Ir al contenido principal

Etiqueta: EUA

Los libertarios y los multilateralistas

Marlin Oscar Ávila

Marlin Óscar Ávila.

Grandes potencias europeas, junto con EUA están abriendo senderos hacia una guerra mucho más global de la que ha estado dándose en zonas orientales en el presente año, estimuladas por la OTAN contra Rusia. Para la Alianza de Occidente, esa Federación en Europa del Este (Rusia) es un botín que debe ser conquistado como lo hacían los corsarios en el siglo XVIII y los imperios del XIX, excepto que ahora existe un estratega nacionalista como Vladimir Putin, sumamente «peligroso», aliado a la gran potencia China, que juntos están construyendo un mundo multipolar al cual se están uniendo los demás países que están fuera del eje de Washington y donde se apuesta por la paz y el equilibrio climático duradero.

La caída del imperio estadounidense está sucediendo aun cuando su destrucción significa el resquebrajamiento de muchas estructuras institucionales, desde el micro local, hasta el macro institucional, desde lo nacional hasta lo multinacional. Se hará sentir lenta y dolorosamente. Su repercusión es en todos los aspectos de la vida social, especialmente en aquellas sociedades más dependientes del dominio imperial norteamericano y, menos lo será en aquellos países que han iniciado relaciones alternativas. Naciones con gobiernos más liberales y neoliberales tendrán una mayor resistencia a esos cambios y al multilateralismo, aun cuando su retórica sea «libertaria» dadas sus ataduras con el sistema dominante del norte.

Un síntoma de que esta corriente multilateralista está creciendo es la expansión de ondas ultraconservadoras, cuyas expresiones suenan como de la época de la guerra fría, entre 1947 a 1991. Entre mayor sea la ignorancia mayores son las acusaciones de «comunistas» hacia quienes buscan la autonomía y soberanía, principios básicos del multilateralismo.

Esperemos a que los gobiernos y pueblos de la región Centroamérica avancen en apoyar el multilateralismo. Que no se dejen manipular por los grandes medios controlados por las oligarquía, seguidoras de las grandes corporaciones del mercado internacional.

6 de julio de 2024

Gobierno de Costa Rica parte de la servidumbre en contra de la Paz en Ucrania

Martín Rodríguez E.

Martín Rodríguez E.

En el siguiente mapa, en azul, se pueden apreciar los países que firmaron la declaración final sobre el conflicto ucraniano, durante la reunión organizada por Ucrania en Suiza.

De los 90 países presentes 78 firmaron la declaración final. Ninguno de los países que conforman los BRICS ( Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Irán, Egipto, Etiopía y los Emiratos Árabes Unidos) firmaron la declaración «de paz».

Costa Rica, entre ellos, por intermedio del primer vicepresidente, Stephan Lars Andreas Brunner Neibig, votó a favor. Stephan, es economista, vicepresidente del actual gobierno neoliberal de Rodrigo Chaves, quien no tiene como prioridad los intereses de la mayoría de los costarricenses, ni en lo económico, lo social, ni en la Paz mundial,

Tanto Arabia Saudita, como los Emiratos Árabes Unidos retiraron sus firmas después, lo mismo que debería hacer Costa Rica, para no comprometer y avergonzar al país a nivel internacional.

La Conferencia de Alto Nivel «sobre la Paz en Ucrania» es cínicamente llamada «conferencia internacional de paz» en relación con la guerra de EEUU y la OTAN contra Rusia en tierra ucraniana, pero sin participación, precisamente, de esta. Algo absolutamente ilógico.

La conferencia es una continuación de una serie de cuatro reuniones internacionales anteriores y está organizada por la presidenta suiza Viola Amherd, que ya no guarda su «neutralidad» e interviene por órdenes de EEUU.

El resultado de esta «Conferencia», de todos modos, está muy cerca de cero, nada, ya que cualquier discusión seria por LA PAZ no tiene futuro sin la presencia de uno de los actores principales, Rusia.

En lo que concierne a Costa Rica, es una vergüenza, por la imagen de servil títere, nos ridiculiza y nos compromete internacionalmente.

Cuba es una sola

Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores

El 28 de mayo, el Gobierno de los Estados Unidos anunció finalmente un grupo de medidas para poner en vigor sus anuncios del 16 de mayo de 2022. El objetivo de este paso, según el texto publicado por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), es favorecer al sector privado en Cuba.

Las medidas son limitadas y no tocan el cuerpo fundamental del bloqueo contra Cuba ni las sanciones adicionales que conforman la política de máxima presión. Una vez más, la decisión del gobierno estadounidense descansa en su propia visión distorsionada de la realidad cubana, al pretender separar, artificialmente, al sector privado del sector público, cuando ambos forman parte del sistema empresarial cubano y de la sociedad en su conjunto.

Con este anuncio el gobierno de los Estados Unidos pretende dirigirse hacia solo un segmento de nuestra población. No se eliminan ni modifican las medidas coercitivas que más afectan hoy a la economía cubana y los servicios públicos y que dañan duramente el bienestar de toda nuestra población.

De concretarse las medidas anunciadas, Estados Unidos busca poner en una situación de ventaja al sector privado que se ha establecido legalmente y ha crecido bajo las medidas tomadas en acto soberano por el gobierno de Cuba en consulta con el pueblo cubano. Lo mismo ha ocurrido con el acceso a Internet establecido y expandido por Cuba a pesar de los obstáculos del bloqueo y las restricciones para impedir el libre acceso a cientos de herramientas y sitios web.

El Gobierno de los Estados Unidos ha sido explícito en su intención de utilizar a este sector con fines políticos contra la Revolución, en función de sus objetivos de cambio de régimen.

Aunque se trate de una selectividad caprichosa, ambos, tanto el sector público como el privado, seguirán sufriendo las consecuencias del bloqueo y la absurda inclusión de Cuba en la lista de Estados que supuestamente patrocinan el terrorismo.

Las medidas coercitivas que componen el bloqueo económico seguirán en vigor con cruel efecto para toda la población cubana.

Es evidente que EE.UU. ratifica su voluntad de castigar al sector estatal de Cuba, conociendo que éste presta servicios esenciales como educación, salud, cultura, deportes y otros a todos los cubanos, incluyendo el sector privado; y que es la garantía de la justicia social y la equidad entre los ciudadanos. Por ello se adoptaron medidas recientes por el gobierno estadounidense para perseguir la cooperación médica internacional de Cuba y se han publicado documentos que revelan que continúa la apuesta por privarnos de ingresos y desestabilizar el país con fines políticos de dominación.

El gobierno cubano estudiará estas medidas y, si no violan la legislación nacional y significan una apertura que beneficie a la población cubana, aunque solo sea a un segmento, no obstaculizará su aplicación.

28 de mayo de 2024

Si el mundo civilizado no los detiene, estos salvajes nos llevarán a la tercera guerra mundial

Gilberto Lopes
San José, 25 de mayo de 2024

Las ofertas son las más variadas, todas orientadas a la derrota de Rusia, incluyendo la desintegración de su Estado. La Federación Rusa está integrada por muchas naciones, que podrían conformar estados separados luego de la derrota de Rusia, opinó la primera ministra de Estonia, Kaja Kallas, en un debate en la capital del país, Tallin, el 18 de mayo pasado. Es una de las voces más agresivas en el escenario de este conflicto, junto con sus colegas de los demás países bálticos, Letonia y Lituania. Imponen el tono de un debate en el que se siente cómodo, entre otros, el primer ministro polaco, Donald Tusk.

Hay que detenerse un minuto para revisar el escenario de la guerra y pensar en lo que esta propuesta significa. Estamos en un momento en el que Rusia mantiene la iniciativa y avanza en todos los frentes, mientras Occidente redobla su apoyo militar a Ucrania, discute escenarios que podrían implicar su participación directa en el conflicto y se alista para apropiarse de los recursos rusos congelados en Europa y Estados Unidos, para financiar a Ucrania.

  • No pierden la esperanza de derrotar a Rusia. Es la “Teoría de la victoria”, que defienden, en un artículo publicado en mayo en la revista Foreign Affairs, Andriy P. Zagorodnyuk, ministro de Defensa de Ucrania (2019–2020), y Eliot A. Cohen, consejero del Departamento de Estado entre 2007 y 2009, catedrático en Estrategia en el Center for Strategic and International Studies (CSIS), una institución con sede en Washington “que busca ideas prácticas para enfrentar los grandes desafíos mundiales”.
  • “Occidente necesita explicitar que su objetivo es una decisiva victoria de Ucrania y la derrota de Rusia”, reclaman los autores, para quienes el compromiso de apoyar a Ucrania “todo el tiempo necesario” es una propuesta que carece de un sentido más preciso.
  • “Con el apoyo y el enfoque adecuados, Kiev todavía puede ganar”, aseguran. “Amenazar a Rusia en Crimea e infligir graves daños a su economía y sociedad será, ciertamente, difícil”. “Pero es una estrategia más realista que la alternativa de negociar un acuerdo con Putin”. “Ucrania y Occidente deben vencer o enfrentar devastadoras consecuencias”, afirman.
  • Sus colegas del CSIS, Benjamin Jensen y Elizabeth Hofmann, sugieren cinco problemas estratégicos, que deben resolverse para que Ucrania alcance el triunfo, incluyendo su mayor incorporación al orden económico y de seguridad occidental.
  • Zagorodnyuk y Cohen apoyan los mismos objetivos contenidos en la propuesta de paz de Ucrania que será discutida nuevamente, el mes que viene, en Suiza. Moscú, que no va a participar de esa discusión (lo mismo que otros países, como China y Brasil), la considera desvinculada de la realidad y la rechaza de plano.

La idea de ambos (y de los líderes políticos que tratan de convencer a los ciudadanos europeos de esas consecuencias) es que, si Moscú triunfa, no se detendrá en su ambición. Algo que Moscú rechaza también de plano. Es difícil vislumbrar un objetivo para esas conquistas, que no tienen sentido político, económico, ni militar, y que solo se podrían llevar adelante a riesgo de provocar una guerra nuclear.

Pero ese es el tono del artículo de Zagorodnyuk y Cohen. Desde sus puntos de vista, la solución del conflicto debe ser la derrota militar de Rusia. Para ellos, los recursos, los fondos y la tecnología favorecen abrumadoramente a Occidente. Si son canalizados en cantidad suficiente, Ucrania podrá ganar.

Descartan la posibilidad de una respuesta nuclear de Rusia, caso tenga éxito el triunfo de Occidente. Pero, ¿se podría descartar sin más esa posible respuesta nuclear, si el conflicto escalara, con la participación directa de la OTAN, como sugieren cada vez con más insistencia, tanto el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, como otros líderes europeos, desde el presidente de Francia hasta los gobernantes de Polonia o de los países bálticos?

Me parece evidente que no se puede responder afirmativamente a esa pregunta sin correr un enorme riesgo de llevar el mundo a una guerra nuclear. ¿Se seguirá negando toda atención a las advertencias rusas sobre los desafíos a su seguridad, incluyendo los primeros ejercicios nucleares tácticos realizados el pasado 21 de mayo?

Aunque, como veremos más adelante, no faltan quienes estiman que tanto en el conflicto en Ucrania, como en Taiwán, con China, Estados Unidos debe inspirarse en las políticas de los años de la Guerra Fría, especialmente cuando rechazaron las presiones soviéticas en Berlín, entonces ocupado por las cuatro potencias ganadoras de la II Guerra Mundial.

¿Ganar la guerra a una potencia nuclear?

Para el ministro de Defensa británico, Grant Shapps, la única manera de terminar el conflicto es infligiendo una derrota militar a Rusia. Shapps usa el mismo argumento de que, si Putin triunfa, no se detendrá en Ucrania. La victoria de Rusia es “inimaginable e inaceptable”. Simplemente “no permitiremos que eso ocurra”. “Es del todo impensable que Putin pueda ganar esta guerra”, dijo, el pasado 13 de mayo, en una conferencia en la Royal Navy.

Para el primer ministro, el conservador Rishi Sunak, “defender Ucrania es vital para nuestra seguridad y la de toda Europa”.

Si eso es lo que está en juego, estamos frente a una escalada que no se detendrá hasta esa eventual victoria. Inglaterra es, probablemente, el país más directamente involucrado en operaciones militares en Ucrania, con apoyo logístico y de inteligencia. Ha multiplicado su ayuda a tres mil millones de libras por año, el mayor paquete de ayuda militar jamás otorgado por el país. Aun así, es una cifra muy inferior a los 60 mil millones de dólares recientemente aprobados por Estados Unidos.

En el verano del año pasado, cuando todas las expectativas de Occidente estaban depositadas en una gran ofensiva ucraniana, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, dijo que se asegurarían de que Rusia no saliera victoriosa de esta guerra. Reunido en París con sus colegas alemán y polaco, Olaf Scholz y Andrzej Duda, en junio del 2023, afirmó que esperaban el mayor éxito posible de esa ofensiva “para luego poder iniciar una fase de negociación en buenas condiciones».

Como sabemos, nada de eso ocurrió y la ofensiva ucraniana fue un gran fracaso. Casi un año después, en mayo de este año, con Rusia habiendo asumido la iniciativa en el campo de batalla, el presidente francés amenazó con enviar tropas a Ucrania. “Si Rusia gana en Ucrania, no habrá seguridad en Europa”, afirmó.

¿No habrá seguridad en Europa? ¿Por qué no se negoció con Rusia sobre esa seguridad cuando Putin lo propuso, hace ya varios años, incluyendo su discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2007?

“Si Rusia logra sus objetivos políticos en Ucrania por medios militares, Europa ya no será la misma que era antes de la guerra”, estiman, por su parte, Liana Fix, miembro residente del German Marshall Fund, en Washington, y Michael Kimmage, miembro visitante del mismo Fondo. No solo Estados Unidos habrá perdido su primacía en Europa, como la idea de que la OTAN (el “brazo armado” que ha garantizado esa supremacía) habrá perdido su credibilidad.

En enero pasado, Anders Fogh Rasmussen, exsecretario General de la OTAN y ex primer ministro danés, y Andriy Yermak, jefe de la oficina de la presidencia de Ucrania afirmaron, en un artículo en Foreign Affairs, que la victoria de Ucrania era “el único camino verdadero para la paz”. Para ellos, “Ucrania pertenece al corazón de Europa”. Mientras Putin esté al frente del Estado ruso, “Rusia será una amenaza no solo para Ucrania, sino para la seguridad de toda Europa”. Para evitarlo, Rusia debe ser derrotada en el campo de batalla.

La idea se repite, una y otra vez, en los think tanks conservadores, norteamericanos y europeos. Esta guerra –dice, por ejemplo, un informe preparado por la Rand Corporation, publicado en enero del año pasado– “es el mayor conflicto entre Estados en décadas y su evolución tendrá las mayores consecuencias para los Estados Unidos”.

El Informe sobre Seguridad que la Conferencia de Múnich publica anualmente destacó, este año, la insatisfacción de parte de la comunidad internacional (de “poderosas autocracias” y del “Sur global”) con la desigual distribución de los beneficios del actual orden internacional.

El informe de este año afirma que la guerra de Rusia contra Ucrania es solo el “ataque más atrevido” a ese “orden basado en reglas” que Occidente y su líder, Estados Unidos, impusieron al mundo al final de la Guerra Fría. Preservar este orden es el interés fundamental de Washington y sus aliados europeos.

Rusia, esta vez, no fue invitada a Múnich. La guerra en Ucrania es el centro de las 100 páginas del informe. Eso explica los miles de millones de dólares invertidos en Ucrania, que no guardan relación alguna con ninguna otra inversión en la solución de los grandes problemas de la humanidad.

¿Tienen razón Rasmussen y Yermak? Ellos creen que todos los países civilizados apoyan sus propuestas. Pero yo quisiera sugerir otra cosa: que no son parte más que de esa Europa que nos debe ya dos guerras mundiales y que, si no les amarramos las manos, nos llevarán a una tercera…

Las aspiraciones del “mundo civilizado”

Las opiniones citadas reflejan lo que está en juego para el “mundo civilizado”, el de Rasmussen y Yermak, o el de Zagorodnyuk y Cohen, el mismo que nos ha llevado a las dos guerra mundiales anteriores.

Queda claro lo que está en juego, las razones de una escalada, hasta ahora imparable, de Occidente en esta guerra, y los riesgos que esto representa para el verdadero mundo “civilizado”, que busca un acuerdo negociado para evitar una posible tercera guerra mundial.

Macron causó desconcierto y debate en Europa cuando sugirió, en febrero pasado, la posibilidad de enviar tropas de la OTAN a Ucrania. Era su política de “ambigüedad estratégica”, que dejaba abierta las puertas para una confrontación directa de Moscú con la OTAN. Ni Estados Unidos, ni Inglaterra, apoyaron la idea… todavía. Habrá que ver qué ocurre si la situación en el terreno sigue empeorando para Ucrania.

Pero en Europa –tanto sus gobiernos como su prensa– solo se habla de guerra. La ministra de Relaciones Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, una antigua “pacifista”, miembro del Partido de los Verdes, una de las voces más agresivas en el gobierno alemán, pidió a Occidente el suministro urgente de más armas a Ucrania, en una visita a Kiev el 21 de mayo pasado.

Los preparativos para una guerra con Moscú se multiplican. El primer ministro polaco, Donald Tusk, anunció la construcción de una línea de defensa en sus fronteras con Bielorusia y Rusia. Hablando en una conmemoración militar en Cracovia, el 19 de mayo, anunció que Polonia invertiría 2,3 mil millones de euros en la creación de fortificaciones y barreras, así como en la adecuación del terreno y de la vegetación para esos objetivos, a lo largo de 400 km de frontera. Obras que, en su opinión, harían “impenetrables” las fronteras polacas, en caso de guerra.

¿En qué guerra estará pensando Tusk? El mes pasado, el presidente Andrzej Duda sugirió que el país estaría feliz de alojar armas nucleares de la OTAN (o sea, norteamericanas).

En enero pasado, la vecina Estonia anunció su intención de construir unos 600 bunkers a lo largo de su frontera con Rusia, proyecto al que se sumarían Letonia y Lituania, para conformar la “línea de defensa báltica”.

El presidente de Finlandia –país que, junto con Suecia, son las dos más nuevas incorporaciones a la OTAN– Alexander Stubb, expresó su entusiasmo con la disuasión nuclear, asegurando que las armas de destrucción masiva son “una garantía para la paz”.

Como dijo Zelensky al New York Times, Occidente debería participar en la guerra derribando misiles rusos, dando a Ucrania más armas, y autorizando su uso para atacar directamente el territorio ruso.

En su opinión, no es un problema involucrar los países de la OTAN en la guerra. Idea similar a la de la exsubsecretaria de Estado para Asuntos Políticos de Estados Unidos, Victoria Nuland, para quien llegó a la hora de ayudar a Ucrania a atacar objetivos militares en territorio ruso. «Creo que es hora de dar más ayuda a los ucranianos para atacar estas bases dentro de Rusia», afirmó.

La única posibilidad para que Rusia retorne eventualmente a la “sociedad de naciones civilizadas” es mediante una derrota que ponga fin a las ambiciones imperiales de Putin, estiman Zagorodnyuk y Cohen en el artículo ya citado.

¿Cómo en la Guerra Fría?

“Taiwán es el nuevo Berlin”, dice Dmitri Alperovitch, presidente de Silverado Policy Accelerator, una organización dedicada a promover la prosperidad y el liderazgo norteamericano en el siglo XXI. Definido como un “visionario”, empresario de mucho éxito, exasesor del Departamento de Defensa y de Seguridad Interna, Alperovitch piensa que Estados Unidos debe inspirarse en las políticas adoptadas en los años 60’s para enfrentar los desafíos presentados entonces por la Unión Soviética en el Berlín ocupado por las potencias triunfantes den la II Guerra Mundial.

¿Qué políticas fueron esas? Las de defender los “intereses estratégicos norteamericanos, aun a un costo inimaginable”. O sea, de una guerra nuclear. Para Alperovitch, se trata de convencer a Rusia –y, sobre todo, a China– de esa misma disposición hoy.

Me parece que la propuesta de Alperovitch carece, sin embargo, de un elemento fundamental. La posición estratégica de las potencias involucradas en este conflicto, el escenario político, es hoy muy distinto al de los años 60, cuando Estados Unidos no tenía rival. La pretensión de encarar estos problemas con el criterio de la Guerra Fría ha sido denunciada por China, y puede llevar a errores de consecuencias dramáticas, considerando el papel de cada actor en el mundo de hoy, incluyendo el de Estados Unidos, pero también los de China y Rusia. Taiwán no es, de modo alguno, un “nuevo Berlín”.

El mundo civilizado

“Ha llegado el momento de que los aliados se planteen si deben levantar algunas de las restricciones que han impuesto al uso de las armas que han donado a Ucrania», dijo el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, en entrevista a The Economist.

Es un paso más en la escalada de la OTAN para hacer frente a los avances del Ejército ruso. Pero Stoltenberg insiste en que “no serán parte del conflicto» en Ucrania. La realidad es que la OTAN lleva el peso del conflicto. Sin sus recursos, sus armas, sus servicios de inteligencia, sin su entrenamiento de las tropas ucranianas, esa guerra no podría seguir. Este es un nuevo paso, sin que, ante un inminente triunfo ruso, se pueda descartar ningún otro, dado lo que, para Occidente, está en juego en esta guerra. No se trata solo de las armas. Pese a las muchas advertencias en contra, parece acordado ya el uso de los dineros rusos congelados en Bruselas y Washington, para financiar a Ucrania.

Occidente apuesta por la solución militar y el mundo se ve enfrentado, nuevamente, al riesgo de que Europa nos lleve a una tercera guerra mundial. Lo harán, si no les amarramos las manos.

¿Cómo hacerlo? Intentando. Hay que conformar una alianza del mundo civilizado que vaya cerrando los espacios políticos a quienes han impuesto al mundo las guerras más devastadoras del último siglo. Las dos orientadas a derrotar a Rusia.

En ese esfuerzo del mundo civilizado, el encuentro entre Wang Yi, el principal representante diplomático chino, y Celso Amorín, asesor especial del presidente brasileño Lula, es la iniciativa más reciente. Reunidos en Beijing, el jueves 23 de mayo, emitieron una declaración de “Entendimiento común entre China y Brasil para una solución política a la crisis de Ucrania”.

El documento, de seis puntos, reafirma que el diálogo y la negociación entre las dos partes son la “única solución viable” para la crisis. Como alternativa a la cita de Occidente para respaldar la propuesta ucraniana, el mes próximo en Suiza, sin la presencia rusa, invitan al mundo civilizado –a la “comunidad internacional”, según los términos del documento– a apoyar esa propuesta, un intento por amarrar las manos a quienes amenazan con llevarnos a otra guerra mundial.

FIN

63 años de embargo a Cuba, con sufrimientos para el pueblo, pero sin los resultados políticos esperados

Miguel Sobrado

Hace 63 años John F. Kennedy, entonces presidente de los Estados Unidos, firmó la orden 3447 que proclamo el “embargo a todo comercio con Cuba”.

La revolución “es bastante popular» – había argumentado el subsecretario de Estado para asuntos Interamericanos de Eisenhower- y dado que no hay una “oposición efectiva” contra él, la única forma de socavar el apoyo es “a través del desencanto y la desafección basada en la insatisfacción económica y las dificultades”.

Este temprano memorándum, base para la justificación política del embargo norteamericano aún vigente contra Cuba, ofrece hoy claros signos de caducidad.

Un informe secreto de la CIA de 1982 revela que el embargo “no había cumplido” con sus objetivos y que “los costos políticos superaban a sus beneficios”. Otro informe del director del proyecto de Documentación de Cuba del NSA, afirma que el embargo interminable se ha convertido en un símbolo perdurable de hostilidad perpetua en la postura de EEUU hacia Cuba.

El embargo no solo no había sacado a Castro del poder, sino que, a pesar de haberse derrumbado la Unión Soviética en 1991 y dejar de ser Cuba una base estratégica, no se aprovechó esta coyuntura para establecer una nueva relación con visión panamericana, que generara un nuevo clima de dialogo regional. Por el contrario, se impuso la tesis de mantener la hegemonía a toda costa a través del embargo, que en la realidad es un bloqueo sistemático al comercio, al intercambio financiero, incluyendo sanciones a terceros ya sean empresas, países o funcionarios.

Esta acción unilateral de los EEUU viola las normativas básicas del ordenamiento jurídico internacional, como lo ha señalado en reiteradas ocasiones casi por unanimidad absoluta, la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El expresidente colombiano Ernesto Samper expresa muy bien en un reciente artículo publicado en El país: “La coacción, la intimidación y chantaje para conseguir cambios políticos en Cuba o en Venezuela mediante la utilización de castigos unilaterales que golpean a la población son contraproducentes y equivocas, porque endurecen la posición de los gobiernos y le restan legitimidad a las salidas dialogadas o inscritas en los mecanismos de participación democrática…”

Cuba, a pesar de las limitaciones impuestas por este embargo absoluto, ha alcanzado el mejor sistema educativo de la región, inversión estratégica en esta época, eliminado la exclusión social y mantenido la 7 posición en el índice de desarrollo humano latinoamericano.

Superar el “boqueo interno”

Desde luego que Cuba tiene que hacer profundos cambios en su sistema económico, como los de China o Vietnam que mantuvieron el control de los estratégico de las áreas claves de la economía, pero eliminaron, las barreras para la producción y comercialización campesina y de sus emprendedores, para desarrollar su inmenso potencial y aprovechar el gran capital humano formado en estos 65 años. El caso de China es aleccionador y oportuno, tal como lo relata Wu Xiaobo en su libro “La China emergente” 21 campesinos del pequeño y pobre pueblo de Xiaogang decidieron a la muerte de Mao en 1978, crear el sistema por el cual cada familia se encargaba de su propia parte de la producción local en vez de la comuna. Decididos a ir a la cárcel o a que los mataran si las autoridades no lo aceptaban.

El éxito de este modelo surgido de la iniciativa de estos campesinos, conocido posteriormente como “sistema de responsabilidad contractual personal” ha sido considerado como el principal desencadenante de los grandes cambios de toda China. Esto gracias a que los políticos viendo el éxito de los resultados productivo del primer año, comprendieron que su misión era “dejarse llevar por la corriente” y mejorar el resultado final.

Al darle luz verde por parte de las autoridades a las transformaciones emprendidas por este pequeño pueblo, opero el efecto cascada, trasladándose la experiencia a toda la China que era predominantemente rural. Millones de campesinos se adhirieron al nuevo modelo de producción y reactivaron la economía rural, estimulando al mismo tiempo la producción de maquinaria y servicios en el resto de la economía. Esta inyección no se limitó a dinamizar la economía, sino lo más importante, abrió un camino de esperanza e integró el haz de voluntades de la población facilitando las reformas posteriores que condujeron a la creación de áreas económicas especiales.

Importancia de esta experiencia para Cuba

Aunque Cuba y China tienen diferencias importantes de volumen y posición geopolítica y la primera está sujeta a un criminal bloqueo económico por parte de los Estados Unidos, que limita seriamente su desarrollo, han tenido similitudes en la formación de capital humano y en importancia del sector agrario para su economía, aunque el enfoque que le han dado los gobernantes ha sido diferente.

La nueva coyuntura internacional y el cambio en la política hacia el continente

Los EEUU, si en vez de amenazas, que encrespan el ambiente regional, respetaran el derecho internacional y promovieran el libre intercambio comercial, podrían contribuir a crear un nuevo clima. Al quitar el embargo, se eliminará la amenaza externa que mantiene, por razones de defensa, tensas las relaciones internas dentro de la Isla y se creará un clima que favorecerá los ajustes progresivos económicos sociales y políticos.

Esto no puede ser visto por los Estados Unidos como una generosa concesión unilateral hacia Cuba, sino como una acción realista frente a las nuevas circunstancias de un mundo multilateral, donde debe competir con China y otras potencias por el comercio y las alianzas estratégicas con América Latina. Esto no es fácil por la mentalidad colonialista prevaleciente en gran parte la clase política norteamericana, aunque hay nuevos sectores que piensan con realismo en la coyuntura actual.

La doctrina Monroe del siglo XIX, debe revisarse sustancialmente; la época de las repúblicas bananeras quedó en el pasado. Hoy en día, en un mundo multipolar América Latina es consciente de su importancia geopolítica y geo comercial y puede transformarse en un aliado estratégico de los Estados Unidos, si se establecen nuevas relaciones de respeto basadas en la cooperación y los intereses comunes, o por el contrario puede ser un sitio donde se incuben serias amenazas para la estabilidad y seguridad del continente.

Una nueva realidad, donde gracias a una educación de calidad con amplia cobertura y la capacitación técnica organizacional, se reduzca la gran masa de excluidos y surjan progresivamente, nuevos ciudadanos que le den sustento y vitalidad al sistema de pesos y contrapesos que definen la vida republicana y democrática.

Esto no dependerá solo de los Estados Unidos, pero su respeto y tolerancia a la autonomía local, contribuirá en gran medida fortalecer las iniciativas específicas/regionales que luchan y promueven la inclusión participativa y a crear condiciones para el desarrollo de la democracia. Esta no es posible con exclusiones en el acceso a las oportunidades de formación y ascenso social.

La lucha contra la intolerancia y la imposición es clave para impedir que se desarrollen y proliferen con fuerza arrolladora los narco estados en la región, para los cuales los actuales sistemas clientelistas que viven de la corrupción no tienen antídoto, ni los mismos Estados Unidos el mayor mercado de la droga, donde los capos de la distribución permanecen impunes, parecen tenerlo.

Importancia para la soberanía latinoamericana de eliminar el bloqueo

Cuba ha sido el pequeño David que enfrentó a Goliat en la región y debe recibir en este momento difícil el apoyo activo de los gobiernos, especialmente de México, Colombia y Brasil, para eliminar el bloqueo y reclamar la soberanía de nuestro continente. Eso sí, Cuba debe hacer las reformas urgentes en su economía para no caer en privatizaciones oportunistas de tipo oligárquico como las de Rusia o Nicaragua, que tendrían un efecto desmoralizante para el continente.

Cinco enlaces complementarios sobre una experiencia campesina revolucionaria en Cuba, muy oportuna e importante para la reforma agraria de nuestro continente:

1) https://www.youtube.com/watch?v=VdHc4DRpWso

2) https://www.youtube.com/watch?v=QwZAnj4s5Dc

3) https://www.youtube.com/watch?v=DKj3DRx3G9I

4) https://www.youtube.com/watch?v=hkylarn7Pzo

5) https://www.youtube.com/watch?v=2YAesBUeaXo Reforma Agraria

Solidaridad internacional

Marlin Óscar Ávila.

Por Marlin Oscar Ávila

La solidaridad internacional de los grupos progresistas también crece.

En los últimos meses hemos visto como la derecha repunta en el poder de instituciones locales, nacionales e internacionales de nuestro continente.

Así mismo, la juventud estudiantil se ha manifestado fuertemente en EUA en rechazo a la represión y genocidio en Palestina por parte del gobierno israelita. Se contabilizan más de mil estudiantes y algunos catedráticos detenidos en el pais de «la democracia» dirigido por el Partido Demócrata. Esa es una tendencia de expansión en ambas direcciones del espectro político.

Como el gobierno de Joe Biden ha reprimido fuertemente a los grupos que se manifiestan contra el sionismo israelita, con unos mil y pico de estudiantes detenidos de 4 decenas de universidades, Yemen acaba de invitar a estudiantes y catedráticos estadounidenses suspendidos por órdenes superiores, para que vallan a sus universidades a seguir trabajando y estudiando.

Así es que vemos hechos de solidaridad sin precedentes.

Es una solidaridad de relieve socio política que se une a la solidaridad bélica qué se vive en el cercano y lejano orientes desde hace varios meses. Esto hace ver que además de la caída de la hegemonía financiera del dólar, toma auge la militar, la política y social.

Seguro que algunos de nosotros no llegaremos a ver cuando se concrete estos cambios estructurales internacionales, pero sí los vivirán nuestros nietos, si es que las grandes potencias nucleares no destruyen la vida en nuestra nave terrestre.

Los centroamericanos debemos pasar de ser pacíficos contemplativos a ser más activos, levantando banderas de solidaridad Centroamericana dejando de convertir a países vecinos, como a Nicaragua, en paraíso de corruptos y delincuentes.

MOA

Esperanza ontológica (E. Bloch): Universitarios contra el Genocidio en Gaza

Por Mag. Jiddu Rojas

La valiente solidaridad de los estudiantes y profesores universitarios norteamericanos, contra el cruel Genocidio racista y colonial en Gaza, –llevado a cabo impunemente por Netanyahu y el Ejército de Israel, y apoyado en EEUU. por Biden y Trump, y por sus Aliados de la OTAN–, llena de nueva esperanza a un Mundo cínico, desigual y desesperanzado. Una esperanza no sacrificial ni ingenua, sino llena de potencia, posibilidad y Vida.

Las categorías filosóficas (no teológicas) de Bloch, son a veces difíciles de explicar al gran público. Es la tensión social y colectiva entre el Eros versus el Tánatos. Dicho, rápidamente, o sea, mal dicho: Es la tensión entre lo que somos, lo que podemos ser y lo que debemos ser. La utopía necesaria como horizonte regulador, es la función de «Utopía Concreta» (Bloch).

Resumo: Una pequeña victoria del Amor y de la Vida contra la lógica social de Muerte impuesta estructuralmente, que merece una reflexión. Una reflexión peregrina, acaso para resemantizar, desde la Utopía Concreta (Bloch), una Geopolítica posible para la Paz con Justicia.

Nadie cree más, o no tan fácilmente, la millonaria propaganda del Sionismo Revisionista. Acaso los fanáticos religiosos del Fundamentalismo Protestante y demás Neoconservadores. O algún político alemán, pro-OTAN, atormentado por la culpa histórica del Holocausto, o algunos políticos asalariados de la AIPAC en EEUU., y que terminan apoyando otro Genocidio.

Es evidente que la construcción colonial del Israel moderno no tiene nada que ver con la mítica Judea Bíblica. Aun así, se exhorta por Populistas de Extrema Derecha, y por Pastores Fundamentalistas a la justificación del Genocidio como «castigo divino».

Las inmorales acusaciones de «Antisemitismo» del Lobby Sionista y de Netanyahu, son vistas cada vez más, como vulgares mentiras fascistas televisadas. Hasta los medios tradicionales tienen que aceptar el Genocidio. Los «Semitas» serían, en todo caso, los Palestinos, milenario pueblo original colonizado hasta 1948. El Sionismo Revisionista es una cosa diferente del Pueblo Judío.

Al mejor estilo de la «inversión axiológica» (Franz Hinkelammert), el discurso demencial y belicista de Netanyahu y sus Aliados, se desenmascara, y es visto poco a poco, como lo que realmente es:

Como una copia vil, una nueva versión retórica racista, de la típica propaganda de la psicología de manipulación de masas (al decir de W. Reich) de Hitler y del Nazismo, contra los Judíos Alemanes y Europeos, para así justificar el pasado Holocausto, y en el fondo, su fanática Cruzada Anticomunista.

Todos conocemos cómo terminó esta tragedia colectiva, con la Segunda Guerra Mundial y la derrota de la Alemania Nazi. Lo mismo podría pasar con el actual Israel, dirigido por una coalición de Extrema Derecha Religiosa y Ultra- Nacionalista del «Sionismo Revisionista» (el Sionismo de derechas en su peor versión racista, heredero del racista Zeev Jabotinsky). Coalición fanática, cuyo líder Netanyahu, es cuestionado al interno de Israel por corrupción y autoritarismo.

Sin hablar de la seria hipótesis sostenida por analistas del calibre de Ehud Barak, General de las FDI y ex Primer Ministro de Israel (1999-2021), y de otros Jefes o de la Seguridad Interior de Israel (Shin Beth o Shabak) como el Almirante Ami Ayalon ex Director del Shin Beth de 1996 al 2000 [Ver Entrevista con Ehud Barak, Ami Avalon, y la ex Primer Ministra Tzipi Livni de la centrista Unión Sionista/ Hatnuá y ex –Kadima en The Think Lab del 1/03/20024: Ehud Barak: «Netanyahu created and financed Hamas» (youtube.com); consultado el 27/03/2024] ; así como por el Director de política exterior de Unión Europea (incluso cercano a la OTAN), Josep Borrell, [Ver El País Internacional , 19/01/2024, Borrell acusa a Israel de haber financiado a Hamás para debilitar a Palestina | Internacional | EL PAÍS (elpais.com); consultado el 27/03/2024] de acusar directa y públicamente a Netanyahu y a su sector más extremista, –opuesto a la Solución de Dos Estados–, de promover y estimular secretamente la formación de Hamas en Gaza con capital de Qatar, para dividir a la secular OLP. La idea, según ellos, era crear un pequeño “monstruo” fundamentalista, supuestamente islamista, para justificar la política del Likud y sus Aliados Conservadores, y romper los Acuerdos de Paz. El «Monstruo» se salió de control, -acaso por control remoto-, justo cuando Netanyahu lo necesitaba, para salvarse de la posible cárcel. No es la primera vez que el mismo Mossad (Inteligencia y Contrainteligencia Exterior) desmiente públicamente a Netanyahu, por ejemplo, sobre la capacidad militar nuclear de Irán y su show mediático montado en la ONU. Tal fue el caso concreto del Mayor Gneral Meir Dagan, antes de fallecer en el 2016, y director de este organismo del 2002 al 2011, acerca del caso de Irán y sus posibilidades militares nucleares. [Ver la Entrevista del General Meir Dagan en 60 Minutes de CBS News The Spymaster: Meir Dagan on Iran’s threat (youtube.com) ; consultado el 27/03/2024]. Nos encontramos entonces frente a Netanyahu, un líder sionista particularmente fanatizado y peligroso.

Justo al estilo del Dictador Noriega en Panamá, que justificó la Invasión de 1988, o igual que los traidores Bernard Coard y Hudson Austin, quiénes asesinaron al líder popular Maurice Bishop y a sus colaboradores del «Movimiento Nueva Joya«, y cuyo Golpe supuestamente extremista, más bien provocó la Invasión de Granada por Reagan en 1983.

Recordemos que Netanyahu prácticamente llegó al poder la primera vez, después del asesinato en 1995 del Premier Laborista, Isaac Rabin, excomandante en jefe del Estado Mayor de las FDI, por un joven Ultra- Nacionalista, quién consideró que los Acuerdos de Oslo, eran una traición al Sionismo Revisionista. La segunda vez después de la muerte y el desencuentro con Ariel Sharon, y tras robarle el liderazgo del Likud, y el escándalo contra Ehud Olmert (de la nueva formación de Derecha más moderada, Kadima, fundada por difunto derechista Ariel Sharon). La llamada «Solución de los Dos Estados» aprobada y firmada en los Acuerdos de Oslo, fue boicoteada así, desde la Extrema Derecha del Sionismo Revisionista. En resumen, ha estado más en el poder que el mismo fundador del Estado de Israel, Ben-Gurión, remodelando toda la arquitectura política de ese país. Las acusaciones de concentración del poder, de intentos de controlar el Poder Judicial, así como de corrupción, sobran. Posiblemente, por menos que eso, Ehud Olmert (Kadima), de Derecha Sionista pero partidario de la “Solución de los Dos Estados”, fue condenado a la cárcel. Como signo social, esto implica un cambio sustancial dentro de la subjetividad política de la ciudadanía israelí. Es el terreno social fértil para el un abierto Fascismo.

Las operaciones de «bandera falsa», más allá de las ridículas «teorías de la conspiración» en boga, han existido desde la Antigüedad, y seguirán existiendo. La Desinformación deliberada como parte operativa en el «sistema-mundo» (categoría de I. Wallerstein) también. Los muertos, sean palestinos, israelíes, o Latinoamericanos, sí son reales. Los heridos, mutilados, torturados, violados, vejados, y desplazados, también son reales. Las ganancias, sean geopolíticas, militares, políticas, o directamente económicas, también son reales. Y EEUU. está en Elecciones y está polarizado.

De momento, ya hay acusaciones formales de Genocidio y Crímenes de Lesa Humanidad contra el Gobierno de Netanyahu, y presentadas debidamente en organismos de Derecho Internacional. La Asamblea de la ONU ha sido muy clara también en su condena. Incluso el polémico Consejo de Seguridad de la ONU, con la abstención de EEUU. (24/03/2024), acepta pedir un Alto al Fuego duradero. Los criminales de guerra nazis terminaron siendo juzgados internacionalmente, condenados y muchos ejecutados. Netanyahu y su banda, deberían meditar más en eso.

«La historia ocurre primero como tragedia y luego como comedia (farsa)», sentenció Marx acerca de Napoleón III versus Napoleón I en su famoso libro «El 18 de Brumario de Luis Bonaparte». Por supuesto, Netanyahu y sus cómplices, no son ilustrados, ni tienen capacidad racional de autocrítica, y no paran de mentir y de autoengañarse sistemáticamente. El Genocidio también es un gran negocio capitalista, y su verdadera ideología es el «Becerro de Oro».

La manipulación mediática Sionista continúa obviamente. Ésta es la misma «lógica» discursiva retorcida, colonial y racista, que se le impuso por décadas a Palestina. Primero con la Limpieza Étnica de la «Nakba» colonial en 1947-1948, con las Guerras de 1967 y 1973, pasando por la Intifada de 1987-1988, los bombardeos y ataques al Líbano y Gaza, así como la ilegal expansión de los asentamientos coloniales y la sistemática violación de los Acuerdos de Paz por Israel, hasta el actual Genocidio en Gaza. Éste último, fue y es, el primer Genocidio transmitido en vivo en nuestros teléfonos «inteligentes». La crueldad inhumana, develada por la tecnología consumista.

En medio del atroz cinismo de la Globalización capitalista y su alienación profunda, incluso en pleno Estados Unidos (“El Hegemón”), aparece un nuevo movimiento universitario que cuestiona la hipócrita colaboración militar, económica y geopolítica de «Occidente» y sus élites, con los Crímenes de Guerra y de Lesa Humanidad del Sionismo en Gaza.

Esto en mi opinión, es una muestra indubitable de esperanza ontológica, al decir del gran filósofo judío-alemán Ernst Bloch, y del renacimiento de las posibilidades éticas y colectivas de toda la Humanidad.

O como escribiría el gran Herbert Marcuse al final de su famoso texto, «El Hombre Unidimensional», y citando al filósofo mártir contra el Nazismo, Walter Benjamin: «Sólo gracias a aquellos sin esperanza, nos es dada la esperanza». (El Hombre Unidimensional: ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada; Ed. Joaquín Mortiz, México D.F., 1981)

“¡Ya no seré cómplice del Genocidio!”, y “Free Palestine!”, gritó el soldado y aviador norteamericano de 25 años, Aaron Bushnell, antes de inmolarse frente a la Embajada de Israel en Washington, Estados Unidos, en un trágico acto extremo de protesta, frente al cinismo sordo del poder económico, político y militar. Personalmente su entereza, su desesperación, y sus gritos, me perseguirán para siempre. Nunca podré olvidar esa tragedia, que emula las de las protestas contra la Guerra de Vietnam. Tanto con los Bonzos budistas (1963) en el Vietnam del Sur ocupado por tropas norteamericanas, como dentro del mismo EEUU: Justo abajo del despacho del responsable oficial de esa política exterior en el Pentágono, el secretario de Defensa Robert McNamara (Norman Morrison, un pacifista cuáquero que se inmoló como protesta contra la intervención militar norteamericana en Vietnam, un 2 de Noviembre de 1965).

Miles de estos valientes estudiantes norteamericanos en lucha contra el Genocidio en Gaza, son «privilegiados» miembros de la comunidad judía- norteamericana. Muchos inspirados en el movimiento de EEUU.y Canadá, «Jewish Voice for Peace» («Voz Judía por la Paz») y por diferentes intelectuales, artistas y figuras judías, que están, –no contra Israel–, sino contra el Genocidio actual de niños, mujeres y ancianos palestinos en Gaza.

Todo esto lo hace más valioso y heroico. Gente como la economista Naomi Klein, la gran actriz Susan Sarandon, el intelectual y lingüista Noam Chomsky, o el Senador Bernie Sanders, sin hablar de muchas otras figuras en Europa Occidental y el Mundo en general, incluyendo el mismo Israel. La esperanza en medio del Apocalipsis imperial global, renació.

Nota histórica: E. Bloch, W. Reich, H. Marcuse, W. Benjamin, o su famosa colega Hannah Arendt, fueron todos grandes pensadores judíos-alemanes del Siglo XX, todos militantes Anti-Fascistas, todos comprometidos contra el Nazismo, todos exiliados (o muertos como Benjamin), todos de Izquierda, todos humanistas y Anti- Autoritarios, y NUNCA Sionistas. Karl Marx obviamente anterior, –otro brillante pensador y revolucionario socialista judío-alemán, cuyo ideario tuvo y tendrá muchas lecturas, al igual que Sigmund Freud fundador del Psicoanálisis, y el filósofo marxista húngaro György Lukács–, los inspiraron parcial y críticamente. Estos autores antes mencionados, -usualmente vinculados a la primera generación de la Escuela de Frankfurt-, a su vez inspiraron posteriormente, la formación de otros intelectuales críticos, como el sociólogo Immanuel Wallerstein, o el lingüista y activista Noam Chomsky. Todos los mencionados, al igual que el físico Albert Einstein, fueron de origen judío, pero ninguno, ninguno fue Sionista- Revisionista.

Gracias, Jiddu Rojas.

#cesedelgenocidio #CeseAlFuegoYa #cesefirenow #cesegenocide

La Matrioshka Fecunda

Mauricio Ramírez Núñez
Académico

El presidente del Partido Liberación Nacional ha expresado su repudio hacia el presidente ruso, Vladimir Putin, en un artículo que parece estar impulsado más por la emoción que por un análisis objetivo. Sin embargo, es importante señalar que el artículo carece de fundamentos sólidos en cuanto a su crítica hacia Putin y su administración.

En vez de presentar argumentos razonados, el artículo parece estar impulsado por sentimientos negativos hacia Putin, lo cual resta credibilidad a las opiniones expresadas. Además, parece evidente una falta de comprensión de los complejos asuntos geopolíticos que rodean a Rusia, particularmente en relación con el conflicto en Ucrania y la posición de la OTAN y Estados Unidos. Hubiese sido más constructivo que el presidente del Partido Liberación Nacional ofreciera argumentos fundamentados y análisis profundos sobre la situación en Rusia y sus relaciones internacionales. Esto permitiría un debate más enriquecedor y productivo sobre estos temas importantes.

En su reciente comparación entre Rusia y países como Nicaragua o Venezuela, el señor parece hacer una asociación superficial que solo encuentra sentido en un contexto arraigado en mentalidades de la Guerra Fría. Sin embargo, es importante considerar varios aspectos que invalidan esta comparación. Es importante desmitificar la idea de que Rusia y su presidente, Vladimir Putin, representan una continuidad con la era comunista. Primero, es un error asumir que Rusia es una continuación de la Unión Soviética. Putin y su partido, Rusia Unida, se identifican más con una ideología de centro-derecha, en contraste con el pasado comunista del país. De hecho, si buscamos equivalencias en el espectro político costarricense, podríamos comparar a Rusia Unida con partidos de derecha como el PUSC, históricamente conservador.

En segundo lugar, Rusia posee una historia rica y compleja que abarca más de 800 años, lo que la distingue profundamente en términos de cultura, tradición y pensamiento político respecto al enfoque occidental e imaginario al cual el señor hace referencia. Este contexto histórico único de Rusia no se puede subestimar al evaluar sus políticas y acciones actuales. Por otro lado, es crucial reconocer el papel de Rusia como una potencia mundial que está forjando un camino alternativo en el escenario internacional junto con China. Este camino desafía el tradicional orden unipolar basado en la hegemonía estadounidense y europea, que es el verdadero tema de fondo de esta triste guerra en suelo ucraniano, lo que añade una capa adicional de complejidad a cualquier comparación simplista con países latinoamericanos y sus coyunturas internas.

En tercer lugar, es importante examinar los indicadores de desarrollo y calidad de vida al evaluar la posición de Rusia en relación con países como Nicaragua y Venezuela. En términos del PIB, Rusia, con una economía de mercado y abierta, supera significativamente a ambos países, con cifras que reflejan una economía mucho más robusta, abierta al mundo y diversificada. Por ejemplo, el PIB ruso en 2022, según datos del Banco Mundial, fue de $2,240 billones, mientras en Nicaragua y Venezuela, los valores son considerablemente menores; $15,7 y $482,4 billones, respectivamente.

Es evidente que, al comparar estos aspectos económicos, sociales y políticos, se revela la inadecuación de equiparar a Rusia con Nicaragua o Venezuela. Tal comparación no solo carece de fundamento en términos históricos y culturales, sino que también pasa por alto las diferencias significativas en términos de desarrollo y posicionamiento geopolítico de estos países. Es fundamental reconocer las diferencias contextuales, así como los matices inherentes a los procesos electorales en Rusia, Nicaragua y Venezuela. Si bien es cierto que existen críticas y preocupaciones legítimas sobre la transparencia y la democracia en todos estos países, es necesario abordar cada caso con un análisis detallado y contextualizado.

Mi reciente participación en febrero pasado en el Congreso Mundial de la Multipolaridad en Rusia, donde tuve la oportunidad de interactuar con una amplia gama de colegas de más de 130 países, me permitió obtener una visión más profunda de la situación política en ese país. Durante este evento, y los intercambios que pude tener personalmente con costarricenses que viven allá, así como con ciudadanos rusos, quedó patente que una mayoría significativa del pueblo ruso respalda al presidente Putin y su gestión.

Ahora bien, es importante tener en cuenta también que mi experiencia personal, aunque reveladora, representa sólo una perspectiva limitada y no puede extrapolarse para representar la totalidad de la opinión pública en Rusia, pero sí demuestra contundentemente, que las cosas no son como las pintan los medios occidentales, en guerra contra ese país.

El contraste entre el sistema político y electoral de Rusia con los de Nicaragua y Venezuela revela importantes diferencias que no pueden ser pasadas por alto. Mientras que en Rusia persisten críticas respecto a la falta de pluralismo político y competencia real en las elecciones, es esencial reconocer que aún existe la participación de múltiples partidos políticos y candidatos en el proceso electoral.

Es importante destacar que, en Rusia, a pesar de la influencia del gobierno sobre instituciones clave como la Duma, aún se mantienen ciertos mecanismos institucionales que permiten cierto grado de independencia y capacidad de deliberación. En contraste, en Nicaragua y Venezuela, los poderes legislativos han sido subordinados al ejecutivo, lo que ha socavado el equilibrio de poderes y la separación de poderes, elementos esenciales para el funcionamiento efectivo de la democracia.

El segundo argumento esgrimido y totalmente carente de fundamento real, es el de, y cito textualmente: “Lo peor de todo fueron unas elecciones en medio de una guerra invasora genocida contra Ucrania. Putin llamó a las urnas usando la guerra es un acto de cobardía porque cada muerto del enemigo se paga con votos inducidos por el odio. Fueron urnas manchadas de sangre”. El argumento presentado simplifica una vez más una situación compleja por lo cual es importante considerar varios puntos para refutar esta afirmación:

1- La convocatoria de elecciones durante un conflicto no es necesariamente un acto de cobardía por parte de un líder político. Las elecciones pueden ser vistas como un intento de mantener la estabilidad interna y la legitimidad del gobierno en medio de circunstancias adversas. Además, las elecciones son un derecho fundamental de los ciudadanos y su celebración no debería ser obstaculizada por la presencia de conflictos. A diferencia de lo que dice Occidente, Rusia es un país civilizado y su gente es culta. En última instancia, si realmente existiera un rechazo generalizado del pueblo ruso hacia la guerra y el presidente Putin, como algunos afirman sin presentar pruebas, esto habría quedado patente a través del abstencionismo y la apatía en las elecciones. Sin embargo, lo que vimos fue todo lo contrario: la participación activa en las elecciones mostró que no se pudo ocultar ninguna supuesta «mentira del Kremlin». La realidad es que la alta participación electoral refleja un respaldo significativo al sistema político y liderazgo actual en Rusia.

2- Es importante evitar asumir que todos los votantes rusos fueron influenciados por el «odio hacia Ucrania». Más bien a Ucrania lo ven como a Bielorrusia, un pueblo hermano. Las motivaciones para participar en unas elecciones son diversas y no se pueden generalizar. Muchos ciudadanos pueden haber tomado decisiones electorales basadas en consideraciones internas y domésticas, sin necesariamente estar directamente influenciados por el conflicto con Ucrania. Además, es crucial reconocer el impacto positivo del liderazgo del presidente Putin en Rusia posterior a la década de la humillación que vivió ese país en los años noventa. Este cambio ha generado un sentimiento de gratitud entre la mayoría de los ciudadanos rusos, lo que puede haber influido en su respaldo al liderazgo actual. Es evidente que el desconocimiento de esta transformación interna puede llevar a una interpretación incompleta de la dinámica política en Rusia.

3- Criticar las elecciones en Rusia y calificar las urnas de estar «manchadas de sangre» debido al conflicto con Ucrania es una simplificación subjetiva y poco fundamentada. Es válido señalar que sería deseable haber visto posturas críticas similares durante elecciones anteriores en Estados Unidos, especialmente durante períodos en los que el país estuvo involucrado en invasiones ilegales en Oriente Medio. Este tipo de posturas habrían reflejado un compromiso más consistente con los principios de justicia, democracia y responsabilidad internacional.

Además, catalogar a Putin como genocida es una afirmación que carece de respaldo sustancial, especialmente considerando que ni siquiera la ONU ha hecho tal declaración. En contraste, recientemente la relatora especial de la ONU en Israel, Francesca Albanese, durante la sesión ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, dijo que considera que hay motivos razonables para creer que se ha alcanzado el umbral que indica la comisión del delito de genocidio contra los palestinos como grupo en Gaza, situación frente a la cual este señor y su partido guardan silencio.

Por último, es crucial destacar que calificar las elecciones en Rusia como el derrumbe de la civilización es una afirmación absurda y paradójica. Rusia se destaca hoy en día como uno de los principales defensores de la verdadera civilización cristiana en Occidente, en contraposición a la ideología liberal atea occidental tanto de izquierda como de derecha. Mientras que en Occidente se promueven valores que desprecian la tradición y la fe, Rusia aboga por la preservación de las raíces cristianas, el orden, la familia y la moralidad.

La ideología rusa actual se basa en principios que valoran la estabilidad social, la cohesión familiar y el respeto por la tradición, en oposición al materialismo desenfrenado y el consumismo que caracterizan a la sociedad occidental. Además, mientras Occidente tiende hacia el nihilismo y la deshumanización, Rusia se esfuerza por promover una visión más equilibrada y humanista de la civilización.

Antes de terminar, y no sin dejar de lado el tema del lamentable conflicto en Ucrania, es menester considerar que responsabilizar exclusivamente a Rusia por la guerra en Ucrania es ignorar por completo la complejidad de la historia reciente y la implicación directa de países occidentales desde el golpe de estado de 2014 en Kiev. Es importante abordar abiertamente los intereses geopolíticos de Estados Unidos en la región, que claramente apuntan a contener a Rusia como un actor global de peso.

Además, no se puede pasar por alto el hecho de que la CIA ha estado operando en Ucrania durante más de una década, con el objetivo de socavar a Rusia, lo cual fue titular del prestigioso medio estadounidense, The New York Times, el pasado 28 de febrero. Pero parece que esto no refleja, ante los ojos de algunos, una amenaza para la seguridad nacional de Rusia. De igual manera, es crucial reconocer la presencia de laboratorios de experimentación biológica occidentales en las regiones ucranianas fronterizas con Rusia, lo cual añade una capa adicional de complejidad al conflicto.

Sumado a esto, es fundamental considerar el interés de convertir a Ucrania en un miembro de la OTAN para legitimar la instalación de misiles en las fronteras rusas apuntando hacia Moscú. Para comprender mejor esta situación, podemos plantear una analogía: ¿Cómo reaccionaría Estados Unidos si México se uniera a una alianza militar con Rusia y China, y decidiera establecer bases militares en la frontera con Texas? Esta perspectiva nos permite entender la sensibilidad de Rusia ante la posibilidad de una expansión de la OTAN hacia sus fronteras, similar a la situación que provocó la crisis de los misiles en Cuba en 1962, en este caso para los Estados Unidos.

La idea de que Putin y su ministro de defensa decidieron invadir Ucrania por mera voluntad es una simplificación absurda y refleja la decadencia del pensamiento occidental en su máxima expresión. Es necesario un análisis más profundo y equilibrado que considere todos los factores en juego, incluidos los intereses geopolíticos y las acciones de todas las partes involucradas, antes de tomar una postura al respecto.

Es importante no caer en el juego de la guerra psicológica ni en las campañas de rusofobia occidentales. Por estas y muchas otras razones yo no cuestiono el viaje de las diputadas a Moscú, sino que lo reconozco como un acto de valentía, pensamiento independiente y buena fe en el marco de una coyuntura geopolítica histórica y compleja. El hecho de comprender las razones detrás de las acciones de Rusia y reconocer la guerra mediática lanzada por Occidente no implica necesariamente un respaldo ciego a todas las acciones de Rusia o su presidente. Tampoco equivale a apoyar a dictadores, como erróneamente afirman algunos. Más bien, implica tener una comprensión más profunda de la complejidad del mundo y un intento de superar el pensamiento simplista de «buenos y malos» que a menudo prevalece en el pensamiento occidental.

Hay que tener cuidado con el fundamentalismo democrático, al igual que cualquier extremo ideológico, representa un riesgo significativo para la misma democracia. Si las cosas fueran de buenos y malos, entendidas desde una visión puramente idealizada de la democracia, países como Costa Rica, que no tienen ejército ni enemigos en el mundo, se vería obligada a aislarse del mundo, paradójicamente, como Corea del Norte, porque todas las naciones, independientemente de su sistema político, tienen sus propios intereses y participan en juegos geopolíticos en los cuales podemos o no estar de acuerdo, y donde no todos son democráticos.

Reconocer estas complejidades significa entender que hay más oportunidades de promover la paz a través del diálogo y la negociación que mediante sanciones unilaterales o la suposición de superioridades morales. La búsqueda de soluciones pacíficas requiere un compromiso con la comprensión mutua y el respeto por las perspectivas divergentes, en lugar de caer en la trampa de la demonización, la confrontación y la cultura de la cancelación que dañan y enferman a la democracia real en nuestras latitudes.

El mundo de Charles Michel a las tres y media de la mañana

Gilberto Lopes, en San José
27 de marzo de 2024

Eran las tres y media de la mañana cuando lo despertó una llamada del presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski anunciando la invasión de su país. Al oír su voz sombría, el presidente del Consejo Europeo (el órgano que agrupa a los jefes de Estado y de gobierno de los 27 estados miembros), el belga Charles Michel, comprendió que el orden internacional surgido de la II Guerra Mundial había cambiado para siempre.

Michel, un conservador que encabezó un gobierno de coalición en su país entre 2014 y 2019 antes de asumir la presidencia del Consejo Europeo, lo cuenta en un artículo que publicó el pasado 19 de marzo en el diario español El País.

En su visión del mundo, ante las nuevas amenazas que enfrenta Europa, “es necesario reforzar nuestra capacidad de defender el mundo democrático, tanto por Ucrania como por Europa”.

Hoy, en Europa, esa defensa es entendida casi exclusivamente como un desafío militar. Michel lo resume con un viejo cliché: “Si queremos la paz, debemos prepararnos para la guerra”.

Son frases potentes, uno de cuyos efectos principales es eximirnos de pensar. ¿De qué guerra nos habla Michel? ¿De la OTAN contra Rusia?

Michel repite afirmaciones que oímos con frecuencia hoy: “Rusia no se detendrá en Ucrania, del mismo modo que no se detuvo hace diez años en Crimea”.

“Rusia constituye una grave amenaza militar para nuestro continente europeo y para la seguridad mundial”. Prosigue con sus tácticas de desestabilización en todo el mundo, en Moldavia, en Georgia, en el Cáucaso meridional, en los Balcanes Occidentales e incluso en el continente africano”.

Ningún analista serio, ni político ni militar, confirma la idea de que Rusia, una vez finalizada la guerra en Ucrania, se disponga a avanzar sobre sus vecinos europeos. Estaríamos hablando de una guerra contra la OTAN, de un conflicto nuclear. Eso no tiene sentido y es precisamente la naturaleza nuclear de esa guerra lo que le quita todo sentido a la frase de Michel. A menos que estemos todos dispuestos a la tragedia que eso significaría.

Pero Michel no tiene dudas: –Nos enfrentamos a la mayor amenaza a nuestra seguridad desde la Segunda Guerra Mundial, asegura.

Otras visiones del mundo

David Milband, exsecretario de Estado para Asuntos Exteriores del Reino Unido (2007-2010), publicó, hace un año, un artículo con el título de “El mundo más allá de Ucrania” (“The World Beyond Ukraine”. Foreign Affairs, abril 2023).

Ahí dice que la invasión de Ucrania produjo una notable unidad de acción de las democracias liberales del mundo. Pero –agregó– esa unidad de Occidente no fue respaldada por el resto del mundo. Dos tercios de la población mundial, dice Miliband, vive en países oficialmente neutrales, o apoyan a Rusia en este conflicto, incluyendo notables democracias como Brasil, India, Indonesia o Sudáfrica.

Esa distancia entre Occidente y el resto del mundo –agrega el político inglés– “es el resultado de una profunda frustración –ira, en realidad– por la forma como Occidente condujo la globalización desde finales de la Guerra Fría”.

Algo similar ha dicho el presidente ruso, Vladimir Putin. Es una de las razones por las que explica su decisión de irrumpir en el escenario internacional de tal manera, que ha hecho a Michel decir que el orden internacional, heredado de la II Guerra Mundial, “había cambiado para siempre”.

Lo cierto es que una guerra con la OTAN es vista como poco probable por muy diversos analistas. Aunque, naturalmente, dada la naturaleza de la guerra en Ucrania, no se puede descartar, incluyendo la posibilidad de que se desate por un mal cálculo o hasta por accidente.

El pasado 24 de marzo, por ejemplo, Polonia afirmó que un proyectil ruso lanzado contra una base ucraniana cerca de la frontera polaca, había sobrevolado su espacio aéreo por cerca de 40 segundos. Y pedía explicaciones al gobierno ruso, que al final decidió no dárselas, porque Polonia no presentó prueba alguna de lo que estaba afirmando.

Dos días antes, un ex oficial norteamericano, Stanislav Krapivnik, dijo al medio ruso RT, que el gobierno polaco estaba preparando a su población para una guerra con Rusia. Recordó afirmaciones del jefe del Estado Mayor polaco, general Wieslaw Kukula, de que Rusia “se estaba preparando para un conflicto con la OTAN” en la próxima década. Lo que, para Krapivnik, es parte de la preparación psicológica del pueblo para la guerra. No descartó tampoco que Polonia pueda descargar un ataque preventivo contra Rusia, con apoyo de países como la República Checa, o los países bálticos, lo que desataría un inevitable conflicto con la OTAN.

En todo caso, un estudio hecho para la Rand Co. por Samuel Charap y Miranda Priebe, publicado en enero del año pasado, con el título de “Avoid a long war”, concluye que, para Estados Unidos, es más importante evitar tanto una guerra entre la OTAN y Rusia, como una guerra de larga duración entre Rusia y Ucrania.

Todos se sienten amenazados

Predomina entre diversos políticos europeos una misma visión alarmista. Joschka Fischer, exministro de Relaciones Exteriores de Alemania y líder de los verdes, ha insistido en que “no se trata solo de la libertad de Ucrania. Se trata de todo el continente europeo”. Rusia quiere borrar a su vecino del mapa, asegura.

¿Cómo imaginar una guerra de Rusia para conquistar el continente europeo? Fischer se siente amenazado. Michel también. No fue Rusia la que se acercó a las fronteras de la OTAN. Fueron las fronteras de la OTAN las que se fueron acercando a Rusia durante 40 años. Pero esa es una reflexión que no está en el razonamiento de esos políticos europeos.

Como dice el ministro de Relaciones Exteriores sueco (el último país a incorporarse a la OTAN), Tobias Billstrom, “armar a Ucrania es una forma de enfrentar los apetitos de Moscú”. Me parece que Moscú podría pensar que esa es una forma de alimentar los apetitos de la OTAN en su contra.

Para el ministro sueco, en todo caso, no son su país, ni la OTAN, los que constituyen un problema; es el comportamiento irresponsable e imprudente de Rusia, que procura reconstruir su viejo imperio en el Báltico.

¿No se les ocurre pensar que Rusia también se siente amenazada y que antes de invadir Ucrania advirtió muchas veces del riesgo que representaba para ellos el avance sistemático de la OTAN hacia sus fronteras?

Un asomo de sensatez

El tono belicista ocupa cada vez más el espacio del debate. La cumbre de la Unión Europea, el pasado 22 de marzo, “llegó precedida de un ambiente belicista como no se recordaba en Bruselas en muchos años”, dijeron los corresponsales de El País.

La UE pidió a la sociedad civil que se prepare para “todos los peligros”. Michel pidió a Europa pasar “a un régimen de economía de guerra”. En Alemania, una ministra sugirió introducir en los colegios cursos de preparación para enfrentar conflictos.

Se va creando un ambiente de histeria belicista que ha terminado por asustar a algunos de los mismos dirigentes europeos. “No me siento reconocido cuando se habla de convertir Europa en una economía de guerra, ni con expresiones como la tercera guerra mundial”, dijo, en Bruselas, el jefe de gobierno español, Pedro Sánchez.

No es que discrepe de la sugerencia de Michel, de prepararse para la guerra, aunque no comparte el tono que ha adoptado el debate. Pero su propia ministra de Defensa, Margarita Robles, recordaba hace unos días, en una entrevista, que “un misil balístico puede llegar perfectamente desde Rusia a España”.

El mismo representante de la política exterior de la UE, Josep Borrell, quién, con frecuencia, ha alimentado ese ambiente guerrerista, ha preferido ahora advertir contra la tendencia de andar asustando a los ciudadanos europeos con una guerra, exagerando la amenaza de un conflicto directo con Rusia.

“He oído voces que hablan de una guerra inminente. Gracias a dios la guerra no es inminente. Vivimos en paz. Apoyamos a Ucrania, pero no somos parte de esa guerra”. No se trata, para Borrell, de que los soldados europeos “vayan a morir a Donbass”.

Un riesgo que el presidente de Francia y otros países, especialmente los bálticos y Polonia, parecen dispuestos a correr. El canciller de Ucrania, Dimitry Kuleba, en entrevista para Politico, el pasado 25 de marzo, no descartó que países europeos decidan desplegar tropas en Ucrania para contener los avances rusos. “Si Ucrania pierde –aseguró–, Putin no se detendrá”.

Es evidente que la afirmación de Borrell está cargada de contradicciones. Es difícil entender que viven en paz mientras la participación de la OTAN es cada vez mayor en una guerra a la que han desviado recursos que multiplican muchas veces los destinado a cualquier otro de sus proyectos en el mundo.

Fascismo como extrema derecha

«Los políticos europeos están perdiendo la cabeza. La voz de la paz está retrocediendo por completo. Muchos líderes políticos europeos están sufriendo una psicosis de guerra», en opinión el ministro húngaro de Asuntos Exteriores, Peter Szijjarto, el pasado domingo 24.

Hungría –a la que, con frecuencia, acusan en Europa de “populista” y de “extrema derecha”– es un país opuesto a los proyectos de enviar armas a Ucrania.

“Populismo”, un concepto que ha alimentado miles de muy variadas páginas académicas, tiene la ventaja de evitar muchas complicaciones a los periodistas. El calificativo, inútil para explicar el escenario político, sirve para salir del paso sin necesidad de mayores elaboraciones. Les ahorra mucho pensar a ciertos periodistas.

En Alemania le dedican particular atención al papel de un partido al que ubican en la “extrema derecha”: Alternativa para Alemania, AfD por sus siglas en alemán.

El Grand Continent (publicación del Groupe d’études géopolitiques, un centro de investigación independiente con sede en la École Supérieure de París, fundado en mayo de 2019), ha decidido acompañar los abundantes procesos electorales previstos para este año con una serie de entrevistas. Para el caso alemán, entrevistó al historiador Johann Chapoutot (la entrevista puede ser vista aquí: https://legrandcontinent.eu/es/2024/03/24/que-significa-la-afd-en-alemania-una-conversacion-con-johann-chapoutot/)

Chapoutot habló sobre lo que significa AfD para Alemania. “La AfD pasó de un enfoque centrado en cuestiones monetarias a una postura populista más pronunciada”, asegura. “Como muchos partidos de extrema derecha, propone un discurso populista que promete devolver el poder al pueblo frente a una élite que supuestamente se apresura a oprimirlo”.

Pero el mismo Chapoutot –que acude aquí al concepto de “populismo”– aporta elementos para un análisis más profundo sobre esa derecha alemana, extrema, ciertamente, pero representada en las más diversas formaciones políticas del país, no solo en AfD.

En Baviera, donde los muy conservadores socialcristianos de la CSU dominan el panorama electoral, AfD encuentra “poco o casi ningún espacio” para desarrollarse. El fuerte particularismo bávaro parece limitar su avance en una región donde el dominio de una derecha bastante radical (CSU y Freie Wähler) es “abrumador”, dice Chapoutot.

Tras la reunificación de Alemania, en 1990 –insiste Chapoutot–, jóvenes del Este se volcaron al nacionalismo, en respuesta a lo que percibían como un robo de identidad de cara a la dominación occidental, tras la caída de la RDA.

Un desempleo del 30%, la liquidación de la industria y de la artesanía de Alemania Oriental, la violencia de la “toma del poder” (Übernahme) o de la “anexión” (Anschluss) por parte de las empresas de Alemania Occidental provocaron un trauma social “cuya intensidad nos cuesta medir, y cuyas secuelas culturales y políticas siguen muy vivas 35 años después”, agrega.

Helmut Kohl, canciller demócrata cristiano que condujo el proceso de unificación, y su ministro de Hacienda, Wolfgang Schäuble (el mismo que, años después, impondría condiciones leoninas en la renegociación de la deuda griega, para salvar a los bancos alemanes comprometidos con esos préstamos) habían permitido a las empresas renunciar a la legislación laboral, a cambio de que se instalasen en el Este. Y que se volvieron un laboratorio de “políticas sociales”, impuestas a continuación en el Oeste por los socialdemócratas Gerhard Schröder y Peter Hartz, con sus ofertas de “mini jobs” para os alemanes desempleados.

Chapoutot nos recuerda el acercamiento de los verdes a la CDU, los mismos verdes que integran la actual coalición de gobierno con los socialdemócratas y liberales, y defienden una agresiva política contra Rusia.

Los liberales (FDP), cada vez más extremistas en sus posiciones conservadoras, asumen las propuestas más duras de la AfD, dice Chapoutot. Al igual que la extrema derecha, el FDP es anti-ecologista, pro-empresa, anti-impuestos, anti-estándares… La propuesta de bajar impuestos tiene como corolario la destrucción de los servicios públicos y el abandono de las infraestructuras.

Esa es la extrema derecha alemana y europea que, según las más diversas estimaciones, no solo se consolidará en el escenario político europeo (en el Parlamento, en la Comisión y en el Consejo) en las elecciones de junio próximo, sino que se inclinará aún más hacia la derecha, sin que haga falta, para comprender lo que está en juego, acudir a “populismos”, ni a la búsqueda de posiciones más extremas, porque no las hay (aunque se discrepe sobre migración y algún otro tema).

Los mismos que luchan contra Rusia, sostienen a Ucrania y a Israel, y piensan que para conseguir la paz hay que prepararse para la guerra, en vez de negociar una paz que ofrezca a los europeos (y al resto del mundo) seguridad y garantías de un desarrollo común.

No es necesario reforzar la capacidad europea “de defender el mundo democrático, tanto por Ucrania como por Europa”, como pretende Michel. El problema, esta vez, es que una nueva guerra europea nos arrastrará a todos, pondrá fin a la humanidad, tal como la conocemos. En una guerra así no habrá espectadores. Seremos todos víctimas.

FIN

El atentado de Moscú y la Operación Gladio 2.0

Germán Gorraiz López- Analista

El eje globalista anglo-judío estaría preparando un escenario bélico que abarcaría prácticamente la totalidad de la cartografía terrestre, quedando América Latina como islote en un océano borrascoso. El objetivo confeso de los globalistas encabezados por Soros y la Open Society Foundation (OSF) sería la implementación del Nuevo Orden Mundial (NWO), que implicaría la recuperación del papel de EEUU como gendarme mundial siguiendo la Doctrina Brzezinski.

De lo anterior, se deduce que una victoria republicana en noviembre del 2024 representaría el ocaso de la estrategia atlantista de Biden y Soros empecinados en defenestrar a Putin del poder, la firma de un acuerdo de Paz en Ucrania y el retorno a la Doctrina de la Coexistencia Pacífica con Rusia. Ello supondría la entronización del G-3 (EEUU, Rusia y China) como «primus inter pares» en la gobernanza mundial y el final del sueño obsesivo de los globalistas encabezados por Soros y la Open Society Foundation (OSF) de conseguir la balcanización de Rusia, «la ballena blanca que los globalistas llevan décadas intentando cazar».

Así, la CIA habría ideado supuestamente la presión Gladio.2.0, consistente en despertar a sus células durmientes y provocar cruentos atentados de gran impacto mediático en Rusia y su posterior contrarréplica en países vecinos a Ucrania con el objetivo confeso de provocar la implicación de la OTAN en un conflicto total con Rusia que por mimetismo podría extenderse a Extremo Oriente y desembocar en la Tercera Guerra Mundial.

El estreno del Plan Gladio 2.0 habría sido el cruento atentado en la sala de conciertos Crocus de Moscú, con el saldo de cerca de 140 muertos y más de 150 heridos y cuya autoría fue inicialmente reivindicada por el ISIS y posteriormente descartada por la editora en jefe de la televisión y canal ruso RT, Margarita Simonian, quien ha afirmado que «el atentado terrorista en Moscú no tiene nada que ver con el ISIS, sino con Ucrania», siendo previsible una respuesta  de Moscú siguiendo el esquema de acción-reacción.

Finalmente, al estar EEUU inmerso en la campaña electoral para las presidenciales de noviembre, Francia, Polonia y Reino Unido serían el tridente elegido por los globalistas para implosionar el frente ucraniano la próxima primavera y provocar la posterior entrada de la OTAN en un conflicto abierto con la Rusia de un Putin reelegido hasta el 2030.