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Etiqueta: Manuel Mora Valverde

Prohibido olvidar

Lenin Chacón Vargas
Bagaces Guanacaste
22 de abril de 2026

EL Pacto de Ochomogo, fue un pacto por la paz, respeto a las garantías sociales, respeto a la vida, al derecho ajeno, lo negociaron y lo acordaron hace 78 años entre Manuel Mora Valverde -acompañado con Carlos Luis Fallas- José Figueres Ferrer, y el presbítero Benjamín Núñez en el Alto de Ochomogo. De un lado estaban las tropas figueristas preparando el asalto a San José y del otro unos 3.000 milicianos, obreras y campesinas comandados por Carlos Luis Fallas Sibaja.

El acuerdo para poner fin a la Guerra Civil de 1948 ha sido una verdad histórica deformada, tergiversada por la historia oficial y algunas voces desde la izquierda ex vanguardista.

Del Pacto de Ochomogo, abjuran y falsifican José Figueres y Benjamín Núñez en el libo “El Espíritu del 48”: que contiene la historia oficial, por demás está decir que los que ahí escribieron se lucieron a presentarnos leyendas, verdades a medias y soslayando hechos históricos.

Los hechos de la historia real demuestran cómo la paz en 1948 se logró con la palabra y la firma de los comunistas representados por Manuel Mora Valverde y se rompió con la traición, la mentira y el desprecio de los vencedores, representados por José Figueres y Benjamín Núñez

Se pactó la noche del 17 de abril de 1948, ante la amenaza de una batalla sangrienta en San José, Manuel Mora Valverde fue claro: “Yo voy donde esté Figueres a buscar una solución” y así lo hizo una noche llena de incertidumbres y peligros. En el Alto de Ochomogo, se detuvo la guerra. Manuel no llegó solo; contaba con el respaldo de 3,000 milicianos, obreros y campesinos bajo el mando de «Calufa», listos para defender San José y las garantías sociales y el Código de Trabajo o inmolarse.

Es lamentable leer cómo viejos camaradas de lucha y de armas han hecho de los testimonios falsos de Benjamín Núñez su verdad para lanzar diatribas contra la integridad de Manuel. Basta leer el epílogo del libro de Arnoldo Ferreto Segura “Gestación, consecuencias y desarrollo de los sucesos de 1948” con otros que se han hecho eco de las falacias de Arnoldo contra Manuel que lo considera traidor, oportunista y mentiroso, recogiendo así, las palabras de Benjamín en su testimonio y avaladas por Figueres en El Espíritu del 48.

Por esas razones me obligo a recordar cómo terminó la guerra civil y los acuerdos para que eso fuera posible:

Las Garantías: Lo que Figueres firmó y luego traicionó
El Ejército de Liberación Nacional, representado por Figueres, se comprometió por escrito a:

  1. Respeto absoluto a la vida: Garantizar la integridad de calderonistas y comunistas.

  2. Continuidad social: Mantener intactas las leyes sociales conquistadas por el pueblo.

  3. Libertad de organización: El reconocimiento y plenas garantías para el Partido Vanguardia Popular y sus organizaciones.

La gran estafa histórica
Apenas un mes después de tomar el poder,
Figueres tiró estos acuerdos a la basura. La respuesta fue sangre: crimen: El crimen del Codo del Diablo; persecución: cárcel, centenares de presos políticos; exilio: Manuel y Carmen Lyra obligados al exilio y centenares más. No sólo traicionaron el pacto, sino que han intentado borrar la verdad.

Incluso hoy, la Editorial UNED sigue vendiendo la «Cartilla Histórica» de Ricardo Fernández Guardia con 12 páginas mutiladas. ¿Qué ocultan? Ocultan la verdad sobre la renuncia de Teodoro Picado ante la amenaza de los marines yanquis y el incumplimiento de las promesas hechas al pueblo. El primer historiador narra la explicación de Teodoro Picado en la carta que dirige a Manuel y a Calderón Guardia cuando denuncia que “fuerzas incontrastables” le obligan a dimitir. La EUNED debería reparar el daño publicando una nueva edición de la Cartilla Histórica con todas las páginas mutiladas en tiempos en que Alberto Cañas era director de la EUNED.

¡Basta de medias verdades! Exigimos que se publique la historia completa, la de los vencidos y la de los vencedores. Las nuevas generaciones tienen derecho a saber que la «historia oficial» se construyó sobre la exclusión y el engaño.

Resumiendo:

El pacto entre el Ejército de Liberación Nacional y Vanguardia Popular se resumió en:

Inviolabilidad de la vida y bienes: Protección para todos los combatientes y dirigentes del bando vencido.

Vigencia de las Reformas Sociales: Compromiso de no derogar el Código de Trabajo ni las Garantías Sociales de 1943.

Reconocimiento Político: Garantía de que el Partido Vanguardia Popular seguiría operando legalmente (compromiso que fue roto poco después con la ilegalización del partido).

Y garantía de la vigencia de todas las Libertades Republicanas, libertades que fueron mutiladas como la libertad de sufragio, de prensa, de libre expresión, además de las libertades de libre sindicalización.

Artículo: Manuel Mora Valverde. Facetas de su vida y sus luchas

Vladimir de la Cruz

(Con motivo del 26 aniversario de su fallecimiento transcribo el discurso pronunciado en sus actos funerarios en la Iglesia La Soledad, el 29 de diciembre de 1994, publicado en surcosdigital.com el 31 de diciembre del 2020, publicado en larevista.cr el 7 de enero del 2020)

La vida de Manuel Mora está íntimamente ligada a la historia nacional de los últimos setenta años. Su obra, su lucha revolucionaria, fue la Revolución Social, la lucha por transformar este país, por desarrollarlo hacia una sociedad más justa, más próspera, más democrática, más igualitaria.

La actividad política Manuel la inicia siendo un joven estudiante en la década del 20, década en la cual hereda las mejores tradiciones antiimperialistas, obreras y nacionales de lucha del pueblo costarricense.

En cuanto a las luchas antiimperialistas, desarrolladas desde principios de siglo, la segunda mitad de esta década fue rica. La Sección costarricense del APRA, en la cual estaba Carmen Lira, Luisa González y Gonzalo González; La Liga Cívica Juan Rafael Mora, en la que participaban Alejandro Alvarado Quirós y Ricardo Fournier crearon una conciencia sobre la defensa de los recursos y de la soberanía nacionales. Así Manuel impulsa también la Sección costarricense de la Liga Antiimperialista de las Américas, organización que se suma a esas tradiciones haciéndola un instrumento importante de lucha orientada a salvaguardar la identidad nacional de América Latina, cuando el continente era presa de constantes intervenciones norteamericanas, como la que sufría entonces Nicaragua que dio origen a la gesta heroica de Augusto César Sandino, en 1927.

Su activismo estudiantil lo continuó aún ya fundado su Partido Comunista, cuando en 1933, en San José, encabezó la delegación costarricense del II Congreso Iberoamericano de Estudiantes.

En cuanto a las luchas populares y la experiencia organizativa del movimiento obrero, hereda la lucha que se remonta al movimiento popular de Félix Arcadio Montero, a finales del siglo pasado; a las luchas políticas de Dr. Aniceto Montero, organizador y divulgador del pensamiento socialista en el país a principios de los veintes, a las luchas populares del General Volio y su Partido Reformista, a la presencia y luchas de la organizaciones sindicales que desde 1901 llegan constituir la Confederación General de Trabajadores de 1913 y, al disolverse ésta para dar origen al Partido Reformista, a la Confederación Obrera Costarricense o Nacional, desde 1923 hasta 1928. En 1928, se constituye la Unión General de Trabajadores la más importante organización obrera de esos años y de la década del 30, en la cual había dirigentes obreros como Gonzalo Montero Berry, Fabián Soto, Abel Dobles. Igualmente hereda una tradición de luchas huelguísticas impulsadas desde el siglo pasado.

Hereda también una rica tradición de organización política, partidos de la clase trabajadora, el partido de Obreros y Artesanos (1886), el Independiente Demócrata (1893-98), los Partidos Obreros de Limón, San José y Grecia (1913), el Partido Socialista de Costa Rica (1919-20), el Partido Reformista (del período 1923-28), el Partido Alianza de Obreros y Campesinos (1930).

Se ligó a la creación de la Asociación Revolucionaria de Cultura Obrera y poco tiempo después, en junio de 1931, fundó el Partido Comunista de Costa Rica, destacándose Manuel, desde entonces, no solo como organizador y luchador político. Desde entonces su Partido Comunista es la institución de mayor trayectoria política que tiene el país, apenas seguido en edad por el Partido Liberación Nacional que se acerca a los 45 años.

En su lucha política impulsó la organización de periódicos, entre ellos La Revolución (1929-31), Trabajo (1931-48), Adelante (1953-1961) y Libertad (1961-1993), en los cuales tuvo presencia constante. Fue articulista en otros medios, incluso durante el período de lucha clandestina en el que utilizaba seudónimos para escribir como Eladio Jara. El periódico para Manuel era un vehículo de educación política, de agitación y debate, de organización y movilización de lucha social.

Los acontecimientos internos como la situación internacional de la década del 30 permitieron el desarrollo político de Manuel y su Partido. Fueron años de grandes huelgas como las del 34, la bananera, la de zapateros y la de cogedores de café, de movilizaciones de desocupados de la crisis del 30, de la primeras luchas políticas por la legalidad electoral de su Partido, años de desarrollo de las luchas campesinas, donde fue asesinado Herminio Alfaro en Barba de Heredia y gran cantidad de luchas que permitieron desarrollar más la organización de obreros, trabajadores y campesinos. Fueron los años que realzaron la figura parlamentaria y la oratoria política de Manuel, diputado continuo desde 1934 hasta 1948.

Fueron años también en que se vinculó a tareas se solidaridad internacional en la lucha contra la posibilidad de la segunda guerra mundial, contra el ascenso del fascismo y nazismo en Europa, por la República Española (1930-1936) y en defensa de ella durante la guerra civil española (1936-1939). Fueron años de duras dictaduras centroamericanas lo que lo llevó a las luchas por la democratización de centroamericana apoyando las luchas contra los dictadores Hernández Martínez, Ubico, Carías, también de solidaridad contra la dictadura de Juan Vicente Gómez en Venezuela y otras más.

Fortaleció en esta década la organización obrera y campesina en el Valle Central provocando que en 1938 se impulsara bajo la dirección de su partido el Comité Sindical de Enlace (1938-1942) y la Unión Nacional Campesina (1938-1942), instituciones que dieron las principales luchas por la consecución de las garantías sociales y el Código de Trabajo, unidas en 1942-43 bajo el nombre de Comité Nacional Sindical de Enlace, que en 1943 se disolvió para dar paso a la Confederación de Trabajadores de Costa Rica (CTCR 1943-1948), organización que inicialmente representó a los trabajadores en la Junta Directiva de la CCSS. Más tarde, en 1945, se incorporó a dicha Junta la Confederación Costarricense de Trabajadores Rerum Novarum con el padre Benjamín Núñez. A la CTCR le tocó desarrollar las grandes movilizaciones para consolidar las reformas sociales.

En este período, dio importantes luchas por la legalidad electoral de su Partido, que tuvo que participar en los procesos electorales con el nombre de Bloque de Obreros y Campesinos (1934-1942), porque con el nombre de Partido Comunista, no se le permitía. Durante el gobierno de León Cortés (1936-40) su organización fue bastante reprimida y hasta le anularon el nombramiento de diputado del poeta Carlos Luis Sáenz. En estos años fue recibido con honores por el Congreso de la República de México.

Desde 1934 hasta 1948 fue diputado ininterrumpidamente, destacándose como gran parlamentario y orador político. En 1937 se graduó de abogado, profesión que desempeñó junto a su actividad política. Otros parlamentarios de su Partido fueron Efraín Jiménez Guerrero, Alfredo Picado Saénz, Jaime Cerdas Mora, Luis Carballo Corrales, Carlos Luis Fallas, Víctor Cordero. La actividad político-parlamentaria Manuel la convirtió en escuela de educación obrera y de lucha social. Sus proyectos de ley estuvieron siempre asociados a la movilización de sectores sociales en su apoyo y a la organización para lograrlos. El parlamento lo convirtió también en una tribuna de agitación, de movilización y de organización, en una escuela de acción revolucionaria.

Durante la década del 30 la lucha contra el ascenso del fascismo y el nazismo en Europa, por la República Española y durante la Guerra Civil de España, Manuel y su gente estuvieron ligados no solo en actos de solidaridad y creando organizaciones como Socorro Rojo Internacional, especie de Cruz Roja de los comunistas, desde Costa Rica, sino en los propios campos de batalla con la presencia de Adolfo Braña y Rafael Ángel Llubere, militantes de su organización que habían sido expulsados del país y que se integraron al combate por la República Española y contra el fascismo y el nazismo en tierras europeas. En esta lucha también estuvo Vicente Sáenz, extraordinario costarricense, quien fue luego guía espiritual de don Pepe Figueres en su exilio en México del año 42 y 43.

En 1935 su partido se hizo representar en el VII Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en Moscú con el dirigente obrero Rodolfo Guzmán, año en que también participaron con Arnoldo Ferreto en la Conferencia de la Habana de partidos comunistas de América Latina.

En el 39, ante la amenaza de derogar las leyes liberales se produce la primera alianza táctico electoral importante del Partido Comunista y de Manuel con otros sectores políticos nacionales encabezados por don Ricardo Jiménez, que dio origen al Partido Alianza Democrática Nacional, del que era su secretario de Organización. Fue un cambio de táctica de don Manuel, pero no de principios porque Manuel Mora Valverde nunca dejó sus principios ni nunca renunció a sus ideas. La violenta campaña electoral hizo que don Ricardo se retirara y a las elecciones del 39 solo se presentaran tres partidos, entre ellos el de Manuel postulándolo como candidato a la Presidencia, elección que ganó el Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia, inicialmente combatido por el movimiento obrero y popular y por los comunistas por el apoyo de la oligarquía conservadora que tenía.

La guerra mundial avanzó. Las condiciones internacionales también empezaron a modificarse. La crisis económico social se cernía sobre gran cantidad de países del mundo y de aquellos que como el nuestro dependían del comercio con Europa. Así desarrolló un Plan para salir de la crisis de guerra, que contenía en esencia, los elementos básicos de las garantías sociales y de la legislación social. Pero también empezó a definir con inteligencia las relaciones de nuestro país en el contexto de la guerra mundial y de las relaciones con Estados Unidos en ese período.

La década del 40 inició así con la Guerra Mundial, en el campo internacional; con el ascenso del Dr. Calderón Guardia a la presidencia de la República y de Monseñor Sanabria, a la jefatura de la Iglesia, ambos hombres sensibles y talentosos que, en el plano nacional, como Manuel, representaban fuerzas sociales importantes.

Fue en la segunda parte de la Administración Calderón Guardia, luego del ataque japonés a Pearl Harbor y la incorporación de los Estados Unidos a la guerra mundial, que se crearon las condiciones internacionales favorables para se produjera una nueva alianza política y social a partir de 1942 y 43 que culmina con la promulgación de la Garantías Sociales y el Código de Trabajo, sumándose a las reformas de seguridad social y educativas del país, ya planteadas e iniciadas en la administración Calderón Guardia.

Como resultado de esta alianza el Partido Comunista cambió de nombre a Vanguardia Popular, Manuel reconoció que la reforma social que se impulsaba bajo esta alianza tenía fundamentos socialcristianos y la Iglesia Católica en boca de su arzobispo manifestó que los católicos podían ingresar a la organización Vanguardia Popular “sin cargo de conciencia alguna”.

La guerra permitió también a Manuel fortalecer su lucha contra el fascismo mundial. Junto con costarricenses como Fernando Valverde Vega, Francisco Orlich Bolmarcich, Manuel Picado Chacón impulsó el Comité Antinazi de Costa Rica, que importante papel desempeñó en esos años complejos, de profunda agudización de las contradicciones sociales.

A nivel latinoamericano, durante este período, su partido participó en la gestación de la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), por medio de Arnoldo Ferreto, quien junto a Jaime Cerdas desarrollaban importantes luchas con el campesinado y los trabajadores nacionales y de colonización agrícola en la periferia del Valle Central.

Los años de la alianza con Calderón y Sanabria, con el gobierno y la Iglesia, permitieron la promulgación de la legislación social y la materialización de las principales instituciones sociales del país. Fueron años de lucha también por la ley de inquilinato, por la llamada ley de parásitos o precaristas, por las casas baratas, por protección a los campesinos, por la seguridad social, por comida barata etc.

El país ya ha rendido homenaje a dos de esos costarricenses, al llevar sus nombres dos instituciones hospitalarias, el Hospital Calderón Guardia y el Hospital Monseñor Sanabria. El nombre de Manuel Mora debe ligarse igualmente a una de las dos instituciones hospitalarias que están por crearse, el Hospital de trasplantes o el Hospital oncológico. En la administración Calderón Fournier (1990-94) importante monumento se hizo para conmemorar el 50 aniversario de la aprobación de las Garantías Sociales. El gobierno de don José María Figueres (1994-98) ha elaborado el proyecto para que a ese conjunto escultórico, de la rotonda del Zapote, se le agreguen las figuras de Manuel Mora y de Monseñor Sanabria.

Los años que siguieron a la reforma social, fueron tensos, agitados, violentos. A favor de la legislación social y en contra de ella, a favor de la defensa del sufragio y de la pureza electoral se enmarcaron las luchas políticas de la población costarricense, de los años siguientes, polarizándose cada vez más hasta culminar en los acontecimientos que todos, de distinta forma conocemos, en la guerra civil o el movimiento armado de marzo y abril de 1948, el enfrentamiento entre costarricenses que abanderados de reforma social, de defensa del Código de Trabajo, de la seguridad social y las garantías sociales o de pureza electoral se enfrentaron.

Fueron años de intensa actividad opositora al gobierno de Calderón Guardia, que en su segunda mitad tuvo el apoyo de los comunistas. Fueron los años contra los intentos del gobierno de impulsar una ley electoral orientada a favorecer el fraude, ley contra la que el propio Manuel Mora estuvo en contra. Y fueron los años en que la alianza política con el calderonismo culminó en la creación del bloque electoral denominado Bloque de la Victoria, que llevó a Teodoro Picado a la Presidencia y a Manuel a ser jefe ocasional de la bancada de diputados no solo de su partido sino también del gobierno.

Durante estos años, de la segunda guerra mundial, el Partido Comunista con Manuel al frente estuvieron de acuerdo en dejar de lado, tácticamente, la lucha por la dictadura del proletariado y la lucha de clases, convocando a la colaboración de clases y de los distintos sectores sociales del país para enfrentar patriótica y unitariamente los principales problemas nacionales. Pasada la guerra mundial se desarrolló internacionalmente la guerra fría cuyos elementos esenciales los introdujo en Costa Rica Otilio Ulate en ese mismo tiempo, desde las páginas de su periódico El Diario de Costa Rica.

Bajo el gobierno de Picado la tensión aumentó y la violencia contra los comunistas y el propio Manuel se exacerbó. Atentados contra él, contra su partido, contra la Confederación de trabajadores, contra el periódico del gobierno. Violencia ejercitada también por la propia policía encabezada por el tenebroso Tavío contra la oposición y los propios comunistas hicieron que el partido de Manuel desarrollara las llamadas Brigadas de Choque, para su autodefensa, que constituyeron un elemento más en esta escalada de violencia que sufría la sociedad costarricense.

Murió León Cortés en 1946. La jefatura de la oposición disputada por Figueres y Ulate la asumió don Otilio, quien propiciaba una salida política en las elecciones del 48, bajo la condición de que si hubiera fraude se pasaría a la insurrección, que era la tesis de Figueres. En 1947, con los ánimos exaltados, después de la huelga de los brazos caídos de finales de julio, el gobierno entregó a la oposición el control del aparato electoral. Calderón insistía en ser postulado nuevamente a la presidencia. No contaba inicialmente con el apoyo de los comunistas, quienes inscribieron sus propios candidatos. Las circunstancias de la violencia que vivía el país y la supuesta amenaza contra las reformas logradas hicieron que los comunistas votaran por Calderón, sin haber materializado pacto alguno con él. El resultado favorable de esas votaciones a Ulate, el voto salvado de Max Koberg Bolandi en el Consejo Electoral por el supuesto de fraude e irregularidades electorales hicieron que el Congreso, que debía ratificar el proceso lo anulara y Figueres consecuentemente con ello se levantó en armas para garantizar dicho resultado.

Importante es señalar que Manuel Mora, Jaime Lobo, Jaime Cerdas, entre otros dentro del Partido Comunista, se opusieron a la nulidad de las elecciones y por respetar su resultado. Ello explica, entre otras razones por qué el discurso en el Congreso, por la bancada comunista, la hizo el diputado Luis Carballo Corrales, por lo demás redactor del Código Electoral de 1946.

Un mes de guerra, con saldo de 3000 muertos, con amenaza de intervención extranjera de Nicaragua por el norte, y de los Estados Unidos por el sur, hicieron que Manuel Mora, sin renunciar a los principios renunciara a las armas en interés de la patria y buscara un pacto con Figueres para evitar y el dolor y la humillación de la intervención militar extranjera en Costa Rica. Esta ha sido la única renuncia en interés de la patria que ha hecho Manuel, la renuncia de las armas, pero no de los principios. Así se firmó el Pacto de Ochomogo por Figueres y Núñez, del Ejército de Liberación Nacional, por Carlos Luis Fallas (Calufa) y Manuel Mora por el Partido Vanguardia Popular, sin presencia de elementos del gobierno y con el apoyo de Monseñor Sanabria.

En este Pacto se comprometieron los comunistas a entregar las armas, lo que hizo Manuel Mora en discurso en el Parque España, frente al local de la CTCR, y Figueres a respetar la legalidad de los partidos y organizaciones y las reformas sociales. En lo esencial del pacto se cumplió todo excepto la legalidad de los comunistas que fueron proscritos. En la Junta de Gobierno Benjamín Núñez, Francisco Orlich y José Figueres estuvieron de acuerdo en respetar esa legalidad.

Siguieron los años difíciles del 48 y del 49; los años de la represión y del exilio de Manuel y de Carmen Lira, quien murió en el extranjero, pero también años de exilio de muchos costarricenses. Regresó nuevamente Manuel a principios de la década del 50. El ambiente nacional era difícil para sus partidarios y para los calderonistas. Su Partido se reconstruyó con apenas 50 militantes en 1951, que actuaban en la clandestinidad, en años de represión, de aislamiento social, de persecución. Los sucesos del 48 culminaron trágica y dolorosamente cuando Calderón intentó en diciembre de ese año invadir Costa Rica y elementos de la Junta de gobierno dispusieron asesinar a algunos dirigentes comunistas presos llevando a cabo el asesinato del Codo del Diablo. Esa aventura de Calderón no contaba con el apoyo de los comunistas ni de Manuel Mora.

Fueron años de persecución, de clandestinaje para muchos costarricenses, de difícil situación social en el país, pero años en que Manuel y su gente, reducida a menos de 100 personas, lograron nuevamente impulsar la organización no solo de su Partido sino también de trabajadores y de sindicatos, de trabajadores urbanos y campesinos, y nuevamente iniciar el camino de la lucha por el fortalecimiento democrático de Costa Rica, porque el camino del socialismo costarricense de Manuel es el camino de la democracia; para Manuel al socialismo solo se podría llegar con mayor democracia, no solo política, sino también social y económica.

Los sucesos de 1955, la intentona de otra guerra civil por la intervención armada desde Nicaragua por parte de calderonistas y llamados los coyotepes, tampoco contó con el apoyo de Manuel ni de su Partido, que procuraban dentro del espacio político nacional abrir cauces democráticos de participación y de recuperar las libertades políticas restringidas.

Fueron años de intensa lucha por la organización de los trabajadores urbanos y rurales. Cantidad enorme de huelgas se empezaron a desarrollar con la participación de los comunistas desde la clandestinidad.

Nuevamente fue reconstruida su organización sindical, la Confederación General de Trabajadores Costarricenses. Fueron años de lucha por la paz mundial a propósito de la Guerra de Corea, de la guerra en Indochina contra los franceses, de gran solidaridad internacional con la lucha nacional libertadora de gran cantidad de pueblos que durante estos años derrotaron el colonialismo en distintas regiones del mundo.

Estos años permitieron que ese extraordinario costarricense Joaquín García Monge facilitara con su compromiso por la justicia su nombre y su prestigio, para organizar primero un periódico llamado Adelante, para darle voz a los que después de la guerra no la tenían, y luego una organización política, el partido Progresista Independiente, para intentar la participación ciudadana de los que habían perdido en la guerra. El periódico Adelante lo cerraron en 1961 pero inmediatamente Manuel impulsó otro llamado Libertad, al que se vinculó hasta su muerte.

Durante el gobierno de don Mario Echandi, bajo las circunstancias del proceso integracionista centroamericano y de industrialización, amenazante para ciertos sectores tradicionales, se crearon condiciones para un acercamiento de Manuel y su Partido con el Gobierno, que se tradujo en tolerancia para su organización y oportunidad para abrir locales, los Centros Obreros de Estudios Sociales, y volver a ocupar espacios radiales para referirse a problemas del país. Pero también fueron de enfrentamiento con ese gobierno por la ruptura de las relaciones diplomáticas con la recién triunfante Revolución Cubana, para lo cual se creó la Sociedad de Amigos de la Revolución Cubana. Oportunidad hubo también de inscribir el Partido Acción Democrática Popular, con participación de los comunistas que llevó a la Asamblea Legislativa a Julio Suñol Leal.

A pesar de la tensa, represión y persecución, de estos años, se abrieron importantes compuertas para la lucha democrática en el país. A finales de los sesenta la crisis que atravesaban importantes sectores de cafetaleros y económicos nacionales hicieron que el propio gobierno del presidente Trejos Fernández le otorgara pasaporte diplomático para gestionar ventas de café en los entonces países socialistas. Así Manuel sirvió también a la Patria, al país y a sus grupos económicos más poderosos, haciendo de agente comercial internacional, cuando el país le demandó esta colaboración, aun cuando en el plano político interno le tenían limitaciones de participación electoral.

En estos años Manuel no solo era una personalidad política nacional sino también lo era en el plano internacional, a nivel del llamado movimiento comunista internacional y en los movimientos revolucionarios centroamericanos. Manuel está ligado a la fundación y desarrollo de organizaciones revolucionarias en Centroamérica, desde la década del 30 y en los 50s a la fundación del llamado Segundo Partido Comunista de Honduras. Las conferencias de Partidos Comunistas centroamericanos tenían mucha influencia del Partido de Manuel y de su talento e inteligencia. Cuando en 1961 se realizó la llamada Conferencia de los 81 Partidos comunistas del mundo, que valoró la situación internacional y enfrentó las posiciones que entonces enarbolaba el Partido Comunista de China, Manuel fue escogido, en una comisión de 5 miembros, para hablar en nombre de todos los Partidos de dicha conferencia con el Partido Comunista de China y con Mao Tse Tung. De los dirigentes comunistas de América Latina era de los de mayor trayectoria de lucha y de mayor prestigio reconocido.

Vino la década del 70, intensa de luchas nacionales, obreras y populares, y centroamericanas. Volvió Manuel al Congreso en el gobierno de Figueres a luchar por la derogación del segundo párrafo del Art. 98 de la Constitución Política que se aplicaba únicamente a los ciudadanos que eran o aparentaban ser comunistas para proscribirlos de su actuación electoral. En esta lucha, como en otras importantes, coincidió con Figueres, quien como presidente se empeñó en superar los odios y las pasiones del 48. A Figueres se le deben los monumentos unitarios a los caídos de los dos bandos, sus mensajes a volver a reunir la familia costarricense superando las pasiones del 48. Figueres como parte de esta nueva situación también se empeñó -con el apoyo de Manuel- contra viento y marea, contra las presiones internacionales de los Estados Unidos, por restablecer relaciones con la entonces Unión Soviética y algunos países socialistas y crear condiciones para la superación de la guerra fría en nuestro país.

Fueron también años de grandes huelgas de trabajadores y de universitarios en el país y de la insurgencia centroamericana, especialmente de la lucha en Nicaragua y el Salvador. El aporte de Manuel a la caída de Somoza es innegable si consideramos la presencia en esa lucha de la Brigada Fallas y de la Brigada Mora y Cañas, que con costarricenses de su partido y de otras fuerzas de izquierda, se sumaron a aportar su grano de combate en la caída del dictador, en el triunfo de la revolución sandinista y del ascenso revolucionario en Centroamérica. En esta lucha murieron costarricenses y miembros del Partido de Manuel.

En el plano político partidario desde la década del sesenta empezaron a desarrollarse otros grupos y fuerzas de izquierda en Costa Rica, que tuvieron siempre abiertas las puertas de Manuel, para su consejo, la discusión de las divergencias y sobre todo para encontrar los puntos de convergencia. Esta década culminó en este aspecto con el desarrollo de la organización electoral más grande de la izquierda desde 1948, que fue Pueblo Unido.

En el campo sindical enormes e importantes luchas se llevaron a cabo, pero especialmente culminó ello en el Comité Unitario Sindical, que buscaba con la presencia del Partido de Manuel, la unidad de todos los trabajadores del país.

La lucha por la defensa del proceso de la revolución sandinista llevó a Manuel, hace diez años, con setenta y cinco años de edad, al propio frente de combate, al río Coco, en Honduras, a enfrentar la llamada Contra nicaragüense. Allí llegó Manuel Mora enarbolando la bandera de su lucha y de su obra la revolución social en Centroamérica. Estos méritos, entre otros, le valieron por parte del Gobierno cubano el reconocimiento de la Medalla Playa Girón, por su aporte a la causa de la revolución.

El tiempo que siguió es poco conocido aún en detalles. En este período Manuel ha jugado un papel extraordinario en la lucha por la pacificación y la búsqueda de una solución política al conflicto centroamericano. Múltiples reuniones nacionales e internacionales con don Pepe, Fidel Castro y otras personalidades del país y del área llevó a cabo con este propósito. En este sentido, el Dr. Luis Burstin también sirvió de intermediario de Fidel, don Pepe y Manuel ante el Departamento de Estado, en búsqueda de esta solución política y pacífica para el problema militar en Centroamérica. Por ello no se ha dicho todo sobre la paz en Centroamérica.

Manuel Mora siempre tuvo presente el desarrollo institucional de Costa Rica. El socialismo en Manuel era la búsqueda constante de la democracia más plena, de manera que la lucha por la democracia era para Manuel la lucha por el socialismo, la lucha por el desarrollo institucional y democrático de Costa Rica era un camino para lograr esa sociedad mejor a la que aspiraba Manuel Mora. En este sentido su patria no se reducía a Costa Rica, alcanzaba Centroamérica, América Latina y el Mundo, porque su Patria no tenía las fronteras administrativas de Costa Rica, como bien dijo el señor presidente en la Iglesia de La Soledad el día de sus honras fúnebres, sino que su Patria alcanzaba las tierras donde hubiera una gota de injusticia social. Allí plantaba Manuel sus banderas de la redención social lo que lo hacía un hombre profundamente humanista e internacionalista.

Manuel Mora puede estar tranquilo de que sus ideas no cayeron al vacío. Mientras haya una gota de injusticia social, de pobreza, de miseria o de opresión; mientras haya el deseo de tener una Costa Rica más justa, más próspera, más democrática allí estaremos todos los que como Manuel creemos en una Costa Rica más democrática.

La Revolución, en Manuel, se reducía una palabra: SUMAR, no restar, no dividir. SUMAR, esa era la consigna y motivación política de Manuel, sumar conciencias, sumar voluntades para transformar democráticamente a Costa Rica. Y SUMAR democracia, como un camino necesario al socialismo.

Sin ninguna duda Manuel Mora estará permanente y cotidianamente incrustado en la historia nacional y en la vida de todos los costarricense aun cuando ellos mismos lo ignoren. En cada huelga, en cada organización sindical que se forme, en cada lucha campesina, en la lucha por el derecho a la Tierra, al Trabajo y al Techo, las tres T que preocupaban permanentemente a Manuel, en la lucha por desarrollar las libertades públicas y electorales, en las cuestiones inquilinarias, en la lucha por defensa de la soberanía e independencia nacional siempre estará presente la firma MANUEL MORA VALVERDE.

(Transcripción del único discurso pronunciado, en el acto fúnebre realizado el 29 de diciembre de 1994, a la salida de la Iglesia de la Soledad, publicado en Revista Reflexiones, de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Cota Rica, Nº 31, febrero 1995. ISBN 1021-1209, p. 16-28. y en mi Libro: “Tendencias en el movimiento obrero costarricense y otros artículos”, ISOLMA, 2014, p. 481-494. En diversas publicaciones y periódicos se reprodujo o se hizo un resumen de este.
Publicado en
surcosdigital.com el 31 de diciembre del 2020)

Manuel Mora Valverde y los comunistas: teoría y táctica para la revolución social en Costa Rica

Lenin Chacón Vargas

16 de junio 1931 – 16 de junio 2025. 94 años del Partido Comunista de Costa Rica

¿Fue Manuel Mora Valverde un reformista o un revolucionario consecuente?

Parte I

La teoría y táctica del Partido Comunista de Costa Rica

Para seguir la línea del pensamiento vivo de Manuel Mora Valverde, quiero recordar conceptos ideológicos explicados en junio de 1934, en una aguda y prolongada polémica en el Congreso de la República con el General Jorge Volio Jiménez, fundador del Partido Reformista y en la palabra de Manuel, podemos constatar, su clara comprensión sobre la importancia de luchar por reformas de diferente contenido y carácter, como parte de la táctica política, para avanzar en el propósito estratégico: la revolución por la que luchaban los comunistas en aquellos años, en claro enfrentamiento con el reformismo, que se queda anclado en el sistema económico y social que defiende el General Volio.

Manuel explica que, en la acción política, las reformas y la lucha por la revolución deben estar concatenadas, como procesos que no deben separarse, las reformas deben coadyuvar a la revolución social. Para darle coherencia y validez a esa táctica y estrategia, debe intervenir el Partido, usando todos sus medios para promover conciencia revolucionaria entre los diferentes sectores del pueblo, alentar su organización, asegurar el fortalecimiento de las organizaciones sociales y sindicales como aliadas seguras en la lucha revolucionaria.

En esas direcciones apuntó el pensamiento de Manuel y su trabajo parlamentario, unidos a la acción del Partido, de los sindicatos de trabajadores y de las organizaciones de campesinas. Eso fue así, en los intensos y acelerados acontecimientos de los años 40, que transformaron la vida nacional, cuando se conquistó mayor justicia, democracia política, cultural, social y económica, mayor justicia agraria para los campesinos y bienestar general para los trabajadores: garantías sociales, seguridad social, Caja Costarricense de Seguro Social, Universidad de Costa Rica, Código de Trabajo, Código Electoral, Ley de Fomento a la Producción, Ley de Inquilinato, entre muchas otras.

Esas reformas, convertidas en conquistas sociales, económicas y políticas, son el contenido esencial de la revolución social 1942-1948, que tuvo como desenlace la guerra civil de 1948, truncando la revolución que estaba en marcha. En 1945 se estableció un impuesto sobre el “ingreso” y para las elecciones de medio periodo se consolida la alianza de comunistas con el Gobierno de Teodoro Picado y para las elecciones de medio periodo de 1946. Esos acontecimientos despiertan aún más el malestar de la oposición, deciden entrar en una coalición Partido Social Demócrata y Partido Demócrata: Ulatismo y Figuerimo, Centro de Estudio para problemas nacionales y todo el conservadurismo en alianza a participar juntos en las elecciones de 1946 con los objetivos muy definidos según la plataforma del Partido Socialdemócrata:

1. Desplazar y excluir a los comunistas de la vida política

2. Poner fin al régimen de Calderón Guardia y Teodoro Picado

Ante la derrota en esas elecciones intensifican las acciones de calle y exigencia d de tomar el control sobre el Tribunal Electoral, lo que logran con la huelga de brazos caídos entre julio y agosto de 1947 a lo T. Picado cedió para poner fin a la huelga. El documento de arreglo no lo firman los comunistas. El Tribunal y el director de Padrón electoral quedaron en manos de la oposición. Desde donde se ejecuta el gran fraude electoral. Sobre este tema me extiendo en otro de mis artículos.

Parte II el partido, su tarea histórica

El Partido Comunista -aclara Manuel-, está “por el derrumbamiento efectivo de la organización social, refiriéndose a las relaciones económicas de producción capitalistas dominantes, con resabios semi feudales en las grandes haciendas agrícolas, ganaderas y compañías extranjeras”.

“El Partido -dice Manuel-, sus miembros, conocen exactamente su posición dentro del movimiento social contemporáneo, conocen de dónde vienen y para dónde van, porque el Partido Comunista coloca las jornadas eleccionarias en un plano secundario de la lucha y en cambio, coloca en primer plano la capacitación de las masas obreras para el derrumbamiento efectivo de la actual organización social”.

El comunismo y el reformismo se diferencian en que el reformismo, bajo la careta de tácticas distintas, es el mejor aliado que tiene el capitalismo. El reformismo dice que la redención de los trabajadores puede obtenerse paulatinamente esperando a que los capitalistas hagan concesiones; el comunismo sostiene que esas concesiones hay que arrancarlas al capitalismo.

El marxismo exige al Partido Comunista de cada país estudiar su propia realidad y proceder de acuerdo con ella. Precisamente en eso se diferencia el marxismo del idealismo. El marxismo es realista y no podría cometer la tontería de proceder de acuerdo con realidades supuestas, porque entonces iría al fracaso. El Marxismo Leninismo no es un dogma es una guía para la acción política. Su aplicación ortodoxa como un recetario lleva al dogmatismo, al sectarismo, se convierte en una especie de religión.

“Un Partido debe ser una agrupación bien unificada en la consecución de ideales precisos, y capaz de actuar con una táctica.”

Así, Manuel define las líneas generales de lo que ha de ser el Partido y la lucha por los ideales de la revolución que pregona.

En ese mismo discurso enfrentado a los ataques del Reformista Jorge Volio, define la posición de los comunistas frente a la propiedad privada, sobre la libertad, la religión, la moral, la democracia, la lucha de clases, el concepto de Patria, de Pueblo; en ese discurso, expone lineamientos esenciales del marxismo-leninismo. Deja claramente definidas las diferencias entre el pensamiento revolucionario y el reformista, expone la posición de los comunistas por transformar el sistema capitalista y construir mediante un proceso de lucha continua por la democracia, la justicia y el socialismo, frente al Reformismo que solo busca perpetuar el sistema capitalista.

En consecuencia, los comunistas propugnan un socialismo democrático, proclaman una sociedad de bienestar de vida digna para los diferentes sectores del pueblo trabajador, una democratización de la propiedad sobre los bienes de producción, y una distribución justa sobre la tenencia de la tierra, de la producción y la riqueza nacional. Una política tributaria en la que el rico pague como rico y el pobre como pobre.

Manuel sigue en su discurso y denuncia que, “Los supuestos defensores de la democracia en Costa Rica (se refiere a los diputados de los partidos burgueses de la oligarquía) están amontonando sobre ella, teorías y argumentaciones absurdas y le van a asfixiar, le van a dar muerte. Cuando el pueblo les diga: “¿dónde está la democracia cuya defensa os encomendé?” Ellos le mostrarán al pueblo el cadáver de la democracia”. (Discursos MMV, pág. 87).

Como realmente ocurrió después de la Guerra Civil de 1948 con la instauración de una dictadura, autoproclamada II República, entre mayo de 1948 y noviembre de 1949, periodo para el cual dicho régimen creo los “Tribunales de Probidad y de sanciones inmediatas” para perseguir y procesar a los vencidos, se mutilaron libertades republicanas, ilegalizaron y reprimieron a los comunistas, tal cual era un objetivo principal del pacto Figueres – Ulate. Y jamás la pureza del sufragio, lo que quedó claro con el fraude perpetrado por ellos en febrero de 1948 y posteriormente la ilegalización y persecución del Partido Vanguardia Popular y sus militantes (decreto 105 de José Figueres y el artículo 98 de la constitución política).

En la posguerra vinieron largos y complicados días y años de lucha por las libertades públicas y republicanas, de luchas intensas por la libertad de sufragio y por la democracia política en las que Manuel, como el que más, juega un papel de primer orden.

Cualquiera que haga un repaso sobre la historia política de Costa Rica 1948– 1976, puede darse cuenta de que quienes más lucharon por la defensa y ampliación del régimen democrático fueron los comunistas con Manuel Mora al frente.

Continua Manuel, “La burguesía rompió la organización feudal, la de los príncipes y los barones de sangre azul, bajo las consignas de libertad, igualdad, fraternidad.

Esas consignas les sirvieron de base y ahora les sirven de estorbo, porque, aunque sea en una mínima parte, la clase antagónica las aprovecha pues, para destruirlas.” (Discursos MMV, pág. 27)

Eso fue lo que hicieron en los 18 meses del régimen Figuerista, desde mayo de 1948 a noviembre de 1949. La Libertad, la igualdad, la fraternidad les estorbó siempre como sucede en la actualidad, en que las clases dominantes con sus cámaras patronales, el Poder Ejecutivo y la mayoría de parlamentarios se esmeran en destruir las libertades públicas. La “igualdad” es decir el Estado social democrático de derecho, y la “fraternidad”, en sus políticas mezquinas y leyes injustas, orientadas a descargar el peso de las crisis sobre las espaldas de la clase trabajadora, de los asalariados, de los sin trabajo, de los pobres, de los desposeídos.

Parte III Revolución versus Reformismo

En ese debate político e ideológico que se desarrolla en el Parlamento sobre

Revolución versus Reformismo, Manuel expone su posición sobre el Reformismo, que encarnaba el General Jorge Volio, lo hace de una manera sencilla y al mismo tiempo profunda, “¿Qué es la Revolución Social?” se pregunta Manuel y continua: Quiero aclarar el concepto de revolución social que yo he usado en esta Cámara y que tanto ha escandalizado a unos cuantos señores ignorantes a pesar de ser jefes de partido, que aquí se sientan. Y lo aclaro, no porque me interese el error de esos señores, sino porque ese error ha trascendido a un sector de la clase obrera en forma desorientadora; y orientar a la masa obrera sí es importante para nosotros. Revolución social no significa para nosotros motín, ni cuartelazo. El motín o el cuartelazo podrían ser el comienzo o la culminación de la revolución social, pero no la revolución social. El cuartelazo, o se traduce en crimen improductivo o termina en el cambio de títeres que están al frente del Gobierno. La revolución debe tener una trascendencia más grande: debe transformar la estructura misma de la sociedad. Cuando una máquina está inutilizada, no va a funcionar bien con solo cambiarle de maquinista. Es necesario componer la máquina, transformarla quizá completamente. Pues la sociedad es una especie de máquina que en este momento está funcionando mal porque está totalmente desequilibrada en su mecanismo. Cambiar de gobernantes burgueses es cambiar de maquinistas. Nosotros queremos algo más efectivo que eso. El golpe de Estado produce un simple cambio de hombres; (verbigracia, José Figueres dio Golpe de Estado el presidente constitucional Teodoro Picado en marzo-abril de 1948). La revolución social tiene que producir un cambio total del régimen. La revolución social, en consecuencia, no se realiza con solo ganar el poder. Hay que llegar al cambio total del organismo social. Y aclaro más mis conceptos: en Rusia, por ejemplo, hace dieciséis años que el Partido Comunista tomó el poder. Sin embargo, nosotros no creemos que todavía esté realizada integralmente la revolución social en Rusia. Se está haciendo y se terminará. Es decir, que el golpe de estado bolchevique no es para nosotros la revolución verdadera en Rusia. Cada una de las medidas de carácter económico, científico, cultural, que posteriormente ha adoptado el Estado obrero ruso, (PODER DE LOS SOVIET) sí son pasos hacia la revolución social. Cuando en Rusia hayan sido abolidas todas las supervivencias del antiguo régimen, régimen inicuo de explotación y de muerte, entonces estará hecha la gran revolución. Es bueno que agregue lo siguiente: cuando se gestaba el golpe de estado bolchevique, el Partido Comunista ruso tuvo necesidad en muchas oportunidades de frenar los movimientos revolucionarios que espontáneamente se manifestaban en la masa. En Costa Rica, el mismo papel le ha tocado jugar al Partido Comunista en varias ocasiones. ¿Por qué? Porque nosotros no pretendemos simplemente tomar el poder como sí lo pretende el General Volio; si el poder no nos ha de permitir realizar los anhelos de la humanidad oprimida, no queremos el poder. Además, porque nosotros creemos que cada cosa tiene su oportunidad y que la toma del poder no se puede realizar cuando a los dirigentes de un partido se les ocurra, sino cuando las condiciones sociales, objetivas y subjetivas, lo exijan (cuando se den las condiciones de una situación revolucionaria según las enseñanzas de Vladimir I. Lenin). ¡Nosotros queremos la revolución social! Nosotros adversamos el charlatanismo cuartelario de que ha sido promotor en tantas ocasiones.”

Sus conceptos, serán una constante en el discurso de Manuel Mora y del Partido a lo largo de su militancia. Así definía Manuel el concepto Revolución, como luchar por ella y la necesidad de identificar los factores objetivos y subjetivos que deben valorarse para impulsar la revolución. Ese concepto esencial del pensamiento Leninista. Eso me lleva a reflexionar lo que vino después de la muerte de Vladimir l. Lenin el periodo no de una dictadura del proletariado, sino la dictadura de un hombre José Stalin.

Y pensar sobre el presente en las organizaciones populares de izquierda que conquistaron del Poder, proclamaron revoluciones, pero sin cambios revolucionarios. Razón lleva Manuel cuando nos recuerda que no basta el Poder.

Es evidente que Manuel, ya había estudiado a V. I. Lenin sobre la Teoría dela Revolución y sobre la situación revolucionaria.

Esos factores objetivos y subjetivos necesarios para la revolución se discutieron muchos años después de este discurso, en 1981, en el Comité Central del Partido, sobre los factores objetivos y subjetivos de la revolución, sobre la existencia o no de una situación revolucionara en la Costa Rica de los primeros años de la década de los 80. Las discusiones revelaron discrepancias sobre ese tema, que unidas a la decisión de un congreso para sustituir a Manuel Mora de la Secretaría General, tuvieron como desenlace la dramática división de los comunistas costarricenses.

La gestación, evolución y consecuencias de los acontecimientos que dividieron a los comunistas costarricenses, las abordo en un capítulo aparte de mis memorias militantes.

Esos conceptos de revolución y reformas, a lo largo de la vida del Partido formaron parte de los debates, las luchas y las discrepancias. Normal en la vida de un partido revolucionario. Pero cuando se imponen métodos de ordeno y mando que rebasan la democracia interna y no se organiza y abre el debate con amplia participación de las bases, conduce a la negación misma del centralismo democrático, imponiéndose el centralismo, negando la democracia, privando a las bases de participar del debate, mucho de eso sucedió en el Partido que había concebido Manuel y que construimos con sudor y sangre varias generaciones de comunistas, modelo que finalmente sucumbe.

El partido se creó para la lucha y para la revolución

En 1984, 50 años después de aquel discurso de Manuel, con un Partido dividido y debilitado, Manuel nos explica su pensamiento sobre revolución y reformas.

“Mi conciencia, forjada en los principios científicos del marxismo-leninismo, me permite aceptar que se me considere el fundador del Partido Comunista de Costa Rica. Permítaseme usar un símil para dar mayor claridad a mi pensamiento: imaginen que un grupo de muchachos se encuentran con un río y deciden atravesar sus aguas con conceptos que no son los tradicionales, pero que corresponden a los nuevos avances de la ciencia, sería absurdo decir que esos muchachos inventaron o cruzaron el río, para no decir que lo fundaron. Este Partido nuestro, es hijo legítimo de un largo y fecundo proceso histórico cuyos valores se hunden en la carne y en el espíritu de nuestro pueblo. Un grupo de obreros y estudiantes y yo personalmente vimos con claridad, hace cincuenta años, que había llegado la hora de que nuestro pueblo comenzara a concentrarse en la construcción de un nuevo régimen social.

Comprendimos desde el primer momento que la tarea no iba a ser fácil ni corta, que tendríamos que enfrentarnos en primer lugar, a la ignorancia de nuestras grandes masas populares, a una verdadera montaña de prejuicios sociales y filosóficos, al egoísmo sórdido de nuestras clases dominantes y al imperialismo. Pero no dudamos en comprender la lucha, absolutamente convencidos de que lograría conducir al pueblo a grandes batallas y a grandes victorias, ya que la revolución se rige por leyes y no depende de la voluntad, ni menos del capricho, de los poderosos.

27 años fuera de ley por no doblegarnos

“No fundamos un partido electoral. Fundamos un partido revolucionario, lo que quiere decir que no nos proponemos construir una maquinaria para cazar votos, destinada a cambiar presidentes y diputados cada cuatro años, sino una organización fuerte, capaz de conducir a la clase trabajadora y al pueblo en la lucha por transformar el régimen económico-social establecido. Conforme a ese criterio hemos intervenido en procesos electorales (como táctica y estrategia hacia la revolución) y hemos elegido diputados y munícipes que en los parlamentos nunca se han doblegado ni ante los capitalistas, ni ante los terratenientes, ni ante el imperialismo. Por eso, precisamente, nos mantuvieron alrededor de 27 años fuera de ley, pero desde la clandestinidad continuamos luchando, creciendo. El pueblo nos vio siempre al frente de las grandes luchas sin ninguna vacilación. Los oligarcas y las compañías imperialistas también sintieron la fuerza de nuestro puño y convencidos de que no podían liquidarnos como lo habían anunciado, financiaron y desataron grandes campañas de calumnias contra nosotros, creyendo que de esa manera el pueblo nos abandonaría. Pero se equivocaron. El pueblo ha visto nuestra lucha, nuestros hechos a lo largo de los años, y esa lucha y esos hechos han tenido y siguen teniendo más peso que la mentira de nuestros enemigos que precisamente son los enemigos del pueblo. Por eso con la ayuda de la mayoría del pueblo, es decir, con el apoyo efectivo de las grandes masas populares, recuperamos nuestra legalidad.”

Nuestros triunfos se traducen en batallas ganadas a los grandes explotadores.

“Al cabo de los años, podemos presentar un balance muy positivo de nuestra lucha. Claro que ese balance no puede medirse nunca por los resultados electorales. Nuestros triunfos se traducen en batallas ganadas a las clases explotadoras y al imperialismo en favor de nuestro pueblo y en defensa de la soberanía de nuestra Patria; se traducen en avances efectivos por el camino de la revolución. Podemos decir que hemos echado las bases del verdadero movimiento obrero y revolucionario en nuestro país, que hemos logrado aclarar y fortalecer la conciencia de nuestra clase trabajadora, que hemos aclarado y desarrollado la conciencia anti imperialista de nuestra clase trabajadora y de nuestras capas medias, que hemos logrado arraigar en nuestra clase trabajadora el espíritu del internacionalismo proletario, que hemos logrado darle sentido realista a la lucha revolucionaria y librado una lucha franca contra el sectarismo y el oportunismo.

Todas estas son conquistas revolucionarias que nos da mucho orgullo porque ellas constituyen los verdaderos instrumentos de la revolución.”

Queda claro que Manuel en teoría, su discurso político y su acción fue un revolucionario consecuente e inclaudicable.

Después de la división de los comunistas 1983-1984, la tarea histórica que se había propuesto Manuel Mora Valverde y el partido quedó trunca. Sigue pendiente.

Tarea que han de enarbolar nuevas generaciones desde una izquierda audaz, flexible, realista, capaz de las alianzas necesarias para avanzar en pos de un proyecto político nacional progresista y saber forjar la alianza más importante con los trabajadores y las trabajadoras de la ciudad y el campo y con las juventudes, en busca de un camino hacia la construcción de un proyecto político nacional democrático, popular, progresista revolucionario.

La negociación como táctica revolucionaria: China le da la razón a Manuel Mora

Mauricio Ramírez

Mauricio Ramírez Núñez
Académico

En la década de los ochenta, en plena Guerra Fría y ante la sombra de una posible aniquilación nuclear, el benemérito de la patria costarricense, Manuel Mora Valverde, planteó en un simposio en Alemania una tesis audaz: la negociación debía entenderse como una fase superior de la lucha de clases. Su afirmación, lejos de ser una claudicación ideológica como algunos pensaron, era una lectura estratégica y profundamente dialéctica del momento histórico. Pero muchos no lo entendieron. Encerrados en los dogmatismos de la Guerra Fría, acusaron a Mora de traicionar principios, como si hablar con el enemigo fuera rendirse a él. Una lógica absurda. Tan absurda como suponer que la negociación de la crisis de los misiles de 1962 volvió comunista a Estados Unidos o capitalista a la Unión Soviética.

Hoy, en el siglo XXI, donde aquellos esquemas binarios han perdido toda utilidad política real, la experiencia china ha venido a reivindicar esa tesis de manera práctica y contundente, dando la razón al benemérito de la Patria. No desde la teoría, sino desde la acción concreta. Con una visión estratégica y sin renunciar a su proyecto de una civilización socialista con características propias, China ha hecho de la negociación una herramienta de afirmación nacional y de proyección global.

Las recientes conversaciones sostenidas en Suiza entre el viceprimer ministro chino He Lifeng, el secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent y el representante de Comercio Jamieson, para enfrentar la guerra de aranceles desatada unilateralmente por la administración Trump, son un ejemplo elocuente de cómo se negocia sin claudicar. China no se sentó a la mesa desde la sumisión, sino desde una posición de fuerza estratégica, consciente de su peso económico global y de su rol como actor central en la estabilidad mundial.

El resultado habla por sí solo: una tregua de 90 días en la guerra comercial y una significativa reducción mutua de aranceles; Washington bajará sus tarifas del 145% al 30%, y Pekín del 125% al 10%. No se trata de concesiones graciosas, sino de logros concretos producto de una diplomacia realista, que entiende que en la lucha de clases global la negociación no es traición, sino táctica revolucionaria cuando se hace desde la soberanía y con claridad estratégica.

Esta lección no nace de la ingenuidad, sino de una lectura lúcida de las correlaciones de fuerza, del sentido del momento histórico y del valor de preservar condiciones de desarrollo frente a la hostilidad imperial. China, como lo advirtió Manuel Mora en su momento, demuestra que, en ciertos contextos, negociar es también una forma superior de luchar.

En un mundo en crisis múltiple (económica, política, ecológica y espiritual), la vieja lucha de clases no ha desaparecido, simplemente ha mutado de formas y escenarios. Hoy no solo las minorías son vulnerables; también lo son las grandes mayorías. La clase trabajadora, las comunidades rurales, los sectores populares urbanos, clases medias, etc., todos enfrentan nuevas formas de exclusión, precarización y desarraigo. Y mientras los pueblos son empujados a pelear entre sí, mayorías contra minorías, pobres contra pobres, las élites económicas y culturales celebran su victoria: nos mantienen divididos, confundidos, y sin dirección. En esa fragmentación inducida se produce su mayor victoria: la neutralización política efectiva de cualquier oposición que amenace el orden establecido.

Por eso la tesis de Manuel Mora cobra renovada vigencia. Porque entender la negociación como fase superior de la lucha de clases no implica renunciar a los principios, sino releerlos en clave estratégica, adaptarlos a nuevas condiciones sin diluir su contenido emancipador. Los principios permanecen, lo que cambia es el terreno donde se libra la batalla. Solo un pensamiento político maduro puede entender esto. Solo una izquierda o social democracia libre de dogmas puede asumir esta tarea sin culpa.

China, sin hacer ruido ideológico, ha mostrado que es posible. No se ha rendido ante el capitalismo global, pero ha sabido utilizar sus grietas para avanzar usando sus mismas reglas. Ha negociado, sí, pero no para someterse, sino para fortalecer su soberanía, su economía y su modelo. El resultado: millones de personas sacadas de la pobreza, infraestructuras transformadas, y un proyecto de nación que combina tradición, modernidad y futuro.

Esa es la lección: negociar no es rendirse. Negociar con visión, con estrategia y con firmeza, es también luchar en una forma superior. Es prolongar la lucha de clases por otros medios cuando las condiciones lo exigen. Es evitar el sectarismo inútil que solo sirve al enemigo. Es resistir con inteligencia y construir con realismo. Es, como decía Mora, elevar la lucha a un plano más complejo y eficaz, sin perder el horizonte de justicia social, la paz y la dignidad humana.

Manuel Mora: In Memoriam

Roberto Salom E.

A partir de los años setenta formé parte de un movimiento social o sociopolítico más propiamente dicho, que, sin estar confrontado al Partido de Manuel Mora, aspiraba a ser un émulo crítico de ese partido.

A principios de esa década, al calor de la revolución cubana, del conflicto chino-soviético y de otros acontecimientos relacionados, se produjo en Costa Rica, al igual que en otros países centroamericanos, una especie de eclosión revolucionaria, especialmente entre sectores de la pequeña burguesía estudiantil e intelectual, que le imprimieron una nueva dinámica al movimiento de izquierda.

El movimiento del cual formé parte se constituyó en el Partido Socialista Costarricense, desde su nacimiento hasta su ocaso, unos veinte años después de su fundación. Una de las principales tesis que discutíamos con el partido de Manuel Mora estaba relacionada con el problema del poder.

Le achacábamos a ese partido y en particular a don Manuel, una ausencia de lucha por el poder en su práctica y en sus planteamientos. Creíamos entonces que ese era un problema decisivo que nos haría darle un impulso determinante a la revolución social en nuestro país.

Al calor de las discusiones que se dieron por aquella época en el seno de la izquierda, tuvimos nuestras primeras impresiones del viejo líder comunista y aprendimos a quererlo y a respetarlo. Con mucha más madurez personal y política que nosotros, nunca nos antagonizó gratuitamente y más bien, siempre nos dio un trato fraternal.

Desde otras tiendas políticas, la percepción que se tenía del partido de Manuel Mora, y en particular de él mismo, contrastaba con la nuestra. Ya se ha dicho en repetidas ocasiones cómo para un líder de la clase política de este país, de la envergadura de Daniel Oduber, la reforma social de los años cuarenta no hubiera sido posible, si no fuera por el reto de las ideas de don Manuel, (Reflexiones No.31, p.6).

Hoy día, más que su propio partido, el nombre de Manuel Mora está asociado a todas las instituciones sociales de Costa Rica sin excepción; las cuales hicieron posible, en mucho de lo que tiene de positivo, la democracia y la relativa paz social, que a diferencia del resto de los países centroamericanos, han caracterizado la convivencia social en nuestro país desde el fin de la guerra civil de 1948 hasta nuestros días.

Ya sea de manera directa, por medio de sus propias iniciativas y concepciones, o como resultado indirecto de su lucha, las instituciones sociales de este país llevan el sello de Manuel Mora Valverde.

Hoy tenemos la oportunidad de revalorar la trayectoria política de este incansable y visionario luchador social de toda la vida. He llegado al convencimiento, de que una de las principales enseñanzas radica en su capacidad de realizar o poner en práctica sus ideas transformadoras, habiendo sido capaz, para ello de unir a fuerzas políticas y sociales muy amplias, por encima de las diferencias ideológicas que entonces pudieran existir entre ellas.

Manuel Mora demostró que en Costa Rica era posible impulsar grandes transformaciones sociales, en aras de una convivencia social más justa y civilizada, valiéndose del marco institucional, para ampliar el régimen de derecho y sentar así las bases para impulsar una democracia más avanzada, en la que las propias fuerzas socialistas tuvieran un espacio. Paradójicamente, como resultado de la guerra civil de 1948, el Partido Vanguardia Popular fue proscrito constitucionalmente, hasta que a principios de la década de los 70, se abolió el segundo párrafo del artículo 98 de la Constitución Política.

Para decirlo en el leguaje de Gramsci, Manuel Mora entendió la lucha social, más como una larga lucha de trincheras, que como una episódica guerra de posiciones, que se libra de una vez por todas, en un momento determinado. Por eso fue un luchador de toda la vida y sin temor a incurrir en excesos, nos atrevemos a decir que Manuel Mora encarnó el espíritu del luchador social por excelencia. Con visión estratégica, supo librar en cada ocasión los combates decisivos para la construcción de la institucionalidad democrática de nuestro país; pero también para la construcción de la conciencia colectiva y de la identidad nacional durante los últimos cincuenta años.

Manuel Mora conoció durante su vida política, todas las formas de lucha, y no rehuyó los combates decisivos, incluso con las armas en la mano, cuando entendió que las conquistas sociales de los años cuarenta estaban amenazadas, en la compleja coyuntura del 48. No le faltó temple ni entereza para colocarse a la cabeza de su partido después del exilio; para levantar de nuevo la lucha social y consolidar las reformas sociales de los años cuarenta y a la vez, buscar nuevos derroteros en los difíciles años de posguerra.

Supo privilegiar por encima de cualquier programa, al movimiento social real, para decirlo a la manera de Marx, lo cual revela una concepción de lucha muy realista y, además, muy auténtica. Nunca se dejó eclipsar por aquellas concepciones infértiles, si las juzgamos a la luz de los acontecimientos del mundo socialista antes de 1989, que privilegiaron la lucha por el poder, independientemente del desarrollo real de movimiento social. Ello implica, como en efecto lo hizo don Manuel, poner todo su empeño en el desarrollo del movimiento social de los trabajadores.

Al respecto conviene traer a colación a uno de los más autorizados pensadores socialistas, Adam Schaff, para quien una de las principales trampas en que cayó el movimiento socialista, en esa tradición de lucha, que se constituye con el triunfo de la Revolución de Octubre, fue precisamente el voluntarismo, (1993, Pp. 156-19). Esta actitud voluntarista condujo a buena parte del movimiento socialista del pasado siglo XX a subestimar, tanto las condiciones materiales, es decir, socioeconómicas, como los llamados factores subjetivos, es decir, la conciencia y la disposición de los trabajadores para luchar por la sociedad socialista y más aún, para participar activamente en la construcción de esa sociedad.

Lo anterior explica por qué, en nombre del socialismo se cometieron las peores atrocidades; así como por qué la construcción de la sociedad socialista no caminó de la mano con la construcción de la democracia, sino que, casi invariablemente, se constituyó en un Estado autocrático y autoritario que constreñía a la sociedad civil.

Justamente en esto Manuel Mora fue una de las pocas pero importantes excepciones, pues no solo fue un notable constructor de la sociedad civil y de la conciencia ciudadana, sino aún más, abominó del poder si ello lo alejaba de la posibilidad de alcanzar los anhelos de las masas oprimidas, (Reflexiones No. 31, P. 11).

En lo personal, Manuel Mora nunca estuvo obsesionado por la lucha por el poder político, pero en cambio nos legó más en el plano de la lucha social y del desarrollo de la conciencia y de la identidad social de este país que ningún otro dirigente político de izquierda.

Este legado está materializado en las conquistas sociales de los años 40 principalmente, así como en un sentido constructivo y propositivo en la edificación de una Costa Rica más justa, en la que se debían contemplar los derechos de los trabajadores a su organización, a la salud, a una vivienda digna, a la tierra, y a mejores condiciones de vida en general.

De este sentido constructivo careció en muy buena medida el movimiento de izquierda de los años 70, lo cual no implica desconocer el espíritu de lucha, la abnegación, la entrega, la generosidad y hasta el heroísmo que caracterizó a la mayor parte del movimiento de izquierda de las décadas de los años 70 y 80 del siglo XX. Por eso no sobrevivió a su crisis, porque no encontró su propia identidad, careció de autenticidad, de proyección, de visión de futuro, de una concepción capaz de luchar, no solo por la defensa de las conquistas sociales, desde entonces cada vez más amenazadas, sino por ampliar esas conquistas sociales y la democracia.

Se ha dicho que Manuel Mora tuvo el mérito de haber comprendido el sentido de su época, (Reflexiones No. 31, P. 5), más que eso, para nosotros contribuyó como el que más, a darle sentido a su época. Por todo ello, Manuel Mora fue más que un luchador social, un líder político con una amplia y profunda visión y proyección social. Su obra sociopolítica trasciende al movimiento de izquierda costarricense, por la universalidad de su pensamiento y la generosidad de su entrega; por eso fue querido y respetado ampliamente en nuestro medio social y político. Pero la figura de Manuel Mora, también tuvo una gran proyección en el plano internacional, específicamente en la compleja coyuntura de la crisis centroamericana de la década de los años 80; así como en el plano del movimiento comunista internacional.

BIBLIOGRAFÍA

Revista Reflexiones. Facultad de Ciencias Sociales, UCR, Febr. 1995, nº 31.

Schaff, Adam: Humanismo Ecuménico. Editorial Trotta S.A., 1993, Madrid.

Los Tribunales de Probidad y de Sanciones Inmediatas

Lenin Chacón Vargas*

Los Tribunales de Probidad y los Tribunales de Sanciones Inmediatas se crearon por decretos en mayo de 1948 y se disolvieron por decreto en noviembre de 1949.

Se crearon y funcionaron durante la postguerra de odios exacerbados, espíritu de venganza y ambiente de violencia política, a la sombra de un gobierno de facto que gobernó como dictadura.

Entre las obras de la historiadora, profesora e investigadora de la Universidad de Costa Rica, Claudia Quirós Vargas, me interesa destacar su libro “Los Tribunales de Probidad y de Sanciones Inmediatas”, de la Editorial Costa Rica. En esta obra de historia política, jurídica y social Quirós Vargas nos habla de causas y objetivos de la creación de estos Tribunales, los mecanismos y procedimientos legales aplicados, personas sobre las que tuvieron jurisdicción, resultados de los juicios seguidos, las sanciones decretadas y los beneficios aportados a los ciudadanos y al Estado.

Según la autora, “este Tribunal va a tener su proyección en el campo de la estrategia política, porque coadyuvará a la realización de dos objetivos, el primero, asegurar la estabilidad de la Junta de Gobierno; el segundo, decidir la inmediata proscripción del Partido Comunista”. pag.17.

Partiendo de esos dos objetivos que señala la historiadora, me permito hacer la siguiente reflexión.

Con la sublevación sediciosa de Figueristas y Ulatistas José Figueres da el Golpe de Estado al presidente Constitucional Lic. Teodoro Quirós y se instala como presidente de facto. Quien había prometido “libertad electoral y rescate de la democracia” para justificar su levantamiento armado, ahora en el poder incumple los pactos, crea los Tribunales y promulga los decretos para la represión, encarcelamiento y exilio contra quienes habían pactado con él la finalización de la Guerra Civil de 1948. ¡Olvidó sus consignas libertarias!

¿Ironía del destino de José Figueres, acompañada de sarcasmo? Hay que leer su libro “El Espíritu del 48”, para entender los intereses bélicos, políticos, los métodos de terror, campañas de miedo y falacias utilizados desde 1942 a 1949 y en la posguerra las tergiversaciones de acontecimientos históricos y de los beneficios obtenidos para la Patria y los trabajadores con la revolución social entre 1940 y 1948.

El decreto 105 de junio de 1948, ilegaliza al Partido Vanguardia Popular y más de 150 sindicatos. En ese proceso de ilegalización y disolución de sindicatos y la Confederación de Trabajadores de Cosa Rica, participa activamente el Presbítero Benjamín Núñez que era ministro de Trabajo, el mismo que por mandato de su General José Figueres Ferrer, firmó el pliego de Garantías del Ejército de Liberación Nacional al Partido Vanguardia Popular para el desarme y poner fin a la Guerra Civil. Pliego que fue entregado a Manuel Mora Valverde en la Embajada de México el 19 de abril de 1948.

Con esos decretos y esos Tribunales se inaugura un largo periodo de persecución política y mutilación de las libertades públicas republicanas, de las propias garantías sociales constitucionales, negando a miles de costarricenses el derecho al sufragio, la libertad política electoral, la libertad de prensa, de pensamiento, de reunión y de organización sindical y política, el derecho a huelga y la convención colectiva, se promueve el exilio de Manuel Mora Valverde y Carmen Lyra, el encarcelamiento y exilio de militantes del Partido Vanguardia Popular.

La historiadora Claudia Quirós en su libro nos dice: “Mi interés en este tema se fundamenta en que este, como otros tópicos relevantes del periodo no ha sido investigado. Considero que es aquí donde radica la importancia de mi trabajo que, por supuesto no pretende agotar ni decir la última palabra al respecto, mi objetivo primordial es motivar a otros investigadores a que profundicen en este tema, y no dudo contribuirá a dilucidar la Historia contemporánea de nuestro país”.

Creo que mucho se ha avanzado con los nuevos historiadores e investigadores en lo que va de este siglo y aún falta mucho por hacer.

Algunos juristas costarricenses, por ejemplo, el Lic. Vargas Fernández, en el debate sobre estos Tribunales argumentó que eran: “un gran error del Gobierno, que representan un regreso a la Edad Media”.

Para el Lic. Fernando Guier Esquivel … se asemejan a organismos de la “Santa Inquisición”.

El Lic. Celso Gamboa, diputado de la Constituyente, expresó: “Ya en la práctica había llegado al convencimiento de que se procedía tan solo animados por odios y venganzas; que los asuntos se resolvían a base de pasión, de intrigas, de mezquinos recursos”.

No hay duda de que esos Tribunales y los objetivos señalados dieron pie para legalizar la persecución y la violencia política, extender las prácticas arbitrarias y provocar crímenes políticos, como el Crimen del Codo del Diablo, donde fueron asesinados Tobías Vaglio, Lucio Ibarra, Federico Picado, Octavio Sáenz, además de un nicaragüense de apellido Sotomayor, y Don Carlos Aguilar.

El crimen cometido contra Horacio Montiel, Edwin Vaglio, Mónico Hernández, presos en la Penitenciaría Central por decisión de esos Tribunales, sacados y llevados hasta el lugar conocido como La Cangreja, donde fueron cruelmente asesinados los tres militantes comunistas.

Me parece importante transcribir un párrafo que se lee en la contraportada, en el que dice la autora: “Reconocemos con profundo desengaño que la corrupción administrativa no es nueva en nuestro país, y lo que más desalienta es saber que el Tribunal de Probidad más bien fue otro instrumento de corrupción, dado que por su medio se enriquecieron otros sectores de la sociedad. Y que por tal razón este Tribunal no tuvo trascendencia ni proyección histórica. De lo contrario, cómo explicarnos la persistencia del peculado, la malversación de fondos, las estafas, el soborno, la extorsión, el contrabando etc. de las administraciones posteriores a 1948 y tan en boga en el presente”.

En la página 9 la autora dice “A la memoria de Carlos Luis Fallas, (Calufa) el líder popular que en los momentos más adversos mantuvo su honestidad y supo ser fiel a sus ideales”. Un emotivo reconocimiento al líder que los Tribunales llevaron a la cárcel por haber robado unas gallinas para alimentar a su tropa.

Vale recordar que ningún comunista fue encontrado culpable de corrupción ni actos criminales. La Historia más bien reconoce a Carlos Luis Fallas por evitar el fusilamiento de algunos alzados detenidos en la guerra y destaca haber salvado la vida del señor Fernando Ortuño Sobrado soldado en las filas figueristas durante la guerra civil

Creo que hoy se puede afirmar que el juicio de la Historia reivindica a los políticos y militantes ilegalizados, perseguidos, a los clandestinos y clandestinas, entre 1948 y 1970 y terminaron absueltos.

Por el contrario, la Historia nos enseña que lo que se llama “Junta Fundadora de la II República” o “Gobierno de facto que gobernó como dictadura”, y sus integrantes y subordinados, actúo con violencia política contra sus adversarios y les negó las libertades que prometían defender.

No hablo de sentencias o declaraciones de culpabilidad, hablo del reconocimiento histórico justo a la probidad de los comunistas, entiéndase: honradez, integridad y rectitud en el actuar.

Debe reconocerse la reivindicación de daños morales y perjuicios a quienes fueron perseguidos y encarcelados sin existir delito, lo que enaltece aún más la limpia trayectoria histórica de los comunistas.

Una vez estando preso por razones políticas en Parrita, en marzo de 1964 recibí de mi Padre un telegrama, que dice, «prisión, cuando no hay delito enaltece al hombre, junto con ustedes me siento orgulloso, abogados en acción» días después los cinco detenidos fuimos absueltos. Los carceleros eran excombatientes Figueristas.

Para terminar, quiero conmemorar a todas y todos los que alguna o muchas veces estuvieron en prisión en el periodo de los Tribunales de Sanciones Inmediatas y en los tiempos de la posguerra sin causa penal, que los días o meses de cárcel los enaltezca, debemos sentir orgullo de la vida militante.

A seguir caminando, viendo en el horizonte la utopía.

¡Por memoria, por verdad y por justicia, nunca olvidar!

*Militante comunista 1961 1991, en el presente militante sin Partido.

12 de abril de 2024.

El proceso revolucionario de un país tiene etapas

Extracto de un discurso recuperado de finales de los años 70 y principios de los 80, del benemérito de la Patria, Manuel Mora Valverde.

Yo no voy a extenderme en esto, solo diré lo siguiente: el proceso revolucionario de un país tiene etapas, nosotros somos socialistas, es decir, nosotros queremos construir el socialismo, que es una forma muy avanzada de vida social que nadie puede pretender precipitar. Eso tiene que levantarse no solo sobre una transformación de la economía, sino, sobre todo, sobre una gran transformación de la cultura, sobre una gran elevación de la conciencia humana. En un país pequeño y atrasado económicamente como Costa Rica, usted no puede saltar al socialismo sin pasar por etapas, no se puede construir el socialismo de esa manera. No faltan ilusos, sobre todo, gente muy joven que diga si, pero no, no se puede, eso es una ciencia.

En la etapa actual, ¿qué es lo que tenemos que construir? En primer lugar una democracia muy amplia, que no sea solamente un conjunto de principios estampados en la constitución, sino, un conjunto de realizaciones que le den vida a esos principios. Por ejemplo, el código de trabajo y las garantías sociales es darle contenido democrático, con todas las limitaciones que ustedes quieran. Así que en primer lugar, tenemos que construir un verdadero régimen democrático, no democrático en la palabra; de libertades que en la práctica son mentira, no. Pero por encima de todo, tenemos que conseguir nuestra libertad de acción frente al imperialismo, porque el imperialismo en todos estos países es una fuerza que interviene en todo.

Nuestra revolución debe hacer retroceder al imperialismo, hacer a nuestro pueblo dueño de sus recursos naturales, que nuestros recursos naturales no sean de los monopolios internacionales, construir gobiernos independientes que no sean meras fichas del departamento de Estado, construir un movimiento popular poderoso, que nos permita enfrentarnos a cualquier atropello del imperialismo. En segundo lugar, desarrollar hasta donde sea posible la economía nacional, hacer a nuestro pueblo dueño de sus recursos, de sus mares y sus costas. Hay que hacer a nuestros gobiernos independientes frente al imperialismo, no eligiendo propiamente un gobierno socialista o comunista, pero, un gobierno de nuevo tipo; amplio, democrático y patriótico. En esta etapa de nuestra revolución, esto es condición para pasar al socialismo, en esta primera etapa este es nuestro programa y esto fue lo que le quedó muy claro a Monseñor Sanabria, y en cuanto a esto, es que monseñor inclusive autorizó a los católicos para militar en nuestro partido.

Hicimos puramente las cuestiones filosóficas a un lado, en vista que Monseñor Sanabria estaba completamente convencido de que nosotros no podíamos tener interés en perseguir a nadie por sus condiciones religiosas, y que por el contrario, en los días más difíciles de nuestra lucha, siendo yo un diputado muy joven, a pesar que estaban encendidas las pasiones, en muchas ocasiones, yo como diputado defendí intereses de la iglesia para que les financiaran un templo, y eso no tenía que ver nada con las convicciones de nosotros. Pero en cuanto a esta etapa es que monseñor estuvo de acuerdo con nosotros, y le digo, que eso fue necesario para que el código de trabajo pudiera pasar.

El doctor Calderón era presidente, tenía gente del pueblo con él. Cuando nosotros hicimos la alianza con él, él estaba caído, fue la noche que los capitalistas de Costa Rica buscaron a mi partido y a mi persona para proponernos tumbar a Calderón. Cuando yo fui a hablar con Calderón me dijo: “no es que me van a tumbar, es que ya me tumbaron”. Yo le dije: doctor usted fue hecho presidente por las clases dominantes y poderosas de Costa Rica, ellas son las que ahora le zafan el hombro porque usted tuvo que tocar los intereses de los cafetaleros y banqueros alemanes con motivo de la Segunda Guerra Mundial, además, porque puso al país a pelear contra Hitler y esas fuerzas poderosas de aquí eran hitlerianas. Yo le dije que esas fuerzas le zafaron el hombro, pero usted puede sostenerse si usted quiere apoyarse en la clase trabajadora, pero para eso usted tiene que dar un viraje total y anunciarle al país que está dispuesto a llevar contra viento y marea a la práctica la legislación social. Así se hizo, y efectivamente, un mes después, ya el pueblo estaba apoyando al doctor Calderón Guardia.

Manuel Mora aprende, y entiende, el marxismo leninismo como una guía para la acción política; no como un libro de recetas políticas, ni como una doctrina religiosa

(Transcripción de la intervención de Vladimir de la Cruz, en la presentación del libro “Manuel Mora Valverde. Discursos, ponencias y reflexiones, 1934-1984”, de la EUNED, de los compiladores German Chacón Araya e Israel Guillén González, el domingo 3 de setiembre del 2023, en la Feria Internacional del Libro, en el Centro de Eventos Pedregal, en el contexto del 80 aniversario del Código de Trabajo)

En mi condición de Presidente de la EUNED, deseo manifestar que la publicación del Libro que recopila discursos, ponencias y reflexiones sobre Manuel Mora Valverde, es muy valiosa porque Manuel es una persona muy importante, en el ambiente y la Historia Nacional, por cuanto Manuel es uno de los pilares fundamentales del pensamiento político del Siglo XX; es también uno de los pilares fundamentales de la construcción de la sociedad costarricense desde 1931 hasta nuestros días, especialmente por el impacto que el Partido Comunista de Costa Rica, o Vanguardia Popular, como se llama desde 1943, que tuvo su apoyo en la gestación y en la lucha por su mantenimiento, desarrollo y profundización de las Reformas Sociales, y del Código de Trabajo.

Este es un esfuerzo más de la UNED en rescatar y mantener viva la personalidad, el pensamiento, del Benemérito de la Patria. La Cátedra Manuel Mora Valverde, de la UNED; es ese esfuerzo por rememorar su trayectoria de vida, de lucha y de su pensamiento. Parte de esto se reflejará en el segundo tomo de esta edición.

Este es un primer esfuerzo de publicación, por cuanto este Libro es el primer volumen de dos; el segundo recoge escritos y reflexiones que se han hecho sobre Manuel Mora.

En este libro se recoge una antología de discursos e intervenciones desde 1934 hasta 1984.

Un primer esfuerzo en este sentido se había hecho en 1980 cuando se recogió una antología discursos desde 1934 hasta 1979. En esta edición se ha ampliado la selección hasta 1984, hasta la crisis del Partido Vanguardia Popular, con documentos novedosos de Manuel sobre la guerra civil de 1948, la crisis que condujo a su división y desintegración, en la década de 1980, y el contexto de la crisis centroamericana de esos años.

Este es un libro muy importante sobre Manuel Mora Valverde. Es un esfuerzo muy bien logrado de Israel y de German, y de quienes han estado en el trabajo de la edición de este libro que hoy sale al público.

Entre la edición de 1979 y ésta se omiten algunos artículos de la primera edición y ésta se enriquece con nuevos documentos, lo que se complementará con el segundo volumen de esta edición.

Manuel Mora Valverde puede tener muchos significados en la Historia Nacional y en la Historia Política de Costa Rica. Tiene un significado personal, obviamente, como la persona humana que fue; por su paso en la Historia Nacional. No todas las personas tienen esa trascendencia e importancia. Manuel, tempranamente, desde muy joven, había adquirido compromisos muy significativos e importantes de lucha por atender problemas sociales.

A él le toca formarse en la década de 1920, una década compleja pero a la vez muy rica en Costa Rica porque hay una intensa presencia de movimientos antiimperialistas, de movimientos nacionalistas muy significativos; de luchas sociales y populares, y ya habían penetrado las ideas anarquistas, socialistas y comunistas en el país.

Había en esa época una tradición de partidos obreros y populares. Desde 1886 el último Rector de la Universidad de Santo Tomás, Félix Arcadio Montero, había impulsado un partido de obreros y trabajadores y a principio de la década de 1890 impulsó el Partido Independiente Demócrata, que logró elegir diputados, al propio Félix Arcadio y a Faustino Montes de Oca. Por su Partido, que llamaba a los chaquetas, descamisados y descalzos a luchar contra el Olimpo, los que están arriba en el poder político como los dioses, y los Levitas, los partidos liberales se vieron en la obligación de desarrollar en sus filas Seccionales o Clubes de Obreros, de Artesanos y Trabajadores, motivo por el cual un partido de esos eligió a Víctor Golcher, como un representante de los trabajadores. Faustino Montes de Oca dio luchas muy importantes por la libertad anticolonial de Cuba y de Puerto Rico a finales del siglo XIX, motivo por el cual lo destituyeron del Congreso. Una parte de la familia Montes de Oca fue militante del Partido Comunista posteriormente.

Por su parte, Félix Arcadio Montero era el padre de Alejandro Montero Segura y sus hermanos, abuelo de Álvaro Montero Vega, que fue dirigente comunista y sindicalista muy importantes, como bisabuelo de un hijo suyo, Luis Carlos Montero también; y Arturo Montero Vega, escritos y poeta, también comunista, con lo que se puede apreciar una tradición de lucha que llega a las raíces del Partido Comunista costarricense, a los días en que Manuel Mora está impulsando la fundación de este partido en 1931. Estas eras algunas de esas manifestaciones de las raíces que van a llegar a la fundación del Partido Comunista.

Empezando la década de 1910, se empieza a celebrar desde 1913, el 1 de mayo como día internacional de los trabajadores, y ese año para las elecciones participan tres partidos obreros, en las ciudades de Limón, Grecia y San José, donde había importantes concentraciones y bases de trabajadores.

Así hacia 1931 había una tradición de partidos populares y de luchas obreras muy importante.

En 1917 el triunfo de la Revolución Rusa impacta el mundo, es un cambio muy importante. A partir de esta Revolución se desarrolla el movimiento socialista y comunista mundial. En 1922 la Revolución Rusa avanza hacia la integración de 16 regiones o repúblicas asiáticas, constituyendo la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El surgimiento de la URSS agudiza el cisma en el mundo capitalista, y el siglo XX se dividirá desde ese momento entra el mundo capitalista y el mundo socialista.

Para estos días de la Revolución a Costa Rica había llegado, de sus estudios en Europa, en Francia, el Dr. Aniceto Montero, notable y excepcional médico, que llegó ser Director del Leprosario nacional, quien introdujo en Costa Rica el mayor y mejor conocimiento de la Revolución Rusa, del movimiento obrero internacional y de Lenin, como líder y pensador político de la Revolución Rusa y mundial. Fundó el Centro Socialista de Costa Rica, que tuvo características de partido político. A la muerte de Lenin organiza desfiles de duelo de trabajadores nacionales en su memoria. El introduce el conocimiento de la Revolución Rusa y a Lenin como el gran líder del proletariado mundial, la experiencia del movimiento obrero organizado internacionalmente. Divulga documentos e información de los Congresos obreros internacionales y divulga el pensamiento de Lenin, desde 1919 hasta 1924. Aniceto era en esos días el más claro conocedor y divulgador de la Revolución rusa en el país.

Aniceto no llega a militar en el Partido Comunista en su fundación, pero estuvo muy ligado a los jóvenes comunistas liderados por Manuel Mora en esos días. Incluso, en un intento de golpe de estado que pensaron realizar, de calentura política y revolucionaria, contra Cleto González Víquez, que no se llegó a materializar, los jóvenes comunistas consideraron que Aniceto Montero podría haber dirigido el país. Aniceto era un referente político para Manuel, que era muy joven en ese momento.

Hay también una tradición de luchas, de huelgas y organización obreras desde el siglo XIX. Por falta de tiempo no me puedo detener en esto. Pero, a partir de 1901, ya tenemos sindicatos y ligas de obreros; desde 1905 federaciones de trabajadores, y desde 1913, al impulso del Centro de Estudios Sociales Germinal, se constituye la primera Confederación General de Trabajadores. Esta Confederación llegó hasta 1923 cuando le da el apoyo al Partido Reformista, del General y sacerdote Jorge Volio.

Para mí Jorge Volio y su partido fue una reacción contra el Centro Socialista de Costa Rica y contra Aniceto Montero, desde una perspectiva social. En esos días del Centro Socialista, en 1919, había llegado a Costa Rica, a la región de Puntarenas, Farabundo Martí, joven estudiante y revolucionario salvadoreño, que no encontrando un ambiente político adecuado marchó hacia Nicaragua y Honduras, donde fundó el Partido Comunista de Centroamérica en 1923.

Así se habían venido danto experiencias políticas importantes que son las que están influyendo en la formación política y en el pensamiento al joven Manuel Mora Valverde.

Jorge Volio y su Partido Reformista logró elegir a Julio Padilla, dirigente obrero destacado de esos días, como diputado, y en 1925, con sus luchas parlamentarias logran aprobar la Ley de Accidentes de Trabajo, que venía luchándose desde 1908, con la oposición parlamentaria de León Cortés.

Hasta 1928 Jorge Volio está ligado a sensibilidades sociales políticas. Simpatizaba con la Revolución Rusa y exige al gobierno de Cleto González Víquez que restablezca relaciones con la joven Revolución Rusa. Bajo el gobierno de Tomás Guardia se habían establecido relaciones diplomáticas frías con la Rusia Zarista. Al triunfar la Revolución Rusa se suspendieron estas relaciones. Por eso Volio luchaba por reconocer y establecer relaciones con la joven Revolución. Jorge Volio había sido un destacado luchador contra la ocupación imperialista de los Estados Unidos en Nicaragua, y la expulsión de sus marinos, durante las décadas de 1910 y de 1920; en la década de 1910 luchando a favor y al lado del patriota nicaragüense Benjamín Zeledón y, en la década del 20, a favor de Augusto C. Sandino. El Frente Sur de la lucha anti somocista, en 1978, en Nicaragua se llamaba Benjamín Zeledón. Entre 1928 y 1934 el Partido Reformista se aleja en la práctica de su ideario programático y social.

En 1928, al calor de la crisis internacional, la Confederación General de Trabajadores fundada en 1913, apoyando al Partido Reformista en 1923, desaparece, y se forma para este año, 1928, la Unión General de Trabajadores, que se va a constituir en la base social de apoyo al naciente Partido Comunista en 1931, con dirigentes obreros que publicaron el periódico La Lucha, donde se anuncia la llegada a su redacción del Manifiesto Comunista, que se pone al servicios de sus lectores y trabajadores.

Todo esto envuelve al inquieto joven Manuel Mora. Para esos días finales de la década de 1920, impulsa Manuel también el periódico Revolución, y para las elecciones de medio periodo de diputados, de 1930, se constituye el Partido Alianza de Obreros y Campesinos que va a impulsar la candidatura a diputados, entre otros, de Joaquín García Monge, Otilio Ulate Blanco, Ricardo Moreno Cañas, Octavio Jiménez Alpízar, Gonzalo González González, Alejandro Montero Segura, Mario Fernández Alfaro, todos luchadores sociales e intelectuales muy importantes. En esa época se permitía que una persona pudiera postular a diputado a la vez por dos partidos políticos diferentes y en distintas provincias. Así Otilio Ulate salió electo diputado, en esa elección, por la Provincia de Alajuela. Muchos de estos personajes después van a tener una vida intensa y dinámica con Manuel Mora.

En el caso de Otilio Ulate hasta el año 1939 va a estar cerca de Manuel y de los comunistas. En los años 20 Ulate había participado activamente de las luchas anti imperialistas y nacionalistas. Ya separado y distante, en los días de la guerra civil, en 1948, estando Ulate en San José, le pide a Manuel Mora protección de los comunistas porque temía por su vida por parte de los figueristas. Llevado Ulate al Palacio Arzobispal, para su custodia, también le pidió a Manuel que fueran los comunistas los que le protegieran allí.

El Partido Comunista, para mí, empieza a funcionar el 6 de junio y no el 16 de junio de 1931. El 6 de junio es cuando en una asamblea eligen el Comité Político, que se reúne por primera vez el 16 de junio, que es la fecha que oficialmente se considera de su fundación. Para mí, insisto, el 6 de junio es cuando constituida la Asamblea de comunistas elige a la Comisión Política. Esto de la fecha podría no tener importancia para este momento. Es tan solo una observación histórica para el mismo Partido.

El Partido Comunista inicia así sus luchas. No le van a permitir participar en elecciones como Partido Comunista, por una ley que se había aprobado antes de su fundación, en el gobierno de Cleto González Víquez, 1928-1932, como parte de las reacciones internacionales que se impulsaban en esos años contra los comunistas y su movimiento internacional. Por eso acude al expediente de inscribir, para efectos electorales, al partido que se llamó Bloque de Obreros y Campesinos, con los que empieza a elegir a sus primeros representantes populares; en la Municipalidad de San José a Guillermo Fernández y a Adolfo Braña Rosas, y en la diputación en 1934 a Efraín Jiménez Guerrero, que era zapatero, y a Manuel Mora Valverde.

Así, el Partido tuvo una doble vida; la vida de Partido Comunista para la vida cotidiana, de todos los días, en las ciudades, en el campo, tratando de organizar trabajadores, agitando sus propuestas y denuncias políticas, impulsando las huelgas como las de 1934, la bananera, la de zapateros y trabajadores de café que también se dan ese año; y la vida del Bloque de Obreros y Campesinos, para los procesos electorales.

En esos días el Partido Comunista empieza a desarrollar influencia en sectores campesinos y urbanos, con la Unión General de Trabajadores, que por el crecimiento de sus luchas y presencia, la disuelve en 1938 para impulsar la Unión Nacional Campesina y el Comité Sindical de Enlace. La presencia del Partido en el sector campesino se basaba en la experiencia habida desde 1901 con las primeras organizaciones campesinas de Valle Central que surgieron para enfrentar la expansión cafetalera de Julio Sánchez.

La Unión Nacional Campesina y el Comité Sindical de Enlace van a dirigir las luchas sociales del Partido hasta 1942, cuando las funden de nuevo, en la Confederación de Trabajadores de Costa Rica.

En la década de 1930 el Partido Comunista también se había colocado en el nivel internacional de solidaridad, en primer lugar con la defensa de la Revolución Socialista de Octubre y de la Unión Soviética, que fue un eje muy importante de sus luchas, y de la República Española y de su defensa en el período de 1936-1939, cuando se da la Guerra Civil de España, que fue la antesala de la II Guerra Mundial, y de la lucha antifascista mundial. En este período Manuel Mora intenta integrarse, como internacionalista, en las brigadas a favor de la República Española, donde estaban Adolfo Braña y Rafael Ángel Llubere, que habían sido expulsados de Costa Rica. Alrededor de ellos hay una historia hermosísima de solidaridad, con ellos y sus familias en el país; de sus luchas en España, sus detenciones en campos de concentración hasta su traída de nuevo a Costa Rica.

En este período esta Carmen Lira, Luisa González y otras destacadas mujeres en el Partido. Carmen Lira va a ser quizá la mujer que más influye en Manuel en aquellos días y hasta su muerte. Carmen Lira fue como una mentora en todos los sentidos para Manuel. Maestra distinguida, que había estudiado en Chile y en Francia. Su amplia cultura, su conocimiento de la teoría revolucionaria marxista leninista, la llevó a ser una fuente nutriente de pensamiento social. Era muy clara en sus conceptos de la lucha de clases y de la interpretación de la realidad social del país.

Cuando el Partido inició la publicación del periódico Trabajo, Carmen Lira, junto con el joven venezolano Rómulo Betancourt dirigió la parte editorial del periódico desde 1921 hasta 1933. Al regresar a Venezuela Rómulo Betancourt, Carmen Lira siguió al frente del periódico en su parte política editorial.

Betancourt había llegado al finalizar la década de 1920 al país; era un antiimperialista y se integró al naciente Partido Comunista. En Costa Rica había un movimiento, la Unión Libertadora Venezolana, fundada desde 1919, por José Sotillo Picornell, que realizaba acciones de solidaridad y lucha contra la dictadura de Juan Vicente Gómez, en Venezuela.

Sobre Betancourt en el Partido, y en el país, durante esos años, se han hecho estudios importantes por Alejandro Gómez. Betancourt también escribió en el Repertorio Americano, la revista de Joaquín García Monge.

El salario de diputado de Manuel, en esos días, se dividía en tres partes, una para el Partido, otra para Rómulo Betancourt y la otra para sus gastos personales.

Desde 1934 hasta 1948 el partido va a elegir zapateros y abogados en los puestos de elección popular, como sus principales representantes. Los zapateros venían organizados desde el Sindicato de Zapateros en 1910. Era un núcleo muy importante de trabajadores organizados, con cultura y educación política y con tradición de luchas. Fueron una fuerza motriz importante dentro de los militantes comunistas de esos años.

Con la elección en 1934 de los primeros regidores y de los primeros diputados, Manuel Mora, ya diputado, le toca dar la gran batalla contra el reformismo de Jorge Volio.

Justamente el libro inicia con el discurso de enfrentamiento parlamentario entre Manuel Mora y Jorge Volio, porque había necesidad de descubrir, de desenmascarar, de distinguir la política revisionista, reformista, no revolucionaria del Partido Reformista y de Jorge Volio, frente a las posiciones revolucionarias y de la lucha de clases del Partido Comunista y del Bloque de Obreros y Campesinos. Volio y su partido se presentaban como la alternativa frente a los comunistas, de allí la importancia de ese debate parlamentario. De hecho allí desapareció el partido Reformista, y el volismo, y el Partido Comunista y Manuel empezaron a destacar como la fuerza política aglutinadora y directora de las luchas populares de los siguientes años. Había que distinguir frente a Jorge Volio y su partido la posición correcta revolucionaria del Partido Comunista de Costa Rica, a través del Partido Bloque de Obreros y Campesinos.

Este discurso de Manuel Mora es clave también para entender la posición del Partido Comunista y de Manuel Mora, que es el que va a marcar el rumbo y perspectivas del Partido Comunista desde aquellos años, permanentemente. Es el peso de Manuel, su peso intelectual, su formación histórica, cultural y política; su capacidad intelectual, su capacidad de análisis; su capacidad de convencimiento en la explicación política que hacía en sus discursos; su capacidad de entendimiento de la vida social y política nacional, e internacional, como coyuntura, que le tocaba vivir y que el país vivía. Igualmente, su capacidad para trazar los caminos adecuados para el desarrollo de la lucha política y el crecimiento del Partido Comunista.

El Partido Comunista va a ir creciendo desde 1934 hasta 1948. De 2 diputados en 1934 llega a elegir 9 en 1948. En la elección de 1939 llega a constituirse en la segunda fuerza electoral nacional, enfrentando al Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia, con 11% de votación. Esto explica en parte el peso del Partido Comunista, pero especialmente el de Manuel Mora en los duros años desde 1940 hasta 1948.

En el libro se explica esta situación. También de forma gloriosa el libro nos presenta a Manuel Mora, el joven lector político. Su lectura y cultura era de asuntos universales y nacionales, pero también de la cultura política de los clásicos revolucionarios, de Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir Lenin y otros dirigentes de la revolución mundial, entre ellos Gramsci, Dimitrov, Luxemburgo; Trotsky también.

Marx desarrolló majestuosamente su pensamiento revolucionario analizando el desarrollo del sistema y la sociedad capitalista en el siglo XIX, y organizando el movimiento obrero internacional en esos años; Engels contribuyó mucho, en ese sentido, con los análisis de Marx. Por su parte, Lenin desarrolla los estudios de Marx y Engels en la etapa final del siglo XIX, y principios del siglo XX, cuando en el desarrollo capitalista aparece su fase imperialista, la del surgimiento de los Monopolios, Oligopolios, Carteles, Trust, y la necesidad de un nuevo reparto del mundo, que se expresa en la I Guerra Mundial. El imperialismo como fenómeno mundial apareció entre 1890 y 1914. La Obra de Lenin que lo analiza es de 1917. Rosa Luxemburgo, en 1910, había hecho análisis importantes sobre la acumulación capitalista del colonialismo internacional, en eta etapa del imperialismo.

Es el análisis de Lenin el que va a contribuir vigorosamente a entender esta nueva etapa de la sociedad capitalista, para poder hacer la revolución socialista. Es Lenin también el que construye y elabora la teoría del Partido Revolucionario de nuevo tipo, del Partido Bolchevique, del Partido Comunista, desde 1903, para convertirlo en un instrumento de apoyo, en una palanca social y política, en un medio organizativo, de lucha de las masas populares y de la clase obrera para poder tomar el poder político.

Este pensamiento de Carlos Marx, de Federico Engels y Vladimir Lenin, por citar solo a estos tres, de los grandes teóricos de lo que se llama el marxismo leninismo, Manuel Mora lo aprende, y lo entiende correctamente como una guía para la acción política, no como un libro de recetas política.

Para Manuel Mora el marxismo leninismo no es una doctrina religiosa, ni los marxistas leninistas han de ser sus sacerdotes. Para Manuel Mora hay quienes leen estos textos, de los pensadores revolucionarios clásicos, como si fueran textos religiosos, como dogmas de fe, sintiéndose apóstoles de esta doctrina, sin entender adecuadamente la realidad social, porque quisieran aplicar esos conceptos y teorías políticas como si fueran calcamonías.

Para Manuel Mora la teoría política revolucionaria de los grandes clásicos desde Marx, Engels y Lenin, hasta los teóricos de su tiempo, constituye fundamentalmente un método de análisis de la realidad social, económica y política, y una guía para la acción de conformidad a las particularidades específicas y concretas de cada realidad social y política, de cada país.

Manuel Mora tuvo la maravillosa capacidad de interpretar esos escritos de los revolucionarios clásicos, asimilarlos y traducirlos a las condiciones sociales y políticas de Costa Rica; de explicarlos de forma sencilla y llana, sin mencionar a los clásicos. Manuel no acudía, como criterio de verdad a estar mencionando citas de esos autores. Su brillantez le llevaba a asimilar el conocimiento de esos autores, para explicar en lenguaje sencillo, el análisis del panorama nacional y de la geopolítica que enfrentaba, aplicando la rigurosidad del pensamiento revolucionario desde la perspectiva de la necesidad socialista del proceso revolucionario costarricense.

Por ello, desde la formulación del Programa Mínimo del Partido Comunista de Costa Rica señaló el carácter y las posibilidades de la Revolución Socialista de Costa Rica. En el Libro justamente está el texto donde él habla y plantea el carácter de la construcción comunista a lo costarricense, el comunismo a la tica, como se ha divulgado su idea.

Aun cuando Marx había señalado que el desarrollo de la sociedad capitalista avanzaba inevitablemente hacia la sociedad comunista y que el socialismo era tan solo una fase de transición hacia esa sociedad desde el capitalismo, Manuel Mora tuvo esa brillante lucidez para entender ese proceso. Por eso siempre habló, desde el primer momento del surgimiento del Partido Comunista, desde su Programa inicial, y en sus discursos, que el desarrollo del comunismo en Costa Rica pasa por etapas, sin calcar experiencias ajenas, externas; sino, que se trata de avanzar sobre las condiciones nacionales posibles para impulsar una vía costarricense hacia el socialismo, lo que él llamó el socialismo a la tica. Esto marca y marcó la vida del Partido Comunista desde sus orígenes. Esto es clave para entender este Libro de escritos de Manuel Mora.

El Libro es Historia viviente; es pensamiento vivo; es pensamiento dialéctico; es pensamiento de análisis de la realidad política, social y económica nacional de los distintos momentos que le tocó vivir, que se ve en la selección por décadas de sus escritos en este libro publicados. Es su paso en pensamiento y palabras por las décadas de 1930, 1940, 1950, 1960, 1970 y 1980 hasta la división del Partido Comunista. Son épocas claves, confusas, complejas, llenas de contradicciones de todo tipo. Si tan solo apreciamos la década de 1940 en la que lleva al país a una situación de alianza política, como nunca se había hecho hasta entonces en el mundo, entre la Iglesia Católica, el Gobierno y el Partido Comunista, para impulsar una Gran Reforma Social, un Gran Código de Trabajo, y todo ello con un gran compromiso de lealtad entre los grandes hombres que la acordaron, Monseñor Sanabria, el Presidente Calderón Guardia y Manuel Mora; lealtad fraguada en esos días que llega de parte de Monseñor Sanabria hasta el período de la Junta de Gobierno, cuando la Iglesia enfrenta públicamente actuaciones de la Junta de Gobierno. No fue un Pacto solo de 1943. Fue un Pacto que alcanzó a la Guerra Civil y los días que le siguieron, durante el Gobierno de Facto. La protesta ante la Junta fue en vivo y directo, en la Iglesia Catedral, que hizo que los miembros de la Junta se levantaran en protesta y abandonaran la Iglesia.

Toda esta complejidad de la historia nacional de esos años, de la década del 40, está explicada en distintos discursos aquí recopilados. Especialmente en los discursos, de 1958, cuando Manuel contesta, ante el décimo aniversario de la guerra civil, un discurso de José Figueres y otro de Otilio Ulate.

Después de derrotado el fascismo mundial, del surgimiento del campo socialista, del impulso de la Guerra Fría, el mundo cambia. Nuevos países socialistas, la Revolución China, la Independencia de la India, los procesos anti colonialistas de Indochina, de Corea y otras regiones del mundo; se impulsa una nueva etapa de anticomunismo mundial. Esto se refleja en el Libro, cuando se aprecia el período de clandestinidad al que se somete al Partido entre 1948 y 1974.

Aun dentro de este período Manuel siguió siendo ese hombre extraordinario, costarricense, patriota, internacionalista cuando tuvo que serlo. Manuel fue en este período el hombre extraordinario como organizador partidario y de organizaciones sociales y sindicales, contribuyendo a ellas; como agitador de problemas nacionales y regionales, de tipo político; como diputado, como articulista y analista de periódico, desde tribunas populares, en la clandestinidad, escribiendo como Arturo Jara, o desde la legalidad con su nombre.

Durante la clandestinidad el Partido Comunista inició sus actividades públicas a través de los Centros Obreros de Estudios Sociales que se empezaron a abrir en distintos pueblos y localidades del país. En estos Centros se hacían conferencias los lunes, para educar a los asistentes y partidarios, para explicar la línea del Partido Comunista, para fortalecer la educación política, y general, de los miembros del partido y de quienes asistían a escuchar. En estas conferencias muchas veces participaba Manuel.

Aun en los días de la represión, el Gobierno de José Joaquín Trejos Fernández, 1966-1970, y el de José Figueres después, 1970-1974, le pidieron que actuara como Agente comercial ante los países socialistas para vender café y caña de azúcar, para ayudar a resolver la crisis económica del país. Manuel asumió esa tarea nacional, con apoyo del Partido, acompañado de Max Blanco Brunetti, un cafetalero muy importante y de Ricardo Quesada López Calleja, sobrino de Carmen Lira; situación ésta que le permitió negociar la legalidad del Partido Comunista, la que se logró en 1975, y al establecimiento de las relaciones diplomáticas con la URSS y otros países socialistas en la década de 1970.

De aquí en adelante conocemos el desarrollo del Partido de Manuel, con Manuel diputado, junto a Marcial Aguiluz en 1970 y desde esas elecciones se siguió eligiendo diputados de la izquierda nacional, bajo la coalición que se llegó a constituir de Pueblo Unido, en 1978. Estos grupos de nueva izquierda, el Partido Socialista Costarricense y el Movimiento Revolucionario del Pueblo, surgieron al calor de la Revolución Cubana.

El éxito de la coalición Pueblo Unido en 1978 y 1982 condujo a estimular el debilitamiento y la división de la izquierda, y del propio Partido Comunista, con fracturas internas que 1984 lo llevaron a su división y práctica desaparición política.

El libro cierra con este proceso de la división del Partido, con la intervención de Manuel en el Pleno del Partido, en que se detallan los entretelones de esta crisis partidaria.

El Libro es una colección, es una selección; una antología que nos coloca a Manuel Mora en todas estas fases y etapas de la Historia nacional, de su Partido; donde va a destacar el Manuel Mora organizador político, Manuel Mora diputado y parlamentario vigoroso; el Manuel Mora dirigente y organizador del Partido, el Manuel Mora periodista, el Manuel Mora polemista, analizando problemas, discutiendo con los grandes líderes políticos.

Manuel Mora fue de los grandes oradores que tuvo Costa Rica; en el Partido, a su nivel, el otro gran orador fue el diputado Luis Carballo Corrales.

El libro que recoge estos discursos es una buena guía para apreciar y conocer el pensamiento de Manuel Mora; para penetrar en lo que Manuel Mora nos da y relata como radiografía de la Historia nacional costarricense.

Los discursos de Manuel son también una radiografía del tiempo histórico; nos va planteando momentos históricos en una visión de continuo, una línea, un rosario de hechos donde vemos avanzar el partido y brillantemente el análisis de Manuel no solo en las condiciones internas, sino también en las condiciones regionales, en las distintas décadas de sus discursos.

Cuando se disuelve la Unión Soviética, lo que no está tratado en el Libro, ante una pregunta que le hace un periodista sobre si el socialismo y el comunismo se han acabado, él da una sencilla respuesta: mientras haya miseria en el mundo; mientras haya pobreza; mientras haya desigualdad en el mundo; siempre habrá luchas socialistas y siempre habrá luchadores sociales.

Tributo a Manuel Mora Valverde

(Pronunciado, por Vladimir de la Cruz, el 1 de setiembre del 2023, con motivo del brindis en su Memoria, al finalizar el acto en que se recordó su 114 aniversario de nacimiento, realizado en la Asamblea Legislativa)

Los invito a celebrar, con un brindis, la Memoria de Manuel Mora Valverde, en su huella imborrable, en la Historia Nacional.

Manuel nos hace vivir y nos invita a continuar, su herencia de pensamiento, de obras y de luchas; su amor y defensa de la Patria; su amor y compromiso con la Libertad del pueblo costarricense, su marcada lucha por la defensa de la Soberanía Nacional y la Independencia Nacional; su lucha por una justicia social plena; por una distribución social de la riqueza; por lograr altos niveles de vida para el pueblo trabajador, por una educación de calidad para todos los niños y jóvenes; por casas y viviendas dignas y decorosas; por trabajos seguros, decentes, dignos y bien remunerados; por las libertades y derechos de organización social y política de los ciudadanos; por una plena igualdad de hombres y mujeres; por asegurar una legislación social y laboral que dignifique al trabajador y facilite la generación de la riqueza social.

Manuel Mora Valverde nos llama, en su recuerdo vivo, a luchar por la Paz en el mundo; a luchar contra las guerras de opresión, de dominación y sojuzgamiento de pueblos y naciones; contra el colonialismo y la esclavitud en cualquier forma que se manifieste; a luchar por un sistema político que descanse en la colaboración internacional que pueda acabar con las formas tiránicas, dictatoriales, autoritarias, anti democráticas de gobiernos, apoyando a los pueblos que luchan contra ellas.

Manuel Mora Valverde nos recuerda al luchador social y político que fue; al combativo periodista y articulista, buscando y aclarando hechos y circunstancias; siempre respetuoso y respetable.

Nos recuerda al gran organizador social y partidario; al que sabía combinar la agitación de los temas y problemas nacionales o internacionales, con conocimiento y razonabilidad, con la movilización social y con la organización colectiva social y partidaria que impulsaba.

Manuel Mora Valverde nos recuerda al maestro revolucionario que fue, siempre dispuesto a enseñar, a transmitir su experiencia; a oír a quien ante él acudía por consejo; nos recuerda a la persona amable, generosa, desprendida, sencilla y distinguida en su modo de ser.

En sus actos Manuel nos recuerda la lealtad con que actuó, sin renunciar a sus principios de vida y de política que lo guiaban y por los que actuaba.

Nos recuerda al gran negociador político, que fue, que supo anteponer siempre sus intereses personales por los de la Patria y los del pueblo costarricense.

Manuel Mora Valverde nos invita, en el recuerdo de su Memoria, a no descansar en la lucha por un sistema de vida superior, donde no se produzca pobreza, miseria u opresión; a luchar constantemente, con la mayor unidad social, popular y política posible, por tener una Costa Rica más próspera, más justa y más democrática.

Manuel Mora Valverde nos recuerda siempre que mientras haya una gota de injusticia social, de pobreza, de miseria, de opresión social económica o política; mientras haya discriminación, exclusión y marginación social, habrá siempre el deseo de tener un Mundo y una Costa Rica más justa, más próspera, más democrática.

Manuel Mora Valverde nos recuerda que la lucha social y política es constante, de todos los días. Especialmente nos recuerda que el arte de la Revolución social, por la que él luchó, es la suma de voluntades; no la resta ni la división.

Esta era su visión socialista de la vida a la que él consagró su existencia.

¡Qué viva Manuel Mora Valverde!

¡Qué viva siempre la Memoria de Manuel Mora Valverde!

¡Que el ejemplo y el estudio de la vida y obra de Manuel Mora Valverde sea una fuente de formación de las actuales y futuras generaciones de costarricenses!

Justa conmemoración

Jiddu Rojas Jiménez

El 27 de Agosto de 1943 es aprobado en la Asamblea Legislativa (Congreso) el Código de Trabajo, –que tras acaloradas discusiones desde su presentación en Junio–, entrará en vigencia a partir del 15 de Setiembre de 1943.

Hoy como ayer los argumentos «apocalípticos» de la derecha y del gran capital vaticinaban desastres económicos, por estas medidas sociales progresistas. El resultado, obviamente, fue el opuesto.

Curiosamente la fecha coincidía con el Natalicio de Manuel Mora Valverde (27 de agosto). Extraño homenaje, al parecer, de parte del Presidente de turno, Dr. Rafael Ángel Calderón y del Oficialismo (y de su concepción política caudillista), para con el líder y fundador del Partido Comunista de Costa Rica (luego Vanguardia Popular), y entonces Diputado: Lic. Manuel Mora Valverde.

¡Qué mejor forma que celebrar el cumpleaños de Manuel Mora Valverde, que rescatando su memoria histórica y su legado político democrático, auténticamente patriótico, socialista, y verdaderamente humanista!

Para nadie es un secreto, las repercusiones y la trascendencia, de esta maravillosa gesta democrática, que consolida el Capítulo de las Garantías Sociales y el comienzo del Estado Social de Derecho. Y por lo tanto, la calidad de vida del pueblo costarricense.

Justo también es reconocer que el apoyo público al proyecto del Arzobispo Católico, Monseñor Víctor Manuel Sanabria, fue estratégico. Y por eso encabeza también el desfile popular.

Monseñor Sanabria (1898-1952) fue un sacerdote culto, gran historiador, y además un clérigo sinceramente comprometido con las causas justas y la justicia social.

Una verdadera excepción en un clero conservador, reaccionario y anticomunista, –propio de un Vaticano cercado por Mussolini y el Fascismo italiano–; un personaje singular y adelantado para la Jerarquía de su Iglesia.

Hay sin más, que reconocer que su labor política, fue indispensable para legitimar la aprobación del Código de Trabajo y de las Garantías Sociales, sobre todo frente al Oficialismo y al pueblo costarricense mayoritariamente prejuiciado y muy religioso.

La histórica amistad y empatía de Monseñor Sanabria, –así como su solidaridad efectiva para con Manuel Mora Valverde y Carmen Lyra (Isabel Carvajal) y para con otros compañeros del PVP histórico–, se mantuvo aún después de la persecución e injusta ilegalización, del Partido Comunista después de la Guerra Civil de 1948.

Lo mismo ocurrió con el discreto, pero patriótico y valiente, contacto personal, entre Manuel Mora Valverde y el líder opositor José Figueres Ferrer. Fortalecido después por el Pacto de Ochomogo (1948), que permitió profundizar las conquistas sociales y el desarrollo posterior del Estado Social de Derecho con la Segunda República (1949).

La foto corresponde a la vez, a una foto de celular (o sea mal tomada) de una de las fotografías originales, propiedad de Manuel Mora Valverde (1909-1943) y luego de su hijo, el Compañero, Manuel Mora Salas. La foto original corresponde al histórico desfile nacional de Celebración, por la entrada en vigencia del Código de Trabajo, el 15 de Setiembre del mismo 1943.

Aparecen en primer plano del desfile, Manuel Mora Valverde, Calderón Guardia y Monseñor Sanabria.

En la esquina de la foto original, se observa la caligrafía de Don Manuel Mora Valverde, marcando la histórica fecha.

Nota histórica previa: El 2 de Junio de 1943 el Congreso aprobó el histórico Capítulo de Garantías Sociales…

Gracias Manuel Mora Valverde y gracias a sus compañeras y compañeros de lucha. ¿Es acaso momento de un nuevo pacto social y popular?

Foto histórica: Desfile del Pacto social de 1943 por la firma del Código de Trabajo. Manuel Mora Valverde (PVP- histórico) con 34 años, Monseñor Sanabria, y Presidente Calderón Guardia… todos Beneméritos de la Patria.

¿Pero qué hay de diferente?

Nota: Ojo al detalle de esta foto. Véase la fecha en la esquina superior izquierda y su caligrafía del propio prócer Manuel Mora Valverde: 15/setiembre/1943. ¡Sin palabras!