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Auge actual del capitalismo neoliberal en Costa Rica: orígenes, efectos y expectativas

El pasado 25 de marzo se realizó el conversatorio sobre el auge actual del capitalismo neoliberal en Costa Rica, sus orígenes, efectos y expectativas. Éste fue un programa elaborado por Alternativas del Colectivo Reflexión-Acción.

Participaron: 

  • Sofia Cortés Sequeira, historiadora de la UCR.
  • Humberto Aguilar, sociólogo economista.
  • Rolando Álvarez, Ing. oceanólogo.
  • Gisela Víquez Cubero, abogada.
  • Ernesto Alfaro Molina, Mb. en banca y finanzas.

El conversatorio aborda temas sobre el mundo, el cual se encuentra en un momento complejo donde surgen varias concepciones. Una es el capitalismo neoliberal, que pretende ser, desde las palabras de las y los expositores una vuelta al feudalismo que convierte a las personas en esclavos y por el otro lado, se tiene la concepción de la globalización humanista, que busca ser un mundo no tan dividido tan ferozmente como ahora, sino siendo una gran cooperativa donde prima el respeto y el bienestar integral de la humanidad entre los países, abordando la economía, la cultura, ámbitos sociales y ecológicos.

Desde la perspectiva costarricense se ve el ejemplo de las próximas elecciones costarricenses, donde ambos candidatos presidenciales responden a un capitalismo neoliberal que viene azotando a la población, y como las alternativas que le quedan al pueblo es estar unidos, organizados, mantenerse informados y estudiar la realidad en la que se vive para que la sociedad pueda convertirse en un poder popular y tomar las riendas del país desde una verdadera democracia.

Enlace al video en la plataforma Facebook: https://www.facebook.com/AlternativasGrecia/videos/1200935483982873 

ARCA y FANCA lamentan el fallecimiento de Xinia Briceño

Desde la Asociación Regional Centroamericana para el Agua y el Ambiente (ARCA) y la Red Centroamericana de Acción del Agua (FANCA), lamentamos profundamente, el fallecimiento de nuestra querida amiga y compañera de luchas, Xinia Briceño, administradora de la ASADA de Milano de Siquirres, integrante de nuestras redes, luchadora incansable por el derecho humano al agua, que enfrentó con valentía a las piñeras que envenenan a su gente y arrasan con los ecosistemas del Caribe de nuestro país.

A sus familiares y seres queridos, a su comunidad y su ASADA, nuestras más sinceras condolencias. Xinia seguirá viva en cada corazón, en cada brazo, en cada lucha que demos por la defensa de nuestra agua, nuestro ambiente, nuestros pueblos. ¡Xinia Briceño Presente!! ¡Hoy y siempre!

Convocatoria AICA CR: asamblea extraordinaria

Con el propósito de informar sobre el progreso de los proyectos aprobados por unanimidad en diciembre del 2021 por los miembros de AICA Costa Rica, se ha convocado a una asamblea extraordinaria para el martes 19 de abril del presente, de 5 a 8 pm en el Centro Cultural de España, ubicado en Barrio Escalante, San José, informó el secretario de la organización, Adriano Corrales Arias.

Haga clic en https://bit.ly/3qx4Vf1 para conocer la agenda y otros detalles.

 

Compartido con SURCOS por Adriano Corrales.

La relación de la planificación y la promoción social

La Escuela de Planificación y Promoción Social invita a la comunidad académica y al público en general a su Conferencia Inaugural -I Ciclo Lectivo 2022, mediante la modalidad de presencialidad remota titulada: “La relación de la planificación y la promoción social” a cargo de la Dra. Arlete Pichardo Muñiz.

Fecha: lunes 28 de marzo 2022

Hora: 6.00 p.m.

Enlace: https://us06web.zoom.us/j/81520665343?pwd=TEd0TFVPODFJaFpZb3phNTQxbWhwZz09
Meeting ID: 815 2066 5343
Passcode: 297480

Gabriel Pimenta: por el derecho a defender derechos

Comunicado de prensa

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) realizó una audiencia pública los días 22 y 23 de marzo sobre el caso Gabriel Sales Pimenta vs Brasil. La audiencia comenzó a las 11:00 am de Brasilia y fue transmitida en vivo por las redes sociales de la Corte Interamericana.

Gabriel Sales Pimenta nació en Juiz de Fora, Minas Gerais, Brasil, en noviembre de 1954. Hijo de Geraldo y Maria da Glória, tenía seis hermanos: Sérgio, Zé, Marcos, Rafael, André y Daniel. A lo largo de su vida estudiantil estuvo muy involucrado en los procesos políticos donde mostró mucho interés por los desafíos que planteaba el derecho a la tierra en el país. Se graduó en Derecho en la Universidad Federal de Juiz de Fora (UFJF) y luego trabajó en la defensa de los derechos de los trabajadores rurales en el estado de Pará donde fue asesinado el 18 de julio de 1982, luego de recibir varias amenazas.

Los sospechosos de ser autores intelectuales y materiales del asesinato fueron identificados, pero nunca llevados al juicio. El proceso terminó con la prescripción de los principales imputados 24 años después del crimen, fruto de la indulgencia y connivencia del Estado, que incumplió su deber de garantizar el acceso a la justicia.

El Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) y la Comisión Pastoral da Tierra (CPT) denunciaron el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 2006 y, recientemente, el caso llegó a la Corte.

Aunque han pasado casi 40 años desde el asesinato de Gabriel, su caso ilustra un patrón de violaciones cometidas por el Estado brasileño contra los defensores de los derechos humanos, especialmente los que trabajan por el derecho de acceso a la tierra y al medio ambiente.

Según datos de la CPT, de 1980 a 2020, 115 defensores de derechos humanos fueron asesinados en el estado de Pará. De ese total, sólo 26 de ellos tuvieron sus causas concluidas y sólo algunos de los responsables de los crímenes fueron juzgados.

La impunidad de estos crímenes alimenta la violencia en el campo y la persecución contra las personas defensoras que luchan por la justicia, la igualdad y la democracia. Brasil es el tercer país del mundo con mayor tasa de homicidios de defensores de derechos humanos según la organización Front Line Defenders y hasta la fecha no existe en el país un mecanismo efectivo para la prevención y protección de estas personas, ni datos oficiales sobre su ocurrencia.

El caso de Gabriel permite a la Corte Interamericana analizar el deber agravado del Estado brasileño de investigar, juzgar y, eventualmente, condenar a los responsables de crímenes contra defensores de derechos humanos en Brasil, así como la necesidad de adoptar medidas de debida diligencia en la persecución de estos delitos.

Asimismo, se discutió la falta de adopción por parte del Estado de medidas efectivas para atacar las causas estructurales de esta violencia, como es el derecho a la tierra. Igualmente, el caso garantizará el derecho a la verdad sobre lo sucedido a Gabriel y la responsabilidad del Estado por la denegación de justicia.

De ser condenado, se espera que la Corte Interamericana determine que el Estado brasileño debe adoptar medidas tales como fortalecer el programa de protección de defensores de derechos humanos y establecer protocolos para la actuación diligente en estos casos, con el fin de prevenir estos crímenes y que casos como el de Gabriel Pimenta no se vuelvan a repetir.

Enlace para la audiencia:

https://www.facebook.com/CorteIDH/videos/383917843277714

 

Compartido con SURCOS por CEJIL.

Construyendo esperanzas

Comunicado de prensa

Se fueron a Upala, zona norte del país, a buscar mujeres sobrevivientes a situaciones de violencia intrafamiliar. Son académicos de la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión (EECR) de la Universidad Nacional (UNA) que se propusieron organizar talleres que hicieran conciencia sobre “los lenguajes religiosos y teológicos violentos, que tienen una incidencia importante como legitimadores de la violencia”, según reza en la descripción del proyecto llamado Construyendo fortalezas y esperanzas: un aporte teológico a grupos de mujeres.

La iniciativa comenzó en el año 2016: “el objetivo primordial fue la deconstrucción de los discursos teológico-religiosos violentos y sacrificiales, así como propiciar contenidos y prácticas contrarias a esa violencia, promoviendo relaciones de respeto y paz al interior de las familias, y espacios sanos de convivencia”, sostuvo María Auxiliadora Montoya, académica de la EECR de la UNA y coordinadora del proyecto.

Adicional a estos procesos de concientización, el proyecto logró articular algunas acciones materiales, una de ellas, la creación de un emprendimiento colectivo, que permitiera mejorar las condiciones de vida de las mujeres. En este caso se trata de un emprendimiento agroecológico en el que las mujeres pudieran cultivar sus propios alimentos. Esta iniciativa está aún pendiente, pues la pandemia entrabó las cosas; no obstante, la consecución de un terreno y la agrupación de las mujeres en la figura de una asociación son avances que arrojan una luz de esperanza para 26 mujeres del cantón de Upala que integran el proyecto.

El problema de la violencia intrafamiliar en la sociedad costarricense ha venido creciendo en los últimos años a pesar de todas las medidas y mecanismos legales aprobados para combatir este flagelo. Es una realidad que vive especialmente la población femenina, los niños, niñas y adolescentes y la población adulta mayor. La violencia contra las mujeres es multicausal y todos los elementos del fenómeno se encuentran entrelazados, por lo que las experiencias de vida de las mujeres de estos grupos constituyen los insumos de esta investigación que permitirán reflexionar, discutir y repensar los conceptos e imaginarios religiosos y cómo esto pueden permear en situaciones de violencia para propiciar espacios de armonía y convivencia.

¡A la Historia!.. Por Media Calle

El programa Voces X Media Calle comparte un video nuevo en su serie «A la Historia!… Por Media Calle», el pasado martes 22 de marzo. En este episodio, Vladimir de la Cruz discute un poco sobre la historia de la Batalla de Santa Rosa, que inició el 20 de marzo de 1856, y sobre las diferencias entre el periodismo de aquella época y el de hoy. Además, habla sobre la libertad de prensa y su contexto en la guerra.

Voces X Media Calle es un canal de contenido, sin fronteras, que cuenta y analiza la realidad, a través de programas en vivo y productos periodísticos colaborativos y de soluciones, donde las voces de los pueblos se empoderan para la construcción de una sociedad más justa.

Compartimos el enlace al video por la plataforma Facebook Live: A la Historia!… Por Media Calle

 

Compartido con SURCOS por Voces X Media Calle.

Un ataque directo al corazón de los principios republicanos, contra la democracia y el Estado social de Derecho

Movimiento Diversidad Abelardo Araya

Uno de los derechos democráticos fundamentales, es aquel que tutela la libertad religiosa, es decir, el derecho de cada persona a profesar la fe que prefiera, y hacerlo sin ser de ninguna manera importunada, ni mucho menos perseguida. En las sociedades contemporáneas, complejas y heterogéneas, tal cual es la sociedad costarricense actual, la plena vigencia de este principio exige que exista cierta saludable distancia entre la política y, en general, el manejo de los asuntos públicos, respecto de la religión. Porque, en un contexto democrático y republicano, al Estado de derecho le toca velar por el respeto de todas las expresiones religiosas, con especial atención a las religiones minoritarias que, por ello mismo, podrían en mayor grado ser vulnerables. Lo cual materializa un principio republicano fundamental, que aspira a la plena igualdad ante la ley, y, por lo tanto, a la supresión de cualquier tipo de privilegio a favor de un sector u otro de la sociedad.

En Costa Rica, según un estudio del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP-UCR), publicado en julio de 2021, el 47,5% de la población se declaraba católica, y un 19,8% evangélica. De tal modo, cerca del 33% de la población costarricense -una de cada tres personas- se identifica con otras denominaciones religiosas (como el judaísmo o el islamismo), u otras formas de espiritualidad, o bien son personas que se consideran a sí mismas agnósticas o ateas.

Claramente tenemos ante nuestros ojos la realidad de una sociedad compleja y diversa. Frente a eso, los principios fundamentales del republicanismo, la democracia y los derechos humanos, establecen una obligación ineludible: en este multicolor conglomerado social y humano, ninguna persona merece menos respeto que cualquiera otra, indistintamente de si es católica, evangélica o de otra confesión religiosa, o si es no creyente. Por otra parte, esa es la base, absolutamente indispensable, en que descansa el principio de libertad religiosa.

Alarma que los candidatos presidenciales que disputan la segunda ronda electoral, señores Figueres Olsen y Chaves Robles, no hayan dado muestras de entender claramente lo que eso significa, y de las grandes implicaciones que de ahí se derivan. El que llegue a ser presidente, debe ser presidente de todos y todas, y para todas y todos, sin distingo de fe religiosa. No puede gobernar condicionado a ninguna fe religiosa particular, sea esta la que fuere, porque al hacerlo así, automáticamente dejará por fuera a quienes no profesen esa religión.

Ahí está el germen de la violencia contra los derechos humanos, las libertades ciudadanas, la república, la democracia y el Estado social de derecho. Más aún, ahí está el germen que puede destruir la paz social.

Es gravísimo que haya líderes religiosos dispuestos a subordinar la democracia a su fe religiosa, a sabiendas de que, al hacerlo así, estarán atropellado los principios republicanos de igualdad ante la ley y de universalidad de los derechos humanos, en que se asienta nuestro Estado social de derecho y la democracia ¿Acaso no captan que su propia libertad religiosa depende del respeto a la libertad de las otras personas para tener una fe distinta, no tener fe alguna o, en fin, vivir otras formas de espiritualidad?

Más que terrible, es sumamente peligroso que haya candidatos presidenciales que subordinan su eventual gobierno a las consignas e imposiciones de una religión en particular, y todavía peor, cuando se firman documentos de compromiso, en que se llega al extremo de entregar en manos de los representantes de una religión particular, nombramientos en ministerios importantísimos como Salud, Educación y Relación Exteriores.

Detrás de esto hay un ataque directo al corazón mismo de la república y la democracia, orquestado por líderes religiosos que no tiene escrúpulo en imponer sus intereses inmediatos y directos, incluso en prejuicio de la paz social. Pero muchísimo más grave es que tengamos dos candidatos presidenciales incapaces de asumir, como les corresponde y es su obligación, una posición de defensa de los principios republicanos, y de resguardo de la democracia, el Estado social de derecho y los derechos humanos. Es indignante verlos claudicar, con tal grado de ligereza e irresponsabilidad, ante imposiciones abiertamente antidemocráticas y contrarias a la igualdad y los derechos humanos.

Hacemos un llamado vehemente a ambos candidatos presidenciales para que enmienden de inmediato la peligrosa deriva antidemocrática y antirrepublicana en la que se han embarcado. Y ante la ciudadanía costarricense, advertimos acerca del grave peligro que esto comporta. La democracia y el Estado social de derecho están siendo puestos en gravísimo peligro.

Por el Movimiento Diversidad Abelardo Araya

Luis Paulino Vargas Solís

Cédula 2-0327-0373

Erika Susana León Rey

Cédula 1-0871-0011

Víctor Hugo Monge Aguilar

Cédula 1-0432-0270

UCR: Bailando en »solitud» Eduardo Guerra se alzó con el Premio Nacional Mireya Barboza de Danza 2021 en la categoría de Interpretación

Eduardo Guerra fue galardonado con el Premio Nacional Mireya Barboza de Danza 2021 en la categoría de interpretación. El galardón se otorgó de manera compartida con Allyson Maykall. Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.

Es bailarín y coreógrafo de Danza Universitaria

Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE), la palabra solitud, ya en desuso, significa carencia de compañía o lugar desierto. No obstante, el bailarín y coreógrafo de Danza Universitaria, Eduardo Guerra Rodríguez, la interioriza como una opción propia de regocijo, aquella que nos obliga a estar y querer estar solos.

Es a partir de este concepto, y de lo vivido durante los primero meses de la pandemia, que Guerra desarrolla “Solitud”, una coreografía que formó parte del certamen La Semilla y que se presentó en Estrena Danza en el 2021.

Gracias a su interpretación, fue galardonado con el Premio Nacional Mireya Barboza de Danza.

El jurado otorgó este reconocimiento “por su dominio corporal, destreza y pureza técnica.

Por la innegable solidez plástica, sutileza y aplomo estético. El intérprete hace uso de la energía justa para su ejecución, logrando llevar la musicalidad corporal a un alto nivel.

Bailarín que expresa, proyecta a plenitud y de forma sobra las emociones generadas por la obra coreográfica logrando cautivar al espectador con su lenguaje corporal pero también con su presencia escénica, lo que da cuenta de su importante trayectoria”.

A continuación Guerra habla sobre la obra, el premio y los retos y los proyectos de Danza Universitaria en la siguiente entrevista.

–¿De qué se trató Solitud?

–Eduardo Guerra Rodríguez (EGR): El proceso en sí de la coreografía nace justamente después de que empezó la pandemia. Anterior a esto había realizado una coreografía en dúo y el el 2020 vino la creación de esta obra “Solitud”.

Solitud es una palabra un poco desconocida, es un concepto muy diferente a la soledad, es la soledad aceptada, la soledad que se disfruta, por una decisión propia, pero no es una soledad negativa.

A partir de ese juego de palabras quería empezar, porque también de alguna forma me sentía de ese modo cuando estaba solo en casa.

Las decisiones no solamente del hecho de la labor en sí que tenemos como bailarines, como entes de la administración, de la Vicerrectoría (de Acción Social), si no también la cuestión del hogar, de tus pasatiempos, qué hacías con todo esto, no me hallaba y justamente fue la decisión de decir por qué no hablamos de cómo nos sentimos en este momento, en tu casa, solo.

Porque yo soy una de las personas que vive solo, como muchas otras familias, con mis animalitos, pero solo. Parte de ahí, a partir del proceso de cómo voy aceptando esa soledad y hacer todo lo que hacía antes en conjunto, en compañía, en trabajo grupal, hacerlo solo, en solitud.

Fue una lucha constante, fue la aceptación misma de lo que generaba esta palabra, todo este significado, para ahondar en lo que eso detonaba en mí, fue así que se creó la obra.

–¿Cómo fue esa experiencia de crear la coreografía en este contexto, más en soledad?

–EGR: Pasa por una cuestión de aprendizaje total. Casi siempre Danza Universitaria trabaja en conjunto. Las investigaciones son en conjunto, ya sea que venga un coreógrafo invitado, sea que un compañero o compañera decida montar una coreografía y experimenta con los cuerpos, con las propuestas, con lo que va generando a partir de una idea, pero somos nosotros los que proponemos cómo se genera esa idea o ese tema.

Para mí en ese momento fue tomar las decisiones por mi mismo, era autoexaminarse, verse. En ese momento era crear, crear crear y después desechar, desechar y desechar, hasta llegar a lo más mínimo, tomar la decisión de esto sirve, esto no, fue una lucha constante.

Se hace la invitación del certamen La Semilla, que se realizó el año pasado, para representar a Danza Universitaria, yo Eduardo Guerra iba a representar a la compañía, cobraba mayor magnitud porque hace tiempo no nos presentábamos en un teatro. Estrenadanzas 2021, fue un gran evento y para mí fue muy importante porque soy yo en mi soledad, en mi solitud tomando todas las decisiones, que antes las tomaba en conjunto, que bailaba en conjunto, fue mucho aprendizaje, para mí el proceso de investigación y evolución es de mucho aprender, me ha servido todo este proceso de solitud aceptada.

–¿Cómo es el proceso creativo que se da a la hora de montar una coreografía?

–EGR: No hay una forma, cada quien tiene su modo de creación. A veces puede ser una palabra, un tema actual, en este caso fue el contexto pandémico, cómo me encontraba yo, después de haber pasado un año, qué hacemos con esto, tenemos que seguir creando, tenemos que seguir trabajando, tenemos que seguir produciendo, porque si no uno se muere como artista, uno tiene que estar constantemente en esa lucha.

Por lo general parto de una imagen que se me viene a la mente, le doy vueltas hasta que la hago realidad con mi cuerpo. Empiezo a improvisar a través de lo que me genera esa palabra o esa temática, o ese momento, no soy muy sistemático, me dejo llevar en el momento y después viene la sistematización, a través de toda la improvisación, todo el juego, todo el descubrimiento. Es un proceso que a mi me sirve mucho porque no hay que cuestionarse tanto, en mi caso es déjese llevar por lo que realmente siente, por lo que le genera ese momento, esa palabra o ese tema y después vamos ordenando.

–¿Qué significa este premio en lo personal y para Danza Universitaria?

–EGR: Fue una sorpresa para mí, no me lo esperaba. Uno nunca trabaja en pos de un premio, pero es un reconocimiento que es un aliciente para seguir trabajando, investigando.

Lo tomamos con mucha alegría, con positivismo que todo lo estamos haciendo de manera correcta de alguna forma, a pesar de la situación temática, cultural, política y todo lo demás, justamente viene esto y hay que aprovecharlo para hablar de lo que nos sucede, que a pesar de las circunstancias estamos generando, pasan cosas positivas como las premiaciones, hay que decirlo porque no, y eso se agradece y es una motivación, esto nos cae bien en este contexto.

–¿Cuáles son los retos como bailarín y como compañía que han enfrentado en los últimos años y cuáles son los que vienen?

–EGR: Personalmente fue un acto de negación al principio cuando empezó todo esto, pero teníamos que decir que nuestro trabajo no paraba, tuvimos que trasladar y transformar todo lo que hacíamos antes, que era mucho trabajo de comunidad, de acción social, de presentación, a dar clases todo en la virtualidad, hacer audiovisuales para la comunidad en la virtualidad, presentarse en festivales virtuales. Creo que hemos hecho mucho, ha quedado ahí, están los hechos, hemos ganado premios, hemos dado clases por todo lado, hemos tenido convenios con otras universidades, ha sido una oportunidad para demostrar de que material estamos hechos, somos bailarines que no solo bailan y se presentan, pero que también podemos hacer este otro tipo de cosas y que en este momento la comunidad y la universidad lo necesita. Lo supimos afrontar muy bien.

Los retos que vienen es dejarnos todo el aprendizaje de la pandemia para seguir sumando y lo virtual ya no se va acabar, si no que se va sumando. Ahora viene el Festival Paréntesis que ya le vamos a sumar lo virtual mas lo presencial, para llegar a mas gente, a mas comunidades que antes posiblemente por una cuestión de distancia y centralización no lo hacíamos, es una oportunidad y un reto alcanzado y los retos que vienen van a ser favorables y positivos

–¿Cuales proyectos hay para este año?

–EGR: Proyectos, muchos, pero lo importante es ahondar en lo que ya hemos trabajado, seguir haciendo los trabajos en comunidad, tenemos presentaciones en festivales, Teatro al medio día, seguir con los trabajos en comunidades, que realmente han sido de suma importancia para el acompañamiento a los adolescentes, a las personas adultas mayores, todo eso que ha calado mucho en la comunidad lo vamos a mantener y seguimos ahí produciendo, y por supuesto ahí lo van a saber.

–¿Cuál debe ser el trabajo de una compañía como Danza Universitaria para retomar y reforzar los espacio artísticos presenciales?

–EGR: Lo importante es que la compañía se ha diversificado a través de los años. La compañía de hace 40 años no es la misma que es hoy, creo que hemos afrontado los retos de una manera muy positiva, hoy asumimos este reto y nos lleva a seguir sumando y a que el trabajo no se detiene.

Es importante anotar que el trabajo conjunto, el trabajo grupal, el trabajo presencial es de suma importancia para nosotros, ya llega un momento en que uno dice: “ok”, hemos pasado esta experiencia de la virtualidad, pero también se necesita esto otro, hemos hecho todos los esfuerzos para tener todos los protocolos necesarios y ahora pasamos por un contexto que se nos quemó nuestro centro de trabajo, y estamos en la lucha, siempre estamos afrontando continuos retos.

Danza Universitaria tiene que alzar la mano y tiene que decir se presentan siempre estas carencias, porque ha sido una cuestión muy sistemática durante muchos años. Ya ahora dijimos basta, si hay que parar tenemos que parar, porque no es posible, no es justo, no es necesario, para las artes en general y para una compañía que tiene muchos años y que ha representado a la Universidad de Costa Rica, seguir así en estas condiciones.

Yo creo que lo que ofrece Danza U a pesar de las circunstancias siempre ha sido mantener la frente en alto, al pie de lucha y lo hemos demostrado de esa forma.

He estado mucho pensando en la situación política que estamos atravesando en este momento, en la que la cultura realmente no se ve reflejada por ningún lado, en cuanto a presupuesto, a proyecto político, estamos relegados y el gremio artístico todavía la está pasando terrible, no hay como afrontar la situación, de alguna forma hay que alzar la voz, el gremio tiene que decir presente, porque sí la estamos pasando mal y no hay que ocultar la situación y es necesario reconocer que el arte es un acto transformador de la sociedad y tiene que estar presente en la vida diaria de las personas y hasta que se tome conciencia de eso no podremos cambiar como sociedad.

 

Andrea Marín Castro
Periodista, Oficina de Divulgación e Información, UCR

La universidad del Siglo XXI

Desde una perspectiva intimista

Mis desgarramientos interiores

Alberto Salom Echeverría

Uno de los sentimientos más desgarradores que he experimentado en mi vida, es el del abandono, la separación física de alguien o de algo. Varias veces en mi existencia lo he vivido: lo experimenté intensamente a mis once años, con el temprano fallecimiento de mi padre tras un accidente automovilístico. Volví a vivirlo con la misma intensidad, pero de una manera distinta porque era más maduro, a la edad de cuarenta años, cuando se produjo la partida de un ser maravilloso en mi vida, en la de mis hermanos y estoy seguro de que en la de mucha gente más; ese ser maravilloso fue mi madre. Síntesis de una irremediable endeblez física, propiciada por una enfermedad que la atacó temprano, por una parte y de una inusual fortaleza intelectual y espiritual, por otra. Ella no podía vivir más de cinco años como promedio de la enfermedad. ¡Pero vivió treinta años más! por decisión propia, es decir, por su corazón inmenso y generoso que quiso seguir latiendo alimentado por nuestro amor y entrega hacia ella. ¡Qué sentimiento de abandono sufrí, de inefable orfandad, no obstante, mis cuarenta años! La tercera experiencia fue la muerte de Isabel, mi esposa por 26 años. Una compañera sin par, de gran solidez científica y académica, formada en la UCR, muy leal y de gran valentía también.

Todas estas pérdidas dejaron en mí, después de un primer desgarramiento interior, la enseñanza de que nada de lo espiritual se pierde de manera definitiva. Los cuerpos, lo físico se separa en toda relación en algún momento de manera irremediable, definitiva; los afectos entrañables en cambio, cuando la sinceridad ha sido cristalina en las relaciones interpersonales, trascienden los límites de la finitud de la relación física produciendo esa sensación de prolongación de la existencia, más allá de lo humanamente temporal. El filósofo Platón planteó en la antigüedad de un modo condensado la idea que he querido expresar, cuando postuló: “La unidad del universo es infinita porque no nace ni muere, pero las cosas que devienen son finitas.” Más recientemente, en la modernidad, el filósofo Danés Soren Kierkegaard señaló al respecto que, “el hombre (hoy hablamos del hombre y la mujer) es algo concreto, temporal, en un constante devenir, luchando entre lo temporal-terrenal y lo eterno.”

La huella de La Universidad Nacional en mi experiencia académica

En medio de este dilema, entre lo humano finito y lo eterno, barrunto que la vida cobra más sentido, cuando nos inquietamos y movemos por algo en lo que de verdad creemos. Ese algo por lo que vale la pena vivir para mí son los principios, aquello en lo que creemos profundamente de acuerdo con nuestros valores. Cuando se me prestó por cinco años la oficina de la Rectoría, quise colocar en ella, para verlo constantemente, un arreglo en sepia que me regaló mi hijo mayor, José Carlos. Se trata de una frase, que ahora conservo en mi habitación, muy cerca de mi corazón; el cuadro contiene la imagen de Abraham Lincoln y una frase suya que he querido hacer mía: “Si pudiéramos darnos cuenta primero en dónde estamos y hacia dónde vamos, seríamos capaces de juzgar qué hacer y cómo hacerlo”. Esta frase sintetizó una convicción muy arraigada con la que, desde muy joven he procurado caminar en mi vida. Todo en derredor nuestro adquiere más sentido, en cuanto logramos darle una dirección a nuestro accionar.

No obstante, todas estas convicciones profundas, cuando debí dejar la Universidad Nacional, al terminar mi ejercicio como Rector, junto a mis colegas en la gestión, por haberme acogido a la jubilación, me embargó en un inicio el mismo sentimiento de desgarramiento, y hasta de soledad quizás. Aunque la experiencia acumulada, junto a estas cavilaciones, me permitieron reflexionar pronto percatándome así de lo profundo que está inserta la UNA en mi corazón. Había quedado atrás mi paso por la emblemática Universidad de Costa Rica, institución pública a la que, como joven estudiante también me entregué con pasión. En el año 1976, ingresé como docente a la UNA, para iniciar una carrera académica noble y sublime, que terminó de formar mi personalidad.

La UNA me marcó de manera indeleble. En ella aprendí a reconocer la enorme variedad o pluralidad de la existencia, tanto derivado del conocimiento de los estudiantes provenientes de los más diversos rincones del país, como en mi relación con los colegas universitarios, con el personal administrativo y académico de la institución. La UNA me permitió además, junto a mis colegas y estudiantes, entrar en contacto con comunidades compuestas por mujeres amas de casa, muchas deseosas de asumir algún emprendimiento, algunas otras mujeres solas con hijos, jefas de familia, trabajadoras recién incorporadas a los mercados laborales con indecibles necesidades de capacitación y desde luego sociales, trabajadores de los ferrocarriles, obreros de la construcción, campesinos sin tierra, comunidades indígenas, decenas de jóvenes con discapacidad en todas ellas, deseosos de aprender algún oficio y de incorporarse plenamente a una sociedad poco preparada todavía para subsanar las barreras arquitectónicas, las cognitivas y de otros órdenes. ¡Qué reto tan formidable! Imposible acometerlo, aprendimos pronto, desde una sola perspectiva epistemológica.

Origen y evolución de La Universidad Nacional.

La UNA desde su origen se abrió al desafío de incursionar en el profundo y acaso insondable mundo de la multiplicidad de lo causal. El mismo concepto de “Universidad Necesaria” que, nuestro fundador Benjamín Núñez lo hizo vernáculo en diálogo con Darcy Ribeiro, sociólogo y pedagogo brasileño, nos obligó a recibir jóvenes estudiantes de diferentes culturas, orígenes étnicos, sin distingos de género ni de condición social. Este solo hecho, puso en entredicho una idea por entonces arraigada en el medio cultural del país: los estudiantes de condición social más vulnerable, provenientes en su mayoría del mundo rural, no estaban capacitados para incursionar con éxito en la educación superior, por carecer de las condiciones intelectuales, académicas o pedagógicas que solían adquirirse en los liceos o colegios que contaban con recursos de todo orden y que, por ese hecho otorgaban mayores ventajas educativas.

Entre todos los aportes de la UNA a la educación superior del país, en mi concepto este es uno de los más trascendentes. Nosotros quedamos obligados a modificar incluso el sistema de admisión, a fin de viabilizar el acceso de las personas estudiantes de origen más humilde. No solo eso, debimos crear las condiciones apropiadas a lo interno para subsanar sus carencias económicas y también el pobre nivel académico que muchos traían de la secundaria. Recordemos para empezar los propedéuticos; si bien luego debimos revisarlos. Todo constituyó un formidable reto: la estructuración del sistema de becas, las primeras residencias estudiantiles, casas antiguas enclavadas y dispersas por toda la ciudad de Heredia, como “La Moya”. Cada innovación debió ser sometida a examen crítico y debate interno, otra característica del modo de gestión de la UNA desde su nacimiento. La mejor prueba en el ámbito académico de que caminamos por una senda correcta, nos la proporcionaron algunos años después de la fundación de la UNA, los cientos de estudiantes que, independientemente de su origen social y étnico, o de su género, se graduaron y como nuevos profesionales se insertaron en los mercados laborales con bastante éxito. De hecho, nos sentimos orgullosos de que el porcentaje de subocupación haya sido muy bajo y la desocupación de la población estudiantil egresada de la UNA, casi inexistente.

No obstante, aquí es menester advertir que, una correcta lectura (solo el tiempo nos ha dado esta perspectiva), nos obliga a reconocer que los estudiantes que se han formado como profesionales en la mal llamada (en mi opinión), sede central de la UNA, pero que provenían de regiones alejadas de los principales centros urbanos, solamente en porcentajes bajos retornaron a los pueblos o cantones en los que se criaron. Ciertamente, el papel de las sedes regionales: Chorotega o Brunca y del campus en Sarapiquí, nos han ayudado a paliar los efectos perniciosos que ha tenido esta fuga de cerebros de los territorios locales o regionales hacia la zona central del país. Empero, el desarrollo desigual que ha tenido Costa Rica, favorable a esta región central, desde sus orígenes e incrementado a partir de la segunda mitad del siglo pasado, no favorece tampoco en ningún sentido la inserción de los profesionales en las regiones periféricas.

En tanto no se logre revertir esta tendencia “hipercentralista” a nivel del país, la universidad tiene posibilidades y el imperativo además de incrementar su aporte a los territorios o regiones, mediante al menos dos rutas importantes, que yo he bautizado como contra tendencias: 1-el apoyo a las sedes y campus regionales para que puedan ser dueños de sus propias carreras; esto implica el fortalecimiento planificado en la dotación de recursos a las sedes regionales, para consiguientemente poder otorgarle a estas la potestad de modificar el currículo o plan de estudios, apoyadas por la Unidad de Diseño e Innovación Curricular de la vicerrectoría de docencia y de acuerdo con las necesidades de los territorios y localidades; y 2-un mayor impulso a las carreras itinerantes, lo que nos obliga, acorde nuevamente con una perspectiva territorial, a abrir carreras en determinadas localidades rezagadas del desarrollo nacional, al menos hasta graduar una cohorte de profesionales o técnicos. Gracias a la iniciativa de la Dra. Ana María Hernández que, con tanto entusiasmo y empeño impulsó la propuesta de las carreras itinerantes, el Consejo de Rectoría acogió la propuesta basada en la experiencia de la División Rural del CIDE. Fue el Dr. Pedro Ureña quien la puso sobre el tapete de discusión en su momento. Este trabajo ameritaría un mayor esfuerzo de coordinación con las demás instituciones públicas de educación superior, congregadas en el convenio del CONARE. ¡Ojalá esto pudiera discutirse más en el seno de CONARE! En mi opinión se trata de un nuevo impulso a la Educación Superior del país, concentrando esfuerzos en los territorios y regiones rutinariamente más rezagados del desarrollo.

La organización multidisciplinaria en la UNA y el desafío de la revolución científico-tecnológica.

En lugar de organizar las facultades de acuerdo con los criterios tradicionales de la disciplinariedad creados desde la universidad napoleónica, lo que ha conducido y conduce a la fragmentación del conocimiento, cuando se agrupan las disciplinas básicamente según su afinidad, la UNA por contraposición innovó en la manera como se organizaron las facultades, acudiendo, aunque fuera en forma embrionaria, a la idea de multidisciplinariedad. Todavía no estaba presente ahí la perspectiva de interdisciplinariedad. Aquel otro criterio (el de la multidisciplinariedad) fue patente en la Facultad de Tierra y Mar, en la de Exactas y Naturales, en la Facultad de Ciencias de la Salud, en la de Ciencias Sociales, en la de Filosofía y Letras; así como en los Centros como son: el Centro de Estudios Generales, el Centro de Investigación y Docencia en Educación y el Centro de Investigación, Docencia y Extensión Artística.

A pesar de esta importante innovación en el campo de la organización académica en la UNA, hoy la revolución científico-tecnológica, especialmente en las TIC´s, en la robótica y la informática, en nanotecnología, tanto como en la biotecnología, ha inducido cambios acelerados en el conocimiento en todos los órdenes y ha sentado las bases para el desarrollo portentoso de la sociedad del conocimiento. Ninguna universidad que se precie de ser seria puede quedar ajena a todo ello. Sin embargo, es notorio el rezago de los países latinoamericanos respecto de esta revolución tecnológica, frente a los países desarrollados. De ahí que se haya levantado un extraordinario reto para los centros universitarios de educación superior pública, debido a que sobre ellos reposa la responsabilidad de impulsar la investigación de punta, la extensión o acción social como medio idóneo de contacto con las comunidades y sectores más necesitados del país y aunado a lo anterior una docencia de calidad. Desde nuestra experiencia universitaria, hemos sentido que el desafío es mucho más descomunal aún, al considerar el proceso de globalización que tiene lugar, tan desigual en sus progresos; así como el gigantesco reto que impone a todos los países de la Tierra, la grave enfermedad del calentamiento global y del cambio climático, derivados de la producción por el ser humano de los combustibles fósiles. La brecha digital y tecnológica abierta entre los países ricos y pobres es hoy más grande que nunca, lo mismo que en los órdenes económico y social.

Las “comunidades Epistémicas”.

Hemos llegado a la conclusión de que para que la universidad de hoy pueda acometer desde el punto de vista cognitivo este inmenso reto que nos acecha, es menester promover en toda la Universidad Pública una nueva organización de la academia, de modo que estemos en mejores condiciones para realizar un abordaje de los problemas desde una posición, ahora sí, inter y multidisciplinaria. Desde el punto de vista epistemológico, postulamos que no podemos seguir enfrentando fenómenos complejos y multicausales desde una óptica estrictamente disciplinar.

Postulamos que las disciplinas no se disuelven; al contrario, han de fortalecerse para desde esa base, forjar sinergias entre las diversas disciplinas. Implica un diálogo permanente, fecundo y vigoroso, tanto al interior de cada institución como, si fuera posible, entre todas ellas. No deseo hoy, queridas y queridos colegas y amistades aludir en detalle a la gestión que tuve el honor de encabezar con gente maravillosa, porque cada experiencia está a prueba. Además, porque esta disertación no es una rendición de cuentas. No obstante, solamente digo, para lo que pueda ser útil, impulsamos la idea de crear “comunidades epistémicas”, también conocidas como “comunidades de conocimiento”, cuya labor debería ser tomada en cuenta. Lo esencial, es el “diálogo entre los saberes”, como postularon Maturana y Varela, hace ya algunos años.

En el año 2018, el Dr. Itzkuauhtli Zamora Sáenz escribió sobre una experiencia en una comunidad de Guadalajara, México, muy aleccionadora. Cito “En las últimas dos décadas, es posible atestiguar una proliferación de modelos para la toma de decisiones políticas que abogan por la necesidad de crear mecanismos incluyentes que promuevan la participación multisectorial. Estas propuestas han recibido los nombres de ciencia posnormal, planeación participativa o gobernanza, por mencionar algunos de distintas corrientes (Funtowicz y Ravetz, 1993;Huitema, etal., 2009; Schmoldt, Kangas y Mendoza, 2001).

La premisa general de estas propuestas es que la solución de problemas complejos como los ambientales no puede ser resultado de una decisión exclusivamente técnica o científica que se imponga de manera jerárquica y vertical: requiere incluir el conocimiento y la postura de las comunidades locales que serán las principales beneficiadas o perjudicadas por la implementación de la política. Bajo esta perspectiva, tanto las decisiones como los procesos para tomarlas son igualmente importantes, esto es, no importa solamente alcanzar un buen resultado, sino que su formulación se haya dado bajo mecanismos abiertos, plurales e incluyentes.

Estos modelos participativos coinciden con lo que Mark Warren ha denominado democracia, expansiva, la cual se caracteriza por la ampliación de mecanismos participativos en pequeña escala y por la necesidad de incluir en las soluciones la voz de los posibles afectados por las decisiones gubernamentales (Warren, 1992)” […] -Un poco después agrega el Dr. Zamora- “Hay una gran cantidad de mecanismos específicos para favorecer la participación multisectorial como talleres de planeación, foros, mesas de participación, grupos promotores, paneles de expertos o consejos ciudadanos, por mencionar algunos. Todos estos mecanismos comparten la idea regulativa de favorecer el entendimiento común y la cooperación entre diferentes actores. Peter Haas, en 1992 Haas (1992)acuñó el concepto de comunidad epistémica para referirse a un grupo de personas que se reúnen periódicamente para generar acuerdos sobre un problema y su solución. El concepto lo utilizó Haas por primera vez para referirse a la emergencia de una red de actores gubernamentales, civiles y académicos de diferentes países que se congregaron para intercambiar información con el objetivo de revertir la contaminación del mar Mediterráneo.

El propio Haas agregó que el tipo de problemas que pretende resolver una comunidad epistémica se caracteriza por estar inserto en un contexto de incertidumbre en el que los diferentes actores reconocen que el conocimiento científico no elimina el riesgo de consecuencias no deseadas de una decisión determinada, sino que incluso los puede hacer más conscientes de las posibles secuelas (Haas, 2004).” (Cfr. Zamora Sánez, Itzkuauhtli. “Comunidades Epistémicas en la Solución de Problemas Ambientales. Tendencias en la Recuperación de Ríos Urbanos.” https://orcid.org/0000-0002-1554-6984). En nuestro caso, fue la Dra. Luz Emilia Flores la que tuvo a bien proponernos el fructífero concepto de “Comunidad Epistémica.”

La Universidad como “Bien Público” y su relación con el entorno nacional.

El desarrollo de nuevas carreras y áreas del conocimiento de base multi e interdisciplinaria y la creciente importancia de la internacionalización, constituye todo un programa de acción de la universidad contemporánea en la sociedad del conocimiento. En ella, es imprescindible que las instituciones públicas de educación superior se afiancen como un bien público en un momento en que las élites gobernantes en toda América Latina se han decantado por cuestionar este concepto, junto con importantes grupos del sector empresarial. Esto lo estamos viviendo en Costa Rica concretado en la Ley 9635, de fortalecimiento de las finanzas públicas, en particular en el título IV de la misma que quedó aprobada en diciembre de 2018. Hoy las cinco universidades públicas están viendo drásticamente restringidos sus presupuestos, como resultado del mandato de dicha ley, especialmente en el Título IV de la misma. Los rectores en su momento, agrupados en el CONARE presentamos un recurso de nulidad ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo, en contra del Decreto Ejecutivo que amplió la cobertura del título sobre empleo de dicha ley. Adicionalmente, se planteó también una Acción de Inconstitucionalidad ante la Sala, contra el mismo decreto. Esta es la hora, ante un asunto tan, pero tan urgente y trascendental, en la que ni la Sala Constitucional, ni el Tribunal de lo Contencioso Administrativo se han pronunciado todavía, después de casi cuatro años de haber sido presentados ambos incidentes.

La actividad sustantiva en La Universidad.

Otro asunto que nos permitió crecer académica e intelectualmente tiene que ver con la conceptualización de la actividad sustantiva en el quehacer académico de la universidad pública. Siempre se ha entendido la actividad académica como la conjunción y concatenación de la docencia, la investigación y la extensión conceptualizada también como acción social. La situación actual requiere la integración de estos tres pilares para la formación de profesionales preparados para enfrentar los retos y cambios que la sociedad demanda. La actividad docente para que tenga calidad debe alimentarse de la investigación constante de las personas académicas y de la extensión que, como es sabido se produce cuando la universidad se vincula con la sociedad compenetrándose con las comunidades a las que apoya y de las que se nutre también. El verdadero reto estriba, por un lado, en lograr una real coordinación de las tres actividades (docencia, investigación y extensión) en el eslabón superior ejecutivo de la universidad, a fin de lograr un verdadero apoyo a las facultades y unidades académicas. Pero, por otra parte, cada unidad académica debe ser un hervidero de conocimiento que involucre a todo el personal docente de modo que se pueda transmitir al estudiante la experiencia académica adquirida. En nuestra experiencia todavía tenemos frente a nosotros el reto de alcanzar una mayor compenetración y simbiosis entre estos tres componentes de la actividad sustantiva de la universidad, tanto en el quehacer de las personas profesionales que apoyan a las facultades y unidades académicas desde el nivel ejecutivo superior y, sobre todo, en las unidades académicas mismas.

La Universidad Humanista con sentido social en el siglo XXI.

He dejado para la parte postrera de mi intervención, un tema que considero es uno de los más relevantes. El Foro Económico Mundial sobre «El futuro del trabajo 2020» analiza la disrupción causada por el COVID-19 y las perspectivas futuras sobre el empleo y las habilidades necesarias, en el contexto actual de recesión económica global y aceleración de la digitalización.

En el mencionado informe se plantea que, citó: “La  automatización junto con la actual recesión de COVID-19 está creando una ‘doble disrupción’ para los trabajadores: el informe estima que para 2025, la automatización y la nueva división del trabajo entre humanos y máquinas afectará a 85 millones de puestos de trabajo en todo el mundo, creándose 97 millones de nuevas funciones, a través de la creciente demanda de trabajadores para puestos de trabajo en la economía verde y digital (relacionados con la economía de datos, inteligencia artificial, computación en la nube…).” (Cfr. Foro Económico Mundial. “Informe Futuro del Trabajo 2020.” Sincrogo.com/blog/actualidad-laboral/informe-futuro-del-trabajo-2020-foro-económico-mundial/).

¿Qué hacer ante estas realidades? Creo imprescindible tener presente la importancia para una universidad que nació humanista, de no descuidar la visión humanista integral. De no hacerlo se puede incurrir en el error de adoptar una visión unilateral, acicateados exclusivamente por los criterios emanados de las tendencias del mercado. De acuerdo con estos criterios, las instituciones superiores de educación pública deberían transformar su currículo según lo que se denomina “carreras STEM” (Science, Tecnology, Engineering and Mathematics).

Una adecuada concepción humanista de la educación es incluyente de todas las disciplinas. Esta inclusividad en la sociedad del conocimiento implica poner en primer plano el sentido social del conocimiento y de la formación. Esta no puede desdeñar los valores éticos del bienestar colectivo, el énfasis constante en la democratización de la institución universitaria; es decir, la facilitación del acceso y permanencia de las personas estudiantes indistintamente de su origen social, a las oportunidades que brinda la educación superior. Junto a ello, la universidad pública no puede perder su orientación a contribuir desde la academia a esclarecer la ruta de un desarrollo sostenible, justo y equitativo, en consonancia con la Naturaleza, la preservación de los ecosistemas y de la vida en ella. Por ello es por lo que, la evaluación, la acreditación de las carreras y de la educación, así como el aseguramiento de la calidad, jamás pueden mimetizarse con los estándares de los llamados países centrales. Al contrario, abogo porque la universidad pública latinoamericana, cumpliendo con su misión, tenga en cuenta la realidad de los países en los que está inserta. De ahí la importancia de la autonomía universitaria, para pensarse a sí misma y tomar las decisiones estratégicas, sobre la base de los valores académicos consensuados entre la comunidad universitaria.

Desde algunos años atrás se nos viene induciendo desde afuera y desde diferentes posturas a que dejemos de lado las ciencias sociales y las humanidades (SSH, por sus siglas en inglés: Social Science and Humanities) para abrazarnos supuestamente a la “modernidad y el progreso”; se busca así, afiliarnos por decirlo de esta manera, a las STEM (Science, Tecnology, Engineering and Mathematics). Es decir, teóricamente quienes nos inducen por ese camino suponen que debemos subsumir a las universidades humanistas de hoy, en el mundo de la llamada “ciencia precisa”, que se puede medir, para colocarnos así, supuestamente, en la cúspide del desarrollo tecnológico.

Tal razonamiento supone las SSH arrinconadas en posiciones puramente especulativas y propiciadoras de un razonamiento cualitativo infértil. Esta cuestión así planteada nos remite a un viejo y trillado debate entre culturas científicas y humanistas. Hay que combinar las SSH con las STEM. No se debe por lo tanto renunciar a la ciencia, ni a la tecnología, ni a la precisión matemática. Pero no por eso se debe dejar de lado la educación, la filosofía, la filología, la sociología, el arte, la danza, la música; ambos conjuntos disciplinarios son imprescindibles para fortalecer las bases de universidades sociales y humanistas. Se trata de dos grandes conjuntos o componentes disciplinarios convergentes; no como desde cierta perspectiva errada se les quiere presentar como si fuesen más bien divergentes y excluyentes entre sí.

Está pendiente en la universidad latinoamericana y del Caribe asumir una reflexión a fondo, sin menoscabar lo alcanzado hasta ahora, intentando buscar (innovar) nuevas formas de organizar la academia que permitan un mejor entrelazamiento de los saberes, y una mayor cooperación que facilite recoger los beneficios del debate científico y cultural de la universidad en el mundo contemporáneo.

No en vano nos dice José Joaquín Brunner, investigador y académico chileno: “Un nuevo balance entre STEM y SSH se requiere también para salvar el futuro que hoy reconocemos amenazado por diversas fuerzas destructivas. En efecto, las disciplinas STEM —precisamente por su poder de incidencia en el control y la transformación del mundo— provocan una extrema racionalización científico-tecnológica de los entornos naturales, de las actividades productivas, de las relaciones sociales y de la propia esfera cultural […] Mas se trata de una racionalización de medios, regida por la funcionalidad y la eficiencia, el cálculo de costos y beneficios, y la continua expansión —ahora global— de la explotación de los recursos naturales y las capacidades humanas. Es ese proceso, con todos sus progresos y riesgos, el que las SSH ayudan a interrogar y analizar desde una racionalidad de fines y valores, manteniendo abierta así las puertas hacia la esperanza. Hay pues razones más acá y más allá de la economía —“Más cosas hay en el cielo y la tierra, Horacio, que las que se sueñan en tu filosofía”— que justifican apoyar resueltamente a las SSH, en pie de igualdad con las disciplinas que rigen la racionalización científico-técnica del mundo. Este es un balance que se requiere cada vez más patentemente y con mayor urgencia, para no terminar agotados por el progreso y aplastados por los escombros que deja tras de sí.” (Cfr. Brunner, J.J. “Humanismo: ¿Cuál es su Poder?” nuevo poder.cl/humanismo-cual-es-su-valor/).

 

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