Alcances y limitaciones del Plan Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional, frente a la realidad de los sistemas agroalimentarios y de la agricultura nacional
German Masís
El Ministerio de Salud presentó el Plan Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional 2026-2035 y su Plan de Acción 2026-2030, un instrumento que orientará las acciones del país durante la próxima década para garantizar que todas las personas tengan acceso a una alimentación saludable, suficiente, inocua y sostenible.
El plan establece una ruta de trabajo interinstitucional para fortalecer la disponibilidad de alimentos, impulsar una producción más sostenible, mejorar la educación alimentaria y nutricional y crear entornos que faciliten decisiones saludables para todas las personas.
De acuerdo con datos nacionales, el 16,4 % de los hogares enfrenta dificultades para acceder a una alimentación saludable y suficiente, situación que evidencia la importancia de contar con una estrategia nacional que articule esfuerzos para reducir estas brechas y proteger el bienestar de la población.
Entre las principales acciones que contempla el plan destacan: el fortalecimiento de la comercialización inclusiva de alimentos, la promoción de circuitos cortos de comercialización entre productores y consumidores, el uso sostenible de los recursos naturales, el fortalecimiento de las capacidades productivas en los territorios, y una mayor participación de las comunidades en la toma de decisiones relacionadas con la seguridad alimentaria.
Asimismo, el Plan reconoce el derecho humano a una alimentación adecuada como un eje central de las políticas públicas y promueve el trabajo conjunto entre instituciones del Estado, gobiernos locales, sector productivo, academia, organizaciones sociales y ciudadanía para alcanzar este objetivo. (Ministeriodesalud.go.cr,9-9-2026).
Para abordar la pertinencia y los alcances del Plan Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional, es conveniente efectuar un análisis y valoración de los componentes principales del planteamiento a saber:
I. El enfoque
El enfoque principal del Plan Nacional de Seguridad Alimentaria es el de los Sistemas Agroalimentarios Sostenibles que es el enfoque que impulsa la FAO a nivel internacional y que la representación de esa entidad ha adoptado en Costa Rica.
En general es un enfoque válido y pertinente, pero que es más una aspiración que una realidad en muchos países, incluyendo el nuestro. La sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios se encuentra amenazada por distintos factores, como los factores climáticos extremos, el avance de plagas y enfermedades, el aumento de los precios de los insumos y de los costos de producción y la reducción de los ingresos y de la rentabilidad de las actividades (Infobae,14-6-2026)
De ahí que la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios en la actualidad es sobre todo un gran desafío hacia su transformación, ya que el país y la región no podrán mantener su rol esencial en estos sistemas, expandiendo las tierras agrícolas o aumentando los insumos. Necesitan generar más valor por hectárea, por unidad de agua, por una unidad de energía, para reducir la presión sobre los bosques, sobre los suelos, el agua y la biodiversidad.
Además, es esencial pasar de producir más, a producir mejor, de exportar materias primas a generar más valor y de contar con casos de éxito aislados, a llevar adelante una transformación más profunda, inclusiva, sostenible y resiliente de estos sistemas. (IICA,19-6-2026)
Para el Plan Nacional de Alimentos presentado es central la disponibilidad de alimentos, que según las orientaciones de la misma FAO, se puede satisfacer mediante varios mecanismos, como la producción local existente, las políticas agroalimentarias que incentive su crecimiento y las importaciones de alimentos de otros países.
No obstante en los últimos años, la disponibilidad de alimentos se ha visto amenazada por el desincentivo de la producción nacional de algunos productos básicos, como el arroz y el frijol y la reducción considerable de la producción de otros productos, como la papa y la cebolla, mientras el país ingresa en una peligrosa tendencia de garantizar la disponibilidad de alimentos, mediante el incremento de las importaciones, justificado por los problemas climáticos y por los bajos precios de esos productos en otros países.
Según el análisis del economista Francisco Esquivel, mientras en el 2021 se importaron $ 170 millones en arroz, cebolla, raíces y tubérculos, carne vacuna y carne porcina, en el 2025, estamos importando $ 370 millones por año, es decir en 3 años ha aumentado $ 200 millones, ese producto importado significa pérdida de mercado para el productor nacional. (SURCOSdigital.com, 2-2026)
La disponibilidad de alimentos debe tener una base sólida en la producción nacional y en políticas que la incentiven y la apoyen y no debe depender de las importaciones baratas de otros países, que generan una competencia desleal con los productos nacionales y que deterioran sus ya vulnerables condiciones de participación en los mercados.
II. Las principales acciones del Plan
El Plan busca impulsar varias acciones estratégicas dirigidas a fortalecer componentes del sistema alimentario del país, no obstante, es importante valorar la situación de cada uno de esos ámbitos de la producción agroalimentaria.
1. La producción sostenible, el uso sostenible de los recursos naturales y el fortalecimiento de las capacidades productivas en los diferentes territorios del país.
La producción sostenible y el uso sostenible de los recursos muestra una realidad amenazada por la alta utilización de insumos externos, especialmente agroquímicos y semillas, por la pérdida de fertilidad de los suelos y por la contaminación de las fuentes de agua por residuos químicos y la escasez de mano de obra nacional y la dependencia de mano de obra extranjera en algunas actividades productivas, aspectos que comprometen seriamente la sostenibilidad ambiental y socioeconómica de los sistemas agroalimentarios.
El tema de la alta utilización de agroquímicos en la agricultura nacional, ha sido ampliamente investigado y documentado por varias fuentes, un estudio reciente determinó que cultivos de Costa Rica utilizan casi el doble de plaguicidas por hectárea, al utilizar en promedio 21.9 kilogramos de plaguicidas por hectárea al año, enfatizando en la distribución de éstos en cultivos, como la piña, el arroz, el tomate, la papa y el banano y las características de peligrosidad de los ingredientes activos. (Delfino.cr,22-10-2026)
Otro aspecto que ha afectado seriamente la sostenibilidad de la actividad y de las comunidades involucradas o cercanas a ella, ha sido la contaminación de las fuentes de agua, que en amplias zonas del Atlántico, la zona Norte y hasta Cipreses de Oreamuno, en las que los ríos y nacientes han sido contaminadas y han salido de servicio, teniendo que ser sustituidas por la provisión institucional móvil del vital líquido.
Otros dos aspectos que afectan la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios son la pérdida de fertilidad y productividad de los suelos en algunas actividades y zonas del país, provocado por el uso excesivo de agroquímicos, las inundaciones o la sequía y la ausencia de medidas de mitigación oportuna que restablezcan la capacidad productiva de los suelos.
El otro aspecto importante de mencionar es la progresiva dependencia de la mano de obra extranjera en actividades como el cultivo, mantenimiento y sobre todo en la cosecha de actividades como los cultivos de piña, banano, sandía, café y caña de azúcar, las cuales dependen de los permisos migratorios para el ingreso de trabajadores y la creación de condiciones para su permanencia.
Este fenómeno del predominio de la mano de obra extranjera, a su vez está asociado al comportamiento de la fuerza de trabajo en el sector, ya que el mismo Boletín estadístico agropecuario del MAG, había señalado que la fuerza de trabajo del sector agropecuario cayó en un 21,9% entre el 2021 y el 2025 y que la población ocupada en agricultura también se contrajo durante ese período, en una reducción del 16,4%. (ElObservador.cr,10-9-2026)
2. Sin embargo, la acción probablemente más crucial en la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios es el de las capacidades productivas en los diferentes territorios del país y el debilitamiento de las economías locales y regionales.
La capacidad productiva agropecuaria nacional, ha descendido y se ha deteriorado considerablemente en los últimos años, aspecto evidenciado por los resultados de las Encuestas Nacionales Agropecuarias (ENA) realizadas por el INEC entre el 2021 y el 2025.
La reducción de las áreas cultivadas tanto de los cultivos para el mercado interno como para exportación, junto a la reducción de los volúmenes producidos para ambos mercados, ha sido la evidencia más contundente del deterioro de las actividades y los sistemas agroalimentarios ligados a ellas.
Las diferencias han sido significativas entre el 2023 y el 2025, sobre todo en el cultivo de arroz, papa y cebolla y el cultivo de banano y café entre esos años. Pero las mayores diferencias se encuentran entre los años 2021(ENA 20021) y 2024(ENA 2025), en la mayoría de los productos mencionados.
En ese período, las diferencias en los cultivos para el mercado interno fueron de alrededor de 19,711 hás menos sembradas y de 511,116 toneladas métricas menos de producción entre esos años, cifras significativas en la disponibilidad de la producción de alimentos para el consumo de la población.
El análisis de los cultivos de exportación no es menos preocupante, ya que las diferencias entre el 2021 y el 2024, señalan una reducción en el área sembrada de 33,634 ha menos y de 829,654 toneladas métricas menos de producción en ese período, un descenso considerable en la producción exportable del país.
Entre las diferencias más significativas, se encuentran la del cultivo del arroz, cuya diferencia en el área cultivada y la producción es considerable, porque entre ambos años la diferencia es de 25.045 ha y de 86,035 Tm de producción menos, evidenciando la salida de una importante cantidad de productores de la actividad y el aumento del volumen importado.
La comparación en la producción de papa entre el 2021 y el 2024, señala una diferencia de 1,137 ha sembradas menos y 17,391 toneladas métricas de producción menos, lo que es una diferencia enorme, que revela una incorporación menor de productores y un aumento considerable de la producción importada
El análisis de la evolución de la producción de banano entre esos años determina una reducción de 8,755 ha y de 250,732 toneladas métricas menos entre ambos años, que muestra una situación complicada de la actividad debida según se ha mencionado por factores climáticos y el retiro de algunas empresas extranjeras.
En la actividad cafetalera, las diferencias en los mismos años son significativas, con la reducción de 8,640 hás sembradas y una producción de 39,540 toneladas métricas menos, que también revela un descenso considerable de la producción de café, atribuido en buena medida a factores climáticos y a cambios en la producción mundial. (SURCOS digital.com, 09-2025, La Encuesta Nacional Agropecuaria 2025, confirma el peligroso descenso de la producción nacional).
Esta reducción en el área y en la producción de las actividades agrícolas, evidencia la reducción de la capacidad productiva en actividades agrícolas y en territorios vinculados a estas actividades en las regiones periféricas del país, en las que son la principal fuente de empleo e ingresos para la población rural. Igualmente, esta reducción de la capacidad productiva tiene implicaciones sobre la disponibilidad interna de alimentos, sobre la seguridad y la soberanía alimentaria del país, sobre el aumento de las importaciones y sobre el decrecimiento de las exportaciones agrícolas y la generación de divisas.
3. Otra de las acciones del Plan Nacional de Seguridad Alimentaria es el fortalecimiento de la comercialización inclusiva de alimentos y el impulso de los denominados circuitos cortos de comercialización, que buscan reducir intermediarios y generar relaciones más directas entre productores y consumidores.
Esta acción involucra el fortalecimiento de las ferias del agricultor y las ferias locales, frente a uno de los mayores problemas del comercio agrícola, la intervención de los intermediarios como canal de comercialización que coopta buena parte de la producción de los pequeños productores y se apropia de buena parte del valor de esta.
En nuestro país operan más de 50 ferias del agricultor que permiten la participación directa del productor y un cambio en la relación entre productores y consumidores, pero esta opción aún plantea desafíos importantes para su mejoramiento y ampliación hacia zonas en las que éstas tienen poca presencia como los cantones del Sur-Sur y el Norte-Norte.
Un estudio reciente de la FAO indicó que estas ferias son un elemento esencial en los sistemas agroalimentarios, facilitando el acceso a alimentos frescos y saludables a precios justos, al tiempo que dinamizan las economías locales. El estudio analiza los desafíos estructurales y organizacionales que enfrentan las ferias, como la infraestructura deficiente, la competencia con los supermercados y la necesidad de una mayor tecnificación.
También subraya la importancia de mejorar la infraestructura de las ferias, como la creación de estacionamientos y rampas de accesibilidad, para mejorar la experiencia tanto de productores como de consumidores. Además, aborda la necesidad de fortalecer la capacitación de los productores y de fomentar nuevas estrategias de comercialización, como el uso de pagos electrónicos y plataformas digitales para ampliar el alcance de las ventas. Finalmente, se destacan las recomendaciones para fortalecer el rol de las ferias en la economía costarricense, incluyendo la creación de políticas que promuevan la expansión de estos mercados a áreas rurales y costeras, y el desarrollo de estrategias de comunicación que mejoren su visibilidad y atractivo. (FAO.cr,29-3-2026)
4. Esta última recomendación del estudio está ligada a otras de las acciones del Plan, que es la educación alimentaria y nutricional y que requiere fortalecer el consumo de alimentos sanos e inocuos, tanto en los entornos escolares, como familiares y públicos, lo que requiere impulsar campañas de información y concientización de las características y valor nutricional de los alimentos, como también conocer su origen, calidad y trazabilidad, los que muchas veces se desconocen.
El impacto positivo del Plan Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional 2026-2035, supone más allá de la correcta ejecución de las acciones planteadas, avanzar hacia una política agropecuaria más sostenible, equitativa e incluyente.
No podemos seguir produciendo de la misma manera, utilizando una alta cantidad de insumos químicos externos, que provoca altos costos, pérdida de suelos, contaminación, sequía, mayor concentración de CO2 y menor soberanía alimentaria, se requiere una transformación productiva, socioeconómica y ambiental de la actividad.
Una transformación que debe garantizar que la producción agroalimentaria sea más sostenible ambientalmente, que la participación de los productores sea más justa y equitativa y tener mayor soberanía alimentaria en los productos alimenticios básicos.
La propuesta debe incluir un sistema de extensión e innovación tecnológica ligado a las condiciones de la pequeña y mediana producción y a opciones de tecnologías apropiadas para el mejoramiento de la productividad y la conservación de la biodiversidad y el fortalecimiento de las alternativas de comercio más justas y de mayor participación de los productores, un mecanismo de seguros agrícolas y protección de riesgos naturales y nuevo modelo de financiamiento justo y accesible a los pequeños y medianos productores.
Un componente adicional, es el impulso de un programa para el desarrollo de agroindustrias rurales de productos con identidad territorial junto a la creación de cadenas cortas de comercio y mercados locales.
La efectividad de las acciones de apoyo a los sistemas agroalimentarios pasa también por la vigencia de una ley de seguridad alimentaria y nutricional, que proteja a los productores y sus unidades productivas de los cambios en las condiciones comerciales internas y externas.



