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Mi niñez. Los niños ayer y hoy en la política. Contrastes de vida

Vladimir de la Cruz

Me han preguntado, a propósito del ataque que hizo el Presidente Rodrigo Chaves a una niña que se refirió a él como “dictador”, cómo fue mi infancia en cuanto al respeto a las opiniones que como niño pude tener, haber dicho o hecho.

Tuve la dicha de vivir en una familia, en la que me enseñaron, desde pequeño, a opinar, a respetar mis opiniones, por contrarias que fueran a mi madre o a las personas mayores que me rodeaban.

Lo que importaba era que cuando opinara, o se me interrogara o pidieran mi opinión, dijera siempre mi “verdad”. La mentira no era aceptada, ni moneda de curso familiar. Mi abuelita materna decía: “El que miento poco, miente mucho”.

Se partía en esta práctica familiar de educar con una base de confianza absoluta. Especialmente, se nos enseñaba a actuar como “personas”, que lo éramos, “personas pequeñas”, no simplemente niños sin opinión, o sin posibilidad de poderse expresar. Se nos trataba como pequeños seres humanos, pero seres humanos con derechos y libertades que debíamos aprender a usar, disfrutar o gozar.

La mesa del comedor, en casa de mi abuelita materna, Ofelia, mi querida Ita, todos los días, porque yo pasaba mucho tiempo con ella, por el trabajo y el estudio de mi madre, era un centro de conversaciones importantes alrededor de la Historia de la Familia, donde se nos transmitían los valores familiares y sociales, que tenían mis antepasados, donde jugaban un papel muy importante mi bisabuelo Rafael Rodríguez y mi bisabuela Patricia Rodríguez, que eran primos.

De esta manera se nos enseñó al valorar a nuestra familia, por los ancestros, que también las otras familias del vecindario eran igualmente valiosas que la nuestra, y que lo más valioso de Costa Rica, eran todas las familias, que como la nuestra eran igualmente trabajadoras, honestas, honradas, eran personas de palabra, en la que la palabra valía y en ellos se podía confiar.

Igual sucedía en la mesa del comedor de mi abuelita paterna, Carmen. Fue mi experiencia de nieto con ella.

Años más tarde supe que mi padre y sus hermanos se criaron en circunstancias familiares más severas, con relación a su abuelo Gilberto, mi bisabuelo de origen colombiano, que no permitía que en la mesa del comedor se hablara. Solo mi padre Ignacio, se atrevía a levantarle la voz: “Verdad abuelito, que en la mesa no se habla”, le inquiría con regularidad. Y, nunca mi padre tuvo mordaza para decir lo que quería, ni lo que pensaba.

En 1967, cuando hacía los Estudios Generales en la Universidad de Costa Rica, en una discusión que tenía sobre marxismo, en mi primer año universitario, con el filósofo Teodoro Olarte, suspendió la discusión preguntándome: “¿Usted cómo se llama? Le respondí: “Vladimir de la Cruz”. Se recostó levemente sobre la silla, pensando, sin dejar de fumar su pipa, y sin quitarse sus anteojos negros, dejó pasar un tiempo, que para mi fue eterno, y me preguntó: “Usted que es de Ignacio de la Cruz”. Le respondí: “Su hijo”, y terminó diciendo, “fue también mi alumno”. A partir de ese momento llegamos a tener una buena y respetuosa amistad, él como mi profesor, yo como su alumno y dirigente estudiantil que era en esos años, hasta su fallecimiento. Esto me llegó a afirmar ese espíritu libertario con el que fui criado y formado.

En la escuela y en el colegio tuve a mi maestra, la Niña Julieta de Vargas, y los diversos profesores, que nos formaron de igual manera, especialmente en los cursos de Historia de Costa Rica, Estudios Sociales y Formación Ciudadana, respetando nuestras opiniones, y obligándonos en cierta forma, a tener opinión sobre los diversos problemas del país. Estaban cerca todavía los sucesos de 1948, y vivíamos el impacto de la Revolución Cubana y de la Alianza para el Progreso, que impulsaba el presidente Kennedy, de lo cual se nos enseñaba a abordar estos, y otros temas políticos o económicos, con estudiantes que opinaban a favor y en otros estudiantes en contra.

Mis hijos fueron formados de igual manera, con el derecho a expresar siempre desde pequeños sus puntos de vista, sin imponerles el mío de manera paternal y obligatoria, pero también sin ocultarles mis pensamientos y opiniones, como los de su madre.

Cuando se empezaron a desarrollar con más fuerza los Derechos de los Niños en Costa Rica, allá por los años de la década de 1970, el Patronato de la Infancia adquiría una dimensión muy importante para la niñez costarricense. Había propaganda radial muy fuerte en este sentido, dirigida a los niños, señalándoles sus derechos, las atenciones que debían tenerse con ellos, el cuido y las relaciones respetuosas que se debían cultivar al interior de las familias.

Estoy consciente que en no todas las familias los niños tenían estos espacios de libertad, que no en todas las familias se les consideraba como “personas menores”, que se partía de una formación “rigurosa” de imponer valores o formas de conducta de manera autoritaria, identificadas plenamente con las posiciones y valores de sus progenitores, donde se les negaba el desarrollo de sus propias personalidades.

Como todos los niños, en mi infancia, fui bautizado por la influencia de mi familia paterna, hice la confirmación y la primera comunión en la Villa, hoy Ciudad Quesada. Fui a misa regularmente hasta que estuve en tercer año de colegio. Tuve profesores sacerdotes, amigos, que sin acudir obligatoriamente a las lecciones de religión, me invitaban asistir a ellas de “oyente” y asistía, cuando quería. Con uno de ellos, de origen cubano, llegado a Costa Rica, como resultado de la Revolución Cubana, hice muy buena amistad y le gustaba tratar temas sociales en sus clases.

Mi familia materna, por mi abuelita Ofelia, no era de misas, ni de oficios religiosos de ni ninguna especie. Creía en Dios y amaba a Cristo, pero no quería nada con la Iglesia ni con sacerdotes. Fue Teósofa y Rosacruz activa. Discípula de Tomás Povedano. Su padre, el bisabuelo Rafael, fue masón. Mi abuelita Carmen y la familia paterna, era sumamente religiosa. Así me desarrollé en el campo religioso, entre estos dos extremos.

Políticamente, en general, mis dos familias tenían raíces liberales. Por mi bisabuelo Rafael, masón, casi 20 años diputado, miembro de la Asamblea Constituyente de 1917, combatiente contra la dictadura de Tinoco, íntimo amigo del luchador anti tinoquista y presidente Julio Acosta. Se retiró de la política cuando la oposición a su partido le enfrentó, en una campaña electoral disputando una curul legislativa, a un yerno. Se retiró diciendo: “contra un hijo él no peleaba”.

El papá de mi abuelita Carmen, Gilberto Martínez, liberal colombiano, fue “combatiente de la guerra de los 1000 días”. Guardó prisión casi tres años, como compañero de celda de un presidente de Colombia. Le dieron salida a Panamá, entonces territorio panameño, y de ahí se trasladó a las Juntas de Abangares, donde llegó su esposa, la Abuelita Matilde, mi bisabuela, que llamábamos cariñosamente la “abuelita”, y procrearon 11 hijos, dos fallecidos infantes. Luego llegó su amigo, colombiano también, Manuel de la Cruz, quien terminó casándose con su hija Carmen, 30 años menor que él.

Políticamente se crearon mis dos familias, la materna y la paterna, en el liberalismo de la primera mitad del siglo XX costarricense.

Al morir el bisabuelo Gilberto, la abuela Carmen tomó la iniciativa de venirse para San José, pasando por Puntarenas, preocupada por la avanzada edad de mi abuelo Manuel. Llegó en los días de ascenso a la presidencia del Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia, quien le ayudó para que a mi abuelo le dieran trabajo en Obras Públicas, como Contador, hasta su muerte en 1949. Eso comprometió a mi abuela Carmen con el Dr. Calderón Guardia y el calderonismo, manteniendo a todos los hijos ligados al calderonismo hasta la llegada de Rafael Ángel Calderón Fournier a la Presidencia, cuando algunos de mis tíos se liberaron de esa corriente política.

De los hijos de mi abuelita Carmen, mi padre se vinculó al recién formado Partido Comunista en los años 40s, junto con uno de sus hermanos, el tío Gilberto que fue militante republicano español, antifascista y calderonista, en esos años y esa década. En esos días conoció a mi madre Zayda de Lemos Rodríguez, cuyo padre, mi abuelo Jacobo, era primo hermano de mi abuelita materna, Ita. Mi bisabuelo Adolfo, padre de Jacobo, fue el primer dominicano que llegó a Costa Rica. Militante en esos años de la sección costarricense del Partido Revolucionario Cubano, fundado por Martí en 1892 para luchar por la Independencia de Cuba y Puerto Rico, lucha que se libraba en esa década, estando en las dos visitas que tuvo Martí a Costa Rica.

La guerra civil de 1948 arrolló a la familia. Yo tenía dos años. Mi padre, que era dirigente estudiantil vanguardista, junto con Álvaro Montero Vega, en la Universidad de Costa Rica que empezaba a dar sus primeros pasos, fue obligado a salir del país. Mamá, por razones económicas y problemas de salud que tuve a los dos años no pudo seguirlo. Terminaron divorciándose. El, en Venezuela, se volvió a casar y me dio seis hermanos.

El ejemplo de mi madre, trabajadora, estudiosa, hasta graduarse de Microbióloga y gran lectora hasta sus días de muerte a los 82 años, me marcaron profundamente. Por el trabajo y el estudio de mi madre tuve que pasar bastante tiempo con mi abuelita materna.

De la guerra civil, el núcleo fundamental de mi familia materna se mantuvo en el caldero-comunismo, y mi madre se mantuvo en el comunismo militante, en el vanguardismo.

Otra parte de la familia se fue con el figuerismo y el liberacionismo que surgía en 1951. Esta situación me mantuvo en el respeto a los miembros de la familia que no pensaban como nosotros, los caldero-comunistas. La familia, por su parte, igualmente reaccionaba con sus distintos miembros, lo que hizo que la Familia Rodríguez, y los De Lemos Rodríguez, se mantuviera compacta, independientemente de con quien se simpatizaba o militaba en el campo político partidario, desarrollándose lazos solidarios importantes, pero respetando siempre las opiniones y decisiones políticas de los distintos familiares.

Ambas abuelitas buenas pintoras, ADN que han heredado mis nietos y nietas. Mi abuelita Ofelia, nieta del gran imaginero del siglo XIX Lico Rodríguez.

Así, el marco de mi formación fue de Libertad, de Respeto a las diversidades de pensamiento. De tolerancia y de enseñar, desde la temprana edad, estos valores, que se fortalecían con la libertad de opinar en y dentro de la Familia, con el respeto a las ideas propias de cada miembro. Así, a los 12 años, en 1958, apoyé a Mario Echandi, a quien se apoyaba por las fuerzas anti liberacionistas, en su candidatura contra Francisco Orlich. Desfilaba en bicicleta con un rótulo que decía: “La oposición triunfará”, y triunfó.

En la campaña electoral de 1961-1962, bajo circunstancias especiales, se facilitó la participación del Partido Acción Democrática Popular, que postulaba a Enrique Obregón Valverde, que en ese momento se acaba de retirar de Liberación Nacional, partido al que luego regresó. Obregón enfrentó a Orlich en su segunda oportunidad, en la que triunfó. Apoyé junto a mi familia materna, a mis 16 años, todavía menor de edad, a Obregón, y participaba de la Sociedad de Amigos de la Revolución Cubana, desde que se fundó en 1960.

Así, desde mi niñez y adolescencia, como menor de edad, participaba de la vida política y electoral del país. Igual eran mis amigos de infancia y de esa temprana juventud.

Así educamos a mis hijos, respetándoles sus individualidades, sus valores políticos, y ellos respetando mis posiciones y actuaciones políticas, aun cuando no fueran militantes activos de mis tiendas políticas o electorales, pero apoyaron mis candidaturas presidenciales. Nunca se les forzó a seguir posiciones políticas, pero no se les ocultó lo que pensábamos políticamente. Aprendieron a respetarlas. Los valores humanistas eran más importantes en su formación. La presión familiar sobre ellos recaía en el estudio, los idiomas, el deporte y los aspectos culturales.

Mis nietos, todos, menos uno, son menores de 15 años, van en esa dirección de respeto total a sus inclinaciones de pensamiento, inquietudes culturales, fortaleciéndose en el estudio, el deporte (natación de piscina y de aguas abiertas, gimnasia, fútbol, tenis, corredores de pista, bici), las artes (pintura) y la cultura musical (piano, violín, batería), canto y teatro. Mantienen una maravillosa relación con éste su Abuelo, que al decir de uno de los menores nietos, es el “alcahueta más grande del mundo”, por las concesiones y apoyos que les hace, especialmente en comidas y gustos culinarios, por las negociaciones que sabe hacer frente a las disposiciones de sus padres, sin hacerlos perder la autoridad paternal.

Todos acostumbrados a decir lo que piensan, a defender sus posiciones, a reclamar sus derechos si los sienten amenazados. Todos han aprendido a negociar con sus padres. Especialmente, todos acostumbrados a decir la verdad, a no mentir, a pedir permiso cuando deben hacerlo, a aceptar decisiones de sus padres cuando les marcan reglas de comportamiento o de trato social, de manera inteligente y razonada, a dar las gracias siempre que son atendidos, a colaborar en las tareas domésticas, y a estimularlos en la preparación de los alimentos que van a consumir, desde la compra hasta la cocina, con igual respeto con quienes trabajan en sus casas. Especial atención de ellos es el trato a los mayores de edad, a su abuelos y tíos, que casi todos los tienen vivos…todavía.

Esos fueron los factores democráticos, entre otros valores, en que fui criado, educado y formado, y que sigo manteniendo.

A mí me alteró profundamente ver al presidente de la República que no respetara la opinión de una niña, hija del candidato presidencial Álvaro Ramos, cuando le fue adversa, cuando opinó negativamente de él. Lo que me sorprendió fue la reacción de miedo que le tuvo a esa niña. ¿Qué esperaba políticamente? Lo mínimo, la identificación de la niña con su padre el candidato, contra el presidente a quien se le acusa de “autoritario”, que quiere mantenerse arbitrariamente en el gobierno, que trata de impulsar una estructura dictatorial de gobierno, que quiere acabar con la democracia nacional.

En las campañas electorales se acostumbraba, y se sigue haciendo, el de organizar jóvenes, de las familias de los simpatizantes y activistas de cada partido para que el día de las elecciones estén en los centros de votación, participando activamente a favor de sus candidatos, y para servir de guías de los electores a las mesas de votación.

En las escuelas y colegios hay elecciones estudiantiles, de infantes, de menores de edad. Incluso hay regulaciones electorales, de estos procesos estudiantiles, al amparo del Tribunal Supremo de Elecciones.

Obviamente los hijos de los candidatos a cualquier puesto de elección popular están más identificados con sus parientes candidatos, y con los partidos de ellos.

¿Qué se puede esperar de hijos de candidatos a la Presidencia, como la hija del candidato Álvaro Ramos? Lo mínimo, identificación con su padre candidato, con lo que él piensa y con lo que se dice de sus principales contrincantes y de lo que se critica del gobierno, y del presidente de turno, sobre todo si se tienen todas las características de un déspota, un tirano, un dictador, un ser absolutamente autoritario.

¿Qué se puede pensar del presidente que actúa violentamente contra lo que dice una niña de él? ¿Y que se puede pensar de un presidente que ante manifestaciones políticas de una niña le echa encima a ella y su familia toda la institucionalidad del Estado, pidiendo represión contra ellos?

Lo mínimo que se puede pensar es que a su familia, la del presidente, la trata violentamente, sin ningún respeto, imponiéndoles a la fuerza sus opiniones, sin permitirles ningún tipo de libertad de pensamiento. Podemos entender por ello el descalabro que la educación nacional ha tenido en este gobierno.

Si alguien se debiera investigar en sus relaciones familiares y parentales es al presidente de la República, si él quiere ser el prototipo de los costarricenses. ¿Cuál es la imagen que el presidente proyecta en estas materias? La del machista, la del abusador, la del negacionista de derechos, la del dictador esposo, la del tirano padre, la del presidente macho cabrío despidiendo el olor hircino para marcar constantemente su territorio…en su casa, en la Casa Presidencial, que la de todos los costarricense, y en todo el territorio nacional…

La reacción que ha tenido el presidente no es solo contra esa niña. Es contra todos los niños de Costa Rica, sin entender cuál es la situación real y actual de la niñez costarricense. Sin entender que los niños son personas, que se les educa para ser ciudadanos en el futuro no muy lejano para ellos. Sin entender que hoy los niños se educan con criterios más amplios respetándolos como personas pequeñas, con sus propios derechos y libertades.

A la niña del candidato Ramos hay que destacarla. Es un ejemplo para la niñez y los jóvenes, pero también para padres de familia y educadores.

Los indecisos: El actor silencioso que decide las elecciones 2026 en Costa Rica

Luis Gilberto Martínez Sandoval

MBA Lic. Bach. Luis G Martínez Sandoval
Académico Universitario Titular
Carreras Comercio Exterior, Administración Aduanera
Sede Central UTN www.utn.ac.cr
Especialista en Relaciones Económicas y Políticas Internacionales,
MBA Administrador de Empresas énfasis Mercados Globales y Negocios Internacionales.
Ex Funcionario Banco Mundial IFC – Ecuador- y, América Latina,
Dirigente Sindical, Escritor, Científico Social

William Barrantes Sáenz

William Barrantes Sáenz. Economista.
MBA Universidad del Estado de Kansas USA.
Ex Gerente General y Presidente Ejecutivo del CNP,
Ex Director Administrativo del MAG
Ex Gerente del Ministerio de Transformación del Estado.
Empresario CEO de la empresa WB y Asociados SA.
Asesor, consultor y docente.
Presidente de la (AZEEPC) (AREDE)
Agencias para el desarrollo económico local de la Región Pacifico

I

En cada proceso electoral costarricense hay un protagonista, en los ultimos tres periodos, que no aparece en papeletas ni encabeza mitines, pero que termina definiendo el rumbo del país: los indecisos. Se trata de un sector amplio de ciudadanía que, aun teniendo derecho al voto, no ha definido su preferencia politica, no quiere ser identificado, o no se siente representado por ninguna opción partidaria. Lejos de ser apáticos, los indecisos son, en muchos casos, votantes críticos, informados y exigentes.

II

Es un porcentaje que inclina la balanza. Diversos estudios y encuestas han mostrado que en Costa Rica los indecisos pueden representar: entre 30% y un 45% del electorado antes de que inicie formalmente la campaña. Entre un 20% y un 30% en las semanas previas a la elección. Un grupo no menor que define su voto el mismo día. Este comportamiento explica por qué el país ha experimentado: alta fragmentación del voto, repetidas segundas rondas presidenciales, cambios drásticos entre encuestas y resultados finales.

III

¿Quiénes son los indecisos? No responden a un solo perfil. Incluyen jóvenes, personas adultas y adultos mayores; trabajadores del sector público y privado; habitantes urbanos y rurales. Sin embargo, comparten algunas percepciones comunes: desconfianza hacia los partidos tradicionales, cansancio ante promesas incumplidas y escándalos de corrupción, preferencia por evaluar personas y propuestas, no colores políticos, rechazo a los discursos extremos y confrontativos. Para este sector, la credibilidad pesa más que la retórica.

IV

El rol de los indecisos en la última semana antes de las elecciones ha sido, de facto, una de las variables estructurales más importantes para explicar por qué en Costa Rica se ha tendido a segunda ronda en las últimas tres elecciones presidenciales. La gran proporción de votantes que decide su voto tardíamente (o no lo hace visible), introduce volatilidad en las encuestas finales, hace impredecibles los resultados de primera vuelta y hace que el umbral del 40 % sea difícil de alcanzar sin un movimiento masivo y tardío de apoyo electoral, lo cual pone a algunos candidatos a perder el sueño en esos últimos días de la elección.

V

Los indecisos, son un desafío para la democracia y representan un reto para los partidos políticos, pero también una oportunidad. Obligan a mejorar el debate, a presentar propuestas claras y a reconectar con una ciudadanía que exige resultados y coherencia.

VI

En una democracia madura como la costarricense -75 años -, los indecisos no son un problema, sino una señal de que la ciudadanía piensa, cuestiona y decide con cautela. Ignorarlos es perder una elección; escucharlos, puede ser la clave para entender al país y ganar la elección. Veremos los resultados este primer domingo de febrero de 2026.

Cuando proteger se convierte en censurar: el riesgo de silenciar la voz de una niña en nombre del interés superior

Por Virginia Murillo Herrera
Presidenta ejecutiva
Defensa de Niñas y Niños Internacional – Costa Rica

El principio del interés superior de la persona menor de edad ha sido una conquista histórica. Es quizás uno de los principios más complejos en su aplicación porque puede pecarse al actuar en su nombre, desde una mirada adultista y adultocéntrica. Costa Rica ha acogido este principio al ratificar la Convención sobre los Derechos del Niño, lo que ha permitido avanzar hacia un enfoque de derechos, superar la vieja doctrina de la “situación irregular”.

La nueva doctrina de Protección Integral viene a reconocer a niñas, niños y adolescentes como sujetos plenos, con voz, criterio y capacidad de participar como actor social y político al tener el derecho de opinar sobre los asuntos que les interesen y les afecten. Ellos y ellas son reconocidos como personas con derechos, con capacidad de opinar, participar, ser parte y sentirse parte dentro de su familia, su comunidad y la sociedad en general.

Por eso preocupa profundamente que, en pleno siglo XXI, una institución rectora como el Patronato Nacional de la Infancia (PANI) recurra a ese mismo principio para justificar una acción que, lejos de proteger, censura, expone y vulnera a la niña que dice defender.

La apertura de una investigación porque la hija de un candidato presidencial expresó públicamente su opinión sobre la situación del país y del gobierno actual no solo es desproporcionada: es un retroceso conceptual y ético. Es volver a una visión paternalista donde la niñez debe ser callada “por su propio bien”, como si opinar fuera un riesgo y no un derecho.

La libertad de expresión es un derecho de las niñas, niños y adolescentes

La Convención sobre los Derechos del Niño es clara: niñas, niños y adolescentes tienen derecho a expresar libremente su opinión, a ser escuchados y participar en los asuntos que les afectan. La política pública, la situación del país, el clima social, político y económico, la educación, el acceso a servicios básicos, las violencias, la seguridad y el bienestar colectivo les afectan directamente.

No hay nada más legítimo que una niña que, acompañada por su familia, expresa lo que piensa sobre el país en el que vive.

¿Acaso no vemos todos los días a niñas y niños leyendo discursos escritos por personas adultas en actos cívicos?
¿No se les entrevista en el primer día de clases, en festividades, en actividades deportivas o culturales?
¿No se les invita a opinar cuando sus palabras resultan “tiernas”, “decorativas” o políticamente inocuas?

Sin embargo, cada vez es más frecuente ver cómo personas menores de edad organizadas hablan, proponen y hacen incidencia para que las personas tomadoras de decisión les escuchen y les tomen en cuenta con seriedad. ¿Por qué entonces se cuestiona su derecho a opinar solo cuando lo que dicen incomoda?

Aprender mirando no significa repetir sin conciencia

Es cierto que niñas, niños y adolescentes aprenden observando, escuchando y repitiendo. Así funciona el desarrollo humano. Pero aprender por observación no significa ausencia de criterio. No significa falta de conciencia. No significa incapacidad para comprender lo que viven.

La evidencia internacional muestra que, desde edades tempranas, niñas y niños desarrollan pensamiento crítico, capacidad de análisis y comprensión de su entorno. Pueden identificar injusticias, expresar desacuerdos, formular preguntas y construir opiniones propias.

Reducir su voz a un simple eco de las personas adultas es desconocer su autonomía progresiva y su capacidad de comprender el mundo que habitan.

Por otro lado, no menos importante, es necesario señalar que el acompañamiento familiar no es un delito. En este caso, la niña se expresó con el consentimiento y acompañamiento de su familia, como ocurre en miles de situaciones cotidianas.

No se cuestiona cuando una madre o un padre autoriza que su hija participe en un concurso, en una entrevista escolar o en un acto público. ¿Por qué habría de cuestionarse cuando la opinión de la niña se refiere a la realidad nacional?

La intervención del PANI no solo desconoce el rol protector de la familia, sino que envía un mensaje peligroso: que la niñez debe callar cuando su opinión toca temas “sensibles”. Ese mensaje contradice décadas de avances en participación de niñas, niños y adolescentes y en el ejercicio de la ciudadanía.

El adultocentrismo disfrazado de protección

La actuación del PANI revela un patrón conocido: el temor de la persona adulta ante la opinión de las personas menores de edad. Cuando una niña expresa un pensamiento crítico, informado y propio, la reacción institucional no debería ser silenciarla, sino reconocerla, apoyarla y potenciar espacios para ser escuchada y tomada en cuenta.

La protección no puede convertirse en un mecanismo para controlar la voz de niñas, niños y adolescentes, ni mucho menos para intervenir en un contexto electoral.

El argumento de que se actúa “en aras del interés superior” pierde legitimidad cuando la propia institución sobreexpone a la niña, la coloca en el centro de un debate nacional y la convierte en objeto de escrutinio público. Lo que pudo haber sido una opinión más en el espacio democrático se transformó, por decisión institucional, en un escándalo mediático que la niña no provocó.

Un país con poca educación político-partidista no puede darse el lujo de censurar

Costa Rica tiene una larga tradición democrática, pero una escasa cultura político-partidista desde edades tempranas. No existe un espacio sistemático donde niñas, niños y adolescentes aprendan sobre ideologías, diferencias programáticas, historia política o participación ciudadana.

En un país donde no se enseña a pensar políticamente, sino a evitar el tema, la censura institucional no solo es injustificada: es contraproducente.

El desafío es educativo: formar pensamiento crítico, autonomía de criterio y capacidad de discernimiento, no impedir que las niñas, niños y adolescentes opinen. La democracia se fortalece cuando se enseña a participar, no cuando se castiga la participación. Por eso, “participando se aprende a participar”, “Participando se ejerce la democracia” y “Participando se ejerce la ciudadanía”.

El riesgo de volver a la “situación irregular”

La doctrina de la situación irregular consideraba a niñas, niños y adolescentes como objeto de tutela, incapaces de opinar, decidir o participar. Costa Rica superó esa visión hace más de treinta años.

Sin embargo, acciones como esta recuerdan que el retroceso siempre es posible si no se vigila el uso —y abuso— del principio del interés superior. Este no puede ser un comodín para justificar decisiones arbitrarias ni un instrumento para limitar derechos. Su función es orientar políticas que amplíen libertades, no que las restrinjan.

La verdadera protección es garantizar la voz, no silenciarla

La pregunta que deberíamos hacernos no es si una niña, un niño o una persona adolescente puede opinar sobre el país. La pregunta es: ¿cómo se siente esa niña cuando la institución encargada de protegerla la expone públicamente, la investiga y la convierte en objeto de debate nacional?

La protección auténtica escucha, acompaña, respeta y reconoce. No censura. No castiga. No instrumentaliza.

La ciudadanía de niñas, niños y adolescentes existe, nos guste o no su opinión

En DNI Costa Rica hemos insistido en que la ciudadanía no empieza a los 18 años. Ni es solamente cuando se ejerce el voto a esa edad.

Niñas, niños y adolescentes ejercen ciudadanía todos los días: opinan, participan, cuestionan, proponen. No votan, pero viven las consecuencias de las decisiones políticas. Por eso su voz es legítima y necesaria. La democracia se fortalece cuando más personas participan, no cuando se les silencia. Y la niñez no es la excepción.

Hacia una estrategia nacional de participación infantil y adolescente

Desde DNI Costa Rica hemos insistido durante años en la necesidad de una estrategia nacional de participación de niñas, niños y adolescentes, especialmente en lo relativo a su presencia en espacios públicos. No basta con reconocer su derecho a opinar: hay que crear las condiciones para que esa participación sea segura, respetuosa, formativa y efectiva.

Hemos impulsado espacios de diálogo con amplia participación de niñas, niños y adolescentes. Recientemente realizamos una consulta que recoge cómo viven la participación y cómo desean que se promueva. Sus aportes son claros, profundos y orientadores¹.

Deseamos presentar al Consejo Nacional de Niñez y Adolescencia los resultados y la propuesta construida con la voz de las propias personas menores de edad. Costa Rica necesita una política pública que no tema a la opinión de las personas menores de edad, sino que la reconozca como un pilar democrático y como aliadas y aliados estratégicos, como ciudadanos y ciudadanas que son.

La voz de una niña no amenaza la democracia. Lo que la amenaza es que las instituciones encargadas de protegerla decidan callarla.

“Las niñas y los niños no son el problema, están en problemas”

Como país estamos en peligro. Cuando la democracia se debilita, cuando la libertad de expresión se restringe y cuando la garantía de los derechos humanos se retrocede y debilita, no solo peligra la institucionalidad: peligra la vida cotidiana de quienes más dependen de ella.

Es igualmente cierto afirmar que “las niñas y los niños no son el problema, están en problemas”. La situación actual de muchas niñas, niños y adolescentes en Costa Rica dista de ser la deseada. No son una minoría: representan más del 30 % de la población nacional, y una parte significativa vive en condiciones precarias, en riesgo y en vulneración de derechos.

El quehacer de la institucionalidad pública no es censurar ni castigar, sino garantizar derechos sin discriminación y crear oportunidades reales. Es invertir de manera correcta y suficiente para hacer realidad los derechos humanos y permitir que se ejerzan y gocen plenamente sin discriminación alguna.

Por todo lo anterior, hacemos un llamado a concentrarnos en lo esencial: el desarrollo integral de las personas menores de edad y el fortalecimiento de una institucionalidad que garantice condiciones dignas para ellas y sus familias. Esa es la verdadera protección y ese debe ser el norte ético de toda democracia que aspire a llamarse justa.

Defensa de Niñas y Niños – Internacional, DNI Costa Rica es una organización con 31 años de trabajo sistemático, independiente, apartidista y aconfesional, dedicada a la defensa de los derechos humanos de niñas, niños y adolescentes.

¡Aunque solo somos dos!

Rafael A. Ugalde Q.*

Me sentiría un tío asqueroso frente a ti, sobrino, que tanto rebatimos a tu maestra cuando nos sacaba el cuento de la “Hispanidad”, aprobando ahora con mi silencio el reclamo de quienes dicen ser los verdaderos dueños del “Reventazón”, el “Térraba” y el “Tempisque”, de las “Cumbres del Ventisqueros”, las minas de “Arancibia”, “Crucitas” o “Tres Amigos”.

No porque haya odio en el corazón para quienes quieren enviar contingentes de la Policía Europea hasta el Puerto de Moín, o porque una noche aparecieron como dueños absolutos de nuestro Caribe. Tampoco porque, unos primero, y otros después, variaron los diversos modos de piraterías. No tiene sentido ya preguntarse quién enseñó a quién.

No es solo por eso. Es porque ellos nos comen de envidia. Quisieran tener Patria y hasta morir por ella, pero lo que ellos llaman patria está donde tienen su capital y mejor paguen intereses. Ellos no tienen conciencia; tienen en su lugar el reflejo condicionado del tintineo del dinero, del lucro sin control y la apropiación del trabajo ajeno.

Ellos sueñan con ser internacionalistas, se uniforman, gritan vivas, pero sus ilusiones ruedan por el suelo cuando el capitalista, sea pirata de viejo o nuevo cuño, o “demócrata” reclutado por Banderas, Franco, Von der Leyen, Hitler, Trump, Kast, Milei, Narco Rubio, Boric o Mussolini, hacen la misma pregunta que ya está incrustada en su podrido ADN: ¿Cuánto me van a pagar?

No comprenderán jamás que en un internacionalista hay siempre un patriota sin hora ni día en el calendario, marcado únicamente por el respiro corto o prolongado del imperialismo en sus diversas formas de presentación: sea con barrotes de oro o simplemente se trata de la correa de nylon, oro o plata. Por el otro lado, en ese mismo internacionalista, brilla un soberanista; pues una nación con solo un par de siervos menguados no merece considerarse soberana. Lo menos que puede hacerse es dejar constancia por escrito: no soy siervo menguado.

El apego a su propio lucro, a sus propias suntuosidades, jamás permitirá a ellos llegar a un país desconocido y decir acá estoy y qué lugar me toca defender, llámese Nicaragua, Cuba, Venezuela, México, Haití, Panamá o Puerto Rico etc., al fin y al cabo, hasta donde acordamos a la hora de resumir esta conversa de Navidad, rebatiríamos siempre a la maestra, a las maestras tuyas, diciéndole que los pueblos no habían inventado las fronteras.

Dijimos sus “propias suntuosidades”, que a corto plazo es el proyecto en pleno desarrollo de estos fascistas “demócratas” patentizado en Chile para ponerlo en marcha en las próximas elecciones en Costa Rica, Colombia y Brasil.

Se trata, pues, mediante el miedo, la psicología de laboratorio y la guerra irregular inalámbrica, hacer perder a la persona su identidad como asalariado, respecto a los intereses superiores de la mayoría; presentando su individualidad como si fuera la más trascendental de la sociedad.

Una vez lograda este desclasamiento del trabajador, sobre lo cual siempre puso la mira el capitalismo y redobló toda clase de esfuerzos cuando aprendió a usurpar, a despojar pueblos, a financiar progresismos risueños, sindicatos blancos, políticos arrastrados etc., era hacernos creer así, que el fracaso no es del modelo vampiresco, sino de un Estado acalambrado, como si históricamente éste no hubiera estado al servicio de quienes roban pero no les gusta los llamen la ladrones, evaden impuestos pero se enferman moralmente, aparecen con cánceres terminales, gastritis crónicas etc., con solo pensar en el sufrimiento que provocarán en nuestra ejemplar familia esos datos desde ya calificados de falsos. Es su verdad y no se rebate.

De esta manera, apartados de la clase en que siempre debieron estar, pues no son dueños de los medios de producción, muchas veces ayudados por una o varias izquierdas anquilosadas, este sujeto venderá la idea de que su éxito individual obedece a su propio esfuerzo.

Somos pobres, tengo decenas de estos argumentos en mi correo, que me obligan horas de aclaraciones porque esto sí no se los dejo pasar, por falta de esfuerzo propio, por no tener un título profesional, vivir en la León XIII, por no tener un gobierno fuerte contra los haraganes y comunistas que todo lo que tocan lo arruinan, pasan culpándose de sus calamidades, ocultando olímpicamente al autor material.

Es una idiotez completa producto del desclasamiento capitalista del que la pobre es víctima, porque solo el socialismo es capaz de devolver el valor humano a la persona, por encima incluso de la suntuosidad del Mercedes Benz, el precio del yate de lujo y el apartamento de $ 1 millón.

Es el mundo al revés. Las mentiras del sistema convertidas en verdad, gracias a dicho proceso de desclasamiento, como obra cumbre iniciada por los “Chicago Boys”, en la década de los 80s.

Así, cuando el presidente que eligieron los costarricense, Rodrigo Chaves Robles, se ventea la boca atacando a Nicaragua, Cuba y Venezuela, su retórica enmarcada en este proceso de desclasamiento va dirigida exactamente hacia los jóvenes y los viejos, convencidos ya por décadas de que su éxito está marcado por el individualismo, la posibilidad de calcar cómo el de la par llegó a la suntuosidad, el amigo ya es juez o becado, en fin: el mundo se hizo para los vivillos.

No permite fijarse que quien llama a anteponer el egoísmo para ser pronto un desclasado pertenece a este grupo por méritos propios, y como tal, tiene toda la autoridad para indicarles que en la vida todo se mide entre gastos y ganancia.

Él, precisamente, como jefe de los desclasados, le tocó el gran honor de cerrar este ciclo en 2026, como un proceso dolorosísimo iniciado a principios de 1980, gústenos o no, por alguna gente irresponsable de Liberación Nacional, Socialcristianos, el revoltijo ese que resultó de pequeña y mediana burguesía llamado PAC.

La etapa de un mayor desclasamiento está por llegar y no importa a quien elijan en febrero, a juzgar por sus programas, quedará sellada por lo menos hasta 2050, pues a juzgar por el vagón al que todos se subieron éste va sin curvas y sin freno algún, salvo que aparezca algún riel suelto que suele ocurrir cada muerte de obispo.

Es de bajeza total, de una halitosis soportable solo por no haber enjuague ideal, acudir al socialismo por parte de estos desclasados para meter miedo, cuando es el camino socialista escogido por Cuba, Nicaragua, Venezuela, Burkina Faso o donde surja, éste nunca ha fracasado y con dignidad y valentía se ha impuesto al imperialismo, sus oligarquías y sus pasacalles reformistas.

Y se necesita tener un aliento de letrina para ventearse la boca con los esfuerzos de esos pueblos por demostrarnos que la dignidad de las personas no tiene precio.

Sus pueblos saben hacia donde van, a pesar de que desclasados, los miserables de adentro y afuera, al no tener otra patria que su dinero, quieren que veamos normal cómo muchos se desplazan de rodillas.

Bloqueada comercial y financieramente, a un costo de $ 2 millones diarios de pérdidas, Cuba no ha dejado de ser solidaria con ningún pueblo del mundo. Esa estatura moral no la tiene ningún desclasado, por más dinero que haya ganado en su corta o larga vida en el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional ni en ningún Banco Central.

Ningún país en áfrica como Burkina Faso apostó a su innovación tecnológica aplicada a su agricultura para mejorar la vida de quienes hace menos de una década era una escoria negra. No fue fácil. El imperialismo viejo y el actual organizaron golpes de Estado, levantamiento de supuestos perjudicados, pero el pueblo desafió el miedo, las amenazas y ganó.

En Venezuela, el Banco Mundial dejó de ordenar qué sembraban sus campesinos o a quién comprar las semillas, pues ahora se autoabastece entre un 90 y 100 %, luego de soberanamente decidir qué biotecnología es la que requería su agroindustria.

Sin pretender convencerlo, señor presidente Chaves, solo para que pueda desmentirme, hago llegar a usted respetuosamente algunos datos sobre cómo se abaratan los precios de los medicamentos en Nicaragua (produciendo soberanamente éstos) y cómo la seguridad social retorno a quienes siempre perteneció; es decir todos aquellos que son quienes no tienen acceso a la medicina y a los hospitales privados.

La producción farmacéutica de alta tecnología, como vacunas contra el cáncer, destacando los medicamentos biológicos, con transferencia de tecnología avanzada, aplicable en el campo oncológico, está todo encaminado s la autosuficiencia y al acceso a tratamientos innovadores en el plano regional.

Pero en toda buena noticia hay una mala para alguien; y esta recayó, lamentablemente, sobre esa sarta de babosos domesticados, según los cuales ellos son la cabeza visible de una especie de “capitalismo bueno” (es reformismo puro de quítate que me toca a mí, chineado por el imperialismo), detractores además “de la cruel dictadura de Ortega” Quienes se enriquecían con la enfermedad y el dolor humano, no quiero desanimarlos, pero me temo, no volverán a gobernar Nicaragua ni controlarán más los hospitales.

La seguridad social está ahora en manos del pueblo, así de simple y en sus diversas expresiones de organización y articulación, pues solo de este modo, en 2025, Nicaragua inauguró el Hospital Héroes de las Segovias en Ocotal y el Hospital Escuela Dr. Óscar Danilo Rosales en León, este último es el más grande de Centroamérica, tal vez el de Cartago le gane pronto.

Y ya empezó la tramitología para construir los hospitales regionales en Granada y Masaya, así como un oncológico en Managua. Todos dotados de quirófanos, especialistas requeridos instrumental médico completo, personal auxiliar y centros radiológicos; se acabó el negocio de que después entregamos lo que falta.

El capitalismo apuesta a estos desclasados, cuyo único éxito es el triunfo individual. aunque para ello tengan que empeñar la madre que los trajo al mundo.

Por eso, no conocen de soberanía, ni de internacionalismo ni autodeterminación de los pueblos. Y aunque a veces algunos de ellos se arriman y quisiera saber cómo es eso tan raro de luchar por quien ni siquiera conoces, por quien tiraron a la calle como un perro, o por el niño o niña que no tiene “interés superior del menor” porque sí no lleva plata a casa no come, aunque en sus adentros no renuncia a saltar, reír y ser feliz como derecho en letras, en lugar de vestirse de gala, dejar guardado un rato sus viejos chuicas y decir de memoria un aburrido discurso que ni entendió.

Socialismo o muerte
Fuera imperialistas del Caribe.
No queremos piratas en Moín.
Soberanía si… de rodillas nunca.

*Miembro del Comité Bolivariano de Solidaridad Yamileth López.

Noche de paz… bienvenida la veda electoral

Vilma Leandro Zúñiga

Ha sido un año difícil, con pocas alegrías comunes, ni siquiera al Mundial clasificamos, con el agravante del papelón en la eliminatoria. Así que no ha sido un tiempo satisfactorio para nuestro país.

El hecho de que este sea un periodo preelectoral, en momentos de tanta crispación, es otro factor que aumenta la pesadez. No vale la pena hacer la lista de aspectos que nos afectan el ánimo, pues sería interminable.

Sin embargo, hay un factor que quiero destacar: los ánimos exaltados de diversos actores políticos. Los permanentes señalamientos, algunos de ellos incluso cruzan el nivel del respeto básico, han sido el “mantra” de cada día y nos han aturdido en un nivel que ya está generando un gran cansancio y desgaste mental y emocional entre una buena parte de la población.

Dimensión emocional de la política

Señalo esto porque trabajo en el ámbito de la salud mental y me preocupan profundamente los efectos que esta forma de hacer política en el país pueda tener en el estado de ánimo de las personas y, por lo tanto, en la vida familiar, comunitaria y nacional.

El síntoma más evidente es que los conflictos están a flor de piel, además de que los actos de violencia, casi de cualquier tipo, son cada vez más frecuentes, graves y crueles.

Partamos del principio de que la política hace la diferencia en la vida de la gente. Eso ha sido siempre así y en todos los países. Por ejemplo, en Finlandia la educación desde el preescolar hasta la secundaria es mayoritariamente pública, gratuita y financiada por el Estado. De sobra es conocido ese país por sus altos niveles de educación.

O, en el caso negativo, Perú tiene leyes que promueven la impunidad de crímenes de lesa humanidad cometidos por militares y terroristas durante sus conflictos armados internos, creando en ese país una continua crisis política. La política, en cuanto tiene que ver con toma de decisiones sobre la vida pública, nos afecta a todas las personas, nos involucremos o no en ella.

Salud mental como fenómeno social y político

La salud mental de una población no solo tiene que ver con ir a terapia, con tomar medicamentos o con hacer ejercicio. El asunto es más amplio y, si se quiere, más complicado que eso.

Diversos organismos internacionales, así como estudios científicos, revelan que existe lo que se llama “determinantes sociales de la salud mental”, entre los que están: la pobreza y la desigualdad social, el acceso a servicios de salud, los estilos de vida, el acceso a vivienda digna, la estabilidad laboral y lo que se conoce como “factores psicosociales”, que se relacionan con el tipo de relaciones interpersonales que se den en el contexto, los niveles de apoyo y cohesión social, entre otros.

Es decir, está comprobado que la salud mental de las personas no depende solo de los esfuerzos individuales de cada quien para mantenerse a flote a nivel mental y emocional, sino que existen aspectos más amplios y relacionados con las políticas públicas que se generen (o no) y que cumplen un papel decisivo.

El riesgo del odio como lógica política

Vuelvo al año difícil del inicio. Parece que no nos está yendo muy bien en cuanto a esos determinantes, especialmente, en lo que tiene que ver con el apoyo y la cohesión social.

Da la impresión de que hemos optado como sociedad por la política del odio y de la venganza (¿revanchismo político quizá?), porque, aunque nos parezca difícil de creer, el odio puede ser un proyecto político. A lo largo de la historia hemos visto como se han sostenido por muchos años regímenes políticos a punta de odio. El nazismo es un ejemplo emblemático.

El problema del odio como proyecto político es que no solo es un afecto o una emoción a nivel individual, sino que se generaliza y se convierte en un sentimiento social que termina, más tarde o más temprano, destruyendo todo el tejido social, a todo un país.

El odio es una especie de aire nocivo que impregna toda la vida social, donde todos perdemos, porque el “otro” ya no es visto como un adversario político que está en igualdad de condiciones, sino como un enemigo al que hay que destruir y eliminar.

Ese el principio del fin de la paz social, uno de nuestros sellos más preciados.

Apostar por la reconciliación para salvar el futuro

La Organización Mundial de la Salud sostiene que la fragmentación social debilita los lazos comunitarios y aísla a las personas. El clima cambiante y agitado de la polarización social produce estrés emocional y termina afectando hasta la vida económica de las sociedades.

Se sabe que es más difícil la paz que la guerra, la armonía que la bronca, pero es urgente que cambiemos el proyecto de venganza por el proyecto del futuro.

Necesitamos ofrecerle a nuestra niñez y juventud opciones potables no solo para su futuro, sino para su presente. Necesitamos recuperar nuestra calma, nuestra seguridad básica, nuestro equilibrio interno, capearnos las oleadas de “echar carbón” que intentan meternos, pues se sabe que cuando las personas están alteradas, pierden su capacidad de razonamiento, actuando de forma impulsiva. Nada positivo sale de eso.

“No hay pueblos condenados”, eso dice Diana Uribe, una destacada filósofa colombiana estudiosa de la historia de la humanidad. Apostemos, entonces, por la reconciliación, por la reparación del daño y por la esperanza. Vamos a necesitar muchas agallas, diálogo, humildad y compasión para eso.

Tal vez un buen inicio para atemperarnos sea respetar la veda electoral que inició el 16 de diciembre, según el Código Electoral, de manera que podamos tener una verdadera noche de paz y dejar el odio… porque llegó Navidad y porque el tiempo sigue y nos toca compartir un país al que la mayoría amamos y deseamos verlo prosperar.

Imagen: https://sociograma.net/cohesion/

Costa Rica se queda atrás en cobro de impuestos al tabaco, según estudio global

Comunicado

La IV Edición del Cuadro de Indicadores de Impuestos al Tabaco de Economics for Health (CI) se publicó esta semana y muestra que la mayoría de los gobiernos no están implementando las mejores prácticas en materia de impuestos al tabaco. En este contexto, Costa Rica se ha quedado también muy atrás a pesar de que la Asamblea Legislativa tiene en estudio el Proyecto de Ley 23.880 para la Responsabilidad Social del Consumo de Tabaco que busca aumentar los impuestos y facilitar su cobro.

El consumo de tabaco es una de las principales causas de muerte prevenible, y los impuestos al tabaco siguen siendo las herramientas más eficaces para reducir el consumo y aumentar la recaudación fiscal.

El CI muestra que la puntuación media mundial del impuesto al tabaco de 2024, de 2,01 de 4 puntos, no ha cambiado significativamente desde 2022, cuando era de 2,02. En un análisis más detallado, 54 de 171 países experimentaron un aumento en su puntuación general entre 2022 y 2024, mientras que 44 países experimentaron una disminución. En general, el desempeño de los impuestos al tabaco ha mejorado ligeramente en el período de 10 años desde 2014, cuando la puntuación media fue de 1,90.

Solo Reino Unido y Finlandia cobran bien los impuestos al tabaco

Solo dos países obtuvieron una puntuación general de 4 puntos o superior en 2024: el Reino Unido (Gran Bretaña e Irlanda del Norte) y Finlandia. Estos dos países implementan sistemas efectivos de impuestos al tabaco, aunque ambos se beneficiarían de una mayor reducción de la asequibilidad de los cigarrillos mediante un aumento constante de las tasas impositivas.

Únicamente hay 22 países con puntuación superior a 3: Bélgica, Filipinas, Nueva Zelanda, Australia, Lesoto, Ucrania, Países Bajos, Vanuatu, Chequia, Ecuador, Irlanda, Singapur, Eslovaquia, Turkmenistán, Dinamarca, Francia, Malasia, Malta, Mauricio, Seychelles, Canadá y Montenegro.

Cómo está Costa Rica en cobro de impuestos al tabaco

El país se encuentra en el rango donde están la gran mayoría de países entre 2 y 3 puntos. Pero más cerca de los que cobran menos impuestos con 2,25 puntos. Esta cifra es el promedio de: 3 puntos en precio, 0 puntos en cambio en la asequibilidad, 2 puntos en participación de los impuestos en el precio y 4 en estructura tributaria, como se muestra en la tabla de Puntuación general y de componentes del impuesto al cigarrillo por país del 2024:

En cuanto al análisis de los últimos 10 años, Costa Rica ha ido empeorando. Pasó de 3,13 en 2014 cuando recién se aprobó la Ley 9028 de control de tabaco, a un 2,13 en 2018, 2,00 en 2020, y un 2,25 en 2024, como se muestra en la tabla Puntuación general del impuesto al cigarrillo por país desde el 2014 al 2024:

Screenshot

Se debe reducir la asequibilidad global del tabaco

Los hallazgos de esta edición aumentan la preocupación sobre la asequibilidad de los cigarrillos en todo el mundo. Solo la región del Mediterráneo Oriental logró reducir la asequibilidad con el tiempo. En términos generales, los gobiernos no están aumentando los impuestos lo suficiente ni actualizándolos en función de la inflación y el crecimiento del ingreso real. Como resultado, la asequibilidad de los cigarrillos se mantiene constante e incluso aumenta en algunos países.

Aunque los precios promedio de los cigarrillos en 2024 aumentaron en todas las regiones, revirtiendo una tendencia a la baja desde 2022, este cambio se debe al aumento de precios de la industria, más que a las reformas fiscales. En consecuencia, son las empresas tabacaleras, no los gobiernos, quienes se apropian de estos ingresos como ganancias adicionales. Además, los precios en los países de bajos ingresos, donde las tabacaleras buscan expandir sus mercados, siguen bajando en promedio.

Se requieren estructuras tributarias más efectivas

El Cuadro de Indicadores también muestra que los gobiernos siguen optando por estructuras tributarias menos efectivas, como sistemas complejos y escalonados, o aquellos que se basan en impuestos ad valorem. La puntuación general promedio en este componente aumentó solo ligeramente desde 2022, y algunos países incluso han retrocedido. Las estructuras tributarias desfavorables socavan la efectividad de los aumentos de impuestos y pueden ser difíciles de administrar.

Los impuestos al tabaco siguen siendo una fuente desaprovechada de nuevos ingresos. A largo plazo, una tributación efectiva sobre los cigarrillos también puede reducir la presión sobre los sistemas de salud al mejorar la salud de la población, especialmente en los países de bajos ingresos, y aumentar la productividad económica.

Cómo se construye el Cuadro de Indicadores

El Cuadro de Indicadores del Impuesto al Cigarrillo de Economics for Health utiliza los datos del Informe bienal de la Organización Mundial de la Salud sobre la Epidemia Mundial de Tabaco, 2025 (RGTE), junto con información macroeconómica del Banco Mundial y otras fuentes, para evaluar el desempeño de los impuestos al cigarrillo en 171 países.

El Cuadro de Indicadores presenta cuatro componentes clave de los sistemas de impuestos al cigarrillo: precio del cigarrillo, cambio en la asequibilidad, participación de los impuestos en el precio y estructura tributaria, y describe oportunidades para que los gobiernos alineen sus políticas con las recomendaciones de mejores prácticas.

La Red Nacional Antitabaco, RENATA apoya el Proyecto de Ley 23.880 que se encuentra en la Asamblea Legislativa para facilitar y aumentar la recaudación fiscal de cigarrillos: https://www.rednacionalantitabaco.com/2025/09/19/sial23880/

El “paciente” está enfermo por el tratamiento

Juan Carlos Cruz, para SURCOS

En un texto reciente publicado en su perfil de Facebook, Carlos Francisco Echeverría analiza la elección y el ejercicio del poder de Rodrigo Chaves como expresión de un malestar social previo y profundo. Aunque Chaves ganó la presidencia con relativa facilidad, su victoria se apoyó más en el rechazo a un adversario desgastado que en propuestas propias. Ya en el gobierno, ha mantenido altos niveles de aprobación no por logros concretos, sino por convertir la presidencia en plataforma de una retórica de desprecio hacia la historia, las instituciones y la democracia costarricense.

Esa retórica conecta con una parte significativa de la sociedad frustrada por la creciente desigualdad y el deterioro de los servicios públicos. Según Echeverría, el “desprecio” funciona como válvula de escape para quienes se sienten abandonados por un sistema injusto. Costa Rica, sin embargo, ya era un “paciente” debilitado: el discurso presidencial no cura la enfermedad, sino que agrava el malestar y lo convierte en capital político, deteriorando el diálogo social.

El autor recurre a la metáfora de una enfermedad autoinmune para describir una sociedad que, obsesionada con sus errores y carencias, termina atacando también sus propios logros, virtudes e instituciones. Las próximas elecciones serán, en este sentido, una prueba de la salud cívica del país: podrían confirmar el avance de un clima autoritario y cínico, aunque también existe el antecedente de 2018, cuando el electorado reaccionó frente a una amenaza percibida a la convivencia democrática.

Echeverría subraya la urgencia de revisar a fondo el sistema que generó concentración de ingresos y deterioro de los servicios públicos. Sin correcciones estructurales serias, advierte, el país corre el riesgo de entrar en una fase terminal de demagogia y populismo autoritario, aunque todavía existe una ventana de oportunidad para evitarlo. Su tesis de fondo es clara: el chavismo es síntoma y acelerador de una crisis estructural, no su causa originaria. El verdadero dilema es si Costa Rica logrará corregir esa crisis antes de que el proceso autodestructivo se consolide.

Echeverría deja servida la mesa para una respuesta que no se quede en la superficie moral del “paciente enfermo”, sino que vaya al hueso estructural del problema. Lo que él describe como “sistema ineficiente e injusto” no es un accidente ni una desviación reciente: es el resultado de un viraje histórico profundo que Costa Rica emprendió desde finales de los años 80 y que hoy muestra sus consecuencias más crudas.

La invitación a “revisar a fondo el sistema que nos llevó hasta aquí” es indispensable, pero exige nombrar con claridad cuál fue ese sistema y cómo se instaló. Costa Rica no llegó a la actual concentración de la riqueza ni al deterioro de su Estado social por fatalidad ni por errores aislados: llegó por un proceso histórico de desmantelamiento progresivo del pacto social que había sostenido la movilidad social, la clase media amplia y las instituciones públicas fuertes.

Durante buena parte del siglo XX, el país combinó tres pilares que explicaban su excepcionalidad regional: un Estado social robusto, una estructura tributaria relativamente progresiva y un modelo de desarrollo orientado a la inclusión. Ese equilibrio comenzó a romperse con la crisis de la deuda en los años 80. Bajo presión de organismos financieros internacionales y élites económicas locales, Costa Rica adoptó un modelo neoliberal de apertura, desregulación y privatización parcial que tuvo tres efectos decisivos.

Primero, se debilitó la capacidad redistributiva del Estado. La estructura tributaria se volvió más regresiva: aumentó el peso de los impuestos indirectos, se multiplicaron exoneraciones a grandes capitales y zonas francas, y se redujo la carga sobre las rentas altas y el patrimonio. El resultado fue una transferencia silenciosa de riqueza hacia arriba.

Segundo, se fragmentó el mercado laboral. El empleo público dejó de ser motor de movilidad y el empleo privado se precarizó. La economía se dualizó: un sector moderno, exportador y altamente productivo, pero con poco encadenamiento, y un sector interno estancado, informal y mal remunerado. La desigualdad dejó de ser solo de ingresos: se volvió desigualdad de oportunidades, estabilidad y dignidad.

Tercero, se consolidó un modelo de crecimiento que no derrama. La inversión extranjera directa generó islas de prosperidad, pero no un desarrollo nacional integrado. El país creció, sí, pero creció para pocos. La clase media dejó de expandirse y comenzó a erosionarse. En síntesis, Costa Rica pasó de un modelo de movilidad social a uno de acumulación concentrada, donde el crecimiento económico dejó de traducirse en bienestar colectivo.

El deterioro de las instituciones del Estado social tampoco es producto de la incompetencia reciente, sino de un proceso de asfixia fiscal, política y simbólica que lleva décadas.

La asfixia fiscal ha sido deliberada: mientras se exigía al Estado hacer más, se le quitaban los recursos para hacerlo. La regla fiscal, las exoneraciones, la evasión y la elusión estructural han dejado a instituciones como la CCSS, el MEP o el IAFA sin capacidad de inversión, innovación o expansión. Un Estado sin recursos es un Estado condenado a fallar.

La privatización por desgaste siguió un patrón conocido: se deteriora el servicio público, la ciudadanía se frustra, se abre espacio para el discurso de “lo público no sirve” y así se legitima la privatización o la tercerización. Es un círculo vicioso que erosiona la legitimidad del Estado social.

A esto se suma la captura política y tecnocrática: las élites económicas lograron imponer una visión de país donde el Estado es visto como obstáculo y no como garante de derechos. Esa narrativa permeó medios, partidos y tecnocracias, produciendo un Estado administrado para no incomodar al poder económico.

Finalmente, el desgaste simbólico del pacto social ha sido profundo. La prédica presidencial actual —que desprecia instituciones, historia y democracia— no surge en el vacío. Es la fase aguda de un proceso largo de deslegitimación cultural del Estado social, que lo presenta como ineficiente, corrupto o anacrónico, mientras oculta los intereses que se benefician de su debilitamiento.

La conclusión es inevitable: el “paciente” no está enfermo por accidente, sino por tratamiento. Si Costa Rica parece hoy un paciente debilitado, es porque durante décadas se le aplicó un tratamiento que debilitó su sistema inmunológico (el Estado social), concentró la riqueza en pocas manos, precarizó a la mayoría y abrió la puerta a discursos autoritarios que se alimentan del malestar social.

Revisar el sistema implica revertir ese rumbo, no maquillarlo. Implica recuperar la capacidad redistributiva del Estado, reconstruir servicios públicos universales, democratizar la economía y devolverle a la ciudadanía la certeza de que el país puede ser nuevamente un espacio de movilidad, dignidad y esperanza.

Todavía estamos a tiempo. Pero solo si dejamos de tratar los síntomas y enfrentamos la enfermedad estructural.

Elecciones 2026: Las propuestas económicas también hablan de la vida cotidiana

Carlos Hernández Porras
Economía social y solidaria
carloscokomal.p@gmail.com

Cuando escucho las propuestas económicas de los partidos políticos, no puedo evitar pensar que no se trata solo de números, planes o discursos técnicos. Detrás de cada propuesta hay una forma concreta de ver la vida, el trabajo y a las personas. La economía, aunque a veces se presente como algo lejano, se vive todos los días: en el empleo que se consigue o no, en el salario que alcanza o no alcanza, en la seguridad de llegar a fin de mes.

Muchas de las propuestas actuales insisten en lo mismo de siempre: competitividad, atracción de inversión, infraestructura y seguridad como motores del desarrollo. Ese enfoque no es nuevo. Responde a un modelo que apuesta a que, si el país resulta atractivo para el capital, los beneficios eventualmente llegarán a todos. Sin embargo, desde la experiencia cotidiana, esa promesa no siempre se cumple.

He visto cómo la llamada competitividad beneficia sobre todo a ciertos sectores, mientras amplios territorios y comunidades siguen enfrentando precariedad, empleo informal y falta de oportunidades. Se habla mucho de crecimiento, pero poco de cómo se reparte ese crecimiento y de quiénes quedan fuera del camino.

Otro tema recurrente es la formalización laboral. Se plantea facilitar las condiciones para que las empresas se pongan al día, eliminando sanciones o flexibilizando requisitos. Aunque esto puede parecer razonable, deja intactas las causas profundas del problema: salarios insuficientes, inestabilidad laboral y un modelo económico que concentra la riqueza en pocas manos. Formalizar, sin cambiar esas condiciones, no mejora realmente la vida de las personas.

Algo similar ocurre con las pequeñas y medianas empresas. Se les ofrece acompañamiento para sobrevivir los primeros años, pero desde una lógica individual, como si cada quien tuviera que arreglárselas solo. En la práctica, muchas personas emprenden no por oportunidad, sino por necesidad, y enfrentan el mercado sin redes de apoyo reales ni solidaridad económica.

Desde mi vivencia, hace falta mirar la economía desde otro lugar. La economía solidaria propone algo distinto: cooperación en lugar de competencia extrema, redes comunitarias en lugar de aislamiento, y acuerdos sociales que pongan en el centro la dignidad del trabajo, el cuidado del ambiente y el bienestar colectivo. No es una idea abstracta; es algo que ya sucede en comunidades, cooperativas y organizaciones que resisten día a día.

Las propuestas económicas no son solo planes de gobierno. Son señales claras del tipo de país que se quiere construir. Por eso es importante preguntarnos si queremos seguir apostando por un modelo que deja a muchos atrás, o si estamos dispuestos a imaginar y construir una economía más humana, más justa y más cercana a la vida real de las personas.

De Infancia, colores y democracia

Glenm Gómez Álvarez
Sacerdote y periodista

Hubo un tiempo en Costa Rica en que, durante las elecciones, los niños nos sumábamos de lleno en el trajín electoral. Sabíamos que no íbamos a votar, pero participábamos con el mismo entusiasmo: algunos madrugábamos para ayudar como guías de mesa en la organización, otros andábamos con la respectiva camiseta bien puesta y la bandera al hombro. En aquel entonces, esos colores no activaban alertas ni ameritaban expediente alguno: eran juego, fiesta y —para sorpresa del presente— también identidad.

Las elecciones se vivían en la calle y en la casa. Íbamos con nuestros papás a los actos políticos, dábamos vueltas por el barrio luciendo el color y celebrábamos cuando en la esquina nos pitaba el carro si era del mismo bando. Aquello no era propaganda agresiva, sino un saludo: una seña rápida de pertenencia en una democracia que todavía se permitía disfrutarse. Y, por supuesto, no faltaba el amiguito “pancista” —así bautizábamos a la veleta del barrio—, el que siempre encontraba la camiseta correcta para cada momento. También eso se aprendía: que no todos jugaban con el mismo color hasta el final

En la familia se discutía. Cada quien defendía su color con entusiasmo, sin manuales de convivencia ni protocolos de protección. Nadie pensaba que esas peleas de sobremesa pudieran vulnerar derechos fundamentales. Ahí íbamos entendiendo, a punta de palabras y risas, que la democracia no es pensar igual, sino aprender a vivir con el desacuerdo.

Hoy, en cambio, la política se volvió sospechosa. El Patronato Nacional de la Infancia (PANI) abrió una investigación por la participación espontánea de la hija del candidato Álvaro Ramos en un acto público, acompañada por su papá y su mamá. Una chiquilla que habló con naturalidad pasó, de un momento a otro, a ser tratada como posible caso de riesgo institucional. No por abandono, no por violencia, sino por haber estado cerca de la política.

Conviene entonces ordenar el nuevo mapa mental. Si la política es peligrosa para los niños, habrá que revisar nuestras viejas costumbres democráticas: borrar las votaciones infantiles que se promueven como ejercicios cívicos, suspender las elecciones estudiantiles en escuelas y colegios, guardar las camisetas de colores, esconder banderas y papeletas de juguete. No vaya a ser que los chiquillos, sin saberlo, estén siendo inducidos en esa práctica dudosa llamada ciudadanía.

La democracia costarricense, al parecer, ya no se aprende en la esquina ni en la casa, sino en la distancia prudente y el silencio preventivo. Y así, bien protegidos de toda influencia, tal vez, algún día, los niños despierten a los 18 años con una vocación democrática pura, intacta y libre de toda contaminación. Mientras tanto, este país empieza a confundir cuidado con miedo y derechos con silencio.

Y cuando por fin los niños crezcan, quizá descubran que no se les privó de la política para protegerlos, sino de la democracia para administrarla mejor.

Encendamos alertas. ¡Qué no nos tomen desprevenidos!

Marielos Aguilar Hernández

A los costarricenses que dichosamente, no vivimos los oscuros días de la guerra civil de marzo y abril de 1948, nos puede resultar inconcebible que, en plena campaña electoral, la candidata del oficialismo Laura Fernández se atreva a anunciar la posibilidad de suspender las garantías individuales, con sus consecuentes medidas de represión contra la ciudadanía dada, según ella, la agudización del crimen organizado por el narcotráfico en nuestro país.

Pero no es tan difícil atar los cabos que explican semejante anuncio, el cual conlleva una amenaza mayor para las tradiciones de paz costarricense.

Ahora resulta claro que la estrecha amistad del presidente Rodrigo Chaves con su colega salvadoreño, el presidente Nayib Bukele, de claras tendencias fascistoides, y la firma de un reciente acuerdo en materia de seguridad nacional entre ambos, ha sido el antecedente inmediato que le está permitiendo a la candidata Laura Fernández fomentar, de manera descarnada, los peligros que hoy amenazan nuestra paz social. Ese acercamiento Chaves-Bukele ya le había encendido algunas alertas a la ciudadanía costarricense. Hoy, han comenzado a concretarse con el anuncio de una eventual suspensión de las garantías individuales en nuestro país.

Semejante anuncio se hace en un contexto de agudización de los conflictos entre el Poder Ejecutivo, por una parte, y los poderes Legislativo y Judicial, por la otra. Sumado a ello, aparecen las serias contradicciones que hoy enfrentan también al Tribunal Supremo de Elecciones con el presidente Rodrigo Chaves.

Lamentablemente, las fichas del actual tablero político nacional parecen acomodarse en el mismo sentido de la estrategia presidencial. Inicialmente, observamos una mano muy suave, por parte de este gobierno, con el crimen organizado por los barones del narcotráfico. Como consecuencia, se ha producido una expansión de las bandas del sicariato y de la venta de cocaína y otras sustancias, como nunca antes en la historia de nuestro país. De esta forma, las condiciones están dadas para anunciar el siguiente paso de la próxima presidencia: un incremento de las medidas represivas con el crimen organizado pero que, es de suponer, también conlleva una intencionalidad política, en el caso de que el oficialismo no logre concretar sus aspiraciones de triunfo en las elecciones próximas. Veámonos también en el espejo hondureño y en la directa intervención estadounidense en su reciente proceso electoral, el cual no termina de aclararse.

Todo esto se da en un momento internacional muy complejo. Haciendo nuestras las palabras de los líderes estudiantiles argentinos que sacaron adelante la gloriosa Reforma Universitaria de Córdoba en 1918, nos atrevemos a parafrasearlos: “Vivimos hoy una hora americana”.

Al comenzar a cerrarse la etapa de la mundialización, originada en la pasada década del ochenta, con la implosión del proyecto revolucionario de la antigua URSS, pareciera que se está fomentando un retorno, por parte de Estados Unidos, a la vieja Doctrina Monroe. La descarada intervención del presidente Donald Trump en el reciente proceso electoral en nuestra vecina Honduras, las amenazas de invasión militar en Venezuela y las confrontaciones con el gobierno colombiano de Gustavo Petro, son algunos de los ejemplos que nos hacen ver cómo los reflectores del poder imperial estadounidense vuelven a dirigirse, agresivamente, hacia nuestros países latinoamericanos.

Y Costa Rica no está exenta de semejantes amenazas. El interés del gobierno norteamericano de olfatear los movimientos legislativos que giran en torno a la posibilidad de quitarle la inmunidad al presidente Chaves, para que dé cuenta de su reiterada beligerancia política en el actual contexto electoral, no debe pasar desapercibido, todo lo contrario.

Hacemos un llamado a la conciencia ciudadana para estar atentos y atentas ante los eventos de la actual coyuntura nacional. ¡Qué no nos encuentren desprevenidos! La paz social es lo primero.