Por Memo Acuña. Sociólogo y escritor costarricense
A escribirse esta columna el país se acerca a la alarmante cifra de 600 homicidios. En la noche previa 5 hombres fueron asesinados bajo lo que en apariencia serían ajustes de cuentas.
Al iniciar la semana un medio de comunicación local me consultaba acerca de hechos de violencia ocurridos en actividades de celebración en vías públicas. Es la ausencia de convivencia y sentido colectivo, indiqué en su momento.
Sin embargo, me parece que es más que la necesidad de tejido colectivo lo que le está ocurriendo a una sociedad como la costarricense. Es claro que los tiempos violentos transcurren en el mismo momento que la desigualdad y la exclusión social aparecen como ejes vectores de nuestra sociedad.
Y entonces empiezan las preguntas: ¿qué hacer? He dicho hasta la saciedad que para sacar al país del lastre violento al que lo sometió 40 años de agenda neoliberal, se requiere algo más que voluntad política.
Hemos tenido un violento despertar hacia otro país, hacia un vacío que nos puebla. Para sacudirnos de la oscuridad, se requieren acciones para recuperar nuestro carácter subjetivo e intersubjetivo.
He dicho hasta el cansancio que creo en el arte como vehículo transformador. A eso le apuesto. Sobre eso voy. Por eso mi camino actual. Por eso mi convencimiento que en el arte está la clave.
En los años noventa Medellín era una de las ciudades más violentas del planeta y apostó entre otras cosas por recuperar los espacios públicos para la gente y por la poesía con sentido comunitario.
Yo sueño con que nos demos la posibilidad de caminar espacios públicos con calidad, libres de violencia y poetizar la vida en todos los sentidos.
Eran jornadas enormes. En el entonces edificio de la facultad de Ciencias Sociales de la UCR se montó una tarima por donde pasaron y pasaron artistas incentivando la movilización estudiantil. Allí conocí, una tarde de música y poesía, a la Virginia Grutter de entonces. Allí escuché a Cantoamérica, María Pretiz, Esteban Monge.
En esa tarima mi compañero del Taller de Poesia Activa Eunice Odio leyó ese hermoso texto de Bertold Brecht que aún hoy me mueve el piso y la cabeza:
Preguntas de un obrero que lee
Quién construyó Tebas, la de las siete puertas? En los libros se mencionan los nombres de los reyes. ¿Acaso los reyes acarrearon las piedras? Y Babilonia, tantas veces destruida, ¿Quién la construyó otras tantas? ¿En que casas de Lima, la resplandeciente de oro, vivían los albañiles? ¿A dónde fueron sus constructores la noche que terminaron la Muralla China? Roma la magna está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los construyó? ¿A quiénes vencieron los Césares? Bizancio, tan loada, ¿Acaso sólo tenía palacios para sus habitantes? Hasta en la legendaria Atlántida, la noche que fue devorada por el mar, los que se ahogaban clamaban llamando a sus esclavos. El joven Alejandro conquistó la India. ¿Él solo? César venció a los galos; ¿no lo acompañaba siquiera un cocinero? Felipe de España lloró cuando se hundió su flota, ¿Nadie más lloraría? Federico Segundo venció en la Guerra de los Siete Años, ¿Quién más venció? Cada página una victoria ¿Quién guisó el banquete del triunfo? Cada década un gran personaje. ¿Quién pagaba los gastos? A tantas historias, tantas preguntas.
Desde un alto parlante ubicado en el cuarto piso de ese viejo edificio, se emitía una constante transmisión de mensajes y consignas: era la radio 24 de abril transmitiendo para el mundo de entonces.
Era setiembre, octubre de 1991 y las universidades públicas entendimos la dimensión de lo que se estaba jugando: el futuro de la educación pública del país. Hoy el desafío es mayúsculo.
Entonces tomamos San José varias veces. Lo hicimos con la fuerza de un movimiento vigoroso, repleto de alegría, arte y expresión. En las aulas había reflexión constante. Hubo que ir a sacar grupos secuestrados por docentes dogmáticos en lo económico y político. No pudieron con nosotros.
Una tarde de esas, esto ya lo he contado en otros momentos, nos convocaron a un grupo de estudiantes a una reunión con el entonces Director de la Escuela de Artes Dramáticas, Stoyan Vladich.
Al llegar nos encontramos una persona intransigente, defendiendo los recortes a la Educación Superior Pública, provocándonos hasta el enojo. Cuando vio nuestra ira estudiantil, soltó una gran carcajada y nos motivó a que saliéramos con esa actitud a defender con todo nuestro derecho. Siempre recordaré esa reunión y esa forma de Stoyan de sacarnos de adentro cosas nuevas, renovadas, comprometidas.
Eran jornadas de mucho color. Me devuelvo a buscar al estudiante de sociología de ese momento y lo encuentro en este 28 de agosto. Más maduro cada vez y menos roto. Más artista. Más incompleto. Más humano. Más imperfecto. Pero siempre convencido de que la Educación Superior Pública es uno de los últimos reductos de dignidad que nos quedan para defender al Estado tal y como lo conocimos.
Marcharé como representante de mi querida Universidad Nacional. La historia, el tiempo, quiso colocarme aquí desde donde tengo la posibilidad de incidir.
Marcharé con Brecht y junto a la querida Grutter que alguna vez dijo:
TÚ LLEGARÁS OLIENDO A MADRUGADA
Tú llegarás oliendo a madrugada a musgo y a camino. Traerás aún hojas desconocidas Enredadas al pelo y no estarás cansado Pero yo besaré tus ojos de águila Hasta secar la última lágrima La última gota de sangre y con ramos de veranera y de bellísima Limpiaré la pólvora Que aún quede entre tus dedos.
Marcharé con la poesía en mi corazón. Porque ese es el único acto político que conozco. Marcharé porque no hay otro camino. Marcharé con la alegría de ese muchacho estudiante de 1991 que enseñó a creer en lo que creo.
Por Memo Acuña. Sociólogo y escritor costarricense.
Fui invitado por el gobierno de Honduras a la celebración de la Feria Internacional del Libro, realizada en Tegucigalpa entre el 8 y 11 de agosto.
Entre otras actividades desarrolladas como escritor, compartí una ponencia en la que expongo la poética contemporánea sobre las movilidades humanas en la región centroamericana.
A partir de mi cercanía en la literatura y en la vida con Balam Rodrigo y Chary Gumeta (ambos poetas de Chiapas, México) y Dennis Ávila, hondureño radicado en Costa Rica, trabajo con el sentido que circula en su poesía para reflejar tres dimensiones: patria, cuerpo y memoria.
En su poesía se reconoce la huella de un contexto regional complejo, marcado por la exclusión y la violencia en todas sus variantes y como se expresa en las subjetividades que se ven forzadas a partir. Como una muestra de esta narrativa, comparto el siguiente texto, escrito por Dennis Ávila:
IMPUESTO DE SALIDA
Las muchachas se preparan para cruzar la frontera.
Llevan un hilo de miedo entre sus piernas.
Seis de cada diez serán violadas.
Las pastillas anticonceptivas se agotan en la farmacia del pueblo
Como lo he dicho en otras columnas, estoy convencido que el arte y en este caso la poesía cumple un rol social fundamental: ser vehículos de expresión, pero ante todo de sensibilización para entender mejor estos temas que nos atraviesan como región.
El sentido poético seguirá dándonos lo que necesitamos para acercarnos desde otras fibras más humanas a comprender lo que nos ocurre. Acudamos a su encuentro.
Por Memo Acuña. Sociólogo y escritor costarricense
El jueves 16 de julio de 2020 emitimos por primera vez nuestro espacio Zona de Recarga. Lo hicimos en medio de la incertidumbre no solo por la forma comunicativa que escogimos en ese momento (la plataforma de Facebook live directamente) que no conocíamos en su totalidad, sino porque eran los primeros meses de la crisis pandémica que nos circundaba entonces.
Pensado como un espacio dedicado al arte y la cultura en Latinoamérica y El Caribe, se originó justamente en el marco de una serie de lecturas de poesía virtuales que organizamos en los meses previos, donde juntamos poetas nacidos en otros países y residentes en nuestro país.
Lo hicimos motivados por el clima antiinmigrante que existía entonces, donde las narrativas sobre la relación entre enfermedad y migración generaba una crispación discursiva en redes sociales y en espacios sociales de convivencia. Decíamos entonces, en uno de esos espacios, que para nosotros era una recarga de esperanza encontrar esas voces para decir lo que las personas migrantes no apalabraban.
Desde entonces, el concepto empezó a tomar forma. Pensamos en un lugar seguro, un espacio inclusivo de coloquio, arte y reflexión. Tomamos la decisión de que fuera un espacio regional latinoamericano y caribeño. Construimos el concepto, que entonces y ahora reza de la siguiente manera:
“El espacio es de una hora de duración dedicado a promover intercambios con artistas de diversos sectores sociales y diferentes países de la región latinoamericana y El Caribe, en el que la persona invitada se extiende en contenidos biográficos, contextuales, testimoniales desde su vivencia individual y colectiva. Zona de Recarga es concebido como un momento para recargar y seguir adelante, imaginado desde la noción de contenidos constructivos, sensibles a los derechos humanos, a las diversidades y por ello acompaña narrativas y estéticas de voces múltiples”.
Con este concepto claro, hicimos nuestras primeras tareas de producción: generación del afiche promocional, listado de personas invitadas (que entonces lo conformaban cerca de 50 hombres y 50 mujeres) y un calendario preliminar con cerca de dos meses de programación confirmada.
Ese 16 de julio, recibimos con mucha alegría al poeta uruguayo Gustavo Maca. En un horario que nunca volvimos a repetir en nuestros programas habituales (3 pm), esa tarde iniciamos una experiencia de comunicación cultural que nos llevaría a aprender tanto sobre contenidos, conversación en redes y, sobre todo, tomar a la persona invitada y su biografía como los principales protagonistas de nuestro espacio.
Este 1 de agosto cumplimos 200 programas habituales. Es decir, cuatro años completos, 20 países invitados y una paridad en cuanto a hombres y mujeres en el espacio. Escritores, escritoras, personas relacionadas con la música, las artes plásticas, el teatro, la fotografía han pasado jueves tras jueves a contarnos cómo iniciaron en el arte y como el arte les ha transformado la vida. De igual manera, se han emitido 25 programas especiales, en horario de fin de semana, en el que han participado artistas de las diversas disciplinas.
Cumplimos estos 200 programas celebrando, como hemos dicho, la alegría de coincidir. Somos firmes convencidos en el rol social y subjetivo del arte como recurso para la transformación y la generación de mejores sensibilidades en un mundo que las requiere con urgencia.
Nos aprestamos a iniciar la quinta temporada con emoción e ilusión, como la que tuvimos esa tarde de julio de 2020 cuando Gustavo Maca apareció en nuestra pantalla. Seguimos pulsionando, percutiendo, transformando. Esa es nuestra motivación y misión política y social.
Nos pueden acompañar en nuestras redes sociales con el nombre de Zona de Recarga (Youtube y Facebook) y nuestras redes personales. Les espero para seguir construyendo la alegría de coincidir.
Actividad de celebración de los 200 programas de Zona de Recarga en el Centro Cultural de España, en San José, el 31 de julio; con Arabella Salaverry, Luis Diego Solórzano, Pablo Narval y Alejandra Solórzano.
El artista presenta su nueva obra musical “Álvaro Fernández / De camino. Volumen 2”
El próximo miércoles 31 de julio a las 7 pm se realizará en el Teatro de la Danza (CENAC) la primera presentación en vivo de “Álvaro Fernández / De camino. Volumen 2”, la producción más reciente del reconocido pionero del rock nacional, creador de nueva canción y fusión con el jazz y ritmos latinoamericanos.
Así, Álvaro Fernández presenta su nueva obra, retomando el camino seguido desde 1976 con el disco Compadre, “de los más influyentes en la música costarricense de los años 70, y en general dentro del rock local” (CR Indie, 11dic16).
El precio de preventa para el concierto es de ₡8.000 y las entradas ya están disponibles en el Whatsapp 6314-5658. El día del evento el precio será de ₡10.000.
Un ícono del rock y la nueva canción
Álvaro Fernández (Costa Rica, 1955) es músico, filósofo y sociólogo. Formó en 1975 el grupo Compadre y editó en 1976 un disco homónimo de jazz-rock fusión que marcó un hito en la música costarricense.
Además de sus propias canciones, ha musicalizado poesía bíblica (Eclesiastés, Cantar de los Cantares) y latinoamericana: Roque Dalton, José Martí, Joaquín Gutiérrez, Jorge Debravo, Julián Marchena y Mía Gallegos.
En 2016-2024, Álvaro vuelve a la escena musical, con tres nuevos discos de larga duración: “En la Movida Caníbal”, en noviembre de 2017; en diciembre de 2022 el disco “Álvaro Fernández / De camino. Volumen 1, en vivo con Luis Monge y el grupo Compadre (feat. Maf É Tulà y Fabrizio Walker)”, y ahora en mayo de 2024 el Volumen 2 con arreglos y producción del tecladista José “Chepe” González.
Este concierto
El concierto estará bajo la dirección musical del pianista Luis Monge, con el grupo Compadre reinterpretando los arreglos de Chepe González para este formato de ensamble.
El grupo lo conforman reconocidos intérpretes de la escena musical costarricense: Oskar Molina (teclados), Vinicio Mez (saxofón, clarinete), Fernando Víquez (bajo), Orlando Ramírez (batería), Juan Carlos Espinoza (percusión), así como Fabrizio Walker y Maf É Tulà en el canto.
Sobre la obra de Álvaro Fernández
El crítico y gestor Fo León ha escrito en el libro “101 DISCOS INDISPENSABLES EN LA MÚSICA COSTARRICENSE” (2022):
“es una ruptura enorme en la lírica y temática de la música costarricense, con un rechazo de las estructuras clásicas de la canción, y un uso teatral de contrapuntos y melodías unificando el caos dramático de estilos e influencias. Las canciones (…) tienen un mestizaje increíble, una hibridez única en la que nos vemos reflejados en nuestra diversidad y nuestras contradicciones”.
El año pasado, la música de Álvaro también recibió el reconocimiento de ser incluida en el primer episodio del programa “Otra Historia”, que dedica Radio Nacional de Argentina a la producción latinoamericana de rock.
El pasado 22 de mayo, Fernández hizo entrega de su obra musical completa, desde 1971 hasta 2024, a la Fonoteca de la Biblioteca Nacional, la cual estará disponible para la audición del público interesado.
La presentación del nuevo álbum musical “Álvaro Fernández / De camino. Volumen 2” será el miércoles 31 de julio, en el Teatro de la Danza en el Centro Nacional de la Cultura (CENAC) en San José centro, a las 7 pm.
El Grupo Literario Poiesis, Editorial Poiesis, y la Benemérita Biblioteca Nacional le invitan al recital Anexión de canto y poesíay presentación del libro «La llorona de Sardinal» de Guadalupe Urbina, ycon la participación de escritores del Grupo Literario Poiesis.
La actividad se realizará el sábado 27 de julio 2024, a las 6:00 p.m. en el marco de la Fiesta Nacional de la Lectura en la Antigua Aduana.
Por Memo Acuña. Sociólogo y escritor costarricense.
Un reducido grupo de personas que me conocen, saben la posición que sostengo sobre los títulos académicos. Incluso este año, haber alcanzado el doctorado en Ciencias Sociales en la Universidad Nacional en Costa Rica, me ha permitido confirmar por mucho y de lejos lo que pienso acerca de tales pergaminos.
No se confundan, por favor, con esta introducción. Valoro el esfuerzo individual y familiar de quien se lanza a la aventura de formarse al más alto nivel. Yo mismo he sentido en mi cuerpo y mi alma haber transitado un camino que me llevó a la consecución de mis estudios de posgrado. Valoro en todo sentido mi esfuerzo.
Sin embargo, sigo pensando que un título no es determinante para definir quién soy. Otras cosas, varias, me identifican y me acercan más a mí.
Es posible que en el lugar donde trabajo (la Universidad Nacional) esto que acabo de plantear sea una paradoja, un sinsentido. Es que en el sistema de casta académica que nos rige, ese “honor” titular da cierta comodidad, posición, legitimidad, aspectos en los que por cierto siempre estaré en desacuerdo. Abrazo más el saber que da la ancestralidad, la verdad de la oralidad centenaria, el germen luz de la palabra, el trazo horizontal de las verdaderas comunidades sin apellidos.
Posiblemente habrá quien quiera conversar conmigo sobre este tema. Claro: un café espera. Más no la descalificación ni los intentos por minimizar los argumentos que expongo.
Así como desapruebo los altares a los ejercicios de poder mal construidos, también me distancio de, quiénes teniendo un alto título académico, rozan la inhumanidad y la indiferencia en su vida cotidiana. Lo he dicho ya: autoridades reconocidas en su auténtico valor, solo en las comunidades originarias.
Me he preguntado en estos meses posteriores a mi defensa doctoral por qué pienso y, sobre todo siento (que para mí en este mundo actual es más importante que cualquier cosa) estas ideas acerca de la academia.
Pienso que mi tesis doctoral, la que me definió en mi subjetividad, se escribió mucho antes que le diera forma a la que presenté en marzo anterior. Se empezó a tejer una mañana de 2019 en el Río Suchiate, fronterizo entre Guatemala y México, en la que junto con colegas de la poesía centroamericana hicimos el viaje entre un país y otro. Ver, oler, pero sobre todo sentir lo que sentí ese día me hizo, si me permiten el termino, una persona más sabia.
Entonces sabiduría y conocimiento, que pueden ser complementarios, me han acompañado como paradoja durante todos estos años. Pienso en que justamente han sido los años donde mayor producción literaria he alcanzado, sin dejar de lado la reflexión académica, que ha estado allí.
Porque en el mundo académico hay que producir, para legitimarse. Para ser. En mi caso, la legitimación ha venido de un espacio de reconocimiento más íntegro y honesto, desde mi punto de vista: me la han dado cientos de niños y niñas de escuelas en varios países de Latinoamérica a los que les he llevado mi poesía. Allí, en esos momentos de absoluta libertad, siento que ha valido la pena ser quien ahora, con los años, he decidido ser.
Mi tesis, mi propuesta con la que quisiera ser recordado siempre, fue el ensayo sobre las movilidades humanas centroamericanas escrito entre 2018 y 2019. Ahí se resume lo que soy, pienso y siento. Premio aparte (que tampoco fue y ha sido determinante para mí) ese texto es el más emotivo y por consiguiente verdadero que he escrito en mi vida.
Lo que ocurre, con total honestidad, es que me he percatado que mi proyecto profesional se ha inclinado más al sentir que al mostrar que sé.
“Otros hagan el gran poema”, dice el poeta mexicano José Emilio Pacheco. Lo aplico entonces para otra dimensiones del conocimiento.
Hace poco solicité corregir un acta de una defensa de tesis en la que cumplí labores de director: “corrija- dije- soy Doctor y no máster” …. La verdad es que tardé varios días percatándome de que había traicionado mi pensamiento, mi práctica política (porque si, la principal práctica política es la que inicia desde adentro) y mi postura. En realidad, para mí no es determinante si aparezco de una forma o de otra.
Es probable que a partir de ahora y permanentemente me enfrente a esta contradicción que soy ahora. Pero pregunto: ¿quién no tiene su propias preguntas, contradicciones e incertidumbres?
De nuevo, abrazo a aquellos que con mucho esfuerzo (como yo) alcanzaron sus más grandes logros académicos traducidos en un título del más alto nivel. En un gesto de total ternura y honestidad con mi subjetividad, me abrazo fuerte.
Sigo pensando que mi camino está en otras trincheras: el arte, el espacio para crear y transformar desde sus latitudes. Es desde ese lugar lleno de color y luz que elegí seguir accionando, percutiendo, apalabrando.
Pienso que nuestras universidades, nuestras comunidades, el país, el mundo, requieren urgentemente un “cambio de corriente” que ayude a mirar con otros ojos, pero sobre todo desde el corazón y desde el alma.
Para mí allí radica el verdadero proyecto de vida que en mi caso me hace pleno, vital, pero sobre todas las cosas, libre.
Por Memo Acuña. Sociólogo y escritor costarricense.
“Me tengo que ir, no sé exactamente si podré volver o si te podré tener conmigo de nuevo en algún momento, sé que no puedo explicarte de manera directa lo que está pasando y lo que vendrá a continuación, me gustaría poder quedarme o llevarte conmigo, no creo resistir, pero trataré de hacerlo para volver a verte, y de ahí nunca volver a separarnos nunca más”.
Al leer de nuevo este texto, creo firmemente en el poder transformador de la palabra. Habíamos empezado nuestro taller Pedagogía del yo migrante, con un poema del poeta chapaneco Balam Rodrigo, llamado oración del migrante. Con ojos cerrados y el oído atento, las personas participantes en ese dispositivo entraron por la piel, el sentido, a un tema que en Honduras tiene tremendas implicaciones subjetivas, familiares y sociales. El texto con que inicio esta crónica, de hecho, responde a una indicación directa como parte de una actividad incluida, sobre despedirse al tener que salir de forma forzada de un contexto de origen.
Mucha gente en Honduras lo hace, lo hacen cientos de personas todos los días.
El taller, que justamente empecé como ejercicio de escritura creativa en la ciudad de Comayagua en noviembre de 2018, dos semanas después que cientos de hondureños y hondureñas integraran los primeros colectivos que iniciaron una nueva etapa en las movilidades humanas centroamericanas, fue impartido en una nueva versión como posibilidad de vincular la poesía con los contextos sociales, nuestras realidades regionales.
A eso fui, fuimos a Honduras, a apalabrar y sacarlo todo afuera en el marco del Festival internacional de Literatura TeguSIcanta, realizado entre el 18 y el 22 de junio en Tegucigalpa. Como parte de este evento, me encuentro en el Instituto Técnico Luis Bogrand con la poeta dominicana Nathalie García, el cantautor guatemalteco Ramsés Girón y la pintora, dibujante y escritora hondureña Karen Romero. Cuando leo en estos contextos (escuelas y colegios) me gusta contar la historia de mi padre a través del libro “Al Fondo del Corazón” (Metáfora Editores, Guatemala, 2017).
Jugador de fútbol en Costa Rica durante los años 50 y 60, su momento histórico lo lleva invariablemente a relacionarse con el mítico guardameta soviético Lev Yashin quien junto con su selección pasó por San José rumbo al mundial de Chile de 1962. El 22 de mayo de 1962 mi padre, llamado en la jerga futbolística como “Tierra Acuña”, vio adelantado al guardameta y al defensa central y le colocó el balón a un costado. Mi padre cuenta que observó el balón entrar lentamente y luego lo que pasó después fue un salto al vacío. El viejo Estadio Nacional estalló en júbilo y su anotación quedó registrada en los libros contables de la memoria deportiva del país. De eso hice poesía, sigo haciendo poesía. Como esta:
XVII
Parte un lienzo blanco.
Orfebre, Sabe dónde poner la gubia y su sudor.
Canta música de oído y también goles.
Esa mañana en el Instituto leo ese y algunos textos. Al segundo o tercero me quiebro (me suele pasar cuando repaso ese libro) y de inmediato Nathalie, Karen (llamada cariñosamente Nicky) y Ramsés me sostienen, me abrazan, me acompañan. El valor de la poesía va más allá de nuestros libros (“los libros se venden, la poesía no”, dice nuestro querido Otoniel Guevara) e incluso las lecturas que nos colocan de cara a distintas audiencias. La poesía, que no es un acto deliberado sino todo lo contrario, es esto que ellos tres hicieron conmigo esa mañana: construir afectos que se vuelven pieles y abrazos permanentes, incluso a pesar del tiempo.
Llegar a Café Paradiso es devolverme 10 años en el tiempo. Esa noche hace diez años las queridas Venus y Karen, gestoras en aquel momento del proyecto editorial y cultural Ixchel, programaron una hermosa presentación de mi libro Amares y entre el público estaba el querido poeta Rigoberto Paredes y Anarela Vélez, Fabricio Estrada y tantos otros amigos y amigas en la poesía que en ese entonces resistían en una Honduras posterior al golpe de Estado del 2009. Ahora vuelvo “al Paradiso” con la fe intacta por mi palabra. Lee Arístides, lee Soledad, lee Armida, leo. Y me refugio en esa lectura en uno de los lugares más emblemáticos para la resistencia cultural de Centroamérica. Siempre les agradeceré a Venus y Karen su gesto de llevarme de la mano a conocer este lugar y quedar para siempre como parte de su historia.
Las palabras y lo que ellas dicen. Junto con Arístides Vega de Cuba, el poeta hondureño Edilberto Borjas y la querida Consuelo Tomás, de Panamá, llegamos a sentir el abrazo de los estudiantes del Centro Educativo República de Honduras. Bajo la organización amorosa de la querida Perla Rivera, poeta y educadora hondureña, esa tarde fuimos testigos de lo grande que es la palabra y lo que dice cuando uno o más niños y niñas se reúnen en su nombre. La verdad solo existe al interior de la poesía como territorio liberado. Vuelvo a leer el gol de mi padre y recuerdo cuánto arte puso Eduardo Galeano en el fútbol, tratando de disputárselo al valor comercial y de negocio adquirido en los últimos tiempos. Esta vez no me quiebro. Leo y me empodero como acto ritual y necesario de sacarlo todo afuera.
No puedo irme de esta crónica sin atestiguar la pulsión que produjo en mí los dos días de estancia en el Municipio de Cantarranas, ubicado a una hora de Tegucigalpa. Es que un Festival como al que asistimos no podría terminar en mejor lugar que este, donde todo es poesía: sus paredes, sus calles, su sentido.
Me quedo con la imagen que aún conservo: Marta (Argentina), Genoveva (República Dominicana) y yo fuimos comisionados para varias lecturas en la comunidad durante esos días. Aguardamos por los demás poetas para el cierre, al pie del Bulevar donde se levantan varias esculturas. De pronto divisamos a lo lejos un hermoso enjambre en caravana de niños y jóvenes en zancos, con colores, banderas de varios de nuestros países. Conforme se acercan empiezo a latir y darme cuenta de que el Festival va terminando. Luego la caminata, luego la música donde los poetas fuimos uno con el pueblo. Luego la sopa, luego la lluvia, el bosque, el silencio feliz.
La resistencia a través de la poesía es quizá uno de los principales actos políticos en una región como la nuestra. Se disputa al dolor, a la violencia, a la desigualdad, a la pobreza, a la fragmentación social, territorial y cultural. A todo ello se hace frente con “la palabra amor colgada del fusil” como dice el poeta venezolano Rafael Cadenas. Durante esos días de junte y abrazo, giró entre nosotros una broma sobre la poesía secreta, a propósito de un episodio migratorio vivido por la querida poeta colombiana Yirama Castaño. Lo paradójico de esto es que si hubo algo público, ancho y amplio durante aquellos días fue la palabra y su maravilloso don de crear, transformar y decir.
Regreso lentamente a una cotidianidad que me mira de otra forma. Otros colores, otras narrativas. Pero con nuevos abrazos, nueva música, nuevas pieles en mi vida. Luego de este festival seguramente varias cosas adquirirán significados distintos, para seguir creciendo en mi trabajo literario, que es el que en estos momentos me da el alimento para el alma que requiero.
Por eso, la necesaria resistencia viene de adentro y luego se convierte en lienzo para tejer con todos y todas una posibilidad de construirnos y recrearnos.
Hacia eso vamos.
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