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Etiqueta: racismo

En el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, activista Ngäbe-Buglé cuestiona: «¿Cuánto vale la vida de un niño o una niña Ngäbe-Buglé?»

San José, Costa Rica, 7 de agosto de 2026. En el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, la lideresa Zeidy Brukwä Rodríguez, integrante de la coordinación del Frente Nacional de Pueblos Indígenas y del Pueblo Ngäbe-Buglé, lanzó un llamado a la sociedad costarricense para colocar en el centro del debate la vida, la dignidad y los derechos humanos de las familias indígenas que cada año migran para participar en las cosechas de café.

Su reflexión parte de una pregunta que interpela al Estado, al sector cafetalero y a toda la sociedad costarricense:«¿Cuánto vale la vida de un niño o una niña Ngäbe-Buglé?»

El artículo surge en el contexto de las recientes discusiones nacionales sobre la muerte de niñas y niños indígenas durante la migración cafetalera y reivindica la necesidad de escuchar las voces de quienes han vivido esa realidad en carne propia.

«Muchas de las situaciones que hoy se denuncian no las conozco por informes ni por estadísticas. Las viví en carne propia. Hoy también soy madre. Y quizás por eso me duele aún más que el centro del debate deje de ser la vida de los niños y las niñas para convertirse en una discusión sobre fondos, seguros, inversiones y modelos de gestión», afirma Brukwä.

La activista recuerda que desde pequeña migró junto a su familia para recolectar café. Conoció el frío de las madrugadas, los largos recorridos, el hacinamiento en los albergues, la falta de acceso a la educación y la incertidumbre que enfrentan miles de familias indígenas cada temporada. Desde esa experiencia sostiene que el país mantiene una deuda histórica con el pueblo Ngäbe-Buglé.

Para Brukwä, los avances institucionales que se han alcanzado en los últimos años deben reconocerse, pero también es necesario recordar que muchos de ellos han sido resultado de años de denuncias y de la presión ejercida por las propias comunidades y organizaciones sociales.

«Los derechos no se compensan con programas sociales. Los derechos se garantizan», sostiene. Asimismo, enfatiza que las personas Ngäbe-Buglé no son simplemente mano de obra temporal. «Somos un Pueblo Indígena transfronterizo, con historia, identidad, idioma, espiritualidad, autoridades propias y derechos colectivos. Nuestra existencia no comienza ni termina con la cosecha del café.»

Brukwä advierte que durante décadas la historia de la migración cafetalera ha sido narrada principalmente por instituciones y sectores productivos, mientras que las voces de las propias familias indígenas han permanecido invisibilizadas. Esa historia también incluye discriminación, racismo, explotación laboral, barreras para acceder a servicios públicos, condiciones precarias de vivienda y la vulneración sistemática de derechos humanos.

La lideresa señala que el desarrollo económico del país no puede construirse sobre la vulneración de los derechos de quienes sostienen una parte fundamental de la producción cafetalera nacional.

Su artículo constituye además una respuesta al debate generado tras la publicación del texto «Historias completas construyen confianza: responsabilidad social en el sector café«, escrito por el gerente del Fondo Nacional de Sostenibilidad Cafetalera (Fonascafé). Brukwä coincide en que la historia debe contarse completa, pero sostiene que esa historia no comienza con los programas sociales o los mecanismos de aseguramiento, sino con generaciones de familias Ngäbe-Buglé cuyo aporte a la economía nacional nunca se tradujo en el pleno reconocimiento de sus derechos.

«La dignidad de un Pueblo no se mide por los programas que recibe, sino por los derechos que efectivamente se le garantizan. Mientras la vida de un solo niño o una sola niña Ngäbe-Buglé siga estando en riesgo durante la migración cafetalera, ninguna cifra, ningún fondo y ningún comunicado podrán responder a la pregunta que realmente importa: ¿cuánto vale la vida de un niño o una niña Ngäbe-Buglé?»

La publicación también da continuidad al pronunciamiento público presentado el pasado 21 de julio por el Programa Kioscos Socioambientales de la Universidad de Costa Rica, la Clínica de Derechos Humanos Ambientales del Instituto de Estudios Latinoamericanos (IDELA) de la Universidad Nacional, el Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE) de la Universidad Estatal a Distancia y el Observatorio de Relaciones Laborales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa Rica.

Ese pronunciamiento, respaldado por más de 500 personas y alrededor de un centenar de organizaciones de Costa Rica y Panamá, exige al Estado costarricense garantizar condiciones dignas de trabajo, vivienda, salud, educación y protección social para las familias Ngäbe-Buglé que participan cada año en las cosechas de café.

Mauricio Álvarez Mora, coordinador de la Clínica de Derechos Humanos Ambientales del Instituto de Estudios Latinoamericanos (IDELA-UNA), señaló que el aporte del artículo de Brukwä radica en devolver la palabra a quienes históricamente han sido objeto de decisiones sin ser escuchados.

«Durante muchos años la realidad de las personas trabajadoras indígenas ha sido contada por instituciones, empresas o personas externas. El principal aporte de Zeidy Brukwä es que coloca en el centro la voz del propio pueblo Ngäbe-Buglé. Escuchar sus experiencias, fortalecer el conocimiento sobre sus derechos y garantizar mecanismos efectivos para su protección constituye una responsabilidad ineludible del Estado costarricense.»

El Día Internacional de los Pueblos Indígenas fue establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1994 para promover el reconocimiento y la protección de los derechos de los pueblos indígenas. En Costa Rica, esta conmemoración fue oficializada mediante la Ley N.° 10449, que declara de interés público, académico y cultural la celebración nacional cada 9 de agosto.

¿Cuánto vale la vida de un niño o una niña Ngäbe-Buglé?

Por Zeidy Brukwä Rodríguez
Parte de la coordinación del Frente Nacional de Pueblos Indígenas y del Pueblo Ngäbe-Buglé

Escuchar sobre la muerte de niñas y niños Ngäbe-Buglé durante la temporada cafetalera me llevó inevitablemente a recordar mi propia infancia.

Fui una niña Ngäbe-Buglé que junto a mi familia viajamos para cosechar café. Conocí el frío de la madrugada, la falta de acceso a la educación, los largos caminos, los albergues en malas o pésimas condiciones (hacinamiento), el cansancio y la incertidumbre que acompañan a miles de familias cada año. Muchas de las situaciones que hoy se denuncian no las conozco por informes ni por estadísticas. Las viví en carne propia. Hoy también soy madre. Y quizás por eso me duele aún más que el centro del debate deje de ser la vida de los niños y las niñas para convertirse en una discusión sobre fondos, seguros, inversiones y modelos de gestión.

En los últimos días se ha insistido en que la historia sobre las familias Ngäbe-Buglé “se cuenta a medias”. Coincido. Pero no por las mismas razones.

La historia que falta no comienza con la creación de programas sociales ni con la implementación de mecanismos de aseguramiento. La historia completa comenzó mucho antes, con generaciones de familias Ngäbe-Buglé que han sostenido, con su trabajo, una de las actividades económicas más importantes de Costa Rica, sin que ese aporte histórico se tradujera en el pleno reconocimiento de sus derechos.

Nadie puede negar que existen avances institucionales que deben reconocerse, en buena hora. Pero también tiene que reconocerse que ha sido gracias a las denuncias y presión que se han hecho desde hace años para cambiar esta situación.

Toda medida que contribuya a proteger la salud, la seguridad y la niñez merece ser valorada. Sin embargo, esos avances no pueden utilizarse para desplazar el debate sobre las condiciones que siguen enfrentando muchas familias ni para responder a denuncias de derechos humanos como si la existencia de programas bastará para resolverlas.

Los derechos no se compensan con programas sociales. Los derechos se garantizan.

Las personas Ngäbe-Buglé no somos un costo de producción ni una población vulnerable cuya dignidad dependa de la solidaridad o caridad del sector cafetalero. Somos un Pueblo Indígena transfronterizo, con derechos colectivos reconocidos por la Constitución Política de Costa Rica, el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y otros instrumentos internacionales de derechos humanos.

Nuestra existencia no comienza ni termina con la cosecha del café. No somos mano de obra estacional. Somos un Pueblo con historia, identidad, cultura, idioma, espiritualidad, autoridades propias y derechos colectivos. Nuestra presencia en las cosechas no puede analizarse únicamente desde una perspectiva económica o asistencialista; debe comprenderse desde el reconocimiento de nuestra dignidad y de nuestros derechos como Pueblos Indígenas, como sujetos de derechos.

La salud, la seguridad laboral, una vivienda digna y la protección de la niñez no son actos de generosidad. No son favores. Son obligaciones jurídicas, éticas y políticas del Estado y de quienes obtienen beneficios económicos del trabajo de miles de familias Ngäbe-Buglé.

Durante décadas, la historia de la migración cafetalera ha sido contada principalmente por instituciones, empresas y sectores productivos. Con demasiada frecuencia, las voces de las propias familias Ngäbe-Buglé han quedado relegadas. Se habla sobre ellas, pero pocas veces se habla con ellas o desde ellas.

La historia completa también incluye la discriminación, el racismo, la explotación laboral, las barreras para acceder a servicios públicos, las condiciones precarias que aún persisten en algunos albergues y el dolor de familias que han visto vulnerados sus derechos más fundamentales. También incluye la muerte de niñas y niños, una realidad que debería interpelarnos mucho más que cualquier balance financiero.

Las organizaciones que denuncian estas situaciones no debilitan al sector cafetalero ni al país. Por el contrario, cumplen una función esencial en toda democracia: recordar que el desarrollo económico no puede construirse sobre la vulneración de derechos humanos.

El café costarricense no se cosecha solo. Se cosecha con las manos de miles de hombres, mujeres, personas mayores, jóvenes y familias Ngäbe-Buglé. Detrás de cada cosecha hay historias de esfuerzo, de sacrificio y también de profundas desigualdades que Costa Rica aún tiene la responsabilidad de enfrentar.

La dignidad de un Pueblo no se mide por los programas que recibe, sino por los derechos que efectivamente se le garantizan.

Mientras la vida de un solo niño o una sola niña Ngäbe-Buglé siga estando en riesgo durante la migración cafetalera, ninguna cifra, ningún fondo y ningún comunicado podrán responder a la pregunta que realmente importa: ¿cuánto vale la vida de un niño o una niña Ngäbe-Buglé?

UCR presentará el libro «Rescatando la memoria: dos encuentros históricos afrocostarricenses 1978-1996»

La Cátedra de Estudios de África y el Caribe y la Comisión Rescate de Nuestra Memoria Histórica realizarán el próximo jueves 13 de agosto, a las 9:00 a. m., en la Sala de Audiovisuales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica, una jornada académica dedicada a la memoria histórica, la identidad afrodescendiente y la divulgación del patrimonio cultural afrocostarricense.

El eje central de la actividad será la presentación del libro Rescatando la memoria: Dos encuentros históricos afrocostarricenses 1978-1996, una publicación que recupera, mediante documentos históricos, fotografías, archivos personales, notas periodísticas y otras fuentes primarias, la memoria de dos encuentros que marcaron un antes y un después en la organización y el reconocimiento de las comunidades afrodescendientes en Costa Rica.

La publicación rescata la memoria del Seminario Nacional sobre la Situación del Negro en Costa Rica (1978) y de la II Reunión Internacional de la Familia Africana (1996), espacios que promovieron el reconocimiento de los aportes de la población afrodescendiente, la reflexión sobre el racismo y la discriminación, así como la reivindicación de la identidad, la cultura y los derechos de las comunidades afrodescendientes.

Además de documentar estos acontecimientos, el libro pone en valor el legado de personas y organizaciones que impulsaron estos procesos, evidenciando cómo sus aportes contribuyeron al fortalecimiento de la conciencia histórica, la organización comunitaria y la construcción de una sociedad más inclusiva. La publicación constituye un importante aporte para la preservación de la memoria histórica y para el estudio de la presencia y las contribuciones de la población afrodescendiente en Costa Rica. La presentación estará a cargo de reconocidos académicos especialistas en la africanidad costarricense.

La actividad también incluirá una conferencia del destacado microbiólogo Dr. Joy Robleto Quesada, activista por el reconocimiento de los derechos de las personas afrodescendientes. Durante su intervención abordará temas relacionados con la africanidad biológica, entre ellos las diferencias entre etnia y genética, la diversidad de los grupos étnicos y su relación con los países de origen, así como otros aspectos de interés para comprender la riqueza y complejidad de la herencia africana.

Como cierre de la jornada, se realizará una presentación en la que se darán a conocer los resultados de las pruebas de ancestría africana de algunas de las personas participantes, en un espacio orientado a promover la reflexión sobre la identidad, la memoria, la pertenencia y el legado de la diáspora africana.

Esta actividad constituye una oportunidad para acercarse a una parte fundamental de la historia nacional, fortalecer el conocimiento sobre los aportes de las poblaciones afrodescendientes a la construcción de Costa Rica y promover el diálogo académico sobre memoria histórica, diversidad cultural, justicia social y reconocimiento de las contribuciones afrodescendientes al desarrollo del país.

Centro Cultural de España invita al conversatorio «El odio profundo a las minorías étnicas»

El Centro Cultural de España en Costa Rica (AECID Cultura San José) invita al conversatorio «El odio profundo a las minorías étnicas», un espacio de reflexión que reunirá a personas especialistas para analizar las manifestaciones del odio dirigido contra grupos étnicos y sus implicaciones sociales, culturales y políticas.

La actividad se realizará el miércoles 5 de agosto, a las 7:00 p.m., en el Centro Cultural de España.

El conversatorio contará con la participación de Helga Arroyo, Maykol Alonso Morales y María Laura Stephen, y será coordinado por Alexander Jiménez.

La actividad forma parte del proyecto «Tribus del Odio», una iniciativa que promueve el análisis crítico de los discursos de odio y sus efectos en la convivencia democrática.

El conversatorio es organizado por el Centro Cultural de España (AECID Cultura San José), con el apoyo de la Embajada de España en Costa Rica y la AECID, y es coorganizado por la Editorial de la Universidad de Costa Rica y la Escuela de Filosofía de la Universidad de Costa Rica.

Más información puede consultarse en:

ccecr.aecid.es

Los sigo “odiando”

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Es que el odio es algo estructural que cede el respeto, la escucha, la distancia. Se odia por aquello que se considera razón de duda. Yo odio porque tengo motivos para hacerlo.

Odio porque tengo razón. Toda la razón.

Se dedicaron a patear, escupir, insultar. Se dedicaron a burlarse. A ver a los otros en el suelo y allí dejar ir todo el despropósito que estaba por conocerse. No los ayudaron nunca a levantarse. Ni porque fueran simplemente seres humanos.

Se concentraron en aplicar una normativa muy suya. Muy hecha a su estilo y necesidades. Se esmeraron porque todos como yo les odiáramos. Porque les favorecieron siempre. Porque sus signos externos representaron supremacía, estatus, poder.

Se encargaron de saltarse la ley. De hablar un lenguaje ininteligible cuando millones les entendíamos su narrativa: soy el poder y el poder habla de tal forma: “Estoy con el poder”.

Se escudaron en una historia que les asignaba un lugar falsamente preponderante. Se pusieron sin ninguna reflexión un uniforme que dijeron defender con el corazón. Ese mismo corazón con que patearon, escupieron. insultaron y se burlaron del otro en el suelo.

Los sigo odiando.

En estas últimas semanas mientras transcurría el mundial de futbol, se dedicaron a mancillar al otro. A la otra.

Si.

No hablo de nadie más que de los agentes del ICE que continuaron sus vergonzosos actos violentos y racializados contra migrantes en varias ciudades de Estados Unidos.

Asesinatos incluidos.

A esos los sigo odiando.

¿O a quién esperaba usted que odiara con toda la rabia genuina e importante que se puede odiar en estos momentos?

Unidades de la UCR rechazan la estigmatización territorial del Caribe Sur y piden revisar el lenguaje sobre crimen organizado

La Cátedra de Estudios de África y el Caribe, el Observatorio para la Acción Contra el Racismo (OBCRA) y el Centro de Investigaciones Antropológicas (CIAN), de la Universidad de Costa Rica (UCR), emitieron un pronunciamiento conjunto en el que expresan su preocupación por el uso de la denominación “Cartel del Caribe Sur” para referirse a una estructura criminal investigada por narcotráfico, legitimación de capitales y tráfico de armas.

Las unidades académicas consideran que esta forma de nombrar establece una asociación directa entre una región habitada y una organización delictiva, generando procesos de estigmatización territorial que afectan a comunidades enteras que no son responsables de las actividades criminales que ocurren en sus territorios.

Según el pronunciamiento, el Caribe Sur constituye un territorio diverso y plural, habitado por familias, personas trabajadoras, pueblos y organizaciones comunitarias que, en muchos casos, son precisamente quienes padecen las consecuencias de la violencia asociada al narcotráfico y al crimen organizado. Por ello, advierten que equiparar un territorio con una estructura criminal empobrece la comprensión pública del problema y contribuye a reforzar dinámicas de racialización, segregación simbólica y sospecha generalizada sobre las poblaciones que viven en la región.

Desde una perspectiva de derechos humanos, las entidades firmantes sostienen que trasladar simbólicamente la responsabilidad penal desde las personas involucradas hacia comunidades completas resulta especialmente preocupante. Señalan que las comunidades no son equivalentes al delito que las afecta y que, por el contrario, conviven con estas problemáticas, resisten su presencia y sufren sus impactos.

El documento enfatiza que las denominaciones utilizadas por instituciones públicas y medios de difusión no son neutrales, ya que influyen en la construcción de imaginarios sociales, pueden legitimar prejuicios y orientar políticas públicas. Asimismo, advierte que las narrativas estigmatizantes pueden restringir la participación y debilitar la voz pública de las comunidades afectadas.

Las tres instancias universitarias subrayan que este problema no se limita al Caribe Sur y sostienen que ninguna comunidad, barrio, cantón o región del país debe convertirse discursivamente en sinónimo de la violencia o del delito que ocurre en su territorio.

Por ello, hacen un llamado al Ministerio de Seguridad Pública, al Ministerio Público, al Organismo de Investigación Judicial, a los juzgados y tribunales penales, a la Sala Constitucional, a las oficinas de comunicación institucional y a los medios de difusión para que revisen sus prácticas discursivas y adopten terminología precisa, ética y no estigmatizante al abordar temas relacionados con seguridad, narcotráfico y crimen organizado.

Entre sus solicitudes concretas, plantean evitar denominaciones que identifiquen agrupaciones criminales con territorios o poblaciones específicas y promover lineamientos de comunicación institucional que diferencien claramente a las estructuras delictivas de las comunidades afectadas por su accionar. También llaman a prevenir la reproducción de discursos que fomenten el racismo, la segregación territorial, la criminalización de comunidades o el daño reputacional sobre poblaciones enteras.

Las organizaciones concluyen reiterando su solidaridad con las comunidades del Caribe Sur y con todas las poblaciones del país que enfrentan los impactos de la violencia vinculada al narcotráfico y al crimen organizado.

Votación anual en la ONU contra la glorificación del nazismo: Las contradicciones de Occidente

Félix Madariaga Leiva
Periodista

Cada año la Asamblea General de las Naciones Unidas vota una resolución que, en principio, debería generar consenso global: la condena a la glorificación del nazismo, el neonazismo y otras formas contemporáneas de racismo y xenofobia. Sin embargo, lo que podría parecer una decisión ética y obvia, se ha convertido en un acto cargado de tensiones políticas y profundas contradicciones.

Durante la 80ª sesión de la Asamblea General de la ONU, el Tercer Comité aprobó el proyecto de resolución titulado «Lucha contra la glorificación del nazismo, el neonazismo y otras prácticas que contribuyen a la escalada de la discriminación racial, el racismo, la xenofobia y la intolerancia asociada». El texto, presentado por Rusia, busca condenar la rehabilitación de ideologías y símbolos vinculados al nazismo, así como el auge de movimientos que promueven la discriminación racial y la intolerancia.

A primera vista, el contenido de la resolución parece difícil de cuestionar. El nazismo representa uno de los episodios más oscuros de la historia contemporánea, responsable de millones de muertes, genocidios y una devastación sin precedentes durante la Segunda Guerra Mundial y más allá. Su condena ha sido, durante décadas, uno de los pilares del consenso internacional surgido tras la derrota del Tercer Reich en 1945.

Sin embargo, una vez más, la votación reveló divisiones profundas dentro de la comunidad internacional. Varios países occidentales —entre ellos Estados Unidos y numerosos miembros de la OTAN— votaron en contra de la resolución, mientras otros optaron por abstenerse.

La paradoja resulta evidente: muchos de estos países fueron víctimas directas de la expansión del fascismo y del nazismo durante el siglo XX. Sus poblaciones sufrieron invasiones, ocupaciones y destrucción masiva a manos del régimen nazi y sus aliados. Que hoy se opongan a una resolución que condena la glorificación de esa ideología genera interrogantes legítimos y, para muchos observadores, una profunda indignación.

Los gobiernos que votan en contra suelen argumentar que el texto puede ser utilizado con fines políticos, particularmente en el contexto de las tensiones entre Rusia y Occidente. Según estas posiciones, la resolución podría servir para justificar narrativas geopolíticas o limitar ciertas formas de expresión política. Sin embargo, para numerosos analistas y organizaciones antifascistas, estos argumentos no justifican rechazar una condena explícita al nazismo y a sus formas contemporáneas.

En un contexto internacional marcado por conflictos armados, tensiones entre potencias y el crecimiento de movimientos ultranacionalistas en distintas regiones del mundo, la discusión adquiere una relevancia aún mayor. El resurgimiento de discursos de odio, racismo y xenofobia demuestra que el legado del fascismo no pertenece al pasado.

La votación anual de esta resolución en la ONU se ha transformado así en un espejo incómodo de la política internacional. Más allá de los argumentos diplomáticos, pone sobre la mesa una pregunta fundamental: si la comunidad internacional es realmente capaz de sostener un consenso claro y sin ambigüedades frente a ideologías que han representado una tragedia histórica para la humanidad.

En tiempos de creciente polarización global, recordar las consecuencias del fascismo y defender activamente la memoria histórica no es solo un ejercicio simbólico. Es, ante todo, una responsabilidad política y moral frente al pasado y frente a las generaciones futuras.

Fuentes:

https://docs.un.org/es/A/RES/80/192

https://surcosdigital.com/53-votos-contra-la-resolucion-que-condena-la-glorificacion-del-nazismo-en-la-onu-nueva-decepcion-para-occidente/

Matar un ruiseñor dos veces

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Ni siquiera hemos traspasado la mitad de este primer mes de 2026 y ya el sabor agrio del odio y la intolerancia nos ha avisado que no vinimos de paseo a este año. Que, si 2025 fue complejo a nivel global, 2026 se encargará de superarlo con creces.

“Quien mata un poeta tiene las manos sucias dos veces” he leído en tantos lugares en redes sociales los últimos días.

Pareciera que la consigna es castigar de forma ejemplarizante para que la gente deje hacer a la policía migratoria estadounidense su trabajo: cazar migrantes como ratas y expulsarlos de un país absolutamente desquiciado, moralmente destruido.

“Quien mata a una poeta tiene las manos y su corazón sucios las veces que sean” me atrevo a decir.

La tarde del 7 de enero la poeta y activista Reneé Nicole Macklin Good fue asesinada a sangre fría por un funcionario del Servicio de Migración en Estados Unidos en Minneapolis.

Si. La metáfora se cuenta sola. Las siglas en inglés de este departamento son ICE, que también significa hielo, frialdad. Las manos de ese funcionario están llenas de hielo, de odio, de resentimiento. Así como las manos de otro oficial de las fuerzas del orden de Estados Unidos que, a pocos metros de ese lugar en mayo de 2020, asesinó a George Floyd en otro episodio de injusticia racial que todos y todas recordamos.

“No puedo respirar” dijo Floyd en ese momento …” está bien amigo, no estoy enojada contigo” diría Reneé. Ambas frases, las últimas dichas por ambos antes de fallecer.

El resentimiento visceral que muestran los agentes migratorios quizá provenga como reacción a una actitud colectiva que se ha viralizado ya en varios Estados en los que ICE ha pretendido ejecutar operativos cazamigrantes.

Un día sí y otro también se han observado escenas de defensa y resistencia de la ciudadanía y de activistas por los derechos humanos, que interponen sus cuerpos para que estos no puedan accionar contra los de los migrantes. Empujones, gritos, resistencias son las principales estrategias. Y en muchos casos han conseguido su objetivo: liberar a los migrantes de sus captores.

Reneé interpuso su cuerpo desde su vehículo, hasta donde fueron dos funcionarios a detenerla. Uno de ellos percutió su arma de reglamento en tres ocasiones y de frente, causándole la muerte. Se escucha en el video que circula que alguien dice “Maldita Zorra” al tiempo que suenan los balazos. Un médico pretendió atenderla de emergencia, pero fue apartado por los funcionarios de ICE. Los calificativos de Donald Trump y su equipo hacia la poeta incluyeron “terrorista” y “de ideología de izquierda”.

Lo demás, lo que usted sienta y piense se lo dejo a su criterio.

En la novela de Harper Lee “Matar un ruiseñor” se relata la historia de racismo durante los años 30 del siglo anterior. Un joven negro es acusado de manera injusta de violación de una mujer blanca. En el caso de Reneé las justificaciones disonantes y sin sentido de una supuesta defensa de los funcionarios ante un posible ataque de parte de ella, retratan de cuerpo entero la decadencia de un sistema migratorio corrupto, xenofóbico, racista y criminal.

A pesar de todo esto, mantengo una luz de esperanza en que este 2026 rectifique su rumbo. No solo porque lo creo así sino porque entiendo el riesgo civilizatorio de darle poder a un demente sin control. Confío en la resistencia desde el arte como lo hacía Reneé, como lo hacemos tantos y tantas alrededor del mundo. Confío en que ese Ruiseñor vuelva a respirar y cantar en medio de tanto caos.

La nueva moda del racismo selectivo en Cahuita

Por Bernardo Archer Moore
Limonal de Cahuita

Bernardo Archer Moore, presidente de ACUDHECA.

Lamentablemente, en los últimos tiempos, en Cahuita se ha puesto de moda cuestionar “quién es negro y quién no” y “quién pertenece o no pertenece a la comunidad Tribal de Cahuita.”

¿Cómo se supone que les explique a mis “primitos blanquitos” que sus bisabuelos están enterrados en un cementerio ancestral, hoy oculto dentro del Parque Nacional Cahuita, pero que, según algunos, ellos no son parte del Pueblo Tribal por el color de su piel y por no hablar criollo jamaicano?

Una moda peligrosa, alimentada por la ignorancia y la conveniencia, que divide familias y comunidades.

Pero me pregunto:

¿Hacen esas mismas preguntas cuando toca celebrar el Carnaval, un festival cultural, un funeral o una salida de “pesca” de un familiar o allegado, en aguas profundas de alta mar?

Por supuesto que no.

Ahí sí todos somos “hermanos y hermanas de Cahuita”.

Si no fuera así, sus familiares difuntos no hubieran sido sepultados en un Cementerio que es propiedad de una familia “blanca” extranjera —la familia Tabash Lazarus—, ni visitarán el Centro Diurno de Adultos Mayores, también propiedad donada por esa misma familia Tabash.

Tampoco usarían el Salón Comunal para organizar reuniones “exclusivas para personas negras”, porque esa propiedad fue donada por una mujer blanca – Doña Amelia Escocia.

Y mucho menos asistirán a la Iglesia Católica edificada sobre un terreno igualmente donado por la misma señora “blanca”.

Pero lo más grave es que hoy pretenden negar la entrada de personas blancas a reuniones que llaman “Solo para Negros”, como si ese acto grotesco borrara la historia interracial de Cahuita.

Eso no solo es un insulto a nuestra memoria colectiva: Es una traición a quienes construyeron este pueblo con sus manos, su sudor y su sangre —negros, blancos, mestizos, jamaiquinos, indígenas y afrodescendientes por igual.

Ignorancia no es excusa.

Hipocresía tampoco.

Cahuita es, y siempre ha sido, una comunidad de mezcla profunda.

Mi propia familia lo demuestra.

Promover divisiones raciales al estilo de Estados Unidos solo puede servir a un propósito:

Crear un conflicto que nunca ha sido parte de nuestra identidad.

Entonces, surge la pregunta inevitable:

¿A quién le conviene dividir a Cahuita por raza?

Seguro que al pueblo… NO.

Lo que escribe el odio

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Hace algunas semanas fue publicado en España el resultado de un año de seguimiento en redes sociales a los discursos racistas que permean sus contornos.

Es cierto. Detrás de una opinión que no es simple, se vierten los contenidos más espurios de ataque a las personas en razón de su nacionalidad, color de piel, identidad.

Le correspondió esta vez al atacante Lamine Yamal recibir calificativos como “moro de mierda” o “Mena”, según el Observatorio contra el racismo y la xenofobia de aquel país europeo. En el último año el jugador barcelonés concentró el 60% de los insultos racistas.

El otro jugador receptor de tales agravios es el brasileño Vinicius JR, contra quien incluso se han proferido insultos que han llegado a detener partidos y expulsar a quienes lanzaron los gritos desde las graderías.

Para que tengamos una dimensión real del significado del racismo hacia Yamal, la palabra “Mena” fue instrumentalizada por la derecha española para hacer referencia a cualquier persona con aspecto magrebí.

Ya su uso empezó a descuadrarse al vincular a los Menores Extranjeros No Acompañados que llegaban a países como España, Francia e Italia con peligro y delincuencia.

Rápidamente, como suelen ser las ideas del radicalismo de derecha, su significado alcanzó connotaciones racistas que pronto abordaron las canchas de fútbol.

Lo que el odio escribe y pregona es la barbarización del otro hasta restarle su humanidad. En tiempos donde justamente la humanidad vive uno de sus períodos más complejos, estos discursos deben ser erradicados y restados en su poder. Empezar por ejemplo a negarlos, eliminarlos como opción para que no vuelvan a tener espacio en ningún lugar con resonancia.

Esa es la tarea.