Segundo episodio (sin pompa) relatos literarios intimistas siglos XIX, XX Y XXI. (I parte)

Alberto Salom Echeverría

I. 1.Contexto social y político del siglo XIX. 2.Intimismo en la literatura de la segunda mitad del siglo XIX.

En este artículo no he hecho más que intentar darle seguimiento al anterior, basado en la misma temática. Advierto una vez más que, si bien me creo un buen lector soy neófito en el tratamiento de las corrientes literarias y por eso me he esforzado en este relato, para que todo quedara debidamente respaldado; una parte importante del escrito está basado predominantemente en lo que he leído a lo largo de mi vida. Por lo consiguiente, no esperen que mi estudio sea sistemático; es más bien salteado, aunque deseo fervorosamente que, les resulte serio, entretenido e interesante.

1. Contexto histórico, social y político en el siglo XIX.

El siglo XIX me resulta una de las centurias más ricas y, a la vez entreveradas. Rica desde los inicios del siglo en lo cultural, tanto como en lo artístico, en lo literario y en la música. Pienso que lo cultural fue, particularmente en esta época, toda una reverberación de los intrincados, por complejos y plurales movimientos sociales, ora predominando las pujantes corrientes revolucionarias emanadas de las postrimerías del siglo de las luces, de la Revolución francesa, de Alemania e Inglaterra, ora resaltando más bien las fuerzas conservadoras que tiraban de la cuerda del poder en sentido opuesto, para intentar retrotraer o acaso tan siquiera, para ralentizar o lentificar la rueda de la historia. Estos movimientos sociales y culturales tan contradictorios que se disputaban el poder fueron los que hicieron de esta época algo tan hermoso, pero a la vez intricando.

Por otra parte, fue la centuria del auge de los imperios neocoloniales, hacia el final de estos cien años, cuando la riqueza generada por la fuerza humana de trabajo entremezclada con la tecnología y auspiciada por la segunda revolución industrial bajo el nuevo mandato de la triunfante burguesía industrial, provocó la aparición de unas gigantescas masas de capital, cuyos jugosos excedentes migraron hacia los bancos para recrearse, reproducirse y generar la aparición del capital financiero. Aparece entonces la burguesía financiera, tras una suerte de fusión entre el capital bancario y el industrial que, pujante como nunca, presionó por trascender las fronteras nacionales europeas y migrar esta vez, con un nuevo ímpetu neocolonial hacia todas las partes del mundo.

Con fuerza irrefrenable, el nuevo capital financiero de los países capitalistas más desarrollados de Europa, se lanzó por todo el orbe; en África despedazando y desmembrando culturas enteras, etnias y tribus, para someterlas a un inédito mapa conformado por nuevas fronteras de supuestos “estados nacionales”, todos los cuales quedaron subordinados a los nuevos imperios neocoloniales, mediante la acción militar, la exacción de multas e impuestos y la extracción y explotación de materias primas indispensables para darle un nuevo y fabuloso empuje a la industria europea. Asia no fue una excepción al hambre de conquista neocolonial; La India por ejemplo fue un caso tempranero de salvaje conquista, explotación y latrocinio sin par, por parte del Imperio Británico. Así fue como la India, desde el año de 1770 pasó a formar parte de ese vasto imperio. De esta manera, quedó sometida una extensa civilización que, había sido hasta entonces poseedora de sus propias costumbres, idioma y religiones sólidamente acendradas desde milenios.

América tampoco se quedó atrás, los imperios neocoloniales se la disputaron y la fraccionaron sojuzgando hasta las nuevas burguesías nacionales que, habían emergido al influjo de los gritos de independencia: el de Morelos en México el 14 de setiembre de 1813, precedido por el “grito de Chuquisaca” (hoy ciudad de Sucre, en honor de uno de los principales libertadores, el Gran Antonio José de Sucre), el cual se produjo en el seno de la propia cordillera andina en lo que hoy es Bolivia en Sudamérica, un 25 de mayo de 1809 y preconizó los demás movimientos independentistas en diferentes direcciones, en La Paz, en Cusco, en Lima e incluso en Buenos Aires y Santiago de Chile. No puedo dejar de mencionar el inicio de la independencia de España en “La Nueva Granada” (conformada por lo que hoy son las Repúblicas de Venezuela, Colombia, Panamá, en esa época anexada a Colombia y, por último, el Ecuador). Simbólicamente se afirma que “un florero” fue el detonante que desató el “grito de independencia de Colombia”, el 20 de julio de 1.810. Igualmente oportuno es recoger de la investigación, el hecho ya reconocido de que un costarricense que hacía estudios de medicina en Guatemala, en la temprana fecha del 2 de mayo de 1.808, lanzó “el primer grito de independencia de los pueblos de Hispanoamérica”; en tales circunstancias quedó sembrada una de las primeras semillas de la independencia en toda Hispanoamérica, por el prócer costarricense Pablo de Alvarado, quien debió pagar con la cárcel durante varios meses su osadía, acusado por la Corona española como instigador. (Cfr. Mora, Elvis. Docente, semanario universidad.com. 14 de abril de 2020).

Junto a la depredación, explotación, repartición o disputa de muchos territorios en todos los continentes del mundo, fueron migrando en diferentes períodos, los fabulosos movimientos culturales europeos. Las nuevas naciones de América en general eran las que estaban mejor preparadas para recibir la impronta de las culturas europeas. De modo que, en numerosas ocasiones, la influencia cultural europea pasó por el tamiz de la crítica literaria, musical y artística, en América del Norte y en Hispanoamérica. Lo que resultó de este proceso fue sin más, un sincretismo indoeuropeo o hispano europeo, mediante el cual la “nueva” literatura procedente del viejo continente se hizo vernácula. En otros continentes, e incluso en algunas partes en el mismo continente americano, surtió, en cambio, el efecto de la domesticación cultural, adocenando a cientos de millones de personas, con lo que contribuyó enormemente a la labor de conquista que se había impuesto el neocolonialismo. Hay vivos ejemplos de lo anterior en la cultura, por lo que, en muchos de estos contextos daremos cuenta de algunos de ellos en los siguientes parágrafos.

2. Intimismo en la literatura de la segunda mitad del siglo XIX.

No tendré más remedio que desarrollar este episodio de la serie, yendo al inicio de este y regresando posteriormente hasta mediados de la centuria y de ahí en adelante, con el objeto de establecer los vínculos adecuados de los movimiento intimistas y culturales de todo el siglo XIX.

El romanticismo, movimiento cultural que hunde sus raíces en las postrimerías del siglo XVIII, como lo dejamos expresado en el artículo anterior, es un terreno muy fértil para la expresión de la literatura intimista, tanto en la poesía como en la dramaturgia o la novela, así como en el arte y la música. Este movimiento, se extiende a lo largo de las primeras tres décadas del siglo XIX, expresando ya fuera rencor, odio, abatimiento, o por el contrario esperanza, alegría y toda la pasión hija de los más sublimes sentimientos subjetivos que es capaz de albergar el alma humana. La ocasión era propicia, habida cuenta del advenimiento de un nuevo mundo que se abría campo en Europa y América. En Europa, la cúspide de esas cumbres la constituyó la “Revolución Francesa”, escenificada en la “Toma de la Bastilla” en la que se condensó el ascenso de una nueva clase social, la burguesía industrial que, no sin mediar intereses económicos, deja sentadas las máximas filosóficas que perduran hasta hoy de “Libertad, Igualdad y fraternidad”. Había razón para la expresión de los anhelos y esperanzas de la humanidad. En la música, una de las cumbres más altas del romanticismo lo fue Ludwig van Beethoven; para mí la cumbre más alta, en especial con sus nueve sinfonías, en particular desde mi humilde criterio, la sinfonía número tres o “Heroica”, la número cinco, que también se le conoce como “Sinfonía del Destino”, gracias a Anton Schindler, secretario y biógrafo de Beethoven (mi preferida) y la nueve o “Coral”. No muy lejos de ellas la sinfonía número seis o “Pastoral”.

Más avanzado el siglo, y extendiéndonos hasta las primeras décadas del siglo XX, he encontrado una sistematización de los movimientos literarios que prevalecieron en la siguiente secuencia: El Romanticismo de nuevo que, está presente en las primeras décadas del siglo y con altibajos entre 1830-1880; El Realismo y el Naturalismo 1880-1900; el modernismo 1900-1920. Luego, más allá las vanguardias entre 1920 y 1925. En suma, el Romanticismo fue el movimiento cultural y, político también, surgido en el siglo XVIII y desarrollado en la primera mitad del siglo XIX, aunque con ramificaciones que se extendieron más allá. Creció el romanticismo y se desarrolló exaltando principalmente la idea de la libertad. Muy importante es en mi opinión retener, como lo acabamos de expresar que, el auge cultural de la época estuvo marcado por el ascenso de la burguesía y los ideales de la Revolución Francesa de igualdad, libertad y fraternidad. De acuerdo con los datos acopiados, el movimiento literario que predominó en la Europa de la segunda mitad del siglo fue el naturalismo, una reacción frente a los dos movimientos culturales anteriores contrapuestos como fueron el romanticismo y el realismo.

A finales del siglo, el género más cultivado fue la poesía, con autores de gran calado como Heirich Heine en Alemania, Giacomo Leopardi en Italia y, muy connotado Yevgueni Baratinski, el cual inauguró la Edad de Oro de la Literatura rusa. (Cfr. https://www.cervantesvirtual.com>obra-visor>html).

Por otra parte, muchos consideran que uno de los movimientos que se cultivó con más fruición e intensidad por parte de los escritores fue el posromanticismo, el cual, obviamente se expresó durante la segunda mitad del siglo XIX. Se afirma, además que, el género poético creció mucho en el posromanticismo, destacándose la poesía intimista. Dos autores que se mencionan con insistencia, en el contexto español que, descollaron creando poemas intimistas fueron: Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), escritor español romántico tardío, por lo que muchos lo consideran posromántico, y Rosalía de Castro (1837-1885). Los autores posrománticos se diferencian de los románticos, porque “…sin rebelarse a fondo contra la forma de vida burguesa como hicieron los románticos, se refugian en su intimidad, en la soledad, en la marginalidad […] Estas posturas nacen de la falta de identidad burguesa, que les produce un característico inconformismo. En su deseo de evadirse de la angustia que les provoca la hipocresía de la sociedad burguesa (especialmente notoria en la sociedad victoriana) caen en ciertos vicios como el alcohol y las drogas. A veces, inclusive enloquecen o se suicidan”. (Cfr. Robert Milder, Exiled Royalties: Melville and the Life We Imagine, Oxford University Press US, 2006, p41. ISBN 0195142322 y Claudia Moscovici, Romanticism and Post-romanticism, Lexington Books, 2007, p110. ISBN 0739116746).

Son narradores posrománticos Herman Melville, Thomas Carlyle, G. K. Chesterton; la Madame Bovary de Gustave Flaubert es una novela posromántica. Lord Alfred Tennyson, Oscar Wilde, Elizabeth Barrett-Browning y su marido Robert Browning, Algernon Charles Swinburne y Rainer Maria Rilke son también poetas posrománticos. En Italia puede citarse a Giovanni Pascoli y en Portugal a António Nobre.

En la música se funden el Romanticismo y el Barroco en Johannes Brahms, Serguéi Rajmáninov, Giacomo Puccini (La Bohème, Madame Butterfly), Charles Gounod, Erik Satie y Piotr Ilich Chaikovski. También Gustav Mahler pertenece a esta estética. (Cfr. Ibidem).

En el género poético, contrario a lo acontecido con otros géneros, siguió predominando el romanticismo, buscando eso sí, lo íntimo, subjetivo y personal de una manera clara, contundente. La poesía devino más intimista, resalta lo emotivo y sensorial y se escribe en favor de lo puramente lírico y formal. Deseo rematar esta descripción con una cita que, me ha parecido una buena síntesis que caracteriza las diferencias entre escritores románticos y realistas: “… se podría afirmar que, en líneas generales, la crítica de la época distingue entre idealismo y realismo. Una primera escuela incluye las teorías que defienden una preponderancia del intimismo y los sentimientos y, una segunda, requiere un mayor cientificismo y objetividad. El naturalismo sería una especificidad del realismo. Altamira, siguiendo a Blanco Asenjo, fue uno de los críticos que defendió con mayor claridad esta sistematización. (cfr https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2215-26362019000300169).

No puedo resistir la tentación de solazarlos con la poesía quizás más famosa y bella de Gustavo Adolfo Bécquer y con esto termino este relato:

Fue el gran abanderado del romanticismo en España. En sus poemas habla de la creación poética, el amor, la muerte… Estas seis estrofas que componen “Volverán las oscuras golondrinas”, de Gustavo Adolfo Bécquer, son una oda a la fatalidad y al amor perdido.

Volverán las oscuras golondrinas, de Gustavo Adolfo Bécquer.

Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a sus cristales

jugando llamarán.

 

Pero aquellas que el vuelo refrenaban

tu hermosura y mi dicha a contemplar,

aquellas que aprendieron nuestros nombres…

¡esas… no volverán!

 

Volverán las tupidas madreselvas

de tu jardín las tapias a escalar,

y otra vez a la tarde aún más hermosas

sus flores se abrirán.

 

Pero aquellas, cuajadas de rocío

cuyas gotas mirábamos temblar

y caer como lágrimas del día…

¡esas… no volverán!

 

Volverán del amor en tus oídos

las palabras ardientes a sonar;

tu corazón de su profundo sueño

tal vez despertará.

 

Pero mudo y absorto y de rodillas

como se adora a Dios ante su altar,

como yo te he querido…; desengáñate,

¡así… no te querrán!

(Cfr. https://www.zendalibros.com/volveran-las-oscuras-golondrinas-gustavo-adolfo-becquer/).

 

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