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Etiqueta: José Figueres Ferrer

Libro reúne las actas de la Junta Fundadora de la Segunda República, con estudio introductorio de Vladimir de la Cruz

El historiador Vladimir de la Cruz presenta el libro Junta Fundadora de la Segunda República. Actas 1948-1949, publicado por la editorial ISOLMA. La obra pone al alcance de las personas lectoras las actas de la Junta que gobernó el país entre 1948 y 1949, acompañadas de un amplio estudio introductorio y de documentos históricos del período.

Según la presentación de la obra, estas actas constituyen una fuente documental esencial para comprender cómo se tomaron las decisiones que redefinieron el Estado costarricense en esos años. A través de ellas es posible conocer, desde sus protagonistas, los debates, tensiones, acuerdos y visiones que marcaron el inicio de una nueva etapa nacional. Fue un período atravesado por crisis políticas, reformas sociales, confrontaciones ideológicas, elecciones controvertidas, pactos decisivos y una guerra civil, del cual surgió un proyecto de país cuyos efectos siguen presentes en la vida política e institucional costarricense.

La introducción de Vladimir de la Cruz examina el contexto político que condujo al conflicto de 1948, el liderazgo de José Figueres Ferrer y la participación de figuras como Rafael Ángel Calderón Guardia, Manuel Mora Valverde, monseñor Víctor Manuel Sanabria, Teodoro Picado y Otilio Ulate. De acuerdo con la contraportada, más que una recopilación documental, el libro invita a reflexionar sobre el poder, la democracia, la legitimidad política y la construcción del Estado.

Una obra para el debate actual

La publicación adquiere especial importancia histórica y política en el presente, cuando desde el oficialismo se habla de una «Tercera República» sin dar cuenta del entramado sociohistórico que ese concepto implica. Conocer las actas oficiales de la conformación de la Segunda República, junto con la ubicación histórica que realiza el autor como historiador y analista, resulta fundamental para formar criterio sobre ese debate.

Contenido del libro

La obra abre con el prólogo «¿Cómo nace la Segunda República?», de Vladimir de la Cruz. La primera parte inicia con un extenso ensayo del mismo autor, «José Figueres Ferrer. El hombre, el político, el estadista», seguido de una selección de documentos que permiten seguir el proceso histórico paso a paso:

  • Textos de José Figueres Ferrer desde 1942, entre ellos «¡Lo que el Gobierno debe hacer es irse!» (8 de julio de 1942), «Palabras gastadas», «Las virtudes nacionales» y «En febrero de 1944 murió la Primera República» (17 de marzo de 1945).

  • El Pacto del Caribe (16 de diciembre de 1947) y las dos proclamas de Santa María de Dota (23 de marzo y 1 de abril de 1948).

  • Los documentos de abril de 1948 sobre la sucesión presidencial, incluidos varios textos de Teodoro Picado hasta el decreto ejecutivo que llamó al tercer designado a ejercer la Presidencia (20 de abril de 1948).

  • Textos de Benjamín Núñez y Carlos Monge Alfaro, el Pacto Ulate-Figueres (1 de mayo de 1948) y la declaración de José Figueres Ferrer del 8 de mayo de 1948, con la que se constituyó el Consejo de Gobierno Provisorio bajo el nombre de Junta Fundadora de la Segunda República.

  • Tres textos posteriores: «Presencia de José Figueres» (setiembre de 1986), de Alfonso Chase; «Los últimos 70 años» (24 de enero de 2026), de Jaime Ordóñez; y «El ‘Corrido de Pepe Figueres'», de Carmen Granados.

La segunda parte, «Junta Fundadora de la Segunda República. Actas 1948-1949», reúne la totalidad de las actas de las sesiones de la Junta. Entre ellas se intercalan decretos ley emitidos en ese período, como los n.° 16, 37 y 42. De esta forma, el libro combina la fuente documental completa con análisis históricos y políticos que permiten situarla en su contexto.

Dónde adquirirlo

El libro puede adquirirse en la Librería UCR, en San Pedro de Montes de Oca, a un precio de ₡15.000.

Memoria, resistencia. “Si nos olvidamos, nos ganan”

Por Lenin Chacón Vargas

Aquel memorable 6 de enero de 1973 amaneció con un aire denso sobre el Cementerio Obrero de San José. No era una fecha cualquiera. Se cumplían veinticinco años de uno de los crímenes más execrables de nuestra historia: el asesinato de los mártires del Codo del Diablo. Federico Picado, Tobías Vaglio, Lucio Ibarra, Octavio Sáenz, Narciso Sotomayor y Álvaro Aguilar. Seis nombres que quisieron borrar con sangre, pero que el pueblo trabajador grabó en su memoria.

Aquella mañana, un grupo de obreros, de hombres y mujeres militantes de Vanguardia Popular, con niñas y niños familiares, se congregaron frente al mausoleo de la Confederación de Trabajadores de Costa Rica, (C.T.C.R.) con una estructura escalonada de cinco niveles que se levanta imponente en el cementerio obrero, para rendir homenaje a los caídos. Y en primera línea, custodiadas por aquella marea humana de luchadores, dos niñas pequeñas encabezaban el acto solemne. Una de ellas es Yalena de la Cruz Figueroa. La otra, una pequeña cuya identidad se pierde en el tiempo, pero cuya presencia allí, en ese momento, tiene un peso simbólico que estremece. Ellas representaban el futuro por el que aquellos hombres y mujeres habían entregado todo. Ellas eran la prueba viviente de que la lucha continuaba.

La fotografía que comparto, con sus bordes ajados por el tiempo y papel periódico viejo que solo da la memoria, es mucho más que un documento familiar. Es un tesoro histórico. Es la prueba de que existimos, de que luchamos, de que resistimos. Cada vez que la veo, siento que el pasado me habla al oído con esa voz ronca de los que ya no están, pero cuya presencia se niega a desaparecer. Allí están, frente al mausoleo, un grupo de hombres y mujeres que escribieron con sudor, sangre y convicción algunas de las páginas más dignas del movimiento popular costarricense. Y en el centro de esa gesta, como una imagen que condensa todas las esperanzas y todas las contradicciones, esas dos niñas; no eran un adorno: eran el símbolo de que la semilla plantada por los mártires germinaba en las nuevas generaciones.

Recuerdo el ambiente en el cementerio aquel enero de 1973. La solemnidad del momento, el silencio respetuoso de los presentes, las palabras pronunciadas con voz firme y emocionada. Recuerdo las coronas de flores, los cantos, los puños en alto. Y recuerdo, sobre todo, la sensación de estar participando en algo mucho más grande que nosotros mismos. La lucha por la justicia social no es una tarea de un día ni de una generación. Es una carrera de relevos en la que cada uno aporta su esfuerzo, su sudor, su inteligencia y, a veces, su vida. Aquellos mártires del 48 habían entregado lo más preciado. Nosotros, los que vinimos después, teníamos la obligación de honrar su memoria y de continuar su obra. Y eso es lo que hicimos y hacemos con todas nuestras fuerzas y con todas nuestras limitaciones.

En la fotografía, de izquierda a derecha, los rostros se suceden como las páginas de un libro de historia. Allí está María Alfaro, abuelita de Rocío Alfaro, una mujer que seguramente cargaba sobre sus hombros el peso de muchas luchas y el cuidado de muchas generaciones. A su lado, un hombre cuya identidad no logro recordar con precisión, pero cuya presencia en ese grupo habla de una militancia anónima, de esos cientos de trabajadores que sostuvieron con su esfuerzo cotidiano la estructura del Partido. Luego, la figura inconfundible de Gonzalo Sierra Castillo, legendario comunista y dirigente sindical y campesino; su nombre solo basta para evocar una época entera de luchas bananeras, de huelgas en las plantaciones, de organización de los trabajadores del campo y de la ciudad. Sierra Castillo fue fundador y secretario general de la emblemática Confederación General de Trabajadores, la CGT, en los años 50 de dura clandestinidad y represión política y sindical, y su vida es un testimonio de coherencia y entrega; ¡cuántas historias guardo de él, de sus palabras encendidas, de su capacidad para mover a las masas con la sola fuerza de su convicción! Su recuerdo es inseparable de las gestas más importantes del movimiento obrero costarricense junto a Carlos Luis Fallas y Álvaro Montero Vega, líderes del movimiento sindical de obreros bananeros. No puedo dejar de recordar a Gonzalo Sierra -Sierrita como le decíamos en el Partido- aquel primero de mayo de 1962 en la tribuna y con su cabeza sangrando por una piedra que lanzaron los agresores del Movimientos Costa Rica Libre, grupo fascista de aquellos tiempos; aún herido, terminó su discurso y corrimos hacia él para darle abrazo y cerciorarnos de que la herida no fuera de gravedad; aun así, se le llevó para darle la correspondiente atención médica, mientras nos dispersamos bajo la lluvia de piedras y palos de los fascistas. Ahí nació nuestro Juramento de que nunca más nos volverían a agarrar de sorpresa ni permitiríamos que nos volvieran a agredir sin una respuesta contundente de nuestra parte, como ocurrió el primero de mayo de1963 en las celebraciones del día del trabajador frente al Correo y la estatua de Juan Rafael Mora Porras.

Al lado de Sierrita, con esos anteojos de intelectual comprometido, está Francisco Gamboa. Su figura representa esa fusión indisoluble entre pensamiento y acción que caracterizó a los dirigentes comunistas de su generación. Gamboa no solo leía y escribía; también organizaba, movilizaba, arriesgaba. Luego, vemos a Elmer Soto, cuyo nombre resuena en los anales de la lucha obrera sindical; y, a su izquierda, la insigne militante de los barrios del sur, Pamela, quien siempre nos acompañaba a las luchas juveniles de la época. Más atrás, en esa segunda fila que la fotografía captura con cierta penumbra, se adivinan las figuras del linotipista obrero de la Imprenta Elena y de un zapatero de Cristo Rey. El linotipista: ese trabajador de la palabra impresa. El zapatero de Cristo Rey, un barrio de trabajadores, un hombre que cosía zapatos y que en su taller humilde discutía política y organizaba a sus vecinos: Leymer, cuyo nombre propio se ha perdido pero cuya presencia en ese grupo testifica que él siempre estaba en la primera línea. Y Edwin Calderón, el abuelito-padre de Yalena; él está allí como siempre, en los actos de calle que se organizaban; con él me identificaba plenamente y cumplía muchas tareas. Edwin no fue un espectador; fue parte de esa dirigencia que sostuvo el acto, que organizó el homenaje, que mantuvo viva la memoria de los caídos. Y más a la derecha, completando el grupo, vemos a Manuel Moscoa y a Eliécer Sánchez -el Tigre, como le llamábamos-, cuyos nombres se suman a esta constelación de luchadores.

Todos ellos, en su conjunto, representan el músculo trabajador de una Costa Rica que muchas veces se empeña en olvidar sus raíces. Pero la fotografía está ahí para recordarnos que la historia no la hacen solo los grandes personajes de los libros oficiales. La hacen también los linotipistas, los zapateros, los campesinos, las amas de casa, los sindicalistas, los intelectuales comprometidos. La hacen esos hombres y mujeres que un día decidieron que la dignidad no se negocia y que la solidaridad es la ternura de los pueblos.

El acto en el Cementerio Obrero, frente al mausoleo de la C.T.C. R, fue mucho más que una ceremonia. Fue un acto de resistencia. En una época en la que el movimiento popular era perseguido, en la que las ideas de izquierda eran estigmatizadas y criminalizadas, reunirse para honrar a los mártires del Codo del Diablo era un gesto de valentía y una afirmación de soberanía popular. El Partido Vanguardia Popular, junto a otras organizaciones sindicales y campesinas, mantenía encendida la llama de la memoria hasta el día de hoy. Y en el centro de ese acto, como una imagen que condensa todas las esperanzas y todas las contradicciones, estaban esas dos niñas que encabezaban el homenaje: no eran un adorno sino el símbolo de que la lucha continuaba, de que la utopía seguía viva, de que la semilla plantada por los mártires germinaba en las nuevas generaciones.

Hoy, cuando miro esta fotografía restaurada, cuando recuerdo esos rostros queridos, esos rostros de compañeros y compañeras que ya no están, siento una mezcla de nostalgia y de orgullo. Nostalgia por los tiempos vividos, por las luchas compartidas, por las esperanzas que nos animaban. Orgullo por haber formado parte de esa gesta, por haber conocido a esos hombres y mujeres, por haber aprendido de ellos el valor de la solidaridad y la importancia de no claudicar nunca. La restauración de la imagen, ese trabajo paciente de limpiar las arrugas del papel, de aclarar las sombras, de devolverle la nitidez a los rostros, es una metáfora de lo que debemos hacer con nuestra memoria histórica. No se trata de alterar la realidad, de inventar lo que no fue, de embellecer el pasado para hacerlo más digerible. Se trata de limpiar el polvo del olvido, de iluminar las zonas oscuras, de permitir que las nuevas generaciones puedan ver con claridad lo que sus abuelos y abuelas hicieron por ellos. La fotografía no es solo un documento familiar. Es un documento histórico. Es la prueba de que existimos, de que luchamos, de que resistimos. Es la prueba de que la clase trabajadora costarricense tiene una historia digna de ser contada y honrada.

Bien podemos afirmar que la Costa Rica de hoy se construyó sobre las luchas de hombres y mujeres que no se resignaron a la injusticia. Se construyó sobre la sangre de los mártires del Codo del Diablo y sobre el sudor de los trabajadores del campo y de la ciudad.

Las niñas de la fotografía crecieron. La vida siguió su curso, con sus alegrías y sus dolores, con sus triunfos y sus derrotas. Pero aquel momento quedó grabado para siempre. El mausoleo de la C.T.C.R. sigue en pie en el Cementerio Obrero, Los nombres de los mártires del Codo del Diablo siguen resonando en los actos conmemorativos, y hoy tengo la certeza de que sus nombres y ejemplo viven en el corazón de miles de costarricenses y jóvenes, y que la lucha continúa. De hecho, nuevas generaciones de jóvenes junto a veteranos luchadores nos reunimos todos los años -el 18 de diciembre- para recordarles y rendirles el homenaje que siempre merecen, recordando que la lucha continua por la dignidad, la solidaridad, la justicia social, la democracia, las libertades republicanas y la soberanía popular Esos principios no caducan: son la brújula que nos orienta en medio de las tormentas de la historia, y hoy más que nunca frente a un Gobierno autoritario que pretende imponer un régimen dictatorial.

Al escribir estas memorias, al reconstruir estos recuerdos, siento que cumplo con un deber. El deber de transmitir a las nuevas generaciones la verdad de lo que fuimos y de lo que seguimos siendo. El deber de decirles que la Costa Rica de hoy, con sus contradicciones y sus desigualdades, no surgió de la nada. Se construyó sobre las luchas de hombres y mujeres que no se resignaron a la injusticia. Se construyó sobre la sangre de los mártires del Codo del Diablo y sobre el sudor de los trabajadores del campo y de la ciudad. Se construyó sobre la convicción patriótica de que otro mundo es posible. Esa convicción sigue viva. La utopía sigue viva. Y mientras haya memoria, mientras haya lucha, mientras haya esperanza, la llama de aquellos hombres y mujeres seguirá iluminando el camino.

Aquella fotografía en blanco y negro, con rostros queridos y su mausoleo imponente, es mucho más que un recuerdo. Es un legado. Es una herencia que recibo con humildad y que procuro transmitir con pasión. Es la prueba de que la vida vale la pena cuando se vive al servicio de los demás. Es la prueba de que la historia la escriben los pueblos cuando se atreven a soñar y a luchar. Es la prueba de que, a pesar de todo, la dignidad humana es indestructible. Por eso la guardo con celo. Por eso la comparto con orgullo. Por eso la defiendo con firmeza. Porque en ella están mis raíces, mi historia, mi gente. Y porque en ella está, también, el futuro que queremos construir. La memoria es un arma de liberación. La memoria es un acto de amor. La memoria es la victoria sobre el olvido. Y nosotros, los que tenemos la dicha de recordar, tenemos la responsabilidad de contarlo. Para que otros sepan. Para que otros luchen. Para que otros sueñen.

La historia oficial ha intentado borrar la verdad sobre el Codo del Diablo, sobre el Pacto de Ochomogo, sobre la traición de Figueres y Benjamín Núñez. Han mutilado páginas de la Cartilla Histórica. Han deformado los hechos. Han presentado a los vencidos como verdugos y a los verdugos como héroes. Pero la verdad se abre paso. La verdad está en esta fotografía. La verdad está en los nombres de los mártires. La verdad está en la memoria del pueblo trabajador. ¡Basta de medias verdades! Exigimos que se publique la historia completa, la de los vencidos y la de los vencedores. Las nuevas generaciones tienen derecho a saber que la «historia oficial» se construyó sobre la exclusión y el engaño. Tienen derecho a saber que el Pacto de Ochomogo fue un pacto por la paz, respeto a las garantías sociales, respeto a la vida, al derecho ajeno, negociado y acordado entre Manuel Mora Valverde, Carlos Luis Fallas (Calufa), José Figueres Ferrer y el presbítero Benjamín Núñez. Tienen derecho a saber que Figueres firmó y luego traicionó. Tienen derecho a saber que apenas un mes después de tomar el poder, tiró estos acuerdos a la basura y desató la respuesta de sangre: el crimen del Codo del Diablo, la persecución, la cárcel, centenares de presos políticos, el exilio de Manuel Mora, de Carmen Lyra y de centenares más.

No olvidaré la imagen de aquellos hombres y mujeres en el Cementerio Obrero. No olvidaré a Gonzalo Sierra Castillo, a Francisco Gamboa, a Elmer Soto, al linotipista, al zapatero de Cristo Rey, a Leymer, a Manuel Moscoa, a Eliécer Sánchez. No olvidaré a María Alfaro, a Rocío Alfaro, a las dos niñas. No olvidaré a Edwin Calderón. No olvidaré el mausoleo de la C.T.C.R., con sus cinco niveles escalonados, con sus inscripciones borroneadas por el tiempo. No olvidaré la fecha: enero de 1973, veinticinco años después del crimen. No olvidaré el silencio respetuoso, los cantos, los puños en alto. No olvidaré la sensación de estar participando en algo mucho más grande que nosotros mismos.

La lucha continúa. La persecución y agresión de las fuerzas policíacas antimotines a las luchas de obreros, campesinos, estudiantes y mujeres no cesa hasta nuestros días. Pero tampoco cesa nuestra resistencia. Tampoco cesa nuestra organización. Tampoco cesa nuestra esperanza. La memoria es un arma de liberación. La memoria es un acto de amor. La memoria es la victoria sobre el olvido. Y nosotros, los que tenemos la dicha de recordar, tenemos la responsabilidad de contarlo. Para que otros sepan. Para que otros luchen. Para que otros sueñen.

Imagen:
Foto original del mausoleo compartida por Yalena de la Cruz Figueroa (archivo familiar). Se acompaña de la misma imagen restaurada.

Colaboró en digitalizacion: Luana Jiménez..

¿Lo que estoy pensando hoy me pregunta un algoritmo?

Jiddu Rojas Jiménez

Pues respecto a la actual coyuntura política nacional, que el estridente Gobierno del Continuismo Autoritario, —el Gobierno Ja-Guaro 0.2, acuerpado por poderosos y oscuros intereses nacionales y extranjeros—, harán todo lo posible, por romper la unidad del llamado Bloque Democrático de Oposición en la Asamblea Legislativa, que está funcionando como atalaya democrática frente a su proyecto autoritario y ultraneoliberal. Ese su objetivo táctico superior inmediato, y la lucha apenas comienza.

La fracción del PLN liderada por don Álvaro Ramírez (y su renovado Partido PLN por el excandidato del mismo don Álvaro Ramos Chaves); la fracción del Frente Amplio con su ejemplar y meridiana claridad política (al mejor estilo de Manuel Mora Valverde), y doña Claudia Dobles Camargo de la Coalición Agenda Ciudadana, deberán seguir articulando ese Bloque Democrático de Control Político, frente a un Poder Ejecutivo desbordado por un infantil revanchismo.

Con la diputada del PUSC, doña Abril Gordienko, lejos de denostarla, se deberá negociar con mucho respeto y firmeza, en lo que toque y se coincida (posiblemente en la participación democrática y en materia de libertades públicas), y negociar con transparencia ética, donde hayan otras diferencias (muy posiblemente en el plano de la macroeconomía).

En mi opinión, el oficialismo obviamente intentará destruir esta articulación legislativa democrática y progresista, estimulando provocaciones, incluso «a dos bandas», si es necesario:

1) Primero, estimulando el oportunismo, el miedo, la calumnia o el prejuicio ideológico por la derecha.

2) Y segundo por supuesto estimulando el sectarismo de izquierdas, disfrazado de «Principismo». ¡Cantado! (Ese tufo a superioridad moral pseudorradical ya lo conozco, es cíclico, y es estimulado sistemáticamente adrede.)

3) Pero además, llamando a desmovilización de los sectores populares y de la sociedad civil, que reaccionó cívicamente, frente al fenecido Proyecto 23414 de (Des)Armonización contra el ICE.

4) Mientras, tratará de cooptar, manipular y desinformar, a su propia base social, —sobre todo en sectores rurales y costeros—, para polarizar socialmente más, la coyuntura nacional.

5) Todo lo anterior, inscrito en una delicadísima coyuntura internacional, frente a una posible crisis internacional y regional. Y no se descarta el matonismo, el injerencismo descarado, de la Embajada Imperial a petición de sus cipayos locales.

Por eso hay que intentar anticiparnos ontológicamente (Ernst Bloch) con lucidez. Nunca mejor que ahora, habremos de rescatar y nutrirnos de las diferentes herencias políticas de dos grandes Beneméritos de la Patria (y de sus organizaciones históricas), quienes supieron construir históricamente, a pesar de sus conocidas diferencias.

Por eso es la hora de releer con profundidad, de reapropiarse teóricamente, del brillante legado táctico y estratégico, de Manuel Mora Valverde y de don Pepe Figueres Ferrer.

Entiéndase bien: No es ningún «culto a la personalidad». Hablo de estas figuras históricas, políticamente indispensables, pero como símbolos y referentes políticos, de esas fuerzas sociales concretas y profundamente humanas, que transformaron este país en el siglo XX. Por supuesto que las estructuras socio-históricas pueden (y deben científicamente) abordarse de formas más complejas.

Pero hasta el gran filósofo Hegel, usó licencias para expresar en su lenguaje filosófico, la relación histórica particular-universal (el «Individuo Histórico-Universal», en alemán «welthistorische Individuen» en las «Lecciones sobre la filosofía de la historia universal«, usando a la figura «encarnada» del primer periodo modernizante y reformador de Napoleón Bonaparte I, para referirse simbólicamente al despliegue del «Espíritu» («Geist») en los grandes procesos socio-históricos. Aquí se trata de interpretar filosóficamente el humano proceso de construcción social y dialéctica de la Consciencia (Autoconsciencia) y de la idea de Libertad (Autodeterminación).

Por supuesto, igual que el gran Beethoven y su Tercera Sinfonía, Hegel también decepcionado de Bonaparte, y alemán al fin, —de habla y culturas, porque no había ninguna unidad nacional alemana—, podría arrepentirse luego. En cambio, don Pepe y don Manuel, —líderes populares y humanistas profundamente costarricenses—, a pesar de la cruel Guerra Civil de 1948, no decepcionan.

Estas figuras de carne y hueso, costarricenses, hijos de su contexto, nos regalan diferentes aportes democráticos, que se pierden en el tiempo de la Segunda República, y devienen nobles metáforas políticas, para un futuro posible.

Por supuesto, habremos de adaptarnos y construir un lenguaje político y una narrativa propia de una nueva comunicación política digna del siglo XXI y sus nuevos retos y complejidades estructurales.

Definitivamente esta es una Costa Rica muy diferente, a la de la mitad del siglo pasado. De hecho es un Mundo, acaso un Sistema-Mundo diferenciado; incluso, un Capitalismo Financiero Tardío Global, muy diferente.

En Costa Rica hay nuevas subjetividades sociales, nuevas asimetrías sociales, nuevas aspiraciones y sueños, y nuevas generaciones; hay nuevos retos, nuevas decepciones y también desencantos democráticos; hay nuevas amenazas, nuevos desafíos; nuevas guerras globales con consecuencias locales; nuevas potencias emergentes (BRICS+); por lo tanto hay y habrá, nuevas crisis locales, nacionales, internacionales; nuevas crisis ambientales, climáticas, productivas, económicas, laborales, jurídicas, de identidad, culturales, de seguridad ciudadana, de gobernanza incluso, etc.

El ICE por cierto, no es inmune a esto y deberá enfrentar la demanda creciente de energías limpias para más carros eléctricos, para las grandes, medianas y pequeñas empresas, para más inversión extranjera, para más y necesaria conectividad, y soporte eléctrico; al mismo tiempo deberá mantener un suministro energético creciente al pueblo costarricense, junto a una mejor servicio de telefonía celular, etc.

Como ya sabemos la estrategia cínica del Gobierno de turno, no es muy original, es la misma de hace décadas, es sabotear al ICE desde la Presidencia Ejecutiva. Ejemplo de esto fue la directa injerencia norteamericana bajo Trump y Marco Rubio, contra las empresas de telefonía digital de China Popular.

Pero frente a la opacidad de este Mundo dado, y su geopolítica, y de la una Costa Rica desgarrada, hay una urgente y necesaria lección política, que algunos aprendimos tarde: Hay que aprender a escuchar al otro, con auténtica tolerancia, buena fe, honestidad, razonabilidad, y criticidad. Eso fue precisamente, lo que hicieron, precisamente, esos dos «Tayacanes» ticos: don Pepe y don Manuel Mora Valverde.

Esto, si queremos intentar salvar a nuestro Estado Social de Derecho, y a nuestras conquistas sociales, desde lo mejor de la Segunda República. Ya hay camino, caminado.

En consecuencia y para esta coyuntura nacional, deviene vital y estratégica para nuestra Patria y su institucionalidad democrática, esta reciente movilización popular por la defensa, tanto ciudadana, como jurídico-formal y legislativa del ICE, como exitosa institución pública costarricense.

Nos recuerdan obviamente, las heroicas Jornadas populares contra el pasado Combo de privatización del ICE en el 2000. Pero no debemos romantizar la coyuntura. Este gobierno de extrema derecha populista tiene vocación por el autoritarismo, y está apoyado directamente por Marco Rubio y Trump.

Y más allá del ICE, habrá que educarnos políticamente más, en la defensa y mejoramiento del sector público, propio del proyecto inclusivo del viejo, eficaz y hermoso Estado Social de Derecho costarricense. El mismo, que tantos éxitos sociales relativos, nos trajo.

Combatir las mentiras y la desinformación deliberada, y la narrativa histérica, vulgar, delirante, calumniosa, de corte casi nazi-fascista del discurso oficial de la actual Presidencia. Recordemos a Albert Camus, cuando decía que «el anticomunismo era el comienzo del fascismo». Hay una «Batalla de Ideas» por venir, y esa es una nueva trinchera táctica, popular y democrática.

En la imagen los Beneméritos, don Manuel Mora Valverde y don Pepe Figueres. Y no deberíamos cansarnos de reproducirla, y explicar sus alcances políticos e históricos.

Costa Rica y su historia. Una, Dos, ¿Tres Repúblicas?

Marielos Aguilar Hernández
Historiadora

Al concluir la guerra civil de 1948, la junta militar que ascendió al poder se autodenominó Junta Fundadora de la Segunda República. ¿Cuáles serían las razones para asumir ese título tan glorioso, según los vencedores?

Uno de los pasos siguientes, por parte de los dirigentes del Ejército de Liberación Nacional, fue hacer una convocatoria a elecciones para nombrar los diputados que integrarían una Asamblea Constituyente, encargada de redactar una nueva constitución política que le devolviera al país su condición como un Estado de Derecho.

En el seno de aquella histórica Asamblea se discutieron dos propuestas. La primera contenía un nuevo proyecto de constitución elaborado por una minoría de diputados de pensamiento socialdemócrata. Este sería el marco jurídico encargado de darle forma a lo que ellos comenzaban a denominar la Segunda República de Costa Rica. La otra propuesta, impulsada por los sectores políticos más conservadores, especialmente por parte de los seguidores del presidente electo en los comicios de febrero de 1948, don Otilio Ulate Blanco, solamente pretendía retomar la constitución liberal de 1871 para restablecer el orden constitucional y, en última instancia, esta fue la propuesta que en definitiva triunfó. En consecuencia, la Segunda República nunca llegó a plasmarse formalmente en el seno de aquella Asamblea Constitucional.

Desde nuestro punto de vista, el origen de la utopía de una Segunda República en Costa Rica tiene sus raíces fuera de nuestras fronteras, lo cual paso a explicar a continuación. Durante la década del treinta, en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Civil Española acaparó gran atención internacional por su relevancia histórica, pues en 1931 se había declarado la creación de la Segunda República Española en la madre tierra. Cincuenta años antes, ya la monarquía española había sufrido un primer golpe de parte del movimiento republicano que quería seguir el ejemplo de los revolucionarios franceses de 1789. En 1873 se había proclamado la abolición de la monarquía borbónica y por un corto período esta había sido desplazada. Aquella fue conocida, por entonces, como la Primera República Española.

Las aspiraciones republicanas de buena parte de la sociedad española sobrevivieron durante la primera mitad del siglo XX. Así, en 1931 y en el marco de una nueva crisis institucional, se proclamó la Segunda República Española, experiencia que se extendió hasta el año de 1939 cuando, definitivamente, triunfó la restauración del viejo régimen por medio de una sangrienta guerra encabezada por el General Francisco Franco. Este general, de pensamiento fascista, se había levantado en 1936 en contra de los sectores republicanos y socialistas, con el apoyo de los dictadores Adolfo Hitler y Benito Musolini.

Según el testimonio del dirigente comunista costarricense Álvaro Montero Vega -cuyas memorias tuvimos el privilegio de recuperarle poco antes de su muerte- en los años treinta, siendo él estudiante del Liceo de Costa Rica junto a muchos otros jóvenes simpatizantes con las nuevas corrientes de pensamiento socialista, entre ellos Eduardo Mora Valverde, fundaron el Comité Pro República Española, en cuyo seno se gestaron muchas actividades en solidaridad con las fuerzas republicanas que se enfrentaban con las tropas del fascismo español dirigidas por el General Franco y apoyadas por sus vecinos nazi-fascistas (*).

De manera que, en el imaginario colectivo nacional de aquella época, la derrota de la Segunda República Española también había quedado como uno de los traumas más profundos de la juventud progresista y revolucionaria de nuestro país.

Tómese en cuenta, además, que José Figueres Ferrer, el líder de las fuerzas de la oposición al caldero-comunismo, era hijo de padres españoles provenientes de Cataluña, una de las regiones más golpeadas por las fuerzas franquistas durante los hechos de aquella sangrienta guerra civil.

Incluso, a un comunista español-costarricense, de grata memoria, el insigne militante Adolfo Braña, le tocó luchar con las fuerzas republicanas en contra del ejército franquista en tierras catalanas. Y, años después, también le tocó luchar durante la guerra civil en Costa Rica al lado de las milicias caldero-comunistas. ¡Coincidencias de la historia!

Todo lo anterior lo traemos a colación para invitar a reflexionar sobre el papel de los mitos en la construcción de nuestra historia. No hay que ahondar mucho más para concluir que en Costa Rica, República solo ha habido una, la que se fundó en 1848 durante la administración de José María Castro Madriz, quien fuera el último jefe de Estado y el primer presidente de la República.

En la realidad nacional de los años cuarenta, la Segunda República tan solo fue una consigna de guerra por parte de las fuerzas de oposición al caldero-comunismo, inspirada en la reciente historia político- militar española. Y por qué no suponerlo, la familia Figueres Ferrer también era de origen español, seguramente identificada con la causa republicana de su patria. En verdad, tenían muchas razones para experimentar aquella nostalgia republicana, la cual se plasmó en la consigna de guerra del Caudillo Figueres Ferrer.

En consecuencia, que al chavismo se le ocurra anunciar una Tercera República en nuestro país, solamente demuestra la falta de estudio y conocimiento de nuestra historia patria. De ahí la importancia de que nuestro sistema educativo se proponga retomar una buena formación cívica para sus estudiantes, inclusive, para sus gobernantes.

No olvidemos, como lo señaló el filósofo español-estadounidense Georges Santayana ¡El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla!

(*). Aguilar H. Marielos (2013) ÁLVARO MONTERO VEGA: MEMORIAS DE UNA VIDA Y UN TIEMPO DE LUCHAS Y ESPERANZAS. Editorial UCR. Pp. 32

Figueres y la CIA

Oscar Madrigal

A raíz de nuevos documentos desclasificados de EEUU ha salido a la palestra nuevamente las relaciones de José Figueres Ferrer con la CIA.

Digo nuevamente porque ellas siempre fueron reconocidas por Figueres. En marzo de 1975 declaró a Los Ángeles Times y al Miami Herald que trabajó para la CIA “de veinte mil maneras […] en toda América Latina” por más de treinta años. “Colaboré con la CIA cuando estaban tratando de derrocar a Trujillo”.

Pero las relaciones de Figueres y la CIA fueron de amor y odio.

Porque en dos ocasiones la CIA quiso asesinarlo, según relató el mismo Figueres, aunque nunca especificó los momentos. Según se infiere, una ocasión o las dos pueden ser porque se opuso a la invasión de Bahía Cochinos.

Según otros documentos, la CIA trató de derrocar a Figueres en dos ocasiones. La primera a mediados de 1950: ““El mayor pesar [de la Agencia] era que Figueres había reconocido escrupulosamente el derecho de asilo en Costa Rica para no comunistas y comunistas por igual. El amplio flujo de entrada de personajes cuestionables complicaba el trabajo de vigilancia de la agencia y los obligaba a aumentar su personal. Los problemas de la CIA con Figueres llegaron a ser más profundos. Costa Rica era un paraíso para cientos de exiliados en fuga de varias dictaduras derechistas latinoamericanas, como las de República Dominicana, Nicaragua y Venezuela. Figueres ofrecía ayuda moral y material a grupos de ellos en sus planes para derrocar estos regímenes.” (Este pasaje y otra información está tomada del libro “Asesinando la Esperanza” de William Blum).

En 1953, según se dice, la CIA fue tomada con las manos en la masa cuando intentaba intervenir el teléfono de Figueres, lo que ocasionó una reacción de la prensa norteamericana.

“En 1955 la Agencia llevó a cabo una acción contra Figueres que resultaba más amenazadora. La profunda animosidad política y personal entre Figueres y el dictador nicaragüense Somoza llegó a extremos violentos: se había llevado a cabo un atentado contra Somoza desde Costa Rica, con apoyo de Figueres, lo cual fue respondido por una invasión por parte de Nicaragua por tierra y aire”.

“El biógrafo de Figueres, Charles Ameringer, ha relatado que Figueres acusó a la CIA de ayudar al gobierno de Somoza en su contra. Denunció que la CIA se sentía en deuda con Somoza por el apoyo que este había dado al derrocamiento del régimen de Árbenz. Aseguró que los mismos pilotos y aviones [F-47] que habían participado en el ataque a Guatemala, “vinieron luego desde Nicaragua y ametrallaron poblados indefensos en nuestro territorio”. Según Figueres, al mismo tiempo que el Departamento de Estado de EEUU conveniaba la venta de aviones de combate para la defensa de Costa Rica, los aviones y pilotos de la CIA estaban llevando abastecimientos a los rebeldes.” (Obra citada).

El segundo intento por derrocar a Figueres, según la información que se recoge en la obra citada, se da en el periodo de 1970-74. El primer secretario de la Embajada estadounidense en San José, y muy probablemente el jefe de la CIA en Costa Rica Earl (Ted) Williamson, habló que el gobierno figuerista no duraría más de dos semanas por la inconformidad de la gente al acercamiento a los países socialistas. Figueres había tendido puentes con la Unión Soviética y otros países socialistas, lo cual no gustaba a un sector del gobierno de Nixon.

“En los dos años anteriores la URSS había comprado café a Costa Rica por valor de diez millones de dólares, una “ofensiva económica” que se dijo “molestó a los funcionarios estadounidenses”, según el New York Times.

Los que vivimos esos tiempos recordamos el clima tan tenso y el enfrentamiento violento entre costarricenses y las manifestaciones de todo tipo realizadas por el Movimiento Costa Rica Libre (de índole fascista), la Unidad, las cámaras y los círculos más rancios de nuestra oligarquía contra el gobierno de Figueres y contra el establecimiento de relaciones diplomáticas con la URSS.

“A principios de enero de 1971, el Gobierno de Costa Rica temió seriamente un alzamiento y volvió a pedir a la administración Nixon que retirara a Williamson. No mucho antes este había vuelto a pronosticar que Figueres, no sobreviviría en el poder por otras dos semanas. La Guardia Civil, única fuerza armada en el país, fue puesta en alerta y se hicieron planes para llevar al presidente a un escondite en las montañas. A solicitud de Figueres, el Gobierno de Panamá entregó en secreto más de cien rifles semiautomáticos a Costa Rica.” (…).

“Los cables oficiales que llegaban a Washington desde la Embajada describían la situación en Costa Rica como “peligrosa”. Figueres era acusado de abandonar a Occidente y aproximarse al Este, de haber aceptado asistencia financiera de los comunistas en su campaña y de permitir a estos infiltrarse en el Gobierno”. (Pasaje de Asesinando la esperanza de William Blum basada en información de la prensa de EEUU).

Al final la Embajada de los EEUU y la CIA desistieron de avanzar en sus proyectos contra Figueres y reemplazaron al jefe de la Agencia.

Sin embargo, debemos tener presente el peso de una embajada como la de EEUU en la política costarricense; el Miami Herald lo digo así: “Lo que resulta bien claro […] es el poder y la influencia de la Embajada de Estados Unidos en un país pequeño como Costa Rica. Una embajada que con sólo decir discretamente que se opone al gobierno puede estimular a la oposición y quizás inspirar esfuerzos para un derrocamiento. La antipatía expresada abiertamente casi los reclamaría”

La CIA está presente todos los días, cotidianamente, en la política costarricense; esta lección debe ser aprendida.

La influencia y penetración de la CIA en las más diversas estructuras del Partido Vanguardia Popular -que también ha salido a cuentas en estos documentos- durante la época de los años 50, ya fue documentado y analizado a profundidad por la historiadora Sofía Cortés en un capítulo titulado “La reorganización del Partido Vanguardia Popular y su paso a la clandestinidad 1948-1950” recogido en el libro (descargar:)“Imperios, Agentes y Revoluciones. La Larga Guerra Fría en Costa Rica”, que recomiendo leer.

La abolición del ejército en Costa Rica: ¿Un hecho humanista?

Por José Rafael Quesada J.

El 1 de diciembre de 1948 tuvo un antes y un después en la historia de Costa Rica y del mundo. En un acto de grandeza que excede lo político, José Figueres Ferrer, líder de la Junta Fundadora de la Segunda República asumió la resolución de abolir el ejército como institución perenne. Un acto que posteriormente fue avalado por la Constitución de 1949, que no solo simbolizó el hecho institucional, sino que también fue el acto fundacional para lograr la transformación cultural política o económica que la instauración de una nueva imagen de un cierto humanismo criollo -y hasta ingenuo- iba a traer consigo, una posible centralidad en el ser humano, el desarrollo un país en paz y el rechazo a la violencia estructural con ribetes socialdemócratas, que se empezaba a esbozar por todo el mundo no alineado como llamaron en otras latitudes.

El ejército antes de 1948: Violencia, exclusión y desigualdad

Antes de su abolición, el ejército costarricense representaba una institución débil y lejos de las necesidades humanas de la población. Su limitado poder de fuego y su uso como aparato de represión en conflictos internos se alejaba de su objetivo de proteger a la ciudadanía. Más bien, contribuyó a perpetuar desigualdades y hacer añicos la confianza social en el Estado.

Durante la Guerra Civil de 1948, el ejército no respondió como un garante de estabilidad política, su existencia contribuyó a agudizar la división entre los sectores de la clase política en el poder y las aspiraciones de justicia democráticas del pueblo. Pero este periodo de crisis también representó que el cambio era posible. La abolición del ejército no solo fue una respuesta en medio de toda esta situación, fue la intencionalidad de algunos que quisieron aprovechar una oportunidad de sostener la voluntad política sin las armas y aprovechar para construir un Estado sin violencia, propiciando espacios para el desarrollo humano con mayor dignidad. Fue el “imperio de las circunstancias”.

La Resolución de la Abolición del Ejército: Un Acto de Humanismo Radical

No sólo el hecho de abolir el ejército en un Cuartel Bellavista significó un símbolo de liberarse de estructuras de poder no deseadas para Costa Rica; también abrió un camino que no es otra cosa que una orientación hacia un modelo social que priorizara el satisfacer necesidades de las personas en la toma de decisiones. Luego como todos los actos humanos se diluye en los juegos de poder de los sectores poderosos, porque “comida que no se vigila se quema en el camino…”.

Este acto no tuvo límites territoriales, sino que ofreció al mundo otra interpretación: las de la nación que opta por la diplomacia, el diálogo y por invertir en su población en desmedro de perpetuar la violencia estructural o represiva que imperaba en la década de los años 40 del siglo pasado.

En el contexto de la Guerra Fría nuestros países tenían referentes solo para que se armaran hasta los dientes. Costa Rica tomó una dirección opuesta: un acto con impronta de la valentía de la época, que reorientó la lógica del enemigo en las prioridades de la propia nación, apostando por el bienestar social.

Un Nuevo Modelo de Cultura: La Paz como parte del sentido de la identidad

La carencia de ejército devino en una parte de la identificación del pueblo costarricense, una manifestación palpable de la posibilidad de una resolución de los conflictos sin violencia. Este compromiso cultural asociado a la paz es una resonancia de las formas de humanismo, que rechaza la violencia como forma de relación y que hace propio de la esencia solidaria en el área social, hasta que las tendencias neoliberales toman el control de los gobiernos y de las perspectivas de una involución en el social que afecta muchas áreas de quehacer del Estado.

El orgullo que siente el costarricense por no poseer ejército, tiene su lugar en la lectura política del momento y en al menos 25 años posteriores, promoviendo un Estado que se empoderara hacia la igualdad, la justicia y el fortalecimiento de las instituciones democráticas; de esa forma Costa Rica se avizoró como una nación de algo que puede avanzar en posiciones de alguna forma humanistas, representando en varios momentos históricos que la paz no se trata de un ideal sino que es una dificultad a superar en la práctica pero posible.

Recursos para la Vida: Del Armamento al Bienestar

La eliminación del ejército permitió liberar recursos económicos y humanos que fueron incorporados a recursos vitales. Estas inversiones hicieron que Costa Rica pudiera implementar un modelo de desarrollo humano en el que se ejemplifican los principios del nuevo humanismo:

1. Salud: La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) se estructuró como una de las instituciones del acceso universal a atención en salud humana digna e igualitaria.

2. Educación: Desde el aprendizaje de la lectura y la escritura y el acceso a la educación universal, hasta el empoderamiento de nuevas generaciones, ampliar oportunidades y crear una ciudadanía crítica y solidaria.

3. Vivienda y agua potable: Programas sociales que redujeron la desigualdad favoreciendo el respeto del derecho humano de tener un hogar y el acceso a recursos básicos.

4. Mitigación de la pobreza: Transferencias monetarias directas y programas de desarrollo social y comunitario que lograron cerrar las brechas sociales, contribuyendo a la igualdad.

5. Producción de energía: se da un paso adelante en la producción de nuevas energías a partir de la hidroeléctrica y telecomunicaciones para toda la población.

6. Inclusión social: El desarrollo de carreteras y acueductos lograron conectar arriba de todo a las comunidades más aisladas, alcanzando la cohesión social. Y un punto más,

7. El de la protección de la casa del ser humano: el desarrollo y articulación de una estrategia de protección del medio ambiente y base para el turismo de varios tipos, generadores de otro tipo de riqueza para varias generaciones.

Estas inversiones, de acuerdo con los valores solidarios transformaron el país, a través de la cooperación y el bienestar colectivo por encima de la competencia y la dominación. Una decisión que nos permitió construir un modelo de Estado, el cual se encuentra en crisis en la actualidad, pero fue una buena decisión al final.

Diplomacia y Derecho: Una respuesta no violenta de reparación de conflictos

Sin ejército, Costa Rica mostró que se puede encontrar una salida a las disputas internacionales sin recurrir a la violencia. Las disputas fronterizas, como la situación de la Isla Calero con Nicaragua, se resolvían por la vía del derecho internacional y las instancias diplomáticas, mostrando que la paz es una poderosa y efectiva herramienta poderosa y eficaz.

Esta perspectiva reafirma una ética de tipo no militar, que tiene mucho que ver con la ética humanista de priorizar la inversión social, educativa, en sanidad y calidad de vida, lo cual también nos va acercando a un tipo de humanismo y la cooperación solidaria, incluso en escenarios de conflicto.

Conclusión: Un Legado de una perspectiva Humanista para el Mundo

La abolición del ejército en Costa Rica no es solo un hecho histórico, se convierte en una declaración de principios que resuena con las proclamas del nuevo humanismo. Es un símbolo de que es posible construir sociedades más humanas y solidarias si destruimos las estructuras de violencia y redistribuimos la riqueza, el mismo concepto de bienestar.

Y hoy en día Costa Rica es un faro de esperanza para el mundo, una nación que evidencia que la paz y el desarrollo humano no solo son deseables, también son posibles, aunque obliguen a revisarlo de forma constante. Nuevamente “comida que no se vigila, se quema en el camino”

La enseñanza es clara: cuando el ser humano es el centro de las decisiones políticas, el futuro se llena de posibilidades.

Fuente: https://www.pressenza.com/es/2024/12/la-abolicion-del-ejercito-en-costa-rica-un-hecho-humanista/

¿Está el gobierno impulsando la reconstitución de un Ejército necesario para el clima, que anunció, de inseguridad democrática?

Vladimir de la Cruz

La institución del Ejército de Costa Rica duró hasta el 1 de diciembre de 1948, cuando la Junta de Gobierno, Fundadora de la Segunda República, presidida por José Figueres Ferrer, decidió abolirlo, eliminarlo de nuestra institucionalidad.

Cuando esa decisión se llevó al seno de la Asamblea Nacional Constituyente de 1949, se aprobó esa abolición como una norma constitucional, que ha hecho que todas las generaciones de niños, de jóvenes, desde 1948 no se vean sometidos a ninguna obligación militar por parte del Estado, o a llamados del gobierno con ese fin de enlistamiento militar, de apuntarse en una lista con obligación de formar parte de la estructura militar, por un período generalmente breve, para recibir a la fuerza un entrenamiento y conocimientos militares básicos.

El no tener ejército nos obliga a no participar en conflictos bélicos, ni ser socios de acciones militares de países. Así quedó confirmado por la Sala Constitucional de la República, cuando el gobierno de Abel Pacheco de la Espriella, 2002-2006, decidió poner su firma en las operaciones militares, que Estados Unidos realizó en Irak, como parte de una “aparente” coalición internacional en ese conflicto, que era exclusivo de los Estados Unidos.

En el gobierno de Luis Alberto Monge Álvarez, 1982-1986, fortaleciendo esa decisión de 1948, se declaró a Costa Rica como una Democracia desarmada y neutra ante problemas y conflictos militares.

Al calor de la Guerra Fría, y del anticomunismo que se desató en el continente ante la Revolución Cubana, los Estados Unidos impulsaron en Centroamérica el Consejo de Defensa Centroamericano, CONDECA, en la década de 1960, que reunía a todos los ejércitos de Centroamérica, incorporándose Costa Rica como parte observadora del mismo, haciéndose representar oficialmente en las reuniones del CONDECA por el que fuera Embajador de Costa Rica en Guatemala, donde estaba la sede de esta organización militar, desde 1961 hasta 1979.

Con los cambios operados en el escenario internacional desde 1990 cambiaron también las políticas regionales de seguridad, por el llamado Tratado Marco de Seguridad Democrática, impulsándose especialmente la Declaración Trinacional de El Salvador, Guatemala y Honduras, en la conformación de lo que también se ha impulsado en esos tres países, reconocidos como El Triángulo Norte de Centroamérica.

El no tener Ejército no eliminó una fuerza policial para salvaguardar las necesidades de seguridad de la población. Desde 1948 se impulsó una Fuerza Pública para mantener el orden. Durante años se entrenó como una fuerza militar, especialmente su oficialidad que era enviada a las academias militares de Estados Unidos en el Canal de Panamá, así como a Alemania, Israel, Corea del Sur, Chile y otros países.

Los grados con los que se organizaba eran de tipo militar, que le fueron eliminados en el gobierno de Oscar Arias Sánchez, 1986-1990, por grados de carácter civil. En el gobierno de Rafael Ángel Calderón Fournier, 1990-1994, le fueron restituidos los grados militares a la Fuerza Pública. De nuevo, posteriormente se los volvieron a eliminar.

En el segundo gobierno de Oscar Arias Sánchez, 2006-2010, se impulsaron políticas, bajo la modalidad de tratados internacionales contra el militarismo, la producción y compra de armas a nivel mundial, en la ONU.

Centroamérica, como resultado de las guerras internas desde la década de 1980 ha sido un escenario de gran tráfico de armas, de compra y venta de armas de guerra. Tráfico ilegal del que Costa Rica no ha escapado. En nuestro territorio se mueven armas con conocimiento oficial y poco control.

La venta de armas es autorizada en Costa Rica. Especialmente de armas que no son de guerra; pero, se están vendiendo armas de guerra. Los grupos asociados al comercio y tráfico de drogas y estupefacientes, las organizaciones criminales que operan en todo el territorio nacional, a vista y paciencia de las autoridades nacionales, están bien armadas con este tipo de armamento militar. Constantemente, esto se evidencia en las noticias que se publican de sus enfrentamientos, en disputas por el control de los territorios de distribución de drogas y de exportación de la cocaína a Europa, así como por el cuido de sus bodegas, consideradas de las más importantes y grandes de la región, comparadas con algunos países suramericanos, por sus dimensiones.

La reorganización que se ha venido haciendo en la Seguridad Pública nacional contribuye al fortalecimiento de estos grupos, de sus negocios de drogas como del manejo de armas que poseen.

La venta de armas de guerra que se hace en el país, por la cual se puede adquirir armamento de guerra, de combate, armas modernas de distintos calibres y calidades ofensivas, las que se pueden traer, como parte de estas ventas, constituye un grave peligro para la seguridad nacional, para la seguridad de las personas y para la seguridad del mismo sistema democrático que tenemos.

La existencia de las policías privadas en el país, en número superior a la Fuerza Pública, hace más peligroso ese arsenal de armas existentes en el país, por la dimensión de pequeños “ejércitos privados” que pueden constituirse de esa manera, algunos de los cuales pueden ser útiles incluso a políticos del actual gobierno como de fuera del gobierno y la institucionalidad.

La existencia de centenares de pistas aéreas “clandestinas” que operan en el país, unas reconocidas y otras no oficialmente, facilitan ese comercio de armas, como de drogas. A veces, la prensa da cuenta de aeronaves abandonadas en algunas de esas pistas.

Desde el punto de vista de la seguridad social cada vez más son atendidos, en las emergencias hospitalarias de la Caja Costarricense del Seguro social, y en hospitales y clínicas privadas, ciudadanos heridos con armas de guerra. Solo el año pasado la atención de estos ciudadanos llegó casi a los 1500, un promedio de cuatro diarios. Por armas de fuego en los nueve meses que llevamos del 2024 han sido atendidas 821 personas. Y del período 2019 al 2024 han sido atendidas 5.652 personas, a un promedio diario, en estos cinco años, de casi 3.3 personas diarias. De acuerdo con el OIJ, los muertos con armas de fuego, de manera dolosa, este año suman 640 personas.

Las armas de guerra que se están empleando, entre otras son AR-15, M 16, AK47. La AR-15 es traída de Estados Unidos, traficada por las organizaciones criminales que la pagan con drogas. De acuerdo con los datos criminológicos del país estamos en la cuarta ola del narcotráfico, con una violencia homicida que tiene un 60% de vinculación con el crimen organizado.

Esta situación obliga a que se deban tomar decisiones más fuertes en el control del comercio lícito de armas. Ese control pasa inexorablemente por prohibir de manera definitiva la traída de cualquier tipo de armas de guerra, y de penalizar severamente a quien las posea.

El ambiente de inseguridad nacional es muy peligroso para la estabilidad democrática del país. Facilita incluso que desde el gobierno se pueda provocar un clima y una situación que conduzca a un estado de excepción, un estado de sitio, a un autogolpe de estado, a una prolongación fáctica del gobierno aduciendo esta situación de inseguridad y de inestabilidad.

El gobierno constantemente contribuye a ella atacando la institucionalidad pública, los poderes del Estado, los organismos e instituciones de control político y administrativo, provocando la pérdida de la fe en los Poderes Legislativo y Judicial, cuestionando, criticando y debilitando los actores críticos de la sociedad costarricense, a los partidos políticos, a los dirigentes políticos nacionales, a los gestores de opinión y a los analistas políticos.

Recientemente, con las detenciones para efectos de investigación judicial, que se ha hecho de directores de la Caja Costarricense del Seguro Social, el gobierno, en pleno, con sus ministros y su fracción de diputados, todos de traje negro, como si asistieran al funeral anunciado de la democracia nacional, en boca del presidente jaguar, que curiosamente no rugió como suele hacerlo, advirtió de que se está a punto de perder la democracia y que de parte del gobierno se requieren, en posibilidad, acciones más fuertes, insinuando justamente el autogolpe de estado, el estado de excepción, las limitaciones de las libertades y derechos ciudadanos. Amenazó incluso de que podría no haber elecciones en el 2026.

Estos últimos días, particularmente de noche, han puesto a funcionar helicópteros, sin insignias del gobierno, pero tampoco intervenidos por las autoridades de seguridad pública, en caso de que fueran privados, a volar bajo, muy bajo, sin luces, casi a nivel de techos en determinadas comunidades, en Montes de Oca, en Escazú, en Santa Ana, dando vueltas a todo ruido de motores, llamando la atención y provocando preocupación de los ciudadanos en sus casas, como si fueran operativos policiales o de seguridad, en persecución o de acciones policiales en desarrollo.

Ante la protesta, preocupación y consulta de ciudadanos se ha dicho que han sido “acciones de entrenamiento para condiciones del mal clima”. ¿Cuándo, en Costa Rica, se han hecho ese tipo operaciones y maniobras policiales, que parecen más de ejército en condiciones de represión y de golpes de estado, aduciendo prácticas de entrenamiento? ¿Ni siquiera las hacen de día? ¿Por qué asustan y preocupan a la población con esos desplantes? ¿O, es que están preparando a la gente para el ambiente de zozobra, de inquietud o de amenaza, y de represión o de autogolpe institucional de estado, que se quiere imponer por la forma autoritaria de ejercer el Gobierno de la República? ¿Quién dio la orden de esos “ejercicios” nocturnos de los helicópteros, que no parecían ser del gobierno, todos negros, sin identificación alguna? ¿Tendrá el presidente un grupo altamente especializado en este tipo de operativos, como el que tiene a su servicio de manera directa, para su seguridad presidencial, que parece más para su seguridad personal, que solo a él le reporta?

¿A cuál “mal clima” se han referido las autoridades que han justificado esos vuelos rasantes de helicópteros, justamente la noche de la detención de los directores de la Caja Costarricense del Seguro Social? ¿Al clima político que están viviendo quienes están siendo sometidos a investigación judicial en el Gobierno? ¿O eran vuelos de apoyo moral para los detenidos esa noche?

Justamente, ese día y esa noche fatídica para el gobierno, como lo reconoció el jaguar principal, también coincidieron acciones amenazantes de tipo terrorista contra el Ministerio Público, la Fiscalía General de la República y contra el Presidente de la Asamblea Legislativa. ¿Está el gobierno impulsando la reconstitución de un Ejército?

Los desplantes militaristas de los vuelos rasantes y los desplantes militaristas de las caravanas presidenciales matutinas hacia Zapote apuntan en muy mala dirección política nacional.

 

Compartido con SURCOS por el autor.

Don Pepe y la Multipolaridad

Mauricio Ramírez Núñez
Académico

Mauricio Ramírez Núñez.

En la historia reciente de Costa Rica, pocas figuras han dejado una marca tan indeleble como José Figueres Ferrer, «Don Pepe”, como de cariño se le dice. Su legado no solo reside en su papel decisivo en la abolición del ejército tras la guerra civil de 1948 y la fundación de la Segunda República, sino también, en la configuración de una política exterior valiente y visionaria que ha permitido al país mantener relaciones constructivas con diversas naciones, independientemente de su alineamiento con las grandes potencias, y en medio de aquella compleja coyuntura conocida como la Guerra Fría. Don Pepe se caracterizó por tener, sin lugar a dudas, una visión política adelantada a su época.

Don Pepe entendió que la verdadera independencia y el desarrollo soberano de una nación pequeña como Costa Rica, dependían de su capacidad para mantener una política exterior flexible y pragmática. Este enfoque se centraba en establecer y mantener relaciones diplomáticas y comerciales con una amplia gama de países, evitando así caer en la trampa de las alianzas exclusivas o los juegos de poder y amenazas impuestas por las grandes potencias de aquel momento.

El caso más emblemático y sobresaliente de esto que menciono fue el establecimiento de relaciones diplomáticas con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en el año 1972, durante su tercer mandato. Don Pepe, como estadista y líder audaz, demostró una valentía notable al desafiar las tensiones de la Guerra Fría, esta postura no solo fue un acto de coraje, sino, asimismo, de astucia política y visión de largo plazo, lejos del calor de la coyuntura en un período dominado por la confrontación ideológica entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

El 24 de enero de 1972, San José recibió al Embajador Soviético, Vladimir Kazimirov, recientemente fallecido por cierto, marcando la apertura de la primera embajada de la URSS en territorio centroamericano. Este evento histórico y revolucionario, si se quiere, simbolizó un cambio significativo en la política exterior de Costa Rica y reflejó la convicción de Don Pepe de que el diálogo y la cooperación internacional eran esenciales, incluso con naciones de sistemas políticos radicalmente diferentes al costarricense. Por su parte, nuestro primer embajador en la URSS fue el señor Fernando Berrocal, quien tuvo el honor y la responsabilidad histórica de echar a andar las relaciones de nuestro país con Moscú en tierras soviéticas.

Además, Don Pepe no se limitó a establecer vínculos con la Unión Soviética. Su administración extendió relaciones diplomáticas a otros ocho países de la órbita socialista, reafirmando su compromiso con una política exterior inclusiva y plural. Esta postura no solo diversificó las alianzas internacionales de Costa Rica, sino que también mostró al mundo la independencia y soberanía de la nación en la arena global. La valentía de Don Pepe en estos actos continúa siendo un testimonio de su liderazgo visionario y su capacidad para navegar en medio de complejas dinámicas internacionales en pos del beneficio de su país.

Hoy, el mundo parece estar viviendo una nueva Guerra Fría 2.0. La actual contradicción ha dejado de ser ideológica para convertirse en geopolítica y comercial. En este escenario, el bloque globalista liderado por el Occidente colectivo y caracterizado por un enfoque unipolar, con Estados Unidos y la OTAN a la cabeza, se enfrenta a una visión multipolar del mundo. En esta visión alternativa, Rusia, China, India y otros países están adquiriendo un papel cada vez más prominente a diversos niveles, desafiando el liderazgo occidental en todos los planos. Estos actores se atreven a proponer un orden internacional alternativo, donde su amplia participación se convierta en un elemento clave para la construcción de dicho orden.

Esta realidad geopolítica en el contexto de la política exterior costarricense actual, implica en primer lugar retomar nuestra postura estratégica de neutralidad, promulgada el 15 de septiembre de 1983 por el presidente Luis Alberto Monge Álvarez. En segundo lugar, conlleva la capacidad de relacionarse y cooperar con múltiples actores en el escenario internacional. Esta estrategia no solo diversifica las opciones de cooperación económica y desarrollo del país, sino que minimiza la dependencia de cualquier potencia en particular, brindándonos un mayor margen de maniobra en todos los sentidos.

En un mundo cada vez más interconectado y lleno de tensiones geopolíticas, la habilidad de maniobrar entre diferentes polos de poder se convierte en un activo invaluable para una nación pequeña y sin ejército como Costa Rica. Alinear nuestra política exterior exclusivamente con una sola potencia sería el peor error histórico que podríamos cometer. Costa Rica ha ejemplificado este enfoque a través de su historia reciente, manteniendo relaciones diplomáticas y comerciales con países de todos los continentes, incluidos aquellos con sistemas políticos y económicos muy diferentes. Por ejemplo, Costa Rica ha sabido balancear sus relaciones con Estados Unidos, una potencia histórica en la región, mientras fortalece lazos con países emergentes como China y Emiratos Árabes, y al mismo tiempo, mantiene vínculos estrechos con naciones europeas y latinoamericanas en el marco de una diplomacia basada en el respeto mutuo y la cooperación.

El Pragmatismo en la Política Exterior de hoy es la clave

El pragmatismo ha sido otro pilar de la política exterior costarricense heredada de aquella amplia visión de Don Pepe. Este enfoque implica tomar decisiones basadas en el interés nacional y en las oportunidades concretas de desarrollo, en lugar de seguir ciegamente ideologías o alineamientos geopolíticos. Así, Costa Rica ha sido capaz de sortear las dificultades y aprovechar las oportunidades que surgen de su posición estratégica y de su reputación como un país pacífico y estable.

Un ejemplo reciente de este pragmatismo es la incorporación de Costa Rica a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Este paso no solo ha abierto nuevas oportunidades de inversión y cooperación internacional, sino que ha reforzado el compromiso del país con la transparencia y las buenas prácticas en la administración pública y la economía.

El enfoque “no alineado” que Don Pepe implementó en su momento es una estrategia que podríamos retomar en el actual contexto de confrontación geopolítica y ante las puertas de un nuevo orden multipolar. En un mundo donde Asia se ha convertido en el epicentro de los negocios, la innovación y el futuro, y donde surgen nuevas formas de integración económica con un potencial enorme, este enfoque ofrece oportunidades significativas para Costa Rica y todos los países del sur global.

Económicamente, la visión pragmática de Don Pepe de las relaciones internacionales ha permitido a Costa Rica diversificar sus mercados y atraer inversiones de diversas fuentes. Políticamente, ha otorgado al país un grado de independencia que le permite tomar decisiones soberanas sin la presión de alinearse con una potencia dominante. Diplomáticamente, ha consolidado la imagen de Costa Rica como un actor confiable y respetado en la arena internacional.

La historia de Costa Rica y su política exterior es un testimonio de cómo una visión política clara y una estrategia pragmática pueden abrir posibilidades y construir un futuro próspero, sin que ello implique entrar en contradicción con nuestros principios, como muchos erróneamente argumentan. Siguiendo los pasos de Don Pepe, Costa Rica ha demostrado que es posible estar bien relacionados con todos los actores internacionales, sin caer en los juegos de poder de las grandes potencias. Este enfoque ha contribuido al desarrollo y la estabilidad del país, así como ha convertido a Costa Rica en un ejemplo a seguir en materia de política internacional contemporánea.

Ante la coyuntura actual de esta nueva Guerra Fría 2.0, surgen dos preguntas cruciales: ¿cómo actuaría Don Pepe en este escenario? y ¿cómo actuarán quienes dicen ser los herederos de su pensamiento y práctica política?

Los Tribunales de Probidad y de Sanciones Inmediatas

Lenin Chacón Vargas*

Los Tribunales de Probidad y los Tribunales de Sanciones Inmediatas se crearon por decretos en mayo de 1948 y se disolvieron por decreto en noviembre de 1949.

Se crearon y funcionaron durante la postguerra de odios exacerbados, espíritu de venganza y ambiente de violencia política, a la sombra de un gobierno de facto que gobernó como dictadura.

Entre las obras de la historiadora, profesora e investigadora de la Universidad de Costa Rica, Claudia Quirós Vargas, me interesa destacar su libro “Los Tribunales de Probidad y de Sanciones Inmediatas”, de la Editorial Costa Rica. En esta obra de historia política, jurídica y social Quirós Vargas nos habla de causas y objetivos de la creación de estos Tribunales, los mecanismos y procedimientos legales aplicados, personas sobre las que tuvieron jurisdicción, resultados de los juicios seguidos, las sanciones decretadas y los beneficios aportados a los ciudadanos y al Estado.

Según la autora, “este Tribunal va a tener su proyección en el campo de la estrategia política, porque coadyuvará a la realización de dos objetivos, el primero, asegurar la estabilidad de la Junta de Gobierno; el segundo, decidir la inmediata proscripción del Partido Comunista”. pag.17.

Partiendo de esos dos objetivos que señala la historiadora, me permito hacer la siguiente reflexión.

Con la sublevación sediciosa de Figueristas y Ulatistas José Figueres da el Golpe de Estado al presidente Constitucional Lic. Teodoro Quirós y se instala como presidente de facto. Quien había prometido “libertad electoral y rescate de la democracia” para justificar su levantamiento armado, ahora en el poder incumple los pactos, crea los Tribunales y promulga los decretos para la represión, encarcelamiento y exilio contra quienes habían pactado con él la finalización de la Guerra Civil de 1948. ¡Olvidó sus consignas libertarias!

¿Ironía del destino de José Figueres, acompañada de sarcasmo? Hay que leer su libro “El Espíritu del 48”, para entender los intereses bélicos, políticos, los métodos de terror, campañas de miedo y falacias utilizados desde 1942 a 1949 y en la posguerra las tergiversaciones de acontecimientos históricos y de los beneficios obtenidos para la Patria y los trabajadores con la revolución social entre 1940 y 1948.

El decreto 105 de junio de 1948, ilegaliza al Partido Vanguardia Popular y más de 150 sindicatos. En ese proceso de ilegalización y disolución de sindicatos y la Confederación de Trabajadores de Cosa Rica, participa activamente el Presbítero Benjamín Núñez que era ministro de Trabajo, el mismo que por mandato de su General José Figueres Ferrer, firmó el pliego de Garantías del Ejército de Liberación Nacional al Partido Vanguardia Popular para el desarme y poner fin a la Guerra Civil. Pliego que fue entregado a Manuel Mora Valverde en la Embajada de México el 19 de abril de 1948.

Con esos decretos y esos Tribunales se inaugura un largo periodo de persecución política y mutilación de las libertades públicas republicanas, de las propias garantías sociales constitucionales, negando a miles de costarricenses el derecho al sufragio, la libertad política electoral, la libertad de prensa, de pensamiento, de reunión y de organización sindical y política, el derecho a huelga y la convención colectiva, se promueve el exilio de Manuel Mora Valverde y Carmen Lyra, el encarcelamiento y exilio de militantes del Partido Vanguardia Popular.

La historiadora Claudia Quirós en su libro nos dice: “Mi interés en este tema se fundamenta en que este, como otros tópicos relevantes del periodo no ha sido investigado. Considero que es aquí donde radica la importancia de mi trabajo que, por supuesto no pretende agotar ni decir la última palabra al respecto, mi objetivo primordial es motivar a otros investigadores a que profundicen en este tema, y no dudo contribuirá a dilucidar la Historia contemporánea de nuestro país”.

Creo que mucho se ha avanzado con los nuevos historiadores e investigadores en lo que va de este siglo y aún falta mucho por hacer.

Algunos juristas costarricenses, por ejemplo, el Lic. Vargas Fernández, en el debate sobre estos Tribunales argumentó que eran: “un gran error del Gobierno, que representan un regreso a la Edad Media”.

Para el Lic. Fernando Guier Esquivel … se asemejan a organismos de la “Santa Inquisición”.

El Lic. Celso Gamboa, diputado de la Constituyente, expresó: “Ya en la práctica había llegado al convencimiento de que se procedía tan solo animados por odios y venganzas; que los asuntos se resolvían a base de pasión, de intrigas, de mezquinos recursos”.

No hay duda de que esos Tribunales y los objetivos señalados dieron pie para legalizar la persecución y la violencia política, extender las prácticas arbitrarias y provocar crímenes políticos, como el Crimen del Codo del Diablo, donde fueron asesinados Tobías Vaglio, Lucio Ibarra, Federico Picado, Octavio Sáenz, además de un nicaragüense de apellido Sotomayor, y Don Carlos Aguilar.

El crimen cometido contra Horacio Montiel, Edwin Vaglio, Mónico Hernández, presos en la Penitenciaría Central por decisión de esos Tribunales, sacados y llevados hasta el lugar conocido como La Cangreja, donde fueron cruelmente asesinados los tres militantes comunistas.

Me parece importante transcribir un párrafo que se lee en la contraportada, en el que dice la autora: “Reconocemos con profundo desengaño que la corrupción administrativa no es nueva en nuestro país, y lo que más desalienta es saber que el Tribunal de Probidad más bien fue otro instrumento de corrupción, dado que por su medio se enriquecieron otros sectores de la sociedad. Y que por tal razón este Tribunal no tuvo trascendencia ni proyección histórica. De lo contrario, cómo explicarnos la persistencia del peculado, la malversación de fondos, las estafas, el soborno, la extorsión, el contrabando etc. de las administraciones posteriores a 1948 y tan en boga en el presente”.

En la página 9 la autora dice “A la memoria de Carlos Luis Fallas, (Calufa) el líder popular que en los momentos más adversos mantuvo su honestidad y supo ser fiel a sus ideales”. Un emotivo reconocimiento al líder que los Tribunales llevaron a la cárcel por haber robado unas gallinas para alimentar a su tropa.

Vale recordar que ningún comunista fue encontrado culpable de corrupción ni actos criminales. La Historia más bien reconoce a Carlos Luis Fallas por evitar el fusilamiento de algunos alzados detenidos en la guerra y destaca haber salvado la vida del señor Fernando Ortuño Sobrado soldado en las filas figueristas durante la guerra civil

Creo que hoy se puede afirmar que el juicio de la Historia reivindica a los políticos y militantes ilegalizados, perseguidos, a los clandestinos y clandestinas, entre 1948 y 1970 y terminaron absueltos.

Por el contrario, la Historia nos enseña que lo que se llama “Junta Fundadora de la II República” o “Gobierno de facto que gobernó como dictadura”, y sus integrantes y subordinados, actúo con violencia política contra sus adversarios y les negó las libertades que prometían defender.

No hablo de sentencias o declaraciones de culpabilidad, hablo del reconocimiento histórico justo a la probidad de los comunistas, entiéndase: honradez, integridad y rectitud en el actuar.

Debe reconocerse la reivindicación de daños morales y perjuicios a quienes fueron perseguidos y encarcelados sin existir delito, lo que enaltece aún más la limpia trayectoria histórica de los comunistas.

Una vez estando preso por razones políticas en Parrita, en marzo de 1964 recibí de mi Padre un telegrama, que dice, «prisión, cuando no hay delito enaltece al hombre, junto con ustedes me siento orgulloso, abogados en acción» días después los cinco detenidos fuimos absueltos. Los carceleros eran excombatientes Figueristas.

Para terminar, quiero conmemorar a todas y todos los que alguna o muchas veces estuvieron en prisión en el periodo de los Tribunales de Sanciones Inmediatas y en los tiempos de la posguerra sin causa penal, que los días o meses de cárcel los enaltezca, debemos sentir orgullo de la vida militante.

A seguir caminando, viendo en el horizonte la utopía.

¡Por memoria, por verdad y por justicia, nunca olvidar!

*Militante comunista 1961 1991, en el presente militante sin Partido.

12 de abril de 2024.

¿Qué debemos celebrar el 1 de diciembre?

Dr. Oscar Aguilar Bulgarelli

Entre 1967 y 1971 me correspondió ser el primero en realizar dos estudios con exigencias académicas, sobre lo acontecido en 1948 a raíz de la presentación de mis tesis de grado en Historia en la Universidad de Costa Rica y en la Universidad Complutense de Madrid bajo los títulos “Costa Rica y Sus Hechos Políticos de 1948 (Problemática de una Década)” y “ El Desarrollo Constitucional de Costa Rica y La Constitución de 1949 (Antecedentes y Proyecciones)”; en ambos casos traté de explicar algunos sucesos que en la mentalidad popular se habían arraigado como verdad absoluta, sin tener una certeza histórica. Digo esto porque, en estos cincuenta años que han transcurrido, muchos mitos se han consolidado y va siendo hora de ubicarlos en su verdadera dimensión; cito solo tres ejemplos por el momento: la verdadera participación de los comunistas en la legislación social, el número de fallecidos por la guerra civil y la abolición del ejército. Llegar a aclarar estos mitos, es uno de los trabajos que tengo en cartera un poco avanzados, aunque al final, a lo mejor, me gano mi personal “Codo del Diablo”; pues la verdad no llegará a pecar, pero si a incomodar a más de uno.

Vamos al hecho concreto: dice la tradición, más no así los documentos, que el 1 de diciembre de 1948 don José Figueres Ferrer, Presidente de la Junta de Gobierno que gobernaba de facto Costa Rica, por medio de un decreto y un simbólico mazazo en la pared norte del Cuartel Bella Vista, eliminó el ejército. Si estuviéramos en un examen colegial de esos tan de moda: falso o verdadero, qué pondríamos como respuesta. Pues ¿caben las dos?, ¿ni lo uno ni lo otro?, ¿verdades a medias o manipulación política?

Estudiemos desde el principio: ¿de quién fue la idea? ¿De don José Figueres y la Junta de Gobierno?, simplemente no. Recordemos que ese gobierno de facto, había creado el 21 de mayo de 1948, una comisión de muy ilustres costarricenses como Fernando Lara Bustamante, Fernando Baurit, Eloy Morúa, Manuel Hernández Herrán, Abelardo Bonilla Baldares, Rafael Carrillo, Rodrigo Facio, Fernando Fournier y Fernando Volio S. para que redactara un proyecto de Constitución Política que sería enviado a la Asamblea Nacional Constituyente que debía elegirse el 8 de diciembre de aquel año 48, de acuerdo con los compromisos del Pacto Ulate Figueres firmado el 1 de mayo, en que inició el periodo de facto y que, ese mismo día, dio su segundo decreto con el que deroga la Constitución de 1871. En ella se regulaban diferentes aspectos del ejército, por ejemplo que estaba subordinado al poder civil, era pasivo, no podía deliberar y sobre todo era el Congreso de la República el que, anualmente, establecía su existencia al fijar su presupuesto, el máximo de hombres que componía el ejército de “ mar y tierra” en tiempos de paz o el aumento en caso de conflictos y conferir los grados militares a partir de coronel; por lo tanto, si se anulaba la Constitución, qué quedaba del ejercito sustentado en ella, nada.

Inclusive, el 25 de noviembre de 1948 el coronel Edgar Cardona quien fungía como ministro de Seguridad, propuso en el seno de la Junta de Gobierno presidida por Figueres, la idea de abolir el ejército y destinar el presupuesto que quedaba libre a educación. La propuesta fue rechazada inclusive por Figueres, y conforme lo ha narrado el propio Cardona en su libro, su propósito era salvaguardar la elección de Otilio Ulate y otros peligros para el país. Este reconocimiento histórico a él y don Fernando Lara, como veremos, ha quedado en el olvido de la historia oficial.

Sin embargo, fue en el seno de la Comisión que el Lic. Fernando Lara Bustamante presentó la idea de la abolición del ejército como INSTITUCION PERMANENTE, idea y propuesta que fue acogida por los demás miembros y plasmada en el artículo 10 del Proyecto de Constitución, en el que se abole el ejército dentro de la idea planteada; la conservación del orden público quedó supeditada a la acción de una policía sometida al poder civil y no tenía derecho a deliberar.

El proyecto de Constitución, con ésta y muchas otras ideas renovadoras, fue enviado por la Junta de Gobierno a conocimiento de la Constituyente, que con una actitud conservadora y tradicionalista propia de la mentalidad imperante en el partido que obtuvo la mayoría de las curules, rechazó el proyecto y acogió la Constitución de 1871 como base de discusión. Sin embargo, como ya lo han señalado muchos autores, don Fernando Lara buscó la colaboración de tres miembros de aquella Cámara, los diputados Juan Trejos Quirós, Enrique Montiel y Ricardo Esquivel para que presentaran la moción prácticamente con el mismo texto.

La discusión de tema tan importante se dio el día 4 de julio y según el ACTA 101 de la Asamblea Constituyente, se requirieron dos párrafos de nueve reglones cada uno, ¡para discutirlo! Solo hubo una pregunta y su respuesta que vale la pena sacarla del baúl del olvido; el diputado Everardo Gómez preguntó a los proponentes si quedaba excluida la “organización de un ejército ciudadano, como el suizo, que voluntariamente se disciplina y entrena bajo el control del Ministerio de Seguridad, para acudir en defensa de la patria eficientemente. El señor Diputado Esquivel, a nombre de los proponentes de la moción, que ella no excluye la organización ciudadana voluntaria que se indica, porque no constituía un ejército permanente de carácter militar y porque tal organización, como tendiente a la defensa nacional, tampoco excluye el artículo que se discute. El señor Gómez Rojas pidió que la duda que había formulado constara en el acta respectiva, COMO ELEMENTO PARA INTERPRETAR EL CITADO ARTICULO EN EL FUTURO…” (Actas A.C.. T.II. P.439. Acta 101)

Es interesante, por lo tanto, ver cómo en tan pocas líneas se plasmaron logros institucionales tan importantes y también posibilidades de defensa nacional que, en otros momentos a lo largo de estos setenta años pudo aplicarse y no se hizo, por olvido u omisión.

Entonces, ¿Qué medió para realizar aquel acto en el Cuartel Bellavista el 1 de diciembre de 1948? Recordemos cosas importantes, en primer lugar, el llamado Ejército de Liberación Nacional como lo demuestro en mi libro, estaba integrado en su gran mayoría por jóvenes seguidores del Partido que había presentado la candidatura de Otilio Ulate y se habían incorporado el movimiento de Figueres, no siguiendo sus ideas ni relaciones caribeñas, sino por la defensa de la elección de su candidato, además eran los que tenían las armas en su mano. Por eso, los acuerdos del Pacto Ulate Figueres no eran de todo su agrado y mucho menos que la Junta pudiera prolongar su mandato de dieciocho a veinticuatro meses; por eso, para muchos miembros de la Junta, lo mejor era desarmar lo que popularmente era conocido como el Ejército de Liberación Nacional, de manera elegante y que no despertara serias fricciones.

 Por otro lado, la Embajada de los Estados Unidos, especialmente, presionaba por la eliminación de grupos como la Legión Caribe y Rafael Herrera, que en el país preparaban las huestes para cumplir las obligaciones estipuladas en el Pacto del Caribe del 16 de diciembre de 1947, que Figueres había firmado, y hacían que en Nicaragua el gran amigo de los norteamericanos Anastasio Somoza se sintiera amenazado. Además, surgían internamente sentimientos de inconformidad por algunas disposiciones de la Junta, algunos de ellos en sectores económicos y empresariales muy ligados al movimiento de Ulate. Por todo esto, políticamente era importante eliminar cualquier peligro que estuviera latente, y para ello, el acuerdo tomado por la Asamblea Nacional Constituyente el 4 de julio de 1948, que “casualmente” ha sido olvidado y nadie lo cita, les venía como anillo al dedo.

Así, el 11 de octubre de 1948 tres meses después de lo aprobado por la Asamblea Nacional Constituyente se emite el decreto-ley 749 que todos los escritores, políticos, historiadores, periodistas y otras hierbas han dicho y proclaman como el decreto que eliminó el ejército como institución permanente. ¿Y qué dice el susodicho decreto? Veamos. En su primer considerando dice textualmente: “1. Qué con miras a imprimirle a la estructura política del Estado una fisonomía netamente civil, ha sido suprimido el Ejercito como institución permanente…” Al utilizar los términos “ha sido suprimido” quiere decir que ya, en el momento de firmar aquel decreto ley, el ejército había sido suprimido anteriormente. Pero ¿cuándo y por quién? Buscando en todos los decretos-ley de la Junta no existe ninguno antes de este del 11 de octubre que trate el tema; lo único que existe es el acuerdo de la Asamblea Constituyente, por lo tanto, ¿a quién le damos la responsabilidad histórica de un hecho tan trascendente?

Otro detalle importante; en el segundo artículo de los considerandos, se señala que, para tranquilidad pública, por la vida y hacienda de los ciudadanos, es conveniente sacar las “instalaciones militares” de las zonas residenciales y ubicar los inmuebles existentes a otros fines de utilidad social. Me pregunto, ¿cómo puede hablarse de instalaciones militares si ya no había ejercito?, o era parte del galimatías mental que prevalecía en el momento.

Pero lo más importante a destacar, es que en el famoso decreto-ley 749 considerado por tirios y troyanos como el de la abolición del ejército, sobre ese tema ¡no dice nada! y en su parte resolutiva se refiere únicamente al traspaso a título gratuito del Cuartel Bella Vista a la Universidad, su ubicación para trasladar el Museo Nacional. ¡Y nada más! Nada de abolición del ejercito ni cosas por el estilo. Entonces, sigamos con la pregunta: ¿cuándo, cómo, y por quién?

La siguiente fecha a mencionar es el 1 de diciembre de 1948 día en que don José Figueres dio los mazazos simbólicos al Cuartel Bella Vista y hace entrega de las llaves a… ¿la Universidad de Costa Rica?, no, dice el decreto a “las escuelas, para que sea convertido en centro cultural”. ¿Por qué ese cambio de dueño y destino?, obviamente no había claridad de cómo se actuaba. Pero lo más importante es que ese día, con base en el decreto de esa fecha lo que se hace es DISOLVER, el ejército regular de Costa Rica considerado el “…digno sucesor del Ejército de Liberación Nacional…”

Reconoce entonces que después de la Guerra Civil, el Ejército de Liberación Nacional se convirtió en el regular del país, con todos los inconvenientes para la Junta de Gobierno que ya hemos señalado.

Y de seguido señala, al igual que lo dispuesto por la Asamblea Constituyente, que la seguridad del país se garantizaba con un buen cuerpo de policía sometida al poder civil. Entonces, no es lo mismo disolver una fuerza armada o decirle a un grupo de personas que terminan sus funciones, dejen sus armas y se vayan para la casa; lo que no eliminaba la posibilidad de organizarlo nuevamente.

Cosa muy diferente es eliminar institucionalmente un ejército, que fue lo aprobado por la Asamblea Constituyente y que se consolidó con la aprobación de la Constitución Política el 7 de noviembre de 1949, por lo que si queremos festejar una decisión tan sabia, debería ser esa fecha, pues fue la DECISION DEL SOBERANO, DEL PUEBLO EN LA MAXIMA ASAMBLEA DE LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA, el que tomó la sabia decisión de acabar con semejante lacra en la Historia de América y que también tuvo sus desafueros en la nuestra también.

Para terminar, si queremos festejar algo realmente importante de nuestra Historia Patria, celebremos y conmemoremos la aprobación del PACTO SOCIAL FUNDAMENTAL INTERINO DE LA PROVINCIA DE COSTA RICA O PACTO DE CONCORDIA, nuestra PRIMERA CONSTITUCION POLITICA, con la que dimos inicio a nuestra vida institucional y democrática, con base en el respeto al sagrado principio de legalidad, sin el cual no hay ni libertad ni democracia, precisamente. Y fue ese PACTO DE CONCORDIA, producto de días intensos de verdadero CONSENSO entre nuestros padres fundadores, que se logró llegar a un punto de acuerdo que evitó, además, que formara un ejército fuerte y poderoso que defendiera los pasos independentistas que se estaban dando, como sucedió en otras latitudes hispanoamericanas y que fueron el germen que originó ese ejército institucionalizado que ha ensangrentado nuestro continente. De eso, también, nos salvó el Pacto de Concordia. Hoy tan olvidado al igual que el respeto al principio de legalidad por los gobernantes de los últimos tiempos, pues los ciudadanos olvidamos los deberes y derechos que tenemos como parte del SOBERANO, y hemos permitido QUE NOS LLEVEN POR LA CALLE DE LA AMARGURA de una tiranía en supuesta democracia, aunque no tengamos ejército. De todas maneras, a quien se le atribuye su eliminación, ¡también una vez dijo que éramos un pueblo domesticado!