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Encuentro TV UNA: Construcción colectiva del futuro- Prospectiva

El rector de la Universidad Nacional, Dr. Alberto Salom conversa con Francisco José Mojica sobre la construcción colectiva del futuro.

Encuentro TV, estreno miércoles a las 7:30 p.m. con repetición el sábado a las 5 p.m. por Canal UCR.

 

Enviado por M.Sc. Efraín Cavallini Acuña, Asesor Comunicación, Rectoría UNA.

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Costa Rica necesita ayuda, las comunidades también

El mundo actual experimenta cambios profundos en el quehacer humano. Hay dos ejes transversales que afectan la vida cotidiana de los pueblos, los cuales han tenido poca atención, me refiero al cambio climático y al aumento veloz de la tecnología.

El primero, está poniendo en evidencia y pasando factura, de lo que ya se conocía mundialmente y en forma amenazante, desde hace más de ciento cincuenta años y que se agudiza en Costa Rica a partir de los años 60´s. Las necesidades de las mayorías, van en aumento por cambio climático y lo están expresando a la sociedad costarricense, con desesperanza.

Por otro lado, la tecnología inserta en el panorama de la discusión social, a un sector inmensamente grande de la población, que desde siempre, había sido objeto receptor de nuestra sociedad. Estas grandes masas, han descubierto su poder y lo están aplicando sobre el esqueleto, en el cual se asientan las estructuras del país, siendo el aspecto político partidista, el objetivo más notorio.

Los partidos políticos no han hecho una lectura correcta del devenir de los tiempos y por tanto, no existen mecanismos ni infraestructura ideológica adecuada para este fenómeno social que se desborda, siendo el objetivo inmediato de combate, el gobierno y los poderes del Estado, los cuales, han mostrado actuaciones deficitarias, que exacerban a la ciudadanía.

Hemos visto como la beligerancia entre los grupos sociales tradicionales y el aparato estatal, todavía no logran acuerdos y la armonía se pierde. Es innegable que se requiere una participación del Pueblo en las decisiones del Estado, más allá de los espacios representativos existentes. Las razones fundamentales se relacionan con: 1) la capacidad de denuncia del pueblo, 2) la afectación negativa de cambio climático, que no ha sido adecuadamente atendida en la cotidianidad del pueblo, 3) el conocimiento ya no es exclusivo de grupos de poder, 4) se respira por doquier los vientos de participación directa del pueblo. Haciendo una lectura social, la democracia participativa directa busca espacio.

Estamos llegando al momento de hacer una propuesta de mecanismos directos de inserción comunitaria en los gobiernos. Mientras esto ocurre, podríamos hacer una contribución al desarrollo, como escenario ex ante, para lo cual propongo:

Un grupo de personas con disciplinas académicas y conocimiento consolidado, que pueda ayudar a los gobiernos a dinamizar sistemas para las necesidades del pueblo, en la zona rural y la ciudad. El grupo deberá tener las características siguientes:

  1. No tendrá ninguna filiación político partidista, ni religiosa.
  2. Ofrecerá trabajo especializado de enfoque comunitario a entidades de los gobiernos, ad honoren. Todo esfuerzo es bienvenido, cada cual dará lo que pueda.

Las personas que sientan esa vocación pueden comunicarse con mi persona, para iniciar el proceso de formación de este foro y si hay una aceptación importante, convocar a una reunión general de definición de la estructura formal. Si le nace participar, favor enviarme la siguiente información:

Nombre, teléfono móvil, correo electrónico, disciplina, área de experiencia, lugar de residencia. Mi correo electrónico es: quesada_rodolfo@yahoo.com Mi teléfono para mensajes únicamente 8705 5822. Yo vivo en Jicaral Lepanto, Región Sur, Península de Nicoya. Mis disciplinas biología marina, acuacultura desarrollo rural con una experiencia comunitaria amplia en zona rural, tengo 65 años.

Rodolfo Quesada Quesada.

 

Imagen con fines ilustrativos.

Enviado a SURCOS por el autor.

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Pronunciamiento de Asociación para el Rescate y Desarrollo de la Región Sur Península de Nicoya

Asociación para el Rescate y Desarrollo de la Región Sur; Península de Nicoya. Discurso en la Celebración del 195 aniversario de la Anexión de Partido de Nicoya

  1. Señor: Carlos Alvarado Quesada: Presidente de Costa Rica;
  2. Señora: Claudia Vanessa Dobles Camargo Primera Dama;
  3. Señores y Señoras: Representantes de los Supremos Poderes;
  4. Señoras y Señores Anfitriones Concejo y Alcaldía de la Municipalidad de Nicoya;
  5. Señores y Señoras Representantes de las Municipalidades de Guanacaste;
  6. Señores y Señoras invitadas especiales;
  7. Señoras y Señores habitantes de la Región del Partido de Nicoya;
  8. Público que nos acompaña,

Muy buenas tardes.

La Asociación para el Rescate y Desarrollo de los Territorios Peninsulares, el Golfo de Nicoya y sus Islas; tiene un compromiso con los habitantes del Partido de Nicoya, muy especialmente en los distritos administrativos de Lepanto, Paquera, Cóbano, Isla Chira y demás Islas pobladas, del Golfo de Nicoya.

Hacemos esfuerzos para que la población costarricense, conozca la importancia que el Partido de Nicoya y la provincia de Guanacaste, han tenido en la historia y el desarrollo de Costa Rica.

Precisamente esta celebración de los 195 años, es el escenario propicio para reafirmar la esencia histórica del Partido de Nicoya. Parte fundamental de nuestro trabajo organizativo, es informar a la ciudadanía costarricense, que a la historia del Partido de Nicoya que hoy estamos celebrando, le faltan líneas.

El Partido de Nicoya es una unidad geográfica, política e histórica, de cultura viva como Matambú, el templo de San Blas aquí al lado, cerámica Guaitil chorotega, comidas y bebidas, cuyos orígenes ancestrales se remontan al Anáhuac, que nos identifica como pueblo, el cual hoy hace esfuerzos para recuperar su unidad geográfica, étnica, política y cultural.

Como población del Partido de Nicoya, con pleno derecho a una identidad propia, hacemos esfuerzos para que se devuelva la Región Sur; Península de Nicoya, al Partido de Nicoya, dentro de la provincia de Guanacaste como lo dice la historia.

Quizás algunos de Ustedes se estarán preguntando, ¿qué es lo que ha ocurrido?

Durante la administración de don Alfredo González Flores en 1915, hace ya 104 años, se emite un decreto que traslada hacia otra provincia, los distritos de Lepanto, Paquera Cóbano, el Golfo de Nicoya y sus Islas, que por historia son parte del Partido de Nicoya, dentro de la provincia de Guanacaste.

Ese acto de desgarre histórico sobre el alma patria, debe ser subsanado. En primera instancia, porque en su esencia misma, los actos de quienes ostentan temporalmente los poderes del Estado, no pueden atentar contra el alma patria imperecedera. Ésta, trasciende los motivos, intereses y límites temporales, de quienes nos gobiernan. Por tal motivo, no es una prerrogativa de ningún gobierno, modificar lo que la historia patria escribió.

En la búsqueda de la reivindicación y reafirmación de la identidad histórica de la población del Partido de Nicoya, en el año 2012 el Sr exdiputado don Mario Arredondo Calderón de grata memoria, quien fuera presidente de la Asociación que hoy represento y el Sr. Marco Antonio Jiménez Muñoz, como alcalde de la Municipalidad de Nicoya, haciendo eco de los anhelos de la población actual del Partido de Nicoya, de la provincia de Guanacaste y de la historia patria, interponen un recurso legal contencioso administrativo contra dicho decreto.

Porque estamos conscientes que ha habido un error humano en la historia Patria, los habitantes del Partido de Nicoya y el Pueblo Guanacasteco, esperamos un pronunciamiento de reivindicación histórica, del Tribunal de lo Contencioso Administrativo y Civil de Hacienda.

Confiando en la justicia, esperamos que la próxima celebración de la Anexión del Partido de Nicoya a Costa Rica, se celebre como lo escribió la historia, con la Región Sur, Península de Nicoya, integrada al Partido de Nicoya, dentro de la provincia de Guanacaste.

No se renuncia a la historia, porque ella es la conciencia, el alma y la dignidad de los pueblos. Los habitantes de la Región del Partido de Nicoya, hacemos esfuerzos para que nuestra historia permanezca inmaculada y sin excepción, los habitantes del Partido de Nicoya, de la provincia de Guanacaste y de Costa Rica, podamos decir con respeto, honor y convencimiento ¡esta; sí es nuestra historia!

 

Muchas Gracias.

M.Sc. Rodolfo Quesada Quesada.

 

Imagen ilustrativa tomada de la página de la UCR.

Enviado SURCOS por el autor.

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¿Reactivar la economía endeudando a la gente?

Luis Paulino Vargas Solís,

Economista, investigador, catedrático universitario

CICDE-UNED

La deuda es el combustible principal que mueve la economía de Costa Rica, como enseguida mostraré.

– El crecimiento del crédito tiende a exceder ampliamente del crecimiento de la economía, al punto que la proporción entre los saldos totales de crédito y el Producto Interno Bruto (PIB: medición monetaria de la producción nacional) saltan del 36% en 1998 al 68% en 2018.

– Durante ese período, el crecimiento del crédito es en su totalidad resultado de las colocaciones en el sector privado, cuando el peso relativo del crédito al sector público disminuye de forma pronunciada, no obstante la crónica crisis fiscal que se instala a partir de 2009.

– Ese crédito destinado al sector privado se concentra en forma creciente en consumo y vivienda, por lo tanto es endeudamiento de las personas y los hogares, y no tanto de las empresas.

– Una proporción creciente es crédito en dólares, del cual alrededor de dos terceras partes está en manos de personas, familias o empresas cuyos ingresos son en colones, lo que genera un “riesgo cambiario” ante la posibilidad de una devaluación.

– Este crédito en moneda extranjera lo originan principalmente bancos privados, cuyas colocaciones exceden en más del doble las de los bancos públicos.

Datos de la Superintendencia General de Entidades Financieras (SUGEF) dados a conocer recientemente a la prensa (ver aquí), ilustran otros aspectos interesantes: entre 2011 y 2018, la deuda de consumo que en promedio tienen los hogares, pasó de 4,4 millones a 8,5 millones de colones. Como proporción del ingreso promedio de los hogares, la relación salta de 5,2 veces en 2011 a 8,4 veces en 2018. En promedio los hogares han de dedicar casi un tercio de su ingreso total a cumplir con las obligaciones de la deuda.

Por otra parte, los datos referentes al poder adquisitivo real de los ingresos de la población, claramente se ha estancado en sus niveles de 2010, esto es, durante cerca de 9 años no ha habido ningún avance en la capacidad adquisitiva de la población. Tómese en cuenta que, además, eso ha tenido lugar en un contexto de crónicos y sumamente graves problemas del empleo, los cuales empezaron a manifestarse en 2009, sin haber registrado ninguna mejoría –más bien tienden a deteriorarse– al cabo de tan largo período.

Cabe por lo tanto concluir que la fuente principal que ha alimentado el crecimiento del consumo de los hogares durante los últimos diez años ha sido la deuda. Recordemos, además, que este ha sido un período marcado por un crecimiento económico sumamente mediocre, muy inferior a los estándares históricos de largo plazo del cuarto de siglo que concluye en 2008. Y, sin embargo, ese gris desempeño de la economía ha tenido en el consumo privado su sostén principal. Vale decir: es el crecimiento de esos gastos de consumo por parte de personas y familias, lo que ha sostenido el debilitado dinamismo que la economía ha tenido a lo largo del último decenio. Lo cual nos lleva de vuelta a lo que decíamos al inicio de este párrafo: ha sido la deuda creciente de personas y familias lo que, en último término, ha proporcionado el alimento de mala calidad que, de manera principal, sostiene el pobre dinamismo de la economía.

A. Garnier: ¿ministro «reactivador»?

No obstante lo anterior, resulta muy significativo observar que el crecimiento del consumo de los hogares en los últimos diez años, es claramente inferior al que esa misma variable registraba en el decenio de los noventa del siglo pasado, e incluso en los primeros años de este siglo. La diferencia es que en ese entonces la gente lograba incrementar su consumo a un ritmo más acelerado, con mucho menos utilización de crédito y, en consecuencia, con muy inferiores niveles de deuda. Y eso era posible porque había empleo en mayor abundancia y los salarios tenían alguna mejora, modesta pero sostenida, a lo largo del tiempo.

En los últimos diez años esas condiciones desaparecieron: escasea el empleo, hasta límites que para mucha gente resultan desesperantes, y el poder adquisitivo de los ingreso se frenó, siendo que hay sectores amplios que más bien experimentan un retroceso. La deuda deviene entonces una fuga al vacío: sostener el consumo con base en créditos es una salida transitoria; en algún momento se traspasa un límite a partir del cual se hace ineludible tener que “socarse la faja”.

Y precisamente eso es lo que estamos observando. Hacia 2015-2016 hubo un respiro, gracias a la abrupta reducción de los precios de los combustibles, lo que liberó recursos del bolsillo de la gente para incrementar sus gastos de consumo. Pero una vez esa situación se revirtió, el peso de las deudas acumuladas se hizo sentir. Se entró así en una fase de deflación por deuda, al punto que el ritmo de crecimiento del consumo se ha reducido a un tercio de lo registrado en 2015.

Es en ese contexto que escuchamos las propuestas oficiales (gobierno y Banco Central), respaldadas por la banca comercial, la prensa y los/las economistas de la ortodoxia dominante, apelando a una política de reducción de las tasas de interés y flexibilización de requisitos para la concesión de créditos. El objetivo es obvio: que las personas y familias tomen nuevos créditos y relancen sus gastos de consumo. Ese es el artificio al que se quiere recurrir para reactivar el dinamismo económico.

El éxito de esta propuesta es dudoso, precisamente porque los niveles de deuda de los hogares siguen siendo muy elevados. Pero incluso si en lo inmediato se diera algún resultado apreciable, su sostenibilidad futura estaría pegada con saliva: dadas las condiciones económicas de fondo (con un sistema económico de muy baja productividad), el poco tiempo los grilletes de la deuda volverían a frenar el consumo.

 

Publicado en el blog: https://sonarconlospiesenlatierra.blogspot.com de Luis Paulino Vargas Solís.

Enviado a SURCOS por el autor.

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«Costa Rica, una democracia en peligro», entre temas de Congreso CTRN

Según información enviada a SURCOS por el dirigente Juan Carlos Durán Castro la Confederación de Trabajadores Rerum Novarum (CTRN), invita al XXIV Congreso Ordinario de Medio Periodo a realizarse en el mes de agosto de 2019, bajo el tema: “Costa Rica, una democracia en peligro”, hacia la construcción de una alianza social para el fortalecimiento democrático como ruta para una vida digna.

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UCR, voz experta: El respeto por la memoria, el holocausto no admite difamaciones

  • Por el Dr. Henning Jensen Pennington

«La invocación del holocausto es una muestra de que se han debilitado las inhibiciones políticas e ideológicas», Dr. Henning Jensen Pennington.Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.

«… la tierra enteramente ilustrada resplandece bajo el signo de una triunfal calamidad». Estas palabras fueron publicadas por primera vez en 1944. Sus autores fueron los filósofos judeogermanos Max Horkheimer y Theodor W. Adorno y se encuentran en el párrafo inicial de su influyente y todavía enigmática obra La dialéctica de la Ilustración. La tesis central de los «fragmentos filosóficos» contenidos en este libro es que la razón está basada en el dominio, el cual encontró su culminación en el holocausto de la Segunda Guerra Mundial.

«Holocausto» significa literalmente «todo quemado»: desaparecer a la víctima de manera absoluta. El rasgo distintivo de la “solución final” llevada a cabo por Adolf Hitler fue precisamente la aniquilación total de un pueblo: el judío.

Auschwitz es una pequeña localidad en Polonia, en la cual los nazis edificaron un campo de exterminio sistemático. En este nombre, se condensa el horror de la humanidad. Es el epítome de la barbarie.

Estas tierras de conquista, aquí en nuestra América, están manchadas también por la sangre de millones de víctimas. Aquí como allá, los muertos nos demandan ejercer la fuerza débil del recuerdo expiatorio, del duelo reparador, el cual ciertamente no puede deshacer la injusticia perpetrada, pero sí puede despertar la sensibilidad frente a las víctimas, cuyas muertes tocan todavía a nuestras puertas.

La invocación del holocausto por el señor Juan Diego Castro Fernández para criticar al medio CRHoy y a su propietario, Leonel Baruch, no es solo un macabro e inaceptable giro argumentativo, sino una muestra de que se han debilitado las inhibiciones políticas e ideológicas para traer al presente una historia que no debe repetirse. El despertar de estos fantasmas, no solo aquí, es una ominosa tragedia de las primeras dos décadas de este siglo.

 

Henning Jensen Pennington

Rector de la Universidad de Costa Rica

Información tomada de: http://www.ucr.ac.cr/

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Los evangelios, los evangélicos y la agenda pública

El crecimiento de las iglesias evangélicas en América Latina en tiempos recientes ha hecho más visible su presencia pública. Pero cabe señalar que las iglesias y creyentes evangélicos, varones y mujeres, han participado activamente en la vida social y política, especialmente en las áreas de educación, salud, servicios sociales, derechos humanos, acompañamiento a los pueblos originarios, libertades cívicas, actividad sindical, cultura y deportes, resguardo de la naturaleza, entre otras, desde el nacimiento de nuestro país. La lista de nombres (incluso mártires) y sus acciones sería muy extensa, aunque desconocida para gran parte del público. Desde la comprensión del Evangelio, desarrollaron iniciativas progresistas que generaron avances transformadores y positivos de nuestra sociedad.

Sin embargo, vemos con preocupación que en los últimos años los medios informativos han destacado, no siempre con acierto, la actuación de algunos personeros o entidades evangélicas que han expresado sus posiciones en materia relativas a género y aborto, seguridad y otros asuntos mayormente en términos absolutos y polémicos, obviando la realidad que no todos los evangélicos sostenemos las mismas opiniones en estos temas.

Según los evangelios, Jesús no expresó posiciones extremas en temas de moral sexual. Es más, cuando pusieron delante de él una mujer acusada de adulterio, evitó condenarla, rescatando así su vida[1]. En cambio, fue extremadamente duro con el rico que ignoraba al pobre que dormía en la calle frente a su puerta2, y con quien no quiso compartir sus bienes con los pobres3. Jesús vuelca las mesas de los que especulaban con el cambio de dinero y quienes hacían negocio con la religión4, acentuando en sus enseñanzas que “el que quiera ser grande debe servir a los demás”5.

Otros textos bíblicos mencionan las cuestiones de género, pero en un marco de afirmación de la vida y la justicia. Son indicaciones para las comunidades creyentes y no leyes que hay que aplicar al resto de la sociedad6. Son opciones desde la fe, y no un impuesto moralismo fariseo.

La “agenda pública” de Jesús queda anunciada en su invocación profética: “Buenas noticias a los pobres, sanidad a los enfermos, consuelo a los sufrientes, libertad a los cautivos y liberación de los oprimidos”7. Jesús sanó8, enseñó y alimentó a multitudes9, todo gratuitamente y sin exigencias. No fueron solamente discursos sobre valores: fue su práctica cotidiana. En su última enseñanza a sus discípulos antes de su asesinato por parte del Imperio, señala la continuidad de su presencia en el alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, recibir a los extranjeros, vestir al desnudo, visitar enfermos y presos10.

En términos actuales, podemos decir que Jesús acentuó sus enseñanzas vinculadas con la igualdad de todas las personas en su dignidad, la justicia social, especialmente en términos de alimentación y hábitat, salud, educación, los derechos humanos, personales y sociales y la solidaridad con y entre quienes padecen, así como el uso responsable y compartido de los bienes y recursos naturales. Por cierto entendemos y alentamos el compromiso de los creyentes evangélicos en el ámbito público y en la política, según sea su vocación. Pero a la vez entendemos que estas siguen siendo las prioridades para quienes tenemos el compromiso de anunciar “el Reino de Dios y su justicia” para todas las naciones.

Por la Federación Argentina de Iglesia Evangélicas

Néstor O. Míguez

Presidente

 

Compartido con SURCOS por Alberto Rojas.

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UNA sola voz…UNA sola lucha. Tiempos aciagos azotan a la U pública

Con estupor somos testigos de una oleada de medidas y descalificaciones orquestadas contra la universidad pública costarricense. La primera embestida ha sido fraguada en contra del FEES a través de la violación a los principios constitucionales que lo reguardan y sus resultados son ya realidad en nuestra institución. El recorte sistemático al presupuesto en el último lustro, contribuyó a una formulación presupuestaria deficitaria para el año 2020, de cerca de 2.500 millones de colones; situación que obligará a hacer más ajustes en áreas sensibles. Ello augura un deterioro aún más significativo de cara al futuro inmediato y, en consecuencia, conllevará una limitación directa al cumplimiento de la misión universitaria.

El segundo golpe arremete contra las convenciones colectivas y los derechos laborales logrados por los trabajadores universitarios. Algunos de estos logros fueron gestados y defendidos desde la creación misma de la UNA. La estrategia se ha enfocado en crear una imagen social distorsionada del funcionario universitario tergiversándolo como un personaje ominoso, cuyo aporte a la sociedad costarricense es casual, simple y mínimo, sumado a lo especialmente caro que le resulta al país por estar cargado de privilegios económicos.

El tercer frente y, desde mi perspectiva, el más peligroso por su carácter perversamente desarticulador de la Educación Superior Costarricense, es el manifiesto interés de algunos diputados de la Asamblea Legislativa de modificar los artículos 84 y 85 de Constitución Política, los cuales resguardan la autonomía universitaria y que desde 1949, aseguran que la educación universitaria se constituya en un bien público social y no en un servicio público más. Dichos artículos garantizan el compromiso financiero del Estado costarricense con la educación, concebida como un medio de desarrollo social, cultural y económico y un vehículo de movilidad social en una sociedad democrática como la nuestra, que apostó por la educación como un derecho humano insoslayable.

Los principales actores de tan feroz ofensiva no ocultan sus rostros ni mucho menos sus pretensiones. Se aglutinan alrededor de la Asamblea Legislativa y de otras instituciones con componendas más o menos evidentes con el gobierno central: se trata de las cámaras empresariales, de la gran mayoría de medios de comunicación, de los grupos asociados al capital nacional y transnacional aunados a una opinión pública profundamente mediatizada que, posiblemente por primera vez en la historia, rebaja el papel cultural y dinamizador de la universidad en su misión y acción a órgano detentador de prebendas. Estos actores han venido orquestado una campaña sistemática que busca la privatización de las instituciones públicas y también eliminar el presupuesto constitucionalmente establecido de las universidades estatales. Con ello se consolida el más duro golpe al estado social de derecho y a la democracia costarricense.

Creo decididamente que para enfrentar estos planes destructivos que afectan a nuestra sociedad como un todo y a la universidad pública en particular, debemos unirnos como comunidad universitaria que somos. Debemos reconocernos como un solo colectivo para luchar contra la desarticulación de la educación superior. Este unirnos bajo un solo objetivo es el reto más grande y urgente. No debemos caer en la trampa de prácticas políticas nacionales partidistas ejercidas fuera o dentro de la universidad para profundizar aún más la ya seria polarización social. Son discursos y prácticas que dividen, que excluyen y que nos roban la ilusión de un futuro más floreciente, de mayor justicia y madurez democrática. Órganos superiores, autoridades electas y aspirantes, funcionarios sindicalizados al SITUN y la Anepuna, funcionarios no sindicalizados, personal académico y administrativo, FEUNA, estudiantado becado y no becado, colectivos universitarios, todos somos la Universidad Nacional. Todas y todos debemos elevar UNA voz, porque hay UNA lucha inminente y esa es la de la defensa de la Universidad Pública Costarricense.

La estrategia a seguir no puede –ni debe– reposar exclusivamente en las autoridades actuales, en el Rector y su Consejo de Rectoría. Allí, lamentablemente para nuestra universidad, el poder de convocatoria ha demostrado ser insuficiente.

Es tiempo de que el tejido universitario fundamental compuesto por las unidades académicas vibre de otra vez. Que la academia como un todo se empodere, convoque al diálogo y articule esfuerzos nuevos, sin dejar de lado la posibilidad de la lucha en las calles. Son las sedes y las unidades académicas, articuladas desde los decanatos, con el apoyo y participación conjunta de las instancias administrativas, quienes conforman la red neurálgica del funcionamiento académico. Ellas son el lugar donde la universidad adquiere sentido para nuestra sociedad, para nuestro pueblo, para nuestro estudiantado. Es desde allí, en las asambleas, los consejos académicos, en las reuniones, en los pasillos y, sobre todo, en las aulas, con nuestros jóvenes, donde debemos recuperar el diálogo y establecer las estrategias de la defensa de la U pública. No tengo duda de que en esta cruzada las organizaciones gremiales universitarias comprenden su papel histórico y que reconocen la importancia de hacer nuevas lecturas sociales y actuar consecuentemente.

Es claro que estos son tiempos complejos que exigen nuestro mayor compromiso y responsabilidad que asegure heredar una universidad pública mucho más fortalecida y legítima, que la que a cada uno de nosotros nos tocó en diferentes momentos de la historia institucional. Llamo, sobretodo, a recuperar su memoria, a reconocer sus principios fundacionales, los aportes sociales logrados en casi cinco décadas, pero también llamo a reflexionar y a actuar sobre las deudas pendientes y los nuevos retos, donde la sostenibilidad financiera asoma preponderantemente. Sólo así podremos defendernos, con todo ahínco, del ataque neoliberal contra la educación superior pública y como Universidad Nacional construir un futuro con sentido y pertinencia social.

Respetuosamente,

Med. Francisco González Alvarado

Académico

División de Educología-Escuela de Historia

Exvicerrector Académico 2010-2015

204510487

 

Imagen ilustrativa de rector de la UNA en firma de acuerdo del FEES con Gobierno.

Enviado a SURCOS por M.Sc. Efraín Cavallini Acuña, Asesor Comunicación, Rectoría UNA.

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Reflexión en torno a la judicialización de la Convención Colectiva

Por uno como todos

Vivimos un tiempo de cambios y de no pocas incertidumbres. El mundo se debate entre tendencias retardatarias y aquellas que presionan para pasar a nuevas formas de organización y convivencia. En el país, acuerdos que nos daban paz social y certidumbre en relación con lo que podíamos esperar, se han ido desvaneciendo, a veces por nuestras propias omisiones, a veces por el ataque encarnizado de oportunistas, a veces porque ya era hora de cambiar, aunque nos resistamos, y otras porque puede ser mejor cambiar lo que tenemos por otras formas de mayor respeto, reconocimiento mutuo y gratificación en la convivencia.

Y nuestra Universidad Nacional no es, para nada, ajena a todo este movimiento. Por eso cada uno y cada una de quienes formamos esta comunidad también compartimos estas incertidumbres, estas tensiones, pero también los anhelos, los compromisos, los proyectos de futuros, las esperanzas de más y mejor universidad.

En ese ambiente, como trabajador universitario, como compañero de jornadas y proyectos, como sindicalista crítico, como intelectual comprometido, como persona con vínculos, necesidades y demandas, uno como todos, comparto las preocupaciones, incluso las incertidumbres de la comunidad universitaria frente a ciertas tendencias que atentan no solo con nuestro estilo de vida, sino con la posibilidad de tener una vida digna.

Es la indignación frente aquellos que, por ejemplo, han satanizado el empleo público y le achacan ser la causa de todos los males del país cuando, en no poca medida, ha sido esta fuerza trabajadora, aglutinada en tantas y tantas instituciones pioneras, como las universidades, la que ha cambiado los escenarios y las realidades de nuestro país.

También es cierto que debemos vernos autocríticamente, pues las tendencias del burocratismo y un confort “acomadaticio” ha podido llevar, en algunos casos, a posturas autosuficientes, desdeñosas de las demandas de las personas y los colectivos; en fin, a perder el horizonte del servicio público. Pero también es cierto que esto es solo el menor de los casos que, por lo mismo que escuece y duele, se hace muy evidente, clama al cielo, y hay que enfrentarlo y cortarlo.

En ese sentido, veo con preocupación el ataque que desde diversos frentes (como algunos medios de comunicación, grupos políticos y oportunistas de turno) se hace contra las universidades públicas y sus convenciones colectivas; estas últimas han sido instrumentos de cambio, mejora social y negociación, que nos han dado la posibilidad de llegar a acuerdos en pro de las mejores condiciones de vida de todos y todas, procuradoras de esa paz social, de equilibrios organizacionales, de combinación de las fuerzas productivas en aras de alcanzar objetivos de desarrollo, que han provocado, en muchos casos, las mejorías y avances de sectores de la población. Y la convención colectiva de la Universidad Nacional no ha sido la excepción, más por el contrario ha sido una norma pionera en algunos temas en el ámbito nacional.

En otro contexto, alguno de más holgura económica, menores presiones fiscales, pero también menores presiones en la operación y la operatividad del quehacer universitario, siendo la nuestra una universidad que, en pocos años, se ha más que duplicado, en estudiantes, en personal, en necesidades espaciales, etc., la convención colectiva pudo cobijar beneficios válidos, que hoy, por el cambio de contexto, requieran revisarse y sopesarse, de modo que nos permita analizar y discernir entre aquello que resulta necesario, desde una perspectiva de humanidad decente y dignidad, y aquello que debiera modificarse, dando lugar a nuevos acuerdos.

Frente a ella, ese espíritu de negociación, de acercamiento de posiciones, que se hace desde una postura responsable y corresponsable, con sentido del bien común, de realismo, pero también de servicio público con visión de futuro, es el que debe imperar, para lo cual no me queda duda tenemos sobrada capacidad.

Lastimosamente, hoy por hoy, la judicialización de nuestra convención colectiva opera como una caja de Pandora, pues -como lo he advertido, desde mi visión jurídica, en los espacios que transitoriamente ocupo- no sabemos lo que puede resultar de ello, máxime que hay quienes (de dentro y de fuera) están ávidos por atacarnos, por cercenar nuestra autonomía, por privar a este país de una de sus principales garantías democráticas, como es la existencia de las universidades públicas.

Sin embargo, aún no es tarde, pues creo que, como comunidad universitaria, de la cual todos y todas formamos parte, independientemente de nuestras funciones transitorias, estamos llamados a entrar en ese espíritu de diálogo y negociación, que nos permita reconocernos como parte de este colectivo y cohesionarnos en torno de los mejores intereses y valores que la UNA ha sostenido y a los que se debe, para acordar las formas organizativas, estructurales y normativas que los protejan y haga operativos. Incluso, esta será la manera de evitar o disminuir las posibilidades de que poderes y agentes externos entren a regular nuestro quehacer y, sobre todo, las condiciones en las que dignamente podremos cumplir con nuestras tareas y compromisos universitarios.

Dr. Norman Solórzano Alfaro-Vicerrector de Docencia, UNA.

 

*Imagen ilustrativa.

Enviado a SURCOS por M.Sc. Efraín Cavallini Acuña, Asesor Comunicación Rectoría UNA.

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