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Cuando la intolerancia ensucia las paredes, pero no silencia las voces

MUSADE: 40 años de resistencia, autonomía y defensa de los derechos humanos

Por Enid Cruz Ramírez

El pasado 26 de agosto de 2026, personas vecinas que transitaban frente a la sede de MUSADE, en San Ramón, nos informaron que una de las paredes exteriores había sido ensuciada con lo que se identificó como excremento humano.

Este hecho, además de provocar indignación, nos invita a reflexionar sobre el contexto que vive Costa Rica, marcado por preocupantes señales de retroceso en los derechos humanos, particularmente de las mujeres y las personas sexualmente diversas, así como por la creciente normalización de discursos de odio y expresiones de intolerancia.

Desconocemos quién realizó este acto y cuáles fueron sus motivaciones. Sin embargo, consideramos importante documentarlo, porque nuestra historia nos ha enseñado que las manifestaciones de hostilidad hacia las organizaciones defensoras de derechos humanos no deben pasar inadvertidas.

Una historia de resistencia y autonomía

Durante sus 40 años, MUSADE ha enfrentado situaciones que han puesto a prueba su independencia y continuidad.

En 1998, después de funcionar durante varios años en instalaciones prestadas por otra organización, enfrentamos situaciones de hostigamiento e intentos de control, en un contexto de relaciones de poder y liderazgos político-partidarios. Nuestra decisión de mantener la autonomía institucional tuvo consecuencias: se cambiaron los llavines del espacio donde se reunía el grupo de apoyo a mujeres sobrevivientes de violencia y se produjeron situaciones de persecución y acoso contra compañeras que colaboraban con la organización, incluida su coordinadora. Finalmente, tuvimos que abandonar aquellas instalaciones.

En mayo de ese mismo año encontramos un nuevo espacio, facilitado por el gobierno municipal de San Ramón. Sin embargo, en 2004 enfrentamos otra situación crítica. Después de recibir una solicitud de apoyo de una mujer cuya situación involucraba a un alto funcionario municipal, comenzaron presiones administrativas que culminaron con una notificación de desalojo, acciones que interpretamos como una represalia por ejercer nuestra labor de defensa de los derechos de las mujeres.

Intentamos detener aquella decisión, argumentando que la Municipalidad no contaba con una Oficina de la Mujer y que MUSADE había asumido durante años importantes funciones de atención y acompañamiento a las mujeres del cantón. A pesar de nuestras gestiones y del apoyo comunitario, la decisión se mantuvo.

Fueron momentos de profunda incertidumbre. Buscamos otros locales prestados y llegamos incluso a considerar la disolución de la organización.

Pero en medio de aquella crisis tomamos una de las decisiones más trascendentales de nuestra historia: no desaparecer.

Decidimos adquirir una propiedad mediante un préstamo, estableciendo así nuestra propia sede, el edificio que nos ha albergado hasta hoy. Aquella decisión significó mucho más que comprar una casa: fue una afirmación de nuestra autonomía y del derecho a existir sin subordinarnos a intereses políticos o institucionales.

La memoria también es resistencia

Hoy, en el marco de nuestro 40 aniversario, este nuevo acontecimiento nos recuerda la importancia de documentar las manifestaciones de hostilidad. No afirmamos que exista relación entre los hechos del pasado y el incidente reciente, pero nuestra trayectoria nos ha enseñado que la violencia también puede expresarse mediante intimidaciones, humillaciones y presiones destinadas a debilitar el trabajo de las organizaciones sociales.

Durante cuatro décadas, MUSADE ha mantenido abiertas sus puertas para acompañar a mujeres sobrevivientes de violencia, defender los derechos humanos y construir comunidades más justas y solidarias.

Hoy, mientras impulsamos la construcción de una nueva Casa de MUSADE para responder a los desafíos del siglo XXI, recordamos que nuestra primera casa propia también nació de una decisión de resistencia y esperanza.

No sabemos quién ensució nuestra pared, pero sí sabemos quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde queremos caminar.

Las paredes se limpian. Las casas se reconstruyen. Pero la dignidad, la memoria y las convicciones no se negocian.

Seguiremos documentando, denunciando y construyendo memoria, porque el silencio nunca ha sido nuestro camino.

MUSADE – Asociación Mujeres Unidas en Salud y Desarrollo

Desde la comunidad construyendo justicia e igualdad.

San Ramón, Costa Rica, octubre de 2026.

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