El Sindicato Nacional de Periodistas de Costa Rica trabaja en la elaboración de una cartilla sobre “Derechos laborales de personas periodistas, trabajadoras en medios digitales en Costa Rica”.
Ese documento será una compilación de ensayos y/o artículos de diferentes profesionales expertos. Constituirá una herramienta importante para la defensa de los derechos laborales de los periodistas y cuenta con el respaldo de la Oficina Regional para América Latina de la Federación Internacional de Periodistas (FIP).
Como parte de este proyecto el Sindicato Nacional de Periodistas organizó el Foro-desayuno “Derechos Laborales de Periodistas Trabajadores/as en Medios Digitales”, realizado el 20 de noviembre del 2019, en el Colegio de Periodistas.
Enviado por Sindicato Nacional de Periodistas de Costa Rica.
De Alfredo Serrano Mancilla, director CELAG (Centro Estratégico Latinoamericano de Política)
1.El fascismo de los comités cívicos, especialmente el de Santa Cruz. Racista, jamás aceptaron a un indígena como presidente. (Los dejaron crecer durante el periodo de Evo).
2.La oposición partidaria que sí se presentó a las elecciones. Carlos Mesa desde el desarrollo de las elecciones manifestó presunto fraude.
3.La actual Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA). Participando directamente en el debate, cuando en pleno conteo manifestó que era “recomendable una segunda vuelta”.
4.La policía. Ya se había amotinado contra Evo en 2008 (y transcurrió en permisividad.)
5.El Gobierno de los Estados Unidos. Otro infaltable: como siempre, tras cada golpe. Usando incluso el término de “potencial fraude”.
6.Las Fuerzas Armadas. Como un pasivo potencial. No se pronunciaban en la estrategia de lo cívico-policial. Se fueron acoplando al golpe. Es muy probable que al interior hubiera división, y todavía la haya.
7.Ciertos medios de comunicación. Jamás pueden faltar en cada golpe. Desde la noche de las elecciones hasta 48 horas después, sostuvo en su portal como entrada principal el resultado de una encuestadora privada, Viaciencia, que daba sólo 4 puntos a favor de Evo para instalar la idea del fraude. El papel lo protagonizó el periodista Carlos Valverde.
8.Los actores económicos. Los grandes empresarios del país se enriquecieron mucho en el ciclo largo de bonanza económica…buena parte de los grandes empresarios del país hayan estado dubitativos entre aceptar la dirección indígena que le garantiza un proyecto económico estable y altamente rentable para ellos, o participar en este golpe a favor de dirigentes que sólo saben ser violentos en las calles.
9.Los oportunistas de siempre. La opositora Beniana Añez, con solo 50.000 votos como senadora, se auto-proclama presidente del país.
COROLORIO. Como enseñanza para la Colombia popular.
– Queda demostrado que, en la lucha legal, las fuerzas y partidos políticos Alternativos contra el orden económico neoliberal, al no romper la inercia de la camisa de fuerza de la de derecha empotrada en el Estado, incuba el virus golpista. Para ello es fundamental la creación del partido político popular.
– Solo la organización popular y la aplicación de mecanismos de democracia participativa directa ante un triunfo alternativo, progresista, garantiza la construcción de una Nueva Colombia. (Revocatoria directa del mandato en lo municipal y departamental. Aplicación directa del Cabildo Abierto Municipal y veredal. La Consulta popular para los POT etc.) Ello implicará la constitución de brigadas populares y Comités de Defensa de lo Alternativo Popular.
– Por la incidencia y peso específico político de presencia de insurrección armada en el país, a diferencia del panorama político latinoamericano o de otros países, las organizaciones político-militares rebeldes, han de plegarse a la política del partido político popular en el poder, sobre el significado del fusil a servicio de la política.
Por lo mismo, en Colombia, un Acuerdo, de potencial incumplimiento, para la salida política al fin del conflicto armado interno colombiano – que no a la Paz- dadas las condiciones políticas internas y las objetivas en el campo latinoamericano, debilitaría o no contribuiría a la materialización de una salida de gobierno alternativo progresista, ante el derrumbe de la tendencia militarista en Colombia.
Reproducción y comentario de Carlos Meneses Reyes. 16-11-2019.
El fascismo, el odio racial, no sólo es la expresión de una revolución fallida sino, paradójicamente también en sociedades postcoloniales, el éxito de una democratización material alcanzada.
16 NOVIEMBRE, 2019
Como una espesa niebla nocturna, el odio recorre vorazmente los barrios de las clases medias urbanas tradicionales de Bolivia. Sus ojos rebalsan de ira. No gritan, escupen; no reclaman, imponen. Sus cánticos no son de esperanza ni de hermandad, son de desprecio y discriminación contra los indios. Se montan en sus motos, se suben a sus camionetas, se agrupan en sus fraternidades carnavaleras y universidades privadas y salen a la caza de indios alzados que se atrevieron a quitarles el poder.
En el caso de Santa Cruz organizan hordas motorizadas 4×4 con garrote en mano a escarmentar a los indios, a quienes llaman “collas”, que viven en los barrios marginales y en los mercados. Cantan consignas de que “hay que matar collas”, y si en el camino se les cruza alguna mujer de pollera la golpean, amenazan y conminan a irse de su territorio. En Cochabamba organizan convoyes para imponer su supremacía racial en la zona sur, donde viven las clases menesterosas, y cargan -como si fuera un destacamento de caballería- sobre miles de mujeres campesinas indefensas que marchan pidiendo paz. Llevan en la mano bates de béisbol, cadenas, granadas de gas; algunos exhiben armas de fuego. La mujer es su víctima preferida; agarran a una alcaldesa de una población campesina, la humillan, la arrastran por la calle, le pegan, la orinan cuando cae al suelo, le cortan el cabello, la amenazan con lincharla, y cuando se dan cuenta de que son filmadas deciden echarle pintura roja simbolizando lo que harán con su sangre.
En La Paz sospechan de sus empleadas y no hablan cuando ellas traen la comida a la mesa. En el fondo les temen, pero también las desprecian. Más tarde salen a las calles a gritar, insultan a Evo y, con él, a todos estos indios que osaron construir democracia intercultural con igualdad. Cuando son muchos, arrastran la Wiphala, la bandera indígena, la escupen, la pisan la cortan, la queman. Es una rabia visceral que se descarga sobre este símbolo de los indios al que quisieran extinguir de la tierra junto con todos los que se reconocen en él.
El odio racial es el lenguaje político de esta clase media tradicional. De nada sirven sus títulos académicos, viajes y fe porque, al final, todo se diluye ante el abolengo. En el fondo, la estirpe imaginada es más fuerte y parece adherida al lenguaje espontáneo de la piel que odia, de los gestos viscerales y de su moral corrompida.
Todo explotó el domingo 20, cuando Evo Morales ganó las elecciones con más de 10 puntos de distancia sobre el segundo, pero ya no con la inmensa ventaja de antes ni el 51% de los votos. Fue la señal que estaban esperando las fuerzas regresivas agazapadas: desde el timorato candidato opositor liberal, las fuerzas políticas ultraconservadoras, la OEA y la inefable clase media tradicional. Evo había ganado nuevamente pero ya no tenía el 60% del electorado; estaba más débil y había que ir sobre él. El perdedor no reconoció su derrota. La OEA habló de “elecciones limpias” pero de una victoria menguada y pidió segunda vuelta, aconsejando ir en contra de la Constitución, que establece que si un candidato tiene más del 40% de los votos y más de 10% de votos sobre el segundo es el candidato electo. Y la clase media se lanzó a la cacería de los indios. En la noche del lunes 21 se quemaron 5 de los 9 órganos electorales, incluidas papeletas de sufragio. La ciudad de Santa Cruz decretó un paro cívico que articuló a los habitantes de las zonas centrales de la ciudad, ramificándose el paro a las zonas residenciales de La Paz y Cochabamba. Y entonces se desató el terror.
Bandas paramilitares comenzaron a asediar instituciones, quemar sedes sindicales, a incendiar los domicilios de candidatos y líderes políticos del partido de gobierno. Hasta el propio domicilio privado del presidente fue saqueado; en otros lugares las familias, incluidos hijos, fueron secuestrados y amenazados de ser flagelados y quemados si su padre ministro o dirigente sindical no renunciaba a su cargo. Se había desatado una dilatada noche de cuchillos largos, y el fascismo asomaba las orejas.
Cuando las fuerzas populares movilizadas para resistir este golpe civil comenzaron a retomar el control territorial de las ciudades con la presencia de obreros, trabajadores mineros, campesinos, indígenas y pobladores urbanos -y el balance de la correlación de fuerzas se estaba inclinando hacia el lado de las fuerzas populares- vino el motín policial.
Los policías habían mostrado durante semanas una gran indolencia e ineptitud para proteger a la gente humilde cuando era golpeada y perseguida por bandas fascistoides. Pero a partir del viernes, con el desconocimiento del mando civil, muchos de ellos mostraron una extraordinaria habilidad para agredir, detener, torturar y matar a manifestantes populares. Claro, antes había que contener a los hijos de la clase media y, supuestamente, no tenían capacidad; sin embargo ahora, que se trataba de reprimir a indios revoltosos, el despliegue, la prepotencia y la saña represiva fueron monumentales. Lo mismo sucedió con las Fuerzas Armadas. Durante toda nuestra gestión de gobierno nunca permitimos que salieran a reprimir las manifestaciones civiles, ni siquiera durante el primer golpe de Estado cívico del 2008. Y ahora, en plena convulsión y sin que nosotros les preguntáramos nada, plantearon que no tenían elementos antidisturbios, que apenas tenían 8 balas por integrante y que para que se hagan presentes en la calle de manera disuasiva se requería un decreto presidencial. No obstante, no dudaron en pedir/imponer al presidente Evo su renuncia rompiendo el orden constitucional. Hicieron lo posible para intentar secuestrarlo cuando se dirigía y estaba en el Chapare; y cuando se consumó el golpe salieron a las calles a disparar miles de balas, a militarizar las ciudades, asesinar a campesinos. Y todo ello sin ningún decreto presidencial. Para proteger al indio se requería decreto. Para reprimir y matar indios sólo bastaba obedecer lo que el odio racial y clasista ordenaba. Y en sólo 5 días ya hay más de 18 muertos, 120 heridos de bala. Por supuesto, todos ellos indígenas.
La pregunta que todos debemos responder es ¿cómo es que esta clase media tradicional pudo incubar tanto odio y resentimiento hacia el pueblo, llevándola a abrazar un fascismo racializado y centrado en el indio como enemigo?¿Cómo hizo para irradiar sus frustraciones de clase a la policía y a las FF. AA. y ser la base social de esta fascistización, de esta regresión estatal y degeneración moral?
Ha sido el rechazo a la igualdad, es decir, el rechazo a los fundamentos mismos de una democracia sustancial.
Los últimos 14 años de gobierno de los movimientos sociales han tenido como principal característica el proceso de igualación social, la reducción abrupta de la extrema pobreza (de 38 al 15%), la ampliación de derechos para todos (acceso universal a la salud, a educación y a protección social), la indianización del Estado (más del 50% de los funcionarios de la administración pública tienen una identidad indígena, nueva narrativa nacional en torno al tronco indígena), la reducción de las desigualdades económicas (caída de 130 a 45 la diferencia de ingresos entre los más ricos y los más pobres); es decir, la sistemática democratización de la riqueza, del acceso a los bienes públicos, a las oportunidades y al poder estatal. La economía ha crecido de 9.000 millones de dólares a 42.000, ampliándose el mercado y el ahorro interno, lo que ha permitido a mucha gente tener su casa propia y mejorar su actividad laboral.
Pero esto dio lugar a que en una década el porcentaje de personas de la llamada “clase media”, medida en ingresos, haya pasado del 35% al 60%, la mayor parte proveniente de sectores populares, indígenas. Se trata de un proceso de democratización de los bienes sociales mediante la construcción de igualdad material pero que, inevitablemente, ha llevado a una rápida devaluación de los capitales económicos, educativos y políticos poseídos por las clases medias tradicionales. Si antes un apellido notable o el monopolio de los saberes legítimos o el conjunto de vínculos parentales propios de las clases medias tradicionales les permitía acceder a puestos en la administración pública, obtener créditos, licitaciones de obras o becas, hoy la cantidad de personas que pugnan por el mismo puesto u oportunidad no sólo se ha duplicado -reduciendo a la mitad las posibilidades de acceder a esos bienes- sino que, además, los “arribistas”, la nueva clase media de origen popular indígena, tiene un conjunto de nuevos capitales (idioma indígena, vínculos sindicales) de mayor valor y reconocimiento estatal para pugnar por los bienes públicos disponibles.
Se trata, por tanto, de un desplome de lo que era una característica de la sociedad colonial: la etnicidad como capital, es decir, del fundamento imaginado de la superioridad histórica de la clase media por sobre las clases subalternas porque aquí, en Bolivia, la clase social sólo es comprensible y se visibiliza bajo la forma de jerarquías raciales. El que los hijos de esta clase media hayan sido la fuerza de choque de la insurgencia reaccionaria es el grito violento de una nueva generación que ve cómo la herencia del apellido y la piel se desvanece ante la fuerza de la democratización de bienes. Así, aunque enarbolen banderas de la democracia entendida como voto, en realidad se han sublevado contra la democracia entendida como igualación y distribución de riquezas. Por eso el desborde de odio, el derroche de violencia; porque la supremacía racial es algo que no se racionaliza, se vive como impulso primario del cuerpo, como tatuaje de la historia colonial en la piel. De ahí que el fascismo no sólo sea la expresión de una revolución fallida sino, paradójicamente también en sociedades postcoloniales, el éxito de una democratización material alcanzada.
Por ello no sorprende que mientras los indios recogen los cuerpos de alrededor de una veintena de muertos asesinados a bala, sus victimarios materiales y morales narran que lo han hecho para salvaguardar la democracia. Pero en realidad saben que lo que han hecho es proteger el privilegio de casta y apellido.
El odio racial solo puede destruir; no es un horizonte, no es más que una primitiva venganza de una clase histórica y moralmente decadente que demuestra que, detrás de cada mediocre liberal, se agazapa un consumado golpista.
Publicado por https://www.celag.org y compartido con SURCOS por Carmen Chacón y Vania Solano.
Wiphala, símbolo de la cosmovisión de los pueblos originarios y su vínculo con la Pachamama.
La Central Unitaria de Trabajadores, frente al anuncio
durante la madrugada del día de hoy del “Acuerdo Por la Paz Social y la Nueva
Constitución” entre algunos partidos políticos de Oposición y Chile Vamos,
señalamos lo siguiente:
1.- Todo aquello a lo que han debido obligarse los partidos
hoy, ha sido fruto de la movilización. El anuncio, denominado “histórico”, no
refleja más que el deber moral de una institucionalidad política que durante
décadas -primero por efecto del Sistema Binominal y luego por la falta de
convicción de las mayorías de impulsar sus propios compromisos de campaña- se
había negado a enfrentar de manera decidida la necesidad de cambios profundos
en nuestro país.
2.- Lamentamos que se intente reivindicar estos avances como
un triunfo del pueblo, cuando no ha habido una sola palabra sobre el rol del
movimiento social organizado en este avance. Mientras se repudia en toda su
magnitud los hechos de violencia y se nos asigna, interesadamente, una
responsabilidad en ello a los actores que nos hemos movilizado, se le resta la
misma fuerza al respeto a los Derechos Humanos y la condena a la violencia de
la que han sido objeto poblaciones enteras. Hacemos un llamado a los
parlamentarios a aclarar si se perseguirán o no los responsables de estas violaciones.
3.- A dos semanas, al menos, de haber entregado a los
partidos de Oposición el Pliego de los Trabajadores y Trabajadoras de Chile,
ningún partido hasta el día de hoy ha dado respuesta a lo señalado ahí́. La
ausencia de diálogo con los actores sociales organizados no solo le resta
legitimidad al acuerdo alcanzado es, además, una preocupante señal de defensa
corporativa de la institucionalidad que los cobija. Nos preguntamos,
legítimamente, si este acuerdo se construye con la convicción de superar la
desigualdad y los abusos o si es más bien un balón de oxígeno para un Congreso
en crisis.
4.- A nuestro juicio, la única manera de contar con las
garantías de que este acuerdo se construye desde el genuino convencimiento de
avanzar en transformaciones profundas, es sumar al reconocimiento de que debe
ser el pueblo quien decida el mecanismo sobre el cual debatir la nueva
Constitución Política; una agenda realmente social, donde las prioridades sean:
Un Plan de Protección al Empleo, Salario Mínimo de 500 mil pesos líquidos,
Pensión Mínima igual al Salario Mínimo propuesto, gratuidad en el transporte a
estudiantes y adultos mayores, entre otros. La única manera de construir un
proceso constituyente con mínimos de confianza es asumir una Agenda Social
potente, que responda a lo que la ciudadanía espera y que nos dé esperanzas a
todos que vienen tiempos reales de cambios.
5.- Sabemos que nos jugamos en el Plebiscito el real
carácter histórico de este acuerdo y no seremos neutrales ante este desafío,
pero hacemos un llamado, tal como está́ planteado para el proceso
ratificatorio, a hacer obligatoria la participación en este Plebiscito de
Entrada, así como a realizarlo con celeridad. La ciudadanía espera que el
Plebiscito sea con urgencia y no puede esperar hasta el mes de abril.
6.- Hacemos un llamado a nuestras estructuras y afiliadas a
estar en estado de alerta. Se ha logrado un paso muy significativo al reconocer
hoy el camino Constituyente como el camino para construir una nueva Constitución;
pero el movimiento sindical representado en la CUT, no está́ disponible para
aceptar que ello sea a costa de un acuerdo en el Congreso para legislar una
agenda anti derechos, como la que se encuentra hoy en el Parlamento o una
Agenda Social mezquina -como la propuesta por el Gobierno- y sin una clara
posición de los partidos de condena frente a las muertes, violaciones a hombres
y mujeres, violencia contra niños, niñas y adolescentes, perdidas de visión,
danos oculares y los miles de detenidos y golpeados en las marchas y
poblaciones de nuestro país.
La verdadera paz social se construye con justicia social,
pero parte por la condena y el NO a la impunidad frente a los apremios vividos
en estos 28 días de movilización.
Este martes 19 de noviembre a las 5:30 p.m. se llevará a cabo el panel: «El desmantelamiento del ICE en la agenda neoliberal, hacia el abismo chileno».
La actividad tendrá lugar en el Auditorio, piso N° 11 del Edificio Central del INS.
Don Armando Mayorga quiere darse “el gustito” de continuar con la campaña neo-inquisitorial, que ha emprendido La Nación contra la academia universitaria, sus trabajadores y pensionados, ahora también contra los Magistrados del Poder Judicial de la República (Armando Mayorga, “Le están jalando el rabo…”, La Nación 14-11-2019, foro 21). A la manera de don Quijote –con perdón del respetable caballero–, confunde, junto con la diputada Xiomara Rodríguez, los molinos de viento con los gigantes que hay que derribar en este país.
Por consiguiente, exime a quienes verdaderamente han venido “jalándole el rabo a la ternera”, hasta convertir a un país “ecológicamente rico” en uno económicamente empobrecido y socialmente polarizado. Un país destinado a la chilenización, si se continúa ordeñando la vaca equivocada –para seguir con la imagen bovina– mientras se mantiene intocable y bien cercado el pequeño hato de vacas gordas, las que se dan sus bacanales en los “himalayas” (“vacas de Basán”, llamaba el profeta Amós a las élites opulentas de Samaria). Esa élite, como dice Arundy Roy, “que viaja a su destino, situado en algún lugar cercano a la cima del mundo, mientras los pobres han quedado atrapados en una espiral de delincuencia y de caos…”.
No voy a eximir a algunos, muy pocos, salarios y pensiones del sector público desproporcionadas –aunque a estas pensiones ya se les aplican deducciones que superan el porcentaje máximo establecido por la OIT del 55%–, pero omite usted referirse a quienes han venido sangrando el erario público haciendo negocios multimillonarios con el dinero suyo y mío y de todos los costarricenses, así como a los evasores y elusores que si se les cobraran los impuestos, como debe ser, ya hubiésemos salido del hueco fiscal en que nos encontramos.
Son estos sectores los que hace rato vienen haciendo fiesta en un mercado desregulado, culpa de gobiernos permisivos de mano blanda con los poderosos y dura con la clase media y los pobres, y nos están conduciendo a un país que ya no se puede calificar de renta media. Las políticas económicas, sesgadamente neoliberales, que se han venido impulsando están destruyendo la clase media, como lo reconociera recientemente la diputada liberacionista Karinne Niño en el Programa “La Hora que Ortiga”. Es inaudito que estemos transitando de una sociedad de clase media, herencia del Estados Social de Derecho, a una sociedad medieval de ricos y pordioseros.
Ya es hora de que se deje de proteger y hasta promover el gremialismo empresarial-financiero privado transnacional y nacional –la “dictadura de mercado”–, que hace clavos de oro en este país, mientras se golpea a la clase media y a los asalariados del sector público, a quienes se les trata como si fueran delincuentes o una escoria de la que la sociedad tiene que limpiarse. Pues, en lugar de castigar la elusión y la evasión de esos gremios, como el escandaloso caso de ALDESA con deudas al fisco de miles de millones, se les premia con amnistías. ¿Acaso no son esos gremios quienes le están “jalando el rabo a la ternera”?
El Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE) le invita este próximo miércoles 20 de noviembre de 2019 a las 2 p.m. a los Diálogos Críticos con la ciudadanía con el tema: «La desprotección de las personas menores de edad en las iglesias: consideraciones críticas».
Participan:
Kattia Isabel Castro Flores
Mariano Rosabal Coto
Moderación:
Dagoberto Núñez Picado, investigador del CICDE-UNED
En el marco del 30° aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, el Proyecto EDNA invita a la presentación del XI Informe Estado de los Derechos Humanos de la Niñez y la Adolescencia en Costa Rica este próximo miércoles 20 de noviembre a las 8:30 a.m. en el Auditorio del Edificio de Educación Continua, UCR.
Confirmar asistencia al correo edna.eeg@ucr.ac.cr antes del 18 de noviembre de 2019.
La foto es una excelente síntesis de lo esencial del golpe en Bolivia: la Biblia sobre una bandera tricolor. Camacho, líder del golpe oligárquico, fascista, racista y religioso, arrodillado frente a la Biblia que (según sus declaraciones) debía volver al palacio de donde habría sido retirada por el «izquierdista» Evo. El fundamento es la bandera boliviana tricolor, símbolo de la independencia de la colonización española, que nada significó para la mayoría india. La wiphala, bandera multicolor del Tawantinsuyo, ha sido retirada.
El golpe no es sólo contra el único presidente que puso al indio/a en primer lugar en su proyecto de gobierno, Bolivia es el único país plurinacional que resulta de su gestión. Es un golpe, entonces, contra el indio, el pobre, el migrante, el analfabeto en toda América Latina. Es un golpe contra la soberanía boliviana sobre sus recursos energéticos. Golpe en el que la Biblia es un accesorio importante.
No son pocos los ingenuos que culpan a Evo: «se emborrachó de poder». Esa idea (simplificadora) está presente en los más diversos (de)formadores de opinión, desde el discurso histriónico de un presentador (pero ya en campaña para Presidente en 2022) de la poderosa tv “Globo” en Brasil (https://valor.globo.com/politica/noticia/2019/11/11/luciano-huck-apaga-tuite-sobre-renuncia-de-evo-morales-na-bolivia.ghtml) hasta el discurso de un politólogo norteamericano (https://www.brasil247.com/mundo/steven-levitsky-o-que-ocorreu-na-bolivia-foi-um-golpe). Son discursos sobre la democracia sin perspectiva histórica. ¿Qué son 14 años de gobierno del MAS contra 500 años de colonización racista y casi 2 siglos de República? La misma Biblia cristiana fue usada para evangelizar toda América Latina y es usada hoy como justificación del golpe contra Evo, golpe contra un modelo de sociedad alternativo al impuesto por el imperialismo capitalista y sus aliados. Precisamente Trump y Bolsonaro han sido los primeros en reconocer la autoproclamación de la nueva Presidenta cuya legitimidad política estaría en la enorme Biblia que portaba. No son pocas las noticias de los evangélicos que apoyaron y apoyan el golpe en nombre de Dios. Por eso esa imagen es elocuente y cuestiona discursos «democráticos» de cristianos “progresistas” que culpan a Evo por el golpe.
Frente a la violencia de la derecha fascista y racista no hay lugar para cristianismos del medio, mediocres: o con el proyecto de Evo o contra él. Con un país plurinacional o con un país racista, patriarcal y homófobo. La derecha ya entró al Palacio, pero la violencia contra el MAS continúa. La derecha está sedienta de venganza acumulada en 14 años. Su objetivo mayor no es la “alternancia” del poder y sí acabar con un modelo alternativo de sociedad al que califica groseramente de “dictadura”. Es el caso de la “Coordinadora de la Democracia” entre cuyos líderes hay hasta pastores metodistas. (https://www.youtube.com/watch?v=qm9g0nvu1Qs). Las oligarquías nacionales no perdonan que un indio les haya arrebatado su histórica hegemonía y demostrado que una sociedad igualitaria es posible. Toda nuestra solidaridad al pueblo boliviano. Todo nuestro apoyo a Evo. El pueblo indígena y las organizaciones sociales y comunitarias empoderadas en esos 14 años sabrán mostrar que no hay “caudillismo”. Evo no está solo. La esperanza no ha muerto. El vecino pueblo chileno en las calles lo está demostrando. Jesús, el pobre carpintero, camina por las calles de América Latina sin Biblia en las manos.
Lo que se ha producido en Bolivia, a lo largo de los últimos días es algo que puede calificarse, ni más menos, como la materialización de un golpe de estado (así con todas sus letras, a pesar de que algunas gentes y medios trataron de hacernos pasar gato por liebre, vendiéndonos la idea de que no lo era, en un vano intento de lavarnos el cerebro, con métodos totalitarios) ejecutado por etapas, el que ha quedado evidenciado en la descarada, violenta e hipócrita usurpación de los poderes públicos y de los mandatos legítimos del pueblo boliviano, empezando por las acciones violentas para sembrar el terror en las ciudades y pueblos de Bolivia, las que fueron ejecutadas por bandas armadas asesoradas y armadas desde el exterior. Durante días quemaron y apedrearon casas de dirigentes del MAS en ciudades como Santa Cruz, Cochabamba, Sucre, Potosí y hasta en La Paz, además lincharon, secuestraron e incluso llegaron a vejar a las familias de funcionarios públicos, militantes del MAS y dirigentes de las organizaciones obreras y campesinas. En un determinado momento, la policía dejó de resguardar al orden público para permitirle al “fascismo civil” hacer de las suyas, con toda la impunidad del caso, desatando el caos…noches y días de terror en muchas regiones del territorio boliviano se vivieron, algo que recuerda el comportamiento de las bandas fascistas en la Alemania Nazi cuando sembraban el terror entre los judíos alemanes, allá en la segunda mitad de los años treinta del siglo anterior.
Después vino la “sugerencia” o “recomendación” de los altos jefes militares para obligar a renunciar a sus cargos al presidente legítimo y también al vicepresidente de la república que lo acompañaba, una vez hecho esto se empezó a construir el “nuevo orden” por parte de un “fascismo uniformado” -militares y policías, algunos de ellos armados de Biblias, como los conquistadores europeos de hace cinco siglos-, en ese momento empezó la represión más descarnada contra el pueblo boliviano, el de las mayorías indígenas, obreras y campesinas, ese que molesta y le causa terror-escozor a los señoritingos y señoritingas de la burguesía y algunos sectores medios paceños, alborozados por la renuncia forzada del presidente, como asimismo a los integristas religiosos y racistas de Santa Cruz de la Sierra, en las tierras cambas del oriente del país, de ahí acaba de surgir una presidenta usurpadora, quien Biblia en mano después de una sesión parlamentaria en la que no hubo quórum, pues los dos tercios de los integrantes del senado y la cámara de diputados son del Movimiento al Socialismo MAS, quienes están siendo perseguidos y no pudieron hacerse presentes, por lo que sin contar con el apoyo parlamentario en ambas cámaras (senado y cámara de diputados), la supradicha integrista dispuso, ayer martes 12 de noviembre de 2019, que quedará como una fecha sombría en la historia de Bolivia, consumar el golpe de Estado que en vano habían venido intentando disimular, presentándolo como una “rebelión cívica” de unos angelitos lectores de la Biblia (¿Talibanes acaso como entre los musulmanes integristas?), muy bien armados que se dedicaron a quemar, sólo por entretención la whipala o bandera de los pueblos originarios y a ofender sus creencias más profundas (la pachamama, no volverá, dicen estos integristas), cuando en realidad son gentes que acaban de pisotear toda la institucionalidad democrática del país. Sus actos carecen de toda legitimidad, razón por la que Evo Morales Ayma y Álvaro García Linera siguen siendo los gobernantes legítimos de la nación boliviana. Un capítulo aparte merece la digna actitud de México, que no reconoce al gobierno de facto y dio asilo al presidente de Bolivia, también la felonía rastrera y cobarde de gobernantes como los de Perú y Ecuador quienes negaron hasta el espacio aéreo al avión de la Fuerza Aérea de México que llevó a Evo y sus compañeros hasta la capital mexicana. Bolivia resiste, no al totalitarismo fascista, no al golpe militar, viva el heroico pueblo boliviano, la lucha sigue…