Siguen los bárbaros

Por Memo Acuña (Sociólogo y escritor costarricense)

En el estadio del Atlético de Madrid en España este fin de semana se escucharon insultos xenófobos y racistas en contra del jugador Nico Williams, del Athletic Club.

Lo destacable del hecho es que en esta ocasión el bárbaro fue solamente un aficionado. Por su acción, (la imitación del sonido de un mono al estar cerca el jugador del equipo contrario) el equipo madridista fue multado a nivel económico y el sector donde este bárbaro profirió sus insultos, será cerrado en los dos partidos siguientes.

Acciones como estas, estamos claros, son ejemplarizantes, pero no detendrán el mal estructural del racismo y la intolerancia en una sociedad que poco ha entendido de qué va el ejercicio de la convivencia.

El racismo no es una contingencia. No es un grito por allá. Un insulto por acá. Es el resultado del ejercicio de un poder colonial de décadas que entiende la superioridad biológica y social como un juego de aniquilación sistemática del otro al que considera inferior.

En Costa Rica, un día si y otro también los actos de barbarie racista se repiten en los campos de juego. En Pérez Zeledón, ubicado al sur del país, un juego fue detenido y un aficionado fue sacado del estadio por su acción contra el jugador Joel Campbell. Eso estuvo bien.

Dias después en otro estadio ubicado en el Pacífico costarricense otro jugador, Jonathan McDonald, denunció haber sido insultado de la misma forma. Pero en esta ocasión el protocolo no fue activado. Eso estuvo mal.

Las acciones contra los bárbaros deben ser sistemáticas y sostenidas. En la medida en que se vean acorralados y limitados en sus actos, sentirán que la sociedad los señala por lo que hacen. Esto es el principio de la construcción de una nueva colectividad, más cercana a los valores de la horizontalidad y el reconocimiento del otro y la otra. Una sociedad donde los bárbaros como estos no vuelvan a sentirse empoderados.