Ir al contenido principal

Etiqueta: enseñanza de la historia

12 de octubre de 1492: ¡Tierra, tierra! Lo que dice el texto y el des(cubri)(miento)

Trino Barrantes Araya

Correo-e: camilosantamaria775@gmail.com
San Ramón, lunes 12 de octubre de 2026
A 534 años del genocidio en América

Bajo el fuego mordaz del arcabuz, la espada metálica diabólica, la sed de riqueza y el evangelio, inició la conquista y la colonización de América.

La historiografía tradicional afirma, mediante su propia narrativa, la construcción de varias mentiras, respecto al hecho histórico que sucede el 12 de octubre de 1492. Mentiras que pondremos en el tapete, a fin de ejercitar un nuevo estado de lectura crítica a estos acontecimientos.

Se afirma que en esa fecha Cristóbal Colón “des(cubre) América”, lo que supone un gran salto y paso para dar lugar a la primera globalización del mundo. Globalización que, bajo la política de alianzas y la complicidad de los traidores, de algunos reyezuelos indígenas, aceleraron este doloroso parto de “encontronazo cultural”.

Pero hagamos un pequeño examen del vocablo que nos pone en contacto con Europa. Previamente señalemos algunos enclaves históricos de este genocidio:

  • 14 de marzo de 1519, año 1 Caña (matlacti ihuan eyi acatl), la llegada de Hernán Cortés coincide con la profecía del calendario azteca. El presagio tiene como destino la caída de Tenochtitlán.

  • 1524, derrota de los Kíche y caída de Tecún Umán, por parte de Pedro de Alvarado; más tarde, y nuevamente con la complicidad de otros jefes indígenas, caen los kaqchikeles, Tz´útjiles y los mames. Dichosamente los territorios mayas sostuvieron una larga resistencia en el Petén y Verapaz.

  • 16 de noviembre de 1532, Francisco Pizarro doblega la resistencia del imperio incaico y cae Atahualpa bajo los dominios perversos de la corona española

  • Colombia quedará más tarde bajo el dominio de Gonzalo Jiménez de Quesada. Fue un largo proceso que inició en 1499 y se prolongó hasta 1550.

  • En 1540, Pedro de Valdivia, en la guerra del Arauco logra un triunfo sobre los mapuches. Pero a estos pueblos originarios, como a los pueblos de Talamanca en Costa Rica, nunca pudieron someterlos del todo.

Primera mentira. DESCUBRIMIENTO: El prefijo “des”, refiere y connota una negación o inversión de la palabra a la que va antepuesto. Como sinónimos podríamos poner a su lado otras palabras como desconfiar, deshacer. El sema que refiere al verbo “cubrir”, denota la acción de poner algo encima, ocultar, resguardar. Colón, independientemente del punto que asuma el historiador, construye su hazaña bajo un código de mentiras, que son las que sirven de base en la enseñanza de los Estudios Sociales. “Miento”, es el presente del verbo mentir.

10 mil años, antes que Cristóbal Colón, llegara a estos territorios originarios, ya había iniciado la cultura productiva, mediante el uso y domesticación de algunas plantas. Pero, además, estas tierras habían sido visitadas por fenicios, vikingos y chinos. Lo que desmiente la afirmación del crédito que se le quiere dar a Colón.

Segunda gran mentira con que se teje este acontecimiento. Colón llevó un diario paralelo (Moreno Fraginals, 1973)). Esto demuestra que no hubo transparencia a la hora de comunicar lo que este nuevo continente para los ojos europeos guardaba.

Tercera falsificación. En la escuela se nos dice que llegó a nuestras tierras en tres carabelas. Falso. Los especialistas en náutica y navegación nos confirman que la aventura española se realizó en tres tipos de naves diferentes: Una carabela, una nao y una carraca. Esto debe tenerse presente para poder dimensionar el verdadero sentido y objetivo de esta empresa comercial e imperialista.

Cuarta duda. Colón escondió muy sutilmente su origen familiar, pero, además, no fue lo suficientemente transparente con los objetivos suyos, que estaban detrás de la empresa que le financiaron los reyes de España.

La quinta situación de duda. Esta refiere a 1502, respecto a la llegada a tierras costarricenses. En su mismo diario Bartolomé de las Casas y el hijo de Cristóbal Colón, Diego Colón, afirman que: “Llegué a la tierra de Cariay en donde me detuve a remediar los navíos y dar bastimentos y alimentos a la gente que venía enferma”. Nuevamente aquí, los especialistas al hacer la suma de los nudos náuticos (Moreno Fraginals, 1973) que se desprenden del mismo diario o bitácora de Colón demuestran que no fue en estas tierras donde Colón llegó en su cuarto viaje, sino cerca de las costas de Venezuela.

Sexta crítica. Para esta tesis la fuente principal será el libro de Juan Gil: Mitos y Utopías del Descubrimiento. Si Colón conocía que la tierra era redonda, surge la duda que se nos ha querido afirmar que él creyó encontrar el Cipango y el Catay, en las tierras de América. La meta de las tres embarcaciones: La Pinta, La Niña y la Santa María, no puede ser, en modo alguno, la tierra de Catay ni la Corte del Gran Khan, por muchas cartas y mensajes que llevase para el soberano chino; Colón se dirige a Cipango, y una vez alcanzada esta isla, que no es otra que la Ofir bíblica, considera que ha cumplido su promesa.

Finalmente, el 7 de noviembre de 1504, se tiene como fecha del regreso definitivo de Cristóbal Colón a España. La ruta de la acumulación originaria sentaba así los primeros pasos del mercantilismo, para afirmar más tarde el expoliador, explotador y salvaje sistema capitalista, frente a estos nuevos territorios que habían hecho del buen vivir y el respeto a la ecología y la madre tierra, su propia razón de ser, su propia existencia.