus socios extranjeros, en perfecta sintonía con el autoritarismo neoliberal, propio del «capitalismo salvaje».

El pasado 21 de noviembre, el pueblo respondió masivamente al llamado de las organizaciones sociales en todo el país. Había más de cien razones para protestar y más de mil para defender la vida. La primera es el derecho a indignarse. El senador Gustavo Bolívar contaba 247 líderes sociales asesinados, 77 en lo que va del año. En enero pasado, la ONU urgió al Gobierno sobre la matanza de líderes indígenas. Hace pocas semanas, el ejército bombardeó un campamento guerrillero y mató a 8 niños (los lugareños dicen que podrían ser más). El Ministro de Defensa tuvo que renunciar. Son goterones en un vaso que ya estaba relleno con los 2248 «falsos positivos»[5], tema por el que se indaga judicialmente a Álvaro Uribe. Así que a nadie extraña la denuncia de violaciones de derechos humanos por parte de los cuerpos de seguridad.

En Boyacá, donde el gobernador no permitió la entrada del ESMAD, la multitud protestó en forma pacífica[6]. La prensa independiente jugó un papel crucial en la divulgación. En todas partes la asistencia fue multitudinaria, pese a las provocaciones y amenazas del «uribismo» y los desplantes militares del nuevo Ministro de Defensa. Después, un ruido espontáneo de cacerolas, que se oyó en todas partes, dijo ¡basta! Los colombianos exigen que se cumplan los acuerdos de paz y se oponen a más proyectos confiscatorios. Los jóvenes dicen que les han quitado la salud, la educación, el empleo, el futuro; incluso les han quitado el miedo. Ahí está la clave de esta coyuntura. Por eso se está desplomando el «uribismo», incluso en Medellín.

La reacción del presidente Iván Duque ha agravado las cosas. Claudia López, alcaldesa electa de Bogotá, le dijo cómo aplacar la protesta. Entre otras cosas, que era momento de ser humildes, reconocer errores y hacer concesiones. Pero el presidente no entiende qué es «diálogo social», o se hace el desentendido[7]. Tras la gran marcha, reconoció el derecho a protestar y dijo estar escuchando, pero solo habló de «vándalos» para alabar a sus «héroes»: los policías. En plena desobediencia civil, siete días después se había reunido con los ministros, con los alcaldes, con los empresarios, pero no con el Comité del paro nacional. ¿Esperaba que la gente se cansara? Luego, propuso «conversar» sectorialmente (divide y vencerás), lo que fue rechazado.

El presidente no entiende que debe rendir cuentas a quienes pagan su salario, igual que policías y militares; no solo a su partido político. Ganar una elección no da derecho a usurpar el poder. El «uribismo» se tapa los oídos para insistir en una maniobra desestabilizadora y pirómana de sus oponentes. Al presidente nadie le había pedido la renuncia, sino que asumiera su responsabilidad, pero dijo que quieren arrebatarle «con violencia» lo que no pudieron ganarle en las urnas, como si su victoria hubiera sido brillante. Ahora, procura ignorar que muchos de sus electores se han convertido en manifestantes. Ha reprobado en lectura política, en empatía, en liderazgo, cuando ya rondaba el 70% de desaprobación.

Las protestas no cesan, el pueblo ha multiplicado su unidad y solidaridad, su fuerza pacífica crece con arte en las plazas; su participación plantea el dilema democracia o neofascismo[8]. ¿Quién manda en una democracia: la ciudadanía o el gobierno; los representantes o los representados? ¿Para qué sirve la violencia del Estado: para proteger a los ciudadanos o para aterrorizarlos? En uno de los países más violentos de América Latina, el pueblo ha izado la no-violencia en el asta más alta de la patria. Según Diana Uribe, se celebra la historia, es decir, la evolución incesante de la sociedad y la cultura. Una multitud sin miedo revive la idea de Mahatma Ghandi con yoga y música en la calle. En Colombia, como en otras partes de Latinoamérica, la «hiperpotencia» popular en estado de rebelión está reuniendo la fuerza marítima de quienes digna y creativamente exigen justicia y paz[9]. Si sigue firme obligará a evacuar, cuando menos, a los corruptos del gobierno, el ejército y la policía. Por el bien de todos y el futuro de los que vienen, hay que derrotar pacíficamente a los violentos ¡Basta ya y nunca más!

[1] Se trata de mercenarios que actúan en la ilegalidad donde la represión del Estado aún no alcanza.

[2] Ver: Betancur, JM (2000) Moscas de todos los colores, historia del barrio Guayaquil de Medellín, 1894-1934. Santa Fé de Bogotá, Ministerio de cultura.

[3] Colombia también tiene una alta tasa de femicidios con una impunidad encima del 90%.

[4] Álvaro Uribe, líder del «uribismo», ya intentó justificar el bombardeo de niños y los actos represivos del ESMAD. La senadora Paloma Valencia, también del Centro Democrático, publicó de manera expedita: Dilan era un vándalo.

[5] Así se llama a los muertos presentados por el ejército como guerrilleros para mejorar sus resultados. Esas «ejecuciones extrajudiciales» son una práctica de lesa humanidad conocida por Estados Unidos cuando menos desde 1984.

[6] Daniel Quintero, alcalde de Medellín, también pidió al ESMAD no intervenir, pues no era necesario (#LAVIDAESSAGRADA).

[7] Algo que atizó la indignación fue ver al presidente evadir a un periodista, que le preguntaba sobre los niños bombardeados, diciéndole: «¿De qué me hablas, viejo?»

[8] Neoliberalismo + represión = Neofascismo. ¿El paradigma? Augusto Pinochet.

[9] Dussel, E (2016 ) 10 tesis de política. México: Siglo XXI y CREFAL. Tesis 12, pág. 94.

 

Foto de: http://www.resumenlatinoamericano.org/

Enviado por el autor.

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Llaman a no arruinar testimonio evangélico

«Como evangélico bautista creo en la separación de la religión y el Estado, pero no por eso separo fe y sociedad, ni teología y política, ni mucho menos discipulado cristiano y compromiso con la transformación social y la opción preferencial por las personas vulnerables. Lo qué hay que replantear con urgencia es la participación de las iglesias, sus pastores y otros líderes en la política partidista, antes de que sigan arruinando el testimonio evangélico y, lo peor, improvisando con modelos teocráticos en la administración del Estado». TWITTER: @HAROLDSEGURA

 

Harold Segura es pastor Bautista colombiano, líder evangélico latinoamericano, vive en Costa Rica y trabaja para Visión Mundial Latinoamérica.

Foto: https://laicismo.org/

Compartido con SURCOS por Alberto Rojas.

Mercaderes de Ideologías

Por Marlín Oscar Ávila

Un amigo nos envió, el jueves 28 de noviembre, la grabación del discurso dado por el Cardenal hondureño Andrés Rodríguez Maradiaga, al regresar de una supuesta gira por Sudamérica. Discursa a un grupo de feligreses, evidente es su suposición sobre la brecha que le separa su intelecto con su audiencia, al expresarse contra lo que él califica de «mercaderes de ideologías» de manera muy contradictoria, por ser él un activista de una corriente de pensamiento dentro de la iglesia católica, aun cuando pregona inocencia.

Acostumbrado a no ser interrumpido con preguntas y mucho menos con intervenciones que cuestionen “su verdad absoluta”, narra su paso por Bogotá, Colombia, donde casi un millón de manifestantes en protesta contra el gobierno de Duque, recibieron unas «caricias con unos bastones» de la policía. Esto lo justifica, porque «lo que querían es destruir». «venga a máscara y la tea para incendiar, para romper…» “… ¿qué toca entonces, echar los mercaderes…? » Los mercaderes de ideologías…se nos meten en el templo de Dios» lo que debe hacerse es «la revolución… Lo que hacen es dejarnos encandilados, y después no se logra nada. Esto se está llevando a cabo ya en México, Bolivia, Chile, Ecuador, Brasil. ¿Qué es lo que está pasando?», se pregunta él mismo.

Por lo visto, ha girado su testa hacia otra dirección en la problemática colombiana, cuando se trata de más de 250 asesinatos a líderes sociales en el presente año, esto entre 591 asesinatos, amenazas, atentados y detenciones solo en 2019[1] ; a la violación del acuerdo de paz suscrito por el presidente Santos y las FARC, a quienes les han asesinado más de 135 excombatientes. Entre los incumplimientos está, el acuerdo de restitución de cultivos al campesinado que cultiva coca para sobrevivir; proporcionar tierras de cultivos a excombatientes; el desplazamiento interno obligado de millares de familias buscando salvar sus vidas; la constante persecución contra las comunidades indígenas y negras tampoco ve los altos grados de impunidad y de crímenes de lesa humanidad que vive ese país. Es la Colombia que exporta mercenarios, paramilitares, sicarios, además de técnicas como los “falsos positivos”, sin dejar de ser los mayores suplidores de la droga que pasa por Centroamérica en alianza con el gobierno militar hondureño.

Nos referimos a sacerdote Oscar Andrés Rodríguez, con el más alto título honorífico que puede conceder el Papa. Este pastor de la Iglesia Católica, obispo de Tegucigalpa, a quien, según algunos medios, le compararon con el perfil del Papa Francisco, por mostrar preocupación por los pobres[2], parece tener habilidades para confundir a la feligresía sobre su propia ideología. Los libros escritos por este Cardenal expresan una posición ortodoxa inclinada hacia una pureza exigida más en la ideología promulgada por el Opus Dei, algunos de sus escritos recientes como «Solo el evangelio es revolucionario» (2018); «El reto de la desigualdad» (2015), «Sin ética no hay desarrollo» (2014) y otros escritos más, tienen una connotación filosófica ideológica hacia lo más conservador y políticamente favoreciendo a las élites religiosas, sociales y económicas.

Ese pensamiento es muy distante, desde luego, de la Teología de la Liberación. Liberación de los pueblos pobres. Los pensamientos que gestó tanto miembros de la iglesia católica como evangélica en las décadas de los sesentas y setentas en América Latina tras la aparición de las Comunidades Eclesiales de Base, el Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medellín (Colombia, 1968). Esa corriente de liberación sobre el Evangelio exige la opción preferencial por los pobres. Corriente de pensamiento que los liberales radicales y conservadores (neoliberalismo) tuvieron éxito en borrarla hasta de los espacios sociales de la misma iglesia católica, campaña en la que fueron muy activos obispos y cardenales acomodados a los vientos del poder político y económico de los ochenta hasta la actualidad. Ni qué decir de iglesias evangélicas tradicionales. Ahora, uno se encuentra con viejos curas que defendieron y promovieron la teología de la liberación y parecen avergonzarse de esa opción, volviéndose cómplices de la ignorancia y de la propaganda de una “guerra fría” caduca, pregonada solamente por quienes ni siguiera leen una novela al año.

El Cardenal Rodríguez es un hondureño de familias privilegiadas en la capital Tegucigalpa (sangre azul), integrantes del Partido Nacional. Asistió a los centros educativos que ningún catracho de clase media puede lograr fácilmente, aun teniendo un alto cociente intelectual. Es un líder dentro de la iglesia católica, con muchos créditos ganados en los sectores más conservadores, tanto religiosos como sociales.[3] Es de esta estirpe de cardenal que estamos hablando al referirnos a Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, pretendiente, al menos una vez, del papado romano.[4]

 El califica de mercaderes de ideologías, a sus detractores, haciendo referencias al pasaje bíblico cuando Jesucristo hecha del templo de oración en Jerusalén, a mercaderes locales, según San Juan 2, 13-22. Desde luego, lo hace previo a la Pascua, jugando con lo religioso y lo profano. Si de sacar ventajas tanto de los valores, principios y doctrina que dan forma a las ideologías, para guiar el comportamiento de la sociedad y definiendo los fines que cada sociedad debe seguir, el Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga, posee, construye y activa en pro de su ideología, como lo hacen otros grupos sociales, sectores políticos y comunidades. El mismo es entonces un “mercader de ideologías”. Para muestra un botón. Se ha publicado un libro denominado Traiciones Sagradas, escrito por la viuda del embajador de Honduras en el Vaticano, Alejandro Valladares, doña Martha Alegría Reichmann.[5] Ella devela los engaños financieros de los cuales fueron víctimas del Cardenal. Pero hace ver su enriquecimiento personal por sus cargos dentro de instituciones a las que ha sido dirigente.

Ahora, después de haber sufrido un pequeño desplazamiento dentro de la Conferencia Episcopal hondureña, parece estar más activo en medios internacionales, donde seguramente tiene mucho que ofrecer a las corrientes conservadoras ultraderechistas que ahora reprimen, asesinan, dan golpes de Estado y buscan destruir cualquier expresión de los pueblos oprimidos de América Latina.

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[1] https://www.semana.com/nacion/articulo/asesinatos-de-lideres-sociales-somos-defensores-presenta-informe-2019-sobre-agresiones/635297

[2] https://www.elheraldo.hn/otrassecciones/nuestrasrevistas/627437-373/rodriguez-y-bergoglio-comparten-la-misma-vision

[3] https://infovaticana.com/2013/07/10/quien-es-oscar-andres-rodriguez-maradiaga/#La_infancia_deOscar_Andres_Rodriguez_Maradiaga

[4] https://www.elimparcial.es/noticia/120041/biografia-de-oscar-andres-rodriguez-madariaga-nuevo-papa.html

[5] https://criterio.hn/libro-devela-las-traiciones-sagradas-del-cardenal-oscar-rodriguez-maradiaga/

 

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Programas de Acción Social abogan por participación

Por casualidad, los programas institucionales de Acción Social se enteraron la semana pasada, que una comisión del Consejo Universitario sometería a consulta un reglamento que la mayoría de los programas desconoce y que fue iniciada hace más de 13 años.

Mediante una carta firmada por más de 10 programas, pretenden hacer su descontento porque “las consultas, audiencias y otras formas de participación para tomar criterio sobre el reglamento se dieron en algún caso hace 10 o 12 años. Inclusive muchos de los entes que participaron se transformaron o fueron cerrando”. Por lo que consideran que en la parte normativa han surgido nuevos elementos que deberían ser retomados para establecer “una actualización de la temática y sobre todo garantizar la participación a los programas institucionales.”

También insistieron que, “durante la administración Jensen Pennington, la Vicerrectoría de Acción Social y los programas institucionales ligados a la misma han estado bajo la dirección de 3 personas que han fungido como vicerrectores, con posiciones muy distintas sobre temas medulares de lo que es un programa, su duración, adscripción y estructura. Es por esta razón que hemos sido sometidos a procesos y procedimientos que han sido contradictorios y que han provocado un desgaste de energía y recursos, así como un debilitamiento en los mismos Programas”.

La Comisión de Investigación y Acción social (CIAS) del Consejo Universitario está elaborando un nuevo reglamento (Resolución CIAS-6-2019) para los programas institucionales de la Universidad de Costa Rica. Con la propuesta de reglamento los programas pasan a adscribirse a rectoría y a limitar el tiempo de duración de un programa de 4 hasta 8 años como máximo. De ser aprobado, esta acción implicaría el cierre eventual de programas con una larga y exitosa trayectoria, como por ejemplo algunos casos de programas que tienen más de 20 años de existir, realizando aportes fundamentales para las poblaciones vulnerabilizadas por el modelo neoliberal.

Los Programas entregarán una carta al Consejo Universitario el martes 3 de diciembre solicitando: habilitar un proceso amplio de consulta, que incluya la participación de todos los programas de la Universidad y que se extienda hasta el mes de junio del 2020, para estudiar a fondo la propuesta y hacer las observaciones pertinentes del caso.

Además solicitarán una audiencia ante el Consejo para compartir la visión de los Programas ante el citado Reglamento. En especial, porque se requiere una visión más fresca y actualizada del quehacer de los Programas en aras de que se defina una estructura y procedimientos acordes con estos espacios institucionales.

También solicitarán a la administración, “no tomar acciones de fondo que continúen afectando los programas institucionales, hasta que se termine la consulta y la aprobación final del reglamento específico de “programas institucionales” y el reglamento general de la VAS donde también se incluye el tema de los Programas institucionales”.

Por último, se convoca a las Comisiones de Acción Social de todas las unidades académicas de la Universidad de Costa Rica, para que también nos acompañen con oficios dirigidos al Consejo Universitario visibilizando las diversas reflexiones alrededor de este nuevo reglamento.

Ver carta firmada por programas en: http://kioscosambientales.ucr.ac.cr/docs/CartalineamientosprogramasCU.pdf

Ver dictamen de un nuevo reglamento (Resolución CIAS-6-2019): http://kioscosambientales.ucr.ac.cr/docs/DictamenCIAS-6-2019.pdf

Lunes 2 de diciembre del 2019

Programas Institucionales de Acción Social

Universidad de Costa Rica

Enviado a SURCOS por Mauricio Álvarez Mora y Alberto Gutiérrez Arguedas.