Los filibusteros nunca se fueron
Rafael A. Ugalde Q.*
Con Cuba hasta el último suspiro. Sin aspavientos, sin no otra ilusión que nuestros pueblos sean libres, coherentes en su decir y hacer, como decía Martí. Sin la vergüenza de que mañana algún atrevido nos cuente como estrella cincuenta y uno de la bandera del dios Baal, llena de rayas como espadas oliendo a sangre fresca de niños, mujeres y ancianos, no importa el país adonde llega y queda izada.
Ellos nunca se fueron, a pesar de que la dignidad de otros tiempos, el de esos viejos robles llamados abuelas y abuelos, los hicieron pagar caro su osadía. Los filibusteros siempre han estado allí desde 1856. No engañemos más a nadie negando lo evidente: siempre han estado con nosotros y con distintos trajes.
Llamemos las cosas sin palanganeos. Que no los hayamos visto por miopía o criminal comodidad, es otra cosa, por cierto, muy lamentable. Cuando los pueblos centroamericanos no aguantaban dos siglos de violencia instituida constitucionalmente, traducida en salarios miserables, del hambre deambulando por calles y avenidas, despojados de sus tierras ancestrales, violación a sus derechos humanos, el sombrero del mago apareció inesperadamente y realizó el gran “milagro”, claro, con el visto bueno de las barras y las estrellas.
Nos hicieron llegar un confite envenenado de un premio nobel de pacificación, en 1987. Entonces fue cuando a la tortilla le dieron vuelta definitivamente. Quienes habían sido víctimas de la violencia por décadas por parte de las élites, tanto en las ciudades como en los campos, resultaron ser los violentos históricos. Dicha bondad era tan grande si se declaraban culpables de la violencia que pronto tendrían educación gratuita, los salarios soñados, seguridad social, democracia, libertad etc., etc. ¿Habrá necesidad en profundizar sobre esta paz centroamericana?
La paz no es solamente ausencia de la guerra. La verdadera paz que añoran nuestros pueblos se construye todos los días de abajo hacia arriba, con plena soberanía, con independencia sometida a toda clase de pruebas, se levanta con autodeterminación y pleno respeto a las otras naciones, según el derecho internacional.
No es la paz de la llamada “Cumbre de las Américas” celebrada el pasado 7 de marzo en La Florida – con la honrosa ausencia de México, Cuba, Nicaragua, Brasil, Colombia y Venezuela – donde 12 presidentes regionales se mostraron dispuestos a que Nuestra América alivie el sopapo de la caída del ”matón“ del barrio, frente a un indetenible Nuevo Orden Mundial, aunque para ello se hayan adherido a la guerra en la zona y se hayan comprometido con convertir en vasallos a todas sus poblaciones, en el proceso de recolonización del continente que implica dicha declaración final.
Siempre han estado en el mismo lugar y hasta a veces protegidos por oportunistas y cipayos disfrazados, que han logrado borrar con un difuso lenguaje academicista, reformista o de supuesta preocupación social, la situación de miseria que viven miles de seres humanos, haciendo filas en la seguridad social, las universidades públicas etc., borrando de rebote el verdadero significado de la solidaridad con Cuba, Venezuela, Nicaragua, Irán o Palestina.
Todo acto de solidaridad – esto no quieren escucharlo- tiene un fuerte componente antimperialista, soberanista y de lucha de clases, sí dicha decisión es sincera, sin cálculos politiqueros, personalista, egoísta o vanidad, porque toda solidaridad con cualquier pueblo del mundo, víctima del Imperialismo y sus élites serviles, es una escogencia moral, ética; es decir, gústenos o no, es una manifestación de coherencia ideológica y de verdad Revolucionaria. No puede ser que ayer, por ejemplo, Cuba, Nicaragua o Venezuela eran “dictadura”, pero hoy ya no lo son. Toda verdad es revolucionaria decía Fidel, es decir se rige fundamentalmente por “principios”; diferente son los “valores” que fluctúan en el mercado de las cosas.
Hoy el yankismo de adentro y los advenedizos redujo los viejos vínculos con el pueblo y las autoridades cubanas a relaciones consulares. No importa. Ellos nos han confundido. Se han equivocado. ¡Qué poco conocen a un puñado de hombres y mujeres que tenemos claro que la vida de cualquiera de nosotros no vale más que la de un aborigen Mapuche, un campesino guatemalteco o un obrero cubano!
Son los mismos que tienen un retrato de Juan Rafael Mora por simple estética, pero llevan 170 años enterrando a quien verdaderamente forjó nuestra independencia y delineó una diplomacia independiente, digna para todos los tiempos, que ellos enterraron. Son los mismos que hubieran deseado que José Martí jamás hubiera estado dos veces en nuestro país dándonos un baño de dignidad, ni que los hermanos Maceo forjase el decoro que aún persiste entre miles de ticos y ticas.
Han declarado la guerra a todos quienes creemos que sin plena soberanía es un engaño hablar de mejoras en la economía, del fin del narcotráfico mientras el principal consumidor del mundo no hace nada para acabar con sus carteles internos, de independencia, democracia, derechos humanos y de autodeterminación. Todo ello resulta en farsa si no tenemos soberanía.
Si, imagínese usted la magnitud de cinismo, invocando los derechos humanos contra Cuba, quienes acabaron con los niños de Gaza, rociaron de fósforo blanco a poblaciones del Líbano, como hicieron en la guerra de Vietnam, acabaron con una escuela y sus niñas de Irán el pasado 28 de febrero. “Es divertido” bombardear, dijo ante los periodistas este Baal insaciable de sangre y referente moral de nuestro yankismo.
Pero también la decisión del gobierno implica un reto: tenemos que replantear la solidaridad, especialmente con Cuba, desde otra estrategia. No podemos seguir ocultando el componente antimperialista y de lucha de clases, sin tapujos, que tiene la solidaridad y cuya esencia confrontativa el imperialismo rehúye, porque ese es nuestro campo y fortaleza. Allí es a donde tenemos que llevar a los imperialistas declarados y a los camuflados.
Esta decisión de bajar el nivel de las relaciones con Cuba, como parte de la asfixia energética, se tomó los primeros días del mes de febrero pasado, pocas horas después de las elecciones. En el artículo «diplomacia tica en sintonía con las peores causas» (Revista Surcos) está explicado en un par de párrafos.
El cerco contra Cuba es bloquear todos los canales que sirven desde adentro hacia afuera como voz antimperialista (borrar medios como Cubadebate, Prensa Latina, Radio Habana etc.), al mismo tiempo que en cualquier “negociación” entre Cuba y la Casa Blanca tratarán de buscar “quintas columnas” o traidores. A toda “negociación” los yankis llegan con un puñal escondido. No olvidarlo.
Pero también la medida adoptada por el filibusterismo atrincherado en Zapote va encaminada además a detener la creciente solidaridad con Cuba en Nuestra América por su posición digna y solidaria con las causas justas. Por eso desempolvaron en La Florida el viejo Plan Cóndor para las Américas – hablan de terrorismo y narcotráfico y no de la “subversión” de que hablaban en la década de los ochentas, manteniendo el terrorismo- necesitan silenciar la voz de Cuba e imbuirse el continente en una sentada. No lo lograrán en la medida que a los filibusteros de ayer y hoy no le demos tequio y comprendan que, mientras haya una sola mujer o un solo varón que para ellos la solidaridad con Cuba no es un medio electoral, vanidad o pusilaminidad, nuestra paciencia como pueblo no es genuflexión ni seremos nunca siervos. Viva Cuba Socialista. Viva la Solidaridad con el pueblo y las autoridades de Cuba. VENCEREMOS.
*Periodista, abogado y notario por la U.C.R.
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