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Lección Inaugural: justicia social y la universidad pública

  • Impartida por la Dra. Carrie Dennett

«(…) ¿qué sucede con la universidad pública cuando sus miembros violan la normas y los valores institucionales formales? ¿Cuando no somos modelos ideales o, peor aún, cuando nos convertimos en perpetradores de las injusticias exactas que pretendemos combatir? (…)»

La lección inaugural: justicia social y la universidad pública: una revisión crítica, será impartida por la Dra. Carrie Dennett el próximo 21 de agosto a las 2 p.m. en la Sala 4 de la Escuela de Antropología.

Vea más detalles en el siguiente enlace:

 

Imagen ilustrativa tomada de la página oficial de la UCR.

Enviado por Vania Solano.

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Occidente: Balance de coyuntura y orientaciones en lucha por justicia tributaria y desarrollo social

Dayana Ureña Solís, coordinadora de las Asambleas Patrióticas Populares compartió con SURCOS una nota sobre el Foro-Taller para realizar un balance de la coyuntura y establecer orientaciones de corto, mediano y largo plazo en la lucha por la Justicia Tributaria y el Desarrollo Social.

Esta es la nota enviada por Dayana:

«Con un sonoro y solidario aplauso a las trabajadoras y trabajadores de la CCSS en Huelga, así dio inicio este sábado 10 de agosto nuestro Foro-Taller para realizar balance de la coyuntura y establecer orientaciones de corto, mediano y largo plazo en la lucha por Justicia Tributaria y Desarrollo Social. De la 1:30 a las 3:30 pm, se trabajó, primero con las exposiciones dialogadas con el teólogo Mainier Barboza del Movimiento Patriótico por CR, y con el economista Luis Paulino Vargas, Director del Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE-UNED), sobre el balance de la coyuntura en el contexto de lo que Luis Paulino llamó Período de Crisis del Proyecto Neoliberal, gradual e inexorable, como en cámara lenta, que pareciera interminable, con envalentonamiento de los sectores hegemónicos ante el debilitamiento de la participación democrática de lo Popular-Comunitario, y sin embargo crisis de hegemonía neoliberal que les tienen desesperados porque no logran el crecimiento que desean y, por tanto, aumenta el desempleo y el riesgo de una explosión social, ante lo cual hay ya múltiples signos de respuestas autoritarias (el berrinche de Alvarado en Nicoya, por ejemplo, pero también los proyectos de control de la acción sindical y de protesta social en la Asamblea Legislativa)».

El texto enviado a SURCOS desde San Ramón de Alajuela continúa:

«Ante un panorama así, se señaló que algunos de los principales desafíos para los sectores populares, consisten en pasar de la reactividad ante las iniciativas neoliberales a la proactividad, generando iniciativas desde los Sectores Populares y fortaleciendo el músculo social hasta lograr invertir la posición, y obligar a que sean los neoliberales los que tengan que considerar los Proyectos Populares en sus gestiones de Gobierno (y hasta ser Gobierno Popular, agregaríamos), recuperando y fortaleciendo la visión del Estado Social que heredamos de los años 40. Ello requiere una profunda autocrítica de los sectores populares, de sus formas de liderazgo, organización y comunicación, que no están logrando ganar el corazón de la gente para combatir con eficacia la desesperanza, y que los hace vulnerables de apoyar propuestas fascistas como las de Bolsonaro en Brasil. Debemos evitar a toda costa llegar a un extremo así.

Seguidamente de 4 a las 5 p.m. hubo una hora de trabajo en mesas para los sectores dedicados a la agricultura, microempresas y de sector público, y luego, una presentación y reflexión en plenaria que finalizó a las 6 p.m; estableciéndose una serie de recomendaciones sobre las principales líneas de acción que serán sistematizadas en una Memoria, para regresar a una nueva ronda de Asambleas en las Comunidades. Destaca entre ellas el acuerdo de avanzar en una alianza estratégica de trabajo de los diversos sectores populares, con el acompañamiento y asesoría de personas académicas aliadas (seis ya han brindado sus colaboraciones directas e indirectas para la realización de este Foro-Taller, orientada a la construcción participativa de una Propuesta de Política de Justicia Tributaria y Desarrollo social en la perspectiva de un Proyecto-País solidario)”.

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No en mi nombre, estimado monseñor

No en mi nombre, estimado monseñor No formo parte de ese supuesto «clientelismo político» suyo.

Interpelación, respetuosa pero firme, de Pilar Ureña, laica católica, de larga andadura en luchas por la justicia, inspiradas en el Evangelio, al Obispo Manuel E. Salazar Mora, por su discurso del pasado 2 de agosto.

Monseñor

Manuel Salazar Mora,

Obispo de Tilarán y Liberia.

Estimado Monseñor

Como ansiada agua de mayo hemos esperado y finalmente escuchado, la homilía que ha dirigido usted a los costarricenses el pasado 2 de agosto. Homilía ansiada, pues se ha hecho costumbre que el pueblo de Dios siempre espera escuchar de sus hermanos obispos las orientaciones, la luz y la guía del Evangelio que nos ayuden a enfrentar los graves problemas que aquejan a nuestra sociedad costarricense y que día a día, en nuestro diario vivir, enfrentamos cuando tratamos de construir la sociedad más justa posible.

Efectivamente el pueblo costarricense se encuentra hoy día a merced de una serie de corrientes económicas, filosóficas, religiosas, que surgen, en síntesis, desde el más profundo egoísmo. Estas corrientes, todo lo pervierten confundiendo a todos, desde el más pequeño hasta el más poderoso. Sus palabras se esperan porque alientan y consuelan los anhelos más íntimos de todas las personas de buen corazón que se encuentran trabajando un día sí y otro también en la construcción del bien común. Nos invita a superar el egoísmo como raíz de todos los males para construir una sociedad de amor y de justicia.

Sin embargo, tengo la impresión de que su intento de brindar estas luces, se puede haber visto opacado por algunos conceptos que, en mi humilde opinión, generan confusión en este pueblo de Dios que habita la pequeña Costa Rica y desequilibran y desarmonizan el mensaje que ha querido dejarnos a los costarricenses.

Coincido con usted en que los católicos, ciudadanos también de este país, “tenemos el derecho inviolable a meternos en política”. Entendida la política, con usted muy bien señala, como “el esfuerzo para construir el Bien Común”. En ese sentido, como pequeños granos de levadura, los creyentes intentamos fermentar la masa. Intentamos ser sal de esta tierra bendita… sembramos día a día el grano de mostaza, la semilla que el sembrador nos ha dado, a la espera del gran Viñador, cuando venga a recoger su cosecha. Siervos inútiles somos, que trabajamos día a día en Su Viña. Y cuando hacemos esto, lo hacemos con la absoluta certeza de que construimos así su Reino.

Cada creyente, desde nuestros propios carismas y llamados personales del Señor. Cada uno, en nuestro diminuto espacio… grande o pequeño, ejecutando o dirigiendo, como ciudadano o como gobernante.

Sé que estando en el mundo, sin ser del mundo, y en el caso de Costa Rica, en el débil ejercicio de la democracia, los creyentes debemos enfrentar nuestras convicciones, contra viento y marea en un mar turbulento de ideas y de conflictos creados con oscuras intenciones. Sé que la mayoría de las veces saldremos maltrechos (eso se lo digo desde un corazón muchas veces herido y quebrantado). Como creyentes hemos sido vencidos en muchas de esas batallas…comenzando con la más dolorosa y gloriosa al mismo tiempo, la que terminó con Jesús colgado en una Cruz. Con Él y gracias a Él, hemos logrado resucitar, una y otra vez, de todas las experiencias de muerte o de desoladoras “noches obscuras”, consolados siempre por el Dios de la Vida.

Además, los creyentes, lentamente, hemos aprendido a discernir y reconocer las “semillas de Reino” presentes en el mundo… La presencia silenciosa y permanente del Dios Creador que descubrimos en el encuentro con todas las culturas y en todos los tiempos.

Quiero hacer una pequeña anotación sobre este espacio particular del Reino de Dios, donde el creyente participa en todas las esferas de la política (entendida como usted lo dice, como la búsqueda del bien Común). Ese espacio de la política ha sido asignado al pueblo de Dios en su estado laical, desde el Evangelio y desde la Doctrina Eclesial. Estoy convencida de que no es necesario que ahonde más en la esencia de la misión de los Obispos y de los sacerdotes, quienes, con una gran sensibilidad social, formación y claridad, deberán acompañar al laicado en esta gran tarea de la construcción del Bien Común con la acción política.

Es aquí donde siento yo que existe un desafortunado concepto expresado en su homilía: Hace usted afirmaciones muy serias sobre el derecho de los creyentes a participar en la política (cosa de lo que, en mi opinión, en Costa Rica nadie puede quejarse, pues hasta un Pastor Evangélico estuvo a punto de ganar las pasadas elecciones). Esta confusión nace, al terminar usted con una frase que perfectamente podría confundir a cualquiera que desconozca nuestra historia nacional y nuestra eclesiología católica. Dice usted “Y los clérigos políticamente tenemos derecho ¡a no ser ciudadanos de segunda categoría, minoría discriminada”

Antes de continuar, debo aclararle que no soy partidaria de don Carlos Alvarado. Tengo dificultades para defender su gestión y su capacidad de comunicación con los diversos sectores sociales del país. Tal vez esta aclaración me permita hacerle este comentario sin que lo considere usted que me mueven pasiones político-partidarias.

Ustedes, sacerdotes y obispos no han sido discriminados de la participación política en Costa Rica. En el momento de recibir y aceptar la llamada de Dios a tan maravillosa vocación renuncian voluntariamente a esa posibilidad, de igual manera a como asumen, por ejemplo, el celibato, la pobreza y la obediencia. Son decisiones personales de obediencia a lo interno de la vida eclesial. Estos conceptos son elementos básicos de nuestra formación catequética, documentada en nuestro básico Catecismo, pero además sustentados en infinidad de documentos doctrinales. Es igual a la renuncia que hacemos los laicos, a tener varios esposos, o a divorciarnos (aunque exista una ley que lo permita) o nuestras elecciones personales de llevar una vida austera. Son renuncias y opciones personales, tanto las suyas como las nuestras, las cuales asumimos porque creemos en ellas. En este tipo de decisiones, el Estado no participa, ni debiera participar nunca.

Es por eso, que, en esta pequeña Costa Rica, desconcierta escuchar en un documento eclesial, la frase con la que finaliza su párrafo: “Los creyentes tenemos derecho a la libertad religiosa, la exigimos.” Afirmar eso en la Costa Rica histórica y la Costa Rica actual me parece que hace exacerbar los ánimos en un pueblo confundido y que requiere de la mayor lucidez en este momento histórico.

Debo decirle, que como creyente, nunca me he sentido discriminada, en razón de mi fe o en el ejercicio de mi vocación laical, la cual trato de asumirla con la responsabilidad y la entrega que mis pobres limitaciones personales permiten. Creo que debemos tener mucho cuidado con las generalizaciones expresadas sin fundamento concreto. No es cierto que “Como católicos nos sentimos a veces marginados e invisibilizados, por autoridades civiles”. Victimizarnos a nosotros mismos, por asunto de nuestra fe, cuando muchos sectores sociales viven en la más absoluta y sistemática marginación e invisibilización, sin voz y en el absoluto abandono, para mí ha sido vergonzante, estimado Monseñor. Los pueblos indígenas, las mujeres pobres y marginadas, las personas migrantes, los pueblos despojados de su derecho a una nacionalidad, las personas asesinadas por defender la Naturaleza y a sus pueblos y a sus tierras, ¡cuántos rostros del Cristo sufriente, realmente marginados e invisibilizados por las autoridades civiles!… ¿con qué cara puedo presentarme ante ellos a decirles que he sido marginada e invisibilizada por mi fe?

El otro de los puntos que me ha generado un gran desconcierto, es su discurso sobre las personas sexualmente diversas. Sin ánimo de ofenderle, debo decirle que ha actuado usted como lo hace la típica persona homófoba: “Yo no soy homófobo… pero” Ese terrible “pero” que cae como losa pesada sobre las personas que viven en la más profunda angustia, porque no se entienden, porque no saben qué es lo que les pasa, porque no saben cómo amar a su hijo o hija amada, que buscan con desesperación una salida a lo que está viviendo. Algunas de estas situaciones, fruto de abusos que nacieron en nuestra amada Iglesia. Ese “pero” maldito, que termina condenando al otro: “Pero también es cierto, que tenemos derecho a exigir respeto a las creencias cristianas de la mayoría de la sociedad costarricense”.

No solo se ha contentado usted con borrar con el codo, la maravillosa lección cristiana de amor, nacida del mismo Maestro Jesús, sobre la acogida en el amor a las personas sexualmente diversas que señala al inicio del párrafo, sino que además, ha osado aglutinarnos a los creyente en un supuesto y “fuerte caudal político” para defender sus ideas, sean las que sean, que por cierto, según su texto, parecen ser la mismas que hemos escuchado a los fundamentalistas y recalcitrantes cristianos, ahora sus aliados .

No en mi nombre, estimado Monseñor. No formo parte de ese supuesto “clientelismo político” suyo, que reclama algún tipo de regalía. No desde mi fe en el Jesús del Madero y por su padre Resucitado. Mi obediencia, a prueba a lo largo de los años de trabajo en la Iglesia, no llega a tanto.

Los derechos humanos de las minorías no afectan de ninguna manera los derechos humanos de las mayorías. No se preocupe usted. Un derecho humano alcanzado por una persona beneficia a toda la humanidad. Un derecho humano violentado a una persona, violenta a toda la humanidad. Este principio básico, nos debe llenar de paz, Monseñor. Como creyentes no debemos temer: leyes que traten de humanizar los derechos (humanos y civiles) de una minoría no afectan a nuestra vida cristiana y nuestra libertad de vivirla. Es tarea nuestra, interna, de los cristianos, formar a nuestros hijos en el amor, en el respeto, en la tolerancia, en los principios de la justicia y de la paz, formarlos en la fe, y ser contrapeso, desde el amor, al egoísmo. Ahí tiene usted razón: a mis hijos los educo yo… pero agrego: en el Amor y la tolerancia.

Como lo dijo el Maestro: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al padre de familia que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo”.

Me encantó por cierto su frase: “La política es el arte de negociar: a veces ceder para ganar todos.” Con todo respeto, Monseñor, debería comenzar a ponerla en práctica.

María del Pilar Ureña Álvarez

Compartido con SURCOS por el Centro Dominico de Investigación (CEDI).

El Caballo de Troya y las pensiones en Costa Rica

Álvaro Vega Sánchez,

Sociólogo

El Plan Fiscal como el mítico Caballo de Troya deslumbraba por su grandeza redentora, y ahora resulta que de sus entrañas emerge una soldadesca revestida de proyectos de ley y medidas que tienden a la precarización de los empleados públicos, los pensionados y las pequeñas y medianas empresas, así como a la prohibición de la protesta social… Sale a relucir su verdadero objetivo: arrasar con lo que queda de nuestro Estado Social de Derecho, coartando libertades ciudadanas y derechos adquiridos. Es decir, someter al país a los dictados del capitalismo rupestre y salvaje.

El periódico La Nación, atendiendo a esos dictados –que es su misión histórica–, dedica una de sus “valiosas” páginas a una entrevista al ex superintendente de Chile don Guillermo Larraín. Destaca en el titular su opinión: “privilegios en pensiones, deben limitarse” (La Nación, 05-08-2019, p.16). Y otra de esas páginas de la misma edición la dedica a un artículo de uno de sus ideólogos, don Jorge Woodbridge, titulado “Ajustar privilegios y cumplir la regla fiscal” (¡una feliz coincidencia, querido Sancho!). Sí, así como se oye, al mejor estilo de la vieja pedagogía escolar, a punta de reglazos, tenemos que someternos a la “ley” (¿desde cuándo el ser humano se hizo por causa del sábado?), aunque esta mate la dignidad de las personas. La Nación se ha venido dedicando, un día sí y otro también, a sacar la basurita en ojo ajeno para ocultar la viga en ojo propio, la de los verdaderos privilegios en este país de la “dinastía de los conquistadores” (Samuel Stone).

El señor Larraín viene de Chile que junto con Argentina están entre los primeros países que privatizaron el sistema de pensiones llevándolo al fracaso total, según la OIT en su último Informe (La reversión de la privatización de las pensiones. Reconstruyendo los sistemas públicos de pensiones en los países de Europa Oriental y América Latina 2000-2018). Al parecer, no lo reconoce. Sin embargo, tratando de corregir el entuerto apuesta por la homogenización de los regímenes y aumentar las cotizaciones de los trabajadores para coadyuvar a los Estados a superar los déficit fiscales crecientes. Una receta mágica, que también están impulsando algunos proyectos de ley en curso en la Asamblea Legislativa (¡caray, otra coincidencia!). Como hemos venido insistiendo, la receta es populista y fiscalista. De Chile y los chilenos hemos recibido valiosos insumos y debemos estar muy agradecidos. Pero en esta materia, y en la línea que recomienda el señor Larraín, no, y también muchas gracias.

El tope que se fijó de 1.5 millones –más tarde de 1.6– en el Régimen del IVM de la Caja es anacrónico y desfasado. Por esa razón, muchos profesionales del sector público prácticamente no se jubilan o lo hacen a edades muy avanzadas, cerrando horizontes laborales a la generación de relevo e incrementando las tasas crónicas del desempleo. ¿Quién en su sano juicios va a dejar de percibir un salario de 2.5 a 3.5 millones por una pensión de 1.6 millones? Al menos, lo pensaría y postergaría. Si se trata de equidad y razonabilidad, estamos hablando de trabajadores que han aportado cotizaciones brutas muy elevadas y, aunque estemos de acuerdo con el criterio de la contribución solidaria en que se basa el régimen, lo cierto es que resulta altamente inequitativo. También, por esta razón fue que se crearon regímenes especiales, es decir, para mantener el principio de la solidaridad pero también el de la equidad y garantizar la progresividad de los derechos de los pensionados.

Ahora bien, si se quiere ser serio con la reforma en una materia compleja y vital –que incluya régimen del IVM, regímenes especiales, ROP y Pensiones Complementarias– para garantizar desarrollo y bienestar social en un país donde cada vez serán más los jubilados, atendamos a algunos de los once consejos de la OIT en el Informe citado. Por ejemplo, el diálogo social para generar consenso, realizar campañas de comunicación e información objetiva y veraz y conformar comisión o equipos técnicos representativos de los actores implicados.

En este campo y en muchos otros necesitamos concertar políticas de Estado para romper el círculo electoralista y apostar por la sana política que nos conduzca a la Costa Rica próspera y solidaria de los próximos 50 años.

 

*Imagen ilustrativa tomada de la página de Facebook de Colectivo Derecho a la Protesta Social

Enviado por el autor.

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2 de agosto de 2019 ¿Qué será lo que quiso decir el obispo?

Luis Paulino Vargas Solís

Economista/Investigador CICDE-UNED

Cuando el obispo dice que la iglesia Católica tiene derecho a meterse en política ¿de qué exactamente habla? Porque si de lo que se trata es de que los preceptos morales católicos se plasmen como leyes, y se conviertan de esa forma en normas de acatamiento obligatorio para toda la población, lo que nos estaría proponiendo es la abolición de la democracia y la república.

Cuando el prelado habla de respeto a las personas sexualmente diversas, pero enseguida mete la cuñita de que “no promueve ese estilo de vida” ¿propiamente a qué se refiere? Porque “respetar” necesariamente significa “respetar los derechos humanos”, y ello conlleva obligatoriamente respetar el respectivo “estilo de vida”. Vale decir: usted no puede decir que respeta los derechos humanos de los pueblos indígenas, y al mismo tiempo juzgar sobre su “estilo de vida”. Lo respeta, sin más.

Cuando este clérigo se pronuncia contra la violencia contra las mujeres ¿qué en concreto quiere decir? Porque ordenarle a una mujer que no puede abortar incluso si su vida está en peligro, y a una niña que no puede abortar incluso si fue violada por un energúmeno, es violencia contra las mujeres.

Cuando monseñor habla de una “cultura de vida” ¿qué debemos entender por tal cosa? Porque emitir juicios condenatorios contra parejas que, deseosas de procrear vida, recurren a la fecundación en vitro, no es precisamente un acto celebratorio de la vida.

Cuando el sacerdote de Tilarán afirma que reconocer derechos a minorías implica negar derechos a mayorías ¿de qué habla? Es muy grave aseverar que conceder a una minoría vulnerable derechos que históricamente le fueron negados, conlleva, en una especie de juego de suma cero, restarle derechos que la mayoría siempre disfrutó. En concreto, ¿qué derechos –a juicio del prelado– le están siendo arrebatados a la mayoría?

Cuando el señor obispo afirma que el Estado –y por lo tanto las leyes– no deberían interferir de ninguna forma sobre la “patria potestad” que el padre y la madre ejercen sobre sus hijos ¿de qué está hablando? ¿Debemos interpretar, por ejemplo, que está de acuerdo con la corriente anti-vacunas que incentiva que padres y madres se nieguen a vacunar a los niños y niñas? ¿Está dispuesto a asumir las responsabilidades que caerían sobre él al promover esa criminal ideología irracional y anticientífica? ¿Se refiere acaso a que en las escuelas no deberían enseñarse teorías científicas como la teoría de la evolución, a aquellas niñas y niños cuyos progenitores no estén de acuerdo? Y si exigiesen que se les enseñase las ideas pre-copernicanas sobre la Tierra y el Universo, que por siglos, a sangre y fuego, impuso la iglesia ¿igual debería hacerse?

Y cuando este presbítero le recuerda a Carlos Alvarado que fue electo con el voto de mucha gente católica ¿qué insinúa con ello? En medio de tanta ambigüedad e imprecisión, he aquí, posiblemente, el decir más misterioso de este clérigo. Porque los principios democráticos y republicanos demandan que se gobierne sin mirar la religión de nadie, es decir, desde un criterio de ciudadanía que no pregunta sobre la religión, y reconoce derechos y establece responsabilidades que, siendo formulados de forma independiente de la religión, tienen un carácter universal y paritario ¿Será que el obispo quiso decirle al presidente Alvarado que el voto de una persona católica tiene un valor superior al voto de alguien que no sea católico, de lo cual surgiría una obligación especial hacia sus votantes católicos, que el presidente no podría eludir?

El discurso del señor obispo creo que es del tipo “tirar la piedra y esconder la mano”. Vale decir: lanza mensajes que juegan con la ambivalencia, toda una profusión de frases vagas e insinuaciones veladas, bajo cuya superficie vaporosa se adivina la irrefrenable intención de girar órdenes, y de sugerir castigos si esas órdenes son desobedecidas. Al cabo, apela al argumento de la fuerza: “pa’eso somos mayoría” (refiriéndose a la población católica). Lo cual hasta en el mejor de los casos, es bastante engañoso. No solo porque la iglesia Católica podría muy pronto dejar de ser mayoría para pasar a ser simplemente la minoría más grande, sino porque la feligresía católica no es especialmente disciplinada. A gran parte de ella la tendrá sin cuidado las bravuconadas de sus obispos.

En fin, imposible nada más antidemocrático y arbitrario.

Ahora que evidentemente el obispo “olvidó” algunas cosillas: la pobreza y la desigualdad no son su tema, por ejemplo. Y la omisión resulta muchísimo más estridente y bullangera si consideramos que apenas el día antes –jueves 1° de agosto– el INEC publicó las cifras más recientes sobre empleo. Parece que la terrible tragedia humana y social que esos datos reflejan, tiene sin cuidado a la aristocracia eclesial.

Tomado del blog: https://sonarconlospiesenlatierra.blogspot.com

Enviado por el autor.

Lo que dicen los hechos

Óscar Madrigal

El único hecho incontrovertible que ha ocurrido en el país, respecto a los responsables de bombas y amenazas de golpes de estado, ha sido la detención de los líderes de una banda en San Carlos cuyos dirigentes eran dos reconocidos ex convictos, acusados de asesinatos de indígenas uno y el otro de secuestrar a una turista.

De tal manera, que esos hechos no tienen absolutamente nada que ver con la izquierda, con los sindicatos o con el movimiento popular. Más parece gente simpatizante de crear caos y desorden para obtener ventajas delincuenciales, al margen de las luchas populares. Esa es la realidad.

La colocación de bombas aún está en investigación y ya veremos su resultado. Ahora bien, ¿cómo hemos llegado a esto? Para La Nación los responsables son los sindicatos por las luchas dadas y la oposición franca al Gobierno de Alvarado. El interés de ese periódico es evidente. Sin embargo, si de lo que se trata es de encontrar responsables, La Nación, Canal 7 y otros medios no pueden exonerarse de una actuación que incita a la violencia, a la mentira, a las medias verdades o su propósito de culpar a los empleados públicos de todos los males de este país, tal y como lo hace hoy mismo, a pesar de la propia Ministra de Hacienda ha dicho que no son los responsables de la crisis fiscal.

Los medios de comunicación han contribuido a generar un ambiente de división y enfrentamiento en la sociedad costarricense, que muchos quieren aprovechar. Esta situación, objetivamente, es producto de un ataque a fondo contra el movimiento popular, tal como la aprobación de un plan fiscal regresivo o los proyectos de ley que pretenden acabar con los sindicatos y la libertad sindical. Desde este punto de vista, el sindicalismo lo que está haciendo es defendiéndose como mejor puede -con la lucha y la huelga- contra una ofensiva de la derecha que pretende cercenar las libertades democráticas. Fundamentalmente las luchas del movimiento sindical han sido justas y en defensa del régimen democrático costarricense. Lo anterior no significa que los sindicatos no hayan cometido errores, dada su heterogeneidad y múltiples conducciones y, en mi criterio, la ausencia de una orientación política general. Sin embargo, lo relevante en este momento es que Albino, sus aliados y los estudiantes están dialogando con el Ejecutivo con la mediación de la Defensora de los Habitantes y los sindicatos del Magisterio lo hacen con el Ministro de Trabajo y los diputados. Es de lógica pensar que los interesados en el diálogo no pretenden derrocar al Gobierno, asesinar al Presidente o crear un clima de bombas. Son otros, hasta ahora identificados con la delincuencia común.

Bien harían La Nación, Canal 7, el Gobierno y los partidos políticos en contribuir a crear un clima de diálogo constructivo y dejar de echar culpas al movimiento popular.

 

*Imagen tomada de http://www.rel-uita.org

Enviado por Juan Carlos Cruz Barrientos.

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PALESTINA POESÍA

Claudio Monge Pereira

Debravo, el Poeta campesino,

nos dijo que no quería ni un cuchillo

ni un rifle en manos de la Patria,

que arrancaría las fronteras una a una

y que por ellas dejaría sólo el aire.

Nos advirtió que Dios

no quiere rodillas humilladas

en los Templos, sino mentes

pariendo ideas y labios

haciendo besos.

Dijo, que la Tierra

repartida da los frutos de justicia

que necesita el hambre del Planeta

para eliminar las guerras y olfatear

cómo germina la Paz de las entrañas

mismas de los suelos ennoblecidos.

Debravo vive en mí más que un tatuaje

y más que sus poemas de angustias y de auroras.

Hoy viene a visitar los ojos de nosotros,

sus compatriotas, con toda su pobreza

material a cuestas y con toda su riqueza

inabarcable debajo del brazo y clavada en su costado,

viene a reclamarnos la flor y el fruto

que le debemos a la semilla de la Vida:

Hoy viene a gritarnos con sus dulces palabras

de Profeta que debemos usarlas,

que debemos reclamarle a la muerte

su ruta equivocada,

que debemos decirle a la barbarie

que se muera y nos deje la nube intacta

para darle a la Vida la senda señera de los bosques.

Hoy llega el Hermano Campesino,

Poeta iluminado de la Patria ofendida,

a clamar por nosotros y con nosotros

la Paz de Palestina…la paz que urge el mundo

en gotas o en tormentas.

Hoy Debravo nos grita con sus dulces

palabras de metabo con mieles

porque somos hemanos,

porque somos hermanas,

nosotros los hombres

de la Patria construida

en este Vórtice violado

del cósmico amor

que recibimos.

Jerusalén / San Isidro de Heredia

 

Imagen ilustrativa.

Compartido con SURCOS por el autor.

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