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UCR invita a taller participativo sobre manejo de fauna silvestre y normativa ambiental

La Universidad de Costa Rica (UCR, a través de la Vicerrectoría de Acción Social y el programa Kioscos Socioambientales, invita al Taller participativo sobre manejo de fauna y reglamentos, un espacio orientado a promover el conocimiento y la convivencia responsable con la fauna silvestre.

La actividad se realizará el miércoles 15 de abril, de 4:00 p.m. a 6:00 p.m., en la Sala Multimedia de la Facultad de Ciencias Sociales (primer piso), en la Ciudad de la Investigación.

Formación para la convivencia con la vida silvestre

El taller busca generar un espacio de diálogo y aprendizaje sobre las prácticas adecuadas para el manejo de fauna silvestre, así como sobre la normativa que regula su protección. La iniciativa parte de la premisa de que convivir responsablemente con la biodiversidad implica también conocer las leyes y reglamentos que resguardan estos ecosistemas.

En este sentido, la actividad pretende fortalecer capacidades en las comunidades para actuar de manera informada frente a situaciones relacionadas con la fauna, promoviendo el respeto por la vida silvestre y la conservación de los territorios.

Facilitación especializada

El taller será facilitado por Edgar Castrillo, de la Unidad Especial de Protección y Rescate Animal (UESPRA), quien aportará su experiencia en el manejo y rescate de fauna, así como en la aplicación de normativa ambiental.

Espacio abierto a la comunidad

La convocatoria está dirigida a personas interesadas en temas socioambientales, estudiantes y comunidades que buscan fortalecer sus conocimientos y prácticas en relación con la protección de la fauna silvestre.

Esta actividad forma parte de los esfuerzos de la UCR por promover la educación ambiental y el vínculo entre la academia y las comunidades en la defensa de la biodiversidad.

“Comunista”

Por Juan Carlos Cruz Barrientos

Cuando el poder deja de convencer, empieza a etiquetar. Y en ese gesto, convierte palabras en armas y el lenguaje en campo de batalla.

En la política contemporánea, figuras como Donald Trump, Javier Milei y Rodrigo Chaves han convertido términos como “comunista”, “zurdo” o “izquierdista” en instrumentos de combate. No son categorías analíticas ni definiciones ideológicas rigurosas: son etiquetas diseñadas para simplificar, estigmatizar y deslegitimar al adversario.

La historia demuestra que este recurso no es nuevo ni inocente. El señalamiento de “comunista” ha servido como antesala de la violencia. Los ejemplos abundan, pero aquí hay algunos: Maximiliano Hernández Martínez lo utilizó para justificar la masacre de más de 30 mil indígenas en 1932; Adolf Hitler lo integró en su cruzada anticomunista durante la Segunda Guerra Mundial; Augusto Pinochet lo convirtió en argumento para la represión, la desaparición y el asesinato sistemático, como también ocurrió con las dictaduras argentinas tras el golpe de 1976.

Hoy, en pleno siglo XXI, el término “comunista” funciona como un significante vacío. Puede designar a un sindicalista, a un senador demócrata estadounidense, a una feminista, a un ambientalista o a una lideresa indígena. Su función no es describir, sino despojar de legitimidad cualquier crítica que incomode.

Nombrar al adversario como “comunista” no explica lo que es: define cómo debe ser tratado.

Algo similar ocurre con la etiqueta de “terrorista”. Su uso indiscriminado deshumaniza y simplifica. Una vez aplicada, borra matices y convierte demandas de soberanía, autodeterminación o justicia en amenazas contra la seguridad, la paz, la nación. Así, la violencia pasar dominio exclusivo de los adversarios, combatirles no es cuestionado, es más bien un imperativo, una necesidad.

Lejos de ser un simple exceso retórico, este tipo de lenguaje forma parte de una disputa más profunda. Como advertía Antonio Gramsci, el poder no se sostiene solo por la fuerza, sino por su capacidad de construir sentido común: esa trama de ideas y percepciones que hace que el mundo parezca “natural” e incuestionable.

En ese terreno, el lenguaje es decisivo. Durante décadas, instituciones educativas, religiosas y mediáticas han contribuido a fijar asociaciones automáticas: “comunista” como amenaza, “terrorista” como enemigo absoluto. El resultado es una reacción casi refleja: la etiqueta sustituye al análisis.

Cuando la etiqueta reemplaza al argumento, la democracia empieza a vaciarse.

En contextos de crisis o de disputa política intensa, este mecanismo se vuelve más visible. Cuando el consenso se resquebraja, se intensifica la lucha por el sentido. Es allí donde estas etiquetas operan como herramientas en una verdadera “guerra de posiciones”: una confrontación menos visible que la fuerza directa, pero decisiva en la construcción de legitimidad. Etiquetar en ese contexto, es fijar fronteras. No solo se define quién tiene razón, sino quién merece ser escuchado… y quién no. Y más aún, quién merece ser destruido sin que medie ninguna otra explicación.

El uso sistemático de epítetos como estos revela, en última instancia, una fragilidad. Cuando un proyecto político necesita recurrir a la estigmatización constante, lo que evidencia es su dificultad para sostenerse en la argumentación y en la persuasión. En lugar de convencer, busca alinear; en lugar de debatir, intenta clausurar.

La disputa por el lenguaje no es secundaria. Es parte del conflicto político central. Porque allí donde etiquetar sustituye al debate, lo que está en juego no es solo una palabra, sino la capacidad de una sociedad para pensarse a sí misma, deliberar y decidir en libertad.

Personas Gestoras Locales en Acción – Fressy Sánchez Sánchez del Territorio Indígena Huetar de Quitirrisí

Cápsula #2

Elaborado por: Michelle P. Castro Marchena y Rafael E. López Alfaro

El Territorio Indígena Huetar de Quitirrisí es un espacio vivo de memoria, identidad y organización comunitaria, donde el vínculo entre cultura, territorio y acción colectiva sostiene procesos orientados al buen vivir y a la defensa de los derechos de los pueblos originarios. En este contexto, el Programa de Gestión Local de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), desde su quehacer en extensión universitaria, acompaña el fortalecimiento de liderazgos comunitarios que inciden activamente en el desarrollo local con identidad cultural.

Uno de estos liderazgos es el de Fressy Sánchez Sánchez, gestora local, egresada del Técnico en Gestión Local para Pueblos Originarios (TGL‑PO), generación 2025, y habitante del Territorio Indígena Huetar de Quitirrisí. Fressy participa activamente en el grupo Mujeres Huetares de Quitirrisí y en la Unidad Nacional de Mujeres Indígenas Ditsä+, organización sin fines de lucro que articula a mujeres de múltiples territorios indígenas de Costa Rica y Mesoamérica.

Desde estos espacios, se promueven procesos construidos por mujeres y para mujeres, orientados a la recuperación y valoración de saberes ancestrales, el fortalecimiento del tejido organizativo y la visibilización de prácticas culturales como expresiones vigentes de identidad, continuidad histórica y autonomía comunitaria.

El recorrido formativo y comunitario de Fressy se encuentra profundamente ligado a su historia familiar y territorial. Hija de padres Huetares y líderes comunales, desde temprana edad recibió una formación basada en el compromiso colectivo y la defensa de la identidad indígena. A los 40 años retomó su formación académica y encontró en la UNED una oportunidad para ampliar sus capacidades y proyectar su liderazgo comunitario. Además de ser egresada del TGL‑PO en su versión Huetar, actualmente es estudiante regular de la carrera de Gestión Turística Sostenible.

Gestión comunitaria y liderazgo territorial

Fressy cumple un rol estratégico en los procesos organizativos del Territorio Indígena de Quitirrisí. Su liderazgo se caracteriza por el conocimiento profundo de las dinámicas territoriales, la capacidad de escucha y la construcción de consensos orientados a objetivos comunes como la protección del territorio, el fortalecimiento de la organización comunitaria y la preservación de las prácticas culturales.

Su quehacer se distingue por valores como la empatía, la responsabilidad colectiva y la resiliencia, cualidades fundamentales para sostener procesos comunitarios en contextos de cambio y desafío.

Fondos concursables: Puntos Cultura – Ministerio de Cultura

Actualmente, Fressy se desempeña como vicepresidenta de la Junta Administrativa del proyecto “Altar Ceremonial del Campo Sagrado El Güaco”, iniciativa ubicada en el territorio de Quitirrisí y seleccionada para recibir fondos concursables del programa Puntos Cultura del Ministerio de Cultura.

Este proyecto representa una oportunidad significativa para la revitalización cultural, el fortalecimiento de la participación comunitaria y la puesta en valor de prácticas ceremoniales propias del pueblo Huetar, contribuyendo a la transmisión intergeneracional de saberes y al reconocimiento de la espiritualidad indígena como parte esencial del territorio.

Planificación territorial y fondos PAFT – PNUD

Asimismo, Fressy forma parte del comité fiscalizador de los fondos concursables asignados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) al Territorio Indígena de Quitirrisí, en el marco del Plan Ambiental, Forestal y Territorial (PAFT). Su responsabilidad es velar por el uso transparente y adecuado de los recursos y por el cumplimiento de la hoja de ruta definida colectivamente por la comunidad y su Asociación de Desarrollo.

El PAFT constituye un instrumento clave de planificación territorial creado por los propios pueblos indígenas para definir prioridades de desarrollo desde su cosmovisión, garantizar la protección de los recursos naturales y acceder a mecanismos de financiamiento climático. En marzo, el Territorio Indígena de Quitirrisí aprobó su PAFT mediante asamblea comunitaria, tras un proceso de diálogo, reflexión y construcción colectiva.

Este plan prioriza la inversión en infraestructura local, el fortalecimiento de emprendimientos comunitarios y el desarrollo de capacidades en juventudes, personas adultas mayores y mujeres, así como la protección y manejo sostenible de los bosques y recursos naturales del territorio.

Convocan a jornada “Picnic en el río Chirripó” en defensa de los ríos

En el marco de la 10ma Jornada Nacional de Acción por los Ríos 2026, organizaciones ambientalistas invitan a participar en la actividad “Picnic en el río Chirripó”, un espacio de encuentro comunitario que promueve el disfrute responsable y la protección de los ecosistemas acuáticos.

La actividad se realizará el domingo 19 de abril, de 8:00 a.m. a 12:00 mediodía, en Chimirol de Rivas, Pérez Zeledón, específicamente en el puente de entrada a San Francisco.

Encuentro comunitario en torno al río

El evento propone una jornada recreativa y educativa bajo el formato de picnic, donde las personas participantes podrán compartir en contacto con la naturaleza. Entre las actividades previstas se incluyen juegos y espacios de convivencia, con el objetivo de fortalecer la relación entre las comunidades y los ríos.

La invitación es a asistir con merienda propia y disfrutar del entorno natural, promoviendo prácticas responsables con el ambiente.

Llamado a la responsabilidad ambiental

Como parte central de la actividad, se hace un llamado a evitar el uso de plásticos de un solo uso y a gestionar adecuadamente los residuos, fomentando hábitos que contribuyan a la conservación de los ríos.

Las personas organizadoras enfatizan la importancia de asumir un compromiso individual y colectivo con la protección de estos ecosistemas, fundamentales para la vida y el bienestar de las comunidades.

Organización y apoyo

La actividad es organizada por la organización ambientalista Montaña Verde, con el apoyo del Observatorio Ciudadano del Agua y Río Chirripó Pacífico, así como la participación de iniciativas como Río Urbano, Bandera Azul Ecológica y Ríos Limpios.

Para más información, se encuentra disponible el número telefónico 8682-3299.

Conferencia «El fuego de la memoria: 170 aniversario de la Batalla de Rivas»

La Academia Morista Costarricense y el Ministerio de Cultura y Juventud, mediante la Benemérita Biblioteca Nacional del Sinabi, se complacen en invitarle a la conferencia El fuego de la memoria: 170 aniversario de la Batalla de Rivas por MSc. Adrián Chaves Marín.

La conferencia será virtual el lunes 13 de abril a las 4:00 p.m. y se transmitirá por los Facebook Biblioteca Nacional Costa Rica https://www.facebook.com/bibliotecanacional.mcj.cr/ y Facebook Academia Morista Costarricense https://academiarorista.org/

La lógica de la ganancia frente a la lógica de la vida

Alberto Salom Echeverría
albertolsalom@gmail.com

La crisis climática no es exclusivamente, en su raíz, un problema ambiental. Es el síntoma más visible de una forma de civilización que ha organizado la vida —y no solo la economía— en torno a la ganancia. Y es esta forma de vida, eminentemente consumista y en gran medida devoradora de todo lo que existe, la que ha dado lugar a la crisis ambiental que hoy padecemos, derivada del calentamiento global.

Por vez primera en la historia, no digamos de la especie humana, sino del Planeta, se ha desatado una crisis climática, que amenaza la vida misma en todas sus formas y manifestaciones, la cual tiene un origen antropocéntrico; es decir, esta crisis ha sido y cada vez más es un colapso que reviste un origen humano.

Es paradójico, pero es real. La especie sobre la tierra que ha sido capaz de desarrollar la mayor inteligencia; la que ha construido grandes civilizaciones desde hace entre 5.500 a 5.000 años (entre 3.500 a 3.000 años antes de la era cristiana); es también la que inventó la escritura, el arte, la música, el lenguaje, la que hoy visita el espacio exterior; es al mismo tiempo la que ha llegado a desatar las guerras más destructivas, la que ha creado la actual civilización de la era industrial consumista y, hoy tiene en vilo a la humanidad entera, merced a la producción de los hidrocarburos más contaminantes de la atmósfera de la tierra, de los océanos, de los bosques y, que ha logrado poner en riesgo la vida misma de la propia especie humana, así como las demás formas de vida del resto de las especies vivientes.

Durante más de dos siglos, una idea ha orientado el rumbo del mundo: crecer es siempre bueno, y crecer más es mejor. Bajo esa premisa se levantaron fábricas, se expandieron ciudades, se acortaron distancias y se multiplicaron los bienes materiales. Pero también, silenciosamente, se fue incubando un desequilibrio profundo entre la actividad humana y los sistemas naturales que la sostienen.

El carbón primero, el petróleo después, y el gas en tiempos más recientes, han sido los combustibles de esa expansión. No solo movieron máquinas: moldearon sociedades enteras. La abundancia energética permitió imaginar un mundo sin límites visibles. Pero esos límites no desaparecieron; fueron desplazados, ocultos, postergados.

Hoy regresan: se manifiestan en sequías que agrietan la tierra y comprometen cosechas en regiones enteras de Centroamérica; en inundaciones que obligan a comunidades a abandonar sus hogares en Asia; en incendios forestales que devoran millones de hectáreas en lugares tan distantes como California o Australia. Lo extraordinario se vuelve cotidiano. Lo improbable, frecuente.

La naturaleza, durante mucho tiempo tratada como un telón de fondo, irrumpe ahora como protagonista de desastres. Pero no lo hace de manera neutral. Su irrupción desnuda una lógica: la lógica de la ganancia.

Porque el problema no es solo cuánto producimos, sino cómo y para qué producimos. La persistencia del modelo basado en combustibles fósiles no responde a desconocimiento. La evidencia científica ha sido clara durante décadas. Lo que está en juego son intereses: estructuras económicas que han convertido la explotación intensiva de la naturaleza en fuente de riqueza y poder.

Sin embargo, reducir esta lógica a una mera cuestión económica sería insuficiente. La ganancia no es solo un resultado; es un principio organizador de la vida social. Define aspiraciones, orienta deseos, modela imaginarios. No se trata únicamente de un sistema que produce mercancías, sino de un sistema que necesita producir sujetos que deseen consumirlas.

Se nos ha enseñado, de múltiples formas, que vivir mejor es consumir más.

Basta observar un objeto cotidiano: el teléfono móvil. Diseñado para ser reemplazado en pocos años, incluso cuando podría durar mucho más, se convierte en símbolo de una cultura donde lo nuevo desplaza rápidamente a lo útil. La obsolescencia no es un accidente técnico, no desaparece porque se estropea; es una decisión económica que se traduce en más extracción de minerales, más energía consumida, más residuos acumulados.

Algo similar ocurre con el transporte en muchas ciudades. El automóvil individual, elevado a símbolo de progreso, ha configurado espacios urbanos extensos y fragmentados. Millones de personas pasan horas diarias desplazándose, quemando combustibles fósiles, respirando aire contaminado. No se trata simplemente de una elección individual: es el resultado de una forma de organizar la vida colectiva.

Las clases dominantes de ese sistema hiper dominante, el capitalismo, son las responsables de haber entretejido una trama política, social, económica y cultural, donde habitamos todos como individuos esencialmente adictos al consumo, un modo de vida del que nadie por sí solo puede escapar, pero, cuyos efectos van paulatina y progresivamente minando la vida misma y, por lo tanto, la vida social se consume, se fagocita a sí misma.

Un proceso destructivo o de autofagia que, en la naturaleza sólo se da cuando el proceso se desregula y el organismo termina devorándose a sí mismo. Se trata de una situación peculiar, extraña en la naturaleza misma, donde el mecanismo que debería sostener la vida, para reciclarse, se ha vuelto tan intenso o desregulado que tiende a su propia destrucción. Se trata por ende de una civilización (la nuestra por desgracia) que, expande su propio poder material mientras reduce las condiciones ecológicas, sociales y simbólicas que la hacen viable. La sociedad actúa como una especie de organismo que devora su propio sustento. El ejemplo más claro es precisamente la crisis del clima; el modelo energético que permitió el desarrollo es el mismo que hoy amenaza su continuidad. En psicología, Freud habló y estudió la tensión que se produce en la vida humana entre el principio de vida o Eros versus el Tánatos o, pulsión de muerte. Es en este ejemplo, como si dijéramos que, el Tánatos se impone sobre el principio de vida o Eros, acarreando la muerte del propio ser humano.

Desde luego, mi optimismo me lleva a pensar que la humanidad podrá sobreponerse a esta circunstancia tan adversa. Hablaré sobre esto en un próximo capítulo de mi trabajo sobre la crisis climática.

Ahora bien, esta “racionalidad auto devoradora” no ha sido exclusiva de las economías capitalistas.

Es cierto que experiencias históricas que buscaron construir alternativas viables para una forma de vida más justa, y en consonancia con la naturaleza, también reprodujeron, en buena medida, una relación instrumental con ella. La Unión Soviética impulsó una industrialización acelerada que, si bien logró avances sociales importantes, dejó tras de sí profundas huellas ecológicas. El caso del mar de Aral, reducido dramáticamente por decisiones productivas, es una de sus imágenes más elocuentes. Más recientemente, ya casi en los momentos de la implosión del sistema socialista conocemos el tremendo accidente, el desastre de Chernóbil. Este ocurrió el 26 de abril de 1986, cinco años antes de la disolución de la Unión Soviética acaecida en 1991; ha sido considerado el peor accidente nuclear de la historia. Fue un enorme desastre humano, ambiental y político, que además contribuyó a debilitar la legitimidad del sistema soviético en sus últimos años.

Por su parte, la República Popular China ha protagonizado uno de los procesos de crecimiento más intensos de la historia reciente, apoyado durante décadas en el uso masivo de carbón. Ese mismo proceso, sin embargo, ha comenzado a reorientarse en años recientes hacia energías renovables, mostrando las tensiones propias de esta transición.

Ahora bien, reconocer estos hechos no debe conducir a una falsa equivalencia.

Algunos ejes vitales para enfrentar el cambio climático y la lógica de la ganancia que le subyace.

La matriz histórica, estructural y expansiva del modelo que ha llevado al planeta a esta situación es indisociable del desarrollo del capitalismo.

Es en las entrañas de este sistema donde la ganancia se constituye el principio rector; donde la acumulación no encuentra límites internos; donde la competencia obliga a una expansión constante de la producción y del consumo; y donde la naturaleza es sistemáticamente reducida a condición de recurso.

A diferencia de otras experiencias, el capitalismo no solo ha desarrollado este modelo: lo ha universalizado. Lo ha convertido en norma global, integrando territorios, economías y culturas en una lógica que subordina la vida a la rentabilidad.

La presión sobre los ecosistemas no es, en este sentido, un efecto colateral, sino una consecuencia estructural. La necesidad de crecer para sostener la acumulación, de innovar para competir, de expandir mercados para sobrevivir, configura un metabolismo económico que tiende, de manera recurrente, a desbordar los límites ecológicos.

Por ello, aunque no sea el único responsable histórico, el capitalismo constituye hoy el principal vector de profundización de la crisis climática.

Y mientras esa lógica continúe operando como principio organizador dominante, cualquier esfuerzo por mitigar el cambio climático enfrentará límites severos.

Frente a esta racionalidad, comienza a perfilarse —todavía de manera fragmentaria— otra posibilidad: una lógica de la vida.

No se trata de una negación de la producción, sino de su reorientación. No se trata de idealizar la escasez, sino de cuestionar el exceso. En esta lógica, producir deja de ser un fin en sí mismo y se convierte en un medio subordinado a la reproducción de los equilibrios que hacen posible la existencia.

Algunas experiencias concretas permiten vislumbrar ese horizonte. La agroecología, por ejemplo, busca trabajar con los ciclos naturales en lugar de imponerles ritmos externos, reduciendo la dependencia de insumos químicos y fortaleciendo la resiliencia de los suelos. En ciertas ciudades, la expansión del transporte público y de la movilidad no motorizada comienza a desafiar el dominio del automóvil. En diversas comunidades, la gestión colectiva de recursos naturales demuestra que existen formas de organización distintas a la lógica puramente mercantil.

En América Latina, las propuestas asociadas al “buen vivir” han intentado articular estas intuiciones en un horizonte más amplio, aunque no sin tensiones frente a economías profundamente insertas en el mercado global.

Nada de esto ocurre en el vacío. La transición entre la lógica de la ganancia y la lógica de la vida está atravesada por relaciones de poder. Los sectores que se benefician del modelo actual no son abstractos: poseen nombres, instituciones, capacidad de decisión e influencia.

Por eso, la crisis climática es también una disputa.

Una disputa en la que las responsabilidades no están distribuidas de manera equitativa, ni tampoco sus consecuencias. Mientras algunos países construyeron su desarrollo sobre el uso intensivo de combustibles fósiles, otros enfrentan hoy los impactos más severos con menos recursos para adaptarse.

Aquí emerge la exigencia de justicia.

No como consigna moral abstracta, sino como condición práctica para cualquier solución duradera. Sin ella, las respuestas serán parciales; con ella, se abre la posibilidad de una transformación más profunda.

Nos encontramos, así, ante una encrucijada civilizatoria.

Persistir en el camino actual implica aceptar, de manera implícita, que la vida puede seguir siendo subordinada a la rentabilidad. Cambiar de rumbo supone reconocer límites, redistribuir poder y redefinir aquello que consideramos valioso.

No es un desafío menor. Es, quizás, el mayor de nuestro tiempo.

Porque en última instancia, la crisis climática nos confronta con una pregunta que trasciende lo ambiental y lo económico:

¿qué significa vivir bien en un mundo finito?

Mientras la respuesta siga anclada en la expansión sin límites, la vida continuará siendo negociable.

Y si no somos capaces de reorganizar nuestra forma de habitar el mundo, serán los propios límites del mundo los que terminarán imponiendo, con mayor dureza, esa reorganización.

Bibliografía de referencia

  • Leonardo Boff – Ecología: grito de la Tierra, grito de los pobres
  • Naomi Klein – Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima
  • IPCC– Informes de evaluación
  • Jason W Moore – Capitalism in the Web of Life
  • Andreas Malm – Fossil Capital
  • Karl Polanyik – La gran transformación
  • Elinor Ostrom – Governing the Commons
  • Eduardo Gudynas – textos sobre extractivismo y buen vivir
  • CEPAL– informes sobre desarrollo sostenible
  • PNUMA – reportes ambientales globales

De la Batalla de Santa Rosa a la Batalla de Rivas contra los filibusteros en Costa Rica y en Nicaragua. Algunas notas sobre la Primera Campaña

Vladimir de la Cruz

Celebramos este año, el 170 aniversario de la Gloriosa Gesta de 1856-1857, breve período histórico que se caracterizó, y generalmente así se recuerda, como los meses comprendidos entre el 20 de marzo de 1856, con el triunfo de la Batalla de Santa Rosa, sobre los filibusteros que habían ingresado al territorio nacional, y el 1º de mayo de 1857, cuando el jefe filibustero William Walker se rindió y salió de Centroamérica.

De manera más precisa, ese escenario histórico se comprende desde 1855, cuando se invita el 9 de abril, a William Walker, quien se hacía llamar expresidente de Sonora, para que llegue a Nicaragua a sumarse a las fuerzas políticas del Ejército Democrático, en su lucha interna contra el Ejército Legitimista, en ese país, hasta el mes de setiembre de 1860, cuando el 12 de setiembre fusilaron, en Honduras, a William Walker, luego de su último intento de regresar a Centroamérica, y el 30 de setiembre de 1860, fusilan al Presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora Porras y, el 2 de octubre de 1860, también fue fusilado el General José María Cañas.

La lucha entre liberales y conservadores en Nicaragua era intensa desde 1853. Walker llegó a Nicaragua desde San Francisco de California, de Estados Unidos, el 4 de mayo, al puerto El Realejo, donde fue recibido por los delegados del Ejército Democrático, que se enfrentaba al Ejército Legitimista jefeado por el General Ponciano Corral. Se le había ofrecido la posibilidad de impulsar una colonización. Walker llegó con su grupo de mercenarios bajo el nombre de la Falanje Americana. Walker en Nicaragua tuvo sus enfrentamientos y se produjo en Rivas un intento de quemarle el edificio donde estaba fortificado. En ese intento murió el 29 de junio de 1855 el joven Manuel Mongalo, un héroe nicaragüense similar a nuestro Juan Santamaría.

El presidente Mora, enterado de las andanzas filibusteras y mercenarias de Walker en Estados Unidos y México, previó el peligro de su llegada y estadía en Nicaragua en 1855.

El 20 de noviembre de 1855 el presidente Mora hace su Primera Proclama al pueblo costarricense advirtiendo del peligro que se cernía y llamando a prepararse para ir a combatir contra Walker. A su llamado se sumó, el 22 de noviembre, el Obispo Anselmo Llorente y La Fuente, advirtiendo también el peligro y amenaza que significaba Walker contra la religión católica.

A principios de 1856 Walker comisiona a su lugarteniente Schlesinger a venir a Costa Rica para “invitarnos” a formar parte de su proyecto anexionista y esclavista El presidente Mora da órdenes que no lo dejen desembarcar en Caldera ni en Puntarenas. Expulsado que fue enfureció a Walker quien pocos días después ordenó a Schlesinger que regresara a Costa Rica para tomarla a la fuerza. Así, la tropa filibustera se preparó para ingresar al territorio nacional en marzo de 1856.

El 1º de marzo, el presidente Mora, con apoyo del Congreso se prepara para marchar a Nicaragua, para luchar allá contra Walker y liberar a Nicaragua de la opresión que él les significaba. Ese 1º de marzo el presidente Mora lanza su Proclama de salida hacia la lucha contra los filibusteros.

El 3 de marzo, el Obispo Anselmo Llorente y La Fuente se dirige a las tropas combatientes, fortaleciéndoles espiritualmente su ánimo para ir a combatir, siendo acompañados por un grupo de sacerdotes bajo el mando del Presbítero Francisco Calvo, Capellán del Ejército en esa lucha contra los filibusteros.

El 4 de marzo el ejército duerme en Río Grande siguiendo la marcha por San Mateo.

El 7 de marzo el presidente Mora se incorpora a la marcha con el Ejército, asumiendo la Jefatura del Ejército y dejando en la Presidencia al vicepresidente Francisco María Oreamuno.

El 10 de marzo la tropa ya estaba en Puntarenas. La marcha seguiría por tierra, por el Golfo adentrándose por el río Tempisque hasta sus afluentes Bebedero y Bolsón, para desde allí llegar a Liberia, y tratando de darle vuelta a la Península para de esa forma llegar a Liberia.

El 11 de marzo el Ejército Expedicionario llega a Bagaces, donde los Generales José Joaquín Mora Porras y José María Cañas Escamilla desarrollan los planes de las operaciones militares a ejecutar.

El 12 de marzo el presidente Mora llega a Puntarenas acompañado de su Estado Mayor, mientras el Ejército Expedicionario llega a Liberia.

El 18 de marzo se recibe la noticia de que los filibusteros estaban en el territorio nacional, que habían pasado Sapoa, encontrándose en la Hacienda Santa Rosa, que era bien conocida por los costarricenses.

El 19 de marzo se partió hacia la Hacienda Santa Rosa. A las 4 de la tarde del 20 de marzo, se logró enfrentar a los filibusteros, en un combate que no pasó de los 10 minutos. A los 14 minutos de iniciado el combate se estaba redactando el Parte del triunfo sobre los filibusteros, que salieron huyendo. En la Batalla de Santa Rosa, fallecieron los Capitanes José María Gutiérrez y Manuel Quirós; los tenientes Justos Castro, Manuel Rojas y doce soldados.

La Batalla de Santa Rosa elevó la moral combatiente del Ejército Expedicionario e infligió una profunda derrota moral en los filibusteros. Hubo filibusteros capturados que fueron sometidos el 23 de marzo a un Consejo de Guerra, en Liberia, que dispuso fusilarlos, lo que se realizó el 25 de marzo.

El 24 de marzo el presidente en ejercicio, Francisco María Oreamuno se dirige con una proclama al pueblo informando el triunfo militar en Santa Rosa.

El presidente Mora dispuso, perseguir por todo el territorio nacional a los filibusteros, mientras avanzaba hacia Nicaragua.

El 29 de marzo el presidente Mora hace su Proclama dirigida a los nicaragüenses, indicándoles que va a ingresar a su país para liberarlos de la horda filibustera que los oprime y domina, indicándoles también que el ingreso de la tropa costarricense no es para ir a adueñarse de nada en Nicaragua, al mismo tiempo que los invita a participar en esta lucha.

El 31 de marzo la tropa está en Sapoa, ingresando a Nicaragua. El 4 de abril el Ejército se encuentra en marcha sobre la ciudad de Rivas. El 5 de marzo se llega a Peña Blanca, en Nicaragua, muy cerca del camino que se conocía como La Vía de la Compañía del Tránsito, empresa encargada de movilizar casi 1000 estadounidenses mensualmente desde la costa Atlántica a la costa Pacífica, de los Estados Unidos.

El 6 de abril el presidente Mora ya se encuentra en Santa Clara, en Nicaragua, listos para instalarse el 7 de abril, en Rivas, donde se acuartela. Allí recibió apoyo de ciudadanos Comisionados de Rivas. El 7 de abril dispuso el presidente Mora que dos Divisiones del Ejército tomaran por sorpresa San Juan del Sur y la Virgen, sitios que eran parte de la ruta de la Compañía del Tránsito. En La Virgen hubo un pequeño enfrentamiento con los filibusteros que tuvieron seis bajas y cinco heridos.

El 8 de abril el Ejército Expedicionario entra a Rivas, habiendo dado la vuelta por la Bahía de la Virgen, siendo recibidos con gran apoyo por la población. Inmediatamente se dirige a las Municipalidades de Rivas, Masaya, Granada, Matagalpa, Managua, León y Chinandega, para que le informen de la situación que tienen.

El 10 de abril el Ejército ocupa tres sitios claves, La Virgen, San Juan del Sur y Rivas. El presidente Mora ordena que se impida y se corte la navegación en el Río San Juan, tarea que se le encomienda al coronel Rafael Escalante.

A las 8 de la mañana los filibusteros se hicieron presentes en el Puerto del Estero del Sardinal, en San Carlos, desde donde habían querido ingresar los filibusteros al territorio nacional. Allí se produjo una ligera Batalla, la de Sardinal, el 10 de abril, donde resultaron heridos el General Florentino Alfaro y nueve soldados, y los filibusteros tuvieron cuatro muertos en tierra y muchos en el río. Allí fue tomado un vapor de Walker.

La Batalla de Sardinal, ese 10 de abril se sumó en elevar el espíritu de combate de la tropa nacional y, de la misma manera, produjo un desánimo en la tropa filibustera, y el propio Walker.

El 11 de abril, a las 8 de la mañana, Walker se lanzó a dominar la plaza de Rivas y a atacar el Cuartel General donde estaba el presidente Mora, desarrollándose un combate encarnizado que duró hasta horas de la noche. A Rivas fueron llegando los combatientes de Sardinal y de las tropas que se tenían explorando los terrenos aledaños. Las tropas de ambos ejércitos se acuartelaban en casas de la población.

En la Batalla de Rivas cayeron combatiendo valientes militares, el General José Manuel Quirós; el Mayor Francisco Corral; los Capitanes Carlos Alvarado, Miguel Granados, Vicente Valverde y más de 110 soldados. Los filibusteros perdieron 200 hombres, contando los que capturaron y fusilaron.

En esta Batalla, Walker se había acuartelado en la casa llamada Mesón de Rivas. Ese Mesón se intentó quemar para lo que se ofrecieron el oficial Luis Pacheco Bertora, que cayó herido, el soldado Rosales, de origen nicaragüense que peleaba con nuestra tropa, y el Tambor del Ejército, Juan Santamaría quien cayó en la tarea de la quema, que fue exitosa.

Los filibusteros abandonaron Rivas huyendo de la ciudad. El ejército costarricenses aseguró así su triunfo.

El 15 de abril el presidente Mora esperaba noticias de los ejércitos y de las fuerzas militares de los Gobiernos de El Salvador y Guatemala, que se sumaban a la guerra contra los filibusteros, para coordinar con ellos.

El 17 de abril Walker se encontraba en la ciudad de Granada, habiendo sufrido una gran deserción en su tropa.

El 21 de abril no se sabía nada del concurso de las Fuerzas Aliadas de El Salvador, Guatemala y Honduras.

En los siguientes días empezaron a manifestarse los enfermos y muertos del cólera, lo que obligó al regreso a Costa Rica del Ejército Costarricense.

El General presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora, desde el Cuartel General de Rivas, dirigió una Proclama agradeciendo a los jefes, a los Oficiales y los Soldados, todo su compromiso y ordenando regresar el Ejército Costarricense al interior de la República.

El 26 de abril, a las 4 de la mañana, el general presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora, dejó la ciudad de Rivas, dirigiéndose hacia Liberia acompañado de sus Edecanes y por el Ejército.

En Rivas murieron de cólera el comandante Juan Alfaro Ruiz, el Subteniente Julián Rojas y el Capitán Zenón Mayorga.

El 29 de abril en la Hacienda El Jocote se estableció un punto del ejército para defender la frontera y ejercer control sobre el Río San Juan.

De esta forma terminó, lo que conocemos como la Primera Campaña en la Guerra contra los filibusteros, quienes habían sido gravemente derrotados y desmoralizados.

Los días siguientes, en Nicaragua Walker se impone, con fuerza política desde junio, al tiempo que empiezan a llegar, el 4 de julio, los soldados guatemaltecos bajo las órdenes del brigadier Mariano Paredes y del coronel José Víctor Zavala, el 8 de julio llega la fuerza salvadoreña de vanguardia al mando del General Ramón Belloso.

El 10 de julio el Gobierno nicaragüense, de Fermín Ferrer, declara electo presidente de la República de Nicaragua al General William Walker, que fue reconocido por los Estados Unidos.

Así se da el marco de la llamada Segunda Campaña que se articula desde setiembre con los ejércitos centroamericanos aliados. En esta Segunda Campaña, la tropa costarricense, de nuevo movilizada al escenario de guerra se integra con las tropas aliadas.

Le peste del cólera afectó a la población costarricense con alrededor de 10.000 muertes. Nuevas batallas intensas contra los filibusteros caracterizan este período hasta la rendición de Walker el 1 de mayo de 1857.

El próximo sábado 11 de abril celebramos la tercer derrota al filibustero William Walker, la contundente de esa Primera Campaña, la que aseguró de modo definitivo que los filibusteros no pisarían el suelo costarricense.

El glorioso espíritu combativo, por las más de 12 horas de combate, inmortalizó la Batalla de Rivas, a los caídos y héroes de la Patria, y quienes se destacaron en esas horas de combate. De allí los principales héroes que se recuerdan con este motivo, el presidente general Juan Rafael Mora Porras, los generales José Joaquín Mora Porras, José María Cañas Escamilla, los caídos en la quema del Mesón, especialmente la exaltación que se hace de Juan Santamaría y de Francisca Pancha Carrasco, que con su participación se hace sobresalir a la mujer costarricense que se unió al Ejército y que representa a todas las mujeres que sustituyeron a los hombres, que salieron de los campos de trabajo, al combate, asegurando la producción, la economía de guerra en esos meses y la alimentación de los soldados.

Con motivo del 170 aniversario de la Batalla de Rivas, y de la Campaña Nacional contra los filibusteros se han preparado algunas actividades a las cuales les invito.

Viernes 10 de abril, desde las 10 a.m hasta el mediodía, la Municipalidad de Escazú, recuerda a los escazuceños caídos en los combates contra los filibusteros, en el Parque Central de Escazú, con desfile y con presentación escénica de la Cantata Guerra de 1856.

El sábado 11 de abril se convoca a las 10 a.m, al pie del Monumento del presidente, General y Benemérito de la Patria, Juanito Mora, frente al Edificio de Correos en San José, a un acto cívico para colocar una ofrenda floral en el Monumento.

El lunes 13 de abril, se invita por parte de la Academia Morista Costarricense y la Biblioteca Nacional, a la conferencia, a cargo del MSc. Adrián Chaves Marín, que se transmitirá por el Facebook de la Biblioteca Nacional, a las 4 p.m, bajo el título: “El fuego de la Memoria: 170 aniversario de la Batalla de Rivas”.

La ilusión de la guerra justa: sindicatos, sociedad civil y la resistencia de la humanidad

Frank Ulloa Royo

Édouard-Léon Scott de Martinville vivió en un contexto social y político complejo, marcado por las secuelas de la Revolución Francesa y las tensiones europeas del siglo XIX. Como impresor y librero, tuvo acceso a las descripciones de los avances científicos más recientes, lo que le permitió convertirse en inventor. Su interés por grabar la conversación humana lo llevó a buscar un medio mecánico que pudiera registrar automáticamente la palabra, como si la voz quedara atrapada en el tiempo. Hoy, otro nueve abril son las voces de angustia las que quedarán también grabadas.

Un nueve de abril de 1860, este parisino grabó a alguien cantando “Au clair de la lune”, una bella canción infantil. Hoy, esa melodía inocente se usa de manera cruel en el genocidio que presenciamos en tiempo real: drones israelíes reproducen grabaciones de llantos infantiles para anunciar la tragedia que está por ocurrir, como parte de una limpieza étnica. Este es un pequeño ensayo sobre lugares poco comunes pero idénticos: los sitios habitados por humanos en guerra.

La llamada doctrina de la “guerra justa” es un espejismo que la humanidad ha repetido como un mantra para intentar darle legitimidad a lo que en esencia es injustificable. Se le ponen ropajes solemnes, se le adorna con doctrinas, se le viste con discursos patrióticos o religiosos, pero detrás de esas vestiduras la guerra sigue siendo lo mismo: una fractura de la humanidad, un fracaso de la palabra frente al ruido de las armas. Como señaló Hannah Arendt (1969), “la violencia puede destruir el poder, pero nunca lo crea”; y en ese vacío se instala la guerra como derrota de la dignidad civilizada.1

El dilema ético se agudiza cuando un Estado agrede a otro en un contexto internacional debilitado, con Naciones Unidas convertida en espectadora impotente, atrapada en vetos y burocracias. La reciente guerra en Irán, impulsada por intereses estratégicos —el robo del petróleo y los viejos motivos religiosos que alimentan las teocracias, tanto sionista como musulmana—, muestra con crudeza esta crisis de institucionalidad: los misiles y drones hablan mientras la ONU calla. ¿Cómo responder a la violencia sin caer en la misma lógica que la engendra? La tentación es replicar la fuerza con más fuerza, pero ese camino perpetúa el círculo de la barbarie. La alternativa exige creatividad política, diplomacia radical, solidaridad transnacional y la construcción de mecanismos de resistencia civil que desarmen la guerra desde sus raíces. Es tiempo de hablar claro y crear nuevas herramientas para garantizar el derecho a la vida.

En este horizonte, los sindicatos tienen un papel insustituible. Ya la II Internacional, pese a su fracaso para detener la Primera Guerra Mundial, nos señaló un camino: el de desenmascarar las guerras, mostrar que detrás de los discursos patrióticos se esconden intereses económicos y geopolíticos. Los sindicatos, como voz de los trabajadores, deben recordar que cada guerra es también una guerra contra los pueblos, contra su derecho a vivir y a soñar. La tarea sindical es levantar la palabra, denunciar la mentira, construir redes de solidaridad que atraviesen fronteras y que digan con claridad que no hay guerra justa, que toda guerra es una herida en el cuerpo de la humanidad. Como escribió Rosa Luxemburgo (1915), “la guerra es siempre el negocio de unos pocos y la desgracia de muchos”.

Pero no son solo los sindicatos: la sociedad civil entera tiene un papel decisivo. Las mujeres, como en la antigua Grecia, cuando se levantaron en huelga contra sus maridos guerreros para detener la guerra —recordemos la fuerza simbólica de Lisístrata de Aristófanes (411 a.C.)—, nos enseñan que la resistencia puede nacer de lo cotidiano, de la vida misma. Hoy, las mujeres en múltiples rincones del mundo siguen siendo las primeras en organizarse contra la violencia, en defender la vida frente a la lógica de la muerte. Su voz, junto con la de jóvenes, comunidades indígenas, movimientos sociales y culturales, es la que puede quebrar el discurso bélico y abrir espacio a la paz.

La verdadera justicia no se encuentra en los tratados que legitiman la violencia, sino en la capacidad de los pueblos para resistir la lógica de la guerra y reinventar la paz. Mientras los Estados se atrincheran en sus intereses y las instituciones internacionales se tambalean, la humanidad necesita recordar que la única salida digna es construir un orden donde la palabra sustituya al misil y la solidaridad sustituya al cálculo estratégico. Porque la guerra, con todos sus ropajes, seguirá siendo siempre lo mismo: la derrota de la humanidad frente a sí misma.

Referencias bibliográficas

  • Arendt, Hannah (1969). Sobre la violencia. Nueva York: Harcourt Brace.

  • Aristófanes (411 a.C.). Lisístrata. Atenas: Teatro clásico griego.

  • Luxemburgo, Rosa (1915). La crisis de la socialdemocracia. Stuttgart: J.H.W. Dietz Nachf.

  • Walzer, Michael (1977). Just and Unjust Wars: A Moral Argument with Historical Illustrations. Nueva York: Basic Books.

  • Galtung, Johan (1996). Peace by Peaceful Means: Peace and Conflict, Development and Civilization. Oslo: International Peace Research Institute.

  • Naciones Unidas (2025). Informe sobre la crisis de institucionalidad y conflictos armados. Nueva York: ONU.

1 San Agustín (siglo V) fue el primero en formular la idea de que, bajo ciertas condiciones, una guerra podía ser moralmente aceptable. Santo Tomás de Aquino (siglo XIII) sistematizó la doctrina en la Summa Theologiae, estableciendo criterios como autoridad legítima, causa justa y recta intención. Finalmente, e Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2309) recoge estos principios, señalando que la legítima defensa mediante la fuerza militar requiere condiciones estrictas y rigurosas.

La dependencia internacional es perjudicial para el país

Óscar Madrigal

Oscar Madrigal

Debo confesar que me causó risa la noticia dada a conocer por el latoso ministro de seguridad Zamora, el canciller y el presidente, que declara terroristas a varias organizaciones del Medio Oriente. Causa risa por lo ridículo de la postura. Me dio la impresión de que el canciller lo dijo con cierta vergüenza, pero se la aguanta por sus problemas con la justicia.

El vasallaje ante Trump, su incondicionalidad ante las políticas guerreristas ha hecho a la camarilla chavista perder la razón. ¿No se han dado cuenta que su mismísimo patrón va a negociar con esos “terroristas”?

¿No se han dado cuenta que Trump es un presidente que no es de fiar? Esto ya lo han entendido la gran mayoría de los gobiernos, como los europeos. Además, ¿tampoco han comprendido que Trump sólo entiende y respeta el lenguaje de la fuerza, de los golpes, como lo está enseñando Irán?

Es tan de poco fiar que no importa de lealtades o negociaciones cuando se trata de aranceles, bombardeos, despojos de tierra, secuestro de presidentes o riesgo a sus negocios familiares.

Los gobernantes que le besan el culo, como el mismo Trump lo dijo, no gozan de ningún respeto y sólo se ganan su desprecio. Chaves no comprende que, entre más incondicional de Trump, más despreciado es.

Chaves entre más arrastrado menos beneficios obtiene para el país: caída de la inversión, aranceles más altos e investigaciones sobre la producción nacional. El que no se respeta a sí mismo, no es respetado por nadie.

Costa Rica ha forjado un prestigio internacional por ciertas posturas contrarias a los dictados de los gobiernos estadounidenses, tal el caso de Carazo ante el Fondo Monetario Internacional o del plan de paz de Arias ante posturas de Reagan.

La absoluta dependencia del Gobierno de Chaves de las políticas díscolas e incongruentes del presidente Trump es no tener ninguna política internacional, y en consecuencia gozar del irrespeto mundial y dejar de tener opiniones constructivas que aportar en los distintos foros internacionales.

Decadencia

MSc.Lic.Bach. Anais Patricia Quirós Fernández
Académica Universitaria
Especialista en la Enseñanza del Idioma Inglés
Universidad Técnica Nacional, Sede El Roble
Estudios en Género, Diversidad y Derechos Humanos,
Conciencia digital y fundamentos de la IA,
Diplomada Internacional en Cambio Climático y
Gestión Integral del Riesgo de Desastres Naturales
Estudiante Carrera Derecho

“Inicia en cualquier momento, cuando se descuidan elementos.” No tiene retorno, pero sí un conteo regresivo e imparable. Es casi una muerte anunciada que golpea lentamente, pero no se detiene; viola todas las fuerzas y arrasa a su paso. No escucha ni atiende llamado, solo llega. En su declive se deja ver poco a poco, y lo único que se desconoce es cuánto durará ese proceso de deterioro progresivo y debilitamiento integral.

Causa una erosión silenciosa que destruye, volviéndose una “entropía emocional”: desorden, incertidumbre y caos. Es un drenaje de energía que no solo apaga la ilusión, sino que esteriliza el suelo para cualquier sentimiento futuro. Se podría decir que todo ser vivo lo vive, y todo ser inerte también; bajo la sombra del abandono nada permanece, sin importar quién o qué, dónde o cuándo.

Pero ¿qué pasa cuando es una decadencia relacional? Dos personas que “se amaban” y se proyectaban a futuro, iniciando una dulce y fresca versión de ellos mismos. Nadie se prepara para el calvario, ni muchas personas llegan a comprenderlo cuando ocurre la distorsión de la realidad.

La Falsa Eternidad

Es la droga del inicio que lleva a la ceguera voluntaria. Nos permite proyectar la mejor parte y anular cualquier probabilidad de ver la realidad; idealizamos la fantasía y la volvemos real con peculiaridades encantadoras, donde el silencio es cómodo y el roce, eléctrico. Pero ¿dónde está la eternidad de las cosas y de los sentimientos? Ese es el espejismo peligroso: un estado hipnótico donde el tiempo deja de ser lineal para convertirse en un presente expandido. Nos da la ilusión de que los sentimientos son una roca inalterable, cuando la realidad es que son un organismo que, por estar vivo, ya ha empezado a morir.

Aquí es donde toda pareja se equivoca, creyendo que las leyes de la naturaleza no aplican para ellos. Es ahí cuando inicia el descuido y aparecen las grietas. Se firman contratos emocionales sobre promesas que el futuro no pagará, creando una estafa romántica e ignorando que los seres humanos somos procesos, no estados fijos. Construimos una versión nuestra que la biología y el tiempo se encargarán de demoler. Cuando aparece la primera fisura bajo esa falta de perspectiva, el golpe es devastador: entre más alta haya sido la fantasía, más dolorosa será la caída. La falsa eternidad es una anestesia temporal donde amas la sensación, no a la persona.

La Metamorfosis

En la metamorfosis que sufren las relaciones existen señales visibles que ignoramos bajo la enajenación de creer que somos indestructibles. La mutación de la identidad compartida genera la pérdida de códigos íntimos. Ante nuestros ojos, todo se deforma: gestos, palabras, acciones. Las palabras cambian de química; los sabores, de ingredientes; los colores, de fuerza. Todo lenguaje, verbal o corporal, se invierte.

El lenguaje pasa de ser puente a ser muro. Ya no se habla para comunicarse, sino para herir o atacar. La música deja de ser melodía para ser ruido. Los gestos pasan de agradables a despreciables. El «nosotros» se desplaza hacia el «extraño». El proceso culmina cuando te despiertas al lado de alguien ajeno, pero lo más aterrador es que no te conoces a ti misma; no entiendes cómo llegaste ahí ni por qué permaneces, convertida en una versión amarga y opaca de ti misma, velando a quien solías ser.

En este punto, ocurre una transformación biológica negativa: todo se fermenta. Aquellas mariposas del inicio se convierten en gusanos de resentimiento. El brillo de los sentimientos se pierde por el óxido del distanciamiento; se enquistan las palabras calladas y se marchita la frescura de los momentos. El amor ha entrado en estado de putrefacción.

Los espacios físicos también mutan y crean barreras. Dos personas sentadas a la mesa, pero a años luz de distancia. El sofá se vuelve frontera y la cama un desierto desolado donde reina la noche y el frío. Todo objeto que antes simbolizaba unión es ahora como el escombro de una casa abandonada; una civilización que colapsó donde es mejor demoler que intentar reparar.

La erosión de lo cotidiano

La frescura no existe, todo se ha vuelto rancio. Antes, despertar era vivir y escuchar tus cualidades era música; hoy llegan las críticas y el reconocimiento de la carga. La microagresión cotidiana es la celda que quema cualquier sentimiento restante. Lo que antes era un gesto apreciado, hoy se siente obligatorio y no nace el elogio. Inicia el silencio defensivo; la paz es ahora pesada como el aire antes de una tormenta de desierto.

Acudimos a las rutinas diarias como a una armadura doméstica; una trinchera para dejar pasar el tiempo y no sentir la erosión interna. Convertimos la rutina en nuestra equinácea particular: una dosis de indiferencia administrada para fortalecer el sistema contra el dolor de la realidad. Nos movemos por la casa como fantasmas, tratando de traspasarnos sin tocarnos, utilizando el silencio como el muro final de nuestra propia decadencia. Ya no hay equipo, solo un grupo de adversarios que llevan cuentas matemáticas de agravios. El silencio es tal que los ruidos internos no te dejan escuchar. El fin ya está prediciendo su llegada.

Incluso la ciencia le pone nombre a este abismo. Según expertos como John Gottman, el desprecio es el mayor predictor del fin. Ya no hay dolor, hay asco o indiferencia, porque el resentimiento acumulado finalmente quemó la estructura original. Como una fotografía que pierde color y forma, la relación deja solo partes incompletas, rostros que ya no podemos reconocer.

«La decadencia no es la ausencia de amor, sino su putrefacción. Es ver cómo el oro de la primera cita se oxida hasta convertirse en un hierro que solo sirve para herir.»

El Umbral del Escombro

Al final, aceptar la decadencia no es un acto de derrota, sino de honestidad brutal. Entender que el amor, como todo organismo vivo, requiere una energía que la inercia de la rutina no puede proveer. Cuando el suelo se esteriliza y las palabras se enquistan, el mayor acto de amor —o de amor propio— ya no es intentar reconstruir sobre las ruinas, sino aprender a caminar entre ellas sin mirar atrás.

Porque a veces, el infierno no es el fuego del conflicto, sino el frío eterno de dos personas que, teniéndolo todo para ser incendio, prefirieron convertirse en ceniza por el simple miedo de admitir que su eternidad había caducado.