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Etiqueta: defensa de la educación

Un faro para el camino: la lucha por la educación es una obligación histórica

José Joaquín Meléndez G.

Hay momentos en que un gremio debe detenerse, mirarse al espejo y preguntarse con honestidad: ¿seguimos siendo fieles a lo que nos dio origen? Esta es una de esas horas. Y la pregunta no es incómoda para quien tiene la conciencia tranquila, sino necesaria para quien ama de verdad su causa.

Lo que somos

Somos trabajadores de la educación de Costa Rica, herederos de una tradición que decidió, hace mucho, que este pequeño país no tendría ejércitos sino escuelas. Esa decisión nos dio identidad, paz y dignidad. Cada trabajador de la educación que hoy entra a un aula continúa esa historia. Frente a nosotros están niños y niñas, jóvenes llenos de ilusiones: no son una estadística ni una carga presupuestaria, son el país que viene. Y nosotros somos, en gran medida, quienes lo formamos.

El faro que hace falta

Toda organización humana, por noble que sea su origen, corre el riesgo de desviarse: de que el interés personal se disfrace de interés colectivo, de que el cargo sea privilegio y no servicio, de que la defensa legítima se vuelva costumbre vacía, de que el silencio cómodo reemplace a la crítica honesta. Nombrar esas desviaciones no es debilitar al magisterio; es protegerlo. La luz del FARO incomoda a quien se esconde, pero libera a quien actúa con rectitud. Un sindicato fuerte no teme a la transparencia, la practica. No teme a las cuentas claras, las presenta. No teme a la crítica interna, la convierte en rumbo.

Combatir, sí, pero con principios

Nuestra lucha es firme y no pide permiso para serlo. Lucharemos por escuelas dignas, por programas de estudio pertinentes y de calidad, por condiciones justas para quien enseña, por inversión seria y sostenida en educación, y por el derecho de cada niño, viva donde viva, a aprender. Pero la fuerza de esta lucha depende de su autoridad moral. Un combate sin valores se convierte en ruido; un combate guiado por la justicia, la honestidad y la solidaridad se convierte en historia. Combatimos contra el abandono, la indiferencia y la mediocridad, y también contra todo vicio que nos habite por dentro.

Lo individual y lo colectivo

Desde el aula, el docente construye con su ejemplo diario. Desde el sindicato, la dirigencia construye con su coherencia. Son dos trincheras de una misma causa. Ninguna sustituye a la otra: sin trabajadores de la educación comprometidos, el sindicato pierde su razón de ser; sin un sindicato ético y valiente, el trabajador de la educación queda solo ante los desafíos. Cuando ambos se rigen por principios y valores, la profesión se eleva y la escuela se transforma.

Una obligación histórica

Las generaciones que nos antecedieron lucharon para que hoy exista una educación pública que es orgullo nacional. No la recibimos para administrarla con comodidad, sino para defenderla, renovarla y entregarla mejor. Esa es nuestra deuda y nuestra responsabilidad. Dentro de cincuenta años, alguien juzgará si estuvimos a la altura. Que pueda decir que, cuando hubo que corregir el rumbo, tuvimos el valor de hacerlo; que cuando hubo que defender la escuela, no dimos un paso atrás; y que cuando se trató de elegir entre el interés propio y el de los niños, elegimos siempre a los niños.

Convicción para seguir

Nuestra lucha es por la educación, por la niñez y la juventud, por las escuelas y los programas, y, en definitiva, por una Costa Rica mejor para todos. Es una causa que no se agota en un período ni en una dirigencia, porque no nos pertenece: es un legado que nos fue confiado.

Hoy lo reafirmamos con serenidad y con firmeza: el FARO por delante, la rectitud como brújula y los niños como razón. Ese es el camino.

San José, octubre de 2026

Los sindicatos son actores políticos que les compete la defensa de la educación y de la democracia costarricense

Manuel Hernández

Las universidades públicas, una pluralidad de sectores sociales, productivos, estudiantiles y sindicatos, están convocado a un movimiento nacional de protesta cívica, para el miércoles y jueves de esta semana.

Algunos sindicatos están convocando, de manera explícita, a una huelga uno o ambos días.

El objetivo central del movimiento, aunque hay que destacar que no es el único, es protestar contra los constantes recortes de los recursos asignados a la educación pública, y además, presionar para que en esta oportunidad, de una vez por todas, la Asamblea Legislativa cumpla el mandato constitucional, que ordena que el presupuesto destinado a la educación no puede ser inferior al 8% de PIB (artículo 78 de la Constitución Política).

Vale advertir que la norma constitucional no establece una aspiración, una meta, sino un precepto imperativo, que, por encima de cualquier imposición de orden fiscalista, tiene que respetarse en virtud del principio de supremacía de la Constitución, principio que desafortunadamente ha sido violentado impunemente, año, tras año, y nada ha pasado.

En esta ocasión, a raíz de tanto ajuste fiscal y desproporcionada afectación de los recursos destinados al gasto público y la inversión social, en la agenda de la lucha ciudadana la cuestión del presupuesto de la educación asume una centralidad de primer orden.

La convocatoria sindical a un movimiento de huelga contra las políticas públicas y gubernamentales no es nada que desborde las competencias que nuestro ordenamiento, desde la Constitución Política (CO POL), hasta las leyes ordinarias, atribuye a los sindicatos. Los sindicatos no están haciendo otra cosa que no sea atender una misión suprema, que trasciende la tradicional función reivindicativa y contractual que comúnmente realizan.

Ese cometido superior del que estamos hablando está preceptuado en el artículo 332 del Código de Trabajo:

“ARTICULO 332.- Declarase de interés público la constitución legal de las organizaciones sociales, sean sindicatos, como uno de los medios más eficaces de contribuir al sostenimiento y desarrollo de la cultura popular y de la democracia costarricense.”

Una norma con un apreciable sentido estético, pero que, además, encierra una profunda proyección ética y ciudadana, que define el modelo de sociedad que los sindicatos tienen que asumir la responsabilidad y compromiso de defender y fortalecer.

Esta norma declara de interés público la formación y actividad de los sindicatos, porque se les atribuye el cometido de defender y desarrollar la cultura popular y la democracia. Es decir, la norma legal concibe a los sindicatos como sujetos políticos, actores claves en la configuración del sistema democrático.

La participación política que se reconoce a los sindicatos es expresión del modelo de Estado diseñado por la Constitución: un Estado de carácter democrático, plural, pluricultural, multiétnico y participativo (artículo 1°).

Ese modelaje democrático lo profundizó, a principio de este siglo, la trascendental reforma del artículo 9 de la misma Constitución (2003), que estipuló que el Gobierno de la República es popular, representativo, participativo, alternativo y responsable, el cual ejerce -en primer lugar- el Pueblo y los demás Poderes institucionales.

Los sindicatos vienen así investidos como interlocutores políticos, dentro del marco axiológico de la Constitución, cuyas acciones también tienen como destinatarios los poderes públicos, con la finalidad de participar e incidir en el diseño y definición de las políticas públicas que conciernen a las y los trabajadores, inescindiblemente como clase social y ciudadanos.

Al cobijo de ese amplio marco jurídico, cuyo marco comprende el reconocimiento constitucional del derecho de huelga de los trabajadores, que por cierto, el artículo 61 constitucional no restringe los intereses defendibles en una huelga a los intereses de carácter estrictamente profesionales, en consonancia con el artículo 1° y 9 CO POL, que definen el modelo del Estado Social y Democrático, en relación con el articulo 334 y 371 del Código de Trabajo, ultima norma que reconoce el derecho de huelga contra las políticas públicas, se puede sólidamente sostener que la convocatoria de los sindicatos a una huelga contra las políticas de ajuste fiscal, que tanto daño están causando a la democracia social y la educación, tiene pleno respaldo en nuestro ordenamiento jurídico.

No puede omitirse, salvo que se incurra en una ignorancia monumental, que la reciente Opinión Consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, OC-27/21, en materia de Libertad Sindical, reconoce expresamente, entre otras modalidades, la validez y la protección de la huelga “que impugnan políticas públicas”.

Este histórico pronunciamiento de la CORTEIDH es vinculante para Costa Rica, el cual tiene una eficacia normativa, de carácter inmediata, cuyos derechos de libertad sindical amparados, incluida la huelga, son “derechos de exigibilidad inmediata”, como lo determinó la misma resolución.

No es ocioso recordar que el carácter vinculante del pronunciamiento del Tribunal Internacional fue admitido recientemente por la Procuraduría General de la República, que para nada ha sido una instancia sospechosa de ser simpatizante de los sindicatos.

El carácter vinculante de la Opinión Consultiva implica que todas las autoridades públicas y gubernamentales concernidas en el movimiento de huelga, convocado por los sindicatos, empezando por la Ministra de Educación, tienen que aplicar el correspondiente control de convencionalidad, y por tanto, inhibirse de cualquier actuación administrativa que pueda tener el efecto, directo o indirecto, de limitar, restringir o sancionar, de cualquier manera, el ejercicio pleno de ese derecho fundamental de las y los trabajadores.

Por último, no es menos importante subrayar que reiterados pronunciamientos de los órganos de control de OIT, admiten la validez de las huelgas “que engloban también la búsqueda de soluciones a las cuestiones de política económica y social.” (Ver Recopilación de decisiones del Comité de Libertad Sindical, párr. 758 y 763. Asimismo, Comité de Libertad Sindical, 344º informe, Caso núm. 2509, párrafo 1247; 348º informe, Caso núm. 2530, párrafo 1190; 351º informe, Caso núm. 2616, párrafo 1012; 353º informe, Caso núm. 2619, párrafo 573; 355º informe, Caso núm. 2602, párrafo 668; 360º informe, Caso núm. 2747, párrafo 841; y 372º informe, Caso núm. 3011, párrafo 646).

La convocatoria sindical a la huelga, ahora más que nunca, está de sobra justificada, en razón que el Estado ha perdido legitimidad democrática, a causa de regresivas políticas públicas, enraizadas en la ignominiosa Regla Fiscal, que lesionan los programas sociales y servicios públicos que constituyen la infraestructura de la democracia (educación, cultura, salud, niñez y adolescencia, entre otros tantos), afectando con mayor intensidad los sectores más vulnerables de la población costarricense.

La permanente violación del artículo 78 constitucional, los insufribles recortes de los presupuestos públicos menoscaban la cultura popular y socaban la democracia costarricense, cuya defensa, en buena hora, que ya hacía tanta falta, están asumiendo patrióticamente los sindicatos.

Admito que todavía me queda algo de optimismo. Pienso que aún no es demasiado tarde para defender y rescatar la democracia, en beneficio de las grandes mayorías de la población. No es aún imposible.

John Lennon afirmó:

“Tú decides el mundo que quieres tener.
Tienes el poder de cambiar el mundo,
por ende,
el de quienes te rodean.
Aquí nada es imposible.”

En medio de la crisis más grave que ha sufrido nuestro sistema democrático, ese es el impostergable desafío ético y político que tienen los sindicatos, cuya senda marcó, hace 81 años, el artículo 332 del Código de Trabajo, con una impensable visión de futuro.

El mayor riesgo es que no hagamos nada y dejar que la historia nos pase por encima.